{"id":17241,"date":"2016-02-05T11:12:59","date_gmt":"2016-02-05T16:12:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tiempotemporalidad\/"},"modified":"2016-02-05T11:12:59","modified_gmt":"2016-02-05T16:12:59","slug":"tiempotemporalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tiempotemporalidad\/","title":{"rendered":"TIEMPO\/TEMPORALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfEs el tiempo un valor teol\u00f3gico? En otras palabras, \u00bfpuede el tiempo aportar una contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica al esfuerzo com\u00fan de todas las disciplinas con vistas al conocimiento de Dios y de su obra? Parece ser que, hasta fechas muy recientes, la respuesta a esta cuesti\u00f3n era francamente negativa: la herencia de Parm\u00e9nides casi habr\u00ed\u00ada suplantado a la intuici\u00f3n de Her\u00e1clito. Pero ahora parece ser que se hay alterado las posiciones y que, quiz\u00e1 sin mucho discernimiento ni discreci\u00f3n, el tiempo ha tomado la delantera. Habr\u00e1 que esbozar entonces brevemente una historia de la idea del tiempo antes de indicar una posible orientaci\u00f3n en la cuesti\u00f3n \u00abtiempo y teolog\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>I. EL TIEMPO, RECHAZADO POR LAS CULTURAS. Seguramente por ser la medida del movimiento, el reloj del cambio, el tiempo tiene pocas simpat\u00ed\u00adas para el pensamiento; en efecto, el pensamiento busca la estabilidad del concepto y, si hay que dejar alg\u00fan siti\u00f3 para el devenir, prefiere la solidez de los puntos de referencia que lo jalonan, aunque se le escape. En la cultura greco-latina, tanto cristiana como pagana, lo inm\u00f3vil no tiene necesidad de justificaci\u00f3n, mientras que el movimiento no se comprende m\u00e1s que una vez que est\u00e1 bien situado respecto al que lo niega. Hay dos puntos esencialmente fijos que permiten, soportar el movimiento, aguardando a que \u00e9ste se agote; el punto m\u00e1s all\u00e1 del firmamento en que est\u00e1 \u00e9l Dioss inm\u00f3vil y eterno; y el centro (del alma, del mundo&#8230;) cuya profundidad insondable est\u00e1 al abrigo de toda fluctuaci\u00f3n. Entre estos dos polos, que quiz\u00e1 no sean m\u00e1s que uno, los inevitables movimientos y tiempos se jerarquizan en funci\u00f3n de su mayor o menor fantas\u00ed\u00ada: as\u00ed\u00ad, en Arist\u00f3teles, los movimientos circulares y permanentes de la b\u00f3veda celestial son los m\u00e1s dignos, los m\u00e1s pr\u00f3ximos a lo divino inm\u00f3vil, ya que se reproducen sin perturbaci\u00f3n alguna y se les puede medir exactamente, mientras qu\u00e9 en el Timeo de Plat\u00f3n las gesticulaciones insensatas de los reci\u00e9n nacidos son el signo evidente de la finitud, y hasta de la malicia, de la materialidad en movimiento.<\/p>\n<p>\u00bfEs la primac\u00ed\u00ada que se le reconoce a la estabilidad y al reposo lo que explica el aspecto catastr\u00f3fico de las historias que se cuentan? En parte es as\u00ed\u00ad, sin duda alguna; pero no del todo. Mircea Eliade ha destacado la referencia espont\u00e1nea de los relatos que pretenden ser universales y hablar de la situaci\u00f3n actual del hombre: in filo tempore, in fila pulchra \u00ed\u00adnsula deserta, es decir, en alg\u00fan sitio sin espacio ni tiempo, porque el espacio y el tiempo aparecen siempre intr\u00ed\u00adnsecamente marcados no s\u00f3lo por el l\u00ed\u00admite y la finitud que reciben de su devenir, sino tambi\u00e9n por la malicia y la muerte que habita en ellos; de esta forma, la repugnancia por el tiempo es una -manera de rechazar los sufrimientos que comporta. Entonces, si es imposible remontar el tiempo y salir del espacio, se intenta por lo menos conjurar su maleficio con la salmodia encantadora de los relatos de origen, con la delimitaci\u00f3n de lugares sagrados, arrancados de la profanidad culpable del