{"id":17213,"date":"2016-02-05T11:12:03","date_gmt":"2016-02-05T16:12:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dogma\/"},"modified":"2016-02-05T11:12:03","modified_gmt":"2016-02-05T16:12:03","slug":"dogma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dogma\/","title":{"rendered":"DOGMA"},"content":{"rendered":"<p>De ordinario, \u00abdogma\u00bb se refiere a una declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica, a una proposici\u00f3n que expresa alguna parte del contenido de la revelaci\u00f3n divina y que es p\u00fablicamente propuesta como tal por la Iglesia y, por lo tanto, a la que se l\u00ed\u00ada de asentir por fe. Esta declaraci\u00f3n se hace, bien a trav\u00e9s del magisterio ordinario y universal de la Iglesia, bien del magisterio extraordinario e infalible. Por eso los art\u00ed\u00adculos de los credos, as\u00ed\u00ad como los c\u00e1nones de los concilios ecum\u00e9nicos, deben ser reconocidos como expresi\u00f3n de los dogmas.<\/p>\n<p>I. DECLARACIONES DOGM\u00ed\u0081TICAS Y REVELACI\u00ed\u201cN. a) La palabra escatol\u00f3gica de y sobre Cristo. La declaraci\u00f3n afirmativa del contenido de la revelaci\u00f3n y el papel de tal declaraci\u00f3n en la tradici\u00f3n de la revelaci\u00f3n deben ser entendidas como un aspecto de la expresi\u00f3n global de la revelaci\u00f3n, que es la historia de las palabras y obras salvadoras de Dios, primero para y luego a trav\u00e9s de Israel, cuya recapitulaci\u00f3n y culminaci\u00f3n es la Palabra encarnada en su vida, muerte y resurrecci\u00f3n, y el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo.. La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, como tambi\u00e9n el concilia Vaticano II (DV 2), est\u00e1 en realidad lejos de concebir la 1 revelaci\u00f3n s\u00f3lo, o en primer lugar, como una colecci\u00f3n de proposiciones. Sin embargo, puesto que los hechos de la historia de salvaci\u00f3n y revelaci\u00f3n no son hechos brutos, sino los actos personales de un Dios personal, contienen un significado y una inteligibilidad en s\u00ed\u00ad mismos, que se expresa de ordinario parcialmente en una palabra prof\u00e9tica que los acompa\u00f1a, y son susceptibles de elaborarse mediante la reflexi\u00f3n sapiencial inspirada. As\u00ed\u00ad, incluso en Israel existe al menos esta expresi\u00f3n normativa de la fe de la alianza del pueblo de Dios: \u00abEscucha, Israel: el Se\u00f1or, nuestro Dios, es el \u00fanico Se\u00f1or\u00bb (Dt 6,4-9; 11,13-21; N\u00fam 15,37-41).<\/p>\n<p>Las obras de Dios, su interpretaci\u00f3n prof\u00e9tica y la reflexi\u00f3n sobre las mismas dentro del AT est\u00e1n todas, sin embargo, inacabadas y no constituyen m\u00e1s que una afirmaci\u00f3n incompleta de la promesa de Dios. S\u00f3lo, con Cristo est\u00e1 dicha completamente la palabra de Dios y el cumplimiento de la promesa queda perfectamente definido (DV 2,4). Ahora la actividad preeminente de la vida de Cristo es la de proclamar de palabra y de obra que el l reino de Dios est\u00e1 cerca: de palabra, \u00abse ha cumplido el tiempo, y el reino de Dios est\u00e1 cerca\u00bb (Mc 1,15), y \u00abvamos a otra parte, a los pueblos vecinos, a predicar tambien all\u00ed\u00ad; pues para eso he salido\u00bb (Me 1,38); de obra, como en el hecho de reunir disc\u00ed\u00adpulos para su seguimiento incondicional, en el de sentarse a la mesa en compa\u00f1\u00ed\u00ada de pecadores, en el perd\u00f3n de los pecados, en las curaciones y exorcismos. Por otra parte, esta vida y ense\u00f1anza constituyen una pretensi\u00f3n por parte de Jes\u00fas de que la presencia de su persona, tal como se expresa en su palabra y se manifiesta en sus obras, es un testimonio y demostraci\u00f3n suficientes de la l credibilidad de la verdad del mensaje del reino. Pues su palabra tiene autoridad: \u00abSab\u00e9is que se dijo&#8230;; pero yo os digo\u00bb (Mt 5,21-22; cf Mc 1,22). Y de un modo similar, su actuaci\u00f3n requiere objetivamente una respuesta de fe: \u00abPero si echo los demonios con el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, es se\u00f1al de que ha llegado a vosotros el reino de Dios\u00bb (Mt 12,28; cf Jn 5,36; 9,32-33;10,38;14,11). Este testimonio y demostraci\u00f3n, por tanto, identifican a Jes\u00fas como aqu\u00e9l sin el cual la buena noticia del reino, y por tanto el reino mismo, resulta inaccesible; en esto su causa y la del evangelio son una (Mc 8,35; 10,29), y as\u00ed\u00ad le identifican positivamente, aunque quiz\u00e1 s\u00f3lo impl\u00ed\u00adcitamente, como el Cristo, el mediador, es el que media, Dios en cuanto Hijo de Dios. Este testimonio y demostraci\u00f3n, tanto de la verdad de su mensaje como de la identidad de su persona, se perfecciona y confirma solamente en la resurrecci\u00f3n, el signo inequ\u00ed\u00advoco de que el fin del tiempo salv\u00ed\u00adfico de Dios se ha anticipado ya y est\u00e1 presente en el tiempo y, desde luego, en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n es una \u00abpalabra\u00bb: ello significa que la palabra del crucificado es verdadera; que la palabra escatol\u00f3gica de Dios, dicha en el tiempo en las palabras de Jes\u00fas, ha sido garantizada por la acci\u00f3n escatol\u00f3gica de Dios dentro de la historia, y que el crucificado es quien afirm\u00f3 ser: el salvador escatol\u00f3gico que salva por su muerte (Mc 14,24-25). Igualmente, la resurrecci\u00f3n es para ser proclamada de palabra (Mc 16,6-7). \u00abHa resucitado\u00bb tiene, por tanto, la pretensi\u00f3n de ser la afirmaci\u00f3n inicial y global de la revelaci\u00f3n (cf He 2,24); una afirmaci\u00f3n que no es meramente una respuesta humana a la obra de Dios (\u00abconfesi\u00f3n\u00bb en sentido estricto), sino la misma y verdadera palabra de Dios, creadora de su expresi\u00f3n humana, por ser palabra pronunciada por Jes\u00fas mismo (Mt 28,10;18,19; Lc 24,46-48), y esto es esencial para la fundamentaci\u00f3n de la comprensi\u00f3n cat\u00f3lica del dogma: la proclamaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n es tambi\u00e9n dogma, es una \u00abense\u00f1anza\u00bb con un contenido, el resultado de una \u00abdecisi\u00f3n\u00bb, el libre placet de Dios que redime a la humanidad, y tambi\u00e9n una ense\u00f1anza garantizada por Dios, y por eso ense\u00f1anza suya como tal.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, originalmente, la posibilidad de afirmaciones dogm\u00e1ticas reside en: 1) la ense\u00f1anza de Jes\u00fas mismo, es decir, en la palabra escatol\u00f3gica de Dios hablada en las palabras humanas de Jes\u00fas; 2) la afirmaci\u00f3n, al menos impl\u00ed\u00adcita, sobre la persona y significaci\u00f3n de Jes\u00fas hecha por Jes\u00fas, cuya pretensi\u00f3n se hace ya expl\u00ed\u00adcita en el NT mediante afirmaciones sobre Jes\u00fas, y 3) la confirmaci\u00f3n de su ense\u00f1anza y pretensi\u00f3n en el acontecimiento de su resurrecci\u00f3n, que es ella misma una palabra, y una palabra para ser dicha. As\u00ed\u00ad, ser un seguidor de Cristo implica: 1) tener como verdadero lo que Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 para ser cre\u00ed\u00addo como verdadero, el evangelio que proclam\u00f3, ya que \u00e9l conserva su t\u00ed\u00adtulo de \u00abmaestro\u00bb; 2) tener como verdadero sobre Jes\u00fas lo que la Iglesia del NT sostuvo como verdadero sobre \u00e9l, el evangelio que \u00abtiene que ver\u00bb con \u00e9l (Rom 1,3), la \u00abconfesi\u00f3n del Hijo\u00bb (Jn 2,23) y el \u00abtestimonio\u00bb del ap\u00f3stol de que el Padre ha enviado a su Hijo como salvador del mundo (Un 4,14), que es el \u00abpreciado dep\u00f3sito\u00bb de ense\u00f1anza que ha de guardarse (2Tim 1,14), y 3) tener estas verdades como verdades reveladas por Dios.<\/p>\n<p>b) La palabra escatol\u00f3gica conservada a trav\u00e9s del tiempo. Las declaraciones dogm\u00e1ticas son, sin embargo, consideradas como algo distinto de y a\u00f1adido a las afirmaciones de la Escritura. La necesidad de tales declaraciones posteriores se sigue del hecho de que una palabra escatol\u00f3gica ha sido pronunciada en el tiempo, el tiempo humano; en el sentido estricto de la palabra, tiempo del dominio s\u00f3lo parcial de la sucesi\u00f3n temporal, es decir, el tiempo de olvido y la p\u00e9rdida, as\u00ed\u00ad como del progreso, y en cualquier caso el tiempo capaz de amenazar la identidad de la memoria y la identidad de significado de una palabra pronunciada una vez. Si la Palabra eterna ha de seguir siendo la palabra escatol\u00f3gica hablada en el tiempo, y por eso en la fe de los que escuchan, entonces debe inventar alg\u00fan modo de seguir siendo lo que es en y a trav\u00e9s de las palabras temporales de los hombres. Esto significa que, al igual que palabras humanas, tambi\u00e9n el acto humano de interpretaci\u00f3n debe ser establecido por la palabra de Dios. Porque los significados humanos expresados en palabras humanas no permanecen lo que son, en su identidad e igualdad, si no es a trav\u00e9s de la interpretaci\u00f3n, que conserva el significado de una palabra humana presente en un tiempo fuera de su tiempo original de pronunciaci\u00f3n. El producto de la interpretaci\u00f3n de la palabra escatol\u00f3gica de Cristo expresada en otro tiempo es \u00abdogma\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, igual que Jes\u00fas mismo interpret\u00f3 las palabras anteriores de la revelaci\u00f3n del AT -como en el dicho sobre el divorcio, Mt 19,4-6; en la ense\u00f1anza sobre la resurrecci\u00f3n, Mt 22,31-32, y ver m\u00e1s abajo 3.a)-, de igual manera la Iglesia, su cuerpo, no separado de la cabeza, interpreta la palabra de Cristo contenida en la Escritura. O se pod\u00ed\u00ada decir tambi\u00e9n: la palabra escatol\u00f3gica del evangelio, presente de continuo en la Iglesia (Jn 14,26), sigue interpretando y juzgando las diversas cuestiones y palabras que los hombres aportan a la recepci\u00f3n del evangelio. No existe diferencia entre estas formulaciones en el pensamiento cat\u00f3lico, que reconoce ciertamente la prioridad y la gratuidad de la gracia, pero tambi\u00e9n reconoce el hecho de que esa gracia es realmente entregada a hombres y que realmente los transforma.<\/p>\n<p>Que el poder de interpretar con autoridad la palabra de Dios hecha carne, y por tanto expresada en palabras humanas, es ejercido en y a trav\u00e9s de quienes est\u00e1n unidos en el Esp\u00ed\u00adritu con Cristo, est\u00e1 ya impl\u00ed\u00adcito en la recepci\u00f3n del canon del NT (\/Canon b\u00ed\u00adblico), donde tal recepci\u00f3n significa que las teolog\u00ed\u00adas del NT, cuyos autores son tambi\u00e9n los evangelistas y los ap\u00f3stoles, son normativas. Si las interpretaciones que componen el NT fueron necesarias despu\u00e9s de la vida del Se\u00f1or, se puede suponer una necesidad semejante de formular normativas ulteriores, de actualizar el propio NT con palabras nuevas y m\u00e1s humanas, de modo que la palabra del NT, y en consecuencia la palabra de Dios, pueda perdurar en el tiempo.<\/p>\n<p>2. APARICI\u00ed\u201cN DE LA NOCI\u00ed\u201cN DE DOGMA. a) La moderna noci\u00f3n de dogma. Es frecuente ver en la Pastor aeternus, del concilio Vaticano I, una expresi\u00f3n de la noci\u00f3n moderna y t\u00e9cnica de dogma: \u00abDeben creerse con f\u00e9 divina y cat\u00f3lica todas aquellas cosas que est\u00e1n contenidas en la palabra de Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas a la fe por la Iglesia, bien mediante declaraci\u00f3n solemne o a trav\u00e9s de su magisterio ordinario y universal, en cuanto han sido divinamente reveladas\u00bb (DS 3011). Lo esencial en esta noci\u00f3n, prescindiendo del hecho de ser el dogma una ense\u00f1anza contenida en la revelaci\u00f3n, es que esa ense\u00f1anza es propuesta por la autoridad doctrinal de la Iglesia para ser cre\u00ed\u00adda como tal. As\u00ed\u00ad entendido, \u00abdogma\u00bb incluye m\u00e1s que el articulus fidei medieval, que se refiere m\u00e1s estrictamente a las proposiciones del credo, pero menos que \u00abdoctrina\u00bb o que dogma\u00bb en su uso teol\u00f3gico medieval, que no inclu\u00ed\u00ada la nota de ser propuesto por el magisterio infalible extraordinario u ordinario.<\/p>\n<p>Esta noci\u00f3n t\u00e9cnica de dogma aparece por primera vez con Melchor Cano, De locis theologicis (1563) (\/Lugares teol\u00f3gicos), quien m\u00e1s que definir el t\u00e9rmino lo usa para referirse a una doctrina que es a la vez: 1) apost\u00f3lica, transmitida por la Escritura o la tradici\u00f3n; 2) definida por un papa o un concilio o aceptada por todos los fieles. Felipe Neri Chrismann (Regula ftdei catholicae et collectio dogmatum credendorum, 1792) se cree que fue el primero en expresar la moderna definici\u00f3n de dogma: \u00abDogma fidei nihil aliud fit, quam doctrina, et veritas divinitus revelata, quae publico Ecclesiae iudicio fide divina credenda ita proponitur, ut contraria ab Ecclesia tamquam heretica doctrina damnetur\u00bb. En el contexto de su formulaci\u00f3n, por consiguiente, es una noci\u00f3n que abarca dos facetas: la primera, pol\u00e9mica, contra el protestantismo; la segunda, constructiva, da una respuesta a lo que son los principios de la ciencia teol\u00f3gica y a c\u00f3mo se pueden establecer.<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n de esta noci\u00f3n t\u00e9cnica presenta a la vez ventajas e inconvenientes, como en cualquier objetivaci\u00f3n: es \u00fatil, tanto para fines teol\u00f3gicos como de controversia (y ecum\u00e9nicos), haber definido este objeto de modo exacto y preciso; es peligrosa, ya que esta definici\u00f3n induce a una consideraci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y estrecha del dogma, aislada de las realidades m\u00e1s amplias de la revelaci\u00f3n y de la fe, y a una cierta reducci\u00f3n del verdadero objeto de la fe misma.<\/p>\n<p>b) Dogma en el NT As\u00ed\u00ad como la formulaci\u00f3n de un dogma cualquiera de cristolog\u00ed\u00ada o de teolog\u00ed\u00ada trinitaria lleva a preguntarse por su relaci\u00f3n con la. Escritura -y la tradici\u00f3n y por el sentido en que ese dogma puede considerarse all\u00ed\u00ad contenido, tambi\u00e9n la formulaci\u00f3n de la noci\u00f3n misma de dogma lleva a interrogarse por su relaci\u00f3n con la Escritura y la tradici\u00f3n y por el sentido en que puede considerarse que est\u00e1 ya latente all\u00ed\u00ad dentro.<\/p>\n<p>En el griego com\u00fan, dogma (de dokein, pensar, suponer) es una opini\u00f3n, y m\u00e1s especialmente: 1) la opini\u00f3n o doctrina de una escuela filos\u00f3fica, o 2) la resoluci\u00f3n o decreto de una asamblea o de un gobernante. Es este \u00faltimo sentido el que destaca en el NT. Hechos 17,7 habla de los \u00abdecretos del C\u00e9sar\u00bb (cf 2,1). Tambi\u00e9n conocemos dogmata legales de la ley mosaica, suprimidos por Cristo (Col 1,14; Ef 2,15; cf Col 2,20). Por \u00faltimo, se habla de los dogmata, los \u00abdecretos\u00bb, de los ap\u00f3stoles y ancianos dados en Jerusal\u00e9n concernientes a los alimentos y a la pureza sexual (He 16,4; cf 15,22; 25; 28). Aunque el contenido exacto de estos dogmata es disciplinar y \u00e9tico, se puede advertir que el contexto es m\u00e1s que \u00e9tico, porque al decidir no imponer la circuncisi\u00f3n a los gentiles se toca un tema que pertenece a la esencia del evangelio. En la literatura cristiana de los siglos II y in es cuando dogma se convierte en algo doctrinal, a la vez que disciplinar, en coherencia con la concepci\u00f3n del cristianismo como la \u00abverdadera filosof\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>Las principales justificaciones del NT respecto a la noci\u00f3n de dogma como doctrina, prescindiendo de lo dicho en 1, arriba, hay que verlas: 1) en el uso de pistis y pisteuein, pues la fe en el NT es no s\u00f3lo confianza en el Se\u00f1or y obediencia a Dios, sino tambi\u00e9n mantener ciertas cosas como verdaderas (p.ej., Rom 10,8-9; Jn 6,69); 2) en la f\u00f3rmula del credo o \u00abprecredo\u00bb, especialmente h\u00ed\u00admnica, contenida en el NT, a la que apela Pablo (p.ej., Flp 2,5-11; 1Cor 15,13), lo que indica que la idea de una expresi\u00f3n relativamente fija de la fe no es de ning\u00fan modo extra\u00f1a al NT; 3) en el uso de homologia y homologein, donde el objeto confesado, reconocido y admitido, es el kerigma sobre Cristo, por ejemplo, \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb (Rom 10,9; cf tambi\u00e9n 1Tim 6,12; Heb 4,14; Jn 4,15), y 4) en el \u00e9nfasis de las cartas pastorales sobre la didaskalia, la \u00absana doctrina\u00bb (Tit 1,9; 2,1), a la que se insta a Timoteo y Tito a ser fieles, el \u00abpreciado dep\u00f3sito\u00bb que deben guardar (2Tim 1,14), que es la \u00abverdad\u00bb(2Tim 2,25; 3,7), y que es uno y el mismo \u00abcomo el modelo de sana doctrina que han recibido (2Tim 1,13).