{"id":17171,"date":"2016-02-05T11:10:33","date_gmt":"2016-02-05T16:10:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/signosimbolo\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:33","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:33","slug":"signosimbolo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/signosimbolo\/","title":{"rendered":"SIGNO\/SIMBOLO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Nociones de signo y de s\u00ed\u00admbolo &#8211; III. Simbolismo cristiano: 1. El simbolismo b\u00ed\u00adblico; 2. Desarrollo del simbolismo cristiano &#8211; IV. Los signos en la liturgia cristiana: 1. NT y antig\u00fcedad cristiana; 2. La reflexi\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn; 3. La edad media &#8211; V. Renovaci\u00f3n y problem\u00e1tica actual: 1. La reforma lit\u00fargica del Vat. II; 2. Leyes del simbolismo lit\u00fargico cristiano; 3. Crisis y \u00abchances\u00bb del simbolismo lit\u00fargico; 4. Misterio y s\u00ed\u00admbolo ritual; 5. Educaci\u00f3n para el simbolismo &#8211; VI. Conclusiones pastorales.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nLa liturgia cristiana se presenta como un complejo de signos y s\u00ed\u00admbolos que las ciencias humanas pueden estudiar a diferentes niveles, pero de los que s\u00f3lo se puede tener una comprensi\u00f3n plena y una experiencia aut\u00e9ntica dentro de un contexto de fe y de pertenencia a la iglesia.<\/p>\n<p>La tarea de profundizar la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica de la liturgia cristiana encuentra una primera dificultad en la imprecisi\u00f3n y equivocidad con que los t\u00e9rminos signo\/s\u00ed\u00admbolo se usan en diversos vocabularios referidos al vasto campo de lo simb\u00f3lico, o sea, ese conjunto de elementos sensibles en los que los hombres, siguiendo el dinamismo de las im\u00e1genes, captan significados que trascienden a las realidades concretas. Las t\u00ed\u00adpicas zonas de aparici\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo, o sea, los campos principales donde se profundiza su naturaleza y sus problemas, y donde por tanto se encuentran los t\u00e9rminos signo\/ s\u00ed\u00admbolo, son la fenomenolog\u00ed\u00ada de las religiones, la psicolog\u00ed\u00ada profunda, la creaci\u00f3n art\u00ed\u00adstica y literaria, la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y cristiana y la experiencia espiritual, ante todo la m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Superando las orientaciones intelectuales o positivistas de los siglos pasados y tomando postura contra las estrecheces de una mentalidad t\u00e9cnica y funcional muy difundida en nuestros d\u00ed\u00adas, algunos estudiosos, desde diversos puntos de vista, han vuelto a valorar positivamente el significado y la exigencia profunda de la experiencia simb\u00f3lica en el hombre. La experiencia simb\u00f3lica no se sit\u00faa en el nivel de la abstracci\u00f3n y del concepto, ni puede confundirse con la percepci\u00f3n inmediata de la realidad concreta; es una forma intermedia de expresi\u00f3n, en la que confluyen todos los recursos m\u00e1s personales: sensibilidad, imaginaci\u00f3n, memoria, voluntad, intuici\u00f3n, etc. El redescubrimiento de la funci\u00f3n simb\u00f3lica en el hombre ha madurado a partir de disciplinas diversas que se han influido rec\u00ed\u00adprocamente. Tambi\u00e9n es muy significativa la publicaci\u00f3n de grandes colecciones de s\u00ed\u00admbolos, que sirven para documentar la complejidad del fen\u00f3meno simb\u00f3lico y la correspondencia universal de ciertos signos. La misma complejidad y amplitud del campo simb\u00f3lico explican la disparidad de las interpretaciones, sobre todo del simbolismo religioso. Pero un n\u00famero cada vez mayor de estudiosos tiende hoy a considerar el s\u00ed\u00admbolo como un momento de realizaci\u00f3n plena del hombre en su apertura a lo trascendente y en su dimensi\u00f3n social; como lugar privilegiado de la relaci\u00f3n entre sujeto y objeto, entre conocimiento y conciencia, donde se expresa la sustancia misma de la vida espiritual y encuentra su enraizamiento y su equilibrio la existencia humana concreta. Por otra parte, la misma investigaci\u00f3n sociol\u00f3gica, mientras por un lado documenta tambi\u00e9n en \u00e1mbitos muy evolucionados y bastante m\u00e1s all\u00e1 de ciertas previsiones la persistencia de expresiones simb\u00f3licas y sacrales, por el otro testifica la continua creaci\u00f3n de nuevos mitos y nuevos ritos, que denotan la existencia en el hombre de necesidades profundas, frecuentemente camufladas o degradadas, pero nunca del todo sofocadas.<\/p>\n<p>II. Nociones de signo y de s\u00ed\u00admbolo<br \/>\nAhora intentaremos dar algunas indicaciones para precisar y distinguir los conceptos de signo y de s\u00ed\u00admbolo, bas\u00e1ndonos en algunas posiciones que nos parecen m\u00e1s ampliamente compartidas.<\/p>\n<p>Hablamos en primer lugar de signo entendido como g\u00e9nero, respecto a otros conceptos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos. Se llama signo a una realidad sensible que revela en s\u00ed\u00ad misma una carencia y remite a otra realidad ausente o no presente de la misma manera. Usando las categor\u00ed\u00adas introducidas por F. De Saussure, se indica frecuentemente con el t\u00e9rmino significante el mismo elemento sensible, con el t\u00e9rmino significado la realidad evocada, con el t\u00e9rmino significaci\u00f3n la relaci\u00f3n establecida y, por tanto, concretamente, la capacidad efectiva de un significante de serlo para determinadas personas; capacidad que puede depender tanto del elemento sensible como de un c\u00f3digo com\u00fan a los dos comunicantes, del contexto, de la experiencia previa, etc. En cambio, cuando se usa el t\u00e9rmino signo en un sentido m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico (y sobre todo en relaci\u00f3n a s\u00ed\u00admbolo), con \u00e9l normalmente se entiende una realidad sensible que remite a un significado preciso, pero de car\u00e1cter convencional: m\u00e1s determinado, pero m\u00e1s limitado; por tanto, entre el significante y el significado no hay una relaci\u00f3n de comuni\u00f3n y presencia; otros hablan de una relaci\u00f3n inmotivada (no fundada naturalmente), y por tanto no necesaria (como convenci\u00f3n). Pero hay muchos estudiosos que prefieren conservar para el t\u00e9rmino signo una acepci\u00f3n general, e introducen -para indicar el sentido m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico de la palabra- otros t\u00e9rminos de significado no siempre un\u00ed\u00advoco, como se\u00f1al, \u00ed\u00adndice, icono, imagen, emblema, s\u00ed\u00adntoma, etc.