{"id":17142,"date":"2016-02-05T11:09:34","date_gmt":"2016-02-05T16:09:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gestos\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:34","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:34","slug":"gestos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gestos\/","title":{"rendered":"GESTOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Hacia una metodolog\u00ed\u00ada de aproximaci\u00f3n al gesto lit\u00fargico: 1. Las \u00abconstantes\u00bb b\u00ed\u00adblicas de la gestualidad: a) La elecci\u00f3n de una mujer para Isaac, hijo de Abrah\u00e1n, b) David transporta el arca a Jerusal\u00e9n, c) La oraci\u00f3n de Salom\u00f3n para la consagraci\u00f3n del templo, d) Conclusiones previas; 2. Fundamento cristol\u00f3gico de la gestualidad lit\u00fargica &#8211; III. Los gestos en la liturgia: 1. Necesidad de formaci\u00f3n para la expresi\u00f3n gestual; 2. Los gestos en los nuevos \u00abRituales\u00bb: a) Ordenaci\u00f3n general del Misal Romano, b) Ritual del Bautismo de Ni\u00f1os, c) Ritual de la Confirmaci\u00f3n, d) Ritual de la Penitencia, e) Ritual de la Unci\u00f3n y de la pastoral de enfermos, f) Ritual del Matrimonio, g) Ritual de Ordenes, h) Ordenaci\u00f3n general de la liturgia de las Horas; 3. La imposici\u00f3n de las manos &#8211; IV. Unidad en la diversidad &#8211; V. Hacia una teolog\u00ed\u00ada del gesto lit\u00fargico.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nBajo la presi\u00f3n de las superestructuras, el hombre de hoy ha dejado de vivir lo cotidiano, y m\u00e1s bien lo sufre. Y lo cotidiano est\u00e1 hecho de modas, de necesidades creadas, de informaciones, de nociones, de lugares comunes, que constituyen tambi\u00e9n la cultura del hombre. Es verdad que el sistema social inventa una serie de defensas para que parezcan atenuadas las constricciones a las que est\u00e1 sometido el Individuo, pero en realidad se trata de pseudodefensas. El tiempo libre, que antes se reservaba al reposo con el fin de recuperar las fuerzas f\u00ed\u00adsicas para el trabajo, hoy est\u00e1 instrumentalizado al servicio de la industria del loisir. Y como hoy el trabajo es frecuentemente sedentario, la industria del tiempo libre se interesa m\u00e1s que nada por el cuerpo del hombre, pero siempre con las mismas intenciones. Se lava el cuerpo, se lo viste, se lo perfuma, se lo alimenta racionalmente, se lo entrena, se lo rejuvenece: obviamente, cada verbo est\u00e1 apuntalado por el consiguiente equipo organizado, que vive a costa del individuo asistido.<\/p>\n<p>Ahora bien, todo esto no facilita ciertamente el desarrollo global de la persona.<\/p>\n<p>Entonces es indispensable intentar recomponer al hombre en su unidad global, unidad que debe conservarse en el trabajo y en el tiempo libre, pero tambi\u00e9n en otros campos que ciertos an\u00e1lisis sociol\u00f3gicos han olvidado o excluido desde una previa toma de posici\u00f3n. Presupuesto de esta recomposici\u00f3n es el redescubrimiento de la persona como organismo vivo en su globalidad, y la consiguiente acentuaci\u00f3n del valor del cuerpo para la expresi\u00f3n y la interacci\u00f3n humanas. Se presentan as\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de la antropolog\u00ed\u00ada religiosa, no pocos interrogantes sobre el sentido de la persona y del hombre.<\/p>\n<p>Bajo el impulso de las ciencias humanas y a la luz de la cuesti\u00f3n hermen\u00e9utica, se pone en tela de juicio ese modelo cultural que, en t\u00e9rminos bastante m\u00e1s sofisticados que lo hiciera el sistema capitalista nacido de la revoluci\u00f3n industrial, reduce la persona a un objeto que se puede descomponer en m\u00faltiples partes y explotar en cada una de ellas. A partir de este juicio, el mismo concepto de cuerpo se profundiza en el m\u00e1s rico de corporeidad. \u00abA diferencia del cuerpo -escribe Metz-, la corporeidad pretende superar la discusi\u00f3n cl\u00e1sica de la relaci\u00f3n cuerpo-alma, para mostrar el car\u00e1cter del cuerpo en su integridad humana, que determina tambi\u00e9n la subjetividad humana y sus comportamientos. Mientras cuerpo indica sobre todo el estado del hombre hecho (a posteriori), corporeidad indica un estado originario -sobre el que s\u00f3lo se puede reflexionar trascendentalmente-del hombre uno y completo&#8217;. En esta l\u00ed\u00adnea de profundizaci\u00f3n y de dial\u00e9ctica frente a las otras posiciones, por ejemplo del estructuralismo franc\u00e9s&#8217;, se sit\u00faa tambi\u00e9n el Vat. II cuando afirma en la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes: \u00abEn la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condici\u00f3n corporal, es una s\u00ed\u00adntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su m\u00e1s alta cima y alza la voz para la libre alabanza al Creador\u00bb (n. 14). La libre alabanza al Creador de que habla GS halla su plena actuaci\u00f3n en la liturgia, y se manifiesta visiblemente a trav\u00e9s de la gestualidad lit\u00fargica.<\/p>\n<p>Si, desde el punto de vista de los principios, la propuesta de esta antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica es aceptable tambi\u00e9n en el campo lit\u00fargico, queda s\u00f3lo por dar el paso, bajo ning\u00fan concepto f\u00e1cil, de la teor\u00ed\u00ada a la praxis. Dos factores hacen este paso hoy particularmente dificultoso. El primero es de tipo metodol\u00f3gico. Tras haber descubierto los condicionamientos del hombre, existe la tentaci\u00f3n de usar los mismos mecanismos para un fin bueno; el problema radica en que no siempre caemos en la cuenta de que somos tentados. El segundo hecho es de tipo tem\u00e1tico. Mientras se ha puesto en marcha un notable esfuerzo de b\u00fasqueda por lo que se refiere a la parte hablada de la liturgia, poco o nada se ha hecho por la parte ejecutada, olvidando que la liturgia es palabra y gesto&#8217;. Ciertamente es m\u00e1s f\u00e1cil analizar un documento escrito; el desarrollo mismo de la semiolog\u00ed\u00ada lo demuestra, cuando prefiere moverse en el campo de la expresi\u00f3n ic\u00f3nico-gr\u00e1fica a hacerlo en el de la cin\u00e9tica o de la ag\u00f3gica; pero as\u00ed\u00ad, mientras que la palabra es objeto de estudio y de profundizaci\u00f3n continua, falta para el gesto lit\u00fargico un estudio paralelo y se le abandona en manos del rubricismo o de la improvisaci\u00f3n&#8217;.<\/p>\n<p>II. Hacia una metodolog\u00ed\u00ada de aproximaci\u00f3n al gesto lit\u00fargico<br \/>\nUna vez indicadas las anteriores dificultades, no queda sino proponer un m\u00e9todo que nos permita vivir el gesto lit\u00fargico con mayor intensidad y verdad.