{"id":17181,"date":"2016-02-05T11:10:57","date_gmt":"2016-02-05T16:10:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/culturaaculturacion\/"},"modified":"2016-02-05T11:10:57","modified_gmt":"2016-02-05T16:10:57","slug":"culturaaculturacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/culturaaculturacion\/","title":{"rendered":"CULTURA\/ACULTURACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Concepto de cultura y de aculturaci\u00f3n. II. Biblia y culturas: 1. Antiguo Testamento: a) Cultura n\u00f3mada, b) Cultura fenicio-cananea, c) Culturas mesopot\u00e1micas, d) Cultura egipcia, e) Cultura hitita, f) Cultura persa, g) Cultura helenista. 2. Nuevo Testamento: a) Jes\u00fas de Nazaret y la cultura jud\u00ed\u00ada, b) La Iglesia primitiva frente al juda\u00ed\u00adsmo (palestino y helenista), c) La Iglesia primitiva frente a la cultura grecorromana, d) Iglesia primitiva y gnosticismo. III. Consideraciones finales.<\/p>\n<p>I. CONCEPTO DE CULTURA Y DE ACULTURACI\u00ed\u201cN. Las modernas acepciones de cultura son sustancialmente tres: a) proceso objetivo de desarrollo de la producci\u00f3n (p.ej., \u00abcultura del neol\u00ed\u00adtico\u00bb, \u00abfeudal\u00bb, \u00abindustrial\u00bb); b) visi\u00f3n del mundo y sistema de valores propios de un pueblo, de un per\u00ed\u00adodo o de un grupo (p.ej., \u00abcultura francesa\u00bb, \u00abcultura del renacimiento\u00bb, \u00abcultura de los bant\u00faes\u00bb); c) g\u00e9nero y agrupaci\u00f3n particular de actividades intelectuales y art\u00ed\u00adsticas (p.ej., \u00abcultura filos\u00f3fica\u00bb, \u00abmusical\u00bb, \u00abliteraria\u00bb, \u00abhist\u00f3rica\u00bb, \u00abcient\u00ed\u00adfica\u00bb). En cualquier caso, hay que tener presente la distinci\u00f3n ele-mental entre cultura en sentido subjetivo (como sin\u00f3nimo de instrucci\u00f3n), equivalente a un bagaje m\u00e1s o menos grande y arm\u00f3nico de conocimientos variados, y cultura en sentido objetivo, como calificaci\u00f3n de un conjunto estructurado de expresiones materiales y espirituales, que caracteriza la identidad de un pueblo o de un momento hist\u00f3rico. El significado subjetivo (no necesariamente s\u00f3lo en sentido individual) fue propio de la antig\u00fcedad en general, tanto griega (cf la paide\u00ed\u00ada) como romana (cf la humanitas). De hecho va unido siempre a una visi\u00f3n etnoc\u00e9ntrica, que llevaba a calificar a los dem\u00e1s pueblos como \u00abb\u00e1rbaros\u00bb (cf, p.ej., Tito Livio, Hist. 31,29: \u00abSiempre hay y habr\u00e1 guerra entre los b\u00e1rbaros y todos los griegos\u00bb) y todo lo m\u00e1s a organizar \u00abcolonias\u00bb en sus territorios con la intenci\u00f3n de helenizar o de romanizar a las poblaciones.<\/p>\n<p>El etnocentrismo cultural (a pesar de los grandes descubrimientos geogr\u00e1ficos de los siglos xvi y xvii y de algunos intentos de inserci\u00f3n, como el de Mateo Ricci en China) fue el que domin\u00f3 hasta el siglo xviii, cuando en el ambiente alem\u00e1n se form\u00f3 la palabra Cultur (luego Kultur), para indicar la totalidad de las formas y de los procesos de la vida social y de los \u00e9xitos del trabajo tanto espiritual como material. Pensadores como Montesquieu, G.B. Vico, Voltaire, con sus teor\u00ed\u00adas pioneras sobre los condicionamientos ambientales, sobre las evoluciones e involuciones de la historia y con el incipiente estudio comparativo de los pueblos, contribuyeron a la afirmaci\u00f3n de una nueva aproximaci\u00f3n al problema.<\/p>\n<p>Fue J.G. Herder (1744-1803) el primero en proponer que se hablase de \u00abculturas\u00bb en plural, abriendo el ca-mino a una comprensi\u00f3n socio-antropol\u00f3gica, y por tanto diversifica-da, del fen\u00f3meno, que ha seguido prevaleciendo hasta hoy. Este camino fue recorrido y ampliado de diversas formas, no s\u00f3lo por K. Marx (1844; para el que la cultura es \u00abla naturaleza transformada en hombre\u00bb), sino sobre todo por E.B. Taylor (1871; la cultura es \u00abaquel conjunto complejo que comprende el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y cualquier otra capacidad y h\u00e1bito adquirido por el hombre en cuanto miembro de una sociedad\u00bb), por B. Malinowski (1944; respecto a la naturaleza, la cultura constituye el ambiente artificial del hombre, en cuanto creado por \u00e9l en funci\u00f3n del incremento del nivel de vida intelectual y colectivo), por A.L. Kroeber (1952; la cultura implica siempre solidaridad de rasgos, sincronicidad, interacciones indisolubles de las partes entre s\u00ed\u00ad, hasta el punto de que el conjunto es superior a sus elementos y los condiciona), por C. L\u00e9vi-Strauss (la cultura se despliega en el \u00e1mbito del estructuralismo y significa una producci\u00f3n de s\u00ed\u00admbolos, es decir, de realidades significantes, relativamente aut\u00f3nomas de la conciencia de los individuos, y que obedecen a una l\u00f3gica profunda, guiada por categor\u00ed\u00adas invariantes-inconscientes), hasta las m\u00e1s recientes aportaciones de la psiquiatr\u00ed\u00ada transcultural (que estudia el problema de las desviaciones individuales en relaci\u00f3n con los modelos culturales).<\/p>\n<p>Se fue dibujando de este modo la disciplina de la antropolog\u00ed\u00ada cultural, que, a diferencia de la pura etnolog\u00ed\u00ada, no se contenta con describir las costumbres de los diversos pueblos, sino que \u00abpone el acento en las diferencias o semejanzas como problema para el conocimiento de s\u00ed\u00ad mismo, y por tanto del hombre en cuanto universal\u00bb (I. Magli, Introduzione, 5); distingue, adem\u00e1s, la cultura de la civilizaci\u00f3n, a la que atribuye un significado m\u00e1s amplio. En el centro de la moderna investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica sigue estando el problema de los contactos entre culturas diversas. El fen\u00f3meno puede asumir hist\u00f3ricamente tanto un aspecto pac\u00ed\u00adfico (como transmisi\u00f3n-recepci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca) como un aspecto conflictivo (bien como imposici\u00f3n desde fuera, bien como defensa de la propia identidad que se considera de alg\u00fan modo amenazada); en todo caso requiere una capacidad de intercomunicaci\u00f3n tal que no induzca ni a la abdicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad ni a la intolerancia del otro, sino que permita una \u00f3smosis eventual que pueda desembocar en nuevas s\u00ed\u00adntesis culturales.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, en este terreno parece ser que no se ha fijado a\u00fan un vocabulario un\u00ed\u00advoco, especialmente en lo que se refiere a los t\u00e9rminos \u00abaculturaci\u00f3n\u00bb e \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb. Cada uno de estos dos t\u00e9rminos, en la literatura espec\u00ed\u00adfica, puede verse referido o bien a la adquisici\u00f3n subjetiva de una cultura personal o bien a la adaptaci\u00f3n objetiva de un individuo o de un grupo a la cultura de otro ambiente o de otro pueblo (incluso la Enciclopedia Europea III, 956, entiende el primer t\u00e9rmino en el sentido negativo de una absorci\u00f3n cultural de cu\u00f1o occidentalizante y destructivo de las diversas caracter\u00ed\u00adsticas \u00e9tnico-culturales).