{"id":17203,"date":"2016-02-05T11:11:43","date_gmt":"2016-02-05T16:11:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pedro-segunda-carta-de\/"},"modified":"2016-02-05T11:11:43","modified_gmt":"2016-02-05T16:11:43","slug":"pedro-segunda-carta-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pedro-segunda-carta-de\/","title":{"rendered":"PEDRO (SEGUNDA CARTA DE)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Origen hist\u00f3rico de la carta: 1. Una carta discutida; 2. El origen de la carta: a) El autor de la carta, b) La situaci\u00f3n hist\u00f3rica. II. Origen literario: 1. El g\u00e9nero literario y las fuentes; 2. Estructura literaria y tem\u00e1tica de la carta. Ill. El mensaje teol\u00f3gico y espiritual: 1. La cristolog\u00ed\u00ada; 2. Tradici\u00f3n y Escritura; 3. La escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o escrito puesto bajo el nombre de Pedro forma parte del grupo de las cartas cat\u00f3licas. Llama la atenci\u00f3n de los lectores cristianos por su mensaje sobre la inspiraci\u00f3n de la Escritura, la autoridad de las cartas de Pablo y la esperanza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>I. ORIGEN HIST\u00ed\u201cRICO DE LA CARTA. La segunda carta de Pedro plantea algunos problemas por su estilo y por su contenido, que contradicen la atribuci\u00f3n tradicional al ap\u00f3stol.<\/p>\n<p>1. UNA CARTA DISCUTIDA. LOS primeros signos de la existencia de la segunda carta de Pedro se encuentran en Egipto por el siglo ni. En efecto, el papiro Bodmer VIII recoge el texto de la carta en la forma atestiguada sucesivamente por los c\u00f3dices may\u00fasculos Vaticano (B), Sina\u00ed\u00adtico (S) y Alejandrino (A). Del mismo per\u00ed\u00adodo existe tambi\u00e9n una versi\u00f3n copta de la carta. Tambi\u00e9n en Egipto, Or\u00ed\u00adgenes menciona las dos cartas de Pedro (Hom. in Jos. VII, 1). Pero el mismo Or\u00ed\u00adgenes, a prop\u00f3sito de la segunda carta de Pedro, afirma que es discutida: amphib\u00e1lletai (In Joh. V, 3). Ecos de esta incertidumbre sobre la autoridad can\u00f3nica de nuestro escrito se recogen en Eusebio de Cesarea en su Historia eclesi\u00e1stica: \u00abDe Pedro s\u00f3lo se reconoce como aut\u00e9ntica una carta, la llamada primera&#8230; Por el contrario, la llamada segunda carta hemos sabido que no es testamentaria. Sin embargo, como a muchos les parece \u00fatil, ha sido estudiada junto con las otras Escrituras\u00bb (Hist. Ecc. III, 3,1; cf III, 25,3; se coloca la 2Pe entre los escritos antileg\u00f3menoi). Jer\u00f3nimo da un juicio an\u00e1logo: \u00abPedro escribi\u00f3 dos cartas que se llaman cat\u00f3licas; la segunda de ellas es desechada por la mayor parte debido a su diferencia de estilo con la primera\u00bb (De Vir. ill. I). En resumen, puede decirse que esta carta es conocida al menos a partir del siglo n en Egipto y que m\u00e1s tarde, en los siglos Iv y v, fue reconocida y acogida tambi\u00e9n en Occidente. En las Iglesias de Siria, Asia y Capadocia en particular, s\u00f3lo fue acogido este escrito como can\u00f3nico en los siglos v y vi. Esta dificultad de recepci\u00f3n del texto petrino en la lista de los libros sagrados cristianos depende de la incertidumbre que se tuvo sobre su origen \u00abapost\u00f3lico\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL ORIGEN DE LA CARTA. El t\u00ed\u00adtulo de la 2Pe la atribuye expresamente a \u00abSim\u00f3n Pedro, siervo y ap\u00f3stol de Jesucristo\u00bb (2Pe 1:1). Pero las dificultades de la tradici\u00f3n dependen de la constataci\u00f3n de una diversidad de estilo respecto a la primera carta, que se le atribuye igualmente a Pedro. Jer\u00f3nimo, por su parte, resolv\u00ed\u00ada esta dificultad con la introducci\u00f3n de secretarios diversos utilizados por el ap\u00f3stol en el dictado de las dos cartas.<\/p>\n<p>a) El autor de la carta. La identidad petrina del autor, como aparece en el t\u00ed\u00adtulo de la misma, se acent\u00faa fuertemente. Tambi\u00e9n en el interior del escrito se observan algunas referencias a la figura hist\u00f3rica de Pedro: la alusi\u00f3n a su presencia entre los testigos de la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas en el monte (2Pe 1:16); el recuerdo de la primera carta enviada y puesta bajo el nombre de Pedro: \u00abQueridos hermanos, \u00e9sta es la segunda carta que os escribo\u00bb (2Pe 3:1). Pero a pesar de esta identificaci\u00f3n petrina tan marcada del autor se observan notables dificultades para la atribuci\u00f3n del escrito al ap\u00f3stol Pedro. Respecto a la primera carta, puesta bajo el nombre de Pedro, nuestro texto tiene un estilo distinto, que destaca ya en el nivel del vocabulario. En efecto, los dos escritos s\u00f3lo tienen en com\u00fan un centenar de vocablos, contra unos 600 diferentes. Esta diversidad de la terminolog\u00ed\u00ada ata\u00f1e en particular a aquellos vocablos-clave que caracterizan a la estructura teol\u00f3gica de los dos escritos, en relaci\u00f3n con la cristolog\u00ed\u00ada y la escatolog\u00ed\u00ada. Finalmente, nuestro autor se coloca en la segunda generaci\u00f3n (2Pe 3:2-4).<\/p>\n<p>De la observaci\u00f3n de estos datos -estilo, vocabulario, teolog\u00ed\u00ada-nace la hip\u00f3tesis de la pseudoepigraf\u00ed\u00ada. Esta operaci\u00f3n literaria era usual en los ambientes judeo-cristianos del siglo I. La marcada referencia a un personaje importante de la tradici\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el recurso a expedientes para acreditar esta autoridad del texto, entran perfectamente en este procedimiento literario. La finalidad es la de dar una autoridad apost\u00f3lica a un escrito como criterio de verdad contra las tendencias de los disidentes (2Pe 1:12-15).<\/p>\n<p>b) La situaci\u00f3n hist\u00f3rica. A partir del an\u00e1lisis del texto es posible reconstruir a grandes rasgos cu\u00e1l es la ocasi\u00f3n o el objetivo de la carta enviada a los cristianos en nombre y con la autoridad de Pedro. Los destinatarios, que \u00abhan alcanzado una fe no menos preciosa que la nuestra mediante la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo\u00bb (2Pe 1:1b), son cristianos de la segunda o tercera generaci\u00f3n. La finalidad del escrito es ponerlos en guardia frente al riesgo o la amenaza que representaban los disidentes.<\/p>\n<p>Este frente adversario, representado por los \u00abfalsos maestros\u00bb o \u00abfalsos profetas\u00bb, se puede reconstruir s\u00f3lo en hip\u00f3tesis, ya que el texto procede por medio de alusiones vagas y fragmentarias, siguiendo el g\u00e9nero literario de la diatriba o debate, usual en el ambiente greco-helenista. Reuniendo algunos elementos se puede trazar esta imagen del grupo disidente, que ya se ha separado o est\u00e1 en trances de separarse de la comunidad. El fuerte acento que se pone en el \u00abconocimiento\u00bb -tres veces el uso de gn\u00f3sis y cuatro el de ep\u00ed\u00adgn\u00f3sissirve de apoyo a la hip\u00f3tesis de que se trata de un grupo con tendencias pregn\u00f3sticas. Estos cristianos disidentes niegan la escatolog\u00ed\u00ada tradicional, insistiendo m\u00e1s bien en la concepci\u00f3n cosmol\u00f3gica del ambiente grecohelenista (2Pe 3:3-4). En este contexto afirman que no hay nada que esperar para el futuro, como lo demuestra la inmutabilidad del mundo a partir de la creaci\u00f3n. De esta visi\u00f3n cosmol\u00f3gica e hist\u00f3rica se derivan en el plano \u00e9tico las tendencias al libertinaje (2Pe 2:18-19). Para apoyar estas concepciones, que insisten tambi\u00e9n en las especulaciones \u00abm\u00ed\u00adticas\u00bb de tipo esot\u00e9rico (2Pe 1:15), los disidentes recurren a una interpretaci\u00f3n subjetiva y arbitraria de las Escrituras hebreas e incluso de los escritos cristianos puestos bajo el nombre de Pablo (2Pe 3:16).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, cabe pensar que el texto de la segunda carta de Pedro naci\u00f3 de una preocupaci\u00f3n pol\u00e9mica y de la intenci\u00f3n de confirmar a los cristianos fieles.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta todos estos elementos, se puede concebir tambi\u00e9n el ambiente del origen hist\u00f3rico del escrito. Los que destacan la situaci\u00f3n hist\u00f3rica vital que acabamos de mencionar proponen la hip\u00f3tesis de su origen en el Asia Menor. En cambio, los que dan mayor cr\u00e9dito a los primeros testimonios de la existencia y recepci\u00f3n del texto tienden a un origen egipcio alejandrino. El tiempo de composici\u00f3n, siempre sobre la base de estos datos internos y testimonios externos, puede oscilar muy bien entre finales del siglo I y comienzos del II.<\/p>\n<p>II. ORIGEN LITERARIO. No s\u00f3lo el origen hist\u00f3rico, sino tambi\u00e9n la organizaci\u00f3n literaria y la estructura de la 2Pe plantean problemas a un lector atento y familiarizado con los textos de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>1. EL GENERO LITERARIO Y LAS FUENTES. El esquema externo de la 2Pe es de car\u00e1cter epistolar: dedicatoria inicial, con el remitente, los destinatarios y un saludo previo; conclusi\u00f3n de car\u00e1cter doxol\u00f3gico. Pero tras un an\u00e1lisis m\u00e1s atento se advierte la falta del di\u00e1logo epistolar y de la situaci\u00f3n correspondiente. Por el contrario, el texto revela una singular afinidad con el g\u00e9nero literario conocido como \u00abdiscurso de despedida\u00bb, del que se tienen ejemplos en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. La situaci\u00f3n del remitente se menciona expresamente en nuestro texto: \u00abConsidero un deber estimularos con mis exhortaciones mientras habito en esta tienda de campa\u00f1a, que pronto abandonar\u00e9, seg\u00fan me ha manifestado nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Pero me esforzar\u00e9 para que en todo tiempo, despu\u00e9s de mi partida, pod\u00e1is tener presentes estas cosas\u00bb (2Pe 1:13-15). Dentro de este contexto se recuerdan los criterios de verdad y la invitaci\u00f3n urgente a superar la crisis provocada por el retraso del cumplimiento de la promesa escatol\u00f3gica, con el riesgo de ceder a las seducciones de los \u00abfalsos profetas\u00bb y a la relajaci\u00f3n de una larga espera. Por lo que se refiere a las fuentes de 2Pe, hay que notar el paralelismo de algunos temas de nuestro escrito con los de la carta de I Judas, sobre todo en las referencias al AT (2Pe 2:1-3 \/ Jud 1:4; 2Pe 2:4\/ 6; 2Pe 2:10\/ 7; \/8.10). Dado el planteamiento m\u00e1s ordenado y equilibrado en las referencias b\u00ed\u00adblicas por parte de la 2Pe, con el acento particular que se pone en la cuesti\u00f3n del retraso de la parus\u00ed\u00ada, es probable que, aun inspir\u00e1ndose en el modelo de la carta de Judas, la haya integrado con otras aportaciones. En efecto, se observan otros contactos con los escritos ap\u00f3crifos jud\u00ed\u00ados, por una parte, y con los modos de decir y las concepciones greco-helenistas, por otra. En resumen, puede decirse que el escrito de 2Pe se sit\u00faa en una zona fronteriza entre el ambiente cultural griego y el jud\u00ed\u00ado, pero con un sello decididamente cristiano.<\/p>\n<p>2. ESTRUCTURA LITERARIA Y TEM\u00ed\u0081TICA DE LA CARTA. El marco externo del escrito de car\u00e1cter epistolar est\u00e1 constituido por la dedicatoria (2Pe 1:1-2) y por la conclusi\u00f3n doxol\u00f3gica, a\u00f1adida a las dos \u00faltimas exhortaciones (2Pe 3:17-18). En el interior se va desarrollando el discurso en una doble vertiente: poner en guardia a los lectores y exhortarlos. Teniendo en cuenta tanto el g\u00e9nero literario como las acentuaciones tem\u00e1ticas, se puede reconstruir la estructura del texto:<br \/>\n1.