{"id":17128,"date":"2016-02-05T11:09:09","date_gmt":"2016-02-05T16:09:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dedicacion-de-iglesias-y-altares\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:09","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:09","slug":"dedicacion-de-iglesias-y-altares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dedicacion-de-iglesias-y-altares\/","title":{"rendered":"DEDICACION DE IGLESIAS Y ALTARES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La fiesta del pueblo de Dios: 1. Los testigos de la fiesta; 2. Las prolongaciones de la fiesta; 3. La raigambre humana y b\u00ed\u00adblica &#8211; II. Elaboraci\u00f3n de los ritos de la dedicaci\u00f3n: 1. La aportaci\u00f3n de las diversas tradiciones: a) La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, b) La colocaci\u00f3n de las reliquias de los m\u00e1rtires, c) Las unciones crismales, d) La abluci\u00f3n con agua, e) La inscripci\u00f3n del alfabeto; 2. Los tres rituales fundamentales del s. viii: a) El ritual romano, b) El ritual bizantino, c) El ritual franco; 3. La amalgama romano-franca (ss. viii-x) &#8211; III. El Ordo romano de la dedicaci\u00f3n desde el s. xi al xx: 1. La dedicaci\u00f3n seg\u00fan el pontifical romano: a) La dedicaci\u00f3n de una iglesia (lustraciones, traslado y colocaci\u00f3n de las reliquias, consagraci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada), b) La dedicaci\u00f3n de un altar; 2. La simplificaci\u00f3n de 1961 &#8211; IV. El nuevo rito de la dedicaci\u00f3n: 1. Los principios que han presidido la revisi\u00f3n; 2. El desarrollo de la celebraci\u00f3n: a) Dedicaci\u00f3n de una iglesia, b) Dedicaci\u00f3n de una iglesia donde ya se celebraba el culto, c) Dedicaci\u00f3n de un altar &#8211; V. El misterio de la iglesia celebrado en la dedicaci\u00f3n: 1. La ense\u00f1anza de la palabra de Dios: a) Lecturas para la dedicaci\u00f3n de una iglesia, b) Lecturas para la dedicaci\u00f3n de un altar; 2. La ense\u00f1anza de los padres.<\/p>\n<p>Cuando, al poco tiempo de la paz constantiniana (a. 313), se vio por todas partes c\u00f3mo surg\u00ed\u00adan las bas\u00ed\u00adlicas cristianas [-> Lugares de celebraci\u00f3n, I, 3], su dedicaci\u00f3n constituy\u00f3 ante todo una fiesta del pueblo de Dios, una manifestaci\u00f3n espl\u00e9ndida y gozosa de la iglesia reci\u00e9n salida de la persecuci\u00f3n. \u00abFiestas de dedicaci\u00f3n en todas las ciudades, consagraciones de iglesias reci\u00e9n construidas, asambleas de obispos reunidos con ese fin, concurrencia de fieles venidos de lejos y de todas partes, sentimientos de amistad entre poblaciones diversas, uni\u00f3n de los miembros del cuerpo de Cristo en una sola armon\u00ed\u00ada de hombres reunidos\u00bb, anota el historiador Eusebio; y a\u00f1ade: \u00abJuntos hombres y mujeres de todas las edades, con todas las energ\u00ed\u00adas de la mente, sonrientes en su esp\u00ed\u00adritu y en su alma, glorificaban a Dios, autor de todo bien, con plegarias y acciones de gracias\u00bb. Al final del discurso pronunciado por \u00e9l con motivo de la dedicaci\u00f3n de la bas\u00ed\u00adlica de Tiro (a. 318 apte.), Eusebio da gracias \u00aba Cristo, autor y cabeza de la presente asamblea, por esta jornada espl\u00e9ndida y solemn\u00ed\u00adsima\u00bb&#8216;. La dedicaci\u00f3n de una iglesia o altar ha conservado siempre, a partir de entonces, ese car\u00e1cter festivo. Pueden reunirse muchos testimonios de ello, esparcidos a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>1. La fiesta del pueblo de Dios<br \/>\n1. LOS TESTIGOS DE LA FIESTA. Entre los testigos de la fiesta est\u00e1 en primera fila san Ambrosio, quien describe a su hermana Marcelina la dedicaci\u00f3n de la bas\u00ed\u00adlica que \u00e9l mismo ha hecho erigir en Mil\u00e1n (a. 386). \u00abUna enorme afluencia de pueblos\u00bb acompa\u00f1\u00f3 el traslado a la bas\u00ed\u00adlica de los restos de los m\u00e1rtires Gervasio y Protasio y particip\u00f3 en la vigilia que precedi\u00f3 a su sepultura. \u00abMientras os contemplaba reunidos&#8230;\u00bb, son las palabras con que el obispo iniciar\u00e1 su homil\u00ed\u00ada. Dos siglos m\u00e1s tarde, Gregorio de Tours aludir\u00e1 a una concentraci\u00f3n id\u00e9ntica para la dedicaci\u00f3n de la bas\u00ed\u00adlica de San Eufronio en su ciudad episcopal: \u00abHab\u00ed\u00ada un grupo considerable de presb\u00ed\u00adteros y de di\u00e1conos con vestiduras blancas, y la categor\u00ed\u00ada ilustre de los funcionarios civiles y, finalmente, una gran afluencia de pueblo\u00bb&#8216;. Todas las descripciones sucesivas evocar\u00e1n el mismo cuadro ambiental. Si bien a partir del s. x los ritos se han ido sobrecargando y ampliando con numerosas repeticiones, su duraci\u00f3n no quit\u00f3 jam\u00e1s entusiasmo al pueblo cristiano. Baste recordar la \u00faltima gran dedicaci\u00f3n celebrada seg\u00fan el antiguo pontifical romano, la de la bas\u00ed\u00adlica de San P\u00ed\u00ado X en Lourdes, presidida por el card. Roncalli, rodeado de veinte mil fieles. Rara vez se presencia una liturgia m\u00e1s grandiosa (24-25 de marzo de 1958).<\/p>\n<p>2. LAS PROLONGACIONES DE LA FIESTA. Cuando en diciembre del a\u00f1o 164 a.C., Judas Macabeo purific\u00f3 el templo de Jerusal\u00e9n y erigi\u00f3 el altar, la fiesta de la dedicaci\u00f3n se prolong\u00f3 por ocho d\u00ed\u00adas, y Judas orden\u00f3 que cada a\u00f1o se celebrase su aniversario de la misma manera, con el mismo n\u00famero de d\u00ed\u00adas (1Ma 4:36-59). Lo mismo sucedi\u00f3, desde el principio, con la dedicaci\u00f3n de las bas\u00ed\u00adlicas cristianas y con su aniversario. Hacia el 386, en Jerusal\u00e9n, una solemne octava se\u00f1al\u00f3 el aniversario de la dedicaci\u00f3n del martyrium y de la an\u00e1stasis, que tuvo lugar el 13 de septiembre del a\u00f1o 335. Seg\u00fan la peregrina Egeria, la solemnidad igualaba en importancia a la pascua y la epifan\u00ed\u00ada por la concurrencia de obispos (se calcula que al menos cuarenta o cincuenta), de monjes y de fieles, atra\u00ed\u00addos por la celebraci\u00f3n. Cada d\u00ed\u00ada estaba prevista una procesi\u00f3n a los diversos lugares santos<br \/>\nLa liturgia romana ha conservado el recuerdo de las dedicaciones de iglesias celebradas en el s. v, entre ellas la de Santa Mar\u00ed\u00ada la Mayor, San Pedro in Vincoli y San Lorenzo de Extramuros, adem\u00e1s del baptisterio lateranense. Todos los calendarios locales har\u00e1n lo mismo. En la edad media la fiesta de la dedicaci\u00f3n de la iglesia iguala en popularidad a la del santo patr\u00f3n y suscita el mismo entusiasmo.<\/p>\n<p>Este es, pues, el marco festivo en que se insertan los ritos de la dedicaci\u00f3n. Estos no afectan s\u00f3lo al clero, sino que influyen en la vida de toda la ciudad.<\/p>\n<p>3. LA RAIGAMBRE HUMANA Y B\u00ed\u008dBLICA. Si la fiesta de la dedicaci\u00f3n encuentra tanto eco es porque tiene sus ra\u00ed\u00adces en las tradiciones populares y en la biblia.<\/p>\n<p>a) Enraizamiento humano. Los verbos dedicar, consagrar, bendecir no son espec\u00ed\u00adficamente cristianos, como tampoco lo es la palabra encenias. Encontramos todos estos t\u00e9rminos en el vocabulario de la vida social y religiosa. Dedicar quiere decir destinar, atribuir, ofrecer, inaugurar. La palabra griega encenia, que significa inauguraci\u00f3n, designa en los LXX y en el cuarto evangelio (Jua 10:22) la fiesta de la dedicaci\u00f3n del templo; pero, seg\u00fan Agust\u00ed\u00adn, pas\u00f3 tambi\u00e9n al lat\u00ed\u00adn popular: se la emplea, por ejemplo, para decir que uno se pone un vestido nuevo (PL 35,1741). El paganismo conoc\u00ed\u00ada la dedicaci\u00f3n de un templo, de un altar, de unteatro, de una ciudad. El 11 de mayo del 330 se celebr\u00f3 con fastuosidad la dedicaci\u00f3n de Constantinopla. El rito comportaba siempre procesiones con aspersiones de agua lustral, oraciones y ofrecimiento de sacrificios. Todav\u00ed\u00ada hoy la palabra dedicaci\u00f3n no est\u00e1 limitada al campo religioso: se dedica un libro, un disco, etc.