{"id":17175,"date":"2016-02-05T11:10:41","date_gmt":"2016-02-05T16:10:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virginidad-consagrada-en-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:41","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:41","slug":"virginidad-consagrada-en-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virginidad-consagrada-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"VIRGINIDAD CONSAGRADA EN LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La virginidad en las comunidades apost\u00f3licas &#8211; II. Las v\u00ed\u00adrgenes consagradas en la edad patr\u00ed\u00adstica: 1. Hasta el concilio de Nicea (325); 2. Hasta la mitad del s. VII &#8211; III. Las v\u00ed\u00adrgenes consagradas en el medievo: 1. Las v\u00ed\u00adrgenes que viven en un monasterio; 2. Las v\u00ed\u00adrgenes en los movimientos de vida evang\u00e9lica; 3. La virginidad consagrada seg\u00fan santo Tom\u00e1s de Aquino (+ 1274) &#8211; IV. Doctrina y praxis de la consagraci\u00f3n virginal del concilio de Trento al Vat. II: 1. El concilio de Trento; 2. La enc\u00ed\u00adclica \u00abSacra virginitas\u00bb; 3. El Vat. II; 4. La praxis de la virginidad consagrada.<\/p>\n<p>Aunque en este Diccionario se reservan dos voces a la ilustraci\u00f3n de ->  libros lit\u00fargicos concernientes a la vida de especial consagraci\u00f3n a Dios en la iglesia [->  Consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes; ->  Profesi\u00f3n religiosa], no parece in\u00fatil detenerse, casi a modo de introducci\u00f3n, en la historia de la virginidad consagrada, presente en la iglesia desde sus or\u00ed\u00adgenes, presencia que llega a justificar, en cierto sentido, la existencia de un ritual para un estado de vida no sancionado con un sacramento -mientras que una liturgia para el estado de vida conyugal, al que \u00abCristo nuestro Se\u00f1or bendijo abundantemente\u00bb (GS 48) con el sacramento del ->  matrimonio, no necesita apolog\u00ed\u00ada-. Por eso el plan de lectura de la amplia tem\u00e1tica \u00abvida de especial consagraci\u00f3n y liturgia\u00bb podr\u00ed\u00ada articularse de la siguiente manera: 1) Virginidad consagrada en la iglesia (la presente voz); 2) ->  Consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes; 3) ->  Profesi\u00f3n religiosa (N.d.R.).<\/p>\n<p>Prescindiendo del caso particular de Jerem\u00ed\u00adas, c\u00e9libe por orden de Yav\u00e9 (Jer 16:1-4), y quiz\u00e1 los casos de los profetas El\u00ed\u00adas y Eliseo, que, seg\u00fan tradiciones eclesi\u00e1sticas, vivieron en celibato y de la posible presencia de c\u00e9libes en la comunidad esenio-qumramita, la virginidad consagrada , es una instituci\u00f3n neotestamentaria, espec\u00ed\u00adficamente cristiana, y constituye una forma de vida constantemente presente en la historia de la iglesia.<\/p>\n<p>I. La virginidad en las comunidades apost\u00f3licas<br \/>\nNo es nuestra intenci\u00f3n tratar aqu\u00ed\u00ad de la noci\u00f3n de virginidad en el NT, sino que simplemente deseamos poner de relieve c\u00f3mo en las comunidades apost\u00f3licas hombres y mujeres, siguiendo el ejemplo y el consejo del Se\u00f1or (Mat 19:10-12), viv\u00ed\u00adan la continencia voluntaria por el reino; sensible a los valores de la virginidad merced al testimonio del Bautista, \u00abel amigo del esposo\u00bb (Jua 3:29), la primitiva tradici\u00f3n cristiana considera que el ap\u00f3stol Juan, tipo del perfecto disc\u00ed\u00adpulo del Se\u00f1or, vivi\u00f3 en virginidad; Pablo, convertido a Cristo, vive c\u00e9libe para dedicarse por entero a la causa del evangelio y se convierte en teorizador y propagador de la doctrina sobre la virginidad consagrada (1Co 7:1.7-8.25-38); en la comunidad de Cesarea, el di\u00e1cono Felipe \u00abten\u00ed\u00ada&#8230; cuatro hijas v\u00ed\u00adrgenes, que profetizaban\u00bb (Heb 21:9) 6.<\/p>\n<p>Los datos b\u00ed\u00adblicos no nos permiten indicar otros disc\u00ed\u00adpulos que eligieran la virginidad por el reino; tampoco sabemos qu\u00e9 frutos obtuvo en este campo la predicaci\u00f3n de Pablo. De todas formas, algunos escritos de los padres apost\u00f3licos, que nos llevan retrospectivamente a un tiempo cercano al de los ap\u00f3stoles, nos informan de comunidades paulinas y joaneas en las que florece la vida virginal: Clemente Romano exhorta a los corintios: \u00abEl casto en su carne no se jacte de serlo, sabiendo como sabe que es otro quien le otorga el don de la continencia\u00bb (Ad Corinthios 38,2: Padres Apost\u00f3licos, BAC 65, Madrid 1979&#8242;, 213); Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada escribe a Policarpo, disc\u00ed\u00adpulo del ap\u00f3stol Juan y obispo de Esmirna: \u00abSi alguno se siente capaz de permanecer en castidad para honrar la carne del Se\u00f1or, que permanezca sin engreimiento\u00bb (Ad Polycarpum 5,2: BAC 65, p. 500); por su parte, Policarpo amonesta a los filipenses: \u00abLas v\u00ed\u00adrgenes caminen en intachable y pura conciencia\u00bb (Ad Philippenses 5,3: BAC 65, p. 665).<\/p>\n<p>Todo esto demuestra que la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre la virginidad, diametralmente opuesta a la de los rabinos, fue acogida en las comunidades apost\u00f3licas y subapost\u00f3licas: en ellas, la opci\u00f3n de la virginidad, con motivaciones cristol\u00f3gicas, asc\u00e9ticas y escatol\u00f3gicas, es un dato de hecho, objeto de atenci\u00f3n por parte de los pastores, que ya ponen tambi\u00e9n en guardia a los fieles contra posibles desviaciones y peligros en esta materia.<\/p>\n<p>II. Las v\u00ed\u00adrgenes consagradas en la edad patr\u00ed\u00adstica<br \/>\nLa \u00e9poca de los padres es particularmente importante en la historia de la virginidad cristiana; en su tiempo, el ideal de la virginidad experimenta un extraordinario florecimiento y es objeto de una notable profundizaci\u00f3n doctrinal. En nuestra exposici\u00f3n, de car\u00e1cter necesariamente sint\u00e9tico, distinguiremos en la edad patr\u00ed\u00adstica dos grandes per\u00ed\u00adodos: el primero, desde el principio hasta el concilio de Nicea (325); el segundo, desde Nicea hasta la mitad del s. vii.<\/p>\n<p>1. HASTA EL CONCILIO DE NICEA (325). A las alusiones escasas de los padres apost\u00f3licos y a las tambi\u00e9n sobrias de los primeros apologistas sigue, a partir del final del s. II, una abundante literatura sobre la virginidad cristiana. Se escriben las primeras obras monogr\u00e1ficas sobre el argumento: los Actos de Pablo y de Tecla y la Carta a las v\u00ed\u00adrgenes, del pseudo-Clemente, dos ap\u00f3crifos de finales del s. II; los op\u00fasculos El velo de las v\u00ed\u00adrgenes, de Tertuliano, y El vestido de las v\u00ed\u00adrgenes, de Cipriano; el Di\u00e1logo sobre la virginidad, de Metodio de Olimpo. Pero m\u00e1s numerosas e interesantes con frecuencia son las p\u00e1ginas sobre la virginidad contenidas en obras de tem\u00e1tica m\u00e1s amplia y de diferente g\u00e9nero literario (tratados teol\u00f3gicos, escritos de controversia, cartas, homil\u00ed\u00adas&#8230;).<\/p>\n<p>De esta literatura se desprende que el testimonio de la virginidad va adquiriendo progresivamente importancia en la vida de la iglesia: en la escala de los valores, los santos padres la sit\u00faan inmediatamente despu\u00e9s del testimonio de la sangre ofrecido por el m\u00e1rtir. A medida que remite la persecuci\u00f3n y la figura del m\u00e1rtir va perdiendo actualidad, el virgen, y sobre todo la virgen, se hace el tipo m\u00e1s representativo de la santidad eclesial: con su opci\u00f3n y su vida, la virgen vence los est\u00ed\u00admulos negativos y los peligros del sexo, a veces sobrevalorados por algunos padres y por las corrientes her\u00e9ticas del tiempo; vence asimismo el apego a la familia,.y por tanto est\u00e1 en condiciones particularmente favorables para seguir a Cristo (Luc 14:26-27); vence, por fin, el paganismo que la rodea, porque con la fidelidad prometida a Cristo supera las lisonjas de la idolatr\u00ed\u00ada y con la autenticidad de la vida denuncia la corrupci\u00f3n del mundo pagano.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista eclesial, a las v\u00ed\u00adrgenes, que segu\u00ed\u00adan viviendo en sus propias casas, se las considera como una categor\u00ed\u00ada particular de fieles (ordo virginum): por \u00ed\u00adntima vocaci\u00f3n est\u00e1n dedicadas al culto divino, y con frecuencia se les reconoce el carisma de profec\u00ed\u00ada; por el compromiso aceptado, tienen en la comunidad una tarea de edificaci\u00f3n y de ejemplo \u00abpara aquellos que ya son fieles o para los que lo ser\u00e1n\u00bb (pseudo-Clemente, Carta a las v\u00ed\u00adrgenes 3,1: Funk 2,2); por su conducta santa, ellas, objeto de una particular solicitud pastoral, son consideradas \u00abflores que han brotado en la iglesia [&#8230;], reflejo de Dios e impronta de la santidad del Se\u00f1or, porci\u00f3n elegida del reba\u00f1o de Cristo\u00bb (Cipriano, El vestido de las v\u00ed\u00adrgenes 3: CSEL 3\/ 1, 189).<\/p>\n<p>En la patr\u00ed\u00adstica prenicena ya est\u00e1n presentes los temas principales de la doctrina sobre la virginidad consagrada \u00ab. A partir de Tertuliano se explicita el tema esponsal, que ser\u00e1 caracter\u00ed\u00adstico de la teolog\u00ed\u00ada sobre la virginidad: refiri\u00e9ndose a 2Co 11:2, los padres ven en el propositum virginitatis un matrimonio entre Cristo (Dios) y la virgen; a \u00e9sta se la llama sponsa Christi, Christo dicata, virgo Christo maritata, Deo nupta, sacrata Deo virgo&#8230; \u00c2\u00b0 As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n se hace resaltar la relaci\u00f3n entre la iglesia y la virgen; relaci\u00f3n de origen: la virgo sacra nace de la iglesia, que, cual madre, imprime en la hija sus rasgos espirituales; relaci\u00f3n simb\u00f3lica: la hija, en su triple condici\u00f3n de virgo sponsa mater, se hace signo visible de la madre, la iglesia, virgen por la integridad de la fe, esposa por la indisoluble uni\u00f3n con Cristo, fecunda por la muchedumbre de sus hijos.