{"id":17189,"date":"2016-02-05T11:11:13","date_gmt":"2016-02-05T16:11:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jerusalension\/"},"modified":"2016-02-05T11:11:13","modified_gmt":"2016-02-05T16:11:13","slug":"jerusalension","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jerusalension\/","title":{"rendered":"JERUSALEN\/SION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La ciudad en la Biblia: 1. Los nombres: a) Jerusal\u00e9n, b) Si\u00f3n; 2. La topograf\u00ed\u00ada; 3. La historia de la ciudad: a) Los or\u00ed\u00adgenes, b) La capital religiosa, c) En la tormenta de los siglos; 4. Los t\u00ed\u00adtulos de gloria: a) La ciudad santa, b) Los c\u00e1nticos de Si\u00f3n, e) La ciudad inolvidable; 5. Meta de peregrinaciones: a) La historia, h) Los c\u00e1nticos de los peregrinos. II. El drama religioso de la ciudad: 1. Jerusal\u00e9n pecadora; 2. La vuelta a Dios; 3. Jerusal\u00e9n en el centro del mundo. III. Las funciones de Jerusal\u00e9n: 1. La esposa; 2. La madre. IV. La Jerusal\u00e9n del NT: 1. Los jud\u00ed\u00ados de Qumr\u00e1n; 2. Los nombres de la ciudad; 3. Jerusal\u00e9n en el evangelio: a) Los evangelios sin\u00f3pticos, b) Marcos, c) Mateo, d) Jerusal\u00e9n en el tiempo de Cristo y en el tiempo de la Iglesia: el evangelio de Lucas y los Hechos, e) Juan; 4. La Jerusal\u00e9n celestial de Pablo; 5. La Jerusal\u00e9n de la carta a los Hebreos; 6. La Jerusal\u00e9n nueva del Apocalipsis; V. Mar\u00ed\u00ada, hija de Si\u00f3n: 1. Una investigaci\u00f3n moderna; 2. Mar\u00ed\u00ada en la infancia de Jes\u00fas; 3. Mar\u00ed\u00ada en Can\u00e1; 4. Mar\u00ed\u00ada al pie de la cruz; 5. A la luz del Apocalipsis.<\/p>\n<p>I. LA CIUDAD EN LA BIBLIA. 1. Los NOMBRES. a) Jerusal\u00e9n. Este nombre se encuentra en los textos egipcios desde el segundo milenio a.C. en una forma que responde al sem\u00ed\u00adtico Urusalim. Como los antiguos semitas acostumbraban designar a las ciudades por el nombre del personaje, y sobre todo de la divinidad a la que se atribu\u00ed\u00ada su fundaci\u00f3n, el significado primitivo de Jerusal\u00e9n es \u00abfundaci\u00f3n de Sal\u00e9n\u00bb, nombre divino conocido ya a comienzos del segundo milenio. Sal\u00e9n es el nombre de la ciudad en tiempos de Abrah\u00e1n, cuando reinaba all\u00ed\u00ad Melquisedec (G\u00e9n 14:18); otro rey de Sal\u00e9n lleva un nombre semejante: Adonisedec (Jos 10:1). El nombre hebreo de la ciudad m\u00e1s usado en la Biblia es Yerusalaim, con la forma aramaizada de Yerusalem. En los textos griegos tenemos la forma lerusalem o lerosolyma. El nombre Jeb\u00fas (Jue 19:10) no fue nunca un nombre propio y verdadero de la ciudad, sino que se deriva del nombre de los jebuseos, el clan cananeo que habitaba en ella.<\/p>\n<p>b) Si\u00f3n. Menos usado en la Biblia es el nombre Si\u00f3n, de etimolog\u00ed\u00ada incierta, preferido por los profetas y por los poetas como indicaci\u00f3n de toda la ciudad o de parte de ella. Isa\u00ed\u00adas lo carga de significado religioso, en cuanto que la ciudad es el monte santo sobre el que mora Dios en el templo: es la \u00abSi\u00f3n del santo de Israel\u00bb (Jue 60:14). Seg\u00fan la mentalidad hebrea, que ind;ea diversos tipos de derivaci\u00f3n y de pertenencia mediante el t\u00e9rmino hijo, sus habitantes son llamados los hijos o las hijas de Si\u00f3n (Jue 3:16). En singular, \u00abhija de Si\u00f3n\u00bb y \u00abvirgen hija de Si\u00f3n\u00bb son una personificaci\u00f3n po\u00e9tica de Jerusal\u00e9n. Unido al nombre Jud\u00e1, Si\u00f3n indica el centro pol\u00ed\u00adtico del reino hebreo del sur.<\/p>\n<p>2. LA TOPOGRAF\u00ed\u008dA. La ciudad est\u00e1 situada en la meseta central de Palestina, a una altura de unos 770 m sobre el Mediterr\u00e1neo y de 1.165 m sobre el mar Muerto. Se extiende por dos colinas, separadas por un valle, hoy en gran parte allanado, llamado Tirope\u00f3n en la \u00e9poca romana. La colina occidental es m\u00e1s alta y espaciosa, aislada al oeste y al sur por el valle de la Gehenna; la colina oriental, unos 30 m m\u00e1s baja, est\u00e1 aislada al este por el valle del Cedr\u00f3n, que la separa del monte de los Olivos.<br \/>\n3. LA HISTORIA DE LA CIUDAD. a) Los or\u00ed\u00adgenes. La primitiva Jerusal\u00e9n se levantaba sobre el espol\u00f3n sur de la colina oriental, llamado convencionalmente por los arque\u00f3logos Ofel, junto ala fuente Guij\u00f3n, y quedaba rodeada a ambas partes por los profundos valles del Cedr\u00f3n y del Tirope\u00f3n. En este lugar las excavaciones arqueol\u00f3gicas han descubierto huellas de presencia humana desde el 3000 a.C. En el 1800 a.C. varias terrazas s\u00f3lidas que serv\u00ed\u00adan de apoyo a las construcciones y algunos restos de un muro indican la existencia de una ciudad cananea que alcanz\u00f3 su mayor desarrollo en el siglo xiv a.C. Por el 1000 a.C. \/ David arrebat\u00f3 a los jebuseos la fortaleza, que se consideraba inexpugnable, y le dio el nombre de Ciudad de David (2Sa 5:6-8), con la intenci\u00f3n de convertirla en la capital de su reino. La ciudad se prestaba muy bien a esta funci\u00f3n, ya que se encontraba en el centro geogr\u00e1fico entre los territorios de las tribus de Israel del norte y las del sur. David construy\u00f3 su palacio en la acr\u00f3polis; luego traslad\u00f3 all\u00e1 el arca de la alianza, guardada en una tienda levantada expresamente para ello (2Sa 6:7). M\u00e1s tarde, el rey levant\u00f3 un altar al Se\u00f1or en la era de un campesino jebuseo para conjurar el azote de una peste (2Sa 24:25).<\/p>\n<p>b) La capital religiosa. De esta forma Jerusal\u00e9n se convert\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en la capital religiosa del pa\u00ed\u00ads. Al rey le habr\u00ed\u00ada gustado levantar un templo estable; pero el que realiz\u00f3 ese proyecto fue su hijo Salom\u00f3n (1Re 6), que con esta finalidad ensanch\u00f3 la ciudad hacia el norte, protegi\u00e9ndola con un muro. El \u00e1rea del templo ocupaba la cima del Moria, que comprend\u00ed\u00ada la era del jebuseo (2Cr 3:1), identificada por la tradici\u00f3n con el lugar adonde se hab\u00ed\u00ada dirigido Abrah\u00e1n a sacrificar a su hijo Isaac (G\u00e9n 22:1). Si\u00f3n fue siempre el nombre de la colina del templo. El a\u00f1o 701 a.C. Jerusal\u00e9n estuvo a punto de caer en manos del rey asirio Senaquerib (2Re 18:13-19); el rey Ezequ\u00ed\u00adas de Jud\u00e1 construy\u00f3 un nuevo recinto de murallas, en las que encerr\u00f3 parte de la colina occidental, y orden\u00f3 excavar en la roca un acueducto para atender a las necesidades de la ciudad durante un posible asedio.<br \/>\nc) En la tormenta de los siglos. El a\u00f1o 587 a.C. Jerusal\u00e9n fue asaltada y devastada por los ej\u00e9rcitos de Nabucodonosor, rey de Babilonia; las murallas fueron derribadas y la poblaci\u00f3n deportada (2Re 25:1-21). Al volver a la patria gracias a un edicto promulgado el 538 a.C. por el monarca persa Ciro, conquistador de Babilonia, los jud\u00ed\u00ados fueron autorizados a levantar de nuevo las murallas tan s\u00f3lo en tiempos de Nehem\u00ed\u00adas (445-443 a.C.), que emple\u00f3 en ello apenas cincuenta y dos d\u00ed\u00adas (Neh 6:15) a pesar de las dificultades y estorbos de las poblaciones vecinas (Neh 2:10). Por aquellos a\u00f1os los habitantes hab\u00ed\u00adan disminuido mucho en n\u00famero, y el recinto amurallado result\u00f3 mucho m\u00e1s limitado que el erigido por Salom\u00f3n [l Esdras\/ Nehem\u00ed\u00adas).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del per\u00ed\u00adodo de gobierno persa, la ciudad fue ocupada por Alejandro Magno el a\u00f1o 332 a.C., y a su muerte qued\u00f3 primero bajo el dominio de los reyes Tolomeos de Egipto y luego de los reyes sel\u00e9ucidas de Siria. El 167 a.C. el rey Ant\u00ed\u00adoco Ep\u00ed\u00adfanes, que quer\u00ed\u00ada obligar a los jud\u00ed\u00ados a aceptar la civilizaci\u00f3n helenista, profan\u00f3 el templo y desmantel\u00f3 las murallas.<\/p>\n<p>Con la sublevaci\u00f3n de los \/ Macabeos, Jerusal\u00e9n fue reconquistada el 164 a.C. por Judas (IMac 3,1-4,41), que volvi\u00f3 a consagrar el templo (1Ma 4:44-59). Su hermano Jonat\u00e1n \u00abfij\u00f3 entonces su residencia en Jerusal\u00e9n y comenz\u00f3 a reconstruir y renovar la ciudad. Mand\u00f3 a los obreros reconstruir las murallas y rodear el monte Si\u00f3n con piedras de siller\u00ed\u00ada para fortificarla\u00bb (1Ma 10:10-11). Sim\u00f3n, hermano de Jonat\u00e1n, llev\u00f3 a cabo la empresa (lMac 13,10; 14,37) el a\u00f1o 143 a.C. Bajo los reyes asmoneos de la dinast\u00ed\u00ada de los Macabeos, Juan Hircano (134-104 a.C.) y Alejandro Janneo (103-76 a.C.), la ciudad se extendi\u00f3 al oeste y al norte, donde sus murallas conservaron definitivamente su amplitud, mientras que se ensancharon todav\u00ed\u00ada hacia el norte y el sur.