{"id":17245,"date":"2016-02-05T11:13:09","date_gmt":"2016-02-05T16:13:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/unicidad-y-universalidad\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:09","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:09","slug":"unicidad-y-universalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/unicidad-y-universalidad\/","title":{"rendered":"UNICIDAD Y UNIVERSALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>1. EL DEBATE TEOL\u00ed\u201cGICO ACTUAL. La unicidad y la universalidad de Jesucristo en el orden d\u00e9 la salvaci\u00f3n representan la cuesti\u00f3n crucial de toda teolog\u00ed\u00ada cristiana de las religiones. Tan antigua como la propia cristolog\u00ed\u00ada, renovada en los tiempos recientes, se plantea de forma m\u00e1s urgente y radical en el contexto actual del pluralismo religioso y del di\u00e1logo entre las diversas tradiciones; la literatura actual es un buen testimonio de esta interrogaci\u00f3n renovada.<\/p>\n<p>Conviene clarificar los t\u00e9rminos desde el principio. La unicidad que aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 en discusi\u00f3n no es la unicidad relativa, tal como puede afirmarla la ciencia comparativa de las religiones a prop\u00f3sito de cada tradici\u00f3n religiosa en virtud de su especificidad, de su singularidad y de sus mutuas diferencias. Semejante unicidad \u00abrelativa\u00bb -y s\u00f3lo ella= es accesible al estudio de la observaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. Por el contrario, la fe -y la teolog\u00ed\u00ada que se apoya en ella- va- m\u00e1s all\u00e1. La unicidad de Jesucristo en el orden de la salvaci\u00f3n, tal como se la ha comprendido tradicionalmente en la fe cristiana, es una unicidad \u00ababsoluta\u00bb: Jesucristo es obligatoriamente \u00abconstitutivo\u00bb de la salvaci\u00f3n de todos los hombres: es el salvador universal. Precisemos, sin embargo, que se trata de una unicidad \u00abontol\u00f3gica\u00bb, no \u00abepistemol\u00f3gica\u00bb (como si tuviera que caer bajo el campo de la conciencia). Por otra parte, la unicidad llamada \u00abrelacional\u00bb&#8211;emparentada con la unicidad \u00abrelativa\u00bb- no da cuenta plenamente de la fe cristiana tradicional. No basta con reconocer que el misterio de Jesucristo es capaz, incluso hoy, de inspirar y de alimentar una vida religiosa aut\u00e9ntica mejor quiz\u00e1 que cualquier otro s\u00ed\u00admbolo hay que profesar que, en el plan de Dios, este misterio es universalmente constitutivo de la salvaci\u00f3n. A\u00f1adamos tambi\u00e9n que algunos autores prefieren sustituir el t\u00e9rmino de \u00abunicidad\u00bb por el de \u00abfinalidad\u00bb o el de \u00abcentralidad\u00bb. Estos t\u00e9rminos tendr\u00ed\u00adan la ventaja de indicar que, mientras que la revelaci\u00f3n divina en Jesucristo es decisiva, y en este sentido \u00abfinal\u00bb y \u00abcentral\u00bb, no representa, sin embargo, la \u00ab\u00fanica\u00bb manifestaci\u00f3n divina a la humanidad.<\/p>\n<p>Unidad y universalidad: conviene combinar los dos t\u00e9rminos y mantenerlos juntos. Sin la universalidad, la unidad llevar\u00ed\u00ada a una posici\u00f3n exclusivista; separada de la unidad, la universalidad conducir\u00ed\u00ada por el camino \u00abpluralista\u00bb. Combinadas entre s\u00ed\u00ad, la unicidad y la universalidad se compaginan, por el contrario, con una cristolog\u00ed\u00ada \u00abinclusiva\u00bb. Para comprenderlo, hemos de recordar los t\u00e9rminos del debate actual sobre la teolog\u00ed\u00ada de las religiones.<\/p>\n<p>Conviene distinguir cuatro categor\u00ed\u00adas principales entre las opiniones teol\u00f3gicas corrientes sobre la relaci\u00f3n con Cristo y con la Iglesia de las otras tradiciones religiosas: 1) Universo eclesioc\u00e9ntrico, cristolog\u00ed\u00ada exclusiva; 2) Universo cristoc\u00e9ntrico, cristolog\u00ed\u00ada inclusiva; 3) Universo teoc\u00e9ntrico, cristolog\u00ed\u00ada normativa; 4) Universo teoc\u00e9ntrico, cristolog\u00ed\u00ada no normativa (J.P. Schineller). En esta clasificaci\u00f3n se enfrentan tres concepciones del universo: universo eclesioc\u00e9ntrico, universo cristoc\u00e9ntrico, universo teoc\u00e9ntrico; por otra parte, se distinguen cuatro posiciones cristol\u00f3gicas: cristolog\u00ed\u00ada exclusiva, inclusiva, normativa y no normativa. Hay que llamar la atenci\u00f3n sobre la introducci\u00f3n de un tercer modelo en la concepci\u00f3n del mundo, a saber: el modelo teoc\u00e9ntrico, que comprende dos categor\u00ed\u00adas distintas de opini\u00f3n; la raz\u00f3n de ello est\u00e1 en que muchos autores creen hoy insostenibles las perspectivas eclesioc\u00e9ntrica y cristoc\u00e9ntrica, y piensan que hay que sustituirlas por una