{"id":17170,"date":"2016-02-05T11:10:32","date_gmt":"2016-02-05T16:10:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-culto-de-los\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:32","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:32","slug":"santos-culto-de-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-culto-de-los\/","title":{"rendered":"SANTOS, CULTO DE LOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n: El \u00fanico Santo, el pueblo santo, los santos &#8211; I. El culto de los m\u00e1rtires: 1. El culto de los difuntos; 2. El culto de los testigos; 3. Las modalidades del culto de los m\u00e1rtires; 4. El culto de los santos &#8211; II. Evoluci\u00f3n del culto de los santos: 1. Los factores del desarrollo: a) Traslado y repartici\u00f3n de las reliquias, b) Literatura hagiogr\u00e1fica (calendarios y martirologios, libros lit\u00fargicos, actas, pasiones, leyendas y vidas de los santos, obras literarias de los santos), c) Las peregrinaciones; 2. La reglamentaci\u00f3n can\u00f3nica: a) El reconocimiento del culto en el primer milenio, b) La liturgia de la canonizaci\u00f3n &#8211; III. Culto lit\u00fargico y devoci\u00f3n popular: 1. El culto lit\u00fargico: a) El aniversario, b) La inscripci\u00f3n en el martirologio, c) El formulario eucol\u00f3gico, d) La veneraci\u00f3n de las reliquias y de las im\u00e1genes; 2. La devoci\u00f3n popular: a) Los santos preferidos por el culto popular, b) Los modos de expresi\u00f3n del culto popular &#8211; IV. El Vat. II y el culto de los santos: 1. El culto de los santos en 1960: a) El calendario, b) Los formularios, c) Las normas para la celebraci\u00f3n; 2. La reforma de 1969: a) El \u00abCalendarium Romanum generale\u00bb, b) Los formularios de la misa y del oficio, c) Las nuevas normas para la celebraci\u00f3n &#8211; V. Teolog\u00ed\u00ada y pastoral del culto de los santos: 1. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica: a) Santidad y misterio pascual, b) La imitaci\u00f3n de Cristo, c) La intercesi\u00f3n de los santos; 2. La acci\u00f3n pastoral: a) El descubrimiento del verdadero rostro de los santos, b) La imitaci\u00f3n de los santos, c) La intercesi\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nEl \u00fanico Santo, el pueblo santo, los santos. La santidad es atributo de Dios y de su Hijo, Jesucristo, \u00abel \u00fanico Santo, el \u00fanico Se\u00f1or\u00bb. La santidad es el don de Dios a su pueblo (Exo 19:5-6), el don de Cristo a su iglesia y a cada uno de sus miembros (1Pe 2:9). Por eso el ap\u00f3stol Pablo escribe \u00aba todos los que est\u00e1is en Roma, amados de Dios, llamados santos\u00bb (Rom 1:7) y pide su amor de hermanos (Rom 12:13) en favor de los \u00absantos\u00bb que est\u00e1n en Jerusal\u00e9n (Rom 15:25 gr.). Con el lenguaje protocolario de su \u00e9poca, Agust\u00ed\u00adn se dirigir\u00e1 a los oyentes con el apelativo \u00abvuestra santidad\u00bb. Pero entonces el t\u00ed\u00adtulo de santo se atribu\u00ed\u00ada ya de manera especial a aquellos cristianos que hab\u00ed\u00adan vivido con mayor plenitud su pertenencia a Cristo, a saber: los m\u00e1rtires. Desde la segunda mitad del s. u en Oriente, y desde comienzos del III en Occidente \u00e9stos ocupaban un puesto particular en el recuerdo de la comunidad. La iglesia festejaba cada a\u00f1o su natalicio, aniversario de su deposici\u00f3n y nacimiento para el cielo, y se recomendaba a su intercesi\u00f3n ante el Se\u00f1or. Hab\u00ed\u00ada nacido el culto de los m\u00e1rtires: lo seguir\u00ed\u00ada el culto de los santos.<\/p>\n<p>I. El culto de los m\u00e1rtires<br \/>\n1. EL CULTO DE LOS DIFUNTOS.<\/p>\n<p>El culto de los m\u00e1rtires es una forma del culto de los difuntos. Este culto, que se remonta hasta la prehistoria, se expresa de diferentes maneras seg\u00fan las regiones. Comporta, en primer lugar, las honras f\u00fanebres al cuerpo del difunto. En el territorio de Israel el muerto era inhumado, depositado en la tierra o sobre la piedra de la celda sepulcral. En Roma, donde se conoc\u00ed\u00ada la inhumaci\u00f3n, se admit\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la incineraci\u00f3n. En los primeros siglos de nuestra era se practicaban ambos ritos, como testifican los columbarios de los cementerios subterr\u00e1neos y los sarc\u00f3fagos paganos. Con frecuencia la tumba representaba la casa donde hab\u00ed\u00ada vivido el desaparecido. Los miembros de la familia se reun\u00ed\u00adan all\u00ed\u00ad ciertos d\u00ed\u00adas para ofrecer libaciones o presentar alimentos a los manes del difunto y para participar en el refrigerium (el banquete f\u00fanebre) en su recuerdo, sobre todo en el aniversario de su nacimiento. Cada a\u00f1o, los \u00faltimos d\u00ed\u00adas de febrero, que hasta el tiempo de C\u00e9sar hab\u00ed\u00adan se\u00f1alado el final del a\u00f1o, estaban particularmente consagrados al recuerdo colectivo de los difuntos y al banquete que reun\u00ed\u00ada a los miembros de la parentela en torno a sus tumbas. La fiesta de la Cathedra Petri, en el s. Iv, conectar\u00e1 el santoral romano con la tradici\u00f3n antigua.<\/p>\n<p>Los cristianos no rechazaron ninguno de los usos familiares que rodeaban la muerte; s\u00f3lo evitaron aquellos que testimoniaban una concepci\u00f3n de la supervivencia incompatible con la propia fe. Esta se encuentra expresada con vigor en las paredes de los cementerios y en las inscripciones funerarias: fe en la resurrecci\u00f3n y en la vida eterna en Cristo; certeza de que la muerte significa el final del \u00e9xodo pascual inaugurado en el bautismo. Deseosos de imitar a su Se\u00f1or incluso en la forma de la sepultura, los cristianos optaron desde el principio por la inhumaci\u00f3n: se siembra un cuerpo mortal, que resucitar\u00e1 cuerpo espiritual (cf 1Co 15:44). Sin renunciar a los banquetes f\u00fanebres y a las libaciones sobre la tumba, prefer\u00ed\u00adan celebrar la eucarist\u00ed\u00ada en los cementerios con ocasi\u00f3n de las exequias. En lugar de los lamentos rituales, elevaban cantos de esperanza con himnos y salmos.<\/p>\n<p>2. EL CULTO DE LOS TESTIGOS. Martyr significa testigo. El primer m\u00e1rtir es Cristo, \u00abel testimonio fiel\u00bb (Apo 1:5). Pero el Apocalipsis da el mismo t\u00ed\u00adtulo a Antipas, muerto por la fe en P\u00e9rgamo (Apo 2:13), porque el cristiano que confiese la propia fe en Jes\u00fas hasta la muerte testimonia el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo. M\u00e1s a\u00fan, Cristo vivo testimonia en \u00e9l la potencia de la propia resurrecci\u00f3n. El m\u00e1rtir se hace una sola cosa con Cristo crucificado-resucitado y da a Dios el m\u00e1ximo testimonio de fidelidad. Por eso la comunidad de los hermanos, la iglesia local, rodea su recuerdo de un homenaje particular.<\/p>\n<p>3. LAS MODALIDADES DEL CULTO DE LOS M\u00ed\u0081RTIRES. El homenaje ofrecido a los m\u00e1rtires es en parte id\u00e9ntico al tributado a cualquier difunto. Tambi\u00e9n se localiza junto a la tumba, pero presenta ciertas caracter\u00ed\u00adsticas que lo diferencian. Es ante todo un culto que tiene como sujeto una comunidad de creyentes, y no solamente un c\u00ed\u00adrculo de parientes; es toda la familia de los hermanos en la fe la que rodea al m\u00e1rtir de la propia veneraci\u00f3n. Su aniversario se celebra no en el d\u00ed\u00ada de su nacimiento, sino en el d\u00ed\u00ada en que ha padecido la muerte por Cristo. Esta muerte ha originado una plenitud de vida; es el verdadero natalicio, el de la entrada en la santa Jerusal\u00e9n. El m\u00e1rtir, finalmente, no tarda en manifestarse como poderoso intercesor ante Dios. La gente no duda en rezarle, como testifican en Roma los m\u00e1s antiguos grafitos de la Memoria Apostolorum, que se remontan a los a\u00f1os 260.<br \/>\nLa celebraci\u00f3n del aniversario de los m\u00e1rtires induce a cada iglesia local a compilar un elenco donde, junto a los nombres de los confesores de la fe, se menciona la fecha de su muerte y el lugar de la deposici\u00f3n, como prescrib\u00ed\u00ada Cipriano (Ep. 12). Se pueden seguir as\u00ed\u00ad las huellas, desde la mitad del s. In, de los primeros esbozos de calendarios cristianos.<\/p>\n<p>Tertuliano testifica que en los funerales de los m\u00e1rtires se canta (Scorp. 7), y las Acta Cypriani refieren que el cuerpo del obispo se inhum\u00f3 \u00abcum voto et triumpho magno\u00bb (Act. 5). Algo semejante suced\u00ed\u00ada con ocasi\u00f3n de los aniversarios: los fieles de Esmirna, despu\u00e9s del martirio de Policarpo, se hab\u00ed\u00adan propuesto reunirse cada a\u00f1o para conmemorarlo \u00abcon gozo y alegr\u00ed\u00ada\u00bb (Mart. Poi. 18, 2). La eucarist\u00ed\u00ada ofrecida en ese d\u00ed\u00ada era muy festiva, como testifican los m\u00e1s antiguos formularios eucol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>4. EL CULTO DE LOS SANTOS. El honor tributado a \u00abnuestros se\u00f1ores los m\u00e1rtires y vencedores\u00bb (Calendario de Nicomedia, a. 361) tendr\u00e1 siempre la precedencia en la iglesia a lo largo de los siglos. Pero desde el s. iv se otorgar\u00e1 un homenaje similar tambi\u00e9n a otras categor\u00ed\u00adas de fieles.<\/p>\n<p>Primero se celebr\u00f3 la memoria de los obispos que hab\u00ed\u00adan dejado un recuerdo particularmente significativo. Cada iglesia local ten\u00ed\u00ada actualizado el elenco de sus obispos, para atestiguar la propia filiaci\u00f3n apost\u00f3lica. Junto a la Depositio martyrum, el cron\u00f3grafo romano del 354 ha conservado la Depositio episcoporum. La serie de los papas no m\u00e1rtires comienza con Lucio (254). Las iglesias conservan as\u00ed\u00ad el recuerdo de quienes fueron sus padres en la fe. Todos los a\u00f1os, en su aniversario, ruegan por ellos, hasta que llega el d\u00ed\u00ada en que ruegan a trav\u00e9s de ellos. El paso del por al a trav\u00e9s de constituye el paso del simple culto de los difuntos al culto de los santos. La fijaci\u00f3n de los formularios, en el curso del s. vi, conservar\u00e1 a veces algunos vestigios del culto inicial. Por eso en el s. XII la oraci\u00f3n super oblata de san Le\u00f3n Magno pedir\u00e1 todav\u00ed\u00ada \u00abut illum beata retributio comitetur\u00bb.