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 63 a.C. el general romano Pompeyo, llamado a dirimir la controversia din\u00e1stica de los pr\u00ed\u00adncipes asmoneos Hircano y Arist\u00f3bulo, conquist\u00f3 a Jerusal\u00e9n, poniendo como rey de Palestina a Herodes el Grande (37-4 a.C.). Su padre, Ant\u00ed\u00adpatro, parece ser que hizo construir un muro, fuera del cual se encontraba el lugar del G\u00f3lgota donde fue crucificado Jes\u00fas. Herodes, por el contrario, se dedic\u00f3 a enriquecer la ciudad con suntuosos edificios, y sobre todo con la grandiosa reconstrucci\u00f3n del templo sobre una inmensa plataforma. Los trabajos comenzaron el a\u00f1o 20 a.C. y terminaron despu\u00e9s de su muerte, en el 64 d.C.<\/p>\n<p>En tiempos de Herodes Agripa (37-44 d.C.) la ciudad alcanz\u00f3 su m\u00e1xima extensi\u00f3n hacia el norte y el noroeste, y el rey levant\u00f3 una nueva muralla septentrional, completada en el 63.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 66 estall\u00f3 la rebeli\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados contra los romanos. El 70 los ej\u00e9rcitos de Tito conquistaron la ciudad, desmantelaron sus murallas e incendiaron el templo. El a\u00f1o 135 se desencaden\u00f3 una nueva guerra desafortunada: el emperador Adriano destruy\u00f3 sistem\u00e1ticamente la ciudad santa y, para acabar con todas las veleidades de los irreductibles jud\u00ed\u00ados, la reconstruy\u00f3 seg\u00fan el modelo de las ciudades coloniales romanas, con un trazado que en sus l\u00ed\u00adneas generales es el de la actual Jerusal\u00e9n. Para borrar adem\u00e1s el nombre mismo de la ciudad, la llam\u00f3 Aelia Capitolina. Las murallas se restauraron entre el siglo II y el III d.C.<\/p>\n<p>En tiempos de Herodes se atribu\u00ed\u00ada a David la fundaci\u00f3n de la ciudad alta en la colina occidental, identificada as\u00ed\u00ad con el nombre b\u00ed\u00adblico de Si\u00f3n, que era, por el contrario, la colina oriental. Despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de la ciudad, los cristianos se asetaron en los barrios de la colina occidental, donde se encontraba el cen\u00e1culo, coraz\u00f3n de la Iglesia-madre. El cen\u00e1culo se convirti\u00f3 en la santa Si\u00f3n, desde la cual, como dice el profeta (Isa 2:3), se hab\u00ed\u00ada difundido la nueva ley.<\/p>\n<p>Las murallas actuales de la ciudad, restauradas en tiempos de la conquista otomana por Solim\u00e1n el Magn\u00ed\u00adfico, entre el 1537 y el 1540, siguen el trazado establecido en el siglo x durante la ocupaci\u00f3n \u00e1rabe.<\/p>\n<p>4. LOS T\u00ed\u008dTULOS DE GLORIA. a) La ciudad santa. Lo que Jerusal\u00e9n represent\u00f3, y sigue representando todav\u00ed\u00ada, para todos los israelitas es f\u00e1cil deducirlo de los innumerables textos b\u00ed\u00adblicos, rebosantes de fe heroica y orgullosa y de tierna devoci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como de otros muchos por los que circula una vena de desolaci\u00f3n y llanto.<\/p>\n<p>Jerusal\u00e9n es la ciudad objeto de la predilecci\u00f3n del Se\u00f1or, que la escogi\u00f3 (1Re 11:13; Sal 132:12; Sir 49:6 : 18 veces en la Biblia) para que habitara all\u00ed\u00ad su nombre eternamente (2Re 21:4; 2Re 23:27). Es \u00e9ste un tema t\u00ed\u00adpicamente deuteronomista (Deu 12:5.21; Deu 14:21; Deu 16:2.6.11; Deu 20:2), vinculado a la restauraci\u00f3n religiosa del rey Jos\u00ed\u00adas, que el a\u00f1o 621 a.C. proclam\u00f3 al templo como \u00fanica sede leg\u00ed\u00adtima del culto para todo el pueblo hebreo. As\u00ed\u00ad Jerusal\u00e9n se convierte en la ciudad de Dios, en la Si\u00f3n del santo de Israel (Isa 60:14), en la ciudad del gran rey (Sal 48:3), en su trono (Jer 3:17). Desde su santa monta\u00f1a (Isa 2:3; Sal 2:6) Yhwh hace o\u00ed\u00adr su voz (J1 4,14); en efecto, \u00e9l habita en Jerusal\u00e9n (Jer 8:19; Sal 9:12; Sal 135:21), que ha dado a su pueblo (Jer 23:39), para el cual ser\u00e1 la ciudad santa por excelencia (Isa 48:2; Dan 9:24; Neh 11:18 : en total, 20 veces en la Biblia), un lugar santo (Jer 31:40; Abd 1:17; Zac 14:21). La bendici\u00f3n de Dios da la prosperidad a la ciudad; es \u00e9l el que sacia a sus pobres, el que reviste de salvaci\u00f3n a sus sacerdotes, el que hace saltar de gozo a sus fieles. En el futuro el Se\u00f1or har\u00e1 germinar de Jerusal\u00e9n (cf Isa 11:1), del trono del linaje de David, al mes\u00ed\u00adas (Sal 132:15-18) y lo consagrar\u00e1 en el monte santo de Si\u00f3n, proclam\u00e1ndolo hijo suyo (Sal 2:6-7), bajo cuyo dominio estar\u00e1n todas las naciones (Sal 110:2); efectivamente, Si\u00f3n es el centro de la tierra (Eze 5:5) [\/ Elecci\u00f3n].<\/p>\n<p>b) Los c\u00e1nticos de Si\u00f3n. En el Salterio [\/ Salmos] los autores han identificado seis himnos a Si\u00f3n (Sal 48; 76; 84; 87; 122, y en parte 132), que, bajo el signo de la plegaria m\u00e1s ardiente y de la poes\u00ed\u00ada m\u00e1s elevada, celebran las glorias de la ciudad santa, sobrecarg\u00e1ndola de t\u00ed\u00adtulos entusiastas. El m\u00e1s t\u00ed\u00adpico es el Sal 48, donde se proclama la grandeza y la alabanza de Dios por haber escogido all\u00ed\u00ad \u00absu monte santo, hermosa altura, alegr\u00ed\u00ada del mundo\u00bb (vv. 23). Entre los poderosos torreones de la ciudad, Dios se presenta como una inexpugnable fortaleza, contra la cual se levanta en vano el odio y la violencia de los m\u00e1s aguerridos enemigos. El Se\u00f1or de los ej\u00e9rcitos de Israel da solidez a su ciudad eternamente (v. 9). El templo recuerda el amor de Dios a su pueblo (v. 10). Las intervenciones divinas en favor de Jerusal\u00e9n hacen exultar al monte Si\u00f3n (v. 12): \u00abDad vueltas a Si\u00f3n, enumerad sus torres; admirad sus murallas, fijaos en sus palacios para contar a las generaciones venideras que este Dios es nuestro Dios por los siglos de los siglos\u00bb (vv. 1315). En una palabra, Jerusal\u00e9n es toda la felicidad de cuantos la aman (Isa 60:18; Isa 66:10; Sal 137:6); \u00absu fuerza, la alegr\u00ed\u00ada de sus glorias, la delicia de sus ojos, el amor de su alma\u00bb (Eze 24:25).<br \/>\nc) La ciudad inolvidable. El entusiasmo religioso por la ciudad de Dios adquiere mayor relieve por el contraste de las calamidades que caen sobre ella. Dram\u00e1tico documento del desaliento que entonces invade al coraz\u00f3n del israelita son las 1 Lamentaciones, que reflejan la tragedia de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n por obra de los babilonios. La ciudad llora sobre s\u00ed\u00ad misma por haber perdido todo su esplendor (Lam 1:2), ver sus calles y puertas desiertas (Lam 1:4-6). Humillada y objeto de burla de sus enemigos, Jerusal\u00e9n, postrada por un dolor sin consuelo y sin ejemplo (Lam 1:12), lanza profundos lamentos porque el Se\u00f1or ha derribado por tierra y ha profanado la \u00abmajestad de Israel\u00bb (Lam 2:1) y ha permitido que fuera destruida su morada, hermosa como un jard\u00ed\u00adn (Lam 2:6). De la cabeza del pueblo de Dios se ha ca\u00ed\u00addo la corona; en su coraz\u00f3n se ha apagado el gozo (Lam 5:15s). La dolorosa nostalgia de los desterrados queda expresada, llegando hasta los v\u00e9rtices de lo sublime, en el Sal 137, que no tiene igual en el Salterio ni en ninguna otra literatura. En Babilonia se atreven algunos a pedir a los israelitas que canten con el arpa los c\u00e1nticos de Si\u00f3n, mientras ellos est\u00e1n llorando a la orilla de los r\u00ed\u00ados de un pa\u00ed\u00ads extranjero y enemigo, despu\u00e9s de haber colgado de los \u00e1rboles sus c\u00ed\u00adtaras, ahora mudas. Piden canciones de alegr\u00ed\u00ada a los que est\u00e1n sumergidos en la tristeza y que han jurado: \u00ab\u00bfC\u00f3mo \u00ed\u00adbamos a cantar un c\u00e1ntico del Se\u00f1or en pa\u00ed\u00ads extranjero? Jerusal\u00e9n, si me olvido de ti, que mi mano derecha se me seque; que mi lengua se me pegue al paladar, si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusal\u00e9n por encima de mi propia alegr\u00ed\u00ada\u00bb (vv. 4-6).