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino s\u00ed\u00admbolo (gr. symbolon, del verbo symb\u00e1llo: echar juntos, poner juntos, confrontar), a nivel etimol\u00f3gico-sem\u00e1ntico primario indicaba una parte, un fragmento, que necesitaba completarse con otra parte para formar una realidad completa y funcional. Pero hoy, en sentido antropol\u00f3gico, se habla generalmente de s\u00ed\u00admbolo cuando se tiene un significante que remite no a un significado preciso, sino a otro significante; cuando la realidad significada est\u00e1 de alguna manera presente, aunque no del todo comunicada; cuando la funci\u00f3n simb\u00f3lica se funda en la realidad misma del significante; no es por tanto convencional y definida, sino que se enra\u00ed\u00adza en la naturaleza de las cosas y del hombre y est\u00e1, precisamente por ello, abierta a perspectivas m\u00e1s profundas y universales. En el campo religioso, el t\u00e9rmino s\u00ed\u00admbolo se refiere tanto a las formas concretas en que se explicita una determinada religi\u00f3n como al modo de conocer, de intuir, de representar propios de la experiencia religiosa. En estos s\u00ed\u00admbolos, aunque con frecuencia puede reconocerse un substrato antropol\u00f3gico universal, el significado, o sea, el alguna otra cosa a que remiten, se define en los diversos autores seg\u00fan su interpretaci\u00f3n general del hecho religioso; por tanto, puede hacerse depender de una revelaci\u00f3n, del influjo social, de la aparici\u00f3n de un arquetipo, etc.<\/p>\n<p>Una forma particularmente importante de s\u00ed\u00admbolo religioso es el rito, que se puede definir como una acci\u00f3n simb\u00f3lica constituida por un gesto y una palabra interpretativa, y que tiene una estructura institucionalizada de car\u00e1cter tradicional que favorece la participaci\u00f3n com\u00fan y la repetici\u00f3n. Las acciones simb\u00f3licas m\u00e1s t\u00ed\u00adpicas de las diferentes religiones generalmente van unidas a los momentos clave de la vida del hombre, con una referencia constitutiva a los mayores problemas de la existencia humana. En cuanto a las actitudes interiores, traducidas normalmente en un comportamiento cotidiano, se le reconoce a la actividad simb\u00f3lico-ritual una funci\u00f3n de expresi\u00f3n m\u00e1s integral, de intensificaci\u00f3n, de socializaci\u00f3n, de apoyo, de formaci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se ha hablado de cuatro propiedades del s\u00ed\u00admbolo que se articulan en la unidad de la funci\u00f3n simb\u00f3lica, sugieren los temas fundamentales de la existencia humana y alimentan las \u00abformas elementales de la vida religiosa\u00bb: la resistencia (a toda sistematizaci\u00f3n); la redundancia (con una significaci\u00f3n siempre abierta); la ambivalencia (previa a toda interpretaci\u00f3n ontol\u00f3gica o moral); la pregnancia (da sentido a la existencia) &#8216;. Pertenece a la naturaleza del s\u00ed\u00admbolo el no comunicar solamente un mensaje, sino favorecer una relaci\u00f3n, provocar el desarrollo de una identidad, de un reconocimiento o de una alianza.<\/p>\n<p>III. Simbolismo cristiano<br \/>\nEl ingreso en la trama simb\u00f3lica que constituye todo sistema cultural madura a trav\u00e9s de un proceso de socializaci\u00f3n durante el cual se es iniciado en la experiencia simb\u00f3lica de una determinada comunidad que reconoce unos significados y significantes propios. Los s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos los vivimos dentro de esa trama simb\u00f3lica particular y original que es la fe de la iglesia&#8217;. Solamente podemos introducirnos en el cristianismo como campo simb\u00f3lico mediante la biblia y la tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>1. EL SIMBOLISMO B\u00ed\u008dBLICO. La biblia apenas usa el t\u00e9rmino s\u00ed\u00admbolo (Ose 4:12; Sab 2:9; Sab 16:6), mientras que recurre con mucha frecuencia -80 veces en el AT, 70 veces en el NT- al t\u00e9rmino signo (hebr. \u00f3t, gr. s\u00e9meion) y afines. Pero al margen de los t\u00e9rminos, el lenguaje simb\u00f3lico, profundamente connatural a la mentalidad semita, es una de las caracter\u00ed\u00adsticas b\u00e1sicas de la sagrada escritura; por lo dem\u00e1s, la pedagog\u00ed\u00ada de los signos es una constante de la acci\u00f3n del Dios vivo en medio de su pueblo.<\/p>\n<p>Car\u00e1cter simb\u00f3lico en sentido lato tienen en el AT muchas narraciones b\u00ed\u00adblicas, los antropomorfismos y antropopatismos referidos a Dios, las expresiones que aluden a la alianza y, en sentido m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico, los ritos de la religi\u00f3n hebrea (la pascua, las fiestas, el sacrificio, la circuncisi\u00f3n, la unci\u00f3n, etc.), los lugares y los signos de la presencia de Dios en el mundo (el arca, la tienda, el templo), los objetos del culto, etc. El simbolismo b\u00ed\u00adblico nace de una concepci\u00f3n religiosa que ve toda la realidad y toda la historia en estrecha conexi\u00f3n con Dios, para la cual todos los seres y todos los acontecimientos pueden llegar a ser signos de la presencia y de la obra de Dios. En el NT se da una estrecha continuidad simb\u00f3lica con el AT tanto en el lenguaje como en los ritos, pero sobre todo se centra en Cristo, que cumple toda figura y toda promesa. La novedad de algunos s\u00ed\u00admbolos del NT depende del significado y de la funci\u00f3n que llegan a sumir en relaci\u00f3n con el misterio de Cristo: la cena, el bautismo, la unci\u00f3n, la imposici\u00f3n de manos, etc. Es, concretamente, la palabra de la predicaci\u00f3n la que les da su nueva realidad en la fe y en la vida de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Los signos b\u00ed\u00adblicos pueden clasificarse en cuatro categor\u00ed\u00adas principales: los signos de la creaci\u00f3n (que culminan en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios: G\u00e9n 1:26), los signos-acontecimiento (que culminan para el AT en el \u00e9xodo, y para el NT en la encarnaci\u00f3n), los signos-persona (hasta llegar a la persona misma de Cristo, hombre-Dios), los signos rituales (que culminan en la celebraci\u00f3n pascual y en su cumplimiento en la \u00faltima cena); a \u00e9stos se puede a\u00f1adir, en el plano del lenguaje, la par\u00e1bola (hebr. ma-\u00absal, gr. parabol\u00e9), forma did\u00e1ctica que consiste b\u00e1sicamente en el uso de una comparaci\u00f3n ampliada, que alude al misterio sin explicitarlo 5.