{"id":17159,"date":"2016-02-05T11:10:09","date_gmt":"2016-02-05T16:10:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenordenacion\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:09","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:09","slug":"ordenordenacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenordenacion\/","title":{"rendered":"ORDEN\/ORDENACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Perspectiva eclesial &#8211; II. Los t\u00e9rminos \u00aborden\u00bb, \u00abordenaci\u00f3n\u00bb, \u00abordenar\u00bb &#8211; III. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos del rito de la ordenaci\u00f3n &#8211; IV. La ordenaci\u00f3n en la iglesia antigua y a lo largo de la historia &#8211; V. La ordenaci\u00f3n de di\u00e1cono, de presb\u00ed\u00adtero y de obispo en el rito latino actual: 1. Descripci\u00f3n y significado de los ritos: a) Ritos de introducci\u00f3n o preparaci\u00f3n, b) El rito central, c) Ritos de explicaci\u00f3n; 2. Estructura y doctrina de las oraciones: a) Oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de di\u00e1cono, b) Oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de presb\u00ed\u00adtero, c) Oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de obispo &#8211; VI. Problem\u00e1tica teol\u00f3gica y celebraci\u00f3n lit\u00fargica: 1. La relaci\u00f3n entre las funciones ministeriales; 2. La relaci\u00f3n entre el orden de los obispos y el orden de los presb\u00ed\u00adteros; 3. La celebraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>I. Perspectiva eclesial<br \/>\nEl Vat. II, como todos los grandes acontecimientos de la historia y de la vida de la iglesia, fue un punto de llegada y, a la vez, un punto de partida en la toma de conciencia que la iglesia realiz\u00f3 de s\u00ed\u00ad misma y de sus propios componentes. Uno de los elementos fundamentales en los cuales los documentos del concilio se\u00f1alaron un desarrollo de la autoconciencia y una explicitaci\u00f3n de la doctrina, junto con el tema del pueblo de Dios y de su dignidad, fue el ministerio sacerdotal, sobre todo el de los obispos, a cuya luz se expuso tambi\u00e9n el de los presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. Esta reflexi\u00f3n doctrinal y vital trajo un gran despertar, una gran renovaci\u00f3n, que, como siempre sucede, encontr\u00f3 su verdadera y aut\u00e9ntica savia en la vuelta a los or\u00ed\u00adgenes, en la revalorizaci\u00f3n de las fuentes. Pi\u00e9nsese en la enorme importancia de la I reforma lit\u00fargica, en gran parte ya realizada, aunque todav\u00ed\u00ada en curso, en la que ha tenido un gran influjo el estudio de la antig\u00fcedad, considerada no desde una perspectiva arqueol\u00f3gica, sino con sensibilidad existencial y actualizadora. En el fervor generado por el acontecimiento conciliar naci\u00f3 tambi\u00e9n una amplia y profunda discusi\u00f3n sobre el tema del sacerdocio ministerial respecto a la distinci\u00f3n de sus grados: episcopado, presbiterado y diaconado, y a la especificidad y variedad de sus funciones. Todas las especialidades teol\u00f3gicas y todas las ciencias humanas se vieron envueltas en el debate, desde la ex\u00e9gesis a la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, la liturgia, la psicolog\u00ed\u00ada y sociolog\u00ed\u00ada religiosas.<\/p>\n<p>Tratar el tema orden\/ordenaci\u00f3n significa, por tanto, entrar en lo m\u00e1s vivo de la actualidad eclesial en lo referente al problema general del sacerdocio ministerial, su derivaci\u00f3n de Cristo, su situaci\u00f3n en el interior de la iglesia, su relaci\u00f3n con los diversos grados y carismas en los que se articula y vive, se manifiesta y expande. La exposici\u00f3n, insert\u00e1ndose en el debate eclesial, intenta aportar una contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, es decir, exponer la doctrina del orden a partir de la liturgia. Esto confiere al tema un valor privilegiado: la liturgia, de hecho, en sus s\u00ed\u00admbolos y en sus textos, parte sobre todo de la Sagrada Escritura, refleja los principales pensamientos y ense\u00f1anzas de la gran tradici\u00f3n de los padres, del magisterio y de los doctores de la iglesia y produce una s\u00ed\u00adntesis y unidad vital a partir de estas m\u00faltiples y diferentes aportaciones. Adem\u00e1s, la liturgia no es principalmente doctrina o ciencia, sino sobre todo acci\u00f3n, vida, experiencia, creaci\u00f3n, eficacia. En la liturgia, la palabra de Dios no es s\u00f3lo proclamada y explicada, sino tambi\u00e9n realizada. La liturgia representa el momento culminante de la eficacia de la palabra; todo el hombre y en todas sus dimensiones queda implicado en ella. Por esto crea una situaci\u00f3n vital \u00fanica, y representa una forma completa de alimentar la fe incluso desde el punto de vista doctrinal y catequ\u00e9tico. Tratanto de la catequesis, el documento emanado de la cuarta asamblea general del s\u00ed\u00adnodo de los obispos de 1977 expone este aspecto bajo la voz memorial: \u00abEs otro aspecto clave de la acci\u00f3n de la iglesia: ella recuerda, conmemora, celebra en memoria del Se\u00f1or Jes\u00fas, realiza la anamnesis. En efecto&#8230;, la catequesis empalma de esta manera con toda la acci\u00f3n sacramental y lit\u00fargica\u00bb&#8216;. La presente exposici\u00f3n se inspira precisamente en este criterio metodol\u00f3gico.<\/p>\n<p>II. Los t\u00e9rminos \u00aborden\u00bb, \u00abordenaci\u00f3n\u00bb, \u00abordenar\u00bb<br \/>\nEl vocabulario orden, ordenaci\u00f3n, ordenar aparece muchas veces en el Vat. II. Se habla sobre todo del orden de los obispos: \u00abEl cuerpo episcopal, que sucede al colegio de los ap\u00f3stoles en el magisterio y en el r\u00e9gimen pastoral, m\u00e1s a\u00fan, en el que perdura continuamente el cuerpo apost\u00f3lico, junto con su cabeza el romano pont\u00ed\u00adfice y nunca sin esta cabeza, es tambi\u00e9n sujeto de la suprema y plena potestad sobre la iglesia universal\u00bb (LG 22). Se habla del orden de los presb\u00ed\u00adteros: \u00abYa m\u00e1s de una vez ha recordado a todos este sacrosanto concilio la excelencia del orden de los presb\u00ed\u00adteros en la iglesia. Sin embargo, como a este orden se le asignan obligaciones de la m\u00e1xima importancia, y cada d\u00ed\u00ada por cierto m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles, ha parecido cosa muy \u00fatil tratar m\u00e1s despacio y m\u00e1s a fondo de los presb\u00ed\u00adteros\u00bb (PO 1). Se habla del orden del diaconado: \u00abRest\u00e1urese el orden del diaconado como estado permanente de vida donde lo crean oportuno las conferencias episcopales\u00bb (AG 16). Se habla de los tres \u00f3rdenes a la vez: \u00abEl ministerio eclesi\u00e1stico, de instituci\u00f3n divina, es ejercido en diversos \u00f3rdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llam\u00e1ndose obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos\u00bb (LG 28). Se habla del sacramento del orden: \u00abEnse\u00f1a el santo concilio que en la consagraci\u00f3n episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden&#8230; Pertenece a los obispos incorporar, por medio del sacramento del orden, nuevos elegidos al cuerpo episcopal\u00bb (LG 21). \u00abEl obispo, por estar revestido de la plenitud del sacramento del orden, es el administrador de la gracia del supremo sacerdocio\u00bb (LG 26). \u00abLos presb\u00ed\u00adteros&#8230;, en virtud del sacramento del orden, a imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote, han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del NT para predicar el evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el culto divino\u00bb (LG 28). \u00abLos sacerdotes del NT&#8230; por raz\u00f3n del sacramento del orden desempe\u00f1an un oficio excelent\u00ed\u00adsimo y necesario de padres y maestros en el pueblo de Dios y por el pueblo de Dios\u00bb (PO 9). \u00abPor el sacramento del orden los presb\u00ed\u00adteros se configuran con Cristo sacerdote como ministros de la cabeza\u00bb (PO 12). Se habla de la ordenaci\u00f3n: \u00abLos presb\u00ed\u00adteros, constituidos por la ordenaci\u00f3n en el orden del presbiterado, se unen entre s\u00ed\u00ad por \u00ed\u00adntima fraternidad sacramental\u00bb (PO 8). Se usa adem\u00e1s el verbo ordenar: \u00abCuando se invita a los presb\u00ed\u00adteros asistentes [a la ordenaci\u00f3n] a imponer las manos, junto con el obispo ordenante, sobre el nuevo elegido\u00bb (PO 8).