{"id":17236,"date":"2016-02-05T11:12:48","date_gmt":"2016-02-05T16:12:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teilhard-de-chardin\/"},"modified":"2016-02-05T11:12:48","modified_gmt":"2016-02-05T16:12:48","slug":"teilhard-de-chardin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teilhard-de-chardin\/","title":{"rendered":"TEILHARD DE CHARDIN"},"content":{"rendered":"<p>Como Pascal, Teilhard (18811955) se interesa por el hombre, pero por el hombre como fen\u00f3meno y en su totalidad; por el hombre inserto en el universo y en la colectividad humana, arrastrado a trav\u00e9s de la duraci\u00f3n infinita de los siglos por el torbellino de la evoluci\u00f3n. Se interesa por el mundo, pero en su integridad, que incluye lo natural, lo religioso, lo cristiano y lo sobrenatural. Su visi\u00f3n del mundo es unitaria, y esta unidad est\u00e1 centrada en Cristo. Teilhard es el hombre de la s\u00ed\u00adntesis total. Para \u00e9l Dios est\u00e1 en el universo y el universo est\u00e1 en Dios y el Hombre-Dios, Cristo, est\u00e1 en el universo, asumi\u00e9ndolo y recapitul\u00e1ndolo. Hay en \u00e9l un doble sentido innato: un sentido c\u00f3smico y un sentido cr\u00ed\u00adstico. Estos dos sentidos crecieron en \u00e9l, primero paralelos, aparentemente independientes, pero luego reunidos, hasta coincidir en Cristo, centro \u00fanico de convergencia universal.<\/p>\n<p>1. INTUICI\u00ed\u201cN FUNDAMENTAL DE TEILHARD. Seg\u00fan Bergson, en el origen de toda obra, de todo pensamiento, hay una intuici\u00f3n central, que es algo muy simple, infinitamente simple, que el lenguaje no hace m\u00e1s que detallar, pero que es el fermento de la obra enter\u00f3. Esta intuici\u00f3n, en Teilhard ata\u00f1e al sentido del drama contempor\u00e1neo: Teilhard tiene la certeza de que el cristianismo y el hombre moderno, la fe y la ciencia, actualmente disociados, son indispensables el uno al otro y complementarios.<\/p>\n<p>Profundamente inserto en el mundo por su compromiso cient\u00ed\u00adfico, Teilhard experiment\u00f3 tanto sus aspiraciones como su malestar. En efecto, por una parte muchos descubrimientos importantes (pensemos en Galileo, en Darwin, en Freud) hab\u00ed\u00adan conmocionado la conciencia moderna. Antes el hombre ignoraba las dimensiones infinitas del espacio y de la duraci\u00f3n; viv\u00ed\u00ada en un mundo est\u00e1tico, sin evoluci\u00f3n, tranquilizante. Adem\u00e1s, la esperanza del cielo ofrec\u00ed\u00ada una salida airosa a las miserias, a los sufrimientos, a las desigualdades de aqu\u00ed\u00ad abajo. Pero he aqu\u00ed\u00ad que este paisaje ed\u00e9nico se ha visto perturbado. Entre Dios y el hombre se intercala ahora un tercer personaje, el mundo, no s\u00f3lo como realidad f\u00ed\u00adsica, sino tambi\u00e9n como realidad que hay que construir, capaz de movilizar y de dinamizar la energ\u00ed\u00ada de los pueblos. El cosmos est\u00e1tico se ha revelado como un cosmos en movimiento. Ahora hay un pasado y un futuro; una g\u00e9nesis y un crecimiento del mundo; un abismo pasado, en el que todo se hunde hacia atr\u00e1s en una duraci\u00f3n indefinida y un abismo futuro igualmente indefinido, hacia el que todo se dirige. El mundo moderno est\u00e1 marcado por el descubrimiento de la inmensidad del espacio y del tiempo, del mundo evolutivo. M\u00e1s a\u00fan de lo que pod\u00ed\u00ada imaginarse Pascal, el hombre se siente perdido y desnudo de sentido en esta inmensidad espacial y temporal. En el coraz\u00f3n de sus triunfos, el hombre moderno siente la impotencia en que se encuentra de utilizar, para la realizaci\u00f3n del hom&#8212;. bre, los valores mismos que pretende dominar y monopolizar.<\/p>\n<p>La intuici\u00f3n y la vocaci\u00f3n de Teilhard se sit\u00faan en este punto concreto. Teilhard est\u00e1 convencido de que el cristianismo sigue siendo, a pesar de todo, la \u00fanica salvaci\u00f3n del mundo moderno del progreso, de la evoluci\u00f3n, con tal de que encuentre de nuevo, por medio de una reflexi\u00f3n personal sobre su misterio y de una adaptaci\u00f3n de su lenguaje, su poder de seducci\u00f3n; con tal de que se rejuvenezca en su contacto con el mundo y en su acci\u00f3n sobre el mundo; con tal, en fin, .de que cristifique los valores leg\u00ed\u00adtimos de la conciencia moderna.<\/p>\n<p>Sabio, cristiano y sacerdote, Teilhard descubri\u00f3 su vocaci\u00f3n. Apasionado del mundo y de Dios, se sinti\u00f3 llamado a restablecer un v\u00ed\u00adnculo entre el mundo de la ciencia de su tiempo y el cristianismo, entre los adoradores de Cristo y los adoradores del mundo, entre la pasi\u00f3n de construir la tierra y la pasi\u00f3n de ganar el cielo. Esta doble vocaci\u00f3n de hijo de la tierra y de hijo del cielo, vista como suya, con el mensaje que implica para los hombres de su siglo, es el alma de toda su obra. Simple como una intuici\u00f3n, pero din\u00e1mica como una vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. PROYECTO APOLOGETICO. Si queremos definir la obra de Teilhard, podemos decir con \u00e9l que es una apolog\u00e9tica, es decir, la reflexi\u00f3n de un hombre de ciencia sobre su fe, con la finalidad de ver si pueden armonizarse y de qu\u00e9 modo la ciencia y la fe. En Esbozo de una dial\u00e9ctica