{"id":17137,"date":"2016-02-05T11:09:25","date_gmt":"2016-02-05T16:09:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/existencia-cristiana-y-liturgia\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:25","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:25","slug":"existencia-cristiana-y-liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/existencia-cristiana-y-liturgia\/","title":{"rendered":"EXISTENCIA CRISTIANA Y LITURGIA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Liturgia como participaci\u00f3n del misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo: 1. Celebraci\u00f3n de la fe; 2. Fe confiada; 3. Fe amante; 4. Existencia cristiana como alabanza a Dios &#8211; II. Progresiva inserci\u00f3n de nuestra existencia en la historia de la salvaci\u00f3n: 1. El pasado hecho fecundo por una memoria llena de gratitud; 2. Vivir en el \u00abhic et nunc\u00bb; 3. En marcha hacia el cumplimiento; 4. Discernimiento de los esp\u00ed\u00adritus y signos del tiempo; 5. Irradiar serenidad, alegr\u00ed\u00ada y paz.<\/p>\n<p>El que la religi\u00f3n se haga vida robusta y la vida verdadera adoraci\u00f3n de Dios lo decide la relaci\u00f3n que se instaura entre liturgia y existencia cristiana. Estos dos sectores no pueden permanecer separados o unirse s\u00f3lo artificialmente. El modo con que la liturgia se relaciona con la vida cotidiana y la conducta cotidiana con la liturgia es decisivo tanto para la liturgia cuanto para una concepci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente cristiana de la existencia, y tambi\u00e9n para la fundamental relaci\u00f3n entre lo sacro y el bien.<\/p>\n<p>Celebramos la liturgia de manera justa y fecunda si toda nuestra vida se hace cada vez m\u00e1s una eucarist\u00ed\u00ada y una alabanza a Dios llena de agradecimiento; y cada vez somos m\u00e1s capaces de celebrar la liturgia si ordenamos nuestra vida a la luz de la estructura y de las leyes fundamentales de la liturgia.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de los sacramentos, su recepci\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias que hacemos por ellos resultan verdaderas si permitimos que ellos plasmen nuestro estilo de vida y nuestras relaciones interpersonales. Seg\u00fan la mentalidad y el lenguaje cristiano primitivo podemos llegar a decir: la celebraci\u00f3n de los sacramentos, y en particular de la eucarist\u00ed\u00ada, alcanza su meta s\u00f3lo si nosotros nos hacemos, por as\u00ed\u00ad decir, sacramento. Lo ilustra una expresi\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn: al tener que explicar c\u00f3mo el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada pueden ayudar tambi\u00e9n a la salvaci\u00f3n de los no cristianos, que seg\u00fan la disciplina del arcano no pod\u00ed\u00adan tomar parte en ellos, dice: \u00abEl sacramento del bautismo y el sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada se encuentran ocultos en la iglesia. Los paganos ven vuestras buenas obras, pero no ven los sacramentos. De aquellas cosas que ven brotan las que no se ven, as\u00ed\u00ad como de la profundidad de la cruz que se clava en la tierra se levanta todo lo restante de la cruz que aparece y se contempla\u00bb&#8216;. Agust\u00ed\u00adn explica as\u00ed\u00ad el Am\u00e9n con que los fieles responden al presb\u00ed\u00adtero que les ofrece la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abSe te dice: &#8216;El cuerpo de Cristo&#8217;, y respondes `Am\u00e9n&#8217;. S\u00e9 miembro del cuerpo de Cristo, para que sea aut\u00e9ntico el `Am\u00e9n&#8217;&#8230; Siendo muchos, somos un solo pan, un \u00fanico cuerpo (1Co 10:17). Comprendedlo y llenaos de gozo: unidad, verdad, piedad, caridad&#8230; Sed lo que veis y recibid lo que sois\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Podemos hablar sensatamente del car\u00e1cter indeleble que el bautismo, la confirmaci\u00f3n y el orden nos imprimen s\u00f3lo si en todo nuestro estilo de vida nos dejamos modelar por la gracia y por la misi\u00f3n de tales sacramentos.