<\/p>\n<p>Este vocabulario, orden, ordenaci\u00f3n, ordenar, ampliamente usado por el \u00faltimo concilio, por los documentos del magisterio y por los libros lit\u00fargicos sucesivos, tiene su origen en la antig\u00fcedad. La palabra orden era usada en las instituciones de la antigua Roma para indicar clases sociales determinadas, es decir, los senadores y caballeros, en cuanto que se distingu\u00ed\u00adan del pueblo. Fuera de Roma, en las colonias, la palabra orden indicaba el conjunto de aquellos a quienes estaba confiado el gobierno de los asuntos p\u00fablicos. Esta relaci\u00f3n entre orden y pueblo ofrece al lenguaje cristiano de los comienzos una analog\u00ed\u00ada para expresar la distinci\u00f3n del clero en el seno del pueblo de Dios. Despu\u00e9s la palabra orden designa tambi\u00e9n los diferentes grados de la jerarqu\u00ed\u00ada: orden de los di\u00e1conos, orden de los presb\u00ed\u00adteros, orden de los obispos. El t\u00e9rmino tiene un significado colegial; no se trata de recibir un orden, sino m\u00e1s bien de entrar en un orden. En los sucesivos desarrollos del tema, especialmente en la escol\u00e1stica medieval, se perdi\u00f3 este significado colegial, y en la elaboraci\u00f3n del tratado teol\u00f3gico de los sacramentos se desarroll\u00f3 la noci\u00f3n de orden sacramental. An\u00e1logamente, los t\u00e9rminos ordenaci\u00f3n y ordenar, que designaban en la antigua Roma el nombramiento de los funcionarios, pasaron a indicar en la literatura cristiana la elecci\u00f3n y colocaci\u00f3n de las personas en el ejercicio de un cargo: el orden eclesi\u00e1stico. El ingreso en un orden que comporta funciones y tareas lit\u00fargicas era \u00e9l mismo una liturgia; por tanto, el t\u00e9rmino ordenaci\u00f3n se us\u00f3 para significar este momento ritual, lit\u00fargico, sacramental durante el cual tiene lugar una investidura sacra. Esta terminolog\u00ed\u00ada ha sido reasumida hoy en el vocabulario de los documentos magisteriales y lit\u00fargicos: en los tres \u00f3rdenes del diaconado, presbiterado y episcopado se ingresa mediante el sacramento del orden que se confiere con la ordenaci\u00f3n&#8217;. Teniendo presente el significado de este vocabulario, actual y antiguo, nos remontamos a los fundamentos b\u00ed\u00adblicos de la realidad designada con el t\u00e9rmino orden-ordenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos del rito de la ordenaci\u00f3n<br \/>\nLa constante tradici\u00f3n de la iglesia muestra que el ingreso en un determinado orden y su otorgamiento (tratamos aqu\u00ed\u00ad de los tres \u00f3rdenes, episcopal, presbiteral y diaconal, dejando los cargos inferiores que en el pasado recibieron tambi\u00e9n el nombre de \u00f3rdenes) se efect\u00faa mediante un rito consistente en el gesto de la imposici\u00f3n de las manos del ministro sobre la cabeza de los candidatos, acompa\u00f1ado de una oraci\u00f3n que expresa y determina su significado. Este rito no aparece como instituido y establecido por Jesucristo, pero tiene sus or\u00ed\u00adgenes en el mundo b\u00ed\u00adblico. La imposici\u00f3n de las manos muestra una variedad de significados.<\/p>\n<p>En el AT era sobre todo un gesto de bendici\u00f3n; los patriarcas impon\u00ed\u00adan las manos a sus hijos como un eficaz augurio para invocar sobre ellos todo bien (cf G\u00e9n 48:14); los sacerdotes impon\u00ed\u00adan las manos sobre el pueblo para bendecirlo; despu\u00e9s de su consagraci\u00f3n sacerdotal, \u00ablevantando las manos, Aar\u00f3n bendijo al pueblo\u00bb (Lev 9:22). La imposici\u00f3n de las manos era un gesto de identificaci\u00f3n: los sacerdotes impon\u00ed\u00adan las manos sobre el animal destinado al sacrificio para expresar la identidad entre el oferente y la v\u00ed\u00adctima y as\u00ed\u00ad consagrarse a s\u00ed\u00ad mismos a Dios (cf Exo 29:10; Lev 3:2.8; Lev 4:4). Era el gesto de la concesi\u00f3n de un cargo; es c\u00e9lebre el texto: \u00abEl Se\u00f1or respondi\u00f3 a Mois\u00e9s: `Toma a Josu\u00e9&#8230;, pon tu mano sobre \u00e9l&#8230; y le comunicar\u00e1s parte de tu autoridad, para que le preste obediencia toda la comunidad de los hijos de Israel&#8217; \u00bb (N\u00fam 27:18-20). \u00abJosu\u00e9 estaba lleno del esp\u00ed\u00adritu de sabidur\u00ed\u00ada porque Mois\u00e9s le hab\u00ed\u00ada impuesto las manos. A \u00e9l obedecieron los hijos de Israel\u00bb (Deu 34:9). Aqu\u00ed\u00ad el gesto significa la transmisi\u00f3n de la propia tarea y, al tiempo, la habilitaci\u00f3n para llevarla a cabo mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu de Dios.<\/p>\n<p>En el NT estos valores de la imposici\u00f3n de las manos se mantienen. Jes\u00fas impon\u00ed\u00ada las manos sobre los enfermos como signo, junto con su palabra llena de autoridad, de curaci\u00f3n (cf Mat 9:18; Mar 6:5; Luc 13:13). Seg\u00fan su mandato y por su autoridad, los suyos \u00abpondr\u00e1n sus manos sobre los enfermos y \u00e9stos sanar\u00e1n\u00bb (Mar 16:18). Jes\u00fas impuso las manos como signo de bendici\u00f3n a los ni\u00f1os (cf Mar 10:16) y a sus mismos disc\u00ed\u00adpulos en el momento de subir al cielo; el tercer evangelio concluye presentando esta actitud sacerdotal del Se\u00f1or: \u00abY alzando las manos los bendijo. Y mientras se alejaba de ellos e iba subiendo al cielo\u00bb (Luc 24:50-51). En la iglesia apost\u00f3lica, adem\u00e1s de a la curaci\u00f3n de los enfermos, la imposici\u00f3n de las manos de los ap\u00f3stoles est\u00e1 ligada a los ritos de iniciaci\u00f3n cristiana como signo del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo; a los nuevos creyentes los ap\u00f3stoles \u00ables impusieron las manos y recibieron el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Heb 8:17). Despu\u00e9s del bautismo de algunos, \u00abcuando Pablo les impuso las manos, descendi\u00f3 sobre ellos el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Heb 19:6).<\/p>\n<p>El gesto de imponer las manos como comunicaci\u00f3n de un cargo se encuentra tambi\u00e9n en el juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo de Jes\u00fas y de la iglesia apost\u00f3lica. Se trata de la investidura de los rabinos judaicos y de los jefes de las diversas comunidades judaicas de Palestina y de la di\u00e1spora, que se relacionaba precisamente con la transmisi\u00f3n de la autoridad y de la funci\u00f3n hecha por Mois\u00e9s a Josu\u00e9. Despu\u00e9s, en esta transmisi\u00f3n se sustituy\u00f3 el rito de la imposici\u00f3n de las manos por una simple proclamaci\u00f3n de la dignidad y del deber del rabino o del jefe.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la iglesia apost\u00f3lica el gesto de imponer las manos as\u00ed\u00ad heredado se utiliz\u00f3 para comunicar un ministerio. Para el servicio de las mesas los miembros de la comunidad eligieron siete hombres y \u00ablos presentaron a los ap\u00f3stoles; los cuales, despu\u00e9s de orar, les impusieron las manos\u00bb (Heb 6:6). Conviene detenerse en el caso de Timoteo, al que se alude en dos ocasiones en las cartas pastorales. Escribe san Pablo a Timoteo: \u00abNo seas negligente respecto de la gracia que hay en ti, que te fue conferida en virtud de la profec\u00ed\u00ada con la imposici\u00f3n de las manos de los presb\u00ed\u00adteros\u00bb (1Ti 4:14). \u00abPor esta causa te amonesto que revivas la gracia de Dios, que te fue conferida por la imposici\u00f3n de las manos. Pues no nos ha dado el Se\u00f1or esp\u00ed\u00adritu de temor, sino de fortaleza, de caridad y de prudencia\u00bb (2Ti 1:6-7). Se alude en estos dos textos al acto solemnemente realizado sobre Timoteo, cuyos componentes son la imposici\u00f3n de las manos de Pablo y del colegio presbiteral y la palabra prof\u00e9tica, que tienen como efecto la comunicaci\u00f3n de un carisma estable, que se describe como esp\u00ed\u00adritu de fortaleza, de amor y de sabidur\u00ed\u00ada. En el primer texto se habla de profec\u00ed\u00ada; con este t\u00e9rmino se entiende una palabra prof\u00e9tica en el sentido amplio del t\u00e9rmino, una liturgia de la palabra que acompa\u00f1a al gesto de imposici\u00f3n de las manos y explicita su significado; comprende tambi\u00e9n una oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n. As\u00ed\u00ad encontramos en estos textos la descripci\u00f3n de una liturgia de ordenaci\u00f3n El don del esp\u00ed\u00adritu de fortaleza, amor y sabidur\u00ed\u00ada es santificante y habilita para el cumplimiento del cargo; adem\u00e1s es estable; de hecho, el texto lo compara con un fuego siempre encendido, que puede y debe ser reavivado. Estos dos textos b\u00ed\u00adblicos son citados por el concilio de Trento para considerar la ordenaci\u00f3n como uno de los sacramentos de la iglesia: \u00abComo el testimonio de la Escritura, la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y el consentimiento de los padres manifiestan claramente que por la ordenaci\u00f3n sagrada, que se realiza con palabras y signos externos, se confiere la gracia, nadie debe dudar que el orden es verdadera y propiamente uno de los siete sacramentos de la santa iglesia. Porque el Ap\u00f3stol dice&#8230; (2Ti 1:6-7; cf 1Ti 4:14)\u00bb (DS 1766). Al mismo rito de ordenaci\u00f3n se alude tambi\u00e9n en la primera carta a Timoteo con la exhortaci\u00f3n a la prudencia en la transmisi\u00f3n del propio cargo: \u00abNo impongas a nadie las manos sin la debida consideraci\u00f3n\u00bb (1Ti 5:22). El gesto de la imposici\u00f3n de las manos est\u00e1 por tanto documentado desde los comienzos, en continuidad con los valores expresados por la Sagrada Escritura, como signo del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo para la habilitaci\u00f3n al cumplimiento de un cargo que se conf\u00ed\u00ada y transmite: comunicaci\u00f3n de gracia, de misi\u00f3n, de funciones, de autoridad.<\/p>\n<p>IV. La ordenaci\u00f3n en la iglesia antigua y a lo largo de la historia<br \/>\nEl primer documento que hace una relaci\u00f3n completa de la ordenaci\u00f3n en la iglesia, de los ritos y de los textos de las oraciones es la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito de Roma. Representa el punto de llegada del desarrollo que ha tenido lugar a partir de la iglesia apost\u00f3lica y, a la vez, el punto de partida para toda la historia sucesiva de las ordenaciones en la iglesia. As\u00ed\u00ad pues, su importancia es fundamental. El libro describe, en orden descendente, la ordenaci\u00f3n del obispo, del presb\u00ed\u00adtero y del di\u00e1cono.