<\/p>\n<p>c) Nicea. En el NT y en el cristianismo primitivo, por consiguiente, \u00abdogma\u00bb es ya como una realidad viva, pero sin poner gran \u00e9nfasis sobre una estandarizaci\u00f3n de la f\u00f3rmula verbal; con Cano y Chrismann hay una posesi\u00f3n refleja de la realidad del dogma, pudiendo encontrarse una expresi\u00f3n de tal posesi\u00f3n en la Pastor aeternus. Pero entre la realidad viva, que incluye la posibilidad de una estandarizaci\u00f3n expresa de la f\u00f3rmula, y la posesi\u00f3n refleja est\u00e1 la actualizaci\u00f3n del dogma precisamente como ense\u00f1anza expresada en forma de proposici\u00f3n, propuesta por la autoridad de la Iglesia, a la que hay que asentir con fe divina. Esta actualizaci\u00f3n se prepara por la aparici\u00f3n de s\u00ed\u00admbolos catequ\u00e9ticos y bautismales, as\u00ed\u00ad como por la toma de conciencia de la 1 regla de fe en la controversia con el gnosticismo. Pero tiene lugar de modo definitivo por primera vez en Nicea. \u00abA aquellos, empero, que dicen: `Hubo un tiempo en que no fue&#8217;&#8230; y: `Que fue hecho de lo no existente o de otra hip\u00f3stasis o ous\u00ed\u00ada :.., a \u00e9stos los anatematiza la Iglesia cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb (DS 126). As\u00ed\u00ad, lo que uno debe decir para pertenecer a la comunidad de salvaci\u00f3n es que el Logos es eterno, increado y homoousios con el Padre. El \u00e9nfasis recae en lo que se dice, porque lo que decimos en forma de sentencia y proposici\u00f3n, emitiendo un juicio, es una pretensi\u00f3n de poseer la realidad a trav\u00e9s del conocimiento. Independientemente de lo que pensemos o de lo que los arrianos digan que es, lo cierto es que el Logos es como es. Adem\u00e1s, esto puede conocerse; el conocimiento se expresa en un juicio verdadero, en una proposici\u00f3n verdadera que corresponde a lo que es; y esta posesi\u00f3n de la realidad por una mente iluminada por la fe es una parte de lo que significa salvarse.<\/p>\n<p>3. EVOLUCI\u00ed\u201cN DEL DOGMA. a) Sagrada Escritura, tradici\u00f3n, magisterio. Presuponiendo la comprensi\u00f3n com\u00fan de Escritura, tradici\u00f3n y magisterio, y de las relaciones entre ellos, su nexo con las declaraciones dogm\u00e1ticas puede formularse brevemente como sigue. Si se entiende la Escritura como el testimonio inspirado, materialmente suficiente, de la comunidad apost\u00f3lica sobre la palabra de Dios encarnada, Cristo, y por tanto como norma non normata de la fe; y si la tradici\u00f3n, cuyo principio es el mismo Esp\u00ed\u00adritu que inspir\u00f3 las Escrituras y cuyo sujeto global es la Iglesia, es el contexto formalmente necesario en el que leer e interpretar correctamente la Escritura, puesto que incluye la experiencia de las aut\u00e9nticas realidades de las que la Escritura habla (DV 8), entonces una declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica deber\u00e1 relacionarse con la Escritura y con expresiones previas de la tradici\u00f3n como interpretaci\u00f3n normativa suya, y el papel del magisterio en la elaboraci\u00f3n de esta interpretaci\u00f3n ser\u00e1 simplemente el de un reconocimiento infalible, en virtud del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se le ha dado, de que tal interpretaci\u00f3n es realmente exacta (DV 10).<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n de una declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica puede, por tanto, considerarse, con raz\u00f3n, en primer lugar, sencillamente como un tipo de ex\u00e9gesis, y \u00abex\u00e9gesis espiritual\u00bb, es decir, una lectura de la Escritura y un servicio a ella en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que corre el velo de la faz de Mois\u00e9s, la \u00abdureza de coraz\u00f3n\u00bb que impide que se comprenda el AT como palabra que habla de Cristo (2Cor 3,1218). La garant\u00ed\u00ada de tal ex\u00e9gesis, por otra parte, es el ejemplo de Cristo, entendido seg\u00fan Lucas-Hechos. En Lc 4,16-21, Cristo declara que el significado de Is 61, I-2 es el mismo Cristo: \u00e9l proporciona con su ense\u00f1anza y es en su realidad el contexto normativo de la interpretaci\u00f3n de la Escritura. En Lc 24,27 Cristo declara una vez m\u00e1s que el significado de la Escritura (\u00abMois\u00e9s y todos los profetas\u00bb) es Cristo. Y este ejemplo es seguido adem\u00e1s por otros, pues en He 8,27-35 Felipe explica el significado de Is 53,7-8 al eunuco et\u00ed\u00adope, y el sentido es Cristo.<\/p>\n<p>b) Teor\u00ed\u00adas de la evoluci\u00f3n. Normalmente se distinguen cuatro teor\u00ed\u00adas de la evoluci\u00f3n dogm\u00e1tica. Para aquellos que siguen admitiendo la noci\u00f3n de \u00abevoluci\u00f3n\u00bb abiertamente, la \u00faltima es, con mucho, la postura m\u00e1s com\u00fan. 1) Evoluci\u00f3n como reafirmaci\u00f3n o afirmaci\u00f3n m\u00e1s clara de lo que ya se posee y conoce conceptualmente (Bossuet). Con la superaci\u00f3n de la idea de tradici\u00f3n como colecci\u00f3n de ense\u00f1anzas transmitidas oralmente y no contenidas en la Escritura, y con una atenci\u00f3n m\u00e1s aguda a la historia no s\u00f3lo de la expresi\u00f3n verbal externa, sino de la conceptualidad expresada en la tradici\u00f3n cristiana, esta idea de evoluci\u00f3n ha sido abandonada.<\/p>\n<p>2) Evoluci\u00f3n como la actividad l\u00f3gica de sacar conclusiones a partir de premisas reveladas (p.ej., F. Mar\u00ed\u00adn-Sola). Seg\u00fan este criterio, ser\u00ed\u00ada posible, desde un punto de vista estrictamente l\u00f3gico, demostrar la continuidad del dogma con la Escritura. La dificultad de tal demostraci\u00f3n ha conducido al abandono de este punto de vista.<\/p>\n<p>3) Evoluci\u00f3n como la transformaci\u00f3n material de la expresi\u00f3n did\u00e1ctica de la fe seg\u00fan el pensamiento cient\u00ed\u00adfico y filos\u00f3fico de la \u00e9poca (Schleiermacher, modernismo). Este punto de vista es criticado de ordinario alegando que la continuidad del cristianismo es algo m\u00e1s que la continuidad de la experiencia y la piedad e incluye una continuidad de ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>4) Evoluci\u00f3n como contemplaci\u00f3n propiamente teol\u00f3gica de la realidad revelada por una raz\u00f3n necesariamente condicionada por la historia e iluminada por la fe (Newman, M(ihler, Blondel). El reconocimiento del condicionamiento hist\u00f3rico de la raz\u00f3n explica los saltos de la evoluci\u00f3n que no pueden ser salvados con l\u00f3gica como paso de premisas ya establecidas a una conclusi\u00f3n previamente inarticulada. La delimitaci\u00f3n del objeto de contemplaci\u00f3n como realidad revelada (el Cristo), aunque no niega el papel de las proposiciones en la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, explica por qu\u00e9 puede haber m\u00e1s en la evoluci\u00f3n de lo que estaba expresado ya previamente en forma de proposici\u00f3n. Finalmente, la especificaci\u00f3n de la contemplaci\u00f3n \u00abteol\u00f3gica\u00bb y de la raz\u00f3n en cuanto \u00abiluminada por la fe\u00bb: 1) hace del actual proceso de evoluci\u00f3n un acto de fe, y por eso no reducible totalmente a la capacidad humana natural, y 2) hace del subsiguiente reconocimiento de la aut\u00e9ntica evoluci\u00f3n tambi\u00e9n un acto de fe.<\/p>\n<p>c) La interpretaci\u00f3n del dogma. En general, las declaraciones dogm\u00e1ticas deben ser interpretadas seg\u00fan las mismas reglas con que es interpretada la Escritura: la objetividad hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica es mantenida dentro del horizonte de la fe y la tradici\u00f3n. Puesto que ellas mismas son interpretaciones de la Escritura y de la tradici\u00f3n, encuentran su propia interpretaci\u00f3n seg\u00fan la norma de lo que ellas interpretan. En lo que obligan al creyente a confesar, deben ser por su propia naturaleza interpretadas de modo estricto. La \u00abirreformabilidad\u00bb de las declaraciones dogm\u00e1ticas (DS 3074) no significa que no requieran interpretaci\u00f3n e incluso reformulaci\u00f3n; significa que, en el sentido en que fueron entendidas en la \u00e9poca y el contexto de su definici\u00f3n, deben ser afirmadas como verdaderas.<\/p>\n<p>4. LA NEGACI\u00ed\u201cN DEL DOGMA. En el NT, la herej\u00ed\u00ada y el cisma no se distinguen con claridad como negaci\u00f3n de alguna parte de la revelaci\u00f3n, por un lado, y ruptura de la comuni\u00f3n, pero sin desviarse de la regla de fe, por otro. Los \u00abcismas\u00bb de Corinto (1Cor 1,10) parecen ser m\u00e1s bien \u00abbandos\u00bb, de todos modos distintos en parte meramente por la adhesi\u00f3n a alg\u00fan l\u00ed\u00adder de grupo (1Cor 1,12). Pero en Hechos la base del \u00abcisma\u00bb entre los ciudadanos de Iconio (14,4) y dentro del sanedr\u00ed\u00adn (23,7) es claramente alg\u00fan tipo de desacuerdo intelectual. Hairesis (de haireomai, elegir, seleccionar) que en el griego precristiano significa una secta, especialmente una escuela filos\u00f3fica, se utiliza en Hechos de una manera similar: \u00abla secta de los saduceos\u00bb (5,7; cf tambi\u00e9n 15,5; 24,5; 26,5). Parece m\u00e1s bien la descripci\u00f3n de un grupo desde fuera del grupo (cf 24,14), que intenta una descripci\u00f3n hostil. Por el uso que Pablo hace de \u00e9l es dif\u00ed\u00adcil de distinguirlo de cisma (cf 1Cor 1,10 y 11,18). S\u00f3lo en 2Pe 2,1 se entiende con claridad que la \u00abherej\u00ed\u00ada\u00bb se basa en una negaci\u00f3n de la doctrina y de una doctrina sobre Cristo. Que tales diferencias suponen ya en el NT la ruptura de comuni\u00f3n se deduce claramente de Un 1,18ss. La indefectibilidad de la fe de la Iglesia pertenece a la Iglesia como comuni\u00f3n, no al individuo como tal.<\/p>\n<p>Con la elaboraci\u00f3n nicena del dogma es posible una noci\u00f3n correlativamente exacta de herej\u00ed\u00ada como la negaci\u00f3n de una declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica. Esto est\u00e1 en continuidad con la noci\u00f3n m\u00e1s concreta de hereje como alguien que no interpreta la Escritura seg\u00fan la regla de fe (Ignacio), en continuidad a su vez con el sentido de herej\u00ed\u00ada de 2Pe 2,1. La claridad del dogma despu\u00e9s de Nicea, sin embargo, cambia la naturaleza de la controversia doctrinal: mientras que Ireneo tuvo que escribir cuatro libros para demostrar el hecho de que los gn\u00f3sticos no interpretan la Escritura seg\u00fan la regla de fe, a los arrianos y semiarrianos se les identificaba f\u00e1cilmente enfrent\u00e1ndolos con la norma del homoousios.<\/p>\n<p>Los problemas modernos sobre la noci\u00f3n de herej\u00ed\u00ada no hay que distinguirlos de los problemas modernos sobre la noci\u00f3n de dogma, y plantean la cuesti\u00f3n de si cierto conocimiento de la verdad, expresada en proposiciones, pertenece esencialmente a los bienes de salvaci\u00f3n pose\u00ed\u00addos al presente, y por tanto es algo formalmente necesario para ser miembro de la comunidad de los salvados.<\/p>\n<p>5. PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS. a) Presupuestos antropol\u00f3gicos. Los problemas modernos de la noci\u00f3n de dogma comienzan con los presupuestos antropol\u00f3gicos del dogma. Estos presupuestos, como la posibilidad del dogma mismo, son conocidos teol\u00f3gicamente s\u00f3lo a partir de la realidad de la revelaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad como antes de la revelaci\u00f3n no podemos saber que la palabra de Dios puede ser pronunciada en palabras humanas, de la misma manera antes de la revelaci\u00f3n no sabemos que podamos o\u00ed\u00adrla. Las condiciones antropol\u00f3gicas del dogma pueden fijarse de forma variada. Pero cl\u00e1sicamente, y con santo Tom\u00e1s, se puede decir que el presupuesto fundamental es que existe un deseo natural humano de la visi\u00f3n de Dios. Ese deseo natural, conocido sobrenaturalmente tal como es, est\u00e1 desde luego estrictamente subordinado a esa naturaleza de la mente humana como quodammodo omnia, y en modo tal que la capacidad anal\u00f3gica de nuestro lenguaje va m\u00e1s all\u00e1 del reino del ser materialmente condicionado: la mente humana es realmente capaz de comprender algo sobre Dios o, m\u00e1s exactamente, de lo que no es Dios, y las palabras humanas pueden hablar de las cosas divinas (l Analog\u00ed\u00ada). Estos supuestos naturales del dogma puede verse que est\u00e1n implicados en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas sobre el reino: si el hombre puede o\u00ed\u00adr una palabra escatol\u00f3gica, entonces su tiempo no es el de la inmersi\u00f3n animal en una mera sucesi\u00f3n de percepciones, sino el de una percepci\u00f3n de la sucesi\u00f3n: \u00e9l, que domina el tiempo hasta ese punto, est\u00e1, sin embargo, sujeto a \u00e9l, es capaz de hacer \/historia, y por eso posee una apertura a una palabra sobre un fin de la historia que no es creaci\u00f3n suya, sino creaci\u00f3n de Dios. Tal apertura implica que la mente del hombre se extiende, en el deseo, m\u00e1s all\u00e1 de todas las regiones del ser, incluso del conjunto del cosmos material y temporal, y por eso tiene al ser como tal como objeto adecuado.<\/p>\n<p>La posibilidad antropol\u00f3gica del dogma es com\u00fanmente negada en un doble sentido. Primero, si una filosof\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adtica sostiene que el objeto adecuado de la mente no es el ser como tal, la mente est\u00e1 confinada al conocimiento de los fen\u00f3menos, y un discurso an\u00e1logo de Dios cae en el equ\u00ed\u00advoco: todo discurso religioso es, en el mejor de los casos, metaf\u00f3rico, y por tanto no puede existir verdadera palabra hablada de Dios a nosotros, recibida y expresada en palabras nuestras. Segundo, si un idealismo poscr\u00ed\u00adtico sostiene que el ser no solamente es el objeto adecuado, sino el propio de la mente, no existe inteligibilidad que sobrepase la mente; el discurso an\u00e1logo sobre Dios cae en la univocidad, y no hay necesidad de aceptar ninguna verdad basada en la autoridad de Dios que se revela.<\/p>\n<p>b) Problemas modernos. La idea misma del dogma induce a una crisis de fe; sin embargo, no simplemente en virtud de las diversas negaciones de la filosof\u00ed\u00ada poscristiana, sino tambi\u00e9n en la medida en que uno se toma en serio la siguientes cuestiones.<\/p>\n<p>1) La primera es la de la reforma. La pretensi\u00f3n de la Iglesia de proponer el dogma, \u00bfno contradice la libertad de la conciencia cristiana y tambi\u00e9n la libertad del evangelio, de la palabra de Dios, de dirigirse a esa conciencia? \u00bfNo sucede as\u00ed\u00ad al interponer una autoridad humana entre el cristiano y el \u00fanico mediador entre Dios y el hombre, Jesucristo? \u00bfY no se reduce la fe, que es la \u00fanica que salva y cuyo \u00fanico t\u00e9rmino es Dios, a una serie de \u00abobras\u00bb intelectuales, a asentimientos a proposiciones humanamente formuladas, entendidas al modo humano?<\/p>\n<p>La actual atenci\u00f3n a la cuesti\u00f3n de la reforma est\u00e1 normalmente relacionada con la lectura protestante liberal de la historia de la doctrina, para la cual el dogma es la expresi\u00f3n de la corrupci\u00f3n de la devoci\u00f3n cristiana del NT por la mentalidad griega. Adem\u00e1s, se le ha dado prioridad exeg\u00e9tica por parte de quienes proponen una escatolog\u00ed\u00ada consecuente, para quienes el dogma es la soluci\u00f3n del catolicismo primitivo al problemadel retraso de la parus\u00ed\u00ada. En general, la tendencia protestante se orienta a entender el dogma de la Iglesia m\u00e1s estrictamente como \u00abconfesi\u00f3n\u00bb, entendida como una respuesta humana a la palabra de la revelaci\u00f3n, pero que resulta ser insuficiente para participar de la autoridad de la revelaci\u00f3n misma.<\/p>\n<p>2) El segundo problema es la cuesti\u00f3n de la ilustraci\u00f3n. La misma idea de dogma, \u00bfno contradice la libertad del hombre? Una fides imperata, tal como la supone la noci\u00f3n de dogma, es una fides servilis; la fe libre, la \u00fanica que es moral, no requiere asentimiento a nada que vaya m\u00e1s all\u00e1 de los principios de moralidad ligados a la idea de Dios tal como lo postula la raz\u00f3n pr\u00e1ctica (Kant). Por otra parte, el dogma contradice el esp\u00ed\u00adritu de la libertad de investigaci\u00f3n (Heidegger) y se opone a la apertura del m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico (J. Dewey, B. Russell). La acusaci\u00f3n de la ilustraci\u00f3n al dogma puede resumirse como sigue: un \u00abdogma\u00bb es una opini\u00f3n que no es y no puede ser conocida como verdadera por estar impuesta ileg\u00ed\u00adtimamente -a otros por alguna autoridad humana. La imposici\u00f3n del dogma es \u00abheteronom\u00ed\u00ada\u00bb; niega el car\u00e1cter aut\u00f3nomo de la investigaci\u00f3n y acci\u00f3n humanas. Obrando de esta manera en inter\u00e9s de alguna clase social, el dogma se convierte en \u00abideolog\u00ed\u00ada\u00bb en el sentido marxista.<\/p>\n<p>3) Tercero, \u00bfc\u00f3mo restaurar la unidad cristiana dada la \u00ed\u00adndole divisoria del dogma, no superada mediante el simple reconocimiento de una jerarqu\u00ed\u00ada de verdades (UR 11)?