\u00c2\u00b0 El estatuto de los cristianos (2Pe 1:3-11). Tras el anuncio del tema (2Pe 1:3; cf 1,8), se recuerda la condici\u00f3n en que se encuentran los cristianos por iniciativa de Dios. Esta primera unidad literaria y tem\u00e1tica se define en dos vers\u00ed\u00adculos, en los cuales se presenta la meta final de la vocaci\u00f3n o elecci\u00f3n divina de los cristianos: \u00abla gloria\u00bb y \u00abel reino de nuestro salvador y Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (2Pe 1:3.10).<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 El criterio de la verdad (2Pe 1:12-21). La perseverancia en el \u00abconocimiento\u00bb o verdad pose\u00ed\u00adda se basa en el discernimiento, que apela a su vez al doble criterio normativo del testimonio apost\u00f3lico por un lado (2Pe 1:12-15), y de la Escritura o palabra prof\u00e9tica por otro (2Pe 1:16-21).<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 Los falsos maestros (2Pe 2:1-22). Esta parte central de la carta es francamente pol\u00e9mica. Va precedida del anuncio de la venida (parous\u00ed\u00ada) del Se\u00f1or (2Pe 2:1-3a); viene luego la proclamaci\u00f3n del juicio cierto de Dios sobre los falsos maestros, con una serie de tres ejemplos b\u00ed\u00adblicos negativos y uno positivo (2Pe 2:3-9); finalmente, se desenmascara a los falsos maestros o profetas a nivel te\u00f3rico-pr\u00e1ctico (2Pe 2:10-22).<\/p>\n<p>4.\u00c2\u00b0 Refutaci\u00f3n de los adversarios y advertencias a los fieles (2Pe 3:1-16). Tambi\u00e9n esta parte final se desarrolla con un cierto orden progresivo; despu\u00e9s de la introducci\u00f3n, que recuerda a los cristianos las verdades mencionadas (2Pe 3:1-2), viene la refutaci\u00f3n de los falsos maestros en su negaci\u00f3n de la parous\u00ed\u00ada y del juicio de Dios (2Pe 3:3-7) y la proposici\u00f3n de los argumentos contrarios, con las consecuencias \u00e9ticas positivas (2Pe 3:8-16).<\/p>\n<p>III. EL MENSAJE TEOL\u00ed\u201cGICO Y ESPIRITUAL. La preocupaci\u00f3n del escrito no le impide recordar, como criterios y motivaciones de las exhortaciones positivas, algunos elementos tradicionales de la fe cristiana.<\/p>\n<p>1. LA CRISTOLOG\u00ed\u008dA. En la carta, puesta bajo la autoridad de Pedro, se presenta a Jes\u00fas con los t\u00ed\u00adtulos tradicionales de Se\u00f1or y como el \u00abHijo\u00bb, que ha recibido del Padre el testimonio sobre el monte santo (2Pe 1:17; cf Mat 17:5). Pero el t\u00ed\u00adtulo cristol\u00f3gico preferido por nuestro autor es el de \u00absalvador\u00bb (griego, s\u00f3t\u00e9r), que aparece al menos cuatro veces. Esta profesi\u00f3n de fe tradicional en Jesucristo, reconocido como salvador y esperado al final como juez y Se\u00f1or de la historia y del mundo, se presenta como el conocimiento aut\u00e9ntico, que ha de mantenerse y profundizarse en un camino perseverante y seguro. El saludo inicial traza ya este recorrido cristol\u00f3gico de la fe cristiana: \u00ab\u00c2\u00a1La gracia y la paz abunde en vosotros mediante el conocimiento de Dios y Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or!\u00bb (2Pe 1:2).<\/p>\n<p>2. TRADICI\u00ed\u201cN Y ESCRITURA. El criterio para definir esta fe, que tiene su punto central en Jes\u00fas Se\u00f1or y Salvador, est\u00e1 sacado de la tradici\u00f3n autorizada, que tiene dos puntos de referencia: la voz de los profetas y el testimonio de los ap\u00f3stoles. En contra de la doctrina y de la praxis divergente de los falsos maestros, nuestro autor introduce este criterio de verdad o de conocimiento cristiano: \u00abRecordad las palabras que os anunciaron los santos profetas y el mandamiento del Se\u00f1or y salvador transmitido por vuestros ap\u00f3stoles\u00bb (2Pe 3:2). Pero respecto a la tradici\u00f3n prof\u00e9tica y la apost\u00f3lica se plantea el problema de su interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica. En este sentido, el autor de 2Pe afirma no s\u00f3lo el valor prof\u00e9tico del AT, de las Escrituras sagradas, sino tambi\u00e9n su eficacia en virtud de la inspiraci\u00f3n. Los profetas reciben su confirmaci\u00f3n del testimonio apost\u00f3lico, pero su interpretaci\u00f3n debe hacerse en el mismo esp\u00ed\u00adritu que est\u00e1 en su origen: \u00abAnte todo sabed que ninguna profec\u00ed\u00ada de la Escritura es objeto de interpretaci\u00f3n personal, pues los profetas nunca hablaron por su propia cuenta, sino que hablaron de parte de Dios movidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (2Pe 1:20-21). Este criterio hermen\u00e9utico est\u00e1 sacado de la naturaleza misma de la inspiraci\u00f3n, que a su vez hunde sus ra\u00ed\u00adces en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, en particular la alejandrina. Pero el AT tiene que leerse en la perspectiva cristiana, o mejor dicho cristol\u00f3gica. Aunque el m\u00e9todo exeg\u00e9tico de tipo midr\u00e1sico est\u00e9 sacado del ambiente jud\u00ed\u00ado, el nuevo punto de perspectiva para leer las Escrituras del canon hebreo es su cumplimiento cristol\u00f3gico. Tambi\u00e9n para las cartas de Pablo vale el mismo principio hermen\u00e9utico. Nuestro autor da un testimonio importante sobre la formaci\u00f3n del canon cristiano en relaci\u00f3n con la colecci\u00f3n de cartas de Pablo que las equipara con las dem\u00e1s Escrituras. Pero tambi\u00e9n en este caso, en contra del uso instrumental o reductivo de los escritos paulinos por parte de los disidentes, el autor invita a los lectores cristianos a un uso correcto de las Escrituras: \u00abTened en cuenta que la paciencia de nuestro Se\u00f1or es nuestra salvaci\u00f3n, como ya os lo escribi\u00f3 nuestro querid\u00ed\u00adsimo hermano Pablo, con la sabidur\u00ed\u00ada que Dios le ha dado; de hecho, as\u00ed\u00ad se expresa en todas las cartas cuando trata de este tema. Es cierto que en \u00e9stas se encuentran algunos puntos dif\u00ed\u00adciles, que los ignorantes e inestables tergiversan para su propia perdici\u00f3n, lo mismo que hacen con el resto de la Sagrada Escritura\u00bb (2Pe 3:15-16). Por consiguiente, el criterio interpretativo es el de la coherencia con la tradici\u00f3n y la fe com\u00fan, atestiguada y vivida en la comunidad creyente; y \u00e9stos son precisamente los principios hermen\u00e9uticos que propone la constituci\u00f3n conciliar Dei Verbum (n.12) para interpretar la Escritura en el mismo esp\u00ed\u00adritu con que fue compuesta.<\/p>\n<p>3. LA ESCATOLOG\u00ed\u008dA. Contra la tendencia de los disidentes, que niegan la venida del Se\u00f1or sobre la base de sus teor\u00ed\u00adas cosmol\u00f3gicas, el autor de la 2Pe invita a los cristianos a permanecer firmes y s\u00f3lidos en la fe tradicional. El retraso, o mejor dicho, la dilaci\u00f3n de la parous\u00ed\u00ada puede provocar una crisis de perseverancia y de confianza, explotada por los propagandistas gnostizantes, que insisten en la desilusi\u00f3n y en el cansancio espiritual. El fundamento de la esperanza escatol\u00f3gica cristiana sigue siendo la palabra prof\u00e9tica y la gloria de Jes\u00fas Se\u00f1or, que ha recibido de Dios el testimonio expl\u00ed\u00adcito transmitido por los ap\u00f3stoles. Toda la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica confirma la certeza del juicio de Dios y encuentra su cumplimiento en la experiencia cristiana. El retraso de la llegada del Se\u00f1or no contradice a la palabra de Dios, sino que tiene una funci\u00f3n pedag\u00f3gica salv\u00ed\u00adfica: \u00abQueridos hermanos, no deb\u00e9is olvidar una cosa: que un d\u00ed\u00ada es ante Dios como mil a\u00f1os, y mil a\u00f1os como un d\u00ed\u00ada. El Se\u00f1or no retarda el cumplimiento de la promesa, como creen algunos que le acusan de tardanza, sino que usa de paciencia con vosotros, pues no quiere que nadie perezca, sino que todos alcancen el arrepentimiento\u00bb (2Pe 3:8-9). De aqu\u00ed\u00ad la invitaci\u00f3n a la perseverancia activa y coherente en la espera de la parous\u00ed\u00ada, que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, vendr\u00e1 de improviso, como un ladr\u00f3n; pero para los que est\u00e1n dispuestos de antemano es motivo de aliento y de confianza activa: \u00abAcelerad la venida del d\u00ed\u00ada de Dios&#8230; Seg\u00fan su promesa, nosotros esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que reinar\u00e1 la justicia\u00bb (2Pe 3:12.13). As\u00ed\u00ad pues, los cristianos, que por iniciativa gratuita de Dios \u00abparticipan\u00bb de su misma naturaleza (2Pe 1:4), tienen que progresar en el conocimiento aut\u00e9ntico de una fe que desemboca en la caridad (2Pe 1:5.7); viviendo con piedad e integridad, se preparan para entrar en el reino de Dios con un estilo de vida basado en la fe y caracterizado por la caridad fraterna.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el escrito del NT que lleva el nombre y la autoridad de Pedro, aun dentro de su preocupaci\u00f3n pol\u00e9mica, propone a los cristianos de todos los tiempos las razones de una fe madura, sin huidas escatol\u00f3gicas ni reducciones mundanas.<\/p>\n<p>BIBL: BALZ U., SCHRAGE W., Le lettere cattoliche. Le lettere di Giacomo, Pietro, Giovanni e Giuda, Paideia, Brescia 1976; BIGG C., Epistles of St. Peter and St. Jude, T. &#038; T. Clark, Edimburgo 1901; CANTINAT J., La segunda ep\u00ed\u00adstola de san Pedro, en A. 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Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>2P 1-3<br \/>\nSumario: 1. Origen hist\u00f3rico de la carta: 1. Una carta discutida; 2. El origen de la carta: a) El autor de la<br \/>\ncarta, b) La situaci\u00f3n hist\u00f3rica. II. Origen \u00c2\u00a1iterarlo: 1. El g\u00e9nero literario y las fuentes; 2. Estructura literaria<br \/>\ny tem\u00e1tica de la carta. III. El mensaje teol\u00f3gico y espiritual: 1. La cristolog\u00ed\u00ada; 2. Tradici\u00f3n y Escritura; 3. La<br \/>\nescatoiog \u00ed\u00ada.<br \/>\nEl peque\u00f1o escrito puesto bajo el nombre de Pedro forma parte del grupo de las cartas cat\u00f3licas. Llama la atenci\u00f3n de los lectores cristianos por su mensaje sobre la inspiraci\u00f3n de la Escritura, la autoridad de las cartas de Pablo y la esperanza esca-tol\u00f3gica.<br \/>\n2511<br \/>\n1. ORIGEN HISTORICO DE LA CARTA.<br \/>\nLa segunda carta de Pedro plantea algunos problemas por su estilo y por su contenido, que contradicen la atribuci\u00f3n tradicional al ap\u00f3stol.<br \/>\n2512<br \/>\n1. Una carta discutida.<br \/>\nLos primeros signos de la existencia de la segunda carta de Pedro se encuentran en Egipto por el siglo m. En efecto, el papiro Bodmer VIII recoge el texto de la carta en la forma atestiguada sucesivamente por los c\u00f3dices may\u00fasculos Vaticano (B), Sina\u00ed\u00ad-tico (S) y Alejandrino (A). Del mismo per\u00ed\u00adodo existe tambi\u00e9n una versi\u00f3n copta de la carta. Tambi\u00e9n en Egipto, Or\u00ed\u00adgenes menci\u00f3nalas dos cartas de Pedro (Hom. in Jos. VII, 1). Pero el mismo Or\u00ed\u00adgenes, a prop\u00f3sito de la segunda carta de Pedro, afirma que es discutida:<br \/>\namphiballe-tai (In Joh. V, 3). Ecos de esta incer-tidumbre sobre la autoridad can\u00f3nica de nuestro escrito se recogen en Eusebio de Ces\u00e1rea en su Historia eclesi\u00e1stica: \u2020\u0153De Pedro s\u00f3lo se reconoce como aut\u00e9ntica una carta, la llamada primera&#8230; Por el contrario, la llamada segunda carta hemos sabido que no es testamentaria. Sin embargo, como a muchos les parece \u00fatil, ha sido estudiada junto con las otras Escrituras\u2020\u009d (7\/\u2020\u009d Ecc. III, 3,1; cf III, 25,3; se coloca la 2P entre los escritos antlleg\u00f3menoi). Jer\u00f3nimo da un juicio an\u00e1logo: \u2020\u0153Pedro escribi\u00f3 dos cartas que se llaman cat\u00f3licas; la segunda de ellas es desechada por la mayor parte debido a su diferencia de estilo con la primera\u2020\u009d (De Vir. ilI. 1). En resumen, puede decirse que esta carta es conocida al menos a partir del siglo II en Egipto y que m\u00e1s tarde, en los siglos iv y y, fue reconocida y acogida tambi\u00e9n en Occidente. En las Iglesias de Siria, Asia y Capa-docia en particular, s\u00f3lo fue acogido este escrito como can\u00f3nico en los siglos ? y vi. Esta dificultad de recepci\u00f3n del texto petrino en la lista de los libros sagrados cristianos depende de la incertidumbre que se tuvo sobre su origen \u2020\u0153apost\u00f3lico\u2020\u009d.