<\/p>\n<p>La primera es m\u00e1s compleja: prev\u00e9 una elecci\u00f3n precedente por parte del pueblo de la persona que va a ser promovida al episcopado. En d\u00ed\u00ada de fiesta, en una solemne ceremonia con la presencia de obispos venidos de otras iglesias, se procede a la ordenaci\u00f3n. Los obispos imponen sus manos sobre la cabeza del elegido, mientras todos oran en silencio para que el Esp\u00ed\u00adritu Santo descienda sobre \u00e9l. Despu\u00e9s el obispo que preside la ceremonia pronuncia la oraci\u00f3n, que tiene un alto contenido doctrinal no s\u00f3lo en lo referente al oficio del obispo, sino tambi\u00e9n al de la iglesia y a la acci\u00f3n de los tres autores divinos de la salvaci\u00f3n en su relaci\u00f3n entre s\u00ed\u00ad y con el candidato. Dado que el texto de esta oraci\u00f3n, que es matriz de las otras compuestas por las diversas tradiciones lit\u00fargicas para la ordenaci\u00f3n episcopal, ha sido restablecido \u00ed\u00adntegramente por Pablo VI para la liturgia latina, el comentario lo haremos a continuaci\u00f3n, cuando tratemos del rito latino actual&#8217;. Despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, el nuevo obispo recibe el beso de la paz y .preside la concelebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Para la ordenaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero no se alude a la elecci\u00f3n por parte del pueblo. El rito consiste en la imposici\u00f3n de las manos del obispo sobre la cabeza del candidato, al tiempo que los otros presb\u00ed\u00adteros repiten tambi\u00e9n el mismo gesto. A este prop\u00f3sito, Hip\u00f3lito escribe: \u00abSobre el sacerdote deben imponer las manos tambi\u00e9n los sacerdotes, porque tambi\u00e9n ellos gozan del com\u00fan e igual esp\u00ed\u00adritu sacerdotal. En efecto, el sacerdote tiene el poder de recibir, pero no de transmitir este esp\u00ed\u00adritu; por eso no ordena el clero, sino que en la ordenaci\u00f3n del sacerdote lo \u00fanico que hace es expresar su aprobaci\u00f3n (con el gesto de la imposici\u00f3n), mientras que es el obispo el que ordena\u00bb \u00c2\u00b5. Despu\u00e9s de la imposici\u00f3n de las manos viene la oraci\u00f3n: \u00abDios, Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, vuelve la mirada sobre este siervo aqu\u00ed\u00ad presente e inf\u00fandele esp\u00ed\u00adritu de gracia y de sabidur\u00ed\u00ada sacerdotal para que ayude y gobierne al pueblo con coraz\u00f3n puro, como volviste la mirada sobre el pueblo elegido por ti y ordenaste a Mois\u00e9s escoger sacerdotes, a los que llenaste del mismo esp\u00ed\u00adritu que hab\u00ed\u00adas dado a tu siervo. Ahora haz, oh Se\u00f1or, que no disminuya en nosotros el esp\u00ed\u00adritu de tu gracia y conc\u00e9denos servirte con simplicidad de esp\u00ed\u00adritu alab\u00e1ndote por tu Hijo Jesucristo, por el cual tienes, Padre e Hijo con el Esp\u00ed\u00adritu Santo en la santa iglesia, gloria y poder ahora y por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u00bb 9. Esta f\u00f3rmula concibe al presb\u00ed\u00adtero como colaborador del obispo en calidad de consejero y part\u00ed\u00adcipe de su esp\u00ed\u00adritu y misi\u00f3n en la iglesia. Evocando el episodio b\u00ed\u00adblico de la instituci\u00f3n de los setenta ancianos, comprende al presb\u00ed\u00adtero como miembro de un colegio que asiste al obispo en el gobierno del pueblo cristiano. En los primeros tiempos, en efecto, los presb\u00ed\u00adteros, como consejeros del obispo, viv\u00ed\u00adan con \u00e9l; s\u00f3lo despu\u00e9s la difusi\u00f3n del cristianismo y la fundaci\u00f3n de peque\u00f1as comunidades en zonas rurales llevar\u00e1n a confiar a cada uno de los presb\u00ed\u00adteros el cuidado de una porci\u00f3n del pueblo cristiano y a ampliar sus deberes no s\u00f3lo en relaci\u00f3n al gobierno, sino tambi\u00e9n al servicio de la palabra y a la administraci\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p>La ordenaci\u00f3n del di\u00e1cono se realiza s\u00f3lo con la imposici\u00f3n de las manos del obispo. El texto de la oraci\u00f3n pronunciada por \u00e9l dice: \u00abDios, que has creado todas las cosas y las has ordenado mediante el Verbo; Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, al que enviaste para que cumpliese tu voluntad y nos manifestase tu intenci\u00f3n, concede el santo esp\u00ed\u00adritu de la gracia, del celo y de la diligencia a tu siervo aqu\u00ed\u00ad presente, a quien has escogido para que est\u00e9 al servicio de tu iglesia y lleve a tu santuario lo que es ofrecido por aquel que estableciste como tu sacerdote para gloria de tu nombre, para que, cumpliendo su deber de modo irreprensible y con pureza de vida, sea digno de conseguir un grado m\u00e1s elevado y te alabe y glorifique por tu Hijo Jesucristo, nuestro Se\u00f1or, por el cual tienes con el Esp\u00ed\u00adritu Santo gloria, poder y alabanza por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u00bb &#8216;\u00c2\u00b0. El di\u00e1cono es presentado, por tanto, como el que tiene la funci\u00f3n de ejecutar las \u00f3rdenes del obispo y de servir a la comunidad cristiana. Puede recibir encargos diversos y muy importantes en la iglesia, pero siempre como ejecutor de la voluntad del obispo y de su mente.<\/p>\n<p>En la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, Hip\u00f3lito no intenta dar f\u00f3rmulas normativas, sino solamente un ejemplo, un esbozo, un modelo en el que inspirarse cuando se debe llevar a cabo la asunci\u00f3n de un nuevo miembro en el colegio episcopal o presbiteral o en el orden de los di\u00e1conos. Esta libertad es signo de que la liturgia est\u00e1 todav\u00ed\u00ada en formaci\u00f3n; que a\u00fan no se ha fijado en textos inmutables y obligatorios, sino que nace cada vez como interpretaci\u00f3n espont\u00e1nea de la tradici\u00f3n. Sin embargo, estas oraciones tienen un valor paradigm\u00e1tico, que ha influido en las formulaciones sucesivas del rito de la ordenaci\u00f3n en las diversas familias lit\u00fargicas, tanto de Oriente como de Occidente.<\/p>\n<p>En los siglos siguientes la liturgia de la ordenaci\u00f3n, junto con las celebraciones de los otros sacramentos y de la eucarist\u00ed\u00ada, se desarrolla con la inserci\u00f3n de nuevos gestos y de nuevas palabras. En la ordenaci\u00f3n del obispo aparece bastante pronto el rito de poner y mantener abierto sobre la cabeza del candidato el libro de los evangelios. En las oraciones de ordenaci\u00f3n del di\u00e1cono se introduce la menci\u00f3n de san Esteban. En Occidente, el rito romano tiene sus m\u00e1s antiguos documentos en los sacramentarios Veronense (o Leoniano) y Gelasiano, cuyo contenido, en lo referente al rito de la ordenaci\u00f3n, puede remontarse al tiempo de san Le\u00f3n Magno; en efecto, en la formulaci\u00f3n de los pensamientos y de los textos lit\u00fargicos parece sentirse de nuevo el estilo y la doctrina de este papa. A la simplicidad del rito romano antiguo, que consist\u00ed\u00ada en la imposici\u00f3n de las manos y en la oraci\u00f3n consecratoria, se a\u00f1ade el rito de la entrega de los instrumentos (Iraditio instrumentorum), s\u00ed\u00admbolos de la potestad y funciones confiadas. Este acto llega a ser tan importante en la ordenaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero, que en la doctrina medieval, cuya m\u00e1xima expresi\u00f3n se encuentra en el Decretum pro Armenis del concilio Florentino, se llega a pensar que la entrega de la patena con el pan y del c\u00e1liz con el vino para consagrar en la misa y las palabras que acompa\u00f1an este gesto forman el signo sacramental esencial de la ordenaci\u00f3n (DS 1326). Al di\u00e1cono se le entrega el evangelio; al obispo, el evangelio, el anillo, el b\u00e1culo y la mitra. M\u00e1s tarde a los presb\u00ed\u00adteros se les hace una segunda imposici\u00f3n de las manos por el obispo al fin de la misa con una f\u00f3rmula que significa la concesi\u00f3n del ministerio de perdonar los pecados.<\/p>\n<p>El camino de vuelta a lo esencial del antiguo rito fue iniciado por P\u00ed\u00ado XII con la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Sacramentum ordinis, que no modific\u00f3 los ritos existentes, pero estableci\u00f3 la imposici\u00f3n de las manos y la oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n como el signo esencial del sacramento, y completado por Pablo VI con la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Pontificalis romani, que, en ejecuci\u00f3n de las normas del Vat. II, devuelve el rito de las ordenaciones a su simplicidad y sobriedad tan intensamente significativas. No podemos seguir aqu\u00ed\u00ad la historia de los ritos y de las oraciones de ordenaci\u00f3n orientales y occidentales; por eso nos limitaremos a exponer la ordenaci\u00f3n de diaconado, de presbiterado y de episcopado en la actual liturgia del rito latino.<\/p>\n<p>V. La ordenaci\u00f3n de di\u00e1cono, de presb\u00ed\u00adtero y de obispo en el rito latino actual<br \/>\nDamos primeramente una breve descripci\u00f3n de los ritos, indicando los aspectos teol\u00f3gicos que implican; despu\u00e9s citamos el texto de las tres oraciones de ordenaci\u00f3n con un breve comentario que ponga de manifiesto la doctrina teol\u00f3gica general y la de los ministerios ordenados. Seguimos el orden ascendente, diaconado, presbiterado y episcopado, que es el del ODPE, aunque la doctrina de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica LG y la misma constituci\u00f3n apost\u00f3lica Pontificalis romani se inclinan a una concepci\u00f3n que parte del episcopado para llegar al presbiterado y al diaconado.<\/p>\n<p>La edici\u00f3n castellana del volumen del Pontifical De Ordinatione Diaconi, Presbyteri et Episcopi (= ODPE) lleva el t\u00ed\u00adtulo Ritual de \u00ed\u201crdenes (= RO)<br \/>\n1. DESCRIPCI\u00ed\u201cN Y SIGNIFICADO DE LOS RITOS. La estructura general de la ordenaci\u00f3n es la misma para los tres \u00f3rdenes; tiene lugar en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada inmediatamente despu\u00e9s de la proclamaci\u00f3n del evangelio, y consta de tres partes, de las que la primera comprende los ritos de introducci\u00f3n y preparaci\u00f3n, la parte central contiene el sacramento y la tercera parte est\u00e1 constituida por los ritos explicativos de lo que ha ocurrido.