<\/p>\n<p>Con la cristianizaci\u00f3n del mundo romano, en el s. w, parece pasado el tiempo del martirio. Se describir\u00e1n entonces formas sustitutivas del martirio en la ascesis, en la virginidad y en la viudez. El prestigio de los padres del desierto, como el de los iniciadores de la vida mon\u00e1stica masculina y femenina, comportar\u00e1 la inscripci\u00f3n de sus nombres en los calendarios locales, sin atribuirles, de todas formas, la misma importancia que a los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Saludando a Mar\u00ed\u00ada como la santa Madre de Dios, el concilio de Efeso (431) contribuy\u00f3 a la difusi\u00f3n de su culto. Mientras la iglesia de Jerusal\u00e9n celebraba ya su fiesta el 15 de agosto, la mayor parte de las iglesias celebraban su memoria en conexi\u00f3n con el nacimiento del Se\u00f1or. Pero no eran sino las primicias de un homenaje lit\u00fargico destinado a asumir dimensiones muy amplias [l Virgen Mar\u00ed\u00ada].<\/p>\n<p>II. Evoluci\u00f3n del culto de los santos<br \/>\nLimitado inicialmente a la bas\u00ed\u00adlica cementerial o a la tumba del santo, el culto de los m\u00e1rtires no tardar\u00ed\u00ada en experimentar un desarrollo al que contribuyeron diversos factores.<\/p>\n<p>1. LOS FACTORES DEL DESARROLLO. El factor decididamente primario de la extensi\u00f3n del culto de un santo consiste evidentemente en su fama. Por eso, desde la segunda mitad del s. iv, toda la iglesia festeja a los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, y en Roma se conmemoran los m\u00e1rtires de Cartago: Perpetua, Felicidad y Cipriano. Igualmente, el papa D\u00e1maso transforma su propia casa en bas\u00ed\u00adlica, y la dedica al di\u00e1cono Lorenzo. Para los m\u00e1rtires menos conocidos la difusi\u00f3n del culto derivar\u00e1 sea del traslado y divisi\u00f3n de sus reliquias, sea del lugar que se les asigne en los diversos documentos hagiogr\u00e1ficos.<\/p>\n<p>a) Traslado y repartici\u00f3n de las reliquias. Los descubrimientos y traslados de las reliquias de los santos se ponen de manifiesto al final del s. ni, tanto en Occidente como en Oriente. San Ambrosio fue el promotor en Mil\u00e1n y Bolonia. En Roma habr\u00e1 que esperar a las guerras g\u00f3tico-bizantinas del s. vi, y sobre todo al final del s. vol, para asistir al traslado sistem\u00e1tico de los cuerpos de los m\u00e1rtires, exhumados de los cementerios suburbanos para ser depositados en una bas\u00ed\u00adlica de la ciudad. Esta bas\u00ed\u00adlica se convierte en un nuevo centro de culto del santo.<\/p>\n<p>La repartici\u00f3n de las reliquias, a la que Roma ser\u00e1 durante mucho tiempo refractaria, hac\u00ed\u00ada ya mucho tiempo que se acostumbraba hacer en otras regiones. Poco despu\u00e9s del descubrimiento de los restos de san Esteban, no lejos de Jerusal\u00e9n (a. 415), ya hab\u00ed\u00ada llegado una part\u00ed\u00adcula a Hipona, donde hac\u00ed\u00ada milagros. As\u00ed\u00ad, dondequiera que se poseyese el m\u00ed\u00adnimo fragmento de un cuerpo santo, no se omit\u00ed\u00ada celebrar su natalicio, y \u00e9ste atra\u00ed\u00ada a los fieles. Pronto ya no se concebir\u00e1 la dedicaci\u00f3n de una iglesia sin la deposici\u00f3n de reliquias de m\u00e1rtires bajo el altar [1 Dedicaci\u00f3n, II, 1, b]. Roma, menos partidaria que otras iglesias de la multiplicaci\u00f3n de las reliquias corporales de los santos, reserv\u00f3 su preferencia a reliquias representativas, como los pa\u00f1os que hab\u00ed\u00adan tocado la tumba del santo y las l\u00e1mparas de aceite que hab\u00ed\u00adan ardido una noche ante ella.<\/p>\n<p>La difusi\u00f3n de las reliquias multiplicaba los centros de culto, pero este culto segu\u00ed\u00ada unido a un vestigio tangible del santo. Donde tal culto se liber\u00f3 de toda referencia material al santo es en la bas\u00ed\u00adlica vaticana: el papa Gregorio III (731-741) erigi\u00f3 en San Pedro un oratorio en honor de Cristo y de su santa Madre, as\u00ed\u00ad como de \u00abtodos los santos m\u00e1rtires y confesores y justos llegados a la perfecci\u00f3n, que reposan en el mundo entero\u00bb, y orden\u00f3 a los monjes de servicio en la bas\u00ed\u00adlica que acudieran all\u00ed\u00ad todas las tardes para celebrar un breve oficio votivo en su honor. Pronto comenz\u00f3 a difundirse la fiesta de Todos los Santos, relacionada en Oriente con las solemnidades pascuales, y fijada, en Inglaterra y en los pa\u00ed\u00adses francos, para el 1 de noviembre.<\/p>\n<p>b) La literatura hagiogr\u00e1fica. Cubre un vasto campo. Lo que hoy despierta m\u00e1s inter\u00e9s son los documentos m\u00e1s concisos, calendarios y martirologios; pero durante mucho tiempo fueron las pasiones, las actas, las leyendas y las vidas de los santos las que cosecharon mayor \u00e9xito y decretaron a este o aquel santo un culto popular.<\/p>\n<p>Calendarios y martirologios. El calendario es originalmente una gu\u00ed\u00ada local para la celebraci\u00f3n de las fiestas a lo largo del a\u00f1o. Consigna los nombres de los santos con la respectiva fecha y el lugar de la asamblea eucar\u00ed\u00adstica. As\u00ed\u00ad, leemos en el calendario romano: \u00abIII id. aug. Laurenti in Tiburtina\u00bb (= el 3 de los idus de agosto Lorenzo en la v\u00ed\u00ada Tiburtina). El martirologio, que tendr\u00e1 un estatuto oficial solamente en el s. xvi, recoge en cambio el nombre de diversos santos cuyo natalicio cae en el mismo d\u00ed\u00ada. En alg\u00fan caso trae seis o siete nombres en la misma fecha, acompa\u00f1ados de breves noticias.<\/p>\n<p>La doble depositio romana, de los obispos y de los m\u00e1rtires, recogida en un cron\u00f3grafo del 354, parece remontarse al 336. Es el calendario m\u00e1s antiguo. Le sigue de cerca el calendario de Nicomedia de los a\u00f1os 360, base del martirologio sir\u00ed\u00adaco del 411. Uno y otro contienen solamente nombres de m\u00e1rtires. El calendario de Cartago, de principios del s. vi, a\u00f1adir\u00e1 a los natalitia de los m\u00e1rtires las depositiones de un cierto n\u00famero de obispos, preludiando los calendarios medievales, en los que encontraremos junto a los m\u00e1rtires la menci\u00f3n de otros santos: obispos, confesores y v\u00ed\u00adrgenes.<\/p>\n<p>El documento capital de la hagiograf\u00ed\u00ada occidental es el martirologio jeronimiano. Este t\u00ed\u00adtulo pseudoepigr\u00e1fico engloba la fusi\u00f3n de antiguos elencos de m\u00e1rtires romanos, africanos y orientales, que el compilador hab\u00ed\u00ada enriquecido con a\u00f1adiduras, tomadas entre otras de las fuentes galicanas. La compilaci\u00f3n, ejecutada en Auxerre, se remonta al a\u00f1o 592. El martirologio jeronimiano, recopiado muchas veces desde entonces, era dif\u00ed\u00adcil de interpretar, hasta que el bolandista H. Delehaye public\u00f3 su comentario en los Acta Sanctorum novembris (1931).<\/p>\n<p>El jeronimiano conten\u00ed\u00ada s\u00f3lo el nomen-locus-dies de cada santo. El monje ingl\u00e9s Beda el Venerable crey\u00f3 conveniente componer un martirologio menos denso de nombres, pero provisto de una breve noticia sobre cada uno de ellos (comienzos del s. vol). Nac\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad un texto nuevo, que se llam\u00f3 martirologio hist\u00f3rico. Despu\u00e9s de Beda vinieron Floro de Lyon (840), Ad\u00f3n de Vienne (860), poco escrupuloso en la utilizaci\u00f3n de las fuentes y fantasioso en la elecci\u00f3n de las fechas; a continuaci\u00f3n, Usuardo de Saint-Germain (865), que tendr\u00ed\u00ada un amplio y durable \u00e9xito. El martirologio de Usuardo se leer\u00e1 en todos los cap\u00ed\u00adtulos de can\u00f3nigos y en todos los monasterios del medievo, y cada uno de ellos le a\u00f1adir\u00e1 sus propias noticias. Har\u00e1n falta pocas modificaciones para que se convierta en el Martirologio romano, promulgado por el papa Gregorio XIII en 1584.<\/p>\n<p>Bajo formas diversas, las iglesias de Oriente han adoptado gu\u00ed\u00adas similares para la celebraci\u00f3n de las fiestas de los santos. Viene en primer lugar el sinaxario, que indica el lugar de la asamblea lit\u00fargica, o sinaxis, y suministra un breve elogio del santo para cada d\u00ed\u00ada del a\u00f1o, desde comienzos de septiembre hasta finales de agosto. El m\u00e1s importante es el Sinaxario de Constantinopla, editado por H. Delehaye, que se remonta con probabilidad al s. x. La Patrolog\u00ed\u00ada Oriental ha publicado sinaxarios de la iglesia copta, eti\u00f3pica, sir\u00ed\u00adaca, armenia y georgiana.<\/p>\n<p>Los libros lit\u00fargicos. Al suministrar los textos necesarios para la celebraci\u00f3n de las fiestas de los santos, los libros lit\u00fargicos han contribuido a su conocimiento. Sacramentarios y leccionarios romanos han hecho familiares a todo Occidente los nombres de los santos de Roma, gracias a su difusi\u00f3n a partir del s. vII. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el leccionario de Jerusal\u00e9n, de principios del s. v, llegad\u00f3 a nosotros en una traducci\u00f3n armenia, ha hecho populares las fiestas celebradas en la Ciudad santa m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de Palestina. A \u00e9l se debe, entre otras, la primera menci\u00f3n de la conmemoraci\u00f3n mariana del 15 de agosto, y del martirio de Juan Bautista el 29 del mismo mes.