<\/p>\n<p>Los padres prenicenos vieron tambi\u00e9n el valor de la virginidad como un retorno al para\u00ed\u00adso, o sea, a la condici\u00f3n de Eva originaria, virgen pura; como expresi\u00f3n de ap\u00e1theia o virtud entendida como dominio de s\u00ed\u00ad y ausencia de pasiones; como anticipaci\u00f3n de la vida futura, porque \u00aben la resurrecci\u00f3n no hay esposos ni esposas, sino que son como \u00e1ngeles en el cielo\u00bb (Mat 22:30). En ambiente alejandrino se subraya el aspecto sacramental de la virginidad; para Or\u00ed\u00adgenes es un medio peculiar de participaci\u00f3n en el misterio de Cristo y de asimilaci\u00f3n a su humanidad virginal; tambi\u00e9n es \u00abs\u00ed\u00admbolo y tipo de la uni\u00f3n Cristo-iglesia\u00bb, as\u00ed\u00ad como \u00abresultado de una intervenci\u00f3n santificante directa de Cristo y de la iglesia\u00bb<br \/>\nNo les pas\u00f3 desapercibida, finalmente, a los padres que la elecci\u00f3n por parte de Dios de una madre virgen para la encarnaci\u00f3n del Verbo constitu\u00ed\u00ada una precisa indicaci\u00f3n sobre el valor y la excelencia de la virginidad: \u00ab\u00bfNo sabes cu\u00e1n sublime y extraordinaria gloria se reserva a la virginidad? La Virgen santa llev\u00f3 en su seno al Hijo de Dios, nuestro Se\u00f1or Jesucristo; de la Virgen santa \u00e9l asumi\u00f3 su cuerpo que destin\u00f3 en este mundo a los dolores y a las penas. De ello, pues, debes deducir la excelencia y dignidad de la virginidad\u00bb (pseudo-Clemente, Carta a las v\u00ed\u00adrgenes 5-6: Funk 2,4-5). Por lo dem\u00e1s, seg\u00fan Or\u00ed\u00adgenes, es \u00abrazonable ver en Jes\u00fas las primicias de la castidad de los hombres que viven en celibato, y en Mar\u00ed\u00ada las primicias de la castidad de las mujeres. Ser\u00ed\u00ada un sacrilegio atribuir a otra mujer las primicias de la virginidad (Comentario a Mateo, 10,17: SC 162, 216).<\/p>\n<p>Pero pese a la alta estima de que goza la virginidad consagrada en la iglesia prenicena, a prop\u00f3sito de ella se plantean numerosos problemas. Algunos son de \u00ed\u00adndole asc\u00e9tico-disciplinar: el peligro de que en el coraz\u00f3n de la virgen se insin\u00faen, como elementos corruptores, la presunci\u00f3n y la soberbia, de donde se siguen las frecuentes exhortaciones de los padres a la humildad y la vigilancia; las sospechas que rodean a la pr\u00e1ctica establecida en las iglesias de \u00ed\u0081frica y Siria del matrimonium spirituale -cohabitaci\u00f3n de dos v\u00ed\u00adrgenes de diferente sexo-, que determinar\u00e1n la r\u00e1pida abolici\u00f3n de esta instituci\u00f3n a nivel can\u00f3nico; el riesgo no s\u00f3lo hipot\u00e9tico de que la virgen falte a su compromiso. Para los padres, la virgen consagrada que contrae matrimonio es traidora y, en especial, ad\u00faltera, incestuosa, b\u00ed\u00adgama: ad\u00faltera \u00abno a un marido, sino a Cristo\u00bb, como dice incisivamente san Cipriano (El vestido de las v\u00ed\u00adrgenes 20: CSEL 3\/ 1, 201); incestuosa, \u00absin duda, porque los dem\u00e1s cristianos con los que la virgen se une son hermanos de Cristo\u00bb\u00bb; b\u00ed\u00adgama, o sea, pasada a segundas nupcias, y por tanto considerada por el concilio de Ancira (314) como las mujeres que se casan dos veces (can. 19: MANSI2, 519), con todas las consecuencias jur\u00ed\u00addicas que de ello se derivan. Otros problemas son de \u00ed\u00adndole doctrinal: las ambig\u00fcedades derivadas del hecho de que la estima hacia la virginidad prospera entre los movimientos her\u00e9ticos que, condenando la materia como. intr\u00ed\u00adnsecamente mala (marcionitas, encratitas, diversas sectas gn\u00f3sticas), rechazan la instituci\u00f3n matrimonial y exaltan la castidad est\u00e9ril porque, a diferencia del matrimonio, no propaga la especie; los prejuicios inadmisibles que a veces se deslizan entre los autores ortodoxos, como la reducci\u00f3n del campo de la concupiscencia \u00fanicamente a la esfera sexual y la visi\u00f3n pesimista del matrimonio, que, apoy\u00e1ndose en 1Co 7:8-9, considera casi exclusivamente como remedio al mal peor de la incontinencia.<\/p>\n<p>A esta \u00e9poca se remontan las primeras confrontaciones entre matrimonio y virginidad consagrada, que se resuelven casi siempre con la misma afirmaci\u00f3n: el primero es bonum, pero la segunda es melius; de todas formas, para apoyar esa doctrina, los padres con frecuencia, en vez de recurrir a argumentos teol\u00f3gicos, se remiten a razones asc\u00e9ticas y a motivos pr\u00e1cticos: comparan, en apuntes que preludian los esbozos caricaturescos de los ss. iv-v, las molestias del matrimonio con las ventajas de la virginidad; pero no faltan confrontaciones marcadas por una visi\u00f3n m\u00e1s serena y equilibrada: \u00ab&#8230; como aquella que, no casada, piensa en las cosas del Se\u00f1or para ser santa en el cuerpo y en el esp\u00ed\u00adritu -escribe Clemente Alejandrino-, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n aquella que se ha casado se ocupa, en el Se\u00f1or, tanto de las cosas del marido como de las cosas del Se\u00f1or, para ser santa en el cuerpo y en el esp\u00ed\u00adritu. Ambas, efectivamente, son santas en el Se\u00f1or, una como esposa, la otra como virgen\u00bb (Stromata III,1Co 12:8, 1Co 12:2-3 : GCS Clemens Alex. 2,236-237).<\/p>\n<p>Una disposici\u00f3n de la colecci\u00f3n can\u00f3nico-lit\u00fargica compilada por Hip\u00f3lito hacia el 215 revela la existencia de una problem\u00e1tica teol\u00f3gica y disciplinar a prop\u00f3sito de la instituci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas: \u00abNo se imponga la mano sobre la virgen: es \u00fanicamente su decisi\u00f3n la que la hace virgen\u00bb (Tradici\u00f3n apost\u00f3lica 12: SC 11-bis, 68). De tal decisi\u00f3n se desprende que en algunos lugares se insinuaba la praxis o al menos se suger\u00ed\u00ada la hip\u00f3tesis de la ordenaci\u00f3n sacramental de las v\u00ed\u00adrgenes, a la manera de la de los obispos, los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos \u00ab: la seca aclaraci\u00f3n de Hip\u00f3lito elimina cualquier duda al respecto. Pero por encima de la delicada cuesti\u00f3n de la imposici\u00f3n de manos, nos podemos preguntar: en la iglesia prenicena la emisi\u00f3n del voto de virginidad, \u00bfimplicaba una celebraci\u00f3n lit\u00fargica? Los investigadores parecen excluirlo.<\/p>\n<p>2. HASTA LA MITAD DEL S. VII. Despu\u00e9s del concilio de Nicea (325) el inter\u00e9s por el tema de la virginidad consagrada lejos de decrecer alcanza su culminaci\u00f3n, intensific\u00e1ndose y dilat\u00e1ndose: en los ss. Iv y v, siglos de oro de la edad patr\u00ed\u00adstica, aumenta considerablemente el n\u00famero de v\u00ed\u00adrgenes consagradas, y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la virginidad cristiana llega a su punto m\u00e1s alto; pero tambi\u00e9n en los decadentes ss. vi y vn se mantiene viva la atenci\u00f3n por la praxis y la doctrina de la virginidad cristiana.<\/p>\n<p>Muchos escritos sobre nuestro argumento proceden de ambiente alejandrino; uno de ellos -el Discurso sobre la virginidad (TU 29,2; PG 28,252-281)- parece obra aut\u00e9ntica de san Atanasio (+ 373). El tratado, escrito para las v\u00ed\u00adrgenes consagradas que viven en la propia casa, contiene preciosas normas de vida asc\u00e9tica.<\/p>\n<p>Los dos hermanos capadocios, san Basilio Magno (+ 379) y san Gregorio de Nisa (+ ca. 394), nos han dejado p\u00e1ginas de gran valor sobre la virginidad: san Basilio escribi\u00f3 una dolorosa Epistula ad virginem lapsam (PG 32,369-381), en la que se\u00f1ala las obligaciones que se derivan del voto pronunciado \u00abdelante de Dios, de los \u00e1ngeles y de los hombres\u00bb (ib, 372) y la gravedad de la culpa que la virgen comete recurriendo a bodas humanas; pero con el trasfondo de la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (Luc 15:11-32) presenta a la pecadora un perd\u00f3n rehabilitador por el que, arrepentida, podr\u00e1 recuperar el \u00abvestido anterior\u00bb (ib, 381); san Gregorio compuso el tratado De virginitate (SC 119; PG 46,317-416) \u00abpara infundir en quienes lo lean el deseo de la vida virtuosa. Porque [&#8230;] la vida secular est\u00e1 sujeta a muchas distracciones, nuestro escrito no puede menos que recomendar la vida basada en la virginidad como puerta de entrada a una conducta m\u00e1s sabia\u00bb (SC 119; 246).<\/p>\n<p>Otro capadocio, san Gregorio Nacianceno (+ 390), \u00ed\u00adntimo amigo de san Basilio, canta repetidamente la virginidad cristiana en versos que a veces est\u00e1n transidos de un verdadero sentimiento po\u00e9tico: In laudem virginitatis (PG 37,521-573), Praecepta ad virgines (ib, 573-632), Ad virginem (ib, 640-642). Escritos hacia el final de su vida, estos poemas constituyen un sereno testimonio de la importancia de la virginidad en la vida de la iglesia.<\/p>\n<p>Basilio de Ancira (+ ca. 364), en Asia Menor, antiguo m\u00e9dico, escribi\u00f3 tambi\u00e9n un tratado De virginitate (PG 30,669-809), en el que ilustra con verismo los peligros que amenazan a la virginidad y se detiene en los aspectos fisiol\u00f3gicos y diet\u00e9ticos unidos a ella.