espacio, con la ejecuci\u00f3n de ritos que inscriben en los cuerpos ciertos signos de no-pertenencia a este tiempo y a este espacio y a su mal. Si se habla luego de \u00e9tica para el comportamiento en este mundo, \u00e9sta se definir\u00e1 a partir del pasado, de las costumbres de los antepasados, de lo que siempre se ha hecho y que, por su misma repetici\u00f3n, anula toda novedad en el movimiento, todo cambio en el espacio-tiempo. La m\u00ed\u00adstica, finalmente, ser\u00e1 siempre transgresi\u00f3n del tiempo y del movimiento, mediante 1a percepci\u00f3n inefable del \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb (es decir, del espaciotiempo) o el retorno inefable al centro. \u00bfSer\u00e1 entonces ileg\u00ed\u00adtimo- opinar que algunos pensamientos modernos, bajo su aparente rigor intelectual; encierran la misma nostalgia del in filo tempore? Pienso aqu\u00ed\u00ad, por ejemplo, en la periodizaci\u00f3n catastr\u00f3fica de la historia social en Marx o Engels, en donde por otra parte la revoluci\u00f3n aparece, sin que se diga, como la liturgia sangrienta de una renovaci\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes; pero hay tambi\u00e9n algo de esto en el esbozo de la historia de la metaf\u00ed\u00adsica, seg\u00fan Heidegger, en la que las cosas no dejan de pervertirse desde los presocr\u00e1ticos posesores de una \u00abverdad\u00bb perdida para siempre, que no volver\u00e1 a encontrarse m\u00e1s que en alg\u00fan claro del bosque, en la encrucijada de unos caminos que no llevan a ninguna parte.<\/p>\n<p>Aunque sumarias, las reflexiones anteriores permiten al menos trazar algunas de las condiciones necesarias para un pensamiento teol\u00f3gico del tiempo: habr\u00ed\u00ada que encontrar la manera de disociar el sufrimiento y el mal del tiempo, que ciertamente los transmite, pero que no se puede reducir a ellos. El tiempo no hace m\u00e1s que destruir; pero entonces, \u00bfc\u00f3mo construye? O, en otras palabras, \u00bfc\u00f3mo superar la deriva hacia el pasado en la consideraci\u00f3n del tiempo, en provecho de una esperanza del porvenir, que justifique el presente? En un nivel m\u00e1s filos\u00f3fico, habr\u00ed\u00ada que encontrar la clave que permitiese apreciar el devenir en s\u00ed\u00ad mismo, y no s\u00f3lo en la medida en que, a trav\u00e9s de la circularidad o del eterno retorno, se le reduce a lo estable.<\/p>\n<p>2. CRISTIANISMO Y TIEMPO: LAS AMBIG\u00dcEDADES. Podr\u00ed\u00ada pensarse que, por el hecho de proclamar la resurrecci\u00f3n de Jesucristo y la encarnaci\u00f3ndel Hijo de Dios, el cristianismo nos da los elementos necesarios para una valoraci\u00f3n del tiempo. Y lo hace ciertamente: en la Escritura se pone de relieve un surco muy concreto de la historia, desde Abrah\u00e1n a Jesucristo, y los autores inspirados se esfuerzan en vincularlo, mediante indicaciones cristol\u00f3gicas que son ciertamente ficticias, pero que significan el valor del tiempo, con los primeros instantes del mundo. Este surco judeo-cristiano se ensancha a partir de la resurrecci\u00f3n para abarcar el conjunto concreto de las naciones y la sucesi\u00f3n efectiva de las generaciones; la dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda del tiempo es quiz\u00e1 entonces la de la misi\u00f3n, con sus combates, bajo la influencia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo y con la presencia invisible del mismo. En cuanto al retorno de Cristo, lo esperamos en este tiempo, lo cual implica, para este tiempo, no una desaparici\u00f3n total; sino una transfiguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, aunque el cristianismo tuviera en s\u00ed\u00ad mismo motivos y elementos para hacer una reflexi\u00f3n sobre el tiempo, \u00e9sta tard\u00f3 en desarrollarse. En efecto, en la medida en que el advenimiento de Cristo y su resurrecci\u00f3n se experimentaban como se\u00f1alando