<\/p>\n<p>1. LAS \u00abCONSTANTES\u00bb B\u00ed\u008dBLICAS DE LA GESTUALIDAD. En una obra escrita poco antes del Vat. II, Louis Bouyer dec\u00ed\u00ada: \u00abNo hay acontecimiento cristiano, no hay rito que pueda ser acogido en la fe independientemente de la palabra de Dios que le da su sentido\u00bb&#8217;. Semejante afirmaci\u00f3n la ratifica el Vat. II en el cap\u00ed\u00adtulo conclusivo de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei verbum: \u00abLa Escritura debe ser el alma de la teolog\u00ed\u00ada\u00bb (n. 24); \u00abdesconocer la Escritura es desconocer a Cristo\u00bb (n. 25) &#8216;. Ahora bien, si el tema de los gestos se coloca ciertamente sobre el tel\u00f3n de fondo de otras voces de este Diccionario referidas a las ciencias humanas [-> Antropolog\u00ed\u00ada cultural; -> Fiesta\/Fiestas; -> Psicolog\u00ed\u00ada; especialmente -> Rito\/Ritos y -> Signo\/S\u00ed\u00admbolo; tambi\u00e9n Canto y m\u00fasica; -> Celebraci\u00f3n; -> Creatividad; -> Culto; -> Participaci\u00f3n; -> Procesi\u00f3n], en esta voz intentamos subrayar de manera especial que el gesto lit\u00fargico, de por s\u00ed\u00ad, encuentra un contexto cultural bastante preciso en la fe cristiana y en la historia de la salvaci\u00f3n seg\u00fan el testimonio ofrecido por la biblia y por la tradici\u00f3n lit\u00fargica. Hacer un elenco m\u00e1s o menos completo de las expresiones gestuales contenidas en la biblia tendr\u00ed\u00ada solamente el sentido de una pura documentaci\u00f3n. Nuestro intento es captar el sentido del gesto lit\u00fargico y descubrir las motivaciones profundas por las que se le cumple, teniendo como punto de referencia la experiencia viva de la Escritura. Para hacerlo, nos limitamos a analizar tres pasajes veterotestamentarios, elegidos en base al progresivo desarrollo de los gestos rituales.<\/p>\n<p>a) La elecci\u00f3n de una mujer para Isaac, hijo de Abrah\u00e1n (G\u00e9n 24:1-28.40.52). En este pasaje redaccional complejo \u00bb encontramos una primera descripci\u00f3n de la actitud de un orante. Nos testifica el proceso de apropiaci\u00f3n ritual llevado a cabo por Israel frente a las tradiciones m\u00e1s antiguas. Abrah\u00e1n, ya viejo, es aquel a quien Yav\u00e9 ha bendecido (v. 1). La bendici\u00f3n es importante, porque define claramente el marco del pasaje que estamos examinando. El patriarca llama al siervo m\u00e1s anciano, el hombre de confianza, y le hace jurar (vv. 2-4.9) con el gesto de contacto con el \u00f3rgano de la generaci\u00f3n: gesto tan significativo como sustancial, unido a la bendici\u00f3n del v. 1 (cf G\u00e9n 12:2-3). El juramento tiene como fondo la promesa de Yav\u00e9. El hombre debe poner las condiciones para que esta promesa se cumpla (v. 7). Cumplido el juramento y llegado el siervo a la tierra natal de Abrah\u00e1n (vv. 9-11), la fuente yavista trae la oraci\u00f3n del siervo mismo (vv. 12-14). Cuando la petici\u00f3n contenida en la oraci\u00f3n es realizada por Yav\u00e9 bajo la atenta mirada del siervo (v. 21) \u00ab, \u00e9ste, \u00abpostr\u00e1ndose en tierra, ador\u00f3 a Yav\u00e9 diciendo: Bendito sea Yav\u00e9&#8230;\u00bb (vv. 26-27) \u00ab. Esta segunda oraci\u00f3n del siervo es intencionadamente una bendici\u00f3n que, intensificada por el gesto de la postraci\u00f3n que la acompa\u00f1a, halla su motivaci\u00f3n no s\u00f3lo en la gracia obtenida, sino en la en\u00e9sima experiencia de la bendici\u00f3n activa y constante de Yav\u00e9 y de su hesed (v. 27), a la que se une -contrariamente al v. 12- tambi\u00e9n la &#8216;eme&#8217;, para formar el binomio cl\u00e1sico: benevolencia y fidelidad. El mismo rito (postraci\u00f3n, adoraci\u00f3n, bendici\u00f3n) se cumple en el v. 52, cuando el siervo est\u00e1 finalmente seguro de poder respetar enteramente el juramento hecho. El v. 40 -paralelo del v. 7- subraya la constante relaci\u00f3n que une a Abrah\u00e1n con su Dios: si Abrah\u00e1n camina continuamente \u00bb en la presencia de Yav\u00e9, Yav\u00e9 por su parte hace prosperar el viaje del siervo; el Dios que acompa\u00f1a a Abrah\u00e1n sigue al siervo de \u00e9ste, que puede orar a Dios en todo tiempo y lugar.<\/p>\n<p>El gesto ritual del siervo no se debe, por tanto, entender ni analizar como m\u00f3dulo gestual en su paradigmaticidad formal, sino como fen\u00f3meno de la fe de Abrah\u00e1n en el siervo y de la bendici\u00f3n experimentada por Abrah\u00e1n a trav\u00e9s del siervo.<\/p>\n<p>b) David transporta el arca a Jerusal\u00e9n (2Sa 6:12-23). Conquistada Jerusal\u00e9n, una de sus empresas principales, David quiso transportar all\u00ed\u00ad el arca de Dios. Fracasado un primer intento, que podr\u00ed\u00adamos llamar pol\u00ed\u00adtico (cf 2Sa 6:1-10), el hijo de Jes\u00e9 vuelve a intentar la empresa, esta vez en un contexto religioso. La alegr\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada caracterizado el primer intento (v. 5) se traduce en el verbo shq, que tiene un significado bastante material. Muy diferente es la manifestaci\u00f3n de j\u00fabilo que acompa\u00f1a al segundo intento, en el que toman parte tambi\u00e9n los levitas (cf 1Cr 15:2.4.11-26) y durante el cual se realizan sacrificios (v. 13). David aparece ce\u00f1ido con el efod y expresa su gozo con una t\u00ed\u00adpica danza cultual, traducida en el verbo kirker (de la ra\u00ed\u00adz krr) en los vv. 14 y 16. La etimolog\u00ed\u00ada verbal indica un movimiento circular fren\u00e9tico (v\u00e9ase la forma adverbial con todas las fuerzas del v. 14), marcado por pasos adelante y atr\u00e1s. A este verbo va unido pzz (= saltar) del v. 16. Nada puede impedir la alegr\u00ed\u00ada de David ante el arca de Dios que vuelve a Jerusal\u00e9n. Al desprecio de Micol (v. 20), David responde con simplicidad, como le dicta su \u00e1nimo religioso: \u00abYo he danzado (he hecho rqd = el saltimbanqui) 19 ante Yav\u00e9&#8230; y me humillar\u00e9 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que esto y ser\u00e9 vil&#8230;\u00bb (vv. 21-22). La respuesta de David y su comportamiento est\u00e1n motivados por un acontecimientos que afecta a toda la historia de la salvaci\u00f3n: \u00abYav\u00e9&#8230; me eligi\u00f3 (ha hecho bhr de m\u00ed\u00ad) -dice David- con preferencia a tu padre\u00bb (v. 21).<\/p>\n<p>Cada gesto realizado por David adquiere un sentido particular por el hecho de haber sido realizado \u00abante Yav\u00e9\u00bb, por el hecho de que \u00e9l lo cumple como animador de la asamblea festiva. Ning\u00fan pudor detiene al elegido de Yav\u00e9.<\/p>\n<p>c) La oraci\u00f3n de Salom\u00f3n para la consagraci\u00f3n del templo (1Re 8:22-66). El deseo de David de construir una casa para el arca de Dios (cf 2Sa 7:1-3) halla una digna realizaci\u00f3n con Salom\u00f3n. A la religiosidad impulsiva de David se contrapone el moderado ritualismo de esta p\u00e1gina b\u00ed\u00adblica. Bastante elaborado redaccionalmente, este texto se remonta a la \u00e9poca posex\u00ed\u00adlica. Alrededor de un antiguo n\u00facleo hist\u00f3rico se han coagulado unas a\u00f1adiduras provenientes de las fuentes sacerdotal y deuteronomista. El v. 22 contiene un complejo gestual claramente definido: \u00abSalom\u00f3n se puso delante del altar de Yav\u00e9 en presencia de toda la asamblea de Israel, y, tendiendo las manos al cielo&#8230;\u00bb. Adem\u00e1s de la posici\u00f3n (de pie: &#8216;md), hay que se\u00f1alar las dos preposiciones t\u00e9cnicas: lipne (delante, usado normalmente en contexto cultual y referido a Dios) y neged (en presencia de, no usado nunca en referencia a Dios); la acci\u00f3n de tender las manos (prs kappajim) al cielo; finalmente, la presencia de la asamblea c\u00faltica convocada, comprendiendo a todo Israel (kol qehal). Esta detallada descripci\u00f3n puede parecer pesada, pero tiene como presupuesto la sed de ritualidad motivada por la abstinencia cultual que caracteriza el per\u00ed\u00adodo ex\u00ed\u00adlico y posex\u00ed\u00adlico. Israel sue\u00f1a con un sacerdote majestuoso y solemne, un nuevo Mois\u00e9s (h\u00e9roe de la alianza), un nuevo David (h\u00e9roe de la promesa). Tras esta fachada un tanto fastuosa est\u00e1 la voluntad de conversi\u00f3n expresada en la larga letan\u00ed\u00ada penitencial de los vv. 30-53 20, voluntad hecha eficaz por la bendici\u00f3n que Salom\u00f3n en voz alta (qol gadol) impetra sobre el pueblo de Yav\u00e9: \u00abQue Yav\u00e9, nuestro Dios, sea con nosotros&#8230;, incline nuestro coraz\u00f3n hacia s\u00ed\u00ad&#8230;\u00bb (vv. 57-58). En el fondo, es \u00e9ste el gesto m\u00e1s importante y comprometido.