{"id":17176,"date":"2016-02-05T11:10:43","date_gmt":"2016-02-05T16:10:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocalipsis-libro-del\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:43","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:43","slug":"apocalipsis-libro-del","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocalipsis-libro-del\/","title":{"rendered":"APOCALIPSIS (LIBRO DEL)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO<br \/>\nI. Ambientaci\u00f3n hist\u00f3rica:<br \/>\n1. La escuela apocal\u00ed\u00adptica;<br \/>\n2. El \u00abc\u00ed\u00adrculo joaneo\u00bb.<br \/>\nII. El Apocalipsis como hecho literario:<br \/>\n1. La estructura literaria;<br \/>\n2. La lengua y el estilo;<br \/>\n3. El autor.<br \/>\nIII. La teolog\u00ed\u00ada:<br \/>\n1. Dios;<br \/>\n2. Cristo;<br \/>\n3. El Esp\u00ed\u00adritu;<br \/>\n4. La Iglesia;<br \/>\n5. La escatolog\u00ed\u00ada;<br \/>\n6. Teolog\u00ed\u00ada de la historia;<br \/>\n7. El tema teol\u00f3gico de fondo: la iglesia, purificada, vislumbra su hora;<br \/>\n8. El Apocalipsis en la vida de la Iglesia: los diversos m\u00e9todos de lectura.<\/p>\n<p>I. AMBIENTACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA.<br \/>\nEl llamado Apocalipsis de Juan presenta su propia originalidad, tanto en el aspecto literario c\u00f3mo en el teol\u00f3gico, hasta el punto deuna obra maestra en el g\u00e9nero seg\u00fan la opini\u00f3n com\u00fan. Pero no es fruto de un genio solitario. Tanto por su forma literaria como por su mensaje, el Apocalipsis se sit\u00faa en el \u00e1mbito de la escuela apocal\u00ed\u00adptica y, m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente, del \u00abc\u00ed\u00adrculo joaneo\u00bb, al que se atribuyen el cuarto evangelio y las cartas que figuran bajo el nombre de Juan [! Juan, Evangelio; l Juan, Cartas].<\/p>\n<p>1. LA ESCUELA APOCAL\u00ed\u008dPTICA. \u00bfPuede hablarse de una verdadera y propia escuela apocal\u00ed\u00adptica? La falta de una documentaci\u00f3n hist\u00f3rica en este caso impide la identificaci\u00f3n de un grupo apocal\u00ed\u00adptico, dentro del \u00e1mbito del AT y del NT, con la misma precisi\u00f3n con que podemos se\u00f1alar, por ejemplo, el grupo fariseo, los saduceos, el grupo de los esenios de Qumr\u00e1n. Resulta realmente dif\u00ed\u00adcil, en el estado actual de las investigaciones, decir si exist\u00ed\u00ada realmente un grupo apocal\u00ed\u00adptico, con una actividad espec\u00ed\u00adfica, o al menos con una importancia hist\u00f3rico-sociol\u00f3gica apreciable. Sin embargo, la existencia de un material escrito t\u00ed\u00adpico, relativamente amplio y difundido -el \u00abcorpus apocalypticum\u00bb [l Apocal\u00ed\u00adptica I]- ha hecho que se piense as\u00ed\u00ad con cierto fundamento. En efecto, a partir del siglo II a. C. hasta el siglo III d.C. por lo menos encontramos un verdadero florecimiento de este g\u00e9nero literario, con unas caracter\u00ed\u00adsticas propias tanto en la forma literaria como en el contenido.<\/p>\n<p>Estas formas caracter\u00ed\u00adsticas se pueden reducir a dos: la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, particularmente elaborada hasta el artificio, y, por lo que se refiere al contenido, una atenci\u00f3n especial a los hechos concretos de la historia puestos en relaci\u00f3n con las promesas de Dios. Cuando tambi\u00e9n en el \u00e1mbito del NT se hizo sentir la exigencia de una confrontaci\u00f3n de los valores religiosos que aportaba la comunidad cristiana con el cuadro de la historia en que viv\u00ed\u00ada, naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 la apocal\u00ed\u00adptica cristiana. La confrontaci\u00f3n con los hechos, aunque no represent\u00f3 respecto a la comunidad cristiana primitiva aquel papel decisivo y en sentido \u00fanico que se le ha atribuido a veces a la apocal\u00ed\u00adptica (E. Ktiseman la ha denominado la \u00abmadre de la teolog\u00ed\u00ada cristiana&#8217;~, no cabe duda de que dio un impulso decisivo a la toma de conciencia, siempre por parte de la comunidad, del contenido de la fe y de las implicaciones aplicativas a la historia que supone.<\/p>\n<p>2. EL \u00abC\u00ed\u008dRCULO JOANEO\u00bb. \u00bfD\u00f3nde naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 la apocal\u00ed\u00adptica cristiana? No es posible dar una determinaci\u00f3n geogr\u00e1fica concreta. Dada la presencia de escritos de estilo apocal\u00ed\u00adptico en el \u00e1mbito de textos diferentes por su \u00ed\u00adndole y por su origen, se puede hablar de un conjunto de tendencias que cristalizaron en grupos existentes dentro de las diversas comunidades cristianas primitivas. La apocal\u00ed\u00adptica es casi una escuela dentro de otra escuela. Esto vale de manera especial para aquella gran escuela de cristianismo que floreci\u00f3 en Asia Menor en la segunda mitad del siglo 1, y que ha sido denominada, con una terminolog\u00ed\u00ada de O. Cullmann, como el \u00abc\u00ed\u00adrculo joaneo\u00bb. Son expresiones de esta escuela el cuarto evangelio, las tres cartas de Juan y el Apocalipsis. Aun dentro de la diversidad de su formulaci\u00f3n literaria, tienen un trasfondo teol\u00f3gico com\u00fan indudable; y, especialmente en lo que se refiere al cuarto evangelio y al Apocalipsis, pueden se\u00f1alarse muchos puntos de contacto -relativos sobre todo a la cristolog\u00ed\u00ada-, as\u00ed\u00ad como un movimiento evolutivo que parte del cuarto evangelio y desemboca en el Apocalipsis.