<\/p>\n<p>No basta con que fuera y dentrode la liturgia hablemos de ellos con fe: nuestra misma vida debe reflejar tales realidades. Los sacramentos son palabra y signo, palabras dispensadoras de vida y signos llenos de vida, y por tanto remiten a Cristo, que es la palabra encarnada del Padre y la imagen perfecta del Dios invisible (cf 2Co 4:4; Col 1:15). La aut\u00e9ntica existencia cristiana es un signo visible y una palabra elocuente<\/p>\n<p>I. Liturgia como participaci\u00f3n del misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo<br \/>\nAl celebrar la eucarist\u00ed\u00ada y, a su luz, los dem\u00e1s sacramentos, entramos misteriosamente en el misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo, participamos del (entramos en comuni\u00f3n con el) misterio pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, en el que alcanza su v\u00e9rtice el misterio de la encarnaci\u00f3n y se anticipa la parus\u00ed\u00ada. En la liturgia, la iglesia se experimenta con gratitud como la esposa que ha recibido de Cristo dones riqu\u00ed\u00adsimos, como el cuerpo de Cristo: vive totalmente en virtud de la gracia de Cristo; pertenece a Cristo en plenitud; en la fe, ella se entrega continuamente a \u00e9l, y en \u00e9l al Padre hasta que llegue a la consumaci\u00f3n final. Pero la gracia significa tambi\u00e9n tarea: en los sacramentos, la iglesia experimenta la ley de la propia vida, el sentido de la propia existencia, que es el de conformarse radicalmente con Cristo. Esa ley de la existencia es experimentada y afirmada tambi\u00e9n por cada fiel particular que celebra la liturgia en la manera debida.<\/p>\n<p>1. CELEBRACI\u00ed\u201cN DE LA FE. En la liturgia experimentamos la fe como una firme decisi\u00f3n fundamental.<\/p>\n<p>En la fe nos abrimos firmemente a la recepci\u00f3n del don grandee inaudito de la participaci\u00f3n del misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo. En el misterio pascual de su muerte, Cristo se conf\u00ed\u00ada completamente al Padre y sabe que es aceptado por \u00e9l. Se entrega a aquel de quien ha recibido todo. Con nuestra fe llena de gratitud nosotros entramos en este misterio: nos abrimos humilde y receptivamente a la gracia, en la que Cristo se nos dona y nos hace participar de su apertura total a la voluntad del Padre y al don total de s\u00ed\u00ad mismo a \u00e9l. Por tanto, para nosotros, fe significa siempre e inseparablemente dos cosas: recepci\u00f3n festiva y exultante de la nueva vida, apertura a su enraizamiento cada vez m\u00e1s profundo y, a la vez, decisi\u00f3n fundamental absoluta en favor de ella y de su enraizamiento cada vez m\u00e1s profundo en toda nuestra vida y existencia. Esto, por su \u00ed\u00adntima din\u00e1mica, implica tambi\u00e9n la renuncia a todo lo que contradice la verdad de esa decisi\u00f3n fundamental y ese precioso don.<\/p>\n<p>El cristiano que vive la liturgia sabe existencialmente que la fe no consiste s\u00f3lo en retener como verdaderas una serie de verdades particulares y doctrinas concretas, sino en la vida de aquel que es la verdad, la vida verdadera y nuestro camino.<\/p>\n<p>Fe significa entregarse a la presencia de Cristo con rendida gratitud. El quiere introducirnos plenamente en el misterio salv\u00ed\u00adfico de su muerte y glorificaci\u00f3n, en el que \u00e9l se hace presente al Padre y a nosotros los hombres con el don total de s\u00ed\u00ad mismo. Cuando celebramos con fe la liturgia, sabemos con toda nuestra existencia que nuestro ser-creyentes significa y pide una verdadera participaci\u00f3n en esta doble dimensi\u00f3n de la presencia de Cristo.<\/p>\n<p>Por eso una vida lit\u00fargica intensa nos da un ojo cada vez m\u00e1s agudo para mirar con fe toda nuestra existencia. Y, viceversa, una vida seg\u00fan la fe nos permite participar de manera cada vez m\u00e1s viva y gozosa en la liturgia.