<\/p>\n<p>a) Ritos de introducci\u00f3n o preparaci\u00f3n. Los ritos introductorios para los tres \u00f3rdenes son los mismos, es decir, la llamada de los candidatos y su presentaci\u00f3n al obispo ordenante, al tiempo que se atestigua su idoneidad; la elecci\u00f3n por el obispo para el orden al que son candidatos (en la ordenaci\u00f3n episcopal se lee el documento por el que el papa, cabeza del colegio episcopal, elige para el episcopado); la homil\u00ed\u00ada del obispo; el di\u00e1logo entre los candidatos y el obispo, en el cual \u00e9ste les pide y ellos prometen llevar a cabo los deberes del orden que van a recibir, as\u00ed\u00ad como obediencia, poniendo sus manos entre las del obispo (los candidatos al episcopado prometen obediencia al papa) y, al final, las letan\u00ed\u00adas de los santos, precedidas por un invitatorio y con una oraci\u00f3n del obispo como conclusi\u00f3n (durante las letan\u00ed\u00adas los candidatos se postran en tierra). Entre estos ritos de introducci\u00f3n, la presentaci\u00f3n de los candidatos con la petici\u00f3n de que sean ordenados y la declaraci\u00f3n de su idoneidad, a lo que sigue por parte del obispo la elecci\u00f3n que ratifica la vocaci\u00f3n, expresan muy bien la implicaci\u00f3n de la comunidad eclesial local en la elecci\u00f3n de los candidatos al ministerio de la ordenaci\u00f3n. En efecto, aqu\u00e9llos son presentados al obispo en nombre del pueblo y se atestigua su aptitud haciendo referencia expl\u00ed\u00adcita al parecer expresado por el pueblo cristiano en medio del cual han crecido los candidatos. Como respuesta al consenso de los fieles, el obispo confirma la candidatura y lleva a cabo la elecci\u00f3n al grado propuesto del sacramento del orden. Existe as\u00ed\u00ad relaci\u00f3n entre la comunidad que pide y da su testimonio y el jefe de la comunidad, el obispo, que en nombre de Dios y de Jesucristo, a quien representa, es decir, desde lo alto, escoge para el ministerio. El ministerio y el candidato al mismo ocupan el centro de la relaci\u00f3n entre la comunidad y el don de Dios. El di\u00e1logo que a continuaci\u00f3n se desarrolla entre el obispo y los candidatos, en el que \u00e9stos prometen cumplir las funciones del orden que van a recibir, significa el compromiso ante Dios y la comunidad. Este di\u00e1logo expresa en s\u00ed\u00adntesis lo mismo que se ha dicho antes, o sea, la participaci\u00f3n de la comunidad en la concesi\u00f3n del ministerio ordenado. Al terminar, la invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y la invocaci\u00f3n de los santos en favor de los candidatos expresa la participaci\u00f3n en la acci\u00f3n sacramental de la iglesia celeste, es decir, de los santos y de los \u00e1ngeles que celebran la liturgia escatol\u00f3gica de la alabanza de Dios. Los ritos de introducci\u00f3n contienen y explicitan la doctrina y la realidad de la presencia activa de toda la comunidad eclesial, terrestre y celeste en el don del ministerio que Dios otorga a aquellos que \u00e9l ha llamado, que la comunidad presenta y que el obispo, en nombre de Dios, acoge. As\u00ed\u00ad el sacramento del orden, en sus diferentes grados, don de nuevos ministros para la iglesia, es una acci\u00f3n comunitaria en la que participan activamente todos sus componentes, todos sus miembros, todos los \u00f3rdenes eclesiales.<\/p>\n<p>b) El rito central. En el rito central se confiere el sacramento del orden en sus diversos grados. Consiste en el gesto y en las palabras que lo acompa\u00f1an y lo especifican determin\u00e1ndolo. Para todos los \u00f3rdenes, diaconado, presbiterado y episcopado, el gesto es la imposici\u00f3n de las manos del obispo ordenante sobre la cabeza del candidato con las siguientes modalidades, que constituyen tambi\u00e9n una graduaci\u00f3n: en la ordenaci\u00f3n del di\u00e1cono, solamente el obispo impone las manos; en la ordenaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero, despu\u00e9s del obispo imponen las manos todos los presb\u00ed\u00adteros presentes; en la ordenaci\u00f3n del obispo imponen las manos todos los obispos presentes, los cuales concelebran en el acto de dar el sacramento del orden; inmediatamente despu\u00e9s de la imposici\u00f3n de las manos, al que recibe el orden episcopal se le coloca sobre la cabeza el evangelio abierto, sostenido por dos di\u00e1conos. Todo sucede en silencio. Terminado el gesto, el obispo ordenante pronuncia la oraci\u00f3n consecratoria propia de cada orden. En el diaconado y en el presbiterado solamente el obispo pronuncia la oraci\u00f3n; en el episcopado, todos los obispos que han impuesto las manos pronuncian juntos la parte central de la oraci\u00f3n consagratoria, que invoca al Esp\u00ed\u00adritu y es considerada como esencial para la validez del acto sacramental. Este rito central, simple y solemne, debe desarrollarse con la mayor atenci\u00f3n y con el m\u00e1s profundo recogimiento interior, en medio del silencio adorante de la asamblea, de los ministros y de los elegidos. Es como el momento de la consagraci\u00f3n en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Al acabar la oraci\u00f3n, en la doxolog\u00ed\u00ada, todo el pueblo expresa su participaci\u00f3n e interviene proclamando el \u00abam\u00e9n\u00bb final, que tiene un significado de aprobaci\u00f3n, de corresponsabilidad y de solidaridad en la elecci\u00f3n de aquellos que han sido ordenados. As\u00ed\u00ad el pueblo da su consenso al benepl\u00e1cito de Dios Padre y a su actualizaci\u00f3n en la presente liturgia de la iglesia; el sacramento, que se realiza en este momento central, tiene en el gesto y en las palabras del rito su m\u00e1s fuerte expresi\u00f3n. Es necesario, por tanto, dar la m\u00e1xima importancia a este acto, de modo que la asamblea participe en \u00e9l digna y conscientemente y saque el fruto espiritual de la uni\u00f3n con la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios y de la participaci\u00f3n en el crecimiento eclesial que se lleva a cabo. Es preciso, por esto, que los fieles sean instruidos con antelaci\u00f3n sobre el significado del gesto y de las palabras de la oraci\u00f3n consecratoria.<\/p>\n<p>Sobre el m\u00faltiple valor de la imposici\u00f3n de las manos ya hemos tratado (1 supra, III); en la concesi\u00f3n de un orden significa la comunicaci\u00f3n del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo para la santificaci\u00f3n interior de los candidatos y su habilitaci\u00f3n para el cumplimiento de los oficios propios del orden en el que entran; santificaci\u00f3n y habilitaci\u00f3n asimilan a los ordenados a Cristo, sumo y \u00fanico sacerdote, de cuya mediaci\u00f3n se hacen signo sacramental.<\/p>\n<p>En la ordenaci\u00f3n del obispo es tambi\u00e9n central el gesto de la imposici\u00f3n del evangelio, \u00ed\u00adntimamente asociado a la imposici\u00f3n de las manos. El valor de este gesto queda reflejado muy bien por un escrito de Severiano de G\u00e1bala, que por su antig\u00fcedad constituye tambi\u00e9n un testimonio de la vetustez del rito: \u00abDurante la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes se pone el libro del evangelio sobre la cabeza del ordenando, para que aprenda que recibe la verdadera tiara del evangelio; para que aprenda que \u00e9l, aunque sea jefe de todos, no obstante est\u00e1 sujeto por la misma ley; manda a todos, pero est\u00e1 \u00e9l mismo sometido a la ley; legisla para todos, pero \u00e9l mismo es legislado por la palabra de Dios. Por esto, la imposici\u00f3n del evangelio sobre el gran sacerdote significa que est\u00e1 sometido a una autoridad (PG 56,404) \u00ab. Este acto significa, por tanto, que los obispos est\u00e1n sometidos a la palabra de Dios, simbolizada por el libro de los evangelios, que la contiene. Su fundamento se encuentra en el discurso de Pablo a los ancianos de Efeso. A \u00e9stos les dice: \u00abOs encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, al que puede edificar y daros la herencia con todos los santificados\u00bb (Heb 20:32). La expresi\u00f3n palabra de la gracia indica el poder eficaz de la palabra de Dios, que trae la gracia. El Ap\u00f3stol conf\u00ed\u00ada, por tanto, a los ancianos, \u00abque el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; ha constituido como obispos para apacentar la iglesia de Dios\u00bb (Heb 20:28), a la palabra de Dios. Da la impresi\u00f3n de que Pablo deber\u00ed\u00ada decir lo contrario, esto es, que la palabra es confiada a los obispos para que la custodien y la difundan, no que los obispos sean confiados a la palabra. Por el contrario es esto lo que parad\u00f3jicamente se verifica. Los obispos, puestos por el Esp\u00ed\u00adritu para apacentar la iglesia de Dios, son entregados a la palabra de Dios a fin de que \u00e9sta, mediante la omnipotencia divina que contiene, obre el desarrollo y el incremento de la vida cristiana, la construcci\u00f3n del edificio de la iglesia mediante la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, en la ordenaci\u00f3n de los obispos concurren a la vez el Esp\u00ed\u00adritu Santo, significado por la imposici\u00f3n de las manos, y la palabra de Dios, significada por la imposici\u00f3n del evangelio. Los obispos son hechos tales por el Esp\u00ed\u00adritu y por la palabra; y como su conducta debe ser movida por el Esp\u00ed\u00adritu y a \u00e9l sometida, tambi\u00e9n debe ser guiada e iluminada por la palabra y sometida a ella. Esta doctrina, expuesta por san Pablo, traducida en el gesto ritual de la imposici\u00f3n del evangelio, es tambi\u00e9n proclamada por el Vat. II en la constituci\u00f3n sobre la divina revelaci\u00f3n, donde se explica la relaci\u00f3n entre la funci\u00f3n eclesial del magisterio y la palabra de Dios: \u00abEl magisterio no est\u00e1 por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio para ense\u00f1ar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente y lo explica fielmente; y de este \u00fanico dep\u00f3sito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser cre\u00ed\u00addo\u00bb (DV 10). Imposici\u00f3n de las manos e imposici\u00f3n del evangelio sobre la cabeza de los elegidos al episcopado en su ordenaci\u00f3n son actos que de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n ense\u00f1an a todo el pueblo cristiano y a todos los obispos esta gran verdad: los obispos est\u00e1n sometidos al Esp\u00ed\u00adritu Santo y a la palabra; de la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu y de la omnipotencia de la palabra sacan la eficacia para el cumplimiento de sus cargos y para la difusi\u00f3n del mensaje en orden al crecimiento de la iglesia.