{"id":17130,"date":"2016-02-05T11:09:13","date_gmt":"2016-02-05T16:09:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/devociones-y-liturgia\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:13","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:13","slug":"devociones-y-liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/devociones-y-liturgia\/","title":{"rendered":"DEVOCIONES Y LITURGIA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Liturgia, devoci\u00f3n y devociones &#8211; III. Liturgia y devociones en la historia: 1. En los cuatro o cinco primeros siglos; 2. A partir del s. v; 3. Hasta el s. xiv; 4. En las postrimer\u00ed\u00adas del s. xiv; 5. Despu\u00e9s de la crisis protestante y de la reforma cat\u00f3lica; 6. En el s. xx &#8211; IV. Los documentos del magisterio: 1. La enc\u00ed\u00adclica \u00abMediator Dei\u00bb; 2. La instrucci\u00f3n de la S. C. de Ritos; 3. La constituci\u00f3n \u00abSacrosanctum concilium\u00bb: a) Reconocimiento de la variedad y legitimidad de las formas devocionales, b) Reconocimiento del valor de las formas devocionales, e) Centralidad del misterio de Cristo en la espiritualidad cristiana, d) Los ejercicios de piedad deben guardar estrecha relaci\u00f3n con la liturgia; 4. La instrucci\u00f3n \u00abEucharisticum mysterium\u00bb: a) La catequesis del pueblo cristiano, b) El culto eucar\u00ed\u00adstico fuera de la misa, c) Las diversas formas de piedad eucar\u00ed\u00adstica; 5. La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abMarialis cultus\u00bb: a) Nota trinitaria, b) Nota cristol\u00f3gica, e) Nota pneumatol\u00f3gica, d) Nota eclesiol\u00f3gica, e) Orientaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, f) Orientaci\u00f3n lit\u00fargica, g) Orientaci\u00f3n ecum\u00e9nica, h) Orientaci\u00f3n antropol\u00f3gica &#8211; V. Consecuencias pr\u00e1cticas y sugerencias pastorales.<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n<br \/>\nEl tema de las relaciones entre la liturgia y las devociones ya no apasiona hoy como a comienzos de este siglo y en los a\u00f1os de la aparici\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, de P\u00ed\u00ado XII. Se trata de una cuesti\u00f3n ampliamente debatida, sin que haya faltado muchas veces la pol\u00e9mica y sobre la que se ha pronunciado tambi\u00e9n el magisterio de la iglesia.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 alcance puede tener, por tanto, volver a examinar hoy estetema, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de clausurado el concilio Vat. II, cuando la -> reforma lit\u00fargica ha hecho posible la -> participaci\u00f3n consciente, activa y fructuosa en la liturgia? \u00bfNo resulta un anacronismo plantear otra vez la legitimidad de las formas devocionales en relaci\u00f3n con esta participaci\u00f3n, calificada ya por san P\u00ed\u00ado X en 1903 como la fuente primera e indispensable del esp\u00ed\u00adritu cristiano?&#8217;. Ha sido la vida misma de la iglesia la que ha reclamado la recuperaci\u00f3n de las formas religiosas tradicionales, precisamente en los a\u00f1os en que la ola de la -> secularizaci\u00f3n avanz\u00f3 con m\u00e1s fuerza. El retorno de la religiosidad, observado ya en la d\u00e9cada de los setenta y denominado por algunos autores como fen\u00f3meno de la persistencia de la religi\u00f3n&#8217;, se ha producido en primer lugar en el interior de las celebraciones lit\u00fargicas, las cuales, como consecuencia en muchos casos de una aplicaci\u00f3n insuficiente de la reforma conciliar; no nutr\u00ed\u00adan como era de esperar la vida espiritual. Eran muchos los fieles y los pastores que junto al descubrimiento de las realidades centrales del -> culto cristiano ansiaban tambi\u00e9n interioridad, clima afectivo y oraci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>En segundo lugar, la recuperaci\u00f3n de las formas religiosas se ha producido tambi\u00e9n en el llamado catolicismo popular, especialmente en los pa\u00ed\u00adses latinos y en Hispanoam\u00e9rica. La piedad popular [-> Religiosidad popular], como la denomin\u00f3 Pablo VI en la Evangelii nuntiandi para destacar la ra\u00ed\u00adz inequ\u00ed\u00advocamente cristiana de sus manifestaciones&#8217;, es hoy un hecho religioso contemplado con el m\u00e1ximo respeto, empezando por todos aquellos que primero fueron sus mayores detractores.<\/p>\n<p>Un tercer factor de esta recuperaci\u00f3n ha sido tambi\u00e9n el trabajo de muchos sacerdotes y religiosos empe\u00f1ados en mantener y en actualizar, entre ellos mismos y en sus institutos, los principales recursos para fomentar la vida espiritual recomendados siempre por la iglesia y por el concilio Vat. II (cf PO 18; PC 6; etc.).<\/p>\n<p>Y por \u00faltimo, como testimonio de la actualidad de este tema de las relaciones entre liturgia y devociones, se puede citar el Congreso de Presidentes y Secretarios de las Comisiones lit\u00fargicas nacionales, celebrado en Roma en octubre de 1984. En \u00e9l se habl\u00f3 de la situaci\u00f3n de la pastoral lit\u00fargica en todo el mundo, entre otros grandes temas, y se dijo lo siguiente: \u00abMientras en ciertos pa\u00ed\u00adses o, al menos en algunas regiones, los ejercicios de piedad han padecido una crisis, a veces radical, un buen n\u00famero de respuestas (de las comisiones episcopales) se\u00f1alan, por el contrario, el vigor todav\u00ed\u00ada actual de estas pr\u00e1cticas y su revitalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El tema de las devociones en relaci\u00f3n con la liturgia debe ser tratado en una perspectiva esencialmente constructiva y pastoral, m\u00e1s all\u00e1 de la discusi\u00f3n de lo que es lit\u00fargico o no lit\u00fargico, objetivo o subjetivo en la piedad. Importa, ante todo, profundizar en las relaciones positivas entre liturgia y devociones, en las posibilidades de enriquecimiento mutuo, con vistas a una incidencia eficaz en la vida espiritual de las comunidades y de los fieles.<\/p>\n<p>II. Liturgia, devoci\u00f3n y devociones<br \/>\nPara afrontar con claridad el tema de las devociones, en el que se barajan nociones muy pr\u00f3ximas entre s\u00ed\u00ad, es preciso definir losprincipales conceptos que vamos a emplear.<\/p>\n<p>En la iglesia coexisten, de hecho y de derecho, la -> liturgia y las devociones como dos formas de -> culto, cuya diversidad espec\u00ed\u00adfica suele explicarse en virtud de la naturaleza de cada una de ellas: la liturgia es el culto p\u00fablico-oficial, y las devociones constituyen el culto privado. En consecuencia, la liturgia, fundada en la instituci\u00f3n positiva de Cristo o de la iglesia, entra en el terreno de lo obligatorio, objeto de un ordenamiento ritual; mientras que las devociones, nacidas en el \u00e1rea de la libertad de los individuos y de los grupos, han gozado siempre de mayor autonom\u00ed\u00ada y espontaneidad.<\/p>\n<p>A la primera forma de culto se la ha llamado tambi\u00e9n piedad lit\u00fargica, y a la segunda, piedad privada o particular, reconoci\u00e9ndose que en una y otra han de estar presentes tanto el elemento objetivo, es decir, el misterio o la acci\u00f3n de Dios, como el elemento subjetivo, que consiste en la actitud del hombre o recta disposici\u00f3n del alma. En la primera, el elemento objetivo convierte a esta forma de piedad en la piedad de la iglesia. En la segunda, el acento est\u00e1 puesto en la cooperaci\u00f3n humana a la acci\u00f3n de Dios o en la disposici\u00f3n del hombre para la contemplaci\u00f3n. Por tanto, ambas formas de piedad est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente relacionadas entre s\u00ed\u00ad, aunque se distinguen realmente, y en la pr\u00e1ctica est\u00e1n separadas. M\u00e1s a\u00fan, ambas formas se influyen mutuamente y se enriquecen entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Liturgia y devociones, o piedad lit\u00fargica y piedad particular, tienen en com\u00fan el estar animadas por una sincera y profunda devoci\u00f3n interior que, seg\u00fan la ense\u00f1anza de santo Tom\u00e1s, recogida expresamente por la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, consiste en el acto principal de la virtud de la religi\u00f3n, por la que los hombres se orientan debidamente a Dios y se dedican al culto divino: \u00abLa devotio es un acto de la voluntad del que se ofrece a s\u00ed\u00ad mismo a Dios para servirlo\u00bb&#8217;. Liturgia y devociones vienen a ser expresi\u00f3n y manifestaci\u00f3n externa de esta \u00fanica e id\u00e9ntica devotio.<\/p>\n<p>La liturgia, tal como la defini\u00f3 el concilio Vat. II, es \u00abel ejercicio del -> sacerdocio de Jesucristo; en ella los -> signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificaci\u00f3n del hombre; y as\u00ed\u00ad el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo, es decir, la cabeza y sus miembros, ejerce el culto p\u00fablico \u00ed\u00adntegro\u00bb (SC 7). Lo que caracteriza a la liturgia es la presencia del Se\u00f1or en ella, en diversos grados o modos, para llevar a cabo la santificaci\u00f3n del hombre y la glorificaci\u00f3n del Padre. En consecuencia, \u00abtoda celebraci\u00f3n lit\u00fargica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo que es la iglesia, es acci\u00f3n sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo t\u00ed\u00adtulo y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acci\u00f3n de la iglesia\u00bb (ib).