del esp\u00ed\u00adritu (Oeuvres 7, 1946), el mismo Teilhard propone su obra como una \u00abapolog\u00e9tica\u00bb. Expone adem\u00e1s los tiempos sucesivos de esta \u00abapolog\u00e9tica\u00bb o, si se prefiere, de esta \u00abdial\u00e9ctica\u00bb. Su primer objetivo es derribar la barrera que, desde hac\u00ed\u00ada cuatro siglos, no dejaba de levantarse entre la ciencia y la revelaci\u00f3n, entre la Iglesia y la ciencia. En un mundo dominado por la ciencia, Teilhard se dedica a reconciliar la visi\u00f3n religiosa y la visi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica del universo. En este sentido, escribe mons. de Solages, \u00abse presenta como el mayor apologista del cristianismo desde Pascal\u00bb. C. Cu\u00e9not afirma m\u00e1s todav\u00ed\u00ada: Theilhard \u00abha elaborado una apolog\u00ed\u00ada del cristianismo, cuya fuerza de demostraci\u00f3n puede compararse y es quiz\u00e1 superior al pensamiento de l Pascal, de l Newman, de Maurice l Blondel\u00bb.<\/p>\n<p>Teilhard quiere conducir a los hombres de ciencia a reconocer que la unidad convergente de la evoluci\u00f3n no tiene sentido m\u00e1s que si se admite no s\u00f3lo el hacia-delante del progreso, sino tambi\u00e9n el hacia-arriba que lo dirige desde el comienzo. Teilhard introduce as\u00ed\u00ad la idea de trascendencia, y tambi\u00e9n la idea de finalidad, que le reprochar\u00e1n los cient\u00ed\u00adficos. M\u00e1s a\u00fan, piensa Teilhard, sin la fe en un sentido y en una salida de la vida, el hombre no puede seguir viviendo y actuando. Teilhard prepara as\u00ed\u00ad el camino hacia la aceptaci\u00f3n de Cristo, \u00fanico capaz de garantizar el porvenir del hombre. S\u00f3lo el cristianismo es tambi\u00e9n capaz de dar un sentido al universo en v\u00ed\u00adas de evoluci\u00f3n. Teilhard quiere llegar a.\u00bbcristificar\u00bb la evoluci\u00f3n. Su proyecto, en definitiva, es mostrar al hombre de ciencia que la evoluci\u00f3n del universo encuentra en Dios, y \u00faltimamente en el cristianismo, .una coherencia que constituye un criterio de verdad. Sin embargo, Teilhard no quiere saber nada de una conclusi\u00f3n \u00abcopiada\u00bb de fuera. Concibe la revelaci\u00f3n y la fe como una respuesta inesperada y plenamente satisfactoria a una misteriosa llamada venida de las profundidades del cosmos y del hombre; en esto coincide con l Pascal y con I Blondel.<\/p>\n<p>El esfuerzo de aproximaci\u00f3n y de comprensi\u00f3n que se les, pide a los cristianos no es ciertamente peque\u00f1o. Para reconquistar posiciones perdidas frente a la mentalidad moderna, se necesita algo m\u00e1s que una revisi\u00f3n: se necesita una conversi\u00f3n total. No sin raz\u00f3n, el cristianismo ha sido acusado de lesa humanidad, de antihumanismo. Demasiados cristianos han dado la impresi\u00f3n de que, para ser cristianos, hab\u00ed\u00ada que oponerse al progreso. La Iglesia, \u00abaunque acepta verbalmente ciertos resultados y ciertas perspectivas del progreso&#8230;, parece no creer en ellos\u00bb (Oeuvres, 9,165166). Para reconciliar la ciencia con el cristianismo se necesita volver a pensar en el sentido cristiano del trabajo, del progreso, de la investigaci\u00f3n, del esfuerzo humano. Porque el Dios salvador es tambi\u00e9n el Dios creador. La Iglesia tiene que aceptar con magnanimidad el mundo del progreso y creer de verdad en \u00e9l. \u00abSumergirse para emerger y suscitar. Participar para sublimar. Es la ley misma de la encarnaci\u00f3n. Creo que el mundo moderno no se convertir\u00e1 a las experiencias celestiales del cristianismo m\u00e1s que cuando previamente el cristianismo se convierta (para divinizarlas) a las esperanzas de la tierra\u00bb (ib, 165). Ya en 1923 dec\u00ed\u00ada: \u00abCreo en un absoluto, el cual, hic el nunc, s\u00f3lo se nos manifiesta a trav\u00e9s de Cristo&#8230; Esta es toda mi apolog\u00e9tica y no concibo ninguna otra\u00bb (Lettres a L\u00e9ontine Zanta, Par\u00ed\u00ads 1965, 53). Al hombre del siglo XX, apasionado por un universo del que descubre su duraci\u00f3n y su espacio infinitos, le propone la figura del Cristo c\u00f3smico, abismo de grandeza en todas las direcciones. En 1943 escrib\u00ed\u00ada: \u00abPor Super-Cristo no quiero decir ni mucho menos otro Cristo, un segundo Cristo diferente del rimero y mayor que \u00e9l; entiendo mismo Cristo, al Cristo de siempre, que se nos descubre bajo una figura y unas dimensiones m\u00e1s grandes\u00bb (Oeuvres 9,208).<\/p>\n<p>3. \u00ed\u0081NGULO DE APROXIMACI\u00ed\u201cN: TODO EL UNIVERSO. Y TODO EL HOMBRE A PARTIR DE UNA FENOMENOLOGIA. La interpretaci\u00f3n teilhardiana del universo se apoya en dos premisas: una aproximaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica al fen\u00f3meno humano, considerado en su globalidad, y una visi\u00f3n evolutiva del universo.<\/p>\n<p>En primer lugar, una visi\u00f3n totalizarte del universo. Al adoptar este \u00e1ngulo de perspectiva, Teilhard es plenamente consciente de que se expone a tener en contra suya a los puros sabios, as\u00ed\u00ad como a los fil\u00f3sofos y a los te\u00f3logos. Pero estima que en las cercan\u00ed\u00adas del todo, la f\u00ed\u00adsica, la metaf\u00ed\u00adsica y la religi\u00f3n convergen de una manera extra\u00f1a.