{"id":17152,"date":"2016-02-05T11:09:54","date_gmt":"2016-02-05T16:09:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerioministerios\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:54","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:54","slug":"ministerioministerios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerioministerios\/","title":{"rendered":"MINISTERIO\/MINISTERIOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Aproximaci\u00f3n eclesial-existencial: 1. Estado actual de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica; 2. Una perspectiva m\u00e1s global &#8211; II. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos de los ministerios: 1. Terminolog\u00ed\u00ada: diacon\u00ed\u00ada, ministerios, ministros: a) Ministerio cristiano, b) La ministerialidad del Cristo hist\u00f3rico y del Cristo m\u00ed\u00adstico-eclesial; 2. La designaci\u00f3n de los ministerios eclesiales; 3. Cuadro sin\u00f3ptico de la variedad de los ministerios &#8211; III. La tradici\u00f3n eclesial en su desarrollo hist\u00f3rico: 1. Patr\u00ed\u00adstica antenicena; 2. Patr\u00ed\u00adstica cl\u00e1sica; 3. Epoca medieval; 4. La escol\u00e1stica &#8211; IV. Las funciones espec\u00ed\u00adficas de cada grado: 1. Distribuci\u00f3n de las funciones: a) Desde la iglesia de los m\u00e1rtires hasta la iglesia de los padres, b) La praxis medieval; 2. Ordenes menores y praxis actual: a) Tradici\u00f3n antigua, b) Del concilio de Trento al Vat. II &#8211; V. Problem\u00e1tica teol\u00f3gico-lit\u00fargica de los ministerios: 1. Una nueva eclesiolog\u00ed\u00ada ministerial; 2. Redescubrimiento de los carismas: a) Cristarqu\u00ed\u00ada y apostolicidad, b) Ministerio pastoral y otros ministerios, c) Objeto e investidura del ministerio pastoral &#8211; VI. Perspectivas celebrativas y pastorales: 1. Para el episcopado; 2. Para el presbiterado; 3. Para el diaconado; 4. Para los ministerios instituidos.<\/p>\n<p>I. Aproximaci\u00f3n eclesial-existencial<br \/>\n1. ESTADO ACTUAL DE LA REFLEXI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA. La teolog\u00ed\u00ada de losministerios eclesiales se ha desarrollado especialmente despu\u00e9s del Vat. II, merced a que se ha fundado de nuevo una eclesiolog\u00ed\u00ada que ha encontrado en la const. conciliar LG su formulaci\u00f3n m\u00e1s compl\u00e9ta. No se puede negar que ha contribuido a esta nueva perspectiva tambi\u00e9n la crisis del sacerdocio ministerial, es decir, la discusi\u00f3n sobre la esencia del ministerio y de sus formas, que la situaci\u00f3n actual parece volver a proponer. Pero hay tambi\u00e9n una crisis personal del clero en la moderna fase de transici\u00f3n cultural de una civilizaci\u00f3n posindustrial, en la que la urbanizaci\u00f3n creciente de las \u00e1reas habitativas tiende a instaurar la prevalencia de di\u00f3cesis urbanas (con la desaparici\u00f3n de las agrupaciones rurales), donde la problem\u00e1tica socio-econ\u00f3mica y moral es cada vez m\u00e1s aguda.<\/p>\n<p>El cambio de las estructuras tanto eclesi\u00e1sticas como civiles despu\u00e9s del concilio, con las consiguientes nuevas praxis pastorales, ha influido ciertamente en hacer m\u00e1s vivas las investigaciones sobre la identidad de los ministerios; tanto m\u00e1s cuanto que la teolog\u00ed\u00ada ecum\u00e9nica considera este nudo crucial de la eclesiolog\u00ed\u00ada como uno de los puntos de desacuerdo de las diferentes confesiones cristianas. Aflora as\u00ed\u00ad una concepci\u00f3n secular del ministerio, que tiende a distanciarse del modo mon\u00e1stico de comprender el tipo sacerdotal, que hac\u00ed\u00ada de \u00e9l un g\u00e9nero de vida separado del mundo (una especie de clero regular como de segunda clase).<\/p>\n<p>En fin, una nueva conciencia del laicado en la iglesia, agudizada todav\u00ed\u00ada m\u00e1s por el descenso casi generalizado de las vocaciones sacerdotales, encuentra en la const. GS el impulso que la promueve.<\/p>\n<p>No han faltado las intervenciones del magisterio eclesi\u00e1stico sobre este asunto; y es \u00fatil hacer un an\u00e1lisis previo del estado actual de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el sacerdocio en general.<\/p>\n<p>El primer dato es el descubrimiento del punto de partida de esta teolog\u00ed\u00ada de los ministerios. Hay quien sigue partiendo del concepto de sacerdocio en una concepci\u00f3n de historia de las religiones (sacerdocio-culto-religi\u00f3n) para aplicar el concepto al sacerdocio de Cristo. Aunque as\u00ed\u00ad se parte de un dato general dentro de una cierta filosof\u00ed\u00ada del lenguaje, se corre sin embargo el riesgo de no captar el misterio cristiano espec\u00ed\u00adfico. Otro acercamiento es el de partir de la realidad sacerdotal universal, con la ventaja de anclarse no tanto en conceptos cuanto en esta realidad hist\u00f3rica que puede comprender tambi\u00e9n la historia salv\u00ed\u00adficacentrada en Cristo. Pero este m\u00e9todo puede dejar asimismo en la sombra algunas facetas del sacerdocio reveladas por Cristo; tanto m\u00e1s cuanto que est\u00e1 en crisis el concepto de lo sagrado (distinguido en m\u00ed\u00adstico-religioso-secular) aplicado al sacerdocio. Se puede partir tambi\u00e9n del dato b\u00ed\u00adblico veterotestamentario, consider\u00e1ndolo como revelado y preparatorio o figurativo del del NT; pero esto contrasta con el hecho de que el sacerdocio de Cristo supera en \u00e1ngulo de mira la perspectiva del AT, comprendiendo tambi\u00e9n la responsabilidad de Cristo respecto a los intereses del Padre y de los hombres, como pastor y cabeza del cuerpo m\u00ed\u00adstico; y tambi\u00e9n su prolongaci\u00f3n en el sacerdocio de la iglesia (sacerdocio ministerial). Parece l\u00f3gico partir de la realidad del sacerdocio ministerial del presbiterado-episcopado, pero con el riesgo de poner en segundo plano el sacerdocio de los fieles, y por tanto tambi\u00e9n de los ministerios subordinados (incluido el diaconado). La perspectiva del sacerdocio del pueblo de Dios, por su globalidad comprensiva, aparece como el punto de partida m\u00e1s b\u00ed\u00adblico; s\u00f3lo que esta noci\u00f3n de sacerdocio universal podr\u00ed\u00ada confundirse con el modelo democr\u00e1tico-demag\u00f3gico, poniendo as\u00ed\u00ad en segundo plano el sacerdocio de Cristo, que es en cambio el que funda el sacerdocio de los fieles. Se puede partir, en fin, tambi\u00e9n de la problem\u00e1tica del hombre de hoy a trav\u00e9s de una relectura de los signos de los tiempos; pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad existe el riesgo de no discernir el significado salv\u00ed\u00adfico de estos signos, tanto m\u00e1s si se tiene en cuenta el hecho de que muchas virtualidades del sacerdocio cristiano no se descubren ni siquiera a trav\u00e9s de un cuidadoso an\u00e1lisis sociol\u00f3gico, que de suyo necesitar\u00ed\u00ada una precomprensi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Un balance sumario de estas perspectivas nos indica ya un punto de partida irrenunciable: la presencia de Cristo sacerdote en la iglesia, comprendiendo en ella la realidad sacerdotal aplicada a Cristo (concepto de sacerdocio, realidad sacerdotal universal, sacerdocio del AT), o la participaci\u00f3n directa en el sacerdocio de Cristo (sacerdocio ministerial o laical), o el motivo estimulante de la realidad humana actual (mentalidad y problemas del hombre de nuestro tiempo).<\/p>\n<p>2. UNA PERSPECTIVA M\u00ed\u0081S GLOBAL nos parece que puede partir de la realidad del kerigma esencial de Cristo muerto y resucitado por nuestra salvaci\u00f3n; tambi\u00e9n la realidad sacerdotal de Cristo presente y operante en la iglesia bajo los signos sacramentales deriva en el fondo de tal centro focal. El Cristo mediador-pont\u00ed\u00adfice y sacerdote est\u00e1 presente en la iglesia: de esta realidad personal directa (no aplicada a Cristo con ideas categoriales), que alcanza en el l misterio pascual su cumbre de servicio fiel a Dios y a los hombres, se puede deducir una teolog\u00ed\u00ada fundada de los ministerios, no sujeta al proceso cr\u00ed\u00adtico de la secularizaci\u00f3n moderna, que ataca m\u00e1s a una idea hist\u00f3rica del sacerdocio que a la realidad de la persona de Cristo, fuente de todo sacerdocio que obra bajo los signos sacramentales y eclesiales.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre misterio sacerdotal y sacerdocio com\u00fan de los fieles se encuentra, pues, en esta fuente personal del Cristo sacerdote sumo y \u00fanico, que vive en la iglesia y por medio de su Esp\u00ed\u00adritu obra los carismas. La l\u00ed\u00adnea iglesiaministerio-sacramentos es la que prevalece en la teolog\u00ed\u00ada ecum\u00e9nica de hoy, porque se inspira en el aspecto carism\u00e1tico y viviente del Cristo que obra en la iglesia, m\u00e1s que en el estrictamente jur\u00ed\u00addico de los ministerios como poderes, recuperando as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la l\u00ed\u00adnea de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos de los ministerios<br \/>\nUna aproximaci\u00f3n a la biblia puede realizarse con dos orientaciones metodol\u00f3gicas diferentes: con una transposici\u00f3n del presente eclesial a las primeras comunidades cristianas, para descubrir la estructura constitucional de la iglesia; con la diferenciaci\u00f3n de los ministerios, para descubrir su identidad sustancial con la ministerialidad en la iglesia a lo largo de sus fases hist\u00f3ricas. Un examen de los primeros documentos cristianos de la \u00e9poca apost\u00f3lica, centrado en las designaciones jer\u00e1rquicas (sacerdocio ministerial y sus grados) reagrupadas tambi\u00e9n bajo las categor\u00ed\u00adas de los tria munera (regendi, sanctificandi, docendi), puede ser ambivalente porque supone una precomprensi\u00f3n del problema y una concepci\u00f3n est\u00e1tica de la realidad vital del cristianismo. Por el contrario, un an\u00e1lisis cuidadoso de las primeras fuentes b\u00ed\u00adblicas, aunque sea imparcial, presenta el peligro de considerarlas como un bloque monol\u00ed\u00adtico, sin discontinuidad. Una s\u00ed\u00adntesis de los dos m\u00e9todos parece preferible para las designaciones de los ministerios eclesiales en su rica variedad, con vistas a una percepci\u00f3n de la realidad de estos signos prolongados de Cristo en el mundo sin esquematismos r\u00ed\u00adgidos y absolutos.