<\/p>\n<p>El Apocalipsis se habr\u00ed\u00ada formado gradualmente en el \u00e1mbito del c\u00ed\u00adrculo joaneo y habr\u00ed\u00ada sido redactado definitivamente, seg\u00fan el testimonio de Ireneo, del 90 al 95, \u00aba finales del reinado de Domiciano\u00bb (asesinado en el a\u00f1o 96). Aunque Domiciano es conocido por su actitud hostil contra los cristianos, no parece que, a finales de su reinado, hubiera en Asia Menor una persecuci\u00f3n en regla. La experiencia, a partir de Ner\u00f3n, ense\u00f1aba a los cristianos que su confrontaci\u00f3n con la historia originaba f\u00e1cilmente tensiones y hasta persecuciones, que en cierto sentido eran de esperar.<\/p>\n<p>II. EL APOCALIPSIS COMO HECHO LITERARIO.<br \/>\nLos estudios relativos a los diversos y complejos aspectos literarios del Apocalipsis, desde la lengua que emplea hasta la estructura del libro, se han multiplicado y permiten determinar algunos puntos con un grado suficiente de aproximaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA ESTRUCTURA LITERARIA. Ciertos elementos literarios t\u00ed\u00adpicos que se van encontrando a lo largo del libro -como frases que se repiten igual; frases que se repiten ampliadas progresivamente; concatenaciones t\u00ed\u00adpicas, como las series septenarias y los tr\u00ed\u00adpticos; las referencias al autor, las celebraciones doxol\u00f3gicas-, estudiados de cerca y sumando sus resultados, sugieren este cuadro de conjunto, que vale la pena examinar en detalle para una comprensi\u00f3n del Apocalipsis: 1,1-3 nos presenta el t\u00ed\u00adtulo ampliado del libro y nos permite vislumbrar en la relaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica entre \u00abuno que lee\u00bb y muchos \u00abque escuchan\u00bb (1,3) la asamblea lit\u00fargica cristiana como protagonista activa del libro. Viene luego una primera parte (1,4-3,22), caracterizada por un mensaje a siete Iglesias del Asia Menor, que geogr\u00e1ficamente giraban en torno a Efeso. Esta primera parte se desarrolla en tres fases sucesivas: un di\u00e1logo lit\u00fargico inicial entre el lector y la asamblea cristiana (1,4-8); un encuentro particularmente detallado, y enmarcado en el \u00abd\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb, con Cristo resucitado (1,9-20); un mensaje en siete misivas, que Cristo resucitado dirige a las siete Iglesias del Asia Menor (2,1-3,22).<\/p>\n<p>La segunda parte es mucho m\u00e1s compleja (4,1-22,5). Los indicios literarios antes se\u00f1alados permiten formular su articulaci\u00f3n en cinco secciones: una secci\u00f3n introductoria (4,1-5,1 l); tres secciones centrales, a saber: la secci\u00f3n de los sellos (6,17,17), la secci\u00f3n de las trompetas (8,1-11,14) y la secci\u00f3n de las tres se\u00f1ales (11,15-16,16); viene, por \u00faltimo, la secci\u00f3n final o conclusi\u00f3n (16,17-22,5).<\/p>\n<p>Estas cinco secciones est\u00e1n atravesadas por un eje de desarrollo hacia adelante, preparado por la secci\u00f3n introductoria, puntualizado en las tres secciones centrales, sintetizado y concluido en la secci\u00f3n final. En torno al eje principal giran diversos elementos literarios desvinculados, a trav\u00e9s de un sutil pero evidente juego de tiempos verbales, del desarrollo hacia adelante. Hay que se\u00f1alar adem\u00e1s, para una primera aproximaci\u00f3n a cada una de las secciones, sus caracter\u00ed\u00adsticas propias. La secci\u00f3n introductoria se desarrolla en tres fases: un redescubrimiento de Dios; la toma de conciencia de un plan de Dios relativo al hombre y a la historia, pero totalmente en manos de Dios y desesperadamente inaccesible, y, finalmente, la intervenci\u00f3n de Cristo como cordero (arn\u00ed\u00adon), que hace legible, a trav\u00e9s de su pasi\u00f3n y de su revelaci\u00f3n, el libro de los destinos humanos. En las tres secciones centrales se presentan, con repeticiones m\u00e1s o menos ligeramente variadas, ciertos paradigmas interpretativos, que podr\u00e1n servir al grupo de oyentes para hacer una lectura sapiencial de su historia. La secci\u00f3n conclusiva, al presentar la destrucci\u00f3n de la gran prostituta y el triunfo de la ciudad esposa, ilumina con una luz retroactiva el camino actual del cristiano. Finalmente, en el di\u00e1logo lit\u00fargico final, la explicitaci\u00f3n de todos los protagonistas de la experiencia apocal\u00ed\u00adptica ya concluida -Juan, el \u00e1ngel int\u00e9rprete, Jes\u00fas, el Esp\u00ed\u00adritu y la \u00abesposa\u00bb- confirma al grupo de oyentes en la situaci\u00f3n que se ha ido madurando.<\/p>\n<p>2. LA LENGUA Y EL ESTILO. En una primera lectura del Apocalipsis surgen ya dos caracter\u00ed\u00adsticas de fondo: un sustrato sem\u00ed\u00adtico evidente y una serie de anomal\u00ed\u00adas, gramaticales y sint\u00e1cticas, que rozan el l\u00ed\u00admite de lo inexpresable.<\/p>\n<p>A este problema, tal como lo hemos planteado, se han dado respuestas diversas. Se ha dicho que el texto actual del Apocalipsis es una traducci\u00f3n desma\u00f1ada del arameo (Torrey) o del hebreo (Schott), capaz de mostrar todav\u00ed\u00ada ciertas huellas sin absorber del texto original; el autor piensa en hebreo y escribe en griego (Charles), hasta el punto de que muchas de sus anomal\u00ed\u00adas se pueden explicar precisamente por la permanencia de estructuras gramaticales hebreas en un contexto griego (Lancellotti).<\/p>\n<p>Pero estas soluciones no convencen si se aplican al conjunto. El autor del Apocalipsis tiene una personalidad desconcertante, incluso desde el punto de vista literario: fuerza deliberadamente la gram\u00e1tica, con la intenci\u00f3n de chocar al lector y de provocar de este modo su reacci\u00f3n.<\/p>\n<p>El estilo -Boismard lo define como \u00abinimitable\u00bb- ejerce una seducci\u00f3n excepcional. Es dif\u00ed\u00adcil precisar sus caracter\u00ed\u00adsticas. Hay un ritmo particular que, aunque no obedece a las leyes fijas del car\u00e1cter m\u00e9trico, arrastra inmediatamente al lector en su marcha.