{"id":17151,"date":"2016-02-05T11:09:53","date_gmt":"2016-02-05T16:09:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lugares-de-celebracion\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:53","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:53","slug":"lugares-de-celebracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lugares-de-celebracion\/","title":{"rendered":"LUGARES DE CELEBRACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El marco de la celebraci\u00f3n y su g\u00e9nesis: 1. El templo del Dios viviente; 2. Las casas de oraci\u00f3n del s. iii; 3. El florecimiento de las bas\u00ed\u00adlicas cristianas: a) La bas\u00ed\u00adlica, b) Los anejos de la bas\u00ed\u00adlica (baptisterio, \u00abmartyrium\u00bb, torres y campanarios, cementerio); 4. Teolog\u00ed\u00ada de la bas\u00ed\u00adlica: a) La estructura basilical, b) Los instrumentos de la celebraci\u00f3n (c\u00e1tedra episcopal, amb\u00f3n, altar) &#8211; II. Tiempos nuevos, formas nuevas: 1. La edad media: a) Evoluci\u00f3n de la celebraci\u00f3n, b) Adaptaci\u00f3n de los edificios; 2. Los tiempos modernos: a) Las orientaciones del concilio de Trento, b) Adaptaci\u00f3n de las iglesias &#8211; III. La legislaci\u00f3n del Vat. II: 1. Las prescripciones del concilio; 2. La renovaci\u00f3n de las iglesias: a) La instrucci\u00f3n \u00ed\u00adnter oecumenici, b) El edificio-iglesia, epifan\u00ed\u00ada de la \u00abiglesia\u00bb (el marco de una celebraci\u00f3n comunitaria, el altar \u00fanico, la sede del que preside, el lugar donde se anuncia la palabra de Dios, las misas para grupos particulares, el culto de la sant\u00ed\u00adsima reserva eucar\u00ed\u00adstica, el baptisterio, el lugar de la reconciliaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Los lugares de celebraci\u00f3n del culto cristiano son m\u00faltiples. Han cobrado, a lo largo de los siglos y en las divergencias de las culturas, formas diferenciadas entre s\u00ed\u00ad, aun conservando los mismos elementos constitutivos. Bas\u00ed\u00adlicas romanas; iglesias sir\u00ed\u00adacas y bizantinas, abaciales carolingias y otonianas; catedrales de Espa\u00f1a, de Francia, de Alemania y de Inglaterra; chozas de ramas en la selva tropical&#8230;, todas cumplen la misma funci\u00f3n lit\u00fargica: albergar a la -> asamblea de los fieles para la -> celebraci\u00f3n de los -> misterios. En el intento de captar sus estructuras fundamentales en la diversidad de las respectivas formas es oportuno considerar c\u00f3mo el cristianismo ha suscitado el surgimiento de lugares espec\u00ed\u00adficos para su culto, y c\u00f3mo \u00e9stos se han diversificado seg\u00fan las necesidades de cada lugar y cada tiempo.<\/p>\n<p>I. El marco de la celebraci\u00f3n y su g\u00e9nesis<br \/>\nCuando se constituyeron las primeras comunidades cristianas, sus relaciones con el ambiente religioso del entorno no fueron las mismas en el mundo jud\u00ed\u00ado de Palestina o de la di\u00e1spora y en el mundo pagano. La ruptura con el juda\u00ed\u00adsmo se manifest\u00f3 pronto en el plano de la fe, ya que el universalismo cristiano y la libertad de Jes\u00fas frente a la ley se mostraron pronto incompatibles con el particularismo y el legalismo jud\u00ed\u00ado. Pero los modos de expresi\u00f3n del culto siguieron siendo semejantes: los cristianos de Jerusal\u00e9n continuaron frecuentando el templo hasta su destrucci\u00f3n en el a\u00f1o 70. Esta destrucci\u00f3n, al provocar la desaparici\u00f3n de la liturgia sacrificial, quit\u00f3 de en medio un elemento capital de ruptura entre juda\u00ed\u00adsmo y cristianismo, lo cual explica la persistencia de comunidades judeo-cristianas hasta la mitad del s. Iv.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n los cristianos continuaron frecuentando las sinagogas, que entonces proliferaban (Roma contaba con trece en el s. I). Quiz\u00e1 pose\u00ed\u00adan sinagogas propias, como deja entender la carta de Santiago (2,2-4: reuni\u00f3n = sinagoga). La vivienda de un hermano u otro se abr\u00ed\u00ada a la comunidad de los creyentes para la oraci\u00f3n en com\u00fan y para la fracci\u00f3n del pan, como suced\u00ed\u00ada entre los jud\u00ed\u00ados para la comida ritual de fraternidad. Con el mundo pagano, por el contrario, la ruptura fue inmediata y total: \u00ab\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n hay entre el templo de Dios y los \u00ed\u00addolos? Porque nosotros somos templos de Dios viviente\u00bb (2Co 6:16). Templos, sacrificios y comidas sagradas estaban envueltos en la misma condena. Los cristianos no ten\u00ed\u00adan, pues, otro marco para su oraci\u00f3n com\u00fan que la asamblea de los hermanos.<\/p>\n<p>1. EL TEMPLO DEL DIOS VIVIENTE. Los fieles de Cristo no erigieron templo contra templo. Estaban convencidos de que el verdadero templo del Dios viviente consist\u00ed\u00ada en su misma asamblea. La comunidad de los creyentes, local y universal, constituye el cuerpo de Cristo, del que Juan declara que es el templo del Se\u00f1or (Jua 2:21). Cuando Pablo afirma: \u00abEl templo de Dios, que sois vosotros, es santo\u00bb (1Co 3:17), habla ante todo de cada bautizado; pero se dirige a la iglesia de Efeso cuando escribe: \u00ab&#8230; tambi\u00e9n vosotros sois coedificados&#8230; para ser la habitaci\u00f3n de Dios\u00bb (Efe 2:22). Pedro emplear\u00e1 el mismo lenguaje: \u00abDisponeos de vuestra parte como piedras vivientes a ser edificados en casa espiritual\u00bb (1Pe 2:5). Es al mismo tiempo en la asamblea de los bautizados y en el coraz\u00f3n de cada uno de sus miembros donde se ofrece a Dios el culto en esp\u00ed\u00adritu y verdad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, es comprensible que los cristianos de los dos primeros siglos no hayan pensado en construirse lugares espec\u00ed\u00adficos para el culto. Una amplia sala dom\u00e9stica bastaba para acoger a la iglesia local, a la asamblea de la peque\u00f1a grey de los llamados, cuando celebraban la cena eucar\u00ed\u00adstica despu\u00e9s de haber le\u00ed\u00addo los escritos de los ap\u00f3stoles. A veces parece que se pasaba de una sala a otra, del lugar de la palabra o del \u00e1gape al de la cena del Se\u00f1or. Para el bautismo era suficiente reunirse cerca de una corriente de agua o aprovechar las termas privadas.<\/p>\n<p>2. LAS CASAS DE ORACI\u00ed\u201cN DEL S. III. El s. iii conoci\u00f3 largos per\u00ed\u00adodos de paz con intervalos de brutales pero breves persecuciones. Al amparo de la paz, los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os vieron una gran expansi\u00f3n de la fe cristiana, hasta el punto que suscit\u00f3 la sangrienta persecuci\u00f3n de Diocleciano. Las casas privadas no bastaron ya para contener a la multitud de los nuevos fieles. Fue necesario construir. En el 268, el pagano Porfirio atestigua que los cristianos han edificado \u00abampl\u00ed\u00adsimas salas en que se re\u00fanen para orar\u00bb. Treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde, en v\u00ed\u00adsperas de la gran persecuci\u00f3n, el historiador Eusebio testimonia que en todas las regiones \u00abse ve\u00ed\u00ada una notable afluencia de personas a las casas de oraci\u00f3n\u00bb. A causa de esto, prosigue, \u00abno nos content\u00e1bamos ya con las construcciones del pasado, y en cada ciudad se erig\u00ed\u00adan amplias e imponentes iglesias\u00bb. Por tanto, seg\u00fan Eusebio, hacia el 300 estamos en la segunda generaci\u00f3n de los edificios cristianos.<\/p>\n<p>El desierto de Siria ha conservado en Dura Europos, a orillas del Eufrates, un testimonio de la primera generaci\u00f3n de los lugares de culto. Se trata de un edificio construido hacia el 230 y que permaneci\u00f3 en uso durante veinte a\u00f1os. De este complejo, de planta cuadrangular con patio interno, se han sacado a la luz el baptisterio y veros\u00ed\u00admilmente la sala lit\u00fargica. La pila bautismal est\u00e1 cubierta por un techo de b\u00f3veda decorado de estrellas, mientras que en las paredes se representan diversas escenas b\u00ed\u00adblicas, entre las que campea la imagen del buen Pastor.<\/p>\n<p>En Dura todo el esfuerzo iconogr\u00e1fico se concentra en el baptisterio, mientras que ning\u00fan elemento caracteriza la sala destinada para la eucarist\u00ed\u00ada. \u00bfPodemos conocer algo de la disposici\u00f3n interna del lugar reservado para la asamblea?<br \/>\nUn directorio sir\u00ed\u00adaco, la Didascalia de los Ap\u00f3stoles, prescribe que se coloque a oriente un sitial para el obispo, rodeado de otros sitiales para los presb\u00ed\u00adteros. As\u00ed\u00ad pues, tenemos aqu\u00ed\u00ad atestiguados, desde aquella \u00e9poca, la orientaci\u00f3n del local y el lugar de la presidencia. En Dura, una peana elevada puede haber constituido el escabel del sitial episcopal. Frente al clero, tambi\u00e9n para los laicos hab\u00ed\u00ada bancos; pero \u00e9stos desaparecieron bastante pronto,para reaparecer s\u00f3lo en la \u00e9poca moderna.<\/p>\n<p>Cartago ofrece el primer testimonio sobre el amb\u00f3n. Cipriano hace subir hasta \u00e9l al confesor de la fe al que ha nombrado lector: \u00abAs\u00ed\u00ad, domin\u00e1ndonos desde aquel podio elevado, visible para todo el pueblo, &#8230; proclama la ley y el evangelio del Se\u00f1or\u00bb (Efe 39:4).