<\/p>\n<p>2. DESARROLLO DEL SIMBOLISMO CRISTIANO. Tomaremos ante todo en consideraci\u00f3n algunas perspectivas m\u00e1s generales, para analizar a continuaci\u00f3n el simbolismo lit\u00fargico. El desarrollo del simbolismo cristiano est\u00e1 favorecido no s\u00f3lo por la vitalidad intr\u00ed\u00adnseca de la comunidad cristiana y el perdurar de la tradici\u00f3n y de la mentalidad b\u00ed\u00adblica, sino tambi\u00e9n por los influjos de las diferentes culturas: por el helenismo (tradici\u00f3n plat\u00f3nica, influjos religiosos, etc.) en los primeros siglos; y, sucesivamente, por la civilizaci\u00f3n bizantina en Oriente, y por el mundo franco-germ\u00e1nico en Occidente. La forma mentis plat\u00f3nica tuvo en la antig\u00fcedad cristiana un gran peso. En la concepci\u00f3n plat\u00f3nica (y neo-plat\u00f3nica) todo lo que existe en el mundo del devenir responde a una idea, a un arquetipo del mundo del nous; m\u00e1s a\u00fan, es una participaci\u00f3n de \u00e9l: por eso todos los aspectos del mundo visible se consideran como s\u00ed\u00admbolo de lo espiritual e invisible.<\/p>\n<p>Prescindiendo de las caracter\u00ed\u00adsticas del lenguaje teol\u00f3gico cristiano de los primeros siglos, debe subrayarse la precoz multiplicaci\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos cristianos, que en una notable proporci\u00f3n son de inspiraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: im\u00e1genes, signos gr\u00e1ficos, representaciones, gestos, posturas, objetos, y sobre todo la progresiva formaci\u00f3n del complejo de los signos lit\u00fargicos [-> infra, IV]. Esta tendencia a la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, que ser\u00e1 siempre una caracter\u00ed\u00adstica muy acusada en la tradici\u00f3n cristiana oriental, culmina en Occidente, en la alta edad media, en la arquitectura y ornamentaci\u00f3n de las iglesias.<\/p>\n<p>En la edad media tard\u00ed\u00ada se asiste a un profundo cambio de mentalidad: el convencionalismo, el alegorismo, la p\u00e9rdida del sentido lit\u00fargico, el intelectualismo y, finalmente, el nominalismo dominantes en filosof\u00ed\u00ada y en teolog\u00ed\u00ada sofocan el gusto por el simbolismo. La nueva mentalidad cr\u00ed\u00adtica respecto a la concepci\u00f3n medieval del mundo determina tambi\u00e9n la actitud de la reforma protestante frente a toda expresi\u00f3n simb\u00f3lica tanto en el arte como en la vida lit\u00fargica. Esta orientaci\u00f3n general de la cultura occidental se acent\u00faa con el intelectualismo y el positivismo de los ss. xvu-xix. La renovaci\u00f3n que comenz\u00f3 a efectuarse en Occidente a partir del romanticismo, ha madurado en la iglesia, en armon\u00ed\u00ada con una nueva sensibilidad general, con el desarrollo de los estudios b\u00ed\u00adblicopatr\u00ed\u00adsticos y del l movimiento lit\u00fargico y por influjo de las ciencias humanas.<\/p>\n<p>IV. Los signos en la liturgia cristiana<br \/>\nEl sector de la tradici\u00f3n donde el simbolismo cristiano ha hallado su m\u00e1s completa expresi\u00f3n es ciertamente el de la liturgia, que es por definici\u00f3n un complejo de signos.<\/p>\n<p>1. NT Y ANTIG\u00dcEDAD CRISTIANA. El nuevo culto inaugurado por Jes\u00fas es un culto espiritual (Jua 4:23s), en cuanto que es el don del Esp\u00ed\u00adritu que capacita a sus fieles: bajo su moci\u00f3n cobran significado y eficacia todos los momentos de la nueva vida en Cristo; pero tambi\u00e9n los signos y los ritos que la caracterizan, expl\u00ed\u00adcitamente instituidos por Cristo y confiados a su iglesia. Los primeros son el bautismo, como sello de la fe y de la conversi\u00f3n, condici\u00f3n de la regeneraci\u00f3n en \u00e9l (Mar 16:16; Jua 3:3-5); y la eucarist\u00ed\u00ada, en la que Cristo mand\u00f3 renovar, en memoria suya, el convite de la nueva alianza inaugurada por \u00e9l (Mat 26:26-29 y par.; 1Co 11:23-25), despu\u00e9s de haber ense\u00f1ado que quien come su carne y bebe su sangre tendr\u00e1 la vida eterna (Jua 6:51).<\/p>\n<p>Con su sacrificio redentor, Cristo sell\u00f3 la nueva alianza (Mar 10:45s; Mar 14:22s): \u00abPor una oblaci\u00f3n \u00fanica ha hecho perfectos para siempre a aquellos que santifica\u00bb (Heb 10:14). Precisamente por eso el culto cristiano, aunque en su fenomenolog\u00ed\u00ada y en sus leyes psicol\u00f3gico-sociol\u00f3gicas pueda estudiarse como todas las dem\u00e1s formas religiosas, es desnaturalizado cuando no se tiene en cuenta su naturaleza profunda: es siempre participaci\u00f3n sacramental en el culto de Cristo, \u00fanico pont\u00ed\u00adfice de la nueva alianza; en las acciones-signo de la iglesia \u00e9l ritualiza su misterio de salvaci\u00f3n mediante los ministros elegidos e instituidos para representarlo y actuar en su nombre.<\/p>\n<p>La comunidad cristiana ha tenido desde sus or\u00ed\u00adgenes la conciencia de ser, en su vida, \u00absacerdocio santo, para ofrecer v\u00ed\u00adctimas espirituales aceptas a Dios por mediaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb (1Pe 2:5); pero ha considerado fundamental el bautismo (Heb 2:38-41), y ha sido asidua \u00aben la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la comuni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en las oraciones\u00bb (Heb 2:42) y ha conocido otros ritos (cf, por ejemplo, Heb 8:17 y 1Ti 5:22 : imposici\u00f3n de las manos; Stg 5:14s: unci\u00f3n con aceite), que ha ido precisando y comprendiendo mejor progresivamente. Despu\u00e9s de la extrema simplicidad primitiva, de la que todav\u00ed\u00ada pod\u00ed\u00ada presumir Minucio F\u00e9lix hacia el a\u00f1o 200 (Octavius,Stg 3:2 : \u00ab&#8230; delubra et aras non habemus\u00bb, PL 3,339), en los siglos sucesivos el culto cristiano se enriquece con muchos elementos simb\u00f3licos procedentes de la biblia y de diversos influjos culturales.<\/p>\n<p>En el s. iv, la liturgia cristiana ya ha alcanzado un desarrollo notable, y se articula en acciones-signo que comportan el ministerio de personas, la valorizaci\u00f3n de cosas y palabras, la realizaci\u00f3n personal y comunitaria de gestos y posturas, con una determinaci\u00f3n de tiempos y lugares \u00absagrados\u00bb.