{"id":17168,"date":"2016-02-05T11:10:28","date_gmt":"2016-02-05T16:10:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-y-liturgia\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:28","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:28","slug":"religiosidad-popular-y-liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-y-liturgia\/","title":{"rendered":"RELIGIOSIDAD POPULAR Y LITURGIA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Desde el punto de vista de las ciencias humanas: 1. La religiosidad popular y el fen\u00f3meno de su estudio hoy; 2. La religiosidad popular y su asunci\u00f3n en las ciencias humanas y en la teolog\u00ed\u00ada; 3. La religiosidad popular como la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica m\u00e1s profunda; 4. Religiosidad popular y ritualidad; 5. Carismas y ambig\u00fcedades de la religiosidad popular; 6. Relaci\u00f3n con la liturgia &#8211; II. Desde el punto de vista de la teolog\u00ed\u00ada y de la pastoral lit\u00fargica: 1. Una cuesti\u00f3n de palpitante actualidad: a) Indicaciones del magisterio de la iglesia, b) Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral, c) Influjos y relaciones entre liturgia y religiosidad popular (integraci\u00f3n fecunda, coexistencia pac\u00ed\u00adfica, ocasi\u00f3n propicia); 2. Principios y orientaciones: a) Principios doctrinales, b) Orientaciones pastorales; 3. Unidad de culto, de fe y de vida; 4. Los ejercicios de piedad: a) Concepto y naturaleza, b) Sugerencias y realizaciones.<\/p>\n<p>I. Desde el punto de vista de las ciencias humanas<br \/>\n1. LA RELIGIOSIDAD POPULAR Y EL FEN\u00ed\u201cMENO DE SU ESTUDIO HOY. Antes de intentar definir de alguna forma el fen\u00f3meno de la religiosidad popular, que claramente plantea problemas de no f\u00e1cil soluci\u00f3n por la extensi\u00f3n y la dimensi\u00f3n subjetiva, a partir de la cual se habla hoy en general de lo religioso, unido a los fantasmas que evoca el atributo popular, en conexi\u00f3n con la realidad pol\u00ed\u00adtica, socio-econ\u00f3mica, cultural y antropol\u00f3gica, me parece m\u00e1s importante tener en cuenta el fen\u00f3meno preliminar y totalmente nuevo producido por el estudio y el inter\u00e9s contempor\u00e1neos por la religiosidad del pueblo. Parad\u00f3jicamente se podr\u00ed\u00ada observar que este segundo fen\u00f3meno es m\u00e1s importante que el primero, pues abre a quien sabe leer los signos de nuestra historia \u00abtodo un horizonte de sentido oculto\u00bb. En efecto, mientras que la religiosidad popular -en su acepci\u00f3n com\u00fan&#8211;acompa\u00f1a desde siempre al hombre, a la sociedad y a las religiones institucionales, el estudio y el inter\u00e9s por tal fen\u00f3meno parecen fruto de una toma de conciencia totalmente contempor\u00e1nea. Por ello, un an\u00e1lisis, aunque sea sumario, o tambi\u00e9n una simple reflexi\u00f3n sobre las causas convergentes que han hecho posible y fecundo el estudio de la religiosidad del pueblo, son importantes porque, por una parte, nos permiten descubrir el alma y la orientaci\u00f3n de fondo de la cultura contempor\u00e1nea y, por otra, nos ofrecen la posibilidad de enmarcar el fen\u00f3meno en un contexto m\u00e1s amplio, en el que apenas caben lecturas preconcebidas e interpretaciones facilonas. Naturalmente, es tarea espec\u00ed\u00adfica de la historia y de la sociolog\u00ed\u00ada trazar de modo org\u00e1nico el cuadro de las causas que han contribuido o determinado a moverse en una precisa perspectiva cultural; pero quienquiera que se interrogue sobre un fen\u00f3meno de amplias dimensiones hist\u00f3ricas y culturales no puede substraerse a la idea de insertar tal realidad particular en un contexto global, amplio y justificativo del conjunto.<\/p>\n<p>Ahora bien, tratando de precisar este punto de partida, yo dir\u00ed\u00ada que si de la serie de causas que han alimentado y alimentan todav\u00ed\u00ada el estudio de la religiosidad se debiera destacar la causa fundamental y decisiva, habr\u00ed\u00ada que referirse hoy a una inquietud subterr\u00e1nea y a un malestar difuso que s\u00f3lo muy limitadamente obedece todav\u00ed\u00ada a las causas sociales, a las contestaciones pol\u00ed\u00adticas, etc\u00e9tera. Por esto, lo religioso popular no siempre se hace eco de lo que es subalterno, de la marginaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica o de la impotencia desde el punto de vista econ\u00f3mico; tendiendo, m\u00e1s bien, a hacerse int\u00e9rprete de la crisis de la cultura cient\u00ed\u00adfica, del declive de los valores dominantes de nuestra sociedad, del ocaso de la ilustraci\u00f3n de moda en nuestra historia m\u00e1s reciente. El estudio de la religiosidad popular parece nacer hoy, por tanto, como decantaci\u00f3n del ideal de la ciencia y de la t\u00e9cnica, y, de rechazo, proponerse como b\u00fasqueda de una identidad nueva, de un retorno a la naturaleza, al sentido com\u00fan; como busca de espacios nuevos de libertad, de serenidad, de armon\u00ed\u00ada consigo mismo y con el mundo.<\/p>\n<p>Es esta nueva orientaci\u00f3n gest\u00e1ltica, dir\u00ed\u00adamos, la que se proyecta hermen\u00e9uticamente sobre la concepci\u00f3n misma de la religiosidad popular, consiguiendo definir de un modo nuevo sus contornos. En efecto, \u00bfde qu\u00e9 religiosidad popular se habla? \u00bfCu\u00e1les son los fen\u00f3menos religiosos que se toman en consideraci\u00f3n? La respuesta a estos interrogantes -seg\u00fan mi parecer- consigue englobar perfectamente los complejos motivos que convergen en este fen\u00f3meno tan actual.<\/p>\n<p>Yo distinguir\u00ed\u00ada en este punto una religiosidad popular cl\u00e1sica y una religiosidad popular nueva; entiendo por la primera, por ejemplo, las peregrinaciones a santuarios, las fiestas patronales, las devociones a los santos, las bendiciones, las fiestas tradicionales de acci\u00f3n de gracias, los votos, las diversas devociones a la Virgen y tambi\u00e9n muchas formas de folclore ligadas directa o indirectamente con la religi\u00f3n; por la segunda entiendo, en cambio, esa religiosidad nueva que surge con energ\u00ed\u00ada y de la que los diversos movimientos catecumenales, carism\u00e1ticos, de los focolares o de las comunidades de base constituyen la variopinta punta de lanza.<\/p>\n<p>Ahora bien, el estudio de esta segunda forma de religiosidad ha ido modificando poco a poco la perspectiva con la que se estudiaba la religiosidad cl\u00e1sica, hecha de im\u00e1genes, de peque\u00f1as devociones, y ha mostrado que la tarea fundamental para quien quiere profundizar en estos fen\u00f3menos consiste en interrogarse sobre el hombre religioso de ayer y de hoy para entender c\u00f3mo la religiosidad m\u00e1s simple y m\u00e1s com\u00fan -si est\u00e1 interiormente vivificada y es acogida interiormente- es capaz de subrayar las claves m\u00e1s verdaderas e importantes de la existencia seg\u00fan los tiempos del sufrimiento, de la espera, de la esperanza o de la alegr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Pero llegados a este punto, bas\u00e1ndonos en la segunda forma de religiosidad popular, que puede reinterpretar a la primera, el problema se extiende no ya s\u00f3lo a la discusi\u00f3n de formas particulares de religiosidad, sino al viraje mismo que se ha producido en la sociedad, en la que no se percibe tan s\u00f3lo un simple \u00abrumor de \u00e1ngeles\u00bb; sino que se asiste a una invasi\u00f3n de manifestaciones y de signos de lo sagrado, de reafirmaciones del valor de los s\u00ed\u00admbolos y, en general, de las mediaciones religiosas.<\/p>\n<p>2. LA RELIGIOSIDAD POPULAR Y SU ASUNCI\u00ed\u201cN EN LAS CIENCIAS HUMANAS Y EN LA TEOLOG\u00ed\u008dA. El viraje cultural se\u00f1alado arriba, que surge de las consideraciones sobre la religiosidad popular, ha estado encabezado por las ciencias humanas antes que por la teolog\u00ed\u00ada, en cuanto que la crisis de valores dominantes ha llevado a retroceder, a preguntarse sobre el hombre en su realidad completa, abandonando esquemas preconcebidos y ensanchando los horizontes de comprensi\u00f3n del hombre. Ahora bien, en este trabajo de reconocimiento y de repensamiento han surgido de nuevo como importantes y decisivas las ciencias cl\u00e1sicas del hombre, como la sociolog\u00ed\u00ada y la psicolog\u00ed\u00ada; pero de modo particular, la -> antropolog\u00ed\u00ada cultural, que ya hab\u00ed\u00ada afinado los instrumentos de conocimiento del hombre a trav\u00e9s de las cl\u00e1sicas investigaciones sobre los pueblos a nivel etnogr\u00e1fico, y metodol\u00f3gicamente a trav\u00e9s de un concepto m\u00e1s amplio y comprensivo del valor de la cultura.<\/p>\n<p>Yo dir\u00ed\u00ada que justamente el concepto de cultura, inspirado en una mayor elasticidad y aplicable a todos los estratos de poblaci\u00f3n, de forma que incluso la m\u00e1s simple costumbre popular puede ser un elemento fundamental de cultura, ha abierto las puertas al estudio de la religiosidad popular como un hecho cultural y social de inmensa relevancia, y ha llamado la atenci\u00f3n de numerosos antrop\u00f3logos, que se han dado cuenta de la importancia que deb\u00ed\u00ada atribuirse al estudio de las sedimentaciones pluriseculares de la propia cultura a trav\u00e9s de la religiosidad del pueblo, y al estudio de las costumbres locales, respecto a los estudios sobre los pueblos primitivos, mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles por la lejan\u00ed\u00ada, la lengua y la mentalidad. En esta ocasi\u00f3n, sin embargo, la atenci\u00f3n a las propias tradiciones y al folclore popular no estaba dictada por la curiosidad, sino por el deseo de profundizar las propias ra\u00ed\u00adces \u00e9tnico-culturales. Libros de antropolog\u00ed\u00ada, como El hombre desnudo, de L\u00e9vi-Strauss, o Mirror for Man de Kluckhon, son significativos para indicar la orientaci\u00f3n de conjunto de estas ciencias.<\/p>\n<p>Siguiendo las huellas de la antropolog\u00ed\u00ada, la l sociolog\u00ed\u00ada y la I psicolog\u00ed\u00ada han empleado a su vez sus respectivas t\u00e9cnicas de investigaci\u00f3n y han demostrado que se relacionan m\u00e1s f\u00e1cilmente con la segunda forma de religiosidad y que, en consecuencia, recogen m\u00e1s r\u00e1pidamente los ecos de,la crisis de la I secularizaci\u00f3n y de la nueva impronta sugerida por el retorno de lo I sagrado.