<\/p>\n<p>2. FE CONFIADA. La participaci\u00f3n sacramental -o sea, sumamente vital y verdadera- en el misterio de Cristo es un entrar intensamente en la autodonaci\u00f3n confiada de Cristo en la cruz: \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Luc 23:46). La fe es al tiempo aceptaci\u00f3n agradecida de todos los dones de Dios y de uno mismo, y donaci\u00f3n confiada de s\u00ed\u00ad y de todas las capacidades y dones propios a Dios en uni\u00f3n con Cristo. La vida y la muerte, por tanto, pasan a ser una co-actuaci\u00f3n de la confianza que expresa Jes\u00fas cuando pronuncia el nombre Padre. Tambi\u00e9n, y precisamente en la muerte, Jes\u00fas sabe que est\u00e1 seguro junto al Padre. Esto no quita que su dolor y sus sufrimientos sean grand\u00ed\u00adsimos; pero s\u00ed\u00ad quita a su pasi\u00f3n y a su mismo morir aquel aguij\u00f3n al que est\u00e1 sometido el hombre pecador sin Cristo.<\/p>\n<p>La liturgia celebrada con autenticidad hace sentir su fuerza en la hora de la prueba, del dolor y, sobre todo, cuando llega el momento de mirar cara a cara a la muerte. Si desde la gratitud, la fe y la confianza concebimos nuestra vida como una participaci\u00f3n sumamente vital en el misterio de Cristo, entonces la alegr\u00ed\u00ada pascual se convierte en nuestra fuerza. En efecto, como vivir de la fe significa vivir en Cristo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n morir en uni\u00f3n con Cristo es la \u00faltima ganancia, la entrada definitiva y completa en su misterio salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>Bajo esta misma luz vemos la oraci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente cristiana. Con la oraci\u00f3n nosotros no pensamos en absoluto en hacer cambiar a Dios su voluntad. Acogidos en el misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo, esto es, aceptados por Dios Padre en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, hacemos sitio al Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en nosotros, Esp\u00ed\u00adritu que es don y comuni\u00f3n entre el Padre y el Hijo. Por su gracia nos abrimos, adorando, implorando y dando gracias, a esa plenitud de gracia que nos ha sido ya garantizada (naturalmente, el hombre puede rechazar esta plenitud de gracia si se empe\u00f1a en no quererla reconocer como un don inmerecido en la oraci\u00f3n de petici\u00f3n y de agradecimiento). Para el cristiano formado en la escuela de la liturgia, la oraci\u00f3n continua es una cosa obvia, ya que la eucarist\u00ed\u00ada y todos los sacramentos nos proclaman con insistencia que, en cuanto nos abrimos a la bondad de Dios y a la eficacia del misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo, experimentamos la potencia de la gracia.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n y todas las aspiraciones del cristiano formado en la escuela de los sacramentos son totalmente personales y, al mismo tiempo, totalmente solidarias. Cada uno sabe que lo llaman por su nombre. Pero s\u00f3lo somos fieles a ese nombre que Dios nos ha asignado si respondemos a su llamada a la reuni\u00f3n. Como Cristo en su encarnaci\u00f3n, en su vida, en su muerte y en su oraci\u00f3n intercede, por todos nosotros, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nuestra oraci\u00f3n en nombre de Cristo es intercesi\u00f3n por los vivos y los difuntos. Con Cristo querr\u00ed\u00adamos exhortar a todos a abrirse a la gracia de Dios en la oraci\u00f3n confiada, que es verdadera cuando nos preocupamos unos por otros y utilizamos la capacidad y los dones que Dios nos ha concedido para el servicio del pr\u00f3jimo y del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>3. FE AMANTE. El misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo es revelaci\u00f3n eficaz del amor de Dios, del amor del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el