la plenitud (y por tanto, en un sentido, como el \u00abfin\u00bb) de los tiempos, era natural esperar la inminencia del retorno de Cristo; entonces el tiempo, en la medida en que segu\u00ed\u00ada transcurriendo, s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada ser percibido negativamente, como el rev\u00e9s de la inminencia y bajo la categor\u00ed\u00ada del retraso. Otra consecuencia del tema de la plenitud de los tiempos se a\u00f1ad\u00ed\u00ada a la anterior, para borrar el tiempo.: si todo se nos ha dado con el Cristo que env\u00ed\u00ada a su Esp\u00ed\u00adritu, entonces el pasado no tiene sentido m\u00e1s que como anuncio y figura del cumplimiento obtenido en Cristo, mientras que el porvenir es considerado menos bajo el signo del tiempo que como duraci\u00f3n y novedad que bajo el signo de la perfecci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 del tiempo, de la uni\u00f3n con Dios. La ex\u00e9gesis espiritual de la Escritura, al tener un arraigo cierto en el tiempo tanto en el pasado de Israel como en la humanidad de Cristo, no se aplica, sin embargo, tanto, al tiempo, sino m\u00e1s bien a las significaciones \u00abm\u00ed\u00adsticas\u00bb que lo trascienden y que desvelan el verdadero alcance, aleg\u00f3rico o anag\u00f3gico, de la Escritura.<\/p>\n<p>Sin duda ha quedado algo de estos temas del tiempo, como retraso 0 como fundamento que hay que superar de la alegor\u00ed\u00ada, en las cronolog\u00ed\u00adas m\u00ed\u00adsticas y hasta milenaristas que aparecen peri\u00f3dicamente, sobre todo en momentos de crisis, y seg\u00fan las cuales la \u00e9poca presente es la \u00absexta edad\u00bb, \u00abel ocaso del mundo\u00bb, el \u00aboto\u00f1o de la civilizaci\u00f3n\u00bb, valoraciones que no dejan de suponer un cierto distanciamiento respecto a la coyuntura, cuyo inter\u00e9s se ve evidentemente devaluado si el final est\u00e1 ya cerca. Pero es posible que estas cronolog\u00ed\u00adas hayan estado y sigan estando todav\u00ed\u00ada ligadas a persistencias demasiado profundas de la mentalidad hostil al tiempo, cuyas caracter\u00ed\u00adsticas se\u00f1al\u00e1bamos en el p\u00e1rrafo anterior. En efecto, se subraya fuertemente un v\u00ed\u00adnculo muy estrecho, casi esencial, entre el pecado y el tiempo, tanto en Oriente, con las teor\u00ed\u00adas de la \u00abdoble creaci\u00f3n\u00bb de Or\u00ed\u00adgenes hasta Gregorio de Nisa y seguramente m\u00e1s all\u00e1, como en Occidente, con las derivaciones excesivamente pesimistas, pero continuamente renacientes, de la teor\u00ed\u00ada agustiniana del pecado original. Nadie negar\u00e1 que el tiempo est\u00e1 marcado por el pecado; pero que sea producto del mal destinado a desaparecer con su causa es otra perspectiva, a la que la teolog\u00ed\u00ada ha sentido demasiadas veces la tentaci\u00f3n de acomodarse. Adem\u00e1s, en esta perspectiva, el valor redentor del misterio cristiano corre el riesgo de quedar subrayado exclusivamente, a costa de su valor de mediaci\u00f3n y de transfiguraci\u00f3n: los acontecimientos de la encarnaci\u00f3n y de la cruz no son ya entonces promoci\u00f3n de un tiempo valorizado, sino remedio para un tiempo pervertido; en cuanto al presente, la \u00fanica esperanza contra el golmo del mal ser\u00ed\u00ada un ,,apocalipsis\u00bb a un plazo m\u00e1s o menos breve.<\/p>\n<p>De esta forma, la ambig\u00fcedad de cierta valoraci\u00f3n cristiana del tiempo reside en el hecho de que, positivamente, el cristianismo da un sentido real a las coordenadas fundamentales del tiempo, el origen y el fin, as\u00ed\u00ad como al misterio pascual, mientras que, por otra parte, este realismo corre el riesgo de verse un tanto borrado por otras consideraciones; as\u00ed\u00ad, cierta interpretaci\u00f3n del tema de la plenitud de los tiempos (que negar\u00ed\u00ada todo valor a un tiempo ulterior), combinada con una valoraci\u00f3n pesimista del peso del mal (que supondr\u00ed\u00ada cierto debilitamiento de la esperanza y por tanto, efectivamente, un crecimiento real del mal) en este mundo, incluso despu\u00e9s de la salvaci\u00f3n, puede contribuir a devaluar los medios intelectuales que podr\u00ed\u00adan utilizarse para establecer el valor teol\u00f3gico exacto del tiempo.