perspectiva nueva. Esta novedad es importante; implica nada menos que un \u00abcambio de paradigma\u00bb. En efecto, en el pensamiento de los autores que la proponen resulta hoy imposible referir la salvaci\u00f3n universal, bien a Jesucristo tal como lo confiesa expl\u00ed\u00adcitamente la Iglesia instituida por \u00e9l (1), bien al misterio del mismo Jesucristo considerado como realizador de la salvaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00ed\u00admites de las comunidades cristianas (2). No s\u00f3lo se rechaza la idea de una mediaci\u00f3n obligada de la Iglesia en el orden de la salvaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n universal de Jesucristo afirmada por la teolog\u00ed\u00ada paulina, sea cual fuere, por otra parte, el sentido teol\u00f3gico m\u00e1s o menos importante -normativo o no- que se siga atribuyendo a la persona de Jesucristo en el orden de las relaciones entre Dios y el hombre. En el segundo caso se profesa que Dios se ha manifestado de varias maneras en las diversas tradiciones religiosas, sin que haya que privilegiar de ning\u00fan modo como normativa\u00bb su manifestaci\u00f3n en Jesucristo (4). En el primero, aun reconociendo que es actualmente insostenible hacer depender la salvaci\u00f3n universal de la persona .y de la obra de Jesucristo -como lo hace la perspectiva cristoc\u00e9ntrica-, se sigue privilegiando a Jesucristo, de una forma o de otra, como el s\u00ed\u00admbolo m\u00e1s perfecto, e incluso el modelo ideal y, en este sentido, como \u00abnormativo\u00bb en el orden de las relaciones divino-humanas que representa la salvaci\u00f3n (3).<\/p>\n<p>A pesar de los m\u00e9ritos evidentes de la agrupaci\u00f3n en cuatro miembros, muchos autores recientes prefieren una divisi\u00f3n tripartita de las opiniones. Distinguen entonces tres perspectivas: eclesioc\u00e9ntrica, cristoc\u00e9ntrica y teoc\u00e9ntrica, y en un paralelismo equivalente se\u00f1alan tres posiciones fundamentales, designadas respectivamente como exclusivista, inclusivista y \u00abpluralista\u00bb (A. Race). Estas posiciones se identifican f\u00e1cilmente, aunque cada modelo puede pedir diversas distinciones. El exclusivismo, que impone la perspectiva eclesioc\u00e9ntrica en el \u00e1nimo de los autores en cuesti\u00f3n, remite a la exclusividad de la salvaci\u00f3n por Jesucristo confesado en la Iglesia. En la tesis de H. Kraemer, que aplica al problema de las diversas religiones la .teolog\u00ed\u00ada dial\u00e9ctica de K.. Barth, seg\u00fan la cual el \u00fanico conocimiento v\u00e1lido de Dios es el conocimiento cristiano que el hombre recibe en Jesucristo; el Dios de los otros es un \u00ed\u00addolo.<\/p>\n<p>Sin embargo, una perspectiva eclesioc\u00e9ntrica no implica necesariamente el exclusivismo, tal como lo entiende H. Kraemer y que va ligado a una interpretaci\u00f3n estrecha del axioma \u00abfuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n\u00bb. Todos los te\u00f3logos cat\u00f3licos admiten de hecho la posibilidad de la salvaci\u00f3n fuera de la Iglesia, aunque la conciben de varias maneras. Lo cierto es que la perspectiva eclesioc\u00e9ntrica aun en su sentido m\u00e1s atenuado, debe ser superada. Conviene evitar en la teolog\u00ed\u00ada de las religiones una inflaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica, que podr\u00ed\u00ada falsear las perspectivas; la Iglesia, que es misterio derivado y totalmente relativo al misterio de Cristo, no puede ser la medida con la que se mida la salvaci\u00f3n de los otros. Esa medida es el mismo Jesucristo, constitutivo de la salvaci\u00f3n para todos los hombres, pero cuyo misterio est\u00e1 presente y operante incluso fuera de la Iglesia. Es la tesis cristoc\u00e9ntrica, o inclusiva, que tiene en K. Rahner a uno de sus principales exponentes.<\/p>\n<p>Pero la divisi\u00f3n tripartita antes mencionada plantea a esta perspectiva cristoc\u00e9ntrica un desaf\u00ed\u00ado muy serio. En efecto, al cristocentrismo inclusivo se opone una visi\u00f3n teoc\u00e9ntrica que se traduce en un modelo llamado \u00abpluralismo\u00bb (palabra bastante ambigua, por otra parte). Muchos autores recientes apoyan un \u00abcambio de paradigma\u00bb, que consiste en pasar del cristocentnsmo al teocentrismo, del inclusivismo al \u00abpluralismo\u00bb. Agrandes rasgos esto quiere decir que, si el cristianismo busca sinceramente el di\u00e1logo con las otras tradiciones religiosas -un di\u00e1logo que s\u00f3lo puede ser verdadero si se mantiene en un plano de igualdad-, hay que renunciar primero a toda pretensi\u00f3n de \u00abunicidad\u00bb para la persona y la obra de Jesucristo, concebidas como elemento \u00abconstitutivo\u00bb universal de la salvaci\u00f3n. No cabe duda de que esta posici\u00f3n, en lo que tiene de m\u00e1s radical, es capaz de ser comprendida de varias maneras. Recordamos anteriormente, al hablar de J.P. Schineller, dos interpretaciones divergentes, seg\u00fan que la persona de Jesucristo, comprendida como no constitutiva de la salvaci\u00f3n, fuera \u00abnormativa\u00bb para algunos, y no constitutiva ni normativa para otros. Podemos mencionar como ejemplos, a prop\u00f3sito del Jes\u00fas \u00abnormativo\u00bb, a E. Troeltsch, y m\u00e1s recientemente a P. Tillich; y a prop\u00f3sito del Jes\u00fas no normativo, a John Hick.