<\/p>\n<p>El autor tiene una notable capacidad evocativa. Sugiere ciertas ideas, que luego el lector desarrolla espont\u00e1neamente. Es t\u00ed\u00adpico en este sentido su modo de usar el AT: no tiene nunca una cita expl\u00ed\u00adcita, pero inserta, a menudo literalmente, con alg\u00fan ligero retoque, expresiones enteras veterotestamentarias, haciendo revivir el contexto del AT con la perspectiva que le a\u00f1adi\u00f3 el NT.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el estilo del autor tiene su propio refinamiento; lo vemos en el uso insistente, pero nunca mec\u00e1nico, de los esquemas (p.ej., los septenarios); en los elegantes juegos de palabras; en el recurso a los criptogramas (cf 13,18); en el uso del simbolismo, que aparece al mismo tiempo muy atrevido y muy mesurado.<\/p>\n<p>3. EL AUTOR. Resulta problem\u00e1tica la atribuci\u00f3n del Apocalipsis al ap\u00f3stol Juan. La encontramos atestiguada en la antig\u00fcedad por Justino, Ireneo, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada y Tertuliano, los cuales, sin embargo, se limitan a dar las noticias que podemos sacar del propio Apocalipsis. Ya en la antig\u00fcedad la negaron algunos, por razones muy diversas; entre ellos est\u00e1n Gayo y Dionisio de Alejandr\u00ed\u00ada. Los puntos de contacto, evidentes y estimulantes, entre el Apocalipsis y el cuarto evangelio permiten opinar actualmente que las dos obras han nacido del mismo ambiente teol\u00f3gico-cultural, el c\u00ed\u00adrculo joaneo.Las diferencias impresionantes de vocabulario y de estilo, y especialmente la diversa formulaci\u00f3n y organizaci\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos, hacen pensar, todo lo m\u00e1s, en dos autores distintos, en el \u00e1mbito de la misma escuela.<\/p>\n<p>El uso de la pseudonimia, t\u00ed\u00adpico de la apocal\u00ed\u00adptica, confirma esta posici\u00f3n; precisamente porque se presenta en primera persona como Juan -y hay que pensar en Juan el ap\u00f3stol-, el autor real no es \u00e9l, sino un admirador, un disc\u00ed\u00adpulo, que, sinti\u00e9ndose en sinton\u00ed\u00ada con el ap\u00f3stol Juan, pone sus palabras en su boca.<\/p>\n<p>III. LA TEOLOG\u00ed\u008dA.<br \/>\nEn el marco de la teolog\u00ed\u00ada del Apocalipsis resaltan ante todo algunos temas generales. Son comunes a todos los escritos del NT. Por lo que concierne al Apocalipsis constituyen como otros tantos puntos de cristalizaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adsticos y especifican ya su mensaje: l Dios, l Jes\u00fas, el l Esp\u00ed\u00adritu, la l Iglesia.<\/p>\n<p>1. Dios. El apelativo \u00abDios\u00bb (ho Th\u00e9os), sin a\u00f1adidos, es el t\u00ed\u00adtulo m\u00e1s frecuente (65 veces); evoca y actualiza la carga, incluso emotiva, que se tiene generalmente cuando en el AT se habla de Dios.<\/p>\n<p>Entre los atributos que se le dan a Dios se impone particularmente a la atenci\u00f3n el de kath\u00e9menos, \u00absentado en el trono\u00bb: inculca la capacidad de dominio de Dios sobre la historia.<\/p>\n<p>Alrededor de Dios sentado en el trono (cf 4,2ss) hay todo un contorno misterioso, pero significativo: encontramos a los \u00abveinticuatro ancianos\u00bb, que representan con toda probabilidad esquemas relativos a personajes del AT y del NT, los cuales, llegados ya personalmente a la meta escatol\u00f3gica, .ayudan a la Iglesia todav\u00ed\u00ada en camino. Son nuestros santos. Junto a los ancianos, siempre alrededor del trono de Dios, est\u00e1n los \u00abcuatro vivientes\u00bb: figuras simb\u00f3licas sumamente complejas, sacadas de Ezequiel, pero repensadas creativamente por el autor para expresar muy probablemente un movimiento ascendente y descendente de intercambio entre la trascendencia de Dios y la zona de los hombres. Y del trono sale continuamente un impulso por parte de Dios hacia la historia (cf 4,5).<\/p>\n<p>Pero el Apocalipsis no nos presenta un Dios visto s\u00f3lo en su funcionalidad: invita atrevidamente a realizar de \u00e9l una experiencia en cierto sentido dirigida a contemplarlo (cf 4,3). Dios, sobre todo, es el \u00abPadre de Cristo\u00bb: este ep\u00ed\u00adteto se encuentra bajo la forma de \u00abmi Padre\u00bb, y est\u00e1 en labios de Cristo (1,6; 2,28; 3,5.21; 14,1): Cristo es y se expresa como Hijo del Padre, en el sentido trascendente de la palabra. Pero Dios, Padre de Cristo, se sit\u00faa tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con los cristianos: ellos son \u00absacerdotes para su Dios y Padre\u00bb (1,6); Cristo reconocer\u00e1 su nombre \u00abdelante de mi Padre\u00bb (3,5); los cristianos llevan escrito en su frente el nombre de Dios junto con el de Cristo (cf 14,1), grabados por el mismo Cristo (cf 3,12).<\/p>\n<p>En una visi\u00f3n sint\u00e9tica: Dios es \u00abel que es, el que era y el que viene\u00bb (1,8; 4,8; 11,17; 16,5 tiene s\u00f3lo: \u00abel que es, el que era&#8217;. Domin\u00e1ndolo todo con su poder, pone en movimiento todo su proyecto y lo hace desarrollar en el tiempo. Pero Dios act\u00faa en la historia por medio de Cristo.<\/p>\n<p>2. CRISTO. La cristolog\u00ed\u00ada del Apocalipsis ha sido calificada como la m\u00e1s rica del NT (Bossuet). Esto aparece, sobre todo, en las denominaciones.<\/p>\n<p>Empezando por el nombre, se observa cierta frecuencia en el uso de \u00abJes\u00fas\u00bb, que aparece sin m\u00e1s aditamentos en siete ocasiones (1,9;12,17; 14,12 17,6; 19,10; 20,4; 22,16). Es una frecuencia apreciable, que nos remite o al Jes\u00fas hist\u00f3rico (Charles, Comblin) o, preferiblemente, al Jes\u00fas de la liturgia de la comunidad cristiana primitiva. \u00abCristo\u00bb, solo, aparece en cuatro ocasiones (11,15; 12,10; 20,4.6), y se refiere expresamente a la funci\u00f3n mesi\u00e1nica, con una relaci\u00f3n especial al reino. En el t\u00ed\u00adtulo del libro y en el saludo final (1,1.2.5; 22,21) encontramos la combinaci\u00f3n de los dos nombres.