<\/p>\n<p>1. TERMINOLOG\u00ed\u008dA: DIACON\u00ed\u008dA, MINISTERIOS, MINISTROS. La voz dikon\u00ed\u00ada (lat. ministerium) significa ministerio, no s\u00f3lo en el sentido espec\u00ed\u00adfico de los di\u00e1conos, sino como realidad del servicio. Este concepto griego, que se consideraba como sin\u00f3nimo de esclavitud-servidumbre en sentido despectivo (Plat\u00f3n, Gorgias 429b), se convierte en el emblema de Cristo, que es el di\u00e1cono por excelencia del Padre y de los hombres (Heb 1:17.25; Heb 6:4; Heb 20:24; Rom 11:13; 2Co 4:1; 2Co 6:3; Tim 1,24, etc.). Se aplica tambi\u00e9n al apostolado, sea de la palabra (Heb 6:4; Heb 20:4), sea de la reconciliaci\u00f3n (2Co 5:18), e indica en general el ministerio apost\u00f3lico (Heb 1:25; Col 1:7). Este uso de la voz servicio, que cualifica al ministerio cristiano, lleva a evitar los t\u00e9rminos que en griego significan autoridad, poder, mandato, prefiriendo m\u00e1s bien los t\u00e9rminos de diakon\u00ed\u00ada o de leitourgueia.<\/p>\n<p>En el mundo romano, las categor\u00ed\u00adas de base no son servitium-ministerium, sino las de dignitas-honor, es decir, propias de la carrera (cursus honorum) que los funcionarios p\u00fablicos deb\u00ed\u00adan hacer; por tanto, cuando se habla de ministeria ecclesiastica, \u00e9stos se deben entender en sentido parcial, es decir, del diaconado en ayuda de los presb\u00ed\u00adteros-obispos; y s\u00f3lo un siglo despu\u00e9s del edicto de Mil\u00e1n el t\u00ed\u00adtulo de minister se aplica a los sacerdotes cristianos. Esta transposici\u00f3n de las funciones sacerdotales de ministeriales a honor\u00ed\u00adficas se debe, pues, a la concepci\u00f3n romana de la autoridad del ordo directivo de los colegios y de las entidades p\u00fablicas fuera de Roma, as\u00ed\u00ad como de los ordines de la capital del imperio.<\/p>\n<p>a) Ministerio cristiano. Esta voz, que se refiere a la misi\u00f3n de servir a los hombres para los misterios de Dios (1Co 4:1) y de cooperar en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios (,1), se especifica por las siguientes condiciones: estar al servicio eclesial de Dios y de los hombres; de manera permanente, es decir, no transitoria en s\u00ed\u00ad; de competencia espec\u00ed\u00adfica delos que est\u00e1n constituidos en autoridad eclesial (LG 10).<\/p>\n<p>b) La ministerialidad del Cristo hist\u00f3rico y del Cristo m\u00ed\u00adstico-eclesial. El ministerio de Cristo en su vida hist\u00f3rica es el punto central de la ministerialidad, y culmina en el misterio pascual: \u00e9l vino para servir (Mat 20:28; Mar 10:45). Los otros t\u00ed\u00adtulos que se le dan son: ap\u00f3stol (Heb 3:1), pastor (Jua 10:14; 1Pe 2:25; Heb 13:20), maestro (Jua 13:3), obispo (1Pe 2:25), sacerdote (Heb 5:6; Heb 7:17.21), sumo sacerdote (Heb 10:21; Heb 4:14-15). Policarpo, a finales del s. 1, llamar\u00e1 a Cristo el \u00abdi\u00e1cono siervo de todos\u00bb (Ad Phil. 5,2). Pero esta ministerialidad de Cristo se extiende a todo su cuerpo m\u00ed\u00adstico; en efecto, la iglesia tiene por fin intr\u00ed\u00adnseco este servicio escatol\u00f3gico fundamental, en tensi\u00f3n entre el mundo en que est\u00e1 encarnada y el reino a que est\u00e1 destinada (Heb 13:10).<\/p>\n<p>2. LA DESIGNACI\u00ed\u201cN DE LOS MINISTERIOS ECLESIALES. Una cierta imprecisi\u00f3n terminol\u00f3gica caracteriza los primeros escritos cristianos, por lo que es dif\u00ed\u00adcil hallar t\u00ed\u00adtulos t\u00e9cnicos para los diferentes ministerios. La diversa situaci\u00f3n de las iglesias y de los destinatarios de los escritos neo-testamentarios puede explicar el desarrollo de la terminolog\u00ed\u00ada en el espacio de dos tercios de siglo, es decir, hasta Clemente Romano e Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>A ning\u00fan ministro se le llama sacerdote; el t\u00ed\u00adtulo de sacerdote (hiereus) aplicado a los ministros cristianos deriva s\u00f3lo del paralelismo con el ministerio y el culto del AT. El motivo de tal ausencia consiste en el hecho de que el pueblo de Dios se caracterizaba, respecto a las distintas naciones paganas, como un pueblo sacerdotal, una naci\u00f3n santa (Exo 19:6). Esta terminolog\u00ed\u00ada sacerdotal, referida a todo el pueblo de Dios tambi\u00e9n en el NT (1Pe 2:5), no excluye, sin embargo, la existencia de sacerdotes jer\u00e1rquicos en la iglesia. Ante todo, en la primera generaci\u00f3n cristiana se trataba de diferenciar el sacerdocio cristiano del sacerdocio lev\u00ed\u00adtico (la carta a los Hebreos considera el sacerdocio lev\u00ed\u00adtico s\u00f3lo como punto de partida, como elemento anal\u00f3gico), porque ni Cristo ni los ap\u00f3stoles pertenec\u00ed\u00adan a una tribu sacerdotal como la de Lev\u00ed\u00ad. En sustancia, el sacerdocio de Cristo y de sus ministros no es ni \u00e9tnico, ni nacional, ni hereditario, sino un sacerdocio nuevo. Pero entonces hay que explicar por qu\u00e9 se llama a Cristo sumo sacerdote: el culto nuevo inaugurado por el sacrificio de Cristo, en el que hay unicidad e identidad tanto del sacerdote como de la v\u00ed\u00adctima, funda un contenido nuevo del sacerdocio, incluyendo en \u00e9l no s\u00f3lo la relaci\u00f3n con el sacrificio (Heb 5:1; Heb 8:3; Agust\u00ed\u00adn, Confesiones 10,42: \u00absacerdos quia sacrificium\u00bb), sino tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con la evangelizaci\u00f3n, la predicaci\u00f3n, el magisterio. Cristo, en efecto, no ha ofrecido v\u00ed\u00adctimas cruentas (Heb 9:1 lss); y por eso su sacerdocio es celeste, es decir, un ofrecimiento permanente, eterno, de su mismo sacrificio hist\u00f3rico de la cruz (Heb 9:7.14; Heb 10:10, etc.), del que hacemos el memorial eucar\u00ed\u00adstico (1Co 11:24). En el NT se usa m\u00e1s bien la frase offerre munera en vez de emplear el t\u00e9rmino sacrificio (thusia), usado en los LXX un total de ciento treinta veces para indicar el sacrificio cruento (a veces tambi\u00e9n Incruento). La especificidad del sacerdocio de Cristo y de su sacrificio, llamado \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb (Heb 2:42-44), memorial del Se\u00f1or (Luc 22:19), eucarist\u00ed\u00ada (1Co 14:16-18), explica, pues, esta reserva terminol\u00f3gica aplicada a los ministros del culto cristiano designados seg\u00fan sus funciones. No faltan, sin embargo, las designaciones cultuales (cf la f\u00f3rmula de la 1Co 1:2 : \u00abLos que invocan en todo puesto y cargo el nombre de nuestro Se\u00f1or\u00bb: topos aqu\u00ed\u00ad no significa lugar) ni referencias al culto espec\u00ed\u00adficamente lit\u00fargico (Heb 13:1-2; cf I.a Clementis ad Cor. 40,5); pero prevalecen los t\u00e9rminos de episcopi (inspectores), de presbiteri (ancianos), de diaconi (Flp 1:1) aplicados a funciones m\u00e1s o menos identificadas. Esta terminolog\u00ed\u00ada, que luego se har\u00e1 cl\u00e1sica, aparece tambi\u00e9n asociada a otras voces: colaboradores (Flp 2:25), presidentes (1Ts 5:12), gu\u00ed\u00adas (Heb 13:7; Heb 17:24), pastores (Efe 4:11), di\u00e1conos (Pablo usa treinta veces el t\u00e9rmino esclavo, m\u00e1s fuerte que el de di\u00e1cono, usado treinta y un veces).<\/p>\n<p>3. CUADRO SIN\u00ed\u201cPTICO DE LA VARIEDAD DE LOS MINISTERIOS. Se pueden distinguir las funciones eclesiales seg\u00fan el lugar de pertenencia: supra-local o local de las iglesias. Los ministros con funciones supralocales m\u00e1s o menos universales o regionales son: los ap\u00f3stoles, que comprenden bien a los doce, bien m\u00e1s tarde a los otros enviados, como Bernab\u00e9, Silas, Tito, Timoteo (cf Heb 14:4); otras personas dignas de confianza (2Ti 2:2); profetas (Didaj\u00e9 10,7); personas eminentes (1.a Clem. 44,3); mientras que los ministros con funciones de alcance local son.: los ep\u00ed\u00adscopi, sea en Efeso (Heb 20:28; 1Ti 3:2), sea en Filipos (Flp 1:1), sea en Creta (Tit 1:7), sea en Corinto (l.a Clem. 42,4-5); presb\u00ed\u00adteros, en Jerusal\u00e9n (Heb 11:30; Heb 15:2ss) o en la di\u00e1spora (Stg 5:14), luego en Asia Menor (Heb 14:23; Heb 20:17; Tit 1:5); gu\u00ed\u00adas (heg\u00fameni); auxiliares (proheg\u00fameni: I.a Clem. 21,6); presidentes o primicias (1Co 16:15); pastores; pilotos (1Co 12:28); liturgos (1Co 1:2). Dentro de estas funciones se indica a las personas dotadas de carismas para la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo, que, adem\u00e1s de los ap\u00f3stoles, comprende: los profetas, los pastores y los doctores (1Co 12:1-13.28; Rom 12:3-8; Efe 4:11). La direcci\u00f3n de la iglesia apost\u00f3lica y sub-apost\u00f3lica en esta primera \u00e9poca resulta, pues, constituida por los ap\u00f3stoles (los doce, m\u00e1s Pablo), por los obispos, por los misioneros (ap\u00f3stoles, es decir, enviados), por los profetas (Didaj\u00e9 10,7), por personas eminentes y por obispos residenciales (Santiago en Jerusal\u00e9n, Timoteo en Efeso, Tito en Creta, Clemente en Roma, Ignacio en Antioqu\u00ed\u00ada, Policarpo en Esmirna, y los dem\u00e1s obispos destinatarios de las cartas de Ignacio); junto a ellos est\u00e1n otras personas que ejercen una direcci\u00f3n colegial de cada comunidad local. Entre los ministros auxiliares se pueden indicar: los siete (Heb 6:3; Heb 21:8), los di\u00e1conos (Flp 1:1, 1Ti 3:8-13), los j\u00f3venes (neoteroi: Heb 5:6; 1Pe 5:5; neaniscoi: Heb 5:10); en fin, todos los fieles, a los que se llama santos (Heb 3:32-41, etc.) nada menos que doscientas treinta y tres veces. Esta variedad nos permite captar la l\u00ed\u00adnea constante que une la estructuraci\u00f3n vertical de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica de estas comunidades primitivas en su desarrollo hist\u00f3rico hasta Ignacio (\u00abun solo obispo junto con los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos\u00bb: Filadelfios 4; Efesios 4; Magnesios 2; Tralianos 2,3) con la realidad eclesial de base, aunque no nos es posible determinar exactamente cada una de las funciones de la categor\u00ed\u00ada sacerdotal jer\u00e1rquica de los miembros del colegio directivo de cada comunidad. De todos modos, es cierto que las funciones presidenciales de direcci\u00f3n y de gobierno de la comunidad no se pueden separar, sea de las funciones doctrinales (kerigm\u00e1ticas, did\u00e1cticas, evangelizadoras), sea de las sacramentales (1Co 1:2; 1Co 11:20; etc.), sea de las caritativas, sea de las representativas (de representaci\u00f3n oficial de la comunidad: 1Ti 3:2).