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo se convierte en abogado de una \u00abrevoluci\u00f3n copernicana\u00bb en cristolog\u00ed\u00ada. Esta revoluci\u00f3n consistir\u00ed\u00ada precisamente en cambiar de paradigma, pasando de la perspectiva cristoc\u00e9ntrica tradicional a una nueva perspectiva teoc\u00e9ntrica. Despu\u00e9s de haber cre\u00ed\u00addo durante siglos que el sol daba vueltas alrededor de la tierra, Cop\u00e9rnico y Galileo descubrieron finalmente que era la tierra la que giraba alrededor del sol; de la misma manera, despu\u00e9s de haber cre\u00ed\u00addo durante siglos que las otras tradiciones religiosas giraban alrededor del cristianismo como centro, hoy se trata de reconocer que el centro de todas las tradiciones religiosas, incluido el cristianismo, no es otro m\u00e1s que el mismo Dios. Semejante cambio de paradigma implica necesariamente el abandono de toda pretensi\u00f3n a un significado privilegiado, bien para el cristianismo, bien para el mismo Cristo. El dilema fundamental, tal como lo concibe John Hick, oscila entre un exclusivismo eclesioc\u00e9ntrico o un pluralismo teoc\u00e9ntrico, o sea entre una interpretaci\u00f3n fundamentalista del axioma \u00abfuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n\u00bb y un liberalismo radical que considera las diversas manifestaciones divinas en diversas culturas, incluida la cristiana, como fundamentalmente iguales dentro de sus diferencias. Al ser insostenible el exclusivismo eclesioc\u00e9ntrico, la \u00fanica teolog\u00ed\u00ada v\u00e1lida de las religiones es el pluralismo teoc\u00e9ntrico, que supera todas las pretensiones cristianas a una funci\u00f3n privilegiada y universal de Jesucristo y establece un di\u00e1logo interreligioso en plan de verdadera igualdad.<\/p>\n<p>2. CREER EN JESUCRISTO, UNO Y UNIVERSAL. La unicidad y la universalidad de Jesucristo, tal como la profesa tradicionalmente la fe cristiana, deben entenderse en sentido absoluto, seg\u00fan el cual Jesucristo es constitutivo de la salvaci\u00f3n de todos los hombres. Pero esto no deja de suscitar, sobre todo en el contexto presente de pluralismo religioso, cuestiones bastante arduas. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esta unicidad y c\u00f3mo hay que comprenderla? \u00bfCu\u00e1l es, por otra parte, su fundamento teol\u00f3gico? \u00bfBasta, para establecerla teol\u00f3gicamente, apelar a ciertos valores humanos propuestos por Jes\u00fas, por ejemplo a los valores del reino de Dios que \u00e9l anuncia? \u00bfO bien referirse a un proyecto humano de sociedad que supone su acci\u00f3n? \u00bfO quiz\u00e1 al sentido particularmente profundo de la persona humana y de su destino, tal como emanan de su doctrina? \u00bfO -sin excluir todo esto, pero yendo m\u00e1s all\u00e1- la unicidad de Jesucristo y su universalidad tienen que reposar, final y necesariamente, en el misterio de su persona y en su identidad personal como Hijo de Dios? Si esto es as\u00ed\u00ad, se adivina inmediatamente que s\u00f3lo una \u00abalta\u00bb cristolog\u00ed\u00ada llegar\u00e1 a establecerla de forma segura. Al contrario, toda cristolog\u00ed\u00ada que se quede en el plano \u00abfuncional\u00bb, renunciando a entrar en una perspectiva \u00abontol\u00f3gica\u00bb estar\u00e1 condenada -quiz\u00e1 a pesar de sus intenciones- a hacer descansar la unicidad de Cristo en un fundamento fr\u00e1gil. Sea de ello lo que fuere, las diversas opiniones teol\u00f3gicas sobre la unicidad y la universalidad de Jesucristo salvador reflejar\u00e1n -como cabe esperar- las opciones fundamentales y las posiciones de base de los respectivos autores en torno a la misma cristolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Porque hay que decirlo con toda claridad: s\u00f3lo la identidad personal de Jesucristo como Hijo \u00fanico de Dios constituye un fundamento teol\u00f3gico suficiente para establecer su unicidad \u00abconstitutiva\u00bb como salvador universal. A partir de all\u00ed\u00ad, las posiciones teol\u00f3gicas opuestas entran en la l\u00f3gica de las cosas. En efecto, las dos afirmaciones est\u00e1n de acuerdo con esto: o Jesucristo es Hijo \u00fanico de Dios, y entonces se sigue