{"id":17223,"date":"2016-02-05T11:12:23","date_gmt":"2016-02-05T16:12:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mal-moral\/"},"modified":"2016-02-05T11:12:23","modified_gmt":"2016-02-05T16:12:23","slug":"mal-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mal-moral\/","title":{"rendered":"MAL MORAL"},"content":{"rendered":"<p>R. Latourelle<br \/>\nEl mal tiene formas infinitas, pero el mal m\u00e1s profundo tiene su fuente en el coraz\u00f3n del hombre. En el siglo del romanticismo, el mal era el sufrimiento, la enfermedad, la debilidad. Hoy se ha hecho as\u00e9ptica la existencia humana al negar el pecado. Pero sabemos muy bien que el pecado sigue existiendo; m\u00e1s a\u00fan, que es el mal soberano. Por otra parte, el lenguaje com\u00fan no se enga\u00f1a cuando distingue entre lo que hace mal y lo que es malo, entre el mal sufrido y el mal querido. El sufrimiento y la muerte se llaman \u00abhumanos\u00bb en virtud del sujeto al que afectan; pero, en sentido estricto, s\u00f3lo el pecado es \u00abhumano\u00bb, ya que s\u00f3lo el hombre es su agente, su sujeto libre y responsable. Lo que nace del coraz\u00f3n es lo que hace malo al hombre (Mt 15,19-20). Cuando hablemos del mal, nos referiremos aqu\u00ed\u00ad ante todo al mal moral, al pecado, a esa marea negra del amor pervertido que ahoga la vida. Por otra parte, puesto que la enfermedad y la muerte pertenecen tambi\u00e9n al esc\u00e1ndalo del mal, se hablar\u00e1 de ellas en dos art\u00ed\u00adculos distintos, como problemas espec\u00ed\u00adficos.<\/p>\n<p>1. SUMISI\u00ed\u201cN O REBELDIA. Antes de o\u00ed\u00adr la respuesta de Cristo, examinemos dos posiciones que se oponen entre s\u00ed\u00ad, lo mismo que se oponen tambi\u00e9n al cristianismo, a saber: el camino de la sumisi\u00f3n, que es una forma de anestesia, y el camino de la rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1) La primera intenta integrar el mal en algo que lo supera a saber: el orden de la totalidad del universo. Por ahora -se nos dice- no vemos m\u00e1s que un aspecto de la realidad: el lado escandaloso. Pero si nuestra mirada pudiera considerar la totalidad de la historia, la injusticia se nos presentar\u00ed\u00ada entonces como el medio provisional de una justicia integral.<\/p>\n<p>En este sentido, cierta visi\u00f3n cristiana del mundo, que predica la resignaci\u00f3n diciendo que \u00abla cosa no es tan grave\u00bb, que \u00abtodo acabar\u00e1 por arreglarse\u00bb, que \u00abel bien se saldr\u00e1 con la suya\u00bb, se parece curiosamente a la concepci\u00f3n marxista de la historia. Para el marxismo, en efecto, la angustia y el desaliento ante el sufrimiento de una humanidad alienada, explotada, se debe a nuestro conocimiento incompleto de la historia. El infierno es la condici\u00f3n necesaria para un acceso al orden definitivo. La dial\u00e9ctica de los contrarios acabar\u00e1 suscitando una humanidad finalmente unida y reconciliada. Pues bien, la decadencia misma del proletariado ser\u00e1 el motor y el detonante de su liberaci\u00f3n. Salido de la desesperanza, el proyecto proletario tiende al establecimiento de una sociedad sin amos ni esclavos, en donde los antagonismos -necesarios hasta ahora- ceder\u00e1n a una doble armon\u00ed\u00ada: la de los hombres entre s\u00ed\u00ad y la de los hombres con el mundo. Para polarizar las energ\u00ed\u00adas de los hombres, basta por ahora hacerles vislumbrar un estado superior de humanidad, ultratecnificada, ultradesarrollada, de la que cada uno se aprovechar\u00e1 por su participaci\u00f3n, en donde cada uno encontrar\u00e1 su realizaci\u00f3n intelectual y afectiva en la medida en que haga cuerpo con el sistema entero. La lucha de clases, que es el paroxismo del mal, anuncia la salvaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>El juego de la necesidad y de la libertad, en el sistema marxista, sigue siendo ambiguo. \u00bfSe trata de la libertad o de la impecabilidad? Situar el para\u00ed\u00adso terreno en el futuro m\u00e1s bien que en el pasado no cambia en nada el problema. A la cuesti\u00f3n del mal, el marxismo responde con un optimismo impuesto. El camino de la sumisi\u00f3n o de la anestesia no es una respuesta a la angustia y al horror del mal. Si Dios existe y es amor, \u00bfc\u00f3mo justificarlo diciendo que sacrifica a millones de inocentes por una \u00abarmon\u00ed\u00ada\u00bb que triunfar\u00e1 alg\u00fan d\u00ed\u00ada?