<\/p>\n<p>5. META DE PEREGRINACIONES. a) La historia. Las peregrinaciones a ciertos lugares que alguna manifestaci\u00f3n de la divinidad hab\u00ed\u00ada convertido en sagrados se conocen en el cercano Oriente ya desde el segundo milenio a.C. Los devotos se dirig\u00ed\u00adan a aquellos santuarios para honrar a la divinidad y para implorar sus beneficios. Los israelitas conservaban la memoria de algunos lugares privilegiados donde el Se\u00f1or se hab\u00ed\u00ada manifestado a los patriarcas en los m\u00e1s remotos tiempos de su historia para demostrarles su protecci\u00f3n y colmarlos de beneficios. Despu\u00e9s de la entrada en la \/ tierra prometida, sus descendientes comenzaron muy pronto a peregrinar a los santuarios patriarcales de Siqu\u00e9n, Betel, Hebr\u00f3n y Berseba, a los que se a\u00f1adieron otros en los territorios de las tribus israelitas, por ejemplo Guilgal, la primera etapa de la entrada en Palestina (Jos 4:19; I Sam 7,16; 11,15) y sobre todo Silo, la ciudad entre Betel y Siqu\u00e9n en donde se conservaba el arca de la alianza (Jue 21:19; l Sam 3,3). Cuando \u00e9sta fue trasladada por David a Jerusal\u00e9n y colocada luego definitivamente en el templo mandado construir por Salom\u00f3n, la ciudad santa fue la meta principal de las peregrinaciones de Israel (lRe 12,27). Los antiguos santuarios, por ejemplo Guilgal y Berseba, segu\u00ed\u00adan todav\u00ed\u00ada atrayendo a montones de peregrinos (Am\u00f3 4:4; Am\u00f3 5:5), y cuando, despu\u00e9s de la muerte de Salom\u00f3n, el reino hebreo se dividi\u00f3 en dos troncos, en el reino del norte se establecieron dos santuarios oficiales, en Dan y en Betel (lRe 12,26-30), a fin de impedir que las tribus septentrionales pasasen al reino del sur para dirigirse al templo de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>En los c\u00f3digos antiguos de la alianza (J, E) [\/ Ley \/ Derecho] se estableci\u00f3 que Israel ten\u00ed\u00ada que acudir tres veces al a\u00f1o en peregrinaci\u00f3n al Se\u00f1or (Exo 23:27; Exo 34:23). Deu 16:1-17 repite esta prescripci\u00f3n con la misma f\u00f3rmula, pero a\u00f1adiendo que el pueblo se dirigir\u00e1 al lugar elegido por Dios, sosteniendo as\u00ed\u00ad la centralizaci\u00f3n del culto, momento principal de la reforma religiosa realizada por el rey Jos\u00ed\u00adas, que suprimi\u00f3 los antiguos santuarios locales del reino del norte, empezando por Betel (2Re 23:15-20).<\/p>\n<p>La peregrinaci\u00f3n a Jerusal\u00e9n era obligatoria para las grandes solemnidades de la pascua, de las semanas (pentecost\u00e9s) y de las chozas, cuyas fechas quedaron fijadas de este modo (Lev 23:5.15s.33-35): en marzo-abril para la pascua, cincuenta d\u00ed\u00adas despu\u00e9s para las semanas y septiembre-octubre para las chozas. Estas fiestas se designan con el t\u00e9rmino hebreo hag, que tiene el significado de danzar, dar vueltas, y alude a las procesiones y a las danzas que caracterizaban a las peregrinaciones.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n en el 587 a.C. los que volvieron del destierro en Babilonia celebraron la fiesta de las chozas en torno al altar erigido de nuevo entre las ruinas del templo (Esd 3:1-5), cuya reconstrucci\u00f3n fue inaugurada con una pascua solemne (Esd 6:19-22), en la que intervinieron tambi\u00e9n los hebreos que se hab\u00ed\u00adan quedado en el pa\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>b) Los c\u00e1nticos de los peregrinos. Una peque\u00f1a colecci\u00f3n de quince salmos, del 120 al 134, titulado cada uno de ellos \u00abcanci\u00f3n de las subidas\u00bb (los peregrinos \u00absuben\u00bb a Jerusal\u00e9n), constituye una especie de manual del peregrino. En efecto, son poemas de diversa extensi\u00f3n, a veces muy breves, que con un lenguaje sencillo y popular expresan sentimientos de serena y vibrante piedad. Su contenido tiene la caracter\u00ed\u00adstica de una catequesis po\u00e9tica de f\u00e1cil inteligencia y memorizaci\u00f3n, capaz de permitir a los peregrinos reflexionar sobre las realidades fundamentales de la religi\u00f3n hebrea para traducirlas en la vida pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>En el momento de la partida, el Sal 120 recordaba a los peregrinos que aflu\u00ed\u00adan a Jerusal\u00e9n desde tierras extranjeras que ellos se separaban de un mundo hostil para encaminarse a un lugar de paz: \u00abHe vivido demasiado tiempo con gente enemiga de la paz\u00bb (v. 6). Los pasos del peregrino en su largo caminar son vigilados por Dios, que habita en el monte santo: \u00abEl Se\u00f1or es tu guardi\u00e1n, el Se\u00f1or es tu sombra, \u00e9l est\u00e1 a tu derecha. El sol no te molestar\u00e1 de d\u00ed\u00ada ni la luna de noche&#8230; El Se\u00f1or guardar\u00e1 tu partida y tu regreso\u00bb (Sal 121:5-6.8). Al divisar a Jerusal\u00e9n, explota el j\u00fabilo: \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 alegr\u00ed\u00ada cuando me dijeron: `\u00c2\u00a1Vamos a la casa del Se\u00f1or!&#8217; Ya estamos en tus puertas, oh Jerusal\u00e9n; Jerusal\u00e9n, la bien edificada, la ciudad bien unida. All\u00ed\u00ad suben las tribus, las tribus del Se\u00f1or, seg\u00fan la norma de Israel, para alabar el nombre del Se\u00f1or&#8230; Pedid la paz para Jerusal\u00e9n: `Que vivan tranquilos tus amigos, que reine la paz dentro de tus muros y la tranquilidad en tus palacios&#8217;. Por mis hermanos y compa\u00f1eros, dir\u00e9: `La paz est\u00e9 contigo'\u00bb (Sal 122:1-4.6.8). En las duras traves\u00ed\u00adas y en las abundantes aflicciones que le han saciado de amargura, el peregrin\u00f3 dirige los ojos a Dios con la firme confianza de encontrar misericordia (Sal 123), ayuda y piedad en aquel que ha salvado siempre a Israel en medio de las tempestades (Sal 124). Los buenos y los rectos de coraz\u00f3n, fieles a la ley del Se\u00f1or, \u00abson como el monte Si\u00f3n, que es inconmovible y estable para siempre. Jerusal\u00e9n est\u00e1 rodeada de montes; as\u00ed\u00ad rodea el Se\u00f1or a su pueblo desde ahora y por siempre\u00bb (Sal 125:1-2).<\/p>\n<p>Reflexionando sobre los prodigios de Dios, el peregrino vuelve a evocar el retorno de los desterrados de Babilonia como un momento en que le parec\u00ed\u00ada estar so\u00f1ando, tanta era su felicidad: \u00abLos que siembran con l\u00e1grimas, cosechar\u00e1n entre cantares\u00bb (Sal 126:5). Lo mejor que puede hacer el que se dirige a Jerusal\u00e9n es abandonarse en manos de su Dios, puesto que \u00e9l es el que construye su casa, el que guarda la ciudad, el que da a las familias abundancia de hijos (Sal 127), el que bendice el trabajo de los que caminan por los senderos y los hace felices en la intimidad de sus casas: \u00abQue el Se\u00f1or te bendiga desde Si\u00f3n, para que veas la prosperidad de Jerusal\u00e9n todos los d\u00ed\u00adas de tu vida\u00bb (Sal 128:5). Los que odian a Si\u00f3n se ver\u00e1n confundidos y se secar\u00e1n como la hierba de los tejados por haber querido oprimir al pueblo de Dios (Sal 129). Un sincero arrepentimiento de los pecados abre el alma a la esperanza del perd\u00f3n (\u00abMi alma est\u00e1 pendiente del Se\u00f1or m\u00e1s que los centinelas de la aurora\u00bb: Sal 130:6) y la abandona en manos de Dios como un ni\u00f1o en los brazos de su madre (Sal 131). Dios premi\u00f3 a David por haber llevado el arca de la alianza a Jerusal\u00e9n, jur\u00e1ndole que har\u00ed\u00ada germinar de Si\u00f3n al mes\u00ed\u00adas, descendiente suyo; de aquella Si\u00f3n a la que prometi\u00f3 la abundancia de sus dones: \u00abBendecir\u00e9 con generosidad sus provisiones y a sus pobres los hartar\u00e9 de pan; revestir\u00e9 de salvaci\u00f3n a sus sacerdotes y sus fieles saltar\u00e1n de gozo\u00bb (Sal 132:15-16). La peregrinaci\u00f3n, adem\u00e1s, da nuevo impulso al amor fraterno (Sal 133); al despedirse de Jerusal\u00e9n, s\u00f3lo queda invocar la bendici\u00f3n de los sacerdotes, que est\u00e1n en la morada de Dios durante la noche (Sal 134).<\/p>\n<p>II. EL DRAMA RELIGIOSO DE LA CIUDAD. 