<\/p>\n<p>IIl. La tradici\u00f3n eclesial en su desarrollo hist\u00f3rico<br \/>\nEl estudio de la tradici\u00f3n hist\u00f3rica tanto oriental como occidental permite esclarecer mejor los t\u00e9rminos de lo que se ha llamado el problema ecum\u00e9nico por excelencia. Ya desde el tiempo de la Reforma los te\u00f3logos se hab\u00ed\u00adan dedicado a investigar los documentos de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica; posteriormente se detuvieron m\u00e1s en el aspecto propiamente dogm\u00e1tico o sistem\u00e1tico de los ministerios. Pero el objetivo com\u00fan era el de demostrar que, desde los primeros siglos, se atribuy\u00f3 a los ministerios jer\u00e1rquicos un car\u00e1cter sacerdotal-cultual, aun teniendo en cuenta la reserva en la terminolog\u00ed\u00ada recordada ya arriba. La profundizaci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica de esta tradici\u00f3n insiste hoy m\u00e1s en las relaciones del ministerio con el profetismo, mientras que en el campo ecum\u00e9nico surge el problema de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica del ministerio episcopal. Para las relaciones de estricta interdependencia entre la eclesiolog\u00ed\u00ada y el sacerdocio, el estudio de los ministerios en el contexto del organismo eclesial se dirige a la profundizaci\u00f3n de la naturaleza y de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de cada uno de los ministerios y de sus funciones espec\u00ed\u00adficas, as\u00ed\u00ad como de la gracia propia de cada uno de ellos. De este modo se ha puesto cada vez m\u00e1s de manifiesto la relaci\u00f3n que los padres descubr\u00ed\u00adan entre la apostolicidad de las iglesias, la misi\u00f3n jer\u00e1rquica y el misterio de pentecost\u00e9s; y sobre todo son indicativas las relaciones entre carisma y ministerio. En la tradici\u00f3n de la iglesia antenicena (desde los padres apost\u00f3licos hasta la I.a Clementis y hasta Ignacio), y tambi\u00e9n en tierras africanas (Tertuliano, Cipriano) y en Alejandr\u00ed\u00ada (Clemente, Or\u00ed\u00adgenes), no se pueden pasar por alto los temas de la colegialidad y de la \u00ed\u00adndole simb\u00f3lico-sacramental de las personas y de las actividades de los ministros eclesiales.<\/p>\n<p>1. PATRISTICA ANTENICENA. Ante todo, no se encuentra un cuerpo compacto y homog\u00e9neo de doctrina. Pero se pueden describir algunas l\u00ed\u00adneas de desarrollo. La expansi\u00f3n originaria del cristianismo llamada misionera en las primeras comunidades cristianas privilegi\u00f3 ciertamente la funci\u00f3n prof\u00e9tica y la tarea de unidad que compet\u00ed\u00ada sobre todo al episcopado (cf Ignacio, La Clementis), dejando en segundo plano el aspecto cultual de los ministerios. Con la aparici\u00f3n de las primeras herej\u00ed\u00adas, sobre todo de la gn\u00f3stica, se impon\u00ed\u00ada la necesidad de una regla de fe que permitiese discernir entre la tradici\u00f3n aut\u00e9ntica y las novedades: as\u00ed\u00ad, el criterio de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica les pareci\u00f3 decisivo a Ireneo y a sus contempor\u00e1neos, porque la figura del obispo se coloca en la l\u00ed\u00adnea de esta misi\u00f3n recibida y transmitida por los ap\u00f3stoles para asegurar la continuidad de las funciones apost\u00f3licas en la iglesia. La crisis montanista en Africa, con sus contraposiciones: entre la iglesia munere episcoporum y la ecclesia Spiritus; entre la disciplina y la potestas; entre el ministerio y el carisma, sobrevalorando los elementos carism\u00e1ticos a expensas de los elementos institucionales, llev\u00f3 a los padres a insistir en la existencia de un poder exclusivo de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesial, pasando un poco por alto los elementos de la gracia o carisma del Esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad se explica la frecuencia del uso de una terminolog\u00ed\u00ada de tipo casi profano aplicada a los ministerios en Roma: honor, dignitas, auctoritas. Pero una vez alejado el peligro de confusi\u00f3n entre el sacerdocio del AT y el cristiano, se empez\u00f3 a usar con mayor libertad la terminolog\u00ed\u00ada cultual-sacerdotal, como aparece ya en el rito y en las oraciones de ordenaci\u00f3n de Hip\u00f3lito (Tradici\u00f3n apost\u00f3lica), donde la idea del sacerdocio es preeminente con referencia al sacerdocio del AT. Las controversias sobre las tradiciones contrastantes de las diferentes iglesias (por ejemplo, en la celebraci\u00f3n de la pascua, en el trato que deb\u00ed\u00ada darse a los ap\u00f3statas y respecto a la validez del bautismo de los herejes) favorecieron frecuentes intercambios entre las diversas iglesias y una intensa actividad conciliar, en beneficio de la conciencia de la colegialidad episcopal (cf la doctrina de Cipriano) y de la profundizaci\u00f3n de las relaciones entre las funciones ministeriales y el misterio de la iglesia.<\/p>\n<p>2. PATR\u00ed\u008dSTICA CL\u00ed\u0081SICA. LOS sermones y los tratados de los padres sobre el tema del sacerdocio considerado ex professo (por ejemplo, de san Juan Cris\u00f3stomo), as\u00ed\u00ad como las homil\u00ed\u00adas para el aniversario de la propia ordenaci\u00f3n, contribuyeron a la profundizaci\u00f3n de la doctrina en relaci\u00f3n con cada una de las tres funciones: prof\u00e9tica, lit\u00fargica, pastoral; pero sobre todo hicieron emerger la unidad del ministerio cristiano en el sentido de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n. Los puntos sobresalientes de esta doctrina m\u00e1s evolucionada son: el simbolismo de los ritos consecratorios para descubrir la gracia propia de cada ministerio; la funci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada como \u00f3rgano del Esp\u00ed\u00adritu para la edificaci\u00f3n de la iglesia; el car\u00e1cter de representantes de Cristo atribuido a los ministros en sentido fuerte, en cuanto que \u00e9stos tienen una responsabilidad pastoral frente al pueblo de Dios (la caridad pastoral es uno de los temas preferidos de los padres). El cambio de condiciones sociopol\u00ed\u00adticas que condujo a la alianza entre iglesia y estado modific\u00f3 este equilibrio doctrinal: los privilegios, los honores y los s\u00ed\u00admbolos concedidos a la jerarqu\u00ed\u00ada (en especial a los obispos, considerados como dignatarios del estado) y el reconocimiento de la audientia episcopalis del tribunal eclesi\u00e1stico, llevaron a la irrupci\u00f3n en la liturgia de elementos ceremoniales derivados de los usos de la corte imperial (la c\u00e1tedra del obispo se convierte en trono), con una transformaci\u00f3n de la terminolog\u00ed\u00ada (dignitas, potestas) que se ajusta bien a la nueva idea del cursus honorum, en el que los distintos ministerios se conciben como promociones (gradus) necesarias para ascender al grado supremo del episcopado (cf can. 10 del concilio de S\u00e1rdica del 393: \u00abNadie puede ser elevado a este grado supremo del episcopado, que es un honor muy grande, y participar en el sacerdocio divino sin haber ejercido durante alg\u00fan tiempo el lectorado, el diaconado o el presbiterado\u00bb. El principio del organismo con pluralidad de funciones cede as\u00ed\u00ad el paso al principio de la jerarqu\u00ed\u00ada: el clericalismo de la carrera eclesi\u00e1stica queda as\u00ed\u00ad ya sancionado; y el estatuto distinto, y a menudo contrapuesto, de clero y laicado adquiere su valor jur\u00ed\u00addico. La idea primitiva de ministro aparece en cierto modo oscurecida.<\/p>\n<p>La ulterior difusi\u00f3n del cristianismo desde las ciudades a los pagos (de donde viene el t\u00e9rmino paganos), con la consiguiente multiplicaci\u00f3n de los ministerios en tantas comunidades dispersas, llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre la necesidad de una consagraci\u00f3n y de una potestas exercitii (por ejemplo, Atanasio precisa que nadie puede ofrecer v\u00e1lidamente la eucarist\u00ed\u00ada sin la imposici\u00f3n de manos de un obispo: se trataba de un cristiano que en un pueblo sin sacerdote pretend\u00ed\u00ada celebrar: Apologia contra Arium 11: PG 26,269). Se favorece as\u00ed\u00ad la concepci\u00f3n del sacerdocio en t\u00e9rminos de poder cultual eucar\u00ed\u00adstico y sacramental, en especial de lossacerdotes y de los di\u00e1conos en las parroquias distantes del centro urbano. El abandono de la predicaci\u00f3n en las mismas ciudades episcopales, en los ss. vi-vil, acentuar\u00e1 la cultualizaci\u00f3n de los ministerios; y esto se reflejar\u00e1 en los escritos de la \u00faltima patr\u00ed\u00adstica (por ejemplo, Isidoro de Sevilla, De ecclesiasticis officiis II, 5,2-6: PL 83, 780-782), donde el verdadero tipo del sacerdocio no es ya Cristo, ni siquiera Mois\u00e9s, profetasacerdote-legislador, sino Aar\u00f3n con los levitas del templo de Jerusal\u00e9n. Los ritos que se introducen en el Pontifical de la \u00e9poca carolingia convalidar\u00e1n esta tendencia al asemejamiento con las figuras del AT. La reacci\u00f3n contra las pretensiones de los di\u00e1conos, que ya bajo el papa D\u00e1maso hab\u00ed\u00adan intentado una insubordinaci\u00f3n hasta pretender celebrar los divinos misterios y considerarse iguales o incluso superiores a los presb\u00ed\u00adteros, llev\u00f3 a la tesis sostenida por un an\u00f3nimo (Ambrosi\u00e1ster), y luego por Jer\u00f3nimo (Ep. 146; 69,3), de la igualdad entre sacerdotes y obispos en el sacerdocio, precisamente en el plano cultual, que ejerci\u00f3 gran influjo en la teolog\u00ed\u00ada medieval.