<\/p>\n<p>c) Ritos de explicaci\u00f3n. Realizado el rito central, los elegidos para cada uno de los \u00f3rdenes est\u00e1n ordenados, o sea, ya son di\u00e1conos, presb\u00ed\u00adteros u obispos. Ahora la liturgia quiere significar con otros gestos esta nueva realidad que se ha hecho presente y la dignidad que se ha conferido. Los di\u00e1conos son revestidos con las vestiduras lit\u00fargicas de su grado, la estola y la dalm\u00e1tica; los presb\u00ed\u00adteros visten la estola y la casulla, a los presb\u00ed\u00adteros el obispo les unge las manos con el crisma, a los obispos se les unge la cabeza con el crisma; a los di\u00e1conos y a los obispos se les entrega el libro de los evangelios con diferentes f\u00f3rmulas; a los presb\u00ed\u00adteros se les da el pan en la patena y el c\u00e1liz con el vino preparados para la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada; a los obispos se les dan las insignias de su orden: el anillo al dedo, la mitra sobre la cabeza, el b\u00e1culo en la mano y despu\u00e9s se les instala en la c\u00e1tedra episcopal. Finalmente, los ordenados, di\u00e1conos, presb\u00ed\u00adteros y obispos, reciben de los ministros de la ordenaci\u00f3n, y luego respectivamente de los otros di\u00e1conos, presb\u00ed\u00adteros u obispos, el abrazo y el beso de la paz y los devuelven, como signo de que son acogidos en el orden de los di\u00e1conos, de los presb\u00ed\u00adteros o de los obispos. Estos gestos son una explicaci\u00f3n visible de lo que ha acontecido en el sacramento, del efecto producido en las personas que lo han recibido. El revestirse de las insignias lit\u00fargicas propias de cada orden es un signo evidente por s\u00ed\u00ad mismo; cada uno de los que han sido constituidos en una dignidad llevan la indumentaria caracter\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Merecen especial atenci\u00f3n las unciones y la entrega del evangelio. A quien ha sido ordenado obispo se le unge la cabeza, a quien ha sido ordenado presb\u00ed\u00adtero se le ungen las manos con el crisma. La simbolog\u00ed\u00ada del aceite en la Escritura es m\u00faltiple: signo de alegr\u00ed\u00ada, de alimento, de medicina, de luz; signo, sobre todo, de consagraci\u00f3n. En el sacramento del orden, la unci\u00f3n expresa la conformidad con Cristo; como \u00e9l ha sido ungido por Dios con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf Heb 10:38) y ha sido consagrado sumo sacerdote, as\u00ed\u00ad los obispos y los presb\u00ed\u00adteros, que a trav\u00e9s de la imposici\u00f3n de las manos han recibido una participaci\u00f3n en el sacerdocio del Se\u00f1or y han sido conformados con \u00e9l en el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, reciben la unci\u00f3n externa ritual que manifiesta la unci\u00f3n interna e invisible. Las palabras que acompa\u00f1an a la unci\u00f3n expresan esta doctrina. El otro gesto explicativo es la entrega del libro de los evangelios a los di\u00e1conos y a los obispos; esto indica claramente la funci\u00f3n: los ministros ordenados, y en primer lugar los obispos, son constituidos predicadores del evangelio.<\/p>\n<p>Termina as\u00ed\u00ad la liturgia de la ordenaci\u00f3n; prosigue la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, en la que aquellos que han sido ordenados di\u00e1conos ejercen su funci\u00f3n de servicio al altar y distribuyen la comuni\u00f3n a los fieles; los nuevos presb\u00ed\u00adteros concelebran la eucarist\u00ed\u00ada con el obispo y con los otros presb\u00ed\u00adteros; igualmente los nuevos obispos concelebran la eucarist\u00ed\u00ada con los otros obispos. Si ha sido ordenado un solo obispo en la iglesia catedral a la que est\u00e1 destinado como pastor, preside \u00e9l mismo la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, teniendo a su derecha al obispo que ha presidido la concelebraci\u00f3n de la ordenaci\u00f3n episcopal. La estructura de los ritos de ordenaci\u00f3n ofrece as\u00ed\u00ad una gran abundancia y profundidad de ense\u00f1anzas sobre el sacerdocio ministerial.<\/p>\n<p>2. ESTRUCTURA Y DOCTRINA DE LAS ORACIONES. Si todo el rito de ordenaci\u00f3n es en s\u00ed\u00ad una ense\u00f1anza, un signo manifiesto del misterio que en \u00e9l se cumple eficazmente, entre sus elementos constitutivos las oraciones de ordenaci\u00f3n expresan una doctrina sobre el ministerio sacerdotal que por la antig\u00fcedad de su composici\u00f3n y de su uso tiene un valor muy privilegiado como fuente de la fe. La estructura com\u00fan de las tres oraciones de ordenaci\u00f3n es trinitaria: dirigidas a Dios Padre, en la primera parte contienen una anamnesis de la obra por \u00e9l realizada en la historia de salvaci\u00f3n en relaci\u00f3n con la instituci\u00f3n del ministerio; en la parte central est\u00e1 la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo a Dios Padre sobre los candidatos; la tercera parte es una intercesi\u00f3n en favor de los ordenados por la mediaci\u00f3n de Jesucristo. As\u00ed\u00ad se puede comprender inmediatamente que la estructura trinitaria de las oraciones de ordenaci\u00f3n indica la estructura trinitaria de cada ministerio ordenado. Los tres autores de la salvaci\u00f3n, el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, est\u00e1n en el origen o nacimiento de cada ministerio. Del aspecto trinitario deriva el eclesial.<\/p>\n<p>a) Oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de di\u00e1cono. Despu\u00e9s del pr\u00f3logo, que invoca a Dios Padre en sus atributos salv\u00ed\u00adficos en relaci\u00f3n con el ministerio y desarrolla una doctrina sobre la iglesia, cuerpo de Cristo y templo vivo de Dios, dotada de unidad y de pluralidad org\u00e1nica, siguen dos anamnesis, una del AT y otra del NT, en las que se manifiestan las funciones de los di\u00e1conos.<\/p>\n<p>Primera anamnesis: los levitas; funci\u00f3n lit\u00fargica: \u00abDios todopoderoso, (&#8230;) del mismo modo que en la antigua alianza hab\u00ed\u00adas elegido a los hijos de Lev\u00ed\u00ad para que sirvieran al templo, y, como herencia, poseyeran una bendici\u00f3n eterna\u00bb. Estas palabras aluden a la instituci\u00f3n y a las funciones de los levitas en el AT; la evocaci\u00f3n concierne a algunos textos b\u00ed\u00adblicos: uno indica las funciones de ayuda a los sacerdotes en el templo para el culto (cf N\u00fam 3:6-9); otros textos hablan de la bendici\u00f3n recibida en herencia por los levitas (cf N\u00fam 18:21; Jos 13:14.33). En la jerarqu\u00ed\u00ada del templo estaba en el v\u00e9rtice el sumo sacerdote; bajo \u00e9l estaban los sacerdotes inferiores, que ejerc\u00ed\u00adan sus funciones por turnos y desempe\u00f1aban el culto; los levitas estaban en una posici\u00f3n subordinada como una ayuda a los sacerdotes en la liturgia. Siendo los levitas la prefiguraci\u00f3n de los di\u00e1conos, por su evocaci\u00f3n en esta oraci\u00f3n, esta anamnesis ense\u00f1a que una de las funciones de los di\u00e1conos es la lit\u00fargica cultual para ayuda de los sacerdotes.<\/p>\n<p>Segunda anamnesis: los siete; funci\u00f3n de servicio de la caridad: \u00abEn los comienzos de tu iglesia los ap\u00f3stoles de tu Hijo, movidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, eligieron como auxiliares suyos en el servicio cotidiano a siete varones, tenidos por fieles testigos del Se\u00f1or, a quienes, mediante la oraci\u00f3n e imposici\u00f3n de manos, dedicaron al servicio de los pobres, para poderse entregar ellos con mayor empe\u00f1o a la oraci\u00f3n y al servicio de la palabra\u00bb. En este texto se alude a la instituci\u00f3n de los siete, narrada en Heb 6:1-6, donde no aparece el nombre de di\u00e1conos, sino que se usa varias veces el t\u00e9rmino diacon\u00ed\u00ada a prop\u00f3sito de ellos. Citando este episodio, la oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de di\u00e1cono se conforma con una larga tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y exeg\u00e9lica, que ve en los siete a los primeros di\u00e1conos y muestra en este ministerio el ejercicio de la caridad; servicio de la mesa material y de todas las formas de caridad hacia los necesitados de cualquier tipo; en este servicio est\u00e1 prefigurado el servicio de la mesa eucar\u00ed\u00adstica, anticipaci\u00f3n de la mesa celeste escatol\u00f3gica (cf Luc 22:26-27). Aparece as\u00ed\u00ad la doble funci\u00f3n del di\u00e1cono, lit\u00fargica y caritativa, con toda la vasta gama de servicios que estos dos \u00e1mbitos contienen, entre los cuales est\u00e1 comprendido el servicio de la palabra, el anuncio del evangelio.<\/p>\n<p>Ep\u00ed\u00adclesis: \u00abTe pedimos&#8230; env\u00ed\u00ada sobre ellos, Se\u00f1or, el Esp\u00ed\u00adritu Santo para que, fortalecidos con tu gracia de los siete dones, desempe\u00f1en con fidelidad su ministerio\u00bb. La invocaci\u00f3n y la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo es muy clara en sus efectos; santifica y habilita para llevar a cabo el ministerio diaconal; la referencia a los \u00absiete dones\u00bb alude al c\u00e9lebre paso de Isa 11:1-2 no en el texto hebraico, sino en la versi\u00f3n griega de los LXX y en la Vulgata, que contiene el elenco de los siete dones del Esp\u00ed\u00adritu, doctrina que ha llegado a ser cl\u00e1sica en la liturgia y en la espiritualidad. El Esp\u00ed\u00adritu, descendiendo sobre los candidatos, los consagra como di\u00e1conos y trae consigo la abundancia de sus operaciones.