<\/p>\n<p>Hay que tomar como objeto de la ciencia la \u00abtotalidad\u00bb del fen\u00f3meno. Pues bien, el centro de coherencia de lo real no debe buscarse por debajo, en el elemento, sino por arriba, en el hombre, centro de perspectiva y de construcci\u00f3n del universo. El mundo no cae por debajo, sino por delante y por arriba. Teilhard invierte los datos del problema: estamos en presencia de un mundo orientado, finalizado.<\/p>\n<p>Una aproximaci\u00f3n totalizante a lo real supone que se le conceda al hombre en el universo un lugar preeminente. Teilhard est\u00e1 convencido de que no se puede penetrar profundamente en el sentido del universo si se lo separa del \u00abfen\u00f3meno humano\u00bb, ya que el sentido de todas las cosas reside en el hombre. Subrayemos, sin embargo, que Teilhard, cuando estudia al hombre, no lo considera en primer lugar en su vida psicol\u00f3gica, como Pascal, o, como el fil\u00f3sofo, en su naturaleza de animal racional, sino desde fuera, a la manera del sabio. No estudia el individuo ni la naturaleza humana abstracta, sino la masa de hombres, la colectividad humana, la \u00abcaravana humana\u00bb, el fen\u00f3meno humano, tal como se podr\u00ed\u00ada observar con un telescopio gigante a trav\u00e9s de los siglos. En una palabra, estudia al hombre y al universo como un solo bloque. Hasta ahora se ha construido una ciencia del universo sin el hombre, y una ciencia del hombre al margen del universo. Ahora hay que construir una ciencia del universo que abarque a la vez al hombre y al universo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, su fenomenolog\u00ed\u00ada no debe confundirse con la de Husserl, Merleau-Ponty o Sartre, que intenta ser un an\u00e1lisis riguroso del acto consciente. No se trata de una fenomenolog\u00ed\u00ada de la conciencia, sino de la naturaleza. Teilhard ha conservado a la palabra \u00abfen\u00f3meno\u00bb su sentido elemental, prefilos\u00f3fico, a saber: todo lo que se presenta como un dato objetivo al conocimiento y a la experimentaci\u00f3n. Su fenomenolog\u00ed\u00ada se orienta hacia las realidades del mundo exterior y guarda parentesco con las ciencias naturales. Para los \u00abfenomen\u00f3logos\u00bb es la conciencia humana la que confiere a las cosas sentido y valor; para Teilhard, el hombre es centro del universo, ya que constituye objetivamente la coronaci\u00f3n y la finalidad de la evoluci\u00f3n. Su fenomenolog\u00ed\u00ada es una primera reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica que tiene como objeto lo \u00abobservable\u00bb: nada m\u00e1s que el fen\u00f3meno, pero todo el fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>Aunque esta fenomenolog\u00ed\u00ada tiene como objeto los fen\u00f3menos tal como se presentan a la ciencia, no se identifica simplemente con la ciencia; tampoco es una pura metaf\u00ed\u00adsica. Su ideal es ser una reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, que englobar\u00ed\u00ada, sin embargo, la totalidad de los fen\u00f3menos para descubrir su estructura y su unidad. Es una especia de hiperf\u00ed\u00adsica o de ultraf\u00ed\u00adsica, que corona los dos abismos de Pascal con un tercer abismo: un abismo de complejidad. Esta ciencia nueva integra los terrenos de las ciencias particulares, supera sus l\u00ed\u00admites y abarca la totalidad de la realidad terrena: de la materia hasta el hombre. Tiene la ambici\u00f3n de reunir todos los datos de la experiencia humana dentro de una visi\u00f3n \u00fanica, que va desde la f\u00ed\u00adsica y la qu\u00ed\u00admica hasta la historia y la religi\u00f3n. En una palabra, abraza al fen\u00f3meno humano en su globalidad y totalidad. \u00abComo sucede con los meridianos cuando se acercan al polo, la ciencia, la filosof\u00ed\u00ada y la religi\u00f3n convergen necesariamente en la cercan\u00ed\u00ada del todo&#8230; Imposible intentar una interpretaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica general del universo sin pretender explicarlo hasta el fin\u00bb (Oeuvres 1,22). Si el fen\u00f3meno humano se completa con el fen\u00f3meno cristiano, es porque Theilhard ha pensado siempre el fen\u00f3meno humano en su totalidad y en su consumaci\u00f3n en Jesucristo. El pensamiento de Teilhard es fascinante, porque supera los l\u00ed\u00admites de la especializaci\u00f3n y tiende a una visi\u00f3n que considera al hombre en su totalidad. Este ideal puede dejar esc\u00e9ptico al hombre de ciencia, asombrar al fil\u00f3sofo, desconcertar al te\u00f3logo. Pero ejerce una innegable seducci\u00f3n sobre el hombre \u00aben busca de sentido\u00bb que echa una mirada de conjunto sobre la complejidad de lo real.<\/p>\n<p>4. EL MOVIMIENTO GENERAL DEL UNIVERSO: UNA EVOLUCI\u00ed\u201cN. La segunda premisa para comprenderla interpretaci\u00f3n teilhardiana del universo se refiere a su intuici\u00f3n de base: la intuici\u00f3n de lo evolutivo.