<\/p>\n<p>El desarrollo del simbolismo lit\u00fargico cristiano conserva una matriz predominantemente b\u00ed\u00adblica, una referencia constante a la praxis y a la ense\u00f1anza de Cristo; pero el influjo de la civilizaci\u00f3n religiosa helen\u00ed\u00adstica se va haciendo cada vez m\u00e1s marcado. Pablo en el s. I e Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada en el II adoptan una terminolog\u00ed\u00ada mist\u00e9rica, que era ya expresi\u00f3n de una cierta cultura y de una cierta sensibilidad para indicar las realidades cristianas; en el s. III, mientras Tertuliano combate los misterios como \u00abdiab\u00f3licas mamarrachadas\u00bb, Clemente Alejandrino cree deber \u00abdescubrir los signos santos\u00bb hablando a los griegos del Logos y de sus misterios en im\u00e1genes que les sean familiares (cf Protr\u00e9ptikos XII, 119, 1-120, 2; GCS I, 84). Pero solamente a partir del s. iv, cuando ya se dejan los misterios paganos, es cuando \u00abse aceptan en masa en el cristianismo triunfante, sin mayores preocupaciones, vocablos, expresiones, una disciplina del arcano y bastantes gestos y acciones lit\u00fargicos precisamente de los misterios y de su mundo\u00bb. Se pueden encontrar sus influencias en Juan Cris\u00f3stomo, en Dionisio Areopagita, en la evoluci\u00f3n de los signos lit\u00fargicos en las Constituciones apost\u00f3licas y en san Basilio: \u00ab&#8230; el helenismo se transforma en bizantinismo; durante este proceso los \u00faltimos restos del tesoro de los misterios son tambi\u00e9n absorbidos por el cristianismo, y en \u00e9l encuentran, con significados totalmente nuevos, un nuevo esplendor\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA REFLEXI\u00ed\u201cN DE SAN AGUST\u00ed\u008dN. En Occidente, al comienzo del s. v, san Agust\u00ed\u00adn pudo todav\u00ed\u00ada subrayar la simplicidad y el limitado n\u00famero de signos sagrados de la religi\u00f3n cristiana (cf, por ejemplo, Efe 55:19, Efe 55:35 : PL 33,221). El ve una prueba de la libertad cristiana en el hecho de que, en lugar de la multiplicidad y complejidad de los signos del AT, que eran solamente praenuntiativa Christi venturi, \u00abse han instituido otros sacramentos m\u00e1s eficaces, m\u00e1s ben\u00e9ficos, m\u00e1s f\u00e1ciles de celebrar, m\u00e1s reducidos de n\u00famero, distinguiendo el bautismo, la eucarist\u00ed\u00ada y \u00abtodo lo que se nos recuerda en las escrituras can\u00f3nicas\u00bb acerca de \u00abaquellos sacramentos que la tradici\u00f3n&#8230; nos hace respetar, como la celebraci\u00f3n anual del misterio pascual del Se\u00f1or y cualquier otra costumbre por el estilo observada en toda la iglesia\u00bb (Contra Faustum 19,13: PL 42,345).<\/p>\n<p>En estos contextos Agust\u00ed\u00adn emplea frecuentemente el t\u00e9rmino sacramentum en un sentido muy amplio, indicando pr\u00e1cticamente con este nombre todos los signos sagrados: los que la palabra de la Sagrada Escritura o de la iglesia enlaza con las realidades divinas. \u00abLos signos de las realidades divinas -anota&#8211;son desde luego visibles; pero en ellos se veneran realidades invisibles\u00bb (De catechizandis rudibus 26, 50: PL 40,344). El es profundamente consciente de la fuerza sugerente y elevadora del lenguaje simb\u00f3lico, \u00abporque todo lo que sugieren los s\u00ed\u00admbolos toca e inflama el coraz\u00f3n mucho m\u00e1s vivamente de cuanto pudiera hacerlo la realidad misma, si se nos presentara sin los misteriosos revestimientos de estas im\u00e1genes&#8230; Yo creo que la sensibilidad es lenta para inflamarse, mientras est\u00e1 trabada en las realidades puramente concretas; pero si se la orienta hacia s\u00ed\u00admbolos tomados del mundo corporal y se la transporta desde ah\u00ed\u00ad al plano de las realidades espirituales significadas por esos s\u00ed\u00admbolos, gana en vivacidad, ya por el mismo hecho de este paso, y se inflama m\u00e1s, como una antorcha en movimiento, hasta que una pasi\u00f3n m\u00e1s ardiente la arrastre hasta el reposo eterno\u00bb (Efe 55:11, Efe 55:21; PL 33,214).<\/p>\n<p>De todas formas, hay que subrayar los l\u00ed\u00admites de la famosa definici\u00f3n agustiniana de signo (\u00absignum est res praeter speciem quam ingerit sensibus, aliud aliquid ex se faciens in cogitationem venire\u00bb: De doctr. chr. II, 1,2: PL 34,35). Depende de Or\u00ed\u00adgenes, seg\u00fan el cual \u00absignum dicitur cum per hoc quod vidimus, aliud aliquid indicatur\u00bb (Comment. in Ep. ad Rom. III, 8: PG 14,948), donde, como se ha advertido frecuentemente, el indicatur de Or\u00ed\u00adgenes es susceptible de una extensi\u00f3n mayor que la f\u00f3rmula de Agust\u00ed\u00adn (faciens in cogitationem venire), m\u00e1s adecuada a los signos del lenguaje que a los sacramentales.<\/p>\n<p>Nos hemos detenido en el pensamiento de Agust\u00ed\u00adn a prop\u00f3sito de los conceptos de signo y de s\u00ed\u00admbolo; pero para profundizar la concepci\u00f3n de los padres sobre el simbolismo cristiano, sobre todo en relaci\u00f3n a la liturgia, se deber\u00ed\u00ada analizar con toda atenci\u00f3n la terminolog\u00ed\u00ada relativa a los signos de los mismos padres y de los textos lit\u00fargicos antiguos tanto en Oriente como en Occidente. En particular deber\u00ed\u00adan estudiarse los t\u00e9rminos \u00e9ikon, symbolon, myst\u00e9rion, typos, ant\u00ed\u00adtypos, om\u00f3ioma, signum, imago, figura, species, sacramentum, mysterium, similitudo, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>3. LA EDAD MEDIA. En la alta edad media el simbolismo cristiano tuvo un desarrollo extraordinario, del que no solamente deben subrayarse los aspectos negativos. Como se puede constatar en el Pontifical romano-germ\u00e1nico del s. x [-> Adaptaci\u00f3n, II, 4], se dio en las iglesias franco-germ\u00e1nicas un esfuerzo admirable por adaptar la tradici\u00f3n lit\u00fargica romana a la mentalidad y a las exigencias de los nuevos pueblos, para los que se necesitaban celebraciones m\u00e1s dram\u00e1ticas, ricas en emotividad y fantas\u00ed\u00ada: baste citar aqu\u00ed\u00ad la procesi\u00f3n del domingo de ramos, la adoraci\u00f3n de la cruz, los ritos de la vigilia pascual, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n el grandioso ceremonial de la dedicaci\u00f3n de las iglesias, ritos todos que testimonian tambi\u00e9n un fuerte influjo del Oriente cristiano. No obstante las sucesivas reformas, la aportaci\u00f3n cultural franco-germ\u00e1nica ha dejado una huella muy sensible en la tradici\u00f3n lit\u00fargica occidental; pero a\u00fan m\u00e1s profundamente han influido sobre el futuro de la iglesia latina, a nivel lit\u00fargico, los aspectos negativos de este per\u00ed\u00adodo. Si en la antig\u00fcedad cristiana la mentalidad b\u00ed\u00adblica y la tradici\u00f3n plat\u00f3nica hab\u00ed\u00adan inspirado la creaci\u00f3n y la comprensi\u00f3n del simbolismo lit\u00fargico cristiano, en la edad media la p\u00e9rdida progresiva de un contacto vivo con la Sagrada Escritura y el predominio de tendencias