que su mediaci\u00f3n es universal; o no lo es, y entonces carece de fundamento teol\u00f3gico la pretensi\u00f3n cristiana a su unicidad \u00abconstitutiva\u00bb. Afirmar la filiaci\u00f3n divina de Jesucristo es, desde luego, una cuesti\u00f3n de fe; no se llega a ello tras un razonamiento n1 tras un estudio comparado de las religiones de la humanidad. Lo cual no impide que esta afirmaci\u00f3n, que est\u00e1 en el centro de la fe cristiana, encuentre objeciones muy serias en el contexto actual de pluralismo religioso y de di\u00e1logo entre las religiones. Van dirigidas, bien contra el propio NT, bien contra la tradici\u00f3n cristiana, bien contra la teolog\u00ed\u00ada. Responderemos a ellas con brevedad.<\/p>\n<p>El NT afirma claramente la mediaci\u00f3n universal de Jesucristo en el orden de la salvaci\u00f3n. Para mostrarlo no disponemos tan s\u00f3lo de algunos textos formales (como 1Tim 2,5-6 y He 4,12) o de otros que la afirman de forma equivalente pero no menos clara (como Jn 3,17 y He 5,31; 10,4448; 17,24-31), adem\u00e1s de los himnos cristol\u00f3gicos en los que aparece Cristo en el centro del plan divino (como Ef 1,3-13 y Col 1,15-20), sino que puede decirse que es \u00e9ste el mensaje de todo el NT, la fe subyacente que da su raz\u00f3n de ser al mismo NT y sin la cual no habr\u00ed\u00ada sido escrito.<\/p>\n<p>Esto es tambi\u00e9n verdad en lo que concierne a la filiaci\u00f3n divina de Jesucristo en el NT. Es verdad que se va manifestando a diversos niveles de profundidad entre el kerigma apost\u00f3lico primitivo (He 13,32-33) y las reflexiones paulinas (Rom 1,1-4; He 1,1-5) y jo\u00e1nicas (Jn 5,18; 8,18-19; 10,30; 21,30&#8230;), pasando por los evangelios sin\u00f3pticos (Me 1,1; 15,39; Le 1,32); pero una vez m\u00e1s se puede decir que todo el NT lleva como en filigrana la afirmaci\u00f3n de Jesucristo, Hijo de Dios, que es como su motivo decisivo.<\/p>\n<p>Generalmente no se discute nada de esto. Por tanto, se reconoce la afirmaci\u00f3n masiva del NT sobre la unicidad de Jesucristo salvador. Pero se pregunta si se puede y se debe mantener hoy esta afirmaci\u00f3n en el contexto actual del pluralismo religioso. Se sugiere de varias maneras y por diversas razones que es preciso relativizarla. En efecto, los estudios hermen\u00e9uticos recientes muestran qu\u00e9 las pretensiones a la unicidad absoluta de Jesucristo, que parece ser la clave misma de interpretaci\u00f3n de todo el NT, se deben de hecho a una concepci\u00f3n del mundo (worldview) hist\u00f3ricamente condicionada y a unos modos de hablar en dependencia de un contexto cultural particular. Por tanto, no se puede considerar como el \u00abreferente\u00bb mismo del mensaje evang\u00e9lico, el n\u00facleo intangible del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>Se observa entonces que, en el contexto de la mentalidad apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, impregnada de esperanza escatol\u00f3gica, resultaba natural a la Iglesia primitiva interpretar la experiencia de Dios en Jesucristo como final e insuperable. Pues bien, esta mentalidad apocal\u00ed\u00adptica es culturalmente limitada. La finalidad que conlleva para el acontecimiento Jesucristo no puede, por tanto, considerarse como perteneciente a la esencia del cristianismo; pertenece al contexto cultural fortuito en el que se vivi\u00f3 y se present\u00f3 por primera vez. Si Jes\u00fas hubiera sido encontrado e interpretado en otro contexto cultural, que implicase una filosof\u00ed\u00ada diferente de la historia, no habr\u00ed\u00ada sido considerado como final ni como \u00fanico.<\/p>\n<p>Como suele juzgarse a san Pablo responsable de la afirmaci\u00f3n clara de la unicidad de Jesucristo, se sugiere que, si hubiera entrado en contacto con las ricas tradiciones m\u00ed\u00adsticas de las religiones orientales, seguramente habr\u00ed\u00ada suavizado su afirmaci\u00f3n absoluta y sin matizar. O tambi\u00e9n, aludiendo esta vez a san Juan, se se\u00f1ala que la unicidad de Jesucristo se articula en \u00e9l en t\u00e9rminos de \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb. Pero \u00e9ste es un modo \u00abm\u00ed\u00adtico\u00bb de pensar, lo mismo que el concepto de \u00abpreexistencia\u00bb que est\u00e1 ligado a ella. Pero el lenguaje m\u00ed\u00adtico debe tomarse por lo que es y comprenderlo no literalmente, sino metaf\u00f3ricamente. Hay que \u00abdesmitologizar\u00bb el mito de la encarnaci\u00f3n, y de all\u00ed\u00ad se seguir\u00e1 la dosmitologizaci\u00f3n de Jesucristo como salvador absoluto.