1. JERUSALEN PECADORA. Por inigualable que sea su gloria y exclusivos sus privilegios, la ciudad santa puede degradarse hasta el nivel m\u00e1s bajo e infame si falla en su fidelidad a Dios (Isa 1:21; Jer 22:8-9). En los tiempos m\u00e1s dram\u00e1ticos de su historia, los profetas atacan a Jerusal\u00e9n con violentas requisitorias porque ha renegado de su Dios prefiriendo los \u00ed\u00addolos de las naciones que la rodean, trocando la gloria del Se\u00f1or por otras divinidades que no existen y no sirven para nada (Jer 3:11). La ciudad que ten\u00ed\u00ada que ser santa se convierte en la personificaci\u00f3n de la apostas\u00ed\u00ada (Jer 3:6). Fueron traidores los reyes de Israel, que con su mal ejemplo arrastraron al pueblo por el camino de la perdici\u00f3n y persiguieron a los profetas, empe\u00f1ados con todas sus fuerzas en mantener al rey y al pueblo de Jerusal\u00e9n en los caminos del Se\u00f1or. Los castigos con que amenazaron in\u00fatilmente a los habitantes de Jerusal\u00e9n y al pueblo de Jud\u00e1 encontrar\u00e1n su puntual cumplimiento (36,32). Es una ilusi\u00f3n buscar la salvaci\u00f3n en la alianza con otras naciones paganas: Jerusal\u00e9n caer\u00e1 en manos de sus enemigos (37,7-8). Ni siquiera los sacerdotes, orgullo de la ciudad, han escuchado a los profetas (20,1-2) y han abierto las puertas del templo a las abominables im\u00e1genes de los dioses, ante los cuales queman incienso los prestigiosos ancianos (Eze 8:7-19); el pueblo sigue a sus dirigentes y la casa de Dios se convierte en una cueva de bandidos (Jer 7:9-11). El Se\u00f1or no vacilar\u00e1 entonces en abandonar la ciudad rebelde y perversa (Eze 9:9), llena de injusticias y de opresiones (Jer 6:6) contra los pobres y marginados (Jer 7:3-10). Si se recorren los caminos de Jerusal\u00e9n y se busca por las plazas, no se encontrar\u00e1 uno solo que practique la justicia y que no sea perjuro (Jer 5:1-2); el pueblo es necio y no tiene coraz\u00f3n; tiene ojos pero no ve, y o\u00ed\u00addos pero no oye; es rebelde y contumaz (Jer 5:1-2.21). Por eso el Se\u00f1or destruir\u00e1 \u00aba la delicada Si\u00f3n\u00bb, que se convertir\u00e1 en una desolaci\u00f3n (Jer 6:2.8). Dios da rienda suelta a su indignaci\u00f3n y se convierte en el m\u00e1s fiero de los adversarios (Jer 21:10) de la ciudad violenta, sanguinaria e impura (Isa 4:4; Eze 7:23; Eze 22:4; Sof 3:1); har\u00e1 de ella una perpetua ignominia, una perenne verg\u00fcenza (Jer 23:39), hasta llegar a asombrar incluso a los paganos (Jer 22:5). Jerusal\u00e9n ver\u00e1 cumplirse las palabras de Dios, \u00abpalabras de desgracia, que no de ventura\u00bb (Jer 39:16), que el Se\u00f1or le ha dirigido: sobre ella se abatir\u00e1n sin compasi\u00f3n y sin piedad los m\u00e1s terribles castigos (Eze 14:2).<\/p>\n<p>2. LA VUELTA A DIOS. Todo cambiar\u00e1 si Jerusal\u00e9n se arrepiente y vuelve a su Dios. Entonces el poder de Dios se despierta (Isa 51:1) y la ciudad purificada se ve invitada a revivir, a vestirse de los m\u00e1s brillantes vestidos, a rejuvenecerse, a sacudirse el polvo, a desatar de su cuello las ataduras de la esclavitud (Isa 52:1-3). No beber\u00e1 ya el c\u00e1liz de la ira de Dios (Isa 51:17.22); se ver\u00e1 limpia de toda escoria de injusticia y ser\u00e1 llamada de nuevo \u00abciudad de la justicia\u00bb, \u00abciudad fiel\u00bb (Isa 1:26), \u00abciudad del Se\u00f1or\u00bb, \u00abSi\u00f3n del Santo de Israel\u00bb (Isa 60:14). Dios hablar\u00e1 al coraz\u00f3n de Jerusal\u00e9n para anunciarle que ha acabado la esclavitud y que ha sido expiada su culpa (Isa 40:1-2). El Se\u00f1or ser\u00e1 la vanguardia y la retaguardia de la peregrinaci\u00f3n de Israel ( Isa 52:12), que se dirige, como en los tiempos felices, hacia la meta a\u00f1orada de la ciudad santa. Dios, celoso de ella, la ha elegido de nuevo con un amor jam\u00e1s desmentido y mide su terreno para reconstruirla de nuevo (Zac 1:14-17; Zac 2:6). Se renovar\u00e1n los antiguos prodigios del \u00e9xodo; en el desierto se abrir\u00e1 una \u00abvia sacra\u00bb que llevar\u00e1 a la caravana de los desterrados hasta la ciudad, en la que entrar\u00e1n con gritos de j\u00fabilo (Isa 35:8-10). Dios extender\u00e1 por segunda vez su mano, como lo hab\u00ed\u00ada hecho por primera vez en Egipto (Isa 11:11; cf Exo 3:20), para hacer pasar m\u00e1s all\u00e1 del r\u00ed\u00ado Eufrates a los que \u00abllevan el nombre de la ciudad santa\u00bb (Isa 48:2). El cortejo festivo y jubiloso atravesar\u00e1 cantando himnos un desierto florido, regado por aguas milagrosas (Isa 35:1-2.6-7; cf Exo 17:1-7). Un heraldo exhortar\u00e1 a librar de toda aspereza el camino de los peregrinos (Isa 40:3-5), y ellos subir\u00e1n de nuevo a Si\u00f3n, hacia el Se\u00f1or, su Dios (Jer 31:6); exultar\u00e1n en la altura de Si\u00f3n; afluir\u00e1n hacia los bienes del Se\u00f1or, hacia la prosperidad, y se saciar\u00e1n de la felicidad de Dios (Jer 31:12-14).<\/p>\n<p>3. JERUSALEN EN EL CENTRO DEL MUNDO. En los anuncios prof\u00e9ticos, Jerusal\u00e9n se va transfigurando cada vez m\u00e1s, para cumplir en el plano espiritual la misi\u00f3n que se le ha atribuido en el plano divino de la salvaci\u00f3n. El mismo sitio de la ciudad asume unas dimensiones no ya topogr\u00e1ficas, sino ideales, s\u00ed\u00admbolo de su supremac\u00ed\u00ada espiritual. En efecto, ella, \u00aben los tiempos venideros\u00bb, destacar\u00e1 sobre todos los montes y colinas; todas las gentes afluir\u00e1n al monte del Se\u00f1or para ser instruidas en la forma de caminar por sus senderos: \u00abPues de Si\u00f3n saldr\u00e1 la ley y de Jerusal\u00e9n la palabra del Se\u00f1or\u00bb. Los pueblos todos depondr\u00e1n sus armas, transform\u00e1ndolas en instrumentos de paz (Isa 2:2-5; Miq 4:1-5). La ciudad estar\u00e1 \u00aben medio de las naciones\u00bb (Eze 5:5), que se reunir\u00e1n all\u00ed\u00ad \u00aben nombre del Se\u00f1or\u00bb y \u00abno seguir\u00e1n m\u00e1s la obstinaci\u00f3n de su propio coraz\u00f3n perverso\u00bb (Jer 3:17). La glorificaci\u00f3n de la ciudad santa es el tema principal de los cantos l\u00ed\u00adricos de Is 60-62, en el centro de la perspectiva de una renovaci\u00f3n total. A la luz de la ciudad sobre la cual brilla la gloria del Se\u00f1or caminar\u00e1n las naciones (Jer 60:1-3), llegando desde lejos para traer sus dones (Jer 60:3-9.11.16; Jer 61:1) y para reconstruir sus murallas; los reyes ser\u00e1n sus servidores y todos los extranjeros ver\u00e1n su justicia y su gloria (Jer 62:2). Naciones ilustres y pueblos grandes se unir\u00e1n a Israel para buscar y hacer propicio al Se\u00f1or (Zac 8:20-22); y para agradarle celebrar\u00e1n las fiestas del pueblo de Dios (Zac 14:9.16-19). La ciudad gloriosa ser\u00e1 testigo y centro de un misterio que Ezequiel, como conclusi\u00f3n de su inmenso fresco sobre la novedad radical de la Jerusal\u00e9n futura, definir\u00e1 con el nombre nuevo que en adelante ser\u00e1 el verdadero nombre de la ciudad: \u00abYhwh Sammah: el Se\u00f1or est\u00e1 all\u00ed\u00ad\u00bb (48,25). En los siglos m\u00e1s pr\u00f3ximos al evangelio, el c\u00e1ntico de Tob\u00ed\u00adas dedica un largo p\u00e1rrafo al futuro glorioso de Jerusal\u00e9n, descrita en t\u00e9rminos apocal\u00ed\u00adpticos como una ciudad construida y empedrada con profusi\u00f3n de piedras precios\u00ed\u00adsimas (Tob 13:10-18).<\/p>\n<p>III. LAS FUNCIONES DE JERUSALEN. 1. LA ESPOSA. Dios le ha revelado a Israel no s\u00f3lo su propio nombre inefable, Yhwh (Exo 3:14), sino tambi\u00e9n otros nombres que, apelando a la experiencia humana, resultaban m\u00e1s accesibles y significativos. Del matrimonio, la experiencia m\u00e1s completa del amor, de la uni\u00f3n y de la intimidad, Dios hizo, por medio de los profetas, el s\u00ed\u00admbolo de la calidad y de la profundidad de sus relaciones con el pueblo elegido. \/ Oseas fue el primero en hablar de Dios como esposo de Israel. El profeta se inspira en una desventura matrimonial -que, real o imaginaria, es de todas formas un s\u00ed\u00admbolo- para hablar de Dios esposo de Israel esposa. Una esposa durante mucho tiempo infiel, porque ha traicionado a su Dios con los \u00ed\u00addolos: por eso el Se\u00f1or la castigar\u00e1, oblig\u00e1ndola a volver a su \u00abprimer marido\u00bb, que la conducir\u00e1 al desierto, al abrigo de toda mala seducci\u00f3n. En la soledad le hablar\u00e1 al coraz\u00f3n como un esposo habla a la esposa y la unir\u00e1 consigo para siempre (Ose 2:11-22). S\u00ed\u00admbolo del pueblo elegido, Jerusal\u00e9n es a su vez la esposa de Dios, que ordena a Jerem\u00ed\u00adas decirle en su nombre: \u00abMe he acordado de ti en los tiempos de tu juventud, de tu amor de novia\u00bb (Jer 2:2). \u00bfY c\u00f3mo podr\u00e1 la esposa olvidarse de sus joyas y de sus aderezos nupciales? (Jer 2:32).