<\/p>\n<p>c) Propuestas modernas. Todas las dificultades suscitadas por estas cuestiones parecen surgir \u00fanicamente de una visi\u00f3n cognoscitiva realista del dogma: las afirmaciones dogm\u00e1ticas nos dicen algo sobre Dios, Cristo, los modos de proceder de Dios con los hombres; adem\u00e1s, las afirmaciones dogm\u00e1ticas son verdaderas en el sentido de que corresponden a la realidad por ejemplo, la afirmaci\u00f3n \u00abhay tres personas en Dios\u00bb es verdadera porque hay tres personas en Dios. Puede verse que todas las dificultades se resuelven, por consiguiente, abandonando esta noci\u00f3n, bien negando la naturaleza de los dogmas como declaraci\u00f3n informativa o abandonando la perspectiva de correspondencia de la verdad. Lo que sigue representa las principales l\u00ed\u00adneas de reformulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1) La noci\u00f3n experiencial-expresivista de dogma. Quienes proponen este punto de vista creen, con Schleiermacher, responder a la cr\u00ed\u00adtica de la ilustraci\u00f3n tanto del conocimiento como de la religi\u00f3n revelada. Los dogmas son mal entendidos si los tomamos como portadores de informaci\u00f3n sobre alguna realidad que trascienda a nuestra experiencia ordinaria. M\u00e1s bien, los dogmas son expresiones y evocaciones de un tipo de experiencia \u00fanica, la experiencia de \u00abdependencia absoluta\u00bb, nuestra \u00abconsciencia de Dios\u00bb. Por ejemplo, \u00abJes\u00fas es homoousios to patri \u00abes una expresi\u00f3n de la consciencia de Dios -en general, de la experiencia religiosa o preocupaci\u00f3n esencial- de quien hace la afirmaci\u00f3n. Hacer la afirmaci\u00f3n evoca la consciencia de Dios del que la hace; le mantiene en la experiencia. Es, por as\u00ed\u00ad decir, una met\u00e1fora que remite a la experiencia, que es ella misma propiamente inefable, fuera del reino del tipo de inteligibilidad que nuestro lenguaje y nuestros conceptos son capaces de expresar con propiedad.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n es verdadera con respecto a la experiencia de quien la hace, en la medida en que realmente expresa y evoca su consciencia de Dios; es verdadera con respecto a Jes\u00fas en la medida en que \u00e9l realmente tuvo una consciencia de Dios insuperable.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n es reformable con tal de que la reformulaci\u00f3n exprese de modo similar la experiencia de Dios de quien hace la afirmaci\u00f3n, con tal de que la reformulaci\u00f3n formule un compromiso igual respecto a la unicidad de Jes\u00fas. Es de esperar que la reformulaci\u00f3n de la afirmaci\u00f3n se mantenga a tono con el lenguaje cient\u00ed\u00adfico y filos\u00f3fico de la \u00e9poca. La continuidad de la evoluci\u00f3n dogm\u00e1tica es la de la experiencia, no la del contenido conceptual.<\/p>\n<p>En congruencia con lo anterior, las doctrinas de la Iglesia s\u00f3lo pueden tener una normatividad relativa temporal y culturalmente. No atan ni la libertad del evangelio ni la libertad de conciencia. Y, por tanto, no suponen ning\u00fan gran obst\u00e1culo para la unidad cristiana.<\/p>\n<p>2) Pragmatismo, modernismo. El significado de cualquier afirmaci\u00f3n es s\u00f3lo la expectaci\u00f3n de la experiencia que implica y la acci\u00f3n que impone. As\u00ed\u00ad, \u00abJes\u00fas es homoousios to patri\u00bb significa que deber\u00ed\u00adamos actuar con respecto a Jes\u00fas como lo hacemos con respecto a Dios, y significa que podemos esperar que \u00e9l act\u00fae con respecto a nosotros como Dios act\u00faa; por ejemplo, si Dios es el agente de nuestra salvaci\u00f3n, podemos esperar que Jes\u00fas lo sea igualmente. Los significados de dos afirmaciones son distintos s\u00f3lo en la medida en que implican experiencias diferentes, que imponen diferentes acciones. As\u00ed\u00ad, si la expresi\u00f3n \u00abJes\u00fas es la revelaci\u00f3n de Dios\u00bb implica las mismas experiencias e impone las mismas acciones que la doctrina de Nicea, entonces es equivalente a ella en el significado, pues el significado es la intenci\u00f3n, no de la realidad, sino de nuestra relaci\u00f3n con ella.<\/p>\n<p>La verdad de, la afirmaci\u00f3n es una funci\u00f3n de su coherencia con nuestra experiencia y nuestra praxis, como todas las dem\u00e1s afirmaciones en las que confiamos; porque una verdad puede ser verdadera y puede ser conocida como verdadera s\u00f3lo como parte de un todo. El progreso libre de la ciencia y de la filosof\u00ed\u00ada puede, por tanto, pedir una reformulaci\u00f3n del dogma.<\/p>\n<p>El holismo y coherentismo pragm\u00e1ticos, combinados tanto con una visi\u00f3n historicista (a veces heideggeriana) de la relaci\u00f3n del ser con el lenguaje como con una escatolog\u00ed\u00ada futurista, representan la visi\u00f3n de las afirmaciones dogm\u00e1ticas seg\u00fan la cual \u00e9stas son meros indicadores pr\u00e1cticos y provisionales de la verdad escatol\u00f3gica todav\u00ed\u00ada por revelarse. Su verdad radica, no en una correspondencia presente con la realidad, sino en su capacidad de mantenernos en el camino de una orientaci\u00f3n hacia una verdad que no podemos poseer ahora por medio del lenguaje, sino de la que nuestro lenguaje puede expresar s\u00f3lo la esperanza.<\/p>\n<p>3) Antifundamentalismo, constructivismo. Una tercera y doble posibilidad para reformular el significado de dogma surge de la actual construcci\u00f3n del discurso como una colecci\u00f3n dispar de lenguajes o estructuras, cultural e hist\u00f3ricamente establecidos, ninguno de los cuales goza de privilegio con respecto al otro, de ninguno de los cuales puede saberse que nos remita a lo real algo mejor que otro. Como el pragmatismo, esta visi\u00f3n tambi\u00e9n es una funci\u00f3n del holismo y coherentismo hegelianos; pero sostiene una pluralidad de innumerables discursos o lenguajes, cada uno de ellos hist\u00f3rica y culturalmente constituidos con alguna finalidad extracognoscitiva; por ejemplo, la unidad de alguna comunidad, la defensa de alguna pr\u00e1ctica \u00e9tica. Pueden seguirse dos l\u00ed\u00adneas: 1) o se considera que los dogmas son afirmaciones hechas dentro de unas estructuras capaces de la verdad s\u00f3lo dentro de ellas y presuponi\u00e9ndolas 2) o los dogmas son las meta-afirmaciones que constituyen las estructuras. En el primer caso es la relaci\u00f3n de la estructura con la realidad lo que resulta problem\u00e1tico: si la estructura no es verdadera respecto a la realidad, entonces ninguna verdad dentro de la estructura nos pone tampoco en posesi\u00f3n de lo real. Esto supone una vuelta al pragmatismo.<\/p>\n<p>La segunda l\u00ed\u00adnea puede desarrollarse como sigue. La fundamentaci\u00f3n de un discurso consiste en delimitar aquello de lo que es importante hablar, inventando las categor\u00ed\u00adas en las que hablar de ello. Las afirmaciones dogm\u00e1ticas son ejemplos de tal delimitaci\u00f3n. Como reglas, en s\u00ed\u00ad mismas no son ni verdaderas ni falsas; m\u00e1s bien establecen un discurso dentro del cual se pueden hacer afirmaciones capaces de verdad y falsedad. \u00abJes\u00fas es homoousios to patri\u00bb es una f\u00f3rmula taquigr\u00e1fica que encierra varias reglas: 1) siempre habla de Dios como uno; 2) siempre habla de Jes\u00fas y del Padre como realmente distintos; 3) siempre habla de Jes\u00fas como para realzar al m\u00e1ximo su importancia. Nos mantenemos dentro del significado de dogma como norma mientras observemos las reglas. Si se puede demostrar que la afirmaci\u00f3n \u00abJes\u00fas es la suprema revelaci\u00f3n de Dios\u00bb entra dentro del espacio de la formaci\u00f3n de afirmaciones prefiguradas por las reglas, entonces entra dentro de la ortodoxia de Nicea. El dogma mismo es verdadero, no en el sentido de corresponder, sino seg\u00fan que las categor\u00ed\u00adas (unidad divina, distinci\u00f3n real, m\u00e1xima importancia de Jes\u00fas) est\u00e9n adecuadas al prop\u00f3sito del discurso cristiano como un todo, que est\u00e1 para ayudarnos a entrar en la relaci\u00f3n adecuada con la realidad esencial. Las diversas reglas de adecuaci\u00f3n categorial no representan serios obst\u00e1culos para la unidad cristiana.<\/p>\n<p>Propuestas como las mencionadas han contribuido grandemente a entender la relaci\u00f3n del dogma con la experiencia y la acci\u00f3n (praxis), la historia y la cultura, y a apreciarlo como un especial modo de discurso en relaci\u00f3n con el discurso religiosamente prioritario de s\u00faplica y alabanza. Pero son criticadas debido a que: 1) ning\u00fan concilio o autoridad de la Iglesia, al formular un dogma, entendi\u00f3 que estuviera evocando una experiencia, dando reglas de conducta o estableciendo condiciones de adecuaci\u00f3n categorial en donde cualquiera de esas cosas es distinta del hecho de establecer c\u00f3mo son las cosas; y 2) que ninguna de las proposiciones, en el ejemplo, excluye realmente el arrianismo ni tampoco el adopcionismo. Evidentemente, las cuestiones a las que responden exigen una demostraci\u00f3n que, si la comprensi\u00f3n cognoscitivo-realista de dogma es correcta, el dogma no solamente no se opone a la libertad del evangelio y a la libertad del cristiano, sino que positivamente las sirve manteniendo la presencia de la palabra del evangelio en el tiempo; y que la heteronom\u00ed\u00ada del dogma, como de la revelaci\u00f3n misma, es el instrumento de una libertad humana m\u00e1s grande que la que el hombre puede imaginar o alcanzar por s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>BIBL.: BLONDEL M., Histoire et dogme, en Les premiers \u00e9crits de Maurice Blondel, Par\u00ed\u00ads 1956 (traducci\u00f3n castellana de M. MU\u00ed\u2018OZ, Historia y dogma I-II, Barcelona 1989); KASPER W., Dogma y palabra, Raz\u00f3n y Fe-Mensajero, Bilbao 1968; LONERGAN B., The Origins of Christian Realism, en A Second Collection, Filadelfia 1974; ID, The Way to Nicea, Filadelfia 1976; NEWMANJ.H., An Essay on the Development of Christian Doctrine, 1878; RAHNER K., \u00bfQu\u00e9 es herej\u00ed\u00ada?, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada V, Madrid 1964, 513-560; ID, \u00bfQu\u00e9 es un enunciado dogm\u00e1tico?. en Escritos de teolog\u00ed\u00ada V, Taurus, Madrid 1964, 55-81; SCHRODT P., The Problem of the Beginning of Dogma in Recent Theology, Frankfurt a.M.-Berna-Las Vegas 1978; WALGRAVEJ., Unfolding Revelation: The Nature ofDoctrinal Development, Londres-Filadelfia 1972.<\/p>\n<p>G. F. Mansini<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>A) Su naturaleza. B) Evoluci\u00f3n de los dogmas. C) Historia de los dogmas.<\/p>\n<p>A) SU NATURALEZA<\/p>\n<p>I. El dogma en el conjunto del cristianismo<br \/>\n1. Para entender la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica y existencial del d., as\u00ed\u00ad como su car\u00e1cter necesario, hemos de tener en cuenta c\u00f3mo en el hombre en cuanto esp\u00ed\u00adritu (y consecuentemente en toda comunidad humana) hay una necesidad transcendental de afirmar absolutamente determinadas verdades (p. ej., de la &#8211;> l\u00f3gica, de la -> ontolog\u00ed\u00ada y de la -> \u00e9tica), las cuales se formulan a base de conceptos (aunque no siempre en forma directamente cient\u00ed\u00adfica). Esa necesidad s\u00f3lo puede ponerse en duda o negarse destruy\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo. En consecuencia el hombre, en virtud de su esencia, tiene una existencia \u00abdogm\u00e1tica\u00bb. Cabe mostrar igualmente que el hombre en cuanto sujeto de acci\u00f3n, tambi\u00e9n tiene que afirmar necesariamente ciertas verdades < f\u00e1cticas\" o contingentes como incondicionalmente v\u00e1lidas para \u00e9l. De ah\u00ed\u00ad que la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica y la aceptaci\u00f3n de ciertos enunciados en forma absoluta no sean contrarias a la esencia humana (-> teolog\u00ed\u00ada fundamental, -> historia e historicidad). La pretensi\u00f3n de validez absoluta y el car\u00e1cter obligatorio del d. se dirigen precisamente a la &#8211;> libertad del hombre; el d. es una verdad que s\u00f3lo puede ser escuchada y aprehendida rectamente en la libre decisi\u00f3n de la fe (Dz 798 1791 1814); y la libertad como acci\u00f3n del conocimiento solamente llega a su propia esencia en el \u00abcompromiso\u00bb absoluto. D. y libertad son, por consiguiente, conceptos complementarios. De ah\u00ed\u00ad que la Iglesia en su actitud, precisamente porque ella proclama el d. (y no \u00aba pesar\u00bb de proclamarlo), deba invocar y respetar esta libertad (Dz 1875; CIC can. 752, \u00c2\u00a7 1; ->conciencia, ->tolerancia).<\/p>\n<p>2. Pero la aut\u00e9ntica esencia del d. no se deriva solamente del concepto abstracto de la comunicaci\u00f3n divina de la verdad y de su car\u00e1cter obligatorio, sino de la -> revelaci\u00f3n concreta, en cuanto: a) \u00e9sta es el acontecer salv\u00ed\u00adfico en el cual Dios mismo se comunica a la persona libre y espiritual y, por cierto, de tal modo que el inmediato sujeto receptor de esta comunicaci\u00f3n sea la comunidad (-> Iglesia), que precisamente as\u00ed\u00ad queda fundada; b) dicha comunicaci\u00f3n de Dios mismo ha alcanzado su estadio definitivo, escatol\u00f3gico. Pues, efectivamente, por la definitiva e insuperable acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en el Verbo encarnado, ha quedado concluida la revelaci\u00f3n (porque ha abierto el camino para la visi\u00f3n inmediata de Dios), la palabra definitiva de Dios est\u00e1 ah\u00ed\u00ad en el enigma de la palabra humana); y s\u00f3lo por eso se da el d. en el sentido pleno de una autoridad suprema en la que se decide para siempre la -> salvaci\u00f3n o la perdici\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que esta palabra del d. no pretende ser una mera frase \u00absobre\u00bb algo, sino una proclamaci\u00f3n que, a manera de sacramento, haga presente lo expresado en las palabras, a saber: la comunicaci\u00f3n de Dios mismo en la -> gracia, que da tambi\u00e9n la aceptaci\u00f3n (por la fe) de lo comunicado. Por tanto, en la proclamaci\u00f3n y audici\u00f3n creyente del d., est\u00e1 presente lo proclamado mismo.<\/p>\n<p>3. En cuanto el d. se fundamenta en la revelaci\u00f3n y \u00e9sta (como palabra, suceso y realidad misma de Dios manifestada y comunicada, en la unidad de estos tres momentos) se pronuncia en la Iglesia y se conf\u00ed\u00ada a ella, el d. reviste esencialmente un car\u00e1cter eclesi\u00e1stico y social. La Iglesia es a la vez oyente y proclamadora de la revelaci\u00f3n divina, sin que \u00e9sta cese, en boca de la Iglesia, de ser palabra de Dios mismo. Por esto el d. no s\u00f3lo es la forma que da unidad a la audici\u00f3n com\u00fan, sino tambi\u00e9n la forma que da unidad al acto de pronunciar palabra de Dios para todos. Puesto que esta palabra permanece en todo momento el evento siempre nuevo de la comunicaci\u00f3n gratuita de Dios mismo en la historia de la Iglesia, o sea, puesto que ella ha de pronunciarse siempre de nuevo; debe haber -> acomodaci\u00f3n dogm\u00e1tica y evoluci\u00f3n e historia de los d. (no s\u00f3lo de la teolog\u00ed\u00ada). Como en la palabra del d. acontece la \u00fanica, id\u00e9ntica y definitiva revelaci\u00f3n de Dios en Cristo, la cual aconteci\u00f3 una vez para siempre; el d. es la forma como se mantiene permanentemente v\u00e1lida la palabra de la -> tradici\u00f3n del \u00abdepositum fidei\u00bb en la Iglesia que contin\u00faa siendo siempre la misma. Y puesto que este d. contribuye a fundamentar y hace palpable la unidad de la fe, en su fijaci\u00f3n y proclamaci\u00f3n se produce siempre, no s\u00f3lo un descubrimiento de la cosa significada, sino tambi\u00e9n una regulaci\u00f3n del lenguaje com\u00fan. Muchas veces la definici\u00f3n de un d. constituye tambi\u00e9n una fijaci\u00f3n del lenguaje com\u00fan y una delimitaci\u00f3n entre frases verdaderas y falsas.<\/p>\n<p>4. En cuanto el d. es la absoluta comunicaci\u00f3n de Dios mismo (bajo la forma de verdad humana en la Iglesia y a trav\u00e9s de ella), \u00e9l queda asumido en el &#8211;>acto religioso, que en s\u00ed\u00ad ya tiene una estructura \u00bb integral\u00bb (es decir, brota desde la ra\u00ed\u00adz de la esencia del hombre y abarca y actualiza todas sus facultades en medio de una compenetraci\u00f3n mutua); por eso el d. en s\u00ed\u00ad mismo es vida y, con tal est\u00e9 proclamado rectamente y asimilado en forma personal, no tiene necesidad de una apolog\u00e9tica accesoria acerca de su \u00abvalor vital\u00bb; \u00e9l es por s\u00ed\u00ad mismo fuente y medida de piedad aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>5. En cuanto la palabra de Dios brota envuelta en conceptos humanos, el d. se halla en medio de un intercambio vivo con toda la vida espiritual del hombre; en principio, \u00e9l no s\u00f3lo usa las nociones vulgares de la existencia cotidiana, sino tambi\u00e9n los conceptos de la ciencia, aunque, con frecuencia, modific\u00e1ndolos a tono con la mentalidad popular. La Escriturra misma usa una u otra terminolog\u00ed\u00ada, seg\u00fan la situaci\u00f3n espiritual (pero sin canonizar un sistema cient\u00ed\u00adfico o filos\u00f3fico). Y, en realidad, ambos tipos de conceptos no son esencialmente distintos (cf. tambi\u00e9n -> teolog\u00fameno). A la inversa, el conocimiento dogm\u00e1tico estimula la formaci\u00f3n de una filosof\u00ed\u00ada cristiana (-> apolog\u00e9tica, &#8211;> filosof\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>II. Esencia y divisi\u00f3n<br \/>\n1. Esencia<br \/>\nEn la terminolog\u00ed\u00ada actual de la Iglesia y de la teolog\u00ed\u00ada (que s\u00f3lo desde el siglo xviii se ha impuesto en forma clara y uniforme), d. es un enunciado de fe divina y cat\u00f3lica, o sea, un aserto que la Iglesia proclama expl\u00ed\u00adcitamente (a trav\u00e9s del magisterio ordinario y universal, o mediante una definici\u00f3n papal o conciliar) como revelado por Dios (Dz 1792; CIC can. 1323 \u00c2\u00a7 15), y cuya negaci\u00f3n sanciona con el calificativo de herej\u00ed\u00ada y con el anatema (CIC can. 1325 \u00c2\u00a7 2, 2314 5 1). Por tanto, las propiedades decisivas del d. (origen divino, verdad, obligaci\u00f3n de creerlo, inmutabilidad, historicidad, capacidad de evoluci\u00f3n, estructura encarnacionista y unidad aut\u00e9ntica -sin mezcla ni separaci\u00f3n- entre lo divino y lo humano, etc.) deben tratarse dentro de diversos temas generales, p. ej.: -> revelaci\u00f3n, -> fe, -> teolog\u00ed\u00ada, gnoseolog\u00ed\u00ada y metodolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gicas, -> magisterio eclesi\u00e1stico). La declaraci\u00f3n de que un enunciado es d. constituye tambi\u00e9n la suprema -> calificaci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En el concepto formal de d. entran por tanto dos momentos: a) El hecho de que la Iglesia propone expl\u00ed\u00adcita y definitivamente un enunciado como verdad revelada (momento formal), lo cual no exige necesariamente una definici\u00f3n expresa; b) la pertenencia del enunciado a la divina, p\u00fablica y oficial revelaci\u00f3n cristiana (en oposici\u00f3n a la revelaci\u00f3n privada), y con ello su inclusi\u00f3n en la palabra de Dios, tal como \u00e9sta se nos transmite en la Escritura o (y) en la tradici\u00f3n (momento material).