Padre en la comuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo: Dios nos manifiesta insuperablemente que intenta atraernos a todos hacia \u00e9l e introducirnos en el misterio de su amor. La comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la que Cristo se nos da para vivir en nosotros, y en nosotros y a trav\u00e9s de nosotros continuar su obra salv\u00ed\u00adfica, es comuni\u00f3n y participaci\u00f3n en el gran misterio del amor de Dios. La comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y, a su luz, todos los sacramentos nos muestran con claridad que la perfecci\u00f3n de nuestra existencia consiste en actuar en uni\u00f3n con Cristo su mismo amor. Unidos a \u00e9l y totalmente entregados a su persona, estamos en condiciones de amar al Padre con su mismo amor en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo e, inmersos as\u00ed\u00ad en el misterio divino y humano-divino del amor, podemos no s\u00f3lo concelebrar la fiesta del amor divino, sino tambi\u00e9n actuar junto con Cristo el amor de Dios por todos los hombres. En esto est\u00e1 la esencia de la existencia y de la santidad cristianas.<\/p>\n<p>En la liturgia celebramos solemnemente la alianza salv\u00ed\u00adfica de Dios en Cristo con la humanidad. Entonces nuestra salvaci\u00f3n personal y nuestra personal fidelidad a la alianza con Cristo van indisolublemente unidas a nuestra solidaridad con todos los hombres. Tal solidaridad se refiere, en Cristo, sobre todo a la iglesia. No podemos participar del misterio salv\u00ed\u00adfico del Crucificado y Resucitado si no queremos vivir con la iglesia y para la iglesia. Sin embargo, esto no significa en absoluto que nos podamos apartar del resto de la humanidad, puesto que la iglesia ha sido elegida en orden a la salvaci\u00f3n y a la solidaridad de todos los hombres.<\/p>\n<p>4. EXISTENCIA CRISTIANA COMO ALABANZA A Dios. Cristo se manifiesta como el perfecto adorador de Dios en toda su vida, y sobre todo en el misterio salv\u00ed\u00adfico de su muerte, que nosotros celebramos en cada sacramento. Con \u00e9l ha llegado el tiempo salv\u00ed\u00adfico en que el Padre encuentra adoradores en esp\u00ed\u00adritu y en verdad. S\u00f3lo en la uni\u00f3n intim\u00ed\u00adsima con Cristo, tal y como se nos ofrece y posibilita en los sacramentos, podemos verdaderamente adorar a Dios con toda nuestra existencia, con nuestro coraz\u00f3n y con nuestras obras. Cristo, en efecto, nos env\u00ed\u00ada desde el Padre el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Y el Esp\u00ed\u00adritu nos capacita para llevar a cumplimiento el don total de nosotros mismos y esa alabanza de los labios que quiere ser alabanza de todas nuestras aspiraciones y de toda nuestra conducta.<\/p>\n<p>La alabanza continua de la misericordia y fidelidad divinas nos ayuda a permanecer en la verdad del misterio salv\u00ed\u00adfico, porque todo es don inmerecido.<\/p>\n<p>En la alabanza y adoraci\u00f3n de Dios que aprendemos en la liturgia encontramos luz suficiente para examinar nuestras aspiraciones e iniciativas y verificar si podemos adecuarlas con la adoraci\u00f3n total del Padre en uni\u00f3n con Jesucristo.<\/p>\n<p>En efecto, la fe, la esperanza y la caridad que ejercitamos cuando realizamos junto con Cristo su misterio salv\u00ed\u00adfico solamente se pueden concebir como fe, esperanza y amor adorantes: el que la gracia nos eleve tanto debe constituir un motivo m\u00e1s para no olvidar nuestra condici\u00f3n de criaturas y de redimidos.<\/p>\n<p>Si todos los cristianos estuvieran llenos del esp\u00ed\u00adritu de adoraci\u00f3n t\u00ed\u00adpico de la liturgia, no ser\u00ed\u00adan tan presuntuosos, desp\u00f3ticos y ambiciosos. La liturgia es el mejor manual de vida cristiana, que no se contenta con ense\u00f1ar a nuestra inteligencia, sino que se dirige sobre todo a modelar nuestro car\u00e1cter. El hombre que est\u00e1 profundamente configurado por la alabanza y adoraci\u00f3n de Dios, ve las cosas de manera diferente de aquel que conoce la moral quiz\u00e1 s\u00f3lo como un imperativo.