<\/p>\n<p>b) Enraizamiento b\u00ed\u00adblico. Tambi\u00e9n el AT conoce la dedicaci\u00f3n de estelas (G\u00e9n 28:18), de altares (N\u00fam 7:10-11.84.88), de casas (Deu 20:5); pero sobre todo deja constancia de las diversas dedicaciones sucesivas del templo del Se\u00f1or: la del primer templo, celebrada por Salom\u00f3n a lo largo de siete d\u00ed\u00adas en presencia de todo el pueblo (1Re 8:1-66), y la del segundo templo en la \u00e9poca de Esdras (Esd 6:15-18), en el a\u00f1o 515 a.C. En cuanto a la purificaci\u00f3n del templo y a la dedicaci\u00f3n del nuevo altar de los holocaustos realizada por Judas Macabeo (1Ma 4:36-59), cada a\u00f1o el pueblo jud\u00ed\u00ado renovaba su recuerdo en la fiesta de la Hanukkah. Esta duraba ocho d\u00ed\u00adas, a partir del 25 de quisl\u00e9u (diciembre). Vinculada inicialmente al templo, adonde el pueblo iba en procesi\u00f3n para ofrecer sacrificios mientras cantaba el halle\/ (Sal 112-117), se alegraba tambi\u00e9n con la iluminaci\u00f3n de las casas; y, bajo esta forma, sobrevivi\u00f3 a la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>En la edad media, cuando la liturgia cristiana de la dedicaci\u00f3n pretender\u00e1 enriquecer su simbolismo, no dejar\u00e1 de tomar en consideraci\u00f3n este f\u00e9rtil sustrato b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>II. Elaboraci\u00f3n de los ritos de la dedicaci\u00f3n<br \/>\nEvocando las primeras dedicaciones de bas\u00ed\u00adlicas, Eusebio afirma:\u00bbEran verdaderamente adoraciones perfectas por parte de los prelados, ritos sacros de presb\u00ed\u00adteros y, en la iglesia, instrucciones dignas de Dios, manifestadas con el canto de los salmos, con la escucha de las palabras que Dios nos ha transmitido y con la realizaci\u00f3n de liturgias divinas y m\u00ed\u00adsticas: eran s\u00ed\u00admbolos inefables de la pasi\u00f3n del Salvador&#8230; Y cada uno de los prelados presentes pronunciaba paneg\u00ed\u00adricos, seg\u00fan el grado del propio talento, para celebrar la fiesta\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p>Al leer este texto, se tiene claramente la impresi\u00f3n de que, en la primera mitad del s. IV, la dedicaci\u00f3n de una iglesia consist\u00ed\u00ada \u00fanicamente en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada bajo la presidencia de los obispos de la zona. Una amplia liturgia de la palabra, que comprend\u00ed\u00ada varios discursos, preced\u00ed\u00ada al ofrecimiento del sacrificio eucar\u00ed\u00adstico. San Ambrosio subrayar\u00e1, cincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, la colocaci\u00f3n de las reliquias de los m\u00e1rtires bajo el altar, mientras san Juan Cris\u00f3stomo afirmar\u00e1: \u00abLo maravilloso del altar es que, a pesar de ser una simple piedra, est\u00e1 santificado por el hecho de que recibe el cuerpo de Cristo\u00bb,. Mientras tanto, los ritos iban asumiendo una complejidad cada vez mayor. La amalgama realizada en Occidente, sustancialmente hacia el s. x, se nutri\u00f3 de las fuentes m\u00e1s variadas: para captar la aportaci\u00f3n de cada tradici\u00f3n conviene realizar un verdadero viaje de Roma a Constantinopla, y de Italia a las Galias y hasta los pa\u00ed\u00adses celtas&#8217;.<\/p>\n<p>1. LA APORTACI\u00ed\u201cN DE LAS DIVERSAS TRADICIONES. a) La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada bajo la presidencia del obispo est\u00e1 universalmente atestiguada en la dedicaci\u00f3n de una iglesia; esta celebraci\u00f3n constituye el v\u00e9rtice de la dedicaci\u00f3n, y durante largo tiempo ser\u00e1 su \u00fanico rito. En el s. vi, en Roma, se continuaba defendiendo que tal rito era suficiente. En una respuesta del 538 al obispo Profuturo de Braga, el papa Vigilio afirmaba que \u00abla consagraci\u00f3n de una iglesia en la que no se hayan colocado reliquias se realiza solamente con la celebraci\u00f3n de la misa\u00bb (PL 69,18).<\/p>\n<p>b) La colocaci\u00f3n de las reliquias de los m\u00e1rtires. Ya antes de la paz constantiniana los cristianos hab\u00ed\u00adan comenzado a celebrar la eucarist\u00ed\u00ada junto a las tumbas de los m\u00e1rtires. En la segunda mitad del s. iv vemos desarrollarse un poco por todas partes fuera de Roma los traslados de las reliquias de los m\u00e1rtires al interior de las ciudades y su colocaci\u00f3n en las bas\u00ed\u00adlicas. San Ambrosio es el primero que establece un v\u00ed\u00adnculo entre estos traslados y la dedicaci\u00f3n de una iglesia recientemente construida. En Mil\u00e1n, el pueblo invita al obispo a dedicar la bas\u00ed\u00adlica que \u00e9l hab\u00ed\u00ada mandado construir con vistas a la propia sepultura con los mismos ritos con que hab\u00ed\u00ada dedicado la bas\u00ed\u00adlica llamada romana; y en seguida Ambrosio comenz\u00f3 a buscar reliquias santas. Descubre entonces los restos de los santos Gervasio y Protasio (a. 386). Al colocarlos bajo el altar, el prelado explica el significado de su gesto: \u00abEs oportuno que las v\u00ed\u00adctimas triunfantes tengan un lugar all\u00ed\u00ad donde Cristo se ofrece a s\u00ed\u00ad mismo como hostia: sobre el altar, aquel que se ofreci\u00f3 por todos; bajo el altar, aquellos que fueron rescatados por \u00e9l con su pasi\u00f3n\u00bb. La colocaci\u00f3n hab\u00ed\u00ada sido precedida por una vigilia en la iglesia de donde deb\u00ed\u00ada partir la procesi\u00f3n hacia la bas\u00ed\u00adlica ambrosiana. \u00abAll\u00ed\u00ad -escribe Ambrosio- se celebraron vigilias durante toda la noche\u00bb.<\/p>\n<p>No todos los obispos ten\u00ed\u00adan, como \u00e9l, la suerte de descubrir tumbas de m\u00e1rtires en el momento oportuno para la dedicaci\u00f3n de una bas\u00ed\u00adlica o un altar. Aunque no ignoraban que para tal dedicaci\u00f3n bastaba con la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, sin embargo, la mayor parte de ellos deseaba colocar en el nuevo edificio para el culto alguna reliquia de m\u00e1rtires. Su deseo se satisfac\u00ed\u00ada de dos maneras: ante todo, con la colocaci\u00f3n de reliquias figuradas, objetos o vestidos que hab\u00ed\u00adan tocado las sagradas tumbas; posteriormente, con el reparto de los huesos de los m\u00e1rtires. Pero la iglesia romana durante largo tiempo fue reacia a esta \u00faltima pr\u00e1ctica, ya ampliamente difundida en Oriente y en Africa a comienzos del s. v. Todav\u00ed\u00ada Gregorio Magno se opondr\u00e1 a ella. En un sacramentario romano poco posterior puede leerse a\u00fan: \u00abDonde se venere una reliquia se supone que reposa la totalidad del cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>Desde el s. viii al xii no hay reparo en unir a las reliquias de los m\u00e1rtires alg\u00fan fragmento de pan eucar\u00ed\u00adstico consagrado durante la misa. A veces la eucarist\u00ed\u00ada supl\u00ed\u00ada la ausencia de reliquias. Esta costumbre, iniciada en Roma, perdur\u00f3 en algunas regiones hasta el s. xv.<\/p>\n<p>c) Las unciones crismales. Las unciones del sepulcro destinado a las reliquias y de la mesa del altar, practicadas en Espa\u00f1a y en Galia como en Bizancio en el s. vi y usuales en Roma en el s. vni, est\u00e1n atestiguadas en Siria desde mediados del s. iv, seg\u00fan el testimonio de san Efr\u00e9n. Evidentemente, el simbolismo de la unci\u00f3n bautismal hab\u00ed\u00ada influido en la instauraci\u00f3n de este rito: como el cristiano, tambi\u00e9n el altar ten\u00ed\u00ada que ser consagrado con efusi\u00f3n de aceite, veh\u00ed\u00adculo del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>d) La abluci\u00f3n con agua. La aspersi\u00f3n de agua parece que estaba reservada, en la Roma del s. vi, a la purificaci\u00f3n de los templos transformados en iglesias. Esto est\u00e1 atestiguado al menos por la correspondencia de san Gregorio Magno con los monjes misioneros enviados por \u00e9l a Inglaterra. Hasta entonces, sin embargo, en Roma nadie se hab\u00ed\u00ada atrevido a transformar en iglesia un templo pagano. La aspersi\u00f3n lustral se practicaba en Espa\u00f1a probablemente ya a principios del s. vi; se la encuentra en la Galia en el s. vn, y en Roma en el s. vw. La aspersi\u00f3n de agua mezclada con vino, practicada en Galia, parece provenir de la tradici\u00f3n bizantina, seg\u00fan la cual se usa un poco de la una y del otro separadamente. Seg\u00fan el Ordo romano, el obispo \u00abbautiza el altar\u00bb (Ordo XLII, 6). La purificaci\u00f3n lustral se a\u00f1ade as\u00ed\u00ad a las unciones crismales para evocar discretamente la iniciaci\u00f3n cristiana.<br \/>\ne) La inscripci\u00f3n del alfabeto. En el rito de la dedicaci\u00f3n, el obispo inscribe el alfabeto latino y el griego en una doble franja de ceniza extendida sobre el pavimento en forma de cruz, trazando las letras con su b\u00e1culo pastoral. Algunos han querido ver el origen de este rito en el uso de los agrimensores romanos que delimitaban un terreno. Pero, en contra de esta opini\u00f3n, se sabe que este rito se practicaba en pa\u00ed\u00adses francos antes de ser aceptado en Roma. Los francos lo recibieron de pa\u00ed\u00adses celtas, probablemente de Irlanda. De all\u00ed\u00ad procede tambi\u00e9n la costumbre de introducir un poco de ceniza en el agua lustral; a esta mezcla se la llamar\u00e1 impropiamente agua gregoriana.