<\/p>\n<p>3. ELEMENTOS DE LA CONCIENCIA DEL TIEMPO. Desde la Edad Media hasta nuestros d\u00ed\u00adas se ha ido formando poco a poco una conciencia nueva del tiempo como estructura constitutiva del mundo y del hombre, cuyos elementos conviene discernir, a fin de comprender los datos nuevos del problema \u00abtiempo y teolog\u00ed\u00ada\u00bb. Simplificando mucho las cosas, reduciremos a tres estos elementos: la cosmolog\u00ed\u00ada, la ciencia y la t\u00e9cnica, la historia.<\/p>\n<p>a) La imagen del mundo se ha ido modificando progresivamente, desde un geocentrismo est\u00e1tico, en donde reina el hombre y a cuyo alrededor se organizan los movimientos circulares perfectos de las esferas celestiales, hasta un universo en expansi\u00f3n, en donde ni el espacio ni el tiempo tienen ning\u00fan centro, sino que se manifiestan en conjunto como dimensi\u00f3n relativa (y no absolutamente) mensurable de un universo en el que es menos inmediatamente evidente el significado del hombre. Adem\u00e1s, el principio de indeterminaci\u00f3n de Heisenberg, aunque no afirma ciertamente de un azar puramente desordenado, subraya, sin embargo, la limitaci\u00f3n de una modalidad estrictamente l\u00f3gica del conocimiento y reintroduce incluso en cosmolog\u00ed\u00ada la categor\u00ed\u00ada de lo probable, expulsada por Plat\u00f3n de toda epistemolog\u00ed\u00ada y conservada por Arist\u00f3teles tan s\u00f3lo en el-terreno \u00e9tico.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n del hombre en esta tierra depende tambi\u00e9n del tiempo, puesto que acaece en una historia de la vida en general y de las especies animales en particular. Esta historia ilumina en parte el significado de la estatura corporal del hombre, pero plantea ulteriormente el, problema de la muerte y nos interroga de todas formas sobre el sentido que hemos de reconocer a la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) La t\u00e9cnica, que experimenta un giro creador en las grandes horas de la Edad Media y progresa de forma m\u00e1s o menos rectil\u00ed\u00adnea hasta la revoluci\u00f3n industrial de los siglos xvln y xix, e incluso en nuestro siglo, modifica la relaci\u00f3n del hombre con su mundo, y correlativamente las relaciones de los hombres entre s\u00ed\u00ad. Por una parte cada progreso se convierte-en un jal\u00f3n del tiempo: antes y despu\u00e9s del molino de agua, de la m\u00e1quina de vapor, de la energ\u00ed\u00ada el\u00e9ctrica&#8230;; y, por otra, la experiencia y la memoria de los progresos determinan una mentalidad de anticipaci\u00f3n y de investigaci\u00f3n (que derriban en cierto modo la percepci\u00f3n religiosa del tiempo como retraso, de la que antes habl\u00e1bamos): \u00abactualmente todav\u00ed\u00ada no sabemos lo que pasar\u00e1 en este terreno, pero se est\u00e1 investigando y se acabar\u00e1 por encontrar la soluci\u00f3n\u00bb. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad el tiempo se piensa como expansi\u00f3n infinita. Esto es verdad, al menos a nivel de una mentalidad espont\u00e1nea, ya que un an\u00e1lisis m\u00e1s hondo de la historia de la t\u00e9cnica y una proyecci\u00f3n del futuro menos ingenuamente progresista llevan a matizar las ideas. Los matices vendr\u00e1n tambi\u00e9n de la interpretaci\u00f3n de la historia de las formas sociales, engendradas por el desarrollo econ\u00f3mico e industrial; ya en la Edad Media se planteaba el problema de una nueva forma de la pobreza; con ello se plantea la cuesti\u00f3nale la \u00e9tica y de sus perversiones en la historia de un mundo que no deja de desarrollarse t\u00e9cnicamente: nuevo \u00e1ngulo de vista para abordar la cuesti\u00f3n de siempre sobre el mal y el tiempo.