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada, en fin, despu\u00e9s de haber comprendido que la religiosidad popular estudiada por los antrop\u00f3logos y por los soci\u00f3logos no era un epifen\u00f3meno marginal por su misma comprensi\u00f3n del homo religiosus y por los aspectos decisivos que tal fen\u00f3meno inclu\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la misma fe, ha tratado de recuperar -por as\u00ed\u00ad decir- el terreno perdido y se ha aprestado con ansia a interrogarse sobre las costumbres populares, manifestando una simpat\u00ed\u00ada completamente nueva hacia esas expresiones de religiosidad que, en tiempos no lejanos, ella misma consideraba poco o nada significativas. \u00bfSe trata de una verdadera conversi\u00f3n o s\u00f3lo de una estrategia debida a las nuevas orientaciones culturales y al estado de crisis del que hemos hablado m\u00e1s arriba? Es evidente que tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada se ve afectada por los movimientos culturales y por los cambios que tienen lugar en la sociedad, a pesar de que acude constantemente a la revelaci\u00f3n y a la palabra de Dios, y es natural que haya tenido que empe\u00f1arse en comprender el mundo popular religioso por motivos que consideraba fuera de su radio de reflexi\u00f3n y de compromiso. Sin embargo, es importante reconocer que ahora le competen a la teolog\u00ed\u00ada tareas bien precisas, a las que debe responder. Debe responder al mundo de la religiosidad popular m\u00e1s que cualquier otra ciencia humana, precisamente porque se trata de religiosidad; y todo \u00e1mbito religioso debe ser interpretado primariamente, no con los criterios de la cultura, con los c\u00e1nones de la sociolog\u00ed\u00ada y con las hip\u00f3tesis de la psicolog\u00ed\u00ada, sino m\u00e1s bien con la mentalidad teol\u00f3gica y religiosa que m\u00e1s se le aproxima y que, por tanto, en el esfuerzo de comprensi\u00f3n e interpretaci\u00f3n, crear\u00e1 menos f\u00e1cilmente equ\u00ed\u00advocos y reducciones.<\/p>\n<p>3. LA RELIGIOSIDAD POPULAR COMO LA DIMENSI\u00ed\u201cN ANTROPOL\u00ed\u201cGICA M\u00ed\u0081S PROFUNDA. Cuando se interroga a la religiosidad del pueblo para captar su sentido profundo, sin segundas intenciones o intenciones inducidas, uno se queda positivamente sorprendido porque cae en seguida en la cuenta de que no se trata de desenterrar residuos at\u00e1vicos de car\u00e1cter supersticioso o m\u00e1gico, o formas irracionales de desahogo de los propios sentimientos y de la propia impotencia, sino m\u00e1s bien de comprender un conjunto simb\u00f3lico y ritual que tiene un origen hist\u00f3rico preciso y que, si bien est\u00e1 cargado de elementos culturales dif\u00ed\u00adciles de descifrar, es siempre y a pesar de todo una relaci\u00f3n con una realidad soberana, respecto de la cual se advierte un fuerte sentido de dependencia.<\/p>\n<p>En este momento, quien observa desde dentro el mundo de la religiosidad popular y deja espacio a este mundo de vida, comprende que el pueblo tiene una inspiraci\u00f3n propia y profunda, una riqueza propia, que las diversas categor\u00ed\u00adas interpretativas como la magia, la superstici\u00f3n, etc\u00e9tera, podr\u00ed\u00adan ofuscar m\u00e1s que aclarar. El observador atento, que tiene la voluntad de comprender antes que de explicar, descubrir\u00e1 tambi\u00e9n un plus, es decir, que tambi\u00e9n la interpretaci\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica, en la que lo popular religioso est\u00e1 en constante oposici\u00f3n a elitista, hegem\u00f3nico, etc., y donde la religiosidad es vista siempre en fase de contestaci\u00f3n, rebeli\u00f3n o aceptaci\u00f3n resignada de la cultura dominante, es un criterio insuficiente y, con frecuencia, aberrante. En realidad, la religiosidad popular -vista en un contexto m\u00e1s amplio, que comprende la ciencia de las religiones, la historia del cristianismo y la misma teolog\u00ed\u00ada, las cuales estudian el fen\u00f3meno concordemente- se ofrece como una experiencia antropol\u00f3gica profunda, anterior al mismo cristianismo; como una experiencia inmemorial, prerreflexiva, de la que emerger\u00ed\u00adan de modo natural sentimientos originarios o alborales -como dir\u00ed\u00ada Eliade-, en los que se dan a la par el sentimiento de la proximidad a la naturaleza y el deseo de ser protegidos de ella; en los que la vida y la muerte no son nunca simples datos de registro, sino momentos supremos de acercamiento a otro mundo m\u00e1s real, en el que, sobre todo a trav\u00e9s del recurso a alg\u00fan gran s\u00ed\u00admbolo religioso, se consigue encontrar a un tiempo las propias coordenadas espacio-temporales y sentirse integrados en una realidad que abraza la visi\u00f3n completa del mundo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la religiosidad popular se presenta como la lengua materna religiosa, hablada por todos los hombres en los pre\u00e1mbulos de la historia respecto a todas las instituciones religiosas, que ser\u00ed\u00adan simplemente una derivaci\u00f3n y una codificaci\u00f3n de aqu\u00e9lla. La historia y la ciencia de las religiones podr\u00ed\u00adan atestiguar ampliamente este car\u00e1cter nativo de la religiosidad del pueblo y crear analog\u00ed\u00adas de gran importancia entre un pasado que ya no recordamos y un presente profundo que creemos que no nos pertenece y que, en cambio, se encuentra reflejado en nuestra misma religi\u00f3n apenas se la libera de algunos elementos culturales e hist\u00f3ricos a\u00f1adidos. Eliade, a prop\u00f3sito de las fiestas de las estaciones que se repiten en todas las religiones y que se encuentran con frecuencia en su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico y genuino todav\u00ed\u00ada hoy en la religiosidad popular, se ha referido a un cristianismo universal, anterior al cristianismo mismo.<\/p>\n<p>Pero como confirmaci\u00f3n de hasta qu\u00e9 punto lo religioso popular y lo antropol\u00f3gico profundo est\u00e1n conjugados, quisiera llevar la reflexi\u00f3n a un solo t\u00e9rmino: cultura y cultus. El significado originario del t\u00e9rmino est\u00e1 representado por el latino colere, del que justamente derivan cultus y cultura. Ahora bien, est\u00e1 demostrado que la distinci\u00f3n entre la cultura y el cultus y el cultivo de la tierra es un hecho posterior m\u00e1s reciente; as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n es un hecho m\u00e1s reciente la distinci\u00f3n entre cultura y civilizaci\u00f3n, en cuanto valor social representado por el trabajo. Originariamente el hombre actuaba de tal forma que reflejaba un modo de ser altamente unificado, en el que el cultivo de la tierra, el habitar del hombre en ella y el culto que el hombre tributaba a los dioses formaban un todo indisoluble. Y en este contexto los dioses, a trav\u00e9s de las recitaciones m\u00ed\u00adticas y de las celebraciones rituales, constitu\u00ed\u00adan la voz m\u00e1s significativa de esta unidad.<\/p>\n<p>Al terminar esta alusi\u00f3n a la religiosidad popular orientada hacia una recuperaci\u00f3n de nuestras ra\u00ed\u00adces antropol\u00f3gicas m\u00e1s profundas, no quisiera, sin embargo, dar lugar a una nueva concepci\u00f3n ideol\u00f3gica de tal fen\u00f3meno. No se trata, de hecho, de querer volver a lo arcaico, ni de dejarse atrapar por el inconsciente o por la nostalgia de los or\u00ed\u00adgenes en un clima rom\u00e1ntico renovado; sino de intentar alcanzar un justo equilibrio, en el que se comprenda que la religiosidad del pueblo no es algo alternativo ni de la cultura ni de la religi\u00f3n cristiana, sino m\u00e1s bien una matriz profunda, en la que cultura y cristianismo encuentran una realidad vital a la que no pueden dejar de referirse.<\/p>\n<p>4. RELIGIOSIDAD POPULAR Y RITUALIDAD. No es casual que la religiosidad popular pueda ser definida como un ejercicio prevalentemente ritual de la religi\u00f3n; pues, de hecho, por su concreci\u00f3n e inmediatez, lo ritual se ofrece mejor que cualquier otra realidad &#8216;para mediar en la experiencia de una creencia y de una fe. \u00bfQu\u00e9 hay de m\u00e1s concreto que los ritos, donde los s\u00ed\u00admbolos se expresan mediante gestos, verbalmente o de modo coral; donde los sentimientos m\u00e1s diversos pueden encontrar una especie de catarsis inmediata; donde se nos pone en presencia de im\u00e1genes concretas, de iconos, que visualizan y dan la sensaci\u00f3n, por as\u00ed\u00ad decir, de encontrarse inmediatamente en presencia de esa realidad que se busca, que se invoca, a la que se suplica o se dan gracias?<br \/>\nEn este contexto se puede observar tambi\u00e9n que la religiosidad popular aparece demasiado exuberante en los gestos, en los comportamientos, en las expresiones, porque tiende a significar en un lenguaje simple y perceptible las propias aspiraciones. Pero se deber\u00e1 atender tambi\u00e9n a no confundir todo esto con la ret\u00f3rica y con actitudes artificiales. De hecho, la religiosidad del pueblo, justamente en su aspecto ritual, est\u00e1 siempre comprometida con problemas concretos. Es poco menos que in\u00fatil discutir sobre el hombre y sus s\u00ed\u00admbolos y ritos, si no se tiene en cuenta cada vez al hombre de carne y hueso con su vinculaci\u00f3n a la tierra, al vivir, con sus problemas de hoy y de siempre. Tales problemas est\u00e1n fielmente reflejados en el ritual tradicional y popular, que por ello es menos formal que cualquier otro ritual, pues parte siempre de las condiciones del vivir cotidiano, aunque despu\u00e9s tienda, por los s\u00ed\u00admbolos que emplea, a trascender esas mismas condiciones de partida.<\/p>\n<p>El ritual popular es tambi\u00e9n muy \u00abtradicional\u00bb y poco dispuesto a innovaciones. Es otra se\u00f1al de que el pueblo est\u00e1 ligado a su pasado, a sus ra\u00ed\u00adces; y de que, si lo tradicional puede convertirse tambi\u00e9n en sin\u00f3nimo de acr\u00ed\u00adtico, es porque las exigencias fundamentales del hombre se repiten y existe una identidad inconsciente a la que se permanece fieles.