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es sentido y concebido en el nivel de Dios. Es el \u00abHijo de Dios\u00bb en el sentido m\u00e1s fuerte de la expresi\u00f3n (2,18). Pero se le ve especialmente en relaci\u00f3n con los hombres y con su historia: actualiza en s\u00ed\u00ad mismo las prerrogativas del \u00abHijo del hombre\u00bb de Daniel (cf Dan 7:13), incluida la de juzgar al final sobre el bien y el mal que se han realizado en la tierra (cf 1,12; 14,14). Es el \u00abviviente\u00bb (1,18), el resucitado, pero despu\u00e9s de haber compartido la suerte de los hombres, la muerte; siempre en relaci\u00f3n con los hombres, es \u00abel testigo fiel\u00bb (1,5; 3,14) de las promesas de Dios; es \u00abel que dice la verdad\u00bb a su Iglesia. El desarrollo de la historia de la salvaci\u00f3n est\u00e1, como ejecuci\u00f3n, en sus manos. Los atributos de Dios en el AT, especialmente los din\u00e1micos, se le aplican tambi\u00e9n a \u00e9l: \u00e9l es \u00abel primero y el \u00faltimo\u00bb \u00abel alfa y la omega\u00bb (1,7; 2,8; 22,13); se encuentra al comienzo y al final de la serie homog\u00e9nea de la historia de la salvaci\u00f3n. Precisamente cuando realiza su conclusi\u00f3n es cuando se manifiesta en todo su alcance; su nombre es entonces \u00abla palabra de Dios\u00bb (ho L\u00f3gos to\u00fa Theo\u00fc) (19,13), probablemente en el sentido de una actuaci\u00f3n de todas las promesas de la palabra de Dios, que se realizan en \u00e9l. Habiendo superado las fuerzas terrenales hostiles a Dios, Cristo es \u00abrey de reyes\u00bb: con esto se manifiesta como equivalente a Dios y le corresponde el t\u00ed\u00adtulo divino de \u00abSe\u00f1or de los se\u00f1ores\u00bb (17,14 19,16).<\/p>\n<p>En la segunda parte del Apocalipsis se impone a la atenci\u00f3n el t\u00ed\u00adtulo de \u00abcordero\u00bb (arn\u00ed\u00adon). Se trata de una construcci\u00f3n simb\u00f3lica t\u00ed\u00adpica del autor. Seg\u00fan su estilo, la primera vez que habla de \u00e9l (5 ,6) presenta un cuadro completo: el \u00abcordero\u00bb es el Cristo preparado por el AT en la doble l\u00ed\u00adnea del Exodo y del Segundo Isa\u00ed\u00adas, juntamente muerto y resucitado, con todo el poder mesi\u00e1nico que le corresponde, con la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu que ha de enviar sobre la tierra. Las otras 28 veces que encontramos el t\u00ed\u00adtulo de \u00abcordero\u00bb habr\u00e1 que recordar expresamente todo este cuadro teol\u00f3gico para comprender adecuadamente el sentido del contexto.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos continuar este an\u00e1lisis; la cristolog\u00ed\u00ada del Apocalipsis es realmente inagotable. Cristo est\u00e1 presente en cada una de las p\u00e1ginas del libro bajo alg\u00fan aspecto nuevo. Muerto Y resucitado, dotado de todas las prerrogativas de Dios, vivo en su Iglesia y para ella Cristo la tiene s\u00f3lidamente asida de su mano y la impulsa hacia adelante. La juzga con su palabra, purific\u00e1ndola desde dentro (cc. 1-3); la ayuda luego a discernir su hora, su relaci\u00f3n con las fuerzas hist\u00f3ricas hostiles. Las derrota junto a ella, convirti\u00e9ndola as\u00ed\u00ad por completo en su esposa. De esta manera Cristo sube al trono de Dios, prolongando en la realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia laque hab\u00ed\u00ada sido su victoria personal, obtenida con la muerte y la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. EL ESP\u00ed\u008dRITU. La teolog\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu en el Apocalipsis se presenta con indicaciones sobrias, descarnadas a primera vista, pero que, agrupadas, constituyen un cuadro&#8217;especlalmente interesante.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu, como suele suceder generalmente en el AT, pertenece a Dios, es una prerrogativa suya; el Esp\u00ed\u00adritu de Dios est\u00e1 en su plenitud delante de \u00e9l (los \u00absiete Esp\u00ed\u00adritus de Dios\u00bb seg\u00fan una interpretaci\u00f3n probable de 1,4; 4,5). El Esp\u00ed\u00adritu de Dios en la totalidad de sus manifestaciones concretas se convierte -como parece indicar adem\u00e1s el complejo simbolismo de los \u00abvivientes\u00bb- en una energ\u00ed\u00ada que parte de la trascendencia divina y act\u00faa a nivel de la historia humana; es la energ\u00ed\u00ada que invade al autor del Apocalipsis (cf 1,10; 17,3; 21 10), que da la vida de la resurrecci\u00f3n (11,11).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu, totalidad de la energ\u00ed\u00ada divina trascendente, que entra en contacto con la historia humana, pertenece a Cristo, que \u00abtiene los siete Esp\u00ed\u00adritus de Dios\u00bb (3 ,1), el Esp\u00ed\u00adritu en su totalidad, y lo env\u00ed\u00ada a la tierra (cf 5,6).<\/p>\n<p>Enviado a la tierra, el Esp\u00ed\u00adritu se manifiesta y act\u00faa como persona, convini\u00e9ndose simplemente en \u00abel Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (t\u00f3 pn\u00e9uma). Pero esto se ven\u00f1ca en contacto con la Iglesia: el Esp\u00ed\u00adritu revela (14,13), \u00abhabla\u00bb continuamente \u00aba las Iglesias\u00bb (2,7.11. 17.29; 3,6.13.22), anima a la Iglesia en su amor de esposa y sostiene su esperanza escatol\u00f3gica (22,6).<\/p>\n<p>4. LA IGLESIA. Dios se revela, se expresa en Cristo, testigo fiel; Cristo env\u00ed\u00ada su Esp\u00ed\u00adritu, que es recibido en la Iglesia; de este modo se pasa de Dios a Cristo, al Esp\u00ed\u00adritu, a la Iglesia, sin soluci\u00f3n de continuidad.<\/p>\n<p>El autor conoce y usa el t\u00e9rmino ekkl\u00e9s\u00ed\u00ada; designa para \u00e9l la Iglesia local, bien identificada en su circunscripci\u00f3n geogr\u00e1fica (2,1, etc.). Pero habla de \u00abIglesias\u00bb, tambi\u00e9n en plural (cf 22,16), y entonces el discurso se hace m\u00e1s general. Incluso cuando insiste en las determinaciones locales expresa mediante el n\u00famero 7 una totalidad generalizada: \u00ablas siete Iglesias de Asia\u00bb (1,4.11.20) constituyen el conjunto perenne de la Iglesia m\u00e1s all\u00e1 de las concreciones espacio-temporales.