<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de los textos eclesi\u00e1sticos conviene se\u00f1alar que, mientras que el Vaticano II recurr\u00ed\u00ada solamente a los t\u00e9rminos adaptatio y accomodatio (cf, p.ej., AG 22), la palabra \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb se us\u00f3 por primera vez en el Mensaje al pueblo de Dios (n. 5), del S\u00ed\u00adnodo de los obispos de 1977; pero ya en 1953 el mision\u00f3logo P. Charles hab\u00ed\u00ada empleado la palabra \u00abaculturaci\u00f3n\u00bb incluso en el t\u00ed\u00adtulo de un estudio [\/Bibliograf\u00ed\u00ada]. Cada uno de los dos t\u00e9rminos se utiliza en el actual lenguaje cristiano en relaci\u00f3n con la evangelizaci\u00f3n y en el contexto de la obra misionera. Se entiende entonces una praxis eclesial que, partiendo del conocimiento y de la aceptaci\u00f3n de culturas diferenciadas, reconoce la posibilidad de injertar en ellas el germen del evangelio, de forma que, sobre la base de una fecundaci\u00f3n mutua, se realice tanto una aut\u00e9ntica encarnaci\u00f3n del evangelio como una fructuosa regeneraci\u00f3n de la cultura respectiva.<\/p>\n<p>Esto supone una concepci\u00f3n preliminar del evangelio (y de los conceptos correlativos de palabra de Dios y de fe) como una realidad no vinculada a priori a un determinado modelo cultural, sino hasta tal punto trascendente y formal que pueda conjugarse con las m\u00e1s variadas expresiones de la cultura humana. Al mismo tiempo, el mensaje cristiano es comprendido de antemano como destinado no ya a sobrevivir en una especie de limbo desencarnado o, peor a\u00fan, a oponerse o yuxtaponerse pol\u00e9micamente a los diversos fen\u00f3menos culturales, sino a descender y a mezclarse con ellos lo mismo que la sal en la comida (cf Mat 5:13), como la levadura en la masa (cf Mat 13:33), como la semilla en la tierra (cf Jua 12:24). Juan Pablo II, durante su viaje a Africa en mayo de 1980, dijo al episcopado de Kenya: \u00abLa aculturaci\u00f3n o inculturaci\u00f3n que vosotros hac\u00e9is bien en promover ser\u00e1 realmente un reflejo de la encarnaci\u00f3n del Verbo cuando una cultura, transformada y regenerada por el evangelio, produzca desde su propia transici\u00f3n expresiones originales de vida, de celebraci\u00f3n, de pensamiento cristiano\u00bb. En efecto, la empresa no es de poca monta, y el interrogante en que se basa no es ciertamente acad\u00e9mico. Est\u00e1n implicados en \u00e9l ciertos aspectos que interesan tanto a la vida de la Iglesia en general como a la de cada bautizado. Si se piensa que el mensaje cristiano ha ca\u00ed\u00addo del cielo como un meteorito, ya definitivamente confeccionado incluso antes de tocar la historia, entonces las relaciones Iglesia-mundo s\u00f3lo se considerar\u00e1n en t\u00e9rminos de diversidad inconciliable, si no de choque y de conflicto, y en definitiva de rechazo. Pero si se piensa que las mismas culturas humanas han contribuido hist\u00f3ricamente de alguna manera a la formulaci\u00f3n (formaci\u00f3n) de este mensaje, entonces no s\u00f3lo se descubre la dignidad nativa de las mismas culturas, sino sobre todo la necesidad imprescindible de una actitud dial\u00f3gica, que no es t\u00e1ctica, sino que expresa una mutua disponibilidad requerida por la naturaleza de las cosas y que tiende a un enriquecimiento mutuo.<\/p>\n<p>Es precisamente esta segunda posibilidad la que persigue la revelaci\u00f3n divina, tal como vamos a verificar ahora en el nivel b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>II. BIBLIA Y CULTURAS. Seg\u00fan el cristianismo, la Biblia no es un libro increado y celestial, dictado por un arc\u00e1ngel (cf la concepci\u00f3n musulmana del Cor\u00e1n), ni una t\u00f3rah en la que cada signo gr\u00e1fico tiene un valor teol\u00f3gico, sino que es la transcripci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de Dios (y de la experiencia que se realiz\u00f3 de ella), la cual obr\u00f3 por medio de unos hombres escogidos, seg\u00fan las condiciones hist\u00f3ricas y sociales de la vida humana (cf DV 12: \u00abper homines more hominum\u00bb). El contexto inmediato en que se llev\u00f3 a cabo esta revelaci\u00f3n es el del pueblo de Israel y el de la primitiva comunidad cristiana. Pero el cuadro de conjunto es mucho m\u00e1s vasto. El mismo Yhwh es confesado como \u00abDios del cielo y de la tierra\u00bb (G\u00e9n 24:3), y por tanto no definible dentro de los l\u00ed\u00admites de un solo pueblo (\u00c2\u00a1cf incluso Am\u00f3 9:7!). Por lo dem\u00e1s, la categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de \u00abgentes\u00bb o \u00abnaciones\u00bb, aunque usada ordinariamente en sentido pol\u00e9mico, califica el marco hist\u00f3rico-cultural dentro del cual vivi\u00f3 siempre Israel codo con codo con otros pueblos, sin recorrer un propio pasadizo as\u00e9ptico ni encerr\u00e1ndose en un gueto [\/Escritura; \/Ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica].<\/p>\n<p>En el comienzo de la carta a los Hebreos leemos que Dios habl\u00f3 a los padres antiguos \u00abmuchas veces y en diversas formas\u00bb (polymer\u00f3s kai polytr\u00f3p\u00f3s), en donde los dos adverbios griegos aluden a una comunicaci\u00f3n divina, realizada, respectivamente, de forma gradual (o sea, no toda de golpe, sino respetando los ritmos hist\u00f3ricos del devenir humano) y en formas diversas (o sea, sin vincularse a un solo g\u00e9nero de comunicaci\u00f3n, sino con una versatilidad tal que no excluye ning\u00fan v\u00ed\u00adnculo cultural). De este modo se combinan conjuntamente el autor divino de la \u00abpalabra\u00bb y el lenguaje humano que le da expresi\u00f3n. El libro del profeta Isa\u00ed\u00adas, aunque en t\u00e9rminos po\u00e9ticos, capt\u00f3 muy bien la complejidad de este hecho, que no es unidimensional: \u00ab\u00c2\u00a1Derramad, cielos, el roc\u00ed\u00ado, y lluevan las nubes la victoria! Abrase la tierra y produzca la salvaci\u00f3n; brote tambi\u00e9n la justicia: yo, el Se\u00f1or, lo he creado\u00bb (Isa 45:8). La revelaci\u00f3n divina es precisamente el fruto de esta conjunci\u00f3n, de una cooperaci\u00f3n entre el cielo y la tierra. Y cuando el cuarto evangelista proclame que \u00abel Verbo se hizo carne\u00bb (Jua 1:14), expresar\u00e1 ciertamente la t\u00ed\u00adpica fe cristiana en la encarnaci\u00f3n del L\u00f3gos divino en Jes\u00fas de Nazaret; pero podr\u00e1 tambi\u00e9n entenderse anal\u00f3gicamente en relaci\u00f3n con la sucesi\u00f3n de variedades y de modos con que Dios se comunicaba desde hac\u00ed\u00ada tiempo con los hombres. Hasta el punto de que san Justino, en el siglo ti, podr\u00e1 sorprendentemente escribir: \u00abEl es el L\u00f3gos del que particip\u00f3 todo el g\u00e9nero humano; y los que vivieron seg\u00fan el L\u00f3gos son cristianos, aunque fueran juzgados como ateos, como entre los griegos S\u00f3crates y Her\u00e1clito y otros como ellos\u00bb (\/Apolog\u00ed\u00ada 46,2-3).<\/p>\n<p>Pero, qued\u00e1ndonos estrictamente en el \u00e1mbito de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, Juan Pablo II, dirigi\u00e9ndose a la Pontificia Comisi\u00f3n B\u00ed\u00adblica el 27 de abril de 1979, afirmaba que, aun antes de hacerse carne, \u00abla misma palabra divina se hab\u00ed\u00ada hecho lenguaje humano, asumiendo los modos de expresarse de las diversas culturas, que desde Abrah\u00e1n hasta el vidente del Apocalipsis han ofrecido al misterio adorable del amor salv\u00ed\u00adfico de Dios la posibilidad de hacerse accesible y comprensible a las diversas generaciones, a pesar de las m\u00faltiples diversidades de sus situaciones hist\u00f3ricas\u00bb. Esto es verdad incluso solamente a nivel ling\u00fc\u00ed\u00adstico-l\u00e9xico y literario, por lo que la palabra de Dios adopt\u00f3 las lenguas humanas que ya exist\u00ed\u00adan, desde el hebreo hasta el arameo y el griego (comprendidas sus variaciones hist\u00f3ricas) y los diversos g\u00e9neros de hablar propios de los diferentes momentos y ambientes culturales (como la historiograf\u00ed\u00ada, la narraci\u00f3n popular, la poes\u00ed\u00ada, el g\u00e9nero legislativo, el de los anales, sapiencial, epistolar, apocal\u00ed\u00adptico) para hacerse comprender adecuadamente del interlocutor humano. No es que las tres lenguas mencionadas o los g\u00e9neros literarios citados sean de suyo realidades \u00abdivinas\u00bb, ya que pertenecen por completo al genio de la expresividad humana, sino que frente a la utilizaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica vale la constataci\u00f3n at\u00f3nita del Deuteronomio: \u00abEn el desierto el Se\u00f1or, tu Dios, te sosten\u00ed\u00ada, como un padre sostiene a su hijo, durante todo el camino recorrido hasta llegar aqu\u00ed\u00ad\u00bb (Deu 1:31; cf Ose 11:3-4).