<\/p>\n<p>II. Progresiva inserci\u00f3n de nuestra existencia en la historia de la salvaci\u00f3n<br \/>\nLa eucarist\u00ed\u00ada -y, a su luz, todos los sacramentos- nos hace concretamente tomar conciencia de que Jes\u00fas en su misterio salv\u00ed\u00adfico es el \u00abpan de Dios\u00bb y quien \u00abda vida\u00bb (Jua 6:33). Pero si Jes\u00fas se nos da como pan de vida y as\u00ed\u00ad nos acoge en su misterio salv\u00ed\u00adfico, no debemos olvidar nunca lo que nos dice en la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abEl pan que yo dar\u00e9 es mi carne por la vida del mundo\u00bb (Jua 6:51). Una orientaci\u00f3n lit\u00fargica de la vida es inconciliable con una privatizaci\u00f3n de la religi\u00f3n y de la moral. El hombre formado sacramentalmente es ap\u00f3stol, es luz para el mundo. Bajo el influjo del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo y unido a \u00e9l, trabaja por la transformaci\u00f3n de la historia del mundo.<\/p>\n<p>1. EL PASADO HECHO FECUNDO POR UNA MEMORIA LLENA DE GRATITUD. No s\u00f3lo la eucarist\u00ed\u00ada, sino, a su luz y resplandor, todos los dem\u00e1s sacramentos y la liturgia toda son celebraciones memoriales. Jes\u00fas mismo situ\u00f3 la eucarist\u00ed\u00ada bajo esta luz en el momento de la instituci\u00f3n: \u00abHaced esto en recuerdo m\u00ed\u00ado\u00bb (Lev 22:19; 1Co 11:24s). Ya la liturgia veterotestamentaria era una alabanza continua de las acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios, constituyendo as\u00ed\u00ad un memorial agradecido. El pasado se hace fecundo para nosotros y a trav\u00e9s de nosotros, cuando hacemos memoria de \u00e9l. La celebraci\u00f3n lit\u00fargica memorial, llevada a cabo en y por la comunidad, es creadora de historia. Nosotros rememoramos con gratitud todo lo que el Se\u00f1or ha hecho por nosotros, sobre todo los misterios salv\u00ed\u00adficos de la encarnaci\u00f3n, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo y el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu. Pero este pasado no es simplemente recordado y narrado. Jes\u00fas, el glorificado, lo hace hoy para nosotros fuente de vida. El, que est\u00e1 para siempre ante el trono de Dios, glorificado pero al mismo tiempo con las se\u00f1ales de su pasi\u00f3n, asegura a la comunidad que con gratitud le recuerda que \u00e9l mismo y el Padre no la olvidan, sino que llevar\u00e1n todo a su consumaci\u00f3n. Naturalmente, esto exige por nuestra parte una reflexi\u00f3n llena de gratitud sobre las acciones salv\u00ed\u00adficas del pasado, una respuesta agradecida de nuestra fidelidad a la fidelidad de Dios.<\/p>\n<p>El hombre que vive la liturgia tiene una patria, unas ra\u00ed\u00adces. Piensa hist\u00f3ricamente. No es v\u00ed\u00adctima del momento ef\u00ed\u00admero. Ve las conexiones. Tiene confianza en el sentido de la historia. A trav\u00e9s de \u00e9l, que est\u00e1 unido a Cristo, el pasado da fruto para el presente y para el futuro: se convierte en una santa obligaci\u00f3n. Como gente que vive la liturgia, nosotros introducimos nuestro pasado y el de nuestro pr\u00f3jimo en esa historia de salvaci\u00f3n, cuyo centro es Cristo. Con la mirada vuelta al misterio de la redenci\u00f3n tenemos adem\u00e1s el coraje de confesar nuestros pecados pasados, de confesarlos y expiarlos para alabanza del Redentor. El hombre plasmado por los sacramentos no tiene ning\u00fan motivo para remover el propio pasado, el de su pueblo o el de su familia. En primer lugar,piensa siempre en lo que es positivo y beneficioso para, a continuaci\u00f3n, afrontar a la luz de eso tambi\u00e9n las sombras m\u00e1s oscuras.<\/p>\n<p>En el misterio salv\u00ed\u00adfico encontramos al Cristo que era, que ha venido, que viene y que vendr\u00e1. En el encuentro con \u00e9l revive todo el pasado, porque todo lo que est\u00e1 vivo y es fecundo tiene en Cristo su presente.