<\/p>\n<p>Son caracter\u00ed\u00adsticas del autor del Apocalipsis algunas im\u00e1genes que expresan o ilustran su concepto de Iglesia: la Iglesia es una totalidad lit\u00fargica, en la que est\u00e1 presente Cristo (los siete candelabros de oro: 1,20; 2,1); la Iglesia terrestre tiene su propia dimensi\u00f3n trascendente (\u00e1ngeles de las siete Iglesias: cf 1,20, etc.); la Iglesia celestial y terrestre al mismo tiempo tiene que expresar, en la tensi\u00f3n de las persecuciones, a su Cristo (la mujer vestida de sol: cf 12,1ss). La Iglesia es el conjunto del pueblo de Dios, con toda la carga que este concepto tiene en el AT, tanto en el estado de peregrinaci\u00f3n por el desierto (12,6) como en la situaci\u00f3n final: es la Jerusal\u00e9n terrestre (cf c. 11) y la Jerusal\u00e9n nueva (21,1-22,5), fundada sobre los ap\u00f3stoles del Cordero (cf 21,14); est\u00e1 unida a Cristo con un v\u00ed\u00adnculo indisoluble de amor; es la novia que se convierte en esposa (cf 21,2.9; 22,17).<\/p>\n<p>En la uni\u00f3n de estas dos im\u00e1genes, ciudad y esposa, se realiza (21,2: \u00ab&#8230; como una esposa\u00bb; 22,9-10: la ciudad-esposa) la s\u00ed\u00adntesis de la eclesiolog\u00ed\u00ada del Apocalipsis: la Iglesia est\u00e1 unida a Cristo con un amor que no debe caer de nivel (cf 2,4), que debe ir creciendo hasta la intimidad familiar (3,20), venciendo todas las negatividades interiores: es el aspecto m\u00e1s ,personal, que interesa a cada uno de los individuos; pero la Iglesia es tambi\u00e9n ciudad: tiene un aspecto social que se desarrolla en su l\u00ed\u00adnea, venciendo las negatividades hostiles exteriores.<\/p>\n<p>Cuando acabe este doble proceso, interno y externo, entonces y s\u00f3lo entonces se alcanzar\u00e1 la s\u00ed\u00adntesis perfecta entre las dos: la Iglesia \u00absanta\u00bb, \u00abamada\u00bb, esposa capaz de amar, ser\u00e1 la ciudad en la que no podr\u00e1 entrar nada contaminado. Estaremos en la fase escatol\u00f3gica final.<\/p>\n<p>5. LA ESCATOLOG\u00ed\u008dA. La eclesiolog\u00ed\u00ada desemboca en la escatolog\u00ed\u00ada. La escatolog\u00ed\u00ada es, en opini\u00f3n universal, uno de los temas teol\u00f3gicos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos del Apocalipsis: la insistencia en el tiempo que pasa y que ya no tiene dilaci\u00f3n, las amenazas, el simbolismo de las convulsiones c\u00f3smicas, el desarrollo literario hacia adelante con vistas a una conclusi\u00f3n final, etc., todo esto nos est\u00e1 hablando de escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil recoger estos elementos dispersos en una s\u00ed\u00adntesis concreta. Pero podemos determinar al menos algunos rasgos fundamentales.<\/p>\n<p>El arco de la historia de la salvaci\u00f3n abarca expresamente, en el Apocalipsis, todos los tiempos: el presente, el pasado y el futuro. Esto es lo que se expresa entre otras cosas, por la frase caracter\u00ed\u00adstica: \u00abel que es, el que era y el que viene\u00bb (cf 1,4.8, etc.).<\/p>\n<p>Existe en el Apocalipsis una tensi\u00f3n hacia una meta final; nos lo indica el an\u00e1lisis de la estructura literaria, que nos revela una sucesi\u00f3n creciente de las diversas secciones; nos lo dice igualmente el tiempo que, seg\u00fan la concepci\u00f3n del Apocalipsis, tiene un ritmo veloz de desarrollo: \u00abel tiempo est\u00e1 cerca\u00bb (2Cr 1:3). \u00abEl gran d\u00ed\u00ada\u00bb (2Cr 16:14) nos presenta el punto de llegada de todo.<\/p>\n<p>El mal, visto bajo las formas concretas que podr\u00e1 asumir en el arco de la historia -la ra\u00ed\u00adz demon\u00ed\u00adaca; el Estado que se hace adorar, simbolizado por el primer monstruo; la propaganda que le da vida, simbolizada por el segundo; los \u00abreyes de la tierra\u00bb, que corresponden a los centros de poder, y, finalmente, \u00abBabilonia\u00bb, la ciudad secular por excelencia, expresi\u00f3n de un sistema terrenal cerrado ala trascendencia de Dios-, quedar\u00e1 superado de forma irreversible. Vendr\u00e1 luego la renovaci\u00f3n general, con la convivencia, al nivel vertiginoso de un amor paritario, entre Dios, Cristo-Cordero y el Esp\u00ed\u00adritu, por una parte, y, por otra, los hombres unidos entre s\u00ed\u00ad. As\u00ed\u00ad ser\u00e1 la Jerusal\u00e9n nueva (cf 21,1-22,5).<\/p>\n<p>Respecto a esta fase cronol\u00f3gica final existe una anticipaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n reservada a una parte del pueblo de Dios, pero funcional respecto al conjunto, que es expresada por los 144.000 salvados con el \u00abCordero\u00bb en el monte Si\u00f3n (14,1-5), por los \u00abdos testigos\u00bb (11,1-13) y por los que participan del reinado milenario de Cristo (20,1-6).<\/p>\n<p>6. TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA HISTORIA. La escatolog\u00ed\u00ada del Apocalipsis, con esta riqueza y complejidad de elementos, no permite una huida hacia adelante respecto a la realidad en que vive la Iglesia. La escatolog\u00ed\u00ada est\u00e1 anclada en la historia.<\/p>\n<p>En efecto, el Apocalipsis tiene como su maeria espec\u00ed\u00adfica \u00ablo que va a ocurrir\u00bb, la historia, entendida precisamente en su contenido concreto. \u00bfQu\u00e9 historia? La historia contempor\u00e1nea del autor, dicen con diversos matices Giet (guerra de los jud\u00ed\u00ados), Touilleux (culto a Cibeles, culto al emperador), Feuillet (conflicto con el juda\u00ed\u00adsmo, con el paganismo, triunfo posterior), etc. El Apocalipsis expresa una interpretaci\u00f3n religiosa de esa historia: la comunidad que escucha estar\u00e1 en disposici\u00f3n de comprenderla y apreciarla.