<\/p>\n<p>En Siria se recuerda, pese a las incertidumbres cr\u00ed\u00adticas que rodean su obra, a san Efr\u00e9n (+ 373), autor de numerosos himnos, entre los cuales los cincuenta y dos de la colecci\u00f3n Hymni de virginitate et de mysteriis Domini nostri (CSCO 94), en los que, tratando el tema de la virginidad, se remite a las figuras de Mar\u00ed\u00ada, la Madre de Jes\u00fas, y de Juan, el ap\u00f3stol virgen, predilecto del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>San Juan Cris\u00f3stomo (+ 407), antioqueno, escribi\u00f3 quiz\u00e1 el tratado m\u00e1s importante -De virginitate (SC 125: PG 48,533-596)- a nivel pr\u00e1ctico, por la orientaci\u00f3n pastoral y la atenci\u00f3n concedida a los aspectos \u00e9ticos. Por el equilibrio de sus posturas en la comparaci\u00f3n entre la virginidad consagrada y el matrimonio, ha merecido ser llamado \u00abdefensor del matrimonio y ap\u00f3stol de la virginidad\u00bb. Para evitar posibles esc\u00e1ndalos y el pulular de sospechas escribi\u00f3 dos cartas de contenido disciplinar y de tono pol\u00e9mico: una contra los miembros del clero que ten\u00ed\u00adan en casa v\u00ed\u00adrgenes consagradas (Adversus eos qui apud se habent virgines subintroductas, PG 47,495-513); la otra para disuadir a las v\u00ed\u00adrgenes regulares, dedicadas oficialmente al servicio de la iglesia, y por tanto sujetas a leyes can\u00f3nicas, de hospedar de manera habitual a hombres (Quod regulares faeminae viris cohabitare non debeant, PG 47,513-532)<br \/>\nLos mayores escritores de Occidente, san Ambrosio en Mil\u00e1n, san Jer\u00f3nimo en Palestina y Roma y san Agust\u00ed\u00adn en Hipona, abogaron tanto como sus colegas orientales por la defensa y exaltaci\u00f3n de la virginidad cristiana.<\/p>\n<p>Las obras de san Ambrosio (+ 397) sobre este tema son numerosas y escritas con afecto particular: en el 377, tres a\u00f1os despu\u00e9s de su elecci\u00f3n episcopal, public\u00f3 los tres libros De virginibus ad Marcellinam sororem (PL 16,197-244) que hicieron se le considerase \u00abel cl\u00e1sico de la antig\u00fcedad cristiana acerca de la virginidad\u00bb\u00bb y la m\u00e1s ambrosiana de sus obras; pronto le sigui\u00f3, en 378, el tratado De virginitate (PL 16,279-316), en el que reafirma el valor de la virginidad y se defiende de la acusaci\u00f3n de exaltar demasiado el estado virginal; el De institutione virginis (PL 16,319-348), del 392, deriva de una homil\u00ed\u00ada pronunciada en Bolonia para la velatio de la virgen Ambrosia; finalmente, la Exhortatio virginitatis (PL 16,351-380) desarrolla una homil\u00ed\u00ada pronunciada en Florencia el 393 con ocasi\u00f3n de la dedicaci\u00f3n de una bas\u00ed\u00adlica construida gracias a la munificencia de la viuda Juliana, a cuyos hijos exhorta Ambrosio a abrazar la vida virginal. Pero independientemente de estas obras espec\u00ed\u00adficas, el tema de la virginidad reaparece en otras muchas p\u00e1ginas ambrosianas: en obras dogm\u00e1ticas y comentarios exeg\u00e9ticos, en cartas e himnos.<\/p>\n<p>San Jer\u00f3nimo (+ 419) es un ap\u00f3stol y un ac\u00e9rrimo defensor de la virginidad cristiana, pero no posee ni la atrayente suavidad de Ambrosio ni la paciente humildad de Agust\u00ed\u00adn. Cuando Jer\u00f3nimo escribe sobre la virginidad, frecuentemente arrastrado por el fuego de la pol\u00e9mica, rebasa los l\u00ed\u00admites. Contra Elvidio, que para reforzar su tesis contra el ascetismo y la virginidad, hab\u00ed\u00ada afirmado que Mar\u00ed\u00ada, despu\u00e9s del nacimiento de Jes\u00fas, hab\u00ed\u00ada vivido conyugalmente con Jos\u00e9, escribe el punzante op\u00fasculo De perpetua virginitate b. Mariae (PL 23,193-206); igualmente contra el monje Joviniano, que igualaba en m\u00e9rito el estado virginal y el estado matrimonial, escribe los dos libros Adversus Iovinianum (ib, 221-352), en los que confuta eficazmente al adversario, pero parece despreciar el valor del matrimonio; el a\u00f1o 384 redacta la famosa Carta a Eustoquio (Ep. 22: CSEL 54,143-211), exhortaci\u00f3n vigorosa a la virginidad y pintoresca denuncia de los peligros que la acechan; la Carta a Pammaquio (Ep. 49: ib, 350-387) es una precisi\u00f3n necesaria, porque algunos han visto en el escrito contra Joviniano \u00abuna impl\u00ed\u00adcita condena del matrimonio\u00bb (ib, 351); en 414, treinta a\u00f1os despu\u00e9s del escrito dirigido a Eustoquio, Jer\u00f3nimo compone un nuevo tratado para una profesi\u00f3n virginal, la Carta a Demetr\u00ed\u00adades (Ep. 130: CSEL 56,175-201), m\u00e1s breve, menos brillante, pero siempre vigoroso en la convencida exhortaci\u00f3n a la virginidad consagrada.<\/p>\n<p>Lamentando no poseer una virtud que admiraba profundamente, san Agust\u00ed\u00adn escribi\u00f3, en 401, el tratado De sancta virginitate (CSEL 41,233-302), obra maestra de la doctrina patr\u00ed\u00adstica sobre el argumento, en el que inculca la estima y el amor de la virginidad sin despreciar el matrimonio, y ense\u00f1a a cultivar la humildad para custodiar la pureza virginal del coraz\u00f3n y del cuerpo. Pero indicaciones valiosas sobre la virginidad se encuentran dispersas por otras muchas obras suyas, sobre todo en los tratados De bono coniugali (ib, 184-231), De continentia (ib, 139-183) y De bono viduitatis (ib, 303-343), que constituyen una especie de \u00abbiblioteca agustiniana\u00bb sobre el ascetismo cristiano.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los tres grandes doctores, otros autores de Occidente han escrito p\u00e1ginas notables sobre la virginidad. San Zen\u00f3n de Verona (+ ca. 371) en las homil\u00ed\u00adas De pudicitia (CCL 22,8-14) y De continentia (ib, 171-178), reafirma la doctrina tradicional de la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio; y para probarla se remite al ejemplo de Mar\u00ed\u00ada \u00abesposa y madre, s\u00ed\u00ad, pero tambi\u00e9n virgen despu\u00e9s del matrimonio; y conservada tal precisamente porque el Hijo no encontr\u00f3 privilegio m\u00e1s bello que regalar a su madre\u00bb\u00bb. El tema del lamento por la virgen ca\u00ed\u00adda reaparece en el De lapsu virginis sacratae (PL 16,367-384), atribuido a Nicetas de Remesiana (despu\u00e9s del 414). De ambiente pelagiano proceden varios op\u00fasculos no carentes de inter\u00e9s: la Epistula ad Claudiam de virginitate (CSEL 1, 224-250), obra del mismo Pelagio, poco le\u00ed\u00adda a causa de la condena que pesa sobre su autor, hoy en cambio, se la considera como uno de los mejores tratados del s. v sobre la virginidad; la Epistula de castitate (PL supl. 1,1464-1505) y la Consolatio ad virginem in exilium missam (PL 30,55-60), que testifican la estima de que gozaba la virginidad incluso en un ambiente que se iba alejando progresivamente de la ortodoxia.<\/p>\n<p>Al final de la edad patr\u00ed\u00adstica, san Fulgencio de Ruspe (+ 533) con la Carta a Proba (Ep. 3: CCL 91,212-229) contin\u00faa la tradici\u00f3n del obispo-padre que escribe un libellus de virginitate para la virgen-hija consagrada a Cristo; en la l\u00ed\u00adnea de Cipriano y Ambrosio, de Jer\u00f3nimo y Agust\u00ed\u00adn, la carta de san Fulgencio, tradicional y equilibrada en cuanto a los contenidos, es a la vez exhortaci\u00f3n y aviso, ense\u00f1anza y regla de vida. En la misma l\u00ed\u00adnea, pero m\u00e1s rico de sugerencias y m\u00e1s org\u00e1nico que el libellus de san Fulgencio, se encuentra el \u00e1ureo tratado De institutione virginum et de contemptu mundi (BAC 321, pp. 21-76), de san Leandro de Sevilla (t 600), escrito como regalo nupcial para Florentina, hermana e hija espiritual del santo, con ocasi\u00f3n de su consagraci\u00f3n virginal. Por el car\u00e1cter normativo de sus disposiciones y por el tipo de problemas que afronta, propios de la vida comunitaria, la carta de Leandro asume el tono y el aspecto de una regla mon\u00e1stica, y como tal -Regula s. Leandri- se la conoce precisamente.<\/p>\n<p>En este punto nos parece necesario aludir a algunas transformaciones en el modo de vivir la virginidad consagrada que se perfilan en este per\u00ed\u00adodo, y a algunos aspectos que se definen con mayor claridad.<\/p>\n<p>La virgo sacra se transforma progresivamente en una sanctimonialis: el monasterio ocupa el lugar de la casa paterna; a la autoridad del obispo se a\u00f1ade la de la superiora; el servicio eclesial, desarrollado en medio de la comunidad, es sustituido por el servicio mon\u00e1stico, llevado a cabo frecuentemente en un lugar apartado, en r\u00e9gimen de separaci\u00f3n de la vida ordinaria de los fieles; la sequela Christi, vivida sin particulares estructuras en la propia casa, es sustituida por una forma de seguimiento minuciosamente programada por la regla, seg\u00fan las necesidades de la vida com\u00fan. A partir del s. iv se escriben numerosas reglas mon\u00e1sticas; en la mayor\u00ed\u00ada de los casos est\u00e1n compuestas para hombres, pero las utilizan tambi\u00e9n las mujeres; as\u00ed\u00ad sucede con las dos reglas m\u00e1s difundidas: la Regula ad monachos (PL 103,487-554) de san Basilio, en Oriente; y la Regula Benedicti (CSEL 75,1-165), en Occidente. Pero no faltan reglas escritas espec\u00ed\u00adficamente para las mujeres: en 423 san Agust\u00ed\u00adn escribe la Epistula 211 (CSEL 57,356-371), en la que adapta su Regula ad servos Dei (PL 32, 1377-1384) a las exigencias particulares de una comunidad mon\u00e1stica femenina; san Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s (+ 542) redacta los Statuta sanctarum virginum (G. Morin, S. Caesarii opera omnia II, 101-129), de particular importancia porque son la primera regla compuesta exclusivamente para mujeres; san Donato, obispo de Besancon (t 660), compuso una Regula ad virgines (PL 57,273-298), en la que combina preceptos de la regla de san Benito con otros de la regla de san Columbano.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n a partir del s. iv se perfila un ceremonial para la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes: tiene lugar ante el obispo y la comunidad eclesial, durante un rito lit\u00fargico bien definido y expresamente compuesto. Los testimonios al respecto son numerosos y expl\u00ed\u00adcitos: conocemos la fecha y el lugar de algunas celebraciones, los nombres de los obispos consagrantes y de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas y las l\u00ed\u00adneas esenciales del rito. Pero de todo esto se habla en ->  Consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, I.