<\/p>\n<p>Las devociones, llamadas tambi\u00e9n pr\u00e1cticas de piedad o ejercicios piadosos (pia exercitia), son actos de oraci\u00f3n o pr\u00e1cticas religiosas que surgieron por iniciativa privada y han adquirido carta de ciudadan\u00ed\u00ada entre los fieles, mereciendo en muchos casos el reconocimiento y hasta la recomendaci\u00f3n por parte de la autoridad eclesi\u00e1stica. \u00abDevociones es, por tanto, una denominaci\u00f3n colectiva de todos los ejercicios de oraci\u00f3n y pr\u00e1cticas religiosas que, si bien no han sido incorporadas a la liturgia, han alcanzado cierta expresi\u00f3n social y organizativa.<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n limita la noci\u00f3n de devociones a los ejercicios de piedad propiamente dichos. Por consiguiente, no se refiere directamente a lo que con frecuencia se llama devoci\u00f3n o devociones en sentido psicol\u00f3gico o espiritual, y que consiste en las preferencias personales entre aspectos diversos y concretos de la espiritualidad. Evidentemente, estas devociones concretas, junto con la correspondiente concentraci\u00f3n psicol\u00f3gica y afectiva en el objeto o t\u00e9rmino de la devoci\u00f3n, se nutren y se sustentan en las pr\u00e1cticas piadosas o ejercicios de piedad.<\/p>\n<p>III. Liturgia y devociones en la -> historia<br \/>\nSi nos atenemos a los principios, no hay, no debe haber oposici\u00f3n entre la liturgia y las devociones. A lo sumo, puede y es bueno que exista una saludable tensi\u00f3n creadora, que se traduzca en una aproximaci\u00f3n mutua y en la docilidad a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, verdadero autor del don de piedad -la devotio de santo Tom\u00e1s- , que ha de ser el alma de toda manifestaci\u00f3n cultural, bien sea lit\u00fargica o piadosa.<\/p>\n<p>La -> historia de la liturgia confirma esta tesis fundamental: al lado de las acciones lit\u00fargicas han existido siempre devociones privadas y ejercicios piadosos. Durante los trece primeros siglos se produjo una situaci\u00f3n tal de armon\u00ed\u00ada y coexistencia que no s\u00f3lo no hab\u00ed\u00ada problemas entre liturgia y devociones, sino que \u00e9stas se serv\u00ed\u00adan de las plegarias lit\u00fargicas oficiales y la liturgia incorporaba formas populares de piedad. A partir del s. xtv y hasta nuestros d\u00ed\u00adas, este dualismo de formas cultuales se hace conflictivo y en ocasiones pol\u00e9mico. Por eso, repasar brevemente y a grandes rasgos la historia de las relaciones entre la liturgia y las devociones puede ayudarnos a buscar un entendimiento pr\u00e1ctico entre ambas expresiones de la piedad de la iglesia.<\/p>\n<p>1. EN LOS CUATRO O CINCO PRIMEROS SIGLOS la existencia de los cristianos aparece marcada por una perfecta s\u00ed\u00adntesis entre la oraci\u00f3n personal y la participaci\u00f3n en las asambleas lit\u00fargicas. Siguiendo el ejemplo de Jes\u00fas y de los ap\u00f3stoles, los primeros cristianos santificaban el d\u00ed\u00ada con los tres momentos de -> plegaria personal que hab\u00ed\u00adan heredado del juda\u00ed\u00adsmo, si bien la f\u00f3rmula del Shem\u00e1 hab\u00ed\u00ada sido sustituida por el padrenuestro. M\u00e1s tarde, cuando se organiza la celebraci\u00f3n de las horas llamadas legitimae por Tertuliano, la oraci\u00f3n com\u00fan matutina y la oraci\u00f3n com\u00fan vespertina, verdaderas acciones lit\u00fargicas, los cristianos dedicaban otros tres momentos del d\u00ed\u00ada a la oraci\u00f3n personal, en horas intermedias -tercia, sexta y nona , en memoria de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad y en recuerdo de determinados pasos o hechos de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or<br \/>\nEstas manifestaciones de piedad cotidiana ten\u00ed\u00adan su culminaci\u00f3n, naturalmente, en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica dominical, es decir, semanal, ya que en los primeros siglos la eucarist\u00ed\u00ada era celebrada solamente los -> domingos. Las vigilias nocturnas, practicadas por muchos cristianos privadamente para imitar al Se\u00f1or (cf Lev 6:12), ven\u00ed\u00adan a ser prolongaci\u00f3n de la gran noche de pascua, en la que se celebraban los sacramentos de la -> iniciaci\u00f3n cristiana. El itinerario penitencial de la iglesia de los primeros tiempos, aunque muy poco conocido en cuanto a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, estaba tambi\u00e9n jalonado de ayunos y otras obras de -> penitencia personal.<\/p>\n<p>La liturgia encontraba continuidad en la plegaria individual y familiar. Esta oraci\u00f3n, nutrida por la lectura de \u00ablas memorias de los ap\u00f3stoles y los escritos de los profetas\u00bb (cf Justino, Apol. 1, 67) y por los mismos salmos y otras f\u00f3rmulas de plegaria, impregnaba la existencia de los cristianos convirti\u00e9ndola en ofrenda viva, santa y agradable a Dios, culto espiritual (cf Rom 12:1) insertado en el -> sacrificio de Cristo, celebrado cada domingo.<\/p>\n<p>2. CUANDO A PARTIR DEL S. V se inicia la gran etapa de creatividad eucol\u00f3gica y se organiza el -> a\u00f1o lit\u00fargico, multiplic\u00e1ndose las celebraciones y respondiendo \u00e9stas no s\u00f3lo a un esquema fijo, sino tambi\u00e9n a unos planteamientos teol\u00f3gico-dogm\u00e1ticos y pastorales, puede decirse que se mantiene fundamentalmente la misma situaci\u00f3n de los siglos anteriores en cuanto a la continuidad entre la oraci\u00f3n privada y la oraci\u00f3n lit\u00fargica. M\u00e1s a\u00fan, hay indicios suficientes para observar un curios\u00ed\u00adsimo proceso de incorporaci\u00f3n a la liturgia de elementos de clara procedencia religiosa y popular. El culto a los m\u00e1rtires, la dedicaci\u00f3n de templos a la madre de Dios, la liturgia de la mayor parte de las fiestas, especialmente de la semana santa, tienen mucho que ver con la atm\u00f3sfera espiritual en la que viv\u00ed\u00adan aquellos cristianos, e incluso con las circunstancias de los mismos lugares donde deb\u00ed\u00adan celebrar. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el testimonio del diario de EEeria (a\u00f1o 381-384) sobre la liturgia de Jerusal\u00e9n, donde lo que hoy llamamos piedad popular est\u00e1 tan fuertemente unido a lo lit\u00fargico.<\/p>\n<p>Un fen\u00f3meno an\u00e1logo puede observarse, pero ya con m\u00e1s pruebas y datos, cuando, desde el s. vnl, los -> libros lit\u00fargicos romanos inician su penetraci\u00f3n en Europa. Los pueblos franco-germ\u00e1nicos, acostumbrados a la exuberancia de la liturgia galicana, debieron considerar demasiado austera y extra\u00f1a para su mentalidad la liturgia romana, que hasta entonces se hab\u00ed\u00ada mantenido dentro de unos l\u00ed\u00admites de rigurosa sencillez y objetividad. Se produce entonces una curiosa mezcla de elementos simb\u00f3licos, dram\u00e1ticos y populares con los sobrios ritos llegados de Roma. Las plegarias se cargan de emotividad, y se componen, para ser introducidas das en la liturgia de la misa, oraciones privadas de petici\u00f3n de perd\u00f3n, que deb\u00ed\u00adan recitar en voz baja el sacerdote y los ministros. Se trata de las famosas apolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>3. HASTA EL S. XIV. Hasta ese momento no se ha producido a\u00fan el dualismo en la piedad: liturgia por un lado, devociones por otro. En realidad, esta hibridaci\u00f3n de ritos hizo que el pueblo sintiera como suya la liturgia. Sin embargo, el factor que m\u00e1s hab\u00ed\u00ada contribuido a mantener la unidad entre lo lit\u00fargico y lo popular hab\u00ed\u00ada sido la lengua latina. Por eso, cuando empiezan a aparecer las lenguas romances o germ\u00e1nicas, y el lat\u00ed\u00adn, como lengua culta, es conocido solamente por el clero, se inicia una peligrosa ruptura entre la liturgia y el pueblo. El lat\u00ed\u00adn pasa a convertir se en la -> lengua sagrada que envuelve el misterio.<\/p>\n<p>El clero y quienes deb\u00ed\u00adan instruir al pueblo pasan muchas horas del d\u00ed\u00ada en el coro, ya que la legislaci\u00f3n carolingia hab\u00ed\u00ada impuesto la celebraci\u00f3n completa y solemne del oficio divino en todas las iglesias. La liturgia aparece como una tarea reservada exclusivamente a cl\u00e9rigos y monjes, cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s alejada e incomprensible para el pueblo.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n se salv\u00f3 gracias a las \u00f3rdenes mendicantes, especialmente franciscanos y dominicos, que intentaron y en gran medida lograron una cristianizaci\u00f3n del mundo popular. El pueblo llano encontr\u00f3 en la espiritualidad de los hijos de san Francisco una forma de piedad nueva, sumamente concreta y atrayente, polarizada en la humanidad de Jes\u00fas y en los sentimientos humanos que pod\u00ed\u00ada suscitar. Surgen la devoci\u00f3n al ni\u00f1o Jes\u00fas, la contemplaci\u00f3n de la pasi\u00f3n, la m\u00ed\u00adstica de los estigmas. Por su parte, los dominicos promovieron tambi\u00e9n unas formas populares de piedad, como el rosario; pero su influjo en la espiritualidad se caracteriz\u00f3 por su elevado intelectualismo.<\/p>\n<p>Las caracter\u00ed\u00adsticas de este nuevo estilo de piedad son lo concreto, la intensidad del sentimiento y la inmediatez de la expresi\u00f3n, la reducci\u00f3n y separaci\u00f3n de los misterios, los acentos puestos en la compasi\u00f3n y en la expiaci\u00f3n. Se ha quebrado la&#8217; dimensi\u00f3n sacramental de la piedad cristiana antigua. Incluso la participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se hizo cada vez menos frecuente, siendo sustituida por el af\u00e1n de contemplar y adorar las sagradas especies durante la misma celebraci\u00f3n de la misa. La -> Virgen Mar\u00ed\u00ada es vista dentro de esta misma relaci\u00f3n con lo concreto, es decir, ante todo como abogada y autora de favores, justamente porque sus sufrimientos en la infancia de Jes\u00fas y en su pasi\u00f3n la han hecho m\u00e1s sensible a las miserias humanas. Los santos son venerados como patronos e intercesores de bienes de todo tipo.