<\/p>\n<p>En una compleja par\u00e1bola, con acentos realistas hasta la crudeza, Ezequiel (Jer 16:1-46) traza la historia del misterioso amor de Dios a Jerusal\u00e9n. A comienzos de la historia de la ciudad, en su nacimiento, nadie sinti\u00f3 piedad de ella y qued\u00f3 abandonada en medio del campo; el Se\u00f1or la recogi\u00f3, la educ\u00f3 y cuando estuvo preparada para el matrimonio se enamor\u00f3 de ella y firm\u00f3 con ella el pacto nupcial (cf Pro 2:17; Mal 2:14). Habiendo adquirido una inmensa belleza y gran fama, fue coronada reina; pero, vali\u00e9ndose de su belleza y de su fama, cometi\u00f3 continuos adulterios, prostituy\u00e9ndose con los \u00ed\u00addolos, pagando incluso a sus amantes con las riquezas de su leg\u00ed\u00adtimo esposo y ofreci\u00e9ndoles incluso sus hijos.<\/p>\n<p>En el Segundo y Tercer Isa\u00ed\u00adas se encuentran los textos m\u00e1s impresionantes sobre el tema de la Jerusal\u00e9n-esposa. En el destierro de Babilonia aparece como una mujer viuda de su esposo (Isa 49:14; Isa 54:8; Isa 60:15; Isa 62:4; cf Bar 4:12-16). Parece que el Se\u00f1or la ha repudiado leg\u00ed\u00adtimamente; pero a pesar de todo \u00e9l se niega a olvidarse de su \u00fanico amor: \u00abNo temas, pues no tendr\u00e1s ya que avergonzarte; no te sonrojes, pues no ser\u00e1s ya confundida; olvidar\u00e1s la afrenta de tu juventud y no te acordar\u00e1s del oprobio de tu viudez. Pues tu esposo ser\u00e1 tu creador&#8230;, tu redentor, el santo de Israel&#8230; S\u00ed\u00ad, como a una mujer abandonada y desolada, te ha querido el Se\u00f1or. A la esposa tomada en la juventud, \u00bfse la puede rechazar?&#8230; S\u00f3lo por un momento te hab\u00ed\u00ada abandonado, pero con inmensa piedad te recojo de nuevo. En un rapto de mi c\u00f3lera ocult\u00e9 de ti mi rostro un instante, mas con eterna bondad de ti me he apiadado\u00bb (Isa 54:4-8). Dios restituir\u00e1 a Jerusal\u00e9n los ornamentos nupciales (Isa 61:10) y reanudar\u00e1 sus relaciones amorosas: \u00abSer\u00e1s una corona preciosa en manos del Se\u00f1or, una diadema real&#8230; No se te llamar\u00e1 m\u00e1s la abandonada ni tu tierra ser\u00e1 dicha desierta, sino que se te llamar\u00e1 mi complacencia y a tu tierra desposada, porque en ti se complace el Se\u00f1or, y tu tierra tendr\u00e1 un esposo. Como un joven que se casa con su novia, as\u00ed\u00ad tu constructor se casar\u00e1 contigo; y como el esposo se recrea en la esposa, as\u00ed\u00ad tu Dios se recrear\u00e1 en ti\u00bb (Isa 62:3-5).857<br \/>\n2. LA MADRE. Jerusal\u00e9n, esposa, es tambi\u00e9n madre. Este apelativo es com\u00fan en Palestina para designar a una ciudad de la que depend\u00ed\u00adan otras aglomeraciones urbanas (cf 2Sa 20:19, que en la versi\u00f3n griega tiene metr\u00f3polis = ciudad-madre). Israel es llamada madre porque es esposa de Dios, y Jerusal\u00e9n representa lo mejor del pueblo elegido. Despu\u00e9s de haberla privado de sus hijos, que al marcharse desterrados la han dejado en medio del luto y del llanto (Bar 4:23.34), Dios volver\u00e1 a traerlos \u00abcon honor, como en un trono real\u00bb (Bar 5:6): \u00abVuelve tus ojos al Oriente, Jerusal\u00e9n, y contempla el gozo que te viene de Dios. Mira, vuelven tus hijos, los que viste partir; vuelven reunidos desde oriente a occidente, por la palabra del Santo, alegres de la gloria de Dios\u00bb (Bar 4:36-37). Jerusal\u00e9n, infecunda de hijos durante el destierro, da luz ahora a muchos m\u00e1s, aliment\u00e1ndolos y saci\u00e1ndolos \u00abde su seno de consuelo&#8230; en sus pechos de gloria\u00bb (Isa 66:11). Jerusal\u00e9n exultar\u00e1, \u00abpues son m\u00e1s numerosos los hijos de la abandonada que los hijos de la casada, dice el Se\u00f1or\u00bb; por eso ensanchar\u00e1 el espacio de sus tiendas (Isa 54:1-3), y sus muros resultar\u00e1n estrechos (Isa 49:20), dado que su prole la formar\u00e1n todos los pueblos de la tierra. Sus puertas permanecer\u00e1n abiertas d\u00ed\u00ada y noche para acoger a las naciones que traen sus dones; sus muros ser\u00e1n llamados \u00abSalvaci\u00f3n\u00bb y sus puertas \u00abAlabanza\u00bb (Isa 60:1-18). Los nuevos hijos llegados de otros pueblos no ser\u00e1n sus esclavos, sino pueblo de Dios (Zac 2:15; Isa 58:3), y tambi\u00e9n entre ellos el Se\u00f1or escoger\u00e1 sacerdotes y levitas (Isa 66:21).<\/p>\n<p>El brev\u00ed\u00adsimo salmo 87, que pertenece a la colecci\u00f3n de los c\u00e1nticos de Si\u00f3n, alcanza la cima de la revelaci\u00f3n prof\u00e9tica. Se dicen cosas estupendas de Jerusal\u00e9n; pero a todas ellas se a\u00f1adir\u00e1 una absolutamente nueva, proclamada por Dios mismo, porque ser\u00e1 \u00e9l el que realice el imprevisible prodigio. De repente el horizonte de Jerusal\u00e9n se ensancha hasta el infinito, hacia el profundo sur, donde est\u00e1 el Egipto orgulloso y cruel, que durante siglos mantuvo en la esclavitud a los hijos de Israel, y la fabulosa Etiop\u00ed\u00ada. Al norte Jerusal\u00e9n divisar\u00e1 a los filisteos, en otro tiempo enemigos implacables, y a Tiro, la reina de los mares; en el Oriente lejano contemplar\u00e1 a Babilonia, que tantas l\u00e1grimas y sangre le cost\u00f3. Pues bien, todos esos pueblos se sentir\u00e1n felices de saludarla como a madre, ya que el Se\u00f1or, en su elenco de pueblos, escribir\u00e1 junto a su nombre: \u00abEste ha nacido all\u00ed\u00ad\u00bb, en su ciudad predilecta, de donde brotan las fuentes de una vida misteriosa.<\/p>\n<p>IV. LA JERUSALEN DEL NUEVO TESTAMENTO. 1. Los JUD\u00ed\u008dOS DE QUMR\u00ed\u0081N. En la \u00e9poca inmediatamente anterior al anuncio del evangelio en Palestina, la comunidad esenia de Qumr\u00e1n, reunida en la costa nord-occidental del mar Muerto, estaba en pol\u00e9mica con las instituciones oficiales del juda\u00ed\u00adsmo. No asist\u00ed\u00adan al templo de Jerusal\u00e9n, ya que lo consideraban profanado por un sacerdocio indigno, infiel a la ley de Mois\u00e9s y a las normas de la verdadera liturgia. Junto con un nuevo templo donde poder rendirle a Dios un culto debidamente ordenado, esperaban tambi\u00e9n una nueva Jerusal\u00e9n. La doctrina y las esperanzas de los esenios est\u00e1n documentadas por varios textos, algunos de ellos todav\u00ed\u00ada in\u00e9ditos, que se conservaban en la biblioteca de la comunidad. El escrito que se ha convenido en llamar La nueva Jerusal\u00e9n (5Q 15) da una idea de cu\u00e1l era esa ciudad santa con que so\u00f1aban. Inspir\u00e1ndose en Ez, cap\u00ed\u00adtulos 40-48, hab\u00ed\u00adan establecido las medidas de las murallas, de las puertas, de las torres, de las construcciones, que encuentran alguna analog\u00ed\u00ada con la Jerusal\u00e9n nueva que nos describe el Apocalipsis. La ciudad nueva preconizada por los esenios ten\u00ed\u00ada que estar habitada tan s\u00f3lo por jud\u00ed\u00ados piados\u00ed\u00adsimos.<\/p>\n<p>2. Los NOMBRES DE LA CIUDAD. Se menciona a Jerusal\u00e9n 139 veces en el NT, exceptuando las cartas apost\u00f3licas y las cartas cat\u00f3licas. Si\u00f3n aparece siete veces, de ellas cinco en citas del AT. Seg\u00fan la costumbre jud\u00ed\u00ada, Jerusal\u00e9n es llamada la ciudad santa (Mat 4:5; Mat 27:53; Apo 11:2), la ciudad querida (Apo 20:9), la ciudad del gran rey (Mat 5:35). En la mayor parte de los casos el nombre es una simple indicaci\u00f3n topogr\u00e1fica; a veces designa a sus habitantes (Mat 2:3). En las palabras de Jes\u00fas, fuera de los textos relativos a la pasi\u00f3n, Jerusal\u00e9n aparece tres veces como indicaci\u00f3n topogr\u00e1fica (Luc 10:30; Luc 13:4) y una vez, con una connotaci\u00f3n teol\u00f3gica, como la ciudad que mata a los profetas (Luc 13:33s).<br \/>\n3. JERUSALEN EN EL EVANGELIO. a) Los evangelios sin\u00f3pticos. En los tres primeros evangelios, Jerusal\u00e9n llega a asumir progresivamente la funci\u00f3n esencial del lugar donde Jes\u00fas, en medio de la hostilidad de los dirigentes y la incomprensi\u00f3n de gran parte del pueblo, lleva a su cumplimiento el plan divino de salvaci\u00f3n con su muerte redentora.