<\/p>\n<p>En varias ocasiones habla Cipriano tambi\u00e9n del altar. Deb\u00ed\u00ada de tratarse de una mesa m\u00f3vil, de madera, colocada en el momento de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, o de una mesa de m\u00e1rmol id\u00e9ntica a las mesas que se usaban en las casas privadas. En el siglo siguiente, Gregorio de Nisa dir\u00e1 que \u00abnada distingue al altar de las losas de m\u00e1rmol con que se revisten las paredes de las casas\u00bb (PG 46,581).<\/p>\n<p>3. EL FLORECIMIENTO DE LAS BAS\u00ed\u008dLICAS CRISTIANAS. Del s. IV al VI todas las provincias del imperio romano hecho cristiano vieron un gran florecimiento de iglesias, que por su modelo arquitect\u00f3nico se llamaron bas\u00ed\u00adlicas.<\/p>\n<p>a) La bas\u00ed\u00adlica. Esta deriva sin duda de los palacios reales de Persia, y es la sala de las audiencias del rey o basileus. Gracias a sus caracter\u00ed\u00adsticas de funcionalidad, estas inmensas salas de varias naves, sostenidas por pilastras, hab\u00ed\u00adan sido adoptadas por el mundo romano, que encontraba en su \u00e1bside, situado en una de las extremidades, el marco ideal para los tribunales de justicia. La bas\u00ed\u00adlica ofrec\u00ed\u00ada en el foro un espacio resguardado, en el que se pod\u00ed\u00ada perorar una causa, pero tambi\u00e9n anunciar las novedades, cerrar negocios o conversar los d\u00ed\u00adas de lluvia. En los primeros siglos de nuestra era, ciertos grupos religiosos, como los pitag\u00f3ricos, hab\u00ed\u00adan escogido el edificio basilical como el lugar m\u00e1s apto para sus reuniones inici\u00e1ticas.<\/p>\n<p>La adaptaci\u00f3n de la bas\u00ed\u00adlica al culto cristiano trajo pocas modificaciones en la planta del edificio. El \u00e1bside encajaba perfectamente como sede para la c\u00e1tedra del obispo y para el banco semicircular del presbiterio. El amb\u00f3n se erigi\u00f3 al comienzo de la nave principal. El lugar del altar era diverso seg\u00fan las regiones. En Roma, el altar se colocaba preferentemente cerca del \u00e1bside, entre el clero y el pueblo. En Africa a veces se fijaba m\u00e1s adelante en la nave, de modo que permitiera a los fieles formar c\u00ed\u00adrculo en torno a \u00e9l. Las dos novedades de la bas\u00ed\u00adlica cristiana consistieron en la puerta de entrada, que se abr\u00ed\u00ada en frente del \u00e1bside en vez de en la pared lateral m\u00e1s larga, y en la frecuente adopci\u00f3n del atrio, que ofrec\u00ed\u00ada un espacio favorable para las abluciones, al hallarse interpuesto entre el mundo exterior y el lugar de oraci\u00f3n. En Siria y en Mesopotamia se adopt\u00f3 una disposici\u00f3n totalmente diversa, que se inspiraba en la sinagoga jud\u00ed\u00ada. El altar se coloc\u00f3 en el \u00e1bside, vuelto hacia oriente; en el centro de la nave se erigi\u00f3 una amplia peana destinada a los lectores, con el trono del evangelio, el sitial del obispo y los esca\u00f1os de los presb\u00ed\u00adteros. Tambi\u00e9n en la bas\u00ed\u00adlica bizantina, sometida m\u00e1s tarde a importantes innovaciones arquitect\u00f3nicas, el altar ocupa el \u00e1bside, mientras que la liturgia de la palabra se celebra todav\u00ed\u00ada en el que era el lugar de la peana sir\u00ed\u00adaca, desaparecida desde hac\u00ed\u00ada mucho tiempo, si es que existi\u00f3 alguna vez.<\/p>\n<p>La calidad est\u00e9tica de las bas\u00ed\u00adlicas no resultaba s\u00f3lo de su estructura, armoniosa en sus dimensiones, con la nave de anchura igual a la altura. La belleza proven\u00ed\u00ada sobre todo de su fastuosa decoraci\u00f3n: los mosaicos del \u00e1bside, del arco de triunfo y de las paredes; el ciborio sobre el altar y las balaustradas alrededor; los cortinones bordados entre las columnas; profusi\u00f3n de l\u00e1mparas, sin olvidar el esplendor de los pavimentos.<\/p>\n<p>b) Los anejos de la bas\u00ed\u00adlica. La asamblea dominical constituye el v\u00e9rtice del culto cristiano en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, pero no lo agota. S\u00f3lo los bautizados tienen acceso a la mesa del Se\u00f1or; por eso el lugar del bautismo recibe una importancia primordial. Adem\u00e1s, al d\u00ed\u00ada siguiente de la paz constantiniana, cuando por todas partes se tributaron honores a los m\u00e1rtires, los martyria atrajeron multitudes de peregrinos a sus reliquias. Cada uno de estos lugares marc\u00f3 duraderamente el ordenamiento de la liturgia.<\/p>\n<p>Un conjunto monumental \u00fanico pone bien de manifiesto la relaci\u00f3n entre los diversos lugares de la celebraci\u00f3n: es el edificado por Constantino en Jerusal\u00e9n, sobre el G\u00f3lgota, y solemnemente dedicado en el 335 [-> Dedicaci\u00f3n, I, 2]. La rotonda de la resurrecci\u00f3n (an\u00e1stasis) englobaba el sepulcro de Cristo; una bas\u00ed\u00adlica de cinco naves, llamada el martyrium, se erigi\u00f3 sobre el lugar en que se hab\u00ed\u00ada descubierto la cruz del Se\u00f1or, mientras la roca del Calvario se dej\u00f3 al descubierto. En las proximidades de la an\u00e1stasis se construy\u00f3 el baptisterio, indispensable para las celebraciones pascuales, mientras un amplio porticado delimitaba el.espacio sagrado en torno al conjunto.<\/p>\n<p>El baptisterio. Al comienzo, los baptisterios ten\u00ed\u00adan asiento en termas privadas, como en el caso del baptisterio lateranense en Roma. Cuando cobraron formas m\u00e1s elaboradas, encontraron una gran variedad de expresiones. Ciertos baptisterios consist\u00ed\u00adan en una serie de peque\u00f1as habitaciones cuadradas o rectangulares, integradas en un sistema de dependencias adyacentes a la bas\u00ed\u00adlica. Otros eran aut\u00f3nomos. La estructura m\u00e1s repetida era la de sala redonda u octogonal. La rotonda, de origen funerario, recuerda que el bautismo es la muerte y la resurrecci\u00f3n en Cristo; el oct\u00e1gono evoca el octavo d\u00ed\u00ada, el de la eternidad, ya que el bautismo es tambi\u00e9n nacimiento a la vida eterna. Pero encontramos asimismo la sala cuadrada, cuyas paredes se ampl\u00ed\u00adan en cuatro \u00e1bsides. En todo caso, estaba excavada en el pavimento la pila bautismal en funci\u00f3n de la inmersi\u00f3n total o parcial. Se descend\u00ed\u00ada y sub\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de gradas. La piscina pod\u00ed\u00ada medir de dos a cinco metros de di\u00e1metro y un metro cuarenta cent\u00ed\u00admetros de profundidad. Como se ve en R\u00e1vena, el baptisterio estaba decorado con la misma suntuosidad que la bas\u00ed\u00adlica, tanto en la c\u00fapula como en las paredes de la sala central. A veces \u00e9sta comunicaba con el consignatorium, donde los ne\u00f3fitos recib\u00ed\u00adan del obispo la confirmaci\u00f3n, antes de ser conducidos en procesi\u00f3n a la bas\u00ed\u00adlica para participar en la eucarist\u00ed\u00ada, coronamiento de su iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>El \u00abmartyrium\u00bb. En en el s. iv el culto a los m\u00e1rtires estaba todav\u00ed\u00ada unido a sus tumbas en los cementerios suburbanos. Estas tumbas se decoraron con cuidado; posteriormente, sobre las m\u00e1s importantes, se erigieron bas\u00ed\u00adlicas memoriales, los martyria, donde se api\u00f1aba la multitud de los peregrinos en los aniversarios de los santos. En Roma, donde la bas\u00ed\u00adlica episcopal lateranense con su baptisterio era el lugar habitual de las celebraciones pascuales, una constelaci\u00f3n de bas\u00ed\u00adlicas-martyria -San Pedro, San Pablo extramuros, San Lorenzo, Santa In\u00e9s, San Pedro y Marcelino&#8230;, por no citar m\u00e1s que las principales&#8211; ce\u00f1\u00ed\u00ada a la urbe como una corona. Las dos bas\u00ed\u00adlicas del Vaticano y de la v\u00ed\u00ada Ostiense serv\u00ed\u00adan de cofre a las tumbas de los ap\u00f3stoles; las otras se hab\u00ed\u00adanerigido al lado de las tumbas de los m\u00e1rtires, pero no sobre las mismas.<\/p>\n<p>Oriente y Africa ofrec\u00ed\u00adan numerosos martyria, que conmemoraban no s\u00f3lo el recuerdo de los m\u00e1rtires, sino tambi\u00e9n el de los grandes ascetas del desierto y, en Palestina, sobre todo los lugares teof\u00e1nicos del AT y del NT. Los martyria orientales est\u00e1n ordinariamente situados al lado de la bas\u00ed\u00adlica destinada para la asamblea eucar\u00ed\u00adstica, mientras que Occidente optar\u00e1 pronto por su inserci\u00f3n en el interior de la misma. Pero habr\u00e1 excepciones por una parte y por otra. Por eso encontramos en Siria la bas\u00ed\u00adlica vieja de San Sime\u00f3n Estilita, en Qalaat Sem\u00e1n, constituida por un amplio edificio en forma de cruz, en cuyo centro se yergue la columna en que el santo transcurri\u00f3 su vida penitente.<\/p>\n<p>A fines del s. vi, san Gregorio quiso unir del modo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo, en el Vaticano, bas\u00ed\u00adlica y martyrium, decidiendo que el altar se erigiera sobre la tumba del ap\u00f3stol. Llev\u00f3 as\u00ed\u00ad el pavimento del \u00e1bside a la altura de la parte superior de la tumba. Al tiempo que una ventanilla permit\u00ed\u00ada seguir viendo el monumento funerario, dos rampas de escaleras daban acceso al presbiterio. Esta opci\u00f3n, destinada a ser imitada en todo el Occidente y especialmente en Italia, parece haber acarreado como efecto, no tan deseado, el de separar ulteriormente al pueblo de los miembros de la jerarqu\u00ed\u00ada, que se mov\u00ed\u00adan en un plano m\u00e1s elevado respecto a la nave. Galia, sin embargo, prefiri\u00f3 a menudo situar el presbiterio delante de la tumba del santo, a la que se acced\u00ed\u00ada por un deambulatorio.