<\/p>\n<p>c) La idea de la historia, presente ya en el trasfondo de la evoluci\u00f3n t\u00e9cnica y social, nace de otros factores; aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo nos fijaremos en dos: el desplazamiento del uso de la memoria y la experiencia irreversible del cambio pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>En un mundo marcado por la urgencia de la anagog\u00ed\u00ada emparejada con el peso del mal, la memoria es por un lado memoria profunda de Dios y de s\u00ed\u00ad mismo, y por otro recuerdo y confesi\u00f3n de la falta y de las faltas. En el renacimiento se puede ver un giro, quiz\u00e1 decisivo, cuando toda una civilizaci\u00f3n .tiende a desprenderse de su. pasado inmediato, considerado como v\u00ed\u00ada moderna, para inventar un nuevo modelo que apela a referencias m\u00e1s antiguas, la v\u00ed\u00ada antiqua. Esta sustituci\u00f3n jug\u00f3 a veces de forma imaginaria y m\u00ed\u00adtica, pero se tradujo tambi\u00e9n (y esto es lo que importa, en relaci\u00f3n con la conciencia del tiempo) bajo la forma de una doble reorientaci\u00f3n de la memoria: b\u00fasqueda de las formas bellas de cierto pasado, bien sea de la figura del hombre cl\u00e1sico, por ejemplo, pero ,tambi\u00e9n de los textos originales de la Sagrada Escritura; cr\u00ed\u00adtica de las ideas falsas o de las simplificaciones de todo tipo en las que la v\u00ed\u00ada moderna intent\u00f3 a veces basarse. Empieza a dibujarse una ciencia hist\u00f3rica, prospectiva y cr\u00ed\u00adtica, basada en un proyecto humanista, que renueva la interpretaci\u00f3n de la figura del tiempo humano.<\/p>\n<p>Hay dos acontecimientos fundamentales que jalonan sin duda la evoluci\u00f3n del campo pol\u00ed\u00adtico y que marcaron significativamente la conciencia humana del tiempo: la bula Unam sanctam (1302), del papa Bonifacio VIII, que, en contra de los deseos de su autor, marca el final de la cristiandad una y del imperio al mismo tiempo, poniendo t\u00e9rmino a la vitalidad de una idea, plat\u00f3nica en sus ra\u00ed\u00adces, del poder y de la pol\u00ed\u00adtica; y la revoluci\u00f3n francesa (1789), que asienta el principio de una organizaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica diferente, en donde la sociedad civil, el Estado y el poder intentan articularse de una forma que no sea un principio estrictamente jer\u00e1rquico.<\/p>\n<p>La enumeraci\u00f3n anterior de algunos elementos de la conciencia del tiempo no es ciertamente exhaustiva, pero debe bastar para sugerir un desplazamiento de mentalidad respecto al tiempo y a la historia, que me gustar\u00ed\u00ada sintetizar para concluir este p\u00e1rrafo.<\/p>\n<p>El tiempo se manifiesta quiz\u00e1 ante todo como una dimensi\u00f3n propiamente humana; se revela en la doble experiencia del hacer y de la relaci\u00f3n. Por tanto, de suyo no est\u00e1 ligado al mal, ya que tanto el obrar como la comunicaci\u00f3n son en s\u00ed\u00ad mismos valores puros.<\/p>\n<p>Primero, la experiencia del hacer: un estado determinado de la producci\u00f3n (y del consumo que le corresponde) manifiesta; en cuanto . que est\u00e1 ligado por la memoria a los estados . precedentes y futuros, cierta conciencia del tiempo, ligada por tanto a la experiencia que realiza el hombre de su poder. M\u00e1s sutilmente (y esto vale sobre todo para este tipo de \u00abhacer\u00bb que es la investigaci\u00f3n pura), el hombre vislumbra. que su actividad cient\u00ed\u00adfica deja su huella en el resultado: la acci\u00f3n y lo adquirido no son totalmente separables, de manera que el tiempo del hombre forma parte en cierto modo de la verdad que produce el trabajo.