<\/p>\n<p>Aclaradas estas (algunas) caracter\u00ed\u00adsticas sobresalientes de la ritualidad popular, quisiera hacer un breve intento de interpretaci\u00f3n global de tales ritos seg\u00fan una triple estratificaci\u00f3n, que opera de modo diverso en cada uno de ellos.<\/p>\n<p>La primera estratificaci\u00f3n es la que emerge desde abajo, seg\u00fan la cual yo dir\u00ed\u00ada que la ritualidad popular se presenta sobre todo como s\u00ed\u00adndrome de problem\u00e1ticas existenciales no resueltas. Me ocupar\u00ed\u00ada, por tanto, de modo prioritario del car\u00e1cter esencialmente funcional del ritual popular. Tal vez se estime un poco brutal semejante afirmaci\u00f3n, que parece poner entre par\u00e9ntesis la apertura a lo sagrado y tiende a cargar la mano sobre el lado utilitarista y ego\u00ed\u00adsta del rito. Pero creo que antropol\u00f3gicamente es importante notar que si el hombre no tuviera ning\u00fan problema humano, psicol\u00f3gico, social, existencial, no se expresar\u00ed\u00ada en un ritual religioso. Afirmaci\u00f3n v\u00e1lida para cualquier manifestaci\u00f3n religiosa; pero particularmente relevante para la ritualidad del pueblo que tiene aspectos claramente marcados por las necesidades concretas, por problemas que en general urge resolver. La ritualidad popular, por tanto, expresa sobre todo una necesidad de salvaci\u00f3n que se despliega en todos los niveles y que afecta a los problemas m\u00e1s grandes y serios del hombre y de la vida social, y a los problemas particulares y personales. Naturalmente, en esta proposici\u00f3n, en la que considero los ritos populares como ritos de crisis, hay tambi\u00e9n un amplio lugar para la fiesta y para las celebraciones caracterizadas por la alegr\u00ed\u00ada y el reconocimiento. Tambi\u00e9n estas celebraciones pueden entrar muy f\u00e1cilmente en el contexto arriba indicado, anunciando un hecho liberador, una gracia, la superaci\u00f3n de una situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>La segunda estratificaci\u00f3n es la que se basa m\u00e1s sobre el efecto mismo del rito, comprendido en su dimensi\u00f3n simb\u00f3lica. En este segundo momento acontece lo inaudito: se opera la unificaci\u00f3n total de la experiencia de lo real mediante algunos grandes s\u00ed\u00admbolos y la superaci\u00f3n de todos los problemas contingentes. Esta segunda fase es cualificante para el ritual, que busca siempre una traslaci\u00f3n, una transposici\u00f3n de los problemas, de las dificultades y de las expectativas en un contexto m\u00e1s amplio, en un horizonte total, en el que se encuentra pleno significado a la existencia. Es en este nivel en el que el rito se hace liberador y puede ser considerado como gratuidad y como juego. Por tanto, no se trata en este caso de desmentir las afirmaciones precedentes, seg\u00fan las cuales el rito es sobre todo un rito de crisis en la religiosidad popular, sino de comprender en sentido apropiado la maduraci\u00f3n que sorprende a toda expresi\u00f3n ritual en fase simb\u00f3lica: el rito tiende irresistiblemente a transformarse en una visi\u00f3n unificante y liberadora de todo lo real, y en consecuencia a situarse de un modo nuevo, como un acto de gratuidad y como un juego.<\/p>\n<p>La tercera y \u00faltima estratificaci\u00f3n, seg\u00fan la cual me permito leer el sentido del rito y de su evoluci\u00f3n, es la que yo llamar\u00ed\u00ada la fase teol\u00f3gica. Este \u00faltimo momento constituye propiamente la verdad del acto ritual: se trata de la referencia a lo sagrado, a lo trascendente, a lo divino. Tambi\u00e9n la religiosidad popular tiene el sentido fuerte e imperioso de una relaci\u00f3n vinculante con una realidad heter\u00f3noma, con una realidad ya no discreta y continua respecto de lo dado, de lo f\u00e1ctico, de lo emp\u00ed\u00adrico. Un rasgo espec\u00ed\u00adfico de la religiosidad popular puede advertirse en el hecho de que en este caso la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica debe ser entendida en el sentido amplio del t\u00e9rmino, de modo que aparece filtrada con frecuencia mediante categor\u00ed\u00adas por as\u00ed\u00ad decir menores respecto a las categor\u00ed\u00adas propias de las religiones institucionales. Aqu\u00ed\u00ad la referencia a lo sagrado y a Dios puede estar formulada seg\u00fan los moldes de lo ins\u00f3lito, de lo incontrolable, de lo extraordinario, de lo maravilloso, de lo potente, de lo temible o tambi\u00e9n de lo m\u00e1gico. En el caso concreto de la religiosidad cristiana no se advierte con frecuencia la diferencia entre la invocaci\u00f3n del santo, la plegaria a la Virgen, la veneraci\u00f3n de una reliquia o la referencia a Dios. Antes bien, en la ritualidad del pueblo parece operarse un intercambio continuo, de modo que en la imagen de un santo o en una reliquia cualquiera se concentra la misma potencia y la misma trascendencia de Dios.<\/p>\n<p>No obstante esta transferencia de la idea de Dios y de la trascendencia, incluso en el ritual m\u00e1s pobre se mantiene siempre viva, desde el punto de vista simb\u00f3lico, la tensi\u00f3n hacia Dios, como la realidad \u00faltima de la que se depende y a la que en \u00faltimo t\u00e9rmino se dirige.<\/p>\n<p>5. CARISMAS Y AMBIG\u00dcEDADES DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR. Hemos procurado iluminar los aspectos positivos que emergen de la religiosidad popular, naturalmente tambi\u00e9n en relaci\u00f3n hermen\u00e9utica con el dato cultural de hoy -del que hablamos en el p\u00e1rrafo introductorio-, que nos invita a esta nueva toma de conciencia. Y es que consideramos importante aceptar estas nuevas solicitaciones; si bien es igualmente importante no incidir en una nueva ideolog\u00ed\u00ada, que puede nacer de la tendencia hacia lo irracional, lo acr\u00ed\u00adtico, lo rom\u00e1ntico, lo arcaico. Cabr\u00ed\u00ada preguntarse: Desechando las tendencias opuestas, \u00bfes posible catalogar los elementos positivos que encierra la religiosidad popular para aprovecharnos de ellos y en lo posible denunciar las ambig\u00fcedades presentes en ella? Intentaremos aclarar esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Ante todo, la religiosidad popular nos habla en nombre de un redescubrimiento de los signos y de los s\u00ed\u00admbolos religiosos. Dicho de otra forma, se trata de abandonar ese criticismo poco menos que absoluto que imper\u00f3 en los a\u00f1os m\u00e1s candentes de la secularizaci\u00f3n y que llev\u00f3 a sospechar de cualquier expresi\u00f3n religiosa. La religiosidad popular puede en este caso ense\u00f1arnos que la posibilidad de emplear s\u00ed\u00admbolos, de comprender el lenguaje mitol\u00f3gico, de realizar actos y gestos simb\u00f3lico-rituales para expresar el mundo religioso, es un componente profundamente humano y religioso irrenunciable.<\/p>\n<p>La realidad religiosa popular nos sugiere tambi\u00e9n una actitud menos intelectual y menos formal en relaci\u00f3n con la religi\u00f3n. La religi\u00f3n -incluida la cristiana- debe ser vivida por cada creyente y por la comunidad como experiencia religiosa profunda, debe llegar a ser parte de la propia vida en la inmediatez de lo cotidiano.<\/p>\n<p>Otra caracter\u00ed\u00adstica de la religiosidad popular me parece que est\u00e1 vinculada a una cercan\u00ed\u00ada muy particular a la naturaleza, a la tierra, a todo aquello que nos rodea. Esta atenci\u00f3n, que yo llamar\u00ed\u00ada ecol\u00f3gica, debe sugerir algo a la teolog\u00ed\u00ada y a la liturgia, a veces demasiado interesadas en comunicar dogmas y doctrinas fuera de un contexto arm\u00f3nico con la naturaleza y con todo aquello que se refiere a los elementos esenciales en que vivimos, y que han sido desde siempre los s\u00ed\u00admbolos religiosos m\u00e1s importantes, como el agua, la tierra, la luz, el cielo, etc.<\/p>\n<p>Una \u00faltima observaci\u00f3n muy significativa: es preciso reconocer que en la religiosidad popular es siempre el pueblo el protagonista; se trata de una religiosidad gobernada por el pueblo. Y esta observaci\u00f3n no deja de tener su importancia si se considera c\u00f3mo todav\u00ed\u00ada hoy la liturgia consigue con dificultad crear espacios para el pueblo en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Se dir\u00ed\u00ada que la ritualidad popular ha practicado desde siempre esa nueva propuesta que la liturgia comienza a traducir ahora en la pr\u00e1ctica y seg\u00fan la cual \u00abel verdadero sujeto de la liturgia es el pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a las ambig\u00fcedades de la ritualidad popular, no pretendo referirme a los habituales peligros de magia, de superstici\u00f3n o de credulidad ciega, sobre las que la teolog\u00ed\u00ada y la ciencia de las religiones han cargado a veces la mano sin demasiadas contemplaciones; sino que me limitar\u00e9 a decir antes que nada que todo acto religioso, sea de la ritualidad de la iglesia o de cualquier otra religi\u00f3n, incluye una cierta ambig\u00fcedad. Lo sagrado no es institucional, y la religi\u00f3n puede tergiversar siempre aquello a lo que pretende referirse. La iglesia y las religiones en general son medios, nunca fines. Si esto vale para las religiones en general, mucho m\u00e1s para la religiosidad popular, que nace ciertamente de inspiraciones profundas, de exigencias antropol\u00f3gicas que tienen en s\u00ed\u00ad la verdad de todo lo que es profundamente humano, pero que puede poco a poco instrumentalizar esas exigencias y cristalizar en una celebraci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta del propio mundo hecho de contradicciones. En definitiva, las ambig\u00fcedades internas de la religiosidad popular nacen de un exceso y de una instrumentalizaci\u00f3n, que puede incluso ser inconsciente, de esos mismos elementos positivos que hemos se\u00f1alado.