{"id":17246,"date":"2016-02-05T11:13:12","date_gmt":"2016-02-05T16:13:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascesis-y-disciplina\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:12","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:12","slug":"ascesis-y-disciplina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascesis-y-disciplina\/","title":{"rendered":"ASCESIS Y DISCIPLINA"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO:<br \/>\nI. Estatuto te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de la fe:<br \/>\n1. Escucha-cumplimiento de la palabra;<br \/>\n2. Ejercicio-participaci\u00f3n de la vida de Cristo;<br \/>\n3. Gratuidad del creer-practicar a Cristo.<\/p>\n<p>II. Proceso y laboriosidad de la aceptaci\u00f3n de la fe:<br \/>\n1. Car\u00e1cter cruento y \u00abagon\u00ed\u00adstlco\u00bb de la praxis de la fe;<br \/>\n2. Proceso y crecimiento de la fe;<br \/>\n3. Ascesis cristiana como proceso y ejercicio de la fe.<\/p>\n<p>III. La tradici\u00f3n de la Iglesia: figura y tipolog\u00ed\u00ada de la ascesis cristiana:<br \/>\n1. Martirio, virginidad, monacato: \u00abtipos\u00bb de la ascesis cristiana;<br \/>\n2. De la ascesis a la asc\u00e9tica: de la praxis a su teor\u00ed\u00ada;<br \/>\n3. L\u00ed\u00admites de una teorizaci\u00f3n \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb de la ascesis.<br \/>\nIV. Identidad cristiana de la \u00abascesis\u00bb teolog\u00ed\u00ada y magisterio.<\/p>\n<p>I. Estatuto te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de la fe<br \/>\n1. ESCUCHA-CUMPLIMIENTO DE LA PALABRA. \u00abNo todo el que dice: Se\u00f1or, Se\u00f1or, entrar\u00e1 en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos&#8230; Por esto, cualquiera que acoja mis palabras y las ponga en pr\u00e1ctica se parece aun hombre sabio que construye su casa sobre roca\u00bb (Mat 7:21.24). La afirmaci\u00f3n evang\u00e9lica propone de nuevo la necesaria homogeneidad que una escucha, para ser verdadera, debe mantener en relaci\u00f3n con el modelo de palabra de la que quiere hacerse propiamente \u00abo\u00ed\u00addo\u00bb: en este caso en relaci\u00f3n con ese hablar caracter\u00ed\u00adstico que es el hablar propio de Dios, que se distingue, especialmente, en su estatuto, por su poder din\u00e1mico-creativo, que lo hace infaliblemente eficaz en los efectos que pretende. La palabra de Dios se autopronuncia realizando cuanto dice, cumpliendo cuanto promete: \u00abDijo y se hizo\u00bb (Sal 33:6-9; G\u00e9n 1; Sab 9:1).<\/p>\n<p>La palabra de Dios es, pues, gesto creador, acontecimiento e historia, ante la que no es posible permanecer pasivo. Al oyente se le impone tomar posici\u00f3n: cumpli\u00e9ndola, obedeciendo, realiz\u00e1ndola o realiz\u00e1ndose conforme a ella, En efecto, tal modelo de palabra determina no s\u00f3lo los contenidos, sino la fisonom\u00ed\u00ada, la forma misma de la escucha. Entre muchas formas posibles de \u00abprestar o\u00ed\u00addo\u00bb selecciona y elabora una \u00fanicamente adecuada y proporcionada a la naturaleza de esa palabra. Se trata de ese g\u00e9nero de escucha que, cumplidamente, se opera en realidad s\u00f3lo en una ejecuci\u00f3n, en un gesto o, mejor a\u00fan, en un sistema de gestos, en una praxis org\u00e1nica, en una consumada escuela de acci\u00f3n, que nos permite vivir -no s\u00f3lo en t\u00e9rminos de pensamiento y comprensi\u00f3n- la palabra.<\/p>\n<p>\u00abLa fe sin obras est\u00e1 muerta en s\u00ed\u00ad misma\u00bb (Stg 2:17). Pero \u00bfcu\u00e1les son las obras, los ejercicios, la praxis propia de la fe? Si el obrar no es una variable opcional del creer, sino lugar de expresi\u00f3n de su misma vitalidad y autenticidad, un gen\u00e9rico incremento del nivel-cantidad de la acci\u00f3n y operaci\u00f3n no garantiza por s\u00ed\u00ad mismo que sea verdadera actuaci\u00f3n de esa palabra. La fe cristiana no se cualifica y especifica por una mayor exigencia de obras, sino de sus obras.<\/p>\n<p>2. EJERCICIO-PARTICIPACI\u00ed\u201cN DE LA VIDA DE CRISTO. Efectivamente, se trata de practicar; pero de practicar una persona, de practicar un hombre, Jesucristo, que es acontecimiento escatol\u00f3gico de salvaci\u00f3n. Un practicar que es asumir una forma de existencia, asimilar un estilo de vida: ciertamente explicitado y transmitido en los verba, las ense\u00f1anzas y las normas que nos encontramos en la Escritura, pero manifestado y sintetizado sobre todo en los hechos salv\u00ed\u00adficos de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jesucristo, en quien debemos inspirarnos y asemejarnos.