<\/p>\n<p>Actas, pasiones, leyendas y vidas de los santos. Los documentos relativos a las vidas de los santos, especialmente a los testimonios ofrecidos por los m\u00e1rtires, son de muy diversa naturaleza. Todos tienen la finalidad de suscitar la admiraci\u00f3n y animar a la fidelidad al Se\u00f1or. Sin embargo, solamente alguno que otro se atiene rigurosamente a la relaci\u00f3n de los hechos.<\/p>\n<p>Las actas de los m\u00e1rtires constituyen los documentos m\u00e1s preciosos de la hagiograf\u00ed\u00ada; pero desafortunadamente son raras las que nos han llegado sin manipulaciones. Entre \u00e9stas podemos citar las de Justino en Roma y de Cipriano en Cartago. Tambi\u00e9n la pasi\u00f3n de Perpetua y Felicidad, aunque sea una obra literaria, debe colocarse en esta categor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Siguen a continuaci\u00f3n las narraciones de testigos oculares, entre ellas la carta de los cristianos de Esmirna sobre el martirio de Policarpo (a. 156), y la de las iglesias de Lyon y Vienne, que describe la \u00faltima lucha de Potino, Blandina y sus hermanos.<\/p>\n<p>Las pasiones son generalmente narraciones m\u00e1s tard\u00ed\u00adas, sobre cuyo valor hist\u00f3rico es dif\u00ed\u00adcil pronunciarse. Van desde la narraci\u00f3n fundada en datos de archivo a historias de pura fantas\u00ed\u00ada. Su g\u00e9nero literario se inspira en la epopeya: encontramos siempre los mismos tipos de jueces, de interrogatorios, de respuestas, de suplicios. Sobreabunda lo maravilloso. La mayor parte de las veces el narrador parte de un nombre o de un lugar bien atestiguados; pero sobre esta base elabora despu\u00e9s toda una novela. Es el caso de san Jorge, m\u00e1rtir en Lidda, donde a finales del s. iv se hab\u00ed\u00ada erigido una bas\u00ed\u00adlica en su honor. Lo mismo se diga de los santos Cosme y Dami\u00e1n, m\u00e1rtires en Ciro, junto a Aleppo. Pero puede tambi\u00e9n suceder que sea todo inventado, como en las pasiones de Cipriano y Justina, o de Bonifacio de Tarso.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de las leyendas (lat. legenda = cosas que se deb\u00ed\u00adan leer), precisemos que el t\u00e9rmino no juzga de antemano en modo alguno la autenticidad de los acontecimientos referidos. Las pasiones de los m\u00e1rtires se destinaban a la lectura p\u00fablica, en la asamblea lit\u00fargica, especialmente durante la vigilia de la fiesta del santo, o en el refectorio del monasterio. Pero con frecuencia las pasiones conten\u00ed\u00adan tantas inverosimilitudes que su credibilidad quedaba bastante en entredicho.<\/p>\n<p>Nacidas generalmente para glorificar a un santo, algunas leyendas hagiogr\u00e1ficas se redactaron para ilustrar un lugar de culto. Es el caso de las leyendas romanas de fundaci\u00f3n de t\u00ed\u00adtulos. Parten de elementos topogr\u00e1ficos, explicando sus particularidades y conect\u00e1ndolas con la vida del fundador (Cecilia, Prisca, Cris\u00f3gono). Con frecuencia unen con lazos de parentela, o juntan en una misma muerte a diversos m\u00e1rtires de \u00e9pocas diferentes que reposan en los cementerios de una misma regi\u00f3n. As\u00ed\u00ad se consider\u00f3 a Emerenciana hermana de leche de In\u00e9s por el hecho de que las dos m\u00e1rtires reposan en la v\u00ed\u00ada Nomentana. Las leyendas de fundaci\u00f3n pretenden responder a las preguntas de los peregrinos y a se\u00f1alar la importancia de la iglesia que visitan (santos Juan y Pablo ad clivum Scauri). Por tanto, no es leg\u00ed\u00adtimo corroborar la autenticidad de las leyendas a partir del hecho de que los arque\u00f3logos hayan sacado a la luz restos conformes con las narraciones, dado que \u00e9stas se fundan precisamente sobre el mismo dato topogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Las vidas de los santos aparecen muy pronto. La m\u00e1s antigua es la de Cipriano, escrita por su di\u00e1cono Poncio. En los siglos siguientes, los grandes obispos Ambrosio, Agust\u00ed\u00adn, Germ\u00e1n de Auxerre, Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s, etc., encontraron bi\u00f3grafos inmediatamente despu\u00e9s de sus muertes. Pero las vidas que tuvieron mayor \u00e9xito son las de los padres del desierto y los monjes, como la Vida de Antonio el Grande, escrita por san Atanasio; la de Sabas, escrita por Gregorio de Escit\u00f3polis, y, m\u00e1s tarde, la de Benito, narrada en el libro II de los Di\u00e1logos de san Gregorio Magno. Las vidas de los santos se han multiplicado hasta nuestros d\u00ed\u00adas, cada una marcada por la mentalidad y las aspiraciones de la propia \u00e9poca: llenas de milagros y de revelaciones en el medievo, atentas a la psicolog\u00ed\u00ada espiritual del personaje en la \u00e9poca moderna y, en nuestros d\u00ed\u00adas, provistas de referencias documentales.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de las vidas, como por otra parte tambi\u00e9n a trav\u00e9s de las leyendas hagiogr\u00e1ficas, se descubren los tipos de santidad que a lo largo de los siglos han alimentado la admiraci\u00f3n y estimulado el fervor del pueblo de Dios: la primac\u00ed\u00ada del amor al Se\u00f1or y del estar disponible en sus manos; el servicio a los hermanos; el esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n; la ascesis; la predilecci\u00f3n por la virginidad&#8230; Desde este punto de vista, se puede decir que la leyenda es a veces m\u00e1s verdadera que la historia.<\/p>\n<p>No se puede olvidar, finalmente, que un cierto n\u00famero de santos fueron maestros espirituales, m\u00ed\u00adsticos, te\u00f3logos. Algunos han escrito libros, otros han dejado epistolarios o memorias \u00ed\u00adntimas. Es evidente que tales p\u00e1ginas iluminan la personalidad de sus autores y ejercen una profunda atracci\u00f3n en cuantos nutren con ellas su reflexi\u00f3n y su plegaria. Baste citar, por todos, los nombres de las dos Teresas.<\/p>\n<p>c) Las peregrinaciones. En todo tiempo han constituido un factor de difusi\u00f3n del culto de los santos. Nadie ignora cu\u00e1nto han contribuido las modernas peregrinaciones a Lourdes a hacer familiar al mundo la figura de Bernadette Soubirous.<\/p>\n<p>Las peregrinaciones comenzaron aun antes de la paz constantiniana (a. 313), como testimonia la inscripci\u00f3n funeraria de Abercio de Ger\u00e1polis; pero fue en el s. 1v cuando alcanzaron gran desarrollo: peregrinaciones a Tierra Santa y a Roma; peregrinaciones a las tumbas de santos hoy olvidados, como Sergio y Menas, que hicieron florecer verdaderas ciudades en el desierto de Siria (Rosafa-Sergi\u00f3polis) y en los confines del desierto de Egipto (Karm abu Mina); peregrinaciones a los santuarios de san Sime\u00f3n Estilita en Qalaat Sem\u00e1n (Siria); despu\u00e9s a los santuarios de san Mart\u00ed\u00adn en Tours (Francia), y m\u00e1s tarde todav\u00ed\u00ada, a Santiago de Compostela (Espa\u00f1a), sin olvidar las peregrinaciones al monte Gargano y a Mont-Saint-Michel (Francia) contra los peligros del mar.<\/p>\n<p>Los dos tipos de peregrinaciones m\u00e1s frecuentes y c\u00e9lebres fueron, sin duda, los de Tierra Santa y Roma. En los pa\u00ed\u00adses de la biblia hab\u00ed\u00adan florecido santuarios en todos los lugares teof\u00e1nicos del AT y del NT. La religiosa espa\u00f1ola Egeria nos ha dejado un recuerdo pintoresco y entusiasta de su peregrinaci\u00f3n de un lugar a otro. Pero, tras haber caminado sobre las mismas huellas de Jes\u00fas, los cristianos no hay nada que deseen tanto como encontrar un recuerdo de Mar\u00ed\u00ada en los lugares donde ella vivi\u00f3. Su culto se desarroll\u00f3, en \u00e9poca bizantina, de Nazaret a Bel\u00e9n y, en la misma Ciudad santa, de la piscina Prob\u00e1tica a la Dormici\u00f3n y a la tumba del Getseman\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>La peregrinaci\u00f3n hacia Roma del medievo convocaba a los fieles, procedentes de las m\u00e1s lejanas provincias, en las tumbas de Pedro y Pablo, en las respectivas bas\u00ed\u00adlicas del Vaticano y de la v\u00ed\u00ada Ostiense; despu\u00e9s en Letr\u00e1n, donde se venera la mesa de la Cena y la memoria de los dos Juanes, el Bautista y el Evangelista. Se pasaba despu\u00e9s a los santuarios m\u00e1s modestos, donde se deten\u00ed\u00adan a escuchar la historia edificante de la fundaci\u00f3n, antes de llegar (hasta el s. ix) a los cementerios subterr\u00e1neos de la periferia. Volviendo a casa, monjes y clero llevaban consigo, como un precioso recuerdo, los itinerarios de las tumbas sagradas, transcritos por ellos mismos, y los sacramentarios, que conten\u00ed\u00adan las oraciones para celebrar a In\u00e9s y Cecilia, Clemente, Nereo y Aquiles, Pedro y Marcelino o los Cuatro Coronados, cuyos nombres se introducen desde ahora en todos los calendarios.<\/p>\n<p>2. LA REGLAMENTACI\u00ed\u201cN CAN\u00ed\u201cNICA. El culto de los santos naci\u00f3 de la devoci\u00f3n popular; pero para poder llegar a ser culto eclesial ha estado sujeto siempre al control de los obispos, a la espera de ser sometido al juicio del papa.