<\/p>\n<p>6. RELACI\u00ed\u201cN CON LA LITURGIA. Quisiera s\u00f3lo llamar la atenci\u00f3n sobre el hecho de que la religiosidad popular parece plantearse en alguna ocasi\u00f3n como una alternativa a la liturgia. \u00bfC\u00f3mo puede darse una desviaci\u00f3n entre la liturgia de la iglesia y la liturgia del pueblo? Los espacios vac\u00ed\u00ados que se notan entre la instituci\u00f3n y celebraci\u00f3n lit\u00fargica y su apropiaci\u00f3n por parte del pueblo, \u00bfno son reveladores de omisiones, de desatenciones de la iglesia a lo humano, concreto e hist\u00f3rico? Por todo eso la liturgia y la pastoral lit\u00fargica, motivadas por la religiosidad del pueblo, deben plantearse seriamente el problema de c\u00f3mo el pueblo puede llegar a ser el verdadero sujeto del gesto religioso y lit\u00fargico. La desobediencia, por as\u00ed\u00ad decir, del pueblo que reza y emplea formas diversas de liturgia ampliando, simplificando o desechando la liturgia cl\u00e1sica, no puede atribuirse a una simple intolerancia, sino que en ciertos casos puede ser considerada como una necesidad religiosa diferente, que no ser\u00ed\u00ada atendida en los esquemas cl\u00e1sicos. De manera eminentemente positiva se podr\u00ed\u00ada afirmar que el pueblo tiene derecho a expresar su fe seg\u00fan su modo de sentir, de percibir o de comprender el misterio de Cristo en relaci\u00f3n a su realidad hist\u00f3rica. En este sentido se comprende que en toda liturgia existe una polarizaci\u00f3n de fondo entre mediaci\u00f3n cultural, que es el veh\u00ed\u00adculo de todo lo humano, antropol\u00f3gico, cultural o ambiental, y expresi\u00f3n religioso-cristiana, que juzga la profundidad del misterio de Cristo y de la iglesia seg\u00fan la fidelidad a la palabra y a la tradici\u00f3n. En la compenetraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca y actual de estas dos dimensiones se juega el valor de la liturgia y su eficacia hist\u00f3rica. Si, por una parte, la liturgia ha de dar cuenta del equilibrio entre expresi\u00f3n religiosa y mediaci\u00f3n cultural y debe juzgar hasta qu\u00e9 punto la operaci\u00f3n cultural que modifica los s\u00ed\u00admbolos responsabiliza, subraya o por el contrario altera y priva de significado la expresi\u00f3n religiosa -sobre todo el misterio de Cristo-, por la otra, debe percatarse de que su actualidad o inactualidad se calibra por la capacidad de hacer filtrar las verdaderas necesidades del hombre, y por ende se juega en la escucha del hombre en su totalidad y en la atenci\u00f3n que presta a los s\u00ed\u00admbolos dominantes de un determinado \u00e1mbito particular y cultural. Entonces dir\u00ed\u00adamos que si, en este cuadro, la religiosidad popular ha optado por lo humano religioso y cultural, dejando con frecuencia de lado el misterio de Cristo, la liturgia no puede a su vez elegir el misterio de Cristo dejando de lado o entre par\u00e9ntesis al hombre y su realidad concreta.<\/p>\n<p>A. N. Terrin<\/p>\n<p>II. Desde el punto de vista de la teolog\u00ed\u00ada y de la pastoral lit\u00fargica<br \/>\n1. UNA CUESTI\u00ed\u201cN DE PALPITANTE ACTUALIDAD. El estudio de las relaciones entre liturgia y religiosidad popular tiene una fecha de nacimiento m\u00e1s bien reciente: se refiere de hecho a un problema que se ha asomado a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-lit\u00fargica y pastoral despu\u00e9s del Vat. II en conexi\u00f3n con la actuaci\u00f3n de la reforma posconciliar. Tal estudio ha surgido en la conciencia eclesial con la valoraci\u00f3n del fen\u00f3meno de la religiosidad popular por parte del magisterio de la iglesia (cf el n. 48 de la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi [8-12-1975], de Pablo VI), con el despertar religioso que caracteriza el decenio 1970-80 y por la posici\u00f3n, a veces pol\u00e9mica o alternativa, en que la religiosidad popular se confronta con la liturgia, especialmente la oficial posconciliar, que, seg\u00fan un parecer extendido, no habr\u00ed\u00ada satisfecho las exigencias celebrativas del pueblo, suscitando as\u00ed\u00ad un reflujo hacia formas de piedad de cu\u00f1o antiguo. Aunque este juicio es apresurado y parcial, hay que decir que en los \u00faltimos a\u00f1os los te\u00f3logos y pastoralistas liturgistas han sentido la necesidad de reflexionar sobre el fen\u00f3meno de la religiosidad popular en sus relaciones con la liturgia oficial, conscientes de encontrarse ante un problema en el que era preciso profundizar&#8217;. Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n el magisterio de la iglesia ha intervenido al respecto.<\/p>\n<p>a) Indicaciones del magisterio de la iglesia. Se puede afirmar que el problema, tal como hoy se presenta, no ha sido recogido como instancia espec\u00ed\u00adfica en la constituci\u00f3n lit\u00fargica o en otros documentos de la reforma conciliar. La SC ha examinado s\u00f3lo los ejercicios piadosos y su relaci\u00f3n con la liturgia, tema que ciertamente pertenece a la religiosidad popular, pero que no la agota. Hasta ahora, en ning\u00fan documento oficial promulgado por la autoridad competente encontramos directrices precisas al respecto. Sin embargo, es oportuno recordar algunas l\u00ed\u00adneas del magisterio de la iglesia, que pueden iluminarnos.<\/p>\n<p>La SC contiene elementos preciosos para la justa valoraci\u00f3n de la religiosidad popular y para su eventual inserci\u00f3n en la liturgia. Siguen siendo v\u00e1lidas las sobrias referencias del n. 13 a los ejercicios piadosos; las orientaciones acerca de la adaptaci\u00f3n cultural de los ritos lit\u00fargicos (nn. 37-39) y sobre una evoluci\u00f3n de la liturgia fiel a la sana tradici\u00f3n y con aperturas al leg\u00ed\u00adtimo progreso (n. 23); las indicaciones acerca del mantenimiento de las costumbres regionales en el rito del matrimonio (n. 77) y en el uso del canto popular tambi\u00e9n en las acciones lit\u00fargicas (n. 118), etc. En las introducciones a los -> libros lit\u00fargicos particulares encontramos directrices pastorales que sugieren -> adaptaciones de los ritos mismos a las costumbres de los pueblos o a las necesidades de la asamblea, adaptaciones solicitadas a las conferencias episcopales y en ocasiones al mismo celebrante. Estas aperturas no deber\u00ed\u00adan olvidarse cuando se trata de expresar un juicio objetivo sobre la posibilidad de realizar ese primer y fundamental acercamiento entre liturgia y religiosidad popular, que debe consistir en hacer celebraciones lit\u00fargicas que sean verdaderamente populares, seg\u00fan las preciosas indicaciones de la SC sobre la participaci\u00f3n activa (nn. 11; 14; 21), sobre el sentido comunitario de la liturgia (nn. 26-27), etc.<\/p>\n<p>Otro importante fil\u00f3n de indicaciones proviene de la actuaci\u00f3n concreta de los principios de la adaptaci\u00f3n cultural de la liturgia en \u00e1reas de tradici\u00f3n cat\u00f3lica (como las Filipinas) (nota 17) o donde predominan otras religiones (India, Africa). Aflora en todo esto el deseo de salir al encuentro de la religiosidad de los pueblos y de insertarla en la liturgia oficial de la iglesia. Debe recordarse tambi\u00e9n la inserci\u00f3n de elementos devocionales en rituales propios de algunas familias religiosas.<\/p>\n<p>M\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente, el tema de las relaciones entre liturgia y religiosidad popular ha sido propuesto por Pablo VI en su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Marialis cultus (2-2-1974: toda la segunda parte). Entre la primera parte, netamente lit\u00fargica, y la tercera, de car\u00e1cter devocional, la segunda inserta una cuesti\u00f3n nueva y emblem\u00e1tica, que hace surgir de la liturgia algunos principios para la renovaci\u00f3n del culto mariano. A nivel doctrinal, la exhortaci\u00f3n pone de relieve la necesidad de destacar en el culto a Mar\u00ed\u00ada las notas trinitaria, cristol\u00f3gica y eclesial; a nivel operativo pastoral propone para tal culto cuatro orientaciones: b\u00ed\u00adblica, lit\u00fargica, ecum\u00e9nica y antropol\u00f3gica. Todos estos p\u00e1rrafos de la exhortaci\u00f3n paulina (24-39) contienen directrices teol\u00f3gicas y pastorales muy importantes para una iluminaci\u00f3n de nuestro tema. Un primer fruto de tales directrices puede considerarse el reciente Ordo para la coronaci\u00f3n de una imagen de la bienaventurada Virgen Mar\u00ed\u00ada, que inserta esta expresi\u00f3n de religiosidad popular mariana en diversos contextos lit\u00fargicos&#8217;.<\/p>\n<p>Tenemos, en fin, algunas orientaciones referidas a nuestro tema para el ambiente latinoamericano, donde \u00e9ste suscita especial inter\u00e9s. El primero es una lectura que el cardenal secretario de Estado Villot escribi\u00f3 el 12-7-1977 al departamento lit\u00fargico de la Conferencia Episcopal Latino-Americana (Celam), que conten\u00ed\u00ada la invitaci\u00f3n a estudiar las formas de fe y de devoci\u00f3n popular de modo que, convenientemente purificadas, sean punto de partida para una liturgia prudentemente adaptada a situaciones particulares, a grupos de personas, a fases de madurez y de profundidad en la fe, respetando siempre, como es natural, la unidad esencial de \u00e9sta, as\u00ed\u00ad como la comuni\u00f3n en la caridad. En la realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica no han faltado problemas, como lo demuestra el pol\u00e9mico intercambio de cartas entre la Congregaci\u00f3n del culto divino y la Conferencia episcopal brasile\u00f1a a prop\u00f3sito de un directorio para las misas con grupos populares. Existe despu\u00e9s el Documento de Puebla (1979), aprobado por el papa Juan Pablo II, que ofrece algunas orientaciones doctrinales v\u00e1lidas, tanto cuando se habla de la piedad popular como cuando se trata expl\u00ed\u00adcitamente de la liturgia. Valga por todos este significativo texto: \u00abFavorecer la mutua fecundaci\u00f3n entre liturgia y piedad popular que pueda encauzar con lucidez y prudencia los anhelos de oraci\u00f3n y vitalidad carism\u00e1tica que hoy se comprueba en nuestros pa\u00ed\u00adses. Por otra parte, la religi\u00f3n del pueblo, con su gran riqueza simb\u00f3lica y expresiva, puede proporcionar a la liturgia un dinamismo creador. Este, debidamente discernido, puede servir para encarnar m\u00e1s y mejor la oraci\u00f3n universal de la iglesia en nuestra cultural.