<\/p>\n<p>En l\u00ed\u00adneas esenciales, esta visi\u00f3n se reduce a los puntos siguientes: el universo forma un todo homog\u00e9neo, pero est\u00e1 sometido a un movimiento: el de la evoluci\u00f3n. El universo no es est\u00e1tico, sino que est\u00e1 en un proceso de g\u00e9nesis, de formaci\u00f3n: es una cosmog\u00e9nesis. Adem\u00e1s, este movimiento sigue una direcci\u00f3n determinada: est\u00e1 sometido a la ley de complejidad creciente. El mundo se desarrolla en el tiempo, desde lo m\u00e1s simple hasta lo extremadamente complejo. M\u00e1s a\u00fan, este movimiento de complejidad est\u00e1 ligado a un aumento correlativo de interiorizaci\u00f3n, es decir, de conciencia.<\/p>\n<p>En el seno de la evoluci\u00f3n hay pelda\u00f1os, saltos cualitativos. Teilhard habla de puntos cr\u00ed\u00adticos, de crisis, de umbral cr\u00ed\u00adtico, de mutaci\u00f3n, de aparici\u00f3n, de orden nuevo, de discontinuidad. Pero a trav\u00e9s de estas discontinuidades avanza un mismo movimiento. Hay discontinuidad, pero no ruptura. Dos de estas discontinuidades principales son la aparici\u00f3n de la vida y la aparici\u00f3n del pensamiento. Si la ciencia no conoce m\u00e1s que dos puntos cr\u00ed\u00adticos (la biog\u00e9nesis y la noog\u00e9nesis), el cristiano por su parte habla de otro paso inesperado, de un salto decisivo, en el que el impulso vital realizar\u00e1 su perfecci\u00f3n. Este punto es el Cristo-omega. Cristo es el porvenir del hombre; no s\u00f3lo a la manera con que el hombre es el porvenir del universo material (su t\u00e9rmino natural de evoluci\u00f3n), sino como aquel que representa un nuevo tipo de vida, un nuevo estatuto de la humanidad, que supera las esperanzas anteriores, las colma y les da una consumaci\u00f3n inesperada. Pascal dir\u00ed\u00ada que se pasa a otro orden. Es verdad que todo esto Teilhard lo sabe por su fe, pero piensa que el fen\u00f3meno cristiano puede atraer y mantener la atenci\u00f3n del hombre de ciencia.<\/p>\n<p>Antes de Teilhard, la evoluci\u00f3n era materialista. Todo se explicaba por debajo, por los elementos primeros de la materia; se buscaba en los \u00e1t\u00f3mos la solidez del universo. Teilhard, por el contrario, busca el eje de la evoluci\u00f3n por arriba, en el hombre, clave de la evoluci\u00f3n. Se dedica a situar al hombre en el coraz\u00f3n del mundo sin deformar al uno ni al otro. La posici\u00f3n del hombre en el universo, como envoltura pensante del universo, le da a la evoluci\u00f3n su sentido y su singularidad. No solamente el hombre representa un estado de vida absolutamente nuevo en el mundo, sino que en \u00e9l el universo se hace capaz de reflexi\u00f3n. El hombre establece un v\u00ed\u00adnculo org\u00e1nico entre el cosmos y el ser personal.<br \/>\n5. LA ASCENSI\u00ed\u201cN HACIA OMEGA. Desde el punto de vista fenomenol\u00f3gico, la humanidad parece encaminarse hacia una conciencia colectiva, hacia una unidad de la especie, hacia un polo superior de concentraci\u00f3n y de reflexi\u00f3n. Este polo, dice Teilhard, no puede consistir solamente en la colectividad humana en cuanto tal, ni siquiera reunida en la concordia. La fuerza de atracci\u00f3n que centra a la humanidad sobre s\u00ed\u00ad misma debe ser ella misma una persona: una persona a la que los hombres puedan dirigir su amor y en la que puedan amar a sus semejantes.<\/p>\n<p>Este centro personal, ese polo \u00faltimo, que Teilhard llama omega, es necesario para asegurar a la evoluci\u00f3n su impulso y su \u00e9xito. Es necesario por razones de amor y de supervivencia o, de forma equivalente, por razones de irreversibilidad (o de supervivencia, de inmortalidad), de polaridad (o de centraci\u00f3n) y de unanimidad (o de amor). El vocabulario aqu\u00ed\u00ad es ligeramente fluctuante, pero los dos motivos principales que a los ojos de Teilhard exigen un polo personal y trascendente de la evoluci\u00f3n son razones de humanizaci\u00f3n (amor) y de irreversibilidad de la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Primero, un motivo de unificaci\u00f3n, de humanizaci\u00f3n de la humanidad. En efecto, el impulso de la humanidad no puede lograrse a no ser aceptando, en la cima del mundo y por encima de nuestras cabezas, a un amante y a un amable. \u00abEn cuanto tal, lo colectivo es esencialmente inamable; es imposible darse al mundo an\u00f3nimo\u00bb (Oeuvres 1,297). Teilhard escribe en 1941: \u00abNo tenemos necesidad de un cara a cara ni de un cuerpo a cuerpo, sino de un coraz\u00f3n a coraz\u00f3n. En estas condiciones, cuanto m\u00e1s escudri\u00f1o la cuesti\u00f3n fundamental del porvenir de la tierra, m\u00e1s creo percibir que el principio generador de su unificaci\u00f3n no debe buscarse finalmente ni s\u00f3lo en la contemplaci\u00f3n de una misma verdad, ni s\u00f3lo en el deseo suscitado por algo, sino en la atracci\u00f3n com\u00fan ejercida por un mismo alguien\u00bb (Deuvres 5,99). El amor no puede nacer ni fijarse si no se encuentra un coraz\u00f3n, un rostro. El punto omega tiene que ser el punto en el que todos se aman, para que todos amen el mismo punto central.