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, en la historia b\u00ed\u00adblica, las culturas sucesivamente n\u00f3mada, fenicio-canana, mesopot\u00e1mica, egipcia, hitita, persa, helenista; y luego, para el NT, la cultura jud\u00ed\u00ada (tanto del juda\u00ed\u00adsmo palestino como del de la di\u00e1spora helenista) y la grecorromana y gn\u00f3stica fueron sirviendo en cada ocasi\u00f3n a la revelaci\u00f3n de aquella verdad que Dios quiso que se consignara en los libros sagrados nostrae salutis causa (DV 11). Es toda una serie de modelos culturales, cada uno de los cuales dio su aportaci\u00f3n a la formaci\u00f3n del patrimonio ideal propio de la Biblia, aunque hay que decir que su fisonom\u00ed\u00ada t\u00ed\u00adpica est\u00e1 a\u00fan m\u00e1s all\u00e1, no s\u00f3lo de las aportaciones particulares, sino incluso de su suma [\/infra, III]. Presentamos ahora algunos ejemplos para ilustrar las conexiones que ha habido por una parte entre el pueblo de Israel y las primeras generaciones cristianas, y por otra los diversos ambientes culturales con que entraron en contacto en los sucesivos momentos hist\u00f3ricos. Esta exposici\u00f3n seguir\u00e1 el hilo de las diferentes culturas que fue encontrando la palabra de Dios en su camino.<\/p>\n<p>1. ANTIGUO TESTAMENTO. a) Cultura n\u00f3mada. La cultura n\u00f3mada represent\u00f3 la experiencia hist\u00f3rico-social m\u00e1s antigua de Israel (cf Deu 26:5) y dej\u00f3 en su identidad, incluso religiosa, algunos elementos no ciertamente secundarios. Podr\u00ed\u00adamos citar ya el mismo tema del camino, que sigue siendo fundamental a partir de 1 Abrah\u00e1n (cf G\u00e9n 17:1 : \u00abCamina seg\u00fan mi voluntad y s\u00e9 perfecto\u00bb) hasta la antigua designaci\u00f3n del cristianismo como hod\u00f3s = \u00absendero, camino\u00bb (cf Heb 9:2; Heb 19:9.23). Un dato espec\u00ed\u00adfico y concreto es la costumbre de la circuncisi\u00f3n (propia todav\u00ed\u00ada de algunos pueblos primitivos africanos, aparte de los \u00e1rabes): entendida alg\u00fan tiempo como rito prenupcial (de lo que quiz\u00e1 sea una supervivencia Exo 4:25-26), se transform\u00f3 m\u00e1s tarde en rito de alianza con Dios mismo (cf G\u00e9n 17:10-14). Todav\u00ed\u00ada es m\u00e1s importante el sacrificio del cordero pascual, que parece hundir sus ra\u00ed\u00adces en una celebraci\u00f3n de los pastores en primavera para proteger la trashumancia de los reba\u00f1os (cf Exo 12:1-14; quiz\u00e1 5,1 [\/Pascua I-II]).<\/p>\n<p>b) Cultura fenicio-cananea. Dej\u00f3 numerosas huellas en la configuraci\u00f3n del pueblo de Israel a partir de su sedentarizaci\u00f3n en la tierra de Cana\u00e1n y de la asunci\u00f3n de su cultura urbana y agr\u00ed\u00adcola. Precisamente la agricultura est\u00e1 en el origen de las tres grandes festividades lit\u00fargicas, cuando todos los varones ten\u00ed\u00adan que comparecer ante el Se\u00f1or en su santuario: la fiesta de los \u00ab\u00e1cimos\u00bb o mass\u00f3t, la fiesta de la \u00absiega\u00bb o gasir (llamada luego de las \u00absemanas\u00bb o .sebu\u00f3t, o tambi\u00e9n de pentecost\u00e9s) y la fiesta de la \u00abcosecha\u00bb o asif (llamada luego de las \u00abchozas\u00bb o sukk\u00f3t): correspond\u00ed\u00adan en l\u00ed\u00adneas generales al comienzo de la primavera, del verano y del oto\u00f1o, y por eso estaban vinculadas al ciclo de las estaciones (cf Exo 23:15-16; Lev 23:4-22; s\u00f3lo en un segundo tiempo y en momentos distintos se pusieron en relaci\u00f3n con los sucesos hist\u00f3ricos fundamentales del \u00e9xodo). Tambi\u00e9n el \u00abs\u00e1bado\u00bb es ya un nombre que se le daba al descanso del s\u00e9ptimo d\u00ed\u00ada entre los semitas de Cana\u00e1n septentrional (Ugarit), quiz\u00e1 como reinterpretaci\u00f3n de los antiguos d\u00ed\u00adas nefastos que pon\u00ed\u00adan ritmo al mes lunar (as\u00ed\u00ad H. Cazelles), aun cuando la interpretaci\u00f3n israelita est\u00e1 inspirada en la fe yahvista (cf G\u00e9n 2:2-3; Exo 31:12-17).<\/p>\n<p>Lo mismo hay que decir del nombre divino de &#8216;El, venerado como dios supremo del pante\u00f3n cananeo-fenicio. En cuanto al nombre de Yhwh, si es gratuito (como alguien ha dicho) verlo atestiguado ya en el tercer milenio a.C. en Ebla, bas\u00e1ndose en los recientes descubrimientos de las tablillas de Tell el-Mardik (Siria), en cambio se discute su eventual origen premosaico de las poblaciones de los kenitas o de los madianitas (entre Palestina del sur y Arabia del norte). Tambi\u00e9n el nombre divino de Baalpas\u00f3 a formar algunos nombres de persona israelitas (cf l Cr\u00f3n 8,33-34). Probablemente, tambi\u00e9n la estructura arquitect\u00f3nica del templo de Jerusal\u00e9n est\u00e1 inspirada en los templos paganos cananeos o sirio-fenicios (documentada adem\u00e1s por la presencia de obreros de Tiro, de Sid\u00f3n y de Biblos durante su construcci\u00f3n: cf 1Re 5:15-32). Un elemento de especial importancia es la asunci\u00f3n de la lengua y de la escritura fenicias, de la que el hebreo no es m\u00e1s que una variante, que en Isa 19:18 es llamada incluso \u00abla lengua de Cana\u00e1n\u00bb, sometida posteriormente a su evoluci\u00f3n aut\u00f3noma. Como ap\u00e9ndice, hay que se\u00f1alar que durante cierto per\u00ed\u00adodo los hebreos dependieron por completo del progreso t\u00e9cnico-cultural de los filisteos, pueblo de importaci\u00f3n en el suelo cananeo, vecinos y enemigos mortales de los israelitas: \u00abEn todo el territorio de Israel no hab\u00ed\u00ada ni un herrero\u00bb, y por eso \u00ablos israelitas ten\u00ed\u00adan que ir a los filisteos para afilar cada uno su reja, su azad\u00f3n, su sierra y su hoz\u00bb (1Sa 13:19-22) [\/Liturgia y culto I].