<\/p>\n<p>Los aspectos jur\u00ed\u00addicos de la consagraci\u00f3n se precisan con mayor cuidado. Por lo que se refiere a la edad requerida, la legislaci\u00f3n no es uniforme: en Roma y Mil\u00e1n, la valoraci\u00f3n del requisito de la edad se deja al buen juicio del obispo; en Espa\u00f1a, el concilio de Zaragoza (380) establece como edad m\u00ed\u00adnima cuarenta a\u00f1os (can. 8: MANSI 3,635); m\u00e1s tarde el concilio de Agde (506) adopta la misma norma para la Galia Narbonense (can. 19: MANSI8,328). En Africa son menos rigurosos: el concilio de Hipona (393) fija el l\u00ed\u00admite m\u00ed\u00adnimo de edad en veinticinco a\u00f1os (Breviarium Hipponense 1: CCL 149,33); y, poco despu\u00e9s, el concilio de Cartago del 318 modera a\u00fan m\u00e1s la disciplina admitiendo a la consagraci\u00f3n, \u00aben caso de necesidad\u00bb, tambi\u00e9n a v\u00ed\u00adrgenes de edad inferior (Codex canonum Ecclesiae Africanae 126: MANSI 3,822-823). A trav\u00e9s de Dionisio el Exiguo (t ca. 545), que introdujo esta norma en su afortunada Collectio Conciliorum, la praxis africana pas\u00f3 a ser general en Occidente. Sobre los efectos de la consagraci\u00f3n virginal, la legislaci\u00f3n de la \u00e9poca es sustancialmente un\u00e1nime al considerar que crea un v\u00ed\u00adnculo matrimonial entre la virgen y Cristo, por su misma naturaleza perpetuo e indisoluble, que va m\u00e1s all\u00e1 de la muerte (la virgen desposa al Hombre inmortal), p\u00fablico ante la sociedad civil y la comunidad eclesial, garantizado por la iglesia y sometido a su disciplina. En este campo la praxis disciplinar de Roma, ordinariamente m\u00e1s moderada que la de otras iglesias particulares, se caracteriza por un cierto rigorismo, en el que se debe ver sobre todo un signo de su estima hacia la virginidad consagrada: el papa Siricio (t 399) estableci\u00f3 que la monialis que hubiera faltado gravemente y con esc\u00e1ndalo al propositum castitatis fuera expulsada del monasterio y recluida in ergastulis de por vida, para que con l\u00e1grimas y penitencias expiase su delito (Ad Himerium episcopum Tarraconensem 7: PL 13, 1137); el papa Inocencio I (t 417), remiti\u00e9ndose por lo dem\u00e1s a Siricio, distingue entre las v\u00ed\u00adrgenes que han roto los esponsales con Cristo (que se han casado despu\u00e9s de haber formulado el propositum, pero no han recibido la consecratio) y las v\u00ed\u00adrgenes que han violado el matrimonio con Cristo (que se han casado despu\u00e9s de haber recibido la consecratio): las primeras, habiendo faltado a la palabra dada al Sponsus, deben hacer penitencia aliquanto tempore; las otras, ad\u00falteras que viven en adulterio permanente, no pueden ser admitidas a la penitencia mientras dure su situaci\u00f3n de convivientes con un hombre (Ad Victricium episcopum Rotomagensem 15-16: PL 20,478-480); para el papa Gelasio I (t 496), los matrimonios de las virgines lapsae son contratos incestuosos y sacr\u00ed\u00adlegos: para ellas, excluidas de la communio eclesial, no queda otra v\u00ed\u00ada de reconciliaci\u00f3n que la penitencia p\u00fablica y prolongada; y si verdaderamente se muestran como penitentes arrepentidas, podr\u00e1n recibir el vi\u00e1tico en punto de muerte (Ad episcopos per Lucaniam, et Brutios, et Siciliam constitutos 20: PL 59,54).<\/p>\n<p>Estas \u00faltimas anotaciones sobre el problema de las virgines lapsae y su condici\u00f3n can\u00f3nica no deben oscurecer el valor del testimonio ofrecido por la iglesia de los padres sobre la virginidad consagrada: testimonio pr\u00e1ctico, porque las v\u00ed\u00adrgenes, salvo dolorosas excepciones, viven con autenticidad su consagraci\u00f3n matrimonial a Cristo; y la iglesia local por su parte rodea al ordo virginum, considerado una novedad singular del cristianismo y una realidad eclesial de primera importancia, de atenciones y cari\u00f1o y, ayud\u00e1ndolo a nivel econ\u00f3mico, lo libra de excesivos apoyos materiales de orden temporal; testimonio te\u00f3rico, porque la reflexi\u00f3n sobre la virginidad consagrada toca v\u00e9rtices que quedar\u00e1n sustancialmente insuperados; como dec\u00ed\u00adamos en otro lugar [-> Consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, II], la concepci\u00f3n doctrinal que subyace a la moderna liturgia de la consecratio virginum proviene en gran medida del pensamiento teol\u00f3gico de los padres.<\/p>\n<p>III. Las v\u00ed\u00adrgenes consagradas en el medievo<br \/>\nLa edad media no ofrece elementos nuevos relevantes para la reflexi\u00f3n sobre la virginidad consagrada. De todas formas nos parece necesario considerar, aunque sea de manera sint\u00e9tica, el puesto que ocupan en la vida eclesial las v\u00ed\u00adrgenes que viven en los monasterios, la forma particular de testimonio de las v\u00ed\u00adrgenes -religiosas o laicas- que viven su consagraci\u00f3n a Cristo en el \u00e1mbito de los movimientos de retorno a la vida evang\u00e9lica y, finalmente, la contribuci\u00f3n de santo Tom\u00e1s de Aquino a la definici\u00f3n de la naturaleza de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes.<\/p>\n<p>1. LAS V\u00ed\u008dRGENES QUE VIVEN EN UN MONASTERIO. Del s. VII al s. XII se generaliza y consuma el proceso al que ya se ha aludido, por el que la consagraci\u00f3n virginal viene a identificarse con la profesi\u00f3n mon\u00e1stica: la virgo Deo sacrata es una sanctimonialis, y en concreto una claustralis. La virginidad, aunque sea vivida como donaci\u00f3n al Se\u00f1or, por parte de una mujer n\u00fabil que no entra en un monasterio, queda como un hecho interior, que no recibe ning\u00fan reconocimiento: esa mujer no recibe la consagraci\u00f3n lit\u00fargica, no accede al ordo virginum.<\/p>\n<p>Desde el s. VII, la Regla de san Benito se impone sobre otras ordenaciones mon\u00e1sticas y, por tanto, la vida virginal se vive sobre todo en ambiente benedictino. En el claustro se sigue estableciendo una graduaci\u00f3n entre los tres estados -conyugal, vidual y virginal-; y, tomando una imagen exeg\u00e9tico-aleg\u00f3rica de los padres, se asigna a las casadas el treinta, a las viudas el sesenta y a las v\u00ed\u00adrgenes el ciento por uno de los frutos de la par\u00e1bola evang\u00e9lica (Mat 13:1-9; Mar 4:3-9); pero se distingue entre estado y persona, por lo que se admite sin dificultad que una mujer casada y una viuda puedan alcanzar una perfecci\u00f3n superior a la de una virgen.<\/p>\n<p>En un clima asc\u00e9tico, caracterizado por el cenobitismo, florecen los ideales de las antiguas v\u00ed\u00adrgenes cristianas. Para las v\u00ed\u00adrgenes claustrales se componen libros como el Speculum virginum, que tuvo una extraordinaria difusi\u00f3n, obra de un an\u00f3nimo monje alem\u00e1n que vivi\u00f3 en el s. xll 2 ; en el Speculum se proponen a las v\u00ed\u00adrgenes los modelos en los que se deben inspirar (la b. Virgen Mar\u00ed\u00ada, san Juan Bautista, san Juan Evangelista, santa In\u00e9s, santa Tecla y otras v\u00ed\u00adrgenes m\u00e1rtires de la antig\u00fcedad cristiana) y las virtudes que deben practicar.<\/p>\n<p>Pero la visi\u00f3n m\u00e1s espl\u00e9ndida de la vida de la virgo sanctimonialis nos la ofrecen obras compuestas por mujeres, y se deriva de la triple y conjunta experiencia virginal mon\u00e1stico-lit\u00fargica vivida con autenticidad, por lo que la vida de la virgen consagrada se configura como una perenne liturgia nupcial: di\u00e1logo con el esposo Cristo, cuya palabra se medita constantemente en la lectio divina; oraci\u00f3n incesante a \u00e9l y con \u00e9l, porque en la escuela de los padres la virgen ha aprendido que en la salmodia Cristo est\u00e1 presente y en las voces del salterio reconoce frecuentemente la voz del Esposo; banquete nupcial, porque se invita a la virgen a la mesa eucar\u00ed\u00adstica, donde se hacen presente in mysterio las bodas de la cruz, y donde ella se alimenta con la carne del Cordero y bebe su sangre, sangre en la que se ha lavado el traje nupcial de la esposa (Efe 5:25-27; Apo 7:14); itinerario, porque a lo largo del a\u00f1o lit\u00fargico acompa\u00f1a a su Se\u00f1or en el viaje hacia la cruz y la gloria; vigilia de bodas, porque, seg\u00fan la expresi\u00f3n evang\u00e9lica, la virgen con la l\u00e1mpara encendida espera al Esposo que viene (Mat 25:6-7).<\/p>\n<p>De esta espiritualidad exquisitamente lit\u00fargica, que tiene sus ra\u00ed\u00adces m\u00e1s profundas en una l\u00facida conciencia del significado matrimonial de la virginidad consagrada, son principales representantes santa Matilde de Hackerborn (t 1299), autora del Liber specialis gratiae 26, y santa Gertrudis de Helfta (+ 1302), que compuso dos obras destinadas a tener un gran \u00e9xito p\u00f3stumo y un influjo duradero sobre todo en los pa\u00ed\u00adses germ\u00e1nicos: los Exercitia spiritualia (SC 127) y los cuatro libros del Legatus divinae pietatis (SC 139, 143,255).