<\/p>\n<p>Las torres y los campanarios. La bas\u00ed\u00adlica cristiana no se vio exenta, en el curso de los siglos, de reestructuraciones arquitect\u00f3nicas. As\u00ed\u00ad es como, desde el s. tv, se ve aparecer el crucero. M\u00e1s tarde, especialmente en Galia, el cruce del transepto y de la nave mayor sirvi\u00f3 a menudo de base para una torre de planta poligonal o redonda, mientras que en Bizancio se adornaba con una c\u00fapula, y en Siria con torres cuadradas, que hac\u00ed\u00adan de marco para la fachada. Si bien estas torres no aportaban nada nuevo desde el punto de vista de la celebraci\u00f3n, no se puede decir otro tanto de las que albergaban las campanas. Estas son al mismo tiempo una se\u00f1al de convocaci\u00f3n para la asamblea del pueblo y un instrumento musical que canta la gloria de Dios y el reino de Cristo.<\/p>\n<p>A partir del s. v, las bas\u00ed\u00adlicas comienzan a estar dotadas de campanarios. Los m\u00e1s antiguos, como el de San Apolinar Nuevo, en R\u00e1vena (s. vi), son de forma cil\u00ed\u00adndrica. Hacia la mitad del s. vnl, el papa, Esteban II construy\u00f3 uno en San Pedro, pero en aquella \u00e9poca se encuentran por todas partes. Las campanas, que sustituyen en Occidente el uso de la matraca o de la carraca, por las que sienten predilecci\u00f3n los monjes orientales, a\u00f1aden un suplemento de festividad a la liturgia. Todav\u00ed\u00ada hoy el sonido de las campanas -ma\u00f1ana, mediod\u00ed\u00ada y atardecer- para el avemar\u00ed\u00ada marca con una nota cristiana el ritmo diario de la vida en los pueblos.<\/p>\n<p>El cementerio. Tambi\u00e9n el cementerio es un lugar de la celebraci\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad es donde la iglesia envuelve con su oraci\u00f3n la sepultura de un fiel llegado al t\u00e9rmino de su \u00e9xodo. No es posible tratar aqu\u00ed\u00ad de la historia y de la iconograf\u00ed\u00ada de los cementerios antiguos de Roma o de N\u00e1poles. Se\u00f1alemos s\u00f3lo que los cristianos no tuvieron nunca deseo m\u00e1s acariciado que el de descansar ad sanctos, es decir, junto a los santos. As\u00ed\u00ad es como el martyrium atrae al cementerio, como testimonia en Roma el Campo Verano, el cementerio que se desarroll\u00f3 cerca de la bas\u00ed\u00adlica de San Lorenzo. En la edad media, cuando no estaba en vigor la norma de sepultar a los muertos fuera de los recintos urbanos, las iglesias mismas eran lugares de sepultura, y esto no dej\u00f3 de provocar abusos que la ley debi\u00f3 reglamentar. Pero tanto si est\u00e1 situado cerca de una iglesia o en una zona totalmente distinta, el cementerio sigue siendo un lugar santo. Es objeto de una bendici\u00f3n solemne en el momento de su inauguraci\u00f3n. Por mucho tiempo los no bautizados fueron excluidos de \u00e9l. Hoy la regla de la hospitalidad vige tambi\u00e9n para los muertos, y los cristianos van a orar en \u00e9l al Se\u00f1or por todos los que descansan a la sombra de la cruz.<\/p>\n<p>4. TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA BAS\u00ed\u008dLICA. a) La estructura basilical. La bas\u00ed\u00adlica presenta dos caracter\u00ed\u00adsticas: una arquitectura sencilla y una decoraci\u00f3n interna ostentosamente rica. Vista desde fuera, Santa Mar\u00ed\u00ada Mayor, en Roma, es bien modesta si se compara con Notre-Dame de Par\u00ed\u00ads; y la c\u00fapula de la actual bas\u00ed\u00adlica de San Pedro es de una imponente majestad que el edificio construido por Constantino no conoc\u00ed\u00ada en absoluto. Sin embargo, la belleza arquitect\u00f3nica de la bas\u00ed\u00adlica estriba en la perfecci\u00f3n de sus vol\u00famenes. La esbeltez de la construcci\u00f3n subraya un aspecto de la iglesia cristiana. Sus filas de columnas, sus paredes sencillas, sus armaduras a la vista evocan la tienda del n\u00f3mada en el desierto o la sala de las asambleas populares. En ellas el pueblo de Dios aprende a ser un pueblo peregrino, y su asamblea dominical semeja una parada en el camino hacia la tierra prometida.<\/p>\n<p>Pero el interior de la bas\u00ed\u00adlica lanza el destello de sus mosaicos; est\u00e1 adornado de m\u00e1rmoles preciosos y de cortinones suntuosos de candelabros colgados de cadenas de plata. En lab\u00f3veda del \u00e1bside se admira la cruz en gloria o a Cristo pantocr\u00e1tor en medio de los santos. El Cordero inmolado y viviente del Apocalipsis aparece rodeado de doce corderos, sus ap\u00f3stoles; el r\u00ed\u00ado de la vida, representado por el Jord\u00e1n, discurre en medio de un jard\u00ed\u00adn lujuriante de flores y de p\u00e1jaros. En el centro del arco triunfal, el trono adornado espera el retorno de Cristo; a una y otra parte velan los s\u00ed\u00admbolos evang\u00e9licos con alas irisadas, y los veinticuatro ancianos presentan sus coronas. En las paredes laterales se despliega la representaci\u00f3n de los acontecimientos principales del AT y del NT, acercados a menudo en paralelo para significar la profec\u00ed\u00ada y su cumplimiento. El conjunto de la decoraci\u00f3n subraya el car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la liturgia. La liturgia de la tierra anuncia y realiza anticipadamente la del cielo. El Cristo que ense\u00f1a al pueblo y lo congrega para la cena eucar\u00ed\u00adstica es el que fue inmolado sobre la cruz; pero es tambi\u00e9n el Cristo de la pascua y de la ascensi\u00f3n, el Se\u00f1or de la historia, el principio y el fin de todo.<\/p>\n<p>b) Los instrumentos de la celebraci\u00f3n. Todos los objetos utilizados en la celebraci\u00f3n tienden a la misma evocaci\u00f3n: los ornamentos del obispo, de los presb\u00ed\u00adteros, de los di\u00e1conos y de los ministros; los leccionaros y los evangeliarios; las l\u00e1mparas; los c\u00e1lices y las patenas [-> Objetos lit\u00fargicos\/ Vestiduras]. Quiz\u00e1 conviene resaltar el cuidado con que se han dispuesto en la bas\u00ed\u00adlica la c\u00e1tedra del obispo, el amb\u00f3n de las lecturas y el altar, de forma que se exprese su significado.<\/p>\n<p>La c\u00e1tedra episcopal. En el centro del \u00e1bside, bajo la representaci\u00f3n del Cristo glorioso y del trono escatol\u00f3gico, se yergue la c\u00e1tedra del obispo, sitial del que preside y ense\u00f1a. Se alza sobre algunos escalones y est\u00e1adornada de pa\u00f1os. Evocaci\u00f3n del trono elevado en el cielo y sobre el que hab\u00ed\u00ada \u00abUno sentado\u00bb (Apo 4:2), la c\u00e1tedra no es la exaltaci\u00f3n de un hombre, sino la expresi\u00f3n visible de la funci\u00f3n del obispo en la iglesia: el obispo, escribe Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, ocupa el puesto de Dios; los presb\u00ed\u00adteros representan el senado de los ap\u00f3stoles, y los di\u00e1conos el servicio de Jesucristo (Ad Magn. 6,1). Por tanto, hay que mirar al obispo como al Se\u00f1or mismo (Ad Efes. 6,1). \u00abAlrededor del trono hab\u00ed\u00ada veinticuatro tronos, sobre los que estaban sentados veinticuatro ancianos vestidos de blanco y teniendo sobre sus cabezas coronas de oro\u00bb (Apo 4:4). A imagen de los tronos de los ancianos y de los tronos prometidos por Jes\u00fas a sus ap\u00f3stoles, los esca\u00f1os de los presb\u00ed\u00adteros est\u00e1n dispuestos en semic\u00ed\u00adrculo a los dos lados de la c\u00e1tedra episcopal.<\/p>\n<p>El amb\u00f3n. Es el heredero de la \u00abtribuna de madera levantada al efecto\u00bb, en que el escriba Esdras \u00aben la plaza de la Puerta del Agua\u00bb ley\u00f3 el libro de la ley. \u00abEsdras abri\u00f3 el libro a la vista de todo el pueblo, porque dominaba a toda la multitud\u00bb (Neh 8:4-5). En la bas\u00ed\u00adlica, la sencilla peana de madera se ha convertido en tribuna de m\u00e1rmol, decorada con mosaicos y rejillas, sostenida a menudo por columnas esculpidas o taraceadas. Nada se ha descuidado para subrayar su importancia. La raz\u00f3n es que el p\u00falpito, en el que el lector deposita el libro, se ha convertido en una especie de trono. El di\u00e1cono abre con respeto el evangeliario, en un despliegue de luces y de incienso, al canto del aleluya, porque el rito es una verdadera teofan\u00ed\u00ada del Cristo Maestro de verdad.<\/p>\n<p>El altar. El de la bas\u00ed\u00adlica es de dimensiones modestas y de forma c\u00fabica, como se puede observar sobre el mosaico de San Vital, en R\u00e1vena.