<\/p>\n<p>b) Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral. Las recientes publicaciones sobre el tema brindan una vasta panor\u00e1mica de intereses. Nos encontramos frecuentemente con la clarificaci\u00f3n de la terminolog\u00ed\u00ada, de forma que se pueda comprender qu\u00e9 realidades est\u00e1n en juego; de hecho, la terminolog\u00ed\u00ada no s\u00f3lo cambia (religiosidad, piedad popular, religi\u00f3n del pueblo), sino que con frecuencia acusa la presencia de una multiplicidad (de conceptos y) de realidades que se pueden encontrar m\u00e1s o menos ya en la liturgia y en las actitudes de los participantes, o bien que se separan de la liturgia y se le contraponen&#8217;. De la terminolog\u00ed\u00ada se pasa despu\u00e9s a un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo de las diversas realidades: la actitud religiosa que se expresa en la liturgia, las formas de devoci\u00f3n, los ritos y los usos ligados al a\u00f1o lit\u00fargico, las formas particulares de interpretaci\u00f3n y de celebraci\u00f3n de los sacramentos, las instituciones, las personas, etc., relacionados con las manifestaciones religiosas arriba indicadas, ciertos signos religiosos revestidos con frecuencia de car\u00e1cter m\u00e1gico o supersticioso, etc.<br \/>\nLa cuesti\u00f3n sobre las causas de la actual situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la religiosidad popular en relaci\u00f3n con la liturgia resulta dif\u00ed\u00adcil asimismo por falta de datos sociol\u00f3gicos apropiados. Una opini\u00f3n tiende a inculpar a la reforma lit\u00fargica posconciliar, porque \u00e9sta habr\u00ed\u00ada sido una reforma de gabinete, sin la participaci\u00f3n del pueblo, y despu\u00e9s habr\u00ed\u00ada sido impuesta sin haber profundizado suficientemente las necesidades y las expresiones cultuales del pueblo Habr\u00ed\u00ada, sin embargo, que preguntarse aqu\u00ed\u00ad si se trata de un defecto de la liturgia en s\u00ed\u00ad o m\u00e1s bien de la falta de una adecuada pastoral que haga a la liturgia verdaderamente popular; es decir, capaz de satisfacer y evocar las necesidades religiosas del hombre en sus m\u00faltiples situaciones culturales y sociales. Creo, en todo caso, que un juicio demasiado severo sobre la reforma lit\u00fargica es injustificado, sobre todo porque muchas \u00e1reas y expresiones de la religiosidad popular han sido, culpable o tal vez inconscientemente, refractarias a acoger el mensaje y la celebraci\u00f3n de la liturgia posconciliar; adem\u00e1s de que ciertas manifestaciones de la religiosidad popular han nacido justamente de la renovaci\u00f3n lit\u00fargica, de la conciencia de ser asambleas celebrantes, de las nuevas posibilidades ofrecidas por la liturgia misma (por ejemplo, de la adopci\u00f3n de la lengua vern\u00e1cula, de la creatividad en el tema de los cantos populares, de la participaci\u00f3n m\u00e1s plena en los diversos ministerios): debe notarse, de hecho, que las actuales expresiones de la religiosidad popular no pueden reducirse sin m\u00e1s a formas antiguas de devoci\u00f3n y de culto, ya que encontramos formas nuevas, como ciertos ritos modernos creados por la generaci\u00f3n de los que podr\u00ed\u00adamos llamar \u00abcristianos del Vat. II\u00bb\u00bb. En esta perspectiva la discusi\u00f3n ofrece \u00f3ptimas posibilidades de renovaci\u00f3n de la liturgia, que puede y debe ser m\u00e1s popular, viva, participada, abierta a la promoci\u00f3n y educaci\u00f3n del sentimiento religioso de los individuos y de las masas, capaz de integrar en s\u00ed\u00ad instancias justas de la religiosidad del pueblo. Se tratar\u00ed\u00ada entonces no de una vuelta al pasado, que sonar\u00ed\u00ada a reflujo o rechazo de las instancias del Vat. II, sino de apertura hacia un futuro que integre sabiamente fragmentos dispersos dentro del seno de la liturgia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Se ha sentido tambi\u00e9n el deseo de una confrontaci\u00f3n con la historia. Nuevas investigaciones pueden aclarar, desde las ra\u00ed\u00adces b\u00ed\u00adblicas, el sentido de la liturgia popular; las aberraciones religiosas desligadas del verdadero culto a Dios; el humus profundamente popular de la liturgia hebrea y tambi\u00e9n el sentido alegre y participativo de la primitiva liturgia cristiana \u00ab. Son preciosas las ense\u00f1anzas de la historia de la liturgia occidental y oriental respecto al desarrollo de formas populares de celebraci\u00f3n de los misterios de Cristo desde la primera antig\u00fcedad cristiana. Baste recordar las celebraciones de la iglesia madre de Jerusal\u00e9n, tal como las ha descrito la peregrina Egeria, para ir descubriendo una progresiva reactualizaci\u00f3n de los misterios de Cristo vivida con intensa piedad y generosa participaci\u00f3n del pueblo &#8216;2. A partir del s. iv la iglesia de Roma asumi\u00f3 en el ritmo de su propia liturgia aspectos derivados de las expresiones religiosas del imperio romano, y supo acoger en la mistagogia sacramental ritos y referencias pedag\u00f3gicas que consegu\u00ed\u00adan injertar el sacramentalismo cristiano en las exigencias m\u00e1s profundas del horno religiosus de la \u00e9poca P. Se puede afirmar que en Occidente la liturgia, durante el per\u00ed\u00adodo \u00e1ureo de la fijaci\u00f3n de los formularios y de los ritos, permaneci\u00f3 aut\u00e9nticamente popular; capaz, por consiguiente, de integrar en su seno sentimientos y acciones rituales, como lo demuestra la sabia obra de Gregorio Magno, con su sentido pastoral 14. Queda, sin embargo, como algo emblem\u00e1tico la ruptura y el nacimiento de un dualismo cultual en el medievo, cuando ante una liturgia demasiado clerical el pueblo reacciona con la creaci\u00f3n de una liturgia folcl\u00f3rica, popular, unas veces integrada en la liturgia oficial, otras veces paralela a ella (la celebraci\u00f3n de procesiones y representaciones sagradas) y otras incluso en contraste pol\u00e9mico con aqu\u00e9lla. Es justamente a esta religiosidad y a sus expresiones, que provienen del medievo y se desarrollan en la \u00e9poca moderna en un tiempo de fixismo lit\u00fargico, a lo que se refiere la problem\u00e1tica actual de las relaciones de la piedad del pueblo con la liturgia de la iglesia.<\/p>\n<p>No obstante, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica se\u00f1ala tambi\u00e9n sectores nuevos de la piedad popular. Uno de ellos es el di\u00e1logo con las culturas no cat\u00f3licas ni cristianas, con la mira puesta en una adaptaci\u00f3n ritual que se inspire en las ra\u00ed\u00adces religiosas de los pueblos. La cuesti\u00f3n es compleja y se refiere, por una parte, a \u00e1reas misioneras de Africa y de Asia, en las que s\u00f3lo con mucha dificultad se consigue efectuar una verdadera adaptaci\u00f3n a la liturgia; pero, por otra, deber\u00ed\u00ada referirse tambi\u00e9n a vastas zonas ind\u00ed\u00adgenas y populares de pa\u00ed\u00adses cristianos, como Am\u00e9rica Latina, donde la primera evangelizaci\u00f3n no ha conseguido borrar ritos y tradiciones religiosos preexistentes, que subsisten todav\u00ed\u00ada en un sincretismo m\u00e1s o menos velado, junto a y en concomitancia con las celebraciones lit\u00fargicas cristianas; es el problema de la liturgia para los ind\u00ed\u00adgenas y los campesinos de la Am\u00e9rica Latina, o m\u00e1s simplemente para los grupos populares; es, a\u00fan m\u00e1s, el problema m\u00e1s complejo de la evangelizaci\u00f3n e integraci\u00f3n de las religiones sincretistas de los afro-americanos del Brasil y de otras zonas. La cuesti\u00f3n de principio se ha planteado en el Documento de Puebla antes citado.<\/p>\n<p>Existe adem\u00e1s una zona menos clara en la tipolog\u00ed\u00ada religiosa: la de las masas de nuestra civilizaci\u00f3n industrial, que tienen una base popular de la que han sido bruscamente substra\u00ed\u00addas, pero que todav\u00ed\u00ada persiste en lo m\u00e1s profundo; las nuevas generaciones, por su parte, expresan su religiosidad en formas modernas, m\u00e1s en consonancia con la reforma lit\u00fargica, pero con instancias de participaci\u00f3n viva y vivaz, de gestos nuevos, de nuevos ritos que expresen y comprometan al par con valores aut\u00e9nticamente cristianos: justicia, solidaridad, no-violencia, paz.<\/p>\n<p>El argumento insiste en una cuesti\u00f3n de principio: la liturgia debe prestar atenci\u00f3n al horno religiosus presente en la variedad caracter\u00ed\u00adstica de las asambleas cristianas; este hombre no reacciona como individuo a la participaci\u00f3n lit\u00fargica, sino que lo hace con la conciencia, tal vez con el atavismo, de una naturaleza hondamente religiosa que se expresa en convicciones, actitudes y ritos provenientes de una larga tradici\u00f3n cultural, cristalizada en formas populares.<\/p>\n<p>Me parece que no existe correspondencia entre la vasta investigaci\u00f3n teol\u00f3gica e hist\u00f3rica y una pastoral iluminada con principios operativos claros y con realizaciones concretas. La ausencia de pronunciamientos precisos por parte del magisterio de la iglesia bloquea en parte la creatividad en los principios y en las realizaciones, por miedo a desembocar en soluciones que integren de forma h\u00ed\u00adbrida liturgia y piedad popular, o bien por el riesgo de recaer en una creatividad superficial desaprobada por los libros lit\u00fargicos y por las recientes declaraciones del magisterio. Y, sin embargo, el tema es de palpitante actualidad. No se puede abandonar la religiosidad popular a su propia suerte; existe el peligro de explosiones at\u00e1vicas, de contraposiciones a la liturgia oficial, de instrumentalizaciones pol\u00ed\u00adticas antieclesiales, como sucede por desgracia en los lugares donde esta religiosidad no se evangeliza y purifica con la palabra, con la oraci\u00f3n o con el sentido pastoral que orienta hacia el misterio de Cristo y la edificaci\u00f3n del pueblo de Dios; la religiosidad popular puede degenerar tambi\u00e9n en formas de integrismo religioso o en formas ex\u00f3ticas para un turismo religioso barato. Por el contrario, potenciada y asumida en el seno de la liturgia, la religiosidad popular ofrece el humus celebrativo necesario para un culto ferviente a Dios, recupera tesoros de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica de los \u00faltimos siglos, desaprueba creatividades lit\u00fargicas apresuradas, nuevo fruto de personalismos sin trasfondo cultural y sin ra\u00ed\u00adces populares en la iglesia.