<\/p>\n<p>La segunda raz\u00f3n para postular un omega personal y trascendente es una raz\u00f3n de irreversibilidad (o de inmortalidad, o de supervivencia). En efecto, sin un motor personal y trascendente no puede garantizarse la evoluci\u00f3n, ya que se queda sin garant\u00ed\u00adas la acci\u00f3n humana. En resumen, el razonamiento de Teilhard es el siguiente: la vida ha tardado miles de millones de a\u00f1os para desembocar en el hombre. Ser\u00ed\u00ada absurdo pensar que este esfuerzo es in\u00fatil y que est\u00e1 abocado a la autodestrucci\u00f3n. El ser, a partir de cierto nivel, no puede negarse radicalmente. La vida dejar\u00ed\u00ada de ser viable si no tuviera conciencia, al menos en su zona superior, en el hombre, de ser irreversible, inmortal. Creer en el universo es creer en su coherencia. Pues bien, una evoluci\u00f3n \u00abdirigida\u00bb, en ascensi\u00f3n hacia el hombre, ser\u00ed\u00ada absurda e incoherente si la persona humana (individual o colectiva), fruto superior de la evoluci\u00f3n, tuviera que perecer finalmente. La abolici\u00f3n de los ego, despu\u00e9s de la muerte, constituir\u00ed\u00ada la m\u00e1s grave de las regresiones, contraria a la esencia misma de la evoluci\u00f3n, que ha ido subiendo hacia el esp\u00ed\u00adritu y, por el esp\u00ed\u00adritu, hacia la persona humana. Los hombres no se plegar\u00e1n a la tarea del progreso y de la unificaci\u00f3n de la humanidad, vista como cada vez m\u00e1s penosa, si no tienen la convicci\u00f3n de que el esfuerzo que se les pide tiene oportunidades de \u00e9xito. La perspectiva de una muerte total, contra la que se subleva la conciencia individual o colectiva, romper\u00ed\u00ada al mismo tiempo toda ascensi\u00f3n evolutiva.<\/p>\n<p>De este modo, la evoluci\u00f3n se presenta como un movimiento gigantesco de unificaci\u00f3n y de personalizaci\u00f3n, que sube hacia Dios. En un primer tiempo, la ascensi\u00f3n humana hacia \u00abomega\u00bb aparece como una \u00abb\u00fasqueda\u00bb, como un esfuerzo de la humanidad por llegar a una realizaci\u00f3n plenamente consciente y querida de la comunidad como tal. Pero la humanidad no puede tender eficaz y efectivamente a esta unidad de amor mutuo m\u00e1s que tendiendo a la uni\u00f3n de amor con Dios-omega. La evoluci\u00f3n, ascensi\u00f3n hacia el hombre; luego, ascensi\u00f3n del hombre hacia la uni\u00f3n de amor con sus semejantes; finalmente, ascensi\u00f3n hacia la uni\u00f3n de todos por la uni\u00f3n con un Dios personal y trascendente. Despu\u00e9s de la biosfera y la noosfera, la toma de conciencia de un omega .personal en el coraz\u00f3n de la noosfera hace nacer poco a poco la teosfera. En una palabra, omega tiene que ser personal, para personalizar y amorizar la evoluci\u00f3n; tiene que ser trascendente para consolidar e inmortalizar la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>6. DEL DIOS OMEGA AL DIOS REVELADOR. En la Introducci\u00f3n a la vida cristiana, de 1944, Teilhard dice expresamente: \u00abUna vez admitida la personalidad de Dios, la posibilidad y hasta la probabilidad de una revelaci\u00f3n, esto es, de una reflexi\u00f3n de Dios sobre nuestra conciencia, no s\u00f3lo no constituyen una dificultad, sino que son eminentemente conformes con la naturaleza de las cosas. En el universo, las relaciones entre los elementos son siempre proporcionales a la naturaleza de esos elementos: materiales entre objetos materiales, vivientes entre los seres vivos, personales entre los seres reflexivos. Puesto que el hombre es personal, Dios tiene que influir en un grado y en forma personal, es decir, intelectual y sentimentalmente; en otras palabras, tiene que hablarle. Entre unas inteligencias la presencia no puede ser muda\u00bb (Oeuvres 10,187-188). Otra cosa, evidentemente, es establecer el hecho hist\u00f3rico de esta palabra.<\/p>\n<p>\u00abPor la porci\u00f3n m\u00e1s cr\u00ed\u00adtica y m\u00e1s positivista de mi ser -dice Teilhard- empiezo a pensar que el fen\u00f3meno humano podr\u00ed\u00ada ser muy bien lo que pretende representar&#8230;, una revelaci\u00f3n\u00bb (Oeuvres 6,114). Todo el que est\u00e9 atento a una visi\u00f3n evolutiva y convergente del universo, que se acaba en un punto de superpersonalizaci\u00f3n de las conciencias, no puede menos de mostrarse atento al hecho cristiano, que se presenta como una de las realidades de este mundo. En efecto, el fen\u00f3meno cristiano, por su credo, por su valor existencial, por su extraordinaria vitalidad, presenta un notable parecido con todo lo que sabemos sobre la convergencia de un universo en un omega trascendente y superpersonal.<\/p>\n<p>El cristianismo est\u00e1 caracterizado por la afirmaci\u00f3n de un Dios personal, que dirige el universo con sabidur\u00ed\u00ada, y de un Dios revelador, que se comunica al hombre por el camino de la inteligencia. En Jesucristo, ese Dios se sumerge parcialmente en la materia y toma la direcci\u00f3n y la cabeza de la evoluci\u00f3n. Hombre entre los hombres, Cristo dirige, purifica y sobreanima la ascensi\u00f3n general de las conciencias en la que \u00e9l est\u00e1 inserto. Por una acci\u00f3n de comuni\u00f3n y de elevaci\u00f3n, se agrega el psiquismo total de la tierra. Y cuando \u00e9l lo haya reunido, unificado y transformado todo, llegar\u00e1 a ese foco divino del que nunca ha salido y se cerrar\u00e1 sobre s\u00ed\u00ad y sobre su conquista. Entonces Dios ser\u00e1 todo en todos y cada elemento encontrar\u00e1 su consumaci\u00f3n, al mismo tiempo que el universo. El cristianismo se impone adem\u00e1s por su valor de existencia y de vida. Al dirigirse a todos los hombres y a todo el hombre, se impone entre las corrientes m\u00e1s vigorosas y m\u00e1s fecundas registradas en la historia de la noosfera. Tiene una validez cuantitativa, y sobretodo cualitativa, por la aparici\u00f3n de un estado de conciencia absolutamente nuevo: el amor cristiano. Este amor cristiano ha suscitado y animado hasta ahora el hero\u00ed\u00adsmo, durante veinte siglos, de millares de hombres que han hecho de \u00e9l el todo de su vida. En un mundo sometido a la ley de la evoluci\u00f3n y de la convergencia, la cristog\u00e9nesis aparece como la prolongaci\u00f3n de la noog\u00e9nesis, en la que culmina la cosmog\u00e9nesis. El cristianismo .aparece como la \u00fanica corriente de pensamiento capaz de abrazar en un gesto completo el todo del universo y el todo de la persona.