<\/p>\n<p>Esta controversia sobre tal diferencia de los ministerios contribuy\u00f3 a fijar cada vez m\u00e1s la atenci\u00f3n en los elementos (potestas) distintivos entre los diversos grados jer\u00e1rquicos, y no en los elementos comunes. La reacci\u00f3n agustiniana contra los donatistas llev\u00f3 a acentuar el principio de que la eficacia de los sacramentos no depende de la santidad personal de los ministros, sino del&#8217;valor objetivo del ministerio en general: esto ha influido en la evoluci\u00f3n de la doctrina de los ministerios, porque su validez o invalidez se hac\u00ed\u00ada depender de la condici\u00f3n objetiva personal, es decir, del curr\u00ed\u00adculum jer\u00e1rquico del ministro, y no del v\u00ed\u00adnculo con la iglesia local (principio de econom\u00ed\u00ada en Oriente). La praxis de las ordenaciones universales encuentra aqu\u00ed\u00ad su principio: el ministro v\u00e1lidamente ordenado puede ejercer en cualquier iglesia.<\/p>\n<p>En sustancia se puede decir que la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica de los ministerios, aunque no revela un orden sistem\u00e1tico, contiene una profundidad y variedad de perspectiva que, con la riqueza de los acentos sucesivos de escuela, explican las tendencias y tambi\u00e9n las deficiencias de la ulterior evoluci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada de los ministerios.<\/p>\n<p>3. EPOCA MEDIEVAL. A trav\u00e9s de Gregorio Magno, Isidoro de Sevilla y Beda, la corriente patr\u00ed\u00adstica lleg\u00f3 a Occidente en un per\u00ed\u00adodo en el que la iglesia estaba empe\u00f1ada en el esfuerzo de asimilaci\u00f3n y de adaptaci\u00f3n a las culturas llamadas b\u00e1rbaras. Sin embargo, se nota que, incluso en la cumbre de la teolog\u00ed\u00ada medieval de los ss. x11-xiv, la teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio no se desarroll\u00f3 como los dem\u00e1s sectores; la carencia de una teolog\u00ed\u00ada satisfactoria se debe a una eclesiolog\u00ed\u00ada reductiva y empobrecida por los condicionamientos apolog\u00e9ticos. La prevalencia de los estudios y de la mentalidad jur\u00ed\u00addica, por la que la iglesia se define coetus clericorum, y el recurso a la teor\u00ed\u00ada del pseudo-Dionisio (con la simetr\u00ed\u00ada entre iglesia triunfante e iglesia militante) llevan a aplicar la teolog\u00ed\u00ada del orden sacramental m\u00e1s a cuestiones pr\u00e1cticas de renuncia personal y de servicio a los dem\u00e1s, dando por supuestas las diferencias sociales entre las diversas clases del clero.<\/p>\n<p>4. LA ESCOL\u00ed\u0081STICA. LOS escol\u00e1sticos reanudar\u00e1n las teor\u00ed\u00adas antiguas de la negaci\u00f3n de una sacramentalidad espec\u00ed\u00adfica para el episcopado, considerado como perfecci\u00f3n del sacerdocio, siempre desde el supuesto de que la potestas sacramentalis, en especial en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada, es id\u00e9ntica en los dos grados del obispo y del presb\u00ed\u00adtero; tanto m\u00e1s cuanto que la potestas regendi aparece devaluada a causa de los abusos o prevaricaciones de no pocos obispos. Santo Tom\u00e1s, aun aceptando la tesis de Pedro Lombardo acerca de la duplicidad de los poderes sobre el cuerpo real y sobre el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo (de los que s\u00f3lo este \u00faltimo es propio del obispo, que sin embargo constituye un orden supremo en el sacerdocio), no llega nunca a las conclusiones de algunos te\u00f3logos modernos, que han considerado s\u00f3lo al obispo como verdadero sacerdote, ya que tambi\u00e9n el presb\u00ed\u00adtero participa de los poderes de gobierno del obispo (cf In IV Sent. d. 7, q. 3, a. 1, sol. 2, ad 3).<\/p>\n<p>IV. Las funciones espec\u00ed\u00adficas de cada grado<br \/>\nEl ejercicio de las funciones ministeriales ha registrado notables diferencias en la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica arriba esbozada en relaci\u00f3n con cada uno de los grados del orden. Podemos distinguir dos grandes etapas: la primera, que tiende a concentrar los ministerios de mayor trascendencia social en el obispo; la segunda, que una vez consolidada la figura del obispo, procede inversamente a una descentralizaci\u00f3n de forma gradual de los ministerios en favor del presb\u00ed\u00adtero y a veces del di\u00e1cono. Bas\u00e1ndose en el principio de la teolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica seg\u00fan el cual cada grado incluye la potestas de los grados inferiores, pod\u00ed\u00ada suceder que una disciplina contingente que imped\u00ed\u00ada a los grados inferiores ejercer sus funciones espec\u00ed\u00adficas se transformase en doctrina, causando una limitaci\u00f3n disciplinar en el ejercicio de tal poder, que se confundi\u00f3 as\u00ed\u00ad luego con la simple carencia del mismo.<\/p>\n<p>1. DISTRIBUCI\u00ed\u201cN DE LAS FUNCIONES. Se puede afirmar que hay una continuidad sustancial entre las funciones reconocidas por el Vat. II al obispo (LG 21; 25; 27), al presb\u00ed\u00adtero (LG 28; PO 4-6) y al di\u00e1cono (LG 29), y la praxis ya atestiguada en el s. 111; pero existen notables reservas de funciones por parte de los obispos a expensas del ejercicio de los ministerios por los grados inferiores.<\/p>\n<p>a) De la iglesia de los m\u00e1rtires a la iglesia de los padres. El esquema dualista de obispos-sacerdotes (dada la anfibolog\u00ed\u00ada de los t\u00e9rminos en la primera literatura cristiana: cf Didaj\u00e9 15,1), por un lado, y di\u00e1conos, por el otro, lo supera Ignacio, que distingue claramente las funciones episcopales de las presbiterales. La organizaci\u00f3n tripartita de los ministerios mayores en el NT, en analog\u00ed\u00ada con la del AT (sumo pont\u00ed\u00adfice-sacerdotes-levitas: cf La Clem. 40,5), responde al esquema de las cartas paulinas y de las pastorales. A los obispos-presb\u00ed\u00adteros les compete la liturgia (leiturgein: funciones cultuales-rituales), sobre todo el ofrecimiento del sacrificio (prosforein), y tambi\u00e9n alimentar a la grey (poimainein). A los di\u00e1conos no les compete un servicio sacerdotal (como suced\u00ed\u00ada con los levitas); la progresiva degradaci\u00f3n de los di\u00e1conos no se puede ciertamente atribuir al influjo del AT. Cuando el t\u00e9rmino di\u00e1cono cobr\u00f3 un significado espec\u00ed\u00adfico, el episcopado aparece ya en su forma mon\u00e1rquica con funciones plenarias consolidadas (cf Ireneo, Adversus Haereses 3, 3,1), si bien perdurando la fluctuaci\u00f3n de la terminolog\u00ed\u00ada obispo-presb\u00ed\u00adtero en algunas iglesias. En la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito (s. ni) las funciones de los tres \u00f3rdenes expresadas en los ritos de ordenaci\u00f3n atribuyen al obispo el esp\u00ed\u00adritu de principalidad o soberan\u00ed\u00ada (nn. 3-4); el presb\u00ed\u00adtero, el esp\u00ed\u00adritu degracia y consejo para gobernar al pueblo y celebrar el sacrificio (n. 7); al di\u00e1cono, que est\u00e1 ordenado no al sacerdocio, sino al ministerio del obispo para hacer lo que se le mande, el esp\u00ed\u00adritu de gracia, de solicitud y de industria (n. 8) para el servicio de la iglesia y del altar. La clave de la supremac\u00ed\u00ada del obispo no parece residir tanto en sus funciones de presidencia de las celebraciones cultuales y de cabeza de la comunidad, sino en el hecho de que s\u00f3lo \u00e9l tiene el poder de ordenar. En los ss. lv-v, a la doctrina del primado del obispo (\u00abpastorale fastigium et gubernatio ecclesiae\u00bb: Le\u00f3n Magno, Ad Ep. Mauritaniae Cesar. 44,6, c. 1: PL 54,646) se a\u00f1aden las reservas de funciones con especial importancia intraeclesial y social, como consagraci\u00f3n de iglesias, bendici\u00f3n del crisma, consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, reconciliaci\u00f3n de los penitentes, y sobre todo la predicaci\u00f3n homil\u00e9tica. Fuera de la iglesia de Alejandr\u00ed\u00ada, donde predicaban tambi\u00e9n presb\u00ed\u00adteros e incluso di\u00e1conos (cf Or\u00ed\u00adgenes), los presb\u00ed\u00adteros no predicaban ni en Roma ni en Constantinopla (aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo con la delegaci\u00f3n del obispo), aunque ya en tiempos de Agust\u00ed\u00adn y de Gregorio Magno se abrieron brechas en esta r\u00ed\u00adgida praxis (cf la reacci\u00f3n de Jer\u00f3nimo para reivindicar en pro de los presb\u00ed\u00adteros tal oficio de predicadores: Efe 53:7 : PL 22,534). Pero las circunstancias hist\u00f3ricas, como la defensa contra las herej\u00ed\u00adas, la conciencia m\u00e1s viva de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, la falta de preparaci\u00f3n doctrinal de muchos presb\u00ed\u00adteros, la \u00fanica concelebraci\u00f3n presidida por el obispo, mantuvieron tal reserva de hecho hasta la dispersi\u00f3n geogr\u00e1fica de los presb\u00ed\u00adteros por las iglesias de los pagos o aldeas rurales, en las que la necesidad de evangelizar a los pueblos invasores impuso la licentia de predicar, obtenida del obispo. Para las funciones de gobierno, la colaboraci\u00f3n con el obispo, aunque reconocida en los ritos de ordenaci\u00f3n a los presb\u00ed\u00adteros, de hecho la ejerce el arcediano, que tiende a extender sus funciones m\u00e1s all\u00e1 de la asistencia caritativa, la organizaci\u00f3n de las ceremonias, la presentaci\u00f3n de los ordenandos, el gobierno sustitutivo de la di\u00f3cesis en ausencia del obispo o en caso de sede vacante. La rebeli\u00f3n de los di\u00e1conos romanos en el s. Iv es un signo claro de ello (cf F. Prat, Les pr\u00e9tentions des diacres romains au quatri\u00e9me si\u00e9cle, en RSR 3 [1912] 463-475). La misma limitaci\u00f3n del n\u00famero de los di\u00e1conos a siete y la administraci\u00f3n de los bienes eclesi\u00e1sticos que ten\u00ed\u00adan encomendada contribuyen al eclipse de los presb\u00ed\u00adteros: la mayor parte de los papas anteriores al s. vlu, en Roma, fue elegida de entre los di\u00e1conos. Las excepciones expresamente autorizadas a los presb\u00ed\u00adteros para ordenar (DS 1145; 1146; 1290; 1435) se fundan en el hecho de que el poder papal supremo puede hacerlos part\u00ed\u00adcipes de este poder de gobernar, que de suyo no pertenece a los sacerdotes secundi ordinis (f\u00f3rmula de ordenaci\u00f3n romana del presb\u00ed\u00adtero); as\u00ed\u00ad vale para la consagraci\u00f3n del crisma, de las iglesias, y para otros actos presbiterales, cuya validez quedaba condicionada a la licencia del obispo, a quien pertenec\u00ed\u00adan auctoritate canonum. Pero las praxis son diversas; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, en Espa\u00f1a los presb\u00ed\u00adteros confirmaban con crisma bendecido por ellos mismos.