<\/p>\n<p>Las mesas m\u00f3viles del pasado han dado paso pronto a los altares de piedra. En realidad, si el altar es ante todo la mesa del Se\u00f1or, la mesa del cen\u00e1culo y de la casa de Ema\u00fas, es tambi\u00e9n el s\u00ed\u00admbolo de Cristo, la roca viva, de que habla el Ap\u00f3stol (1Co 10:4). Para los cristianos no hay m\u00e1s que un altar, como no hay m\u00e1s que un solo templo, Cristo, al mismo tiempo v\u00ed\u00adctima, sacerdote y altar de su sacrificio. Es el mismo Cristo que parece debemos reconocer en el \u00abaltar de oro colocado delante del trono\u00bb evocado por el Apocalipsis (1Co 8:3). Se comprende entonces por qu\u00e9 el altar es objeto de tantos signos de homenaje. El sacerdote se acerca a \u00e9l s\u00f3lo despu\u00e9s de haberse inclinado ante el mismo y haberlo besado. Al decir de Juan Cris\u00f3stomo, est\u00e1 a menudo revestido de un velo de oro. Un ciborio sostenido por cuatro columnas de m\u00e1rmol pone de manifiesto su car\u00e1cter sagrado. Balaustres o cola\u00f1as taraceadas lo separan del resto de la nave. S\u00ed\u00admbolo de Cristo, el altar antiguo no tarda en albergar, en el momento de su -> dedicaci\u00f3n, las reliquias de los m\u00e1rtires, asociando al sacrificio de Cristo el de sus testigos. Por eso recibe tambi\u00e9n su significado del Apocalipsis, donde el vidente evoca el altar bajo el que vio \u00ablas almas de los que hab\u00ed\u00adan sido degollados a causa de la palabra de Dios y por el testimonio que hab\u00ed\u00adan dado\u00bb (1Co 6:9). La teolog\u00ed\u00ada de la bas\u00ed\u00adlica cristiana s\u00f3lo se comprende a la luz del Apocalipsis.<\/p>\n<p>II. Tiempos nuevos, formas nuevas<br \/>\nEn la mayor parte de las regiones italianas, la estructura basilical se conserv\u00f3 durante todo el medievo, con algunas variantes, como la sustituci\u00f3n del atrio por el n\u00e1rtex o el pronaos. La Roma de los campanar\u00ed\u00ados (ss. xixun) sigue siendo la de las bas\u00ed\u00adlicas. Hay que esperar al renacimiento para ver el nacimiento de una concepci\u00f3n nueva: ser\u00e1 la Roma de las c\u00fapulas. M\u00e1s all\u00e1 de los Alpes, en los pa\u00ed\u00adses francos y alemanes, como tambi\u00e9n en Espa\u00f1a y en Inglaterra, se elaboran otras formas para permitir el desarrollo de la liturgia de los monasterios y de los cap\u00ed\u00adtulos catedralicios o colegiales, y para responder tambi\u00e9n a exigencias in\u00e9ditas de la piedad cristiana. A partir de la \u00e9poca carolingia se encuentran a lo largo de las orillas del Rin iglesias rematadas en agujas (Volwestwerke) e iglesias con doble \u00e1bside. Con el segundo milenio se difunde la b\u00f3veda, inspirada en las iglesias sir\u00ed\u00adacas antiguas; el arco de medio punto de la \u00e9poca rom\u00e1nica (ss. x1-xn); luego el crucero ojival de la ars francigena, que en el s. xvn se llamar\u00e1 despectivamente arte g\u00f3tico. Las iglesias rom\u00e1nicas son a menudo de inspiraci\u00f3n mon\u00e1stica, y su penumbra invita al recogimiento. En las iglesias g\u00f3ticas, contempor\u00e1neas del desarrollo urbano, los muros hacen hueco a los ventanales, por los que entra el sol a borbotones; las vidrieras de San Denis (Par\u00ed\u00ads) o de Chartres reflejan los mosaicos de R\u00e1vena. Rom\u00e1nica o g\u00f3tica, la arquitectura de estas iglesias es docta, hecha de cifras simb\u00f3licas. El s\u00ed\u00admbolo se inscribe tanto en las esculturas de los capiteles y de los t\u00ed\u00admpanos como en las estatuas de bulto entero que pueblan las fachadas.<\/p>\n<p>El renacimiento, alimentado de antig\u00fcedades, y luego la reforma cat\u00f3lica preferir\u00e1n los amplios edificios con nave \u00fanica, capaz de acoger a una asamblea de fieles \u00e1vidos de escuchar la palabra de Dios y de fortalecer la propia fe en la asiduidad a las lecciones de catequesis. La reacci\u00f3n contra la desnuda austeridad del protestantismo estallar\u00e1 en el triunfo del barroco: las c\u00fapulas sellenar\u00e1n internamente de representaciones pict\u00f3ricas que expresan, en el aspecto festivo de las im\u00e1genes y de los colores, la certeza de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. Los \u00e1ngeles y los santos llegar\u00e1n a ser palpablemente compa\u00f1eros de los creyentes.<\/p>\n<p>Pero no hace al caso estudiar aqu\u00ed\u00ad una sucesi\u00f3n de estilos. Lo que importa es ver c\u00f3mo, de la edad media a la \u00e9poca moderna, el modelo de las iglesias se fue adaptando a las exigencias de la liturgia y de la devoci\u00f3n individual.<\/p>\n<p>1. LA EDAD MEDIA. La evoluci\u00f3n de las formas del culto a partir del s. IX se manifiesta de muchas maneras.<\/p>\n<p>a) Evoluci\u00f3n de la celebraci\u00f3n. La primera novedad es la multiplicaci\u00f3n de las misas privadas. A la asamblea dominical y festiva viene a a\u00f1adirse la misa celebrada por un sacerdote por una intenci\u00f3n particular: por uno o varios difuntos; por la salud de un enfermo; en honor de un santo protector. Una de las consecuencias de tal innovaci\u00f3n es la multiplicaci\u00f3n de los altares. Hasta entonces se hab\u00ed\u00ada construido un solo altar en el mismo edificio, en raz\u00f3n de su simbolismo: un solo Cristo, un solo altar. En adelante los altares van poblando las iglesias: s\u00f3lo en la bas\u00ed\u00adlica vaticana se cuentan m\u00e1s de treinta en el s. xii. y casi setenta en el xvi.<\/p>\n<p>La transici\u00f3n cultural en los ss. x-xi hace la liturgia latina ininteligible para el pueblo, el cual ya no puede asociarse a la celebraci\u00f3n con un di\u00e1logo consciente, comprendiendo los textos le\u00ed\u00addos o cantados. La liturgia se convierte casi en espect\u00e1culo, juego sagrado, en que la gente cobrar\u00e1 gusto en descubrir las diversas fases de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El retroceso de la participaci\u00f3n popular tuvo como consecuencia el acentuar la clericalizaci\u00f3n de la liturgia. Mientras el pueblo permanece en silencio, s\u00f3lo el clero se hace o\u00ed\u00adr. La celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y la salmodia de las horas pasan a ser cometido exclusivo de los monjes, de los can\u00f3nigos y de los beneficiarios. Las iglesias tender\u00e1n, pues, a modelarse en funci\u00f3n de las exigencias de los cl\u00e9rigos y de su comodidad.<\/p>\n<p>Notemos, en fin, que mientras la liturgia queda reservada a los cl\u00e9rigos, los edificios del culto, hasta entonces pose\u00ed\u00addos por las comunidades parroquiales, pasan a ser un feudo en todas las regiones en que, en los ss. x-xi, se impone la estructura feudal. La iglesia es propiedad de un se\u00f1or, por la misma raz\u00f3n que lo es el horno o el molino, y el propietario se comporta en consecuencia, es decir, como amo.<\/p>\n<p>b) Adaptaci\u00f3n de los edificios. Estas diversas l\u00ed\u00adneas evolutivas no pod\u00ed\u00adan no influir en la construcci\u00f3n y en la disposici\u00f3n interna de las iglesias. Aunque en Roma se sigue prefiriendo la planta basilical, esto no se hace sin inconvenientes. Dif\u00ed\u00adcilmente habr\u00ed\u00ada reconocido san Le\u00f3n Magno el noble ordenamiento de la bas\u00ed\u00adlica de San Pedro en que sol\u00ed\u00ada dirigirse al pueblo, ahora que la ocupan setenta altares erigidos a lo largo de las paredes del edificio, a los pies de las columnas o en verdaderas capillitas insertas dentro de una u otra de las naves. Imaginemos la actual bas\u00ed\u00adlica de San Pablo, llena de altares votivos.<\/p>\n<p>En otras partes, los altares se colocaban en capillas laterales, en peque\u00f1os \u00e1bsides sacados de las paredes o del crucero, o bien dispuestos en semic\u00ed\u00adrculo en el deambulatorio. Este permit\u00ed\u00ada tambi\u00e9n acceder a las reliquias del santo venerado en la iglesia, colocadas a menudo en el eje central del edificio, en el espacio ocupado antes por la c\u00e1tedra del obispo.<\/p>\n<p>El presbiterio experiment\u00f3 notables modificaciones. Se desarroll\u00f3 ante todo en profundidad, para recibir los asientos de los monjes o de los can\u00f3nigos que celebraban en \u00e9l el oficio. Puesto que \u00e9stos pasaban mucho tiempo all\u00ed\u00ad, tanto de noche como de d\u00ed\u00ada, salmodiando las horas, se procur\u00f3 protegerlos del fr\u00ed\u00ado, sobre todo en los pa\u00ed\u00adses de inviernos rigurosos, alzando una pared alrededor del coro. El altar mayor ya no quedaba visible m\u00e1s que a trav\u00e9s de la puerta central de la parte oeste. Todav\u00ed\u00ada hoy numerosas catedrales han conservado estas paredes divisorias, adornadas con esculturas. S\u00f3lo la renovaci\u00f3n lit\u00fargica de los ss. xvuxviti llev\u00f3 a menudo a la supresi\u00f3n del muro de separaci\u00f3n entre la nave y el presbiterio.<\/p>\n<p>En el coro, el altar, privado de su ciborio, gana progresivamente el fondo, cerca del repositorio de las reliquias, del que representa a menudo de lejos como el pedestal. El altar adquiere adem\u00e1s dimensiones m\u00e1s amplias en comparaci\u00f3n con el pasado, de modo que ofrece espacio tambi\u00e9n a la cruz y a los candelabros, que en adelante constituyen un duplicado con la cruz y las velas tra\u00ed\u00addas en la procesi\u00f3n de entrada. Se hab\u00ed\u00adan introducido cambios notables en la celebraci\u00f3n de la misa. En particular, se hab\u00ed\u00ada difundido ampliamente la costumbre, por parte del sacerdote, de orar vuelto a oriente en las iglesias con el \u00e1bside orientado de esa forma; de suerte que, al hallarse en el altar, el celebrante daba la espalda a la asamblea, y el espacio que separaba el altar del \u00e1bside pod\u00ed\u00ada reducirse ulteriormente sin inconvenientes.