<\/p>\n<p>b) Marcos. En Mc, Jerusal\u00e9n se entusiasma por el precursor de Jes\u00fas (1,5) y acude incluso a Galilea (3,8) para escuchar a Jes\u00fas y asitir a sus milagros. Los doctores de la ley acuden all\u00ed\u00ad para discutir con Cristo (3,22; 7,1-5). En Galilea Jes\u00fas anuncia su tr\u00e1gico y glorioso final en la ciudad santa (8,31; 9,31; 10,32-34), afrontando con extrema decisi\u00f3n, al final de su ministerio, el viaje hacia la meta del Calvario. En Jerusal\u00e9n va madurando el odio largamente fomentado por sus enemigos; y cuando Jes\u00fas llega all\u00e1 y deja que la gente lo aclame como mes\u00ed\u00adas (11,1-11), realizando luego el gesto tan grave de arrojar a los profanadores del templo, los dirigentes del pueblo lo buscan para matarlo (11,25), decididos m\u00e1s que nunca a eliminarlo, al verse acusados de asesinar a los enviados de Dios (12,1-12). Las pol\u00e9micas de sus agresores se hacen m\u00e1s agresivas y capciosas cuando Cristo los condena como falsos gu\u00ed\u00adas del pueblo (12,13-40). Jes\u00fas anuncia entonces el castigo de Jerusal\u00e9n, que ver\u00e1 su templo en ruinas (13,1-2). Rechazado por el pueblo y condenado por el sanedr\u00ed\u00adn (14,55-65; 15,6-15), Jes\u00fas es crucificado fuera de la ciudad; pero a su muerte se rasga la cortina del templo, para indicar el final de la antigua alianza y de la funci\u00f3n religiosa de la ciudad que daba alojamiento a la morada de Dios (15,38).<\/p>\n<p>c) Mateo. A este esquema Mt a\u00f1ade algunos otros detalles. Los habitantes de Jerusal\u00e9n se alarman cuando los magos venidos del Oriente anuncian al rey Herodes el nacimiento del mes\u00ed\u00adas (2,3). Las acusaciones implacables de Cristo a los dirigentes espirituales de Israel se recogen en un cap\u00ed\u00adtulo entero, plagado de amenazas (23,1-39) y que culmina con desgarrador lamento sobre Jerusal\u00e9n, que muchas veces ha impedido a Jes\u00fas recoger a sus habitantes \u00abcomo la gallina re\u00fane a sus polluelos debajo de las alas\u00bb (Mat 24:37).<br \/>\nd) Jerusal\u00e9n en el tiempo de Cristo y en el tiempo de la Iglesia: el evangelio de Lucas y los Hechos. Lucas presenta un inter\u00e9s particular. El concibi\u00f3 y escribi\u00f3 su evangelio como la primera parte de una obra que comprende adem\u00e1s los primeros pasos de la vida de laIglesia (Heb 1:1), fundada por Cristo para realizar la extensi\u00f3n de la salvaci\u00f3n fuera de los confines de Israel. A la obra de Lucas debemos las dos terceras partes de las menciones de Jerusal\u00e9n en el NT (31 en Lc y 59 en He); esto indica que el autor, al hablar del tiempo de Jes\u00fas (Luc 1:1-3), piensa tambi\u00e9n en el tiempo de la Iglesia y se muestra atento no s\u00f3lo, como los dem\u00e1s sin\u00f3pticos, a recopilar una historia, sino que escribe tambi\u00e9n como te\u00f3logo. Le distingue la vida de Jes\u00fas en dos tiempos: el ministerio en Galilea y los \u00faltimos acontecimientos en Jerusal\u00e9n; pero su relato comienza por Jerusal\u00e9n, con el anuncio del nacimiento del precursor (Luc 1:5-22), y se concluye en los alrededores de la ciudad santa, con la despedida del resucitado a sus disc\u00ed\u00adpulos, que \u00abse volvieron a Jerusal\u00e9n llenos de alegr\u00ed\u00ada y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios\u00bb (Luc 24:53).<\/p>\n<p>A lo largo de la historia evang\u00e9lica, Jes\u00fas nacido en Bel\u00e9n es llevado al templo de Jerusal\u00e9n, donde es acogido con fe y entusiasmo por dos piadosos ancianos, Sime\u00f3n y Ana, que estaban aguardando al mes\u00ed\u00adas; Ana hablaba del ni\u00f1o a todos los que esperaban la redenci\u00f3n de Israel (Luc 2:38). A los doce a\u00f1os Jes\u00fas acompa\u00f1a a sus padres en una peregrinaci\u00f3n a la ciudad santa y se entretiene en el templo hablando con los maestros de Israel, dando pruebas de su sabidur\u00ed\u00ada (2,46s). El tercer evangelio tiene en exclusiva una larga secci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica (9,51-19,28), en la que gran parte del contenido que se encuentra en Mt y Mc est\u00e1 dispuesto dentro del marco de un viaje de Jes\u00fas de Galilea a Jerusal\u00e9n, viaje que comienza con una cierta solemnidad: \u00abAl llegar el tiempo de su partida de este mundo, resolvi\u00f3 (lit., en griego: \u00abendureci\u00f3 el rostro\u00bb) ir a Jerusal\u00e9n (9,51). La \u00faltima parte del evangelio (19,29-24,53) est\u00e1 dedicada a Jerusal\u00e9n, en donde se lleva a cabo la redenci\u00f3n, con el \u00faltimo asalto de Satan\u00e1s a Cristo (22,3-53). Quiz\u00e1 esto explique por qu\u00e9 la \u00faltima de las tres tentaciones sufridas por Cristo en el desierto, antes de comenzar su ministerio p\u00fablico, se sit\u00faa en Jerusal\u00e9n (4,9), a diferencia de Mat 4:5, que la pone como segunda. Lucas tiene tambi\u00e9n como episodio propio el llanto de Jes\u00fas sobre Jerusal\u00e9n y la condenaci\u00f3n de la ciudad, insertos en medio de la entrada triunfal del rey Mes\u00ed\u00adas y la purificaci\u00f3n del templo: \u00abAl acercarse y ver la ciudad, llor\u00f3 por ella, y dijo: `\u00c2\u00a1Ojal\u00e1 en este d\u00ed\u00ada conocieras tambi\u00e9n t\u00fa el mensaje de paz! Pero est\u00e1 oculto y no puedes verlo. Porque llegar\u00e1 un d\u00ed\u00ada en que tus enemigos te rodear\u00e1n con trincheras, te cercar\u00e1n y te estrechar\u00e1n por todas partes y te echar\u00e1n al suelo. Matar\u00e1n a todos tus habitantes, y no dejar\u00e1n de ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo en el que Dios te ha visitado\u00bb&#8216; (Mat 19:41-44). Es la \u00faltima y apurada llamada a la ciudad amada por Dios durante siglos. La imagen de la visita, utilizada en los evangelios solamente por Lucas, expresaba en el AT una intervenci\u00f3n de gracia (cf Lev 1:68) o de castigo; aqu\u00ed\u00ad puede tratarse de la venida a Jerusal\u00e9n de Cristo como rey mes\u00ed\u00adas que quiere ofrecer su gracia y se ve obstinadamente rechazado, con lo que llega la condenaci\u00f3n irremediable. Esta sentencia se repite de nuevo en el discurso escatol\u00f3gico (Lev 21:20-24) y en el encuentro de Jes\u00fas con las piadosas mujeres que lloran por Jes\u00fas en el camino del Calvario: Jerusal\u00e9n es ahora un \u00able\u00f1o seco\u00bb (Lev 23:31), muerto y preparado para el fuego. La ciudad infiel \u00abser\u00e1 pisoteada por los paganos hasta que llegue a su fin el tiempo de los paganos\u00bb (Lev 21:24). Las \u00faltimas palabras parecen referirse a la conversi\u00f3n de los paganos, anunciada por Cristo (Lev 24:47).<\/p>\n<p>En Jerusal\u00e9n comienza, en Lc, el cumplimiento del misterio y de la historia de la salvaci\u00f3n; y all\u00ed\u00ad comienza tambi\u00e9n, en He, el tiempo de la I Iglesia, despu\u00e9s del retorno de Cristo al Padre. Jes\u00fas ordena a los suyos que no se alejen de la ciudad, en donde recibir\u00e1n el don del Esp\u00ed\u00adritu, gracias al cual ser\u00e1n sus testigos en Jerusal\u00e9n, en Palestina y hasta los \u00faltimos confines de la tierra (1,4-8). En Jerusal\u00e9n se dar\u00e1 testimonio frente a una multitud de jud\u00ed\u00ados y de pros\u00e9litos llegados de todas las partes del mundo para la fiesta de pentecost\u00e9s (2,9-12). Pedro anunciar\u00e1 a los hombres de Israel el cumplimiento de las promesas divinas hechas a sus padres y se quejar\u00e1 de los dirigentes y de la gente de Jerusal\u00e9n, que no han comprendido el designio divino; solamente la conversi\u00f3n, el retorno a los pensamientos y a la voluntad de Dios expresados en Cristo puede conducir a la salvaci\u00f3n (2,23.38). Todos los que quisieron la condenaci\u00f3n de Cristo ignoraron que \u00e9l era el salvador prometido a sus padres (3,14.17; 4,10-12).<\/p>\n<p>En Jerusal\u00e9n nace la primera comunidad cristiana, formada por el \u00abresto\u00bb de Israel que acogi\u00f3 con fe al mes\u00ed\u00adas de Dios; a los dem\u00e1s, Esteban, acusado como Jes\u00fas de querer destruir el templo y abolir la ley de Mois\u00e9s (6,13-14), les resume en un largo discurso la historia de Israel desde Abrah\u00e1n hasta Salom\u00f3n, para concluir que los jud\u00ed\u00ados, al renegar de Jes\u00fas, resistieron a Dios como en los tiempos antiguos (7,51-52). Jerusal\u00e9n matar\u00e1 tambi\u00e9n al primer m\u00e1rtir cristiano, Esteban, lapid\u00e1ndolo fuera de las murallas (7,58), y desencadenar\u00e1 la primera persecuci\u00f3n contra la Iglesia nacida en Jerusal\u00e9n (8,1).