teol\u00f3gicas intelectualistas y abstractas favorecieron una interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica y moralista de los s\u00ed\u00admbolos cristianos. Los m\u00e1s t\u00ed\u00adpicos representantes de esta nueva orientaci\u00f3n, ampliamente dominante en el medievo pese a la clara oposici\u00f3n de hombres como Floro de Ly\u00f3n (+ c. 960) y Alberto Magno (+ 1280), fueron Amalario de Metz (+ 850) y Guillermo Durando (+ 1246). Amalario, en sus diversos comentarios lit\u00fargicos, va siempre m\u00e1s all\u00e1 del sentido literal, que no considera suficiente para explicar el signo, con interpretaciones carentes de fundamentos objetivos, frecuentemente basadas en textos b\u00ed\u00adblicos le\u00ed\u00addos subjetivamente, sin relaci\u00f3n con el contexto. G. Durando, en su Rationale divinorum officiorum (cf Bibl. Patr. Lugd. XXV, 378), ense\u00f1a que todo rito puede tener cuatro explicaciones simb\u00f3licas: hist\u00f3rica, aleg\u00f3rica, tropol\u00f3gica y anag\u00f3gica: por ejemplo, Jerusal\u00e9n designa hist\u00f3ricamente la ciudad de Palestina, aleg\u00f3ricamente la iglesia militante, tropol\u00f3gicamente el alma fiel, anag\u00f3gicamente la patria celestial<br \/>\nEste radical cambio de actitud frente al simbolismo de la liturgia no es sino una consecuencia del progresivo paso de la interpretaci\u00f3n tipol\u00f3gica de la biblia, que se fundaba sobre una continuidad de la figura a la realidad, a una interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica ya incapaz de abrirse a perspectivas eclesiales y escatol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Por otra parte, la reducida funci\u00f3n de la palabra en la liturgia, que el pueblo ya no entiende, favorece la enfatizaci\u00f3n de los ritos y su interpretaci\u00f3n subjetiva, y con frecuencia m\u00e1gica, mientras que la p\u00e9rdida del sentido vivo de la presencia de Cristo en la acci\u00f3n lit\u00fargica provoca que ya no se perciban los signos en relaci\u00f3n con \u00e9l: esto lleva a una liturgia ritualista y sin ninguna relaci\u00f3n con la vida de las comunidades concretas. Las consecuencias para el futuro de la liturgia cristiana en Occidente han sido muy graves: sin ignorar la vitalidad religiosa del medievo y del per\u00ed\u00adodo de la contrarreforma, es l\u00ed\u00adcito afirmar que el fixismo, el rubricismo y el intelectualismo que han dominado durante siglos la vida lit\u00fargica de la iglesia en Occidente, han oscurecido no s\u00f3lo la primitiva sencillez y el originario simbolismo, sino con frecuencia tambi\u00e9n la verdadera realidad y el genuino significado del culto cristiano. Arrancados de su tierra nutricia b\u00ed\u00adblica y sin la iluminaci\u00f3n de la palabra interpretativa, los signos lit\u00fargicos dejaron de ser el veh\u00ed\u00adculo para comprender el misterio de Cristo y para participar en \u00e9l desde la fe.<\/p>\n<p>V. Renovaci\u00f3n y problem\u00e1tica actual<br \/>\n1. LA REFORMA LIT\u00daRGICA DEL VAT. II. El Vat. II, fruto de una profunda recuperaci\u00f3n de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica y de una apertura m\u00e1s consciente a las exigencias de los hombres de nuestro tiempo, ha vuelto a presentar la liturgia como un complejo de signos sensibles, significantes y, en su manera propia, eficaces (SC 7); y precisamente por esto ha querido una \u00abreforma general\u00bb de los signos lit\u00fargicos, \u00abde manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas f\u00e1cilmente y participar en ellas por medio de una celebraci\u00f3n plena, activa y comunitaria\u00bb (SC 21).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la liturgia cristiana vuelve a ser, en la experiencia del pueblo cristiano, un universo de signos, cada uno de los cuales, con su especificidad, nos introduce en el misterio de Cristo. Tanto las realidades naturales como los ritmos del tiempo, asumidos en la acci\u00f3n sagrada, se hacen expresiones del misterio de Cristo: junto a las acciones propiamente sacramentales nos encontramos efectivamente con signos lit\u00fargicos secundarios (espacios sagrados, determinaciones temporales, etc.) que la acci\u00f3n sagrada hace significativos de la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo. Se trata de un complejo simb\u00f3lico y ritual en el que hoy se pueden distinguir tres niveles: un nivel antropol\u00f3gico universal, un nivel b\u00ed\u00adblico (en relaci\u00f3n especial con las palabras y acciones de Cristo) y un nivel cultural, dependiente de la influencia del helenismo y de las sucesivas culturas.<\/p>\n<p>2. LEYES DEL SIMBOLISMO LIT\u00daRGICO CRISTIANO. Todos estos signos -sean sacramentos en sentido estricto o no, establecidos por Cristo o bien por la iglesia- obedecen a una serie de leyes, que presentamos sint\u00e9ticamente resumiendo la posici\u00f3n de A.G. Martimort.<\/p>\n<p>a) Son signos (en sentido lato: -> supra, II) para introducir en realidades que los trascienden, en determinados acontecimientos con los que se enlazan. No pueden interpretarse en sentido puramente funcional o seg\u00fan el m\u00e9todo aleg\u00f3rico. Deben comprenderse y celebrarse en su plena y aut\u00e9ntica realidad simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>b) Pero no son signos puramente arbitrarios, convencionales. Son en buena medida s\u00ed\u00admbolos, elegidos por su natural capacidad de ser realidades simb\u00f3licas, y como tales pueden estudiarse e interpretarse tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de las ciencias humanas; efectivamente, son expresiones de un lenguaje que Dios ha inscrito en las cosas, y que tambi\u00e9n ha depositado en los meandros del alma humana. Con frecuencia determinados elementos, aunque de origen cultural, se comprenden y se viven como aut\u00e9nticos s\u00ed\u00admbolos en un contexto de fe y en el seno de una tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>c) De todas formas, en los signos lit\u00fargicos, expresiones de actitudes y de realidades sobrenaturales, la relaci\u00f3n entre significante y significado [-> supra, II] sobrepasa siempre los fundamentos antropol\u00f3gicos: en cierta medida su significado depende de la libre voluntad de Cristo y de la iglesia, que generalmente est\u00e1 bien expresada en la palabra que acompa\u00f1a el gesto y la acci\u00f3n. En todo caso, es necesario buscar cuidadosamente la intenci\u00f3n de Cristo y de la iglesia; estudiar la historia del rito, o sea, su realidad simb\u00f3lica originaria,  y el desarrollo sucesivo, para ver c\u00f3mo hay que comprenderlo, reformarlo o quiz\u00e1 sustituirlo seg\u00fan las nuevas exigencias culturales.