<\/p>\n<p>Esta nueva posici\u00f3n del celebrante hab\u00ed\u00ada acarreado tambi\u00e9n el desplazamiento de la c\u00e1tedra episcopal y de los sitiales de los presb\u00ed\u00adteros. Dejado el \u00e1bside, la c\u00e1tedra pas\u00f3 al lado del altar y no tardar\u00ed\u00ada mucho en transformarse en un verdadero trono del obispo-se\u00f1or feudal. En el renacimiento, el trono aparecer\u00e1 provisto de baldaquino y apa\u00f1aduras, a imitaci\u00f3n del trono regio en el sal\u00f3n de gala de las residencias principescas. Al sacerdote que celebra la eucarist\u00ed\u00ada se le reservar\u00e1 un peque\u00f1o sitial al otro lado del altar.<\/p>\n<p>La proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios en lat\u00ed\u00adn no constitu\u00ed\u00ada ya una ense\u00f1anza accesible a todos, sino un rito. Tambi\u00e9n el amb\u00f3n experiment\u00f3 un doble cambio. En la casi totalidad de las iglesias desapareci\u00f3, sustituido por un simple atril, en que el subdi\u00e1cono cantaba la ep\u00ed\u00adstola vuelto a oriente, y el di\u00e1cono el evangelio en direcci\u00f3n al norte, la regi\u00f3n de las tinieblas, a la que era preciso dirigir la buena nueva. Pero el amb\u00f3n conoci\u00f3 al mismo tiempo una amplificaci\u00f3n exagerada: se coloc\u00f3 por encima del muro divisorio entre la nave y el coro, amplia plataforma adornada de una cruz monumental. Se acced\u00ed\u00ada a ella por una doble rampa de escaleras. Como el lector de completas comenzaba pidiendo la bendici\u00f3n del presidente con la f\u00f3rmula \u00abJube, domine, benedicere\u00bb, se llamaba al amb\u00f3n jube. A los pies del jube, por la parte de la nave, hab\u00ed\u00ada dos altares, puestos a los dos lados de la puerta de acceso al presbiterio, de forma que se permitiera a los fieles asistir a misas privadas.<\/p>\n<p>A partir de los ss. xii-xiii adquieren importancia las custodias eucar\u00ed\u00adsticas. El cuerpo de Cristo, en lugar de conservarlo en la sacrist\u00ed\u00ada con vistas a la comuni\u00f3n de los enfermos, se prefiere colocarlo en un nicho excavado en el muro y cerrado por una portezuela. Esta est\u00e1 a menudo decorada con columnitas o mosaicos. La eucarist\u00ed\u00ada se coloca tambi\u00e9n en un recipiente suspendido sobre el altar y modelado en forma de torre, de cofrecillo o de paloma. Donde sobrevive el ciborio, se cuelga la santa reserva en su interior. Habr\u00e1 que esperar al s. xvi para encontrar el sagrario fijo sobre un altar, y a m\u00e1s tarde todav\u00ed\u00ada para verlo colocado en el centro del altar mayor.<\/p>\n<p>Del s. ix en adelante tambi\u00e9n el baptisterio experimenta notables modificaciones. Estas vienen inducidas por la praxis ya generalizada de bautizar a los ni\u00f1os peque\u00f1os y por la preferencia dada al bautismo por infusi\u00f3n en vez de por inmersi\u00f3n, total o parcial. En Italia permanecen generalmente fieles al uso antiguo del baptisterio distinto de la iglesia, situ\u00e1ndolo a la izquierda de la entrada principal, de forma que signifique que el bautismo es la entrada en el pueblo de Dios. Asimismo la antigua rotonda bautismal, ca\u00ed\u00adda en desuso, se convierte en una iglesia aneja para adoptar su baptisterio. En todo caso, la pila a que el catec\u00fameno descend\u00ed\u00ada para la inmersi\u00f3n es sustituida por un peque\u00f1o cuenco, en forma de copa, sacado ordinariamente de un bloque de piedra y decorado con sumo cuidado: columnas de soporte, escenas evang\u00e9licas esculpidas, caul\u00ed\u00adculos, inscripciones. Podemos concluir las consideraciones sobre los cambios producidos durante la edad media en los lugares de la celebraci\u00f3n aludiendo a la amplitud adquirida en aquel per\u00ed\u00adodo por el fen\u00f3meno de las torres, de los campanarios y de las agujas. Los campanarios con elegantes b\u00ed\u00adforas o tr\u00ed\u00adforas son para Italia lo que representan en los pa\u00ed\u00adses transalpinos las agujas que apuntan hacia el cielo.<\/p>\n<p>2. Los TIEMPOS MODERNOS. Pese a la diversidad de los estilos, las iglesias construidas despu\u00e9s del concilio de Trento presentan todas ellas algunas caracter\u00ed\u00adsticas comunes. La nave es amplia; el presbiterio, m\u00e1s bien despejado; el altar mayor est\u00e1 bien de manifiesto como elemento principal del edificio. Los altares secundarios est\u00e1n situados a los dos extremos del crucero o en capillas sobre las naves laterales. Cada una de estas capillas, dedicada a un santo, constituye un local bien distinto, propicio para la celebraci\u00f3n de las misas privadas y para la oraci\u00f3n. A menudo es propiedad de un particular o de una cofrad\u00ed\u00ada. En cada iglesia se encuentra la capilla del sant\u00ed\u00adsimo sacramento, en la que se desarrolla el culto de la adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Aparecen tambi\u00e9n muebles nuevos: el p\u00falpito, a cierta altura en la nave principal, y los confesonarios, discretamente alineados en las naves laterales. La schola se distancia del pueblo, y se sit\u00faa en una tribuna elevada, mientras el \u00f3rgano cobra una importancia creciente. La casa del pueblo de Dios, que en la edad media daba a menudo cabida a m\u00faltiples actividades profanas, se convierte cada vez m\u00e1s en la casa de Dios, casa de la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Las orientaciones del concilio de Trento. En el campo de la liturgia el concilio tridentino subray\u00f3 ante todo el car\u00e1cter sacrificial de la misa y record\u00f3 la dignidad con que hay que participar en \u00e9l. A tal fin, el papa P\u00ed\u00ado V insert\u00f3 al comienzo del Missale Romanum un ritual de la celebraci\u00f3n, en el que el sacerdote encontraba una gu\u00ed\u00ada particularizada de lo que deb\u00ed\u00ada realizar. Desafortunadamente, esta gu\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada concebido ante todo en funci\u00f3n de la misa privada; la cantada con ministros se consideraba s\u00f3lo como un suplemento de solemnidad, mientras que, por el contrario, representa la verdadera asamblea del pueblo de Dios alrededor de la mesa del Se\u00f1or. El concilio invitaba a la comuni\u00f3n frecuente, pero las r\u00fabricas no preve\u00ed\u00adan la distribuci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada durante la misa. Los fieles que quer\u00ed\u00adan comulgar deb\u00ed\u00adan dirigirse a la capilla del sant\u00ed\u00adsimo sacramento. Con la teolog\u00ed\u00ada de la eucarist\u00ed\u00ada, el concilio puso de manifiesto el car\u00e1cter propio de cada sacramento. Medio siglo m\u00e1s tarde, el Rituale Romanum (1614) transvasar\u00e1 la ense\u00f1anza conciliar al ordenamiento de la liturgia sacramental. Entre todos los sacramentos, el de la penitencia reviste una importancia tanto mayor a los ojos de los padres cuanto que ha sido el m\u00e1s discutido por los protestantes.<\/p>\n<p>El concilio record\u00f3 tambi\u00e9n el valor did\u00e1ctico de la liturgia, pero insisti\u00f3 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s en la necesidad de una catequesis sistem\u00e1tica de los cristianos para fortalecerlos en la fe cat\u00f3lica. El Catecismo del Concilio de Trento fue un elemento cardinal de la reforma postridentina.<\/p>\n<p>Preocupados por la evangelizaci\u00f3n de los pa\u00ed\u00adses de vieja cristiandad como de las tierras recientemente descubiertas en Am\u00e9rica y en Extremo Oriente, los papas favorecieron el surgimiento de familias religiosas, como la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, que no estaban obligadas al oficio coral. La liturgia perd\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad algo del car\u00e1cter mon\u00e1stico y canonical que hab\u00ed\u00ada cobrado en el medievo.<\/p>\n<p>b) Adaptaci\u00f3n de las iglesias. Sin embargo, las connotaciones de la ense\u00f1anza tridentina que acabamos de recordar se reflejan en la estructuraci\u00f3n de las iglesias construidas de aquel per\u00ed\u00adodo en adelante. Una amplia nave conduce al presbiterio, menos profundo que en el pasado. Al fondo surge el altar, pero \u00e9ste forma a menudo un solo conjunto con el retablo y la pared. El retablo del altar tiene la funci\u00f3n de crear un marco de gloria para la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, como hac\u00ed\u00ada el ciborio de las bas\u00ed\u00adlicas. Su concepci\u00f3n es diversa seg\u00fan las regiones: columnas, frontones, guirnaldas y estatuas encuadran la pintura o el grupo de m\u00e1rmol que est\u00e1 sobre el altar. Anticipado por las modestas peanas de fines del medievo, el retablo cobra una amplitud cada vez mayor y llega a ocupar toda la pared de fondo. Es verdad que a menudo constituye una obra de arte indiscutible, pero tiene el inconveniente de disminuir ante la vista de los fieles la importancia del altar. Este se reduce a un simple elemento arquitect\u00f3nico, y la mesa del Se\u00f1or ya no es recognoscible. Como en los siglos precedentes, el sitial del celebrante se reduce a un modesto taburete lateral, y el lugar de la palabra es un atril m\u00f3vil. Al conservar el uso integral del lat\u00ed\u00adn en la liturgia, el concilio de Trento no ha destacado el valor de la escucha de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Si la nave es espaciosa, es para que se pueda reunir en ella un vasto auditorio alrededor del p\u00falpito. Distinto del antiguo amb\u00f3n, el p\u00falpito adquiere una importancia primaria. Su uso no est\u00e1 necesariamente vinculado a la liturgia; el di\u00e1cono no se acerca a \u00e9l para proclamar el evangelio. Se utiliza sobre todo fuera de la misa, para la catequesis, y especialmente para el serm\u00f3n doctrinal: en el s. xvn, \u00e9ste se convertir\u00e1 en un punto de cita para la sociedad. En Italia, a los p\u00falpitos monumentales se prefiere a menudo una amplia tribuna, en que el predicador tiene a disposici\u00f3n una silla y una mesita sobre la que est\u00e1 entronizado el crucifijo.