<\/p>\n<p>Intercesi\u00f3n: \u00abResplandezcan en su vida todas las virtudes: el amor sincero, la solicitud por los enfermos y los pobres, la autoridad moderada, la pureza sin tacha y un vivir siempre seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu; que tus mandamientos, Se\u00f1or, se vean reflejados en su vida, y que el ejemplo de su castidad suscite la imitaci\u00f3n del pueblo santo; que sostenidos por el testimonio de su buena conciencia, perseveren firmes y constantes en Cristo, de forma que imitando en la tierra a tu Hijo, que no vino a ser servido, sino a servir, merezcan reinar con \u00e9l en el cielo. Por nuestro Se\u00f1or Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos\u00bb. Esta intercesi\u00f3n, de naturaleza paren\u00e9tica, muestra las funciones diaconales, que consisten esencialmente en el servicio de los pobres y de los enfermos, e indica las virtudes necesarias para tales funciones. La conclusi\u00f3n doctrinal expresa el fundamento cristol\u00f3gico del diaconado: como Cristo ha sido di\u00e1cono, es decir, servidor en la tierra de Dios Padre y de los hombres y asunto a la gloria del reino escatol\u00f3gico en el cielo, as\u00ed\u00ad los di\u00e1conos, conformados a Cristo en el servicio, ser\u00e1n part\u00ed\u00adcipes de su definitiva realeza celeste.<\/p>\n<p>b) Oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de presb\u00ed\u00adtero. Despu\u00e9s del pr\u00f3logo, la oraci\u00f3n evoca la instituci\u00f3n del sacerdocio, cuyas funciones se enuncian mediante la anamnesis de tres instituciones; dos son del AT y una del NT.<\/p>\n<p>Primera anamnesis: Aar\u00f3n y sus ancianos; funci\u00f3n de gobierno pastoral: \u00abAs\u00ed\u00ad en el desierto multiplicaste el esp\u00ed\u00adritu de Mois\u00e9s, comunic\u00e1ndolo a los setenta varones prudentes con los cuales gobern\u00f3 f\u00e1cilmente un pueblo numeroso\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad se recuerda la elecci\u00f3n que Mois\u00e9s hace por orden de Dios de setenta ancianos como sus colaboradores en el gobierno del pueblo; el episodio comprende el mandato de Dios a Mois\u00e9s y su ejecuci\u00f3n (cf N\u00fam 11:16-17.24-25). Dios participa a los ancianos el mismo esp\u00ed\u00adritu que ha dado a Mois\u00e9s; en consecuencia, le ayudan en el gobierno del pueblo; la funci\u00f3n que se evoca aqu\u00ed\u00ad es, por tanto, el gobierno pastoral; Mois\u00e9s es figura de los obispos; los setenta ancianos, figura de los presb\u00ed\u00adteros; obispos y presb\u00ed\u00adteros son pastores de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Segunda anamnesis: Aar\u00f3n y sus hijos; funci\u00f3n cultual: \u00abAs\u00ed\u00ad tambi\u00e9n transmitiste a los hijos de Aar\u00f3n la abundante plenitud otorgada a su padre, para que un n\u00famero suficiente de sacerdotes ofreciera sacrificios y mantuviese el culto divino\u00bb. Se trata aqu\u00ed\u00ad de la llamada y de la consagraci\u00f3n sacerdotal de Aar\u00f3n y sus hijos, con el consiguiente ejercicio de sus funciones; el hecho est\u00e1 extensamente narrado en Ex 29, que relata el mandato de Dios, y en Lev 8, que refiere su ejecuci\u00f3n, es decir, la consagraci\u00f3n sacerdotal de Aar\u00f3n y sus hijos; Lev 9 describe despu\u00e9s el ejercicio sacerdotal de los consagrados.<\/p>\n<p>Aar\u00f3n, sumo sacerdote veterotestamentario, es figura de los obispos, sumos sacerdotes ministeriales en la iglesia; los hijos de Aar\u00f3n, sacerdotes inferiores bajo su padre, son figura de los presb\u00ed\u00adteros, sacerdotes verdaderos por participaci\u00f3n de la plenitud sacerdotal de los obispos. El oficio com\u00fan a Aar\u00f3n y a sus hijos es figura de la funci\u00f3n cultual y sacramental de los obispos y de los presb\u00ed\u00adteros en la iglesia, de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y de los sacramentos.<\/p>\n<p>Tercera anamnesis: los ap\u00f3stoles y los disc\u00ed\u00adpulos; funci\u00f3n de evangelizaci\u00f3n: \u00abAs\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, seg\u00fan tu mismo plan, diste a los ap\u00f3stoles de tu Hijo compa\u00f1eros de menor orden para predicar la fe, y con su ayuda anunciaron el evangelio por todo el mundo\u00bb. Esta evocaci\u00f3n recuerda la misi\u00f3n de los doce y de los setenta y dos por parte de Jes\u00fas, y luego la elecci\u00f3n de colaboradores de los ap\u00f3stoles que estos mismos llevan a cabo despu\u00e9s de pentecost\u00e9s para mejor ejecutar su mandato. Los ap\u00f3stoles tienen en los obispos a sus sucesores; los disc\u00ed\u00adpulos, colaboradores de los ap\u00f3stoles, son actualizados en los presb\u00ed\u00adteros, colaboradores de los obispos; el deber com\u00fan es la evangelizaci\u00f3n en todas sus formas, con responsabilidad plena en los obispos, subordinada en los presb\u00ed\u00adteros. Tres son, por lo tanto, las funciones del ministerio ordenado: el gobierno pastoral, el culto y los sacramentos y la evangelizaci\u00f3n; estas funciones son dadas por Dios Padre mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo; no son, pues, solamente institucionales, sino tambi\u00e9n carism\u00e1ticas; los obispos las ejercitan en plenitud, los presb\u00ed\u00adteros las realizan en comuni\u00f3n y en dependencia con respecto a los obispos.<\/p>\n<p>Ep\u00ed\u00adclesis: \u00abTe pedimos, Padre todopoderoso, que confieras a estos siervos tuyos la dignidad del presbiterado; renueva en sus corazones el Esp\u00ed\u00adritu de santidad; reciban de ti el sacerdocio de segundo grado y sean, con su conducta, ejemplo de vida\u00bb. Esta f\u00f3rmula se articula en cuatro peticiones, de las cuales queda como fundamental el don del Esp\u00ed\u00adritu de santidad, invocado en orden a la concesi\u00f3n de las funciones sacerdotales m\u00e1s arriba enumeradas. Tal invocaci\u00f3n es formulada mediante la libre composici\u00f3n de dos vers\u00ed\u00adculos del salmo Miserere: \u00abRenueva en mi pecho un esp\u00ed\u00adritu firme\u00bb (12b) y \u00abno retires de m\u00ed\u00ad tu santo esp\u00ed\u00adritu\u00bb (13b), de lo que resulta: \u00abRenueva en sus corazones el esp\u00ed\u00adritu de santidad\u00bb. Junto con el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que confiere la santificaci\u00f3n interior y el sello indeleble, encontramos confirmada tambi\u00e9n en la ep\u00ed\u00adclesis, coraz\u00f3n de la consagraci\u00f3n presbiteral, la subordinaci\u00f3n del presbiterado como ministerio o sacerdocio de segundo grado (secundi meriti munus), respecto a la plenitud del sacerdocio ministerial que es el episcopado \u00ab. Los presb\u00ed\u00adteros son verdaderos sacerdotes, colaboradores subordinados del sacerdocio de los obispos.<\/p>\n<p>Intercesi\u00f3n: \u00abSean sinceros colaboradores del orden episcopal, para que la palabra del evangelio llegue a toda la tierra y todos los pueblos, congregados en Cristo, formen el pueblo santo de Dios. Por nuestro Se\u00f1or Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u00bb. Esta parte final renueva, con estilo propio, los conceptos ya expuestos en la anamnesis, es decir, las tres funciones ministeriales de los presb\u00ed\u00adteros y de los obispos, la evangelizaci\u00f3n, el gobierno pastoral con su efecto de reunir a todos en Cristo, y el culto que forma el \u00fanico pueblo santo de Dios; confirma adem\u00e1s la comuni\u00f3n en estas funciones de los obispos y los presb\u00ed\u00adteros, y la subordinaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros a los obispos en su cumplimiento.<\/p>\n<p>c) Oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de obispo. Anamnesis: \u00abDios y Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, que tienes tu trono sobre los cielos y desciendes para mirar a los humildes; t\u00fa sabes todo antes de que suceda; en tu palabra, que contiene todo don, has establecido las reglas de la iglesia: elegiste desde el principio un pueblo santo, descendiente de Abrah\u00e1n, y le diste reyes y sacerdotes que cuidaran del servicio de tu santuario, porque desde el principio quisiste ser glorificado en tus elegidos\u00bb. Despu\u00e9s del peque\u00f1o pr\u00f3logo, que enumera los atributos salv\u00ed\u00adficos de Dios Padre mediante tres expresiones tomadas de 2Co 1:3; Sal 112:56, y Dan 13:42, la anamnesis expone el plano de la salvaci\u00f3n, contemplado en dos etapas: la primera, del pueblo de la antigua alianza en el NT; la segunda, de la iglesia en el NT. En el centro de la constituci\u00f3n del antiguo pueblo est\u00e1 la instituci\u00f3n por parte de Dios de jefes y sacerdotes, los primeros en funci\u00f3n del gobierno y los otros en funci\u00f3n del servicio del templo, es decir, del culto. Observemos la prefiguraci\u00f3n v\u00e9terotestamentaria en orden a la realidad que se est\u00e1 realizando, mediante el rezo de la oraci\u00f3n, que es la ordenaci\u00f3n de los obispos. Dios ha establecido jefes y sacerdotes; en el momento en que la oraci\u00f3n se pronuncia, tiene lugar el acontecimiento del que era figura la antigua instituci\u00f3n; es decir, se instituyen los jefes del nuevo pueblo de Dios que es la iglesia, y los sacerdotes del nuevo santuario de Dios, que es tambi\u00e9n la iglesia.