<br \/>\n2513<br \/>\n2. El origen de la carta.<br \/>\nEl t\u00ed\u00adtulo de la 2P la atribuye expresamente a \u2020\u0153Sim\u00f3n Pedro, siervo y ap\u00f3stol de Jesucristo\u2020\u009d (2P 1,1). Pero las dificultades de la tradici\u00f3n dependen de la constataci\u00f3n de una diversidad de estilo respecto a la primera carta, que se le atribuye igualmente a Pedro. Jer\u00f3nimo, por su parte, resolv\u00ed\u00ada esta dificultad con la introducci\u00f3n de secretarios diversos utilizados por el ap\u00f3stol en el dictado de las dos cartas.<br \/>\n2514<br \/>\na) El autor de la carta.<br \/>\nLa identidad petrina del autor, como aparece en el t\u00ed\u00adtulo de la misma, se acent\u00faa fuertemente. Tambi\u00e9n en el interior del escrito se observan algunas referencias a la figura hist\u00f3rica de Pedro: la alusi\u00f3n a su presencia entre los testigos de la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas en el monte (2P 1,16); el recuerdo de la primera carta enviada y puesta bajo el nombre de Pedro: \u2020\u0153Queridos hermanos, \u00e9sta es la segunda carta que os escribo\u2020\u009d (2P 3,1). Pero a pesar de esta identificaci\u00f3n petrina tan marcada del autor se observan notables dificultades para la atribuci\u00f3n del escrito al ap\u00f3stol Pedro. Respecto a la primera carta, puesta bajo el nombre de Pedro, nuestro texto tiene un estilo distinto, que destaca ya en el nivel del vocabulario. En efecto, los dos escritos s\u00f3lo tienen en com\u00fan un centenar de vocablos, contra unos 600 diferentes. Esta diversidad de la terminolog\u00ed\u00ada ata\u00f1e en particular a aquellos vocablos-clave que caracterizan a la estructura teol\u00f3gica de los dos escritos, en relaci\u00f3n con la cristolog\u00ed\u00ada y la escatolog\u00ed\u00ada. Finalmente, nuestro autor se coloca en la segunda generaci\u00f3n (2P 3,2-4).<br \/>\nDe la observaci\u00f3n de estos datos -estilo, vocabulario, teolog\u00ed\u00ada- nace la hip\u00f3tesis de la pseudoepigra-f\u00ed\u00ada. Esta operaci\u00f3n literaria era usual en los ambientes judeo-cristianos del siglo i. La marcada referencia a un personaje importante de la tradici\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el recurso a expedientes para acreditar esta autoridad del texto, entran perfectamente en este procedimiento literario. La finalidad es la de dar una autoridad apost\u00f3lica a un escrito como criterio de verdad contra las tendencias de los disidentes (2P 1,12-15).<br \/>\n2515<br \/>\nb) La situaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>A partir del an\u00e1lisis del texto es posible reconstruir a grandes rasgos cu\u00e1l es la ocasi\u00f3n o el objetivo de la carta enviada a los cristianos en nombre y con la autoridad de Pedro. Los destinatarios, que \u2020\u0153han alcanzado una fe no menos preciosa que la nuestra mediante la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo\u2020\u009d (2P 1,1), son cristianos de la segunda o tercera generaci\u00f3n. La finalidad del escrito es ponerlos en guardia frente al riesgo o la amenaza que representaban los disidentes.<br \/>\nEste frente adversario, representado por los \u2020\u0153falsos maestros \u2020\u0153o \u2020\u0153falsos profetas\u2020\u009d, se puede reconstruir s\u00f3lo en hip\u00f3tesis, ya que el texto procede por medio de alusiones vagas y fragmentarias, siguiendo el g\u00e9nero literario de la diatriba o debate, usual en el ambiente greco-helenista. Reuniendo algunos elementos se puede trazar esta imagen del grupo disidente, que ya se ha separado o est\u00e1 en trances de separarse de la comunidad. El fuerte acento que se pone en el \u2020\u0153conocimiento\u2020\u009d -tres veces el uso de gn\u00f3sis y cuatro el de ep\u00ed\u00adgn\u00f3sis- sirve de apoyo a la hip\u00f3tesis de que se trata de un grupo con tendencias pregn\u00f3sticas. Estos cristianos disidentes niegan la escatolog\u00ed\u00ada tradicional, insistiendo m\u00e1s bien en la concepci\u00f3n cosmol\u00f3gica del ambiente greco-helenista (2P 3,3-4). En este contexto afirman que no hay nada que esperar para el futuro, como lo demuestra la inmutabilidad del mundo a partir de la creaci\u00f3n. De esta visi\u00f3n cosmol\u00f3gica e hist\u00f3rica se derivan en el plano \u00e9tico las tendencias al libertinaje (2P 2,18-19). Para apoyar estas concepciones, que insisten tambi\u00e9n en las especulaciones \u2020\u0153m\u00ed\u00adticas\u2020\u009d de tipo esot\u00e9rico 2P 1,15), los disidentes recurren a una interpretaci\u00f3n subjetiva y arbitraria de las Escrituras hebreas e incluso de los escritos cristianos puestos bajo el nombre de Pablo (2P 3,16).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, cabe pensar que el texto de la segunda carta de Pedro naci\u00f3 de una preocupaci\u00f3n pol\u00e9mica y de la intenci\u00f3n de confirmar a los cristianos fieles.<br \/>\nTeniendo en cuenta todos estos elementos, se puede concebir tambi\u00e9n el ambiente del origen hist\u00f3rico del escrito. Los que destacan la situaci\u00f3n hist\u00f3rica vital que acabamos de mencionar proponen la hip\u00f3tesis de su origen en el Asia Menor. En cambio, los que dan mayor cr\u00e9dito a los primeros testimonios de la existencia y recepci\u00f3n del texto tienden a un origen egipcio alejandrino. El tiempo de composici\u00f3n, siempre sobre la base de estos datos internos y testimonios externos, puede oscilar muy bien entre finales del siglo 1 y comienzos del II.<br \/>\n2516<br \/>\nII. ORIGEN LITERARIO.<br \/>\nNo s\u00f3lo el origen hist\u00f3rico, sino tambi\u00e9n la organizaci\u00f3n literaria y la estructura de la 2P plantean problemas a un lector atento y familiarizado con los textos de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<br \/>\n1. El g\u00e9nero literario y las fuentes.<br \/>\nEl esquema externo de la 2P es de car\u00e1cter epistolar: dedicatoria inicial, con el remitente, los destinatarios y un saludo previo; conclusi\u00f3n de car\u00e1cter doxol\u00f3gico. Pero tras un an\u00e1lisis m\u00e1s atento se advierte la falta del di\u00e1logo epistolar y de la situaci\u00f3n correspondiente. Por el contrario, el texto revela una singular afinidad con el g\u00e9nero literario conocido como \u2020\u0153discurso de despedida\u2020\u009d, del que se tienen ejemplos en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica. La situaci\u00f3n del remitente se menciona expresamente en nuestro texto:<br \/>\n\u2020\u0153Considero un deber estimularos con mis exhortaciones mientras habito en esta tienda de campa\u00f1a, que pronto abandonar\u00e9, seg\u00fan me ha manifestado nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Pero me esforzar\u00e9 para que en todo tiempo, despu\u00e9s de mi partida, pod\u00e1is tener presentes estas cosas\u2020\u009d (2P 1,13-15). Dentro de este contexto se recuerdan los criterios de verdad y la invitaci\u00f3n urgente a superar la crisis provocada por el retraso del cumplimiento de la promesa es-catol\u00f3gica, con el riesgo de ceder a las seducciones de los \u2020\u0153falsos profetas\u2020\u009d y a la relajaci\u00f3n de una larga espera. Por lo que se refiere a las fuentes de 2P, hay que notar el paralelismo de algunos temas de nuestro escrito con los de la carta de \/ Judas, sobre todo en las referencias aIAT(2Pe2,1-3\/Jds4;2,416;2,1017; 2,11-2\/8.10). Dado el planteamiento m\u00e1s ordenado y equilibrado en las referencias b\u00ed\u00adblicas por parte de la 2P, con el acento particular que se pone en la cuesti\u00f3n del retraso de la parus\u00ed\u00ada, es probable que, aun inspir\u00e1ndose en el modelo de la carta de Judas, la haya integrado con otras aportaciones. En efecto, se observan otros contactos con los escritos ap\u00f3crifos jud\u00ed\u00ados, por una parte, y con los modos de decir y las concepciones greco-helenistas, por otra. En resumen, puede decirse que el escrito de 2P se sit\u00faa en una zona fronteriza entre el ambiente cultural griego y el jud\u00ed\u00ado, pero con un sello decididamente cristiano.<br \/>\n2517<br \/>\n2. Estructura literaria y tem\u00e1tica DE la CARTA.<\/p>\n<p>El marco externo del escrito de car\u00e1cter epistolar est\u00e1 constituido por la dedicatoria (2P 1,1-2) y por la conclusi\u00f3n doxo-l\u00f3gica, a\u00f1adida a las dos \u00faltimas exhortaciones (2P 3,17-18). En el interior se va desarrollando el discurso en una doble vertiente: poner en guardia a los lectores y exhortarlos. Teniendo en cuenta tanto el g\u00e9nero literario como las acentuaciones tem\u00e1ticas, se puede reconstruir la estructura del texto:<br \/>\n2518<br \/>\nl.\u00c2\u00b0 El estatuto de los cristianos (2P 1,3-11). Tras el anuncio del tema (1,3; cf 1,8), se recuerda la condici\u00f3n en que se encuentran los cristianos por iniciativa de Dios. Esta primera unidad literaria y tem\u00e1tica se define en dos vers\u00ed\u00adculos, en los cuales se presenta la meta final de la vocaci\u00f3n o elecci\u00f3n divina de los cristianos: \u2020\u0153la gloria\u2020\u009dy \u2020\u0153el reino de nuestro salvador y Se\u00f1or Jesucristo\u2020\u009d (2P 1,3; 2P 1,10).<br \/>\n2519<br \/>\n2.\u00c2\u00b0 El criterio de la verdad (2P 1,12-21). La perseverancia en el \u2020\u0153conocimiento\u2020\u009d o verdad pose\u00ed\u00adda se basa<br \/>\nen el discernimiento, que apela a su vez al doble criterio normativo del testimonio apost\u00f3lico por un lado<br \/>\n(1,12-15), yde la Escritura o palabra prof\u00e9tica por otro (1,16-21).<br \/>\n2520<br \/>\n3.\u00c2\u00b0 Los falsos maestros (2P 2,1-22). Esta parte central de la carta es francamente pol\u00e9mica. Va precedida<br \/>\ndel anuncio de la venida (parous\u00ed\u00ada) del Se\u00f1or (2,1 -3a); viene luego la proclamaci\u00f3n del juicio cierto de<br \/>\nDios sobre los falsos maestros, con una serie de tres ejemplos b\u00ed\u00adblicos negativos y uno positivo (2,3-9);<br \/>\nfinalmente, se desenmascara a los falsos maestros o profetas a nivel te\u00f3rico-pr\u00e1ctico (2,10-22).<br \/>\n2521<br \/>\n4.\u00c2\u00b0 Refutaci\u00f3n de los adversarios y advertencias a los fieles (2P 3,1-16). Tambi\u00e9n esta parte final se desarrolla con un cierto orden progresivo; despu\u00e9s de la introducci\u00f3n, que recuerda a los cristianos las verdades mencionadas (3,1-2), viene la refutaci\u00f3n de los falsos maestros en su negaci\u00f3n de la parous\u00ed\u00ada y del juicio de Dios (3,3-7) y la proposici\u00f3n de los argumentos contrarios, con las consecuencias \u00e9ticas positivas (3,8-16).<br \/>\n2522<br \/>\nIII. EL MENSAJE TEOLOGico Y ESPIRITUAL.<br \/>\nLa preocupaci\u00f3n del escrito no le impide recordar, como criterios y motivaciones de las exhortaciones positivas, algunos elementos tradicionales de la fe cristiana.<br \/>\n2523<br \/>\n1. La cristolog\u00ed\u00ada. En la carta, puesta bajo la autoridad de Pedro, se presenta a Jes\u00fas con los t\u00ed\u00adtulos tradicionales de Se\u00f1or y como el \u2020\u0153Hijo\u2020\u009d, que ha recibido del Padre el testimonio sobre el monte santo 2P 1,17; Mt 17,5). Pero el t\u00ed\u00adtulo cristol\u00f3gi-co preferido por nuestro autor es el de \u2020\u0153salvador\u2020\u009d (griego, soter), que aparece al menos cuatro veces. Esta profesi\u00f3n de fe tradicional en Jesucristo, reconocido como salvador y esperado al final como juez y Se\u00f1or de la historia y del mundo, se presenta como el conocimiento aut\u00e9ntico, que ha de mantenerse y profundizarse en un camino perseverante y seguro. El saludo inicial traza ya este recorrido cristol\u00f3gico de la fe cristiana: \u2020\u0153iLa gracia y la paz abunde en vosotros mediante el conocimiento de Dios y Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or!