<\/p>\n<p>A los ojos del hombre contempor\u00e1neo, es la capacidad de dar una interpretaci\u00f3n significativa del mundo lo que constituye la verdad de una religi\u00f3n. Para Teilhard, la religi\u00f3n que mejor se armonice con la visi\u00f3n de un universo en progreso, por v\u00ed\u00ada de complejidad y de conciencia crecientes, hacia un centro de convergencia y de trascendencia, ser\u00e1 la religi\u00f3n m\u00e1s verdadera, la que d\u00e9 a la vida y a la acci\u00f3n del hombre su m\u00e1ximo de sentido. Pues bien, entre todas las corrientes humanitarias y religiosas, s\u00f3lo el cristianismo parece capaz de realizar esta s\u00ed\u00adntesis en Jesucristo. Esta coherencia de los dos fen\u00f3menos deber\u00ed\u00ada llamarla atenci\u00f3n incluso de los no creyentes. La reflexi\u00f3n fenomenOl\u00f3gica y la filosof\u00ed\u00ada religiosa de Teilhard se detienen aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>7. EL CRISTO-OMEGA. El gran descubrimiento y el gran gozo de Teilhard fue la gradual identificaci\u00f3n del punto omega con el Cristo de la revelaci\u00f3n. El gran acontecimiento de mi vida, dice, habr\u00e1 sido la gradual identificaci\u00f3n de dos soles: uno de esos astros es la cima c\u00f3smica postulada por una evoluci\u00f3n generalizada, de tipo convergente, y el otro est\u00e1, formado por el Cristo resucitado de la fe cristiana. Teilhard no confunde ciencia y revelaci\u00f3n. Pero, confrontando su visi\u00f3n del mundo sacada de la evoluci\u00f3n c\u00f3smica y org\u00e1nica en su impulso ascendente, con los datos de la revelaci\u00f3n sobre el universo y la humanidad, percibe entre las dos visiones una coherencia, una armon\u00ed\u00ada maravillosa. Un mismo movimiento parece llevarlas a un encuentro mutuo: movimiento de abajo hacia arriba, y luego de arriba hacia abajo. As\u00ed\u00ad pues, cambiando de perspectiva, de un cabo al otro, Theilhard habla ahora como creyente: se sit\u00faa plenamente en un r\u00e9gimen de fe. A la luz de la revelaci\u00f3n, omega se \u00abcristifica\u00bb. \u00abCristo posee todos los atributos sobrehumanos del punto omega\u00bb (Oeuvres 9,209). \u00abBajo la influencia iluminadora de la gracia, nuestro esp\u00ed\u00adritu reconoce en las propiedades unitivas del fen\u00f3meno cristiano una manifestaci\u00f3n (reflexi\u00f3n) de omega sobre la conciencia humana e identifica al omega de la raz\u00f3n con el Cristo universal de la revelaci\u00f3n\u00bb (Oeuvres 13,174). La cosmog\u00e9nesis y la antropog\u00e9nesisest\u00e1n en tensi\u00f3n hacia la cristog\u00e9nesis. Comprender la evoluci\u00f3n es comprender la misteriosa figura de Cristo resucitado como la meta y el punto de convergencia de la evoluci\u00f3n. Pero entonces pasamos de la hip\u00f3tesis filos\u00f3fica al hecho hist\u00f3rico, del an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico y filos\u00f3fico al plano de la fe y de la cristolog\u00ed\u00ada. En efecto, mientras permanecemos en el plano del an\u00e1lisis cient\u00ed\u00adfico o de la interpretaci\u00f3n filos\u00f3fica de la evoluci\u00f3n, el rostro de omega sigue siendo vago. Es la revelaci\u00f3n laque nos descubre la verdadera identidad de omega: se llama Cristo. Entonces, \u00aben vez de ese vago foco de convergencia, postulado como t\u00e9rmino de esta evoluci\u00f3n, aparece y se instala la realidad personal y definida del Verbo encarnado, en el que todo adquiere consistencia. La vida para el hombre: El hombre para Cristo. Cristo para Dios\u00bb (Oeuvres 5,51). Si aceptamos \u00abla evidencia de que. el Cristo de la revelaci\u00f3n no es otra cosa sino el omega de la evoluci\u00f3n&#8230;, empieza a vislumbrarse una salida positiva hacia un porvenir m\u00e1s alto. En un mundo ciertamente abierto a su cima in Christo Jesu no corremos el riesgo de morir ahogados\u00bb (Oeuvres 13,106).<\/p>\n<p>Para Theilhard, esta identificaci\u00f3n de Cristo y de omega, esta coherencia, esta armon\u00ed\u00ada entre una religi\u00f3n de tipo er\u00ed\u00adstico y una evoluci\u00f3n de tipo convergente, encuentran su apoyo y su fundamento en la cristolog\u00ed\u00ada misma de san Pablo y de san Juan. \u00abSi el mundo es convergente y si Cristo ocupa su centro, entonces la cristolog\u00ed\u00ada de san Pablo y de san Juan no es nada m\u00e1s y nada menos que la prolongaci\u00f3n a la vez esperada e inesperada de la noog\u00e9nesis, en la cual, para nuestra experiencia, culmina la cosmog\u00e9nesis\u00bb (Oeuvres 1,131). En 1943, en C\u00f3mo yo creo, Teilhard propone. as\u00ed\u00ad los art\u00ed\u00adculos de su credo: \u00abCreo que el universo es una evoluci\u00f3n. Creo que la evoluci\u00f3n marcha hacia el esp\u00ed\u00adritu. Pienso que el esp\u00ed\u00adritu, en el hombre, se acaba en lo personal. Creo que lo personal supremo es el Cristo universal\u00bb (Oeuvres 10,11?).