<\/p>\n<p>Se indica, finalmente, que, en el contexto hist\u00f3rico en que naci\u00f3 el cristianismo y frente a la oposici\u00f3n con que se encontr\u00f3, era natural para los disc\u00ed\u00adpulos presentar el \u00abcamino\u00bb de Jes\u00fas como \u00fanico. Este lenguaje absoluto est\u00e1 hist\u00f3ricamente condicionado; es un \u00ablenguaje de supervivencia\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hemos de responder? Es verdad que el misterio de Jesucristo, tal como lo concibe el NT, se inscribe en un concepto de la historia heredado de la cultura jud\u00ed\u00ada y de la historia religiosa de Israel; pero tambi\u00e9n es verdad que \u00e9l mismo le ofrece a la historia una densidad nueva e inesperada. Trat\u00e1ndose de la escatolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada y de la mentalidad apocal\u00ed\u00adptica, hay que observar que el acontecimiento Jesucristo hizo explotar el sentido israelita de la historia en que se inscribe. Si cumple las esperanzas mesi\u00e1nicas de los \u00faltimos tiempos, lo hace de forma trascendente, transform\u00e1ndolas y super\u00e1ndolas.<\/p>\n<p>En el caso de san Pablo, si es verdad que \u00e9l no experiment\u00f3 el pluralismo religioso de nuestro tiempo, lo cierto es que tuvo que medir su fe en Jesucristo, no s\u00f3lo con la religi\u00f3n jud\u00ed\u00ada de donde hab\u00ed\u00ada salido, sino tambi\u00e9n con la cultura hel\u00e9nica que encontraba en su camino. Los himnos cristol\u00f3gicos, aunque adoptan la cosmolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada corriente de su tiempo, afirman, sin embargo, la primac\u00ed\u00ada absoluta de Jesucristo y la dimensi\u00f3n c\u00f3smica de su acontecimiento; est\u00e1 por encima de \u00ablos tronos, las dominaciones, los principados y las potestades\u00bb (Col 1,16). Acusar de pretensiones ligeras a las reflexiones paulinas sobre la primac\u00ed\u00ada absoluta de Jesucristo es de suyo establecer una afirmaci\u00f3n gratuita. En cuanto a san Juan, es verdad que es el primero en utilizar el concepto de \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb para dar cuenta del misterio de Jesucristo (Jn 1,14); el de \u00abpreexistencia\u00bb, por el contrario, es anterior (cf Flp 2,6-1l). Tambi\u00e9n es verdad que los dos conceptos pueden prestarse a comprensiones err\u00f3neas: la \u00abpreexistencia\u00bb no es existencia en un tiempo ficticio anterior al tiempo; la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb no dice que el ser divino se haga existencia humana. Esto no impide que la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios implique realmente el hacerse-hombre en la historia el Verbo, que, independientemente de ese devenir, existe eternamente en el misterio de Dios. Tal es el sentido literal de un t\u00e9rmino que nada permite reducir a un lenguaje \u00abm\u00ed\u00adtico\u00bb. El pr\u00f3logo de san Juan, que formula el misterio de la identidad personal de Jesucristo en t\u00e9rminos de encarnaci\u00f3n del Verbo de Dios, es ciertamente el punto culminante de una larga reflexi\u00f3n de la fe apost\u00f3lica; pero es tambi\u00e9n su conclusi\u00f3n leg\u00ed\u00adtima, producida por el dinamismo de esa misma fe. La cristolog\u00ed\u00ada funcional del primer kerigma apost\u00f3lico ped\u00ed\u00ada la cnstolog\u00ed\u00ada ontol\u00f3gica del Hijode-Dios-hecho-hombre.<\/p>\n<p>En cuanto a la afirmaci\u00f3n seg\u00fan la cual la oposici\u00f3n que encontr\u00f3 el mensaje cristiano habr\u00ed\u00ada incitado a la Iglesia apost\u00f3lica a afirmar la unicidad del,\u00bbcamino\u00bb establecido por Jes\u00fas, no vale la pena que nos detengamos en ella. \u00bfNo habr\u00ed\u00adan aconsejado m\u00e1s bien las circunstancias naturalmente que los depositarios del mensaje suavizaran sus pretensiones a prop\u00f3sito de su maestro? En efecto, lejos de ser un \u00ablenguaje de supervivencia\u00bb, la proclamaci\u00f3n de Jesucristo salvador se presenta en el NT como \u00abbuena nueva\u00bb para todos los hombres, una buena nueva de la que val\u00ed\u00ada la pena dar testimonio con vigor y coraje, eventualmente hasta el supremo testimonio del martirio.<\/p>\n<p>Si la universalidad de la salvaci\u00f3n en Jesucristo se afirma claramente en la profesi\u00f3n de fe (v\u00e9anse los s\u00ed\u00admbolos de Nicea y de Constantinopla I), la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica, por otra parte, s\u00f3lo presenta algunos datos expl\u00ed\u00adcitos sobre su \u00abunicidad\u00bb. Es que se trata para los padres del centro mismo de la fe, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de toda sospecha teol\u00f3gica. Doctrina no discutida, por no estar sujeta a discusi\u00f3n. De lo que se trata no es del hecho, sino del c\u00f3mo de la unicidad de Cristo, a saber: de su identidad personal de Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Lo que hoy est\u00e1 en discusi\u00f3n en el contexto del pluralismo religioso