<\/p>\n<p>c) Culturas mesopot\u00e1micas. Las culturas sumerio y asirio-babil\u00f3nica no fueron tampoco extra\u00f1as a la constituci\u00f3n del patrimonio teol\u00f3gico de Israel, teniendo adem\u00e1s en cuenta el hecho de que el clan de Abrah\u00e1n proced\u00ed\u00ada de all\u00ed\u00ad (cf ,1), y que m\u00e1s tarde, en la \u00e9poca de la monarqu\u00ed\u00ada, Palestina se vio sujeta a aquellos imperios. Aqu\u00ed\u00ad hay que tener en cuenta ciertas costumbres patriarcales, como la uni\u00f3n de Abrah\u00e1n con la esclava Agar (cf G\u00e9n 16), que es conforme con el derecho establecido en la primera mitad del siglo xvin a.C. por el c\u00f3digo de Hammurabi (cf VIII, 40-59 = \u00c2\u00a7 146; XII, 60-89=\u00c2\u00a7 171). Sobre todo hay que recordar los grandes poemas babilonios del Enuma eli. , de Gilgames y de Atrahasis, que han influido de varias maneras en la redacci\u00f3n de los primeros cap\u00ed\u00adtulos del G\u00e9nesis, es decir, en el replanteamiento de los grandes temas de la cosmogon\u00ed\u00ada, del hombre, del pecado, del diluvio, relativos al origen de la humanidad, aunque su patrimonio mitol\u00f3gico pas\u00f3 a trav\u00e9s del filtro purificador de la fe monote\u00ed\u00adsta t\u00ed\u00adpica de Israel. Adem\u00e1s, no es improbable que en el fondo del c\u00e9lebre cap\u00ed\u00adtulo 53 del libro de Isa\u00ed\u00adas est\u00e9 la fiesta babilonia del akitu, o sea, del comienzo de a\u00f1o, cuando el rey era humillado para verse luego integrado en sus funciones, con la consiguiente influencia en la descripci\u00f3n de la figura del siervo doliente de Yhwh. Tambi\u00e9n se puede aludir, aunque sea como elemento secundario, a los monstruos asirios alados, medio hombres y medio animales, llamados karibu = \u00abquerubines\u00bb, colocados incluso en el sancta sanctorum del templo de Salom\u00f3n (cf l Apo 6:23-29), a pesar de la fuerte prohibici\u00f3n del dec\u00e1logo de hacer imagen alguna de seres creados (cf Exo 20:4s). Finalmente, no hay que olvidar la presencia en el texto b\u00ed\u00adblico (cf Tob 1:21s; Tob 2:10; Tob 11:8; Tob 14:10) del sabio Ajicar, ministro de los reyes Senaquerib y Asarad\u00f3n, al que se le atribuye una colecci\u00f3n sapiencial (M\u00e1ximas de Ajicar), c\u00e9lebre en la antig\u00fcedad y af\u00ed\u00adn a algunas partes de los libros b\u00ed\u00adblicos de los \/Proverbios y del \/Sir\u00e1cida. Habr\u00ed\u00ada que recordar igualmente los diversos descubrimientos arqueol\u00f3gicos que atestiguan los sucesos acaecidos entre los hebreos y los asirios (cf el obelisco negro de Salmanasar III, que reproduce el homenaje prestado por Jeh\u00fa, rey de Israel; el prisma hexagonal de Senaquerib, que atestigua el asedio de Jerusal\u00e9n el 701 a.C.; las tablillas cuneiformes babilonias, que mencionan la conquista de Jerusal\u00e9n y la presencia del rey Joaqu\u00ed\u00adn en Babilonia).<\/p>\n<p>d) Cultura egipcia. Ofreci\u00f3 una aportaci\u00f3n de especial importancia a la historia sagrada, bien porque Israel sufri\u00f3 su influencia durante su servidumbre en Egipto, bien porque hasta David todo Cana\u00e1n pertenec\u00ed\u00ada a la esfera de influencia de los faraones, y tambi\u00e9n porque se trataba de una cultura tan rica y espl\u00e9ndida que irradiaba inevitablemente y con fuerza sobre las poblaciones de la cuenca oriental del Mediterr\u00e1neo. Seg\u00fan muchos autores, el mismo nombre de \/Mois\u00e9s (en contra de la etimolog\u00ed\u00ada popular propuesta en \/ Exo 2:10) es de origen egipcio y significa \u00abhijo de\u00bb, con supresi\u00f3n de un nombre divino del que inicialmente pod\u00ed\u00ada ser portador (cf Tut-moses, Ra-moses). Tambi\u00e9n es interesante que sea precisamente el Egipto de la XIX Dinast\u00ed\u00ada el que ofrece el testimonio m\u00e1s antiguo de nombre de Israel, obviamente en jerogl\u00ed\u00adfico, que puede fecharse por el a\u00f1o 1230 a.C. (en la estela del fara\u00f3n Merneptah, encontrada en Tebas en 1897), aunque no es f\u00e1cil precisar en qu\u00e9 consisti\u00f3 su destrucci\u00f3n, de la que nos habla el texto. Hay que recordar adem\u00e1s la praxis de la \u00abunci\u00f3n\u00bb del rey (que est\u00e1 incluso en el origen de la formulaci\u00f3n de la esperanza mesi\u00e1nica); significaba ya en la \u00e9poca preisrael\u00ed\u00adtica la sumisi\u00f3n y la representaci\u00f3n de los diversos reyes cananeos ante el fara\u00f3n (cf las cartas de El-Amarna, del siglo xtv a.C.). Tambi\u00e9n la administraci\u00f3n del nuevo reino constituido por David y Salom\u00f3n parece reflejar las estructuras de un modelo egipcio, particularmente en lo que se refiere a la figura de los escribas de la corte (cf 2Sa 8:15-18; 1Re 3:1; 4). No hay que olvidar tampoco que un salmo entero (el 104) es un eco del c\u00e9lebre Himno al Sol del fara\u00f3n Amenofis IV Akenaton (siglo xiv a.C.), que hab\u00ed\u00ada intentado una reforma religiosa en sentido henote\u00ed\u00adsta, atacada y luego aplastada por sus sucesores. Parcialmente comparable con la personificaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la sabidur\u00ed\u00ada es la diosa Maat, que personifica la justicia-verdad y el orden universal, es decir, la ley divina que gobierna el mundo. Por tanto, no hay que asombrarse de que, adem\u00e1s de los numerosos contactos de estilo y de contenido de la literatura sapiencial b\u00ed\u00adblica con una producci\u00f3n an\u00e1loga del pa\u00ed\u00ads de los faraones, haya incluso una secci\u00f3n entera del libro de los Proverbios (22,17-24,22) que hace eco a una composici\u00f3n egipcia llamada Sabidur\u00ed\u00ada de Amenemope (de los siglos ix-viii a.C.), que instruye en t\u00e9rminos paralelos sobre diversos aspectos de la vida concreta (relaciones con los poderosos, la correcci\u00f3n de los j\u00f3venes, las relaciones con la mujer, el uso del vino, el trato con los malvados).<\/p>\n<p>e) Cultura hitita. Tampoco la antigua, y en parte misteriosa, cultura hitita fue extra\u00f1a a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Ligada al imperio hom\u00f3nimo (con Hattusas por capital en el centro-norte de Anatolia), que desapareci\u00f3 pr\u00e1cticamente sin ninguna explicaci\u00f3n aparente por el 1200 a.C., parece ser (seg\u00fan algunos autores, como Mendenhall, K. Baltzer, D.J. McCarthy) que dej\u00f3 algunas huellas muy interesantes en la misma formulaci\u00f3n de la \/alianza entre Dios e Israel. Las p\u00e1ginas en cuesti\u00f3n son esencialmente el \/ dec\u00e1logo (cf Exo 20:1-17; Deu 5:6-22) y algunos textos de renovaci\u00f3n o de ratificaci\u00f3n del pacto (como Jos 24:1-28). El punto de comparaci\u00f3n son los llamados tratados hititas de vasallaje (que, por otra parte, deben insertarse en el marco m\u00e1s amplio de la realidad jur\u00ed\u00addica del antiguo Oriente, incluso del per\u00ed\u00adodo poshitita), donde es posible encontrar elementos estructurales an\u00e1logos del formulario, sobre todo el pr\u00f3logo hist\u00f3rico, la declaraci\u00f3n fundamental, las determinaciones particulares. Esto no significa establecer necesariamente una vinculaci\u00f3n gen\u00e9tica entre los dos \u00e1mbitos: \u00abLos cient\u00ed\u00adficos no usar\u00e1n f\u00e1cilmente formas literarias como argumentos para se\u00f1alar fechas&#8230; Con ello, sin embargo, no hay que negar ni mucho menos que el formulario del tratado haya influido en el AT\u00bb (D.J. McCarthy, Per una teologia del Patto nell AT, Tur\u00ed\u00adn 1972, 48). De todas formas, la comparaci\u00f3n pone de relieve que la exigencia preceptiva de determinados comportamientos morales se explica solamente a partir de intervenciones precedentes, puramente gratuitas, por parte del soberano-Dios en favor de su pueblo.