<\/p>\n<p>d) Conclusiones previas. En los tres pasos veterotestamentarios analizados, la expresi\u00f3n gestual es la exteriorizaci\u00f3n-expresi\u00f3n de un estado interior adquirido. El alma habla en el cuerpo, y en este coloquio se manifiesta la persona total. Sin embargo, es imposible hablar de exteriorizaci\u00f3n si antes no se tiene una interiorizaci\u00f3n, un estado interior adquirido. Esta interiorizaci\u00f3n es la primera de las constantes b\u00ed\u00adblicas del gesto religioso. Se funda sobre una experiencia vital de Dios. Si en Abrah\u00e1n se da el encuentro directo con Dios que se manifiesta (cf G\u00e9n 12:1-3.7), y si en David este encuentro tiene lugar a trav\u00e9s de la consagraci\u00f3n regia (cf 1Sa 16:12b-13), hoy para los cristianos esta experiencia vital se hace dentro de la comunidad eclesial en la celebraci\u00f3n de los sacramentos. M\u00e1s a\u00fan: en esta experiencia de Dios, los protagonistas realizan cambios fundamentales. Abrah\u00e1n cambia de nombre y deja su tierra de origen; el cristiano en el bautismo recibe un nombre y entra en la realidad de Cristo salvador.<\/p>\n<p>Otra constante, menos importante, pero no despreciable a priori, es la adaptaci\u00f3n cultural. El complejo gestual presente en la oraci\u00f3n salom\u00f3nica est\u00e1 influido ciertamente por la experiencia del exilio vivido en contacto con formas rituales bastante evolucionadas. Mucho m\u00e1s simples e inmediatos son en cambio los gestos que acompa\u00f1an al traslado del arca. Por su parte, el gesto realizado por el siervo de Abrah\u00e1n durante el juramento es derivaci\u00f3n de costumbres tribales. Cada uno de estos gestos se ha tomado de una cultura particular y se ha adaptado a la propia con un enriquecimiento o sustituci\u00f3n del significado originario. Algunos gestos se han fijado en el curso de su evoluci\u00f3n cultural, especializ\u00e1ndose y asumiendo unsignificado particular; pi\u00e9nsese en la oraci\u00f3n con las manos tendidas al cielo. Otros gestos se han perdido. Esta segunda constante de la adaptaci\u00f3n cultural es hoy particularmente problem\u00e1tica por la aceleraci\u00f3n progresiva del cambio de las modas culturales.<\/p>\n<p>Una tercera constante, que se desprende del an\u00e1lisis diacr\u00f3nico de los tres ejemplos citados, es la del desarrollo de lo simple a lo complejo. Basta una confrontaci\u00f3n del gesto \u00fanico de adoraci\u00f3n del siervo de Abrah\u00e1n, repetido en G\u00e9n 24:26 y 52, con el ceremonial salom\u00f3nico. Todo gesto lit\u00fargico tiene inicialmente una estructura simple y un significado preciso. Despu\u00e9s, con la ritualizaci\u00f3n del gesto, a la simplicidad inicial se sobreponen nuevas aportaciones no siempre coherentes con el n\u00facleo originario. En la reciente reforma lit\u00fargica ha sido recuperada la \u00abnoble sencillez\u00bb de los ritos (SC 34), evidenciando el n\u00facleo originario oscurecido por las complicaciones posteriores. Estas tres constantes, en su importancia decreciente, no se ignoran en la utilizaci\u00f3n (y posterior an\u00e1lisis) de los gestos lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>Junto a ellas se debe tener presente otro principio, que nos obliga a distinguir gesto y I rito. En cuanto manifestaci\u00f3n de un estad\u00f3 anterior, \u00abel gesto no se adecua al lenguaje [en nuestro caso al rito], porque el gesto est\u00e1 en el origen del lenguaje como la palabra est\u00e1 en el origen de la lengua. El gesto es la expresi\u00f3n originaria y todav\u00ed\u00ada en parte espont\u00e1nea, es el lenguaje en estado naciente\u00bb\u00bb. Tambi\u00e9n el aparato gestual salom\u00f3nico, que es el m\u00e1s elaborado de los tres que hemos examinado, se hace expresi\u00f3n creadora de una realidad nueva, sacramento de la fe del pueblo de Dios, signo de la b&#8217;rit (promesa-alianza). Los gestos realizados por Salom\u00f3n son, en este caso, la expresi\u00f3n de la mens religiosa de la asamblea. Su espectacularidad no es componente s\u00f3lo exterior, pues subyace al fuerte deseo de la bendici\u00f3n divina. La simplicidad estructural del primer y segundo ejemplo, aun denunciando los calcos culturales efectuados por Israel, ya contiene y evidencia la transignificaci\u00f3n efectuada sobre sus modelos y posibilitada por las nuevas categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas que el siervo de Abrah\u00e1n y David han interiorizado tambi\u00e9n mediante la aportaci\u00f3n del hagi\u00f3grafo. Su gesto se hace respuesta humana al acontecimiento teof\u00e1nico en el hic et nunc hist\u00f3rico a trav\u00e9s de la corporeidad.<\/p>\n<p>2. FUNDAMENTO CRISTOL\u00ed\u201cGICO DE LA GESTUALIDAD LIT\u00daRGICA. El m\u00e1ximo acontecimiento de interiorizaci\u00f3n para el hombre se posibilita en y por Cristo. Cristo, que asume la dimensi\u00f3n de la corporeidad humana -seg\u00fan el autor de la carta a los Hebreos, \u00abal entrar en este mundo&#8230; dijo: No has querido ni sacrificio ni oblaci\u00f3n; en cambio, me has formado un cuerpo\u00bb (10,5; cf Sal 40:7)-, es el n\u00facleo primordial del cual deriva cualquier otro gesto lit\u00fargico, puesto que nuestra gestualidad lit\u00fargica est\u00e1 modelada y modulada sobre la gestualidad de Cristo. Es la invitaci\u00f3n que Tertuliano, a finales del s. II, dirig\u00ed\u00ada a los cristianos poniendo su distinguo respecto a la costumbre jud\u00ed\u00ada: \u00abNosotros, en cambio, no s\u00f3lo alzamos [las manos], sino tambi\u00e9n las extendemos (expandimus, cf 1Ti 2:8). Imitamos as\u00ed\u00ad la pasi\u00f3n (e dominica passione modulantes); y entonces, orando, hacemos nuestra profesi\u00f3n de fe a Cristo\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Tertuliano invita as\u00ed\u00ad a modelar la dominica oratio seg\u00fan la dominica passio. En efecto, es de la experiencia pascual, iniciada en el bautismo (cf Rom 6:3-5; Col 2:12), de dondese origina y fundamenta la gestualidad lit\u00fargica. Pero \u00e9sta se dilata hasta implicar todos los momentos de la vida del cristiano. Si en el momento lit\u00fargico el gesto tiene funci\u00f3n sacramental y se hace acontecimiento en tensi\u00f3n entre el polo anamn\u00e9tico y el polo escatol\u00f3gico, no se debe olvidar la intr\u00ed\u00adnseca componente finalizante, sin la cual el gesto tendr\u00ed\u00ada sentido solamente en el momento lit\u00fargico, quedando separado del resto de la existencia de quien lo realiza. La SC afirma que \u00abla liturgia es la cumbre a la cual tiende toda la actividad de la iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza\u00bb. Todos los bautizados reunidos en asamblea alaban a Dios en la iglesia y toman parte en la eucarist\u00ed\u00ada, pero despu\u00e9s \u00abla liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados con los sacramentos pascuales, sean concordes en la piedad; ruega a Dios que conserven en su vida lo que recibieron en la fe\u00bb (SC 10). \u00abEn efecto, la liturgia&#8230; contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida y manifiesten a los dem\u00e1s el misterio de Cristo y la naturaleza aut\u00e9ntica de la verdadera iglesia. Es caracter\u00ed\u00adstico de la iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles\u00bb (SC 2).