<\/p>\n<p>Estos son los gestos m\u00e1s ricos de simbolismo que el obispo y susministros realizan en el curso de la dedicaci\u00f3n de una iglesia. Ahora vamos a fijarnos en el modo como entran en los antiguos rituales de Roma, Constantinopla y los pa\u00ed\u00adses francos, rituales que se remontan todos ellos al s. viii.<\/p>\n<p>2. Los TRES RITUALES FUNDAMENTALES DEL S. VIII. a) El ritual romano. El formulario romano de la misa de la dedicaci\u00f3n qued\u00f3 fijado hacia el a\u00f1o 610, para la transformaci\u00f3n del pante\u00f3n en la iglesia de Santa Mar\u00ed\u00ada ad Martyres. Es el que se ha perpetuado hasta nuestros d\u00ed\u00adas: \u00abTerribilis est locus iste\u00bb. El Ordo de la consagraci\u00f3n de una iglesia describe los ritos que preceden a la misa, en particular la traslaci\u00f3n y la colocaci\u00f3n de las reliquias de los m\u00e1rtires en el altar. Aunque este Ordo, el XLII de Andrieu, no sea anterior al s. viii en la redacci\u00f3n que ha llegado a nosotros, las oraciones a que se refiere se encuentran, incluidas las de la misa, en el sacramentario gregoriano del s. vii.<\/p>\n<p>El obispo se dirige a una iglesia cercana, donde anteriormente se custodiaban las reliquias, y all\u00ed\u00ad se canta una primera letan\u00ed\u00ada, que termina con una oraci\u00f3n del oficiante. A continuaci\u00f3n, el obispo recibe las reliquias en una patena (indicio de sus reducidas dimensiones) y las entrega a un presb\u00ed\u00adtero. Seguidamente se inicia la procesi\u00f3n hacia la nueva iglesia, con el canto de la ant\u00ed\u00adfona \u00abCum jucunditate exhibitis\u00bb. Solamente el obispo, con dos o tres ministros, entra en la iglesia y, cerradas las puertas, bendice el agua, derrama en ella el crisma y prepara el cemento que servir\u00e1 para sellar el sepulcro. Despu\u00e9s \u00abbautiza el altar\u00bb con el agua bendita. A continuaci\u00f3n sale de la iglesia, y la schola canta una segunda letan\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n final, el obispo recibe las reliquias de manos del presb\u00ed\u00adtero al que las hab\u00ed\u00ada entregado y entran todos en la iglesia con el canto de una tercera letan\u00ed\u00ada. El obispo coloca las reliquias sobre el altar, unge los \u00e1ngulos del sepulcro con el crisma, coloca en \u00e9l las reliquias junto con tres part\u00ed\u00adculas del cuerpo de Cristo y tres granos de incienso, mientras se canta la ant\u00ed\u00adfona Sub alzare Domini sedes accepistis. Se cierra a continuaci\u00f3n el sepulcro, sell\u00e1ndole la losa con el cemento y ungi\u00e9ndolo con el crisma; seguidamente el obispo unge de igual manera los cuatro \u00e1ngulos del altar, y a continuaci\u00f3n lo cubre desplegando sobre \u00e9l un mantel; recorre, finalmente, toda la iglesia, asperj\u00e1ndola con agua bendita con un ramito de hisopo.<\/p>\n<p>Concluidos estos ritos, la schola entona el introito y se inicia la misa. Esta debe celebrarse durante ocho d\u00ed\u00adas consecutivos en la iglesia reci\u00e9n dedicada.<\/p>\n<p>b) El ritual bizantino. La descripci\u00f3n m\u00e1s antigua de la dedicaci\u00f3n en rito bizantino se encuentra en el c\u00e9lebre Eucologio Barberini, del s. VIII (biblioteca Vaticana). La acci\u00f3n lit\u00fargica consta de dos celebraciones distintas, distribuidas en dos d\u00ed\u00adas: la primera consiste en la consagraci\u00f3n del altar en presencia solamente del clero; la segunda constituye la dedicaci\u00f3n propiamente dicha, y en ella participa todo el pueblo<br \/>\nEl altar es consagrado por el patriarca, rodeado de sus ministros, en la iglesia a puertas cerradas. Despu\u00e9s de una oraci\u00f3n lit\u00e1nica y una larga s\u00faplica diaconal, el presidente hace la lustraci\u00f3n del altar: lo lava con agua bautismal vertida sobre la mesa y sobre las columnas, mientras se canta el salmo 83. Terminadas las abluciones, el patriarca consagra el altar derramando myron (crisma) sobre la mesa y ungiendo sus columnas. Se canta entonces el salmo 132 y se extiende un mantel sobre el altar. A continuaci\u00f3n se procede a una larga incensaci\u00f3n del altar mismo y del presbiterio, mientras uno de los obispos asistentes traza con el myron cruces sobre todas las columnas de la iglesia. El patriarca concluye el rito diciendo la oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las encenias tienen lugar al d\u00ed\u00ada siguiente. Comienzan con una vigilia de oraci\u00f3n ante las reliquias de los m\u00e1rtires en una iglesia cercana a la que se va a inaugurar. El patriarca interviene hacia el final del oficio matutino y lo concluye con la aclamaci\u00f3n \u00abGloria a ti, Cristo Dios, orgullo de todos, alegr\u00ed\u00ada de los m\u00e1rtires\u00bb. Se inicia la procesi\u00f3n de traslado de las reliquias. Estas son llevadas por un obispo acompa\u00f1ado de sus ministros. Al llegar al p\u00f3rtico, ante la puerta principal, los cantores entonan el tropario: \u00abAlzad, puertas, vuestros dinteles\u00bb. Las puertas se abren de par en par, y el patriarca entra con todo el pueblo. El obispo coloca las reliquias en el lugar destinado y pronuncia una oraci\u00f3n. Luego se canta el trisagio y se celebra la eucarist\u00ed\u00ada, la \u00abdivina liturgia\u00bb. Las dos lecturas b\u00ed\u00adblicas proclamadas son Heb 3:1-4 y Mat 16:13-18.<\/p>\n<p>c) El ritual franco. Los ritos heredados de la tradici\u00f3n galicana han sido recogidos en el Ordo XLI de Andrieu, que es pr\u00e1cticamente contempor\u00e1neo de los dos precedentes. En \u00e9l se advierte f\u00e1cilmente la doble influencia romana y bizantina.<\/p>\n<p>Ante todo se prescribe encender doce candelas a lo largo del per\u00ed\u00admetro interior de la iglesia que hay que dedicar. Cuando el obispo llegaen procesi\u00f3n a la entrada, golpea tres veces el umbral con el b\u00e1culo diciendo: \u00abTollite portas principes vestras\u00bb, a lo que sigue el canto del salmo 23 completo. Se abre a continuaci\u00f3n la puerta y se entra en la iglesia, mientras un cl\u00e9rigo entona la letan\u00ed\u00ada, que el obispo concluye con una oraci\u00f3n. Seguidamente traza sobre el pavimento el alfabeto con la punta del b\u00e1culo, procediendo de sudeste a noroeste y de sudoeste a nordeste.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el obispo pasa a las lustraciones. Prepara en primer lugar el agua del exorcismo, echando en ella sal, ceniza y vino. Con ella traza cuatro cruces en los \u00e1ngulos de la mesa y asperja el altar, dando siete vueltas alrededor de \u00e9l mientras se canta el salmo 50 (Asperges me). A continuaci\u00f3n recorre la iglesia, asperjando las paredes y el pavimento (salmos 67 y 90). Entre tanto env\u00ed\u00ada a algunos ministros a asperjar las paredes por fuera. Continuando la aspersi\u00f3n, el obispo recorre la nave central, y llega al altar al canto del salmo 42 (Introibo ad alzare Dei).<\/p>\n<p>El celebrante inicia los ritos de consagraci\u00f3n con la ofrenda del incienso. A continuaci\u00f3n unge por dos veces los cuatro \u00e1ngulos de la mesa, y luego toda la superficie de la misma, con el \u00f3leo de los catec\u00famenos (salmos 83 y 45); y repite la unci\u00f3n con el crisma, mientras se canta el salmo 86 (ant\u00ed\u00adfona Ecce odor filii mei). Simult\u00e1neamente, un ac\u00f3lito da una vuelta al altar incens\u00e1ndolo. Seguidamente el obispo se dirige hacia las paredes de la iglesia para ungirlas con el crisma. Vuelto al altar, dispone sobre la mesa unos granos de incienso en forma de cruz y recita la oraci\u00f3n de bendici\u00f3n. Finalmente se canta la ant\u00ed\u00adfona Confirma hoc y se llevan a bendecir los manteles y todos los pa\u00f1os lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>Terminada la consagraci\u00f3n de la iglesia, se va en procesi\u00f3n al lugar donde se guardan las reliquias y se hace su traslado en cortejo triunfal, con aclamaciones, cruces, turiferarios y numerosos cirios. El pueblo entra en la iglesia, mientras el obispo, oculto tras un tel\u00f3n que lo esconde a la vista del p\u00fablico, coloca las reliquias en el sepulcro del altar. Entre tanto se canta el salmo 149 (Exsultabunt sancti in gloria).