<\/p>\n<p>f) Cultura persa. Tambi\u00e9n hemos de tomar en consideraci\u00f3n la cultura persa, con la que entr\u00f3 en contacto Israel a partir de la conquista de Babilonia por parte de Ciro (en el 539 a.C.) hasta la sumisi\u00f3n del pa\u00ed\u00ads por parte de Alejandro Magno (332 a.C.). Se trata de un per\u00ed\u00adodo hist\u00f3rico que, a pesar de los libros b\u00ed\u00adblicos de \/Esdras y Nehem\u00ed\u00adas, no es muy conocido; tampoco es muy f\u00e1cil se\u00f1alar qu\u00e9 tipo de \u00f3smosis cultural se verific\u00f3 en sus contactos respectivos. Por ejemplo, es posible observar que durante la \u00e9poca persa aparece en la Biblia un nuevo t\u00ed\u00adtulo dado a Yhwh: \u00abDios del cielo\u00bb (Esd 1:2; Esd 5:11; Esd 6:9; Neh 1:4-5; Neh 2:20; cf simplemente \u00abCielo\u00bb en lMac 3,18.19.22.60; 4,24.55); pero es dif\u00ed\u00adcil decir si este t\u00ed\u00adtulo tiene alguna conexi\u00f3n con el zoroastrismo. De mayor importancia, pero objeto de discusi\u00f3n, es la hip\u00f3tesis de algunos autores, seg\u00fan la cual la fe b\u00ed\u00adblica en la resurrecci\u00f3n de los muertos tendr\u00ed\u00ada igualmente ra\u00ed\u00adces persas. Realmente, en las fuentes iranias hay que distinguir entre los \u00abHimnos\u00bb (Gathas) de Zaratustra, en donde est\u00e1 ausente la fe en la resurrecci\u00f3n, y las partes m\u00e1s recientes del Avesta, en donde se habla de ella (cf Yast 19,11.89). La noticia sobre este art\u00ed\u00adculo de fe nos la dan sobre todo las fuentes griegas (cf Herodoto, 3,62; Plutarco, De Is. et Osir. 47; Di\u00f3genes Laercio, 1,9), que se lo atribuyen al patrimonio ideal de la tribu de los magos; tambi\u00e9n el culto a Mitra, difundido por el imperio romano y de origen iranio, parece ser que comprend\u00ed\u00ada esta misma fe (cf Tertuliano, De praescr. haer. 40). Pero resulta dif\u00ed\u00adcil afirmar una derivaci\u00f3n de esta fe b\u00ed\u00adblica de Persia (bien sea de los aquem\u00e9nides o bien de los partos). Sin embargo, es posible notar una coincidencia: en Israel esta fe es m\u00e1s tard\u00ed\u00ada, es decir, toma forma en el per\u00ed\u00adodo posterior al destierro.<\/p>\n<p>g) Cultura helenista. Representa al \u00faltimo interlocutor con el que el AT entr\u00f3 hist\u00f3ricamente en contacto. Despu\u00e9s de las fulgurantes empresas de Alejandro Magno (muerto en Babilonia el 323 a.C.), la espl\u00e9ndida cultura griega se propag\u00f3 y se implant\u00f3 por toda el \u00e1rea del pr\u00f3ximo Oriente. Fueron dos las \u00e1reas geoculturales en donde Israel tuvo que enfrentarse con ella: Palestina y Egipto; y en cada uno de los dos casos las actitudes fueron distintas y hasta opuestas: respectivamente, de rechazo y de asimilaci\u00f3n. En Palestina, como reacci\u00f3n frente a los intentos de colonizaci\u00f3n cultural-religiosa del sel\u00e9ucida Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes, tom\u00f3 cuerpo la gloriosa resistencia de los t Macabeos (cf 1-2Mac), que llev\u00f3 a la recuperaci\u00f3n de la independencia del pa\u00ed\u00ads. No obstante, el hecho no fue tal que impidiera la infiltraci\u00f3n del helenismo en la tierra de Israel (aunque con la oposici\u00f3n de los fariseos), como resulta de la difusi\u00f3n de la lengua griega (cf ya los \u00f3straka de Khirbet el K\u00f3m, al oeste de Hebr\u00f3n, del siglo nt a.C.) y de nombres griegos (p.ej., Jas\u00f3n, Alejandro, Andr\u00e9s, Felipe&#8230;); de la declaraci\u00f3n de un presunto parentesco entre los jud\u00ed\u00ados y los espartanos (cf 1Ma 12:6-23); de la influencia del griego en los mismos libros sapienciales b\u00ed\u00adblicos de \/ Qoh\u00e9let y del Sir\u00e1cida (cf M. Hengel, Judentum, 199-275), y de las actitudes filohel\u00e9nicas de los asmoneos.<\/p>\n<p>Pero la simbiosis cultural se verific\u00f3 como fen\u00f3meno realmente llamativo en Egipto, y especialmente en Alejandr\u00ed\u00ada. Aqu\u00ed\u00ad el \/juda\u00ed\u00adsmo, que se hab\u00ed\u00ada implantado ya bajo los primeros Tolomeos, llev\u00f3 a cabo una verdadera \u00f3smosis con el ambiente circundante. Prueba de ello es ya la traducci\u00f3n de los textos b\u00ed\u00adblicos hebreos y arameos a la lengua griega (cf los LXX), de manera que el idioma de Homero y de Plat\u00f3n se utiliz\u00f3 para reproponer (y parcialmente reinterpretar) los grandes conceptos propios de la fe israelita. Por su parte, el segundo libro de los Macabeos ofrece una configuraci\u00f3n literaria de cu\u00f1o helenista (cf 2,23-32; 15,38-39): es \u00e9l el primero que acu\u00f1a el t\u00e9rmino ioudaism\u00f3s de evidente talante l\u00e9xico griego (ib, 2,21), usando adem\u00e1s por primera vez el raro sustantivo ell\u00e9nism\u00f3s en el sentido amplio de vida y cultura griega (ib, 4,13). En el libro de la \/ Sabidur\u00ed\u00ada aparece igualmente con toda claridad la idea t\u00ed\u00adpicamente griega de la inmortalidad individual \u00abpost mortem\u00bb(cf Sab 2:23; Sab 3:4), que anteriormente en la Biblia estaba solamente sobreentendida y bastante confusa. Con el mismo libro (cf 8,7) entran en el lenguaje b\u00ed\u00adblico (-cristiano) las llamadas cuatro virtudes cardinales de la \u00abtemplanza, prudencia, justicia y fortaleza\u00bb, de origen plat\u00f3nico (cf Plat\u00f3n, Rep\u00fablica IV, 427e-433e). Y no tomamos aqu\u00ed\u00ad en consideraci\u00f3n la enorme producci\u00f3n literaria extrab\u00ed\u00adblica del juda\u00ed\u00adsmo alejandrino, que va al menos desde Arist\u00f3bulo (comienzos del siglo II a.C.) hasta la novela de Jos\u00e9 y Aseneth (finales del siglo I d.C.), pasando por las grandes obras de Fil\u00f3n el jud\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>2. NUEVO TESTAMENTO. No menos que en el AT encontramos tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad este mismo fen\u00f3meno del encuentro cultural entre Jes\u00fas y las primeras generaciones cristianas, por un lado, y el ambiente circundante, por otro. Pero, por motivos hist\u00f3rico-ideales, es obligado establecer una cu\u00e1druple distinci\u00f3n de momentos.<\/p>\n<p>a) Jes\u00fas de Nazaret y la cultura jud\u00ed\u00ada. Jes\u00fas de Nazaret vivi\u00f3 plenamente inserto en la cultura jud\u00ed\u00ada de su \u00e9poca. En este lugar no tomamos tanto en consideraci\u00f3n los factores de superaci\u00f3n y de innovaci\u00f3n de la tradici\u00f3n religiosa del juda\u00ed\u00adsmo, a pesar de que son fuertes e innegables, como m\u00e1s bien los elementos de asunci\u00f3n y de simpat\u00ed\u00ada con los mismos. Por lo dem\u00e1s, entre estas dos actitudes se da una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica bien expresada en Mat 5:17 : \u00abNo he venido a derogar la ley, sino a perfeccionarla\u00bb. En efecto, se da una continuidad entre Jes\u00fas y su ambiente inmediato (= juda\u00ed\u00adsmo palestino del siglo 1), como lo demuestran muy bien las c\u00e9lebres ant\u00ed\u00adtesis de Mat 5:21-48, en donde se ve claramente c\u00f3mo \u00e9l injerta la novedad de su mensaje en el tronco antiguo y robusto de la t\u00f3rah de Israel. Impresiona adem\u00e1s el hecho de que, cuando se le pregunta cu\u00e1l era el primero y el mayor mandamiento, Jes\u00fas contest\u00f3 citando simplemente y al pie de la letra un pasaje del AT, sin formular nada nuevo: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas\u00bb(Luc 10:27 = Deu 6:5 : el sema); y a\u00f1adi\u00f3 como segundo mandamiento el amor al pr\u00f3jimo, citando una vez m\u00e1s un texto del AT: Lev 19:18. Al obrar de este modo (y podr\u00ed\u00adamos aducir otros muchos casos), Jes\u00fas manifiesta que considera igualmente v\u00e1lidas para s\u00ed\u00ad mismo, e indirectamente para sus disc\u00ed\u00adpulos, las Escrituras sagradas del pueblo jud\u00ed\u00ado; v\u00e9ase tambi\u00e9n la f\u00f3rmula tan frecuente \u00abcomo est\u00e1 escrito\u00bb (cf Mar 7:6; Mar 9:13; Mar 11:17; etc.), que no remite a ninguna otra literatura que no sea la de los libros santos de Israel.