<\/p>\n<p>El gran protagonista de la difusi\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico en el mundo, Saulo-Pablo de Tarso, que se hab\u00ed\u00ada educado en el m\u00e1s r\u00ed\u00adgido juda\u00ed\u00adsmo en Jerusal\u00e9n (22,31) y hab\u00ed\u00ada asistido al martirio de Esteban consintiendo en \u00e9l (8,1), al convertirse en ap\u00f3stol de Cristo dar\u00e1 testimonio de \u00e9l en Jerusal\u00e9n (23,11), que lo entregar\u00e1 a los paganos (21,11) e intentar\u00e1 quitarle la vida (9,29; 23,12-15). El contraste entre la Jerusal\u00e9n fiel al plan de salvaci\u00f3n y la Jerusal\u00e9n rebelde dentro de la perspectiva mesi\u00e1nica concluye esta historia, al mismo tiempo tr\u00e1gica y gloriosa, trazada ya por los profetas.<\/p>\n<p>e) Juan. Si en los evangelios sin\u00f3pticos la vida p\u00fablica de Jes\u00fas se concentra en Galilea, en el cuarto evangelio se desarrolla casi por completo en Judea, y pr\u00e1cticamente en Jerusal\u00e9n, en el contexto de las grandes celebraciones lit\u00fargicas del templo. De esta manera, Jerusal\u00e9n no es s\u00f3lo el lugar de la pasi\u00f3n y de la muerte de Cristo, sino tambi\u00e9n aqu\u00e9l en donde \u00e9l, con firme insistencia y claridad, revela su misterio en relaci\u00f3n con la obra de la salvaci\u00f3n; es como un nuevo Sina\u00ed\u00ad, en el que resplandece la gloria del Hijo de Dios. Jes\u00fas defiende el templo como \u00fanico lugar leg\u00ed\u00adtimo de culto a Dios en la antigua historia de Israel; pero anuncia tambi\u00e9n que con \u00e9l ha llegado la hora del fin de los privilegios del antiguo pueblo elegido, ya que los verdaderos adoradores preferidos por su Padre le rendir\u00e1n un culto nuevo, en esp\u00ed\u00adritu yen verdad, por lo cual no tiene ning\u00fan sentido la limitaci\u00f3n a un \u00e1rea territorial (4,21-24). Para resaltar y desarrollar m\u00e1s este principio teol\u00f3gico fundamental, Jes\u00fas toma como punto de partida las solemnidades celebradas en el templo. Desde la primera pascua de su vida p\u00fablica, cuando \u00e9l tambi\u00e9n, como todos los israelitas observantes, se dirigi\u00f3 en peregrinaci\u00f3n a la ciudad santa, en respuesta a los que le ped\u00ed\u00adan un signo que avalase el gesto grav\u00ed\u00adsimo de la expulsi\u00f3n de los mercaderes del templo, habla del santuario de su cuerpo, que sustituir\u00e1 al antiguo lugar sagrado: su humanidad ser\u00e1 el \u00ablugar\u00bb de la presencia y de las manifestaciones de Dios para toda la humanidad (2,19-21). Durante la peregrinaci\u00f3n para la fiesta de las chozas, Jerusal\u00e9n se interesa por \u00e9l con juicios contradictorios (7,11-13.20.25-27); Jes\u00fas, el d\u00ed\u00ada m\u00e1s solemne de las celebraciones, refiri\u00e9ndose al rito en el que se llevaba procesionalmente al templo el agua de la fuente de Silo\u00e9 para derramarla sobre el altar, \u00aben voz alta\u00bb dijo que \u00e9l era el agua verdadera que apaga la sed de los creyentes (7,37-39). Entre los asistentes se encienden vivas discusiones, e intentan incluso detenerlo. La fiesta de las chozas era tambi\u00e9n famosa por las antorchas que se encend\u00ed\u00adan profusamente en el templo para recordar la nube luminosa que hab\u00ed\u00ada guiado a Israel por el desierto; Jes\u00fas declar\u00f3 que era \u00e9l la verdadera luz del mundo (8,12). Jerusal\u00e9n es as\u00ed\u00ad una estrella de antiguos resplandores, que se pone al salir un nuevo sol.<\/p>\n<p>4. LA JERUSALEN CELESTIAL DE PABLO. \/ Pablo es el primer autor del NT que preconiza el nacimiento de una Jerusal\u00e9n nueva (G\u00e1l 4:22-31), recurriendo a una sugestiva alegor\u00ed\u00ada, en la que sale a relucir la historia de los patriarcas. Abrah\u00e1n tuvo dos hijos: Ismael, que le naci\u00f3 de la esclava Agar, e Isaac, que, en virtud de una promesa divina, le dio Sara, no sujeta a la esclavitud. Ismael representa la antigua alianza; Isaac, la nueva y definitiva alianza en Jesucristo. La antigua econom\u00ed\u00ada religiosa est\u00e1 expresada por la Jerusal\u00e9n jud\u00ed\u00ada, que ha permanecido bajo la esclavitud de la ley de Mois\u00e9s y a la que se muestran todav\u00ed\u00ada apegados los cristianos judaizantes, a los que tiene en cuenta el ap\u00f3stol en su carta. La nueva alianza, por el contrario, est\u00e1 simbolizada por la Jerusal\u00e9n celestial, libre y heredera de las promesas divinas (cf G\u00e1l 6:16), fecund\u00ed\u00adsima en hijos, que el evangelio ha liberado de la esclavitud de las observancias judaicas. Ella es realmente la madre de los cristianos, que tienen su ciudad en el cielo (Fip 3,20); es la Iglesia, realidad al mismo tiempo presente y escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>5. LA JERUSALEN DE LA CARTA A LOS HEBREOS. De la fe firme que condujo y sostuvo a Abrah\u00e1n en su misteriosa aventura, el autor de este singular escrito del NT arguye que el patriarca de Israel no dio un peso excesivo a las cosas terrenas. Efectivamente, en la tierra de Cana\u00e1n que Dios le hab\u00ed\u00ada prometido y mostrado, \u00e9l se comporta como extranjero y peregrino, ya que esperaba una patria m\u00e1s verdadera, \u00abla ciudad de s\u00f3lidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios\u00bb (11,10). La tierra prometida se convierte as\u00ed\u00ad en s\u00ed\u00admbolo de una ciudad \u00abmejor\u00bb, la ciudad \u00abcelestial\u00bb (11,16). Los hebreos de la antigua alianza ten\u00ed\u00adan miedo de acercarse al Sina\u00ed\u00ad sacudido y humeante por la presencia de Dios; el pueblo de la nueva alianza, por el contrario, se acerca ahora \u00aba la monta\u00f1a de Si\u00f3n, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusal\u00e9n celestial, a millares de \u00e1ngeles, a la asamblea festiva, a la congregaci\u00f3n de los primog\u00e9nitos que est\u00e1n escritos en los cielos\u00bb (12,22s), para encontrarse personalmente con Dios y con su Cristo. La Iglesia militante y la Iglesia triunfante se unen como una inmensa y festiva asamblea lit\u00fargica, que evoca a distancia aquellas asambleas hebreas de las grandes solemnidades en el templo.<br \/>\nVuelve una vez m\u00e1s el tema de la peregrinaci\u00f3n. Con una referencia topogr\u00e1fica precisa a la Jerusal\u00e9n hist\u00f3rica, en donde \u00abfuera de las puertas de la ciudad\u00bb Cristo se ofreci\u00f3 en sacrificio, Heb exhorta a los jud\u00ed\u00ados cristianos a dejar atr\u00e1s la Jerusal\u00e9n terrena para vivir una especie de larga peregrinaci\u00f3n, con vistas a la ciudad \u00abfutura\u00bb (13,12-14).<\/p>\n<p>6. LA JERUSALEN NUEVA DEL APOCALIPSIS. A diferencia de Pablo y de Heb, el \/ Apocalipsis describe una Jerusal\u00e9n \u00abnueva\u00bb, que \u00abbaja\u00bb del cielo. Es el \u00faltimo paso que se da en la sublimaci\u00f3n de la ciudad santa en la Sagrada Escritura. Ap se sit\u00faa en la perspectiva total de la Biblia; su lenguaje est\u00e1 plagado de centenares de referencias impl\u00ed\u00adcitas al AT (que suelen indicar las ediciones al margen), del que saca frases e im\u00e1genes enteras. El autor tiene la conciencia de ser un profeta, y la inspiraci\u00f3n divina le permite comprender las antiguas profec\u00ed\u00adas con mayor profundidad y plenitud que la que hab\u00ed\u00adan alcanzado incluso quienes las pronunciaron antiguamente. Puesto que la suprema y definitiva intervenci\u00f3n divina en la historia es el acontecimiento-Cristo, Ap orienta hacia \u00e9l el pasado, el presente, el futuro y la eternidad. Cristo vendr\u00e1 a concluir la historia humana bajo el signo de la renovaci\u00f3n del universo (21,5), y entonces habr\u00e1 tambi\u00e9n una Jerusal\u00e9n \u00abnueva\u00bb, que es el \u00faltimo acto del grandioso drama desarrollado por el Ap en un doble registro, terreno y celestial. El nombre de Jerusal\u00e9n se menciona con las acostumbradas denominaciones b\u00ed\u00adblicas de ciudad santa, ciudad de Dios (3,12; 21,2), pero que asumen dimensiones nuevas y m\u00e1s amplias. El mismo t\u00e9rmino \u00abnuevo\u00bb refleja el mensaje escatol\u00f3gico del AT, refiri\u00e9ndose a una novedad que es el resultado final de la obra redentora de Cristo. En su \u00faltima fulgurante visi\u00f3n (21,1-27), el vidente del Ap contempla \u00aba la ciudad santa, la nueva Jerusal\u00e9n, que bajaba del cielo del lado de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su esposo\u00bb, revestida de \u00ablino fino, limpio y brillante\u00bb, que simboliza las obras buenas de los santos (19,8). Esta Jerusal\u00e9n es la bienaventurada morada de Dios con su pueblo, en cumplimiento de la promesa que le hab\u00ed\u00ada hecho de ser el \u00abDios-con-ellos\u00bb (cf Isa 7:14); sus ciudadanos tienen un nombre nuevo, que nadie conoce m\u00e1s que el que lo recibe (Apo 2:17; Apo 3:12): el nombre de hijo de Dios (Apo 21:7). La ciudad nueva es la novia-esposa del cordero, la Iglesia, que Cristo se ha adquirido con su inmolaci\u00f3n en la cruz. El vidente contempla desde un monte alt\u00ed\u00adsimo a la Jerusal\u00e9n que baja del cielo, rodeada de la gloria de Dios, brillante como una perla precios\u00ed\u00adsima, agotando todos los recursos de la imaginaci\u00f3n para expresar la trascendencia de una ciudad que ning\u00fan hombre en la tierra podr\u00ed\u00ada edificar. La ciudad, de oro fin\u00ed\u00adsimo, tiene la forma de un enorme cubo, que mide 2,450 km de longitud, de anchura y de altura; est\u00e1 rodeada de altas murallas de jaspe, en las que se abren doce puertas, que son doce perlas, y llevan los nombres de las doce tribus de Israel, expresi\u00f3n de la plenitud del pueblo de la alianza antigua y nueva (cf 7,4-8), que es la Iglesia. En los fundamentos de las murallas, adornadas con toda clase de piedras preciosas, est\u00e1n escritos los nombres de los doce ap\u00f3stoles del cordero.