\u2020\u009d (2P 1,2).<br \/>\n2524<br \/>\n2. Tradici\u00f3n y Escritura.<br \/>\nEl criterio para definir esta fe, que tiene su punto central en Jes\u00fas Se\u00f1or y Salvador, est\u00e1 sacado de la tradici\u00f3n autorizada, que tiene dos puntos de referencia: la voz de los profetas y el testimonio de los ap\u00f3stoles. En contra de la doctrina y de la praxis divergente de los falsos maestros, nuestro autor introduce este criterio de verdad o de conocimiento cristiano: \u2020\u0153Recordad las palabras que os anunciaron los santos profetas y el mandamiento del Se\u00f1or y salvador transmitido por vuestros ap\u00f3stoles\u2020\u2122 (2P 3,2). Pero respecto a Ja tradici\u00f3n prof\u00e9tica y la apost\u00f3lica se plantea el problema de su interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica. En este sentido, el autor de 2P afirma no s\u00f3lo el valor prof\u00e9tico del AT, de las Escrituras sagradas, sino tambi\u00e9n su eficacia en virtud de la inspiraci\u00f3n. Los profetas reciben su confirmaci\u00f3n del testimonio apost\u00f3lico, pero su interpretaci\u00f3n debe hacerse en el mismo esp\u00ed\u00adritu que est\u00e1 en su origen: \u2020\u0153Ante todo sabed que ninguna profec\u00ed\u00ada de la Escritura es objeto de interpretaci\u00f3n personal, pues los profetas nunca hablaron por su propia cuenta, sino que hablaron de parte de Dios movidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u2122 2P 1,20-21). Este criterio hermen\u00e9utico est\u00e1 sacado de la naturaleza misma de la inspiraci\u00f3n, que a su vez hunde sus ra\u00ed\u00adces en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, en particular la alejandrina. Pero el AT tiene que leerse en la perspectiva cristiana, o mejor dicho cristol\u00f3gica. Aunque el m\u00e9todo exeg\u00e9ti-co de tipo midr\u00e1sico est\u00e9 sacado del ambiente jud\u00ed\u00ado, el nuevo punto de perspectiva para leer las Escrituras del canon hebreo es su cumplimiento cristol\u00f3gico. Tambi\u00e9n para las cartas de Pablo vale el mismo principio hermen\u00e9utico. Nuestro autor da un testimonio importante sobre la formaci\u00f3n del canon cristiano en relaci\u00f3n con la colecci\u00f3n de cartas de Pablo que las equipara con las dem\u00e1s Escrituras. Pero tambi\u00e9n en este caso, en contra del uso instrumental o reduc-tivo de los escritos paulinos por parte de los disidentes, el autor invita a los lectores cristianos a un uso correcto de las Escrituras: \u2020\u0153Tened en cuenta que la paciencia de nuestro Se\u00f1or es nuestra salvaci\u00f3n, como ya os lo escribi\u00f3 nuestro querid\u00ed\u00adsimo hermano Pablo, con la sabidur\u00ed\u00ada que Dios le ha dado; de hecho, as\u00ed\u00ad se expresa en todas las cartas cuando trata de este tema. Es cierto que en \u00e9stas se encuentran algunos puntos dif\u00ed\u00adciles, que los ignorantes e inestables tergiversan para su propia perdici\u00f3n, lo mismo que hacen con el resto de la Sagrada Escritura\u2020\u009d (2P 3,15-16). Por consiguiente, el criterio interpretativo es el de la coherencia con la tradici\u00f3n y la fe com\u00fan, atestiguada y vivida en la comunidad creyente; y \u00e9stos son precisamente los principios hermen\u00e9uticos que propone la constituci\u00f3n conciliar Dei Verbum (n.12) para interpretar la Escritura en el mismo esp\u00ed\u00adritu con que fue compuesta.<br \/>\n2525<br \/>\n3. La escatolog\u00ed\u00ada. Contra la tendencia de los disidentes, que niegan la venida del Se\u00f1or sobre la base de sus teor\u00ed\u00adas cosmol\u00f3gicas, el autor de la 2P invita a los cristianos a permanecer firmes y s\u00f3lidos en la fe tradicional. El retraso, o mejor dicho, la dilaci\u00f3n de la parous\u00ed\u00ada puede provocar una crisis de perseverancia y de confianza, explotada por los propagandistas gnostizantes, que insisten en la desilusi\u00f3n y en el cansancio espiritual. El fundamento de la esperanza escatol\u00f3gica cristiana sigue siendo la palabra prof\u00e9tica y la gloria de Jes\u00fas Se\u00f1or, que ha recibido de Dios el testimonio expl\u00ed\u00adcito transmitido por los ap\u00f3stoles. Toda la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica confirma la certeza del juicio de Dios y encuentra su cumplimiento en la experiencia cristiana. El retraso de la llegada del Se\u00f1or no contradice a la palabra dp Dios, sino que tiene una funci\u00f3n pedag\u00f3gica salv\u00ed\u00adfica: \u2020\u0153Queridos hermanos, no deb\u00e9is olvidar una cosa: que un d\u00ed\u00ada es ante Dios como mil a\u00f1os, y mil a\u00f1os como un d\u00ed\u00ada. El Se\u00f1or no retarda el cumplimiento de la promesa, como creen algunos que le acusan de tardanza, sino que usa de paciencia con vosotros, pues no quiere que nadie perezca, sino que todos alcancen el arrepentimiento\u2020\u009d (2P 3,8-9). De aqu\u00ed\u00ad la invitaci\u00f3n a la perseverancia activa y coherente en la espera de la parous\u00ed\u00ada, que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, vendr\u00e1 de improviso, como un ladr\u00f3n; pero para los que est\u00e1n dispuestos de antemano es motivo de aliento y de confianza activa: \u2020\u0153Acelerad la venida del d\u00ed\u00ada de Dios&#8230; Seg\u00fan su promesa, nosotros esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que reinar\u00e1 la justicia\u2020\u009d (2P 3,12; 2P 3,13). As\u00ed\u00ad pues, los cristianos, que por iniciativa gratuita de Dios \u2020\u0153participan\u2020\u009d de su misma naturaleza (2P 1,4), tienen que progresaren el conocimiento aut\u00e9ntico de una fe que desemboca en la caridad (2P 1,5; 2P 1,7); viviendo con piedad e integridad, se preparan para entrar en el reino de Dios con un estilo de vida basado en la fe y caracterizado por la caridad fraterna.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, el escrito del NT que lleva el nombre y la autoridad de Pedro, aun dentro de su preocupaci\u00f3n pol\u00e9mica, propone a los cristianos de todos los tiempos las razones de una fe madura, sin huidas escatol\u00f3gicas ni reducciones mundanas.<br \/>\n2526<br \/>\nBIBL: BaIz U., Schrage W., Le lettere catto-liche. Le lettere di Giacomo, Pietro, Giovanni e Giuda,<br \/>\nPaideia, Brescia 1976; Bigg C, Episties ofSt. Peter and Si. Jude, T. &#038; T. Clark, Edimburgo 1901; Cantinat<br \/>\nJ., La segunda ep\u00ed\u00adstola de san Pedro, en A. 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Die Briefe des Jakobus, Petrus und Johannes,<br \/>\nVandenhoeck&#038; Ruprecht, Gotinga 196710; Sidebottom E.M., James, Judes and 2 Peter, Nelson,<br \/>\nEdimburgo-Londres 1967; Spicq C, San Pietro. La seconda lettera, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1971; Stoger ?., La letiera di Giuda e seconda Iettera di Pietro, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1964; Talbert C.H., II Peterandthe Delay of the Parousia, en \u2020\u0153Vigiliae Christia-nae\u2020\u009d20(1966)137-145; Testa E., La distruzione del mondo per Hfuoco nella 2 Ep. di S. Pietro 3,7.10.13, en \u2020\u0153RBit\u2020\u009d 10 (1962)252-281; Vanni U., Lettere di Pietro, Giacomo, Giuda, Ed. Pao-line, Roma 19843; Von Alimen D., L\u2020\u2122apocalyp-tiquejuive elle retar\u00e1 de laparousie en II Pierre 3,1- 13, en \u2020\u0153RTP\u2020\u009d (1966) 255-274; Woods G.N., A Commentaryon the NTEpistles of Peter, John andJude, Gospel Adv\u00f3cate, Nashville 1976.<br \/>\nR. Fabris<br \/>\n2527<br \/>\nPENTATEUCO<br \/>\nSumario: 1. Cinco rollos. II. La hip\u00f3tesis de los documentos. III. Historia de las formas. IV. Historia de la<br \/>\ntradici\u00f3n. V. La crisis actual. VI. Hacia nuevas s\u00ed\u00adntesis. Vil. Historia y teolog\u00ed\u00ada\u2020\u009d. Teolog\u00ed\u00ada del yahvista; 2.<br \/>\nTeolog\u00ed\u00ada del elo-h\u00ed\u00adsta;3. Teolog\u00ed\u00ada del Deuteronomio; 4. Teolog\u00ed\u00ada del sacerdotal. VIII. \u00bfTeolog\u00ed\u00ada del<br \/>\nPentateuco? IX. Historia cre\u00ed\u00adda e historia real.<br \/>\n2528<br \/>\n1. CINCO ROLLOS.<br \/>\nLos cinco primeros libros de la Biblia (G\u00e9nesis, Exodo, Lev\u00ed\u00adtico, N\u00fameros, Deuteronomio) fueron considerados como una unidad en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y designados como t\u00f3rah. En la tradici\u00f3n cristiana, con una palabra derivada del griego, han sido llamados Pentateuco, que significa \u2020\u0153(libro en) cinco vol\u00famenes\u2020\u009d. Hoy, en la jerga de los exegetas, Pentateuco es el t\u00e9rmino com\u00fan con que se designa esta parte de la Biblia hebrea.<br \/>\nEste Diccionario dedica una voz a cada uno de estos libros. En efecto, cada uno tiene caracter\u00ed\u00adsticas propias, tanto desde el punto de vista literario como teol\u00f3gico. Aqu\u00ed\u00ad suponemos que el lector conoce por estas voces todo lo que ata\u00f1e a cada libro, y nos ocuparemos m\u00e1s bien del problema del Pentateuco, es decir, de las relaciones mutuas entre los diversos libros y del significado teol\u00f3gico de la colecci\u00f3n.<br \/>\n2529<br \/>\nII. LA HIPOTESIS DE LOS DOCUMENTOS.<br \/>\nDurante cerca de mil quinientos a\u00f1os la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y cristiana ley\u00f3 el Pentateuco como obra escrita sustancialmente por Mois\u00e9s y como \u2020\u0153Historia\u2020\u009d -entendida de diversas formas- de los acontecimientos fundamentales desde la creaci\u00f3n hasta la muerte del propio Mois\u00e9s.<br \/>\nEn el 1520 A. Bodenstein von Karlstadt, en la obra De canonicis Scripturis, fue el primer cr\u00ed\u00adtico de la \u00e9poca moderna que sostuvo \u2020\u0153defend\u00ed\u00ad posse Mosen non fuisse scriptorem quinqu\u00e9 librorum\u2020\u009d; esto le pareci\u00f3 al fil\u00f3sofo B. Spinoza, autor del c\u00e9lebre Tractatustheologico-politicus en 1670, tan claro como el sol: \u2020\u0153Luce meridiana clarius apparet Pentateu-chum non a Mose&#8230; scriptum fuisse\u2020\u009d.<br \/>\nDesde entonces empez\u00f3 a ser cada vez m\u00e1s discutida la autenticidad mosaica del Pentateuco, hasta llegar a atribuir su composici\u00f3n a Esdras. Incluso el cat\u00f3lico R. Sim\u00f3n (1638-1712), oratoriano franc\u00e9s, se atrevi\u00f3 a sostener que Mois\u00e9s no fue el autor del Pentateuco; pero su tesis escandaliz\u00f3 a Bossuet, uno de los m\u00e1s eminentes te\u00f3logos franceses de la \u00e9poca, de forma que Sim\u00f3n se vio obligado a dejar su orden.<br \/>\nLa \u00e9poca moderna del estudio cr\u00ed\u00adtico de la Biblia comienza propiamente en el \u2020\u0153siglo de las luces\u2020\u009d (siglo xv\u00ed\u00adn). El pionero de la cr\u00ed\u00adtica literaria aplicada al Pentateuco fue J. Astruc, m\u00e9dico del rey Luis XV, un protestante convertido al catolicismo y lector apasionado de la Escritura, que dej\u00f3 una obra titulada Conjectures sur les m\u00e9moires origi-naux dont II paroit que Moyse s \u2020\u02dcest servi pour composer le livre de la Gen\u00e9se. Avec des remarques, qui ap-puient ou qui \u00e9claircissent ees conjec-tures (1753). Leyendo el G\u00e9nesis y los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos del Exodo, el curioso m\u00e9dico hab\u00ed\u00ada observado que Dios era llamado a veces con el t\u00ed\u00adtulo de Elohim y a veces con el nombre de Jehovah (as\u00ed\u00ad es como \u00e9l vocalizaba el tetragrama sagrado). Intent\u00f3 escribir en dos columnas paralelas los textos, distingui\u00e9ndolos seg\u00fan el criterio del uso del nombre divino. De esta forma obtuvo una doble serie de relatos, en los que desaparec\u00ed\u00adan las repeticiones y el desorden cronol\u00f3gico que le hab\u00ed\u00adan impresionado.