<\/p>\n<p>La componente \u00absimb\u00f3lica\u00bb de la gestualidad lit\u00fargica. El hecho de que tambi\u00e9n la liturgia, como la iglesia, sea \u00aba la vez, humana y divina\u00bb nos invita a considerar las valencias simb\u00f3licas de los gestos que acompa\u00f1an a toda celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Sin embargo, no lo haremos utilizando las categor\u00ed\u00adas de la filosof\u00ed\u00ada del lenguaje, de la psico-socio-ling\u00fc\u00ed\u00adstica o de la semiolog\u00ed\u00ada, porque estas metodolog\u00ed\u00adas de an\u00e1lisis est\u00e1n actualmente todav\u00ed\u00ada en proceso de b\u00fasqueda por lo que a este tema se refiere. Acostumbradas a analizar protocolos, se encuentrandesarmadas ante el gesto, sobre todo si se trata del gesto en contexto lit\u00fargico religioso. En cambio, nos remitiremos a las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargicas de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>->S\u00ed\u00admbolo, nos lo recuerda la etimolog\u00ed\u00ada griega syn-ball\u00f3, equivale por definici\u00f3n a poner junto. Por esta uni\u00f3n se renovaba una realidad, se hac\u00ed\u00ada posible un reconocimiento o una identificaci\u00f3n. En la historia de la salvaci\u00f3n, el m\u00e1ximo acontecimiento de simbolizaci\u00f3n se inaugur\u00f3 con la encarnaci\u00f3n del Hijo, y se prolonga mediante el soplo vivificante del Esp\u00ed\u00adritu de Dios (cf 2Ts 2:13; 2Co 13:17; G\u00e1l 4:4-6) en espera de su completa actuaci\u00f3n en Dios (cf 1Ts 4:17-18; 1Ts 5:23-25; 1Co 5:28). El Hijo, en su encarnaci\u00f3n, no est\u00e1 separado del Padre que lo ha enviado, sino que, en el gesto supremo de su humanidad ofrecida e inmolada, la muerte de cruz, obtiene del Padre la salvaci\u00f3n para la humanidad redimida en su resurrecci\u00f3n. En este acto divino-humano realizado \u00abde una vez para siempre\u00bb (Heb 9:12) el hombre no queda fuera como algo extra\u00f1o, sino que es llamado a participar por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en Mar\u00ed\u00ada, en la iglesia y por el Hijo, que le invita a hacer todo lo que \u00e9l ha hecho (Lev 22:19). El \u00abde una vez para siempre\u00bb (eph\u00e1pax: Heb 9:12) de Cristo se hace as\u00ed\u00ad para el hombre el \u00abcuantas veces\u00bb (hos\u00e1kis: 1Co 11:25-26) en lo cotidiano, a trav\u00e9s de la experiencia sacramental. Referido constantemente a la econom\u00ed\u00ada trinitaria, el s\u00ed\u00admbolo sacramental adquiere su verdadera fuerza (esta referencia no se identifica simplemente con el ex opere operato en perjuicio de quien act\u00faa y de lo que se act\u00faa). As\u00ed\u00ad, el sacramento pasa a ser lugar y tiempo privilegiado del encuentro eficaz entre la corporeidad del hombre y Dios, en el culto que se le ofrece en-con-por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es f\u00e1cil comprender la precariedad, pero al mismo tiempo la profundidad, de este encuentro si se examina d\u00f3nde recae el peso de nuestra atenci\u00f3n y de nuestro compromiso sacramental. Todos los gestos que realizamos durante la celebraci\u00f3n lit\u00fargica entran en esta din\u00e1mica simb\u00f3lica, por la cual el intercambiarse un signo de paz, por ejemplo, se lee, m\u00e1s all\u00e1 de su componente cultural (el normal apret\u00f3n de manos o el beso entre parientes), como sacramento de la reconciliaci\u00f3n efectuada en Cristo.<\/p>\n<p>El gesto lit\u00fargico en sus dos niveles, cultural y simb\u00f3lico-sacramental, testimonia fenom\u00e9nicamente la actividad sin\u00e9rgica (te\u00e1ndrica); pero, por su componente simb\u00f3lica, supera el simple nivel s\u00ed\u00adgnico, en cuanto que act\u00faa lo que significa. Todo gesto lit\u00fargico puede, por tanto, ser aceptado s\u00f3lo si puede superar el doble examen de la adaptaci\u00f3n cultural y del simbolismo sacramental; este \u00faltimo, como se ha visto, efectuado mediante una confrontaci\u00f3n con las categor\u00ed\u00adas de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Los gestos en la liturgia<br \/>\nEl doble nivel que hemos indicado encuentra su inmediata correspondencia en la conciencia que la SC tiene del hecho de que la liturgia \u00abconsta de una parte que es inmutable, por ser de instituci\u00f3n divina, y de otras partes sujetas al cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aun deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden tan bien a la naturaleza \u00ed\u00adntima de la misma liturgia o han llegado a ser menos apropiados. En esta forma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas f\u00e1cilmente y participar en ellas por medio de una celebraci\u00f3n plena, activa y comunitaria\u00bb(SC 21).<\/p>\n<p>1. NECESIDAD DE FORMACI\u00ed\u201cN PARA LA EXPRESI\u00ed\u201cN GESTUAL. Pero  no basta la reforma lit\u00fargica para que se alcance esa meta. Si \u00abde la liturgia&#8230; se obtiene&#8230; la santificaci\u00f3n de los hombres en Cristo y la glorificaci\u00f3n de Dios\u00bb (SC 10), para realizar esto \u00abes necesario que los fieles [&#8230;] pongan su alma en consonancia con su voz\u00bb (SC 11): es la regla de oro sugerida ya por Tertuliano y por Cipriano. \u00abPor esta raz\u00f3n, los pastores de almas deben vigilar para que en la acci\u00f3n lit\u00fargica no s\u00f3lo se observen las leyes relativas a la celebraci\u00f3n v\u00e1lida y l\u00ed\u00adcita, sino tambi\u00e9n para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente (SC 11; cf 14; 19; 48; PO 5). Ahora bien, el compromiso formativo de los pastores, orientado a que los fieles particulares se vean implicados en las acciones sagradas de diversas maneras \u00abseg\u00fan la diversidad de \u00f3rdenes, funciones y participaci\u00f3n actual\u00bb (SC 26), deber\u00e1 tener por objeto \u00ablas aclamaciones&#8230;, las respuestas, la salmodia, las ant\u00ed\u00adfonas, los cantos, y tambi\u00e9n las acciones o gestos y posturas corporales\u00bb (SC 30).<\/p>\n<p>2. Los GESTOS EN LOS NUEVOS \u00abRITUALES\u00bb. Para ayudar a esta obra formativa, creemos que puede ser \u00fatil ante todo darse cuenta de lo amplia que es la componente gestual de los nuevos Rituales reformados.