<\/p>\n<p>A veces se presenta una soluci\u00f3n m\u00e1s radical todav\u00ed\u00ada. En los siglos pasados los hombres pecaban, y no poco; pero sin jactancia ni bravatas, y se reconoc\u00ed\u00adan pecadores. La singularidad del siglo xx, incluso en los ambientes cristianos, es la de negar el pecado, la de ponerlo entre par\u00e9ntesis. Atenazado por el pecado, por el mal, el hombre se niega sin embargo a llevar su peso: lo descarga en las instituciones, en las estructuras, en los determinismos (hereditarios, biol\u00f3gicos, ps\u00ed\u00adquicos), en los otros, pero nunca en \u00e9l. Est\u00e1 mucho m\u00e1s preocupado de la liberaci\u00f3n colectiva que de la salvaci\u00f3n personal. Se vuelve as\u00e9ptica la existencia humana, lo mismo que ocurre con los instrumentos que utiliza el cirujano. Pero, al declarar as\u00ed\u00ad que todo est\u00e1 permitido y que el hombre es puro, se nos quita la posibilidad misma de ese ser-m\u00e1s que est\u00e1 ligado a nuestra condici\u00f3n de pecador, pero consciente y convertido al amor.<\/p>\n<p>Por otra parte, es verdad que el cristianismo aut\u00e9ntico, al mantener con la Escritura que el mundo ha sido querido verdaderamente por Dios y que es el fruto de una intenci\u00f3n, carga con la parte dif\u00ed\u00adcil. De forma equivalente declara con toda lucidez que el mal existe porque existe el bien. Al afirmar que Dios quiso el mundo, y nuestro mundo, se responde a la pregunta de Juana de Arco en el drama de P\u00e9guy: \u00abPero entonces, Dios m\u00ed\u00ado, \u00bfpor qu\u00e9 tanto mal? \u00bfQu\u00e9 juego dram\u00e1tico quieres jugar con nosotros Se\u00f1or? \u00bfHasta cu\u00e1ndo, hasta cu\u00e1ndo estaremos sin comprender?\u00bb En el fondo no hay m\u00e1s que dos salidas: quedar desarmado y rendirse ante Dios, o bien rebelarse contra \u00e9l.<\/p>\n<p>2) En efecto, si se rechaza la actitud cristiana, no queda m\u00e1s actitud que la de la rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En cierto modo, frente al mal es imposible no rebelarse. \u00bfQui\u00e9n no ha conocido esos hervores de tormenta que se expresan en las imprecaciones de Job? Esta angustia ante el mal es en nosotros una especie de fuerza oscura, dormida, pero siempre dispuesta a saltar, nunca perfectamente domada. A1 aceptar en la fe el juicio de la Escritura sobre el mundo: \u00abY Dios vio que era bueno\u00bb, el cristianismo corre el riesgo de provocar contra s\u00ed\u00ad mismo y contra Dios una revuelta total, absoluta, implacable.<\/p>\n<p>Ha sido Dostoyevski el que ha ofrecido la expresi\u00f3n m\u00e1s dram\u00e1tica de esta revuelta en Los hermanos Karamazov. Dirigi\u00e9ndose a Cristo, que ha vuelto a la tierra para reanimar la fe y el coraje de los hombres, pero que de nuevo ha sido apresado y encarcelado, el gran inquisidor le dice: \u00abEres t\u00fa, t\u00fa. No digas nada. C\u00e1llate. Por otra parte, \u00bfqu\u00e9 es lo que podr\u00ed\u00adas decir? Lo s\u00e9 muy bien. No tienes derecho a a\u00f1adir una sola palabra a lo que ya dijiste. \u00bfPor qu\u00e9 has venido a molestarnos? Porque nos desconciertas, lo sabes muy bien. \u00bfPero sabes acaso lo que pasar\u00e1 ma\u00f1ana? Ma\u00f1ana te condenar\u00e9 a muerte y te quemar\u00e1n. Has visto a los hombres libres. Quieres ir por el mundo con las manos vac\u00ed\u00adas, predicando a los hombres una libertad y una esperanza que su necedad les impide comprender, una libertad que les da miedo&#8230; Pero acabar\u00e1n dejando esa libertad a nuestros pies&#8230; T\u00fa has cre\u00ed\u00addo en la libertad humana, en vez de confiscarla&#8230; Nosotros hemos corregido tu obra, y los hombres se han alegrado de verse de nuevo conducidos como un reba\u00f1o. \u00c2\u00a1Les convenceremos de que no ser\u00e1n verdaderamente libres m\u00e1s que abdicando de su libertad en nuestro favor!\u00bb<br \/>\nEl d\u00ed\u00ada que descubramos que existe lo que no deber\u00ed\u00ada existir, que el mal se cierne sobre toda realidad y la arrastra, llegaremos a plantearnos la cuesti\u00f3n: \u00bfQui\u00e9n es el que tiene m\u00e1s culpa? \u00bfEl hombre o Dios? \u00bfEl ego\u00ed\u00adsmo y la ambici\u00f3n de los hombres que desencadenan todos los males, o ese Dios que castiga un mal al que \u00e9l mismo ha abierto las puertas con la libertad? Este interrogante tenebroso est\u00e1 en el coraz\u00f3n de todos, sordo, angustioso. El hombre moderno se rebela contra Dios: como el poeta Lautr\u00e9amont, que se suicida a los veinti\u00fan a\u00f1os gritando a Dios que contemple por toda la eternidad el suplicio que no ha merecido; como Nietzsche cuando dice que \u00abDios ha muerto&#8230; Dios seguir\u00e1 estando muerto&#8230; \u00c2\u00a1Nosotros lo hemos matado!