<\/p>\n<p>A ambos lados de la \u00fanica nave, o en las naves laterales, se abren las capillas, bien aisladas una de otra para permitir la celebraci\u00f3n simult\u00e1nea de las misas con recogimiento. Muchos altares de estas capillas est\u00e1n dotados tambi\u00e9n de un retablo que glorifica al santo en cuyo honor se han erigido. La capilla del sant\u00ed\u00adsimo sacramento, en la que se distribuye la comuni\u00f3n a lo largo de todala ma\u00f1ana, est\u00e1 decorada con particular esmero. La capilla del Crucificado y la de la sant\u00ed\u00adsima Virgen Mar\u00ed\u00ada atraen tambi\u00e9n la devoci\u00f3n de los fieles.<\/p>\n<p>En las capillas o en el fondo de la iglesia se divisa un mueble nuevo, el confesonario, que san Carlos Borromeo contribuy\u00f3 a difundir. De ser simple reclinatorio provisto de una rejilla para la confesi\u00f3n de las mujeres, el confesonario ha pasado a tomar el aspecto de una caseta provista de techo y de puerta y equipada con cortinillas para favorecer el anonimato. El arte barroco despleg\u00f3 en \u00e9l toda su imaginaci\u00f3n creadora para conferirle un decoro decididamente fastuoso.<\/p>\n<p>Los ss. xvi-xvti ven difundirse la devoci\u00f3n franciscana al Via crucis, y las paredes de las iglesias se adornan de escenas de la pasi\u00f3n para las catorce estaciones prescritas.<\/p>\n<p>III. La legislaci\u00f3n del Vat. II<br \/>\nLa normativa del Vat. II marca una fecha capital en la historia de la estructuraci\u00f3n de los lugares de la celebraci\u00f3n. Procede de las normas establecidas por la constituci\u00f3n Sacrosanctum concilium para la participaci\u00f3n activa del pueblo cristiano en la liturgia: una liturgia jer\u00e1rquica y comunitaria (SC 26), did\u00e1ctica y pastoral (SC 33), en la que \u00abcada uno, ministro o simple fiel\u00bb desempe\u00f1e la funci\u00f3n propia (SC 28) y en la que \u00abla mesa de la palabra de Dios se prepare con m\u00e1s abundancia para los fieles\u00bb (SC 51), ley\u00e9ndola en la lengua propia de cuantos escuchan la proclamaci\u00f3n (SC 54).<\/p>\n<p>Estas normas son expresi\u00f3n de una eclesiolog\u00ed\u00ada que en 1963, cuando se promulg\u00f3 la Sacrosanctum concilium, no se hab\u00ed\u00ada formulado todav\u00ed\u00ada completamente en la Lumen gentium (1964), pero que ya estaba contenida en germen en la misma constituci\u00f3n lit\u00fargica. La raz\u00f3n es que la liturgia edifica \u00abd\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada a los que est\u00e1n dentro (de la iglesia) para ser templo santo en el Se\u00f1or\u00bb, mientras que presenta \u00abla iglesia, a los que est\u00e1n fuera, como signo levantado en medio de las naciones\u00bb (SC 2). Las acciones lit\u00fargicas no son, pues, \u00abacciones privadas, sino celebraciones de la iglesia\u00bb; y \u00abpertenecen a todo el cuerpo de la iglesia, lo manifiestan y lo implican\u00bb (SC 26).<\/p>\n<p>Los principios destinados a regular toda la renovaci\u00f3n de la liturgia no pod\u00ed\u00adan no tener una repercusi\u00f3n profunda sobre la disposici\u00f3n interna de las iglesias.<\/p>\n<p>1. LAS PRESCRIPCIONES DEL CONCILIO. La constituci\u00f3n conciliar sobre la liturgia trata expl\u00ed\u00adcitamente de la adaptaci\u00f3n de los lugares a las exigencias nuevas de la celebraci\u00f3n en el c. VII, que est\u00e1 dedicado al arte sagrado y a los objetos sagrados. Habla de ello en dos art\u00ed\u00adculos. En el primero se lee: \u00abAl edificar los templos, proc\u00farese con diligencia que sean aptos para la celebraci\u00f3n de las acciones lit\u00fargicas y para conseguir la participaci\u00f3n activa de los fieles\u00bb (SC 124).<\/p>\n<p>El segundo establece: \u00abRev\u00ed\u00adsense cuanto antes, junto con los libros lit\u00fargicos, &#8230; los c\u00e1nones y prescripciones eclesi\u00e1sticas que se refieren a la disposici\u00f3n de las cosas externas del culto sagrado, sobre todo en lo referente a la apta y digna edificaci\u00f3n de los templos, a la forma y construcci\u00f3n de los altares, a la nobleza, colocaci\u00f3n y seguridad del sagrario, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n a la funcionalidad y dignidad del baptisterio, al orden conveniente de las im\u00e1genes sagradas, de la decoraci\u00f3n y del ornato. Corr\u00ed\u00adjase o supr\u00ed\u00admase lo que parezca ser menos conforme con la liturgia reformada y cons\u00e9rvese o introd\u00fazcase lo que la favorezca\u00bb (SC 128).<\/p>\n<p>La adaptaci\u00f3n de las iglesias a las exigencias de la liturgia renovada puede realizarse cualquiera que sea el estilo en que se construyeron, ya que, como afirma tambi\u00e9n el concilio, \u00abla iglesia nunca consider\u00f3 como propio estilo art\u00ed\u00adstico alguno, sino que, acomod\u00e1ndose al car\u00e1cter y las condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos, acept\u00f3 las formas de cada tiempo&#8230; Tambi\u00e9n el arte de nuestro tiempo y el de todos los pueblos y regiones ha de ejercerse libremente en la iglesia, con tal que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido honor y reverencia\u00bb (SC 123).<\/p>\n<p>Era el lenguaje usado ya por san P\u00ed\u00ado X y por P\u00ed\u00ado XII. Aqu\u00ed\u00ad se ofrece un vasto programa a los arquitectos y a los decoradores del mundo entero. Estamos lejos del s. xlx franc\u00e9s, alem\u00e1n o ingl\u00e9s, seg\u00fan el cual el medievo hab\u00ed\u00ada creado un estilo cristiano, mejor adaptado que ning\u00fan otro para las celebraciones de los misterios; lejos de la \u00e9poca en que se intentaba, en Am\u00e9rica, en Asia y en Europa, construir con enorme dispendio iglesias de imitaci\u00f3n, g\u00f3ticas o rom\u00e1nicas, en las que no faltase ni una agujita ni un arcaduz.<\/p>\n<p>2. LA RENOVACI\u00ed\u201cN DE LAS IGLESIAS. a) La Instrucci\u00f3n \u00ab\u00ed\u00adnter oecumenici\u00bb: Los padres hab\u00ed\u00adan prescrito que las adaptaciones reglamentarias se efectuaran \u00abcuanto antes\u00bb. Se les obedeci\u00f3 a la letra. De hecho, el 26 de septiembre de 1964, el organismo constituido para la aplicaci\u00f3n de la SC publicaba, por mandato del papa Pablo VI, la importante instrucci\u00f3n \u00ed\u00adnter oecumenici (AAS 56 [1964] 877-900), cuyo c. V se titula: \u00abLa construcci\u00f3n de las iglesias y de los altares de modo que facilite la participaci\u00f3n activa de los fieles\u00bb (90-99). Los expertos encargados de elaborar la instrucci\u00f3n ten\u00ed\u00adan ya ante sus ojos un precioso esbozo de este cap\u00ed\u00adtulo en el esquema aportado por la comisi\u00f3n lit\u00fargica preparatoria del concilio, con fecha del 13 de enero de 1962. Este esquema conten\u00ed\u00ada juntamente los art\u00ed\u00adculos de la futura constituci\u00f3n y algunas declaraciones destinadas a explicitar su mens. Estas \u00faltimas se omitieron en el texto sometido a los padres de la comisi\u00f3n central, pero en el curso del debate los padres mismos recabaron su comunicaci\u00f3n. Ahora bien, una de estas declaraciones se refer\u00ed\u00ada a la revisi\u00f3n de la disciplina can\u00f3nica concerniente al arte sagrado. Se trataba en ella del buen ordenamiento de las iglesias para la sinaxis eucar\u00ed\u00adstica, de los sitiales para la presidencia, del altar mayor y de los altares secundarios, de la conservaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, del amb\u00f3n, del lugar para la schola y del lugar para los fieles, del baptisterio, de los confesonarios, de las im\u00e1genes sagradas y del arte funerario. Era ya todo el programa de la \u00ed\u00adnter oecumenici.<\/p>\n<p>Con la aparici\u00f3n del documento surgieron por doquier iniciativas para adaptar las iglesias a las nuevas exigencias de la celebraci\u00f3n. Ordinariamente se contentaron, al comienzo y muy justamente, con un moblaje provisional: se coloc\u00f3 un altar m\u00f3vil a la entrada del presbiterio para que el sacerdote pudiera celebrar vuelto a la asamblea; el amb\u00f3n de la palabra sustituy\u00f3 al p\u00falpito para las lecturas y la homil\u00ed\u00ada; se busc\u00f3 la mejor colocaci\u00f3n para el sitial del celebrante principal, a fin de que \u00e9ste resultase bien visible, pero sin aparecer demasiado distante de los fieles, dado que juntos constituyen el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>No vamos a recoger aqu\u00ed\u00ad las directrices de la instrucci\u00f3n. Basta consultar su texto, que ahora se lee en la Ordenaci\u00f3n General del Misal Romano, en el c. V: \u00abDisposici\u00f3n yornato de las iglesias para la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica\u00bb (nn. 253-280). Es preferible, en cambio, mostrar c\u00f3mo la transformaci\u00f3n de las iglesias manifiesta de manera palpable el esp\u00ed\u00adritu del Vat. II, su eclesiolog\u00ed\u00ada, su teolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica y del sacerdocio, su concepci\u00f3n de los ministerios. Si la nueva disposici\u00f3n del edificio recuerda la de las bas\u00ed\u00adlicas antiguas, esto no deriva de una inclinaci\u00f3n arqueol\u00f3gica, sino del hecho de que, con el Vat. II, la iglesia del s. xx, enraiz\u00e1ndose m\u00e1s profundamente en la tradici\u00f3n de los padres, ha redescubierto el tipo de celebraci\u00f3n cuyos art\u00ed\u00adfices fueron ellos.