<\/p>\n<p>2. VIVIR EN EL \u00abHIC ET NUNC\u00bb. Cristo vivi\u00f3 cada instante de su vida con la mirada vuelta hacia la gran hora, hacia su kair\u00f3s. Tal perspectiva hace grandioso su camino, y al mismo tiempo confiere a cada paso suyo el espesor y la inexorabilidad del momento presente. La liturgia es la experiencia de la presencia de Cristo, que nos introduce tambi\u00e9n a nosotros en su acci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica. La presencia de aquel que viene nos da el coraje de decir s\u00ed\u00ad a las posibilidades y sufrimientos presentes.<\/p>\n<p>En la liturgia celebramos la presencia poderosa de aquel que es la vida. El sale a nuestro encuentro como Se\u00f1or de la historia del mundo y de la historia de la salvaci\u00f3n para asumirnos como sus colaboradores. Si nuestra celebraci\u00f3n es expresi\u00f3n agradecida de nuestra fe en este tipo de presencia de aquel que viniendo se dona, entonces el hic et nunc aparece inserto en una din\u00e1mica completamente nueva. Se hace participaci\u00f3n en el kair\u00f3s al que aspir\u00f3 toda la vida de Cristo y que dio cumplimiento a todo. Y como Cristo en la gran hora de su muerte y glorificaci\u00f3n anticipa la parus\u00ed\u00ada, el cumplimiento definitivo, as\u00ed\u00ad para el cristiano modelado por la liturgia cada hora decisiva es iluminada y colmada por la energ\u00ed\u00ada que procede de toda la historia de la salvaci\u00f3n, cuyo Se\u00f1or es para nosotros camino, verdad, plenitud de luz y de vida. As\u00ed\u00ad, el nunc no es un momento ef\u00ed\u00admero, sino un punto de empalme de la historia en su totalidad.<\/p>\n<p>El cristiano que vive la liturgia no s\u00f3lo se experimenta como condicionado por la historia; retoma con gratitud la historia pasada precisamente en cuanto es historia de libertad, y experimenta el hic et nunc como regalo y tarea para su libertad, como lo que puede hacer que la historia d\u00e9 un paso adelante en el camino hacia una mayor libertad y fidelidad. Esto no es solamente un modo nuevo de ver las cosas; el cristiano, cuando celebra la presencia y la venida del Se\u00f1or de la historia de la salvaci\u00f3n, se abre a su presencia liberadora.<\/p>\n<p>3. EN MARCHA HACIA EL CUMPLIMIENTO. El Se\u00f1or, que en la liturgia nos sale al encuentro en su misterio salv\u00ed\u00adfico y nos introduce en \u00e9l, vive ya al nivel de la parus\u00ed\u00ada. En \u00e9l ya se da el cumplimiento. Al hacernos participar de su misterio salv\u00ed\u00adfico, \u00e9l es nuestro garante, nuestro gu\u00ed\u00ada por el camino y de alguna manera ya nuestra misma patria.<\/p>\n<p>El hombre que vive la liturgia est\u00e1 totalmente orientado hacia el cumplimiento. La plenitud que todav\u00ed\u00ada falta, ya la tiene presente en Cristo, como un potente im\u00e1n. Por eso su vida tiende en un sentido profundo hacia el fin. No se detiene en las angosturas de las prohibiciones, que llevan continuamente a los indolentes a la cat\u00e1strofe. Deja atr\u00e1s la \u00e9tica de las simples prohibiciones y vive con la mirada fija principalmente en los mandamientos-meta (= Zielgebote), que para el cristiano modelado por la liturgia toman toda su urgencia y riqueza de contenido del misterio salv\u00ed\u00adfico. Quien vive en Cristo y con \u00e9l camina hacia el fin se sientelleno de vigor y de alegr\u00ed\u00ada cuando el Se\u00f1or invita: \u00abSeguid unidos a m\u00ed\u00ad y yo a vosotros&#8230; Os he dicho estas cosas para que mi alegr\u00ed\u00ada est\u00e9 dentro de vosotros y vuestra alegr\u00ed\u00ada sea completa. Este es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os am\u00e9\u00bb (Jua 15:4-12).