{"id":17233,"date":"2016-02-05T11:12:43","date_gmt":"2016-02-05T16:12:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/secularizacion-y-secularismo\/"},"modified":"2016-02-05T11:12:43","modified_gmt":"2016-02-05T16:12:43","slug":"secularizacion-y-secularismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/secularizacion-y-secularismo\/","title":{"rendered":"SECULARIZACION Y SECULARISMO"},"content":{"rendered":"<p>1. LA CUESTI\u00ed\u201cN DE LA SECULARIZACI\u00ed\u201cN. a) La secularidad es un fen\u00f3meno caracter\u00ed\u00adstico de la modernidad. En nuestra \u00e9poca, al menos en el mundo occidental, el hombre emerge como verdaderamente aut\u00f3nomo y como responsable de su situaci\u00f3n global. Este fen\u00f3meno cultural es el resultado de un largo y complejo proceso hist\u00f3rico, cuyas ra\u00ed\u00adces \u00faltimas son numerosas y de muy diversa naturaleza. No s\u00f3lo la cultura griega, sino tambi\u00e9n la misma religi\u00f3n b\u00ed\u00adblica, constituyen fuerzas hist\u00f3ricas de gran eficacia como agentes de secularizaci\u00f3n, al desmitizar la naturaleza c\u00f3smica y al responsabilizar \u00e9ticamente al hombre de su existencia y su destino. La secularidad viene a coincidir con un proceso de emancipaci\u00f3n real de la vida humana y de la raz\u00f3n hist\u00f3rica, en relaci\u00f3n con un cierto modo de entender el saber riguroso o tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con el modo de vivir la religi\u00f3n en la propia circunstancia personal y social. El proceso secularizante procura entender los diversos sectores vitales de un modo inmanente a la propia realidad humana, siempre pl\u00e1s y m\u00e1s diferenciada, independientemente de los axiomas metaf\u00ed\u00adsicos o incluso de ciertas normas religiosas del pasado. Lo importante para una hip\u00f3tesis cient\u00ed\u00adfica no es su concordancia con tales sistemas metacient\u00ed\u00adficos, sino su verificabilidad o su falsificabilidad, su utilidad o su eficacia. Incluso se ha llegado a hablar de una \u00abmadurez cultural\u00bb para describir el fen\u00f3meno de la emancipaci\u00f3n del saber cient\u00ed\u00adfico y de la autonom\u00ed\u00ada de la cultura humana. Otra caracter\u00ed\u00adstica del hombre secular es su inter\u00e9s por la vida presente en su concreci\u00f3n e historicidad, abandonando la nostalgia de lo eterno y rechazando una forma meramente contemplativa de vivir la religi\u00f3n. El hombre secular, igualmente, pierde inter\u00e9s por el mundo de las \u00abideas eternas\u00bb, mientras concentra su atenci\u00f3n en la fenomenolog\u00ed\u00ada y din\u00e1mica de lo verificable y controlable. Por ello, el hombre secular f\u00e1cilmente se adhiere a una forma de empirismo pragm\u00e1tico que le hace estimar m\u00e1s los hechos que las grandes teor\u00ed\u00adas metaf\u00ed\u00adsicas, pol\u00ed\u00adticas o religiosas. En la cultura moderna, la vida pierde algunos rasgos fundamentales del mundo arcaico, pasando por un proceso de eclipse en las formas convencionales de experiencia de lo sagrado. La vida individual y social se torna m\u00e1s racional y m\u00e1s profana, acentuando su separaci\u00f3n o incluso su ruptura con numerosas creencias del pasado religioso o cultural. Igualmente, numerosas funciones vitales se emancipan de la tutela de las instituciones religiosas, produci\u00e9ndose una cierta desacralizaci\u00f3n de la realidad cultural o social, que tanto puede significar una forma de decadencia religiosa cuanto una forma de purificaci\u00f3n prof\u00e9tica de la misma vivencia creyente.