<\/p>\n<p>a) El reconocimiento del culto en el primer milenio. Durante los primeros siglos nos encontramos siempre en presencia de una iniciativa de la comunidad local, donde el sentir del pueblo viene ratificado por el obispo despu\u00e9s de un proceso rudimentario. En tiempo de las persecuciones se conserva el recuerdo de los m\u00e1rtires y de los confesores de la fe, pero s\u00f3lo despu\u00e9s de haber comprobado cuidadosamente que el que hab\u00ed\u00ada sufrido la muerte hab\u00ed\u00ada formado parte de la gran iglesia. Frente a los donatistas, Agust\u00ed\u00adn recordar\u00e1 que no es el suplicio padecido el que hace al m\u00e1rtir, sino la causa por la que se ha padecido el suplicio: \u00abNon poena, sed causa\u00bb. Los obispos honrados con culto p\u00fablico son aquellos que han manifestado eminentes cualidades de pastores: fidelidad a la oraci\u00f3n y a la ascesis, celo por la predicaci\u00f3n, amor a los pobres, acogida de los hermanos, valent\u00ed\u00ada en la defensa del derecho. A veces el amor a la ciudad tendr\u00e1 mayor peso, en el homenaje popular, que las virtudes personales. En cuanto a los padres de la vida mon\u00e1stica y los misioneros del evangelio, se juzgar\u00e1 el \u00e1rbol por los frutos, seg\u00fan la palabra del Se\u00f1or. Lo mismo suceder\u00e1 con las v\u00ed\u00adrgenes consagradas y las santas viudas, desde Paula de Bel\u00e9n a Genoveva de Lutecia.<\/p>\n<p>b) La liturgia de la canonizaci\u00f3n. Hasta finales del s. x no se registra ninguna intervenci\u00f3n de la Santa Sede en el reconocimiento del culto tributado a los santos. Fue para dar m\u00e1s esplendor a la exaltaci\u00f3n de su predecesor Ulrico (+ 973) por lo que el obispo de Augsburgo pidi\u00f3 al papa que aprobara su culto. Juan XV accedi\u00f3 a tal petici\u00f3n durante un concilio celebrado en Letr\u00e1n (993). El s. xl vio numerosas intervenciones similares, pero el t\u00e9rmino canonizaci\u00f3n no es anterior a los a\u00f1os 1120. Hacia el 1175, Alejandro III declar\u00f3 que no estaba permitido venerar p\u00fablicamente a nadie como santo sin la autorizaci\u00f3n de la iglesia romana. En 1234 las decretales de Gregorio IX reservaron al papa el juicio en la materia. De todas formas, algunas iglesias particulares siguieron, durante varios siglos, efectuando canonizaciones.<\/p>\n<p>Cuando Sixto V instituy\u00f3 en 1588 la Congregaci\u00f3n de ritos, le mand\u00f3 \u00abponer sumo cuidado en lo referente a la canonizaci\u00f3n de los santos y le atribuy\u00f3 la direcci\u00f3n exclusiva del proceso. Al final de \u00e9ste, durante una misa solemne, el papa celebra la canonizaci\u00f3n, ya que el acto es esencialmente de car\u00e1cter lit\u00fargico. Desde 1594 a 1980 los papas han promulgado trescientas canonizaciones. Es digno de notarse que entre los nuevos santos se cuentan ciento treinta y un m\u00e1rtires. As\u00ed\u00ad, sigue siendo indiscutido el primado del martirio en la iglesia desde los or\u00ed\u00adgenes. El s. xx ha registrado ya la canonizaci\u00f3n de noventa y siete m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>En 1634 se instituy\u00f3 una primera etapa en el camino de la canonizaci\u00f3n: es la beatificaci\u00f3n, que autoriza el culto a un siervo de Dios dentro de un determinado territorio o familia religiosa. El primer beatificado (en 1665) fue Francisco de Sales (&#8216;C 1622). Entre los beatos siempre es considerable el n\u00famero de m\u00e1rtires: entre \u00e9stos figuran las v\u00ed\u00adctimas de la persecuci\u00f3n en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda; las de la Revoluci\u00f3n francesa y los m\u00e1rtires de la predicaci\u00f3n del evangelio en el Extremo Oriente.<\/p>\n<p>No entraremos aqu\u00ed\u00ad en los detalles procesuales de la beatificaci\u00f3n y de la canonizaci\u00f3n. Solamente diremos que la investigaci\u00f3n can\u00f3nica se dirige esencialmente a tres puntos: la ortodoxia del personaje manifestada en sus escritos; el ejercicio heroico de las virtudes teologales y cardinales; los milagros obtenidos por su intercesi\u00f3n. El martirio no necesita convalidarse con milagros. Hasta el pontificado de Pablo VI, el papa se reservaba la intervenci\u00f3n personal solamente para la canonizaci\u00f3n, mientras la beatificaci\u00f3n consist\u00ed\u00ada en la simple lectura del decreto. Pablo VI quiso acentuar el car\u00e1cter lit\u00fargico tambi\u00e9n de la beatificaci\u00f3n, procediendo \u00e9l mismo a la proclamaci\u00f3n del beato en el curso de la misa, como para la canonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En las iglesias ortodoxas son raras las canonizaciones. Son decretadas por el S\u00ed\u00adnodo y proclamadas por el patriarca, como se hizo en 1972 con Lidia, la vendedora de p\u00farpura de Tiatira bautizada por san Pablo (cf Heb 16:11-16). La \u00faltima canonizaci\u00f3n efectuada por la iglesia de Rusia fue la de san Seraf\u00ed\u00adn de Sarov, celebrada en 1907. Las iglesias luteranas y las de la comuni\u00f3n anglicana, aunque no hablan de canonizaci\u00f3n propiamente dicha, inscriben en los propios calendarios diversos nombres de eminentes cristianos.<\/p>\n<p>Por ejemplo, en el calendario de la iglesia evang\u00e9lica de Alemania leemos el nombre de Dietrich Bonhoeffer junto a los de Tertuliano, Or\u00ed\u00adgenes y Pascal. El calendario de la iglesia episcopaliana de Canad\u00e1 trae los nombres de Bartolom\u00e9 de Las Casas y de Mart\u00ed\u00adn Lutero King, junto a los de numerosos misioneros m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>III. Culto lit\u00fargico y devoci\u00f3n popular<br \/>\nEl culto lit\u00fargico ocupa evidentemente el primer puesto en la celebraci\u00f3n de los santos, pero se mezcla en muchos aspectos con la devoci\u00f3n popular. M\u00e1s a\u00fan, se podr\u00ed\u00ada afirmar que, si no se beneficiase de ese substrato, ser\u00ed\u00ada en cierta medida artificial.<\/p>\n<p>1. EL cuLTO LIT\u00daRGICO. a) El aniversario. Desde el principio, el culto de los m\u00e1rtires consist\u00ed\u00ada en la vigilia nocturna celebrada en su aniversario junto a la tumba. La humilde vigilia del tiempo de persecuci\u00f3n, como la que celebr\u00f3 el presb\u00ed\u00adtero Pionio junto con dos mujeres en la fiesta de san Policarpo (a. 250), despu\u00e9s de la paz constantiniana se transform\u00f3 en amplias asambleas, en las que el j\u00fabilo popular rodeaba las bas\u00ed\u00adlicas cementeriales, donde los fieles celebraban el oficio. \u00abAlgunos dentro salmodian, leen y celebran el misterio; mientras tanto otros llenan todo el espacio circundante con el sonido de cuernos y flautas\u00bb, escrib\u00ed\u00ada en Egipto el abad Schenute, en el s. v. Lo mismo suced\u00ed\u00ada en todas las regiones. A la lectura de la biblia se a\u00f1ad\u00ed\u00ada la de la pasi\u00f3n del santo, que a veces se hab\u00ed\u00ada escrito expresamente para la circunstancia. La eucarist\u00ed\u00ada sol\u00ed\u00ada celebrarse dos veces: la primera junto a la tumba, al final de la vigilia (in vigilia); la segunda, por la ma\u00f1ana (in die).<\/p>\n<p>b) La inscripci\u00f3n en el martirologio. El aniversario de los m\u00e1rtires, y luego el de los otros santos, se registraba en el calendario local. En el s. viii el calendario de la iglesia romana se introdujo en los pa\u00ed\u00adses francos, pero indudablemente ya hab\u00ed\u00ada llegado antes a Inglaterra. Desde entonces abasteci\u00f3 de un fondo com\u00fan a los calendarios de las otras iglesias de Occidente, contribuyendo a conservar en la memoria del pueblo el recuerdo de los santos y a suscitar la devoci\u00f3n hacia ellos.<br \/>\nA partir del a\u00f1o (1584) en que el martirologio romano se hizo libro oficial, se ha inscrito en \u00e9l a todo nuevo santo, cumpliendo a la letra lo que mandaba la f\u00f3rmula de canonizaci\u00f3n pronunciada por el papa: \u00abNos declaramos y definimos que el beato N. es santo. Nos lo inscribimos en el cat\u00e1logo de los santos y decretamos que sea honrado en toda la iglesia entre los santos\u00bb. S\u00f3lo los santos m\u00e1s importantes se celebran \u00aben toda la iglesia\u00bb. Y solamente la manifestaci\u00f3n efectiva de un culto universal da derecho a la lectura de su breve biograf\u00ed\u00ada en el martirologio, en el aniversario de su muerte. La inscripci\u00f3n en el martirologio es, pues, una forma de culto lit\u00fargico que no se deber\u00ed\u00ada infravalorar.<\/p>\n<p>c) El formulario eucol\u00f3gico. Desde el momento de su canonizaci\u00f3n, todo santo es dotado de un formulario eucol\u00f3gico. A partir del s. xvi ya no se remite totalmente al com\u00fan, sino que se compone una misa y un oficio en honor del nuevo santo. Lo m\u00ed\u00adnimo consiste en la redacci\u00f3n de la colecta y en la elecci\u00f3n de las lecturas para la misa y del texto hagiogr\u00e1fico para el oficio. A trav\u00e9s de estos textos se presenta a la comunidad celebrante la fisonom\u00ed\u00ada espiritual del santo. La elecci\u00f3n de las lecturas b\u00ed\u00adblicas permitir\u00e1 meditar sobre la palabra de Dios a la luz de los ejemplos concretos de hombres y mujeres que la han vivido intensamente.<\/p>\n<p>d) La veneraci\u00f3n de las reliquias y de las im\u00e1genes de un santo no es un hecho ajeno a la liturgia, como testimonia la constituci\u00f3n lit\u00fargica del Vat. II: \u00abDe acuerdo con la tradici\u00f3n, la iglesia rinde culto a los santos y venera sus im\u00e1genes y sus reliquias aut\u00e9nticas\u00bb (SC 111).<\/p>\n<p>Los primeros siglos comprendieron el v\u00ed\u00adnculo que existe entre las reliquias de los m\u00e1rtires y la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. San Ambrosio se alegraba de poder depositar bajo el altar los cuerpos de aquellos que hab\u00ed\u00adan estado m\u00e1s cerca del misterio pascual de Cristo. La edad media llev\u00f3 m\u00e1s adelante la propia devoci\u00f3n y no dud\u00f3 en colocar sobre el altar preciosos relicarios, decorados de esmaltes y piedras preciosas. Estos se incensaban durante la celebraci\u00f3n. Era f\u00e1cil, en el s. xn, ver al papa inaugurar la vigilia de las fiestas mayores en la bas\u00ed\u00adlica vaticana con una diligente peregrinaci\u00f3n a los m\u00faltiples altares dedicados a los santos, procediendo a su incensaci\u00f3n. Hoy se agradece una mayor discreci\u00f3n en este culto de las reliquias y se prefiere volver a la costumbre antigua.