\u00bb Nietzsche muri\u00f3 loco, pero con \u00e9l naci\u00f3 el hombre rebelde.<\/p>\n<p>La rebeli\u00f3n, efectivamente, es la condenaci\u00f3n de Dios en nombre de la justicia y del horror al mal. Para corregir la obra de Dios hay que suprimir la libertad; pero para suprimir la libertad hay que suprimir a Dios, ya que nadie se rebela contra un Dios inexistente. La rebeli\u00f3n se hace contra un Dios que existe, y m\u00e1s concretamente, contra el Dios de los cristianos. Se quiere el silencio de Dios para no o\u00ed\u00adr hablar ya de \u00e9l, para que no se nos moleste con \u00e9l. Se prefiere asesinar a Dios, como hicieron los jud\u00ed\u00ados, para no tener que sufrir en el fondo del coraz\u00f3n la pregunta que nos condena.<\/p>\n<p>Tras esta rebeli\u00f3n contra Dios se oculta no solamente el rechazo eterno de toda esperanza, sino incluso el rechazo de la misma condici\u00f3n humana. Al rebelarse contra Dios, los hombres se hacen capaces de los peores horrores. En efecto, la rebeli\u00f3n es totalitaria. Para acabar con el mal, para cambiar a toda costa la condici\u00f3n humana, se sacrifica a millones de seres en aras de un progreso concebido y hecho \u00aba medida del hombre\u00bb. Para corregir la obra de Dios se confisca la libertad; se entra entonces en un orden peor que cualquier mal. Cuando el nazismo quiso acabar con la podredumbre de Occidente, no retrocedi\u00f3 ante millones de muertos. Cuando el marxismo quiere imponer lo que \u00e9l considera la justicia sacrifica a porciones enteras de la humanidad. Los peores asesinos de Shakespeare se deten\u00ed\u00adan ante una decena de cad\u00e1veres, porque no ten\u00ed\u00adan ideolog\u00ed\u00adas. Con sus ideolog\u00ed\u00adas, nuestro siglo no acaba de acumular cr\u00ed\u00admenes sobre cr\u00ed\u00admenes para librarnos de todo mal. Para exterminar el mal, se extermina a Dios. Pero una vez que se ha crucificado a Dios, el hombre est\u00e1 a merced del hombre, un lobo capaz de las m\u00e1s feroces haza\u00f1as.<\/p>\n<p>En definitiva, \u00bfpor qu\u00e9 es posible la rebeld\u00ed\u00ada? Dios no quiso la rebeld\u00ed\u00ada, pero quiso la libertad, que es la que permite la rebeld\u00ed\u00ada. Si no fu\u00e9ramos m\u00e1s que minerales o robots, la rebeld\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada imposible. Si mantenemos el poder terrible, formidable, de decir no, es precisamente por causa de la libertad. El hombre no es solamente una tecla de piano; es libre, y su libertad consiste en que puede escoger entre el odio y el amor. Cristo nos deja la \u00faltima palabra. \u00abEl esc\u00e1ndalo del universo -dec\u00ed\u00ada Bernanos- no es el sufrimiento, sino la libertad\u00bb. Pero ante semejante poder atribuido al hombre y capaz de desencadenar las peores cat\u00e1strofes, de provocar los peores horrores, c\u00f3mo no sentir la tentaci\u00f3n de decir: \u00ab\u00bfVal\u00ed\u00ada esto realmente la pena? \u00bfPor qu\u00e9, Se\u00f1or?\u00bb<br \/>\nSi Dios tuviera que excusarse de algo no ser\u00ed\u00ada del mal que nos ha hecho, sino de habernos hecho libres. El escogi\u00f3 por una parte las piedras, los animales, los ordenadores, y por otra parte a las personas, esto es, unos seres capaces de decir s\u00ed\u00ad o no incluso a Dios. Al crear unas \u00abpersonas\u00bb, acept\u00f3 el riesgo supremo. Por eso viene a nosotros, sin defensa, como un ni\u00f1o, con las manos vac\u00ed\u00adas o los brazos extendidos en una cruz, para probarnos que nos quer\u00ed\u00ada realmente libres. Dios acepta que la grandeza del hombre se manifieste tanto por la rebeli\u00f3n como por el amor. Para un cristiano, el problema es m\u00e1s tr\u00e1gico todav\u00ed\u00ada, ya que la libertad abre la posibilidad a una rebeli\u00f3n fijada para toda la eternidad. Lo cierto es que no hay m\u00e1s cita decisiva con el mal que Getseman\u00ed\u00ad y el G\u00f3lgota. A la locura de la rebeli\u00f3n y del mal no hay m\u00e1s respuesta que la locura de la cruz. Por respeto a nuestra libertad, Dios nos ha hecho comprender que la locura a la que nos arrastra consiste en desarmarnos sin defendernos, en