<\/p>\n<p>A pesar de los esfuerzos de los monjes de Cluny y del C\u00ed\u00adster, fieles al tipo de piedad b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica de la \u00e9poca antigua, por purificar la liturgia de toda adherencia dudosa y por hacerla m\u00e1s sobria, su obraestaba demasiado ligada a la estructura social del feudalismo agonizante para poder ejercer una influencia con garant\u00ed\u00adas de continuidad y pervivencia. Por otra parte, la renovaci\u00f3n de la liturgia serv\u00ed\u00ada de muy poco a causa del arraigo que ten\u00ed\u00adan en el pueblo aquellas devociones que nacieron y se desarrollaron como consecuencia de la p\u00e9rdida de valor y de eficacia de la liturgia en la vida espiritual.<\/p>\n<p>Sin embargo es preciso reconocer, ante la decadencia lit\u00fargica de la baja edad media, que si a los hombres de esta \u00e9poca no se les hubiesen ofrecido aquellas devociones, dif\u00ed\u00adcilmente se habr\u00ed\u00adan mantenido fieles, y lo m\u00e1s seguro es que hubieran dejado de ser cristianos.<\/p>\n<p>4. EN LAS POSTRIMER\u00ed\u008dAS DEL S. XIV aparece la devotio moderna, movimiento de gran importancia espiritual, a pesar de su incidencia negativa en el campo lit\u00fargico. La devotio moderna significa una reacci\u00f3n frente a un culto en el que s\u00f3lo parece contar el aspecto formal y externo y a unas pr\u00e1cticas devocionales que empezaban a caer en el mismo defecto de la liturgia, es decir, en la reiteraci\u00f3n casi mec\u00e1nica de unos actos y plegarias cuya eficacia parec\u00ed\u00ada basarse en la fidelidad material con que se ejecutaban.<\/p>\n<p>La devotio moderna busc\u00f3 un ideal de vida interior fundada en la piedad individual y con independencia de los medios externos de santificaci\u00f3n. La devotio es un obsequio interior a Dios, de amor hacia \u00e9l, que se traduce hacia fuera en la austeridad y sencillez de vida, y hacia dentro en la llamada plegaria del coraz\u00f3n. En la pr\u00e1ctica, no se rechazaron los actos lit\u00fargicos ni los ejercicios de piedad, pero se procuraba cumplir con la materialidad de los ritos y de las f\u00f3rmulas atendiendo, ante todo, a la realizaci\u00f3n de la plegaria interior. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, se recomendaba la asistencia diaria a la santa misa, pero en silencio, concentrada la mente no en lo que iba diciendo el sacerdote, sino en la meditaci\u00f3n. Durante el oficio divino la mente deb\u00ed\u00ada estar siempre ocupada en Dios, no siguiendo la salmodia, sino meditando atentamente durante ella.<\/p>\n<p>La devotio moderna no tuvo como meta la renovaci\u00f3n de la liturgia ni de los ejercicios piadosos, sino llenar el terrible vac\u00ed\u00ado producido por la falta de una verdadera plegaria. De cara a la liturgia, la devotio moderna, lejos de devolverle su alma, lo que hizo fue sobrecargarla de elementos extra\u00f1os a su naturaleza y significado. Se valor\u00f3 la oficialidad del culto lit\u00fargico, pero el esfuerzo pastoral se dirigi\u00f3 hacia la oraci\u00f3n devota o meditaci\u00f3n. El resultado fue una fosilizaci\u00f3n mayor de la liturgia, atrapada desde ese momento y en los siglos sucesivos por la rigidez y minuciosidad de un ceremonial que parec\u00ed\u00ada serlo todo en el culto. Al lado de la liturgia, las devociones, m\u00e1s cercanas a la lengua y a la sensibilidad del pueblo, adolecen de id\u00e9ntico formalismo externo. En la pr\u00e1ctica, ha quedado consagrado el dualismo cultual de la liturgia y de las devociones sin posibilidad de una verdadera renovaci\u00f3n de una y otras.<\/p>\n<p>5. DESPUES DE LA CRISIS PROTESTANTE Y DE LA REFORMA CAT\u00ed\u201cLICA, la liturgia entr\u00f3 en lo que se ha llamado per\u00ed\u00adodo de f\u00e9rrea uniformidad y del rubricismo. La era del barroco rode\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a la liturgia de fasto y de solemnidad, siguiendo el esp\u00ed\u00adritu dominante de exaltaci\u00f3n de la unidad cat\u00f3lica y del triunfo de la verdad. Nuevamente el pueblo se qued\u00f3 en la periferia del culto lit\u00fargico y tuvo que volcarse en las devociones populares, que alcanzaron un extraordinario desarrollo. El culto eucar\u00ed\u00adstico fuera de la misa, centrado en la presencia real, se manifiesta en los espl\u00e9ndidos retablos que parecen concebidos \u00fanicamente para la exposici\u00f3n del sant\u00ed\u00adsimo, y sobre todo en la procesi\u00f3n del Corpus Christi.<\/p>\n<p>A mediados del s. xvii y durante todo el xviii, primero en Francia y m\u00e1s tarde en otros pa\u00ed\u00adses, surgen las primeras pol\u00e9micas antidevocionales, protagonizadas por los seguidores del jansenismo y por los ilustrados. Los intentos de eminentes liturgistas, como Ludovico A. Muratori, por depurar el devocionalismo de la \u00e9poca y acercar el pueblo a la misa mediante traducciones del misal, se ven reducidos a la nada&#8217;. Tambi\u00e9n el s\u00ed\u00adnodo de Pistoia, condenado en 1794, hab\u00ed\u00ada pretendido efectuar una serie de reformas en la liturgia, tendentes a dar al pueblo una mayor participaci\u00f3n en la santa misa y en la plegaria p\u00fablica de la iglesia.<\/p>\n<p>6. EN EL S. XX. Cuando el I movimiento lit\u00fargico sale a la luz p\u00fablica, comenzado el s. xx, con el ambicioso proyecto de implicar a todo el pueblo en una renovaci\u00f3n espiritual que tuviese su fuente y su centro en la liturgia, surge de nuevo la pol\u00e9mica sobre las devociones. Esta vez se pretend\u00ed\u00ada establecer las relaciones existentes entre \u00e9stas y la liturgia. La pol\u00e9mica demostr\u00f3 hasta qu\u00e9 punto se tem\u00ed\u00ada que el esp\u00ed\u00adritu lit\u00fargico sacrificase la oraci\u00f3n privada en aras de la oraci\u00f3n comunitaria y desapareciesen los ejercicios de piedad, principal y casi \u00fanico alimento espiritual del pueblo devoto. A pesar del apoyo expl\u00ed\u00adcito que los papas prestaron al movimiento lit\u00fargico, comenzando por san P\u00ed\u00ado X, que recomienda la comuni\u00f3n frecuente y abre para los ni\u00f1os la posibilidad de participar desde el uso de raz\u00f3n en la penitencia y en la eucarist\u00ed\u00ada, eran muchos los que no comprend\u00ed\u00adan la importancia de la liturgia en la vida cristiana.<\/p>\n<p>La desconfianza y el recelo entre liturgistas y defensores de la piedad privada aparecen reflejados en la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, de P\u00ed\u00ado XII. El documento, como se ver\u00e1 en seguida, se ocup\u00f3 de restablecer el equilibrio y la paz entre ambas posiciones, mostrando la unidad esencial entre la liturgia y las restantes formas de piedad cristiana.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed\u00ad este repaso, a grandes rasgos, de la historia de las relaciones entre liturgia y devociones. No es f\u00e1cil hacer un balance de estas relaciones, dado que el fen\u00f3meno es muy complejo. Lo que parece claro es que, cuando la vida lit\u00fargica era vigorosa, no s\u00f3lo no hab\u00ed\u00ada conflicto entre \u00e9sta y las formas privadas de piedad, sino que exist\u00ed\u00ada incluso una apertura mayor por parte de la liturgia para integrar elementos populares m\u00e1s acordes con la sensibilidad religiosa del pueblo. Por el contrario, cuando la vida lit\u00fargica se encontraba en decadencia o reducida a un ritualismo inerte y descarnado, los fieles y el mismo clero ten\u00ed\u00adan que buscar en las devociones o en la meditaci\u00f3n devota lo que no encontraban en los actos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>El problema radica en la liturgia, en primer lugar: desde la baja edad media se echaba en falta una renovaci\u00f3n de la liturgia que se asentase sobre bases teol\u00f3gicas [-> Teolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica], y no s\u00f3lo jur\u00ed\u00addicas, de lo que es el l culto cristiano 1d. Pero tambi\u00e9n las devociones constitu\u00ed\u00adan en s\u00ed\u00ad un problema: muchas de ellas hab\u00ed\u00adan surgido como un suced\u00e1neo de la liturgia; y si alcanzaron tanta influencia en el pueblo cristiano, se debi\u00f3 en gran parte al vac\u00ed\u00ado dejadopor la fuente primera de la espiritualidad de la iglesia. Las devociones ten\u00ed\u00adan la ventaja de estar m\u00e1s cerca del pueblo: por eso su influjo era positivo o negativo en la medida en que fuesen aut\u00e9nticas desde el punto de vista de la verdad del culto cristiano, que es ante todo interior y espiritual (cf Jua 14:23). Cuando estas devociones se convert\u00ed\u00adan en actos meramente externos o, peor a\u00fan, cuando se situaban al margen de las realidades salv\u00ed\u00adficas centrales, corr\u00ed\u00adan el peligro de degenerar en verdaderos fen\u00f3menos que muy poco o nada ten\u00ed\u00adan de religiosidad.<\/p>\n<p>Las devociones no pueden ser condenadas o rechazadas en bloque; tampoco canonizadas a priori ni puestas por encima o en el lugar de la liturgia. El dualismo cultual es un hecho de la vida de la iglesia, y su legitimidad viene avalada por el curso mismo de la historia del culto cristiano. Se impone, pues, un trabajo de discernimiento y de ahondamiento en las causas que generan cada fen\u00f3meno hist\u00f3rico. Es preciso, sobre todo, estar atentos a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que sopla donde quiere (cf Jua 3:8), y juzgar los diferentes hechos de la historia de la liturgia o de la espiritualidad no seg\u00fan nuestras ideas o actitudes actuales, sino por los frutos que produjeron (cf Mat 7:16-18).