<\/p>\n<p>Oriente, en su veneraci\u00f3n de los iconos, tendr\u00ed\u00ada alguna lecci\u00f3n que dar a toda la iglesia sobre el culto de las im\u00e1genes. En las iglesias orientales, im\u00e1genes y estatuas no tienen una funci\u00f3n puramente decorativa; deben asegurar m\u00e1s bien una mediaci\u00f3n entre lo visible y lo invisible. Por eso el Vat. II prescribe: \u00abMant\u00e9ngase firmemente la pr\u00e1ctica de exponer en las iglesias im\u00e1genes sagradas a la veneraci\u00f3n de los fieles; h\u00e1gase, sin embargo, con moderaci\u00f3n en el n\u00famero y guardando entre ellas el debido orden, a fin de que no se cause extra\u00f1eza al pueblo cristiano ni favorezcan una devoci\u00f3n menos ortodoxa\u00bb (SC 125). Es f\u00e1cil intuir que el culto de las im\u00e1genes act\u00faa como bisagra entre la liturgia y la devoci\u00f3n popular.<\/p>\n<p>Con el culto de las reliquias y de las im\u00e1genes podemos tambi\u00e9n enlazar la erecci\u00f3n de una iglesia o de un altar bajo el t\u00ed\u00adtulo de un santo. Es \u00e9ste un honor que no se le otorga a un beato (cf RDI, n. 4, p. 24). El t\u00ed\u00adtulo es una invitaci\u00f3n a dar gloria a Dios por las maravillas que ha hecho en su siervo y, a la vez, recuerda el poder de intercesi\u00f3n del santo invocado en ese lugar. Por lo que se refiere al altar, el rito para la Dedicaci\u00f3n de iglesias y de altares afirma: \u00abPor su misma naturaleza, el altar se dedica s\u00f3lo a Dios, puesto que el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico solamente se ofrece a \u00e9l. En este sentido debe entenderse la costumbre de la iglesia de dedicar altares a Dios en honor de los santos, como lo expresa bellamente san Agust\u00ed\u00adn: `A ninguno de los m\u00e1rtires, sino al mismo Dios de los m\u00e1rtires levantamos altares&#8217; (Contra Faustum XX, 21)\u00bb (RDI, n. 10, p. 78).<\/p>\n<p>2. LA DEVOCI\u00ed\u201cN POPULAR. El culto popular de los santos cubre un terreno muy amplio, extendi\u00e9ndose desde la celebraci\u00f3n festiva del patrono local hasta abrazar algunas pr\u00e1cticas afro-americanas, donde se advierte que los santos todav\u00ed\u00ada no han logrado desplazar del todo a los \u00ed\u00addolos. Aqu\u00ed\u00ad nos limitaremos a las formas m\u00e1s difundidas.<\/p>\n<p>a) Los santos preferidos por el culto popular. La santa m\u00e1s popular es sin duda alguna la inmaculada Madre de Dios, la \u00abReina de todos los santos\u00bb. Bajo los t\u00ed\u00adtulos m\u00e1s diversos se la venera en todas las iglesias, y sus santuarios atraen masas de peregrinos. Los bosques de velas que arden ante sus im\u00e1genes son un testimonio del fervor del pueblo cristiano por ella.<\/p>\n<p>Ciertamente, grandes santos como Francisco de As\u00ed\u00ads y Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas son tambi\u00e9n objeto de culto popular, pero con frecuencia se constata un hiato entre el calendario lit\u00fargico y la devoci\u00f3n de la gente. No siempre los santos que m\u00e1s han influido en la vida de la iglesia son los m\u00e1s venerados. San Blas aventaja a san Agust\u00ed\u00adn. Los que atraen la piedad del pueblo son sobre todo los santos auxiliadores, o sea, aquellos a los que se invoca para tener protecci\u00f3n en las dificultades, curaci\u00f3n en la enfermedad, \u00e9xito en el trabajo, felicidad en familia. Algunos reciben un culto muy antiguo, como san Sebasti\u00e1n, invocado contra la peste desde el s. Vi. Despu\u00e9s han llegado san Antonio de Padua, que ayuda a encontrar objetos perdidos; santa Rita, abogada de las causas dif\u00ed\u00adciles, etc. El elenco es diferente seg\u00fan las regiones.<\/p>\n<p>Santos muy populares son tambi\u00e9n los patronos de los lugares. No s\u00f3lo el patrono de la ciudad o barrio, sino tambi\u00e9n el titular de la modesta capilla junto a la que mana una fuente milagrosa. Ciertas naciones, como Irlanda o Breta\u00f1a, honran a santos cuya fama se limita a un c\u00ed\u00adrculo muy restringido. Pero cuanto m\u00e1s reducido es el territorio, m\u00e1s intenso es el fervor. Al comienzo de nuestro siglo hubo un movimiento para dar patronos a las naciones, incluso a los continentes; pero ciertamente debemos reconocer que la piedad popular no ha correspondido nunca a ning\u00fan decreto eclesi\u00e1stico. Con frecuencia, al contrario, precede la decisi\u00f3n de la autoridad con su fidelidad a la memoria de un siervo de Dios, cuya causa de canonizaci\u00f3n puede estar todav\u00ed\u00ada lejos de su conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Junto a los patronos locales se mencionan los patronos de las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades, los de las diversas categor\u00ed\u00adas (por ejemplo, los santos Cosme y Dami\u00e1n, patronos de los m\u00e9dicos; san Isidro, patr\u00f3n de los agricultores, etc.). A veces la elecci\u00f3n se funda sobre una tradici\u00f3n legendaria (san Jorge, patrono de los caballeros), o incluso sobre un juego de palabras (san Cornelio, patrono de los animales con cuernos).<\/p>\n<p>La piedad popular, en fin, est\u00e1 unida a lugares donde ha vivido un santo y en los que se conservan sus objetos de uso cotidiano. Esto constituye, por ejemplo, el encanto de la devoci\u00f3n romana a san Luis Gonzaga, a san Felipe Neri y a san Jos\u00e9 Benito Labre cuando el peregrino visita los lugares en que ellos vivieron v murieron.<\/p>\n<p>b) Los modos de expresi\u00f3n del culto popular. La devoci\u00f3n popular se expresa sobre todo en la celebraci\u00f3n m\u00e1s festiva de la liturgia del d\u00ed\u00ada. Con frecuencia, el aniversario del patrono es d\u00ed\u00ada de vacaci\u00f3n; la multitud acude m\u00e1s numerosa; los cantos est\u00e1n mejor preparados. Por las calles puede que desfile una procesi\u00f3n, a menudo plagada de banderas y estandartes. Espont\u00e1neamente, la fiesta religiosa se prolonga en la fiesta profana: juegos y danzas, competiciones deportivas, a veces desfiles hist\u00f3ricos, desaf\u00ed\u00ados entre zonas vecinas. La fiesta es popular en la medida en que logra suscitar m\u00faltiples actividades locales y crear un clima de alegr\u00ed\u00ada un\u00e1nime, a la que no son ajenos tampoco los no-practicantes o los no-creyentes.<\/p>\n<p>El culto popular gusta de expresarse mediante los s\u00ed\u00admbolos que emplea la liturgia -el agua, el fuego, la luz-, d\u00e1ndoles una nueva capacidad de expresi\u00f3n. Las hogueras de la tarde de san Juan enlazan esta fiesta con las diversiones por el solsticio de verano, desde el momento que este santo \u00abvino para ser testigo de la luz\u00bb. En Lourdes, la procesi\u00f3n aux flambeaux se desarrolla de noche, elevando al invisible sus avemar\u00ed\u00adas. El agua milagrosa de la fuente lava los cuerpos de los enfermos y regenera los corazones.<\/p>\n<p>Aunque la liturgia exponga al culto las sagradas im\u00e1genes y rodee de incienso las reliquias de los santos, puede suceder que este culto tome de la religiosidad y fervor populares un desarrollo exagerado. Entonces se ve el altar del sant\u00ed\u00adsimo sacramento olvidado en beneficio de la estatua del santo taumaturgo, a no ser que la urna del mismo no est\u00e9 sobre el altar, envuelta en una nube de gloria. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, la tumba venerada, adornada de flores y rodeada de l\u00e1mparas, puede polarizar excesivamente la atenci\u00f3n. En las grutas vaticanas los peregrinos se api\u00f1an sobre la tumba de Juan XXIII, mientras echan solamente de pasada una mirada descuidada al lugar donde fue sepultado el ap\u00f3stol Pedro.<\/p>\n<p>En lo que tiene de bueno, el culto popular es una valoraci\u00f3n del culto lit\u00fargico. Por tanto, debe escapar al peligro de las desviaciones cuando se rompe el equilibrio y una forma accesoria de culto se impone como elemento esencial. Pero las posibles excrecencias no quitan su importancia a los grandes momentos de fervor colectivo, en los que el pueblo de los bautizados toma conciencia de ser un pueblo de salvados en camino hacia la felicidad.<\/p>\n<p>IV. El Vat. II y el culto de los santos<br \/>\nLa constituci\u00f3n lit\u00fargica del Vat. II dedica dos art\u00ed\u00adculos al culto de los santos. Despu\u00e9s de haber levantado acta del culto tradicional de los m\u00e1rtires y de otros santos en la liturgia, el concilio esboza una teolog\u00ed\u00ada (SC 104) y le asigna unos l\u00ed\u00admites \u00abpara que las fiestas de los santos no prevalezcan sobre los misterios de la salvaci\u00f3n\u00bb (SC 111). Los principios de reforma que gu\u00ed\u00adan la aplicaci\u00f3n de esta norma se enmarcan en el conjunto de la legislaci\u00f3n conciliar sobre la liturgia: tambi\u00e9n el culto de los santos debe alimentar la fe del pueblo cristiano (SC 33), ofreciendo lecturas b\u00ed\u00adblicas m\u00e1s abundantes (SC 24; 35); tendr\u00e1 una noble sencillez y evitar\u00e1 las repeticiones in\u00fatiles (SC 34); respetar\u00e1 el car\u00e1cter primordial de la celebraci\u00f3n dominical (SC 106). Este amplio trabajo de reforma empezar\u00e1 por un cuidadoso estudio teol\u00f3gico, hist\u00f3rico y pastoral (SC 23). As\u00ed\u00ad era el programa. \u00bfC\u00f3mo se ha realizado? Para comprenderlo conviene recordar las formas de la celebraci\u00f3n del culto de los santos en 1960.<\/p>\n<p>1. EL CULTO DE LOS SANTOS EN 1960. La manera en que entonces se celebraba el culto lit\u00fargico de los santos presenta tres caracter\u00ed\u00adsticas: un calendario muy rico; formularios m\u00e1s bien pobres; una reglamentaci\u00f3n restrictiva.