<\/p>\n<p>La historia futura, la historia universal de la Iglesia, nos dicen Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore y Nicol\u00e1s de Lira. El Apocalipsis es una profec\u00ed\u00ada en el sentido habitual de la palabra: revela las grandes constantes hist\u00f3ricas concretas, nos instruye sobre lo que ha de ser el desarrollo evolutivo de los grandes per\u00ed\u00adodos. La comunidad eplesial de cada \u00e9poca podr\u00e1 por tanto, escuchando, prever el desarrollo de hecho de la historia y sacar de este modo sus conclusiones.<\/p>\n<p>Son innegables en el Apocalipsis algunas evocaciones y referencias concretas a hechos contempor\u00e1neos del autor, tanto en la primera como en la segunda parte. Pero no parece que el autor se detenga en ellos. El simbolismo arranca estos hechos de su concreci\u00f3n hist\u00f3rica aislada y les da al mismo tiempo una lectura teol\u00f3gica paradigm\u00e1tica. De aqu\u00ed\u00ad surgen ciertas \u00abformas\u00bb de inteligibilidad teol\u00f3gica. Estas \u00abformas\u00bb tienen como trasfondo gen\u00e9rico el eje del desarrollo lineal de la historia de la salvaci\u00f3n, y en este sentido se refieren al futuro de todos los tiempos; pero, tomadas singularmente, pueden desplazarse hacia adelante y hacia atr\u00e1s respecto al desarrollo cronol\u00f3gico; tomadas en su conjunto, constituyen como un gran paradigma de inteligibilidad teol\u00f3gica capaz de aplicarse de la realidad hist\u00f3rica concreta.<\/p>\n<p>Por consiguiente, la historia concreta no es el contenido propio del Apocalipsis; por el contrario, se contienen en \u00e9l ciertas formas de inteligibilidad, casi a priori respecto al hecho hist\u00f3rico; m\u00e1s tarde tendr\u00e1n que llenarse con el contenido hist\u00f3rico concreto, ilumin\u00e1ndolo, para volver a desvanecerse en seguida.<\/p>\n<p>La comunidad eclesial que escucha sabr\u00e1 aplicar esas formas de inteligibilidad a la materia de la historia.<\/p>\n<p>7. EL TEMA TEOL\u00ed\u201cGICO DE FONDO: LA IGLESIA, PURIFICADA, VISLUMBRA SU HORA. La comunidad eclesial, situada en el desarrollo lineal de la historia entre el \u00abya\u00bb y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb se pone en primer lugar en un estado de purificaci\u00f3n interior, someti\u00e9ndose al \u00abjuicio\u00bb de la palabra de Cristo. Se renueva, se tonifica interiormente, se va adaptando a la percepci\u00f3n (\u00abEl que tenga o\u00ed\u00addos&#8230;\u00bb: 1,7&#8230;) de la voz del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n interior se siente invitada a subir al cielo (cf 4,1) y a considerar desde all\u00ed\u00ad los hechos que la afectan desde fuera.<\/p>\n<p>Aplicando a los hechos los esquemas de inteligibilidad correspondientes, la Iglesia estar\u00e1 en disposici\u00f3n de comprender, mediante un tipo de reflexi\u00f3n sapiencial, su propia hora en relaci\u00f3n con las realidades hist\u00f3ricas simult\u00e1neas.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n sapiencial y actuafizante es el \u00faltimo paso en la hermen\u00e9utica del Apocalipsis (sigue al desciframiento del s\u00ed\u00admbolo) y se realiza en el contexto lit\u00fargico de la asamblea que escucha y discierne (cf 1,3; 13;18, etc.).<\/p>\n<p>Es \u00e9ste el punto focal, la clave de b\u00f3veda del edificio teol\u00f3gico del Apocalipsis.<\/p>\n<p>El autor lo pone de relieve con el car\u00e1cter marcadamente lit\u00fargico que imprime a todo el libro: los elementos lit\u00fargicos m\u00e1s externos (\u00abd\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb: 1,10) son llevados por el autor a una profundidad de experiencia lit\u00fargica sin precedentes: la liturgia se desarrolla en la tierra, pero tiene una influencia decisiva en el cielo; constituye la expresi\u00f3n de la comunidad eclesial, consciente de la presencia de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu (cf el \u00abdi\u00e1logo lit\u00fargico\u00bb de 22,6-21).<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n lit\u00fargica, la Iglesia se purifica y discierne su hora. Esto significa la posibilidad y la capacidad de una lectura religiosa, en profundidad, de la historia simult\u00e1nea. La historia simult\u00e1nea, a su vez, se encuadra dentro del gran contexto de la escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>M\u00e1s en general, en esta acci\u00f3n de purificaci\u00f3n, primero, de discernimiento, despu\u00e9s, la comunidad eclesial descubre su identidad con todas las implicaciones y toma conciencia de ella; comprende que est\u00e1 animada por el Esp\u00ed\u00adritu; descubre entonces al Cristo del misterio pascual presente, que la purifica, la ilumina, lucha a su lado y vence con ella; reconoce, a trav\u00e9s de Cristo y de su obra, la inmensidad inefable del Dios \u00absant\u00ed\u00adsimo\u00bb, \u00abque lo domina todo\u00bb, pero que es al mismo tiempo Padre de Cristo y Padre nuestro.<\/p>\n<p>8. EL APOCALIPSIS EN LA VIDA DE LA IGLESIA: LOS DIVERSOS METODOS DE LECTURA. Aunque al principio surgieron algunas dificultades por parte de la Iglesia oriental para acoger el Apocalipsis dentro del canon de los libros inspirados, su presencia en el \u00e1mbito de la vida de la Iglesia ha sido siempre especialmente estimulante. Pero no siempre del mismo modo. Algunos estudios detallados sobre el desarrollo de la presencia del Apocalipsis en la vida de la Iglesia (Maier) han puesto de relieve dos aspectos que est\u00e1n en tensi\u00f3n entre s\u00ed\u00ad: por un lado, la influencia profunda que ejerci\u00f3 siempre el libro del Apocalipsis; por otro, los diversos m\u00e9todos de lectura a los que se le ha sometido.