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s definitiva que la relaci\u00f3n con la naturaleza, la relaci\u00f3n hombre\/ hombre es. decisiva para la conciencia del tiempo: si se \u00abhace\u00bb, es con los otros; y, por otra parte, muchos terrenos de la actividad humana tienen por objeto la instituci\u00f3n de la misma existencia social. Pues bien, en este plano es la categor\u00ed\u00ada de la alteridad la que se sobrepone a la de tiempo; los acontecimientos fundamentales son acontecimientos de palabra, por los que los hombres crean situaciones nuevas de colaboraci\u00f3n, de convivencia o de opresi\u00f3n; en la sucesi\u00f3n de estos acontecimientos de palabra hay historia, memoria e interpretaci\u00f3n. En este nivel, el tiempo se define, como historia de las libertades y de las estructuras m\u00e1s o menos irreversibles que ellas han creado. Se ve enseguida que la percepci\u00f3n y la interpretaci\u00f3n del tiempo estar\u00e1 ligada aqu\u00ed\u00ad a unos criterios \u00e9ticos, cuyo origen habr\u00e1 que determinar. El tiempo no puede ser m\u00e1s que moral, inmoral o una mezcla de los dos, y all\u00ed\u00ad es donde encontramos la relaci\u00f3n bien\/mal\/tiempo, de la que ya hemos hablado. Tambi\u00e9n as\u00ed\u00ad, en la medida en que el mal ha penetrado en el tiempo, se plantea la cuesti\u00f3n de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entretanto, fuera del hacer y de la relaci\u00f3n, en donde el tiempo se capta en sus dimensiones humanas, surge el problema de los extremos del tiempo: para cada individuo, su nacimiento y su muerte; para la humanidad, en una perspectiva de evoluci\u00f3n, su origen y su eventual desaparici\u00f3n; para la tierra y, m\u00e1s ampliamente, para el universo, su origen y su destino. Es posible reconstruir con mayor o menor probabilidad cient\u00ed\u00adfica, a partir del tiempo humano, cierto n\u00famero de elementos relativos a estas cuestiones; adem\u00e1s, es posible hacer algunas extrapolaciones. Pero el l\u00ed\u00admite del saber no puede retroceder hasta el infinito, de manera que, en contextos culturales diversos, no podemos menos de encontrarnos con ciertas cuestiones esenciales a toda teolog\u00ed\u00ada: las del origen \u00faltimo de cada ser humano (lo que los antiguos consideraban desde el \u00e1ngulo del origen del alma), las del comienzo efectivo de la humanidad, las del comienzo del mundo, pero tambi\u00e9n las de la dependencia actual de todo cuanto existe y se mueve respecto a un principio que ser\u00ed\u00ada origen puro de existencia; finalmente, sigue siendo urgente la cuesti\u00f3n del fin: \u00bfqu\u00e9 es la muerte, en el triple nivel de la persona, de la especie y del universo? Veremos brevemente en el siguiente p\u00e1rrafo que estamos tocando aqu\u00ed\u00ad un lugar de la cuesti\u00f3n de Dios y del significado del cristianismo. Desde ahora se percibe que el estatuto epistemol\u00f3gico de estas cuestiones no es el que caracteriza al tiempo como medida del hacer y de la relaci\u00f3n; en este caso estamos en el tiempo y disponemos del lenguaje para decirlo; en aquel caso estamos en los puntos l\u00ed\u00admites en donde el tiempo, como el ser, es recibido y no producido.<\/p>\n<p>4. PERSPECTIVAS TEOL\u00ed\u201cGICAS. Partiendo de todo lo dicho, podemos indicar ahora las que podr\u00ed\u00adan ser las l\u00ed\u00adneas fundamentales de una reflexi\u00f3n sobre el problema \u00abtiempo y teolog\u00ed\u00ada\u00bb. Habr\u00ed\u00ada que estudiar sucesivamente la relaci\u00f3n del tiempo con la alianza, lo que esta relaci\u00f3n nos revela tanto sobre el hombre como sobre Dios, los eventuales puntos de articulaci\u00f3n con la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica sobre el espaciotiempo y, finalmente, el impacto del pecado y del mal. Como es natural, s\u00f3lo daremos aqu\u00ed\u00ad unas brev\u00ed\u00adsimas indicaciones.