<\/p>\n<p>a) Ordenaci\u00f3n general del Misal Romano. La OGMR nos recuerda que \u00abla postura uniforme seguida por todos los que toman parte en lacelebraci\u00f3n es un signo de comunidad y unidad de la asamblea, ya que expresa y fomenta al mismo tiempo la unanimidad (mens et animi sensus) de todos los participantes (n. 20). Inmediatamente se dice cu\u00e1les son estas posturas corporales: el estar de pie (al empezar el canto de entrada, o mientras el sacerdote se acerca al altar, hasta la colecta, incluida; durante la proclamaci\u00f3n del evangelio; durante la profesi\u00f3n de fe y la oraci\u00f3n universal; de la oraci\u00f3n sobre las ofrendas en adelante); el estar sentados (durante la proclamaci\u00f3n de las lecturas que preceden al evangelio y durante el salmo responsorial; en la homil\u00ed\u00ada y durante la preparaci\u00f3n de las ofrendas; si se considera oportuno, despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, durante el silencio sagrado); el estar de rodillas (en la consagraci\u00f3n, si no existen motivos v\u00e1lidos para no hacerlo) (n. 21). Estas son las tres posturas principales que adopta la asamblea durante toda celebraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>Se sabe que el estar de pie -signo por excelencia del Resucitado (cf G\u00e1l 5:1; Efe 6:14; Apo 5:6; Apo 7:9; Apo 15:2)- es por una parte expresi\u00f3n de atenci\u00f3n y de respeto hacia la palabra de Dios (Eze 2:1): Jes\u00fas mismo de hecho se incorpora para leer a Isa\u00ed\u00adas en la sinagoga de Nazaret (Luc 4:16); y es al mismo tiempo la posici\u00f3n de quien ora a Dios (Mar 11:25; Luc 18:11-13), indicada tambi\u00e9n por Tertuliano (De oratione 16,3), por Or\u00ed\u00adgenes (La oraci\u00f3n 31,2) y por la Traditio apostolica de Hip\u00f3lito por no dar sino algunos ejemplos. El estar de rodillas, que ha sustituido a la postraci\u00f3n, tiene la doble connotaci\u00f3n penitencial y de oraci\u00f3n intensa (Mar 14:35; Mat 36:29; Luc 6:12; Luc 22:41; Mar 1:40; Mar 5:22; Mar 7:25; Mar 10:19). En cambio, est\u00e1 sentado el que ense\u00f1a con autoridad. Mateo presenta a Jes\u00fas sentado durante el discursode las bienaventuranzas (Mat 5:1), seg\u00fan la costumbre oriental; as\u00ed\u00ad lo presenta Lucas en Nazaret (Luc 4:20), y Juan en el pozo de Sicar (Jua 4:6; cf tambi\u00e9n 8,2.7). Pero es tambi\u00e9n la postura de quien escucha atentamente al que ense\u00f1a (como en Mar 3:31-35; Luc 10:39; 1Co 14:30; Heb 20:9).<\/p>\n<p>A estas tres actitudes principales se a\u00f1aden algunos gestos o acciones. Si las examinamos seg\u00fan la marcha de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, encontramos en primer lugar la procesi\u00f3n de entrada (OGMR 25-26; 82-84) -se remonta al s. VII-VIII, seg\u00fan los testimonios del Ordo Romanus I &#8211; acompa\u00f1ada del canto. Los fieles toman conciencia de la acci\u00f3n que est\u00e1 comenzando y son introducidos en el misterio del tiempo lit\u00fargico, invitados a reconocerse asamblea itinerante hacia Cristo simbolizado por el altar, que el sacerdote y el di\u00e1cono saludan y despu\u00e9s veneran con el beso (OGMR 27). Se presta demasiado poca atenci\u00f3n -probablemente por culpa de quien preside- al signo de la cruz inicial acompa\u00f1ado de las palabras de la f\u00f3rmula trinitaria bautismal, a las que la asamblea responde con el am\u00e9n, reconoci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad cristiana. Luego el sacerdote, vuelto hacia el pueblo y extendiendo los brazos, lo saluda, anunciando a la comunidad reunida la presencia del Se\u00f1or. En este primer di\u00e1logo se manifiesta \u00abel misterio de la iglesia consagrada\u00bb (OGMR 28 y 86). Se trata de signos, miradas, gestos bastante sencillos, pero important\u00ed\u00adsimos, si se piensa que de la atm\u00f3sfera que ellos crean nace la disponibilidad para el acto penitencial. El ordinario de la misa recuerda que durante el Yo confieso ante Dios todopoderoso&#8230;, cuando se llega a las palabras por mi culpa&#8230; el sacerdote y los fieles se golpean el pecho en se\u00f1al de humilde arrepentimiento<br \/>\nTerminada la oraci\u00f3n colecta, la asamblea se sienta; es el tiempo de la escucha: \u00abDios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la redenci\u00f3n y salvaci\u00f3n y le ofrece alimento espiritual\u00bb (OGMR 33). As\u00ed\u00ad alimentado, a continuaci\u00f3n, el pueblo orar\u00e1 en la oraci\u00f3n universal. El evangelio se escucha de pie, en se\u00f1al de particular respeto: los fieles reconocen a Cristo presente y lo escuchan (OGMR 35). En la profesi\u00f3n de fe (el credo), mientras se pronuncian las palabras \u00ab&#8230; y por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; y se hizo hombre\u00bb, todos se inclinan (el 25 de marzo y el 25 de diciembre hacen una genuflexi\u00f3n) (OGMR 98; 234b) .<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n universal viene la segunda procesi\u00f3n, la del ofertorio \u00ab. Durante esta procesi\u00f3n comienza el canto (OGMR 17b; 50; 100), que, por tanto, se elegir\u00e1 de acuerdo con la acci\u00f3n a la que acompa\u00f1a (cf SC 112). Antes de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, el sacerdote lleva a cabo una purificaci\u00f3n, lav\u00e1ndose las manos: significando el deseo de pureza interior (OGMR 52), este gesto se introduce con la oraci\u00f3n de Azar\u00ed\u00adas (Dan 3:39): in spiritu humilitatis et in animo contrito&#8230;, pronunciada inclinado (v\u00e9ase el ordinario de la misa).<\/p>\n<p>Desde este momento la atenci\u00f3n se dirige exclusivamente a la mesa, donde Cristo, representado por el sacerdote, sigue haciendo presente en la iglesia el sacrificio de la cruz (OGMR 48). Tras el canto del Santo, la asamblea, con los corazones ya totalmente vueltos hacia el Se\u00f1or, se asocia a la solemne oraci\u00f3n que el sacerdote, en nombre de todos, dirige al Padre por medio de Jesucristo (OGMR 54). La postura que caracteriza al sacerdote durante la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es la de los brazos extendidos, t\u00ed\u00adpica de la oraci\u00f3n presidencial; los fieles, en cambio, est\u00e1n de rodillas, como exige la intensa participaci\u00f3n. Con las manos extendidas sobre las ofrendas, el sacerdote invoca el Esp\u00ed\u00adritu Santo (v\u00e9ase la r\u00fabrica en las oraciones eucar\u00ed\u00adsticas). Despu\u00e9s de haber pronunciado las palabras de Jes\u00fas sobre el pan y el vino, el sacerdote los presenta al pueblo: en otros tiempos esto era algo as\u00ed\u00ad como una comuni\u00f3n ocular (en la concelebraci\u00f3n, las palabras del Se\u00f1or se acompa\u00f1an, \u00absi parece conveniente\u00bb, del gesto de cada uno de los celebrantes de extender la mano derecha hacia el pan y el c\u00e1liz OGMR 174c; 180c; 188c). En cambio, se presta m\u00e1s atenci\u00f3n al gesto que acompa\u00f1a la doxolog\u00ed\u00ada al final de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica: la gran elevaci\u00f3n; ratificada por el am\u00e9n de los fieles, expresa de manera solemne el movimiento ascensional de ofrenda hacia el Padre mediante Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Otro gesto significativo, por desgracia v\u00ed\u00adctima de la rutina, es el rito de la paz (OGMR 56b; 112): con \u00e9l los fieles imploran la paz y la unidad (Rom 16:16; 1Co 16:20; 2Co 13:12; 1Pe 5:14) para la iglesia y para toda la familia humana, y se expresan un amor rec\u00ed\u00adproco antes de tomar el \u00fanico pan. En algunos grupos (los neocatecumenales, por ejemplo) se ha recuperado el uso de insertar el signo de la paz inmediatamente despu\u00e9s de la oraci\u00f3n de los fieles (como hace la liturgia ->ambrosiana). De todas formas, nos parece todav\u00ed\u00ada v\u00e1lida la respuesta del papa Inocencio I en la carta del a\u00f1o 416 al obispo Decencio de Gubbio, que le hab\u00ed\u00ada preguntado tambi\u00e9n sobre esto: \u00abLa paz debe proclamarse despu\u00e9s [de la celebraci\u00f3n de los misterios]&#8230; De hecho, est\u00e1 claro que, por medio de ella, el pueblo da su consentimiento a lo que se ha realizado en los misterios y celebrado en la iglesia: el cumplimiento de todo esto se pone de manifiesto por medio de la paz, que viene a sellar la conclusi\u00f3n\u00bb. Tanto m\u00e1s que en el Misal Romano de Pablo VI el rito de la paz tiene una estructura precisa: 1. Oraci\u00f3n por la paz: \u00abSe\u00f1or Jesucristo, que dijiste&#8230;\u00bb; 2. Anuncio de la paz: \u00abLa paz del Se\u00f1or sea siempre con vosotros\u00bb; 3. Invitaci\u00f3n: \u00abDaos fraternalmente la paz\u00bb.