rendirnos a Dios, en entregarnos a \u00e9l por completo en la fe y en el amor. Esta aparente derrota es la \u00fanica sabidur\u00ed\u00ada. Si no, el hombre rebelde destruye y se destruye con su violencia. Si mantenemos que el inocente muri\u00f3 por todos, golpeado por todos, entonces, solidarios de Cristo, nos desarmamos con \u00e9l, unidos como \u00e9l en la \u00faltima s\u00faplica: \u00abPadre\u00bb. En el perd\u00f3n y en el abandono al Padre, Cristo manifiesta su fe en el hombre, capaz de volverse hacia \u00e9l, y su abandono y su fe en el Padre, capaz de triunfar en la muerte por medio de la vida. Permanecemos en la noche, pero bajo las estrellas. Todos los que han vencido la rebeld\u00ed\u00ada se han negado a defenderse y se han entregado a Dios: Pablo, Agust\u00ed\u00adn, Francisco de As\u00ed\u00ads, as\u00ed\u00ad como todos esos pueblos oprimidos que esperan, por el perd\u00f3n a sus opresores y por su testimonio fiel y tenaz al Se\u00f1or, obtener la conversi\u00f3n de la rebeld\u00ed\u00ada que oprime en amor que confiesa su pecado (C. MESTERS, La misi\u00f3n del pueblo que sufre, Madrid 19862).<\/p>\n<p>2. CRISTO ANTE EL PECADOR Y ANTE EL PECADO. Ante las soluciones insatisfactorias de la sumisi\u00f3n y de la rebeld\u00ed\u00ada, la filosof\u00ed\u00ada ha multiplicado las precisiones para situar mejor el problema. Estas precisiones se\u00f1alan el camino, pero no resuelven las cuestiones concretas del hombre frente al crimen, el odio, la injusticia, el martirio de los inocentes. Al enigma del pecado Cristo no ofrece una respuesta metaf\u00ed\u00adsica, sino una presencia y una actitud.<\/p>\n<p>No tenemos m\u00e1s formas de conocer la visi\u00f3n de Dios sobre el pecado m\u00e1s que a partir de Cristo. Si hay algo que comprender, es mirando a Cristo. Pues bien, desde el G\u00e9nesis hasta el evangelio, desde Oseas hasta Juan, la Escritura no deja de presentar a Dios como un amante. La creaci\u00f3n es una historia entre dos, en donde el s\u00ed\u00ad de Dios solicita el s\u00ed\u00ad de su criatura. La creaci\u00f3n, para realizarse, tiene necesidad del consentimiento del hombre, puesto que Dios no crea esclavos, sino seres libres. Dios no es un tirano, sino un amante: invita, llama, ruega: \u00ab\u00c2\u00a1Si quieres&#8230;!\u00bb Dios ama bastante a los hombres para dejar de lado su poder y correr el riesgo de un rechazo. Si hay un infierno, ser\u00e1 el que haya querido cada uno. En efecto, el hombre puede eludir esta colaboraci\u00f3n, ahogar esa llamada y producir un fracaso, una \u00abdescreaci\u00f3n\u00bb del universo; pero no puede impedir que el amor siga amando. A medida que se comprende a Dios y su amor, se entra en los abismos de su ternura y de su fragilidad. Al crear libertades, Dios acepta ser crucificado por quienes se nieguen a amarlo, pero no por ello puede dejar de estar \u00aben estado de amor\u00bb.<\/p>\n<p>En la perspectiva de la revelaci\u00f3n hay que invertir la perspectiva de Camus y de Iv\u00e1n Karamazov. En vez de decir: \u00abSi el mal existe, Dios no existe\u00bb, hay que decir: \u00abSi el martirio de los inocentes es tan grave, es que Dios existe, y \u00e9l es su v\u00ed\u00adctima con el inocente. Si el pecado es tan monstruoso, es porque atenta contra el hombre en su dignidad infinita. El mal puede tener el rostro horrible y escandaloso de una traici\u00f3n porque Dios existe. Dios est\u00e1 en ese inocente; crucificado con \u00e9l. El pecado somos nosotros mismos \u00aben estado de rechazo\u00bb. Ante una humanidad obstinada, cerrada en s\u00ed\u00ad misma, atrincherada en su rebeld\u00ed\u00ada, \u00bfqu\u00e9 puede hacer el amor sino seguir amando? Porque Dios es amor y ha de seguir amando, como el esposo herido por la traici\u00f3n de la esposa y que ofrece su fidelidad desgarrada, desgarradora, con la esperanza de que el amor responda finalmente al amor.