<\/p>\n<p>Terminado el rito, el obispo va a la sacrist\u00ed\u00ada, donde se pone los ornamentos festivos, mientras se extiende el mantel sobre el altar y se encienden las luces. La schola entona, finalmente, la ant\u00ed\u00adfona de entrada, el obispo sale de la sacrist\u00ed\u00ada detr\u00e1s de los ministros y se celebra la misa. El Ordo no determina qu\u00e9 lecturas deban proclamarse. El leccionario de Luxeuil, medio siglo m\u00e1s viejo, propone dos series de textos, una para el d\u00ed\u00ada de la dedicaci\u00f3n y otra para su aniversario. La primera indica G\u00e9n 28:10-22; 1Co 3:9-17 y, seg\u00fan un uso galicano, Jua 10:22-28, seguido de Lev 19:1-20; la segunda propone Isa 54:1-56, 7; Efe 2:8-22, y Mat 21:10-17.<\/p>\n<p>3. LA AMALGAMA ROMANO-FRANCA (SS. VIII-X). La liturgia franca de la dedicaci\u00f3n, con sus m\u00faltiples aspersiones y unciones, estaba destinada a tener un \u00e9xito duradero. Se percibe su trama debajo de los numerosos desarrollos que observamos hasta el s. xIII. Pero sufrir\u00e1 tambi\u00e9n influjo del ritual romano, que se manifestar\u00e1 ante todo en la procesi\u00f3n inicial de las reliquias, mientras que seg\u00fan la liturgia franca se va a recogerlas s\u00f3lo despu\u00e9s de los ritos de consagraci\u00f3n, inmediatamente antes de la misa.<\/p>\n<p>El Ordo XVIII, de finales del s. vlll, es el primer testigo de esta amalgama entre el Ordo XLI y el Ordo XLII\u00bb. Poco despu\u00e9s, seg\u00fan el sacramentario de Drogo de Metz (hacia el 825), se dar\u00e1n tres vueltas en torno a la iglesia con las reliquias, y se realizar\u00e1n otras tantas lustraciones externas e internas del edificio. Pero es el pontifical de san Albano de Maguncia (mitad del s. x), es decir, el pontifical romano-germ\u00e1nico (= PRG), el que mejor permite seguir la elaboraci\u00f3n del ritual destinado a difundirse en todo el Occidente.<\/p>\n<p>El pontifical de Maguncia contiene tres descripciones de la dedicaci\u00f3n. Una de ellas no es un directorio lit\u00fargico, sino un comentario aleg\u00f3rico, que sigue paso a paso el Ordo XLI (PRG 90) y se remonta al s. Ix. Las otras dos son ceremoniales. El Ordo romano para la dedicaci\u00f3n de una iglesia (PRG 82) realiza una fusi\u00f3n entre el Ordo XLI y el Ordo XLII, del que toma literalmente el texto a\u00f1adi\u00e9ndole solamente cuatro oraciones, una de las cuales va precedida del di\u00e1logo introductorio al prefacio. El Ordo de la bendici\u00f3n de una iglesia (PRG 124) desarrolla el ritual precedente y lo completa a\u00f1adi\u00e9ndole numerosos textos. En \u00e9l se encuentran los alfabetos latino y griego, una doble letan\u00ed\u00ada, las oraciones de los antiguos sacramentarios, dos prefacios consagratorios desarrollados, uno para la consagraci\u00f3n de la iglesia y otro para la del altar. Las oraciones de bendici\u00f3n de los pa\u00f1os sagrados, en la secci\u00f3n final, ocupan un espacio desproporcionado (m\u00e1s de cuarenta oraciones). Siguen seis formularios de misas para la dedicaci\u00f3n de una iglesia y otro para la dedicaci\u00f3n de un altar.<\/p>\n<p>III. El \u00abOrdo\u00bb romano de la dedicaci\u00f3n desde el s. XI al XX<br \/>\nEn el s. xi los libros lit\u00fargicos en uso en las riberas del Rin comenzaron a conquistar Italia y Roma por obra de los obispos y papas alemanes, encargados por el emperador de restaurar all\u00ed\u00ad la disciplina eclesi\u00e1stica. Y el trasplante tuvo tal \u00e9xito que, cincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, hab\u00ed\u00ada desaparecido el recuerdo de la antigua liturgia papal. Y as\u00ed\u00ad las copias del pontifical de Maguncia, con alg\u00fan retoque, se convirtieron en gu\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n tanto para la dedicaci\u00f3n de la iglesia como para las ordenaciones.<\/p>\n<p>1. LA DEDICACI\u00ed\u201cN SEG\u00daN EL PONTIFICAL ROMANO. No nos ocuparemos aqu\u00ed\u00ad de los cambios menores que han marcado la \u00faltima evoluci\u00f3n de los ritos que luego entraron en el pontifical romano de fines del s. xvl. Recordemos solamente que la exuberancia del pontifical germano fue parcialmente canalizada en el pontifical de la curia romana del s. xIII, y que \u00e9ste fue adaptado, al final del mismo siglo, al us9 de una iglesia diocesana gracias a la obra de Guillermo Durando, obispo de Mende (f 1296). El pontifical de Durando \u00bb tuvo un \u00e9xito tal, que la primera edici\u00f3n oficial del pontifical romano, promulgada por Clemente VIII en 1596, se limit\u00f3 a ratificarlo, sin aportarle variantes de importancia. Este regul\u00f3 el rito de la dedicaci\u00f3n hasta 1961.<\/p>\n<p>a) La dedicaci\u00f3n de una iglesia, seg\u00fan el pontifical romano, constituye un verdadero juego lit\u00fargico, fruto de la simbolog\u00ed\u00ada medieval y revelador de una teolog\u00ed\u00ada del misterio de la iglesia que nunca encontr\u00f3 modo de manifestarse de manera m\u00e1s expresiva. La descripci\u00f3n de los ritos puede evocarlos s\u00f3lo imperfectamente: ser\u00ed\u00ada preciso mencionar tambi\u00e9n los textos de las ant\u00ed\u00adfonas, los salmos y los responsorios que los acompa\u00f1an. Pero losmismos textos no pueden prescindir de las respectivas melod\u00ed\u00adas, que revelan su pleno significado. La dedicaci\u00f3n constitu\u00ed\u00ada la celebraci\u00f3n m\u00e1s larga y suntuosa de la liturgia romana: no pod\u00ed\u00ada realizarse en menos de cinco horas.<\/p>\n<p>Lustraciones. La asamblea de los fieles se re\u00fane fuera de la iglesia que va a ser consagrada, en un lugar en que han estado colocadas las reliquias de los m\u00e1rtires y en que se ha celebrado la vigilia. Tras la llegada del obispo se recitan los siete salmos penitenciales. A continuaci\u00f3n, dejadas las reliquias bajo su velo, se emprende la marcha hacia la entrada de la nueva iglesia, donde se canta la primera parte de las letan\u00ed\u00adas de los santos. El obispo bendice el agua destinada a las lustraciones externas. Da dos vueltas en torno al edificio asperjando sus paredes, primero hacia arriba y luego hacia abajo. Seguidamente golpea tres veces con el b\u00e1culo la puerta de la iglesia y dialoga con un di\u00e1cono que se ha quedado dentro: Attollite portas -Quis est iste rex gloriae? -Dominus fortis. Pero la puerta no se abre. Entonces el obispo da una tercera vuelta a la iglesia bendiciendo la zona del medio de los muros. A la vuelta reemprende el di\u00e1logo con el di\u00e1cono, y todos gritan: Aperite, aperite, aperite. Finalmente se abre la puerta y entra el obispo con sus ministros, permaneciendo fuera el pueblo hasta el traslado de las reliquias.<\/p>\n<p>Se canta luego el Veni, Creator, seguido de las letan\u00ed\u00adas completas; y el obispo comienza a trazar con el b\u00e1culo las letras de los alfabetos latino y griego, mientras se canta el Benedictus. A continuaci\u00f3n procede a la bendici\u00f3n del agua gregoriana (agua, sal, ceniza y vino) para la lustraci\u00f3n del altar y de todo el edificio. El obispo traza con sumano cinco cruces sobre la mesa del altar y lo asperja siete veces, con otras tantas vueltas alrededor. Igualmente se asperjan las paredes internas de la iglesia durante tres vueltas consecutivas; luego se asperja el pavimento. Los ritos de purificaci\u00f3n se concluyen con una larga oraci\u00f3n en forma de prefacio.<\/p>\n<p>Traslado y colocaci\u00f3n de las reliquias. El obispo y sus ministros salen de la iglesia y, acompa\u00f1ados por el pueblo, van hacia las reliquias de los santos. El obispo las levanta (Movete, sancti Dei), y todo el pueblo inicia una procesi\u00f3n festiva. Algunos presb\u00ed\u00adteros llevan las reliquias, los cantores elevan invocaciones a los santos (Surgite, sancti Dei; ambulare, sancti Dei; ingredimini, sancti Dei), y el pueblo aclama: Kyrie, eleison. Una vez colocadas las reliquias junto al altar, el obispo prepara el sepulcro abierto en la mesa o bajo el altar: realiza en \u00e9l cuatro unciones con \u00f3leo, pone las reliquias en la cavidad, las inciensa y, habiendo ungido la losa en su parte interior, la sella con cemento. El rito se concluye con una unci\u00f3n de santo crisma sobre el sepulcro sellado y con la incensaci\u00f3n del altar.<\/p>\n<p>Consagraci\u00f3n. La incensaci\u00f3n, que ha concluido la colocaci\u00f3n de las reliquias, abre a continuaci\u00f3n la consagraci\u00f3n del altar. El obispo inciensa primero la mesa, en el centro y en los cuatro \u00e1ngulos, y luego da tres vueltas en torno al altar; entrega despu\u00e9s el incensario a un presb\u00ed\u00adtero, el cual continuar\u00e1 la incensaci\u00f3n hasta el final de la unci\u00f3n.