<\/p>\n<p>Uno de los nombres de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica deriva del gesto de la fracci\u00f3n del pan. Realizado por el mismo Cristo, significa que nosotros, pese a ser muchos, nos hacemos un solo cuerpo en la comuni\u00f3n de un solo pan de vida, Cristo (1Co 10:17) (OGMR 56c; 113). Con la tercera procesi\u00f3n, los fieles se acercan a recibir el cuerpo de Cristo Tambi\u00e9n \u00e9sta va acompa\u00f1ada del canto, que, en este caso, \u00abdebe expresar, por la uni\u00f3n de las voces, la uni\u00f3n espiritual de quienes comulgan\u00bb (OGMR 56i).<\/p>\n<p>En d\u00ed\u00adas o circunstancias particulares, antes de la despedida, el sacerdote saluda y bendice al pueblo con una oraci\u00f3n particular (OGMR 57a; 124): el pueblo es invitado a inclinarse para la bendici\u00f3n; el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendici\u00f3n, que concluye con el signo de la cruz. Con la despedida termina la celebraci\u00f3n en la iglesia, pero en cambio contin\u00faa en la vida (OGMR 57b).<\/p>\n<p>b) Ritual del Bautismo de Ni\u00f1os. Para comprender los gestos que se realizan en el rito del ->bautismo es importante captar el dinamismo sacramental. El bautismo se\u00f1ala el ingreso en la vida y en el reino, es incorporaci\u00f3n a Cristo y, por su pascua, ba\u00f1o de regeneraci\u00f3n, adopci\u00f3n como hijos de Dios, consagraci\u00f3n por la Trinidad. Reci\u00e9n acogido en la iglesia, el bautizado essignado en la frente (RBN 114) por el sacerdote, por los padres y los padrinos. La liturgia de la palabra termina con la unci\u00f3n del pecho, signo de salvaci\u00f3n adquirida con la lucha en la fuerza de Cristo (RBN 120). La liturgia del sacramento se abre con la bendici\u00f3n del agua, que es tocada por el sacerdote (RBN 123). Despu\u00e9s, tras la renuncia y la profesi\u00f3n de fe, sigue el bautismo con las tres inmersiones o infusiones (RBN 128), y, a continuaci\u00f3n, la unci\u00f3n con el sagrado crisma en la cabeza del bautizado (RBN 129), signo de consagraci\u00f3n. La vestidura blanca y el cirio encendido sirven para indicar la continuidad de la nueva realidad en la que han sido introducidos los bautizados A discreci\u00f3n. de la conferencia episcopal, sigue el rito del Effet\u00e1, mediante el cual se recuerda el compromiso de la escucha y del anuncio de la palabra de Dios (RBN 132).<\/p>\n<p>c) Ritual de la Confirmaci\u00f3n. El don particular (peculiare donum) del Esp\u00ed\u00adritu Santo, por su estrecha relaci\u00f3n con el bautismo, se llama ->confirmaci\u00f3n. Pasados, en el bautismo, de las tinieblas a la luz, en la confirmaci\u00f3n, mediante la unci\u00f3n del crisma, los cristianos son conformados plenamente con Cristo, de quien deben difundir el \u00abbonus odor\u00bb\u00bb. El actual complejo del RC no es de los m\u00e1s claros. De hecho, encontramos una imposici\u00f3n de manos sobre todos los confirmandos (n. 32), a la que sigue la crismaci\u00f3n (n. 34). En los praenotanda al rito, sin embargo, se dice (n. 9) que la unci\u00f3n con el crisma \u00abse hace con la imposici\u00f3n de la mano\u00bb, precisando que la precedente \u00abimposici\u00f3n de las manos, que se hace sobre los confirmandos&#8230; no pertenece a la validez del sacramento\u00bb; o sea, no forma parte de la esencia del rito sacramental En espera de unaulterior clarificaci\u00f3n, siguen siendo v\u00e1lidas las palabras de Tertuliano, que explican el sentido de los gestos que acompa\u00f1an a los sacramentos llamados de la ->iniciaci\u00f3n cristiana: \u00abSe lava la carne, para que el alma quede libre de toda mancha; se unge la carne, para que el alma sea consagrada; se signa la carne, para que tambi\u00e9n el alma sea fortalecida; se da sombra a la carne por la imposici\u00f3n de las manos, para que tambi\u00e9n el alma sea iluminada por el Esp\u00ed\u00adritu; la carne se alimenta del cuerpo y la sangre de Cristo, para que tambi\u00e9n el alma se nutra abundantemente de Dios\u00bb .<\/p>\n<p>d) Ritual de la Penitencia. El gesto pascual de Cristo victorioso sobre la muerte y sobre el pecado resplandece extraordinariamente en el bautismo, y m\u00e1s a\u00fan en el sacramento de la ->penitencia. En el rito de este sacramento no encontramos un complejo gestual, sino m\u00e1s bien la construcci\u00f3n de un clima particular: \u00abEl sacerdote acoja al penitente con caridad fraternal y, si es oportuno, sal\u00fadele con palabras de afecto\u00bb (RP 16). El signo de la cruz abre la celebraci\u00f3n. En el RP, el gesto principal es el que acompa\u00f1a a la f\u00f3rmula de absoluci\u00f3n, pronunciada por el sacerdote \u00abimponiendo sus dos manos, al menos la derecha, sobre la cabeza del penitente\u00bb (RP 19; 102; 133; 151) y haciendo despu\u00e9s el signo de la cruz, mientras dice: \u00abYo te absuelvo&#8230;\u00bb. Tampoco en este caso se trata de un gesto nuevo: ya se hallaba en el Rituale Romanum de Pablo V, de 1614&#8243;; antes todav\u00ed\u00ada en el Gelasiano, y probablemente ya en la praxis penitencial de la primera iglesia; en cambio es nuevo, respecto al AT, su significado eclesiol\u00f3gico y pneumatol\u00f3gico, expresado en la actual f\u00f3rmula de reconciliaci\u00f3n: \u00abDios Padre misericordioso, que [&#8230;.] derram\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo para la remisi\u00f3n de los pecados, te conceda, por el ministerio de la iglesia&#8230;\u00bb (RP 102).<\/p>\n<p>e) Ritual de la Unci\u00f3n y de la pastoral de enfermos. La -> unci\u00f3n de los enfermos no es el sacramento de los cristianos moribundos (SC 73), sino el servicio que presta la iglesia al mismo Cristo en los miembros sufrientes de su cuerpo m\u00ed\u00adstico siguiendo su ejemplo (cf RUE 5). El doble gesto de la imposici\u00f3n de manos y de la unci\u00f3n (RUE 143-149) en un contexto de infirmitas tiene ra\u00ed\u00adces profundas en el NT (Mat 9:18; Mar 6:13; Mar 16:18; Luc 4:40; Luc 13:13) \u00bb y halla su promulgaci\u00f3n en Stg 5:13-16. Con \u00e9l se muestra la fuerza consoladora del Esp\u00ed\u00adritu y su unci\u00f3n sanante (RUE 144). Justamente, la \u00faltima de las letan\u00ed\u00adas pide que mediante la imposici\u00f3n de las manos y la unci\u00f3n obtenga el enfermo vida y salvaci\u00f3n (RUE 136), sea que sane, sea que Cristo se lo lleve consigo y se asocie a su pasi\u00f3n y a su muerte (RUE 5).