<\/p>\n<p>No nos han llegado verdaderos y aut\u00e9nticos comentarios del Apocalipsis de los tres primeros siglos cristianos. Las muchas citas que encontramos de \u00e9l en Justino, Ireneo, Hip\u00f3lito, Tertuliano, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada y Or\u00ed\u00adgenes permiten, sin embargo, se\u00f1alar dos aspectos: les interesa de manera especial la per\u00ed\u00adcopa 20,1-10, donde se habla de un reino de Cristo que durar\u00e1 mil a\u00f1os. Este reino es interpretado literalmente; tenemos entonces el llamado \u00abquiliasmo\u00bb (de ch\u00ed\u00adlioi, mil) o milenarismo: se le atribuye al Apocalipsis la previsi\u00f3n de un reinado de Cristo sobre la tierra antes de la conclusi\u00f3n escatol\u00f3gica de la historia. Cada autor lo entiende de manera distinta como plazo y como duraci\u00f3n. Esta perspectiva literal supon\u00ed\u00ada una interpretaci\u00f3n realista y de alcance inmediato, con una referencia prevalente al Imperio romano, de los s\u00ed\u00admbolos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos, como la bestia del cap\u00ed\u00adtulo 13.<\/p>\n<p>Esta perspectiva -es el segundo aspecto que hay que se\u00f1alar- tiende a ser superada, en el \u00e1mbito de la escuela alejandrina, as\u00ed\u00ad como la interpretaci\u00f3n literal del milenio. Or\u00ed\u00adgenes ya no es milenarista.<\/p>\n<p>Los primeros comentarios completos del Apocalipsis son los de Victorino y Ticonio, redactados en lat\u00ed\u00adn. Victorino es todav\u00ed\u00ada milenarista, pero sienta expresamente un principio que llevar\u00e1 a la superaci\u00f3n del milenarismo: la recapitulaci\u00f3n. El Apocalipsis no se refiere a una serie continuada de acontecimientos futuros, sino que apela a los acontecimientos mismos bajo diversas formas. Ticonio formular\u00e1 de manera m\u00e1s precisa -en siete reglas, comentadas por Agust\u00ed\u00adn- la teor\u00ed\u00ada exeg\u00e9tica de la recapitulaci\u00f3n, y con \u00e9l puede decirse que se ha superado ya el milenarismo: el reinado de Cristo del cap\u00ed\u00adtulo 20 es la victoria de Cristo desde la encarnaci\u00f3n en adelante.<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo y Agustin, aunque no comentan expresamente el Apocalipsis, demuestran que aprecian adecuadamente su importancia. Su ex\u00e9gesis parece moverse en la l\u00ed\u00adnea de la recapitulaci\u00f3n. Una vez rechazado radicalmente el milenarismo -definido como una \u00abf\u00e1bula\u00bb-, se afirma en ambos la tendencia a una interpretaci\u00f3n amplia y polivalente. \u00abTiene tantos significados secretos como palabras\u00bb, escribe Jer\u00f3nimo a Paulino (Carta LIII, 8). La influencia de Jer\u00f3nimo y de Agust\u00ed\u00adn deja sentir sus efectos. Tenemos una serie de comentarios que siguen siempre sustancialmente la teor\u00ed\u00ada de la recapitulaci\u00f3n, profundizando atinadamente en el conjunto del libro y en sus detalles. Encontramos as\u00ed\u00ad el primer comentario griego que nos ha llegado: el de Andr\u00e9s de Cesarea, que destaca el sentido espiritual, entendido como aplicaci\u00f3n inmediata del texto a la experiencia de la vida de la Iglesia. En el mundo latino encontramos los comentarios de Primasio, Beda el Venerable, Beato de Li\u00e9bana, Ricardo de San V\u00ed\u00adctor y Alberto Magno.<\/p>\n<p>Este per\u00ed\u00adodo tranquilo e intenso recibi\u00f3 una brusca sacudida en la segunda mitad del siglo xii con Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore. Encuadrando el Apocalipsis en los tres per\u00ed\u00adodos de la historia del mundo (AT de 42 generaciones; primera fase del NT, tambi\u00e9n de 42 generaciones; el reino milenario a partir del 1200: Cristo vuelve a aparecer en la tierra, vence al anticristo y conduce a los fieles a la vida contemplativa), lo refiere a la historia de los dos \u00faltimos per\u00ed\u00adodos, distribuy\u00e9ndolo en ocho visiones de acontecimientos sucesivos, desde la persecuci\u00f3n de los ap\u00f3stoles hasta el juicio universal y la visi\u00f3n de Dios. En esta estrecha concatenaci\u00f3n con una interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica de los s\u00ed\u00admbolos no queda ya lugar para la recapitulaci\u00f3n: Joaqu\u00ed\u00adn, con un gran artificio, intenta buscar ese lugar: las cinco primeras visiones -la historia hasta los tiempos de Joaqu\u00ed\u00adn-, adem\u00e1s de expresar su objeto principal, resumen cada una de ellas las fases anteriores.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea, pero de una forma m\u00e1s en consonancia con los acontecimientos, se mueve Nicol\u00e1s de Lira (primera mitad del s. xiv): se ve y se interpreta el Apocalipsis como una profec\u00ed\u00ada continuada y sin repeticiones de la historia de la Iglesia, desde Juan hasta el fin del mundo.<\/p>\n<p>Esta tendencia, seductora e insidiosa, a descubrir en el Apocalipsis acontecimientos hist\u00f3ricos precisos, llev\u00f3 a una proliferaci\u00f3n de interpretaciones fant\u00e1sticas, subjetivas y parciales; es t\u00ed\u00adpica la identificaci\u00f3n, en los comentaristas protestantes, del papado con la bestia, identificaci\u00f3n que parece dominar casi sin contraste alguno..<\/p>\n<p>Se estaba gestando, sin embargo, una reacci\u00f3n, que confluy\u00f3 en los grandes comentarios de Ribeira (1591), Pereyra (1606) y su escuela: el Apocalipsis se refiere a los acontecimientos del comienzo de la Iglesia y a los del final de la historia, no a los intermedios. Otra l\u00ed\u00adnea, igualmente en reacci\u00f3n contra las fantasmagor\u00ed\u00adas precedentes, pero paralela a la anterior, considera que el Apocalipsis se refiere al conflicto sostenido por la Iglesia naciente, primero contra los jud\u00ed\u00ados y luego contra los paganos. El representante m\u00e1s notable es el comentario de Alc\u00e1zar (1614, 1619), que ejerci\u00f3 un influjo decisivo desde Grocio (1644) hasta Bossuet (1689). Hasta mediados del siglo xix no hay novedades interesantes.