no es, por tanto, la pretensi\u00f3n de la tradici\u00f3n cristiana a la unicidad de Jesucristo salvador. Es m\u00e1s bien su \u00abporqu\u00e9\u00bb. Una explicaci\u00f3n sugiere que la afirmaci\u00f3n de fe en Jes\u00fas salvador es de car\u00e1cter doxol\u00f3gico; por tanto, se necesita atenuar su alcance, ya que todo lenguaje doxol\u00f3gico procede de un impulso de fe amoroso y&#8230; ciego. Conviene, no obstante, puntualizar en esta ocasi\u00f3n. Distinguiendo ante todo entre textos doxol\u00f3gicos, por una parte, y profesiones de fe o decisiones dogm\u00e1ticas, por otra. Luego, observando que una nota doxol\u00f3gica no se opone a un contenido doctrinal: los textos doxol\u00f3gicos no est\u00e1n privados de valor dogm\u00e1tico, como tampoco las profesiones de fe y las decisiones conciliares carecen de un acento doxol\u00f3gico. Reconocer el car\u00e1cter doxol\u00f3gico de ciertos documentos no obliga por tanto, ni mucho menos, a negar su valor doctrinal. Observemos adem\u00e1s que, si la fe es impulso amoroso, no por ello es una fe ciega. A1 contrario, la fe da \u00abojos\u00bb nuevos para ver la verdad. En este sentido es ella su propia verificaci\u00f3n: el cristiano sabe que lo que cree es verdad.<\/p>\n<p>M\u00e1s seria y m\u00e1s persistente es la objeci\u00f3n de que la doctrina cristiana de la unicidad y de la divinidad de Jesucristo proviene de un \u00abproceso de helenizaci\u00f3n\u00bbindebida del mensaje cristiano, esbozado ya en el NT y desarrollado ulteriormente por la tradici\u00f3n posb\u00ed\u00adblica. Hay que responder: si por \u00abhelenizaci\u00f3n\u00bb se entiende que el contenido de la fe ha sido transmitido por la tradici\u00f3n en t\u00e9rminos de la cultura hel\u00e9nica y helenista, es verdad; al obrar as\u00ed\u00ad, la tradici\u00f3n respond\u00ed\u00ada al imperativo de \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb del mensaje, del que hoy nos hemos hecho m\u00e1s conscientes expl\u00ed\u00adcitamente. Por el contrario, si se entiende que la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica primero y luego la posb\u00ed\u00adblica falsearon el contenido del mensaje confundi\u00e9ndolo con alguna especulaci\u00f3n filos\u00f3fica helenista, no hay nada que est\u00e9 tan lejos de la verdad. Porque fue precisamente para preservar el mensaje cristiano, y espec\u00ed\u00adficamente el misterio de Jesucristo, de toda adulteraci\u00f3n con las filosof\u00ed\u00adas ambientales por lo que la tradici\u00f3n quiso se\u00f1alar sus contornos con t\u00e9rminos precisos. Por tanto, ten\u00ed\u00ada que utilizar conceptos conocidos; pero, al emplearlos como expresi\u00f3n del misterio, les imprim\u00ed\u00ada un nuevo significado y un sentido in\u00e9dito, sobrea\u00f1adido. El homoousios del concilio de Nicea (325) es un buen ejemplo de ello, y no el \u00fanico. En este sentido hay que hablar de \u00abdeshelenizaci\u00f3n\u00bb del dogma cristiano m\u00e1s que de \u00abhelenizaci\u00f3n\u00bb del mismo (B. Lonergan).<\/p>\n<p>En el presente contexto de pluralismo religioso, dice un n\u00famero creciente de te\u00f3logos, se ha hecho insostenible la pretensi\u00f3n cristiana a la unicidad absoluta de Cristo, Hay que suavizarla o abandonarla, para que sea posible el di\u00e1logo. Suavizarla es reducirla a una unicidad relativa. Jesucristo no ser\u00e1 ya entonces \u00abconstitutivo\u00bb de la salvaci\u00f3n universal; sin embargo, se seguir\u00e1 viendo en \u00e9l el s\u00ed\u00admbolo ideal -y m\u00e1s inspirador, el que mejor responde a las aspiraciones humanas, el tipo perfecto o el \u00abparadigma\u00bb de las relaciones del hombre con Dios. Encontramos entonces la cristolog\u00ed\u00ada \u00abnormativa\u00bb en el \u00abuniverso teoc\u00e9ntrico\u00bb del que habl\u00e1bamos. En este sentido es como E. Troeltsch ve en Jesucristo la revelaci\u00f3n m\u00e1s pura del mundo religioso.<\/p>\n<p>O bien, yendo m\u00e1s lejos, se abandona como obsoleta cualquier pretensi\u00f3n cristiana a la unicidad de Jesucristo, tanto constitutiva como incluso normativa. Es el precio que hay que pagar para que sea posible el di\u00e1logo. Es la tesis del \u00abuniverso teoc\u00e9ntrico\u00bb, acompa\u00f1ada de una \u00abcristolog\u00ed\u00ada no normativa\u00bb. Todas las tradiciones religiosas gozan de una igualdad fundamental, puesto que representan manifestaciones divinas -diferentes y todas ellas relativasen las diversas culturas de la humanidad. Se ha dicho que la \u00abrevoluci\u00f3n copernicana\u00bb propuesta por J. Hick es hoy el s\u00ed\u00admbolo de esta teor\u00ed\u00ada. La perspectiva \u00abteoc\u00e9ntrica\u00bb que \u00e9l preconiza para una teolog\u00ed\u00ada de las religiones va estrechamente ligada a una cristolog\u00ed\u00ada