<\/p>\n<p>El problema de la liturgia y las devociones nunca ha podido ser resuelto desde planteamientos de antagonismo o de oposici\u00f3n entre ambas formas leg\u00ed\u00adtimas de piedad, sino desde el encuentro de una y otra forma cultual en la verdadera y \u00fanica devotio cristiana.<\/p>\n<p>IV. Los documentos del magisterio<br \/>\nDejando a un lado los documentos de san P\u00ed\u00ado X -el motu proprio Tra le sollecitudini, de 3-XI-1903&#8211;y de P\u00ed\u00ado XI -la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Divini cultus, de 20-XII-1928-, para ocuparnos de los m\u00e1s cercanos a nosotros, vamos a comenzar por la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei hasta llegar a algunos documentos del posconcilio. Nos centramos \u00fanicamente en el magisterio pontificio y del Vat. II por razones de espacio. Sin embargo, existen tambi\u00e9n importantes aportaciones del magisterio episcopal que conviene conocer tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>1. LA ENC\u00ed\u008dCLICA \u00abMEDIATOR DEI\u00bb (20-XI-1947). La intervenci\u00f3n del papa P\u00ed\u00ado XII en la que se ha denominado carta magna del -> movimiento lit\u00fargico afecta a toda la amplia problem\u00e1tica de la liturgia. La enc\u00ed\u00adclica, en efecto, se ocupa de establecer las bases teol\u00f3gicas del -> culto cristiano dirigiendo, al mismo tiempo, una mirada al conjunto de toda la vida espiritual de la iglesia. El equilibrio de todo el documento es admirable, ya que en \u00e9l se mezclan tanto el reconocimiento de las instancias m\u00e1s puras del movimiento lit\u00fargico como las advertencias para evitar cualquier tipo de exageraciones o desv\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>En este contexto deben entenderse las ense\u00f1anzas de la MD sobre piedad lit\u00fargica y piedad privada, y sobre liturgia y devociones. P\u00ed\u00ado XII trat\u00f3 de conciliar las posturas antag\u00f3nicas que se hab\u00ed\u00adan manifestado en las pol\u00e9micas antidevocionales y mostr\u00f3 la bondad del dualismo cultual existente en la iglesia. Reconoce la superioridad objetiva de la -> plegaria oficial de la esposa de Cristo, aunque no llega a afirmar expl\u00ed\u00adcitamente que \u00e9sta deba ser la fuente primera de la espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>En efecto, en la primera parte de la enc\u00ed\u00adclica el papa trata expresamente de la liturgia como culto interno y externo, analizando las nuevas teor\u00ed\u00adas sobre la piedad objetiva y subjetiva. P\u00ed\u00ado XII reconoce la distinci\u00f3n entre una y otra y valora positivamente los principios en que se asientan, pero rechaza la conclusi\u00f3n de que toda piedad cristiana deba consistir tan s\u00f3lo en la primera (cf MD 43). Por tanto, la piedad objetiva no puede valorarse exclusivamente ni practicarse hasta el extremo de eliminar los otros actos religiosos no estrictamente lit\u00fargicos. Una y otra forma de piedad se completan mutuamente, de tal manera que esta armon\u00ed\u00ada resulta beneficiosa para todos los miembros de la iglesia.<\/p>\n<p>De hecho, \u00abla acci\u00f3n privada y el esfuerzo asc\u00e9tico dirigido a la purificaci\u00f3n del alma estimulan las energ\u00ed\u00adas de los fieles y les disponen a participar m\u00e1s aptamente en el sacrificio augusto del altar, a recibir los sacramentos con m\u00e1s fruto y a celebrar los ritos sagrados de modo que salgan de ellos m\u00e1s animados y formados en la oraci\u00f3n y en la abnegaci\u00f3n cristiana\u00bb (MD 49).<\/p>\n<p>\u00abSin duda -concluye el papa , la plegaria lit\u00fargica, siendo como es oraci\u00f3n p\u00fablica de la esposa santa de Jesucristo, tiene mayor dignidad que las oraciones privadas; pero esta superioridad no quiere decir que entre los dos g\u00e9neros de oraci\u00f3n haya ning\u00fan contraste u oposici\u00f3n. Pues estando animadas de un mismo esp\u00ed\u00adritu, las dos se funden y se armonizan, seg\u00fan aquello: &#8216;porque Cristo lo es todo en todos&#8217; (Col 3:11), y tienden al mismo fin: a formar a Cristo en nosotros (cf G\u00e1l 4:19)\u00bb (MD 52).<\/p>\n<p>En la cuarta parte de la enc\u00ed\u00adclica, al exponer las consecuencias pr\u00e1cticas de la doctrina desarrollada antes, P\u00ed\u00ado XII dedica un apartado a las formas no lit\u00fargicas de piedad. Estas formas no solamente son dignas de ser alabadas, sino del todo necesarias (cf MD 45; 222). De ah\u00ed\u00ad que sea preciso fomentar los ejercicios de piedad tanto entre el clero y los religiosos como entre los seglares, especialmente entre los que pertenecen a asociaciones apost\u00f3licas (cf MD 220-222). Estas afirmaciones de la enc\u00ed\u00adclica fueron objeto de una interpretaci\u00f3n autorizada en una carta del santo Oficio, de noviembre de 1948, dirigida al obispo de Salzburgo, en el sentido de que era reprochable la opini\u00f3n acerca de la no obligatoriedad de los actos de piedad no lit\u00fargica. Dichos actos, recordaba la carta, son no s\u00f3lo loables, sino necesarios .<\/p>\n<p>La enc\u00ed\u00adclica menciona dos grupos de ejercicios de piedad en relaci\u00f3n con la liturgia: unos, cuyo objeto est\u00e1 tomado de la misma liturgia, como las devociones eucar\u00ed\u00adsticas, los actos penitenciales, las devociones a los misterios de Cristo, las devociones marianas y las devociones a los santos; otros, que miran m\u00e1s directamente a la ejercitaci\u00f3n individual en la vida espiritual, como los ejercicios espirituales, la meditaci\u00f3n y el retiro espiritual.<\/p>\n<p>Los primeros, \u00absi bien en rigor no pertenecen a la sagrada liturgia, revisten particular dignidad e importancia, de forma que pueden ser considerados como incluidos de alguna manera en el ordenamiento lit\u00fargico y gozan de repetidas aprobaciones y alabanzas de la sede apost\u00f3lica y de los obispos\u00bb (MD 225). Estos ejercicios de piedad \u00abcontribuyen con frutos saludables a nuestra participaci\u00f3n en el culto lit\u00fargico\u00bb (MD 226), y aunque no son reducibles a puros esquemas lit\u00fargicos, \u00abes necesario, sin embargo, que el esp\u00ed\u00adritu de la sagrada liturgia y sus normas influyan ben\u00e9ficamente sobre ellos, para evitarque en ellos se introduzca algo in\u00fatil o indigno del decoro de la casa de Dios o en detrimento de las sagradas funciones, o sea contrario a la sana piedad\u00bb (MD 227).<\/p>\n<p>En cuanto a los segundos, \u00abinfunden intensamente en los fieles la vida espiritual, los disponen a participar en las sagradas funciones con mayor fruto y evitan el peligro de que las oraciones lit\u00fargicas se reduzcan a un vano ritualismo\u00bb (MD 219; cf 222 y 224).<\/p>\n<p>P\u00ed\u00ado XII quiso poner de manifiesto no s\u00f3lo el derecho a que coexistieran en la iglesia liturgia y devociones, sino tambi\u00e9n la coincidencia de una y otra forma cultual en la verdadera y \u00fanica piedad, la devotio, como acto principal de la religi\u00f3n seg\u00fan el Doctor Ang\u00e9lico (cf MD 46). M\u00e1s a\u00fan, utilizando el lenguaje b\u00ed\u00adblico, ambas formas son obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que enriquece a la iglesia con diversidad de dones y carismas:<br \/>\n\u00abEn la iglesia terrena, como en la celestial, hay muchas moradas (Jua 14:2), de modo que la asc\u00e9tica no puede ser monopolio de nadie. Uno solo es el Esp\u00ed\u00adritu, que, sin embargo, sopla donde quiere (Jua 3:8), y con diversos dones y por diversos caminos dirige a las almas iluminadas por \u00e9l a la consecuci\u00f3n de la santidad\u00bb (MD 223).<\/p>\n<p>La MD propuso un sabio programa: no intentar jam\u00e1s suprimir aquellas pr\u00e1cticas piadosas que son fruto de una espiritualidad aut\u00e9ntica y han sido recomendadas por la palabra y el ejemplo de grandes santos y por la misma jerarqu\u00ed\u00ada de la iglesia (cf MD 226). Pero tambi\u00e9n con suavidad y decisi\u00f3n, llevar tales pr\u00e1cticas a la norma de la liturgia, impregnarlas de su esp\u00ed\u00adritu y, finalmente, convertir en auxiliar de la liturgia lo que hab\u00ed\u00ada sido creado para sustituirla.<\/p>\n<p>2. LA INSTRUCCI\u00ed\u201cN DE LA S. C. DE RITOS (3-IX-1958). Esta instrucci\u00f3n fue publicada con la finalidad de aplicar en el campo de la m\u00fasica lit\u00fargica las enc\u00ed\u00adclicas Mediator Dei y Musicae sacrae (25-XII-1955). El inter\u00e9s de este documento para nuestro tema radica en que por primera vez se establece de manera clara la distinci\u00f3n entre acciones lit\u00fargicas y no lit\u00fargicas:<br \/>\n\u00abLas acciones lit\u00fargicas son aquellos actos sagrados que, por instituci\u00f3n de Jesucristo o de la iglesia y en su nombre, son realizados por personas leg\u00ed\u00adtimamente designadas para este fin, en conformidad con los libros lit\u00fargicos aprobados por la Santa Sede, para dar a Dios, a los santos y a los beatos el culto que les es debido (can. 1256); las dem\u00e1s acciones sagradas que se realizan en una iglesia o fuera de ella, con o sin sacerdote que las presencie o dirija, se llaman ejercicios piadosos (Instr. n. 1).