<br \/>\n2. LAS V\u00ed\u008dRGENES EN LOS MOVIMIENTOS DE VIDA EVANGELICA. Durante mucho tiempo, por tanto, la virgen consagrada se identifica con la claustral o con la reclusa. Pero al surgir en la iglesia numerosos movimientos espirituales, de \u00ed\u00adndole laica o religiosa, que ten\u00ed\u00adan como denominador com\u00fan el retorno a la vida evang\u00e9lica (sencillez, pobreza, fraternidad, itinerancia opuesta a la estabilidad mon\u00e1stica&#8230;), la virginidad consagrada halla espacios nuevos y formas nuevas donde expresarse. En muchos casos las v\u00ed\u00adrgenes, aun permaneciendo como laicas, logran darse una fisonom\u00ed\u00ada propia y una tarea espec\u00ed\u00adfica en la comunidad local: visten con sencillez, son pobres, se mantienen con su trabajo, viven en su propia casa o, reuni\u00e9ndose espont\u00e1neamente en peque\u00f1os grupos, viven en casas modestas, rezan con los dem\u00e1s fieles en las iglesias p\u00fablicas y, a impulsos del amor de Cristo, se dedican a las obras de misericordia, en especial al servicio de los enfermos. Pero, m\u00e1s frecuentemente, las v\u00ed\u00adrgenes viven en el \u00e1mbito espiritual de las Ordenes mendicantes que surgen a partir del final del s. xli, entre las que destacan los Frailes Menores y los Frailes Predicadores, fundados respectivamente, por san Francisco de As\u00ed\u00ads (+ 1226) y santo Domingo de Guzm\u00e1n (+ 1221); las v\u00ed\u00adrgenes son todav\u00ed\u00ada laicas, adscritas a embrionarias Ordenes Terceras, o bien se hacen religiosas en la correspondiente rama femenina. De todas formas, a causa sobre todo de las condiciones sociales de la \u00e9poca, las Ordenes mendicantes no consiguen expresar sino parcialmente un m\u00f3dulo original de vida religiosa femenina; por lo que, tras algunas vacilaciones, adoptan para sus v\u00ed\u00adrgenes religiosas la forma de vida claustral, con sus valores propios, pero tambi\u00e9n con los condicionamientos que ella comporta; en efecto, quedan fuera de los muros del monasterio algunos elementos caracter\u00ed\u00adsticos de la vida evang\u00e9lica, como la itinerancia, la inseguridad, el servicio directo a los m\u00e1s pobres; dentro de los muros vige, en cambio, la misma tensi\u00f3n matrimonial vivida dentro. de una ordenaci\u00f3n mon\u00e1stica m\u00e1s \u00e1gil: los miembros son menos numerosos, el estilo de vida es m\u00e1s familiar y fraterno, el desarrollo ritual de la liturgia menos amplio y solemne.<\/p>\n<p>Pero en nuestro caso interesa relevar que tanto las v\u00ed\u00adrgenes laicas como las v\u00ed\u00adrgenes religiosas-mendicantes no reciben la consagraci\u00f3n virginal: las primeras, porque desde hac\u00ed\u00ada siglos se hab\u00ed\u00ada interrumpido la relaci\u00f3n directa entre el obispo y las v\u00ed\u00adrgenes; m\u00e1s a\u00fan, \u00e9stas a veces viven en una situaci\u00f3n de larvada contestaci\u00f3n frente a la jerarqu\u00ed\u00ada; las segundas, porque representan en cierto sentido una ruptura con la vida mon\u00e1stica tradicional, en cuyo seno se hab\u00ed\u00ada conservado la consecratio virginum.<\/p>\n<p>3. LA VIRGINIDAD CONSAGRADA SEG\u00daN SANTO TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO (+ 1274). Por lo que se refiere a la profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica de la escol\u00e1stica, aqu\u00ed\u00ad ser\u00e1 suficiente -y necesario- referir sint\u00e9ticamente el pensamiento de santo Tom\u00e1s, heredero de la reflexi\u00f3n patr\u00ed\u00adstica, y todav\u00ed\u00ada punto obligado de referencia para los te\u00f3logos.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s, en el \u00e1mbito de la virtud de la templanza (S. Th. II-II, q. 143), considera la virginidad como una parte de la castidad, y por tanto el tratado De virginitate (ib, q. 152) sigue inmediatamente al De castitate (ib, q. 151). Afirmado el valor y la relatividad de la integritas carnis (\u00abintegritas corporalis membri per accidens se habet ad virginitatem\u00bb, q. 152, a. 1, ad 3), Tom\u00e1s hace consistir la virginidad, formaliter et completive, en el prop\u00f3sito de abstenerse perpetuamente de los placeres ven\u00e9reos por un motivo teologal: por Dios, creador del cuerpo y del alma, a quien y por quien la integritas carnis se consagra, se ofrece, se conserva. En esta concepci\u00f3n parecen esenciales tres elementos para que la virginidad pueda definirse cristiana: la decisi\u00f3n consciente y responsable (propositum); el motivo teologal (propter Deum, q. 152, a. 2, ad 1); la perpetuidad de la oblaci\u00f3n (in perpetuo), confirmada con el correspondiente voto (\u00abpropositum voto firmatum\u00bb, q. 152, a. 3, ad 4).<\/p>\n<p>Por tanto, en el pensamiento de santo Tom\u00e1s es elemento esencial de la virginidad cristiana su elecci\u00f3n propter Deum. De este elemento el Aquinate puntualiza un aspecto que afecta y atrae particularmente su reflexi\u00f3n: la renuncia que la virginidad cristiana comporta se ordena -como medio m\u00e1s adecuado- a la consecuci\u00f3n de un fin alt\u00ed\u00adsimo, la vida contemplativa, que es el bien supremo del alma. \u00abAd hoc -dice Tom\u00e1s, remiti\u00e9ndose expl\u00ed\u00adcitamente a 1 Cor 7,34- pia virginitas ab omni delectatione venerea abstinet, ut liberius divinae contemplationi vacet\u00bb (q. 152, a. 2, in corp.). Pero la naturaleza de la virginidad se define tambi\u00e9n en relaci\u00f3n a la castidad, de la que es una parte. La virginitas es una specialis virtus que va m\u00e1s all\u00e1 de la castitas, porque no se limita al recto uso de las facultades generativas, sino que libre y radicalmente renuncia a ellas \u00abad vacandum rebus divinis\u00bb (q. 152, a. 3, in corp.). La virginidad es, pues, un algo m\u00e1s que se a\u00f1ade a la castidad, y su relaci\u00f3n con ella -observa finalmente santo Tom\u00e1s- es como la relaci\u00f3n de la magnificencia hacia la liberalidad (q. 152, a. 3, in corp.).<\/p>\n<p>Respecto a la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n de valor entre virginidad consagrada y matrimonio, santo Tom\u00e1s, siguiendo a san Agust\u00ed\u00adn, afirma con decisi\u00f3n la superioridad de la primera sobre el segundo. Afirmar lo contrario -recuerda el Aquinate- ser\u00ed\u00ada recaer en el error de Joviniano. Para apoyar la doctrina tradicional, santo Tom\u00e1s aduce tres argumentos: el ejemplo de Cristo, \u00abque eligi\u00f3 como madre a la Virgen, y \u00e9l mismo guard\u00f3 la virginidad\u00bb (q. 152, a. 4, in corp.); la ense\u00f1anza del Ap\u00f3stol, que en 1Co 7:25-35 aconseja la virginidad como un \u00abbien mayor\u00bb; la superioridad del bonum animae y de la vida contemplativa, objeto de la virginidad, sobre el bonum corporis y sobre la vida activa, objeto del matrimonio (ib).<\/p>\n<p>Pero el amor a la virginidad no lleva a santo Tom\u00e1s a sobrevalorarla. Con la antigua tradici\u00f3n, \u00e9l recuerda que una virgen, por el mero hecho de serlo, no es mejor que un casado: prescindiendo de los t\u00e9rminos teol\u00f3gicos de la cuesti\u00f3n, es necesario considerar en concreto el animus con el que cada uno de ellos vive el propio estado y el grado de virtud que ha alcanzado (cf q. 152, a. 4, ad 2). Santo Tom\u00e1s se guarda mucho asimismo de considerar la virginidad consagrada como la m\u00e1xima virtud: ella es virtud m\u00e1xima in genere castitatis, o sea, solamente en relaci\u00f3n a la castidad conyugal y a la continencia de las viudas; porque -precisa- el martirio y tambi\u00e9n la vida mon\u00e1stica son superiores a la virginidad.<\/p>\n<p>Queda por considerar si, seg\u00fan santo Tom\u00e1s, la consagraci\u00f3n virginal realiza en quien la recibe una nueva condici\u00f3n sacral. El Doctor Ang\u00e9lico no trata la cuesti\u00f3n en el \u00e1mbito lit\u00fargico y laical propio de la consecratio virginum, sino en el jur\u00ed\u00addico y religioso de la profesi\u00f3n mon\u00e1stica. Ahora bien, en este \u00e1mbito su respuesta es afirmativa: la sollemnitas del voto de continencia profesado por los religiosos, al que es asimilable el propositum virginitatis formulado por las v\u00ed\u00adrgenes, no consiste en el aparato exterior del rito socio-religioso que sanciona el paso de un fiel a una nueva situaci\u00f3n de vida, sino en un elemento espiritual, actuado por Dios (cf q. 88, a. 7, in corp.), o sea, \u00abin quadam consecratione seu benedictione voventis\u00bb (q. 88, a. 11, in corp.). Esa benedictio crea efectivamente una nueva condici\u00f3n sacral: se puede perder por propia infidelidad grave; pero de ella -a\u00f1ade santo Tom\u00e1s, citando una decretal de Gregorio IX 71- no puede dispensar ni siquiera el papa, porque as\u00ed\u00ad como ning\u00fan prelado puede hacer que \u00abun c\u00e1liz consagrado deje de estar consagrado si permanece intacto\u00bb (ib), as\u00ed\u00ad \u00abmulto minus hoc potest facere aliquis praelatus, ut homo Deo consacratus, quando vivit, consecratus esse desistat\u00bb (ib).<\/p>\n<p>La doctrina del Aquinate sobre la virginidad consagrada, l\u00ed\u00admpida y ponderada no carecer\u00e1 de cr\u00ed\u00adticas negativas. Pronto observar\u00e1n algunos que carece de garra frente a la patr\u00ed\u00adstica: los t\u00e9rminos caritas y dilectio, frecuentes en los escritos de los padres para indicar la raz\u00f3n \u00faltima por la que una disc\u00ed\u00adpula abraza el estado virginal, est\u00e1n pr\u00e1cticamente ausentes en la q. 152, dedicada a la virginidad. De todas formas, en otros lugares santo Tom\u00e1s es un fiel ,continuador de la concepci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica de la virgen como sponsa Christi; hablando expresamente de la consagraci\u00f3n virginal, afirma: \u00abLa consagraci\u00f3n es en cierto modo un matrimonio espiritual con Cristo, por medio del cual se representa el matrimonio del mismo Cristo con la iglesia, en cuanto a su incorrupci\u00f3n, y por eso solamente el obispo, a quien est\u00e1 encomendado el cuidado de la iglesia, desposa a las v\u00ed\u00adrgenes como mediador del esposo\u00bb (Sent. lib. IV, dist. 38, q. 5). Otros, sobre todo en tiempos recientes, discutir\u00e1n la doctrina tomista sobre la indispensabilidad del votum continentiae y la del valor sacralizante de la profesi\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>IV. Doctrina y praxis de la consagraci\u00f3n virginal del concilio de Trento al Vat. II<br \/>\nPara los siglos que van del concilio de Trento (1545-63) al Vat. II (1962-65) consideraremos la doctrina de la sesi\u00f3n tridentina, el pensamiento de la enc\u00ed\u00adclica Sacra virginitas, de P\u00ed\u00ado XII (t 1958); la ense\u00f1anza del Vat. II y, finalmente, algunas expresiones acerca del modo en que se entendi\u00f3 y vivi\u00f3 la virginidad consagrada.