<\/p>\n<p>En este concepto de d., generalmente aceptado y claramente contenido en las declaraciones del Vaticano t sobre el objeto de la \u00abfides divina et catholica\u00bb (Dz 1792), hay algunas preguntas discutidas que hemos de esclarecer con mayor detenci\u00f3n. Las principales son:<br \/>\na) La cuesti\u00f3n de c\u00f3mo el d. proclamado por el magisterio ordinario puede delimitarse exactamente frente a las dem\u00e1s verdades ense\u00f1adas por la Iglesia, las cuales no (o todav\u00ed\u00ada no) son propuestas expl\u00ed\u00adcitamente como reveladas por Dios ni afirmadas en forma totalmente definitiva y con toda la autoridad del magisterio eclesi\u00e1stico. Aqu\u00ed\u00ad, por un lado, hay que tener en cuenta la exhortaci\u00f3n del CIC, can. 1323 S 3, y, por otro, hay que pensar c\u00f3mo la realizaci\u00f3n concreta de la fe cristiana nunca puede referirse tan s\u00f3lo a lo que propia y formalmente es d. Los d. s\u00f3lo son afirmados en una forma personal y eclesi\u00e1stica cuando se hallan relacionados con otros conocimientos, afirmaciones y actitudes, de modo que no debe valorarse en exceso la delimitaci\u00f3n exacta entre las verdades definidas y las no definidas, e incluso, esa delimitaci\u00f3n no puede hacerse con absoluta precisi\u00f3n (cf. Dz 1684 1722 1880 2007 2113 2313).<\/p>\n<p>b) La cuesti\u00f3n de c\u00f3mo ha de concebirse la inclusi\u00f3n de un d. en la revelaci\u00f3n divina. Puesto que, sin duda, la Iglesia ense\u00f1a actualmente como d. (como contenidas en la revelaci\u00f3n) muchas verdades que no siempre fueron ense\u00f1adas o conocidas como tales; el elemento de la pertenencia a la revelaci\u00f3n indudablemente puede darse tambi\u00e9n en forma indirecta, por la implicaci\u00f3n de una verdad en otra. La cuesti\u00f3n es, por consiguiente, qu\u00e9 \u00abimplicaci\u00f3n\u00bb (sobre el primer uso de este concepto en el lenguaje del magisterio oficial, cf. Dz 2314) es necesaria y suficiente para que un enunciado derivado de la revelaci\u00f3n pueda ser considerado todav\u00ed\u00ada como una frase atestiguada por Dios mismo, la cual se cree en virtud de la autoridad divina. Se distingue entre implicaci\u00f3n, formal y virtual, subjetiva y objetiva. En la implicaci\u00f3n formal una verdad se deduce de otra a base de reflexiones garantizadas por la revelaci\u00f3n; y en la virtual se recurre para la deducci\u00f3n a una premisa material que no procede de la revelaci\u00f3n. Los te\u00f3logos todav\u00ed\u00ada no han llegado a una opini\u00f3n un\u00e1nime acerca de estas preguntas. La teolog\u00ed\u00ada postridentina tend\u00ed\u00ada en general a considerar como posibles d. solamente aquellos enunciados que se desprenden del dep\u00f3sito de la fe por una especie de procedimiento de l\u00f3gica formal y sin recurrir a premisas meramente naturales; pero, ante la evoluci\u00f3n f\u00e1ctica de los d., parece crecer el n\u00famero de te\u00f3logos que consideran como posibles d. tambi\u00e9n los enunciados que constituyen una explicaci\u00f3n de lo implicado virtualmente. Esos te\u00f3logos intentan explicar de diversas maneras (dando distintos sentidos a la implicaci\u00f3n virtual) por qu\u00e9 tales enunciados pueden considerarse todav\u00ed\u00ada como palabra de Dios, como revelados y acreditados por \u00e9l.<\/p>\n<p>c) La cuesti\u00f3n de si hay coincidencia plena entre d. y frase definida, es decir, la pregunta de si, junto a los d., puede haber otras verdades definidas, o sea, acreditadas por la Iglesia con toda su autoridad, y en caso afirmativo, la de cu\u00e1les son esas verdades (hechos dogm\u00e1ticos; verdades de \u00abfe meramente eclesi\u00e1stica\u00bb [puede hallarse bibliograf\u00ed\u00ada sobre este tema, p. ej., en PSJ 13 n .o 899, p\u00e1g. 796s] ). La fe meramente eclesi\u00e1stica tiene como motivo inmediato, no la palabra de Dios, sino la autoridad de la Iglesia, que ha sido fundada por Dios (verdades cat\u00f3licas).<\/p>\n<p>2. Divisi\u00f3n de los dogmas<br \/>\na) Seg\u00fan su contenido y su importancia. D. generales (verdades fundamentales del cristianismo) y especiales (art\u00ed\u00adculos fundamentales, art\u00ed\u00adculos de fe, \u00abregula fidei\u00bb). Aunque se debe acentuar la igualdad formal de todos los dogmas, como garantizados por Dios y definidos por la Iglesia, sin embargo est\u00e1 justificada la distinci\u00f3n entre d. m\u00e1s y menos fundamentales, seg\u00fan la importancia salv\u00ed\u00adfica del objeto al que ellos se refieren (cf. Vaticano 11: De Oecumenismo n \u00c2\u00b0 11); y en consonancia con esto, el derecho can\u00f3nico no califica toda negaci\u00f3n her\u00e9tica de un d. como &#8211;> apostas\u00ed\u00ada de todo cristianismo (can. 1325 \u00c2\u00a7 2). El criterio m\u00e1s estricto para dicernir los d. fundamentales est\u00e1 en la distinci\u00f3n entre d. necesarios y no necesarios para la salvaci\u00f3n, hecha desde el punto de vista de si ellos deben ser cre\u00ed\u00addos expl\u00ed\u00adcitamente (con necesidad de medio o de precepto) para poder alcanzar la salvaci\u00f3n, o por el contrario es suficiente creerlos impl\u00ed\u00adcitamente (-> fe). Puesto que la revelaci\u00f3n de Dios, el magisterio de la Iglesia y la fe divina se refieren tanto a verdades \u00abteor\u00e9ticas\u00bb como a \u00abhechos\u00bb, lo mismo \u00e9stos que aqu\u00e9llos pueden ser objeto de un dogma.<\/p>\n<p>b) Seg\u00fan la relaci\u00f3n con la raz\u00f3n. D. propiamente dichos (que s\u00f3lo pueden conocerse por la revelaci\u00f3n: -> misterios en sentido estricto) y d. en sentido amplio (cuyos contenidos pueden conocerse tambi\u00e9n por la raz\u00f3n natural). Incluso el presupuesto de que verdades puramente racionales o evidentes puedan ser igualmente objeto de fe, los d. en sentido amplio se distinguen de la correspondiente verdad racional. En efecto, aprehendidos y cre\u00ed\u00addos en medio del todo de la revelaci\u00f3n y de la fe salv\u00ed\u00adfica, ellos presentan su contenido bajo un objeto formal de orden sobrenatural, en id\u00e9ntico contexto y con la misma luz que los d. puros, de modo que se hallan muy por encima de la aparentemente id\u00e9ntica verdad racional. Por otro lado, tales dogmas son expresi\u00f3n de que la revelaci\u00f3n divina afecta realmente al mundo del hombre, y de que los enunciados de la fe no est\u00e1n subordinados a una funci\u00f3n o regi\u00f3n particular del hombre, sino que se refieren a la realidad entera de \u00e9ste.<\/p>\n<p>c) Seg\u00fan la proposici\u00f3n por parte de la Iglesia. D. formales y (meramente) materiales, seg\u00fan que el elemento formal se d\u00e9 ya o todav\u00ed\u00ada no se d\u00e9 en el d. (cf. 11, 1 a).<\/p>\n<p>III. Dogma en la comprensi\u00f3n modernista<br \/>\nEl concepto que el modernismo tiene del d. queda determinado negativamente: a) por la no admisi\u00f3n de una realidad propiamente sobrenatural y, en consecuencia, de un misterio que s\u00f3lo pueda experimentarse mediante una apertura libre y personal de Dios. El d. es una expresi\u00f3n del hombre que se experimenta a s\u00ed\u00ad mismo en su indigencia religiosa, y s\u00f3lo a partir de aqu\u00ed\u00ad dice algo sobre lo \u00abdivino\u00bb; b) por la oposici\u00f3n al elemento intelectual en el d., a causa de la persuasi\u00f3n de que las formulaciones conceptuales no son constitutivas de la experiencia religiosa. La frase conceptual, o intelectual (en que consiste el d.), no s\u00f3lo es inadecuada a la cosa significada y constituye un enunciado meramente \u00aban\u00e1logo\u00bb, el cual llama la atenci\u00f3n al hombre sobre el misterio incomprensible de Dios, sino que, adem\u00e1s, se a\u00f1ade accesoriamente a la experiencia religiosa, pues \u00e9sta puede estar en posesi\u00f3n de lo significado, independientemente de ninguna formulaci\u00f3n conceptual. Positivamente el d. es para el modernismo una expresi\u00f3n secundaria de la -> experiencia religiosa, la cual es necesaria para la comunidad, pero puede revisarse mediante f\u00f3rmulas contrarias. Esa experiencia es interpretada en forma inmanente (cf. Dz 2020ss 2026 2031 2059 2079ss 2309-2312).<\/p>\n<p>Sobre el concepto de dogma en el campo protestante, v\u00e9ase -> protestantismo (teolog\u00ed\u00ada protestante).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>B) EVOLUCI\u00ed\u201cN DE LOS DOGMAS<\/p>\n<p>I. Historia de la revelaci\u00f3n y evoluci\u00f3n de los dogmas<br \/>\n1. \u00abDespu\u00e9s de haber hablado Dios en los tiempos pasados muchas veces y de diversas maneras a nuestros padres por los profetas, en estos \u00faltimos tiempos nos habl\u00f3 por su Hijo\u00bb (Heb 1, ls). Estas palabras expresan la progresiva historia de la &#8211; revelaci\u00f3n de Dios, que culmina en Cristo. En \u00e9l se ha realizado la \u00faltima y definitiva etapa de esa historia. En Cristo, Dios ha dicho a los hombres su \u00faltima y definitiva palabra. Lo anterior a Cristo (la ley) tiene un sentido de preparaci\u00f3n y camino (n\u00bbc8&#8243;Ywy\u00f3s) para la revelaci\u00f3n, que en \u00e9l se realiza, y para la fe, con que se le debe responder (G\u00e1l 3, 23ss). \u00abTodos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan\u00bb (Mt 11, 13);pero jes\u00fas es la plenitud de la revelaci\u00f3n; \u00e9l dijo de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abtodas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre; y al Padre nadie lo conoce sino el Hijo y aquel a quien e] Hijo quiera revelarlo\u00bb (Mt 11, 27). Esta plenitud ha sido entregada en su totalidad (en cuanto es posible; se trata, por tanto, de una totalidad relativa) por jes\u00fas a los ap\u00f3stoles: \u00aba vosotros os he llamado amigos, pues os he dado a conocer todas las cosas que o\u00ed\u00ad a mi . Padre\u00bb (Jn 15, 15). Por eso, a partir de \u00e9l, la misi\u00f3n fundamental del Esp\u00ed\u00adritu Santo ser\u00e1 la de recordar las cosas que jes\u00fas dijo ( Jn 14, 25). Pero Cristo mismo es revelaci\u00f3n, no s\u00f3lo en su predicaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en su vida, muerte y resurrecci\u00f3n, por cuanto en todo ello Dios nos manifiesta su misterio salv\u00ed\u00adfico. A] Dios que habla le responde e] hombre con ]a &#8211;>fe, que es la aceptaci\u00f3n de un mensaje (de un testimonio) de Dios (Jn 3, lls, 32-36). Una interpretaci\u00f3n puramente humana de] sentido de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, ser\u00ed\u00ada una construcci\u00f3n humana y no palabra de Dios. Tal interpretaci\u00f3n no podr\u00ed\u00ada ser aceptada por la fe. Ahora bien, la interpretaci\u00f3n ha sido hecha por los ap\u00f3stoles como testigos privilegiados y en virtud de una particular asistencia divina. As\u00ed\u00ad Pablo dice acerca de su evangelio (interpretaci\u00f3n de] sentido y de] valor salv\u00ed\u00adficos de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de] Se\u00f1or): \u00abno lo recib\u00ed\u00ad ni lo aprend\u00ed\u00ad de hombre alguno, sino por revelaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb (G\u00e1l 1, 12; cf. 1, 16s). Es probable que tambi\u00e9n en Jn 16, 12-15 se aluda a esta interpretaci\u00f3n del mensaje hablado (predicado) de Jes\u00fas, realizada por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La interpretaci\u00f3n a\u00f1adida est\u00e1 limitada en cuanto al objeto, e] cual se relaciona siempre con e] misterio de Cristo (\u00ablas cosas que est\u00e1n por venir\u00bb, es decir, la nueva econom\u00ed\u00ada mesi\u00e1nica; cf. Lc 7, 19s y 18, 30). Esa adici\u00f3n completa la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas (le da plenitud ense\u00f1ando \u00abla verdad entera\u00bb, aquellas muchas cosas que, seg\u00fan Jn 16, 12, a jes\u00fas todav\u00ed\u00ada le quedaban por decir); en este sentido jes\u00fas afirma: e] Esp\u00ed\u00adritu \u00abrecibir\u00e1 de lo m\u00ed\u00ado\u00bb.<\/p>\n<p>2. Este proceso completivo de] mensaje hablado de Jes\u00fas, que se realiza al interpretar (no por las fuerzas humanas, sino por revelaci\u00f3n) e] sentido de los hechos salv\u00ed\u00adfims del Se\u00f1or, se limita temporalmente a la obra de los ap\u00f3stoles. No es necesario que esa obra siempre sea realizada personalmente por ellos, pero s\u00ed\u00ad ha de hacerse en conexi\u00f3n con ellos. As\u00ed\u00ad, la misma inspiraci\u00f3n de los escritos neotestamentarios, que forma parte de este trabajo completivo, no siempre se produce a trav\u00e9s de ap\u00f3stoles. En todo caso, debe trazarse una neta l\u00ed\u00adnea divisoria entre el per\u00ed\u00adodo constitucional de la Iglesia (el tiempo apost\u00f3lico) y su historia posterior. El magisterio eclesi\u00e1stico lo ha entendido as\u00ed\u00ad al condenar esta proposici\u00f3n: \u00abLa revelaci\u00f3n que constituye el objeto de la fe cat\u00f3lica, no qued\u00f3 completa con los ap\u00f3stoles\u00bb (Dz 2021; cf. tambi\u00e9n Dz 783, donde se presupone esta doctrina, al referir \u00abla pureza misma del Evangelio\u00bb, que la Iglesia ha de conservar, a ese per\u00ed\u00adodo constitucional). A esta mentalidad obedece, sin duda, el que los ap\u00f3stoles mismos consideraran el mensaje como un dep\u00f3sito que debe ser conservado cuidadosamente (1 Tim 6, 20; 2 Tim 1, 13s), sin cambiarlo ni a\u00f1adirle nada (G\u00e1l 1, 8s, donde Pablo rechaza en absoluto \u00abun evangelio distinto [ n\u00bbp&#8217;g = fuera] de lo que os hemos predicado\u00bb). Ese dep\u00f3sito es una n\u00bbp\u00e1Soacs (2 Tes 2, 15; 3, 6), que los ap\u00f3stoles transmiten (cf. 1 Cor 11, 23) y debe transmitirse ulteriormente despu\u00e9s de ellos, pues la \u00abbuena nueva\u00bb ha de anunciarse hasta el final de los tiempos (Mt 28, 20).<\/p>\n<p>En todo caso, la conciencia de esta l\u00ed\u00adnea divisoria se alcanza plenamente en la generaci\u00f3n posterior a los ap\u00f3stoles. Los padres apost\u00f3licos se consideran a s\u00ed\u00ad mismos distintos de los ap\u00f3stoles (p. ej. 1 Clem 42; IgnRom 4, 3) y toman como punto de referencia la doctrina apost\u00f3lica (1 Clem 42, ls), que es un dep\u00f3sito recibido de los ap\u00f3stoles (POLY 7, 2), al que nada es l\u00ed\u00adcito a\u00f1adir ni quitar (Did 4, 13; Bern 19, 11). La Iglesia postapost\u00f3lica tiene, como primera misi\u00f3n, la custodia del dep\u00f3sito de la revelaci\u00f3n, en el que ella nada puede suprimir o a\u00f1adir.<\/p>\n<p>3. Como garant\u00ed\u00ada suprema en esta misi\u00f3n, ha sido prometido el Esp\u00ed\u00adritu Santo a ella y a su pastor supremo el papa, \u00abno para que manifestaran una nueva doctrina revelada, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielrilente expusieran la revelaci\u00f3n transmitida por los ap\u00f3stoles o el dep\u00f3sito de la fe\u00bb (Dz 1836, que habla de los sucesores de Pedro, los cuales gozan de la misma infalibilidad que la Iglesia, cf. Dz 1839). La fiel custodia del dep\u00f3sito no impide que algunas verdades contenidas en \u00e9l pasen a veces a segundo plano. Quiz\u00e1s sea esto un proceso necesario. Por la riqueza misma del contenido cristiano y por la limitada capacidad psicol\u00f3gica del hombre que lo vive, no todas las verdades cristianas pueden estar siempre en el primer plano del inter\u00e9s y de la atenci\u00f3n. Pero la Iglesia nunca puede abandonar o perder una verdad revelada, o permitir que caigan en la penumbra las verdades centrales del mensaje cristiano (Dz 1501; cf. tambi\u00e9n Dz 1445 ).