<\/p>\n<p>Los comentarios, que siguen apareciendo en buen n\u00famero, se mueven sustancialmente en la l\u00ed\u00adnea de Ribeira o en la de Alc\u00e1zar-Bossuet. No faltan algunos resabios milenaristas: el representante m\u00e1s original, Bengel (1741, 18342), con su historia de los dos milenios -el de Satan\u00e1s atado: 1836-2836; el de Cristo: 2836-3836; y luego el juicio- lleva la convicci\u00f3n milenarista hasta sus \u00faltimas consecuencias. Es interesante la tendencia, presente en toda una serie de autores (Abauzit, Harduin, Wettstein, J. G. Herder), a referir todo el Apocalipsis a la descripci\u00f3n figurada de la suerte de Jerusal\u00e9n y de los jud\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>Se lleva a cabo un giro aut\u00e9ntico en la segunda mitad del siglo xix, determinado por el desarrollo de la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y literaria. Apoy\u00e1ndose en la una y en la otra, se presenta una actitud nueva: se estudia y se pondera el texto, con una mentalidad t\u00ed\u00adpicamente racionalista, en su contenido y en su forma. Uno de los representantes m\u00e1s ilustres, siempre en lo referente al Apocalipsis, es E. Renan (publica en el 1873 su libro Ant\u00e9christ), seguido por Holtzmann (1891) y otros: el contenido del Apocalipsis se refiere constantemente o a fen\u00f3menos naturales o a hechos hist\u00f3ricos de la \u00e9poca, que habr\u00ed\u00adan sido recogidos por Juan para sensibilizar respecto a la venida de Cristo, que se consideraba inminente.<\/p>\n<p>Al lado de esta actitud cr\u00ed\u00adtica de car\u00e1cter hist\u00f3rico se desarrolla, quiz\u00e1 en dependencia de la misma, otra actitud paralela de tipo literario. La multiplicidad de los hechos hist\u00f3ricos a los que alude, la heterogeneidad de estilo y las numerosas anomal\u00ed\u00adas gramaticales llevan a formular varias hip\u00f3tesis sobre la composici\u00f3n del libro: la hip\u00f3tesis redaccional (Vdlter, Erbes, J. Weis, Loisy) piensa que al n\u00facleo primitivo se fue a\u00f1adiendo un material sucesivo, mediante un trabajo complejo de reelaboraci\u00f3n; por el contrario, la hip\u00f3tesis de las fuentes considera que el Apocalipsis es el resultado de un conjunto de escritos independientes (Spitta, Briggs, Schmidt, etc.), que es posible identificar todav\u00ed\u00ada; la hip\u00f3tesis de los fragmentos piensa que el Apocalipsis es obra de un solo autor, pero que habr\u00ed\u00ada incorporado a su escrito toda una multitud de fragmentos m\u00e1s antiguos (Weizsdcker, Sabatier, Bruston, etc.).<\/p>\n<p>El desplazamiento de perspectiva caracter\u00ed\u00adstico de este m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico no dej\u00f3 de difundirse y fue madurando poco a poco. La expansi\u00f3n se produjo cuando se pas\u00f3 de las referencias hist\u00f3ricas judeocristianas a una atenci\u00f3n a las aportaciones del ambiente cultural de la \u00e9poca en el Asia Menor (otras religiones, corrientes, pr\u00e1cticas o creencias astrol\u00f3gicas). Hubo adem\u00e1s un desarrollo en profundidad: el desmembramiento del Apocalipsis de la primera cr\u00ed\u00adtica literaria apareci\u00f3 en contraste con la personalidad literaria del autor; las referencias a la historia contempor\u00e1nea fueron valoradas con vistas a una comprensi\u00f3n m\u00e1s adecuada del mensaje. De esta forma fueron apareciendo algunos comentarios del Apocalipsis que siguen a\u00fan siendo cl\u00e1sicos: Swete, Bousset, Charles, Allo, Lohmeyer.<\/p>\n<p>El desarrollo en extensi\u00f3n y en profundidad del m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico, una vez superadas las asperezas ingenuas del racionalismo primitivo, sigue a\u00fan vigente. Es el m\u00e9todo que prevalece en la ex\u00e9gesis actual. Cada vez se atiende m\u00e1s -es el desarrollo en extensi\u00f3n- a todos los elementos que pueden haber influido en el autor del Apocalipsis dentro de su ambiente cultural (elementos jud\u00ed\u00ados, elementos del cristianismo primitivo, con especial referencia a la liturgia; aspectos sociol\u00f3gicos y pol\u00ed\u00adticos; comparaci\u00f3n con otros escritos apocal\u00ed\u00adpticos). Igualmente -es el desarrollo visto m\u00e1s desde dentro- se valoran cada vez m\u00e1s los aspectos literarios, desde la estructura hasta el estilo y el lenguaje simb\u00f3lico. Todo esto ha llevado en el per\u00ed\u00adodo de los \u00faltimos veinte a\u00f1os a una profundizaci\u00f3n notable del aspecto teql\u00f3gicob\u00ed\u00adblico, como demuestran las monograf\u00ed\u00adas relativas a los temas m\u00e1s interesantes del libro (Dios, Cristo, el Esp\u00ed\u00adritu, la Iglesia, el sacerdocio, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>U. Vanni<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO I. Ambientaci\u00f3n hist\u00f3rica: 1. La escuela apocal\u00ed\u00adptica; 2. El \u00abc\u00ed\u00adrculo joaneo\u00bb. II. El Apocalipsis como hecho literario: 1. La estructura literaria; 2. La lengua y el estilo; 3. El autor. III. La teolog\u00ed\u00ada: 1. Dios; 2. Cristo; 3. El Esp\u00ed\u00adritu; 4. La Iglesia; 5. La escatolog\u00ed\u00ada; 6. Teolog\u00ed\u00ada de la historia; 7. El tema &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocalipsis-libro-del\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAPOCALIPSIS (LIBRO DEL)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17176","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17176","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17176"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17176\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17176"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17176"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17176"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}