<\/p>\n<p>1. EL CONCILIO DE TRENTO. La grave perturbaci\u00f3n doctrinal y disciplinar producida por la reforma protestante afect\u00f3 tambi\u00e9n a la doctrina sobre la virginidad consagrada. El pensamiento de los grandes maestros de la reforma era diametralmente opuesto al de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica: mientras \u00e9sta manten\u00ed\u00ada la superioridad de la virginidad consagrada sobre el matrimonio, aqu\u00e9lla ense\u00f1aba que \u00abmatrimonium non postponendum, sed anteponendum castitati\u00bb.<\/p>\n<p>E. Ferasin sintetiza eficazmente el pensamiento de los te\u00f3logos de la reforma en estos t\u00e9rminos: \u00abEl celibato y la virginidad no son, como ense\u00f1a la iglesia cat\u00f3lica, un genuino y leg\u00ed\u00adtimo valor cristiano, y tanto menos constituyen un estado superior al matrimonio. Ciertamente, la continencia es un don de Dios, pero constituye tal milagro y tal excepci\u00f3n que no se verifica casi nunca; el signo cierto de que no se tiene tal don es el hecho de que normalmente el hombre arde de concupiscencia. La condici\u00f3n normal del hombre ca\u00ed\u00addo exige, por tanto, como remedio moral, el matrimonio: es un mandato divino y vocaci\u00f3n universal terrestre; por tanto, deber e ideal del hombre. Los que se imponen la virginidad y la continencia como un estado de vida que comporta una mayor perfecci\u00f3n y un mayor m\u00e9rito cumplen un acto presuntuoso y farisaico, opuesto a la humildad de la fe fiducial, siendo aqu\u00e9l un don exclusivo de Dios imposible de conquistar con las fuerzas humanas\u00bb.<\/p>\n<p>Se comprende que, ante tales proposiciones, que daban al traste con una ense\u00f1anza y una praxis seculares, el concilio de Trento haya sentido la necesidad de reafirmar la doctrina tradicional y de oponer un dique resistente a la expansi\u00f3n del error. Efectivamente, el concilio desde 1547, en el contexto de la confutaci\u00f3n de los errores sobre el matrimonio, se hab\u00ed\u00ada ocupado del valor de la virginidad cristiana. Pero s\u00f3lo en 1563, ante el final inminente de los trabajos, formul\u00f3 el propio pensamiento en el can. 10 del Decr. de sacramento matrimonii: \u00abSi alguno dijera que el estado de matrimonio debe anteponerse al estado de virginidad o celibato; y que no es mejor y m\u00e1s santo permanecer (manere) en virginidad o celibato que unirse en matrimonio, sea anatema\u00bb (DS 1810).<\/p>\n<p>Este canon ha ejercido una gran influencia en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica postridentina sobre las relaciones entre virginidad y matrimonio. Seg\u00fan \u00e9l, la doctrina de la superioridad del estado virginal sobre el conyugal se calificaba como doctrina de fe definida. En nuestro tiempo, en el \u00e1mbito de la revisi\u00f3n hermen\u00e9utica de los documentos magisteriales, el canon tridentino ha sido objeto de una atenta relectura. En cualquier caso, para una correcta interpretaci\u00f3n, es necesario ante todo retener dos elementos como adquiridos: que el concilio, al redactar el canon, lo que pretend\u00ed\u00ada era formular un enunciado te\u00f3rico encaminado a salvaguardar la pureza de la fe contra errores y desviaciones, y no simplemente adoptar una posici\u00f3n pastoral; que la iglesia del s. xvl pretendi\u00f3 tambi\u00e9n afirmar la superioridad efectiva de la virginidad cristiana sobre el matrimonio. Esto constituye, a nuestro parecer, la primera regla hermen\u00e9utica que hay que aplicar a este can. 10. Dicho esto, y teniendo muy en cuenta el particular contexto teol\u00f3gico y el ambiente pol\u00e9mico en que se redact\u00f3 el canon, hoy se considera \u00abinfaliblemente cierto, porque fue definido, que la negaci\u00f3n protestante va contra el sentido cristiano aut\u00e9ntico del matrimonio y de la virginidad; por el contrario, debe considerarse infaliblemente cierto el car\u00e1cter cristiano de la afirmaci\u00f3n tradicional. En cambio, no se precisa [&#8230;] cu\u00e1nto en esa afirmaci\u00f3n homog\u00e9nea con el esp\u00ed\u00adritu cristiano sea formalmente revelado y cu\u00e1nto en cambio representa una formulaci\u00f3n de este dato, en la que se contengan suposiciones impl\u00ed\u00adcitas que en cuanto tales pueden no pertenecer a la fe y hacer, por tanto, contingente tambi\u00e9n una determinada expresi\u00f3n tradicional\u00bb\u00bb. En otros t\u00e9rminos: el canon tridentino se limita a repetir, en pol\u00e9mica con los reformadores, la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio y a confirmar la obligaci\u00f3n de permanecer en el estado virginal para quien responsablemente lo haya abrazado. El canon, por tanto, no cubre con su autoridad ni los argumentos tradicionales adoptados en las discusiones conciliares, muchos de los cuales hoy parecen insuficientes; ni la visi\u00f3n pesimista de la sexualidad humana, que subyace a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la \u00e9poca; ni el planteamiento de la comparaci\u00f3n entre los dos estados en t\u00e9rminos de perfecci\u00f3n e imperfecci\u00f3n; ni vincula la ex\u00e9gesis de 1Co 7:25ss \u00bb<br \/>\n2. LA ENC\u00ed\u008dCLICA \u00abSACRA VIRGINITAS\u00bb. El 25 de marzo de 1954, P\u00ed\u00ado XII public\u00f3 la enc\u00ed\u00adclica Sacra virginitas, en la que se propon\u00ed\u00ada un triple fin: denunciar el error de aquellos que exaltaban el matrimonio en comparaci\u00f3n con la virginidad hasta el punto de despreciar el valor de \u00e9sta; sostener en su compromiso a aquellos que generosamente hab\u00ed\u00adan abrazado la virginidad por el reino; reforzar en la conciencia de la iglesia la estima hacia la virginidad cristiana.<\/p>\n<p>Matriz de los errores denunciados por P\u00ed\u00ado XII era un renaciente naturalismo, incapaz de comprender la realidad de la virginidad y del matrimonio cristiano en el plano de la fe. Pese a partir de otros presupuestos, llevaba en algunos casos a los mismos errores de los reformadores protestantes. Esos errores eran: la aseverada imposibilidad para el hombre de frenar el instinto sexual sin detrimento de su equilibrio psicof\u00ed\u00adsico y, en consecuencia, la afirmaci\u00f3n de la absoluta necesidad de la vida conyugal para la consecuci\u00f3n de la plena maduraci\u00f3n de la persona; la capciosa argumentaci\u00f3n seg\u00fan la cual el matrimonio es un \u00abinstrumento m\u00e1s eficaz a\u00fan que la misma virginidad para unir las almas a Dios, porque el matrimonio cristiano es un sacramento y la virginidad no lo es\u00bb; la opini\u00f3n seg\u00fan la cual \u00abla ayuda mutua que buscan los esposos en el matrimonio sea un medio de santidad m\u00e1s perfecto que la soledad del coraz\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes y de los c\u00e9libes\u00bb.<\/p>\n<p>Contra estos errores reaccion\u00f3 P\u00ed\u00ado XII, afirmando en\u00e9rgicamente la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio: \u00abEsta doctrina, que establece las ventajas y excelencias de la virginidad y del celibato sobre el matrimonio, ya fue puesta de manifiesto por el divino Redentor y por el Ap\u00f3stol de las gentes&#8230; Y, asimismo, en el concilio de Trento fue solemnemente definida como dogma de fe divina, y siempre fue ense\u00f1ada por el un\u00e1nime sentir de los santos padres y doctores de la iglesia\u00bb&#8216;\u00bb. Pero, seg\u00fan el parecer de varios comentaristas, la enc\u00ed\u00adclica, respecto al canon tridentino y al conjunto de la tradici\u00f3n, no aport\u00f3 argumentos nuevos a favor de la superioridad del estado virginal.<\/p>\n<p>En la primera parte del documento, para ilustrar la excelencia de la virginidad consagrada, P\u00ed\u00ado XII hab\u00ed\u00ada aportado argumentos tradicionales y pr\u00e1cticos: \u00abLa abstinencia perfecta del matrimonio desembaraza a los hombres de cargas pesadas y de graves obligaciones mientras que \u00ablas almas [de los casados] est\u00e1n como divididas entre el amor de Dios y el amor del c\u00f3nyuge, y sometidas a duras preocupaciones que a causa de los deberes del matrimonio dif\u00ed\u00adcilmente les permiten dedicarse a la meditaci\u00f3n de las cosas divinas\u00bb, \u00abuna completa renuncia a los placeres de la carne&#8230; [consiente] gustar mejor las elevaciones de la vida espiritual\u00bb efectivamente, el uso de la sexualidad, aun leg\u00ed\u00adtimo en el matrimonio y santificado con un sacramento, impide al hombre ca\u00ed\u00addo despu\u00e9s del pecado de Ad\u00e1n -como observa santo Tom\u00e1s, a quien el papa cita- \u00abque se entregue totalmente al servicio de Dios\u00bb; la gran conveniencia, en el caso de los ministros sagrados, entre la continencia perfecta y el ministerio del altar y de la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Estos argumentos, observan los comentadores del documento, no prueban una superioridad intr\u00ed\u00adnseca de la virginidad sobre el matrimonio. Por tanto, la teolog\u00ed\u00ada no puede sustraerse a la tarea de buscar en la estructura sobrenatural de los dos estados las razones de la superioridad de uno sobre otro; ni a la de profundizar los motivos por los que la sensibilidad cristiana manifieste una instintiva repugnancia a ver antepuesto el matrimonio a la virginidad, pregunt\u00e1ndose si en el origen de esa actitud no hay tambi\u00e9n una concepci\u00f3n reductiva del matrimonio como simple remedium concupiscentiae.<\/p>\n<p>Pero los mismos comentaristas iluminan los aspectos positivos de la enc\u00ed\u00adclica: la denuncia del car\u00e1cter no cristiano de la mentalidad combatida por lo que se refiere tanto a la concepci\u00f3n del matrimonio como a la noci\u00f3n de virginidad; la forma de plantear la comparaci\u00f3n entre virginidad y matrimonio, no oponi\u00e9ndolos, sino consider\u00e1ndolos como \u00abdos modos cristianos (y humanos) de tomar postura ante la vida sexual\u00bb\u00bb; la defensa de la virginidad \u00abpor el reino de los cielos\u00bb como opci\u00f3n de fe y como condici\u00f3n de vida que permite la plena realizaci\u00f3n humana del sujeto; la exigencia de que la valoraci\u00f3n del matrimonio cristiano tenga lugar en el \u00e1mbito de una visi\u00f3n cristiana de la sexualidad, no fuera de ella o contra ella; la necesidad de que la perfecci\u00f3n en el matrimonio se conciba y busque en t\u00e9rminos de perfecci\u00f3n cristiana, y no de otras formas; la advertencia de no considerar con ligereza la ense\u00f1anza tradicional acerca de la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio.<\/p>\n<p>3. EL VAT. II. Aun sin hacerlo objeto de un tratado espec\u00ed\u00adfico, el Vat. II ha hablado de la virginidad cristiana en varios documentos: en los cc. 5 (\u00abUniversal vocaci\u00f3n a la santidad en la iglesia\u00bb) y 6 (\u00abLos religiosos\u00bb) de la constituci\u00f3n LG, sobre la iglesia; en los decretos PC, sobre la renovaci\u00f3n de la vida religiosa; PO, sobre el ministerio y vida de los presb\u00ed\u00adteros, y OT, sobre la formaci\u00f3n de los candidatos al sacerdocio. Del conjunto de los textos resulta que el Vat. II se sit\u00faa sustancialmente en la l\u00ed\u00adnea de la tradici\u00f3n, y con ella repite la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio: \u00abConozcan debidamente los alumnos las obligaciones y la dignidad del matrimonio cristiano, que simboliza el amor entre Cristo y la iglesia (cf Efe 5:32s); pero comprendan la excelencia mayor de la virginidad consagrada a Cristo\u00bb (OT 10).<\/p>\n<p>Entre los medios de santificaci\u00f3n ofrecidos por el Se\u00f1or a la iglesia, \u00fanico e indivisible pueblo de Dios, est\u00e1 la virginidad. Esta sobresale entre los \u00abm\u00faltiples consejos que el Se\u00f1or propone en el evangelio para que los observen sus disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (LG 42) y es un regalo precioso de la gracia concedido a algunos, para que m\u00e1s f\u00e1cilmente, con el coraz\u00f3n indiviso, se consagren s\u00f3lo a Dios (cf ib). El don de la virginidad no es prerrogativa de este o aquel componente eclesial, sino que es un bien de toda la iglesia; en efecto, la condici\u00f3n virginal la viven los laicos (cf AA 4; 22), los religiosos (cf LG 43; 46; PC 12) y los ministros sagrados (PO 16). La elecci\u00f3n del estado virginal se funda en la ense\u00f1anza de Cristo y en su ejemplo y el de la Virgen Mar\u00ed\u00ada (cf LG 43; 46).<\/p>\n<p>La virginidad consagrada tiene una funci\u00f3n m\u00faltiple de signo: del amor sobrenatural a Dios y a los hombres (cf LG 42; PC 12) y del \u00abmundo futuro, que se hace ya presente por la fe y la caridad, en que los hijos de la resurrecci\u00f3n no tomar\u00e1n ni las mujeres marido ni los hombres mujeres\u00bb (PO 16). Es fuente de fecundidad espiritual, medio eficac\u00ed\u00adsimo para la dedicaci\u00f3n al servicio divino (cf PC 12) y a la tarea apost\u00f3lica (PC 12; PO 16); lejos de constituir un obst\u00e1culo para la maduraci\u00f3n de la persona, es m\u00e1s bien \u00abun bien de toda la persona\u00bb (PC 12) y dispone a los que la abrazan \u00abpara recibir m\u00e1s dilatada paternidad en Cristo\u00bb (PO 16).<\/p>\n<p>El Vat. II, remiti\u00e9ndose a los padres, encuadra el misterio de la virginidad consagrada en el \u00e1mbito de la relaci\u00f3n entre Cristo y la iglesia, que a su vez imita la actitud de la Virgen Mar\u00ed\u00ada (cf LG 64) y prolonga su donaci\u00f3n; como Cristo y la iglesia son ambos v\u00ed\u00adrgenes, esposos, indisolublemente unidos por el v\u00ed\u00adnculo del amor y de la fidelidad rec\u00ed\u00adproca, fecundos de innumerables hijos engendrados por el Esp\u00ed\u00adritu, as\u00ed\u00ad la virgen (membrum) act\u00faa en s\u00ed\u00ad, de manera particularmente intensa en el plano del signo y de la indivisi\u00f3n del coraz\u00f3n, la relaci\u00f3n virginal-matrimonial-fecunda de la iglesia (corpus) con Cristo.<\/p>\n<p>El concilio no trata directamente del valor consecratorio de la virginidad profesada por motivos sobrenaturales. Pero frecuente e intencionadamente emplea el t\u00e9rmino consecratio a prop\u00f3sito de la profesi\u00f3n religiosa (cf LG 44; 45; PC 1; 5; 11; AG 18) y del celibato sacerdotal (cf PO 16), o sea, de dos estructuras eclesiales que tienen la virginidad como un componente de primera importancia. Refiri\u00e9ndose a los religiosos, el concilio afirma: \u00abEntregaron [&#8230;] su vida entera al servicio de Dios, lo cual constituye sin duda una especial consagraci\u00f3n, que radica \u00ed\u00adntimamente en la consagraci\u00f3n del ba\u00fatismo y la expresa con mayor plenitud\u00bb (PC 5); respecto a los presb\u00ed\u00adteros de rito latino escribe: \u00abPor la virginidad o celibato guardado por amor del reino de los cielos, se consagran los presb\u00ed\u00adteros de nueva y excelente manera a Cristo, se unen m\u00e1s f\u00e1cilmente a \u00e9l con coraz\u00f3n indiviso, se entregan m\u00e1s libremente, en \u00e9l y por \u00e9l, al servicio de Dios y de los hombres\u00bb (PO 16).<\/p>\n<p>En los a\u00f1os posconciliares se ha discutido mucho sobre la naturaleza de esa consecratio, a saber: si es de \u00ed\u00adndole subjetiva (compromiso de la voluntad de dedicarse completamente y por siempre al servicio de Dios), o bien objetiva (acci\u00f3n divina que produce en el sujeto una nueva condici\u00f3n sacral) d6. Pero la discusi\u00f3n no ha llegado a conclusiones ciertas, universalmente aceptadas. De todas formas, sobre dos puntos el consenso es general: la consagraci\u00f3n virginal (religiosa) se funda sobre la consagraci\u00f3n bautismal (\u00abradica \u00ed\u00adntimamente en la consagraci\u00f3n del bautismo\u00bb, PC 5), pero no es ontol\u00f3gicamente una consagraci\u00f3n m\u00e1s radical que la que produce el bautismo-confirmaci\u00f3n; ni siquiera se identifica con ella, sino que \u00abla expresa con mayor plenitud\u00bb (PC 5), es un desarrollo peculiar en la l\u00ed\u00adnea de la conformaci\u00f3n con Cristo virgen, ratificado por el Esp\u00ed\u00adritu, invocado por la iglesia en la acci\u00f3n lit\u00fargica (cf LG 45). En esta perspectiva no parece posible ver en la consecratio virginal (religiosa) un simple compromiso de la voluntad, aun expresado dentro de un bien definido contexto jur\u00ed\u00addico y eclesial.<\/p>\n<p>Queda por rese\u00f1ar la actitud del Vat. II frente a la doctrina de la superioridad de la virginidad consagrada sobre el matrimonio. Es necesario advertir que el concilio tampoco en este caso ha tratado la cuesti\u00f3n ex professo, sino que se ha limitado a repetir la doctrina tradicional en un texto -se observa- de importancia menor: una exhortaci\u00f3n a los aspirantes al sacerdocio (cf PO 16). Varios comentadores, bas\u00e1ndose en una serie de indicios, creen poder afirmar que sobre este punto la actitud del concilio ha sido m\u00e1s circunspecta, es decir, menos propensa a una repetici\u00f3n acr\u00ed\u00adtica de la doctrina tradicional\u00bb. Seg\u00fan E. Ferasin, por ejemplo, el concilio, aun conservando \u00abla formulaci\u00f3n tradicional de la mayor perfecci\u00f3n del estado virginal\u00bb, no oculta \u00abla preocupaci\u00f3n de recortar toda afirmaci\u00f3n que se refiera a la preeminencia del estado de virginidad con afirmaciones igualmente v\u00e1lidas y positivas acerca de la vida matrimonial\u00bb. Seg\u00fan otros, la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio se refiere no tanto al estado cuanto a la persona: para quien ha sido llamado, para quien ha recibido el don, para \u00e9l la virginidad es superior al matrimonio.<\/p>\n<p>Los indicios de la actitud circunspecta por parte del Vat. II ser\u00ed\u00adan: las referencias a los textos cl\u00e1sicos de la biblia sobre el argumento (Mat 19:11 y 1Co 7:7) introducidos con un simple confer; la peculiar soluci\u00f3n dada al tema del coraz\u00f3n indiviso (la ecuaci\u00f3n tradicional: casados = coraz\u00f3n dividido, v\u00ed\u00adrgenes = coraz\u00f3n indiviso, la sustituye el concilio por la simple afirmaci\u00f3n de que la opci\u00f3n virginal hace m\u00e1s f\u00e1cil [facilius] la indivisi\u00f3n del coraz\u00f3n [cf LG 42]); la ausencia de citas del canon tridentino (DS 1880) y la escasez de referencias a los padres y a la enc\u00ed\u00adclica Sacra virginitas; el recurso al empleo de los adverbios de grado comparativo (facilius, liberius, expeditius, pressius, clarius, plenius, intimius&#8230;), que parecen sugerir m\u00e1s una referencia a la persona que escoge la virginidad que al estado de virginidad en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Se trata en conjunto de observaciones perspicaces, sugeridas por el estudio directo de las actas conciliares. Pero dada la delicadeza de la materia, nos parece que algunos indicios deben verificarse m\u00e1s; seg\u00fan nuestra opini\u00f3n, por ejemplo, no se debe dar excesivo peso a la ausencia de cita del canon tridentino o a la escasez de referencias a la Sacra virginitas, porque los criterios redaccionales cambiaban a veces de un documento a otro. Por citar un caso: la constituci\u00f3n SC sobre la liturgia no cita nunca la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei, y sin embargo no hay duda de que la tuvo en gran consideraci\u00f3n, hasta el punto de reflejar, literalmente, pasos significativos. Pero, desde el punto de vista hermen\u00e9utico, es importante no dar a unos indicios, que deben ser verificados todav\u00ed\u00ada en parte, un valor probativo superior al de los hechos ciertos. En nuestro caso el hecho cierto es que el concilio no pretendi\u00f3 tratar la cuesti\u00f3n. Ignorar esto o no tenerlo suficientemente en cuenta significa arriesgarse a sacar conclusiones exorbitantes de las premisas.