<\/p>\n<p>b) El edificio-iglesia, epifan\u00ed\u00ada de la \u00abiglesia\u00bb: El marco de una celebraci\u00f3n comunitaria. Mientras que la misa descrita en el Missale tridentino era la misa celebrada por un sacerdote acompa\u00f1ado de su ministro, sin referencia a la presencia de los fieles, la liturgia de la misa del Misal del Vat. II comienza con estas palabras: \u00abReunido el pueblo, mientras entra el sacerdote con sus ministros, se da comienzo al canto de entrada\u00bb (Rito de la misa con el pueblo, r\u00fabrica inicial; cf OGMR 25). La SC hab\u00ed\u00ada declarado ya que \u00abla principal manifestaci\u00f3n de la iglesia se realiza en la participaci\u00f3n plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones lit\u00fargicas, particularmente en la eucarist\u00ed\u00ada, en una misma oraci\u00f3n, junto al \u00fanico altar, donde preside el obispo rodeado de su presbiterio y ministros\u00bb (41). Igualmente hab\u00ed\u00ada ense\u00f1ado que en la concelebraci\u00f3n \u00abse manifiesta apropiadamente la unidad del sacerdocio\u00bb (57). He aqu\u00ed\u00ad, pues, el objetivo al que debe aspirar el dise\u00f1o de la iglesia: una liturgia solemne concelebrada por los sacerdotes, rodeados por los di\u00e1conos y por los dem\u00e1s ministros, con la participaci\u00f3n un\u00e1nime de la asamblea.<\/p>\n<p>Por eso \u00abla disposici\u00f3n general del edificio sagrado conviene que se haga de tal manera que sea como una imagen de la asamblea reunida, que consienta un proporcionado orden de todas sus partes y que favorezca la perfecta ejecuci\u00f3n de cada uno de los ministerios\u00bb (OGMR 257).<\/p>\n<p>Unidad en la diversidad, \u00abpueblo congregado en unidad con su sacerdote\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de san Cipriano (Efe 66:8): \u00bfno es quiz\u00e1 \u00e9ste uno de los temas fundamentales de la Lumen gentium? El lugar propio del sacerdote y de sus ministros debe ser distinto del de los fieles, para \u00abponer de relieve la disposici\u00f3n jer\u00e1rquica y la diversidad de ministerios\u00bb (OGMR 257); pero la unidad del presbiterio con la nave deber\u00e1 percibirse tambi\u00e9n, ya que sacerdote y ministros forman con los fieles un solo pueblo de los bautizados. Se evitar\u00e1 particularmente todo lo que podr\u00ed\u00ada impedir a los fieles la vista del altar y del amb\u00f3n: la ausencia de comunicaci\u00f3n ocular provoca una ruptura en la celebraci\u00f3n. Se evitar\u00e1 adem\u00e1s separar demasiado la schola de la asamblea. Es necesario que los cantores puedan orar con sus hermanos, escuchar con ellos la palabra de Dios, acercarse juntos a la mesa del Se\u00f1or (cf OGMR 274).<\/p>\n<p>El altar \u00fanico. La constituci\u00f3n lit\u00fargica hace alusi\u00f3n al \u00abunum altare\u00bb (SC 41). Una celebraci\u00f3n comunitaria restituye al altar mayor su puesto principal. Por eso \u00ablos altares menores sean pocos, y en las nuevas iglesias, col\u00f3quense en capillas que est\u00e9n de alg\u00fan modo separadas de la nave de la iglesia\u00bb (OGMR 267). Se vuelve, pues, a la concepci\u00f3n de los primeros siglos, a la que el Oriente ha permanecido siempre fiel. Ni siquiera la reserva eucar\u00ed\u00adstica requiere un altar especial. Simplemente, \u00abel sant\u00ed\u00adsimo sacramento se pondr\u00e1&#8230; o en alg\u00fan altar o fuera del altar, en una parte m\u00e1s noble de la iglesia, bien ornamentada\u00bb(OGMR 276). La unicidad devuelve al altar toda su fuerza simb\u00f3lica. Construido ordinariamente en piedra (OGMR 263), el altar es el icono m\u00e1s santo, pues representa a Cristo, fuente que mana vida, como la roca golpeada por Mois\u00e9s en el desierto. \u00abEl altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales, es, adem\u00e1s, la mesa del Se\u00f1or&#8230;; es tambi\u00e9n el centro de la acci\u00f3n de gracias que se realiza en la eucarist\u00ed\u00ada\u00bb (OGMR 259). El simbolismo del altar tumba de los m\u00e1rtires no desaparece, pero ya no es esencial. Se conservar\u00e1 el uso de encerrar en \u00e9l las reliquias de los santos, si se juzga oportuno, pero a condici\u00f3n de que \u00abconste con certeza la autenticidad de tales reliquias\u00bb (OGMR 266).<\/p>\n<p>Mesa del Se\u00f1or como es, el altar no requiere grandes dimensiones. Desde el momento en que la cruz y los candelabros pueden colocarse tambi\u00e9n fuera del mismo (OGMR 269-270), basta que su superficie pueda acoger, adem\u00e1s del misal, las formas necesarias para la comuni\u00f3n y los c\u00e1lices destinados a la concelebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En fin, el altar deber\u00e1 estar dispuesto de modo que \u00abse le pueda rodear f\u00e1cilmente\u00bb (para la incensaci\u00f3n), y sobre todo \u00abla celebraci\u00f3n se pueda hacer de cara al pueblo\u00bb (OGMR 262). As\u00ed\u00ad es como sacerdote y fieles son verdaderamente \u00abcircumstantes\u00bb, de pie alrededor del altar (canon romano). Entonces es cuando se manifiesta en plenitud la armon\u00ed\u00ada entre el sacerdocio ministerial de los presb\u00ed\u00adteros y el sacerdocio com\u00fan de los fieles, puesta de manifiesto por la LG: \u00abAunque diferentes esencialmente y no s\u00f3lo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del \u00fanico sacerdocio de Cristo\u00bb (LG10). Por tanto, no deber\u00ed\u00ada asombrarnos el hecho de que la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada vueltos al pueblo haya entrado en pocos a\u00f1os en el uso universal.<\/p>\n<p>El Misal no trata sobre el modo de valorar el car\u00e1cter sagrado del altar. Conviene, sin embargo, que, \u00abseg\u00fan las diversas tradiciones y costumbres de los pueblos\u00bb (OGMR 264), se procure crear un marco de decoro en torno a la celebraci\u00f3n del memorial de la pascua de Cristo, como contribu\u00ed\u00adan a crearla, en los siglos pasados, el ciborio, el retablo fastuoso, los balaustres, los cortinones preciosos y las l\u00e1mparas.<\/p>\n<p>La sede del que preside. En lugar del trono episcopal con baldaquino blasonado, y del taburete en que el sacerdote se sentaba entre el di\u00e1cono y el subdi\u00e1cono, tenemos el sitial del obispo o del sacerdote. Su colocaci\u00f3n debe expresar el cometido del celebrante, que es el \u00abde presidente de la asamblea y director de la oraci\u00f3n\u00bb (OGMR 271). La menci\u00f3n de la presidencia se encuentra ya en la descripci\u00f3n de la liturgia dominical hecha por san Justino hacia la mitad del s. II (Apolog\u00ed\u00ada I, 67). \u00abEl que preside\u00bb es tambi\u00e9n el que ense\u00f1a y el que ofrece el sacrificio. El habla y obra en nombre de Cristo y con su autoridad. Cristo est\u00e1 presente en \u00e9l, como remacha la constituci\u00f3n lit\u00fargica (SC 7).<\/p>\n<p>La sede del obispo o del sacerdote debe, por tanto, realzarse del modo que mejor cuadre con la estructura del edificio. La soluci\u00f3n antigua, que situaba la c\u00e1tedra al fondo del \u00e1bside, no es necesariamente la mejor hoy, con una asamblea m\u00e1s bien est\u00e1tica. En tiempos de Agust\u00ed\u00adn, la gente se agolpaba alrededor del obispo y de su sitial sobreelevado, para no perder una palabra suya; luego le acompa\u00f1aba cuando descend\u00ed\u00ada al altar. En nuestros d\u00ed\u00adas, enque cada uno ocupa un puesto determinado, es necesario prestar atenci\u00f3n a que no resulte dif\u00ed\u00adcil \u00abla comunicaci\u00f3n entre el sacerdote y la asamblea\u00bb (OGMR 271).<\/p>\n<p>La ->I concelebraci\u00f3n plantea un problema particular. El celebrante principal ocupa el primer puesto, pero no deber\u00ed\u00ada estar demasiado aislado de los dem\u00e1s celebrantes. En efecto, la concelebraci\u00f3n no comienza en la plegaria eucar\u00ed\u00adstica; la participaci\u00f3n de los concelebrantes en la liturgia de la palabra es parte integrante del rito en su conjunto. Es el conjunto el que manifiesta la unidad del sacerdocio.<\/p>\n<p>El lugar donde se anuncia la palabra de Dios. \u00abEn la liturgia Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el evangelio\u00bb (SC 33). Es, pues, importante que la asamblea de los bautizados se ponga a la escucha de la palabra, la comprenda y responda a ella con sus cantos. La facultad de adoptar la lengua del pueblo ha hecho posible este retorno a las fuentes de la liturgia cristiana.<\/p>\n<p>La importancia de la proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios por parte del ministro y de su recepci\u00f3n por parte de la asamblea tiene como corolario la valoraci\u00f3n del lugar desde el que se anuncia la palabra. Se impon\u00ed\u00ada obviamente abandonar el atril m\u00f3vil y volver a la antigua peana elevada desde la que el lector es visto y o\u00ed\u00addo por todos, o al amb\u00f3n de las antiguas bas\u00ed\u00adlicas desaparecido en el medievo. Su necesidad apremiaba tanto, que reapareci\u00f3 en las iglesias antes que se publicara la instr. \u00ed\u008dnter oecumenici, es decir, cuando se comenz\u00f3 a proclamar la lectura en lengua hablada (cuaresma de 1964).