<br \/>\nCasi al mismo tiempo el p\u00e1rroco alem\u00e1n de Hildesheim H.B. Witter confrontaba el relato de la creaci\u00f3n de Gen 1,1-2,4 con el del para\u00ed\u00adso de Gen 2,5-3,24, se\u00f1alando la diferencia de los nombres divinos, la diversidad de estilo y la presencia de repeticiones; lleg\u00f3 de este modo a formular la hip\u00f3tesis de dos relatos paralelos.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad naci\u00f3 la hip\u00f3tesis documentar\u00ed\u00ada, a la que J.G. Eichhorn (en 1780) dio una primera configuraci\u00f3n m\u00e1s sistem\u00e1tica, distinguiendo entre un documento yahvista (J) y un documento eloh\u00ed\u00adsta (E) a partir del uso de los dos nombres divinos, pero admitiendo adem\u00e1s otras fuentes.<br \/>\nLa hip\u00f3tesis documental, ante el refinamiento de la cr\u00ed\u00adtica literaria y la ampliaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n a todo el Pentateuco m\u00e1s all\u00e1 del G\u00e9nesis, no parec\u00ed\u00ada suficientemente capaz de explicar la existencia de otras fuentes al lado de los documentos principales, ni tampoco las diferencias de temas y de formas dentro de los mismos documentos. Algunos estudiosos (A. Geddes, 1792; J.S. Va-ter, 1802-1 805) propusieron entonces la hip\u00f3tesis de los fragmentos: el Pentateuco estar\u00ed\u00ada constituido por numerosos \u2020\u0153trozos\u2020\u009d (St\u00fccke) distintos, no unidos originalmente entre s\u00ed\u00ad, pero juntados luego por un redactor.<br \/>\nLa hip\u00f3tesis de los fragmentos no parec\u00ed\u00ada dar raz\u00f3n de la unidad que revela el Pentateuco, sino s\u00f3lo de su diversidad. Fueron sobre todo H. Ewald (1823) y W.M.L. de Wette (1840) los que propusieron una soluci\u00f3n media entre las dos teor\u00ed\u00adas precedentes con la hip\u00f3tesis de los complementos. Junto a un \u2020\u0153escrito fundamental\u2020\u009d (Grundschrift) crecieron, seg\u00fan dicha hip\u00f3tesis, por inserci\u00f3n o por a\u00f1adido, otros complementos de manos diversas; el escrito fundamental ser\u00ed\u00ada el eloh\u00ed\u00adsta.<br \/>\nH. Hupfeld (1853) recogi\u00f3 y reela-bor\u00f3 la hip\u00f3tesis documental; adem\u00e1s del escrito fundamental, que \u00e9l llam\u00f3 \u2020\u0153eloh\u00ed\u00adsta\u2020\u009d y que corresponde al que luego ser\u00ed\u00ada llamado \u2020\u0153sacerdotal\u2020\u009d, hay que admitir un documento yahvista (J), el Deuteronomio (D) y un segundo eloh\u00ed\u00adsta (E2). Con ello quedaba expedito el camino para la elaboraci\u00f3n de la que se convertir\u00ed\u00ada en la \u2020\u0153teor\u00ed\u00ada cl\u00e1sica documental\u2020\u009d.<br \/>\nLos estudios de K.H. Graf (1865), el cual admit\u00ed\u00ada las cuatro fuentes de Hupfeld, propusieron una fecha distinta para los documentos; en particular, ? (\u2020\u0153sacerdotal\u2020\u009d) ser\u00ed\u00ada el documento m\u00e1s reciente, de la \u00e9poca del destierro o posterior al mismo.<br \/>\nPero el que dio \u2020\u0153forma\u2020\u009d m\u00e1s completa a la hip\u00f3tesis de los documentos fue J. Wellhausen( 1844-1918). Influy\u00f3 notablemente en \u00e9l la idea hegelia-na del evolucionismo religioso, seg\u00fan el cual Israel pas\u00f3 de formas primitivas a expresiones cada vez m\u00e1s elevadas de religiosidad. Como era sobre todo un historiador, le interesaba el problema de la colocaci\u00f3n hist\u00f3rica de los documentos que sus predecesores ya hab\u00ed\u00adan se\u00f1alado. Elabor\u00f3 para ello una teor\u00ed\u00ada que estaba destinada a asumir su nombre y a alcanzar un \u00e9xito extraordinario en el mundo de los estudios b\u00ed\u00adblicos, en donde todav\u00ed\u00ada hoy goza del favor de muchos exegetas, aunque en formas modificadas respecto a la propuesta original. Nunca faltaron opositores a la teor\u00ed\u00ada documental, tanto entre los cristianos (protestantes y cat\u00f3licos) como entre los jud\u00ed\u00ados; ni faltaron las propuestas de modificaciones importantes. Sin embargo, la estructura fundamental de la hip\u00f3tesis documental ha seguido siendo sustancialmente la que indic\u00f3 Wellhausen. Los elementos esenciales de la teor\u00ed\u00ada de Wellhausen pueden sintetizarse de este modo.<br \/>\nTras el per\u00ed\u00adodo en el cual, alrededor de los santuarios tribales, se fueron transmitiendo las tradiciones religiosas constituidas en funci\u00f3n del culto o bien como recuerdos de las diversas tribus, apareci\u00f3 la redacci\u00f3n escrita m\u00e1s antigua con el documento yahvista (850-750 a.C). Se llama as\u00ed\u00ad porque se menciona siempre a Dios con su nombre Yhwh, incluso antes de la revelaci\u00f3n a Mois\u00e9s (Ex 3,6; Gn 4,26). Como los sucesos narrados tienen por escenario el sur, se supone que este documento proviene del reino de Jud\u00e1. Es frecuente el uso de antropomorfismos al hablar de Dios. Los disc\u00ed\u00adpulos de Wellhausen distinguieron adem\u00e1s un Ji, un J2 y un P.<br \/>\nUn documento m\u00e1s evolucionado, que es posible fechar en el siglo vm a.C, es el eloh\u00ed\u00adsta (E), que la escuela de Wellhausen considera influido por la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica del reino del norte, su patria de origen. Se trata de un documento teol\u00f3gicamente m\u00e1s maduro: evita los antropomorfismos m\u00e1s \u2020\u0153primitivos\u2020\u009d, hace intervenir a los \u00e1ngeles como mediadores entre Dios y el hombre, introduce la idea de revelaci\u00f3n divina mediante los sue\u00f1os, asigna a los personajes principales -como Abrah\u00e1n y Mois\u00e9s- el t\u00ed\u00adtulo de profeta y concede amplio espacio a las colecciones legislativas (como el c\u00f3digo de la alianza de<br \/>\nEx 20,24-23,19).<br \/>\nDespu\u00e9s de la ca\u00ed\u00adda de Samar\u00ed\u00ada (a\u00f1o 722 a.C), un redactor, llamado por algunos \u2020\u0153yehovista\u2020\u009d (sigla: RJE), habr\u00ed\u00ada unificado los dos documentos, dando al texto yahvista la funci\u00f3n de documento-base y armonizando las dos fuentes con intervenciones redaccionales. Este trabajo estar\u00ed\u00ada ya ultimado en la \u00e9poca de Jos\u00ed\u00adas.<br \/>\nEn el 622 a.C, bajo el rey Jos\u00ed\u00adas, con ocasi\u00f3n de los trabajos de restauraci\u00f3n del templo (2R 22), fue descubierto el \u2020\u0153libro de la ley\u2020\u009d, que hay que identificar con el libro del Deuteronomio, al menos en su parte central; es obra de la clase sacerdotal de Jerusal\u00e9n, el \u00fanico lugar leg\u00ed\u00adtimo de culto. El \u2020\u0153descubrimiento\u2020\u009d de Dt, seg\u00fan muchos seguidores de Well-hausen, fue un \u2020\u0153piadoso enga\u00f1o\u2020\u009d inventado para conferir autoridad al libro; se habr\u00ed\u00ada tratado en realidad de una primera redacci\u00f3n del Dt, a la que siguieron varias \u2020\u0153ediciones\u2020\u2122 sucesivas, con a\u00f1adidos y modificaciones diveras. Finalmente, un redactor (sigla: RDT) uni\u00f3 el Dt con la obra de JE, haciendo algunos arreglos para ajustados mejor.<br \/>\nEl \u00faltimo documento, el sacerdotal (sigla P, de la inicial de la palabra \u2020\u0153Priester\u2020\u009d = sacerdote), ser\u00ed\u00ada obra del \u00e1mbito sacerdotal; compuesto despu\u00e9s del destierro, puede atribuirse probablemente a Esdras y datar\u00ed\u00ada de hacia el 458 a.C. Se trata de una recopilaci\u00f3n de varios documentos, con diversos a\u00f1adidos y suplementos. Por el 400 a.C, un redactor sacerdotal habr\u00ed\u00ada intentado fundir todo ello en un documento unitario (P).<br \/>\n2530<br \/>\nRealizada la fusi\u00f3n de ? con los otros documentos por el a\u00f1o 330 a.C, el Pentateuco hab\u00ed\u00ada asumido ya su fisonom\u00ed\u00ada definitiva, excepto alg\u00fan peque\u00f1o a\u00f1adido que pudo hac\u00e9rsele posteriormente.<br \/>\nEl sistema propuesto por Wellhau-sen conquist\u00f3 al mundo universitario de los estudios b\u00ed\u00adblicos, y constituye hasta nuestros d\u00ed\u00adas la hip\u00f3tesis de trabajo utilizada com\u00fanmente en sustancia por los biblistas. Pero nunca han faltado oposiciones, incluso antes de la violenta tempestad estallada en estos \u00faltimos a\u00f1os. Entre los cr\u00ed\u00adticos m\u00e1s autorizados podemos recordar a O. Eissfeldt (1934), quien propuso subdividir a J en Ji y J2, admitiendo adem\u00e1s una fuente \u2020\u0153laica\u2020\u009d (sigla: L) m\u00e1s antigua que Ji y que refleja una sociedad sin sacerdocio (es semejante la tesis de G. Foh-rer). P. VoIz y W. Rudolph (1933) negaron la existencia de ? como fuente aut\u00f3noma. Junto con un consenso general de fondo, prosigui\u00f3 tambi\u00e9n el debate sobre la teor\u00ed\u00ada we\u00fchauseniana; a pesar del hechizo y de la aparente \u2020\u0153solidez\u2020\u009d de la teor\u00ed\u00ada, cada uno de los elementos de la hip\u00f3tesis de Wellhausen ha sido sometido a an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico, con el resultado de que casi todos los estudiosos han intentado proponer soluciones personales. As\u00ed\u00ad pues, hasta hoy, la historia de la formaci\u00f3n del Pentateuco es un campo de opiniones controvertidas.<br \/>\n2531<br \/>\nIII. HISTORIA DE LAS FORMAS.<br \/>\nH. Gunkel (1862-1932), el cual admit\u00ed\u00ada la teor\u00ed\u00ada de las fuentes J, E, D, ? de la escuela wellhauseniana, introdujo en realidad un m\u00e9todo diverso. No se preguntaba tanto por la historia de la formaci\u00f3n del texto, sino que part\u00ed\u00ada m\u00e1s bien del texto final para se\u00f1alar en \u00e9l la existencia de \u2020\u0153peque\u00f1as unidades\u2020\u009d, cuyo \u2020\u0153g\u00e9nero literario\u2020\u009d intentaba estudiar. Fue un giro radical en el estudio del Pentateuco, al que no se consider\u00f3 ya como unidad de amplios documentos reunidos, sino como colecci\u00f3n de muchas peque\u00f1as unidades m\u00e1s o menos separadas, m\u00e1s o menos independientes. El inter\u00e9s no radica ya en la atribuci\u00f3n de un vers\u00ed\u00adculo o de una palabra a uno de los documentos-fuente, sino en la caracterizaci\u00f3n de cada unidad literaria y de su \u2020\u0153Sitz im Leben\u2020\u009d, esto es, el \u2020\u0153lugar\u2020\u009d o situaci\u00f3n de inserci\u00f3n en la vida del pueblo de Israel. No se pone atenci\u00f3n tanto en el autor de una per\u00ed\u00adcopa o en sus rasgos originales como en la estructura repetible de un esquema literario, originado por determinadas situaciones vitales. Por ejemplo, el esquema \u2020\u0153relato de creaci\u00f3n\u2020\u009d puede encontrarse en diversas culturas de \u00e9pocas y de pueblos diferentes. Este m\u00e9todo demuestra as\u00ed\u00ad el parentesco de los relatos b\u00ed\u00adblicos con las culturas del pr\u00f3ximo Oriente antiguo, y al mismo tiempo la originalidad de los textos b\u00ed\u00adblicos. As\u00ed\u00ad pues, Gunkel asign\u00f3 a la ex\u00e9gesis la tarea de estudiar las \u2020\u0153Gattungen\u2020\u009d (formas literarias) de la literatura hebrea y su historia en conexi\u00f3n con las literaturas vecinas.<br \/>\nEl m\u00e1s conocido y genial sucesorde H. Gunkel fue G. von Rad (1901-1971), el cual intent\u00f3 la combinaci\u00f3n de los dos m\u00e9todos: el de las fuentes-documentos y el de las formas literarias. Ya en 1938 Von Rad se atuvo al postulado wellhauseniano del Hexa-teuco (Gen-Jos) y plante\u00f3 la hip\u00f3tesis de que el yahvista fue un gran te\u00f3logo, que sobre la base de un \u2020\u0153peque\u00f1o credo hist\u00f3rico\u2020\u009d como puede leerse todav\u00ed\u00ada en Dt 26,5-10 -f\u00f3rmula breve de fe que ten\u00ed\u00ada su \u2020\u0153Sitz im Leben\u2020\u009d en la fiesta de las semanas del santuario de Guilgal-, recogi\u00f3 y orden\u00f3 muchas de las \u2020\u0153tradiciones\u2020\u009d transmitidas independientemente unas de otras (tradiciones del \u00e9xodo, del Si-na\u00ed\u00ad, de la conquista, de la divisi\u00f3n de la tierra, de los patriarcas, de Gn 1-11, exhortaciones, leyes). El yahvista habr\u00ed\u00ada \u2020\u0153recogido\u2020\u009d y unificado ciertos \u2020\u0153conjuntos de tradiciones\u2020\u009d con un trabajo de composici\u00f3n personal, guiado por una concepci\u00f3n teol\u00f3gica propia, hasta el punto de que se puede hablar de una teolog\u00ed\u00ada del yahvista. Del mismo modo existe tambi\u00e9n una teolog\u00ed\u00ada del E, del D y del P. El yahvista fue, seg\u00fan Von Rad, el \u2020\u0153recolector\u2020\u009d de leyendas orales y el te\u00f3logo responsable de la actualizaci\u00f3n de la tradici\u00f3n en la \u00e9poca dav\u00ed\u00addico-salo-m\u00f3nica.