<\/p>\n<p>El obispo traza dos veces sobre la mesa cinco se\u00f1ales de la cruz con el \u00f3leo de los catec\u00famenos, y otras cinco con el crisma, y a continuaci\u00f3n extiende el \u00f3leo de los catec\u00famenos y el crisma a toda la superficie del altar. Cada serie de unciones es completada con una incensaci\u00f3n y una oraci\u00f3n hecha por el obispo.<\/p>\n<p>Seguidamente pasa el obispo a la crismaci\u00f3n de los muros: sobre doce cruces, pintadas o grabadas en los muros, realiza una unci\u00f3n y una incensaci\u00f3n y enciende una vela delante. Vuelto al altar, el obispo inciensa de nuevo la mesa, sobre la que se colocan en el centro y en los cuatro \u00e1ngulos montoncitos de incienso en forma de cruz sobre base de cera. Algunos ac\u00f3litos los encienden y, mientras el altar se ilumina, se canta de rodillas el vers\u00ed\u00adculo aleluy\u00e1tico de pentecost\u00e9s: Veni, sancte Spiritus. El obispo pronuncia entonces la oraci\u00f3n en forma de prefacio para la consagraci\u00f3n de la iglesia. A continuaci\u00f3n se procede a la crismaci\u00f3n de la base del altar y de las junturas de la mesa. Los cl\u00e9rigos llevan entonces los manteles para la vestici\u00f3n del altar y, una vez que \u00e9ste est\u00e1 adornado, se acerca el obispo para incensarlo.<\/p>\n<p>Eucarist\u00ed\u00ada. Finalmente puede comenzar la misa. Esta es la que corona todos los ritos. Desgraciadamente, las r\u00fabricas prev\u00e9n que el obispo pueda dispensarse de celebrarla personalmente. Lo sustituye en ese caso un presb\u00ed\u00adtero, mientras el prelado se contenta con asistir, despu\u00e9s de haberse quitado los ornamentos sagrados. Puede celebrarse tambi\u00e9n una misa no cantada. En tales condiciones, con demasiada frecuencia, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no aparec\u00ed\u00ada ya como el v\u00e9rtice de la dedicaci\u00f3n de una iglesia, sino como un mero ap\u00e9ndice. Aunque el pontifical prescrib\u00ed\u00ada el canto de una misa solemne, los rubricistas autorizaban una simple misa rezada. Este es el mayor defecto de la liturgia de la dedicaci\u00f3n en la \u00e9poca moderna.<\/p>\n<p>b) La dedicaci\u00f3n de un altar. Ya en la dedicaci\u00f3n de una iglesia los ritos correspondientes al altar ocupan la mayor parte de la celebraci\u00f3n. Estos se emplean \u00ed\u00adntegramente cuando se trata de consagrar s\u00f3lo el altar, sin dedicaci\u00f3n del edificio. Pero la procesi\u00f3n de las reliquias reviste una mayor amplitud. La oraci\u00f3n en forma de prefacio que sigue a las unciones es propia: evoca toda la tipolog\u00ed\u00ada de los altares erigidos por los justos del AT Abel, Abrah\u00e1n, Melquisedec, Isaac, Jacob, Mois\u00e9s ; pero por desgracia no alude al altar viviente de la nueva alianza, que es Cristo.<\/p>\n<p>2. LA SIMPLIFICACI\u00ed\u201cN DE 1961. En los a\u00f1os cincuenta de nuestro siglo, la reconstrucci\u00f3n de las ciudades destruidas por la guerra y el crecimiento de la poblaci\u00f3n urbana llevaron consigo tambi\u00e9n la edificaci\u00f3n o la reconstrucci\u00f3n de numerosas iglesias. Muchos obispos consideraron demasiado pesados los ritos de la dedicaci\u00f3n, que, por otra parte, se hac\u00ed\u00adan m\u00e1s frecuentes, y solicitaron su simplificaci\u00f3n. El papa P\u00ed\u00ado XII, despu\u00e9s de. una primera autorizaci\u00f3n que permit\u00ed\u00ada dividir la celebraci\u00f3n en dos d\u00ed\u00adas sucesivos, decidi\u00f3 la revisi\u00f3n del conjunto y la encomend\u00f3 a la comisi\u00f3n para la reforma general de la liturgia. El nuevo Ordo fue promulgado el 13 de abril de 1961, bajo el pontificado de Juan XXIII.<\/p>\n<p>El Ordo de 1961 es esencialmente el antiguo, s\u00f3lo que mucho m\u00e1s agilizado. En el intento de simplificar cada uno de los ritos sin omitir ninguno, no siempre se ha evitado un empobrecimiento del simbolismo. Este empobrecimiento se nota particularmente en la unci\u00f3n del altar, donde ya no figura la efusi\u00f3n del \u00f3leo crismal sobre toda la mesa.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n se inicia con una sola aspersi\u00f3n del exterior de la iglesia. Despu\u00e9s del Attollite portas, el obispo entra en el edificio, seguido de todo el pueblo. Se cantan las letan\u00ed\u00adas de los santos en forma abreviada, y a continuaci\u00f3n el obispo asperja una sola vez las paredes interiores y el pavimento. La lustraci\u00f3n del altar consiste simplemente en su aspersi\u00f3n tras las cinco signaciones de la mesa con el agua bendita. El obispo escribe a continuaci\u00f3n las letras de los dos alfabetos sobre una capa de ceniza de dimensiones reducidas. El rito se asemeja a la toma de posesi\u00f3n de la iglesia, y se concluye con el prefacio de dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El traslado de las reliquias conserva su car\u00e1cter festivo. El obispo las coloca en el sepulcro sin ungirlo previamente, y lo cierra con la losa. Siguen luego las doce unciones crismales de las paredes de la iglesia, antes de consagrar el altar con las unciones del santo crisma, reducidas a cinco. Despu\u00e9s inciensa el altar y hace fuego sobre el incienso con la cera, mientras se canta el vers\u00ed\u00adculo Veni, sancte Spiritus. La segunda oraci\u00f3n en forma de prefacio concluye los ritos de la consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la misa, se insiste en que constituye una parte Integrante de la dedicaci\u00f3n y se recomienda al obispo que la celebre personalmente, pero no se le llega a prohibir que pueda sustituirlo un presb\u00ed\u00adtero. Adem\u00e1s, aun recomendando que esta misa se celebre con canto, se permite \u00abpor justo motivo\u00bb la celebraci\u00f3n de una simple misa le\u00ed\u00adda.<\/p>\n<p>IV. El nuevo rito de la dedicaci\u00f3n (1977)<br \/>\nAl poco tiempo de concluirse el Vat. II, la comisi\u00f3n encargada de llevar a cabo la renovaci\u00f3n de laliturgia tuvo sus dudas para emprender una nueva revisi\u00f3n de los ritos de la dedicaci\u00f3n. Pero tras larga reflexi\u00f3n pareci\u00f3 conveniente hacer tambi\u00e9n esos ritos m\u00e1s conformes con los principios de la constituci\u00f3n sobre la liturgia. El nuevo Ordo Dedicationis Ecclesiae et Altaris estaba ya concluido en 1971. En 1973 se imprimi\u00f3 y se someti\u00f3 a una amplia experimentaci\u00f3n, al t\u00e9rmino de la cual el papa Pablo VI lo aprob\u00f3 con fecha 29 de mayo de 1977. La traducci\u00f3n oficial para Espa\u00f1a fue aprobada en 1978, y se encuentra en el mismo volumen que contiene el Ritual de la bendici\u00f3n de un abad o una abadesa. El volumen se titula Rituales de la dedicaci\u00f3n de iglesias y de altares (= RDI) y de la bendici\u00f3n de un abad o una abadesa. Citamos la versi\u00f3n castellana, indicando las p\u00e1ginas, y cuando exista numeraci\u00f3n, despu\u00e9s de la p\u00e1gina indicaremos el n\u00famero.<\/p>\n<p>1. LOS PRINCIPIOS QUE HAN PRESIDIDO LA REVISI\u00ed\u201cN. Tres son los principios que han presidido la revisi\u00f3n de los ritos.<\/p>\n<p>a) Ante todo era preciso restituir de hecho a la eucarist\u00ed\u00ada su papel primordial en la dedicaci\u00f3n de una iglesia o de un altar. Todos deben comprender que ella es \u00abel rito m\u00e1ximo y el \u00fanico necesario\u00bb (RDI 28, n. 15). Por ese motivo los ritos de la unci\u00f3n, de la incensaci\u00f3n y de la iluminaci\u00f3n han sido insertos en la liturgia de la palabra y en la de la eucarist\u00ed\u00ada, cada una de las cuales es considerada parte integrante de la dedicaci\u00f3n. No se trata solamente de destacar el simbolismo de las acciones sagradas proyectando sobre ellas la luz de la palabra de Dios, como se hace en la celebraci\u00f3n de los sacramentos y de las bendiciones mayores, sino de manifestar que la proclamaci\u00f3n de la palabra y la participaci\u00f3n en el cuerpo y sangre del Se\u00f1or son constitutivas de la iglesia viviente. La primera proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios en el nuevo edificio constituye por s\u00ed\u00ad misma un rito de dedicaci\u00f3n: el obispo hace la ostensi\u00f3n solemne del leccionario al pueblo, antes de entregarlo al lector (RDI 43). Por lo que se refiere a la liturgia eucar\u00ed\u00adstica, el esquema de 1973 hab\u00ed\u00ada propuesto su prefacio como oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n de la iglesia o del altar seg\u00fan el uso romano del s. vii. La edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica no acogi\u00f3 esta propuesta; ofrece en cambio una oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n, que precede a la unci\u00f3n del altar (RDI 47-48). Pero lo que queda firme es que en adelante ya no se podr\u00e1 disociar la celebraci\u00f3n de la dedicaci\u00f3n de la celebraci\u00f3n de la misa. Adem\u00e1s \u00abconviene que el obispo concelebre con los presb\u00ed\u00adteros que con \u00e9l cooperan en los ritos de la dedicaci\u00f3n y con los responsables de la parroquia o de la comunidad para la cual se ha construido la iglesia\u00bb (RDI 26, n. 9).