<\/p>\n<p>Por tanto, la norma pr\u00f3xima que distingue a los actos lit\u00fargicos de los ejercicios piadosos es su inserci\u00f3n o no en los libros lit\u00fargicos oficiales. Es decir, el criterio es \u00fanicamente jur\u00ed\u00addico, aun cuando se alude tambi\u00e9n a la instituci\u00f3n por Cristo o por la iglesia de los actos lit\u00fargicos. Ahora bien, todos estos criterios dependen de una visi\u00f3n de la liturgia que es a todas luces incompleta, sobre todo si tomamos en consideraci\u00f3n la noci\u00f3n del t culto cristiano que nos ha ofrecido el Vat. II\u00bb. Esta noci\u00f3n se refleja en el actual C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico, el cual ya no habla de libros lit\u00fargicos, sino de actos aprobados por la autoridad de la iglesia, cuando se ocupa de la funci\u00f3n de santificar de la iglesia (cl can. 834). Asimismo, apoy\u00e1ndose en SC 105, el nuevo c\u00f3digo menciona otros medios de santificaci\u00f3n que son los actos no lit\u00fargicos (cf can. 839).<\/p>\n<p>Resulta, no obstante, muy valiosa la indicaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n de 1958 de que no se mezclen o superpongan actos lit\u00fargicos y ejercicios piadosos (n. 12).<\/p>\n<p>3. LA CONSTITUCI\u00ed\u201cN \u00abSACROSANCTUM CONCILIUM\u00bb. El Vat. II, al proponer la -> reforma lit\u00fargica como medio para renovar la vida cristiana (cf SC 1; 3; 21; etc.), no pod\u00ed\u00ada ignorar la repercusi\u00f3n de la liturgia en la vida espiritual de la iglesia y el papel que siempre han jugado en \u00e9sta los ejercicios de piedad. Por eso la constituci\u00f3n SC se ocupa en dos n\u00fameros de estos ejercicios, adem\u00e1s de algunas alusiones en otros lugares. La ense\u00f1anza del Vat. II sobre la liturgia y las devociones se encuentra entre los grandes principios que afectan a la naturaleza de la sagrada liturgia y a su importancia en la vida de la iglesia.<\/p>\n<p>De cara al tema que nos ocupa, el concilio no se limita a reconocer la existencia de las dos formas cultuales de la piedad cristiana, sino que introduce elementos nuevos de enfoque y comprensi\u00f3n de las relaciones entre liturgia y devociones. Ya no se parte, como sucede en la MD, de la noci\u00f3n de culto como acto propio de la virtud de la religi\u00f3n, sino de la naturaleza espec\u00ed\u00adfica de la -> liturgia cristiana en el marco econ\u00f3mico salv\u00ed\u00adfico de la historia de la salvaci\u00f3n. Aunque el lenguaje de la SC est\u00e1 muy pr\u00f3ximo al usado por la MD, sin embargo se est\u00e1 manejando un concepto de liturgia m\u00e1s amplio, que abarca no s\u00f3lo los actos de santificaci\u00f3n del hombre y del culto a Dios, sino tambi\u00e9n la misma existencia cristiana del hombre, que ha de ser convertida en ofrenda espiritual de santidad verdadera.<\/p>\n<p>En este contexto, los ejercicios de piedad, aunque distintos de las acciones lit\u00fargicas, tienen id\u00e9ntica finalidad santificadora y consagratoria de toda la existencia de los creyentes. Por tanto, los v\u00ed\u00adnculos entre la liturgia y las devociones han de ser muy fuertes, hasta el punto de poderse hablar de verdadera continuidad, de influjo mutuo y de armon\u00ed\u00ada profunda. Los ejercicios piadosos aparecen como prolongaci\u00f3n de las celebraciones, si no en el aspecto sacramental y objetivo de la acci\u00f3n lit\u00fargica, al menos en cuanto a las actitudes de fe, de alabanza, de s\u00faplica, etc.; vividas durante la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, la ense\u00f1anza en concreto del concilio sobre liturgia y devociones se condensa en los siguientes puntos:<br \/>\na) Reconocimiento de la variedad y legitimidad de las formas religiosas de acuerdo con las peculiaridades de cada pueblo:<br \/>\n\u00abLa iglesia no pretende imponer una r\u00ed\u00adgida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpat\u00ed\u00ada y, si puede, conserva \u00ed\u00adntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no est\u00e9 indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces lo acepta en la misma liturgia, con tal que se pueda armonizar con su verdadero y aut\u00e9ntico esp\u00ed\u00adritu\u00bb (SC 37).<\/p>\n<p>Aunque el texto se refiere directamente a la adaptaci\u00f3n de la liturgia a la mentalidad de los pueblos, especialmente a los que son evangelizados por primera vez (cf SC 38), sin embargo se sienta un principio de extraordinaria importancia incluso para las formas nolit\u00fargicas de piedad. La iglesia, que se hace en el concilio solidaria y respetuosa de las tradiciones culturales y religiosas de todos los pueblos (cf GS 53; 58; AG 10), ha de estar abierta para acoger y potenciar toda forma cultual popular o privada que pueda contribuir a elevar al hombre a Dios. An\u00e1logo proceso tuvo lugar en los mejores tiempos de la creatividad lit\u00fargica, como hemos visto antes.<\/p>\n<p>b) Reconocimiento del valor de las formas devocionales. El Vat. II es consciente de que la liturgia, aunque es culminaci\u00f3n y fuente (cf SC 10), \u00abno agota toda la actividad de la iglesia\u00bb (SC 9); y de que la participaci\u00f3n activa, consciente y plena \u00abno abarca toda la vida espiritual\u00bb (SC 12). Por eso \u00abse recomiendan encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, con tal que sean conformes a las leyes y a las normas de la iglesia, en particular si se hacen por mandato de la sede apost\u00f3lica\u00bb (SC 13).<\/p>\n<p>El concilio alaba tambi\u00e9n aquellas pr\u00e1cticas religiosas propias de las iglesias particulares que han sido sancionadas por la costumbre o se encuentran en libros leg\u00ed\u00adtimamente aprobados y han sido mandadas por los obispos (cf SC 13). Todas estas indicaciones confieren a este tipo de pr\u00e1cticas piadosas un valor muy especial que las aproxima a la liturgia y casi las convierte en manifestaciones de liturgia particular o local.<\/p>\n<p>Por otra parte, los ejercicios de piedad reconocidos por SC 13 tienen la funci\u00f3n de contribuir a la formaci\u00f3n cristiana de los fieles en uni\u00f3n con otros medios, como el lit\u00fargico o las fiestas:<br \/>\n\u00abEn diversos tiempos del a\u00f1o, de acuerdo con las instituciones tradicionales, la iglesia completa laformaci\u00f3n de los fieles por medio de ejercicios de piedad espirituales y corporales, de la instrucci\u00f3n, de la plegaria y las obras de penitencia y misericordia\u00bb (SC 105).<\/p>\n<p>c) Centralidad del misterio de Cristo en la espiritualidad cristiana. Cuando el concilio habla de la santidad de la iglesia y de la santificaci\u00f3n de los hombres, sit\u00faa a Cristo en el centro de la vocaci\u00f3n y de la aspiraci\u00f3n de todos los disc\u00ed\u00adpulos (cf LG 40). En consecuencia, la liturgia, en la que Cristo est\u00e1 presente para realizar la obra de la salvaci\u00f3n, tiene que ocupar tambi\u00e9n un puesto central en el camino espiritual de todo cristiano. Esto no significa excluir los restantes medios, sino, todo lo contrario, supone integrarlos en una escala en la que el misterio de Cristo y de la iglesia, que no son otra cosa que un misterio de encuentro y de comuni\u00f3n entre Dios y el hombre, sea la referencia fundamental. La liturgia tiene como n\u00facleo el misterio de Cristo, y su funci\u00f3n de santificaci\u00f3n y de culto pone de manifiesto la naturaleza misma de la iglesia, humana y divina, visible e invisible, dada a la acci\u00f3n y entregada a la contemplaci\u00f3n (cf SC 2). En consecuencia:<br \/>\n\u00abLa liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza&#8230; Por tanto, de la liturgia, sobre todo de la eucarist\u00ed\u00ada, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente, y se obtiene con la m\u00e1xima eficacia aquella santificaci\u00f3n de los hombres en Cristo y aquella glorificaci\u00f3n de Dios, a la cual las dem\u00e1s obras de la iglesia tienden como a su fin\u00bb (SC 10).<\/p>\n<p>d) Los ejercicios de piedad deben guardar estrecha relaci\u00f3n con la liturgia. Lo pide, en primer lugar, el valor que los ejercicios de piedad tienen en la vida cristiana, a la que contribuye a santificar y a convertir en ofrenda espiritual en uni\u00f3n con el sacrificio de Cristo (cf SC 12). Tambi\u00e9n lo exige la eficacia de estos ejercicios en orden a preparar a los fieles para la participaci\u00f3n plena y fructuosa en las celebraciones, ya que es necesario acercarse a la liturgia con recta disposici\u00f3n de \u00e1nimo para no recibir en vano la gracia de Dios (cf SC 11). En la pr\u00e1ctica, la relaci\u00f3n entre la liturgia y los ejercicios piadosos requiere que \u00e9stos \u00abse organicen teniendo en cuenta los tiempos lit\u00fargicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella, y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, est\u00e1 muy por encima de ellos\u00bb (SC 13).<\/p>\n<p>Los ejercicios de piedad, por consiguiente, son presentados en su verdadero valor, no como un suced\u00e1neo de la liturgia ni como un a\u00f1adido o un recurso pastoral m\u00e1s f\u00e1cil, sino como un potencial prelit\u00fargico y paralit\u00fargico, sobre todo si se realizan de acuerdo con las disposiciones de la iglesia. A partir de la unidad del culto cristiano, los ejercicios piadosos, que tienen tambi\u00e9n al pueblo de Dios como sujeto y actor (cf LG 10-11), nunca son una concesi\u00f3n a los fieles, como si se les considerase menores de edad, sino un complemento exigido por la liturgia misma.