<\/p>\n<p>El orgullo de la Jerusal\u00e9n terrena era el templo construido por el hombre con las piedras de la tierra; la ciudad que baja del cielo tiene como templo a Dios y a su Cordero, ya que el encuentro de la humanidad con su \u00fanico Se\u00f1or y salvador no ocurre ya en un sitio reservado, sino que es directo. La ciudad totalmente nueva ni siquiera tiene necesidad de ser iluminada por el sol o la luna, pues su luz es la gloria de Dios y del Cordero. De las puertas de la ciudad, abiertas noche y d\u00ed\u00ada, sale una interminable procesi\u00f3n de redimidos de todas las naciones.<\/p>\n<p>El ep\u00ed\u00adlogo de Ap y de toda la Biblia es la ardiente invocaci\u00f3n de la Iglesia esposa del Cordero, que implora, junto con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (22,17-20), la venida del esposo, para que pueda transfigurarse en la ciudad nueva y eterna.<\/p>\n<p>Todos los tiempos de la humanidad est\u00e1n contenidos en el misterio de Cristo, indisolublemente unido a su Iglesia. \u00abLa Iglesia es la esposa que participa en la uni\u00f3n de sus bodas de todos los privilegios y riquezas del esposo, en cuanto \/ pueblo de Dios que ha llegado a la perfecci\u00f3n del n\u00famero de los elegidos, en cuanto ciudad de Dios llevada a su cumplimiento en la consumaci\u00f3n de su unidad, al mismo tiempo que la humanidad redimida vuelve al proyecto primitivo de Dios. De este modo el Apocalipsis cristiano termina, no ya con la aparici\u00f3n solamente del Hijo del hombre, sino con la aparici\u00f3n de la Iglesia, es decir, de la humanidad redimida por su sangre y recreada toda ella a su imagen\u00bb (L. Bouyer, La Bible et l&#8217;Evangile, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1953, 200).<\/p>\n<p>V. MAR\u00ed\u008dA, HIJA DE SI\u00ed\u201cN. 1. UNA INVESTIGACI\u00ed\u201cN MODERNA. El Vat. II (LG 55), al hablar de la Virgen Mar\u00ed\u00ada en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, la llama \u00abexcelsa hija de Si\u00f3n\u00bb, sin citar ning\u00fan texto b\u00ed\u00adblico en apoyo de este t\u00ed\u00adtulo, pero refiri\u00e9ndose impl\u00ed\u00adcitamente a la personificaci\u00f3n del pueblo de Dios bajo los rasgos de una mujer esposa y madre. La ex\u00e9gesis moderna ha contribuido, con sutiles an\u00e1lisis y con la aplicaci\u00f3n de varios textos de la Escritura, a introducir este tema en la mariolog\u00ed\u00ada. Se trata de paralelismos impl\u00ed\u00adcitos, de ecos y resonancias, que pertenecen a las riquezas de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>La madre de Jes\u00fas form\u00f3 parte del pueblo de Israel por su fe y con su pr\u00e1ctica religiosa (Luc 2:22.27.41), sin distinguirse externamente de las otras mujeres jud\u00ed\u00adas. Pero el lugar privilegiado que ocupa en el plan de Dios ha estimulado una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre el modo de presentar a \/ Mar\u00ed\u00ada en los evangelios.<\/p>\n<p>2. MAR\u00ed\u008dA EN LA INFANCIA DE JES\u00daS. El \u00e1ngel Gabriel que le anuncia la concepci\u00f3n de Jes\u00fas, heredero del trono eterno de David, la saluda con una invitaci\u00f3n a la alegr\u00ed\u00ada: \u00abAl\u00e9grate\u00bb (traducido ordinariamente por \u00abAve\u00bb: Luc 1:28), que los profetas dirigen a Jerusal\u00e9n, interpelada como Si\u00f3n (Sof 3:14-17; Zac 9:9), para anunciarle la liberaci\u00f3n mesi\u00e1nica. Mar\u00ed\u00ada representa al Israel fiel que acoge al mes\u00ed\u00adas (Luc 1:38): exultante por los prodigios que Dios ha realizado en ella, la madre de Jes\u00fas recuerda la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abrah\u00e1n y a su descendencia, evocando el tema veterotestamentario de los pobres, predilectos del Se\u00f1or (Luc 1:51.53-55).<\/p>\n<p>3.MAR\u00ed\u008dA EN CAN\u00ed\u0081. En el milagro de Can\u00e1 se presenta a Mar\u00ed\u00ada como \u00abla madre\u00bb (Jua 2:1.3.5.12), y es designada como \u00abmujer\u00bb por Jes\u00fas (Jua 2:4): dos apelativos que nos remiten a la tradici\u00f3n prof\u00e9tica sobre Jerusal\u00e9n, representada como una mujer, y a la funci\u00f3n maternal de Si\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n [\/ supra, III]. La invitaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada a los criados para que hagan todo lo que Jes\u00fas les diga (Jua 2:5) es quiz\u00e1 una reminiscencia de la f\u00f3rmula con que Israel, al hacer alianza con Dios, se compromete a obedecerle (Exo 19:8); Mar\u00ed\u00ada ejerce una funci\u00f3n maternal, haciendo comprender al nuevo pueblo de Dios cu\u00e1l tiene que ser su disponibilidad ante la salvaci\u00f3n. Mar\u00ed\u00ada y Jes\u00fas, en las bodas de Can\u00e1, son en un sentido profundo los verdaderos protagonistas: san Agust\u00ed\u00adn (In Joann.9,2: PL 35,1439) ve\u00ed\u00ada a Cristo en el esposo homenajeado, y la liturgia de epifan\u00ed\u00ada habla de la Iglesia que se une a su esposo cuando el agua cambiada en vino alegra la mesa (ant\u00ed\u00adfona de laudes y de segundas v\u00ed\u00adsperas).<\/p>\n<p>4. MAR\u00ed\u008dA AL PIE DE LA CRUZ. El apelativo \u00abmujer\u00bb vuelve a aparecer en labios del crucificado, cuando conf\u00ed\u00ada al disc\u00ed\u00adpulo predilecto a Mar\u00ed\u00ada, convertida ahora en la madre de Juan, que como tal la acoge en su vida espiritual (Jua 19:25-27). La Virgen representa a la nueva Jerusal\u00e9n, que acoge a sus hijos reunidos (Isa 60:4). Cristo ha venido a reunir en la Iglesia, que nace de su costado traspasado (cf Jua 19:34), a los hijos dispersos de Dios (Jua 11:52).<\/p>\n<p>5. A LA LUZ DEL APOCALIPSIS. En este libro, que la tradici\u00f3n atribuye a Juan, la \u00abmujer\u00bb revestida de sol que se le aparece en la visi\u00f3n es la madre del mes\u00ed\u00adas y de los que creen en \u00e9l (Apo 12:5-17), como la Si\u00f3n madre que da a luz al mes\u00ed\u00adas y engendra al pueblo mesi\u00e1nico (Isa 66:7-8); es la Iglesia vista en filigrana a trav\u00e9s de Mar\u00ed\u00ada, madre de Cristo seg\u00fan la carne, y espiritualmente esposa suya en cuanto figura de la Iglesia, que en el agua y en el Esp\u00ed\u00adritu hace nacer a los hijos de Dios (Jua 3:5).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., J\u00e9rusalem l&#8217;Unique et l&#8217;Universelle, Par\u00ed\u00ads 1979; AA.VV., Gerusalemme. Atti della XXV Settimana biblica, Paideia, Brescia 1982; AA.VV., La Gerusalemme Celeste, Vita e Pensiero, Mil\u00e1n 1983; BAGATTI B.-TESTA E., Corpus Scriptorum de Ecelesia Matre IV. 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Los t\u00ed\u00adtulos de gloria: a) La ciudad santa, b) Los c\u00e1nticos de Si\u00f3n, e) La ciudad inolvidable; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jerusalension\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJERUSALEN\/SION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17189","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17189","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17189"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17189\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17189"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17189"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17189"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}