<\/p>\n<p>Por lo que sabemos, el problema no se plantea en las liturgias orientales, que han sido tradicionalmente m\u00e1s sensibles a las exigencias religiosas del pueblo, han propuesto celebraciones aut\u00e9nticamente populares e integrado usos devocionales (por ejemplo, el himno Ak\u00e1thistos y la Par\u00e1clisis en honor de la Virgen, diversas bendiciones de los alimentos, procesiones con los iconos); el proverbial maximalismo lit\u00fargico y espiritual de Oriente ha sabido efectuar prudentemente una integraci\u00f3n, privilegiando formas celebrativas que satisfacen las necesidades de una religiosidad que est\u00e1, empero, muy anclada en la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Influjos v relaciones entre liturgia y religiosidad popular. Al no haberse acu\u00f1ado todav\u00ed\u00ada una terminolog\u00ed\u00ada precisa aceptada por todos respecto a las posibles acepciones en base a las cuales podr\u00ed\u00adamos entender la religiosidad popular en relaci\u00f3n con la liturgia, parece oportuno limitarse a proponer algunas tipolog\u00ed\u00adas de los influjos y relaciones mutuas entre una y otra.<\/p>\n<p>Integraci\u00f3n fecunda. Existe una fecunda integraci\u00f3n entre liturgia y piedad popular cuando todo el sentido religioso del pueblo se capta y expresa satisfactoriamente en las celebraciones de la iglesia, sea porque el mismo pueblo no siente la necesidad de otras formas extralit\u00fargicas, pues encuentra en las celebraciones eclesiales de la liturgia todo cuanto desea en contenido y en formas; sea porque una sabia acci\u00f3n pastoral consigue integrar ritos, cantos y gestos expresivos en una liturgia digna. Este es el caso de la primitiva liturgia de la iglesia, que supo asumir e integrar paso a paso, en su progresiva inculturaci\u00f3n, formas celebrativas; es tambi\u00e9n el caso de la liturgia romana, que ha asumido como lit\u00fargicas procesiones, rogaciones y letan\u00ed\u00adas; es igualmente el caso de la traducci\u00f3n en categor\u00ed\u00adas lit\u00fargicas de temas y formas devocionales que se desarrollaron a partir del medievo hasta nuestra \u00e9poca: formas de culto eucar\u00ed\u00adstico, t\u00ed\u00adtulos devocionales que entraron a formar parte del calendario lit\u00fargico, como fiestas del Se\u00f1or y de la bienaventurada Virgen Mar\u00ed\u00ada, etc. En el futuro \u00e9ste podr\u00ed\u00ada ser el caso de la auspiciada integraci\u00f3n de la nueva religiosidad popular de los \u00abcristianos del Vat. II\u00bb dentro de celebraciones lit\u00fargicas vivas y dignas, permaneciendo obviamente en los l\u00ed\u00admites fijados por la iglesia, pero con esa pizca de inteligente creatividad de la que puede ser capaz una asamblea convencida y preparada. En la misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan los intentos de adaptaci\u00f3n cultural de la liturgia en los pa\u00ed\u00adses de I misi\u00f3n, realizados a tenor de SC 37-39, con lo que se sale al encuentro de una religiosidad que, evangelizada y purificada por la liturgia de la iglesia, puede encontrar en ella una expresi\u00f3n v\u00e1lida que, a su vez, enriquece la gran tradici\u00f3n cat\u00f3lica En \u00faltimo t\u00e9rmino, \u00e9ste es el modelo de integraci\u00f3n entre algunos ritos devocionales y liturgia, realizado por el Misal de los Siervos de Mar\u00ed\u00ada (saludo a la Virgen en la acci\u00f3n lit\u00fargica del viernes santo y de la vigilia pascual: I nota 2) y en la adaptaci\u00f3n lograda en la as\u00ed\u00ad llamada misa filipina, que ha asumido no s\u00f3lo formas culturales de aquel archipi\u00e9lago, sino tambi\u00e9n tradiciones de la colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola \u00ab. El Misal Romano de Pablo VI ha demostrado gran apertura al acoger, en las secciones \u00abmisas y oraciones ad diversa\u00bb y \u00abmisas votivas\u00bb, muchos temas ideol\u00f3gicos de la devoci\u00f3n y de la piedad popular. Pero es claro que tal propuesta tem\u00e1tica no basta; hace falta tambi\u00e9n una conveniente apertura celebrativa para que no todo ni siempre deba figurar en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. La religiosidad popular, es decir, esa fe y b\u00fasqueda de Dios (Evangelii nuntiandi 48) tan rica en valores que, si se orienta bien, puede llevar a las masas populares a un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo (ib), es sin duda la preparaci\u00f3n remota m\u00e1s adecuada para esa consciente, activa y fruct\u00ed\u00adfera participaci\u00f3n lit\u00fargica auspiciada por el Vat. II (SC 11); pero a condici\u00f3n de que \u00abexpresen con mayor claridad las cosas santas que significan y&#8230; el pueblo cristiano pueda comprenderlas f\u00e1cilmente y participar en ellas por medio de una celebraci\u00f3n plena, activa y comunitaria\u00bb (SC 11).<\/p>\n<p>Coexistencia pac\u00ed\u00adfica. No se puede pretender traducir a toda costa la piedad popular en categor\u00ed\u00adas lit\u00fargicas. Ciertas devociones y ejercicios piadosos dif\u00ed\u00adcilmente pueden ser integrados en un esquema lit\u00fargico sin crear f\u00f3rmulas h\u00ed\u00adbridas por contenido y forma. A pesar de auspiciar con SC 13 que ciertas formas de piedad, como los ejercicios piadosos, \u00aben cierto modo deriven de ella (la liturgia) y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, est\u00e1 muy por encima de ellos\u00bb, es justo que haya en la iglesia una leg\u00ed\u00adtima variedad cultual que pueda satisfacer todas las necesidades y enriquezca las f\u00f3rmulas y formas de oraci\u00f3n antiguas y nuevas. Hoy se siente el vac\u00ed\u00ado creado por ciertas pr\u00e1cticas de piedad que ayudaban a celebrar mejor el misterio de Cristo, de Mar\u00ed\u00ada y de los santos a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico. Si es cierto que la eucarist\u00ed\u00ada suple ampliamente estas cosas y que la liturgia de las Horas puede ofrecer una oraci\u00f3n cualitativamente m\u00e1s rica, es igualmente cierto que la variedad ritual de ciertas celebraciones extralit\u00fargicas ofrec\u00ed\u00ada una elecci\u00f3n m\u00e1s amplia de expresiones cultuales. Lo que se puede y debe hacer, adem\u00e1s de permitir su pac\u00ed\u00adfica coexistencia, es evangelizar estas formas de piedad y orientarlas lit\u00fargicamente a asumir la estructura de la celebraci\u00f3n de la palabra y de la oraci\u00f3n, como se dir\u00e1 a continuaci\u00f3n [-> infra, 2, b]. Estamos convencidos de que, cuanto mayor es la vitalidad lit\u00fargica personal y comunitaria, menor es la necesidad objetiva de otras expresiones devocionales.<\/p>\n<p>Ocasi\u00f3n propicia. Si por piedad popular se entiende el sentido religioso m\u00e1s o menos iluminado de la fe, se puede hablar de ella como de un terreno propicio para la evangelizaci\u00f3n y la catequesis mediante la liturgia. En el hombre que se encuentra en ciertos lugares o ante ciertas im\u00e1genes sagradas (santuarios), que celebra ciertas fiestas populares o se ve envuelto en ciertas circunstancias relacionadas con la liturgia (bautismos, matrimonio propio o de parientes), se despierta ese sentido religioso que tal vez se hab\u00ed\u00ada entumecido en el cotidiano vivir separado de la fe. Aqu\u00ed\u00ad la iglesia no puede renunciar a esa evangelizaci\u00f3n y catequesis que se realiza por la liturgia, sea a trav\u00e9s de la palabra de Dios, sea por medio del mundo de los signos lit\u00fargicos (a trav\u00e9s de la misma asamblea que participa en los ritos y en los cantos). No siempre se conseguir\u00e1 superar la ambig\u00fcedad de los signos o el car\u00e1cter epid\u00e9rmico de ciertas conmociones no acompa\u00f1adas de una pr\u00e1ctica perseverante de la fe. Pero el pastor de almas no podr\u00e1 ignorar las oportunidades que ciertas situaciones (solicitud de un sacramento, funeral de los parientes, visita a los santuarios, fiestas populares) ofrecen a la liturgia para desempe\u00f1ar su obra de evangelizaci\u00f3n y de santificaci\u00f3n del hombre, incluso en la esfera de su sensibilidad, tan necesitada de sumergirse en una atm\u00f3sfera religiosa. Una adecuada preparaci\u00f3n para la celebraci\u00f3n de tales sacramentos, la celebraci\u00f3n digna y devota de las fiestas populares que tenga presente las necesidades de la comunidad y las liturgias que tienen lugar en los santuarios, constituyen oportunidades pastorales ofrecidas por la religiosidad del pueblo. Ignorando o despreciando tales realidades y situaciones, se pierden ocasiones propicias, o incluso se generan peligrosas contraposiciones entre religi\u00f3n del pueblo y liturgia de la iglesia.<\/p>\n<p>2. PRINCIPIOS Y ORIENTACIONES. En la exposici\u00f3n de la situaci\u00f3n actual del problema [-> supra, II, 1] hemos anticipado algunos principios del magisterio y sugerido ciertas orientaciones pr\u00e1cticas, que ahora tratamos de exponer m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente.<\/p>\n<p>a) Principios doctrinales. La liturgia conserva su car\u00e1cter de fuente y cumbre de toda la acci\u00f3n de la iglesia y de todas sus experiencias de fe y de caridad y, por tanto, tambi\u00e9n de la religiosidad popular (SC 9-10). Desde el punto de vista doctrinal, este principio sigue siendo v\u00e1lido, en cuanto que la liturgia de la iglesia expresa plena y totalmente el sentido del culto cristiano, celebra objetivamente el misterio pascual y lo comunica. Por ello, toda expresi\u00f3n de la religiosidad popular debe extraer de la liturgia, como de su fuente, la fe y el compromiso de vida, y modelarse en la ortodoxia y en la ortopraxis que emanan del misterio lit\u00fargico. Tambi\u00e9n desde el punto de vista pr\u00e1ctico hace falta recordar que el cristiano est\u00e1 llamado a la plenitud de la vida que le viene otorgada en la liturgia eclesial, y no puede contentarse s\u00f3lo con lo que se le ofrece desde otras formas de religi\u00f3n y de devoci\u00f3n. La evangelizaci\u00f3n de la religiosidad popular no puede, por tanto, olvidar que el fin de esta \u00faltima es conducir a los fieles a la mesa de la palabra y de la eucarist\u00ed\u00ada: reunirlos para que \u00abalaben a Dios en medio de la iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Se\u00f1or\u00bb (SC 10). No se puede promover la religiosidad popular de modo que mantenga a los fieles lejos de las fuentes de la vida eclesial, como si estuvieran destinados a permanecer siempre como una categor\u00ed\u00ada de cristianos de religiosidad popular.