<\/p>\n<p>Teniendo presente la estructura de cada iglesia, el amb\u00f3n \u00abdebe estar colocado de tal modo que permita al pueblo ver y o\u00ed\u00adr bien a los ministros\u00bb. Deber\u00e1 siempre poner de manifiesto \u00abla dignidad de la palabra de Dios\u00bb y favorecer su anuncio. Ser\u00e1 el lugar \u00abhacia el que, durante la liturgia de la palabra, se vuelva espont\u00e1neamente la atenci\u00f3n de los fieles\u00bb (OGMR 272).<\/p>\n<p>Las misas para -> grupos particulares. Aun dedicando la m\u00e1xima atenci\u00f3n a la disposici\u00f3n de las iglesias en funci\u00f3n de la participaci\u00f3n activa de los fieles en la eucarist\u00ed\u00ada, el Misal Romano no ignora, sin embargo, la misa celebrada \u00absin el pueblo\u00bb (cuyo rito describe), ni las misas celebradas para grupos particulares, de las que se ocupa la instrucci\u00f3n Actio pastorales (AAS 61 [1969] 806-811) (A. Pardo, Liturgia de la eucarist\u00ed\u00ada, col. Libros de la comunidad, Paulinas, etc., Madrid 1979, 199-203). Es evidente que el lugar de la presidencia y el de la palabra deben adaptarse a las circunstancias. As\u00ed\u00ad, \u00abfuera del lugar sagrado, sobre todo si se hace en forma ocasional (la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica) puede tambi\u00e9n celebrarse sobre una mesa decente, us\u00e1ndose siempre el mantel y el corporal\u00bb (OGMR 260). \u00abNo existe ninguna obligaci\u00f3n de tener una piedra consagrada&#8230; en la mesa sobre la que, en forma ocasional, se celebra la misa fuera del lugar sagrado\u00bb (OGMR 265).<\/p>\n<p>El culto de la sant\u00ed\u00adsima reserva eucar\u00ed\u00adstica. Fuera de la celebraci\u00f3n del memorial del Se\u00f1or, la sant\u00ed\u00adsima eucarist\u00ed\u00ada es objeto de culto como sacramento permanente. La instrucci\u00f3n Eucharisticum mysterium (AAS 59 [1967] 539-573) (A. Pardo, o.c., 167-198) expone los fines para los que se conserva la eucarist\u00ed\u00ada y recomienda la oraci\u00f3n ante el sant\u00ed\u00adsimo sacramento. Luego describe el lugar donde conservarla. Coherentemente, el Misal recomienda \u00abque el lugar destinado para la reserva de la sant\u00ed\u00adsima eucarist\u00ed\u00ada sea una capilla adecuada para la adoraci\u00f3n y la oraci\u00f3n privada de los fieles\u00bb (OGMR 276). No conviene, en efecto, conservar el sant\u00ed\u00adsimo sacramento sobre el altar mayor porque la presencia eucar\u00ed\u00adstica de Cristo sobre el altar no deber\u00ed\u00ada preceder a la apertura de la celebraci\u00f3n, sino, al contrario, coronarla. La presencia del Se\u00f1or en la asamblea en oraci\u00f3n, en el sacerdote celebrante, en la proclamaci\u00f3n de la palabra, prepara para acoger su presencia sustancial en el signo del pan y del vino (SC 7).<\/p>\n<p>El baptisterio. Seg\u00fan la instrucci\u00f3n \u00ed\u00adnter oecumenici, \u00aben la construcci\u00f3n y ornamentaci\u00f3n del baptisterio proc\u00farese diligentemente poner de relieve la dignidad del sacramento del bautismo, y que el lugar sea id\u00f3neo para las celebraciones comunitarias\u00bb (n. 99). Convendr\u00ed\u00ada dise\u00f1ar una verdadera sala bautismal, que pudiese servir tambi\u00e9n para los escrutinios del catecumenado de adultos [-> Iniciaci\u00f3n cristiana, IV, 1]. Se podr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n disponer la inserci\u00f3n del baptisterio en la iglesia misma, en cabecera de una nave lateral o bien en la nave \u00fanica, a la derecha o a la izquierda, con tal que el \u00e1rea del baptisterio sea netamente distinta del presbiterio y est\u00e9 sobre un plano m\u00e1s bajo respecto a \u00e9ste. Esta elecci\u00f3n conviene particularmente para la celebraci\u00f3n del bautismo durante la misa dominical.<\/p>\n<p>La liturgia habla de la fuente bautismal. En ciertas iglesias se ha visualizado esta idea del baptisterio-fuente haciendo que brote un verdadero chorro de agua manantial. \u00bfNo es acaso \u00e9sta el agua viva prometida por Jes\u00fas a la samaritana? \u00bfY no fue en el agua-manantial donde la iglesia bautiz\u00f3 durante siglos? Nada se opone a tal opci\u00f3n, desde el momento en que fuera del tiempo pascual el sacerdote bendice el agua inmediatamente antes del uso.<\/p>\n<p>El lugar de la reconciliaci\u00f3n. Seg\u00fan el Ritual de la Penitencia, corresponde a las conferencias episcopales \u00abdeterminar normas concretas en cuanto al lugar apto para la ordinaria celebraci\u00f3n del sacramento de la penitencia\u00bb (38, b). Si nos atenemos al modo como el Ritual describe el desarrollo de la reconciliaci\u00f3n individual de los penitentes, el lugar escogido debe facilitar la toma de contacto personal y el di\u00e1logo entre el sacerdote y el fiel, permitiendo a uno y otro adoptar la postura m\u00e1s conveniente: de pie, sentados, de rodillas. M\u00e1s bien que proponer para la confesi\u00f3n un lugar oscuro de la iglesia, conviene escoger para ella un espacio discreto, pero bien a la vista. En este espacio, delimitado si es preciso por una barandilla, se colocar\u00e1 por una parte una mesita con dos sillas, para el coloquio entre el sacerdote y el penitente, y por la otra un asiento con rejilla y reclinatorio.<\/p>\n<p>El Misal no se detiene mucho sobre la decoraci\u00f3n de las iglesias. Se limita a recordar la legitimidad del culto a las im\u00e1genes del Se\u00f1or, de la b. -> Virgen Mar\u00ed\u00ada y de los -> santos, si bien recomendando que el n\u00famero de tales im\u00e1g\u00e9nes no sea excesivo \u00aby que su disposici\u00f3n&#8230; no distraiga la atenci\u00f3n de los fieles de la celebraci\u00f3n\u00bb (OGMR 278). Mosaicos y pinturas, vidrieras y esculturas han enriquecido enormemente la belleza de las iglesias en el pasado. Hoy, como ha ense\u00f1ado el concilio, todas las culturas est\u00e1n invitadas a expresarse en la creaci\u00f3n de un sistema decorativo que sepa evocar la liturgia del cielo.<\/p>\n<p>Pero el mismo edificio sagrado hay que situarlo en un conjunto m\u00e1s vasto, que va m\u00e1s all\u00e1 del campo de la liturgia, para invadir el antropol\u00f3gico: \u00abUna oportuna disposici\u00f3n de la iglesia y de todo su ambiente&#8230; requiere que&#8230; se prevean adem\u00e1s todas las circunstancias que ayudan ala comodidad de los fieles, lo mismo que se tienen en cuenta en los sitios normales de reuni\u00f3n\u00bb (OGMR 280). Estas adaptaciones concretas manifiestan el enraizamiento de la casa de Dios entre las viviendas de los hombres.<\/p>\n<p>[-> Arquitectura; -> Arte; -> Celebraci\u00f3n; -> Iglesia y liturgia; ->l Dedicaci\u00f3n de iglesias y de altares; -> Mass-media].<\/p>\n<p>P. Jounel<\/p>\n<p>BIBLIOGRAFIA: De Aguilar J.M., Lugar y sede para la celebraci\u00f3n del sacramento de la Penitencia, en \u00abAra\u00bb 44 (1975) 44-51; Diekmann G., El lugar de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, en \u00abConcilium\u00bb 2 (1965) 67-110; Farn\u00e9s P., Sobre el buenuso del altar, de la sede y del amb\u00f3n, en \u00abOraci\u00f3n de las Horas\u00bb 2 (1981) 35-39; El lugar de la asamblea, ib, 4 (1983) 101-116; El baptisterio, ib, 9 (1984) 272-278; 2 (1985) 37-42; 4 (1985) 123-129; El lugar de la reserva eucar\u00ed\u00adstica, ib, 2 (1984) 41-48; 7-8 (1984) 217-222; Farn\u00e9s F.-Aldaz\u00e1bal J., El lugar de la celebraci\u00f3n, \u00abDossiers del CPL\u00bb 14, Barcelona 1982; Filthaut Th., Los cementerios como lugares de proclamaci\u00f3n, en \u00abConcilium\u00bb 32 (1968) 237-246; Martimort A.G., Los lugares sagrados, en La iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19672, 205-213; Pa-lacios M., El altar y sus servicios \u00abde sacra supellectile&#8217;; en \u00abLiturgia\u00bb 19 (1964) 269-292; Altar, sede, amb\u00f3n, ib, 20 (1965) 5-20; Righetti M., Historia de la liturgia 1, BAC 132, Madrid 1955, 382-504; Savioli A., La \u00faltima morada de los cristianos difuntos, en \u00abConcilium\u00bb 32 (1968) 223-236: VV.AA., Escenario de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en \u00abPhase\u00bb 32 (1966); VV.AA., Las casas de la Iglesia, ib, 111 (1979) 177-269. V\u00e9ase tambi\u00e9n la bibliograf\u00ed\u00ada de Arquitectura, Arte y Signo \/S\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El marco de la celebraci\u00f3n y su g\u00e9nesis: 1. El templo del Dios viviente; 2. Las casas de oraci\u00f3n del s. iii; 3. El florecimiento de las bas\u00ed\u00adlicas cristianas: a) La bas\u00ed\u00adlica, b) Los anejos de la bas\u00ed\u00adlica (baptisterio, \u00abmartyrium\u00bb, torres y campanarios, cementerio); 4. Teolog\u00ed\u00ada de la bas\u00ed\u00adlica: a) La estructura basilical, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lugares-de-celebracion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLUGARES DE CELEBRACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17151","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17151","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17151"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17151\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17151"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17151"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17151"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}