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad es como Cristo se manifiesta en sus par\u00e1bolas, en sus actitudes, en sus gestos, que son otros tantos signos. Ante la samaritana, \u00bfhabr\u00ed\u00adamos actuado nosotros como Cristo? A esta pecadora le propuso el camino m\u00e1s alto de la reconciliaci\u00f3n. \u00bfHabr\u00ed\u00adamos escogido a unos traidores como Pedro y Judas para hacer de ellos nuestros hombres de confianza? A los ojos de Cristo, el m\u00e1s miserable es capaz del mayor amor; el mal ladr\u00f3n es el primer candidato al reino de los cielos. La originalidad del cristianismo es haber definido las relaciones del hombre con Dios, de la ruindad infinita con la infinita grandeza, en t\u00e9rminos de \u00abreciprocidad\u00bb. Dios espera ser amado en retorno, y por amor a nuestro amor nos deja el poder de la ruptura o del consentimiento. Es \u00e9ste el sentido de la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo. Dios juega el juego de la libertad: se calla ante nuestra marcha; al volver su hijo, que ha dilapidado todo lo que hab\u00ed\u00ada recibido, en el comportamiento del padre no aparece la c\u00f3lera, ni la justicia, ni el perd\u00f3n: es el padre el que aguarda al hijo y lo ve venir de lejos; el que interrumpe las excusas; el que manda traer la ropa, el anillo, las sandalias; el que corre hacia su hijo y se arroja a su cuello, porque el que m\u00e1s sufre es el que m\u00e1s ama. Dios ama, pero \u00aba la medida de Dios\u00bb, con un amor totalmente distinto del de los hombres. La primera v\u00ed\u00adctima del pecado es Cristo.<\/p>\n<p>El lavatorio de los pies anticipa la actitud de Cristo fijada en la \u00abpl\u00e1stica\u00bb de la cruz. En el momento de celebrar la \u00faltima cena con los suyos, Cristo se rebaja, se inclina para lavar los pies de sus disc\u00ed\u00adpulos, incluido Judas. Encuentro del amor con el rechazo, de la luz con las tinieblas, de Cristo con Satan\u00e1s, del poder del mal con la omnipotencia del amor. Porque la omnipotencia, aqu\u00ed\u00ad, es la de la fragilidad, la del rebajamiento, la de la pobreza. Deliberadamente, Cristo asume la condici\u00f3n del siervo, totalmente a merced de los dem\u00e1s: al servicio de los hombres hasta ese servicio que consiste en salvar a los dem\u00e1s a costa de su propia vida. La cena, el lavatorio de los pies, la cruz: es siempre el amor que se da por amor, para desarmar el odio y el rechazo. Pero el drama del hombre es el de no creer en el amor que Dios le tiene.<\/p>\n<p>3. EL DIOS CRUCIFICADO: \u00daNICA RESPUESTA. La respuesta de Dios al cuestionamiento del hombre sobre el problema del pecado es el rostro desfigurado de su Hijo, \u00abcrucificado por nosotros\u00bb. El encuentro con ese rostro es la respuesta m\u00e1s decisiva y desconcertante al problema del mal. Sin la cruz, Dios se queda en un lado y nosotros en otro. Pero, por la cruz, Dios se pone del lado de las v\u00ed\u00adctimas, de los torturados, de los oprimidos, de los degradados. El hombre se levanta o se hunde ante esa mirada: \u00abHaz que brille tu rostro y seremos liberados\u00bb (Sal 80,4).<\/p>\n<p>Es conocida la dram\u00e1tica conversaci\u00f3n que describe G. Bernanos en el Diario de un cura de aldea entre este \u00faltimo y la castellana del lugar, que despu\u00e9s de perder a su hijo de corta edad vive en el odio y la rebeld\u00ed\u00ada contra Dios.\u00c2\u00a1Ella odia a Dios! El cura, t\u00ed\u00admidamente, se atreve a hablarle de resignaci\u00f3n. \u00abSi no estuviera resignada -replica la condesa-, estar\u00ed\u00ada muerta\u00bb. Apenas consciente de sus palabras, el cura prosigue: \u00abCon Dios no se regatea; hay que rendirse ante \u00e9l sin condiciones. D\u00e9selo todo, y \u00e9l devolver\u00e1 m\u00e1s todav\u00ed\u00ada\u00bb. Obstinada, la condesa replica: \u00abSi hubiera en este mundo o en el otro alg\u00fan lugar en donde Dios no estuviera&#8230;, llevar\u00ed\u00ada all\u00ed\u00ad a mi peque\u00f1o y le dir\u00ed\u00ada a Dios: \u00c2\u00a1Qu\u00e9date satisfecho! \u00c2\u00a1Apl\u00e1stanos!\u00bb El cura pensaba en los sollozos, en los estertores arrancados a nuestra pobre humanidad bajo el yugo. Dijo: Se\u00f1ora, si nuestro Dios fuera el de los paganos y el de los fil\u00f3sofos&#8230;, podr\u00ed\u00ada refugiarse en lo m\u00e1s alto del cielo y nuestra miseria lo precipitar\u00ed\u00ada de all\u00ed\u00ad. Pero usted sabe que el nuestro se ha adelantado. Puede usted mostrarle el pu\u00f1o, escupirle al rostro y, finalmente, clavarlo en una cruz, \u00bfqu\u00e9 importa? Ya est\u00e1 hecho, hija m\u00ed\u00ada&#8230; El infierno es no amar\u00bb. Entonces, agotada por una dura lucha interior que dura once a\u00f1os, al cabo de sus fuerzas, la condesa se rinde. Con un gesto r\u00e1pido tira al fuego el rubio mech\u00f3n de cabellos de su peque\u00f1o que conservaba en un medall\u00f3n como testimonio contra Dios. Pudo librarse de la soledad terrible: hab\u00ed\u00ada encontrado a la inocencia desfigurada. Y, de pronto, su coraz\u00f3n se abri\u00f3: entr\u00f3 en ella la esperanza como un gran soplo de primavera. En la mirada de Cristo hab\u00ed\u00ada encontrado la paz, la serenidad, el gozo inconmensurable. La noche siguiente, rota sin duda por la agon\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada vivido durante tantos a\u00f1os, la castellana muri\u00f3 reconciliada con el amor. Dos corazones aplastados bajo el mismo yugo; pero el amor hab\u00ed\u00ada podido m\u00e1s que el odio.