<\/p>\n<p>4. LA PRAXIS DE LA VIRGINIDAD CONSAGRADA. Bien intr\u00ed\u00adnseco de la iglesia, la virginidad consagrada se vive intensamente tambi\u00e9n en el per\u00ed\u00adodo que aqu\u00ed\u00ad consideramos (1545-1965). En este arco de tiempo, amplio y rico en acontecimientos eclesiales, se deben se\u00f1alar algunas situaciones caracter\u00ed\u00adsticas y algunos hechos significativos:<br \/>\n\u2020\u00a2 virginidad vivida sin consecratio. En el s. xvI perdura la situaci\u00f3n que ya hemos recordado tantas veces: la virginidad consagrada, oficialmente reconocida, es propiedad exclusiva de la vida claustral; pero el uso de la consecratio virginum ha desaparecido casi por completo. El c\u00e9lebre canonista A. Barbosa (j&#8217; 1649), en su lus ecclesiasticum universum, escribe: \u00abAdvertas quod consuetudo benedicendi virgines non amplius est in usu\u00bb;<br \/>\n\u2020\u00a2 de todas formas, en el Pontif\u00ed\u00adcale promulgado por Clemente VIII en 1595 sigue apareciendo el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes; as\u00ed\u00ad pues, este rito est\u00e1 plenamente en vigor desde el punto de vista tanto jur\u00ed\u00addico como lit\u00fargico. Pero la praxis no cambia; el rito, de hecho, no se usa sino excepcionalmente. Los canonistas e historiadores de la liturgia, en efecto, como si quisieran subrayar el car\u00e1cter excepcional del rito, se complacen en citar algunos casos espor\u00e1dicos de consagraci\u00f3n, ocurridos en los ss. xvii-xviii;<br \/>\n\u2020\u00a2 la vida religiosa sale de la clausura. Tras algunos intentos frustrados (pi\u00e9nsese en la Orden de la Visitaci\u00f3n, fundada por san Francisco de Sales [+ 1622] y por santa Juana Fr. de Chantal [+ 1641], nacida con una fuerte impronta contemplativa, pero tambi\u00e9n con la finalidad de visitar a los pobres, que, con todo, por la oposici\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica deber\u00e1 ser rigurosamente claustral), la vida religiosa sale de la clausura: surgen numerosas congregaciones femeninas as\u00ed\u00ad llamadas de vida activa, de las que las Hijas de la Caridad, fundadas en 1633 por san Vicente de Pa\u00fal (+ 1660) y santa Luisa de Marillac (+ 1660), son una de las primeras y m\u00e1s vigorosas expresiones. En las nuevas congregaciones se vive la virginidad consagrada de hecho, si bien m\u00e1s en la perspectiva de la castitas que en la espec\u00ed\u00adfica de la virginitas. En ellas no se plantea ordinariamente la cuesti\u00f3n de la consecratio: los votos no son solemnes, y frecuentemente ni siquiera perpetuos; en este \u00faltimo caso viene a faltar incluso una condici\u00f3n esencial para la consagraci\u00f3n. Pero no se advertir\u00e1 ni siquiera el deseo de ella: pr\u00e1cticamente desconocida, la consecratio a los ojos de las nuevas familias religiosas parece un rito arcaico y lejano, aparatoso y aristocr\u00e1tico, una instituci\u00f3n de otros tiempos y de otra mentalidad. Y si, aqu\u00ed\u00ad o all\u00ed\u00ad, se insin\u00faa la posibilidad de recibir la consecratio, no falta la oportuna toma de posici\u00f3n de los canonistas, que recuerdan viejas prohibiciones y advierten: estas religiosas no son claustrales; su virginidad, por tanto, no est\u00e1 suficientemente defendida, en tales condiciones de riesgo la iglesia no puede proceder a la consagraci\u00f3n. Adem\u00e1s, en esta \u00e9poca la consecratio virginum se valora frecuentemente de forma negativa desde el plano te\u00f3rico: en la comparaci\u00f3n entre professio y consecratio pierde esta \u00faltima; en efecto, al carecer de algunos elementos propios de la primera (votos de pobreza y de obediencia, observancia de una regla, pr\u00e1ctica de la vida com\u00fan), no sit\u00faa a la virgen en un estado de perfecci\u00f3n y, por tanto -dicen algunos- es poco m\u00e1s que una simple ceremonia;<br \/>\n\u2020\u00a2 el 15 de agosto de 1868; por iniciativa de dom P. Gu\u00e9ranger y con la autorizaci\u00f3n de Roma, las primeras siete monjas del nuevo monasterio de Santa Cecilia de Solesmes recibieron la consagraci\u00f3n virginal seg\u00fan el rito del Pontificale Romanum, adaptado por el mismo dom Gu\u00e9ranger, que fundi\u00f3 en una celebraci\u00f3n \u00fanica la professo monastica y la consecratio virginum. El prestigio del c\u00e9lebre abad y gran liturgista y el creciente influjo que la abad\u00ed\u00ada de Solesmes ejerc\u00ed\u00ada sobre el monacato benedictino, y en general sobre el mundo mon\u00e1stico, hicieron que la consagraci\u00f3n de Solesmes no quedara como un hecho aislado, sino que marcase la recuperaci\u00f3n de la antigua costumbre: desde entonces, por sucesivas concesiones de la Sede Apost\u00f3lica, la consecratio virginum se hizo praxis normal en muchos monasterios de benedictinas;<br \/>\n\u2020\u00a2 desde los comienzos del s. xx se difunde entre las mujeres laicas la conciencia del valor de la consagraci\u00f3n virginal. Varios factores han ayudado a crearla: el reflorecimiento de los estudios patr\u00ed\u00adsticos, las aportaciones del movimiento lit\u00fargico, la creciente atenci\u00f3n que la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica dedica al apostolado de los laicos. En una palabra, las mujeres laicas que se sienten llamadas a consagrar a Cristo la propia virginidad desean salir de los esquemas subalternos en los que viven su condici\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes: voto de castidad meramente privado, pronunciado con la autorizaci\u00f3n del confesor; inscripci\u00f3n en una p\u00ed\u00ada asociaci\u00f3n, que compensa la falta de pertenencia a una familia religiosa. Como consecuencia de la renovada toma de conciencia, son cada vez m\u00e1s frecuentes las peticiones dirigidas a Roma de consagraci\u00f3n de mujeres que viven en el mundo, de manera que la Sede Apost\u00f3lica siente la necesidad de pronunciarse al respecto: el 25 de marzo de 1927 niega a los obispos la facultad de consagrar v\u00ed\u00adrgenes laicas; veintitr\u00e9s a\u00f1os despu\u00e9s, el 21 de noviembre de 1950, P\u00ed\u00ado XII, en la constituci\u00f3n Sponsa Christi establece que la consecratio virginum es un derecho exclusivo de las monjas y, para evitar toda posibilidad de equ\u00ed\u00advoco, precisa rigurosamente el sentido del t\u00e9rmino monialis;<br \/>\n\u2020\u00a2 estas prohibiciones no debilitan, de todas formas, el movimiento en marcha, la voluntad de vivir eclesialmente, aun en la condici\u00f3n secular, el carisma de la virginidad. Ese movimiento se refuerza con la progresiva consolidaci\u00f3n de los institutos seculares, en los que la profesi\u00f3n de la castidad por el reino de los cielos es obviamente un componente esencial.<\/p>\n<p>El 2 de febrero de 1947 P\u00ed\u00ado XII, con la constituci\u00f3n Provida Mater Ecclesia, define la posici\u00f3n jur\u00ed\u00addica de los institutos seculares y reconoce que sus miembros viven en un estado de perfecci\u00f3n; el Vat. II, por su parte, revisando la terminolog\u00ed\u00ada, prefiere usar la expresi\u00f3n estado de consagraci\u00f3n, pero reconoce que \u00bb los institutos seculares, aunque no sean institutos religiosos, llevan, sin embargo, consigo la profesi\u00f3n verdadera y completa, en el siglo, de los consejos evang\u00e9licos, reconocida por la iglesia\u00bb (PC 11). En cualquier caso, los institutos seculares femeninos parecen mostrar un tibio inter\u00e9s hacia la consecratio virginum, sea porque en la \u00e9poca de su primera constituci\u00f3n estaban en vigor las prohibiciones de P\u00ed\u00ado XI y P\u00ed\u00ado XII, sea porque la profesi\u00f3n de los miembros de los institutos, aunque sea perpetua, queda expresamente oculta al exterior, mientras la consagraci\u00f3n prevista por el Pontificale Romanum es una celebraci\u00f3n eminentemente p\u00fablica y diocesana;<br \/>\n\u2020\u00a2 las \u00faltimas intervenciones de la jerarqu\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes son: la disposici\u00f3n del Vat. II de someter a revisi\u00f3n \u00abel rito de consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, que forma parte del Pontifical Romano\u00bb (SC 80), y la sucesiva promulgaci\u00f3n del Ordo Consecratio Virginum (31 de mayo de 1970), para cumplir el mandato conciliar. El nuevo Ordo, dando la vuelta a ciertas posturas a\u00fan recientes, devolv\u00ed\u00ada a las mujeres laicas la posibilidad de recibir la consagraci\u00f3n virginal.<\/p>\n<p>J. M. Calabuig-R. Barbieri<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Castellano J., Consagraci\u00f3n, en DE 1, Paulinas, Madrid 1983, 458-460; Gozzelino G., Vida consagrada, en DTI 4, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 640-668; Legrand L., La doctrina b\u00ed\u00adblica de la virginidad, Verbo Divino, Estella (Navarra) 1969; Moioli G., Virginidad, en DE 3, Herder, Barcelona 1984, 591-600; Rahner K., Sobre los consejos evang\u00e9licos, en Escritos de Teolog\u00ed\u00ada 7, Taurus, Madrid 1967, 435-468; Thurian M., Matrimonio y celibato, Hechos y Dichos, Zaragoza 1966; Vizmanos F. de B., Las v\u00ed\u00adrgenes cristianas de la Iglesia primitiva, BAC 45, Madrid 1949. V\u00e9ase tambi\u00e9n la bibliograf\u00ed\u00ada de Consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes. Mujer y Matrimonio.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La virginidad en las comunidades apost\u00f3licas &#8211; II. Las v\u00ed\u00adrgenes consagradas en la edad patr\u00ed\u00adstica: 1. Hasta el concilio de Nicea (325); 2. Hasta la mitad del s. VII &#8211; III. Las v\u00ed\u00adrgenes consagradas en el medievo: 1. Las v\u00ed\u00adrgenes que viven en un monasterio; 2. Las v\u00ed\u00adrgenes en los movimientos de vida &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virginidad-consagrada-en-la-iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIRGINIDAD CONSAGRADA EN LA IGLESIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17175","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17175","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17175"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17175\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17175"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17175"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17175"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}