<\/p>\n<p>b) Subrayando el puesto de la eucarist\u00ed\u00ada en la celebraci\u00f3n, se ha querido adem\u00e1s restituir la debida dignidad al traslado de las reliquias de los santos, dej\u00e1ndola facultativa. De hecho, este traslado s\u00f3lo tiene pleno significado cuando es posible disponer de reliquias bien conocidas y aut\u00e9nticas de un m\u00e1rtir y colocarlas bajo el altar de Cristo \u00abpara significar que el sacrificio de los miembros tuvo principio en el sacrificio de la cabeza\u00bb (RDI 28, n. 14). Por el contrario, resultar\u00ed\u00ada un rito vac\u00ed\u00ado de significado si no se tuviesen m\u00e1s que reliquias insignificantes o inaut\u00e9nticas. A la piedad actual hacia los \/ santos repugna el fraccionamiento de sus cuerpos y el reparto de sus huesos, como repugnaba a los romanos contempor\u00e1neos de san Gregorio. El Vat. II ha insistido sobre el car\u00e1cter de autenticidad que deben presentar las reliquias de los santos propuestas a la veneraci\u00f3n de los fieles (SC 111), y la OGMR (266) nos lo recuerda. Hoy, de hecho, se es mucho m\u00e1s exigente en cuanto a los testimonios de autenticidad de lo que se era en el siglo pasado.<\/p>\n<p>c) De autenticidad deben estar dotados tambi\u00e9n los ritos simb\u00f3licos de la dedicaci\u00f3n. En el nuevo rito se ha querido renunciar a la acumulaci\u00f3n de signos y a la repetici\u00f3n de los mismos gestos que caracterizaban el Ordo medieval; pero al mismo tiempo ha habido una preocupaci\u00f3n por evitar una cierta aridez, de la que el Ordo desde 1961 presentaba algunos indicios. El camino lo hab\u00ed\u00ada dejado abierto la constituci\u00f3n conciliar: \u00abLos ritos deben resplandecer con una noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones in\u00fatiles, adaptados a la capacidad de los fieles, y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones\u00bb (SC 34). El lenguaje del agua, del aceite perfumado, del incienso y de la luz es un lenguaje universal. Las palabras que acompa\u00f1an la aspersi\u00f3n, la crismaci\u00f3n, la incensaci\u00f3n y la iluminaci\u00f3n del edificio ilustran la relaci\u00f3n de esos gestos con el misterio de la iglesia en su entidad y en su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EL DESARROLLO DE LA CELEBRACI\u00ed\u201cN. a) Dedicaci\u00f3n de una iglesia. Ritos iniciales. La entrada en la iglesia puede consistir en una procesi\u00f3n, en una entrada solemne o en una entrada sencilla, seg\u00fan las posibilidades locales, como el domingo de ramos. Aqu\u00ed\u00ad vamos a describir solamente la procesi\u00f3n (RDI 34ss).<\/p>\n<p>Las puertas de la iglesia que va a ser consagrada est\u00e1n cerradas. El pueblo se re\u00fane en torno al obispo en un lugar apropiado. Si est\u00e1 previsto el traslado de las reliquias de los santos, \u00e9stas se preparan en el mismo lugar. Despu\u00e9s del saludo del obispo y una monici\u00f3n, se pone en marcha la procesi\u00f3n con el canto del salmo 121, mientras los presb\u00ed\u00adteros eventualmente llevan las reliquias de los santos. Todos se detienen en el umbral de la iglesia. Los representantes de quienes han colaborado a la construcci\u00f3n entregan el edificio al obispo, y \u00e9ste encarga al pastor de la nueva iglesia que abra sus puertas. El mismo invita a continuaci\u00f3n al pueblo a entrar. Mientras van entrando se canta el salmo 23. El obispo va directamente a su sede y los concelebrantes se colocan en torno a \u00e9l.<\/p>\n<p>La aspersi\u00f3n. Una vez que todos se han acomodado, el obispo bendice el agua para asperjar a la asamblea en se\u00f1al de penitencia y como recuerdo del bautismo. Acompa\u00f1ado de los di\u00e1conos, recorre la iglesia, asperjando sucesivamente al pueblo, las paredes y el altar. Entre tanto se canta la ant\u00ed\u00adfona Vidi aquam. Siguen el Gloria y la colecta (RDI4lss).<\/p>\n<p>Liturgia de la palabra. Los lectores y el salmista se presentan ante el obispo, el cual, recibido el leccionario, lo muestra al pueblo diciendo: \u00abResuene siempre en esta casa la palabra de Dios, para que conozc\u00e1is el misterio de Cristo y se realice vuestra salvaci\u00f3n dentro de la iglesia\u00bb (RDI 43). La primera lectura debe consistir siempre en la narraci\u00f3n de la proclamaci\u00f3n de la ley, ante el pueblo reunido en Jerusal\u00e9n, por el sacerdote Esdras (Neh 8:2-4.5-6.8-10). Para las otras lecturas se puede elegir entre los textos propuestos por el leccionario. Despu\u00e9s del evangelio sigue lahomil\u00ed\u00ada y el credo, pero no se hace la oraci\u00f3n universal.<\/p>\n<p>Oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n y unciones. Los ritos espec\u00ed\u00adficos de la dedicaci\u00f3n comienzan con el canto de las letan\u00ed\u00adas de los santos (RDI 44ss), al que sigue la colocaci\u00f3n de las reliquias si las hay (RDI 46-47). El obispo las coloca en el sepulcro preparado, que es cerrado por un alba\u00f1il, mientras se canta el salmo 14 (ant\u00ed\u00adfona \u00absantos de Dios que hab\u00e9is recibido un lugar bajo el altar\u00bb) u otro canto apropiado.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el obispo, en pie junto a la sede o en el altar, canta o recita la oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n de \u00abesta casa de oraci\u00f3n\u00bb, donde el pueblo de Dios \u00abte honra con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos\u00bb (RDI 47). La oraci\u00f3n desarrolla ampliamente la teolog\u00ed\u00ada de la iglesia, de la que el edificio es signo:<br \/>\n\u00abEste edificio hace vislumbrar el misterio de la iglesia, \/ a la que Cristo santific\u00f3 con su sangre, \/ para presentarla ante s\u00ed\u00ad como esposa llena de gloria, \/ como virgen excelsa por la integridad de la fe \/ y madre fecunda por el poder del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Es la iglesia santa, la vi\u00f1a elegida de Dios, \/ cuyos sarmientos llenan el mundo entero, \/ cuyos renuevos, adheridos al tronco, \/ son atra\u00ed\u00addos hacia lo alto, al reino de los cielos.<\/p>\n<p>Es la iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres, \/ el templo santo, construido con piedras vivas, \/ sobre el cimiento de los ap\u00f3stoles, \/ con Cristo Jes\u00fas como suprema piedra angular.<\/p>\n<p>Es la iglesia excelsa, \/ la ciudad colocada sobre la cima de la monta\u00f1a, \/ accesible a todos y a todos patente, \/ en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero \/ y resuena agradecido el c\u00e1ntico de los bienaventurados\u00bb.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n prosigue mencionando los beneficios que los hombres vendr\u00e1n a buscar a la casa de Dios y de su pueblo:<br \/>\n\u00abQue tus fieles, reunidos junto a este altar, \/ celebren el memorial de la pascua \/ y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>Que resuene aqu\u00ed\u00ad la alabanza jubilosa \/ que armoniza las voces de los \u00e1ngeles y de los hombres, \/ y que suba hasta ti la plegaria por la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Que los pobres encuentren aqu\u00ed\u00ad misericordia, \/ los oprimidos alcancen la verdadera libertad, \/ y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos, \/ hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusal\u00e9n celestial\u00bb.<\/p>\n<p>Terminada la oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n, el obispo procede a los ritos simb\u00f3licos, como hace en la ordenaci\u00f3n. Comienza con la unci\u00f3n del altar y de las paredes de la iglesia (RDI 48ss). En pie ante el altar, dice: \u00abEl Se\u00f1or santifique con su poder este altar y esta casa, que vamos a ungir, para que expresen con una se\u00f1al visible el misterio de Cristo y de la iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>El obispo derrama a continuaci\u00f3n el crisma sobre el centro y los cuatro \u00e1ngulos del altar. Incluso se aconseja que lo vierta sobre toda la mesa para dar al rito la amplitud que merece: el \u00f3leo debe sobreabundar.