<\/p>\n<p>b) La praxis medieval. En el Pontifical romano-germ\u00e1nico del s. x, la praxis se funde con la disciplina antigua en la determinaci\u00f3n de las funciones: \u00abAl di\u00e1cono le compete servir al altar y bautizar; al sacerdote, ofrecer, bendecir, presidir, predicar; al obispo, juzgar, interpretar (discernir, etc.), consagrar, consummare, ordenar, ofrecer, bautizar\u00bb.<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros, que hasta Carlomagno se llamaban sacerdotes de segundo grado, son reconocidos como \u00abpr\u00f3vidos cooperadores del orden episcopal\u00bb, con funciones que en el pasado no se ejerc\u00ed\u00adan de hecho; los di\u00e1conos son reducidos s\u00f3lo a funciones lit\u00fargicas, hasta el punto de correr el riesgo de extinci\u00f3n en Occidente por carencia de ejercicio. La reserva de los actos al obispo no s\u00f3lo para la licitud, sino tambi\u00e9n para la validez, que crea evidentes limitaciones del poder de los presb\u00ed\u00adteros y de los di\u00e1conos, se justifica, sin embargo, con el argumento de la unidad eclesial (con referencia a Ignacio), o con el recurso al ecclesiasticus ordo et concentus (cf Constituciones apost\u00f3licas III, 9; VIII, 27-28), o bien con la atenci\u00f3n ad honorem potius sacerdotii quam ad legem necessitatis (Jer\u00f3nimo, Altercatio luciferiani 9: PL 23,164-165). Respecto a la funci\u00f3n diaconal, se puede afirmar sint\u00e9ticamente que por su forma abierta, seg\u00fan los datos del NT, a la mayor libertad, tiende a evolucionar despu\u00e9s del s. iv: en Oriente, como funci\u00f3n clerical local, centrada en la asistencia lit\u00fargica al presb\u00ed\u00adtero; en Occidente, como una fase del cursus sacerdotal. En la tradici\u00f3n sir\u00ed\u00adaca exist\u00ed\u00adan las diaconisas (cf Constituciones apost\u00f3licas VIII, 28,6): \u00abSin embargo, la diaconisa no bendice, no hace algo que hagan el presb\u00ed\u00adtero y el di\u00e1cono; s\u00f3lo guarda las puertas, y sirve a los presb\u00ed\u00adteros cuando se bautizan las mujeres, por motivos de decencia\u00bb. Pero hay que a\u00f1adir que aunque estuvieran ordenadas con la imposici\u00f3n de las manos (cheirotonia), como los di\u00e1conos, no pertenec\u00ed\u00adan al clero en el gobierno de la iglesia; en Occidente, ciertos privilegios reservados a monjas, como lectura del evangelio o distribuci\u00f3n de la comuni\u00f3n, son quiz\u00e1 un residuo de una costumbre que permanece como \u00f3rgano rudimentario en el rito ad diaconam faciendam (sacramentario Gregoriano-Adrianeo, 214) (cf A.-G. Martimort, Les diaconesses, Roma 1982).<\/p>\n<p>2. \u00ed\u201cRDENES MENORES Y PRAXIS ACTUAL. En la jerarqu\u00ed\u00ada de orden no se comprend\u00ed\u00adan los \u00f3rdenes menores, aun teniendo el nombre de tales; pero exist\u00ed\u00adan desde la antig\u00fcedad varias categor\u00ed\u00adas de personas que ten\u00ed\u00adan funciones subalternas no siempre bien distintas de las de los di\u00e1conos. Las listas antiguas nos presentan diversidades no siempre reducibles a funciones homog\u00e9neas.<\/p>\n<p>a) Tradici\u00f3n antigua. Junto a los confesores, a las viudas, a los ascetas, a los exorcistas y a los sanadores, encontramos en el s. iv el siguiente orden de acceso a la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, dado por las Constituciones apost\u00f3licas (VIII, 13, 14 y 23): \u00abObispo, presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, subdi\u00e1conos, lectores, cantores, ascetas; y entre las mujeres, las diaconisas, las v\u00ed\u00adrgenes y las viudas; luego los ni\u00f1os, y s\u00f3lo despu\u00e9s todo el pueblo\u00bb. En otra lista de la misma fuente (III, 11,3), pero m\u00e1s antigua (Didascal\u00ed\u00ada sir\u00ed\u00adaca del s. ni), el orden es el siguiente: diaconisas, lectores, subdi\u00e1conos y ostiarios. Eusebio (Historia eclesi\u00e1stica I, 1-2) no tiene escr\u00fapulos en poner junto a la jerarqu\u00ed\u00ada a los did\u00e1scalos, los m\u00e1rtires y los pr\u00ed\u00adncipes civiles (\u00c2\u00a1es de sobra conocido el carisma divino que atribu\u00ed\u00ada al emperador!). Por eso no es f\u00e1cil distinguir, especialmente en Oriente, entre carismas y \u00f3rdenes ministeriales, tanto m\u00e1s cuanto que en los ritos siro-orientales el arcediano es miembro del orden presbiteral, mientras que en los ritos sirooccidentales las diaconisas tienen funciones de ac\u00f3lito: en las iglesias bizantinas el salmista es confundido de hecho con el ac\u00f3lito (antes de invitarlo a su oficio de proclamar la palabra de Dios, se habla de la funci\u00f3n de ceroferario), y ciertamente el subdi\u00e1cono se corresponde con nuestro ac\u00f3lito. En la iglesia latina, por debajo del diaconado, hasta el Vat. II, los \u00f3rdenes menores eran cinco: el subdi\u00e1cono (considerado orden mayor s\u00f3lo a partir del s. xiii), el ac\u00f3lito, el exorcista, el lector y el ostiario. Estos \u00f3rdenes menores se consideraban obligatorios ya en el documento de los Statuta Ecclesiae Antiqua, del s. v (476-485: galicano), al presentar el cursus completo de la iglesia romana antigua.<\/p>\n<p>b) Del concilio de Trento al Vat. II. El concilio Tridentino (Sess. XXIII, c. 17), queriendo hacer corresponder los \u00f3rdenes menores con los ministerios efectivos, a me-nudo ejercidos sin instituci\u00f3n eclesial alguna, no sali\u00f3 airoso en su objetivo reformador, sea porque no se re-defin\u00ed\u00ada la atribuci\u00f3n de cada ministerio, sea porque no llevaba a cabo su propuesta de suprimir los ministerios de ostiario y de exorcista, que se hab\u00ed\u00adan vuelto in\u00fatiles. En s\u00ed\u00adntesis, se puede decir que los \u00fanicos dos \u00f3rdenes inferiores al diaconado, que se encuentran por doquier desde la antig\u00fcedad, son: el subdiaconado, que en Occidente corresponde al acolitado, y el lectorado; para estas dos funciones se hablaba en los documentos lit\u00fargicos de ordinari (ser ordenados), pero nunca de imponere manus, reservado a los \u00f3rdenes mayores. La reforma vaticana (motu proprio Ministeria quaedam, del 15-8-1972) ha superado los puntos de vista restringidos del primitivo proyecto de reestructuraci\u00f3n, que se limitaba a proponer la supresi\u00f3n del exorcistado, ostiariado y subdiaconado, manteniendo, sin embargo, para el lectorado-acolitado el significado de \u00f3rdenes menores, reservados por ello a los cl\u00e9rigos. En cambio, el hecho de que hoy los di\u00e1conos realicen estas funciones ministeriales ha contribuido a reducir estos \u00f3rdenes a ministerios instituidos, es decir, no conferidos con ordenaci\u00f3n, indicando as\u00ed\u00ad el cambio de significado de sus funciones. Se trata ahora de ministerios laicales propiamente tales, a diferencia de los antiguos \u00f3rdenes menores, porque los fieles que los ejercen no asumen ya funciones de suplencia respecto a los cl\u00e9rigos, sino que ejercen un derecho fundado en el sacerdocio com\u00fan de los cristianos. Tambi\u00e9n en el caso de los candidatos al presbiterado o al diaconado, la obligaci\u00f3n impuesta a los cl\u00e9rigos de recibirlos no rebasa el significado de preparaci\u00f3n pedag\u00f3gica (\u00abpara mejor disponerse a las futuras tareas de la palabra y del altar\u00bb). Pero el nuevo significado reconocido a estos ministerios instituidos con vistas a un servicio m\u00e1s estable en el seno de la comunidad eclesial tiene por corolario la creaci\u00f3n de nuevas funciones, que no ten\u00ed\u00adan su correspondiente exacto en la disciplina antigua. As\u00ed\u00ad, a t\u00ed\u00adtulo de ejemplo, el documento pontificio indica como nuevos ministerios posibles el de catequista u otros servicios caritativos en la iglesia, ensanchando la esfera de estos ministerios al ser-vicio del mundo. Si bien el lectorado y el acolitado permanecen como ser-vicios comunes a todas las iglesias (en las iglesias orientales ser\u00e1 el subdiaconado correspondiente al acolitado), el n\u00famero de los ministerios y el campo de su ejercicio ser\u00e1 regulado por las conferencias episcopales, a las que tambi\u00e9n se invita a hacer propuestas para otros ministerios necesarios para las exigencias pastorales que van surgiendo. Con esta nueva disciplina, que distingue mejor los ministerios ordenados de los instituidos, bien que teniendo en cuenta las diversas realizaciones hist\u00f3ricas en cada iglesia, tambi\u00e9n los ministerios instituidos se caracterizan mejor respecto a los ministerios de hecho; en efecto, la instituci\u00f3n tiene por objeto significar cierta permanencia de tales servicios en raz\u00f3n de las necesidades y las actividades habituales de la iglesia. [Precisiones terminol\u00f3gicas sobre los ministerios y enumeraci\u00f3n completa: -> Asamblea, III, 2, a-d.]<\/p>\n<p>V. Problem\u00e1tica teol\u00f3gico-lit\u00fargica de los ministerios<br \/>\nEl problema de los ministerios hoy, despu\u00e9s de esta panor\u00e1mica hist\u00f3rica, se presenta sin duda con nuevas l\u00ed\u00adneas y exigencias, porque el estado hist\u00f3rico de la investigaci\u00f3n ha modificado o relativizado la simplicidad de ciertos esquemas fixistas de los manuales de tipo apolog\u00e9tico o escol\u00e1stico. Ya hemos subrayado que el NT presenta momentos sucesivos de organizaci\u00f3n de los ministerios, ligados a veces a zonas geogr\u00e1ficas diferentes (Corinto y las primeras iglesias paulinas, el ambiente jud\u00ed\u00ado de Mateo, Hechos y las Pastorales) y tambi\u00e9n un pluralismo de formas en funci\u00f3n de las necesidades pastorales (por ejemplo, los siete en Heb 6:1-6). Adem\u00e1s, los numerosos t\u00ed\u00adtulos de estas personas califican a funciones o acciones, en el sentido de que son los servicios los que califican a los ministerios. Los concilios no han resuelto de forma irrevocable todos los problemas, que siguen todav\u00ed\u00ada enmara\u00f1ados; por ejemplo, sobre la naturaleza de esta instituci\u00f3n divina, considerada origen de los ministerios (cf DS 1776 para el Tridentino y LG para el Vat. II): \u00bfse trata del simple hecho de su existencia?, \u00bfse trata de una distinci\u00f3n esencial de tipo ontol\u00f3gico, como la que se admite entre el sacerdocio ministerial o jer\u00e1rquico y el com\u00fan de los fieles (LG 10), o de tipo funcional? La diferencia entre sacerdotes y obispos, \u00bfest\u00e1 ya definida en su valor sacramental (diferencia s\u00f3lo de grado), hasta el punto de considerarla no susceptible de ulteriores especificaciones hist\u00f3ricas? \u00bfSobre qu\u00e9 bases podr\u00ed\u00ada reformularse, y sobre todo ejercerse, en la perspectiva de una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s ecum\u00e9nica de la iglesia, la relaci\u00f3n entre pontificado supremo del obispo de Roma, que \u00abpreside en la caridad\u00bb la iglesia universal, y el episcopado, sobre todo en su organismo colegial de tipo sinodal o conciliar? Todos estos interrogantes nacen del hecho de que el llamado derecho divino est\u00e1 sometido a cierta historicidad, y por tanto goza de una relativa reformabilidad, que deja siempre abierta la problem\u00e1tica dentro de l\u00ed\u00admites evidentemente determinados por la fidelidad esencial a la voluntad de Cristo, que ha instituido en su iglesia ministerios en continuidad con la misi\u00f3n encomendada en origen a los doce.