<\/p>\n<p>8. EL CRISTO UNIVERSAL. El Cristo universal es el Cristo total y totalizarte, el \u00abcentro org\u00e1nico del universo entero&#8230;, el que nos presentar los evangelios, y m\u00e1s especialmente san Pablo y san Juan.\u00bb (Oeuvres 9,39). Por la encarnaci\u00f3n, Dios se \u00abcristifica\u00bb, y en ese mismo movimiento \u00abcristifica al universo y a la humanidad\u00bb. \u00abEl universo cristif\u00bbicado\u00bb y el. \u00abCristo universal\u00bb son lo mismo.. E1 Cristo universal es aquel que \u00abpor su nacimiento y por su-sangre conduce a toda criatura hacia su Padre: el Cristo de la eucarist\u00ed\u00ada y de la parus\u00ed\u00ada, el Cristo oonsumador y c\u00f3mico de san Pablo,.., polo f\u00ed\u00adsico de la s\u00ed\u00adntesis universal\u00bb.(Oeuvres 10,21 p).<\/p>\n<p>La obra de Teilhard representa ciertamente uno de los mayores,esfuerzos contempor\u00e1neos por ampliar y renovar la cristolog\u00ed\u00ada. La cuesti\u00f3n para \u00e9l es la siguiente: \u00bfQu\u00e9 pasa con Cristo en un mundo en el que la complejidad y la inmensidad del universo explotan por todas partes? Hay que explicitar, desplegar una cristolog\u00ed\u00ada que est\u00e9 proporcionada a dimensiones del universo, esto es, reconocer que Cristo posee, en virtud de la encarnaci\u00f3n y de la resurrecci\u00f3n, unos atributos universales y c\u00f3smicos que hacen de \u00e9l el centro personal de la evoluci\u00f3n. \u00abUniversalizar a Cristo es la \u00fanica forma de mantener sus atributos esenciales en una creaci\u00f3n prodigiosamente agrandada\u00bb (Oeuvres 9,163): es tambi\u00e9n la manera d\u00e9 captar, pero corrigi\u00e9ndolos todos los intentos del pante\u00ed\u00adsmo moderno.<\/p>\n<p>San Bruno fue seducido por el Cristo solitario; san Francisco, por el Cristo pobre; santo Domingo, por el Cristo verdad; San Ignacio, por el Cristo jefe y rey. Theilhard, por su parte, qued\u00f3 hechizado por el Cristo universal, centro y cabeza del universo, presente,en cada momento de la aventura c\u00f3smica y humana, a la que sostiene por arriba. Para Teilhard, el Cristo universal es su forma de comprender la encarnaci\u00f3n en toda su plenitud y con todas sus implicaciones concretas; es el Verbo encarnado, can su prolongaci\u00f3n y su consumaci\u00f3n en el Cristo resucitado y en el Cristo eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la funci\u00f3n del Cristo universal descansa en la encarnaci\u00f3n y en&#8217; la resurrecci\u00f3n. Subrayemos aqu\u00ed\u00ad que, para Teilhard, la creaci\u00f3n, la encarnaci\u00f3n y la resurrecci\u00f3n son tres misterios \u00ed\u00adntimamente ligados entre s\u00ed\u00ad. En esta empresa de reunificaci\u00f3n universal del universo, la eucarist\u00ed\u00ada ejerce una funci\u00f3n importante. Por la eucarist\u00ed\u00ada, que prolonga la encarnaci\u00f3n, la omnipresencia de Cristo alcanza a la totalidad del universo y a su duraci\u00f3n. En realidad, desde la creaci\u00f3n del mundo s\u00f3lo se despliega un, acontecimiento decisivo, a saber: la divinizaci\u00f3n del mundo por la encarnaci\u00f3n y por su prolongaci\u00f3n la eucarist\u00ed\u00ada. La operaci\u00f3n sacerdotal de Cristo se extiende al mundo entero. \u00abNo hay m\u00e1s que una sola misa en el mundo, en todos los tiempos: la verdadera hostia, la hostia total, es el universo, cada vez m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente penetrado y vivificado por Cristo. Desde el origen lejano de las cosas hasta su imprevisible consumaci\u00f3n&#8230;, la naturaleza entera va sufriendo lenta e irresistiblemente la gran consagraci\u00f3n. En el fondo, desde siempre y para siempre, s\u00f3lo se hace una cosa en la creaci\u00f3n: el cuerpo de Cristo\u00bb (Oeuvres 10,90).<\/p>\n<p>El Cristo universal es una s\u00ed\u00adntesis de Cristo y del universo. Teilhard descubri\u00f3 en el Cristo universal aquello con que so\u00f1aba: Cristo, cabeza del mundo c\u00f3smico y humano, recapitulador, que tiene que ponerlo todo en manos del Padre; el Cristo total con la realidad de su cuerpo m\u00ed\u00adstico; el Cristo todo en todos. El Cristo total y totalizarte: \u00e9se es el verdadero punto omega. Desde el origen, todo sub\u00ed\u00ada hacia el esp\u00ed\u00adritu en la atracci\u00f3n del Cristo universal. A1 final de su vida, en 1953, en Nueva York, Teilhard escribe: \u00abLo \u00fanico que tengo claro respecto al futuro es que me gustar\u00ed\u00ada emplear con toda la intensidad posible los \u00faltimos a\u00f1os que me quedan en cristificar la evoluci\u00f3n&#8230; Esto, y luego acabar bien, morir dando testimonio d\u00e9 -\u00e9ste evangelio\u00bb (Nouvelles lettres de voyage, Par\u00ed\u00ads 1957, 171-172).<\/p>\n<p>9. IMPACTO DE LA APOLOGETICA DE TEILHARD. La fuerza de Teilhard, en su visi\u00f3n del mundo, es su fuerza integradora: no deja ning\u00fan elemento aparte, sino que recoge todos en una visi\u00f3n din\u00e1mica. Llega a manifestar la coherencia del universo natural y sobrenatural en Jesucristo. En esta visi\u00f3n, lo f\u00ed\u00adsico, lo moral, lo social, lo religioso son asumidos y unificados en Cristo y por Cristo.