<\/p>\n<p>La liturgia, por su parte, consciente de la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, comunitaria y simb\u00f3lica del culto cristiano, no ahorrar\u00e1 ning\u00fan esfuerzo para tocar a los fieles en su realidad de hombres religiosos, acogiendo formas y expresiones de religiosidad conformes con el estilo y el fin de sus celebraciones. El hombre, abierto a la palabra de Dios y convertido a los signos espec\u00ed\u00adficos del misterio cristiano, debe ser alcanzado hasta lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo por la liturgia de la iglesia, a fin de que pueda ser verdaderamente celebraci\u00f3n del misterio de Cristo en la ! existencia cristiana. Esto supone una apertura a la creatividad, a la integraci\u00f3n arm\u00f3nica de elementos cultuales populares v\u00e1lidos y aprobados, especialmente en aquellas dimensiones de la liturgia que son expresi\u00f3n cultual de la respuesta a la palabra y a la gracia: cantos, gestos, ritualizaciones apropiadas del misterio o de los misterios celebrados a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico.<\/p>\n<p>Para resituar en el centro del misterio de Cristo ciertas expresiones devocionales desplazadas a la periferia, ciertas acentuaciones parciales o separadas de \u00e9l, ciertos simples acercamientos subjetivos carentes de relaci\u00f3n objetiva con el misterio, es necesario que la religiosidad popular mire a la liturgia como a su fuente y cumbre. Ser\u00e1 entonces oportuno recordar los principios expuestos por Pablo VI en la Marialis cultus, de forma que puedan evangelizar todas las expresiones de la religi\u00f3n del pueblo: el car\u00e1cter trinitario y el car\u00e1cter cristol\u00f3gico, que en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n iluminan el sentido de la religiosidad como respuesta a la revelaci\u00f3n del Padre por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo; y la caracter\u00ed\u00adstica eclesial, que reclama la esencial dimensi\u00f3n comunitaria de la salvaci\u00f3n y, por tanto, de la respuesta de culto al Padre por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu, en comuni\u00f3n con la verdadera iglesia.<\/p>\n<p>A estos principios ser\u00ed\u00ada preciso a\u00f1adir otros que derivan de la naturaleza misma de la liturgia: el componente b\u00ed\u00adblico del anuncio y de la oraci\u00f3n; el car\u00e1cter simb\u00f3lico, la nota misionera y escatol\u00f3gica del culto cristiano; el compromiso del testimonio y por la liberaci\u00f3n. Entonces la liturgia no s\u00f3lo se erige en fuente y cumbre de la religiosidad popular, sino tambi\u00e9n en modelo estructurador v\u00e1lido para toda expresi\u00f3n de piedad \u00ab.<\/p>\n<p>b) Orientaciones pastorales. Adem\u00e1s de las orientaciones pr\u00e1cticas ya propuestas [->  supra, II, 1, b-c], s\u00f3lo nos queda recordar aqu\u00ed\u00ad, como empe\u00f1o prioritario, el empe\u00f1o por una liturgia viva y popular que asuma y exprese la religiosidad de las diversas asambleas, con sensibilidad para las distintas categor\u00ed\u00adas: masa, ->  grupos particulares, ->  j\u00f3venes, ->  ni\u00f1os, seg\u00fan las indicaciones y las posibilidades ofrecidas por los libros lit\u00fargicos. Adaptaciones particulares de tipo cultural competen, como es claro, a la autoridad eclesi\u00e1stica (conferencia episcopal), que deber\u00ed\u00ada obrar con sabidur\u00ed\u00ada y apertura, partiendo de una buena teolog\u00ed\u00ada de la liturgia y de sus posibilidades, cuidando siempre, como es obvio, la ortodoxia de la fe y la ortopraxis de la comuni\u00f3n eclesial, pero con intrepidez misionera y evangelizadora.<\/p>\n<p>Sigue abierto el problema de crear nuevos espacios de celebraciones que, inspir\u00e1ndose en la liturgia, puedan llegar a ser verdaderamente lit\u00fargicas, a pesar de partir de la religiosidad popular 19. La soluci\u00f3n m\u00e1s clara es la de proponer la liturgia no s\u00f3lo como modelo estructurador, sino tambi\u00e9n como modelo externo, de tal modo que se inserte la piedad del pueblo en esquemas de ->  celebraci\u00f3n de la palabra y de celebraci\u00f3n de la oraci\u00f3n. Muchas necesidades religiosas, actualmente satisfechas por las devociones u otras pr\u00e1cticas, podr\u00ed\u00adan encontrar la justa satisfacci\u00f3n en celebraciones de la palabra; \u00e9stas, por ejemplo, pueden dar sentido y estructura a una peregrinaci\u00f3n, a una ofrenda de los frutos de la tierra, a una procesi\u00f3n, a un acontecimiento familiar o comunitario. Lo mismo puede decirse de celebraciones de la oraci\u00f3n, estructuradas seg\u00fan el esquema amplio de la liturgia de las Horas y modeladas seg\u00fan el estilo de las oraciones de la iglesia, insertando en todo caso en ellas con prudente creatividad elementos eucol\u00f3gicos y rituales nuevos que puedan expresar el sentido espec\u00ed\u00adfico de lo que se conmemora. Nos encontramos de nuevo con los principios operativos de la Marialis cultus: b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico, ecum\u00e9nico, antropol\u00f3gico. De ah\u00ed\u00ad resultar\u00e1 un enriquecimiento de la piedad popular, que ser\u00e1 educada en la escuela de la vida espiritual de la iglesia y, por tanto, modelada por su pedagog\u00ed\u00ada lit\u00fargica.<\/p>\n<p>La misma liturgia, con sus principios y sus formas celebrativas, podr\u00ed\u00ada efectuar poco a poco una purificaci\u00f3n de los elementos deteriorados o ambiguos que se encuentran en la piedad popular, as\u00ed\u00ad como una evangelizaci\u00f3n y educaci\u00f3n de las actitudes religiosas del pueblo, valorando todo lo que de aut\u00e9ntico hay en tal religiosidad, que no puede ser abandonada a su propia suerte, si no se quieren correr los riesgos recordados [->  supra, II, 1, b].<\/p>\n<p>Para evitar tales riesgos y tambi\u00e9n el peligro de la manipulaci\u00f3n, nos parece oportuno sugerir un doble principio operativo de base. Las celebraciones de la piedad popular deben ser consideradas de la comunidad y para la comunidad. De la comunidad: es decir, expresi\u00f3n de la fe y de la vida evang\u00e9lica de los creyentes, con animosa sumisi\u00f3n a la iglesia y esp\u00ed\u00adritu comunitario, fruto de com\u00fan colaboraci\u00f3n; toda celebraci\u00f3n de piedad popular que escape a la comunidad cristiana corre el riesgo de ser instrumentalizada con fines ajenos al culto cristiano, a la evangelizaci\u00f3n, a la piedad aut\u00e9ntica de los cristianos. Para la comunidad: toda celebraci\u00f3n o manifestaci\u00f3n de religiosidad se sit\u00faa en un preciso programa cultual como confesi\u00f3n de la fe o como respuesta cultual a Dios, agradecimiento a Mar\u00ed\u00ada o a los santos; aunque no se excluyen otros fines (como la evangelizaci\u00f3n de los alejados, la oportunidad de despertar la fe y el sentimiento religioso de las masas), la atenci\u00f3n pastoral debe dirigirse a la comunidad cristiana que se expresa en esta forma religiosa.<\/p>\n<p>3. UNIDAD DE CULTO, DE FE Y DE VIDA. Una consideraci\u00f3n final nos lleva a la valoraci\u00f3n de la religiosidad popular partiendo justamente de la liturgia.<\/p>\n<p>Si la religiosidad popular expresa una fe y una b\u00fasqueda de Dios cargada de valores teol\u00f3gicos y antropol\u00f3gicos, no se puede ignorar que, a la luz de la teolog\u00ed\u00ada del culto en el NT, uno es el culto y uno es el mediador de este culto: Cristo Jes\u00fas, con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu. No existe respuesta v\u00e1lida y agradable al Padre sino por medio de \u00e9l. Por tanto, no se puede pensar en la religiosidad popular sino en la perspectiva de este \u00fanico culto agradable al Padre. Por una parte, estos principios ayudan a valorar todas las formas cultuales genuinas oraciones, peregrinaciones, sacrificios, promesas-propios de la religiosidad del pueblo, incluso fuera de la liturgia, en cuanto son asumidos en el movimiento cultual de Cristo hacia el Padre; por otra parte, nos colocan ante la urgencia de evangelizar esta religiosidad para que corresponda al deseo del Padre, a los sentimientos de Cristo Jes\u00fas, a las mociones de su Esp\u00ed\u00adritu.<br \/>\nLa unidad de la fe exige que la religiosidad popular se adecue en las f\u00f3rmulas, en las valoraciones que sugiere y en las verdades que profesa a la confesi\u00f3n de la fe admirablemente expresada por la iglesia en su liturgia, que debe corregir oportunamente desviaciones, acentuaciones o desequilibrios de la piedad del pueblo.<\/p>\n<p>La unidad de la vida cristiana sugiere que la religiosidad popular no puede substraerse a la tarea de educar al pueblo cristiano en los verdaderos valores del evangelio, en el compromiso de la caridad, en el cumplimiento de la voluntad de Dios o en el testimonio activo. Por tanto, no debe ser usada como opio del pueblo, como consolaci\u00f3n para los pobres, para frenar el empe\u00f1o por la liberaci\u00f3n en Cristo. Tambi\u00e9n en este caso la liturgia sigue siendo fuente, cumbre y escuela de vida para una valoraci\u00f3n de los tesoros contenidos en la religiosidad del pueblo. Por otra parte, si la religiosidad popular tiene las caracter\u00ed\u00adsticas anotadas con entusiasmo por Pablo VI en la Evangelii nuntiandi (n. 48)-generosidad y sacrificio hasta el hero\u00ed\u00adsmo, hondo sentido de los atributos de Dios, actitudes interiores como la paciencia, el desapego, la aceptaci\u00f3n de los dem\u00e1s, la devoci\u00f3n-, nos encontramos frente a ese culto de los pobres de Yav\u00e9, suscitado por el Esp\u00ed\u00adritu en nuestros corazones, que es el mismo culto de Cristo. Ahora bien, la verdadera religiosidad del pueblo de Dios que se despliega en la liturgia debe ser precisamente un culto de este g\u00e9nero: \u00e9sta es la mejor contribuci\u00f3n que la religiosidad popular ofrece a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>4. Los EJERCICIOS PIADOSOS. Hemos querido dejar para el final el tratamiento de los ejercicios piadosos, para evitar que la religiosidad popular fuera reducida exclusivamente a estas expresiones devocionales. A este prop\u00f3sito ofreceremos algunas orientaciones concretas.