<\/p>\n<p>b) En nuestra \u00e9poca y contexto hist\u00f3rico, la afirmaci\u00f3n religiosa debe vivirse dentro del proceso de secularizaci\u00f3n t\u00ed\u00adpico de la modernidad, caracterizado por la b\u00fasqueda de un nuevo humanismo, centrado en la autonom\u00ed\u00ada responsable del individuo como valor m\u00e1ximo. La secularidad significa no s\u00f3lo el crep\u00fasculo del mundo m\u00e1gico y supersticioso de la cultura arcaica, sino tambi\u00e9n una amenaza para la actitud contemplativa, propia de la ontolog\u00ed\u00ada griega o de la teonom\u00ed\u00ada medieval. El proceso de secularizaci\u00f3n rompe con la tradici\u00f3n cultural, que pretende fundar el tiempo en la eternidad y lo finito en lo infinito. En la \u00e9tica y en la pol\u00ed\u00adtica, en la est\u00e9tica y en la filosof\u00ed\u00ada, la cultura de la cristiandad antigua o medieval era teoc\u00e9ntrica; en cambio, la cultura de la modernidad es claramente antropoc\u00e9ntrica y est\u00e1 particularmente preocupada por la realidad contingente e hist\u00f3rica, singular y concreta. Para constatar la distancia cultural que separa la antig\u00fcedad o el medievo de la modernidad y la actualidad, basta comparar el Gorgias de Plat\u00f3n o el Organon de Arist\u00f3teles con el Discurso del m\u00e9todo de Descartes o con La cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pura de Kant. Lo mismo sucede en el campo religioso, comparando las Confesiones de Aurelio Agust\u00ed\u00adn, el Monologion de Anselmo o el Itinerario de Buenaventura con los discursos Sobre la religi\u00f3n de Schleiermacher, con el Concepto de la angustia de Kierkegaard o con la Agon\u00ed\u00ada del cristianismo de Unamuno. Los fil\u00f3sofos y los te\u00f3logos son incapaces de pensar la realidad humana o de hablar de Dios del mismo modo o utilizando las mismas categor\u00ed\u00adas en que era posible hacerlo antiguamente. La situaci\u00f3n secular se caracteriza tambi\u00e9n por la p\u00e9rdida de un cierto lenguaje filos\u00f3fico y teol\u00f3gico. Seg\u00fan algunos fil\u00f3sofos de la cultura, se estar\u00ed\u00ada iniciando una nueva \u00e9poca hist\u00f3rica, caracterizada por el pensamiento funcional, t\u00e9cnico y positivo del homo urbanus de la megal\u00f3polis posmoderna, dejando atr\u00e1s no s\u00f3lo la fase m\u00ed\u00adtica del mundo arcaico, sino tambi\u00e9n la fase ontol\u00f3gica de la polis griega. Como el mundo arcaico, nutrido de los mitos hom\u00e9ricos o babil\u00f3nicos, dej\u00f3 paso a la civilizaci\u00f3n grecorromana, as\u00ed\u00ad la cultura cristiana occidental vive una transici\u00f3n hacia una civilizaci\u00f3n planetaria a trav\u00e9s del proceso de la modernidad cultural, desde el renacimiento a la ilustraci\u00f3n, desde el idealismo rom\u00e1ntico al primer existencialismo y al positivismo y pragmatismo, persiguiendo una nueva racionalidad y un nuevo humanismo.<\/p>\n<p>c) \u00bfC\u00f3mo debe ser juzgado, desde un punto de vista religioso, el fen\u00f3meno hist\u00f3rico de la secularizaci\u00f3n? \u00bfComo un acontecimiento lamentablemente negativo, como un proceso religiosamente neutral o incluso como una realidad teol\u00f3gicamente positiva? Para una visi\u00f3n r\u00ed\u00adgidamente integrista o fundamentalista, la secularizaci\u00f3n es un fen\u00f3meno esencialmente antirreligioso. Para un cierto eclecticismo teol\u00f3gico, la secularizaci\u00f3n es un fen\u00f3meno religiosamente neutral, consistente en la superaci\u00f3n cultural de m\u00f3dulos de pensamiento propios de una \u00e9poca precient\u00ed\u00adfica. El hombre secular no est\u00e1 m\u00e1s o menos distante de la religi\u00f3n y de la fe que el hombre antiguo o medieval. Pero el cristianismo debe constatar que hoy el imperativo de anunciar el evangelio tiene como destinatario un hombre culturalmente diferente, en cuanto marcado por el proceso secularizante. Finalmente, para el optimismo religioso de un cierto progresismo teol\u00f3gico, detr\u00e1s del proceso secularizante se descubre la acci\u00f3n de Dios, ya que la secularidad resultante permite al hombre alcanzar su autonom\u00ed\u00ada y madurez, librando al anuncio evang\u00e9lico de una interpretaci\u00f3n falsa. Todo el proceso secularizador es la consecuencia l\u00f3gica de la conciencia de la autonom\u00ed\u00ada creatural. La conciencia de la creaturalidad despoja al mundo de toda aureola numinosa. El anuncio del mensaje religioso sobre la acci\u00f3n de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n y la conciencia de la religi\u00f3n de la alianza dan al hombre un sentido \u00e9tico en su proyecto vital y una responsabilidad social en su proyecto hist\u00f3rico. El hombre se descubre como realidad aut\u00f3noma y personal, espiritual y responsable. La fe b\u00ed\u00adblica ha tenido un impacto religiosamente revolucionario. La teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n, del \u00e9xodo y de la alianza ha \u00abdesacralizado\u00bb el mundo humano, como mundo, como historia y como religi\u00f3n.