<br \/>\nf) Ritual del Matrimonio. En el decurso de la historia, el -> matrimonio, con no pocas dificultades, ha pasado del \u00e1mbito de la sociedad civil al eclesial-sacramental. Tambi\u00e9n su fin primario ha sido reformulado en el nuevo CIC de 1983. Como la vida es para el bautizado el lugar de expresi\u00f3n del propio bautismo, as\u00ed\u00ad el estado matrimonial es para los c\u00f3nyuges el lugar en que expresan su matrimonio, pacto de fidelidad que se renueva continuamente. En el rito, el gesto de darse la mano (RM 94) expresa delante de Dios y de la iglesia el mutuo consentimiento a la uni\u00f3n matrimonial. El intercambio del anillo (RM 97) es signo del amor fiel hasta la eternidad. El gesto m\u00e1s importante sigue siendo, en cambio, el matrimonio mismo, en el que los dos esposos, con el don e intercambio de s\u00ed\u00ad mismos, son imagen de la unidad y del amor fecundo entre Cristo y la iglesia (Efe 5:32).<\/p>\n<p>g) Ritual de \u00ed\u201crdenes. La const. apost. Pontificalis Romani define como materia para la concesi\u00f3n del -> orden la imposici\u00f3n de manos hecha en silencio (RO 20; 20; 17; 24; 24). El ordenando est\u00e1 de rodillas delante del obispo. Junto a este gesto (sobre el que nos detendremos [-> infra, 3]) hay una serie de otros gestos caracter\u00ed\u00adsticos de los tres grados del sacerdocio.<\/p>\n<p>Para la ordenaci\u00f3n episcopal se mencionan la imposici\u00f3n del libro de los evangelios abierto sobre la cabeza del candidato durante la oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n (RO 25-27): indica la estrecha conexi\u00f3n entre el ministerio episcopal y la palabra de Dios anunciada con el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo; la unci\u00f3n de la cabeza del ordenado (RO 28), signo del sumo sacerdocio de Cristo, del que se participa; la entrega de los evangelios (RO 19), signo del ministerio del anuncio de la palabra de Dios; la entrega del anillo (RO 30), signo de fidelidad y de integridad de la fe y pureza de vida con que el obispo custodia a la iglesia, esposa de Cristo; la entrega del b\u00e1culo (RO 32), signo del ministerio de pastor. Tambi\u00e9n forma parte de estos ritos explicativos la entrega de la mitra (RO 31) y la ocupaci\u00f3n de la c\u00e1tedra (RO 33).<\/p>\n<p>Para la ordenaci\u00f3n presbiteral se recuerdan: el gesto funcional de la vestici\u00f3n (RO 23); la unci\u00f3n de las palmas de las manos (RO 24), que Amalario, hacia el a\u00f1o 825, refiere a la costumbre lev\u00ed\u00adtica de N\u00fam 3:3 : es signo del ministerio sacerdotal vivido en relaci\u00f3n con Cristo, que el Padre ha consagrado en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (RO 24); la entrega del pan y del vino (RO 26), signo del ministerio-misterio eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>Para la ordenaci\u00f3n diaconal se recuerdan, finalmente, la vestici\u00f3n (RO 22) y la entrega de los evangelios (RO 24).<\/p>\n<p>Comunes a los tres grados son las postraciones durante las letan\u00ed\u00adas (RO 18; 18; 21), signo de intensa oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La imposici\u00f3n de manos es hecha por todos los obispos en la ordenaci\u00f3n episcopal (RO 24), por el obispo y los sacerdotes para la ordenaci\u00f3n sacerdotal (RO 20-21); pero s\u00f3lo por el obispo, y no por los sacerdotes, en la ordenaci\u00f3n diaconal (RO 20), signo de la estrecha relaci\u00f3n existente entre obispo y di\u00e1cono.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo gesto, que pertenece s\u00f3lo a la ordenaci\u00f3n presbiteral y diaconal -y es f\u00e1cil comprender el motivo de ello-, acompa\u00f1a a la promesa de obediencia: el elegido, de rodillas, pone las propias manos juntas entre las del obispo, signo evidente de dependencia\u00bb (RO 16; 16).<\/p>\n<p>h) Ordenaci\u00f3n general de la Liturgia de las Horas. Tambi\u00e9n en la ->liturgia de las Horas se sugieren algunas posiciones rituales y algunos gestos. OGLH 263-266 recuerdan el estar de pie, sentados, el signo de la cruz, etc. Lo que nos interesa subrayar, sin embargo, es que la liturgia de las Horas, en cuanto santificaci\u00f3n del tiempo (OGLH 10), es signo de la asidua comuni\u00f3n de la iglesia con Cristo por medio del Esp\u00ed\u00adritu (OGLH 1-2; 9; 20): por tanto, la mente ha de estar de acuerdo con la voz (OGLH 19), para poder recordar la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or por la ma\u00f1ana (OGLH 38); y, por la tarde, elevar las manos imitando el gesto de Jes\u00fas, que ofrece al Padre su jornada terrena (OGLH 39). En este contexto, tampoco el canto es ya un ornamento a\u00f1adido a la oraci\u00f3n, sino que brota de lo m\u00e1s profundo de la persona que ora a Dios, y manifiesta de manera total y perfecta el car\u00e1cter comunitario del culto cristiano (OGLH 270).<\/p>\n<p>3. LA IMPOSICI\u00ed\u201cN DE LAS MANOS. Este gesto, aun en su significado polivalente, es en el NT eminentemente pneumatol\u00f3gico (cf Heb 8:17; Heb 19:6; 1Ti 4:14). Por esta riqueza de significados \u00ab, exige una ulterior precisi\u00f3n. Se encuentra, facultativo, en el bautismo (OBP 17,51: ed. latina; RBN 120); obligatorio en la confirmaci\u00f3n, en la ep\u00ed\u00adclesis eucar\u00ed\u00adstica, en la ordenaci\u00f3n, en la penitencia, en la unci\u00f3n de los enfermos. En el caso del bautismo es un gesto de exorcismo unido al catecumenado, seg\u00fan el testimonio de Hip\u00f3lito en la Traditio apostolica (n. 20). Para la confirmaci\u00f3n, la imposici\u00f3n de manos durante la crismaci\u00f3n es un gesto epicl\u00e9tico especial, estrechamente unido a la esencia del sacramento. Su sentido est\u00e1 muy claro en las oraciones eucar\u00ed\u00adsticas, ya que aqu\u00ed\u00ad aparece unido a una f\u00f3rmula precisa epicl\u00e9tica: \u00abBendice y acepta, oh Padre, esta ofrenda haci\u00e9ndola espiritual\u00bb (plegaria I); \u00ab[Santo eres en verdad, Se\u00f1or&#8230;], santifica estos dones con la efusi\u00f3n de tu Esp\u00ed\u00adritu&#8230;\u00bb (plegaria II); \u00ab[&#8230;] santifiques por el mismo Esp\u00ed\u00adritu estos dones&#8230;. (plegaria III); \u00ab[&#8230;] este mismo Esp\u00ed\u00adritu santifique, Se\u00f1or, estas ofrendas&#8230;\u00bb (plegaria IV). Es esencial en el rito de ordenaci\u00f3n, como se dice en la constituci\u00f3n apost\u00f3lica RO, pp. 11-12: \u00abLa materia de la ordenaci\u00f3n del di\u00e1cono (de los presb\u00ed\u00adteros, del obispo) es la imposici\u00f3n de las manos del obispo, hecha en silencio a cada uno de los ordenandos (del elegido) antes de la oraci\u00f3n consagratoria\u00bb (cf LG 21). Acerca de la imposici\u00f3n de las manos para la absoluci\u00f3n sacramental, ya se ha citado (nota 53) 1Ti 5:22. Pero no se debe olvidar de ninguna manera la funci\u00f3n del \u00abEsp\u00ed\u00adritu Santo, que vuelve a santificar (iterum) su templo\u00bb (RP 6,d). En la unci\u00f3n de los enfermos, finalmente, el gesto se\u00f1ala la presencia del Esp\u00ed\u00adritu sanante de Cristo resucitado, y tiene las caracter\u00ed\u00adsticas de la bendici\u00f3n (RUE 144).