<\/p>\n<p>d) Sobre todo, al menos muchos de ellos, son signos b\u00ed\u00adblicos, cuya comprensi\u00f3n nos la da la misma pedagog\u00ed\u00ada del Se\u00f1or contenida en la Sagrada Escritura. Los signos sacramentales [-> Sacramentos] han sido elegidos por Cristo, y significan la gracia que contienen precisamente en cuanto son signos b\u00ed\u00adblicos. En sus gestos y en sus acciones la liturgia recupera los gestos y las acciones de aquellos que nos han precedido en la fe, a partir de Abrah\u00e1n, y reproduce las im\u00e1genes de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n que la biblia nos ha hecho significativas. Por eso no se podr\u00e1 hacer una verdadera iniciaci\u00f3n lit\u00fargica sin una profunda iniciaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>e) Si se puede decir en general que los signos tienden siempre a perder eficacia y vitalidad a causa de la costumbre, de la distracci\u00f3n, de la atenuaci\u00f3n del inter\u00e9s y del agotamiento del esp\u00ed\u00adritu de quien participa en ellos, los signos de la liturgia presentan especiales dificultades incluso por razones hist\u00f3ricas, en cuanto que frecuentemente siguen estando unidos a una cultura o a una experiencia humana que ya no corresponde del todo a las condiciones de hoy. Pero este hecho, si bien hace entrever instancias de reforma y adaptaci\u00f3n m\u00e1s radicales y levanta siempre problemas considerables de -> pastoral y de -> catequesis, de todas formas no afecta a la utilidad y conveniencia de los ritos en s\u00ed\u00ad mismos, que, al rev\u00e9s, son reafirmados por la iglesia con plena legitimidad. Tampoco puede nunca infravalorarse el prerrequisito de la fe, de una fe alimentada en las grandes ideas de la Sagrada Escritura, y a la vez la necesidad de un fuerte sentido de pertenencia a la iglesia, a su tradici\u00f3n y a su vida concreta. Pese a una clara tendencia hacia un redescubrimiento del s\u00ed\u00admbolo y lo simb\u00f3lico, documentable tanto a nivel cient\u00ed\u00adfico como popular, y pese a la renovaci\u00f3n lit\u00fargica en marcha, constatamos hoy en la iglesia una innegable crisis lit\u00fargica. Evidentemente, \u00e9ste es, en ra\u00ed\u00adz, un problema de fe, por la resistencia y las dificultades que el hombre, rechazando la pedagog\u00ed\u00ada de los signos, opone a dejarse envolver y comprometer en el I misterio pascual del Se\u00f1or. Pero este profundo malestar ante la expresi\u00f3n simb\u00f3lica cristiana tiene hoy tambi\u00e9n una doble matriz cultural en la persistente tradici\u00f3n intelectualista y positivista de los siglos pasados y en la mentalidad marxista, hoy muy difundida, que est\u00e1 claramente cerrada a toda perspectiva simb\u00f3lica y a toda trascendencia. Por otra parte, la misma vida del hombre de hoy, artificiosa y febril, sofoca en \u00e9l cualquier actitud contemplativa, y le inclina hacia posturas consumistas y funcionalistas en relaci\u00f3n con las cosas. Encontramos aqu\u00ed\u00ad el aspecto m\u00e1s radical de la crisis de la liturgia, que es, ante todo, crisis del simbolismo lit\u00fargico. El hombre secularizado de hoy [-> Secularizaci\u00f3n] encuentra muchas dificultades a la hora de concebir una salvaci\u00f3n unida a ritos que privilegian y hacen determinantes unos momentos de su existencia, y no oculta su desagrado ante un simbolismo y un lenguaje unidos a culturas que considera irremisiblemente pasadas. Igualmente critica y tiende a superar formas culturales cosmoc\u00e9ntricas, mientras que va en busca de una experiencia religiosa m\u00e1s antropoc\u00e9ntrica, en la que las relaciones humanas y el compromiso con los problemas del hombre tienen m\u00e1s importancia que los t elementos y los ritmos naturales.<\/p>\n<p>Si estas instancias exigen un valiente esfuerzo de ->  adaptaci\u00f3n de los ritos lit\u00fargicos y una b\u00fasqueda m\u00e1s seria de un nuevo lenguaje religioso, ciertamente no pueden llevar a un vaciamiento del cristianismo de una dimensi\u00f3n que responda a las leyes fundamentales de la ->  historia de la salvaci\u00f3n, para adecuarlo a una reducci\u00f3n antropol\u00f3gica preconcebida, que ignora las exigencias m\u00e1s profundas del hombre, que hoy m\u00e1s que nunca es necesario salvaguardar y promover.<\/p>\n<p>3. CRISIS Y \u00abCHANCES\u00bb DEL SIMBOLISMO LIT\u00daRGICO. Como subraya L.-M. Chauvet, si bien es verdad que nuestras celebraciones lit\u00fargicas se han visto sacudidas hasta los fundamentos por el movimiento de desacralizaci\u00f3n y secularizaci\u00f3n que caracteriza a la sociedad occidental contempor\u00e1nea, \u00abestas celebraciones conservan de todas formas sus chances por dos razones fundamentales: la ritualidad cristiana es una respuesta muy eficaz a las reivindicaciones contempor\u00e1neas del simbolismo\u00bb; los ritos cristianos anuncian y celebran la liberaci\u00f3n de Cristo; por eso \u00abel desplazamiento actual de lo sagrado hacia el polo hist\u00f3rico-prof\u00e9tico -libertad, justicia, compartir, dominio de la historia- resuena con el mensaje b\u00ed\u00adblico\u00bb y por ende con el acontecimiento lit\u00fargico \u00ab. La liturgia cristiana podr\u00e1 ser el lugar en que, en continuidad con la biblia, se unan estas dos perspectivas. Efectivamente, en la biblia ya encuentra sus ra\u00ed\u00adces una desacralizaci\u00f3n del universo en favor de la historia; y no se puede excluir la posibilidad de que el compromiso en favor del hombre se pueda pensar, vivir o expresar tambi\u00e9n a trav\u00e9s de los esquemas c\u00f3smicos del lenguaje tradicional.<\/p>\n<p>Por otra parte -anota todav\u00ed\u00ada L.