<br \/>\nSeg\u00fan Von Rad, el Pentateuco est\u00e1 constituido por cuatro conjuntos de tradiciones, cada uno de los cuales desarrolla un tema fundamental: la tradici\u00f3n del \u00e9xodo y de la conquista, la tradici\u00f3n del Sina\u00ed\u00ad, la historia de los patriarcas y la historia primitiva (Urgeschichte). Antes de la \u00e9poca mon\u00e1rquica exist\u00ed\u00ada, en su mayor parte, tan s\u00f3lo la tradici\u00f3n oral.<br \/>\nLas reacciones frente a las tesis de G. von Rad demostraron el escaso fundamento de su hip\u00f3tesis sobre la antig\u00fcedad del credo hist\u00f3rico y del principio de que las unidades menores son m\u00e1s antiguas que los conjuntos literarios m\u00e1s amplios (Traditions-komplexe). G. von Rad no consigui\u00f3 conciliar la teor\u00ed\u00ada de los documentos con la idea de unos conjuntos de tradiciones, cada uno de los cuales tienen una historia independiente.<br \/>\n2533<br \/>\nIV. HISTORIA DE LA TRADICION.<br \/>\nG. von Rad se mov\u00ed\u00ada dentro del surco de Gunkel, es decir, segu\u00ed\u00ada el m\u00e9todo de historia de las formas; sin embargo, intentaba introducir la idea nueva de las tradiciones anteriores ala etapa literaria. Por eso mismo, no s\u00f3lo se interes\u00f3 por la historia de las formas literarias, sino tambi\u00e9n por el desarrollo hist\u00f3rico de los conjuntos de tradiciones. De este modo anticip\u00f3 en alguna forma el m\u00e9todo que tuvo en M. Noth (1902-1 968) el m\u00e1s agudo e infatigable defensor.<br \/>\nEn 1943 M. Noth public\u00f3 sus famosos \u00dcberlieferungsgeschichtlicheStudien, en los que propone considerar unitariamente los libros desde el Dt hasta el 2R, ya que constituyen la obra hist\u00f3rica deuteronomista (sigla: Dtr), as\u00ed\u00ad como ver en los libros de Esdras-Nehem\u00ed\u00adas y l-2Cr\u00f3nicas otro conjunto unitario, denominado \u2020\u0153obra del cronista. Por consiguiente, seg\u00fan M. Noth, no hay que hablar ya de Hexateuco y mucho menos de Pentateuco, sino de Tetrateuco. En 1948 el eminente investigador alem\u00e1n public\u00f3 \u00dcberlieferungsgeschichte des Pentateuch, en donde sosten\u00ed\u00ada que el relato yahvista es la base literaria sobre la que creci\u00f3 el Pentateuco, y que J y ? tienen tantos puntos en com\u00fan que es preciso concluir que no fueron redactados independientemente el uno del otro. Por eso mismo supone la existencia de un relato de base com\u00fan (gemeinsame Grundiage; sigla: G tanto para J como para E. La lengua y el estilo de ? ser\u00ed\u00adan m\u00e1s claramente caracter\u00ed\u00adsticos.<br \/>\nNoth intent\u00f3 remontarse m\u00e1s all\u00e1 todav\u00ed\u00ada de los autores de las \u2020\u0153fuentes\u2020\u009d escritas, de su teolog\u00ed\u00ada y de su s\u00ed\u00adntesis, para encontrar las tradiciones que se formaron en torno al culto y que model\u00f3 la narraci\u00f3n popular oral, las cuales constituyen el \u2020\u0153fondo\u2020\u009d antiguo del Pentateuco.<br \/>\nEn los or\u00ed\u00adgenes de la tradici\u00f3n que se deposit\u00f3 en el Pentateuco, despu\u00e9s de un proceso de crecimiento, de coordinaci\u00f3n, de conjunci\u00f3n y de enriquecimiento, se encuentran cinco grandes temas: 1) el \u00e9xodo, n\u00facleo en torno al cual cristaliz\u00f3 todo el Pentateuco; 2) la entrada en Palestina, originalmente distinta del tema anterior; 3) la promesa hecha a los patriarcas, que podr\u00ed\u00ada ser anterior a los dos temas precedentes; 4) el tema del viaje por el desierto; 5) el tema del Sina\u00ed\u00ad, procedente de las tribus del norte y relacionado m\u00e1s tarde con los temas anteriores. En torno a estos cinco temas fundamentales se habr\u00ed\u00adan ido condensando poco a poco tradiciones aisladas (las plagas de Egipto, la pascua, los episodios de la conquista, Baal-Fagor y Bala\u00e1n, Jacob en Siqu\u00e9n, Jacob en Trasjorda-nia, Isaac y Abrah\u00e1n, el hambre y la sed enemigos en el desierto, las murmuraciones del pueblo, Caleb en Ac-br\u00f3n, la monta\u00f1a de Dios y los ma-dianitas, la alianza y la apostas\u00ed\u00ada en el Sina\u00ed\u00ad).<br \/>\nEstos \u2020\u0153temas\u2020\u2122 se fueron luego desarrollando paulatinamente, uni\u00e9ndose y enriqueci\u00e9ndose a lo largo de la tradici\u00f3n (oral o escrita; Noth no aclara si la gemeinsame Grundiage era escrita u oral; de todas formas representar\u00ed\u00ada la etapa final de la tradici\u00f3n antes de la redacci\u00f3n de las \u2020\u0153fuentes\u2020\u009d). A continuaci\u00f3n, la tradici\u00f3n se fij\u00f3 en las fuentes JE y P.<br \/>\nLa tesis de Noth dejaba abiertos algunos problemas: la naturaleza (escrita u oral) de G; la afinidad entre ciertos pasajes de J y los textos de Dt o Dtr; la falta de relieve de la figura de Mois\u00e9s y el car\u00e1cter te\u00f3rico- abstracto de los cinco temas; el origen y las caracter\u00ed\u00adsticas de las tradiciones aisladas que funcionan como material de \u2020\u0153relleno\u2020\u009d entre los cinco temas fundamentales; la problemati-cidad del paso de los temas a las fuentes escritas. Todas estas cuestiones sin resolver han impedido que se haya logrado un consenso en torno a las hip\u00f3tesis de M. Noth. Un gran n\u00famero de estudios sobre las tradiciones ha demostrado la dificultad de admitir la hip\u00f3tesis de Noth, pero no ha producido ninguna nueva hip\u00f3tesis global que consiga el consenso de los autores.<br \/>\n2534<br \/>\nNoth ha llamado justamente la atenci\u00f3n sobre la formaci\u00f3n oral de la tradici\u00f3n y sobre la composici\u00f3n de las fuentes literarias: dos cuestiones fundamentales que no pueden evitarse en el estudio del Pentateuco. Recientemente, R. Rendtorff ha propuesto ver en el origen del Pentateuco siete \u2020\u0153grandes unidades\u2020\u009d narrativas, cada una de ellas con un tema propio y con un desarrollo independiente, reunidas solamente por el redactor o por los redactores del ambiente deuteronomista. Las \u2020\u0153grandes unidades\u2020\u009d de Rendtorff equivalen sus-tancialmente a los \u2020\u0153temas\u2020\u009d fundamentales de Noth; sin embargo, las teor\u00ed\u00adas de los dos biblistas son radicalmente diferentes. Para Rendtorff, la hip\u00f3tesis de los documentos debe quedar orillada; pretende estudiar la tradici\u00f3n que conduce desde las peque\u00f1as hasta las grandes unidades se\u00f1aladas en el Pentateuco (los or\u00ed\u00adgenes: Gn 1-11 los patriarcas; la historia Jos\u00e9; el \u00e9xodo: Ex l-15;lateofan\u00ed\u00ada del Sina\u00ed\u00ad: Ex 19-24; Ex 32-34 el viaje por el desierto: Ex 16-18 y N\u00fam Ex 11,1-20; Ex 11,13 la conquista<br \/>\nTrasjordania: N\u00fam 20,14-36,13).<br \/>\n\u00bfAl comienzo de la formaci\u00f3n del Pentateuco exist\u00ed\u00adan \u2020\u0153peque\u00f1as unidades\u2020\u2122 independientes, que se agruparon luego en \u2020\u0153grandes unidades\u2020\u2122? El estudio monumental de A. de Pury (Promesse divine et l\u00e9gende cultuelle dans le cycle de Jacob) indica, con razones convincentes, que el relato aislado (el episodio) no constituye siempre y a priori la unidad de base. En el origen se encuentran a menudo \u2020\u0153ciclos narrativos\u2020\u2122.<br \/>\n2535<br \/>\nV. LA CRISIS ACTUAL.<br \/>\nDesde hace unos veinte a\u00f1os la ex\u00e9gesis del Pentateuco est\u00e1 en el v\u00e9rtice del cicl\u00f3n, inmersa en una violenta tempestad. Como escrib\u00ed\u00ada en 1977 F. Lan-glamet, \u2020\u0153por las pistas del desierto es posible so\u00f1ar con la tierra prometida. Pero la tierra prometida, tras un siglo de investigaciones, no est\u00e1 a\u00fan en el horizonte\u2020\u2122. La teor\u00ed\u00ada \u2020\u0153cl\u00e1sica de Graf-Wellhausen se ha hecho insostenible para muchos y denuncia su propia incapacidad para dar raz\u00f3n satisfactoriamente del Pentateuco actual. Otros consideran que los asaltos a la teor\u00ed\u00ada documental son solamente una moda pasajera. Finalmente, no faltan quienes creen en la proverbial \u2020\u0153crisis de crecimiento\u2020\u2122.<br \/>\nUn coro cada vez m\u00e1s numeroso de biblistas est\u00e1 de acuerdo en constatar que la crisis actual que afecta a la ex\u00e9gesis del Pentateuco tiene un origen metodol\u00f3gico. Se advierte un creciente escepticismo respecto al an\u00e1lisis hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico hasta considerarlo teol\u00f3gicamente improductivo. Hace ya algunos a\u00f1os D. McCarthy, autorizado profesor del Pontificio Instituto B\u00ed\u00adblico, escrib\u00ed\u00ada que \u2020\u0153es perfectamente posible comprender un texto sin saber si es? ? si es algo distinto\u2020\u2122. Y F. Dreyfus, de la Eco\/e Biblique de Jerusal\u00e9n, explicaba de este modo su posici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica: \u2020\u0153Mediante el profeta Isa\u00ed\u00adas Dios habl\u00f3 a los hombres de Jerusal\u00e9n; pero mediante el libro de Isa\u00ed\u00adas Dios nos habla hoy a nosotros\u2020\u2122. Y a\u00f1ad\u00ed\u00ada que \u2020\u0153el consentimiento de los exegetas en materia de cr\u00ed\u00adtica literaria no ha hecho progresos respecto a 1904\u2020\u2122.<br \/>\nEn realidad, no existe consenso sobre las posiciones fundamentales de la teor\u00ed\u00ada documental y nunca ha existido: ni sobre la amplitud, ni sobre la fecha de nacimiento, ni sobre la sucesi\u00f3n, ni sobre el proceso de la tradici\u00f3n, ni siquiera sobre la teolog\u00ed\u00ada de cada uno de los documentos. Las opiniones de los especialistas divergen cada vez m\u00e1s.<br \/>\nLos criterios com\u00fanmente empleados para la distinci\u00f3n de las fuentes son: a) el nombre de Dios (YhwhElohim); b) el estilo caracter\u00ed\u00adstico;<br \/>\nc) los duplicados o repeticiones;<br \/>\nd) las contradicciones en el desarrollo de la tradici\u00f3n. Pues bien, tras un examen atento y escrupuloso de los textos, estos criterios no parecen suficientes para fundamentar las tesis mencionadas. Por ejemplo, Ex 24,3-8 es clasificado com\u00fanmente como E, pero en s\u00f3lo cinco vers\u00ed\u00adculos aparece seis veces el nombre de Yhwh; en la historia de Jos\u00e9 los \u2020\u0153duplicados\u2020\u2122 son claramente un expediente literario buscado adrede; las contradicciones no prueban necesariamente la existencia de fuentes distintas, sino que pueden ser una se\u00f1al de etapas sucesivas en la historia de la tradici\u00f3n; el criterio del estilo parece demasiado vago y poco concluyente: para caracterizar el estilo de una fuente hay que saber ya qu\u00e9 textos pertenecen a esa fuente, o bien cabe pensar que una fuente utiliza un estilo a veces tradicional y a veces de un g\u00e9nero literario particular.<br \/>\nRecientemente se ha manifestado la tendencia de algunos autores (cf por ejemplo, J. van Seters, H.H. Schmid, H. Vorl\u00e1nder, R. Rendtorff, C. Houtmann, M. Rose), a considerar los siglos vm-vi como la \u00e9poca decisiva para la formaci\u00f3n del Pentateuco en el \u00e1mbito sobre todo de la escuela deuteron\u00f3mico-deuteronomista. Se llama la atenci\u00f3n sobre la \u2020\u0153proximidad\u2020\u009d de los textos llamados yahvistas con los de DtIDtr. Pero no ha faltado quien ha acu\u00f1ado, para esta tendencia, la f\u00f3rmula de \u2020\u0153pan-deuteronomismo\u2020\u2122 o de \u2020\u0153moda del deuteronomismo\u2020\u2122.