<\/p>\n<p>Por otra parte, no se puede olvidar que, por muy perfecta y adaptada que sea la liturgia a la mentalidad y al genio -> cultural y espiritual de cada pueblo -en esto siempre tiene que haber l\u00ed\u00admites exigidos por la universalidad y por la misma unidad ritual (cf SC 22; 23; 40) , aun as\u00ed\u00ad siempre quedar\u00e1 un margen para otras manifestaciones de la vida espiritual no lit\u00fargicas, m\u00e1sespont\u00e1neas y personales, que mantengan con la liturgia una sana tensi\u00f3n y una justa armon\u00ed\u00ada como preparaci\u00f3n, resonancia y complemento de la participaci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>La SC, contrariamente a lo que hab\u00ed\u00ada hecho la MD, no menciona ninguna pr\u00e1ctica piadosa en concreto. Sin embargo, otros documentos conciliares mencionan varios medios para fomentar la vida espiritual. As\u00ed\u00ad PO 18; OT 8; PC 6; AA 4 y, sobre todo, LG 10-11, que abarca ya toda la vida sacramental y existencial de los cristianos.<\/p>\n<p>En todos estos textos el concilio ha querido insistir en la unidad y coherencia de todas las formas y medios de piedad. Si el misterio de Cristo y de la iglesia ha de ser vivido, celebrado, actualizado y asimilado en la existencia de todo cristiano, es evidente que no puede haber ruptura, y menos oposici\u00f3n, entre las dos principales formas, la liturgia y las devociones, de ordenar toda la vida hacia Dios.<\/p>\n<p>Ahora bien, unidad y coherencia no quieren decir confusi\u00f3n; porque ni todo es ni ha de ser liturgia, ni todo puede ni debe ser plegaria comunitaria. Junto a la oraci\u00f3n en com\u00fan est\u00e1 la oraci\u00f3n en el secreto de lo escondido, seg\u00fan el mandato del Se\u00f1or (cf Mat 6:6; SC 12). Se impone, por tanto, la distinci\u00f3n y el equilibrio entre los actos sacramentales y lit\u00fargicos y los ejercicios de piedad. El concilio, en la l\u00ed\u00adnea de la MD, ha dejado claro que estos ejercicios no son un mero adorno de la vida espiritual, sino un complemento necesario para los que ya viven la liturgia, es decir, para todos los cristianos.<\/p>\n<p>4. LA INSTRUCCI\u00ed\u201cN \u00abEUCHARISTICUM MYSTERIUM\u00bb (25-V-1967) Despu\u00e9s del concilio Vat. II ha habido dos grandes documentos que han resultado particularmente luminosos en este tema de la liturgia y las devociones. Uno es la instrucci\u00f3n Eucharisticum mysterium, y otro es la Marialis cultus. Debemos conocerlos en lo que tienen de aplicaci\u00f3n concreta a dos grupos de devociones de tan alta trascendencia para la vida cristiana como son el culto eucar\u00ed\u00adstico y la devoci\u00f3n mariana.<\/p>\n<p>La EM ten\u00ed\u00ada, ante todo, la finalidad de dar una serie de normas pr\u00e1cticas para ayudar a la aplicaci\u00f3n concreta de los principios doctrinales que se refieren al culto del misterio eucar\u00ed\u00adstico, principios que han sido formulados repetidas veces en anteriores documentos de la iglesia desde Trento hasta el Vat. II. Estos documentos son citados continuamente por la misma instrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>En concreto, las normas de la EM tienen como objeto el comportamiento del clero y de los fieles respecto a la eucarist\u00ed\u00ada, tanto en el campo de la catequesis (cf EM 6-11), como en el de la celebraci\u00f3n del memorial del Se\u00f1or (cf EM 16-48) y en el del culto eucar\u00ed\u00adstico (cf EM 49-67). Ahora bien, la instrucci\u00f3n insiste desde el primer momento en la necesidad de una visi\u00f3n integral y sint\u00e9tica,, org\u00e1nica y jer\u00e1rquica, de los diversos aspectos del misterio eucar\u00ed\u00adstico. Esta visi\u00f3n debe estar en la base de toda orientaci\u00f3n pr\u00e1ctica que afecte a la pastoral del culto y de la celebraci\u00f3n de la -> eucarist\u00ed\u00ada (cf EM 2; 3, g). Tal es la raz\u00f3n de que la instrucci\u00f3n ofrezca al principio un gui\u00f3n de los principales puntos de la doctrina eucar\u00ed\u00adstica (cf EM 3).<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta este enfoque general, las recomendaciones de la EM en el campo concreto de las relaciones entre la liturgia, en este caso eucar\u00ed\u00adstica, y los ejercicios piadosos, naturalmente eucar\u00ed\u00adsticos, pueden resumirse as\u00ed\u00ad:<br \/>\na) En primer lugar, la -> catequesis del pueblo cristiano \u00abdebe tender a inculcar en los fieles que la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada es verdaderamente el centro de toda la vida cristiana, tanto para la iglesia universal como para las comunidades locales de la misma iglesia\u00bb (EM 6). La espiritualidad eucar\u00ed\u00adstica postridentina se centr\u00f3 en el tabern\u00e1culo y en las procesiones eucar\u00ed\u00adsticas. Despu\u00e9s de san P\u00ed\u00ado X se puso el acento en la comuni\u00f3n frecuente. El -> movimiento lit\u00fargico contribuy\u00f3 a que se recuperase la -> participaci\u00f3n activa en la celebraci\u00f3n de la misa. Finalmente, el Vat. II hace la s\u00ed\u00adntesis de todos estos aspectos, y la EM 6, como consecuencia de ese planteamiento org\u00e1nico y jer\u00e1rquico al que hemos aludido, sit\u00faa como punto de partida de la catequesis y de la piedad eucar\u00ed\u00adsticas la celebraci\u00f3n del memorial-sacrificio-banquete del se\u00f1or.<br \/>\nb) El culto eucar\u00ed\u00adstico fuera de la misa es contemplado por EM 3, e, f g, como derivado de la celebraci\u00f3n y, a la vez, conducente a ella. La legitimidad, utilidad y deber del culto a la eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa se afirman con estas palabras:<br \/>\n\u00abLa iglesia recomienda con empe\u00f1o la devoci\u00f3n privada y p\u00fablica al sacramento del altar, aun fuera de la misa, de acuerdo con las normas establecidas por la autoridad competente y en la presente instrucci\u00f3n, pues el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico es la fuente y el punto culminante de toda la vida cristiana. En la organizaci\u00f3n de tales piadosos y santos ejercicios t\u00e9nganse en cuenta las normas establecidas por el concilio Vat. II sobre la relaci\u00f3n que hay que guardar entre la liturgia y las otras acciones sagradas que no pertenecen a ella\u00bb (EM 58).<\/p>\n<p>Por tanto, se recomienda expl\u00ed\u00adcitamente la puesta en pr\u00e1ctica de las orientaciones de SC 13 que ya conocemos.<\/p>\n<p>c) Al mencionar en concreto las diversas formas de piedad eucar\u00ed\u00adstica, la instrucci\u00f3n quiere conservar intacta la contribuci\u00f3n medieval y postridentina al culto de la eucarist\u00ed\u00ada, si bien redimensionando esta contribuci\u00f3n en el cuadro general de la primac\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica:<br \/>\n* La oraci\u00f3n ante el sant\u00ed\u00adsimo: EM 49-51.<\/p>\n<p>* La situaci\u00f3n del lugar de la reserva eucar\u00ed\u00adstica: EM 52-57.<\/p>\n<p>* Las procesiones eucar\u00ed\u00adsticas: EM 59.<\/p>\n<p>* La exposici\u00f3n del sant\u00ed\u00adsimo: EM 60-66.<\/p>\n<p>* Los congresos eucar\u00ed\u00adsticos: EM 67.<\/p>\n<p>Las normas de la instrucci\u00f3n han sido recogidas en el Ritual de la sagrada comuni\u00f3n y del culto a la Eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa publicado en 1973 (ed. espa\u00f1ola, 1974) y en el C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico (c\u00e1ns. 934-944).<\/p>\n<p>La instrucci\u00f3n, por tanto, se ocupa conjuntamente de los actos lit\u00fargicos y de los ejercicios piadosos relacionados con el culto eucar\u00ed\u00adstico. M\u00e1s a\u00fan, cuando habla expresamente de ejercicios de piedad, procura tambi\u00e9n dejar muy clara la dependencia y la orientaci\u00f3n de \u00e9stos hacia la celebraci\u00f3n de la misa. Por ejemplo, al tratar de la oraci\u00f3n privada ante el sant\u00ed\u00adsimo sacramento (EM 50) y al mencionar los congresos eucar\u00ed\u00adsticos (EM 67). Incluso en un lugar, aludiendo a los ejercicios espirituales y a otras formas de convivencia religiosa, invita a que se organicen de tal manera que culminen en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (EM 30).<\/p>\n<p>En todos estos casos es evidente la distinci\u00f3n entre ejercicios piadosos y acci\u00f3n lit\u00fargica. Sin embargo, esta distinci\u00f3n no est\u00e1 tan clara cuando se trata de la exposici\u00f3n del sant\u00ed\u00adsimo o de las procesiones eucar\u00ed\u00adsticas. Probablemente, aqu\u00ed\u00ad no existe ya la frontera que separa una y otra forma de culto. Del esp\u00ed\u00adritu y hasta de la letra de la instrucci\u00f3n parece deducirse que la exposici\u00f3n y las procesiones del sant\u00ed\u00adsimo son consideradas como actos lit\u00fargicos. Esto explicar\u00ed\u00ada, por ejemplo, la insistencia en que durante la exposici\u00f3n las preces se dirijan a Cristo (EM 62), o que la exposici\u00f3n y la procesi\u00f3n eucar\u00ed\u00adsticas sigan a la misa, omiti\u00e9ndose el rito de despedida (Ritual cit., nn. 94 y 103), ya que la bendici\u00f3n con el sant\u00ed\u00adsimo cumple perfectamente con la finalidad de clausurar la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. LA EXHORTACI\u00ed\u201cN APOST\u00ed\u201cLICA \u00abMARIALIS CULTUS\u00bb (2-II-1974) 23. He aqu\u00ed\u00ad otro luminoso documento del magisterio eclesi\u00e1stico en orden a orientar correctamente las relaciones entre liturgia y devociones. La MC se mueve, como no pod\u00ed\u00ada ser menos, en las grandes coordenadas teol\u00f3gicas de LG y SC. Por eso, en su misma estructura, distingue y se ocupa por separado del culto lit\u00fargico de la madre de Dios y de los ejercicios de piedad que le est\u00e1n dedicados. Para distinguirlos, la MC recurre a un criterio pr\u00e1ctico, es decir, se atiene a la situaci\u00f3n de hecho, de acuerdo con la tradici\u00f3n lit\u00fargica y la experiencia eclesial: pertenece al -> culto lit\u00fargico todo lo que est\u00e1 regulado y orientado por los libros lit\u00fargicos; todo lo dem\u00e1s son ejercicios piadosos. En este sentido, la MC dedica la primera parte a presentar la presencia verdaderamente esplendorosa de la sant\u00ed\u00adsima -> Virgen en la liturgia renovada despu\u00e9s del Vat. II. La segunda parte es un conjunto de criterios para renovar la piedad mariana, o sea, el culto no lit\u00fargico. Y la tercera parte contiene indicaciones sobre dos grandes ejercicios de piedad: el \u00e1ngelus y el santo rosario.