<\/p>\n<p>II. El problema de la evoluci\u00f3n de los dogmas<br \/>\nPor otra parte, la misi\u00f3n de la Iglesia con relaci\u00f3n al dep\u00f3sito de la revelaci\u00f3n no consiste solamente en conservarlo, sino que ella tambi\u00e9n ha de explicar y declarar fielmente su contenido (Dz 1800 1836). La Iglesia tiene obligaci\u00f3n de transmitir el mensaje en todos los tiempos y a todos los pueblos. Esto exige, sin duda, algo m\u00e1s, y mucho m\u00e1s, que la mera repetici\u00f3n literal de una f\u00f3rmula muerta. El esfuerzo constante por una transmisi\u00f3n comprensible lleva necesariamente a una inteligencia creciente del mensaje. Adem\u00e1s el mensaje mismo, por tratar en su contenido central de verdades no evidentes sino misteriosas, por no dar evidencia interna de ellas, provoca en el creyente, que lo acepta por la fe apoyado en la autoridad de Dios como testigo, la necesidad psicol\u00f3gica de un esfuerzo por entender el contenido objetivo de su fe (cf. THoMAs, De Veritate q. 14, a. 1 c.). Este esfuerzo constituye el sentido m\u00e1s fundamental de la teolog\u00ed\u00ada, caracterizada tradicionalmente como inteligencia de la fe, y su m\u00e1s noble misi\u00f3n. Ese trabajo no es infructuoso aun cuando \u00e9l vaya orientado a los misterios, ya que siempre puede llegarse a una inicial inteligencia de los mismos, por m\u00e1s que nunca se llegue a descifrar su estrato m\u00e1s profundo (Dz 1796). Adem\u00e1s la gracia que act\u00faa en el acto de la fe (la luz de la fe) da, seg\u00fan Tom\u00e1s, un conocimiento por connaturalidad del objeto cre\u00ed\u00addo (II-II q. 2, a. 3 ad 2). Esa connaturalidad representa siempre, en el acto de fe, un nuevo tipo de adhesi\u00f3n (De Veritate q. 14 a. 8 c.), pero puede tambi\u00e9n de modo cuasi instintivo dar una mayor inteligencia del objeto cre\u00ed\u00addo. Ese proceso que se da en los fieles particulares, est\u00e1 tambi\u00e9n presente en la dimensi\u00f3n colectiva y universal, constituyendo as\u00ed\u00ad una garant\u00ed\u00ada de infalibilidad, pues \u00abla totalidad de los fieles, que tienen la unci\u00f3n del Santo (cf. 1 Jn 2, 20 y 27), no puede equivocarse al creer (Vaticano ii, De Ecclesia cap. 2, n .o 12). Por esta acci\u00f3n de la gracia, Cristo va realizando en su cuerpo m\u00ed\u00adstico el \u00abcrecimiento de Dios\u00bb (Col 2, 19), \u00abhasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y al conocimiento del Hijo de Dios, y seamos el hombre perfecto, con la medida de madurez que corresponde a la plenitud de Cristo &#8230; de quien todo el cuerpo recibe trabaz\u00f3n y cohesi\u00f3n por toda clase de contactos, que lo alimentan y activan, seg\u00fan la capacidad de cada parte, creciendo hasta coronar el edificio en el amor\u00bb (Ef 4, 13 y 16).<\/p>\n<p>2. Este crecimiento en la inteligencia del mensaje se convierte en estricto progreso dogm\u00e1tico cuando la mayor inteligencia adquirida es proclamada infaliblemente por el magisterio de la Iglesia como verdad contenida en el dep\u00f3sito de la revelaci\u00f3n, es decir, como dogma (cf. Dz 1792). Tal proclamaci\u00f3n es la culminaci\u00f3n del proceso. Por lo dem\u00e1s, la existencia de un progreso dogm\u00e1tico en la Iglesia, aun prescindiendo de la explicaci\u00f3n que hemos dado de sus fundamentos, es innegable bajo la perspectiva hist\u00f3rica. En efecto, hay algunos dogmas que no aparecen como tales antes de cierto momento hist\u00f3rico (quiz\u00e1 la verdad era ya conocida, mas la Iglesia no hab\u00ed\u00ada declarado su car\u00e1cter revelado), y en otros casos ni la verdad misma era conocida en su forma actual.<\/p>\n<p>3. Si la revelaci\u00f3n es un dep\u00f3sito cerrado desde el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico, los nuevos dogmas tienen que estar contenidos objetivamente en \u00e9l desde el principio. Sobre el modo como el t\u00e9rmino final de la evoluci\u00f3n debe estar contenido inicialmente en el dep\u00f3sito &#8211; o, lo que es lo mismo, sobre los limites objetivos del progreso dogm\u00e1tico -, la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica no ha llegado a una soluci\u00f3n uniforme. Como orientaci\u00f3n general en el problema podr\u00ed\u00ada decirse que debe mantenerse una marcada diferencia entre el progreso dogm\u00e1tico y la funci\u00f3n apost\u00f3lica, la cual completa todav\u00ed\u00ada el dep\u00f3sito mediante la estructuraci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de la vida y doctrina del Se\u00f1or. El progreso dogm\u00e1tico s\u00f3lo puede darse dentro de lo que es palabra divina. En general parece que \u00fanicamente puede ser objeto de fe dogm\u00e1tica lo dicho por Dios en forma directa (expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente), pero no lo deducido de la palabra divina. No cabe recurrir al hecho de que Dios conoce las posibles conclusiones que se sacar\u00e1n de lo dicho por \u00e9l, con el fin de poderlas considerar como palabra divina. Puesto que Dios ha querido usar palabras humanas, su locuci\u00f3n debe ser entendida seg\u00fan las reglas del lenguaje humano. Por otra parte, el papel de la Iglesia en la definici\u00f3n de un dogma es puramente declarativo. La verdad definida ha de ser anteriormente palabra de Dios. En todo caso, es importante subrayar que, aunque el t\u00e9rmino del progreso dogm\u00e1tico haya de estar contenido objetivamente en el dep\u00f3sito y deba ser homog\u00e9neo con \u00e9l, sin embargo el medio de la evoluci\u00f3n dogm\u00e1tica no siempre consiste en una m\u00e1s profunda penetraci\u00f3n l\u00f3gica en el mensaje revelado. En efecto, a veces se llega al t\u00e9rmino del progreso dogm\u00e1tico por caminos l\u00f3gicamente insuficientes para crear una certeza, se llega por meras congruencias. Por eso en ocasiones el te\u00f3logo ha de realizar una laboriosa reflexi\u00f3n para mostrar la congruencia de un dogma con el dep\u00f3sito de la fe. En esta b\u00fasqueda el te\u00f3logo no siempre encuentra una orientaci\u00f3n en el magisterio de la Iglesia, que a veces se limita a definir una verdad como revelada, sin indicar d\u00f3nde est\u00e1 revelada.<\/p>\n<p>4. Al se\u00f1alar las ra\u00ed\u00adces del progreso en la inteligencia del dep\u00f3sito, ha quedado insinuado cu\u00e1les son los factores del progreso dogm\u00e1tico (Vaticano ir, De divina revelatione, cap. 2, n .o 8). En el momento cumbre es siempre el magisterio infalible de la Iglesia el que cierra y sanciona el proceso, presentando una verdad como dogma a la fe de los fieles (cf. Dz 1792). A veces, el m\u00e1s profundo conocimiento del mensaje lo realiza el magisterio mismo, en su esfuerzo (que incluye la utilizaci\u00f3n de diversos medios humanos de estudio y consulta teol\u00f3gica) por transmitir el evangelio en forma adecuada a los problemas de los hombres en sus circunstancias concretas. Dentro de esta preocupaci\u00f3n por dar una respuesta a los interrogantes de los hombres, debe ser valorada tambi\u00e9n la importancia de las herej\u00ed\u00adas en la historia del progreso de no pocos dogmas. Un segundo factor de progreso lo constituye la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, que sin duda es una funci\u00f3n vital en la Iglesia y nace por la necesidad psicol\u00f3gica que el creyente experimenta de esclarecer la obscuridad de la fe. Parece que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica s\u00f3lo es factor de progreso dogm\u00e1tico en sentido estricto cuando constituye una penetraci\u00f3n en el mensaje revelado (inteligencia de la fe), pero no cuando consiste en la deducci\u00f3n de conclusiones (ciencia de la fe en sentido aristot\u00e9lico), pues s\u00f3lo entonces el resultado alcanzado se halla dentro del dep\u00f3sito. Esta reflexi\u00f3n teol\u00f3gica normalmente estar\u00e1 condicionada en su tem\u00e1tica por factores semejantes a los que operan en el magisterio, aunque, a veces, la penetraci\u00f3n m\u00e1s profunda en la revelaci\u00f3n se realiza independientemente de las circunstancias del ambiente, p. ej., cuando la obscuridad misma de un dato del dep\u00f3sito invita a la reflexi\u00f3n sobre \u00e9l. Un tercer factor de progreso dogm\u00e1tico es el sentido de los fieles, fundado en la connaturalidad que la gracia de la fe les da con los objetos cre\u00ed\u00addos (Vaticano rl, De Ecclesia, cap. 2, n .o 12). Dado el car\u00e1cter vital que tiene el conocimiento por connaturalidad, este factor de progreso act\u00faa, sobre todo, en aquellas materias que poseen una m\u00e1s \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con la vida cristiana y la piedad. De ah\u00ed\u00ad que se haya resaltado la importancia excepcional del sentido de los fieles en el desarrollo de los dogmas marianos (Dillenschneider). A veces se ha concebido la distinci\u00f3n entre Iglesia docente y discente como si \u00e9sta fuera plenamente pasiva en relaci\u00f3n con aqu\u00e9lla. Nada hay que no sea activo bajo la acci\u00f3n de la gracia. La conciencia del papel de los fieles en el progreso dogm\u00e1tico har\u00e1 comprender el sentido de unas palabras profundas de Paulino de Nola: < Busquemos en todas partes la palabra de Dios; estemos pendientes de la boca de todos los fieles, porque el Esp\u00ed\u00adritu Santo inspira a todos ellos\" (Ep\u00ed\u00adstola 23, 36).\n\n5. La serie de factores ambientales que invitan al progreso dogm\u00e1tico en una direcci\u00f3n o en otra, hace comprender que las l\u00ed\u00adneas de crecimiento del dogma sean plenamente contingentes. En otras circunstancias hist\u00f3ricas hubieran surgido otros dogmas. Pero la contingencia de la l\u00ed\u00adnea de crecimiento no debe confundirse con una contingencia de lo realmente obtenido y desarrollado. Todo lo definido infaliblemente por la Iglesia (etapa \u00faltima del progreso dogm\u00e1tico) es absolutamente irrevocable (Dz 1800 2145). Sin embargo, esa respuesta infalible a una pregunta previa puede abrir la puerta a ulteriores cuestiones; las futuras respuestas a ellas ser\u00e1n nuevas adquisiciones en el progreso dogm\u00e1tico, y \u00e9stas ir\u00e1n completando lo que antes se hab\u00ed\u00ada logrado en forma definitiva. La inmutabilidad de las definiciones no impide el progreso ulterior (Dz 1800). Esta doctrina har\u00e1 comprender tambi\u00e9n que, aun cuando el dogma se exprese necesariamente en un lenguaje concreto y en determinados conceptos de una cultura, de modo que en otras circunstancias hubiera asumido otra forma de expresi\u00f3n, sin embargo, esa pluralidad de posibilidades significa solamente una contingencia de las l\u00ed\u00adneas de crecimiento, pero no una deficiencia en los resultados. La infalibilidad impide (y hubiera impedido en otras circunstancias) la utilizaci\u00f3n de conceptos ineptos. Por eso, cuando un concilio no s\u00f3lo usa sino que adem\u00e1s sanciona determinados conceptos, no es l\u00ed\u00adcito prescindir de ellos (Dz 2311).\n\nC\u00e1ndido Pozo\nC) HISTORIA DE LOS DOGMAS\n\nI. Historia de los dogmas como ciencia\nLa h. de los d. como ciencia teol\u00f3gica y momento interno de la dogm\u00e1tica misma investiga y expone met\u00f3dica y sistem\u00e1ticamente la historia de los dogmas particulares y del conjunto unitario de la fe cristiana. Y muestra a la vez el condicionamiento mutuo entre los diversos contenidos y su relaci\u00f3n a la historia del esp\u00ed\u00adritu y a sus temas y \u00e9pocas. A diferencia de la historia de la revelaci\u00f3n, la h. de los d. comienza con el final de la revelaci\u00f3n en jesucristo y de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (-> teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica). Sin embargo, la h. de los d. encuentra ya ejemplarmente su objeto en la Escritura, en cuanto \u00e9sta contiene tambi\u00e9n \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb (aunque garantizada por la -> inspiraci\u00f3n), a diferencia del suceso originario de la revelaci\u00f3n, y as\u00ed\u00ad hay en ella evoluci\u00f3n de los dogmas.<\/p>\n<p>Puesto que el dogma no s\u00f3lo se da en las definiciones expl\u00ed\u00adcitas del magisterio extraordinario, la distinci\u00f3n, posible en principio, entre h. de los d. e historia de la -> teolog\u00ed\u00ada, pr\u00e1cticamente no siempre puede hacerse con plena claridad, y por esto la historia de la teolog\u00ed\u00ada se expone dentro de la h. de los d. Esta presupone el hecho de la evoluci\u00f3n de los dogmas, que a su vez presupone la historicidad del hombre y de su conocimiento de la verdad. Pues, en efecto, el dogma es verdad de Dios o\u00ed\u00adda por hombres en este mundo, cre\u00ed\u00adda y formulada en conceptos humanos e hist\u00f3ricos, y es una funci\u00f3n viva de la Iglesia, que, a trav\u00e9s de un proceso estructurado en forma esencialmente social, debe aceptar y explicar la verdad recibida de Dios y garantizada por \u00e9l, anunci\u00e1ndola de manera adecuada a un horizonte intelectual constantemente sometido a mutaci\u00f3n. Su m\u00e9todo es teol\u00f3gico e hist\u00f3rico; pues la h. de los d. no es simplemente un fragmento de la historia general del esp\u00ed\u00adritu y de la religi\u00f3n, sino una ciencia teol\u00f3gica (que tiene la fe como norma), y a la vez es una aut\u00e9ntica ciencia hist\u00f3rica que usa los m\u00e9todos peculiares de este tipo de conocimiento. La unidad de ambos m\u00e9todos es posible porque ella se da ya en el sujeto cognoscente y en el objeto de la h. de los d., que constituye una aut\u00e9ntica historia bajo la gracia. La h. de los d. pregunta por el sentido y el alcance de las afirmaciones dogm\u00e1ticas (de modo que no se puede distinguir adecuadamente de la dogm\u00e1tica), pero hace esto para entender la historia de tales afirmaciones, y as\u00ed\u00ad no es solamente dogm\u00e1tica sistem\u00e1tica. Puesto que con frecuencia el sentido de las afirmaciones dogm\u00e1ticas como mejor se ve es por la confrontaci\u00f3n con lo opuesto a ellas (herej\u00ed\u00adas), la h. de los d. comprende la mayor parte de la -> historia de las herej\u00ed\u00adas. La h. de los d. precisa el sentido y el alcance de cada una de las afirmaciones dogm\u00e1ticas, las compara entre s\u00ed\u00ad, describe el desarrollo de las formulaciones, descubre las fuerzas de la evoluci\u00f3n (las objetivas, las personales, las de la \u00e9poca, las sociales, etc. ), procura entender la din\u00e1mica de esta evoluci\u00f3n de cara al futuro ulterior y as\u00ed\u00ad prepara dogm\u00e1tica futura. La h. de los d. no busca \u00fanicamente lo que permanece id\u00e9ntico en la fe bajo las distintas formas mutables (aspecto apolog\u00e9tico de la h. de los d.) sino tambi\u00e9n la diferencia y sucesi\u00f3n de tales formas. Y esto no s\u00f3lo porque as\u00ed\u00ad se esclarecen el sentido y la legitimidad de las posteriores f\u00f3rmulas de fe (a veces redactadas en una definici\u00f3n propiamente dicha), sino tambi\u00e9n porque \u00fanicamente de esa manera aparece la totalidad y plenitud de la conciencia de fe que tiene la Iglesia, pues la h. de los d. no progresa por una sola v\u00ed\u00ada, de lo menos expl\u00ed\u00adcito e impreciso a la formulaci\u00f3n m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita e insuperable bajo todos los aspectos (en principio la historia de la comprensi\u00f3n de la fe est\u00e1 siempre abierta hacia adelante y nunca se halla concluida), y el pasado (\u00abtradici\u00f3n\u00bb) en todo momento sigue siendo fuente y norma cr\u00ed\u00adtica de lo posterior, de modo que nunca queda superado plenamente en las formulaciones posteriores y, por tanto, nunca se hace superfluo para la dogm\u00e1tica misma. De ah\u00ed\u00ad se deduce tambi\u00e9n que la aut\u00e9ntica h. de los d. s\u00f3lo puede ser cultivada en relaci\u00f3n viva con una dogm\u00e1tica que aborde aquellas cuestiones que la proclamaci\u00f3n misma de hoy y de ma\u00f1ana le plantea.<\/p>\n<p>II. Historia de los dogmas como hecho real<br \/>\n1. Reflexiones previas de tipo hermen\u00e9utico. Naturalmente no podemos tratar aqu\u00ed\u00ad con detalles la historia de todas las afirmaciones creyentes de la dogm\u00e1tica. Pero incluso una breve visi\u00f3n que no quiera detenerse en la materialidad externa de los dogmas m\u00e1s importantes, tiene que plantearse la cuesti\u00f3n de si pueden aducirse algunos rasgos unitarios de esta historia. Y esa pregunta est\u00e1 relacionada a su vez con la cuesti\u00f3n de si (a pesar de la libertad de dicha historia, por parte de Dios y por parte del hombre) se puede hallar un criterio adecuado para la divisi\u00f3n en \u00e9pocas y articulaci\u00f3n de la h. de los d. Dada la relaci\u00f3n estrecha entre historia de la -> Iglesia (supuesto que \u00e9sta sea realmente entendida y estructurada teol\u00f3gicamente) e h. de los d. (como el momento m\u00e1s decisivo de aqu\u00e9lla), hemos de esperar de antemano que el buscado principio estructural se identifique con el de la historia de la Iglesia teol\u00f3gicamente interpretada o constituya una especificaci\u00f3n del mismo. Y por tanto hemos de remitirnos a lo dicho sobre el principio estructural de la Iglesia al hablar del &#8211;>cristianismo, y hemos de reflexionar nuevamente sobre \u00e9l de cara a la h. de los d. De ah\u00ed\u00ad se deduce que, para la estructuraci\u00f3n y articulaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica de la h. de los d., pueden utilizarse la confrontaci\u00f3n y el encuentro entre la fe eclesi\u00e1sticamente informada y la situaci\u00f3n del mundo que a ella antecede y se le encomienda como problema a resolver. Con lo cual la estructuraci\u00f3n de la h. de los d. no queda fundamentada en un elemento casual y heter\u00f3nomo frente a la esencia del dogma. Pues, por un lado, la h. de los d. se desarrolla como historia de la fe que se sabe llamada a dar raz\u00f3n de su esperanza (cf. 1 Pe 3, 15) y de la promesa en ella aceptada, y, por otro lado, una interpretaci\u00f3n teol\u00f3g\u00ed\u00adca de la situaci\u00f3n \u00abprofana\u00bb del esp\u00ed\u00adritu mostrar\u00ed\u00ada que \u00e9sta est\u00e1 orientada por Dios a tomar conciencia de s\u00ed\u00ad misma en la fe cristiana. Y, adem\u00e1s, desde la aparici\u00f3n del cristianismo, \u00e9ste ejerce un influjo configurador incluso en el \u00e1mbito aparentemente profano, de modo que en tal situaci\u00f3n el cristianismo se encuentra a s\u00ed\u00ad mismo (con frecuencia bajo la modalidad de un rasgo cristiano que la Iglesia todav\u00ed\u00ada no se ha apropiado conscientemente). Y la historia f\u00e1ctica de los dogmas no se produjo a la manera de un continuo proceso l\u00f3gico de explicaci\u00f3n, sino, m\u00e1s bien, en medio de un constante cruce &#8211; incapaz de un pleno esclarecimiento te\u00f3rico &#8211; entre la historia de la salvaci\u00f3n y la profana, entre la historia de la fe y la del pensamiento. Naturalmente, a una h. de los d. articulada seg\u00fan este principio estructural, habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir otros criterios m\u00e1s particulares de divisi\u00f3n: el de la historia de la organizaci\u00f3n (\u00bfqu\u00e9 miembros institucionales llevan adelante la h. de los d. y de la teolog\u00ed\u00ada?); el de la historia del estilo (contacto entre la h. de los d. y la literaria); el de la historia individual (los grandes pensadores con singular fuerza creadora); el de la historia sociol\u00f3gica (la teolog\u00ed\u00ada en su dependencia de una determinada situaci\u00f3n social y econ\u00f3mica); el de la historia de la Iglesia (relaci\u00f3n entre la historia de la teolog\u00ed\u00ada y la restante historia de la Iglesia), etc.; por otra parte, entre todos esos aspectos se da una dependencia mutua. Pero aqu\u00ed\u00ad no podemos entrar en esos criterios subordinados de ordenaci\u00f3n y divisi\u00f3n.