<br \/>\nF. Langlamet ha puesto en guardia contra los peligros de un tdh\u00fc-b\u00f3h\u00fc de un deuteronomismo en donde \u2020\u0153el prof\u00e9tico, el J, el RJE, el predeutero-n\u00f3mico, el deuteron\u00f3mico, el deu-teronomista (&#8230;) -y el destierro de Israel y los destierros de Jud\u00e1- corren el riesgo de confundirse y de desaparecer en medio del humo del incendio del templo, del palacio y de las casas de Jerusal\u00e9n\u2020\u009d.<br \/>\nPor el contrario, existe pr\u00e1cticamente unanimidad a la hora de admitir la naturaleza espec\u00ed\u00adfica y particular de P, bien sea bajo la forma de un documento peculiar, bien en la forma de una serie de a\u00f1adidos. \u00c2\u00a1Pero tampoco para ? faltan opiniones diversas!<\/p>\n<p>El estudio hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico del Pentateuco, por consiguiente, no parece estar ya gobernado por leyes f\u00e9rreas; parece m\u00e1s bien que atraviesa un per\u00ed\u00adodo de cierta anarqu\u00ed\u00ada o desconcierto. La impresi\u00f3n es la de encontrarse en el desierto, despu\u00e9s de que una tempestad de arena ha borrado por completo las huellas de los senderos practicables y en donde la b\u00fasqueda de nuevas pistas resulta dif\u00ed\u00adcil y aventurada. Se necesita una sabia prudencia, pero sin que haya que despreciar la audacia, quiz\u00e1 a veces arriesgada, de los pioneros. Los nuevos caminos no ser\u00e1n fruto solamente de la retaguardia, sino tambi\u00e9n de los que se lancen valientemente, quiz\u00e1 con algunas imprudencias, hacia adelante.<br \/>\n2536<br \/>\nVI. HACIA NUEVAS SINTESIS.<br \/>\nEl trabajo de demolici\u00f3n de la teor\u00ed\u00ada documental prosigue velozmente en los tajos de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica con intervenciones s\u00f3lidas y cargas explosivas. Pero no podemos detenernos en la fase de demolici\u00f3n; es preciso comenzar una fase constructiva que no repita los errores del pasado y que sepa integrar todos los elementos v\u00e1lidos de las investigaciones anteriores. Es necesario, en primer lugar, que la ex\u00e9gesis del Pentateuco se interrogue sobre su propia metodolog\u00ed\u00ada: lo que m\u00e1s se necesita en la actualidad para salir de la crisis es una seria reflexi\u00f3n sobre el m\u00e9todo.<br \/>\nEl modelo cient\u00ed\u00adfico que parece subyacer a la teor\u00ed\u00ada de Wellhausen es el mec\u00e1nico: el Pentateuco se concibe como una gran m\u00e1quina constituida por muchas \u2020\u0153piezas\u2020\u009d; basta con desmontar cada una de esas piezas, numerarla o indicarla con una sigla, para reconstruir luego la m\u00e1quina y comprender su funcionamiento. Esta operaci\u00f3n mec\u00e1nica ha resultado muy dif\u00ed\u00adcil y delicada; se ha tenido la impresi\u00f3n de que el Pentateuco es un \u2020\u0153ser vivo\u2020\u009d, y no una m\u00e1quina; las \u2020\u0153piezas\u2020\u009d tienen entre s\u00ed\u00ad conexiones \u2020\u0153vitales\u2020\u009d, que a veces hacen imposible cortar de manera tajante.<br \/>\nHoy algunos prefieren referirse a modelos biol\u00f3gicos y replantear la formaci\u00f3n del Pentateuco compar\u00e1ndolo con un ser vivo que nace, crece y se desarrolla, asimilando d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada su alimento, cambiando de estaci\u00f3n en estaci\u00f3n, enriqueci\u00e9ndose y tomando formas nuevas hasta su plena maduraci\u00f3n.<br \/>\nEl modelo biol\u00f3gico ayuda a relacionar el Pentateuco con el contexto vivo de la vida entera del pueblo de Israel en el que se form\u00f3 la Biblia hebrea. Lo mismo que un cuerpo vivo, el Pentateuco respir\u00f3 el aire de diversas \u00e9pocas, asimil\u00f3 el alimento de per\u00ed\u00adodos y de experiencias diversas de la historia de Israel. En otras palabras, sufri\u00f3 continuas relecturas, remodelaciones y adaptaciones.<br \/>\nEn cada una de las \u00e9pocas es todo el patrimonio religioso-cultural de Israel -es decir, toda la Biblia- el que vuelve a fundirse, pensarse, leerse y modelarse. El m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico ha pecado de cierta tendencia a atomizar la Biblia en numeros\u00ed\u00adsimos \u2020\u0153fragmentos\u2020\u009d separados, independientes, construidos por otros tantos numerosos autores diferentes. Es preciso recuperar la totalidad del proceso de formaci\u00f3n de la Biblia y el sentido de su unidad, sin renegar del uso del m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico.<br \/>\nComo ya han se\u00f1alado varios autores, es necesario poner el acento en el papel decisivo que tuvieron en la formaci\u00f3n del Pentateuco los escritos y la redacci\u00f3n de los siglos VIII-VII.<br \/>\n2537<br \/>\nVII. HISTORIA Y TEOLOGIA.<br \/>\nLa teor\u00ed\u00ada documental distingui\u00f3 entre las diversas fuentes del Pentateuco y, en su formulaci\u00f3n m\u00e1s difundida en la actualidad, ha destacado tambi\u00e9n las diferentes \u2020\u0153teolog\u00ed\u00adas\u2020\u009d, propias de cada documento- tradici\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, la teolog\u00ed\u00ada del Pentateuco pasa a trav\u00e9s del reconocimiento previo de las teolog\u00ed\u00adas de J, E, D y P. Se piensa que es \u00e9sta la \u00fanica manera de hacer resaltar adecuadamente la \u2020\u0153historia\u2020\u009d de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y la pluralidad de concepciones teol\u00f3gicas presentes en el Pentateuco. En efecto, se ve entonces el Pentateuco ante todo como historia, m\u00e1s concretamente como \u2020\u0153historia de la salvaci\u00f3n\u2020\u009d, cre\u00ed\u00adda y atestiguada por Israel en el curso de su existencia milenaria. Consiguientemente, el objeto de la teolog\u00ed\u00ada del AT es el conjunto de los testimonios de fe de Israel; por ello la teolog\u00ed\u00ada del AT es concebida coherentemente como historia de la fe vivida y proclamada por Israel. Los \u2020\u0153documentos\u2020\u009d J, E, D y? son testimonios hist\u00f3ricos diferentes de la fe de Israel, y le corresponde a la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica la tarea de \u2020\u0153repetir sus narraciones\u2020\u009d (nacherzdhlen)ysus testimonios. Como ha dicho G. von Rad, el te\u00f3logo b\u00ed\u00adblico tiene que esforzarse por buscar con el mayor cuidado posible, documento por documento, cu\u00e1l era la inteligencia kerig-m\u00e1tica de cada uno de ellos. De esta manera queda justificada la investigaci\u00f3n de las teolog\u00ed\u00adas de los documentos, como consecuencia del estudio literario de los mismos.<\/p>\n<p>2538<br \/>\n1. Teolog\u00ed\u00ada del yahvista.<br \/>\nEl yahvista, considerado actualmente por los seguidores de la teor\u00ed\u00ada documental como el gran te\u00f3logo del reino de Jud\u00e1 en la \u00e9poca salom\u00f3nica, parte de un inter\u00e9s tanto religioso como pol\u00ed\u00adtico. En una perspectiva de gran optimismo religioso y de fe en la presencia de Dios y en la historia, Yhwh es presentado como el Dios nacional que bendice y salva a Israel, su pueblo y, a trav\u00e9s de \u00e9l, a todas las naciones de la tierra. Pero el yahvista es tambi\u00e9n un documento \u2020\u0153pol\u00ed\u00adtico\u2020\u2122, que intenta legitimar la dinast\u00ed\u00ada, en especial la sucesi\u00f3n de Salom\u00f3n, que no es el heredero primog\u00e9nito, y los santuarios din\u00e1sticos. Quiere mostrar que Salom\u00f3n es el heredero leg\u00ed\u00adtimo de las promesas divinas, empezando por las de los patriarcas, y que el templo de Jerusal\u00e9n es el santuario leg\u00ed\u00adtimo del Dios nacional. De aqu\u00ed\u00ad la importancia que en \u00e9l se da a las mujeres en la transmisi\u00f3n de la herencia (Eva, Sara, Rebeca y Betsab\u00e9) y el relieve que se le confiere a los santuarios yahvistas (Siqu\u00e9n, Berse-ba, Jerusal\u00e9n). El documento yahvista es la respuesta a un momento de crisis; pretende poner de manifiesto la fe de Israel, su identidad y su vocaci\u00f3n. Israel es el pueblo de la promesa y de la bendici\u00f3n. En la monarqu\u00ed\u00ada israelita se realiza la bendici\u00f3n concedida por Dios creador, y hasta Abrah\u00e1n es descrito como el prototipo de los reyes israelitas. Se observa adem\u00e1s una protesta impl\u00ed\u00adcita contra la monarqu\u00ed\u00ada, en cuanto que quiere constituirse como una potencia auto-suficiente, independiente de Dios. El yahvista tiene confianza y sostiene a la monarqu\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica, pero con ciertas condiciones, a saber: con la condici\u00f3n sobre todo de ser fieles a las promesas divinas y portadores de las bendiciones del Dios nacional.<br \/>\n2539<br \/>\n2. Teolog\u00ed\u00ada del eloh\u00ed\u00adsta.<br \/>\nNacido en los ambientes del reino del norte del 800 a.C. e influido por la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica, el eloh\u00ed\u00adsta se presenta como el documento de la alianza entre Dios y su pueblo. No tiene tanta vivacidad ni tanto colorido como el yahvista; est\u00e1 menos dotado de vigor dram\u00e1tico y tiene una conciencia nacional m\u00e1s d\u00e9bil.<br \/>\nBien se trate de un documento continuo, bien de fragmentos distintos o haya que identificar ? con el redactor JE, la teor\u00ed\u00ada documental sostiene la existencia de ? y, por tanto, de una teolog\u00ed\u00ada eloh\u00ed\u00adsta. Esta se caracteriza por el acento qu\u00e9 se pone en algunos temas: el temor de Dios, la ley y el pecado, el tema de la fecundidad y del desarroll\u00f3 de la vida, la mediaci\u00f3n de los sue\u00f1os y la \u2020\u0153espiritualidad\u2020\u009d del Dios trascendente. Todas estas tem\u00e1ticas quedan integradas en el contexto de la alianza, cuyas cl\u00e1usulas comprometen a los dos contrayentes (Dios y el hombre) a la fidelidad. Un sentido m\u00e1s profundo de Dios y una sensibilidad moral m\u00e1s alta ser\u00ed\u00adan los datos y los aspectos espec\u00ed\u00adficos del eloh\u00ed\u00adsta.<br \/>\n2540<br \/>\n3. Teolog\u00ed\u00ada del Deuteronomio.<br \/>\nEl origen del Dt debe ponerse probablemente en Jerusal\u00e9n, entre finales del siglo vil y el comienzo del destierro en Babilonia. El estilo y el modo de pensar remiten con claridad a la clase dirigente de la capital de Jud\u00e1.<br \/>\nDt presupone las antiguas fuentes del Pentateuco y representa un vigoroso intento de reestructuraci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada de la alianza, de reorganizaci\u00f3n de las antiguas tradiciones religiosas de Israel mediante la categor\u00ed\u00ada de la \u2020\u0153alianza\u2020\u009d, repensada en el contexto pol\u00ed\u00adtico del dominio asirio. Efectivamente, bajo el dominio asirio la \u2020\u0153alianza\u2020\u009d se hab\u00ed\u00ada convertido en un eslogan propagand\u00ed\u00adstico que intentaba legitimar el expansionismo asirio: Asir\u00ed\u00ada establec\u00ed\u00ada una alianza con todos los pueblos que se le somet\u00ed\u00adan. Dt vuelve a pensar en sus propias relaciones con Dios y, consiguientemente, en su propia identidad, defini\u00e9ndose como el pueblo ligado a Yhwh por un contrato-alianza. Por tanto, Yhwh es el \u00fanico Se\u00f1or de IsTael! El ideal es que exista adem\u00e1s un \u00fanico lugar de culto, Jerusal\u00e9n, al \u00fanico Dios de Israel (la centralizaci\u00f3n del culto es una innovaci\u00f3n de gran importancia del Dt). La torah es concebida como la condici\u00f3n y la cl\u00e1usula de la permanencia de la alianza y de la subsistencia de Israel como pueblo de Dios. Sobre la base de la t\u00f3rah, Israel tiene que constituirse como pueblo consagrado a Yhwh, separado de todos los dem\u00e1s pueblos no para ser una secta cerrada, sino como sociedad-modelo para toda la humanidad. Nacido despu\u00e9s de la ca\u00ed\u00adda del reino del norte y estimulado por la reforma de Jos\u00ed\u00adas (622 a.C), Dt intenta la imposible empresa de conciliar y de fundir lo que hoy llamar\u00ed\u00adamos \u2020\u0153Iglesia y Estado\u2020\u009d. La empresa no se llevar\u00e1 a cabo; el destierro dispersar\u00e1 al pueblo de Israel y ser\u00e1 considerado como la consecuencia de la infidelidad del pueblo a su Dios.