<\/p>\n<p>a) El calendario. El esqueleto del Calendario universal de la iglesia romana en 1960 estaba formado todav\u00ed\u00ada por el Breviario tridentino, promulgado en 1568. Este \u00faltimo, a su vez, ten\u00ed\u00ada detr\u00e1s una larga historia. En el s. VIII se hab\u00ed\u00ada elaborado en los pa\u00ed\u00adses francos un calendario que recog\u00ed\u00ada las diversas tradiciones locales de Roma, a\u00f1adi\u00e9ndole las fiestas de los ap\u00f3stoles y las de los cuatro doctores de Occidente. Del s. Ix al xii este calendario se hab\u00ed\u00ada ampliado acogiendo numerosos m\u00e1rtires no romanos popularizados por las leyendas y los papas de los primeros siglos, considerados tambi\u00e9n m\u00e1rtires. All\u00ed\u00ad figuraban tambi\u00e9n los nombres de algunos santos orientales, como Antonio de Egipto y Juan Cris\u00f3stomo. El calendario lateranense de finales del s. xii da una s\u00ed\u00adntesis de \u00e9l, destinada a perpetuarse hasta nuestros d\u00ed\u00adas. Mientras las iglesias de Oriente, a excepci\u00f3n de la rusa, no celebran pr\u00e1cticamente ning\u00fan santo posterior al a\u00f1o 1000, la iglesia romana ha querido que su calendario permaneciese abierto para acoger las grandes figuras espirituales de las generaciones sucesivas. La pl\u00e9yade de santos del s. xIII, entre ellos Francisco de As\u00ed\u00ads, encontrar\u00e1n en \u00e9l un puesto de primera l\u00ed\u00adnea.<\/p>\n<p>El calendario tridentino acept\u00f3 la herencia del pasado, llevando a cabo, de todas formas, una selecci\u00f3n para reducir las fiestas a menos de doscientas. Pretend\u00ed\u00ada seguir siendo, sobre todo, el calendario de los m\u00e1rtires romanos y de los santos de las \u00e9pocas m\u00e1s antiguas. En \u00e9l s\u00f3lo seis nombres se refieren al segundo milenio: los de san Bernardo, santo Domingo, san Francisco, santa Clara, san Luis IX, rey de Francia, y santo Tom\u00e1s de Aquino. Se encuentran tambi\u00e9n las fiestas, m\u00e1s recientes, de la Visitaci\u00f3n y de la Concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada y de san Jos\u00e9.<\/p>\n<p>De 1584 a 1960 se asiste a modificaciones profundas: las fiestas se multiplican; las de los santos no m\u00e1rtires son ahora preponderantes, si no num\u00e9ricamente, al menos por el grado de su celebraci\u00f3n. Algunas cifras nos reveler\u00e1n en qu\u00e9 medida se hab\u00ed\u00ada apelmazado el santoral romano desde la \u00e9poca de Gregorio XIII a la de Juan XXIII: se cuentan trece fiestas nuevas de 1584 a 1600; cuarenta y nueve en el s. xvll; treinta y dos en el xvIII; veinticinco en el xix y veintis\u00e9is de 1900 a 1960. En total, ciento cuarenta y cinco fiestas nuevas.<\/p>\n<p>b) Los formularios. En los formularios del Misal tridentino hay que distinguir los textos de las misas heredadas de los antiguos sacramentarios y leccionarios de los de las misas introducidas posteriormente. Los primeros revelan una cierta variedad, aun manteni\u00e9ndose en t\u00e9rminos m\u00e1s bien gen\u00e9ricos. Ninguno pretend\u00ed\u00ada referirse a la personalidad del santo que se celebraba; bastaba con saber que uno hab\u00ed\u00ada sido m\u00e1rtir y otro confesor pont\u00ed\u00adfice o no. Para las misas introducidas antes del s. XVIII se remit\u00ed\u00adan normalmente al com\u00fan, excepto para la colecta. Por eso aparec\u00ed\u00adan con frecuencia las mismas lecturas, tanto que un buen n\u00famero de sacerdotes se sab\u00ed\u00ada bastantes de memoria.<\/p>\n<p>Otro tanto suced\u00ed\u00ada con el oficio divino. Este, adem\u00e1s, estaba lleno de lecturas hagiogr\u00e1ficas de escaso nivel. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s de la promulgaci\u00f3n del Breviario de 1568, se ped\u00ed\u00ada ya su revisi\u00f3n. Pese a los intentos de Benedicto XIV y de P\u00ed\u00ado X, ning\u00fan proyecto lleg\u00f3 a t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>c) Las normas para la celebraci\u00f3n. En 1568 las fiestas se clasificaban en cuatro categor\u00ed\u00adas: doble, semidoble, sencilla y memoria. En el s. xvn las dobles se dividieron en dobles de primera clase y de segunda, en doble mayor y doble menor: de aqu\u00ed\u00ad se segu\u00ed\u00ada una jerarqu\u00ed\u00ada de ocho grados. Hasta 1911, todas las fiestas de rito doble ten\u00ed\u00adan precedencia sobre el domingo, excepto los m\u00e1s importantes, como el 1 de adviento y el 1 de cuaresma, de manera que el ciclo temporal estaba ahogado por el santoral.<\/p>\n<p>Seg\u00fan las r\u00fabricas de 1568, toda fiesta tomaba \u00ed\u00adntegramente su formulario del propio o del com\u00fan. Esa regla estuvo en vigor hasta 1969 para la misa y hasta 1911 para el oficio. Cuando se celebraba la misa de un santo no se pod\u00ed\u00adan utilizar las lecturas de la feria, ni siquiera en cuaresma. Igualmente, el oficio deb\u00ed\u00ada tomar la salmodia de un repertorio bastante restringido y utilizar una selecci\u00f3n de lecturas b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas sumamente limitadas. En consecuencia, el oficio ferial se celebraba raramente, mientras que la lectura b\u00ed\u00adblica continua desapareci\u00f3 casi por completo.<\/p>\n<p>2. LA REFORMA DE 1969. En continuidad con la reforma emprendida sesenta a\u00f1os antes por el papa san P\u00ed\u00ado X, el proyecto del Vat. II era restaurar el orden de valores en el a\u00f1o lit\u00fargico, dando la prioridad a la celebraci\u00f3n de los misterios de la salvaci\u00f3n respecto al culto de los santos. Si quer\u00ed\u00ada tener futuro, esa reforma no pod\u00ed\u00ada contentarse con revisar el calendario, que ciertamente debe estar abierto a las aportaciones del tiempo. Era necesario, pues, sobre todo, proponer normas lo bastante el\u00e1sticas para armonizar las memorias de los santos con la liturgia del tiempo en una misma celebraci\u00f3n. Tambi\u00e9n hac\u00ed\u00ada falta refundir los textos del Misal y del Oficio y enriquecerlos con lecturas.<\/p>\n<p>a) El \u00abCalendarium Romanum generale\u00bb. Se adopt\u00f3 este t\u00ed\u00adtulo para indicar que ese calendario deb\u00ed\u00ada integrarse con la adopci\u00f3n de calendarios particulares, planteados seg\u00fan los mismos principios. Efectivamente, el concilio hab\u00ed\u00ada decretado que \u00abse deje la celebraci\u00f3n de muchas de ellas a las iglesias particulares, naciones o familias religiosas, extendiendo a toda la iglesia s\u00f3lo aquellas que recuerden a santos de importancia realmente universal\u00bb (SC 111).<\/p>\n<p>Si se hubiera cumplido a la letra esa prescripci\u00f3n, se deber\u00ed\u00ada haber suprimido la inmensa mayor\u00ed\u00ada de los nombres inscritos en el calendario. Pero \u00bfhabr\u00ed\u00ada aceptado el pueblo cristiano una soluci\u00f3n tan radical? Por ello se atuvieron a la norma general formulada por la misma constituci\u00f3n lit\u00fargica, seg\u00fan la cual \u00abno se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la iglesia\u00bb (SC 23). En la revisi\u00f3n del calendario se ha querido aligerarlo y a la vez enriquecerlo, procediendo tambi\u00e9n a los cambios de fechas exigidos por la fijaci\u00f3n de la fiesta de un santo en el aniversario de su muerte.<\/p>\n<p>Aligerar y enriquecer el elenco de los santos. Los dos objetivos, aparentemente contradictorios, se conciliaron de la siguiente manera. En primer lugar se redujeron a menos de ciento ochenta las memorias de santos propuestas, comenzando por la exclusi\u00f3n de los personajes que levantaban mayores dificultades desde el punto de vista de su existencia (por ejemplo, Juan y Pablo, Pudenciana, Cipriano y Justina, Ursula, Catalina, F\u00e9lix de Valois). Se decidi\u00f3 asimismo suprimir la menci\u00f3n de los m\u00e1rtires locales de Roma de los que no se conoc\u00ed\u00ada nada excepto el nombre y los aniversarios (por ejemplo, Gorgonio, Timoteo, Emerenciana), y tambi\u00e9n de los fundadores y fundadoras de los antiguos lugares de culto (Prisca, Sabina, Cris\u00f3gono, Eusebio). De todas formas se han conservado, junto a los nombres de m\u00e1rtires recuperados del olvido (Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Justino, Fabi\u00e1n, Cornelio, Sixto y sus di\u00e1conos, In\u00e9s), tambi\u00e9n los titulares de las bas\u00ed\u00adlicas visitadas por los peregrinos con mayor asiduidad y constancia (Cecilia, Sebasti\u00e1n, Pancracio, Nereo y Aquiles). Despu\u00e9s conven\u00ed\u00ada remitir a los calendarios propios a todos aquellos santos, en su mayor\u00ed\u00ada italianos, cuyo recuerdo iba unido solamente a un territorio restringido o a una familia religiosa (Ubaldo, Juan Gualberto, Juliana de Falconieri, Eduardo, Remigio, Jacinto). Esta fue la gran labor de aligeramiento.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n hac\u00ed\u00ada falta enriquecer el calendario romano, acentuando su car\u00e1cter universal. Ya despu\u00e9s del concilio Vat. I, de 1874 a 1920, hab\u00ed\u00adan aparecido en el calendario los nombres de numerosos padres de la iglesia oriental y de los grandes misioneros de la alta edad media (Ireneo, los dos Cirilos, de Jerusal\u00e9n y de Alejandr\u00ed\u00ada; Efr\u00e9n, Juan Damasceno, Cirilo y Metodio, Agust\u00ed\u00adn de Canterbury, Bonifacio, Beda el Venerable). No quedaba sino ensanchar el \u00e1ngulo de visi\u00f3n a toda la iglesia extendida por el mundo; por eso se incluyeron las memorias de los m\u00e1rtires canadienses, japoneses y ugandeses, y del protom\u00e1rtir de Ocean\u00ed\u00ada, Pedro Chanel.