del \u00abmito del Dios encarnado\u00bb y se basa en ella. La creencia cristiana en la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb del Hijo de Dios proceder\u00ed\u00ada de la trasposici\u00f3n del mensaje de Jes\u00fas en un lenguaje \u00abm\u00ed\u00adtico\u00bb, realizada por la tradici\u00f3n jo\u00e1nica y posb\u00ed\u00adblica bajo la influencia del helenismo. Baste, para responder a ello, remitir a lo dicho anteriormente sobre el problema de la \u00abhelenizaci\u00f3n\u00bb o \u00abdeshelenizaci\u00f3n\u00bb del dogma cristol\u00f3gico y recordar que la fe cristiana no permite en modo alguno reducir la filiaci\u00f3n divina de Jesucristo a una filiaci\u00f3n \u00abmetaf\u00f3rica\u00bb. Porque se trata ciertamente de una filiaci\u00f3n \u00abontol\u00f3gica\u00bb, que ha de tomarse en sentido \u00abliteral\u00bb, aun cuando, como es evidente, el concepto de \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb es un concepto anal\u00f3gico, que se realiza en Dios de forma eminente.<\/p>\n<p>Por otra parte, entre las dificultades teol\u00f3gicas se apela a la conciencia hist\u00f3rica y a la \u00abrelatividad\u00bb inevitable de cualquier verdad, incluso y sobre todo de la verdad revelada, aunque admitiendo que semejante verdad basta para justificar un compromiso absoluto de las personas con la verdad parcial de su tradici\u00f3n. Hay que oponer a ello el car\u00e1cter \u00fanico de la revelaci\u00f3n que tiene lugar en Jesucristo. En efecto, la trasposici\u00f3n de la conciencia personal de Jes\u00fas como Hijo de Dios en conceptos humanos comunicables le da a la revelaci\u00f3n que \u00e9l hace de s\u00ed\u00ad mismo y de Dios un valor objetivo trascendente, inigualable e insuperable.<\/p>\n<p>Otro problema: \u00bfno deber\u00ed\u00adan los cristianos practicar con las tradiciones religiosas, particularmente con la suya, lo que la psicolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea llama una \u00abhermen\u00e9utica de la sospecha\u00bb? E1 \u00e1rbol se conoce por sus frutos. Del mismo modo, una religi\u00f3n es verdadera en la medida en que hace a los hombres verdaderamente humanos, en s\u00ed\u00ad mismos y en sus relaciones con los dem\u00e1s. Pues bien, \u00bfpuede decirse que el cristianismo produce frutos de humanidad en proporci\u00f3n con sus exorbitantes pretensiones? Si Jesucristo es verdaderamente \u00fanico, \u00bfno deber\u00e1 hacerse la \u00abverificaci\u00f3n\u00bb en la vida de las comunidades cristianas de fe? Pero \u00bfes esto lo que ocurre? Aqu\u00ed\u00ad se debe denunciar lo que hay de falacia en el principio que se invoca. El cristianismo no presenta ninguna pretensi\u00f3n a prop\u00f3sito de los cristianos, sino a prop\u00f3sito de Jesucristo. El es el \u00ab\u00fanico\u00bb, no ellos. La comunidad cristiana ha recibido ciertamente como misi\u00f3n dar un testimonio de su misterio digno de fe. A menudo traiciona esta misi\u00f3n, aun sin darse suficientemente cuenta de ello. Lo cierto es, de todas formas, que el misterio de Jesucristo y su unicidad no dependen de la cualidad del testimonio de sus disc\u00ed\u00adpulos. El es, por parte de Dios, un don irrevocable a la humanidad; la fidelidad de Dios no depende de nuestras infidelidades cristianas. Por tanto, es inexacto que la verdad de Jesucristo dependa de la praxis de los cristianos.<\/p>\n<p>El principio de la \u00abverificaci\u00f3n\u00bb de la verdad vuelve a aparecer bajo otra forma. Esta vez se sugiere que la praxis del di\u00e1logo interreligioso tiene que servir de criterio para juzgar de la verdad de toda tradici\u00f3n religiosa, incluso de la tradici\u00f3n cristiana. Por tanto, el cristianismo debe dejar de lado, al menos provisionalmente, toda pretensi\u00f3n a la unicidad de Cristo, a fin de entrar con los dem\u00e1s en un verdadero di\u00e1logo, de igual a igual. Si Jesucristo es realmente \u00fanico, tendr\u00e1 que demostrarlo el di\u00e1logo; ninguna otra cosa puede establecerlo. De la pr\u00e1ctica del di\u00e1logo -se dice- \u00abquiz\u00e1 salga Jes\u00fas el Nazareno (sin ser impuesto) como el s\u00ed\u00admbolo unificador, como la expresi\u00f3n universalmente satisfactoria y normativa, de lo que Dios tiene como proyecto para toda la historia\u00bb (P. F. Knitter). Sin embargo, hay que preguntarse c\u00f3mo llevar\u00e1 el di\u00e1logo al descubrimiento de la fe en la unicidad de Jesucristo una vez que se ha puesto en par\u00e9ntesis dicha fe, aunque sea de forma provisional. La fe no est\u00e1 al final del di\u00e1logo ni puede concebirse como su resultado. La sinceridad del di\u00e1logo no exige ni permite \u00abponer entre par\u00e9ntesis\u00bb ni siquiera provisionalmente, la fe personal (! \u00abDi\u00e1logo interreligioso\u00bb). Se\u00f1alemos