<\/p>\n<p>2541<br \/>\n4. Teolog\u00ed\u00ada del sacerdotal.<br \/>\nDe la \u00e9poca del destierro o posterior al mismo, estratificado en una \u2020\u0153historia sacerdotal\u2020\u009d a la que se a\u00f1adieron algunos \u2020\u0153suplementos sacerdotales, el documento ? est\u00e1 centrado en dos temas fundamentales: la tienda sagrada y la tierra. El pueblo desterrado carece de templo y se refiere entonces a la tienda del desierto; adem\u00e1s, se reconoce en la condici\u00f3n de los israelitas del desierto, lejos de la tierra prometida, lo mismo que los desterrados en Babilonia estaban fuera de la tierra sagrada.<br \/>\nLa \u00e9poca de los patriarcas y del \/ desierto se convierte en un paradigma para los israelitas desterrados. El destierro de Babilonia es el \u00e1ngulo visual desde el que se replantea y se vuelve a recorrer toda la historia pasada.<br \/>\nJunto a estos dos temas principales podemos mencionar tambi\u00e9n la idea de be\u00f1t, entendida como promesa-compromiso unilateral de Dios, y el tema de Israel como pueblo de Dios ya en la \u00e9poca del desierto. Es como si dij\u00e9ramos que tambi\u00e9n en Babilonia los israelitas son pueblo de Dios, aunque lejos de la tierra y del templo, sin un rey y sin un Estado.<br \/>\nLos \u2020\u0153suplementos sacerdotales, que contienen la legislaci\u00f3n referente al culto, expresan un vivo sentimiento de pecado y el deseo de perd\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n con Dios. No se trata de un ritualismo formalista, sino de una teolog\u00ed\u00ada del culto bien elaborada.<br \/>\n2542<br \/>\nVIII. \u00bfTEOLOGIA DEL PENTATEUCO?<br \/>\nEs posible leer diversas monograf\u00ed\u00adas y muchos estudios particulares sobre las teolog\u00ed\u00adas de J, E, D y P, pero en vano se buscar\u00ed\u00ada una monograf\u00ed\u00ada sobre la teolog\u00ed\u00ada del Pentateuco. \u00bfHemos de pensar que la teolog\u00ed\u00ada del Pentateuco es la suma de las teolog\u00ed\u00adas de los diversos documentos? No se trata, evidentemente, de magnitudes cuantif\u00ed\u00adcables y adi-cionables. El trabajo del exegeta, \u00bfpuede limitarse a la descripci\u00f3n hist\u00f3rica de las teolog\u00ed\u00adas contenidas en el Pentateuco, o debe ser m\u00e1s bien una verdadera actividad teol\u00f3gica que busca las razones internas y la coherencia l\u00f3gica del discurso teol\u00f3gico unificado por la redacci\u00f3n final en los cinco primeros libros de la Biblia? El te\u00f3logo b\u00ed\u00adblico, a mi juicio, tiene que buscar los nexos l\u00f3gicos entre las teolog\u00ed\u00adas contenidas en el Pentateuco y destacar la leg\u00ed\u00adtima pluralidad de concepciones sobre la base de la unidad de la fe. Sobre el presupuesto de que la Biblia no se identifica con la \/ revelaci\u00f3n -la cual es en sustancia la autocomunicaci\u00f3n de Dios, que culmina \u00faltimamente en Jesucristo-, sino que es el testimonio humano, divinamente inspirado, de la revelaci\u00f3n, se comprende que es inevitable una pluralidad de testimonios humanos inspirados. La revelaci\u00f3n trasciende las \u2020\u0153verdades l\u00f3gicas\u2020\u009d de cada uno de los testimonios, pero no es accesible sin ellos ni fuera de ellos [1 Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica].<br \/>\nPues bien, puesto que el Pentateuco es un \u2020\u0153conjunto\u2020\u009d de testimonios humanos divinamente inspirados -y por eso mismo consideramos que es coherente- sobre la revelaci\u00f3n, creemos que no s\u00f3lo es posible, sino obligado para el te\u00f3logo b\u00ed\u00adblico no limitarse a la descripci\u00f3n de las teolog\u00ed\u00adas \u2020\u0153regionales\u2020\u2122 contenidas en el Pentateuco, sino preguntarse adem\u00e1s si del Pentateuco se deriva un sentido unitario global, aunque siempre parcial, respecto a la Biblia entera.<br \/>\nB.S. Childs, en su obra Introduc-tion to the O\u00ed\u00add Testament as Scrip-ture (1979), se ha propuesto \u2020\u0153estudiar la forma y la funci\u00f3n del Pentateuco tal como ha sido modelado por la comunidad de fe que hizo de \u00e9l su propia Escritura can\u00f3nica\u2020\u2122. Pero la \u2020\u0153lectura can\u00f3nica\u2020\u009d no niega la legitimidad de un estudio cr\u00ed\u00adtico del desarrollo hist\u00f3rico del Pentateuco, sino que intenta comprender el Pentateuco en su forma can\u00f3nica final, la cual est\u00e1 presidida por una intenci\u00f3n teol\u00f3gica unitaria. D.J.A. Clines ha escrito un op\u00fasculo titulado II tema del Pentateuco, en el que busca el tema unificador de los cinco primeros libros como una obra literaria unitaria, sin negar la legitimidad de la atomizaci\u00f3n del texto mediante el estudio de las fuentes.<br \/>\nEn la ra\u00ed\u00adz de estos intentos, de los que no queremos hacer aqu\u00ed\u00ad un an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico, est\u00e1 la negativa a identificar la revelaci\u00f3n con la historia, y por consiguiente la negaci\u00f3n de la tesis seg\u00fan la cual el desarrollo de la historia puede hacer inteligible la revelaci\u00f3n. L\u00f3gicamente, el m\u00e9todo gen\u00e9tico, que estudia la formaci\u00f3n del Pentateuco es un medio necesario para comprender la inteligibilidad intr\u00ed\u00adnseca del texto b\u00ed\u00adblico; pero no puede ser el fin del trabajo exeg\u00e9tico, cuyo objetivo consiste en comprender la revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de los textos que la atestiguan. A no ser que se asigne a la \u00c2\u00a1ex\u00e9gesis tan s\u00f3lo una tarea de descripci\u00f3n hist\u00f3rica, y no de comprensi\u00f3n del sentido del texto-testimonio de la Biblia. Pero tambi\u00e9n en este caso ser\u00ed\u00ada menester que al exegeta-historiador le correspondiera solamente el papel<br \/>\n-entendido en sentido positivista- de mero \u2020\u02dcregistrador\u2020\u2122 de datos. Si la ex\u00e9gesis no puede prescindir de la historia, lo mismo que no puede prescindir de la cr\u00ed\u00adtica literaria, es verdad que tampoco puede prescindir de la teolog\u00ed\u00ada.<br \/>\n2543<br \/>\nIX. HISTORIA CREIDA? HISTORIA REAL.<br \/>\nLa teor\u00ed\u00ada documental ha intentado reconstruir, desde el punto de vista de la cr\u00ed\u00adtica literaria y de la historia, las diversas fases de formaci\u00f3n del Pentateuco. Se interesa por el proceso hist\u00f3rico de producci\u00f3n del conjunto literario que llamamos Pentateuco. En consecuencia, considera que est\u00e1 en disposici\u00f3n, al menos impl\u00ed\u00adcitamente, de poner en evidencia el k\u00e9rygma o la teolog\u00ed\u00ada de los autores o de las escuelas que produjeron cada uno de los documentos que luego confluyeron en la obra final. Coherentemente, puesto que se trata del problema de la g\u00e9nesis de una obra literaria, la teor\u00ed\u00ada documental no ofrece directamente una valoraci\u00f3n sobre la fiabi-lidad hist\u00f3rica de los documentos; lo que hace es se\u00f1alar cu\u00e1les eran las \u2020\u0153opiniones\u2020\u009d o las creencias del yah-vista, del eloh\u00ed\u00adsta, del Deuteronomio y de la escuela sacerdotal. Y, dada la redacci\u00f3n final del Pentateuco en la \u00e9poca ex\u00ed\u00adlica-posex\u00ed\u00adlica, es este horizonte hist\u00f3rico el que determin\u00f3 la \u2020\u0153relectura\u2020\u2122 de las tradiciones precedentes. En conclusi\u00f3n, el Pentateuco refleja lo que el Israel del exilio y del posexilio cre\u00ed\u00ada y pensaba de su propia historia.<br \/>\nDe las hip\u00f3tesis de la cr\u00ed\u00adtica literaria no se puede sacar directamente una conclusi\u00f3n precipitada de cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica. La cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica se pregunta qu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre el k\u00e9rygma (la \u2020\u0153historia cre\u00ed\u00adda\u2020\u009d) y la \u2020\u0153historia real\u2020\u009d, atestiguada por el k\u00e9rygma. El positivismo liberal buscaba el conocimiento ideal de \u2020\u0153wie ist es eigentlich gewesen\u2020\u2122 o de cu\u00e1les son los \u2020\u0153hechos\u2020\u009den estado bruto, fuera de toda interpretaci\u00f3n. Pero este ideal no solamente es irrealizable, sino tambi\u00e9n contrario a la realidad del conocimiento humano: los hechos no son accesibles m\u00e1s que mediante una interpretaci\u00f3n que nos los haga inteligibles. \u00c2\u00a1No existe m\u00e1s historia que la interpretada y narrada! Pero esto no significa que, al contrario, no sea posible proceder del testimonio a los \u2020\u0153hechos\u2020\u009d vividos y significados.<br \/>\nTras la cr\u00ed\u00adtica literaria viene la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica, a la que corresponde \u2020\u0153verificar\u2020\u009d si el suceso narrado es realidad. A la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica le corresponde el deber de elaborar los criterios de historicidad con los que valorar la Habilidad hist\u00f3rica de las fuentes.<br \/>\nPero la historia no puede red ucirse a hechos cuantificados; m\u00e1s a\u00fan, es siempre la encarnaci\u00f3n de un sentido, la realizaci\u00f3n de un proyecto o intenci\u00f3n. En el caso de la Biblia, la historia rea] es la experiencia de Ja revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios a Israel. En consecuencia, la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica no puede prescindir de la teolog\u00ed\u00ada, la \u00fanica que permite \u2020\u0153comprender\u2020\u009d la revelaci\u00f3n, o sea, la realidad significada.<br \/>\nLa misi\u00f3n del estudio del Pentateuco es distinguir, pero tambi\u00e9n coordinar juntamente, estas tres dimensiones de la \/ hermen\u00e9utica: la cr\u00ed\u00adtica literaria, la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica, la cr\u00ed\u00adtica teol\u00f3gica.<br \/>\nLa tempestad de estos \u00faltimos veinte a\u00f1os ha puesto de manifiesto una vez m\u00e1s las debilidades y las lagunas metodol\u00f3gicas de la hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, bien en la cr\u00ed\u00adtica literaria, bien en la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y teol\u00f3gica, bien en lo que concierne a sus relaciones y v\u00ed\u00adnculos rec\u00ed\u00adprocos.<br \/>\nLa ex\u00e9gesis del Pentateuco ha producido tambi\u00e9n estudios \u00fatiles e interesantes que se han aprovechado de los estudios folcl\u00f3ricos (cf Jolles, Lord, Long), estil\u00ed\u00adsticos (cf Richter, McEvenue), sociol\u00f3gicos (cf N.K. Gottwald), estructuralis\u00ed\u00adas (para el G\u00e9nesis, p.ej., J.P. Fokkelman), po\u00e9tico-literarios (cf Alter). Estos y otros m\u00e9todos posibles de lectura no desplazan al m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adti-co. Por otra parte, parece una utop\u00ed\u00ada pensar en una convergencia arm\u00f3nica y simple de los m\u00e9todos. Por tanto, es necesaria una reflexi\u00f3n radical y renovada sobre el m\u00e9todo de la ex\u00e9gesis. Se ha repetido var\u00ed\u00adas veces que la ex\u00e9gesis es un arte m\u00e1s que una ciencia, pero tambi\u00e9n en esta hip\u00f3tesis queda fuera de duda que no puede ser un arte fiada \u00fanicamente a la imaginaci\u00f3n y al capricho del artista-int\u00e9rprete.<br \/>\n2544<br \/>\nBIBL.: Alonso Sch\u00f3kel L., Pentateuco, 2 v\u00f3ls., Cristiandad, Madrid 1970; Auld A.G., Joshua, Moses and the Land. 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