<\/p>\n<p>De forma semejante, si queremos comprender sin escapatorias, hemos de contemplar la cruz, m\u00e1s sabia que cualquier explicaci\u00f3n, m\u00e1s fuerte que toda contestaci\u00f3n, m\u00e1s pujante que toda violencia. La ley suprema del mundo no es una ley cosmol\u00f3gica, sino la de un misterioso di\u00e1logo entablado entre la libertad humana, a la que se da la posibilidad de tener la \u00faltima palabra, y la libertad de Dios, cuya \u00faltima palabra no es una palabra, sino un acto, una pasi\u00f3n que nos descubre hasta d\u00f3nde llega el pecado, pero al mismo tiempo hasta d\u00f3nde llega el amor. La rebeld\u00ed\u00ada no queda dominada desde fuera, sino hundida en el abismo del amor. En vez de encontrarse con la resistencia, el hombre no encuentra m\u00e1s que unos brazos abiertos. Para desarmar nuestra rebeld\u00ed\u00ada, Dios propone una sobreabundancia de amor. En la cruz levantada en la encrucijada de los siglos, se convierte en el contrapeso del amor desgarrado, sangriento, que desequilibra de alguna forma, por exceso, todo el peso de nuestros des\u00f3rdenes, que desactiva todos nuestros odios. Cristo en la cruz logra poner en el mundo m\u00e1s amor que lo que nunca habr\u00e1 de odio.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, es preciso que revisemos todas nuestras ideas sobre Dios. Cuando Dios ve a sus hijos escoger la muerte neg\u00e1ndose a responder a su llamada, ocupa su lugar y se hace su \u00abrespondiente\u00bb. La cruz, por tanto, nos lleva a un mundo situado m\u00e1s all\u00e1 de toda justicia, al mundo del amor; pero de un amor totalmente distinto, que es un misterio, porque es \u00aba la medida de Dios\u00bb. En ninguna parte Dios es m\u00e1s poderoso que en su impotencia. Si el misterio del mal es indescifrable, el del amor de Dios lo es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s.<\/p>\n<p>La cruz es la \u00faltima tentativa del amor para disolver en nosotros el odio, para desmantelar el ego\u00ed\u00adsmo, para descrucificar a Dios. Pero \u00bfqu\u00e9 hay en el hombre, en esta humanidad pervertida, para que provoque tal exceso de amor, sino la posibilidad de que nazca un amor en cada uno de nosotros, de que se engendre un ser nuevo, libre y \u00abliberado\u00bb para siempre, de que se introduzca un hijo en la vida trinitaria? Colgado del madero de la cruz, Cristo invita a los hombres a ponerse en manos del Padre, como hijos que \u00e9l ha concebido con su amor.<\/p>\n<p>La cruz de Cristo es el extremo de la sinraz\u00f3n, la victoria m\u00e1s asombrosa, la m\u00e1s alucinante de las fuerzas del mal sobre aquel que es la vida, la fuerza. Pero al mismo tiempo es la revelaci\u00f3n de un amor que vence al mal, no por la fuerza, no por un excedente de amor, sino por un exceso de amor que consiste en recibir la muerte de las manos mismas del amado y en llevar el castigo que le est\u00e1 destinado, con la esperanza de convertir en amor el amor desechado. La omnidebilidad de Dios se convierte entonces en su omnipotencia. \u00abAguas inmensas no podr\u00ed\u00adan apagar el amor, ni los r\u00ed\u00ados ahogarlo\u00bb (Cant 8,7). \u00abNosotros anunciamos -dice san Pablo- a Cristo crucificado, esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados y locura para los paganos, pero poder y sabidur\u00ed\u00ada de Dios para los llamados&#8230; Pues la locura de Dios es m\u00e1s sabia que los hombres; y la debilidad de Dios m\u00e1s fuerte que los hombres\u00bb (1Cor 1,2225). \u00abEl que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor\u00bb (1Jn 4,8). \u00bfQu\u00e9 pod\u00ed\u00ada hacer el amor que no haya hecho?