<\/p>\n<p>a) Si los acontecimientos fundamentales que jalonan el tiempo son acontecimientos de palabra, entonces la categor\u00ed\u00ada del tiempo, en teolog\u00ed\u00ada, tiene que relacionarse intr\u00ed\u00adnsecamente con la de la alianza, ya que \u00e9sta se define como palabra de Dios propuesta a la libertad del hombre. Todas las dimensiones del tiempo deber\u00ed\u00adan encontrar su justa articulaci\u00f3n en esta relaci\u00f3n libre con la palabra de Dios.<\/p>\n<p>La liturgia no es un espacio-tiempo sagrado separado del espacio-tiempo real, considerado como intr\u00ed\u00adnsecamente pervertido por el mal; es el lugar de una proposici\u00f3n siempre nueva de la alianza establecida con Jesucristo; determina un estatuto de la memoria (\u00abmemorial&#8217;, que conduce al presente la alianza cumplida, para que sea de nuevo escuchada y acogida, y d\u00e9 as\u00ed\u00ad su \u00faltimo sentido al tiempo que transcurre. Acontecimiento de palabra con Dios, abre un camino \u00e9tico para el debido encuentro entre los hombres y un trabajo equilibrado de y sobre esta tierra.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 tengamos aqu\u00ed\u00ad una clave para entender el hecho a primera vista extra\u00f1o de que el misterio pascual se encuentre en medio y no al final de los tiempos: su momento es aquel en que la alianza contra\u00ed\u00adda con el pueblo jud\u00ed\u00ado se extiende a las naciones; pero se necesita tiempo precisamente para que esta alianza llegue y vaya enderezando poco a poco el sentido de las relaciones humanas y del trabajo de la tierra.<\/p>\n<p>b) Es posible entonces remontarse de esta idea y de esta efectividad de la alianza creadora de tiempo a Dios mismo que ofrece la alianza y al hombre que la recibe. Quiz\u00e1 sea la palabra comuni\u00f3n la que mejor indique el significado \u00faltimo del tiempo, ya que indica lo que se busca en la triple relaci\u00f3n del hombre (hombre\/ Dios, hombre\/hombre, hombre\/naturaleza), cuya integraci\u00f3n completa supone el tiempo verdadero; esta misma palabra puede introducir tambi\u00e9n un matiz nuevo en la concepci\u00f3n escatol\u00f3gica del hombre: al tema objetivo, visual y est\u00e1tico de la \u00abvisi\u00f3n de Dios\u00bb se a\u00f1ade el tema personal, afectivo y din\u00e1mico del \u00abestar-con\u00bb Dios y su Cristo, del que nos habla san Pablo.<\/p>\n<p>En lo que se refiere a Dios, que ofrece la palabra, establece la alianza y realiza la comuni\u00f3n, es posible, a partir del memorial de Jesucristo, remontarse a su vida interior (\u00abTrinidad inmanente&#8217; y buscar en la circuminsesi\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu el paradigma del proceso de la alianza, y por tanto el \u00faltimo fundamento del tiempo. En este sentido, el tiempo considerado bajo la modalidad de la alianza es una categor\u00ed\u00ada casi necesaria para el conocimiento mismo de Dios. Me parece que es en esta l\u00ed\u00adnea como habr\u00ed\u00ada que interpretar las investigaciones recientes sobre la \u00abmutabilidad\u00bb de Dios: no ya, cpmo muchas veces han intentado hacer algunos, poner a Dios en continuidad con nuestro propio movimiento, sino buscar en Dios el origen no s\u00f3lo de nuestro ser, sino de nuestro tiempo, bajo el control de la analog\u00ed\u00ada, y, rec\u00ed\u00adprocamente, usar de manera anal\u00f3gica la categor\u00ed\u00ada del tiempo, sobre todo a partir del acontecimiento de la palabra, para comprender la Trinidad de Dios.