<\/p>\n<p>Ep\u00ed\u00adclesis: \u00abInfunde ahora sobre este siervo tuyo que has elegido la fuerza que de ti procede: el Esp\u00ed\u00adritu de soberan\u00ed\u00ada que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y \u00e9l, a su vez, comunic\u00f3 a los santos ap\u00f3stoles, quienes establecieron la iglesia por diversos lugares como santuario tuyo para gloria y alabanza incesante de tu nombre\u00bb. El Esp\u00ed\u00adritu Santo invocado sobre los candidatos al episcopado tiene un atributo: Spiritum principalem, expresado en la traducci\u00f3n oficial castellana como Esp\u00ed\u00adritu de soberan\u00ed\u00ada. La expresi\u00f3n Spiritum principalem est\u00e1 tomada del salmo Miserere, v. 14b, en el texto de la Vulgata. Se verifica, con relaci\u00f3n a este punto, una evoluci\u00f3n en el significado; en el texto hebreo el salmista invoca: \u00abAfi\u00e1nzame con un esp\u00ed\u00adritu de obediencia\u00bb, es decir, de generosidad, de prontitud, de magnanimidad, de espontaneidad en el cumplimiento de los mandatos divinos; el texto griego de la biblia de los LXX ha traducido esp\u00ed\u00adritu de obediencia por pneuma h\u00e9gemonikon, es decir, esp\u00ed\u00adritu de nobleza, esp\u00ed\u00adritu del que tiene como caracter\u00ed\u00adstica la magnanimidad, la generosidad, o sea, del que est\u00e1 en alto, del que gobierna, del que dirige; interpretado tambi\u00e9n en este sentido por la literatura patr\u00ed\u00adstica posterior, con diversas matizaciones \u00ab, entr\u00f3 en la ep\u00ed\u00adclesis de la oraci\u00f3n de la ordenaci\u00f3n de los obispos; los obispos son aquellos a los que se da el Esp\u00ed\u00adritu Santo para el gobierno, el Esp\u00ed\u00adritu que les capacita para regir y guiar a la comunidad, para ser jefes en la iglesia. Este Esp\u00ed\u00adritu es el mismo que Dios Padre dio a su Hijo Jesucristo en el bautismo y sobre todo en la resurrecci\u00f3n, en la cual, habiendo recibido Jes\u00fas el Esp\u00ed\u00adritu vivificador, lo infundi\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos con un soplo, un h\u00e1lito de naturaleza vital y sacramental, la tarde misma de la pascua, manifest\u00e1ndose de un modo excepcional en pentecost\u00e9s; se recuerdan los textos de Jua 20:22 y Heb 2:33. Animados por el Esp\u00ed\u00adritu, los ap\u00f3stoles edificaron la iglesia en todo el mundo, templo vivo de la gloria de Dios. De generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la ininterrumpida sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, el Esp\u00ed\u00adritu se transmite hasta el presente, hasta la actual acci\u00f3n lit\u00fargica, cuyo centro es la oraci\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, los obispos se caracterizan como aquellos que reciben de Dios Padre, por medio de la imposici\u00f3n de las manos de los ministros ordenantes, el Esp\u00ed\u00adritu de jefes de la iglesia, de la cual son constituidos constructores y arquitectos para gloria de Dios; como Jes\u00fas dice de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abYo edificar\u00e9 mi iglesia\u00bb(Mat 16:18), as\u00ed\u00ad san Pablo, y despu\u00e9s de \u00e9l los obispos: \u00abSeg\u00fan la gracia de Dios que me dio, puse los cimientos cual sabio arquitecto\u00bb (1Co 3:10).<\/p>\n<p>Intercesi\u00f3n: \u00ab\u00c2\u00a1Oh Dios, conocedor de los corazones!, concede a este hijo tuyo, elegido para el episcopado, apacentar tu pueblo santo, ejercer ante ti, sin reprehensi\u00f3n, el sumo sacerdocio, servirte d\u00ed\u00ada y noche e interceder siempre por el pueblo, ofreciendo los dones de tu santa iglesia. Que en virtud del sumo sacerdocio tenga el poder de perdonar los pecados, seg\u00fan tu voluntad. Que distribuya los ministerios de la iglesia siguiendo tus designios; ate y desate todo v\u00ed\u00adnculo, conforme al poder que diste a los ap\u00f3stoles. Que te sea grato por la mansedumbre y dulzura de coraz\u00f3n, ofreciendo su vida en sacrificio por medio de tu hijo Jesucristo, por quien recibes la gloria, el poder y el honor, con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la iglesia, ahora y por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u00bb. Esta \u00faltima parte, en forma de petici\u00f3n, expone un peque\u00f1o tratado de las funciones eclesiales de los obispos, que son fundamentalmente dos, las mismas ya anunciadas en la anamnesis por las palabras reyes y sacerdotes, es decir, el gobierno y la santificaci\u00f3n. En s\u00ed\u00adntesis, el conjunto de la oraci\u00f3n ense\u00f1a que los obispos son aquellos que han recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo, dado por Dios Padre a trav\u00e9s de su Hijo Jesucristo para ser los sumos responsables de la direcci\u00f3n y santificaci\u00f3n del pueblo y del culto de Dios; ejercitan su cargo celebrando los sacramentos, ofreciendo el culto eucar\u00ed\u00adstico, otorgando los ministerios inferiores, perdonando los pecados, dirigiendo la comunidad y edificando as\u00ed\u00ad la iglesia como arquitectos y sucesores de los ap\u00f3stoles. La oraci\u00f3n concluye con la doxolog\u00ed\u00ada, que en su formulaci\u00f3n une al Esp\u00ed\u00adritu Santo a la iglesia. De este modo reaparece tambi\u00e9n en la conclusi\u00f3n la dimensi\u00f3n eclesial del ministerio de los obispos, que procede de la dimensi\u00f3n trinitaria del episcopado. El orden de los obispos se sit\u00faa en el coraz\u00f3n de la iglesia, la construye en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, es signo de la mediaci\u00f3n sacerdotal de Jesucristo para la gloria de Dios Padre.<\/p>\n<p>La liturgia de la ordenaci\u00f3n, adem\u00e1s de la ense\u00f1anza sobre la naturaleza trinitaria y sobre las funciones de los ministros ordenados, muestra tambi\u00e9n, mediante las palabras de la oraci\u00f3n y mediante la acci\u00f3n, la naturaleza colegial de los mismos ministros. Los obispos, en efecto, son ordenados por muchos obispos que llevan a cabo una concelebraci\u00f3n perfecta, imponiendo las manos a los candidatos y pronunciando juntos la f\u00f3rmula de la ep\u00ed\u00adclesis de la oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n; esta concelebraci\u00f3n pone de relieve el aspecto sacramental de la colegialidad, y es especialmente evidente cuando el presidente de la ordenaci\u00f3n episcopal es el obispo de Roma, cabeza del colegio de los obispos. Igualmente los presb\u00ed\u00adteros, de los que son figura el colegio de los ancianos, los hijos de Aar\u00f3n, los setenta y dos disc\u00ed\u00adpulos enviados de dos en dos y los colaboradores de los ap\u00f3stoles, reciben la imposici\u00f3n de las manos no s\u00f3lo del obispo ordenaste, sino de todos los presb\u00ed\u00adteros presentes que les acogen en el orden presbiteral. Presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos son dos \u00f3rdenes, dos ministerios subordinados al de los obispos, y colaboradores de forma colegiada del colegio de los obispos.<\/p>\n<p>Esta es, expresada brevemente, la doctrina de las oraciones de ordenaci\u00f3n. Las ideas que hemos propuesto podr\u00ed\u00adan recibir un desarrollo m\u00e1s amplio sobre todo a partir de un estudio comparativo entre los textos de la Sagrada Escritura, que nuestras oraciones recuerdan, y la interpretaci\u00f3n que de ellos hacen esas mismas oraciones en relaci\u00f3n con los diversos ministerios. Adem\u00e1s, una atenta lectura y conocimiento de las obras de los santos padres, especialmente de san Le\u00f3n Magno, que tratan del sacerdocio ministerial, muestra c\u00f3mo nuestras oraciones no son m\u00e1s que la condensaci\u00f3n de la ense\u00f1anza patr\u00ed\u00adstica, que la liturgia actualiza y transmite de forma siempre viva en la existencia de la iglesia a trav\u00e9s del tiempo. Por lo que se refiere en particular a la oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n episcopal, es preciso se\u00f1alar su valor ecum\u00e9nico; en efecto, no es exclusiva solamente del rito latino, sino que ya aparece en los or\u00ed\u00adgenes de las liturgias orientales, y lo esencial de su contenido permanece en muchos ritos todav\u00ed\u00ada en uso; esto puede contribuir no poco, en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, a la formulaci\u00f3n de una doctrina com\u00fan sobre el episcopado.<\/p>\n<p>VI. Problem\u00e1tica teol\u00f3gica y celebraci\u00f3n lit\u00fargica<br \/>\nDe todo lo que se viene diciendo nacen problemas de naturaleza teol\u00f3gica y lit\u00fargica. En lo que se refiere a la teolog\u00ed\u00ada de los ministerios ordenados, se\u00f1alamos la doble cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre las diversas funciones del ministerio, y de la relaci\u00f3n, dentro del \u00fanico sacramento del orden, entre el presbiterado y el episcopado; en lo referente a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, sigue vivo el problema de la inteligibilidad de los s\u00ed\u00admbolos y consiguientemente la necesidad de la catequesis.<\/p>\n<p>1. LA RELACI\u00ed\u201cN ENTRE LAS FUNCIONES MINISTERIALES. Las funciones de los ministerios ordenados son el gobierno pastoral, el culto y la evangelizaci\u00f3n. La formulaci\u00f3n tripartita m\u00e1s clara se encuentra en las tres anamnesis de la oraci\u00f3n consagratoria presbiteral. Nace la pregunta sobre la relaci\u00f3n jer\u00e1rquica entre estas tres funciones. Dado que el sacerdocio ministerial y sus funciones derivan de Cristo, el problema pasa a ser cristol\u00f3gico. Ahora bien, en Cristo estos tres aspectos, cultual santificador, prof\u00e9tico evangelizador y pastoral real son distintos s\u00f3lo inadecuadamente, ya que se compendian y se compenetran rec\u00ed\u00adprocamente, y cada uno est\u00e1 presente y opera en los otros. Cristo, en efecto, es rey pastor, santificador lit\u00fargico y maestro prof\u00e9tico de modo absolutamente \u00fanico y trascendente. Es el reypastor que da la vida por los suyos. Es el maestro-profeta que identifica en s\u00ed\u00ad la verdad y la palabra personal de Dios; que se ofrece como alimento al hombre creyente para nutrirlo. Es el sacerdote que, ofreci\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo en sacrificio, realiza la cumbre de la revelaci\u00f3n del Padre y lleva a los creyentes a la unidad suma. Las tres funciones tienen en Jes\u00fas una inmanencia rec\u00ed\u00adproca, una circularidad, circumincesi\u00f3n y circuminsesi\u00f3n y cada una tiene su v\u00e9rtice en la s\u00ed\u00adntesis de las otras. De este misterio de Cristo participa tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre las tres funciones en los ministros ordenados; es