<\/p>\n<p>Ahora somos hijos de Dios y su Esp\u00ed\u00adritu habita en nosotros. Pero para transformar as\u00ed\u00ad nuestra condici\u00f3n, fue preciso que Dios se hiciera solidario de los hombres, que atravesase (aunque sin conocer el pecado) el abismo de la ausencia abierto por el rechazo y la rebeld\u00ed\u00ada de los hombres. S\u00f3lo el acto del Hijo encarnado en su doble naturaleza, a la vez divina y humana, pod\u00ed\u00ada asumir semejante misi\u00f3n. Cristo es el \u00fanico punto de convergencia en el que todas las cosas quedan cumplidas, superadas, abolidas y sustituidas por la obra \u00fanica que Dios realiza como hombre, y que solamente puede cumplir Dios en cuanto Dios hecho hombre. A la seriedad del Cristo crucificado, entregado por nosotros, tiene que responder la seriedad de nuestro amor, que hace fundirse toda rebeld\u00ed\u00ada y todo rechazo en la incandescencia del amor trinitario.<\/p>\n<p>4. DEL PECADO AL AMOR. El cristianismo no elimin\u00f3 el pecado. No es una religi\u00f3n de consuelo ni de diversi\u00f3n, sino una religi\u00f3n de conversi\u00f3n. La respuesta del cristianismo al pecado es el amor que desarma, invitando a desarmarse por amor. El mensaje del cristianismo es un mensaje sobre el sentido de la libertad y del amor y sobre el dinamismo omnipotente del amor. Si hay una victoria sobre el mal, se alcanza por medio de un amor mayor que el odio. Cristo es ese amor en estado puro; por eso puede triunfar sobre nuestras rebeld\u00ed\u00adas finitas.<\/p>\n<p>Es \u00e9sta la historia de todos los cambios de situaci\u00f3n que llamamos \u00abconversiones\u00bb y que convierten en un instante a un pecador, a un criminal, en un santo. Parad\u00f3jicamente, seg\u00fan el evangelio (Lc 15,17-20), es el pecador, en su bajada a los infiernos, el que est\u00e1 m\u00e1s cerca del reino. En efecto, muchas veces la complacencia en la mediocridad nos impide ver los abismos que hay en nosotros, y que el pecador percibe con frecuencia mucho mejor que el \u00abjusto\u00bb desde el fondo del precipicio. Su misma miseria puede entonces convertirse en un atajo hacia el amor y precipitarlo hacia Dios. Es verdad que Dios nos comprende, pero sin querer hacerse c\u00f3mplice de nuestras triqui\u00f1uelas. Lo que se nos pide es que no nos neguemos a reconocer lo que somos de verdad, coloc\u00e1ndonos en una honorable \u00abmedian\u00ed\u00ada\u00bb. El pecador que no se toma por otro distinto posee ya ese coraz\u00f3n roto por donde puede entrar la misericordia. Se reconoce \u00abpecador amado\u00bb. Nuestras resistencias, nuestros farise\u00ed\u00adsmos, son necios y falsos. Todos somos culpables; todos tenemos necesidad de desarmarnos ante el amor y de reconocernos prisioneros del pecado, pero amados por Dios; y jam\u00e1s se nos amar\u00e1 con un amor m\u00e1s grande.<\/p>\n<p>La respuesta del cristianismo al problema del pecado relativiza o disipa un gran n\u00famero de pseudo-soluciones: a) los moralismos, por los que la cuesti\u00f3n del mal se resuelve mediante la satisfacci\u00f3n de una buena conciencia y del distanciamiento de los pecadores, pero olvid\u00e1ndose de que el mal est\u00e1 en el coraz\u00f3n del hombre como una posibilidad permanente y perpetua; b) los manique\u00ed\u00adsmos, que conciben el mundo como un campo de batalla en que se enfrentan los buenos y los malos, en concreto los nuestros contra los otros: visi\u00f3n simplista, ya que la ciza\u00f1a y el buen trigo andan siempre mezclados en los asuntos de este mundo; pretender eliminar el mal de un solo golpe con la guerra \u00faltima que mate la guerra es una suprema ilusi\u00f3n, ya que la libertad y la gracia pueden desplazar en todo instante o hacer saltar las barreras mejor establecidas; c) los promete\u00ed\u00adsmos, para los que el mal est\u00e1 por completo en una alienaci\u00f3n que, por no saber ni poder, hace al hombre dependiente de las fuerzas naturales y de las fuerzas sociales, a las que conseguir\u00e1 dominar alg\u00fan d\u00ed\u00ada con su instrumental t\u00e9cnico; pero no hay nada tan equ\u00ed\u00advoco como esta visi\u00f3n del mundo: las t\u00e9cnicas pueden someter el hombre al hombre por medio de la explotaci\u00f3n y de la manipulaci\u00f3n cada vez m\u00e1s refinadas, cada vez m\u00e1s desp\u00f3ticas: la historia contempor\u00e1nea ilustra abundantemente que estas amenazas no son ut\u00f3picas.