<\/p>\n<p>1. UNA NUEVA ECLESIOLOG\u00ed\u008dA MINISTERIAL. Esta revalorizaci\u00f3n de los ministerios laicales, que afecta tambi\u00e9n a la -> mujer, es fruto de la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar caracterizada por dos movimientos: el recentramiento sobre Cristo de los ministerios; el descentramiento hacia la iglesia como tal (seg\u00fan una feliz f\u00f3rmula de Schillebeeckx) en el sentido pastoral, es decir, desde el centro hacia estructuras m\u00e1s colegiales. De la concepci\u00f3n dualista jerarqu\u00ed\u00ada-fieles, dominante en la teolog\u00ed\u00ada postridentina, se pasa a una teolog\u00ed\u00ada que comprende tres t\u00e9rminos: el sacerdocio de Cristo, \u00fanico sumo sacerdote, en cuanto que comprende tanto el sacerdocio ministerial como el sacerdocio com\u00fan de los fieles. La prioridad dada por el Vat. II al cap\u00ed\u00adtulo sobre el pueblo de Dios en la constituci\u00f3n LG sobre la iglesia (c. 2), respecto al cap\u00ed\u00adtulo sobre la jerarqu\u00ed\u00ada (c. 3), significa la prioridad de los valores de existencia y de ontolog\u00ed\u00ada sobrenatural (fundada en los sacramentos b\u00e1sicos de la vida cristiana) sobre los valores de estructuras institucionales: as\u00ed\u00ad los ministerios que corresponden a estas estructuras institucionales encuentran mejor sus cualidades funcionales, sobre todo si se los considera a la luz de la categor\u00ed\u00ada de misi\u00f3n, que atraviesa toda la teolog\u00ed\u00ada posconciliar.<\/p>\n<p>2. REDESCUBRIMIENTO DE LOS CARISMAS. Esta segunda aportaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada posconciliar concierne al valor y a la importancia de los carismas, y se debe a la eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n y de servicio en el contexto del di\u00e1logo ecum\u00e9nico, en orden a superar los excesos de clericalismo y juridicismo que se acentuaron en los siglos de cristiandad, en los que se consideraba al laicado en posici\u00f3n subalterna y sin autonom\u00ed\u00ada cultural. Las investigaciones del di\u00e1logo ecum\u00e9nico (Pour une r\u00e9conciliation des minist\u00e9res, Taiz\u00e9 1972), que llevaron a los acuerdos de Dombes, arribaron a estas perspectivas comunes a los cat\u00f3licos y protestantes, que no se pueden ignorar (cf Bautismo, Eucarist\u00ed\u00ada, Ministerio, FC, Lima 1982, nn. 1-55). Los puntos esenciales se pueden reducir a tres: la cristarqu\u00ed\u00ada y la apostolicidad; la relaci\u00f3n entre ministerio pastoral y otros ministerios; objeto e investidura del ministerio pastoral.<\/p>\n<p>a) Cristarqu\u00ed\u00ada y apostolicidad. La afirmaci\u00f3n de base de este se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo, siervo y ministro \u00fanico de su iglesia, es que su ministerio se convierte en norma de toda la doctrina y de toda la pr\u00e1ctica del ministerio cristiano. De este principio brota el criterio de la apostolicidad de la iglesia, que es apost\u00f3lica en su mismo ser, porque Cristo, enviado por el Padre, la env\u00ed\u00ada a su vez al mundo con la potencia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Dentro de este conjunto apost\u00f3lico de la iglesia y para su servicio se especifica la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica en el ministerio instituido por el Se\u00f1or. Remiti\u00e9ndose a los tres criterios de san Ireneo respecto a la plenitud de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica (la continuidad de la ordenaci\u00f3n a trav\u00e9s de personas a su vez ordenadas; la fidelidad a la ense\u00f1anza apost\u00f3lica; la conformidad de la vida con el evangelio), se afirma la normal indisolubilidad de estos tres elementos, en cuanto que esta sucesi\u00f3n es el signo ministerial que atestigua la apostolicidad de la iglesia y abre la comunidad a la venida y a la acci\u00f3n del Se\u00f1or mismo. El presupuesto de esta doble sucesi\u00f3n apost\u00f3lica es el doble significado del grupo de los doce en los evangelios: estos hombres son, por un lado, la personificaci\u00f3n de todo el pueblo de Israel en sentido escatol\u00f3gico, con las doce tribus reconstruidas (G\u00e1l 6:16); por otro lado, son los jueces de las doce tribus (Mat 19:28). Frente al mundo representan a la iglesia en misi\u00f3n; pero frente a los dem\u00e1s, es decir, a la grey, representan al \u00fanico pastor.<\/p>\n<p>b) Ministerio pastoral y otros ministerios. A cada uno de los dos tipos de sucesi\u00f3n apost\u00f3lica debe corresponder un orden de ministerios de tipo global y espec\u00ed\u00adfico. S\u00f3lo la colocaci\u00f3n exacta del ministerio propio de los pastores en el conjunto de los ministerios cristianos permite esta teolog\u00ed\u00ada correcta del sacerdocio. No existe, por tanto, en el cuerpo eclesial un miembro que no est\u00e9 dotado de una funci\u00f3n propia en virtud del bautismo y de su participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, porque cada uno tiene asignada su parte en la misi\u00f3n global de la iglesia: el servicio a la misi\u00f3n y el testimonio de Cristo son un compromiso de responsabilidad de todos los cristianos. En el \u00e1mbito de los ministerios que el Esp\u00ed\u00adritu Santo suscita en la iglesia, el servicio propio de los pastores es el de congregar a la iglesia. En la interdependencia afirmada entre la apostolicidad global de la iglesia y la apostolicidad espec\u00ed\u00adfica del ministerio existe una reciprocidad de dependencia, es decir, de remisi\u00f3n a Cristo Se\u00f1or, de tipo disim\u00e9trico, ya que los cometidos no son intercambiables (como tampoco lo son los del esposo y de la esposa, o los de los padres y los hijos); pero cada uno de los dos polos remite a Cristo. En esta relaci\u00f3n, m\u00e1s que insistir en la diversidad de las funciones que corresponden a los pastores, hist\u00f3ricamente variables, se subraya la relaci\u00f3n particular que tiene con el resto de la comunidad, y esto respecto a los diversos ministerios que ejercen. Lo propio del ministerio pastoral es asegurar y significar la dependencia de la iglesia respecto de Cristo, fuente de su misi\u00f3n y fundamento de su unidad. Pero los ministros ordenados tienen tambi\u00e9n el cometido de significar el v\u00ed\u00adnculo de comuni\u00f3n establecido por el Esp\u00ed\u00adritu entre las diversas comunidades en la unidad de la iglesia. Este cometido implica la uni\u00f3n de los ministros con los pastores de otros tiempos (\u00e9ste es el valor de la tradici\u00f3n) y de otros lugares (las relaciones intereclesiales) en el \u00e1mbito de un mismo colegio derivado de los ap\u00f3stoles. Esta recuperaci\u00f3n de la colegialidad del ministerio pastoral nos parece muy importante para situar el problema del primado del ministerio en la caridad, reservado al obispo sucesor de Pedro en la iglesia romana, y el problema de la autoridad del obispo mon\u00e1rquico en el an\u00e1logo colegio presbiteral de la iglesia local.<\/p>\n<p>c) Objeto e investidura del ministerio pastoral. El problema m\u00e1s delicado es el de la especificaci\u00f3n de los elementos transmisibles del ministerio apost\u00f3lico, porque aparecen siempre vinculados entre s\u00ed\u00ad: anuncio de la palabra, celebraci\u00f3n de los sacramentos y reuni\u00f3n de la comunidad. Las tres funciones cl\u00e1sicas, que se denominaban potestas docendi, sanctificandi et regendi, encuentran una clarificaci\u00f3n mayor en el contexto de esta eclesiolog\u00ed\u00ada de ministerialidad apost\u00f3lica. En efecto, el ministerio de la palabra no se limita a repetir lo que se ha dicho en el pasado, sino que debe interpretar y actualizar, bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el dep\u00f3sito de la fe apost\u00f3lica y los signos de los tiempos, en comuni\u00f3n con toda la iglesia. La funci\u00f3n prof\u00e9tica del ministerio resulta as\u00ed\u00ad m\u00e1s armonizable con los carismas prof\u00e9ticos de todos los tiempos y tambi\u00e9n de los nuestros, sin rivalidades ni exclusivismos. Tambi\u00e9n para el ministerio cultual de los sacramentos comunica Cristo el don de su persona y de su vida; y a trav\u00e9s de la presidencia de sus ministros, hechos signo sacramental de tal presencia de Cristo, da y garantiza la eficacia prometida a la participaci\u00f3n en sus misterios lit\u00fargicos. Por fin, el ministerio de gobierno se identifica mejor con el oficio o servicio de congregar la comunidad, para reconstruirla sin interrupci\u00f3n y reparar la unidad, siempre tan dif\u00ed\u00adcil y comprometida por el pecado y por las divisiones del pueblo en camino hacia el reino. Si se considera el gobierno de los responsables de la iglesia desde este \u00e1ngulo de mira del servicio a la unidad, se elimina todo riesgo de autoritarismo en la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, que a menudo ha llegado en el pasado a parangonar la potestas regiminis con el tipo de poder temporal, que Cristo, en cambio, contrapuso en el evangelio al servicio apost\u00f3lico (Luc 22:25-26). El ministerio de direcci\u00f3n as\u00ed\u00ad entendido para la edificaci\u00f3n del reino de Dios se realiza