<\/p>\n<p>Luego realiza sobre las paredes de la iglesia doce o cuatro unciones crismales con la se\u00f1al de la cruz. Para estas unciones el obispo puede ser ayudado por presb\u00ed\u00adteros, a quienes previamente ha entregado las ampollas del crisma. Entre tanto, se canta el salmo 83.<\/p>\n<p>Al rito de la unci\u00f3n sigue el de la incensaci\u00f3n (RDI 50-51). Se coloca sobre el altar un peque\u00f1o brasero para encender el incienso o los aromas, o un montoncito de incienso y vela. El obispo pone incienso en el brasero, o con una vela enciende el mont\u00f3n de incienso, diciendo: \u00abSuba, Se\u00f1or, nuestra oraci\u00f3n como incienso en tu presencia y, as\u00ed\u00ad como esta casa se llena de suave olor, que en tu iglesia se aspire el aroma de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>El obispo pone incienso seguidamente en los incensarios e inciensa el altar; a continuaci\u00f3n es incensado \u00e9l mismo, mientras los ministros recorren la nave incensando al pueblo y los muros; entre tanto, se canta el salmo 137.<\/p>\n<p>Antes de la iluminaci\u00f3n del altar se procede a la vestici\u00f3n del mismo. Despu\u00e9s de haber secado el \u00f3leo de la mesa, se la cubre con un mantel y, seg\u00fan la oportunidad, se la adorna con flores. Sobre el altar o a su lado se disponen los candelabros con sus cirios y la cruz. Previamente habr\u00e1n sido colocadas numerosas velas en toda la iglesia, especialmente en correspondencia con las unciones realizadas en las paredes. El obispo, con una vela encendida en la mano, proclama: \u00abBrille en la iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>La iglesia entonces es iluminada festivamente. Como signo de gozo se encienden todas las l\u00e1mparas, mientras se entona el c\u00e1ntico de Tob\u00ed\u00adas (Tob 13:10.13-14.15.17) y un canto en honor de Cristo, luz del mundo (RDI 51-52, con referencia a \u00ablecturas, cantos y oraciones\u00bb).<\/p>\n<p>Liturgia eucar\u00ed\u00adstica. Todos los ritos anteriores han tenido como objetivo preparar el altar para que se convierta en mesa del Se\u00f1or. Ahora la concelebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada bajo la presidencia del obispo sustituye los signos por la realidad del sacramento.<\/p>\n<p>La misa se desarrolla de modo normal. El prefacio de la plegariaeucar\u00ed\u00adstica, aun tomando ciertas expresiones de la oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n, les aporta acertados complementos, como la menci\u00f3n del \u00abtemplo verdadero\u00bb, que es el cuerpo de Cristo \u00abnacido de la Virgen Inmaculada\u00bb (RDE 120). Aunque el ritual no aluda a ello, es conveniente que el d\u00ed\u00ada de la dedicaci\u00f3n de los fieles puedan recibir la eucarist\u00ed\u00ada bajo las dos especies, comulgando del pan partido y del c\u00e1liz del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Al final de la misa se puede inaugurar la capilla donde se guardar\u00e1 la eucarist\u00ed\u00ada, llevando a ella solemnemente la santa reserva (RDI 54-55) con una procesi\u00f3n id\u00e9ntica a la que concluye la misa del jueves santo en recuerdo de la cena del Se\u00f1or. Una vez que el cop\u00f3n ha sido colocado en el tabern\u00e1culo, el obispo bendice al pueblo y el di\u00e1cono proclama la despedida.<\/p>\n<p>b) Dedicaci\u00f3n de una iglesia donde ya se celebraba el culto. El simbolismo de los ritos que hemos descrito adquiere su pleno significado s\u00f3lo en el caso de una iglesia nueva, en que todav\u00ed\u00ada no se haya celebrado la eucarist\u00ed\u00ada. El rito experimental de 1973 no preve\u00ed\u00ada la posibilidad de la dedicaci\u00f3n de una iglesia ya abierta al culto, y quiz\u00e1 desde mucho tiempo atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Aun recomendando que la dedicaci\u00f3n de una iglesia coincida con su efectiva inauguraci\u00f3n, el ritual de 1977 reserva su cap\u00ed\u00adtulo tercero a la \u00abDedicaci\u00f3n de una iglesia en la cual ya se celebran los sagrados misterios\u00bb. Habr\u00ed\u00ada algo que objetar a esta concesi\u00f3n a la facilidad. Se exige, sin embargo, que el altar no haya sido consagrado todav\u00ed\u00ada y que la iglesia haya sufrido alguna reforma importante (RDI 57).<\/p>\n<p>En tal caso se omite el rito de la apertura de las puertas y se realiza la entrada en forma simple. Se omite, o se adapta a las circunstancias, la entrega de la iglesia al obispo. Se omiten asimismo la aspersi\u00f3n de las paredes, e igualmente los ritos particulares que introducen la liturgia de la palabra (RDI 57ss).<\/p>\n<p>c) Dedicaci\u00f3n de un altar. Los ritos de la consagraci\u00f3n del altar ocupan un lugar importante en la dedicaci\u00f3n de una iglesia. Cuando se trata de dedicar s\u00f3lo el altar, se sigue pr\u00e1cticamente el orden descrito arriba, omitiendo cuanto se refiere a la iglesia. Las lecturas son propias; propios son tambi\u00e9n la oraci\u00f3n de dedicaci\u00f3n y el prefacio de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica, que desarrollan con nuevos detalles el simbolismo del altar cristiano.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber mencionado los altares erigidos en la antig\u00fcedad por No\u00e9, Abrah\u00e1n, Isaac y Mois\u00e9s, la oraci\u00f3n evoca el sacrificio de Cristo en su misterio pascual; seguidamente presenta el altar del nuevo culto, que es simult\u00e1neamente s\u00ed\u00admbolo de Cristo y mesa a la que \u00e9l convoca a su pueblo (RDI 92-93). El prefacio insiste en los temas de Cristo sacerdote, v\u00ed\u00adctima y altar de su sacrificio, a\u00f1adiendo una alusi\u00f3n al altar, \u00abroca espiritual\u00bb de la que mana para los fieles el agua viva del Esp\u00ed\u00adritu, que los convertir\u00e1 tambi\u00e9n a ellos en \u00abofrenda santa\u00bb y \u00abaltar vivo\u00bb grato a Dios (RDI 124-125).<\/p>\n<p>V. El misterio de la iglesia celebrado en la dedicaci\u00f3n<br \/>\nLos ritos y las oraciones de la dedicaci\u00f3n constituyen una teolog\u00ed\u00ada en acto del misterio de la iglesia, cuyo nombre se aplica al pueblo reunido por la convocaci\u00f3n del Se\u00f1or antes que al edificio destinado a acoger esta asamblea. \u00abSe\u00f1or, Dios nuestro -dice una colecta para el aniversario de la dedicaci\u00f3n-, que has querido que tu pueblo se llamara iglesia&#8230;\u00bb Por este motivo la liturgia de la dedicaci\u00f3n constituye un continuo ir y venir entre la iglesia viviente y la formada por piedras, que acaba de ser edificada. Los textos b\u00ed\u00adblicos propuestos para la celebraci\u00f3n ayudan a entrar en este movimiento, y las homil\u00ed\u00adas de los padres se hacen eco de ellos.<\/p>\n<p>1. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE LA PALABRA DE Dios. El leccionario romano ha conservado los textos b\u00ed\u00adblicos m\u00e1s significativos utilizados para la dedicaci\u00f3n de la iglesia en las diversas familias lit\u00fargicas. Propone veintiuna per\u00ed\u00adcopas, once para la dedicaci\u00f3n de una iglesia y diez para la de un altar. Su elenco puede verse en RDI 126-130 y 131-134. El volumen V del leccionario en lengua castellana trae su texto por extenso en la secci\u00f3n \u00abcom\u00fan de la dedicaci\u00f3n de la iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>a) Lecturas para la dedicaci\u00f3n de una iglesia. Para el d\u00ed\u00ada de la dedicaci\u00f3n se fija una sola lectura del AT (Neh 8:2-4.5-6.8-10), y su proclamaci\u00f3n es obligatoria. (En cambio, para el aniversario de la dedicaci\u00f3n se proponen cuatro, a elecci\u00f3n.)<br \/>\nAl descartar en este d\u00ed\u00ada los textos referentes a la dedicaci\u00f3n del primer templo por Salom\u00f3n para hacer revivir a la asamblea de los fieles la reuni\u00f3n del pueblo de Jerusal\u00e9n en torno a la tribuna desde la cual el escriba Esdras ley\u00f3 la palabra de la ley, la liturgia subraya una discontinuidad: el edificio destinado a la asamblea cristiana no es el sucesor del templo donde habitaba la \u00abgloria\u00bb de Dios. Esta gloria de Dios aletea ahora sobre el pueblo mismo, que escucha a su Se\u00f1or en el d\u00ed\u00ada que le est\u00e1 consagrado,y que es consciente de que el gozo en el Se\u00f1or es su fortaleza (Neh 8:2-10).