<\/p>\n<p>d) La misma hostilidad de la cultura secular contra ciertas formas deficientes de vivir la religiosidad puede coincidir con una afirmaci\u00f3n apasionada de la verdad, en pol\u00e9mica contra toda deformaci\u00f3n religiosa derivada de fanatismo o superstici\u00f3n. De este modo, la cultura de la modernidad secular puede ejercer una funci\u00f3n correctiva de ciertas l\u00ed\u00adneas contradictorias de una falsa religiosidad. Parad\u00f3jicamente, la cr\u00ed\u00adtica secular de una intolerancia fan\u00e1tica o de una cruel tiran\u00ed\u00ada, derivadas de una falsa idea del imperativo religioso como exigencia \u00e9tica o pol\u00ed\u00adtica, puede significar un momento de purificaci\u00f3n prof\u00e9tica de la misma religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Considerada en una perspectiva religiosa, la misma autonom\u00ed\u00ada secular, en cuanto expresi\u00f3n de una libertad humana responsable tanto en el compromiso de la acci\u00f3n moral cuanto en el proceso de b\u00fasqueda incansable de la verdad, no deja de manifestar una significaci\u00f3n positiva, tambi\u00e9n para el creyente. Una teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n y de la alianza s\u00f3lo puede legitimar la autonom\u00ed\u00ada humana en cuanto creatura libre y responsable y en cuanto posibilidad concreta de construcci\u00f3n de un futuro hist\u00f3rico marcado por la solidaridad y fraternidad. Esta tesis del valor \u00abreligioso \u00abde la secularidad debe equilibrarse con la afirmaci\u00f3n del valor \u00absecular\u00bb de lo religioso. En cuanto afirmaci\u00f3n exacta de la polaridad dial\u00e9ctica de lo divino y lo humano, huyendo de todo esquema de rivalidad, la religi\u00f3n es capaz de ofrecer una garant\u00ed\u00ada de leg\u00ed\u00adtima secularidad como b\u00fasqueda aut\u00f3noma y libre de la justicia y de la verdad, de la solidaridad y de la paz. La instancia religiosa tiene capacidad para corregir toda pretensi\u00f3n de absolutizar lo relativo en los diversos sectores de la vida cultural o social del hombre.<\/p>\n<p>Como experiencia incondicionada de lo sagrado, tanto en la contemplaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica como en la opci\u00f3n \u00e9tica, la religi\u00f3n ofrece a la cultura humana una dimensi\u00f3n de profundidad. En nombre de los grandes ideales religiosos, la fe puede y debe ejercitar una funci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, denunciando toda forma de contradicci\u00f3n o alienaci\u00f3n presente en la vida humana, como expresi\u00f3n de la iniquidad \u00e9tica o de la injusticia social. Por tanto, no es posible concordar con la tesis de una irreconciliabilidad entre lo secular y lo religioso. El conflicto puede nacer de la diversa fe que anima al creyente y al ateo, pero puede suceder tambi\u00e9n que el ateo niegue simplemente una falsa imagen de Dios, que tampoco el cristiano puede aceptar por no coincidir con el \u00abDios del evangelio \u00ab(GS 19).