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada moral del cristiano formado en la escuela de la liturgia no es una simple doctrina normativa, sobre todo no en el sentido de normas limitativas. Y por lo que se refiere a las virtudes, no piensa principalmente seg\u00fan el esquema de las virtudes cardinales que nos ha sido transmitido por la cultura griega, aun cuando no le sea indiferente y sepa conferirle un significado cristoc\u00e9ntrico. Para \u00e9l son mucho m\u00e1s fundamentales las virtudes b\u00ed\u00adblicas, escatol\u00f3gicas, que se corresponden con las tres dimensiones de la historia (pasada, presente, futura) y con la plenitud de la historia de la salvaci\u00f3n. Entre ellas cuenta tambi\u00e9n el discernimiento de los espiritus y la capacidad de irradiar alegr\u00ed\u00ada y paz.<\/p>\n<p>4. DISCERNIMIENTO DE LOS ESP\u00ed\u008dRITUS Y SIGNOS DEL TIEMPO. La liturgia nos ense\u00f1a eficazmente que nuestra participaci\u00f3n receptiva y activa en el misterio salv\u00ed\u00adfico y en la misi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de Cristo es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El Esp\u00ed\u00adritu nos introduce en nuestro ser en Cristo, en la comprensi\u00f3n de las palabras de Cristo y en el sentido de los signos del tiempo.<\/p>\n<p>Es misi\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada y de la predicaci\u00f3n mostrar c\u00f3mo en una iglesia que se sabe elegida para llevar la vida al mundo van unidos la liturgia renovada y la atenci\u00f3n a los signos del tiempo. La adecuada celebraci\u00f3n de la liturgia lo muestra a su manera.<\/p>\n<p>Sin el esp\u00ed\u00adritu de discernimiento no podemos cumplir nuestra misi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica. Es misi\u00f3n de toda la iglesia -y en particular de cuantos est\u00e1n enriquecidos con carismas, o sea, los profetas y los sacerdotes prof\u00e9ticos, pero tambi\u00e9n los laicos llenos del Esp\u00ed\u00adritu, capaces de o\u00ed\u00adr el pulso de la vida-explicarnos las se\u00f1ales del tiempo. Y cada cristiano tiene el deber de descifrar el sentido del momento que est\u00e1 viviendo y que le solicita. S\u00f3lo si toda nuestra existencia invoca: Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas y Ven, Esp\u00ed\u00adritu Santo, podemos esperar estar atentos, preparados, capaces de discernir que verdaderamente todo puede referirse a la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s nos orienta nuestra memoria hacia las acciones salv\u00ed\u00adficas de Cristo y hacia su presencia con gratitud; cuanto m\u00e1s conscientes somos de que a trav\u00e9s de la vida y la muerte estamos en camino hacia el cumplimiento final (parus\u00ed\u00ada); cuanto m\u00e1s atentos y disponibles estamos para la llamada de la gracia y de las chances que constantemente se nos van presentando, tanto m\u00e1s lograremos ordenar los dones y las capacidades que Dios nos da para las necesidades m\u00e1s urgentes del pr\u00f3jimo y de la comunidad. Y en esto consiste principalmente la tarea, que pertenece a todos, del discernimiento de los esp\u00ed\u00adritus.<\/p>\n<p>5. IRRADIAR SERENIDAD, ALEGR\u00ed\u008dA Y PAZ. En la liturgia, el Esp\u00ed\u00adritu Santo nos lleva consigo al monte de las bienaventuranzas y nos infunde el coraje y la fuerza para subir al G\u00f3lgota. De este modo experimentamos la cercan\u00ed\u00ada de Cristo en todo su misterio salv\u00ed\u00adfico. De la alabanza lit\u00fargica dimana, en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, una tranquilidad serena, que nosotros existencialmente sabemos que es pura gracia, una gracia de la que no se nos privar\u00e1 mientras nuestra vida sea una continuaci\u00f3n de la alabanza lit\u00fargica.<\/p>\n<p>Una joven monja enfermera pregunt\u00f3 a un sacerdote que entraba en la sala operatoria para someterse a una intervenci\u00f3n quir\u00fargica en la laringe: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde le viene tanta tranquilidad y paz frente a lo que le pueda esperar?