-M. Chauvet- \u00abla ritualidad lit\u00fargica&#8230; conserva su irreducible originalidad de simbolizaci\u00f3n privilegiada del hombre total, que en el acto de la ritualizaci\u00f3n expresa su drama existencial, su limitaci\u00f3n constitucional, su pasi\u00f3n por el origen y por la muerte frente al Otro divino, a quien \u00e9l, en la acci\u00f3n de gracias, ofrece lo que le ha sido donado\u00bb. En la experiencia lit\u00fargica cristiana puede, por tanto, el hombre contempor\u00e1neo encontrar la inspiraci\u00f3n y la fuerza para su lucha en favor de la justicia; pero tambi\u00e9n una respuesta a sus grandes problemas existenciales, as\u00ed\u00ad como la liberaci\u00f3n de todos los falsos absolutos y de todos los \u00ed\u00addolos de la historia: en ella puede encontrar una gran reserva de verdadera humanidad y de tensi\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>4. MISTERIO Y S\u00ed\u008dMBOLO RITUAL. No s\u00f3lo para justificar la experiencia lit\u00fargica, sino tambi\u00e9n para comprenderla y vivirla con mayor plenitud, es necesario hoy valorar la amplia y s\u00f3lida base que proporcionan las ciencias humanas. Queremos limitarnos a subrayar el intento de algunos investigadores de asumir los datos antropol\u00f3gicos sobre la actividad simb\u00f3lica en el mismo \u00e1mbito de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, de manera que \u00abno figuren \u00fanicamente como un cap\u00ed\u00adtulo preliminar o como introducci\u00f3n, o como una contribuci\u00f3n sectorial o de verificaci\u00f3n, sino que acompa\u00f1en y sostengan la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica en todos los puntos importantes, en todos los momentos centrales de su progresi\u00f3n en la comprensi\u00f3n de los misterios de la fe\u00bb \u00ab. \u00abEl s\u00ed\u00admbolo -escribe Chenu- no es un adorno accesorio del misterio ni una pedagog\u00ed\u00ada provisional, sino el resorte coesencial de su comunicaci\u00f3n. He ah\u00ed\u00ad la profundidad de la inserci\u00f3n psicol\u00f3gica y ontol\u00f3gica del s\u00ed\u00admbolo ritual en el seno del misterio\u00bb \u00ab. Tambi\u00e9n L.-M. Chauvet, en su \u00abaproximaci\u00f3n a los sacramentos a trav\u00e9s de la v\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo\u00bb, y sobre todo en su intento de profundizar \u00abla eficacia simb\u00f3lica de los sacramentos\u00bb, subraya que las aportaciones de las ciencias humanas \u00abno son una simple proped\u00e9utica al estudio teol\u00f3gico que empezar\u00ed\u00ada despu\u00e9s, sino que atraviesan de arriba abajo su desarrollo\u00bb.<br \/>\nPartiendo de la existencia cristiana, los sacramentos no se a\u00ed\u00adslan como acciones independientes, sino que se sit\u00faan dentro del conjunto de las acciones simb\u00f3licas y de las celebraciones de la vida humana y cristiana: por medio de ellos, las situaciones fundamentales de nuestra existencia se ritualizan en la acci\u00f3n de la iglesia, como expresiones m\u00e1s intensas y concretas de la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo y de nuestra adhesi\u00f3n a \u00e9l en la fe. El rito religioso posee una eficacia espec\u00ed\u00adfica sobre el hombre, la cual representa el substrato antropol\u00f3gico de la eficacia de la fe. La profundizaci\u00f3n del comportamiento simb\u00f3lico-ritual abre el camino a la comprensi\u00f3n de su car\u00e1cter institucional, de su funci\u00f3n formativa, de su capacidad de intensificar el compromiso de cada uno y la comunicaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de categor\u00ed\u00adas personalistas unidas a la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, hoy se trata tambi\u00e9n de repensar la intuici\u00f3n fundamental de Odo Casel [->  Misterio; ->  Memorial], tendente a la prolongaci\u00f3n de la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo a partir del Jes\u00fas de la historia, denunciando la insuficiencia de una interpretaci\u00f3n ontol\u00f3gica, intencional o puramente \u00e9tica para fundar la uni\u00f3n entre la liturgia y la vida.<\/p>\n<p>5. EDUCACI\u00ed\u201cN PARA EL SIMBOLISMO. A nivel pedag\u00f3gico, la revalorizaci\u00f3n de la funci\u00f3n simb\u00f3lica ha llevado a una toma de conciencia de la importancia de una educaci\u00f3n para el simbolismo como momento esencial de una iniciaci\u00f3n y de una ->  formaci\u00f3n lit\u00fargica. Tal educaci\u00f3n para el simbolismo nos parece que se debe configurar: a nivel subjetivo, como perfeccionamiento de la actitud contemplativa y de la percepci\u00f3n simb\u00f3lica; a nivel objetivo, como iniciaci\u00f3n al simbolismo de las realidades naturales (luz, fuego, agua, etc.) y de algunas experiencias relacionales (de la convivalidad, por ejemplo); a nivel cultural, como inserci\u00f3n gradual en un determinado contexto social; a nivel expresivo, como formaci\u00f3n para la expresi\u00f3n simb\u00f3lica (expresi\u00f3n corporal, pedagog\u00ed\u00ada del ->  gesto y de las posturas, lenguaje simb\u00f3lico).<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n lit\u00fargica debe proponerse como objetivo tambi\u00e9n una iniciaci\u00f3n progresiva a las actitudes interiores y exteriores que caracterizan la vida lit\u00fargica y, en particular, a los valores humanos, base de toda celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y sacramental, como el sentido de la ->  fiesta, el estar juntos, el convite fraterno, el ->  canto y la ->  oraci\u00f3n com\u00fan, el ->  silencio de la escucha y de la meditaci\u00f3n, la expresi\u00f3n del agradecimiento, del perd\u00f3n, etc. Ser\u00e1 la biblia quien d\u00e9 una aportaci\u00f3n insustituible a toda educaci\u00f3n al simbolismo cristiano, mientras que para la formaci\u00f3n lit\u00fargica no habr\u00e1 ninguna pedagog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica m\u00e1s eficaz que la experiencia de celebraciones vivas y aut\u00e9nticas, en un contexto de fe y participaci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>VI. Conclusiones pastorales<br \/>\n1. Una reflexi\u00f3n no unilateral sobre la situaci\u00f3n actual nos lleva a un renovado acto de confianza en el simbolismo lit\u00fargico: \u00e9ste se coloca en continuidad vital con la biblia; hace posible la celebraci\u00f3n misma del misterio y responde a profundas exigencias antropol\u00f3gicas, hoy particularmente sentidas.<\/p>\n<p>2. La atenci\u00f3n no se dirige a los s\u00ed\u00admbolos tomados en s\u00ed\u00ad mismos, m\u00e1s o menos necesitados de manipulaci\u00f3n o de sustituci\u00f3n, sino a todo un proceso de simbolizaci\u00f3n; el significado y la eficacia de una experiencia simb\u00f3lica dependen de una iniciaci\u00f3n, de una fe, de un sentido de identidad y de pertenencia a la iglesia y a la tradici\u00f3n cristiana, de la vitalidad de nuestras comunidades cristianas y de la autenticidad de sus celebraciones.<\/p>\n<p>3. Verdaderas acciones simb\u00f3licas no pueden funcionar como simples signos: su significaci\u00f3n y su eficacia no pueden definirse, explicarse, programarse, verificarse como algo ya establecido o convencional. Tampoco transmiten s\u00f3lo una informaci\u00f3n o un mensaje, sino que suscitan una postura vital, llevan a una toma de posici\u00f3n: \u00abLas figuras y los s\u00ed\u00admbolos est\u00e1n siempre ah\u00ed\u00ad para dar sentido a lo que la vida no deja de producir de nuevo para nuestra fe. Ellos son siempre el sentido que hay que encontrar, el riesgo que correr, la promesa que mantener, la alianza que renovar\u00bb \u00ab.