<\/p>\n<p>2. EL PROBLEMA DEL. SECULARISMO. a) La secularidad de la cultura moderna y el proceso mismo de la secularizaci\u00f3n se tornan problem\u00e1ticos cuando la autonom\u00ed\u00ada secular se enfrenta no s\u00f3lo con una forma ileg\u00ed\u00adtima de heteronom\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica, cultural o religiosa, sino con la misma teonom\u00ed\u00ada en cuanto tal, es decir, con la irrupci\u00f3n misma de lo incondicionado en lo sagrado, transform\u00e1ndose en una ideolog\u00ed\u00ada program\u00e1tica de la negaci\u00f3n de lo absoluto y lo divino. No se puede negar que un sector del humanismo secular hace del secularismo su programa, nutriendo sentimientos de escepticismo o de aversi\u00f3n ante la posibilidad de una afirmaci\u00f3n de Dios. Para el secularismo, la idea misma de Dios aparece como alienante, in\u00fatil o imposible. Pensada en un esquema de rivalidad, la idea de Dios aparece como alienante, ya que, hipot\u00e9ticamente, privar\u00ed\u00ada al hombre de su autonom\u00ed\u00ada y libertad, de su autodeterminaci\u00f3n y responsabilidad, por empujar al hombre fuera del mundo, hacia un refugio escatol\u00f3gico. En vez de pensar en cambiar el mundo para hacerlo mejor y m\u00e1s humano, el hombre religioso parece limitarse a pasar la vida en una mera contemplaci\u00f3n de la eternidad. A su vez, la religi\u00f3n parece servir s\u00f3lo para legitimar un sistema de estructuras hist\u00f3ricas o sociales de car\u00e1cter conservador y patriarcal. Al unirse a la vivencia religiosa, la pol\u00ed\u00adtica se sacraliza. En este mundo sagrado y jer\u00e1rquico falta espacio para la imaginaci\u00f3n y fantas\u00ed\u00ada creadoras. A1 sentirse legitimadas por una especie de derecho divino, estructuras sociales hist\u00f3ricamente anacr\u00f3nicas se tornan resistentes al cambio. Adem\u00e1s, no raramente la idea de Dios se presenta tambi\u00e9n como in\u00fatil para mejorar la vida humana, pues las opciones pol\u00ed\u00adticas concretas aparecen meramente en un horizonte intraterrestre. Aunque en un segundo momento, en el caso del creyente, tales opciones pol\u00ed\u00adticas puedan ser posteriormente legitimadas por una motivaci\u00f3n religiosa. Por \u00faltimo, supuesto el crep\u00fasculo de la metaf\u00ed\u00adsica y la imposibilidad de una verificaci\u00f3n estrictamente emp\u00ed\u00adrica de los enunciados religiosos, la idea de Dios aparece como imposible de ser pensada, ya que resulta incre\u00ed\u00adble para una consideraci\u00f3n filos\u00f3fica entendida como pura fenomenolog\u00ed\u00ada de lo social o c\u00f3mo mero an\u00e1lisis estructural de los juegos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos en las diversas situaciones humanas. Consecuentemente, la idea de Dios viene a ser considerada como una suerte de fantasma o como un espejismo ilusorio, sin que su eclipse en la conciencia despierte un particular sentimiento de nostalgia.<\/p>\n<p>b) La cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n hist\u00f3rica denuncia innumerables intolerancias y fanatismos cometidos en nombre de la diferencia religiosa. El mismo problema del mal, eterna objeci\u00f3n de toda teodicea, retorna con renovada incisividad tambi\u00e9n en nuestra \u00e9poca secular, como grito de protesta ante tantos cr\u00ed\u00admenes cometidos, genocidios y guerras de exterminio, actos de neocolonialismo econ\u00f3mico y de tiran\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica, sin que durante el triunfo demon\u00ed\u00adaco del terror se manifestase la gloria de la potencia punitiva divina. La meditaci\u00f3n teol\u00f3gica actual critica tambi\u00e9n una imagen falsa e ideol\u00f3gica de Dios, pensado como dispensador arbitrario y desp\u00f3tico de bienes y males, pobreza y riquezas, salud o enfermedad. Adem\u00e1s de mitol\u00f3gica o idol\u00e1trica, tal imagen resulta m\u00ed\u00adtica y alienante, por convertir la realidad de Dios en una discutible prolongaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Ciertamente, si se quiere dar el nombre de \u00abte\u00ed\u00adsmo\u00bb al sistema supuestamente religioso que identifica la imagen del deus otiosus de la religi\u00f3n m\u00ed\u00adstica con el motor immobilis de la m\u00e1quina del universo f\u00ed\u00adsico, o que transforma la imagen del deus activus de la religi\u00f3n prof\u00e9tica en el t\u00f3tem del nacionalismo religioso, podr\u00e1 proponerse leg\u00ed\u00adtimamente una forma de \u00aba-te\u00ed\u00adsmo\u00bb, como negaci\u00f3n de una falsa