<\/p>\n<p>a) Concepto y naturaleza. No existe un concepto claro de los ejercicios piadosos. La SC 13, pese a hacer referencia a ellos, ha evitado dar una descripci\u00f3n, y mucho menos una definici\u00f3n de los mismos. Es m\u00e1s f\u00e1cil ejemplificar, como hace la Marialis cultus, que definir. Entre estos ejercicios piadosos deben enumerarse sin duda el v\u00ed\u00ada crucis, la oraci\u00f3n del \u00e1ngelus, las letan\u00ed\u00adas de la Virgen, el santo rosario, otras oraciones devocionales y ejercicios en honor de los santos. El culto del sant\u00ed\u00adsimo sacramento fuera de la misa tiene un especial estatuto lit\u00fargico y un ritual promulgado durante la reforma lit\u00fargica posconciliar (De sacra communione et de cultu mysterii eucharistici extra missam, Roma 1973; ed. castellana: Ritual de la sagrada comuni\u00f3n y del culto a la eucarist\u00ed\u00ada fuera de la misa, Madrid 1974); por tanto, no deber\u00ed\u00ada ser equiparado a un ejercicio de piedad cuando se realiza seg\u00fan las normas contenidas en tal libro lit\u00fargico. Hist\u00f3ricamente: los ejercicios piadosos se desarrollaron en la piedad occidental del medievo y de la \u00e9poca moderna para cultivar el sentido de fe y de la devoci\u00f3n hacia el Se\u00f1or, la Virgen o los santos, en un momento en el que el pueblo permanec\u00ed\u00ada alejado de las fuentes de la biblia y de la liturgia o en el que, en todo caso, estas fuentes permanec\u00ed\u00adan cerradas y no nutr\u00ed\u00adan la vida del pueblo cristiano. En este sentido han jugado un papel en parte sustitutivo de las lecturas b\u00ed\u00adblicas y de las celebraciones lit\u00fargicas, y han concentrado la fe y la piedad en torno a los misterios esenciales de la redenci\u00f3n: encarnaci\u00f3n, pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n. Con la renovaci\u00f3n lit\u00fargica como retorno a las fuentes de la biblia y de la celebraci\u00f3n sacramental de los misterios, estas formas de piedad han experimentado una cierta crisis; en algunos momentos y en ciertos lugares se ha tratado de un verdadero y propio ostracismo. El magisterio de la iglesia siempre ha mantenido hacia ellas una actitud equilibrada, ha alabado sus m\u00e9ritos y ha abierto la v\u00ed\u00ada a una renovaci\u00f3n. Es la v\u00ed\u00ada seguida oficialmente por P\u00ed\u00ado XII en la Mediator Dei (1947), y por la SC 13 \u00ab. Pablo VI trat\u00f3 ampliamente el tema en la Marialis cultus (nn. 40-55), con referencias espec\u00ed\u00adficas al \u00e1ngelus y al rosario mariano.<\/p>\n<p>Estos ejercicios piadosos son, por lo dem\u00e1s, expresiones de oraci\u00f3n comunitaria o individual; celebran el misterio de Cristo, de Mar\u00ed\u00ada y de los santos generalmente con f\u00f3rmulas b\u00ed\u00adblicas o lit\u00fargicas. No son considerados como liturgia; por esto se recurre con frecuencia a la terminolog\u00ed\u00ada de extra-lit\u00fargicos o para-lit\u00fargicos, para indicar al mismo tiempo su semejanza y diferencia. Oficialmente no son considerados oraci\u00f3n p\u00fablica de la iglesia. Es significativo el juicio dado por Pablo VI en la Marialis cultus (n. 48) a prop\u00f3sito del rosario. Despu\u00e9s de haber establecido ciertas semejanzas entre \u00e9ste y la oraci\u00f3n lit\u00fargica (por ejemplo, entre la anamnesis de la liturgia y la memoria contemplativa del rosario, \u00abque tienen por objeto los mismos acontecimientos salv\u00ed\u00adficos realizados por Cristo\u00bb), afirma: \u00abLa primera (la anamnesis de la liturgia) hace presente bajo el velo de los signos y operantes de modo misterioso los &#8216;misterios m\u00e1s grandes de nuestra redenci\u00f3n&#8217;; la segunda (la memoria contemplativa del rosario), con el piadoso afecto de la contemplaci\u00f3n, vuelve a evocar los mismos misterios en la mente de quien ora y estimula su voluntad a sacar de ellos normas de vida. Establecida esta diferencia sustancial, no hay quien no vea que el rosario es un piadoso ejercicio inspirado en la liturgia y que, si es practicado seg\u00fan la inspiraci\u00f3n originaria, conduce naturalmente a ella, sin traspasar su umbral\u00bb. Seg\u00fan esta exposici\u00f3n, los ejercicios piadosos pertenecen a la memoria subjetiva de los misterios, a la contemplaci\u00f3n privada -aunque pueda realizarse eventualmente de forma comunitaria-; les faltar\u00ed\u00ada esencialmente, para que puedan ser aut\u00e9nticos actos lit\u00fargicos, el sentido objetivo de la memoria (anamnesis) lit\u00fargica y el reconocimiento de la iglesia. Hoy se avanzan aqu\u00ed\u00ad y all\u00ed\u00ad algunas nuevas hip\u00f3tesis a este respecto. Partiendo de la unidad del culto cristiano, es claro que los ejercicios piadosos deben considerarse culto en sentido amplio en el \u00e1mbito de la vida cristiana, en la que toda expresi\u00f3n de oraci\u00f3n tiene un componente cultual propio. Pero hay m\u00e1s. Es preciso preguntarse si alguno de estos ejercicios piadosos, cuando se realizan de una forma renovada, es decir, model\u00e1ndose como liturgias de la oraci\u00f3n o liturgias de la palabra y conteniendo f\u00f3rmulas netamente lit\u00fargicas (como es el caso del rosario y puede ser el del v\u00ed\u00ada crucis), no ser\u00e1n ya verdadera y propia oraci\u00f3n lit\u00fargica del pueblo de Dios; en este caso la proclamaci\u00f3n de la palabra y los formularios b\u00ed\u00adblicos y lit\u00fargicos propuestos garantizar\u00ed\u00adan esa objetividad del misterio, tal como puede hoy estar presente en una celebraci\u00f3n de la palabra o de la oraci\u00f3n. Un reconocimiento impl\u00ed\u00adcito por parte de la iglesia vendr\u00ed\u00ada del hecho de que estos ejercicios piadosos no s\u00f3lo expresan la fe de la iglesia, sino que la expresan con sus mismas f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Sugerencias y realizaciones. La norma del Vat. II (SC 13), pese a su brevedad, contin\u00faa siendo esencial para la renovaci\u00f3n de los ejercicios piadosos: armon\u00ed\u00ada con la liturgia, con los temas, los tiempos y las f\u00f3rmulas lit\u00fargicas; tambi\u00e9n para estas pr\u00e1cticas la liturgia es fuente y cumbre, y no s\u00f3lo en sentido objetivo, como para otras realidades de la vida cristiana, sino tambi\u00e9n en sentido celebrativo: \u00abDeriven de alg\u00fan modo de ella, y a ella conduzcan al pueblo cristiano\u00bb. No queda, pues, m\u00e1s que realizar una pastoral inteligente que, partiendo de la teolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica y de las formas lit\u00fargicas, sepa ordenar sabiamente estos ejercicios en sus contenidos (cuando ello sea necesario) y en sus f\u00f3rmulas. No faltan ejemplos alentadores al respecto, especialmente en el campo de la devoci\u00f3n mariana. Se han hecho intentos v\u00e1lidos para dar al rosario un ritmo m\u00e1s b\u00ed\u00adblico con la proclamaci\u00f3n de p\u00e1rrafos evang\u00e9licos relativos a los misterios correspondientes y con la introducci\u00f3n de oraciones tomadas de la liturgia. Lo mismo puede decirse del ejercicio piadoso del v\u00ed\u00ada crucis: formas y f\u00f3rmulas como las usadas cada a\u00f1o en Roma por el santo padre para esta pr\u00e1ctica el viernes santo son ejemplares por su sobriedad, riqueza lit\u00fargica y patr\u00ed\u00adstica. Dignos de ser propuestos en este campo son algunos trabajos de la Orden de los Siervos de Mar\u00ed\u00ada, especialmente la vigilia mariana \u00abde Domina\u00bb u \u00aboficio de los siervos a santa Mar\u00ed\u00ada\u00bb y la \u00abcelebraci\u00f3n de la anunciaci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada\u00bb; nos encontramos ante verdaderas y aut\u00e9nticas realizaciones en la l\u00ed\u00adnea abierta por la Marialis cultus: pr\u00e1cticas devocionales, pese a no estar ligadas a la liturgia, asumen en estos libros una digna expresi\u00f3n teol\u00f3gica y celebrativa. Con estos criterios, con estos ejemplos concretos, en espera de orientaciones m\u00e1s precisas por parte de la autoridad de la iglesia, se puede realizar una renovaci\u00f3n de los ejercicios piadosos seg\u00fan las necesidades del pueblo de Dios en esta nueva \u00e9poca marcada por la renovaci\u00f3n lit\u00fargica del Vat. II. La tradici\u00f3n de la iglesia cat\u00f3lica nos ense\u00f1a que, as\u00ed\u00ad como ha habido un constante progreso en el campo lit\u00fargico, del mismo modo puede verificarse tambi\u00e9n en casos como el nuestro, con tal de que se parta de la tradici\u00f3n eclesial y se abra a nuevas realizaciones, pueden ser sugeridas por la realidad de la iglesia, pueblo de Dios en marcha.<\/p>\n<p>[-> Liturgia, IV-VII; ->  Celebraciones de la palabra; -> Devociones].<\/p>\n<p>J. Castellano<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA<br \/>\n1. En general<br \/>\n\u00ed\u0081lvarez R., La religi\u00f3n del pueblo. Defensa de sus valores, BAC popular 1, Madrid 1976; Cox H., La seducci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu. Uso y abuso de la religi\u00f3n popular, Sal Terrae, Santander 1974; Greeley A.M., El hombre no secular. 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Algunas manifestaciones concretas<br \/>\nAldea Q., Semana Santa, en DHEE 4, cit., 2404-2418; Bernal J.M., Vestigios de religiosidad popular en Semana Santa, en \u00abPhase\u00bb 89 (1975) 365-377; Borobio D., Los \u00abcuatro sacramentos\u00bbde la religiosidad popular. Una cr\u00ed\u00adtica, en \u00abConcilium\u00bb 132 (1978) 249-266; Dalmais I.-H., Liturgia y devoci\u00f3n popular. 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Carismas y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-y-liturgia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRELIGIOSIDAD POPULAR Y LITURGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17168","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17168","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17168"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17168\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17168"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17168"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17168"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}