adem\u00e1s que el descubrimiento de la unicidad de Jesucristo, que se considera como la conclusi\u00f3n eventual de di\u00e1logo, no es la \u00abunicidad\u00bb que profesa la fe cristiana: una cristolog\u00ed\u00ada \u00abnormativa\u00bb se queda demasiado corta para dar cuenta del car\u00e1cter \u00abconstitutivo\u00bb del misterio de Jesucristo en el orden de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se sugiere&#8217; adem\u00e1s que la perspectiva cristoc\u00e9ntrica tradicional deber\u00ed\u00ada sustituirse por una perspectiva escatol\u00f3gica. Este nuevo \u00abcambio de paradigma\u00bb consistir\u00ed\u00ada en centrar la teolog\u00ed\u00ada de las religiones no ya en el acontecimiento de Jesucristo, sino en el reino de Dios que se construye a trav\u00e9s de la historia para desembocar finalmente en su plenitud escatol\u00f3gica; no ya en el pasado, sino- en el futuro. Se trata, en resumen, de poner en la sombra el cristocentrismo en provecho de una perspectiva \u00abteoc\u00e9ntrica\u00bb: Dios y su reino son el fin de la historia, hacia el que se encaminan todas las religiones, incluido el cristianismo. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad hay que puntualizar. Que el reino de Dios tiene que crecer a trav\u00e9s de la historia para alcanzar su plenitud escatol\u00f3gica coincide con la \u00abperspectiva teoc\u00e9ntrica\u00bb del NT; pero s\u00f3lo en parte. Centrarlo todo en el reino de Dios permite, sin duda, superar una perspectiva \u00abeclesioc\u00e9ntrica\u00bb indebida: el reino de Dios es en la historia una realidad m\u00e1s amplia que el cristianismo y la Iglesia; las otras comunidades y tradiciones religiosas de la humanidad forman parte de \u00e9l. Tambi\u00e9n es verdad que en la consumaci\u00f3n del reino de Dios m\u00e1s all\u00e1 de la historia, el cristianismo y las otras tradiciones religiosas est\u00e1n llamadas a encontrarse en Dios. \u00bfHay que decir entonces que la perspectiva del reino de Dios realiza un \u00abcambio de paradigma\u00bb respecto a la perspectiva \u00abcristoc\u00e9ntrica\u00bb? Eso ser\u00ed\u00ada olvidar que el reino de Dios, del que se habla, ha hecho irrupci\u00f3n en la historia en Jesucristo y a trav\u00e9s de su acontecimiento; que por la acci\u00f3n combinada de Jesucristo resucitado y de su Esp\u00ed\u00adritu los miembros de las otras tradiciones religiosas participan del reino de Dios ya hist\u00f3ricamente presente; en fin, que el reino escatol\u00f3gico al que est\u00e1n invitados los miembros de todas las tradiciones religiosas es a la vez el reino de Dios y -del Se\u00f1or Jesucristo. En la teolog\u00ed\u00ada cristiana es imposible separar al teocentrismo del cristocentrismo. Esto tambi\u00e9n es verdad en la perspectiva del reino de Dios, tanto del reino ya inaugurado en la historia como del que est\u00e1 destinado a su plenitud m\u00e1s all\u00e1 de ella.<\/p>\n<p>Podr\u00e1 hablarse entonces -seg\u00fan P. Teilhard de Chardin- de una \u00abmaravillosa convergencia\u00bb de todas las cosas y de todas las tradiciones religiosas en el reino de Dios y en Cristo-omega, de una \u00abm\u00ed\u00adstica de unificaci\u00f3n\u00bb hacia la que tienden juntamente las espiritualidades occidentales y las orientales. Pero esta convergencia no oscurece en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo el acontecimiento Jesucristo: Cristo es el fin (omega) por ser el comienzo (alpha), el centro y el eje \u00fanico. Finalidad, centralidad, unicidad del acontecimiento Jesucristo: todo es lo mismo.<\/p>\n<p>Una teolog\u00ed\u00ada cristiana de las religiones debe poner en evidencia el significado universal y la dimensi\u00f3n c\u00f3smica del misterio de Jesucristo y de su acontecimiento. En \u00faltimo an\u00e1lisis, el \u00fanico fundamento teol\u00f3gico v\u00e1lido de la unicidad de Jesucristo es su identidad personal de Hijo de Dios. Pero decirlo es y no puede menos de ser, un acto de fe. Porque, como dice san Pablo, \u00abnadie puede decir `Jes\u00fas es el Se\u00f1or&#8217; si no es movido por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Cor 12,3).<\/p>\n<p>BIBL.: CRAGG K., The Christ and the Faiths. Londres 1986; D&#8217;CosTA G., T7teology and Religious Plural\u00ed\u00ads\u00bbi: The Challenge of Other ReligiOn3, Oxford 1986; DAMBORENEA P. La salvaci\u00f3n en las religiones no cristianas, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1973; DHAVAMONY M. (ed.), Founders of Re\/igiorts (Studia Missionalia 33), Roma 1984; DUEUIS J., Jesucristo al encuentro de las religiones, P\u00e1\u00falinas, Madrid 1991; HieK J., God and the Universe of Faiths: Essays in the Philosophy of Relig\u00e9on, Londres 1973; H1CR J. y KNIrrER P. F. 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