<\/p>\n<p>IV. Unidad en la diversidad<br \/>\nLa iglesia, cuando no est\u00e1 en peligro la fe o el bien com\u00fan, no pretende imponer, ni siquiera en la liturgia, una r\u00ed\u00adgida uniformidad (SC 37). Teniendo presente este principio, encontramos ritos diversos para los mismos sacramentos. En la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, por ejemplo, se reconocen por lo menos tres diversas formas de celebraci\u00f3n (cf OGMR 74-76). El principio es importante, porque con \u00e9l se reconoce una leg\u00ed\u00adtima diversidad en la unidad del misterio celebrado. Es f\u00e1cil de comprender que el complejo gestual en una celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica presidida por el obispo en la catedral, por seguir con el tema, puede y debe ser diverso del de una eucarist\u00ed\u00ada dom\u00e9stica. Conocido el principio, ser\u00ed\u00ada conveniente entonces que los sacerdotes, los catequistas y los dem\u00e1s ministros hicieran un buen esfuerzo por profundizar en los t\u00e9rminos de la gestualidad lit\u00fargica, estimulados por sus obispos, para que, en vez de bloquear desde los or\u00ed\u00adgenes las propuestas que surgieran al respecto, ellos mismos se hicieran instrumentos de profundizaci\u00f3n y de cr\u00ed\u00adtica constructiva cuando fuese necesario M~. Efectivamente, es mejor que aparezca la unidad en Cristo que no el gregarismo de los cristianos.<\/p>\n<p>V. Hacia una teolog\u00ed\u00ada del gesto lit\u00fargico<br \/>\nLa repetici\u00f3n del gesto lit\u00fargico en un ritualismo rutinario puede interpretarse de dos formas. Alguien podr\u00e1 decir: \u00abEs in\u00fatil esforzarse; a fin de cuentas, los gestos son siempre los mismos; lo importante es ser cada vez mejores\u00bb. Desde esta posici\u00f3n, todo el mundo lit\u00fargico asume una connotaci\u00f3n moralista, intimista. Est\u00e1, en cambio, la postura b\u00ed\u00adblica de los que interpretan la propia precaria corporeidad, con todas las pobrezas que comporta (rutina, enfermedad, incomunicabilidad, soledad, muerte), como el lugar hist\u00f3rico del triunfo de Cristo que viene, como el templo vivo (cf Ireneo, Adv. haer., IV, 20,7) consagrado por el Esp\u00ed\u00adritu del Hijo, enviado por el Padre, por el cual alzan la voz gritando: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo, t\u00fa, el Maestro, el Santo, el Veraz, vas a esperar a hacer justicia?\u00bb (Apo 6:10), y, sinti\u00e9ndose esposa, con la voz del Esp\u00ed\u00adritu dicen: \u00abVen, ven, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Apo 22:17.20). Volviendo a Tertuliano, no deber\u00ed\u00adamos olvidar su invitaci\u00f3n a tomar conciencia de que \u00abcaro salutis est cardo\u00bb.<\/p>\n<p>C. Cibien<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Aldaz\u00e1bal J., Gestos y s\u00ed\u00admboIos, 2 vols., \u00abDossiers del CPL\u00bb 24-25, Barcelona 1984; Las posturas del cuerpo, en \u00abOraci\u00f3n de las Horas\u00bb 4 (1985) 109-116; Di Mpasi Londi, Liberaci\u00f3n de la expresi\u00f3n corporal en la liturgia africana, en \u00abConcilium\u00bb 152 (1980) 232-244; Filthaut Tb., La formaci\u00f3n lit\u00fargica, Herder, Barcelona 1963, 119-133; Laurentin A., liturgia en construcci\u00f3n. Los gestos del celebrante, Marova, Madrid 1967; Martimort A.G., La iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19672, 188-196; Orensanz A., Recuperaci\u00f3n secular de las ceremonias, en \u00abPhase\u00bb 90 (1975) 453-468; Picasso G., Genuflexi\u00f3n, en DE 2, Herder, Barcelona 1983, 164; Ramos M., Palabra y signos en la constituci\u00f3n de liturgia, en \u00abNotitiae\u00bb 212 (1984) 202-211; Righetti M., Historia de la Liturgia 1, BAC 132, Madrid 1955, 329-382; Sciadini P., Gestos, en DE 2, Herder, Barcelona 1983, 169-170; Sequeira A.R., Recuperaci\u00f3n del movimiento en la liturgia, en \u00abConcilium\u00bb 152 (1980) 282-288; Vergote A., Gestos y acciones simb\u00f3licas en la liturgia, ib, 62 (1971) 198-211.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>El hombre oriental tiene mayor inclinaci\u00f3n a los gestos f\u00edsicos que el occidental. Como ser\u00eda de esperar, por lo tanto, la Biblia registra numerosos gestos. Podemos dividirlos en tres categor\u00edas generales: primero, las reacciones f\u00edsicas naturales ante ciertas circunstancias; segundo, gestos convencionales o acostumbrados; tercero, acciones simb\u00f3licas deliberadas. Los gestos del primer tipo son involuntarios, mientras que a menudo los del segundo tienden a serlo por la fuerza de la costumbre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No se registran muchos gestos de la primera categor\u00eda; la Biblia no menciona, por ejemplo, los encogimientos de hombros y los movimientos de cabeza de los narradores. Se\u00f1ales hechas con las manos, con diferentes prop\u00f3sitos, se mencionan en Mt. 12.49 y Hch. 12.17. Las circunstancias de la gente que lo rodeaba tambi\u00e9n hicieron que Jes\u00fas suspirara (Mr. 7.34) y llorara (Jn. 11.35).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En la Escritura se encuentra gran n\u00famero de acciones convencionales. Cuando se saludaba a un superior, la persona deb\u00eda inclinarse profundamente, y quiz\u00e1s besarle la mano. Cuando los amigos se saludaban deb\u00edan tomarse del ment\u00f3n o la barba y besarse. Lc. 7.44\u201346 registra los gestos acostumbrados de la hospitalidad. El menosprecio se expresaba agitando la cabeza y haciendo gestos con la boca (Sal. 22.7). En el comercio se cerraba un trato con un apret\u00f3n de manos (Pr. 6.1, cf. <\/span><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''>; en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> el gesto no se evidencia). Pena extrema se expresaba rasg\u00e1ndose las vestiduras y arroj\u00e1ndose polvo sobre la cabeza. Esta categor\u00eda tambi\u00e9n incluia las actitudes f\u00edsicas adoptadas para la oraci\u00f3n y la bendici\u00f3n. N\u00f3tense tamb. Ex. 6.6 e Is. 65.2.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La acci\u00f3n simb\u00f3lica era un m\u00e9todo de instrucci\u00f3n prof\u00e9tica; Ezequiel, en particular, la usaba frecuentemente, y muchas de las acciones de Jes\u00fas eran de naturaleza simb\u00f3lica. Con frecuencia tocaba a los que quer\u00eda sanar; sopl\u00f3 cuando imparti\u00f3 a los disc\u00edpulos el Esp\u00edritu Santo (Jn. 20.22). N\u00f3tese tambi\u00e9n el elocuente gesto de Pilato en Mt. 27.24. V\u00e9ase igualmente * <span style='text-transform:uppercase'>Pie<\/span>., * <span style='text-transform:uppercase'>Mano<\/span>, * <span style='text-transform: uppercase'>Cabeza<\/span>, etc.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn247\" name=\"_ftnref247\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.F.P.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Hacia una metodolog\u00ed\u00ada de aproximaci\u00f3n al gesto lit\u00fargico: 1. Las \u00abconstantes\u00bb b\u00ed\u00adblicas de la gestualidad: a) La elecci\u00f3n de una mujer para Isaac, hijo de Abrah\u00e1n, b) David transporta el arca a Jerusal\u00e9n, c) La oraci\u00f3n de Salom\u00f3n para la consagraci\u00f3n del templo, d) Conclusiones previas; 2. Fundamento cristol\u00f3gico de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gestos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abGESTOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17142","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17142","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17142"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17142\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17142"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17142"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17142"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}