imagen del Dios de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Pero el ate\u00ed\u00adsmo como programa y el secularismo como ideolog\u00ed\u00ada s\u00f3lo podr\u00e1n constituir para el creyente un gran desaf\u00ed\u00ado. En todo caso, la cr\u00ed\u00adtica religiosa del secularismo podr\u00e1 purificar el lenguaje teol\u00f3gico del cristianismo, corrigiendo sus deformaciones y_renov\u00e1ndolo en profundidad. En este sentido, la teolog\u00ed\u00ada actual ha propuesto diversas alternativas, que podr\u00e1n ser rectificadas bajo algunos aspectos, pero que ofrecen algunas orientaciones que parecen constituir opciones irreversibles de la tarea teol\u00f3gica actual.<\/p>\n<p>c) En primer lugar, puede considerarse irreversible la atenci\u00f3n teol\u00f3gica concedida a la revelaci\u00f3n divina y la conciencia de que, a trav\u00e9s de ella, conocemos realmente al Dios viviente y libre. Esta convicci\u00f3n teol\u00f3gica se expl\u00ed\u00adcita en lo que se ha denominado la concentraci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica de la revelaci\u00f3n. La palabra de Dios asume en Jesucristo su definitividad escatol\u00f3gica concreta. La revelaci\u00f3n divina nonos manifiesta una fragmentada multiplicidad de abstracciones, sino a Dios mismo, como creador omnipotente y padre misericordioso fiel. Pero el mensaje b\u00ed\u00adblico es tambi\u00e9n la objetivaci\u00f3n literaria de una experiencia religiosa fundante, viniendo a ser tambi\u00e9n de este modo un testimonio humano de la palabra divina. Por esto puede considerarse tambi\u00e9n irreversible la intenci\u00f3n hermen\u00e9utica y la incidencia existencial. En efecto, el kerigma nos revela nuestra autenticidad y sinceridad o, por el contrario, nuestra falta de esperanza y de fe. El camino de Jes\u00fas fue de una autenticidad radical, y constituye para nosotros una posibilidad de verificaci\u00f3n concreta de nuestra aceptaci\u00f3n incondicionada de Dios.<\/p>\n<p>Puede considerarse tambi\u00e9n irreversible la superaci\u00f3n del idealismo teol\u00f3gico como sistema, a trav\u00e9s de una atenci\u00f3n a los aspectos dram\u00e1ticos de la existencia humana y de la realidad vital e hist\u00f3rica. Sujeto y destinatario de la teolog\u00ed\u00ada, el hombre aparece tambi\u00e9n en toda su finitud y fragilidad amenazado por la muerte como tr\u00e1gico destino; amenazado por la culpa como posibilidad de alienaci\u00f3n existencial; amenazado por el absurdo y por el vac\u00ed\u00ado en su angustioso itinerario espiritual; amenazado por el mal social y por la iniquidad hist\u00f3rica en su deseo de realizaci\u00f3n comunitaria. Esta condici\u00f3n humana amenazada constituye el escenario concreto de la revelaci\u00f3n divina, cuyo mensaje se torna relevante precisamente en la confrontaci\u00f3n dial\u00e9ctica con la finitud y alienaci\u00f3n, con la ambig\u00fcedad y el mal, como proclamaci\u00f3n de fe y esperanza en la potencia salv\u00ed\u00adfica divina, que envuelve el destino humano.<\/p>\n<p>d) Tambi\u00e9n la necesidad de aceptar la condici\u00f3n de secularidad de nuestra \u00e9poca puede considerarse una opci\u00f3n irreversible de la tarea teol\u00f3gica actual. Esto supone aceptar la imposibilidad de pensar a Dios y de hablar de la realidad divina al modo de un deus ex machina, al que apelar en situaciones de impotencia humana. Supone tambi\u00e9n aceptar la condici\u00f3n de incredulidad y escepticismo, propia de nuestra \u00e9poca, en que el creyente debe afirmar su fe, vivi\u00e9ndola en la profanidad de la secularidad, sin posibilidad de una verificaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica inmediata. En un mundo secularizado, que organiza su consistencia y su l\u00f3gica, etsi deus non daretur, el creyente sufre la provocaci\u00f3n del eclipse de lo sagrado y del crep\u00fasculo de las formas convencionales de vivir la religi\u00f3n. Por ello resulta tambi\u00e9n irreversible la atenci\u00f3n pr\u00e1ctica de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, atendiendo