<\/p>\n<p>2. A partir de estas reflexiones hermen\u00e9uticas se puede decir lo siguiente sobre la divisi\u00f3n y el proceso de la h. de los d.:<br \/>\na) El cristianismo por primera vez se ha actualizado plenamente como religi\u00f3n universal de todos los pueblos cuando \u00e9stos y sus culturas han alcanzado una palpable y poderosa unidad hist\u00f3rica. E igualmente el dogma de la Iglesia s\u00f3lo se ha actualizado plenamente cuando se ha producido un encuentro y di\u00e1logo entre \u00e9l como mensaje salv\u00ed\u00adfico dotado de poder\u00ed\u00ado hist\u00f3rico y el esp\u00ed\u00adritu del mundo en la \u00e9poca de la cultura mundial, de tal manera que en ese di\u00e1logo el dogma codetermina tambi\u00e9n &#8211; en una forma que hoy todav\u00ed\u00ada no podemos definir- y siente la suerte del ulterior curso hist\u00f3rico. Bajo esa perspectiva la h. de los d. tiene dos grandes \u00e9pocas: la del nacimiento de esa actualizaci\u00f3n y la del di\u00e1logo global con el esp\u00ed\u00adritu unificado (no decimos reconciliado) de la humanidad. La primera \u00e9poca fundamental va llegando ahora lentamente a su fin, la segunda est\u00e1 comenzando (cf. Vaticano ir, Sobre las misiones). Desde este punto de vista, toda la anterior h. de los d. ten\u00ed\u00ada un car\u00e1cter \u00abregional\u00bb: era el di\u00e1logo de la fe cristiana con una cultura hist\u00f3rica del esp\u00ed\u00adritu limitada a una regi\u00f3n, la del juda\u00ed\u00adsmo del tiempo de Jes\u00fas, la de la antig\u00fcedad helen\u00ed\u00adstica, la de \u00aboccidente\u00bb; y todo eso implicaba la constituci\u00f3n de aquel sujeto que est\u00e1 en condiciones de llevar a cabo el di\u00e1logo de la revelaci\u00f3n divina con toda la historia espiritual del mundo. Por esto, en esa primera \u00e9poca del proceso de la h. de los d. (dirigido por Dios y no conscientemente por el hombre), deb\u00ed\u00ada manifestarse claramente en el terreno f\u00e1ctico: que el mensaje del cristianismo no est\u00e1 indisolublemente atado a una particular y regional autointeligencia del esp\u00ed\u00adritu hist\u00f3rico del hombre (la fe cristiana se desprende del horizonte intelectual del juda\u00ed\u00adsmo y del helenismo); y que la Iglesia puede y debe sostener un di\u00e1logo real de fe con el \u00abmundo\u00bb. Pero esto segundo implica el conocimiento hist\u00f3ricamente creciente por parte de la Iglesia de que: 1.\u00c2\u00b0, frente a ella hay un permanente socio profano de di\u00e1logo (o sea, el conocimiento creciente del car\u00e1cter profano del mundo, de su autonom\u00ed\u00ada relativa, de la imposibilidad de una \u00absacralizaci\u00f3n\u00bb plena, del poder\u00ed\u00ado hist\u00f3rico del mundo y de su tendencia din\u00e1mica hacia el futuro, de la distancia que en consecuencia se deduce entre el cristianismo y una forma determinada y fija de sociedad, de econom\u00ed\u00ada, ere.); 2 \u00c2\u00b0, la Iglesia tiene algo que decir a este socio para su propia vida y su historia (o sea, un creciente conocimiento creyente: de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana, importante tambi\u00e9n para el campo mundano; de la libre subjetividad del hombre, con todas sus implicaciones para la vida social; del &#8211;>derecho natural, con una recta interpretaci\u00f3n y fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica; de la exigencia de una \u00abhumanizaci\u00f3n\u00bb social e individual del hombre; de las posibilidades y l\u00ed\u00admites morales en la configuraci\u00f3n del hombre por sus propios medios; de la necesidad de rechazar una postura de indiferencia esot\u00e9rica frente a un mundo pecador y demasiado abandonado a su corrupci\u00f3n, etc.; 3 \u00c2\u00b0, la Iglesia debe representar frente al mundo lo que es propio de ella y no puede derivarse de \u00e9ste (o sea, la historia de la defensa e interpretaci\u00f3n de su mensaje supramundano acerca del Dios absoluto y de su comunicaci\u00f3n por la gracia, frente a los intentos de acomodar este mensaje a ideolog\u00ed\u00adas humanas; la historia de la \u00abdistinci\u00f3n de lo cristiano\u00bb y la de la teolog\u00ed\u00ada, que justifica la acci\u00f3n pr\u00e1ctica de la Iglesia y pide una distancia frente al mundo que debe realizarse siempre de nuevo). En el crecimiento consciente de esta triple visi\u00f3n (que se concreta materialmente de diversas maneras, pero no admite una sistemat\u00ed\u00adzaci\u00f3n plena), la inteligencia de la fe por parte de la Iglesia durante esta primera \u00e9poca se desarroll\u00f3 de tal manera que ella est\u00e1 ahora en condiciones de emprender realmente el di\u00e1logo de fe que ahora comienza con el mundo unificado y hecho aut\u00f3nomo.<\/p>\n<p>b) A partir de aqu\u00ed\u00ad, esta primera gran \u00e9poca de la h. de los d. (junto con la historia de la teolog\u00ed\u00ada) permite tambi\u00e9n hasta cierto punto una estructuraci\u00f3n ulterior. Si nuestra divisi\u00f3n, comparada con los temas y las divisiones usuales de la tradicional h. de los d., aparentemente no da una articulaci\u00f3n perfilada y profunda, hemos de tener en cuenta que la importancia salv\u00ed\u00adfica en el orden existencial de las posteriores formulaciones dogm\u00e1ticas frente a las anteriores y, con ello, de la h, de los d. no puede valorarse excesivamente bajo este aspecto (lo permanente de la Iglesia es tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad lo m\u00e1s importante); y en consecuencia, la divisi\u00f3n s\u00f3lo puede sacarse del principio dialog\u00ed\u00adstico del encuentro con los cambios en las \u00e9pocas de la historia del esp\u00ed\u00adritu. Y la luz de este principio ciertos cambios y progresos en la h. de los d. no aparecen tan importantes como en una h. de los d. que trabaja en forma meramente positivista. Cabr\u00ed\u00ada distinguir las siguientes fases teol\u00f3gicas en esta primera gran \u00e9poca de la h. de los d., para entender en su conjunto el movimiento espiritual que se realiza en ella.<\/p>\n<p>1 \u00c2\u00b0 La h. de los d. en la Iglesia primitiva (historia que en su mayor parte se desarrolla todav\u00ed\u00ada en la sagrada Escritura). En ella se expresa la nueva concepci\u00f3n de fe por parte de la Iglesia primitiva, sin gran caudal de reflexi\u00f3n y con los medios del AT (marginalmente con los del helenismo). A la vez se supera el horizonte del AT. Lo radicalmente nuevo (la universalidad del evangelio acerca del mediador absoluto de la salvaci\u00f3n en la muerte y resurrecci\u00f3n) visto precisamente desde la antigua alianza divina, est\u00e1 en continuidad con el AT y lo lleva a su plenitud (Rom 9-11; lucha contra Marci\u00f3n), pero, por otra parte, se despoja de su prehistoria (p. ej., carta de Bernab\u00e9; teolog\u00ed\u00ada paulina de la libertad frente a la ley; pol\u00e9mica antijud\u00ed\u00ada; teolog\u00ed\u00ada de la separaci\u00f3n entre la Iglesia y 1a sinagoga).<\/p>\n<p>2 \u00c2\u00b0 La teolog\u00ed\u00ada de la primera entrada en el c\u00ed\u00adrculo cultural del helenismo. En los siglos m y m el universalismo del mensaje de la fe cristiana, despojado de su origen particular, encuentra por primera vez un horizonte intelectual relativamente universal, o sea, una filosof\u00ed\u00ada y un imperio de alg\u00fan modo \u00abmundial> (en esta situaci\u00f3n, por un lado las fronteras del imperio romano y las de la Iglesia coinciden y, por otro, dentro de estas fronteras se da un \u00abpluralismo\u00bb de oriente y occidente, etc., que termina tr\u00e1gicamente al no ser superado: cisma, cesaci\u00f3n del di\u00e1logo entre la teolog\u00ed\u00ada oriental y la occidental). Este primer encuentro &#8211; todav\u00ed\u00ada bajo la cruz de la persecuci\u00f3n &#8211; debi\u00f3 producir necesariamente, como era de esperar, una respuesta primera y global, que en su amplio esbozo (el cual deb\u00ed\u00ada elaborarse luego con mayor detalle) era y sigui\u00f3 siendo ejemplar. La respuesta a la autointeligencia universal del mundo (la &#8211;> gnosis helen\u00ed\u00adstica como denominador com\u00fan de la concepci\u00f3n oriental y occidental en el terreno religioso) se produjo necesariamente en dos direcciones (y fases): por una parte, autoafirmaci\u00f3n defensiva de la revelaci\u00f3n procedente de arriba frente a su absorci\u00f3n en la gnosis humana (superaci\u00f3n del -> gnosticismo por una teolog\u00ed\u00ada de la historia de la salvaci\u00f3n, junto con la primera teolog\u00ed\u00ada de la tradici\u00f3n y la formaci\u00f3n del canon [Ireneo] ); por otra parte, positivamente, primer intento de un sistema de la fe cristiana con medios helen\u00ed\u00adsticos y con los peligros que esto entra\u00f1aba (-> origenismo). La positiva y negativa reacci\u00f3n dialog\u00ed\u00adstica frente al mundo real desarroll\u00f3, por un lado, una primera teolog\u00ed\u00ada del martirio y de la asc\u00e9tica (virginidad), y por otro lado, en oposici\u00f3n a la concepci\u00f3n esot\u00e9rica de la Iglesia (en el montanismo y en el novacianismo), la primera teolog\u00ed\u00ada de una relaci\u00f3n sobria y real, pero positiva, a un mundo realmente capaz de redenci\u00f3n (junto con el \u00abderecho eclesi\u00e1stico\u00bb).<\/p>\n<p>3 \u00c2\u00b0 El tercer per\u00ed\u00adodo se extiende desde la \u00e9poca constantiniana hasta el principio de la \u00abedad moderna\u00bb; comprende, por tanto, la teolog\u00ed\u00ada en la antigua \u00abIglesia imperial\u00bb y la de \u00aboccidente\u00bb. En el fondo se trata de un \u00fanico per\u00ed\u00adodo, pues, a pesar del cambio en el substrato etnol\u00f3gico, domina o predomina el mismo horizonte ideol\u00f3gico y humano (-> platonismo y &#8211;> aristotelismo como filosof\u00ed\u00ada cosmoc\u00e9ntrica), y en ambas partes de esta \u00e9poca se trata del mismo cometido del cristianismo: la asimilaci\u00f3n en cierto modo adecuada de aquel ciclo cultural que, configurado cristianamente en su peculiaridad racional, mundana y din\u00e1mica, por su car\u00e1cter providencial deb\u00ed\u00ada ser el factor activo para la creaci\u00f3n de la unidad espiritual del mundo en la segunda \u00e9poca.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia imperial se elabora la distinci\u00f3n radical entre Dios y el mundo, frente a un pante\u00ed\u00adsmo latente -> arrianismo), mediante la formaci\u00f3n de una doctrina ortodoxa de la ->Trinidad, en la cual los principios de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, Logos y Pneuma, no son sombras secundarias del Dios propiamente dicho, sino el mismo Dios absoluto (sin supresi\u00f3n de la Trinidad aparecida en la historia y as\u00ed\u00ad inmanente). Con ello surge tambi\u00e9n una teolog\u00ed\u00ada que en principio afirma la realidad y bondad creadas del mundo como distinto de Dios, y las defiende en la lucha contra el manique\u00ed\u00adsmo. Se afirma la historicidad del hombre, de la salvaci\u00f3n y de la fe misma, contra un \u00absistema\u00bb cerrado (gn\u00f3stico en \u00faltimo t\u00e9rmino) del mundo, conservando la doctrina de la -> \u00abresurrecci\u00f3n de la carne\u00bb y rechazando la doctrina de la apocat\u00e1stasis; si bien la -> protolog\u00ed\u00ada y la &#8211;> escatolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gicamente apenas van m\u00e1s all\u00e1 de las afirmaciones b\u00ed\u00adblicas.<\/p>\n<p>Se elabora igualmente una teolog\u00ed\u00ada de la aceptaci\u00f3n radical del mundo distinto de Dios mediante la formaci\u00f3n de la cristolog\u00ed\u00ada ortodoxa en su equilibrio entre separaci\u00f3n (nestorianismo) y mezcla (monofisitismo, monotelismo). Dentro de esta fase, en la &#8211;> cristolog\u00ed\u00ada se articula la concepci\u00f3n cristiana de la relaci\u00f3n entre Dios y el mundo: la m\u00e1xima cercan\u00ed\u00ada del mundo respecto de Dios implica su m\u00e1xima liberaci\u00f3n para su propio ser.<\/p>\n<p>Otras cosas permanecen todav\u00ed\u00ada vacilantes y son a\u00fan preguntas abiertas para occidente, o se dan solamente en germen. La verdadera relaci\u00f3n entre Iglesia y mundo est\u00e1 todav\u00ed\u00ada encubierta bajo una teolog\u00ed\u00ada imperial del estado sacro (-> Bizancio), la cual no se tambalea realmente hasta la lucha de las -> investiduras, Agust\u00ed\u00adn desarrolla por primera vez una teolog\u00ed\u00ada universal de la historia, pero sin superar el peligro de una identificaci\u00f3n del estado \u00abcristiano\u00bb con el reino de Dios (representado por la Iglesia, pero no id\u00e9ntico con ella). Agust\u00ed\u00adn (especialmente por su doctrina de la gracia libre en la historia individual de salvaci\u00f3n de cada uno, la cual no es simplemente un momento en un proceso c\u00f3smico de encarnaci\u00f3n y divinizaci\u00f3n) ofrece un primer esbozo de orientaci\u00f3n existencial, que por otra parte va unida a un pesimismo salv\u00ed\u00adfico en las exposiciones teol\u00f3gicas sobre los efectos del pecado original. En su lucha contra el donatismo queda rechazada una concepci\u00f3n antiinstitucional de la Iglesia, mas por el recurso al brazo secular contra el donatismo, la Iglesia y el Estado se ven unidos en una forma problem\u00e1tica y de graves consecuencias.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada occidental de la edad media el progreso hist\u00f3rico de los dogmas puede resumirse en los siguientes t\u00e9rminos:<br \/>\nSe produce una primera sistematizaci\u00f3n en cierto modo completa del dogma cristiano, con ayuda de un &#8211;>aristotelismo que presenta rasgos plat\u00f3nicos y agustinianos (teolog\u00ed\u00ada de las \u00absumas\u00bb). Ah\u00ed\u00ad, por una parte, sobrevive todav\u00ed\u00ada la concepci\u00f3n del dogma bajo una perspectiva mental de tipo cosmoc\u00e9ntrico (no \u00abtranscendental\u00bb o personal y existencial, antropoc\u00e9ntrico o propiamente hist\u00f3rico). Pero, por otra parte, al menos en principio se reconoce una autonom\u00ed\u00ada relativa a la filosof\u00ed\u00ada \u00absecular\u00bb, distingui\u00e9ndola de la fe y la teolog\u00ed\u00ada, y se ense\u00f1a igualmente la autonom\u00ed\u00ada de las \u00abcausas\u00bb (Tom\u00e1s de Aquino), as\u00ed\u00ad como el car\u00e1cter sobrenatural de la gracia. Todo eso implica una primera liberaci\u00f3n del mundo profano y al mismo tiempo una exposici\u00f3n (condicionada por la \u00e9poca) de la unidad entre el mundo y el cristianismo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se delimita m\u00e1s claramente la espera de la Iglesia frente a la del mundo, mediante una elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de la constituci\u00f3n social de la Iglesia y de su independencia frente al Estado (incluso \u00abcristiano\u00bb), si bien all\u00ed\u00ad no se elabora todav\u00ed\u00ada la relaci\u00f3n entre colegialidad (-> conciliarismo) y primado. Pero ya se nota la tendencia a una directa y total integraci\u00f3n de lo \u00abprofano\u00bb en la salvaci\u00f3n y a su mediatizaci\u00f3n por la Iglesia en el corpus christianorum y en el \u00absacro imperio\u00bb.