dentro del respeto a la libertad del Esp\u00ed\u00adritu y en la corresponsabilidad efectiva de los cristianos. La aplicaci\u00f3n del principio de la reciprocidad disim\u00e9trica (ya expuesto) a las diversas formas de ministerio induce a considerar que la acci\u00f3n de Cristo hacia los disc\u00ed\u00adpulos es la de guiarlos al sacrificio espiritual, al testimonio y al servicio, de forma diversa seg\u00fan la especificidad hist\u00f3rica de los distintos servicios eclesiales, aunque con una convergencia final hacia la eucarist\u00ed\u00ada, que sigue siendo la cumbre y la fuente de la vida eclesial. En este sentido, el ministerio es denominado en sentido fuerte, por as\u00ed\u00ad decir, si bien no ya exclusivamente como en el pasado, con la categor\u00ed\u00ada cultual de ministerio sacerdotal. En este contexto, la ordenaci\u00f3n ministerial asume el valor de signo eficaz, que vincula a los pastores con la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, sea por el car\u00e1cter de los ministros que la celebran en cuanto que deben a su vez estar ordenados, sea por la respuesta infalible del Cristo resucitado, que comunica su Esp\u00ed\u00adritu en respuesta a la ep\u00ed\u00adclesis de su iglesia. La recuperaci\u00f3n de la ep\u00ed\u00adclesis pneumatol\u00f3gica, que quita todo valor a la traditio instrumentorum del pasado en la iglesia latina (elaboraci\u00f3n m\u00e1s de los te\u00f3logos juristas que de la tradici\u00f3n lit\u00fargica expresada en las f\u00f3rmulas de la oraci\u00f3n consecratoria nunca cambiada), no debe ser infravalorada en una teolog\u00ed\u00ada de los ministerios, que logra as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n fundar la irreversibilidad de la ordenaci\u00f3n, y por tanto su no-reiterabilidad. En s\u00ed\u00adntesis, este acuerdo (que as\u00ed\u00ad se ha explicitado) logra formular una eclesiolog\u00ed\u00ada muy b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica, superando cuestiones particulares que pueden estar todav\u00ed\u00ada abiertas. No se trata ciertamente de renunciar, en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica y ortodoxa, al t\u00ed\u00adtulo propid de los ministerios para participar en el sacerdocio de Cristo en nombre de la afirmaci\u00f3n del sacerdocio com\u00fan de los fieles (aceptando la teor\u00ed\u00ada antigua de los reformados, para la que la iglesia ser\u00ed\u00ada sujeto del conjunto de los ministerios, que organiza seg\u00fan las inspiraciones del Esp\u00ed\u00adritu Santo s\u00f3lo en cuanto se la considera global e indistintamente), sino m\u00e1s bien de reconocer positivamente el car\u00e1cter sacerdotal de todos los fieles, el car\u00e1cter funcional del sacerdocio ministerial y la estrecha conexi\u00f3n entre ministerios instituidos y comunidad. Se trata, en fin, de superar cualquier concepci\u00f3n del sacerdocio seg\u00fan la categor\u00ed\u00ada absoluta de la potestas personalmente recibida y ejercida de modo absoluto; pero, al mismo tiempo, de no limitarse a vincular los ministerios s\u00f3lo al Esp\u00ed\u00adritu Santo o a la voluntad general de Cristo sin hacer de ellos una participaci\u00f3n en su autoridad de enviado del Padre y de siervo del pueblo de Dios. La doble relaci\u00f3n dentro del cuerpo de Cristo, sea de interioridad, que va hasta la identificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica (1Co 12:12) de sus miembros, sea de superioridad-autoridad, que se expresa con el t\u00e9rmino cabeza (1Co 13:3, 1Co 13:7) para la gu\u00ed\u00ada y animaci\u00f3n de este cuerpo, presupone un diverso nivel ontol\u00f3gico de profundidad entre estos servicios en la comunidad y para ella y la cualidad de miembros del cuerpo de Cristo, que pertenece a todos los cristianos. El problema, que siempre reaparece, de la relatividad hist\u00f3rica de las categor\u00ed\u00adas de los ministerios en relaci\u00f3n con la estructuraci\u00f3n de la iglesia, no puede resolverse con el simple recurso al estadio primitivo de la iglesia, donde los ministerios locales surgieron como servicios internos a la comunidad, mientras que s\u00f3lo el ap\u00f3stol aparece como anterior a ella y constitutivo de la misma (negando as\u00ed\u00ad la distinci\u00f3n entre ministerios carism\u00e1ticos y funciones locales institucionales); pero hace falta superar la perspectiva jur\u00ed\u00addica y centrada en la validez de los ministerios como valores aut\u00f3nomos por encima y fuera de la comunidad. \u00bfC\u00f3mo se puede de hecho valorar la existencia y la originalidad de los carismas no institucionales sin fijarlos en los de la jerarqu\u00ed\u00ada? \u00bfC\u00f3mo dar a la naturaleza fundamentalmente diaconal de la existencia cristiana su aut\u00e9ntica valoraci\u00f3n, sin reducir los ministerios a categor\u00ed\u00adas meramente institucionales? \u00bfQu\u00e9 ministerios reconocer en la estructura esencial de la iglesia, entendida como la que le atribuye su identidad (H. K\u00fcng parece negar la identidad entre estructura e instituci\u00f3n jer\u00e1rquica), para que las iglesias respondan al plan de Dios en un momento hist\u00f3rico dado: ut fiant, como dec\u00ed\u00ada Tertuliano (De Praescriptione 20: PL 2,32)?<\/p>\n<p>VI. Perspectivas celebrativas y pastorales<br \/>\nLos interrogantes anteriores nos ofrecen ya la clave de esta reflexi\u00f3n ulterior. Si lo que estructura a la iglesia es el conjunto de los servicios y ministerios que Dios suscita en ella para cumplir su misi\u00f3n, nos podemos preguntar qu\u00e9 es lo que impide que los ministerios t\u00ed\u00adpicamente eclesiales estructurados a tiempo pleno se reconozcan a trav\u00e9s de una ordenaci\u00f3n propiamente dicha (Rahner). De hecho, hemos encontrado en la tradici\u00f3n eclesial una distinci\u00f3n neta entre los ritos ordenados transmitidos por medio de la imposici\u00f3n de manos (cheirotonia) y los ritos instituidos a trav\u00e9s de una simple instituci\u00f3n o investidura autoritativa (cheirothesia). Pero ahora se trata de ver si la nueva reestructuraci\u00f3n de los ritos de ordenaci\u00f3n y de instituci\u00f3n es adecuada a esta nueva significatividad eclesial y ministerial. Algunas perspectivas sugeridas aqu\u00ed\u00ad tienen el objeto de captar aspectos que no responden plenamente a esta naturaleza de los signos sacramentales, no tanto a nivel de esencialidad, sino al de plenitud expresiva.<\/p>\n<p>1. PARA EL EPISCOPADO. Se puede observar que la eliminaci\u00f3n de todo aspecto triunfalista de una teolog\u00ed\u00ada de los poderes parece suficientemente adecuada a la importancia dada a la figura del obispo como pastor, significativamente descrita en la monici\u00f3n introductoria del rito de ordenaci\u00f3n, si bien se pod\u00ed\u00ada explicitar m\u00e1s la tem\u00e1tica de la colegialidad, en lugar de insistir en la relaci\u00f3n entre obispo y papa. Aqu\u00ed\u00ad se plantea el problema de la relaci\u00f3n entre el obispo y su iglesia local respecto a la designaci\u00f3n y presentaci\u00f3n de los candidatos. La Tradici\u00f3n apost\u00f3lica (2-3) preve\u00ed\u00ada la elecci\u00f3n del obispo por parte de todo el pueblo. En las Constituciones apost\u00f3licas sir\u00ed\u00adacas del s. ni se a\u00f1ade una triple ratificaci\u00f3n por parte de la asamblea, como complemento de la elecci\u00f3n por parte de todo el pueblo (IV, 2). Hoy no se pueden ignorar las dificultades de tal criterio de elecci\u00f3n popular, que estar\u00ed\u00ada expuesto a todas las vicisitudes de divisiones y contiendas propias de las elecciones civiles. Pero no se puede ignorar que las nuevas exigencias de una eclesiologia local, como base de la eclesiolog\u00ed\u00ada universal (LG 26), podr\u00ed\u00adan aconsejar que la designaci\u00f3n de los obispos vuelva a encomendarse a las iglesias locales en sus expresiones colegiales y federativas de las conferencias episcopales regionales. El hecho de que la ordenaci\u00f3n del obispo deba hacerse en la medida de lo posible con la participaci\u00f3n colegial de los obispos lim\u00ed\u00adtrofes de la misma regi\u00f3n eclesi\u00e1stica parece requerir, para una mayor verdad de los ritos, que tambi\u00e9n su designaci\u00f3n se haga a trav\u00e9s de estos organismos ya can\u00f3nicamente reconocidos, quedando a salvo siempre la confirmaci\u00f3n del obispo de Roma, que preside en la caridad a todas las iglesias. Las comunidades que reciben a un obispo como pastor y padre no quedar\u00ed\u00adan as\u00ed\u00ad marginadas de esta presentaci\u00f3n, porque al menos a trav\u00e9s de sus pastores actuales se sentir\u00ed\u00adan responsabilizadas en una elecci\u00f3n que no se les puede sustraer totalmente (como sucede todav\u00ed\u00ada a menudo). De este modo, en el rito de presentaci\u00f3n del candidato, tambi\u00e9n los representantes del consejo presbiteral y del consejo pastoral (en tal caso, alg\u00fan laico) podr\u00ed\u00adan ser llamados a expresar la triple ratificaci\u00f3n, junto con toda la asamblea, que hemos recordado arriba.<\/p>\n<p>2. PARA EL PRESBITERADO. El nuevo rito ha adecuado ciertamente las formas ceremoniales a la visi\u00f3n m\u00e1s pastoral del ministerio espec\u00ed\u00adfico, que asocia al presb\u00ed\u00adtero a todas las funciones (excepto la de la transmisi\u00f3n de la apostolicidad) del obispo en la edificaci\u00f3n de la iglesia (cf PO 6; LG 28). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la responsabilidad del presbiterio como tal est\u00e1 suficientemente expresada por el gesto de imposici\u00f3n de las manos despu\u00e9s de la del obispo, para indicar que hay un Esp\u00ed\u00adritu com\u00fan y semejante de su ministerio (Tradici\u00f3n apost\u00f3lica 7). Pero para el pueblo parece que hay todav\u00ed\u00ada demasiado poco espacio. Si en las fuentes antiguas (Constituciones apost\u00f3licas XXVI, 2-5) se habla de cooptaci\u00f3n para el presbiterio por la elecci\u00f3n y por el juicio de todo el clero, hoy se podr\u00ed\u00ada igualmente prever alg\u00fan gesto sencillo de los fieles para expresar esta corresponsabilidad en la iglesia; al menos el gesto de la entrega de la patena con las ofrendas de los fieles y del c\u00e1liz deber\u00ed\u00ada producirse despu\u00e9s de la presentaci\u00f3n de los dones por parte de los fieles, y no, como ahora, antes de la misma, con un formulario que hace, sin embargo, referencia expresa a ello.