<\/p>\n<p>Recordemos brevemente los elementos de esta coherencia formada por el encuentro entre dos convergencias, o mejor dicho, entre una \u00abconvergencia\u00bb y una \u00abemergencia\u00bb (Cristo). Por un lado, convergencia c\u00f3smica de un universo sometido a una evoluci\u00f3n dirigida, que progresa en el sentido de unas construcciones cada vez m\u00e1s complejas y conscientes hasta el esp\u00ed\u00adritu, y en el sentido de una co-reflexi\u00f3n cada vez m\u00e1s ardiente. El mundo converge hacia s\u00ed\u00ad mismo por un movimiento irresistible e irreversible de unificaci\u00f3n. La humanidad est\u00e1 en marcha hacia una libertad y una personalidad cada vez mayor. Por otra parte, bajo la acci\u00f3n del Verbo encarnado, cuya presencia hist\u00f3rica estuvo preparada por milenios de evoluci\u00f3n, hay un dinamismo cada vez m\u00e1s pujante de unificaci\u00f3n, de personalizaci\u00f3n y de amorizaci\u00f3n que realiza la reuni\u00f3n de todos los hombres en Cristo, cabeza del cuerpo m\u00ed\u00adstico. Lo f\u00ed\u00adsico y lo c\u00f3smico, lo c\u00f3smico y lo cr\u00ed\u00adstico caminan hacia el encuentro mutuo. En el universo que converge, Cristo emerge para asumir y acabar la convergencia c\u00f3smica. La evoluci\u00f3n salva a Cristo (haci\u00e9ndolo posible); al mismo tiempo, Cristo salva a la evoluci\u00f3n (haci\u00e9ndola concreta y realizable). S\u00f3lo el cristianismo, al poder poner a alguien en la cima del espacio-tiempo, es capaz de hacer que se logre una evoluci\u00f3n personalizada y personalizante.<\/p>\n<p>Esta s\u00ed\u00adntesis, o mejor dicho, este fresco gigantesco, prodigioso; est\u00e1 expresado por Teilhard a la vez como cient\u00ed\u00adfico, como fil\u00f3sofo; como soci\u00f3logo, como te\u00f3logo, como m\u00ed\u00adstico, como artista. Este intento tit\u00e1nico de s\u00ed\u00adntesis dif\u00ed\u00adcilmente pod\u00ed\u00ada escapar a la incomprensi\u00f3n de ciertos esp\u00ed\u00adritus encerrados en un universo \u00fanidimensional y monol\u00ed\u00adtico. Pero Teilhard se dirige ante todo a los cient\u00ed\u00adficos de su tiempo. Teilhard espera que la contemplaci\u00f3n de esta armon\u00ed\u00ada universal, de esta coherencia soberanamente inteligible que ha encontrado en el Cristo universal, sea capaz de suscitar en el hombre de ciencia su inter\u00e9s, su atractivo y quiz\u00e1 tambi\u00e9n, bajo la moci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, su adhesi\u00f3n y consentimiento.<\/p>\n<p>BIBL.: TEILHARD DE CHARDIN P., Oeuvres, 13 vols., Seuil Par\u00ed\u00ads; ID, La activaci\u00f3n de la energ\u00ed\u00ada, Madrid 19672; ID, La aparici\u00f3n del hombre, Madrid 19612; ID, Ciencia y Cristo, Madrid 1962; ID, C\u00f3mo yo creo, Madrid 19732 ID, Las direcciones del porvenir, Madrid 1974; ID, La energ\u00ed\u00ada humana, Madrid 19672; ID, Esbozo de un universo personal. Madrid 1975; ID, Elfen\u00f3meno humano, Madrid 1963; ID, G\u00e9nesis de un pensamiento, Madrid 1966; ID, El grupo zool\u00f3gieo humano, Madrid 19675; ID, Himno del universo, Madrid 1971; ID, Im\u00e1genes y palabras, Madrid 1967; ID El medio divino, Madrid 1967; ID, El porvenir del hombre, Madrid 1962; ID, La visi\u00f3n del pasado, Madrid 1967; ID, Yo me explico, Madrid 1969; ID, Escritos del tiempo de guerra, Madrid 19672; ID, Cartas \u00ed\u00adntimas, Bilbao 1974; BARJON L., Le combat de Pierre Teilhard de Chardin, Qu\u00e9bec 1971&#8242; BARTHELEMEY-MADAULE M., La personne et le drame humain chez Teilhard de Chardin, Par\u00ed\u00ads 1967; CRESPY G., El pensamiento teol\u00f3gico de Teilhard~de Chardin, Barcelona 1970; D&#8217;ARMAGNAC-C., La pens\u00e9e du Pire Teilhard de Chardin comme apolog\u00e9tique moderne, en \u00abNRTh\u00bb84 (1962) 598-621; D&#8217;OuINcE R., Un prophite en procis: Teilhard de Chardin dans 1 E&#8217;glise de son temps, Par\u00ed\u00ads 1970; FARICY R., Teilhard de Chardin&#8217;s Theology of the Christian World, Nueva York 1967; LATODRELLE R., Teilhard de Chardin en el centro universal de convergencia, en El hombre y sus problemas a la luz de Cristo, Salamanca 1984, 117-200; LUBAC H. de, El pensamiento religioso del Padre Teilhard de Chardin, Madrid 1968; MOONEY C., Te\u00ed\u00adlhard de Chardin y el misterio de Cristo, Salamanca 1967; PONTET M., Pascal et Teilhard; t\u00e9moins de J\u00e9sus-Christ, Par\u00ed\u00ads 1968; RIDEAU E., Elpensamiento de Teilhard de Chardin, Barcelona 1970; SCHELLENBAUM P., Le Christ dans 1 \u00e9nerg\u00e9tique teilhardienne, Par\u00ed\u00ads 1971; SMULDERS P., la visi\u00f3n de Teilhard de Chardin, Par\u00ed\u00ads 1964; SOLACES B. de, Teilhard de Chardin, Li\u00f3n 1967. ,<br \/>\nR. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como Pascal, Teilhard (18811955) se interesa por el hombre, pero por el hombre como fen\u00f3meno y en su totalidad; por el hombre inserto en el universo y en la colectividad humana, arrastrado a trav\u00e9s de la duraci\u00f3n infinita de los siglos por el torbellino de la evoluci\u00f3n. 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