<\/p>\n<p>El cristianismo es prometeico, pero a su modo, asociando al hombre a la obra todav\u00ed\u00ada inacabada de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n. El cristianismo, sin embargo, al anunciar una salvaci\u00f3n ya cumplida y siempre por hacer, es m\u00e1s optimista que todos los optimismos y m\u00e1s pesimista que todos los pesimismos. Estas dos actitudes tienen su sitio en un mundo que no es todav\u00ed\u00ada el reino definitivo. Todos esperamos ese mundo nuevo en el que no haya ya l\u00e1grimas, ni mal, ni muerte (Ap 2,14). Pero, entre tanto, la falta de proporci\u00f3n entre lo que viene y lo que nosotros vemos nos parece tan grande que la fe misma se ve como llevada del v\u00e9rtigo. Ante la densidad del mal, su fuerza continuamente renovada, su amplitud, su proliferaci\u00f3n, su violencia exasperada, el choque es demasiado fuerte. Mientras el mal tenga el buen sentido suficiente para guardar ciertos l\u00ed\u00admites, podemos resistir todav\u00ed\u00ada. Pero a veces se desencadena con tanta virulencia que tenemos miedo de sucumbir. Gritamos al Se\u00f1or: \u00abS\u00e1lvanos, que perecemos\u00bb. \u00bfHabr\u00ed\u00adamos resistido nosotros las condiciones de las v\u00ed\u00adctimas de Dachau, de Buchenwald, de Auschwitz, de Treblinka, de Camboya? Hay que ser fariseos o ingenuos para pretender que no sucumbiremos nunca en el choque contra el mal, bajo el peso de la injusticia. Nuestra fe sigue expuesta al esc\u00e1ndalo de la iniquidad, expuesta a la prueba, sin la certeza de salir de ella. Pero, precisamente, si nuestra fe es vulnerable, es que existe. Todos alg\u00fan d\u00ed\u00ada hemos pasado o pasaremos por la criba en el desencadenamiento del mal. Sin embargo, la fe misma proclama que, si todos los consuelos de la tierra no sirven de contrapeso ante el mal, todav\u00ed\u00ada existe menos proporci\u00f3n entre el peso de gloria que nos aguarda, que est\u00e1 ya presente, y el peso del mal que sufrimos. Es verdad que el mal, en algunos momentos, nos parece m\u00e1s violento, m\u00e1s duro, m\u00e1s odioso que todo lo que nos pudi\u00e9ramos imaginar: es la hora del esc\u00e1ndalo, de la prueba, de la oscuridad. Una prueba que nos hace descubrir que no damos la talla solos ante el mal. Mas, en un segundo tiempo, descubrimos que estamos todav\u00ed\u00ada menos \u00abadaptados\u00bb a la inmensidad del bien que ha de venir. Al misterio terror\u00ed\u00adfico del mal responde el misterio m\u00e1s impenetrable todav\u00ed\u00ada de la felicidad que se nos ha preparado. Hay dos lugares, dos monta\u00f1as, que simbolizan este misterio: el G\u00f3lgota y el Tabor. Est\u00e1 el peso del mal; pero est\u00e1 tambi\u00e9n el peso todav\u00ed\u00ada mayor de la gloria que se eleva y que lo invade todo, como esas auroras boreales que transfiguran la noche ya poblada de estrellas. Aceptemos no triunfar contra el mal con jactancia, sino m\u00e1s bien vernos desarmados por el amor, ya que Cristo fue el primero que qued\u00f3 desarmado ante nuestro rechazo, d\u00e9bil por amor.<\/p>\n<p>Incluso ante la cruz, el mal moral, ligado a la libertad, sigue siendo un misterio; pero la sobreabundancia del amor manifestado en Cristo proyecta tal sobreabundancia de sentido que llega a iluminar este abismo tenebroso.<\/p>\n<p>BIBL.: BONORA A., Mal, en Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, 1990, 1090-1110; BORNE E;, Le probl\u00e9me du mal, Par\u00ed\u00ads 1958; In Mal, en D,5; fasc\u00ed\u00adculos 74-75 col. 122-136; BRO B., Lepouvoir du mal, Par\u00ed\u00ads 1976; EVDOICIMOV P., Dostoi\u00e9vski et le probl\u00e9me du mal, Brujas-Bruselas-Par\u00ed\u00ads 1978 Gun.w P., Mal, en \u00abCatholicisme\u00bb8 (1979) 21.9-232; HAINAUT F., Le mal, \u00e9nigme seandaleuse, contestation rad\u00ed\u00adcale, Par\u00ed\u00ads 1971; JOURNET C., Le mal. Essai th\u00e9ologique, Par\u00ed\u00ads 1962; LwTOURELLE R., El poder del mal y la salvaci\u00f3n por la cruz, en El hombre y sus problemas a la luz de Cristo, Salamanca 1984 335-359; ROQUEPLO P., Experiencia del mundo, \u00bfexperiencia de Dios?, Salamanca 1969 SsxnLLwNCSSA.D., Le probl\u00e9medumal, Par\u00ed\u00ads 1948, 1951;Tn.uerrFX., La L\u00e9gende du Grand Inquisiteur, Par\u00ed\u00ads 1956; VeeNewux R., Probl\u00e9mes et myst\u00e9res du mal, Par\u00ed\u00ads 19$6; YARNOLD E.Y., Mal, en Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada I, Madrid 1982, 949-968; ZUNDEL M., B\u00fasqueda del Dios desconocido, San Sebasti\u00e1n 1962.<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>R. Latourelle El mal tiene formas infinitas, pero el mal m\u00e1s profundo tiene su fuente en el coraz\u00f3n del hombre. 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