<\/p>\n<p>La MC es un modelo acabado de c\u00f3mo desde la liturgia se pueden inspirar y orientar los actos de piedad del pueblo cristiano, e incluso las devociones privadas. Pablo VI eligi\u00f3 como referencia constante de su reflexi\u00f3n sobre la piedad mariana la liturgia en cuanto actualizaci\u00f3n sacramental, simb\u00f3lica y festiva de la historia de la salvaci\u00f3n. Todo acto en honor de Nuestra Se\u00f1ora deber\u00e1 tener en cuenta el singular papel que ha tenido Mar\u00ed\u00ada en la realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la salvaci\u00f3n. Esta dimensi\u00f3n contribuir\u00e1 a que los ejercicios piadosos dedicados a la Virgen recuperen o acent\u00faen la dimensi\u00f3n conmemorativa e hist\u00f3rico-pascual, que es una nota destacada de la liturgia cristiana.<\/p>\n<p>M\u00e1s concretamente, Pablo VI se\u00f1ala cuatro caracter\u00ed\u00adsticas teol\u00f3gicas, que son inherentes a todo acto cultual, sea o no lit\u00fargico; pues, como dice la MC, \u00abtodo culto es por su naturaleza -> culto al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo, o como se dice en la liturgia, culto al Padre, por Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (MC 25). Estas caracter\u00ed\u00adsticas o notas son las siguientes:<br \/>\na) Nota trinitaria, que consiste en que toda forma de culto o de devoci\u00f3n confluya en Cristo, se centre en su persona y, por medio de \u00e9l, termine en el Padre bajo la acci\u00f3n del -> Esp\u00ed\u00adritu Santo. La MC expresa la convicci\u00f3n de que, para obtener una adecuada renovaci\u00f3n del culto no lit\u00fargico a la madre de Dios, el camino mejor es lograr que este culto ponga suficientemente de relieve la relaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con Cristo y conduzca a un gozoso reconocimiento de la dignidad sobreeminente de Cristo, cabeza y mediador (cf Col 1:15-20).<\/p>\n<p>b) En esto \u00faltimo consiste la nota cristol\u00f3gica de la piedad mariana. Para demostrar la \u00ed\u00adntima y especial conexi\u00f3n de la Virgen Mar\u00ed\u00ada con Cristo, la MC dedica toda la secci\u00f3n primera de la primera parte (cf MC 2-8) a recorrer el -> a\u00f1o lit\u00fargico y el santoral, analizando las principales solemnidades y fiestas marianas del calendario. No es exagerado decir que el conjunto de celebraciones lit\u00fargicas de Mar\u00ed\u00ada a lo largo del a\u00f1o forma una verdadera memoria o sagrado recuerdo del misterio de la santa madre de Dios en paralelo y como un duplicado del a\u00f1o lit\u00fargico del Se\u00f1or (cf SC 102-103).<br \/>\nc) Nota pneumatol\u00f3gica, es decir, que el culto a la Virgen d\u00e9 el adecuado relieve a la presencia y a la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo en Mar\u00ed\u00ada, como tipo de esta misma presencia y acci\u00f3n en la iglesia y en los cristianos. Se trata de destacar la acci\u00f3n santificadora y vivificante del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>d) La \u00faltima caracter\u00ed\u00adstica es la nota eclesiol\u00f3gica, la cual apunta al puesto y al papel que Mar\u00ed\u00ada tiene respecto de la comunidad-cristiana, \u00abel m\u00e1s alto y a la vez el m\u00e1s pr\u00f3ximo despu\u00e9s de Cristo\u00bb (cf LG 54). De aqu\u00ed\u00ad se derivan unas relaciones de amor, intercesi\u00f3n y de comuni\u00f3n entre la iglesia y la que es su imagen escatol\u00f3gica (cf LG 59; 63).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber descrito estas caracter\u00ed\u00adsticas que deben tener todos los actos de culto en honor de la Virgen, Pablo VI se detiene en exponer algunas \u00aborientaciones a tener en cuenta a la hora de revisar o crear ejercicios y pr\u00e1cticas de piedad\u00bb (MC 29). Son las orientaciones b\u00ed\u00adblica, lit\u00fargica, ecum\u00e9nica y antropol\u00f3gica. Conviene recordarlas brevemente:<br \/>\ne) Orientaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Toda forma de culto ha de llevar el sello de la inspiraci\u00f3n en la biblia como libro base de la espiritualidad cristiana (cf DV 25; SC 24; 35). De la biblia han de tomarse textos, f\u00f3rmulas, cantos, im\u00e1genes, s\u00ed\u00admbolos, etc\u00e9tera. Pero lo que importa, sobre todo, es que el culto a la Virgen \u00abest\u00e9 impregnado de los grandes temas del mensaje cristiano\u00bb (MC 30). La MC se\u00f1ala particularmente el recurso a los personajes b\u00ed\u00adblicos, siguiendo el m\u00e9todo de los santos padres, dada la gran fuerza de penetraci\u00f3n de dichos personajes en el pueblo, al que ayudan a comprender el puesto de Mar\u00ed\u00ada en la -> historia de la salvaci\u00f3n. Desde el G\u00e9nesis al Apocalipsis, la biblia est\u00e1 llena de alusiones a la figura de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>f) Orientaci\u00f3n lit\u00fargica. Significa llevar a la pr\u00e1ctica lo se\u00f1alado por SC 13 (cf MC 31). Sin embargo, el papa reconoce que es una tarea no f\u00e1cil de llevar a la pr\u00e1ctica. Por eso alude a dos situaciones extremas que deben evitarse: la primera es despreciar y suprimir las pr\u00e1cticas piadosas recomendadas por la iglesia; la segunda, unir al mismo tiempo actos lit\u00fargicos y ejercicios de piedad.<\/p>\n<p>Si lo primero tiene como consecuencia crear un vac\u00ed\u00ado dif\u00ed\u00adcil de llenar, lo segundo contribuye a\u00fan m\u00e1s a confundir al pueblo. El concilio Vat. II, en SC 13, hablaba de armonizar liturgia y ejercicios de piedad, no de suprimir \u00e9stos en nombre de aqu\u00e9lla. \u00abUna clara acci\u00f3n pastoral debe, por una parte, distinguir y subrayar la naturaleza propia de los actos lit\u00fargicos y, por otra, valorar los ejercicios piadosos para adaptarlos a las necesidades de cada comunidad eclesial y hacerlos auxiliares v\u00e1lidos de la liturgia\u00bb (MC 31).<\/p>\n<p>En este sentido deben entenderse las alusiones del papa Pablo VI a \u00abtoda falsa exageraci\u00f3n de contenidos o de formas\u00bb en la piedad mariana, y a \u00abla vana credulidad que sustituye al empe\u00f1o serio con la f\u00e1cil aplicaci\u00f3n a pr\u00e1cticas externas y el pasajero y est\u00e9ril movimiento del sentimiento\u00bb (MC 38), situaciones y actitudes que han de evitarse en toda forma devocional mariana. Para ello la MC invita a prestar atenci\u00f3n a la revelaci\u00f3n y al magisterio de la iglesia, al adecuado encuadramiento hist\u00f3rico y a la eliminaci\u00f3n de todo lo manifiestamente legendario o falso.<\/p>\n<p>g) Orientaci\u00f3n ecum\u00e9nica: Supone contemplar la contribuci\u00f3n que la piedad mariana puede prestar al camino del -> ecumenismo. No se trata solamente de \u00abevitar con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los dem\u00e1s cristianos acerca de la verdadera doctrina de la iglesia cat\u00f3lica\u00bb (MC 32), sino de reproducir \u00e9sta en la pr\u00e1ctica de tal manera que favorezca verdaderamente a la causa de la unidad.<br \/>\nLa MC es consciente de las profundas discrepancias que separan a cat\u00f3licos y no cat\u00f3licos en el culto a la Virgen Mar\u00ed\u00ada (cf MC 33). Por eso apela a una pr\u00e1ctica de este culto que ponga de manifiesto la doctrina, sin distorsiones ni falsas im\u00e1genes de lo que representa Mar\u00ed\u00ada en la piedad de la iglesia.<\/p>\n<p>h) Orientaci\u00f3n -> antropol\u00f3gica. Invita a prestar la debida atenci\u00f3n a \u00ablas adquisiciones seguras y comprobadas de las ciencias humanas\u00bb, para que no se produzcan divergencias entre \u00e9stas y el culto a la Virgen (MC 34). Esta orientaci\u00f3n pretende descubrir la verdaderarealidad de la persona de la madre del Se\u00f1or, venerada por la iglesia no tanto por el entorno en el que vivi\u00f3, sino por su exquisita fidelidad a Dios y por la singularidad y grandeza de su existencia. Por tanto, la piedad mariana no puede identificarse con esquemas culturales representativos de otras \u00e9pocas, ni con las concepciones particulares adyacentes en ellas. La historia del culto a Mar\u00ed\u00ada demuestra c\u00f3mo la iglesia ha dejado que cada \u00e9poca configure sus propias preferencias y gustos, pero sin vincularse a ninguna manifestaci\u00f3n o expresi\u00f3n determinada.<\/p>\n<p>La \u00faltima parte de la MC est\u00e1 dedicada a dos ejercicios de piedad, el \u00e1ngelus y el rosario. Pablo VI no se limita a recomendar una vez m\u00e1s estas dos pr\u00e1cticas, sino que explica la profunda conexi\u00f3n de ambas con la liturgia. Al leer MC 40-55 se comprende, sobre la base de estos dos ejemplos concretos, c\u00f3mo se hacen realidad las relaciones entre la liturgia y las devociones y, en definitiva, c\u00f3mo se aplican las orientaciones del Vat. II en este campo.