leg\u00ed\u00adtimo, sin embargo, proponer desde el punto de vista teol\u00f3gico una s\u00ed\u00adntesis a partir de cada una de las tres funciones, es decir, concebir el encargo pastoral como el m\u00e1s importante, comprendiendo los oficios del culto y del magisterio; o bien concebir el oficio cultual sacramental como el v\u00e9rtice, donde se a\u00fanan el deber de evangelizar y gobernar al pueblo de Dios; o bien asumir el servicio de la palabra como el deber principal, y ver en \u00e9l la actualizaci\u00f3n suma de los oficios pastoral y sacramental. En la oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n presbiteral las tres anamnesis, aunque en un perfecto paralelismo que unifica las tres funciones de gobierno, de culto y de evangelizaci\u00f3n, permiten intuir que la primera y segunda funci\u00f3n tienden a la tercera; de hecho, las dos primeras son mencionadas con evocaciones del AT, mientras la tercera se toma del NT. Ahora bien, las realidades del AT eran figura de las del NT, de modo que la funci\u00f3n evangelizadora aparece como la consumaci\u00f3n y realizaci\u00f3n perfecta de las funciones pastoral y cultual. Podemos encontrar un fundamento b\u00ed\u00adblico en el hecho de que san Pablo, que ciertamente da la preeminencia al ministerio apost\u00f3lico del anuncio del evangelio, lo expresa sin embargo en t\u00e9rminos sacerdotales cultuales, cuando escribe: \u00abPor la gracia que me ha sido dada por Dios de ser liturgo (leitourgon) de Jesucristo entre los gentiles, de ser sacerdote (hierourgounta) del evangelio de Dios para que la oblaci\u00f3n (prosphora) de los gentiles sea agradable a Dios, santificada (h\u00e9giasmen\u00e9) por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Rom 15:15-16). La \u00faltima parte de la misma oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero, enumerando las funciones con un orden diverso del de las anamnesis, parece favorecer una s\u00ed\u00adntesis diferente de la dignidad de las funciones, poniendo como v\u00e9rtice al que tiende la funci\u00f3n cultual. La oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n episcopal enumera y desarrolla de modo paralelo las dos funciones de reyes y sacerdotes; en la ep\u00ed\u00adclesis, invocando al Esp\u00ed\u00adritu de soberan\u00ed\u00ada, ofrece la preeminencia a la dignidad y funci\u00f3n pastoral. As\u00ed\u00ad, la liturgia en sus diversos textos deja totalmente libre la s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica sobre la jerarqu\u00ed\u00ada reciproca entre las tres funciones ministeriales.<\/p>\n<p>2. LA RELACI\u00ed\u201cN ENTRE EL ORDEN DE LOS OBISPOS Y EL ORDEN DE LOS PRESB\u00ed\u008dTEROS. Un problema muy discutido actualmente es la relaci\u00f3n, dentro del sacramento del orden, entre obispos y presb\u00ed\u00adteros. Mientras el concilio de Trento centr\u00f3 su tratamiento del sacramento del orden en el presbiterado, el Vat. II, al ense\u00f1ar la sacramentalidad de la ordenaci\u00f3n episcopal, ha desplazado el acento hacia el orden episcopal. Tambi\u00e9n sobre este tema los textos lit\u00fargicos ofrecen importantes elementos para la reflexi\u00f3n. La oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n de presb\u00ed\u00adtero insiste en la subordinaci\u00f3n del orden de los presb\u00ed\u00adteros al de los obispos; en las tres anamnesis se indican tres dobles tipos de personas, una en el grado superior de una funci\u00f3n, la otra en el grado inferior; Mois\u00e9s y los setenta, Aar\u00f3n y sus hijos, los ap\u00f3stoles y sus colaboradores. En la ep\u00ed\u00adclesis el presbiterado se define el sacerdocio de segundo grado; en la intercesi\u00f3n se confirma a prop\u00f3sito de los presb\u00ed\u00adteros: \u00abSean sinceros colaboradores del orden episcopal\u00bb. La dependencia de los presb\u00ed\u00adteros con respecto a los obispos es, pues, sobre todo de car\u00e1cter sacramental antes que jur\u00ed\u00addico, inscrita en el momento mismo de su nacimiento, que es el momento de la ordenaci\u00f3n. La oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n episcopal confirma esta doctrina atribuyendo a los obispos el deber de \u00abdistribuir los ministerios\u00bb, el primero de los cuales es el del presbiterado. Los obispos y los presb\u00ed\u00adteros reciben, por tanto, el mismo Esp\u00ed\u00adritu santificante, en plenitud los primeros, como participaci\u00f3n los segundos, para el cumplimiento de las mismas funciones, cuyo ejercicio por parte de los presb\u00ed\u00adteros debe ser realizado en comuni\u00f3n y subordinaci\u00f3n con los obispos. Esta comuni\u00f3n jer\u00e1rquica es esencial, aunque sus realizaciones concretas se rigen seg\u00fan las diversas formas positivas de las disposiciones eclesi\u00e1sticas. Lo que importa observar, en base a los textos lit\u00fargicos, es que la dependencia del orden presbiteral con respecto al orden episcopal no es ante todo de naturaleza jur\u00ed\u00addica, sino que tiene sus ra\u00ed\u00adces en la misma realidad sacramental.<\/p>\n<p>3. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN LIT\u00daRGICA. Los ritos de ordenaci\u00f3n, en la visibilidad de sus gestos y en el valor expl\u00ed\u00adcito de las palabras que les acompa\u00f1an, ofrecen a todos los participantes en la celebraci\u00f3n, fieles y ministros, candidatos y ordenandos, una instrucci\u00f3n sobre el sacramento del orden, sobre sus grados y sobre sus funciones en la iglesia. Es necesario llevar a cabo los ritos con dignidad, sobriedad, propiedad, animaci\u00f3n y responsabilidad, seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de la liturgia, de modo que los gestos sean visibles y las palabras o\u00ed\u00addas por todos los presentes. El silencio que se debe guardar en el momento de la imposici\u00f3n de las manos sobre los candidatos asume tambi\u00e9n un gran valor como invitaci\u00f3n a la adoraci\u00f3n del misterio que se realiza. Sin embargo, sigue subsistiendo el problema de la necesidad de la \/ catequesis. Los s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos, aunque en s\u00ed\u00ad mismos sean luminosos, necesitan ser explicados. Los textos de las oraciones y de las f\u00f3rmulas deben ser asimismo explicados antes de la celebraci\u00f3n, para que su comienzo encuentre ya a los participantes preparados y en situaci\u00f3n de comprender su desarrollo y obtener un beneficio para alimento de la fe y de la vida cristiana. En vista de ello, es necesario tener en cuenta tambi\u00e9n las posibilidades de adaptaci\u00f3n a situaciones particulares y concretas, que los mismos libros lit\u00fargicos ofrecen. Por ejemplo, la participaci\u00f3n del pueblo en la celebraci\u00f3n se puede favorecer si la ordenaci\u00f3n diaconal o presbiteral tiene lugar en la iglesia de la parroquia donde el candidato ha nacido y crecido y es conocido, aunque tambi\u00e9n la ordenaci\u00f3n en la iglesia catedral tenga su valor significativo. La ordenaci\u00f3n de un elegido al episcopado para el gobierno de una di\u00f3cesis adquiere un gran valor simb\u00f3lico si se realiza en la iglesia catedral a la que el elegido es destinado, y si, despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n episcopal, asume la presidencia de la eucarist\u00ed\u00ada; de este modo el acto sacramental del nacimiento del pastor se efect\u00faa en el seno de la propia comunidad y coincide con el comienzo del ejercicio de su funci\u00f3n de sumo sacerdote ministerial. Estos son solamente algunos aspectos y problemas. Ciertamente, la importancia de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica de la ordenaci\u00f3n debe acaparar siempre la mayor atenci\u00f3n de los pastores y de los fieles, y deben usarse todas las formas posibles de iluminarla, para que el sacerdocio ministerial sea debidamente conocido en su realidad y en su relaci\u00f3n con el sacerdocio com\u00fan de toda la iglesia.<\/p>\n<p>[-> Ministerio; -> Sacerdocio; -> Obispo].<\/p>\n<p>G. Ferraro<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Abad J.A., \u00bfLa \u00abmissa pro solo episcopo dicenda\u00bb es la antigua misa de ordenaci\u00f3n episcopal hispana?, en VV.AA., Teolog\u00ed\u00ada del Sacerdocio 9, Burgos 1977, 389-428; La sacramentalidad del orden en la literatura hisp\u00e1nica, en \u00abBurgense\u00bb 18\/1 (1977) 73-112; Reconstrucci\u00f3n del \u00abrito de ordenaci\u00f3n episcopal\u00bb hisp\u00e1nico, en Scripta Theologica 10\/3 (1978) 849-890; Aguilar J.P., Repaso posconciliar del sacramento del Orden, en RET 32 (1972) 139-167, 441-452; Arnau R., Lutero y el valor de la ordenaci\u00f3n ministerial, en \u00abEscritos del Vedat\u00bb I1 (1981) 77-106; Esquerda J., Espiritualidad sacerdotal seg\u00fan el nuevo rito de ordenaci\u00f3n, en VV.AA., Teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio 4, Burgos 1972, 329-350; Fransen P., \u00ed\u201crdenes sagradas, en SM 5, Herder, Barcelona 1974, 22-69; Hernando J., La ordenaci\u00f3n y sus munera en san Ambrosio, en VV.AA., Teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio 9, Burgos 1977, 345-387; Janini J., La consagraci\u00f3n episcopal en el rito visig\u00f3tico, en RET 25 (1965) 415-427; Jounel R., Las ordenaciones, en A.G. 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Descripci\u00f3n y significado &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenordenacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abORDEN\/ORDENACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17159","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17159","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17159"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17159\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17159"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17159"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17159"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}