\u00bb El sacerdote escribi\u00f3 en su pizarrilla: \u00abEs una gracia pura e inmerecida, por la cual nunca estar\u00e9 lo suficientemente agradecido\u00bb.<\/p>\n<p>La liturgia nos ense\u00f1a a realizar con Cristo su \u00e9xodo y el de su pueblo para poder ser plenamente libres para su reino. Pero esto en s\u00ed\u00ad mismo no es un imperativo descarnado. La llamada va acompa\u00f1ada de la gracia y dirige nuestra mirada hacia el Glorificado, que por nosotros ha asumido el \u00e9xodo y llevado la cruz.<\/p>\n<p>La sonrisa serena de la persona enferma y anciana es un reflejo de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica festiva, de la alabanza agradecida y de la espera gozosa del Se\u00f1or que viene, que ya est\u00e1 cerca de nosotros como nuestra vida y nuestra patria.<\/p>\n<p>El cristiano modelado por los sacramentos es un constructor de paz. Dentro de la comunidad lit\u00fargica, Cristo nos habla con frecuencia de su paz y nos env\u00ed\u00ada a colaborar en la gran obra de la reconciliaci\u00f3n y la paz 3. Verdaderamente no es una tarea f\u00e1cil. Exige un profundo enraizamiento en el misterio salv\u00ed\u00adfico y una total dedicaci\u00f3n a nuestra misi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, enraizamiento y dedicaci\u00f3n que se obtienen mediante una intensa vida lit\u00fargica y su correspondiente piedad personal. Por aqu\u00ed\u00ad es por donde llegaremos a poner toda nuestra confianza en el poder del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo.<\/p>\n<p>B. H\u00e4ring<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Bernal J.M., La celebraci\u00f3n lit\u00fargica como experiencia \u00ed\u00adntima de Dios, en \u00abPhase\u00bb 114 (1979) 473-493; CEI.AM (II Conferencia-Medell\u00ed\u00adn), Liturgia, ib, 47 (1968) 433-449; Hamman A., Liturgia y apostolado, Herder, Barcelona 1967; Leclercq J., La liturgia y las paradojas cristianas, Mensajero, Bilbao 1966; Mart\u00ed\u00adn J., La liturgia cristiana en la situaci\u00f3n espiritual contempor\u00e1nea, en \u00abPhase\u00bb 100 (1977) 219-249 (Mesa redonda, 251-262); Onand\u00ed\u00ada E., Liturgia y existencia cristiana, en \u00abLiturgia\u00bb 23 (1968) 189-212; Pou R., Relaci\u00f3n vida lit\u00fargica y acci\u00f3n cristiana en el mundo, en \u00abPhase\u00bb 43 (1968) 49-61; Tena P., El lugar de la liturgia en nuestra .situaci\u00f3n eclesial, ib, 100 (1977) 277-306 (Mesa redonda: ib, 307-316); Thevenot X., Liturgia y moral, en \u00abSelecciones de Teolog\u00ed\u00ada\u00bb 23 (1984) 209-213; Vagaggini C., El sentido teol\u00f3gico de la liturgia, BAC 181, Madrid 1959, 606-887; Vilanova E., Constituci\u00f3n sobre liturgia y constituci\u00f3n sobre la iglesia en el mundo actual, en \u00abPhase\u00bb 34 (1966) 280-298; VV.AA., liturgia y mundo actual, Marova, Madrid 1966; VV.AA., El culto y el cristiano de hoy, en \u00abConcilium\u00bb 62 (1971) 165-306.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Liturgia como participaci\u00f3n del misterio salv\u00ed\u00adfico de Cristo: 1. Celebraci\u00f3n de la fe; 2. Fe confiada; 3. Fe amante; 4. Existencia cristiana como alabanza a Dios &#8211; II. Progresiva inserci\u00f3n de nuestra existencia en la historia de la salvaci\u00f3n: 1. El pasado hecho fecundo por una memoria llena de gratitud; 2. Vivir en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/existencia-cristiana-y-liturgia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEXISTENCIA CRISTIANA Y LITURGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17137","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17137","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17137"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17137\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17137"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17137"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17137"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}