<\/p>\n<p>Respecto del \u00e1ngelus, Pablo VI subraya su car\u00e1cter b\u00ed\u00adblico e hist\u00f3rico (evang\u00e9lico) y su ritmo casi lit\u00fargico, que santifica los tres momentos centrales de la jornada: la ma\u00f1ana, el mediod\u00ed\u00ada y la tarde. En cuanto al rosario, alguno de estos aspectos es a\u00fan m\u00e1s evidente. En primer lugar, la memoria y contemplaci\u00f3n de los misterios de Cristo de forma gradual y progresiva -como en el a\u00f1o lit\u00fargico-, siguiendo el primitivo anuncio de la fe. En segundo lugar, por la perfecta conjunci\u00f3n de la mente con la voz, ideal de toda oraci\u00f3n lit\u00fargica (cf SC 90). Y, por \u00faltimo, a causa del ritmo sosegado y tranquilo, que permite integrar la contemplaci\u00f3n en la plegaria comunitaria.<\/p>\n<p>Pablo VI llama al rosario \u00abv\u00e1stago germinado sobre el tronco secular de la liturgia cristiana\u00bb, \u00absalterio de la Virgen\u00bb, etc.; y despu\u00e9s de aludir a los or\u00ed\u00adgenes del rosario en una \u00e9poca de decadencia lit\u00fargica, se\u00f1ala c\u00f3mo a la luz de SC 13 celebraciones lit\u00fargicas y ejercicio piadoso del rosario no deben contraponerse:<br \/>\n\u00abToda expresi\u00f3n de oraci\u00f3n resulta tanto m\u00e1s fecunda cuanto m\u00e1s conserva su verdadera naturaleza y fisonom\u00ed\u00ada. Confirmado, pues, el valor preeminente de las acciones lit\u00fargicas, no ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil reconocer que el rosario es un piadoso ejercicio que se armoniza f\u00e1cilmente con la sagrada liturgia. En efecto, como la liturgia, tiene una \u00ed\u00adndole comunitaria, se nutre de la Sagrada Escritura y gravita en torno al misterio de Cristo. Aunque sea en planos de realidad esencialmente diversos, anamnesis de la liturgia y memoria contemplativa en el rosario, tienen por objeto los mismos acontecimientos salv\u00ed\u00adficos llevados a cabo por Cristo&#8230; Establecida esta diferencia sustancial, no hay quien no vea en el rosario un ejercicio piadoso inspirado en la liturgia y que, si es practicado seg\u00fan la inspiraci\u00f3n originaria, conduce naturalmente a ella, sin traspasar su umbral\u00bb (MC 48).<\/p>\n<p>La diferencia esencial entre la acci\u00f3n lit\u00fargica y el ejercicio piadoso, en este ejemplo t\u00ed\u00adpico del rosario, radica, seg\u00fan la MC, en el medio de evocaci\u00f3n y actualizaci\u00f3n de los acontecimientos de salvaci\u00f3n realizados por Cristo. En la liturgia esto tiene lugar por la presencia operante bajo el velo de los signos del misterio de Cristo; en el ejercicio piadoso, mediante el afecto de la contemplaci\u00f3n. Dicho de otro modo, la diferencia entre liturgia y devociones es de naturaleza sacramental. Tenemos aqu\u00ed\u00ad expresado un principio de orden teol\u00f3gico para distinguir las acciones lit\u00fargicas de los ejercicios de piedad. No se trata, por consiguiente, de diferencias de tipo jur\u00ed\u00addico -el estar o no en los libros lit\u00fargicos o el ser realizados por el ministro competente-. La MC significa un gran avance en la clarificaci\u00f3n de las relaciones entre liturgia y devociones, sobre todo si comparamos su ense\u00f1anza con la contenida en la MD y la instrucci\u00f3n de 1958.<\/p>\n<p>V. Consecuencias pr\u00e1cticas y sugerencias pastorales<br \/>\n1. La vida espiritual ha de ser unitaria e integradora, porque una sola es tambi\u00e9n la devotio christiana o la piedad de la iglesia, aunque se exprese y se realice en el dualismo cultual representado por la liturgia y las devociones. Es la vida entera de los creyentes, e incluso de las comunidades, la que est\u00e1 llamada a ser culto al Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad (cf Jua 4:23).<\/p>\n<p>2. La liturgia, aun cuando en ella predomina el elemento objetivo -el -> misterio de Cristo y de la iglesia-, no pretende ser la \u00fanica forma de piedad eclesial. M\u00e1s a\u00fan, para realizar su misi\u00f3n de santificaci\u00f3n del hombre y de culto a Dios (cf SC 7), ha de cuidar tambi\u00e9n los elementos subjetivos de la participaci\u00f3n personal e interior. En este sentido ha de haber continuidad entre la oraci\u00f3n privada y la plegaria com\u00fan y eclesial. El mismo Esp\u00ed\u00adritu anima una y otra e infunde la \u00fanica devotio, alma de toda acci\u00f3n cultual o piadosa.<\/p>\n<p>3. La distinci\u00f3n entre liturgia y devociones, o entre actos lit\u00fargicos y ejercicios de piedad, se basa no solamente en razones jur\u00ed\u00addicas, sino tambi\u00e9n en principios teol\u00f3gicos, deacuerdo con la naturaleza de cada forma cultual. De ah\u00ed\u00ad que acciones lit\u00fargicas y ejercicios piadosos tengan su propio modo y circunstancias de realizaci\u00f3n, no debiendo mezclarse entre s\u00ed\u00ad. Tampoco es bueno ni oportuno pastoralmente modificar la estructura y las leyes propias de cada uno de estos actos y ejercicios, de modo particular en el caso de los ejercicios piadosos que cuentan ya con una larga tradici\u00f3n popular e incluso son recomendados y regulados por la autoridad competente.<\/p>\n<p>4. Es necesario poner de manifiesto la complementariedad entre liturgia y devociones, dado el influjo ben\u00e9fico que se produce en una y otra direcci\u00f3n cuando se respeta la debida jerarqu\u00ed\u00ada entre actos lit\u00fargicos y ejercicios de piedad y se cultivan ambas formas de religiosidad con inteligencia pastoral. Aun cuando muchas devociones nacieron en \u00e9pocas de decadencia lit\u00fargica, la liturgia no puede agotar toda la acci\u00f3n pastoral ni toda la espiritualidad de los cristianos. Es preciso ofrecer al pueblo oportunos ejercicios de piedad para completar su formaci\u00f3n cristiana e introducirlos en la vivencia del -> misterio de Cristo (cf SC 105). Los ejercicios piadosos siguen siendo v\u00e1lidos y necesarios, no porque el pueblo no vive la liturgia, sino precisamente porque ahora puede participar mejor en ella, y dichos ejercicios sirven de preparaci\u00f3n y prolongan las actitudes con las que se ha participado en la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. La piedad popular merece que se le dedique una mayor atenci\u00f3n pastoral a causa de los valores espec\u00ed\u00adficos que contiene y porque es un poderoso medio de evangelizaci\u00f3n. Por otra parte, la liturgia debe acoger en las celebraciones sacramentales las instancias leg\u00ed\u00adtimas de la piedad popular, como son el sentido de lo santo, la capacidad de contemplaci\u00f3n, la sencillez de esp\u00ed\u00adritu, el clima afectivo y espiritual. La piedad popular y, en general, todas las devociones deben recibir de la liturgia lo que Pablo VI llam\u00f3 orientaciones b\u00ed\u00adblica, lit\u00fargica, ecum\u00e9nica y antropol\u00f3gica. Los ejercicios de piedad han de incluir una perinanente llamada a la conversi\u00f3n y a la fe, a la caridad fraterna y al compromiso apost\u00f3lico y misionero.<\/p>\n<p>J. L\u00f3pez Mart\u00ed\u00adn<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  La rese\u00f1a bibliogr\u00e1fica m\u00e1s completa hasta 1960 es de H.A.P. Schmidt, lntroductio in liturgiam occidentalem, Romae 1960, 87-130. Despu\u00e9s de esta fecha: VV.AA., Liturgie et vie spirituelle, en \u00abLa Maison Dieu\u00bb 72-73 (1962-63); trad. espa\u00f1ola: Liturgia y vida espiritual, Bilbao 1965; tambi\u00e9n M. Garrido, Piedad objetiva y subjetiva en la vida espiritual, en \u00abLiturgia\u00bb 17 (1962) 170-180; C. Koser, Piedad lit\u00fargica y \u00abpia exercitia\u00bb, en G. Barauna, La sagrada liturgia renovada por el concilio, Madrid 1965, 313-352; A. Verheul, Piedad lit\u00fargica y devoci\u00f3n popular, en Introducci\u00f3n a la liturgia, Barcelona 1967, 205-232; P. Llabr\u00e9s, Lo lit\u00fargico y lo no lit\u00fargico, en \u00abPhase\u00bb 62 (1971) 167-183; S. Marsili, Liturgia e non liturgia, en VV.AA., Anamnesis 1, Torino 1974, 137-156; Liturgia e devozioni: tra storia e teologia, en \u00abRivista Liturgica\u00bb 63 (1976) 174-198; D. Sartore, 11 rinnovamento delle forme devozionali, ib, 199-210; J. Castellano, Liturgia e piet\u00e1 popolare oggi, en VV.AA., Religiosit\u00e1 popo\/are valore spirituale permanente, Roma 1978, 121-149; E. Pacho, Religiosit\u00e1 popolare e devozionale nell&#8217;epoca moderna, ib, 55-78; C. Braga, La liturgia, fonte e modello delle forme di piet\u00e1, en VV.AA., Liturgia e forme di piet\u00e1, Milano 1979, 31-56; E. Ruffini, Ejercicios de piedad, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Madrid 1979, 406-415; E. Ancilli, Devociones, en Diccionario de Espiritualidad 1, Barcelona 1983, 572-574; J. L\u00f3pez Mart\u00ed\u00adn, Renovaci\u00f3n de la piedad popular en el culto a los santos, en VV.AA., El culto a los santos, Madrid 1983, 65-95.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Liturgia, devoci\u00f3n y devociones &#8211; III. Liturgia y devociones en la historia: 1. En los cuatro o cinco primeros siglos; 2. A partir del s. v; 3. Hasta el s. xiv; 4. En las postrimer\u00ed\u00adas del s. xiv; 5. Despu\u00e9s de la crisis protestante y de la reforma cat\u00f3lica; 6. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/devociones-y-liturgia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDEVOCIONES Y LITURGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17130","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17130","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17130"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17130\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17130"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17130"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17130"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}