<\/p>\n<p>4. Tambi\u00e9n por eso nos parece que razones de fe y motivaciones antropol\u00f3gicas nos deben llevar a rechazar el malentendido de aquellos que desean simplificar o explicar al m\u00e1ximo el lenguaje lit\u00fargico y vulgarizar gestos y elementos sensibles de la liturgia para reducirlos al nivel de la vida cotidiana. Para tener una liturgia rica en fuerza simb\u00f3lica debemos cuidar mucho las formas, con una celebraci\u00f3n plena y aut\u00e9ntica, aceptando la ruptura y el profetismo que ejercitan respecto a la existencia concreta.<\/p>\n<p>5. Queda abierto el problema de un lenguaje m\u00e1s acorde con la sensibilidad y los problemas del hombre de hoy y de una reinterpretaci\u00f3n de las acciones simb\u00f3licas en perspectiva hist\u00f3rica; tarea ardua, pero posible, en la liturgia cristiana. S\u00f3lo podr\u00e1n lograrlo hombres dotados de talento po\u00e9tico y de una fuerte disposici\u00f3n simb\u00f3lica, capaz de ponerse en sinton\u00ed\u00ada profunda con nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Hacemos nuestra la conclusi\u00f3n a la que llega J. Gelineau, de quien ya hemos tomado en las columnas precedentes alg\u00fan punto de reflexi\u00f3n: \u00ab\u00bfEncontrar nuevos s\u00ed\u00admbolos? \u00bfBuscar s\u00ed\u00admbolos modernos? Quiz\u00e1. Pero, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n? \u00bfY qui\u00e9n los retiene? \u00bfNo debemos m\u00e1s bien conceder un voto de confianza, d\u00e1ndoles todas sus posibilidades, a esas realidades humanas que Jes\u00fas y la iglesia han tomado de nuestra densidad corporal y ps\u00ed\u00adquica, de la naturaleza y de la cultura unidas indisolublemente, para que ellas signifiquen a Dios que viene a entablar alianza con el hombre? Esos signos y sacramentos, ya que construyen una historia, nuestra historia, no dejar\u00e1n de desplegar sus sentidos siempre nuevos en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las culturas, en todas las situaciones individuales o colectivas, a la luz del signo de Jon\u00e1s, \u00fanica llave simb\u00f3lica dada a los hombres en Cristo muerto y resucitado, hasta que \u00e9l venga\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAFIA:<br \/>\n1. En general<br \/>\nBarthes R., Elementos de semiolog\u00ed\u00ada, Madrid 1971; Bernard Ch.A., Simbolos espirituales, en NDE, Paulinas, Madrid 1979, 1304-1316; Cirlot J.E., Diccionario de s\u00ed\u00admbolos, Labor, Madrid 1978; D&#8217;Agostino F., Imaginaci\u00f3n simb\u00f3lica y estructura social, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985; Cassirer E., Filosof\u00ed\u00ada de las formas simb\u00f3licas 1-3, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico 1981; Eliade M., Im\u00e1genes y s\u00ed\u00admbolos, Taurus, Madrid 19742; Jung C.G., Simbolog\u00ed\u00ada del esp\u00ed\u00adritu, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico 1964; El hombre y sus s\u00ed\u00admbolos, Aguilar, Madrid 19742; Mateos J., S\u00ed\u00admbolo, en CFP, Cristiandad, Madrid 1983, 961-971; Mounin G., Introducci\u00f3n a la semiolog\u00ed\u00ada, Anagrama, Barcelona 1972; Ramseyer J.Ph., La palabra y la imagen, Dinor, San Sebasti\u00e1n 1967; Ruiz F., S\u00ed\u00admbolo, en DE 3, Herder, Barcelona 1984, 393-395; Sartore D., Signo-s\u00ed\u00admbolo, en DTI 4, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1983, 307-322; Schlette H.R., S\u00ed\u00admbolo, en CFT, Cristiandad, Madrid 1983; Splett J., S\u00ed\u00admbolo, en SM 6, Herder, Barcelona 1976, 354-359.<\/p>\n<p>2. Simbolismo lit\u00fargico<br \/>\nAgrelo S., Simbolog\u00ed\u00ada de la luz en el Sacramentario Veronense. Estudio hist\u00f3rico-literario, en \u00abAntonianum\u00bb 50 (1975) 5-123; Aldaz\u00e1bal J., Gestos y s\u00ed\u00admbolos 1-2, \u00abDossiers del CPL\u00bb 24-25, Barcelona 1984; Borobio D., El modelo simb\u00f3lico de sacramentolog\u00ed\u00ada, en \u00abPhase\u00bb 138 (1983) 473-489; Colin P., Fenomenolog\u00ed\u00ada y hermen\u00e9utica del simbolismo lit\u00fargico, en VV.AA., La liturgia del Vaticano II, Taurus, Madrid 1969, 239-276; Greeley A., Simbolismo religioso, liturgia y comunidad, en \u00abConcilium\u00bb 62 (1971) 218-231; Guardini R., El esp\u00ed\u00adritu de la liturgia, Araluce, Barcelona 19622, 125-137; Kirchgaessner A., El simbolismo sagrado en la liturgia, Fax, Madrid 1963; Laurentin A., Liturgia en construcci\u00f3n. Los gestos del celebran-te, Marova, Madrid 1967; Llopis J., La liturgia como lenguaje simb\u00f3lico, en \u00abPhase\u00bb 138 (1983) 447-456; Martimort A.G., Los signos, en La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19672, 185-219; Mulago V., Simbolismo religioso africano. Estudio comparativo con el sacramentalismo cristiano, BAC 407, Madrid 1979; Prado G., El simbolismo lit\u00fargico, en \u00abLiturgia\u00bb 1 (1946) 75-81; Rahner K., Para una teolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo, en Escritos de Teolog\u00ed\u00ada 4, Taurus, Madrid 1964, 283-321; Ramos M., Palabra y signos en la constituci\u00f3n de liturgia, en \u00abNotitiae\u00bb 212 (1984) 202-211; Vagaggini C., El sentido religioso de la liturgia, BAC 181, Madrid 1959, 26-123; Vergote A., Dimensiones antropol\u00f3gicas de la eucarist\u00ed\u00ada, en VV.AA., La eucarist\u00ed\u00ada, s\u00ed\u00admbolo y realidad, Studium, Madrid 1972, 7-50; La realizaci\u00f3n simb\u00f3lica en la expresi\u00f3n cultual, en \u00abPhase\u00bb 75 (1973) 213-233; VV.AA., Simbolismo y arte en la liturgia, en \u00abConcilium\u00bb 152 (1980) 165-291; VV.AA., Liturgia y belleza, en \u00abPhase\u00bb 143 (1984) 385-453. V\u00e9ase tambi\u00e9n la bibliograf\u00ed\u00ada de Arte, Gestos, Lengua\/Lenguaje y Sacramentos.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n &#8211; II. Nociones de signo y de s\u00ed\u00admbolo &#8211; III. Simbolismo cristiano: 1. El simbolismo b\u00ed\u00adblico; 2. Desarrollo del simbolismo cristiano &#8211; IV. Los signos en la liturgia cristiana: 1. NT y antig\u00fcedad cristiana; 2. La reflexi\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn; 3. La edad media &#8211; V. Renovaci\u00f3n y problem\u00e1tica actual: 1. La &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/signosimbolo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSIGNO\/SIMBOLO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17171","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17171","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17171"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17171\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}