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adan continuar los ejemplos en relaci\u00f3n con el juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo: a partir de la inserci\u00f3n en el marco lit\u00fargico jud\u00ed\u00ado (cf la celebraci\u00f3n de las fiestas jud\u00ed\u00adas; la asistencia tanto a la sinagoga como al templo; el conocimiento de la plegaria del Qaddis, que se refleja parcialmente en el Padrenuestro; la vinculaci\u00f3n de la \u00faltima cena con la cena pascual jud\u00ed\u00ada), y desde la praxis de su manera de ense\u00f1ar (que hay que comparar en cada caso con la ense\u00f1anza rab\u00ed\u00adnica de su tiempo), hasta llegar al n\u00facleo de su t\u00ed\u00adpica predicaci\u00f3n (como el concepto de \u00abreino de Dios\u00bb, el t\u00ed\u00adtulo de \u00abHijo del hombre\u00bb, la pol\u00e9mica sobre lo puro y lo impuro, la t\u00e9cnica de las par\u00e1bolas, cierto material del discurso \/apocal\u00ed\u00adptico y varios loghia paralelos con la tradici\u00f3n ambiental). Pero tambi\u00e9n ciertas tomas de postura originales por parte de Jes\u00fas de Nazaret se comprenden mejor sobre el trasfondo del ambiente, con el que pueden estar en franco contraste (cf, p.ej., el mandamiento del amor a los enemigos en Mat 5:44, frente al odio vigente en Qumr\u00e1n, 1QS 1,9-10), pero que sigue constituyendo su horizonte sem\u00e1ntico; al contrario, puede verse la frase sobre la pertenencia irreversible del s\u00e1bado al hombre en Mar 2:27, que tiene un claro paralelismo en el antiguo midras rabino Mekilta Exo 23:13. De forma que no ser\u00ed\u00ada ninguna enormidad releer la afirmaci\u00f3n de Jua 1:14 (\u00abEl Verbo se hizo carne\u00bb) con estos t\u00e9rminos: \u00abEl Verbo se hizo jud\u00ed\u00ado\u00bb, sin que esto signifique una absolutizaci\u00f3n de esta cultura (que de hecho no se realiz\u00f3: cf infra). Tanto en un caso como en el otro, la fe cristiana permanece intacta; pero la segunda formulaci\u00f3n especifica y concreta m\u00e1s a\u00fan la primera, dado el hecho indiscutible de que Jes\u00fas no naci\u00f3 ni vivi\u00f3 en Grecia ni en la India ni en otra parte, sino que se lig\u00f3 a una cultura determinada, muchos de cuyos elementos -ciertamente no secundarios- han pasado a ser patrimonio estable e irrevocable de su movimiento (cf Jua 4:22).<\/p>\n<p>b) La Iglesia primitiva frente al juda\u00ed\u00adsmo (palestino y helenista). Tambi\u00e9n la primitiva comunidad cristiana se vio confrontada por no poco tiempo con el juda\u00ed\u00adsmo. Como el mismo Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n todos los cristianos de la primera hora fueron de origen jud\u00ed\u00ado, y cada uno de ellos habr\u00ed\u00ada podido decir junto con Pablo de Tarso a prop\u00f3sito de los jud\u00ed\u00ados: \u00abMis hermanos, los de mi propia raza\u00bb (Rom 9:3). Pero el juda\u00ed\u00adsmo de las primeras generaciones cristianas se extend\u00ed\u00ada en dos direcciones: palestina y helenista (que conviene mantener distintas, aun cuando el primero no se vio ni mucho menos inmune de la irradiaci\u00f3n del helenismo: cf supra). El primero est\u00e1 caracterizado, aparte de la lengua hebrea o aramea, por la creciente influencia del farise\u00ed\u00adsmo rab\u00ed\u00adnico, tendencialmente hostil a la cultura grecorromana; efectivamente, mientras que una sentencia rab\u00ed\u00adnica posterior admitir\u00e1 que \u00abpor lo que se refiere a los libros de Homero&#8230;, quien los lee es como si leyera una carta\u00bb (Talmud palest., Sanhedrin 10,28a; cf Talmud babil., Meghillah 9b: comentando G\u00e9n 9:27 se dice que \u00abla cosa m\u00e1s bella que tiene Jafet [es decir, la lengua griega] tiene que entrar en las tiendas de Sem\u00bb), en el siglo i se justificaba el conocimiento del griego por parte de los familiares de R. Gamaliel tan s\u00f3lo \u00abporque manten\u00ed\u00adan relaciones con el gobierno romano\u00bb (Tosephta Sota 15,8), y en el siglo II el c\u00e9lebre R. Aqiba puso entre quienes no habr\u00ed\u00adan de tomar parte en el mundo futuro \u00abtambi\u00e9n a los que leen libros extranjeros\u00bb (Misnah Sanhedrin 10,1; cf Sota 9, 14). El segundo, sin embargo, el juda\u00ed\u00adsmo helenista, por su misma colocaci\u00f3n en la di\u00e1spora (occidental), adem\u00e1s de emplear habitualmente la lengua griega, sufri\u00f3 conscientemente en sus m\u00e1s ilustres representantes la influencia de la cultura helenista, mostr\u00e1ndose ecum\u00e9nicamente abierto, hasta el punto de que Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada hablar\u00e1 un tanto at\u00ed\u00adpicamente del \u00absant\u00ed\u00adsimo Plat\u00f3n\u00bb (Quod omnis probus liber sit 13); pero desaparecer\u00e1 definitivamente con los primeros decenios del siglo II, totalmente suplantado, por el primero.<\/p>\n<p>La Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes estuvo en contacto con estos dos \u00e1mbitos del juda\u00ed\u00adsmo de la \u00e9poca y se vio condicionada por ellos. Sobre todo por las relaciones de simbiosis con el juda\u00ed\u00adsmo palestino lleg\u00f3 a formarse aquel fen\u00f3meno que se llama \u00abjudeo-cristianismo\u00bb. Este sigui\u00f3 siendo fiel a la t\u00f3rah de Israel, hasta el punto de que incluso algunos fariseos se adhirieron al movimiento cristiano permaneciendo tales (cf Heb 5:33-39; Heb 15:5; Heb 21:20), por lo que resulta explicable el shock experimentado en la conversi\u00f3n del centuri\u00f3n Cornelio, que prescind\u00ed\u00ada de las leyes rituales (cf ib,Heb 10:14.45; Heb 11:2ss); permaneci\u00f3 fiel al templo y a las oraciones que all\u00ed\u00ad se hac\u00ed\u00adan (cf Heb 2:46; Heb 3:1; Heb 5:12; Heb 5:20s.25.42); su fe en el inminente retorno de Jes\u00fas, Hijo del hombre, mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or (cf los t\u00ed\u00adtulos arcaicos cristol\u00f3gicos en Heb 3:13-15, que no aparecer\u00e1n ya a continuaci\u00f3n en el NT), parece insertarse en el marco de la esperanza escatol\u00f3gica jud\u00ed\u00ada (cf la invocaci\u00f3n aramea Maranath\u00e1 en lCor 16,22); en \u00e9l no aparece para nada el inter\u00e9s por una misi\u00f3n entre los paganos. De manera que la primitiva comunidad cristiana de Palestina \u00abno se percibi\u00f3 ni mucho menos como una nueva religi\u00f3n distinta del juda\u00ed\u00adsmo\u00bb (J.D.G. Dunn, Unity, 239). Elementos de esta actitud es posible observar en la redacci\u00f3n de Mat 5:18-19 sobre el valor insuperable de la \u00abley\u00bb; en la escasa dimensi\u00f3n cristiana de la carta de Santiago y sobre todo en la difamaci\u00f3n del ap\u00f3stol Pablo (cf 2Cor 10-13; G\u00e1l 2s), a quien la secta judeocristiana de los ebionitas rechaz\u00f3 como \u00abrebelde contra la ley\u00bb (en Ireneo, Adv. haer. I,Mat 26:2). Uno de los aspectos que merecer\u00ed\u00adan una atenci\u00f3n particularmente profunda es la influencia del juda\u00ed\u00adsmo apocal\u00ed\u00adptico, en especial sobre \/Pablo, tal como podr\u00ed\u00ada deducirse de una confrontaci\u00f3n entre los conceptos paulinos de \u00abjustificaci\u00f3n por medio de la fe\u00bb y de \u00abmisterio\u00bb con los textos de Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la corriente helenista, cuando el cristianismo sali\u00f3 de las tierras de Palestina, su primer interlocutor sigui\u00f3 siendo el juda\u00ed\u00adsmo; pero esta vez el de la di\u00e1spora, cuyas sinagogas visitaban normalmente los misioneros cristianos (cf Heb 9:20; Heb 13:5; Heb 14:1; Heb 17:1.10; etc.). Realmente, ya en Jerusal\u00e9n la comunidad cristiana de los comienzos experiment\u00f3 la presencia de un grupo de convertidos del juda\u00ed\u00adsmo helenista, cuyo mayor exponente fue Esteban (cf Heb 6:1), acusado de proferir \u00abpalabras ofensivas\u00bb contra el templo y contra la ley (cf Heb 6:13-14). Pero ser\u00e1 sobre todo en los grandes,centros de Antioqu\u00ed\u00ada, Corinto y Efeso donde el mensaje cristiano sufrir\u00e1 la influencia del juda\u00ed\u00adsmo extrapalestino, cuya sede de mayor prestigio era Alejandr\u00ed\u00ada. Pensemos solamente en la indudable influencia de las especulaciones judeo-helenistas sobre la Soph\u00ed\u00ada y el L\u00f3gos de Dios en la formulaci\u00f3n de la fe cristol\u00f3gica, especialmente en Pablo y en Juan. Los temas correlativos de la preexistencia y de la misi\u00f3n de Cristo, presentes en estos dos escritores neotestamentarios (cf Rom 1:3; Rom 8:3; G\u00e1l 4:4; Jua 1:1.14; etc.), encuentran su preparaci\u00f3n m\u00e1s adecuada precisamente en las elaboraciones del juda\u00ed\u00adsmo alejandrino sobre los conceptos de sabidur\u00ed\u00ada y de palabra como hip\u00f3stasis divinas (cf Si 24; Sab 9; Fil\u00f3n Alejandrino, De opificio mundi 139; De confusione linguarum 146).