<\/p>\n<p>4. La teolog\u00ed\u00ada de \u00abtransici\u00f3n\u00bb desde un medio cultural y espiritual de tipo regional a la situaci\u00f3n de una Iglesia mundial. Es indiferente la cuesti\u00f3n de d\u00f3nde est\u00e1 el principio de esa transici\u00f3n (si ya en Tom\u00e1s de Aquino, o en la edad media tard\u00ed\u00ada, o en la reforma, o en la ilustraci\u00f3n, o en la revoluci\u00f3n francesa; en todo caso su final ha llegado y se ha manifestado tambi\u00e9n eclesi\u00e1sticamente en el Vaticano ir: di\u00e1logo con el mundo total, con las religiones no cristianas y con el ate\u00ed\u00adsmo en medio de la \u00ablibertad religiosa\u00bb. Ese per\u00ed\u00adodo de transici\u00f3n es tiempo, mejor o peor aprovechado, de preparaci\u00f3n inmediata de la Iglesia y ante todo de su teolog\u00ed\u00ada para la actual situaci\u00f3n universal de tipo pluralista y con una racionalizaci\u00f3n y humanizaci\u00f3n t\u00e9cnicas del mundo. Esto ha llevado consigo: una superaci\u00f3n eclesi\u00e1stica y teol\u00f3gica de la situaci\u00f3n pluralista dentro de la Iglesia misma mediante el estudio de las diferencias frente a la reforma; la apertura dialog\u00ed\u00adstica a los cristianos no cat\u00f3licos (teolog\u00ed\u00ada ecum\u00e9nica); una ulterior \u00abliberaci\u00f3n\u00bb del mundo por el desarrollo de la doctrina del derecho natural (tambi\u00e9n en el campo social: ius gentium y una flexible doctrina social de la Iglesia), as\u00ed\u00ad como de un optimismo salv\u00ed\u00adfico (frente al -> jansenismo; comienzos de una teolog\u00ed\u00ada positiva de las religiones no cristianas); una nueva concepci\u00f3n de la Iglesia acerca de s\u00ed\u00ad misma, por la que \u00e9sta ha comprendido la autonom\u00ed\u00ada de su vida y su libertad de acci\u00f3n, distanci\u00e1ndose de otras instituciones de la sociedad profana (Vaticano 1 y ii); la conservaci\u00f3n de lo aut\u00e9nticamente cristiano (frente a la teolog\u00ed\u00ada de la -> ilustraci\u00f3n y el -> modernismo); y la lenta desvinculaci\u00f3n de la fe respecto de un \u00fanico, regional, transitorio y previamente dado horizonte mental (admisi\u00f3n de las ciencias hist\u00f3ricas y cr\u00ed\u00adticas en la ex\u00e9gesis y en la teolog\u00ed\u00ada; nacimiento de una historia de los dogmas y de una cr\u00ed\u00adtica ciencia b\u00ed\u00adblica; progresiva acomodaci\u00f3n a un cierto pluralismo de \u00absistemas\u00bb filos\u00f3ficos por el reconocimiento de una teolog\u00ed\u00ada oriental, y por una creciente recepci\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada antropoc\u00e9ntrica y trascendental de la edad moderna, as\u00ed\u00ad como de una filosof\u00ed\u00ada de la historicidad del hombre, como posible instrumento para una teolog\u00ed\u00ada ortodoxa; teolog\u00ed\u00ada de la libertad y de la conciencia personal en una sociedad burguesa y pluralista; superaci\u00f3n de la tensi\u00f3n entre ciencias naturales [doctrina de la evoluci\u00f3n; y teolog\u00ed\u00ada). A este respecto la misma escol\u00e1stica del barroco fue un fen\u00f3meno de transici\u00f3n, en cuanto, por una parte, todav\u00ed\u00ada como en la edad media, se intent\u00f3 con amplio \u00e9xito un sistema colosal que integrara positivamente en \u00e9l toda la concepci\u00f3n profana del mundo; y por otra parte, la fe fue abri\u00e9ndose poco a poco a la nueva situaci\u00f3n que iba madurando (p. ej., en los primeros ensayos de una teolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica, en la filosof\u00ed\u00ada cultivada por separado, en el desarrollo del \u00abderecho de gentes\u00bb, de la psicolog\u00ed\u00ada de la fe, de la libertad bajo la gracia).<\/p>\n<p>III. La historia de los dogmas y la pastoral<br \/>\n1. El actual pastor de almas debe tener cierto conocimiento de la h. de los d. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede proclamar la palabra de Dios con aquella agilidad interna que hoy se requiere para mantener claramente la ortodoxia. Debe saber, a fin de que tenga la valent\u00ed\u00ada de emprender \u00e9l mismo nuevos caminos, cu\u00e1n rica es la historia de la predicaci\u00f3n y de la teolog\u00ed\u00ada en perspectivas y acentuaciones; debe aprender de la h. de los d. que los problemas serios y las profundas dificultades de fe con frecuencia s\u00f3lo pueden resolverse lentamente, para que as\u00ed\u00ad se ejercite voluntariamente en la paciencia y esperanza de la fe dentro de su propia situaci\u00f3n y, mediante el estudio hist\u00f3rico de los dogmas, ha de aprender a salirse de una mon\u00f3tona repetici\u00f3n de \u00e1ridas frases del catecismo, inspir\u00e1ndose en toda la riqueza de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>2. El pastor de almas ha de tener conciencia de que \u00e9l contribuye al progreso de la h. de los d. La proclamaci\u00f3n no es la mera repetici\u00f3n de una teolog\u00ed\u00ada simplificada, sino que va delante de ella. Su vitalidad, sus problemas y su desarrollo f\u00e1ctico propulsan la h. de los d. y precisamente la din\u00e1mica hacia el futuro de la predicaci\u00f3n, la cual debe vivir y actuar en el pastor de almas, confiere a la pregunta por el pasado su seriedad e importancia. Sin esa vertiente pastoral la h. de los d. degenerar\u00ed\u00ada en una erudici\u00f3n vana.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Se deriva del griego <em>dogma<\/em>, de <em>dokein<\/em>, \u00abpensar, parecer, parecer bien\u00bb; la palabra designa un conjunto de doctrina autoritativamente definido. En la Septuaginta <em>dogma<\/em> aparece en Ester 3:9; Dn. 2:13 y 6:8 para referirse a un decreto emitido por el rey. En Lc. 2:1 tenemos el decreto de Augusto C\u00e9sar; en Hch. 16:4 el decreto, las ordenanzas establecidas por los ap\u00f3stoles, en Col. 2:14 y Ef. 2:15 el juicio de la ley contra los pecadores, sobre el que Jes\u00fas triunf\u00f3 en la cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la filosof\u00eda griega, especialmente en el estoicismo, esta palabra se refer\u00eda a principios axiom\u00e1ticos considerados definitivos, m\u00e1s all\u00e1 de toda duda. Josefo (<em>Contra Apion.<\/em> i. 8) llama a los libros jud\u00edos sagrados <em>Zeou dogmata<\/em>, \u00abLos decretos de Dios\u00bb. Ignacio (<em>Ad Magnes.<\/em> 13), Or\u00edgenes (<em>De principiis<\/em> IV. 156), y Clemente de Alejandr\u00eda (<em>Stromateis<\/em> VII. 763) todos aplican el t\u00e9rmino a la revelaci\u00f3n cristiana. Se designan as\u00ed aquellas proposiciones de verdad religiosa que se cree tuvieron su origen en la revelaci\u00f3n divina y que forman parte de un sistema doctrinal por la autoridad de alg\u00fan cuerpo religioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Wayne E. Ward<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (190). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Definici\u00f3n\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-2\">1.1 Las tres clases de verdades reveladas<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">2 Divisiones<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">3 Car\u00e1cter Objetivo de la Verdad Dogm\u00e1tica; Aceptaci\u00f3n Intelectual del Dogma<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">4 El Dogma y la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">5 Dogma y Religi\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">6 Dogma y Ciencia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">7 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Definici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra dogma (del griego dokein) se usa a veces, en los escritos de los autores cl\u00e1sicos antiguos, para significar una opini\u00f3n o lo que parece verdadero a una persona; otras veces, para se\u00f1alar una doctrina o posici\u00f3n filos\u00f3fica, especialmente si se trata de las peculiares doctrinas de una escuela particular de fil\u00f3sofos (Cfr. Cic. Ac. II,9). A veces tambi\u00e9n se refiere a un decreto u ordenanza p\u00fablica, un dogma poieisthai. En la Sagrada Escritura se usa, en algunos casos, con el sentido de decreto o edicto de la autoridad civil, como en Lc 2,1: \u201cSucedi\u00f3 que por aquellos d\u00edas sali\u00f3 un edicto [edictum, dogma] de C\u00e9sar Augusto\u201d. (Cfr, Hch 17,7; Est 3,3). En otros, con sentido de norma de la ley mosaica, como es el caso de Ef 2,15: \u201cAnulando en la carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos\u201d (dogmasin). Y tambi\u00e9n se aplica a los decretos u \u00f3rdenes del Concilio Apost\u00f3lico de Jerusal\u00e9n: \u201cConforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones (dogmata) tomadas por los ap\u00f3stoles y presb\u00edteros en Jerusal\u00e9n\u201d (Hech 16,4). Entre los Padres m\u00e1s antiguos se acostumbraba nombrar dogmas a las doctrinas y preceptos morales ense\u00f1ados o promulgados por el Salvador o por los Ap\u00f3stoles. Y en ocasiones se hac\u00eda una distinci\u00f3n entre dogmas divinos, apost\u00f3licos y eclesi\u00e1sticos, seg\u00fan que la doctrina en cuesti\u00f3n hubiese sido ense\u00f1ada por Cristo o los Ap\u00f3stoles, o que hubiese sido transmitida a los fieles por la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, siguiendo una larga tradici\u00f3n, actualmente entendemos por dogma una verdad que pertenece al campo de la fe o de la moral, que ha sido revelada por Dios, transmitida desde los Ap\u00f3stoles ya a trav\u00e9s de la Escritura, ya de la Tradici\u00f3n, y propuesta por la Iglesia para su aceptaci\u00f3n por parte de los fieles. Brevemente, \u201cdogma\u201d puede ser definido como una verdad revelada definida por la Iglesia. Las revelaciones privadas no constituyen dogmas, y algunos te\u00f3logos incluso limitan la palabra definida a doctrinas definidas solemnemente por el Papa o por un concilio general, mientras que una verdad revelada se convierte en dogma a\u00fan cuando sea propuesta por la Iglesia por medio de su magisterio ordinario o su oficio de ense\u00f1ar. El concepto de dogma, entonces, abarca una doble relaci\u00f3n: con la revelaci\u00f3n divina y con la ense\u00f1anza autorizada de la Iglesia (Cfr. Nos. 85-95 del Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, N.T.).\n<\/p>\n<h3>Las tres clases de verdades reveladas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los te\u00f3logos distinguen tres clases de verdades reveladas: verdades reveladas formal y expl\u00edcitamente; verdades reveladas formal pero s\u00f3lo impl\u00edcitamente; y verdades reveladas s\u00f3lo virtualmente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que una verdad es revelada formalmente cuando quien revela pretende transmitir ese mensaje directamente a trav\u00e9s de su propio lenguaje, para garantizarlo por la autoridad de su palabra. La revelaci\u00f3n es formal y expl\u00edcita cuando se transmite en t\u00e9rminos claros y espec\u00edficos. Es formal pero impl\u00edcita cuando el lenguaje no es tan claro y deben utilizarse cuidadosamente las reglas de interpretaci\u00f3n para determinar su significado. Y una verdad se llama s\u00f3lo virtualmente revelada cuando no est\u00e1 garantizada por la palabra de quien transmite pero se puede deducir de algo que s\u00ed ha sido formalmente revelado. Ahora bien, las verdades reveladas formal y expl\u00edcitamente por Dios son indudablemente dogmas en sentido estricto cuando la Iglesia las propone o define. Tales son, por ejemplo, los art\u00edculos del Credo de los Ap\u00f3stoles. De igual modo son dogmas en sentido estricto las verdades reveladas por Dios formalmente, pero en forma impl\u00edcita. Ejemplo de ellas son las doctrinas de la transubstanciaci\u00f3n, de la infalibilidad papal, de la Inmaculada Concepci\u00f3n, algunas ense\u00f1anzas de la Iglesia acerca del Salvador, los sacramentos, etc. Toda doctrina definida por la Iglesia como algo contenido en la revelaci\u00f3n se debe aceptar como algo formalmente revelado, impl\u00edcita o expl\u00edcitamente. Y es un dogma de fe que la Iglesia es infalible al definir esas dos clases de verdades reveladas. El rechazo deliberado de alguna de ellas constituye pecado de herej\u00eda. Hay varias opiniones acerca de las verdades reveladas virtualmente. Y ello deriva de la diversidad de posturas respecto al objeto material de la fe (V\u00e9ase Fe). Baste decir aqu\u00ed que, seg\u00fan algunos te\u00f3logos, las verdades reveladas virtualmente pertenecen al objeto material de la fe y solamente se convierten en dogmas en sentido estricto cuando la Iglesia las define o propone como tales. Para otros, esas verdades no pertenecen al objeto material de la fe divina, ni se convierten en dogmas, estrictamente hablando, por el hecho de ser definidas o propuestas, mas pueden ser llamadas dogmas mediatamente divinas, o eclesi\u00e1sticas. En la hip\u00f3tesis de que las conclusiones virtualmente reveladas no pertenezcan al objeto material de la fe, no se ha definido a\u00fan si la Iglesia es infalible al definirlas. Sin embargo, en torno a esas verdades, la doctrina de la Iglesia es teol\u00f3gicamente cierta y no puede ser negada legalmente, de modo que aunque la negaci\u00f3n de un dogma eclesi\u00e1stico no sea formalmente una herej\u00eda, s\u00ed significar\u00eda el quebrantamiento de un v\u00ednculo de fe y acarrear\u00eda la expulsi\u00f3n de la Iglesia por un decreto de anatema o de excomuni\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>Divisiones<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las divisiones del dogma son pr\u00e1cticamente las mismas que las de la fe. Los dogmas pueden ser (1) generales o especiales; (2) materiales o formales; (3) puros o mixtos; (4) simb\u00f3licos o no simb\u00f3licos; (5) y pueden diferir seg\u00fan sus diversos grados de necesidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Los dogmas generales forman parte de la revelaci\u00f3n destinada a toda la humanidad y transmitida por los Ap\u00f3stoles. Los especiales son aquellos que son revelados en forma privada. Estos \u00faltimos, en sentido estricto, no constituyen verdaderos dogmas, puesto que no son verdades reveladas a trav\u00e9s de los Ap\u00f3stoles, ni son definidos o propuestos por la Iglesia para ser aceptados universalmente por los fieles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Son dogmas materiales (o divinos, por si mismos, dogmas in se) aquellos que, sin tomar en consideraci\u00f3n si son o no definidos por la Iglesia, se aceptan simplemente como revelados. Dogma formal (o cat\u00f3lico, \u201cen relaci\u00f3n con nosotros\u201d, quoad nos) es aquel que puede ser reconocido como revelado y definido. Lo mismo que en el caso de los dogmas especiales, los materiales no pueden ser llamados dogmas en el sentido estricto de la palabra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Dogma puro es el que \u00fanicamente puede ser conocido a trav\u00e9s de la revelaci\u00f3n, como es el caso de la Trinidad, la Encarnaci\u00f3n, etc. Dogma mixto es aquel que puede conocerse ya por la revelaci\u00f3n ya por el razonamiento filos\u00f3fico, como la existencia y los atributos de Dios. Ambas clases de dogma son tales estrictamente hablando, pues se pueden considerar revelados y definidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Los dogmas contenidos en los s\u00edmbolos o credos de la Iglesia son llamados simb\u00f3licos; los dem\u00e1s son no simb\u00f3licos.  De ah\u00ed que todos los art\u00edculos del Credo de los Ap\u00f3stoles sean verdaderos dogmas, pero no todos los dogmas pueden ser t\u00e9cnicamente llamados art\u00edculos de fe, aunque as\u00ed se les conozca ordinariamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Finalmente, hay dogmas a los cuales es indispensable adherirse por la fe como condici\u00f3n necesaria para salvarse, mientras que en otros tal adhesi\u00f3n s\u00f3lo se hace necesaria por un precepto divino. Unos dogmas deben ser conocidos y cre\u00eddos expl\u00edcitamente, mientras que para otros basta una adhesi\u00f3n impl\u00edcita.\n<\/p>\n<h2>Car\u00e1cter Objetivo de la Verdad Dogm\u00e1tica; Aceptaci\u00f3n Intelectual del Dogma<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo el dogma una verdad revelada, su car\u00e1cter intelectual y su realidad objetiva dependen del car\u00e1cter intelectual y la realidad objetiva de la revelaci\u00f3n divina. De modo que aplicaremos aqu\u00ed al dogma las mismas conclusiones que se desarrollan, con mayor profundidad, en el art\u00edculo sobre revelaci\u00f3n. \u00bfDebe reconocerse el dogma simplemente como una verdad revelada por Dios?. \u00bfPueden aceptarse los dogmas como verdades objetivas, destinadas a ser entendidas por el entendimiento humano?. \u00bfDebemos creerlas con nuestra raz\u00f3n?. \u00bfDebemos admitir la distinci\u00f3n entre dogmas fundamentales y no fundamentales?