al malestar que afecta a numerosos cristianos en su dificultad de encontrarse en la forma convencional de vivir su fe. Durante el tiempo del \u00absilencio de Dios\u00bb, la teolog\u00ed\u00ada necesita hallar una significaci\u00f3n m\u00e1s profunda para la fe personal en su itinerario vital buscando un nuevo lenguaje para la problem\u00e1tica decisiva y reanimando la tensi\u00f3n de la esperanza en el ejercicio de la libertad y en el compromiso por el amor al pr\u00f3jimo, como \u00abvicario de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>En busca de una nueva relaci\u00f3n entre historicidad y trascendencia, puede considerarse tambi\u00e9n irreversible una atenci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada a los problemas de la praxis, uniendo una \u00e9tica de la solidaridad a una cultura de la secularidad. S\u00f3lo en la inmanencia de la historia acontece el encuentro con la trascendencia, tanto en la revelaci\u00f3n y en la gracia como en la vivencia de la fe y en la opci\u00f3n por la justicia. Pero el primado de la praxis no debe connotar, para el creyente, un il\u00f3gico \u00abate\u00ed\u00adsmo cristiano\u00bb, ni el inmanentismo hist\u00f3rico de un impropio \u00abevangelio terrestre\u00bb. La argumentaci\u00f3n de la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb como crisis de la trascendencia s\u00f3lo ser\u00ed\u00ada vinculante aceptando un \u00abpatripasianismo\u00bb, ya condenado por la tradici\u00f3n antigua. Por ello, el postulado de la praxis y del empe\u00f1o pol\u00ed\u00adtico, en la inmanencia de la historia, no puede legitimar para el creyente una aut\u00e9ntica y sincera fuga dei. Tampoco el hecho de admitir la posible existencia de un \u00abcristianismo an\u00f3nimo\u00bb o de una forma inculpable de un ate\u00ed\u00adsmo meramente te\u00f3rico puede justificar una aceptaci\u00f3n del nihilismo como heredero leg\u00ed\u00adtimo de la vivencia cristiana. Por tanto, una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre las implicaciones pr\u00e1cticas de la aceptaci\u00f3n del kerigma cristiano no puede servir para justificar una ruptura con la tradici\u00f3n dogm\u00e1tica, incluso en relaci\u00f3n con el lenguaje teol\u00f3gico del \u00abte\u00ed\u00adsmo cristiano\u00bb, en cuanto afirmaci\u00f3n de la realidad divina, como absoluta y \u00fanica como trascendente y personal. Si tal afirmaci\u00f3n fuera eliminada como estructura de intelecci\u00f3n de la misma religi\u00f3n b\u00ed\u00adblica, la revelaci\u00f3n cristiana permanecer\u00ed\u00ada ininteligible y perder\u00ed\u00ada su fuerza de convicci\u00f3n y su raz\u00f3n de ser. S\u00f3lo el Dios in se puede fundar el Dios quoad nos. Por ello, un lenguaje teol\u00f3gico de un \u00abte\u00ed\u00adsmo cristiano\u00bb como explicitaci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica de la afirmaci\u00f3n cristiana de Dios expresa una leg\u00ed\u00adtima implicaci\u00f3n de la fe, constituye una estructura l\u00f3gica necesaria para su comprensi\u00f3n te\u00f3rica y un presupuesto indispensable para su libre aceptaci\u00f3n pr\u00e1ctica. Por tanto, una teolog\u00ed\u00ada radical de la \u00abmuerte de Dios\u00bb, entendida como aceptaci\u00f3n del ate\u00ed\u00adsmo en cuanto propuesta y del secularismo como programa, debe ser juzgada incompatible con el cristianismo en cuanto tal.<\/p>\n<p>BIBL.: AcQUAVIVA S., L Eclissi del sacro nella civilt\u00e1 industriale, Mil\u00e1n 1961; ACQUAVIVA S. y GUIZZARD G., La Secolarizzazione, Bolonia 1973; ALTIZER Tb,J.J. y HAMILTON W., Radical Theology ano the Death of God, Indian\u00e1polis-Nueva York 1966; BONHOEFFER D., Resistencia y sumisi\u00f3n, Salamanca 1983; Cox H.E., La ciudad secular, Barcelona 1973; GLASNER, P.,7he SOC10logy of Secularization, Londres 1977; GOGARTEN F. Destino y esperanzas del mundo, Barcelona 1971; LUCKMANN T., La religi\u00f3n invisible, Salamanca 1973; MARTIN D., A General Theory of Secularization, Oxford 1978; METz J. 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