<\/p>\n<p>Al fijar el elenco de los santos se ha querido destacar la perennidad de la santidad, y especialmente del martirio, a lo largo de la historia. Despu\u00e9s de los m\u00e1rtires del circo de Ner\u00f3n en el Vaticano y de los primeros siglos encontramos a los papas Juan I (s. vQ y Mart\u00ed\u00adn I (s. vil); Bonifacio, el ap\u00f3stol de Alemania (s. vm); Wenceslao (s. x), Tom\u00e1s Becket y Estanislao (s. xt), Juan Fisher y Tom\u00e1s Moro, as\u00ed\u00ad como los m\u00e1rtires de Nagasaki (s. xvi), Fidel de Sigmaringen y los m\u00e1rtires canadienses (s. xvti), Pedro Chanel y los m\u00e1rtires ugandeses (s. xtx), Mar\u00ed\u00ada Goretti (s. xx). Nada mejor que este elenco para ilustrar la afirmaci\u00f3n de la colecta del 17 de octubre, memoria de san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada: \u00ab&#8230; Deus, qui sanctorum martyrum confessionibus ecclesiae tuae sacrum corpus exornas&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Celebrar el d\u00ed\u00ada aniversario. El culto de los m\u00e1rtires comenz\u00f3 por la reuni\u00f3n de los fieles junto a sus tumbas \u00aben los d\u00ed\u00adas en que recibieron la corona\u00bb (calendario de Nicomedia). Hasta el s. xi fue una preocupaci\u00f3n constante la de respetar el d\u00ed\u00ada aniversario. Pero Ad\u00f3n de Vienne ya hab\u00ed\u00ada introducido en su martirologio fechas elegidas por \u00e9l mismo (por ejemplo, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, el 1 de febrero; Policarpo, el 26 de enero; Basilio, el 14 de junio), y estas fechas pasaron a los calendarios sucesivos. A partir del s. xvn, la elecci\u00f3n de fechas se hizo por las razones m\u00e1s f\u00fatiles: Vicente de Pa\u00fal se fij\u00f3 el 19 de julio, que marcaba el final del a\u00f1o escolar en los seminarios lazaristas; Juan Damasceno y Juan de Capistrano, el 27 y 28 de marzo, para rellenar los huecos de la cuaresma. Obviamente se impon\u00ed\u00ada el retorno a las fuentes. Esto explica muchos cambios de fechas introducidos en el calendario de 1969. Con frecuencia se permite a la iglesia romana celebrar a un santo oriental en el mismo d\u00ed\u00ada que en su pa\u00ed\u00ads de origen, como Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada y Policarpo. De todas formas se han hecho tres excepciones: los aniversarios de san Benito, san Gregorio Magno y santo Tom\u00e1s de Aquino, que ca\u00ed\u00adan siempre en cuaresma, se trasladaron a otras fechas, en conexi\u00f3n por otros conceptos con su memoria, para facilitar la celebraci\u00f3n festiva. Efectivamente, Benito era celebrado desde el s. vtil en los pa\u00ed\u00adses francos el 11 de julio, aunque desconozcamos la raz\u00f3n de esta elecci\u00f3n. El 3 de septiembre es el aniversario de la ordenaci\u00f3n episcopal de san Gregorio Magno, y el 28 de enero el del traslado de los restos de santo Tom\u00e1s de Aquino a Tolosa.<\/p>\n<p>b) Los formularios de la misa y del oficio. Los formularios de la misa indican las lecturas y las oraciones. El leccionario de los santos ha sido provisto de un repertorio abundante. Algunas lecturas van unidas a una determinada fiesta; la mayor parte se agrupan en los diversos comunes. Efectivamente, a trav\u00e9s de la lectura de la palabra de Dios es como mejor se puede penetrar en el alma del santo cuya memoria se celebra. Alguno de ellos ha descubierto en una determinada p\u00e1gina del<br \/>\n evangelio la luz decisiva para su propia vida; por tanto, era conveniente que se leyera ese texto en su aniversario.<\/p>\n<p>Las oraciones se han revisado atentamente. Ha sido posible utilizar las numerosas fuentes lit\u00fargicas editadas en los \u00faltimos siglos (sacramentarios romanos, ambrosianos y galicanos; misales franceses del s. xvIII). Se ha querido liberar a las oraciones de expresiones demasiado manidas, como la del florecer de una nueva familia religiosa, o de alusiones de desprecio hacia la realidad terrena (\u00abterrena despicere\u00bb). Tambi\u00e9n se ha querido personalizar los formularios con referencias al esp\u00ed\u00adritu que ha animado al santo o a la misi\u00f3n que ha cumplido en la iglesia.<\/p>\n<p>El concilio hab\u00ed\u00ada prescrito que se restituyeran a la verdad hist\u00f3rica en el oficio divino las pasiones o vidas de los santos (SC 92). La empresa era dif\u00ed\u00adcil en s\u00ed\u00ad misma, porque la historia, como toda ciencia, est\u00e1 en perpetuo progreso, y siempre ha de ser necesariamente provisional toda s\u00ed\u00adntesis de las adquisiciones hagiogr\u00e1ficas. As\u00ed\u00ad pues, se opt\u00f3 en la Liturgia de las Horas de 1970 por una soluci\u00f3n m\u00e1s realista y capaz de ofrecer un alimento espiritual de mejor calidad. Por una parte, cada una de las memorias se abre con una breve noticia hist\u00f3rica, que encuadra sumariamente la vida del personaje; por otra, todo santo lleva una lectura que permite conocerlo mejor o alimentarse mejor con su mensaje. Para los santos que han dejado escritos era obvia la selecci\u00f3n de una de sus mejores p\u00e1ginas. Cuando se poseen las actas aut\u00e9nticas de un m\u00e1rtir o un documento contempor\u00e1neo (como en el caso de Justino, Policarpo, Cipriano), se propone lo esencial de ellas como lectura. Igualmente se han podido utilizar los testimonios de los bi\u00f3grafos antiguos o los recuerdos de los que vivieron en intimidad con el santo (por ejemplo, Beda el Venerable, Juana de Chantal). Cada vez que se ha tenido que fijar la lectura de un fundador de familia religiosa se ha confiado la elecci\u00f3n a los responsables de la misma familia.<\/p>\n<p>c) Las nuevas normas para la celebraci\u00f3n han permitido llevar a la pr\u00e1ctica la voluntad del concilio de dar la preferencia a la liturgia de los misterios de la salvaci\u00f3n respecto a las memorias de los santos y de no imponer a toda la iglesia nada m\u00e1s que las fiestas de los santos m\u00e1s conocidos.<\/p>\n<p>Los grados de la celebraci\u00f3n de un santo se han reducido a tres: solemnidad, fiesta y memoria. Se celebran como solemnidad, adem\u00e1s de las de la Madre de Dios, las fiestas del nacimiento de san Juan Bautista, san Jos\u00e9, los santos Pedro y Pablo y Todos los Santos. Se celebran como fiesta los aniversarios de los ap\u00f3stoles y evangelistas, las conmemoraciones de los santos arc\u00e1ngeles, de los di\u00e1conos san Esteban y san Lorenzo, de los santos Inocentes. Todas las dem\u00e1s celebraciones son memorias. Pero la novedad m\u00e1s interesante es la que distingue entre memorias obligatorias y memorias libres. Hay sesenta y tres memorias obligatorias y noventa y cinco memorias libres. El n\u00famero de estas \u00faltimas habr\u00ed\u00ada sido mayor si el papa Pablo VI, al final, no hubiera hecho obligatorias en vez de libres ciertas memorias de santos, y sobre todo de santas (Cecilia, Agueda, Luc\u00ed\u00ada, Escol\u00e1stica, Clara, Isabel de Hungr\u00ed\u00ada). La Conferencia episcopal espa\u00f1ola se ha limitado a elevar al grado de fiesta la celebraci\u00f3n de san Isidoro (26 de abril), santa Teresa de Avila (15 de octubre) y los santos Cirilo y Metodio (14 de febrero), en cuanto patronos de Europa.<\/p>\n<p>El modo de celebraci\u00f3n. Lo que importa, m\u00e1s que el n\u00famero de fiestas o de memorias obligatorias, que no podr\u00e1 sino aumentar (Juan Pablo II ha hecho obligatorio el aniversario de san Estanislao), es el modo de celebraci\u00f3n. Solamente las solemnidades y las fiestas comportan un formulario propio completo, tanto para la misa cuanto para el oficio. Las memorias deben integrarse en la liturgia de la feria. Cuando se trate de una memoria obligatoria, solamente se est\u00e1 obligado a decir la oraci\u00f3n propia (con las lecturas, si se refieren expl\u00ed\u00adcitamente al santo) y a leer el texto hagiogr\u00e1fico. En cuaresma esta lectura se a\u00f1ade a la del d\u00ed\u00ada (OGLH 239).<\/p>\n<p>La experiencia ha confirmado la eficacia de la nueva reglamentaci\u00f3n. La celebraci\u00f3n de la feria, con la posibilidad de la lectura continua de la palabra de Dios, est\u00e1 s\u00f3lidamente asegurada; lo cual, de todas formas, no impide dejar amplio \u00e9spacio a las memorias libres, principalmente en los casos en que responden a un deseo de la devoci\u00f3n popular. La restauraci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico, comenzada por san P\u00ed\u00ado X en 1911, halla as\u00ed\u00ad su coronaci\u00f3n.<\/p>\n<p>V. Teolog\u00ed\u00ada y pastoral del culto de los santos<br \/>\nTanto la teolog\u00ed\u00ada como la pastoral del culto de los santos se basan en una teolog\u00ed\u00ada de la santidad y especialmente del martirio.<\/p>\n<p>1. LA REFLEXI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA. La f\u00f3rmula de la canonizaci\u00f3n comienza con estas palabras: \u00abPara gloria de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb. Al canonizar a uno de sus hijos, la iglesia santa ante todo canta la gloria de Dios, o sea, proclama solemnemente el amor con que Dios se ha inclinado hacia ella para revelar en el santo su propia imagen. Todo santo es una \u00abalabanza de la gloria de su gracia\u00bb (Efe 1:6), pero de hecho lo es solamente porque en \u00e9l vive Cristo (G\u00e1l 2:20). La santidad es identificaci\u00f3n con Cristo.<\/p>\n<p>a) Santidad y misterio pascual. La santidad no es otra cosa que el desarrollo supremo de la gracia bautismal. Es por tanto comuni\u00f3n con Cristo en el acto mismo de su muerte y resurrecci\u00f3n, en su pascua, como ense\u00f1a el Vat. II: \u00abAl celebrar el tr\u00e1nsito de los santos de este mundo al cielo, la iglesia proclama el misterio pascual cumplido en ellos, que sufrieron y fueron glorificados con Cristo\u00bb (SC 104).