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)Los racionalistas niegan la existencia de la revelaci\u00f3n divina sobrenatural y, por ende, de los dogmas religiosos. Cierta escuela m\u00edstica ense\u00f1\u00f3 que lo que Cristo inaugur\u00f3 en el mundo fue una \u201cnueva vida\u201d. La teor\u00eda modernista merece un tratamiento aparte, dada la condenaci\u00f3n que la Iglesia ha hecho de ella. Hay varias posiciones entre los modernistas. Aparentemente, algunos de ellos no niegan todo valor intelectual al dogma (Cf. Le Roy, \u201cDogme et Critique\u201d). El dogma y la revelaci\u00f3n- afirman- se expresan en t\u00e9rminos de acci\u00f3n. De ese modo, cuando se dice que el Hijo de Dios \u201cdescendi\u00f3 de los cielos\u201d, los te\u00f3logos no quieren decir con ello que \u00c9l baj\u00f3 del modo como bajan los cuerpos o como se dice que los \u00e1ngeles se desplazan de un sitio a otro, sino que intentan expresar la uni\u00f3n hipost\u00e1tica en t\u00e9rminos de acci\u00f3n. Cuando profesamos nuestra fe en Dios Padre- seg\u00fan Le Roy- lo que decimos es que debemos actuar ante Dios como si fu\u00e9ramos sus hijos, pero que ni la paternidad de Dios, ni los dem\u00e1s dogmas de la fe, como la Encarnaci\u00f3n, la Trinidad, la Resurrecci\u00f3n, etc., forman una idea en la mente. Seg\u00fan otros modernistas, Dios no ha revelado nada a la mente humana. Ellos opinan que la revelaci\u00f3n comenz\u00f3 siendo una forma de conciencia del bien y el mal, y que la evoluci\u00f3n o desarrollo de la revelaci\u00f3n no consiste sino en el desarrollo del sentido religioso, el cual alcanz\u00f3 su punto m\u00e1s alto, hasta el momento, en el moderno Estado liberal y democr\u00e1tico. Consecuentemente, siguiendo la l\u00f3gica de esos autores, los dogmas de fe, considerados como dogmas, no tienen ning\u00fan significado para la raz\u00f3n, ni es necesario que creamos en ellos racionalmente. Podemos rechazarlos; basta que los utilicemos como gu\u00eda para nuestra conducta. (Vease, Modernismo). En contra de esta doctrina, la Iglesia ense\u00f1a que Dios ha hecho revelaciones a la mente humana. Existen, indudablemente, atributos divinos relativos y algunos de los dogmas de fe pueden ser expresados usando simbolismos de acci\u00f3n, pero tambi\u00e9n presentan a la mente un significado distinto de la acci\u00f3n. La paternidad de Dios puede implicar que debemos actuar ante \u00c9l como hijos ante su padre, pero igualmente trae a la mente conceptos anal\u00f3gicos de nuestro Dios y Creador. Hay tambi\u00e9n verdades, como la Trinidad, la Resurrecci\u00f3n de Cristo, su Ascensi\u00f3n, etc., que constituyen hechos absolutamente objetivos y que pueden ser cre\u00eddos a\u00fan si sus consecuencias pr\u00e1cticas pudiesen ser ignoradas o minusvalorizadas. Los dogmas de la Iglesia, tales como la existencia de Dios, la Trinidad, la Encarnaci\u00f3n y la Resurrecci\u00f3n, los sacramentos, el juicio futuro, etc., tienen una realidad objetiva y son hechos tan reales y verdaderos como el hecho de que Augusto fue Emperador de Roma, o que George Washington fue presidente de los Estados Unidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Procediendo abstractivamente a partir de la definici\u00f3n de la Iglesia, una vez que nuestra mente ha aceptado que \u00c9l nos habla, quedamos obligados a dar a Dios el honor de nuestro asentimiento a la verdad revelada. Incluso los ateos admiten, hipot\u00e9ticamente, que, si existiese un ser infinito distinto del mundo, deber\u00edamos brindarle el honor de creer su divina palabra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Consecuentemente no es v\u00e1lido distinguir entre verdades reveladas fundamentales y no fundamentales para insinuar que hay verdades que, aunque se reconozcan como reveladas por Dios, pueden ser legalmente rechazadas. Sin embargo, si bien impl\u00edcitamente debemos creer toda verdad sustentada por la Palabra de Dios, s\u00ed somos libres de admitir que hay verdades m\u00e1s importantes que otras, y que algunas de ellas exigen ser conocidas expl\u00edcitamente, mientras que otras s\u00f3lo requieren una fe impl\u00edcita.\n<\/p>\n<h2>El Dogma y la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las verdades reveladas no adquieren su car\u00e1cter formal de dogmas hasta que son definidas o propuestas por la Iglesia. En tiempos recientes se ha sentido cierta hostilidad hacia la religi\u00f3n dogm\u00e1tica, considerada como un cuerpo de verdades definidas por la Iglesia. Tal hostilidad se acent\u00faa cuando se considera que es el Papa quien las define. La teor\u00eda del dogma tratada aqu\u00ed presupone la aceptaci\u00f3n de la doctrina de la infalibilidad del oficio de ense\u00f1ar de la Iglesia y del Pont\u00edfice Romano. Es evidentemente necesario, por tanto, hacer notar algunos puntos: (1) lo razonable de la definici\u00f3n del dogma; (2) la inmutabilidad del dogma; (3) la necesidad de la fe en el dogma para salvaguardar la unidad de la Iglesia; (4) las inconsistencias que se le adjudican a la definici\u00f3n del dogma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)Contrario a la teor\u00eda de la interpretaci\u00f3n de la Escritura basada en el criterio individual, los cat\u00f3licos consideramos como algo totalmente inaceptable la postura de que Dios revel\u00f3 al mundo un conjunto de verdades pero que no design\u00f3 oficialmente a ning\u00fan maestro para interpretarlas, ni a ning\u00fan juez autorizado para resolver controversias al respecto. Esto es tan il\u00f3gico como pensar en una legislatura civil que hiciera leyes para todos y cediera a cada individuo el derecho y la obligaci\u00f3n de interpretarlas y de dirimir controversias de acuerdo a su criterio particular. La Iglesia y el Sumo Pont\u00edfice han sido revestidos por Dios con el privilegio de la infalibilidad para poder llevar a cabo su funci\u00f3n como maestros universales en las esferas de la fe y de lo moral (Cfr. Nos. 889-892 y 2035 del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, N.T.). Esta necesidad l\u00f3gica constituye un argumento irrefutable de que los dogmas definidos y ense\u00f1ados por la Iglesia son las verdades contenidas en la revelaci\u00f3n divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Los dogmas de la Iglesia son inmutables. Los modernistas sostienen que los dogmas religiosos, como tales, no tienen ning\u00fan significado intelectual; que nadie est\u00e1 obligado a creerlos racionalmente; que pueden ser falsos; que basta que los utilicemos como gu\u00edas de acci\u00f3n; que deber\u00e1n modificarse cuando el esp\u00edritu de la \u00e9poca los haga obsoletos; cuando pierdan su valor como reglas para una vida religiosa liberal. Pero seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica la revelaci\u00f3n divina se dirige a la mente humana y expresa verdades genuinas y objetivas y, consecuentemente, los dogmas son verdades divinas inmutables. Son verdades perennemente inmutables que Augusto fue emperador de Roma y que George Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos. La fe cat\u00f3lica sostiene que, del mismo modo, existen y existir\u00e1n verdades eternamente inmutables como las que afirman que hay tres personas en Dios, que Cristo muri\u00f3 por nosotros, que resucit\u00f3 de entre los muertos, que fund\u00f3 la Iglesia, que instituy\u00f3 los sacramentos. Podemos distinguir entre las verdades en si mismas y el lenguaje en el que estas se expresan. Puede ser que el significado pleno de ciertas verdades reveladas emerja s\u00f3lo paulatinamente, pero la verdad permanece siempre. Puede variar el lenguaje, o puede ser que \u00e9ste sea usado con diferente significado, pero siempre se podr\u00e1 llegar a saber qu\u00e9 sentido se les dio en el pasado a las palabras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Nuestra fe en las verdades reveladas no debe estar condicionada a su definici\u00f3n por la Iglesia. Basta que sepamos que Dios las revel\u00f3. La necesidad de creerlas una vez que han sido definidas o propuestas por la Iglesia se aplica a nuestra preservaci\u00f3n del v\u00ednculo de la fe. (V\u00e9ase Herej\u00eda).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Por \u00faltimo, y contrario a lo que a se afirma en ocasiones, los cat\u00f3licos no admiten que los dogmas son creaciones arbitrarias de la autoridad eclesi\u00e1stica. Tampoco admiten que el n\u00famero de los dogmas se pueda incrementar al gusto, ni que sean instrumentos de subyugaci\u00f3n de los ignorantes, ni que se conviertan en obst\u00e1culos para la conversi\u00f3n de algunos. Mas no se puede dar soluci\u00f3n satisfactoria a esos cuestionamientos sin hacer referencia a asuntos m\u00e1s fundamentales. Las definiciones dogm\u00e1ticas ser\u00edan arbitrarias si no existiese, como una instituci\u00f3n divina, el oficio infalible del magisterio eclesi\u00e1stico. Si, por otro lado, como aseguran los cat\u00f3licos, Dios ha establecido en su Iglesia una funci\u00f3n infalible, una definici\u00f3n dogm\u00e1tica no puede ser considerada algo arbitrario. La misma providencia divina que protege a la Iglesia del error la protege de una multiplicaci\u00f3n desordenada de dogmas. M\u00e1s a\u00fan, siendo las definiciones dogm\u00e1ticas actos de aut\u00e9ntica interpretaci\u00f3n y promulgaci\u00f3n del significado de la revelaci\u00f3n divina, dif\u00edcilmente pueden considerarse como instrumentos de subyugaci\u00f3n, ni obst\u00e1culos a la conversi\u00f3n. Todo lo contrario, la autorizada definici\u00f3n de la verdad y condenaci\u00f3n del error son argumentos s\u00f3lidos que pueden llevar a la Iglesia a aquellos que buscan la verdad sinceramente.\n<\/p>\n<h2>Dogma y Religi\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha acusado a la Iglesia Cat\u00f3lica a veces de que, como consecuencia de sus dogmas, la vida religiosa de sus fieles se reduce a creencias meramente especulativas y a formalidades sacramentales externas. Es una acusaci\u00f3n extra\u00f1a que nace de prejuicios o de falta de conocimiento de la vida de la Iglesia. Definitivamente, la vida en las instituciones conventuales o mon\u00e1sticas no es simple formalidad externa. Las pr\u00e1cticas religiosas externas de los seglares cat\u00f3licos, tales como la oraci\u00f3n p\u00fablica, la confesi\u00f3n, la comuni\u00f3n, etc., exigen un cuidadoso auto examen interno, autodisciplina, y varios otros actos de religi\u00f3n interna. Y b\u00e1stenos observar la vida c\u00edvica de los cat\u00f3licos, sus acciones de filantrop\u00eda, sus escuelas y hospitales, orfanatos, sus organizaciones de caridad, etc., para convencernos de que la religi\u00f3n dogm\u00e1tica no degenera en meras formalidades exteriores. En contraste con eso, en las instituciones cristianas no cat\u00f3licas, a la disipaci\u00f3n de la religi\u00f3n dogm\u00e1tica sigue invariablemente la descomposici\u00f3n de la vida cristiana sobrenatural. Si llegase a desaparecer el sistema dogm\u00e1tico de la Iglesia Cat\u00f3lica, con su cabeza infalible, ning\u00fan sistema basado en el criterio particular podr\u00eda impedir que el mundo retornara al seguimiento de los ideales paganos. Ciertamente el dogma no es ni el principio \u00fanico ni el fin \u00fanico de la vida cat\u00f3lica. Si el cat\u00f3lico sirve a Dios, honra a la Trinidad, ama a Cristo, obedece a la Iglesia, frecuenta los sacramentos, participa en la Misa y cumple los mandamientos es porque cree racionalmente en Dios, en la Trinidad, en la divinidad de Cristo, en la Iglesia, en los sacramentos y en el sacrificio de la Misa, en la obligaci\u00f3n de cumplir los mandamientos. Es m\u00e1s, cree que todas esos contenidos constituyen verdades objetivas e inmutables.\n<\/p>\n<h2>Dogma y Ciencia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de lo anterior, se objeta que el dogma limita la investigaci\u00f3n, antagoniza la independencia de pensamiento e imposibilita la teolog\u00eda cient\u00edfica. Podemos pensar que esta objeci\u00f3n es planteada por protestantes o por no creyentes. Consideremos la objeci\u00f3n desde los dos puntos de vista (La lectura de la enc\u00edclica Fides et Ratio de S.S. Juan Pablo II, ser\u00e1 de gran provecho en este punto, N.T.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1)Los cat\u00f3licos reconocen en el dogma una influencia que va m\u00e1s all\u00e1 de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y de la libertad de pensamiento. Los protestantes tambi\u00e9n profesan adherirse a ciertas creencias dogm\u00e1ticas supuestamente opuestas a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y en conflicto con los descubrimientos de la ciencia moderna. Antiguas dificultades relativas a la existencia de Dios, o a su demostrabilidad, al dogma de la creaci\u00f3n, los milagros, el alma humana, y la religi\u00f3n sobrenatural han sido vestidas con nuevos ropajes y promovidas por escuelas cient\u00edficas contempor\u00e1neas a partir de los m\u00e1s recientes descubrimientos de la Geolog\u00eda, la Paleontolog\u00eda, Biolog\u00eda, Astronom\u00eda, Anatom\u00eda Comparativa y Fisiolog\u00eda. Mas los protestantes, al igual que los cat\u00f3licos, profesan creer en Dios, en la creaci\u00f3n, en el alma, en la Encarnaci\u00f3n, en la posibilidad de los milagros. Tambi\u00e9n sostienen ellos que no hay conflicto entre las conclusiones genuinas de la ciencia y los dogmas bien entendidos de la religi\u00f3n cristiana. De ah\u00ed que los protestantes no puedan l\u00f3gicamente quejarse de que los dogmas cat\u00f3licos impiden el desarrollo cient\u00edfico. Pero s\u00ed se insiste en que, en el sistema de la Iglesia Cat\u00f3lica, las creencias no admiten criterios individuales y que detr\u00e1s de los dogmas de la Iglesia est\u00e1 la sombra pesada de su episcopado. Ciertamente, los cat\u00f3licos saben que la autoridad eclesi\u00e1stica est\u00e1 detr\u00e1s de la fe dogm\u00e1tica, pero ello de ninguna manera ata su libertad intelectual. En todo caso, simplemente les hace preguntarse acerca de la constituci\u00f3n de la Iglesia. Los cat\u00f3licos encuentran dif\u00edcil creer que Dios haya revelado a la humanidad un conjunto de verdades y que no haya establecido una autoridad viva para que interpretara, ense\u00f1ara y salvaguardara ese cuerpo de doctrina, y para que decidiera en casos de controversia. La autoridad del episcopado, en uni\u00f3n con el Supremo Pont\u00edfice, para controlar la actividad intelectual es correlativa a su autoridad para ense\u00f1ar la verdad sobrenatural. La existencia de jueces y magistrados no ampl\u00eda el \u00e1mbito de nuestras leyes civiles; ellos son la autoridad viva para interpretar y aplicar la ley. De modo semejante, la autoridad episcopal tiene como campo la verdad de la revelaci\u00f3n, y s\u00f3lo proh\u00edbe aquello que no concuerda con la totalidad de esa verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Al discutir la cuesti\u00f3n con los no creyentes, se hace notar que la ciencia es \u201cla observaci\u00f3n y clasificaci\u00f3n, o coordinaci\u00f3n, de los datos o fen\u00f3menos individuales de la naturaleza\u201d. Los cat\u00f3licos son absolutamente libres de emprender cualquier investigaci\u00f3n cient\u00edfica en los t\u00e9rminos planteados por esa definici\u00f3n. No existe prohibici\u00f3n o restricci\u00f3n alguna para que los cat\u00f3licos observen y coordinen los fen\u00f3menos de la naturaleza. Algunos cient\u00edficos, sin embargo, no se constri\u00f1en a la ciencia en los t\u00e9rminos que ellos mismos la han definido. Proponen teor\u00edas frecuentemente contrarias a la misma observaci\u00f3n experimental. Hay quien sostiene, como verdad cient\u00edfica, que Dios no existe; que su existencia no es cognoscible; que el mundo no ha sido creado. No falta quien niega, en nombre de la ciencia, que el alma exista, o que sea posible la revelaci\u00f3n sobrenatural. Indudablemente que tales negaciones no tienen sustento en el m\u00e9todo cient\u00edfico. El dogma cat\u00f3lico y la autoridad eclesi\u00e1stica limitan la actividad intelectual s\u00f3lo en la medida en que se considera necesario para salvaguardar las verdades de la revelaci\u00f3n. Si los cient\u00edficos no creyentes aplicasen tambi\u00e9n el m\u00e9todo cient\u00edfico al estudiar el catolicismo, observando, comparando, haciendo hip\u00f3tesis y hasta formulando conclusiones cient\u00edficas, podr\u00edan constatar que la fe dogm\u00e1tica para nada interfiere con la leg\u00edtima libertad de los cat\u00f3licos para emprender investigaciones cient\u00edficas, para cumplir sus deberes ciudadanos o para desempe\u00f1ar cualquier otra forma de actividad que ayude al progreso y al saber. Ninguna teor\u00eda contraria al dogma puede negar los hechos constatables de la multitud de servicios prestados por los cat\u00f3licos en todas las \u00e1reas del saber y del servicio social. (V\u00e9ase Fe, Infalibilidad, Revelaci\u00f3n, Ciencia, Verdad).\n<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acta et Decreta Concilii Vaticani in Coll. Lac. (Friburgo, 1870-90), VII; SUAREZ, Opera Omnia: De Fide Theologic\u00e2; DE LUGO, Pera: De fide; VACANT, Etudes theologiques sur les constitutions du concile du Vatican (Paris, 1895); GRANDERATH, Constitutiones dogmaticae Sacrosancti Ecumenici Concilii Vaticani ex ipsis ejus actis explicatae atque illustratae (Friburgo, 1892); SCHEEBEN, Handbuch der katholischen Dogmatik (Friburgo, 1873); SCHWANE, Dogmengeschichte (2\u00aa. ed., Friburgo, 1895); MAZZELLA, De Virtutibus Infusis (Roma, 1884); BILLOT, Tractatus de Ecclesi\u00e2 Christi (Roma, 1903); IDEM, De Virtutibus Infusis (Roma, 1905); NEWMAN, Idea of a University (Londres, 1899); RAHNER, Dogma (En Sacramentum Mundi, Nueva York, Londres, 1968); Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica (Librer\u00eda Editrice Vaticana-Asociaci\u00f3n de Editores del Catecismo, Madrid, 1993).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente:  Coghlan, Daniel. \u00abDogma.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05089a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Javier Algara Coss\u00edo.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De ordinario, \u00abdogma\u00bb se refiere a una declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica, a una proposici\u00f3n que expresa alguna parte del contenido de la revelaci\u00f3n divina y que es p\u00fablicamente propuesta como tal por la Iglesia y, por lo tanto, a la que se l\u00ed\u00ada de asentir por fe. 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