<\/p>\n<p>c) La articulaci\u00f3n entre el tema del tiempo como alianza con el del espacio-tiempo como dimensi\u00f3n del universo podr\u00ed\u00ada buscarse en una meditaci\u00f3n sobe la idea del comienzo del mundo, as\u00ed\u00ad como sobre la de su transfiguraci\u00f3n escatol\u00f3gica. Estos temas tienen un doble estatuto epistemol\u00f3gico, que habr\u00ed\u00ada que establecer cuidadosamente. El comienzo del mundo y el fin de los tiempos son ante todo datos teol\u00f3gicos, conocidos por la revelaci\u00f3n; indican que, si hay mundo, es finalmente para que haya alianza, lo cual explica que este mundo no est\u00e9 destinado a un futuro negro y helado, sino que \u00abacabar\u00e1\u00bb como ha comenzado, en la \u00f3rbita de la generosidad divina. Pero esta convicci\u00f3n teol\u00f3gica deber\u00ed\u00ada poder articularse con una realidad f\u00ed\u00adsica; aqu\u00ed\u00ad es donde deber\u00ed\u00ada intervenir la segunda reflexi\u00f3n epistemol\u00f3gica, sobre la naturaleza de un discurso que dice el origen y el fin; digamos brevemente que se trata de una palabra homog\u00e9nea con nuestra existencia, ya que habla del comienzo del tiempo en que estamos nosotros, y al mismo tiempo heterog\u00e9nea, ya que habla del comienzo en cuanto tal, lo cual es, en definitiva, un concepto l\u00ed\u00admite. Una vez determinada la naturaleza propia de este tipo de lenguaje, hay que dar la palabra a los cient\u00ed\u00adficos, concedi\u00e9ndoles tiempo para que investiguen y dejando de lado todo concordismo (con la teor\u00ed\u00ada del big bang, por ejemplo).<\/p>\n<p>Lo mismo que la cuesti\u00f3n del comienzo, la de la existencia del mundo temporal tiene un valor teol\u00f3gico; la ciencia puede determinar cada vez mejor las ecuaciones f\u00ed\u00adsicas que dicen c\u00f3mo se presentan la realidad y las vicisitudes del espacio-tiempo; puede tambi\u00e9n, hasta cierto punto, reconstruir la historia de las galaxias, la de la tierra, la de la vida y la del hombre; pero el que esta historia sea, el que estas f\u00f3rmulas y relatos correspondan a una existencia real, es algo de lo que s\u00f3lo se puede levantar acta, y si el deseo de conocer mueve al investigador a plantearse la cuesti\u00f3n del porqu\u00e9, entonces es cuando adquiere todo su sentido la cuesti\u00f3n de la creaci\u00f3n, no ya aqu\u00ed\u00ad bajo el aspecto de comienzo, sino bajo el de la permanente comunicaci\u00f3n de ser; en este nivel, el tiempo y el ser no se oponen, ya que no se sit\u00faan en el mismo nivel de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>d) Puede entonces considerarse la cuesti\u00f3n del mal a partir de su origen, que es la ruptura de la alianza, misteriosamente perpetrada desde el origen y que renace continuamente de nuevo. Esta cuesti\u00f3n del mal no es la primera, ya que le precede la alianza en su propuesta inicial y en su continua reanudaci\u00f3n, celebrada lit\u00fargicamente. Sin embargo, ser\u00ed\u00ada imposible evaluar con toda justicia el tiempo concreto si no situ\u00e1semos las consecuencias de la ruptura de la alianza en el cuerpo y en el mundo del hombre, as\u00ed\u00ad como en su capacidad de conocer y de amar tanto a Dios como a los otros. En este sentido, la figura del tiempo presenta realmente no pocas perversiones en el doble nivel de la acci\u00f3n y de la sabidur\u00ed\u00ada. Sin embargo, este aspecto negativo no puede ser considerado como el primero, si no se quiere reinterpretar la temporalidad desde e1 \u00e1ngulo est\u00e9ril del para\u00ed\u00adso perdido, con todas sus formas y todas sus nostalgias.<\/p>\n<p>BIBL.: ALIAGA E. Teolog\u00ed\u00ada del tiempo lit\u00fargico, Valencia 1980; CONRAD-MARTIUS H., El tiempo, Revista de Occidente, Madrid 1958; CULLMANN O., Cristo y el tiempo, Estela, Barcelona 1968; DANIELOU J., El misterio de la historia, Dinor, San Sebasti\u00e1n 1957; ELIADE M., El mito del eterno retorno. Emec\u00e9, Buenos Aires 1968; Hnwxrnc S. W., A Brief History of Time, Nantam Books 1988 LAFONT G., Dieu, le temps et I \u00e9tre, Par\u00ed\u00ads 1986; RICOEUR P., Temps et r\u00e9cit, 3 vols., Par\u00ed\u00ads 1983-1985.<\/p>\n<p>G. Lafont<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfEs el tiempo un valor teol\u00f3gico? 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