<\/p>\n<p>3. PARA EL DIACONADO. Tambi\u00e9n en la elecci\u00f3n del di\u00e1cono, que en la antig\u00fcedad era presentado por el pueblo (cf Heb 6:5), se podr\u00ed\u00adan prever ulteriores enriquecimientos rituales para los di\u00e1conos permanentes respecto de los provisionales, con unas referencias m\u00e1s concretas a las funciones del di\u00e1cono, especialmente a las de ser el responsable ideal de la pastoral de las familias y de las parejas en cuanto tales; evocar con su estado normalmente de casado el sentido de la iglesia como familia; ser el signo de una iglesia no tanto ya dada cuanto en proceso de hacerse y ser el encargado eclesial (por misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica) de comunidades humanas a medida humana. La relaci\u00f3n del di\u00e1cono con la comunidad local deber\u00ed\u00ada, pues, encontrar tambi\u00e9n una expresi\u00f3n celebrativa.<\/p>\n<p>4. PARA LOS MINISTERIOS INSTITUIDOS. Las indicaciones de los nuevos ritos son sobre todo indicativas, y por tanto susceptibles de adaptaciones por parte de cada comunidad local. Las experiencias que se est\u00e1n llevando a cabo sugieren que estas celebraciones gozan de bastante participaci\u00f3n de las respectivas comunidades, a cuyo servicio est\u00e1n ya los laicos; ser\u00e1 preciso especificar cada vez mejor la relaci\u00f3n entre ministerio de la caridad y extralit\u00fargico y el oficio cultual de estos ministerios, para que se evite el riesgo de su elericalizaci\u00f3n o ritualizaci\u00f3n. Para los ministros extraordinarios de la eucarist\u00ed\u00ada (instrucci\u00f3n lmmensae caritatis, del 29-1-1973) que est\u00e1n supliendo a los ministros ordinarios, se requiere un mandato por parte del obispo y del presb\u00ed\u00adtero: se puede observar que est\u00e1n destinados a desaparecer si se lleva a cabo en las iglesias una verdadera pastoral de responsabilizaci\u00f3n ministerial. Si en Roma en el s. ni, seg\u00fan Eusebio (Historia eclesi\u00e1stica 6, 43,11: Ep. de Cornelio papa), junto al \u00fanico obispo, con sus cuarenta y seis presb\u00ed\u00adteros, con los siete di\u00e1conos y siete subdi\u00e1conos, hab\u00ed\u00ada cuarenta y dos ac\u00f3litos, doce exorcistas, lectores y ostiarios, \u00c2\u00a1cu\u00e1nta mayor riqueza no deber\u00ed\u00adan expresar nuestras comunidades locales!<br \/>\n[-> Asamblea; -> Sacerdocio; -> Obispo; -> Diaconado].<\/p>\n<p>E. Lodi<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. En general:<br \/>\nBorobio D., Ministerio sacerdotal, ministerios laicales, Descl\u00e9e, Bilbao 1982; Del Cura S., Ministerio eucar\u00ed\u00adstico, comuni\u00f3n eclesial y comunidad, Burgos 1983; Dianich S., Ministerio, en NDT 2, Cristiandad, Madrid 1982, 1080-1109; Ministerio, en DTI 3, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 515-528; Dupuy B.D., Teolog\u00ed\u00ada de los ministerios, en MS 4\/2, Cristiandad, Madrid 1975, 473-508; Fern\u00e1ndez A., Obispos y presb\u00ed\u00adteros. Historia y teolog\u00ed\u00ada de la diferenciaci\u00f3n del ministerio eclesi\u00e1stico, en \u00abBurgense\u00bb 18 (1977) 357-418; Grelot P., El ministerio de la Nueva Alianza, Herder, Salamanca 1969; Heubach J.-Lera J.M., Ministerio y pueblo de Dios, en \u00abDi\u00e1logo Ecum\u00e9nico\u00bb 18 (1983) 435-468; Rinc\u00f3n R., Ministerio, en DETM, Paulinas, Madrid 1975, 662-680; Roux J.J., Los ministerios en la discusi\u00f3n actual, en \u00abTheologica Xaveriana\u00bb 25\/ 1 (1975) 69-84; Roy\u00f3n Lara E., Los ministerios en una Iglesia toda ministerial, en \u00abSal Terrae\u00bb 9 (1977) 21-33; S\u00e1nchez Chamoso R., Funci\u00f3n mediadora de la Iglesia y ministerios, en \u00abSeminarios\u00bb 30 (1984) 311-348; Los ministerios en perspectiva eclesial, ib, 367-426; Sartori L., Carismas y ministerios, en DTI 2, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 9-23; Schillebeeckx E., El ministerio eclesial. Responsables en la comunidad cristiana, Cristiandad, Madrid 1983; Tena P., Comunidad, infraestructura y ministerio, en \u00abPhase\u00bb 83 (1974) 389-406; Opciones de Iglesia para un ministerio renovado, en \u00abPhase\u00bb 108 (1978) 523-542; Val! H., Los ministerios en la Iglesia, en \u00abActualidad Bibliogr\u00e1fica\u00bb 24\/ 12 (1975) 258-305; Vogel C., El ministerio lit\u00fargico en la vida de la Iglesia, en \u00abConcilium\u00bb 72 (1972) 151-166; VV.AA., Los ministerios en la Iglesia, en \u00abSeminarios\u00bb 80 (1972); VV.AA., Hacia una reestructuraci\u00f3n de los ministerios, en \u00abTheologica Xaveriana\u00bb 25 (1975) 19-30; VV.AA., Re-novaci\u00f3n de la Iglesia y ministerio, en \u00abConcilium\u00bb 108 (1975) 137-288; VV.AA., El ministerio y los ministerios seg\u00fan el N. T., Cristiandad, Madrid 1975; VV.AA., Sacerdocio, ministerios laicales y seminarios, en \u00abPastoral Misionera\u00bb 17\/4 (1981).<\/p>\n<p>2. Presbiterado y presidencia lit\u00fargica<br \/>\nBellavista J., El celebrante principal, en \u00abPhase\u00bb 107 (1978) 487-490; Fern\u00e1ndez A., Obispos y presb\u00ed\u00adteros. Historia y doctrina de la diferenciaci\u00f3n del ministerio eclesi\u00e1stico, en \u00abBurgense\u00bb 18\/2 (1977) 357-418; Guerra M., Ep\u00ed\u00adscopos y Presb\u00ed\u00adteros. Evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica de los t\u00e9rminos desde Homero hasta el s. II despu\u00e9s de J. C., Burgos 1962; Kasper W., La funci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero en la Iglesia, en \u00abSelecciones de Teolog\u00ed\u00ada\u00bb 32 (1969) 351-359; L\u00f3pez Mart\u00ed\u00adnez N., La distinci\u00f3n entre obispos y presb\u00ed\u00adteros, en \u00abBurgense\u00bb 4 (1963) 145-225; Mart\u00ed\u00adn Velasco J., Crisis de la condici\u00f3n sacramental del ministerio presbiteral, en \u00abPhase\u00bb 123 (1981) 255-262; Martinell M., El sacerdote como presidente, en \u00abPhase\u00bb 48 (1968) 533-535; O\u00f1atibia 1., Presbiterio, Colegio Apost\u00f3lico y apostolicidad del ministerio presbiteral, en VV.AA., Teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio 4, Burgos 1972, 71-109; Tena P., La presidencia de la celebraci\u00f3n en crisis, en \u00abPhase\u00bb 48 (1968) 515-532; VV.AA., El ministerio en la asamblea lit\u00fargica, en \u00abConcilium\u00bb 72 (1972) 149-294; VV.AA., Presidir la asamblea, PPC, Madrid 1970.<\/p>\n<p>3. Diaconado<br \/>\nAltana A., Di\u00e1cono, en NDE, Paulinas, Madrid 1979, 361-367; Arnau R., El diaconado como carisma y ministerio, en \u00abAnales Valentinos\u00bb 3\/5 (1977) 1-23; Centro \u00abPro mundi vita\u00bb, El diaconado permanente: su restablecimiento v su evoluci\u00f3n, en \u00abPhase\u00bb 76 (1973) 353-375; Guerra M., Di\u00e1conos hel\u00e9nicos y b\u00ed\u00adblicos, Burgos 1962; Jubany N., Diaconado, en SM 2, Herder, Barcelona 1976, 254-259; Oriol J., La restauraci\u00f3n del diaconado permanente, en \u00abPhase\u00c2\u00b0 42 (1967) 546-563; Instauraci\u00f3n del diaconado permanente en la di\u00f3cesis de Barcelona, en \u00abPhase\u00bb 127 (1982) 75-84; Tortras A.M., Notas para un diaconado renovado, en \u00abPhase\u00bb 116 (1980) 151-159; Urdeix J., Qu\u00e9 es un di\u00e1cono, en \u00abPhase\u00bb 83 (1974) 407-411; Congreso Internacional del Diaconado permanente, Kortrijk (B\u00e9lgica), en \u00abPhase\u00bb 113 (1979) 444-448; VV.AA., El diaconado en la Iglesia y en el mundo, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1968; VV.AA., Eldiaconado permanente. Estudios v documentos, en \u00abSeminarios\u00bb 65-66 (1977); VV.AA., Di\u00e1conos para la comunidad, \u00abDossiers del CPI.\u00bb 7, Barcelona 1979.<\/p>\n<p>4. Nuevos ministerios<br \/>\nBorobio D., Participaci\u00f3n y ministerios lit\u00fargicos, en \u00abPhase\u00bb 144 (1984) 511-528; Ministerios laicales. Manual del cristiano comprometido, Madrid 1984; Castillo J.M., Los nuevos ministerios, en \u00abSal Terrae\u00bb 66 (1977) 3-20; Celam, Ministerios eclesiales en Am\u00e9rica Latina, Bogot\u00e1 1976; Manzanares J., Los nuevos ministerios del lector y del ac\u00f3lito, en \u00abRev. Espa\u00f1. de Derecho Can\u00f3nico\u00bb 29 (1974) 368ss; Pistoia A., El ministerio del lector, en \u00abPastoral Lit\u00fargica\u00bb 129\/ 130 (1983) 26-29; Rubio L.-Hern\u00e1ndez V., Los ministerios laicales en el magisterio actual de la Iglesia, en \u00abSeminarios\u00bb 30 (1984) 427-492; Santangada O., Naturaleza te\u00f3rica de los nuevos ministerios, en \u00abStromata\u00bb 40 (1984) 275-297; Secretariado N. de Liturgia, El ministerio del lector, PPC, Madrid 1985; El ministerio del ac\u00f3lito y del ministro extraordinario de la comuni\u00f3n, PPC, Madrid 1985; Tena P., Los ministros extraordinarios de la distribuci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y la comuni\u00f3n frecuente, en \u00abPhase\u00bb 60 (1970) 588-596; Urdeix J., Presente y futuro del lector y del ac\u00f3lito, en \u00abPhase\u00bb 90 (1975) 435-451; Los laicos y el ministerio (CIC cnn. 228-231), en \u00abPhase\u00bb 141 (1984) 187-191.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Aproximaci\u00f3n eclesial-existencial: 1. Estado actual de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica; 2. Una perspectiva m\u00e1s global &#8211; II. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos de los ministerios: 1. Terminolog\u00ed\u00ada: diacon\u00ed\u00ada, ministerios, ministros: a) Ministerio cristiano, b) La ministerialidad del Cristo hist\u00f3rico y del Cristo m\u00ed\u00adstico-eclesial; 2. La designaci\u00f3n de los ministerios eclesiales; 3. Cuadro sin\u00f3ptico de la variedad de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerioministerios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMINISTERIO\/MINISTERIOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17152","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17152","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17152"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17152\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17152"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17152"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17152"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}