<\/p>\n<p>El martirio constituye la cumbre de la santidad, porque realiza plenamente el car\u00e1cter sacrificial de la vida espiritual, expresado con tanta fuerza por san Pablo: \u00abEstoy crucificado con Cristo\u00bb (G\u00e1l 2:19). Policarpo da gracias al Se\u00f1or porque le ha preparado un sacrificio \u00abagradable y completo\u00bb; pero \u00e9l participa en el c\u00e1liz de Cristo \u00abpara resucitar a la vida eterna del alma y del cuerpo en la incorruptibilidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Si en el martirio el que muere ofrece a la iglesia \u00abla perfecta expresi\u00f3n de la fe\u00bb (colecta de los santos Juan Fisher y Tom\u00e1s Moro, 22 de junio), lo hace porque Cristo testifica en \u00e9l el amor hacia el Padre. Los primeros fieles lo comprendieron pronto. Seg\u00fan la carta de los cristianos de Ly\u00f3n, \u00abel cuerpo de Potino estaba consumido por la vejez y las enfermedades, pero conservaba en s\u00ed\u00ad el alma, para que por \u00e9l triunfase Cristo\u00bb. Y Blandina, \u00abpeque\u00f1a, d\u00e9bil y despreciada, se hab\u00ed\u00ada revestido de Cristo\u00bb. Los compa\u00f1eros ve\u00ed\u00adan en ella a \u00abaquel que hab\u00ed\u00ada sido crucificado por ellos\u00bb.<\/p>\n<p>b) La imitaci\u00f3n de Cristo. Desde el momento que un santo es un miembro vivo de Cristo se comprende que los santos hayan vivido con los ojos fijos en \u00e9l, para reproducir su imagen en ellos mismos. Desde Esteban, que muere repitiendo las palabras del Crucificado, a Francisco de As\u00ed\u00ads, deseoso de vivir a la letra las bienaventuranzas, todos los santos han tenido como \u00fanico ideal la imitaci\u00f3n de su Se\u00f1or. Por eso reproducen fielmente su imagen. Quien ve a un santo ve a Cristo. Y cada uno de ellos puede repetir con san Pablo: \u00abSed imitadores m\u00ed\u00ados, como yo lo soy de Cristo\u00bb (1Co 11:1).<\/p>\n<p>c) La intercesi\u00f3n de los santos. La relaci\u00f3n entre los santos y los fieles que peregrinan aqu\u00ed\u00ad abajo se expone claramente en el primer prefacio de los santos. Despu\u00e9s de haber afirmado, siguiendo a Agust\u00ed\u00adn, que coronando sus m\u00e9ritos Dios corona su propia obra, el texto declara que el Se\u00f1or nos ofrece \u00abel ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesi\u00f3n y la participaci\u00f3n en su destino\u00bb. El primer y tercer punto no levantan objeci\u00f3n en las iglesias reformadas, pero el segundo no es aceptado. De todas formas, pertenece a la tradici\u00f3n un\u00e1nime de las iglesias de Oriente y Occidente, desde los or\u00ed\u00adgenes mismos. En la intercesi\u00f3n de los santos los cristianos expresan su fe en el misterio del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo: cuando un miembro est\u00e1 alegre, todos se alegran; cuando sufre, todos participan en su sufrimiento. Los santos no pueden, por tanto, ser insensibles a las necesidades de sus hermanos. Bien lo hab\u00ed\u00ada entendido santa Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas cuando lleg\u00f3 a decir y prometer: \u00abPasar\u00e9 todo mi para\u00ed\u00adso haciendo el bien en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>La intercesi\u00f3n comporta dos grados. En la misa nunca nos dirigimos a los santos, sino que, en la colecta, pedimos a Dios, por Cristo, que acepte la intercesi\u00f3n de tal santo en nuestro favor. La oraci\u00f3n sobre las ofrendas y tambi\u00e9n la oraci\u00f3n despu\u00e9s de la comuni\u00f3n prescinden de esta intervenci\u00f3n de los santos. En las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas pedimos tener parte con ellos en la vida eterna; en el canon romano nos encomendamos expl\u00ed\u00adcitamente a ellos: \u00abPor sus m\u00e9ritos y oraciones conc\u00e9denos en todo su protecci\u00f3n\u00bb. La liturgia de las Horas se abre, en las ant\u00ed\u00adfonas y en los himnos, a la oraci\u00f3n que sube hacia los santos. Esto significa que la iglesia cat\u00f3lica admite la mediaci\u00f3n de los santos, pero que vale para ellos, a fortiori, lo que el concilio afirma de la Virgen Mar\u00ed\u00ada: el recurso a ella como auxiliadora y mediadora \u00abha de entenderse de tal manera que no reste ni a\u00f1ada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador\u00bb (LG 62).<\/p>\n<p>2. LA ACCI\u00ed\u201cN PASTORAL. La pastoral relativa al culto de los santos es tributaria de muchas situaciones particulares. Aqu\u00ed\u00ad el culto de los santos tiende a ser excesivamente amplio; all\u00ed\u00ad est\u00e1 en fase descendente y necesita cobrar nuevamente el auge.-De todas formas, parece que se puede ofrecer una triple orientaci\u00f3n al respecto.<\/p>\n<p>a) El descubrimiento del verdadero rostro de los santos. El primer esfuerzo que hay que hacer es quiz\u00e1 el de redescubrir el aut\u00e9ntico rostro de los santos. La popularidad de un santo nace de la gente y con frecuencia tiene ra\u00ed\u00adces oscuras. La autoridad no puede ordinariamente ni promoverla ni oponerse a ella. Pero siempre es posible ayudar a los fieles a captar las virtudes centrales que han hecho de un cristiano un santo y a descubrir el elemento esencial de su mensaje. Si el t\u00ed\u00adtulo de doctor atribuido a san Antonio de Padua es quiz\u00e1 un poco exagerado, es de todos modos cierto que las excepcionales cualidades de predicador de este hijo de san Francisco han hecho de \u00e9l un baluarte de la fe frente a la herej\u00ed\u00ada catara y un ardiente defensor de los pobres. Esto es mucho m\u00e1s importante que cualquier otra leyenda de la que pueda derivar su reputaci\u00f3n. Tambi\u00e9n es sabido que los estudios e investigaciones sobre santa Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas han puesto de manifiesto en ella un alma bastante m\u00e1s probada en la fe de cuanto se pod\u00ed\u00ada suponer en torno al 1900. De esta forma, ha aparecido mucho m\u00e1s cercana a los cristianos de nuestro tiempo y m\u00e1s popular a todos los esp\u00ed\u00adritus que se mantienen en constante b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>b) La imitaci\u00f3n de los santos. En la memoria de todos los santos, la oraci\u00f3n propia pide siempre la gracia de seguir su ejemplo. Este aspecto del culto es decididamente esencial. Pero para que el personaje tenga una fuerza ejemplar, es necesario que su vida aparezca cercana a la de cada uno de nosotros. Ayer se sent\u00ed\u00adan atra\u00ed\u00addos sobre todo por las gracias extraordinarias que se hab\u00ed\u00adan concedido a un santo y por los milagros que realizaba; hoy se desea comprender sobre todo en qu\u00e9 se le puede imitar. Santa Br\u00ed\u00adgida de Suecia, que junto con el marido Ulfo educ\u00f3 a sus ocho hijos en una familia fervorosa, es una figura m\u00e1s ejemplar que no la Br\u00ed\u00adgida contemplativa, entregada a las propias visiones. Es verdad que fue la contemplaci\u00f3n la que sac\u00f3 a Br\u00ed\u00adgida del anonimato, pero sus virtudes animaban ya su vida de esposa y de madre. El pueblo cristiano es indudablemente sensible a esta admirable conexi\u00f3n entre la santidad y la vida cotidiana.<br \/>\nc) La intercesi\u00f3n de los santos. Si la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica justifica la intercesi\u00f3n de los santos, la acci\u00f3n pastoral debe ayudar a los fieles a encontrar el justo equilibrio entre el exceso y el rechazo. Rechazar a priori que se pueda recurrir a los santos significa colocarse fuera de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica y manifiesta una cierta ignorancia del misterio de la encarnaci\u00f3n. Pero el recurso a los santos debe quedar subordinado al recurso a Cristo. Ciertamente es leg\u00ed\u00adtimo adornar con flores las estatuas de los santos y encender l\u00e1mparas ante sus im\u00e1genes, pero es m\u00e1s importante venerar a Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada. La protecci\u00f3n de los santos no es ning\u00fan fruto de la magia, sino de la fe y del amor.<\/p>\n<p>En este campo, como en otros muchos, la liturgia se revela como una maestra de fe y una reguladora de la devoci\u00f3n: sigue record\u00e1ndonos que el homenaje m\u00e1s aut\u00e9ntico que el pueblo de Dios puede tributar a un santo, hoy como en \u00e9poca de las persecuciones, es celebrar su aniversario con una asamblea sagrada en torno a la mesa del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>P. Jounel<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Aldaz\u00e1bal J.-Roca J., Celebrar los santos, \u00abDossiers del CPL\u00bb 13, Barcelona 1981; Aldea Q., Hagiograf\u00ed\u00ada, en DHEE 2, Consejo S. de Investigaciones Cient\u00ed\u00adficas, Madrid 1972, 1073-1078; Brovelli F., Culto de los santos, en DTI, 2, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 224-229; Camarero J., La figura del santo en la Liturgia Hisp\u00e1nica, Instituto S. de Pastoral, Salamanca 1982; Grandez R., El sabor de las fiestas, \u00abDossiers del CPL\u00bb 26, Barcelona 1984; Jounel P., El culto de los santos, en A.G. Martimort, La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19672, 833-853; Niermann E., Santos (culto a los), en SM 6, Herder, Barcelona 1976, 249-256; Paterna P., El culto de los santos en la renovaci\u00f3n lit\u00fargica del Vaticano II, en \u00abPhase\u00bb 116 (1980) 143-150; Oriol J., E\/futuro martirologio romano, en \u00abPhase\u00bb 63 (1971) 297-299; Spinsanti S., M\u00e1rtir, en NDE, Paulinas, Madrid 1979, 869-880; VV.AA., El culto de los santos, PPC, Madrid 1983. V\u00e9ase tambi\u00e9n la bibliograf\u00ed\u00ada de Virgen Mar\u00ed\u00ada, Religiosidad popular y Devociones.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n: El \u00fanico Santo, el pueblo santo, los santos &#8211; I. El culto de los m\u00e1rtires: 1. El culto de los difuntos; 2. El culto de los testigos; 3. 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