<\/p>\n<p>Las lecturas apost\u00f3licas desarrollan la par\u00e1bola de la iglesia-edificio. Fundada sobre los ap\u00f3stoles y profetas, con Cristo como piedra angular (Efe 2:19-22), hecha de piedras vivas (1Pe 2:4-9), es el templo construido por Dios (1Co 3:9b-11.16-17). Al final de su construcci\u00f3n, la iglesia aparece como la nueva Jerusal\u00e9n, la morada de Dios entre los hombres (Apo 21:1-5a), resplandeciente con la gloria de Dios (Apo 21:9b-14), la asamblea de los primog\u00e9nitos, la ciudad del Dios viviente, donde se perpet\u00faa con los \u00e1ngeles una fiesta eterna (Heb 12:18-19.22-24). Pablo no duda en individualizar la imagen del templo nuevo. Despu\u00e9s de haber declarado a la comunidad de creyentes: \u00abSanto es el templo de Dios que sois vosotros\u00bb (1Co 3:17), dir\u00e1 m\u00e1s adelante para ponerlos en guardia contra la impureza: \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que vuestro cuerpo es templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que habita en vosotros?\u00bb (1Co 6:19).<\/p>\n<p>La primera de las per\u00ed\u00adcopas evang\u00e9licas es el texto de Mateo: \u00abT\u00fa eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi iglesia\u00bb (1Co 16:13-19). Es todav\u00ed\u00ada la imagen del edificio la que se aplica a la iglesia; ella es la casa edificada sobre la roca, sobre la fe de Pedro en el Hijo de Dios vivo. La segunda, de menor envergadura, es la narraci\u00f3n de la estancia de Jes\u00fas en casa de Zaqueo: \u00abHoy entr\u00f3 la salvaci\u00f3n en esta casa\u00bb (Lev 19:1-10). Vienen luego dos textos joaneos. En el primero, Jes\u00fas presenta el propio cuerpo como el \u00fanico templo del Alt\u00ed\u00adsimo, que sustituye a todo templo construido por mano de hombre (Jua 2:13-22). El segundo texto ( Jua 4:19-24) refiere el di\u00e1logo entre Jes\u00fas y la samaritana sobre la adoraci\u00f3n del Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad; este texto se propone tambi\u00e9n para la dedicaci\u00f3n de un altar [-> infra, h].<\/p>\n<p>b) Lecturas para la dedicaci\u00f3n de un altar. Para este rito se han conservado ante todo siete pasajes de la Escritura, en los que se hace menci\u00f3n de un altar. Se trata de los altares erigidos por Jacob (G\u00e9n 28:11-18) y por Josu\u00e9 (Jos 8:30-35); del reconstruido por Judas Macabeo en el templo (1Ma 4:52-59); del altar al que se acercaba el jud\u00ed\u00ado piadoso a presentar su ofrenda (Mat 5:23-24); de la mesa eucar\u00ed\u00adstica, contrapuesta por Pablo al altar de los paganos (1Co 10:16-21); finalmente, del altar celestial (Apo 8:3-4), altar viviente, que no es otro que el mismo Cristo (Heb 13:8-15). Pero antes de entrar en la gloria, Cristo ofreci\u00f3 el sacrificio sobre el altar del propio cuerpo colgado en la cruz (Jua 12:31-36a).<\/p>\n<p>Junto a estos textos han sido elegidos otros dos, en los que se recuerda que el culto cristiano es un culto \u00aben esp\u00ed\u00adritu y verdad\u00bb (Jua 4:19-24), un culto que se expresa en la vida cotidiana de la comunidad de los creyentes (Heb 2:42-47). Por muy sagrado que llegue a ser el altar que acaba de erigirse, nunca lo ser\u00e1 tanto como el coraz\u00f3n de aquellos que lo han construido.<\/p>\n<p>2. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE LOS PADRES. Desde las primeras dedicaciones de iglesias en el s. iv, \u00e9stas se entendieron siempre como fiestas del \u00abtemplo vivo del Dios vivo\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Eusebio en su discurso a los cristianos de Tiro. En efecto, \u00e9ste dice: \u00abLa actividad de cuantos han trabajado para construir este edificio es ciertamente apreciada por aquel que es celebrado como Dios, pero no tanto como el templo animado que sois todosvosotros, desde el momento en que \u00e9l admira con preferencia la casa hecha de piedras vivas y bien compactas, fuertes y s\u00f3lidamente establecida sobre el fundamento de los ap\u00f3stoles y de los profetas, de la que Jesucristo mismo es la piedra angular\u00bb. El fruto de la celebraci\u00f3n debe ser, seg\u00fan el orador, la \u00abrenovaci\u00f3n del edificio divino y racional de las almas\u00bb<br \/>\nLos padres repetir\u00e1n a cual mejor esta ense\u00f1anza. Baste citar, para el Occidente, a san Agust\u00ed\u00adn y san Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s. Dos discursos de \u00e9stos, recogidos en la liturgia de las Horas (com\u00fan de la dedicaci\u00f3n y dedicaci\u00f3n de la bas\u00ed\u00adlica lateranense), pueden ser considerados como una condensaci\u00f3n de la tradici\u00f3n: \u00abEl motivo que hoy nos congrega es la consagraci\u00f3n de una casa de oraci\u00f3n. Esta es la casa de nuestras oraciones, pero la casa de Dios somos nosotros mismos. Por eso nosotros, que somos la casa de Dios, nos vamos edificando durante esta vida, para ser consagrados al final de los tiempos\u00bb. Agust\u00ed\u00adn desarrolla a continuaci\u00f3n el paralelo entre los trabajos que se requieren para la construcci\u00f3n de la bas\u00ed\u00adlica y la iniciaci\u00f3n cristiana: \u00abLo que aqu\u00ed\u00ad se hac\u00ed\u00ada, cuando se iba construyendo esta casa, sucede tambi\u00e9n cuando los creyentes se congregan en Cristo&#8230; y, cuando reciben la catequesis y el bautismo, es como si fueran tall\u00e1ndose, aline\u00e1ndose y nivel\u00e1ndose por las manos de los art\u00ed\u00adfices y carpinteros\u00bb. Del mismo modo, a\u00f1ade, que los diversos elementos tienen que estar s\u00f3lidamente soldados entre s\u00ed\u00ad, as\u00ed\u00ad los cristianos \u00abno llegan a ser casa de Dios sino cuando se aglutinan en la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>San Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s adopta el mismo lenguaje de su maestro Agust\u00ed\u00adn. \u00ab\u00bfDeseas encontrar limpia la bas\u00ed\u00adlica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la bas\u00ed\u00adlica est\u00e9 bien iluminada, Dios desea tambi\u00e9n que tu alma no est\u00e9 en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Se\u00f1or: que brille en nosotros la luz de las buenas obras&#8230; Del mismo modo que t\u00fa entras en esta iglesia, as\u00ed\u00ad quiere Dios entrar en tu alma\u00bb \u00ab.<\/p>\n<p>Insistiendo sobre el tema de las encenias, de la novedad, la liturgia bizantina resume la ense\u00f1anza de los padres en este canto: \u00abHombre, entra en ti mismo, convi\u00e9rtete en el hombre nuevo dejando el viejo, y celebra la dedicaci\u00f3n del alma\u00bb&#8216;\u00bb.<\/p>\n<p>Un texto de Sugero, abad de San Denis, en Francia, subraya extraordinariamente bien la gracia de renovaci\u00f3n ofrecida al pueblo cristiano a trav\u00e9s de los ritos de la liturgia de la dedicaci\u00f3n. Despu\u00e9s de haber descrito la dedicaci\u00f3n de la iglesia construida por inter\u00e9s suyo sobre la tumba del primer obispo de Par\u00ed\u00ads (a. 1144), concluye con esta oraci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or Jesucristo, mediante la unci\u00f3n del santo crisma y la recepci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada t\u00fa has unido lo material a lo inmaterial, lo corporal a lo espiritual, lo humano a lo divino. Con estas bendiciones visibles t\u00fa restauras invisiblemente y al mismo tiempo transformas maravillosamente el reino presente en reino celeste\u00bb<br \/>\nLa dedicaci\u00f3n de la iglesia de piedra constituye de esta forma una gracia de elecci\u00f3n en el camino por el que avanza la iglesia de los hombres.<\/p>\n<p>P. Jounel<br \/>\nBIBLIOGRAFIA_ Martimort A.G., La dedicaci\u00f3n de una iglesia, en La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 1967&#8217;, 214-219; Righetti M., La dedicaci\u00f3n de las iglesias, en Historia de la Liturgia 2, BAC 144, Madrid 1956, 1046-1064; Tena P., Ritual de la dedicaci\u00f3n de iglesias (Comentario), en \u00abPhase\u00bb 183-221.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La fiesta del pueblo de Dios: 1. Los testigos de la fiesta; 2. Las prolongaciones de la fiesta; 3. La raigambre humana y b\u00ed\u00adblica &#8211; II. Elaboraci\u00f3n de los ritos de la dedicaci\u00f3n: 1. La aportaci\u00f3n de las diversas tradiciones: a) La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, b) La colocaci\u00f3n de las reliquias de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dedicacion-de-iglesias-y-altares\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDEDICACION DE IGLESIAS Y ALTARES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17128","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17128","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17128"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17128\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17128"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17128"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17128"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}