<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, el cristianismo naciente reprodujo dentro de s\u00ed\u00ad la misma complejidad del juda\u00ed\u00adsmo de la \u00e9poca; con la diferencia de que, mientras en el campo jud\u00ed\u00ado se disolvi\u00f3 el elemento helenista, en el campo cristiano el que lleg\u00f3 a sucumbir, aunque de forma gradual, fue m\u00e1s bien el judeo-cristiano (cf, ya en plan pol\u00e9mico, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Ad Magnesios 10,3: \u00abEs absurdo tener a Jesucristo en los labios y vivir al estilo de los jud\u00ed\u00ados; en efecto, no ha sido el cristianismo el que crey\u00f3 en el juda\u00ed\u00adsmo, sino el juda\u00ed\u00adsmo el que crey\u00f3 en el cristianismo\u00bb; v\u00e9ase, por el contrario, el tono m\u00e1s conciliador de Clemente Romano, Ad Corinthios, passim; pero ya en los a\u00f1os 80 del siglo 1 el s\u00ed\u00adnodo jud\u00ed\u00ado de Yamnia insert\u00f3 una invocaci\u00f3n \u00abcontra los nazarenos y los herejes\u00bb en la Plegaria de las 18 Bendiciones: cf Talmud babil., Berak\u00f3t 28b-29a). Por eso el cristianismo se desgajar\u00e1, no sin traumas, de su innegable tronco jud\u00ed\u00ado; y no resulta f\u00e1cil emitir un juicio de valor sobre este hecho, que, desgraciadamente, estuvo en el origen de no pocas incomprensiones y oposiciones, incluso violentas, en los siglos posconstantinianos.<\/p>\n<p>c) La Iglesia primitiva frente a la cultura grecorromana. El encuentro con el ambiente pagano grecorromano se revel\u00f3 hist\u00f3ricamente sumamente fecundo. Ya en los escritos del NT, adem\u00e1s de las innumerables citas de las Escrituras b\u00ed\u00adblicas, se encuentran tambi\u00e9n tres referencias, todas ellas atribuidas a Pablo, a otros tantos escritores griegos: Arato de Soles, Fen\u00f3menos 5 (siglo 111 a.C.; en Heb 17:28 : \u00abPorque somos de su linaje\u00bb); Menandro, Taide fr. 218 (siglo 1va.C.; en lCor 15,33: \u00abLas malas compa\u00f1\u00ed\u00adas corrompen las buenas costumbres\u00bb), y Epim\u00e9nides de Creta, fr.1 (siglo vi a.C.; en Tit 1:12 : \u00abLos cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones y gandules\u00bb). Pero la presencia de la cultura helenista en el NT ha de medirse no tanto por las citas expl\u00ed\u00adcitas de los autores griegos como m\u00e1s bien por las conexiones objetivas que se encuentran en sus p\u00e1ginas. El problema, en definitiva, se plantea de manera especial para el epistolario paulino (y para todo lo que en Hechos se refiere a Pablo, como el discurso en el Are\u00f3pago: Heb 17:22-31); por lo que ata\u00f1e al cuarto evangelio, el tema del L\u00f3gos hay que confrontarlo con Her\u00e1clito y con el estoicismo. Dejando bien sentado de antemano que se ha de evitar un malentendido bastante difuso, consistente en confundir la influencia del juda\u00ed\u00adsmo helenista con la del helenismo pagano (por lo que algunos desarrollos cristol\u00f3gicos se atribuyen err\u00f3neamente al segundo en lugar de al primero), es preciso reconocer que los contactos con la cultura del mundo grecorromano se reducen sustancialmente a tres sectores principales.<\/p>\n<p>En primer lugar, se advierten ciertas afinidades con la filosof\u00ed\u00ada entonces dominante, que era el estoicismo; todos los m\u00e1s ilustres fil\u00f3sofos de la Nueva Stoa (L.A. S\u00e9neca, Musonio Rufo, Epicteto, Marco Aurelio) presentan relaciones con algunas ideas del NT, como, por ejemplo, los conceptos de bastarse a s\u00ed\u00ad mismo, que ya hab\u00ed\u00adan defendido los c\u00ed\u00adnicos (cf Flp 4:11); de la dignidad humana, inherente tambi\u00e9n a los esclavos y a las mujeres (cf G\u00e1l 3:28); de la relaci\u00f3n con las cosas eternas (cf 2Co 4:17-18); del celibato por una causa superior (cf 1Co 7:35); del amplio contexto unitario y c\u00f3smico en que vive el hombre (cf Efe 4:4-6), y hasta del perd\u00f3n de las ofensas (cf Luc 23:44).<\/p>\n<p>En segundo lugar, la praxis de los cultos mist\u00e9ricos plantea el problema de un influjo eventual sobre el mensaje de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Pero en esta materia es preciso ser muy cautos; efectivamente, mientras que el tema de la muerte del dios es bastante marcado (cf Pers\u00e9fone, Osiris, Adonis, Atis), el de su renacimiento parece bastante problem\u00e1tico (bien sea porque falta un vocabulario espec\u00ed\u00adfico de resurrecci\u00f3n, bien porque las fuentes son bastante tard\u00ed\u00adas y escasas, bien, finalmente, porque en gran medida proceden de la parte cristiana). Es distinto el tema de una participaci\u00f3n por parte de los fieles en el destino de la divinidad que se venera; y el lenguaje paulino del morir y resucitar con Cristo podr\u00ed\u00ada ser un eco de este trasfondo de las religiones mist\u00e9ricas, al menos en su nivel expresivo (cf Rom 6:1-5;  Col 2:18), dado que los contenidos son muy divergentes; en particular, el concepto paulino de la comuni\u00f3n sacramental con Cristo (cf ICor 10,14-22) so-lamente puede cotejarse con el dato helenista de la koin\u00f3n\u00ed\u00ada con el dios cultual en el banquete sagrado (cf especialmente Dionisos), estando este tema totalmente ausente de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el culto helenista a los soberanos (que en el siglo I conflu\u00ed\u00ada en el culto al emperador) pudo haber influido en cierta terminolog\u00ed\u00ada cristol\u00f3gica sobre todo en los t\u00ed\u00adtulos m\u00e1s honor\u00ed\u00adficos de \u00abSe\u00f1or\u00bb, \u00abDios\u00bb, \u00abSalvador\u00bb (p.ej., la locuci\u00f3n \u00abDios de Dios\u00bb, que se encontrar\u00e1 luego en el s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano, est\u00e1 ya presente en la conocida Piedra de Roseta del 196 a.C. en relaci\u00f3n con Tolomeo V Ep\u00ed\u00adfanes: OGIS 90,10). El problema de la llamada helenizaci\u00f3n del cristianismo interesa sobre todo a los siglos siguientes de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica (cf J. Dani\u00e9lou, Message), pero desborda el marco de nuestra exposici\u00f3n.<\/p>\n<p>d) Iglesia primitiva y gnosticismo. Es un cap\u00ed\u00adtulo aparte el que se refiere al gnosticismo; puesto que el gnosticismo no se considera actualmente como un fen\u00f3meno interno de la Iglesia de los comienzos, sino m\u00e1s bien de origen y de composici\u00f3n bastante diversificados, se plantea tambi\u00e9n la cuesti\u00f3n de las relaciones que pueden existir entre sus doctrinas y el cristianismo primitivo. No se puede negar racionalmente que se comprueban ciertas afinidades, por ejemplo con el Corpus Hermeticum y con los manuscritos coptos de Nag Hammadi. Por poner un ejemplo, podemos citar: la idea del mundo dominado por potencias enemigas (cf 2Co 4:4; Efe 6:12; Jua 14:30); el vocabulario dualista \u00abluz-tinieblas\u00bb, \u00abarriba-abajo\u00bb, \u00abVerdad-mentira\u00bb (caracter\u00ed\u00adstico de Juan); el concepto de una \u00abvenida de Jes\u00fas a este mundo\u00bb (Juan); la terminolog\u00ed\u00ada \u00abps\u00ed\u00adquico-pneum\u00e1tico\u00bb para definir dos categor\u00ed\u00adas diversas de personas (cf 1Co 2:12-15); ciertas tendencias asc\u00e9tico-encratistas (combatidas en 1Ti 4:3); la idea de la resurrecci\u00f3n ya realizada (cf 2Ti 2:18); la menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de los \u00abnicola\u00ed\u00adtas\u00bb en Apo 2:6.16. Pero este he-cho tiene que considerarse no tanto como expresi\u00f3n de un proto-gnosticismo, sino m\u00e1s bien como manifestaci\u00f3n de un pregnosticismo (pueden verse tambi\u00e9n estos elementos gnostizantes tanto en Qumr\u00e1n como en Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada), dado que este movimiento, aunque con matices muy diversos, s\u00f3lo se impondr\u00e1 de forma muy llamativa y sistem\u00e1tica en los siguientes siglos n y in. De todas formas, se percibe que el NT tampoco es extra\u00f1o a todo este complejo fen\u00f3meno cultural de la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada (aunque de hecho se ponga en alternativa contra \u00e9l).<\/p>\n<p>III. CONSIDERACIONES FINALES. As\u00ed\u00ad pues, la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica no solamente es progresiva,sino que sobre todo no se lleva a cabo en una tierra de nadie, no se realiza en un mundo et\u00e9reo, no recorre un camino as\u00e9ptico y aislado. Al contrario, \u00abencuentra sus delicias con los hijos de los hombres\u00bb (Pro 8:31), manifestando as\u00ed\u00ad aquella \u00abincalculable sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (Efe 3:10) que el Se\u00f1or \u00abderram\u00f3 sobre todas sus obras, sobre toda carne con generosidad\u00bb (Sir 1:7s). La ley b\u00ed\u00adblica es que Dios, precisamente para manifestar su phil\u00e1nthr\u00f3p\u00ed\u00ada (Tit 3:4), interviene \u00abcontinuamente para reedificar humanamente al hombre\u00bb(G. Ungaretti, Mio fiume anche tu 3,9-10). Hay, por consiguiente, mil hilos que atan la palabra de Dios a las palabras de los hombres dentro de una mutua compenetraci\u00f3n, de tal manera que no siempre resulta f\u00e1cil desligar la una de las otras con una indiscutible precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso mismo se comprende que sea sumamente dif\u00ed\u00adcil, aunque ineludible y precioso, el trabajo de la \/ hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica. Efectivamente, est\u00e1 en juego la distinci\u00f3n entre la variable de las culturas y la constante del mensaje divino. Por ejemplo, cabe muy bien preguntarse: \u00bfHasta qu\u00e9 punto el fuego inextinguible de la gehenna (cf Mar 9:48) o la imposici\u00f3n del velo o las mujeres (cf lCor 11,2-16) pertenecen al patrimonio irrenunciable de la revelaci\u00f3n, y no m\u00e1s bien a sus condicionamientos culturales? En el campo cat\u00f3lico, incluso el magisterio eclesi\u00e1stico es consciente de la complejidad del fen\u00f3meno, dado que sus pronunciamientos autoritativos sobre determinados textos b\u00ed\u00adblicos se cuentan con los de-dos de la mano.<\/p>\n<p>En cualquier caso es preciso dar raz\u00f3n de una paradoja t\u00ed\u00adpica, seg\u00fan la cual las personas-acontecimientos-lenguajes hist\u00f3ricamente contingentes son portadores de un mensaje trascendente y absoluto. Lo cierto es que las culturas pasan (Isa 40:8dir\u00ed\u00ada que \u00abla hierba se seca, la flor se marchita\u00bb; y Pablo en 2Co 4:7 habla de \u00abvasijas de barro\u00bb, que no son ciertamente irrompibles), \u00abpero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre\u00bb (Isa 40:8); sin embargo, esta palabra sigue estando indeleblemente caracterizada por sus repetidas inculturaciones. Hablando en lenguaje escol\u00e1stico, hemos de decir que, si las culturas son s\u00f3lo un quo, lo cierto es que el quod de la revelaci\u00f3n llega hasta el hombre siempre y solamente pasando por su mediaci\u00f3n; y la cultura no est\u00e1 con la palabra de Dios en una relaci\u00f3n de mera extrinsecidad, sino de mutua contaminaci\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad a hablar de sincretismo en sentido nivelador hay mucho que recorrer; hoy vemos perfectamente que no tienen nada que hacer las posturas de comienzo de siglo, las llamadas del movimiento Bibel und Babel (que quer\u00ed\u00adan explicar todo el AT sobre la base de una comparaci\u00f3n con las culturas mesopot\u00e1micas) y de la Religionsgeschichtliche Schule (que pretend\u00ed\u00ada resolver el NT en una \u00f3ptica totalmente helenista). En efecto, en este punto habr\u00ed\u00ada que recordar la constante preocupaci\u00f3n interna de la misma Biblia por salvaguardar en todas las ocasiones su propia identidad original; pensemos, por ejemplo, en la insistente y hasta violenta predicaci\u00f3n de los profetas en contra de la idolatr\u00ed\u00ada, o en las advertencias paulinas de no conformarse con los esquemas de este mundo (aun cuando, de todas formas, estas mismas intervenciones est\u00e1n condicionadas por los lenguajes de la \u00e9poca, respectivamente deuteronomista y apocal\u00ed\u00adptico).<\/p>\n<p>Pero es posible deducir con claridad dos consecuencias, al mismo tiempo diversas y complementarias. En primer lugar, resultan evidentes en la Biblia el valor y la dignidad de las culturas humanas, puesto que ellas han sido de hecho capaces de servir de sost\u00e9n y. de veh\u00ed\u00adculo a la palabra de Dios. Esto significa que hay en ellas algo altamente positivo y noble ya a nivel nativo; seg\u00fan la ley del injerto, tiene que haber cierta homogeneidad entre una planta y la otra para que la una pueda influir en la otra sin recurrir en un rechazo. Por eso mismo el Vaticano II proclama que los cristianos \u00abse alegran de descubrir y est\u00e1n dispuestos a respetar aquellos g\u00e9rmenes del Verbo que se esconden en las tradiciones nacionales y religiosas de los otros\u00bb (AG 11). En segundo lugar, es inevitable reconocer la relatividad hist\u00f3rica de las culturas, sometidas como est\u00e1n a evoluci\u00f3n y a cambios intensos, seg\u00fan lo demuestra su misma pluralidad. En este sentido son espejo del hombre, al que Dios ha creado no monocorde, sino sumamente variado, a imagen de su propia plenitud de posibilidades. Por eso, parafraseando un texto paulino, es posible decir que \u00abla palabra de Dios no est\u00e1 encadenada\u00bb (2Ti 2:9) a una sola cultura, sino que corre libremente (cf 2Ts 3:1), realizando siempre aquello para lo que ha sido mandada (cf Isa 55:11).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Inculturazione della Pede, Dehoniane, N\u00e1poles 1981; BAGATTI B., Alle origino della Chiesa 1. Le comunit\u00e1 giudeocristiane, Libr. Editr. Vatic., Ciudad del Vaticano 1981; BOMAN T., Das hebrdische Denken im Vergleich mit dem Griechischen, Vandenhoeck &#038; Ruprecht, Gotinga 19654; BRYCE G.E., A Legacy of Wisdom. 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Nuevo Testamento: a) Jes\u00fas de Nazaret y la cultura jud\u00ed\u00ada, b) La Iglesia primitiva frente al juda\u00ed\u00adsmo (palestino &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/culturaaculturacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCULTURA\/ACULTURACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17181","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17181"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17181\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}