<\/p>\n<p>Si el \u00abobjeto\u00bb de la \u00abpr\u00e1ctica\u00bb del creyente es Cristo mismo, \u00e9sta equivaldr\u00e1 entonces a frecuentarlo, \u00abconocerlo\u00bb (Jua 17:3), \u00abseguirlo\u00bb (Me 1,17), \u00abimitarlo\u00bb (1Co 11:1), dej\u00e1ndose \u00abmodelar\u00bb por \u00e9l (Rom 8:29), hasta compartir totalmente su destino: llevar su cruz (Me 8,34), beber su c\u00e1liz (Me 10,38), morir su muerte y resucitar su resurrecci\u00f3n en el bautismo (Col 2:12; Rom 6:3), participar la vida nueva y definitiva (Jua 14:19), recibir de \u00e9l su reino (Mat 19:28). Estos son los aut\u00e9nticos, irrenunciables e indeclinables ejercicios; \u00e9sta la praxis de todo creyente cristiano.<\/p>\n<p>Obrar-practicar, si se refiere a \u00abcreer en Cristo\u00bb, significa, pues, dar vida a una compleja actitud de reconocimiento-acogida-consentimiento, suscitada por la llamada y el encuentro con Cristo, primera y \u00faltima Palabra del Padre. Esta pr\u00e1ctica, este hacer la verdad (Jua 3:21; 1Jn 1:6), se remonta teol\u00f3gicamente a la obediencia de la fe como a su \u00fanico y radical ejercicio. Que no se trata entonces de \u00abpr\u00e1ctica\u00bb o \u00abejercicio\u00bb dependiente de la pura voluntad del hombre; es una denuncia constante de la Escritura, especialmente repetida en Pablo.<\/p>\n<p>3. GRATUIDAD DEL CREER-PRACTICAR A CRISTO. La exigencia de actuar y practicar se basa en la promesa y en la certeza de la acaecida y gratuita participaci\u00f3n en la nueva creaci\u00f3n dirigida por Cristo: \u00abYa que sois \u00e1cimos, desechad la vieja levadura\u00bb (1Co 5:7-8; cf Rom 6). Tal ejercicio, t\u00ed\u00adpico de la fe, no significa, pues, fundamentalmente, acci\u00f3n, compromiso o esfuerzo aut\u00f3nomo del hombre; no es la celebraci\u00f3n, sino m\u00e1s bien la cr\u00ed\u00adtica de sus propias iniciativas religiosas. No responde, desde luego, a la necesidad, antropol\u00f3gicamente comprensible, de mantenerse \u00abocupado\u00bb y \u00abentretenido\u00bb en el esp\u00ed\u00adritu; de perfeccionarse \u00e9ticamente, estableciendo poco a poco nuevos r\u00e9cords y buscando nuevos logros religioso-morales; responde, m\u00e1s bien, a la urgencia de operar una renovaci\u00f3n que se adecue radicalmente a la acogida-obediencia de la fe. No pretende una afirmaci\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la promoci\u00f3n del dominio de s\u00ed\u00ad, obtenido mediante el ejercicio gradual y el control progresivo de las facultades propias, internas y externas; pretende, m\u00e1s bien, la renuncia total de s\u00ed\u00ad y de las propias metas preestablecidas por parte del hombre-creyente, para que s\u00f3lo Cristo disponga de \u00e9l: \u00abSi alguien quiere venir detr\u00e1s de m\u00ed\u00ad, reniegue de s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz (cada d\u00ed\u00ada: Lev 9:23) y me siga. Porque quien quiere salvar su vida la perder\u00e1, pero quien pierda su vida por mi causa la encontrar\u00e1\u00bb (Mat 16:26-28; Me 8,34-36).<\/p>\n<p>Practicar es, pues, fundamentalmente, \u00abpracticar la propia muerte\u00bb o la \u00abpropia p\u00e9rdida\u00bb, \u00abllevando siempre y por doquier en nuestro cuerpo la muerte de Jes\u00fas, para que tambi\u00e9n la vida de Jes\u00fas se manifieste en nuestro cuerpo\u00bb (2Co 4:10). No se trata, esencialmente, de ejercitarse y entrenarse para \u00abestar en forma\u00bb, en nuestra forma; m\u00e1s bien, justamente, para no estarlo, para renunciar a estarlo; para despojarse de ella y asumir \u00fanicamente la \u00abforma\u00bb de Cristo. No es el ejercicio de s\u00ed\u00ad para ser due\u00f1o de s\u00ed\u00ad, sino el ejercicio de Otro para dejarse identificar y conducir exclusivamente por El.<\/p>\n<p>En cuanto unida a una acogida de vida \u00faltima y definitiva, como sucede en Cristo, tal mortificatio y n\u00e9krosis (2Co 4:10; Col 3:3-5), tal \u00abdirigirse al suplicio de la cruz\u00bb (Lev 9:23; Lev 14:27) no se reduce a la simple eliminaci\u00f3n -aunque sea fatigosa y penosa- de aspectos fr\u00e1giles, m\u00ed\u00adseros y mezquinos de nosotros mismos. Es un verdadero y propio desentendimiento y sacrificio de s\u00ed\u00ad mismo por un amor m\u00e1s grande y fuerte: el de Cristo. Sacrificio que prev\u00e9 y engloba incluso una renuncia a los bienes y a la riqueza (Lev 14:33), un \u00abno buscar lo que es nuestro\u00bb (1Co 13:5), un desapego de los familiares (Lev 14:27-33) , un desagrado de s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Rom 15:1-3).<\/p>\n<p>II. Proceso y laboriosidad de la aceptaci\u00f3n de la fe<br \/>\n1. CAR\u00ed\u0081CTER CRUENTO Y \u00abAGON\u00ed\u008dSTICO\u00bb DE LA PRAXIS DE LA FE.<\/p>\n<p>Semejante ejercicio, semejante praxis, que tan s\u00f3lo es obediencia a su forma revelada, no est\u00e1, precisamente por eso, disponible o accesible al no creyente. \u00c2\u00a1Incluso constituye un obst\u00e1culo para el convertido! Renacido como sujeto agente y pensante, recreado en su nous o en su kard\u00ed\u00ada o en su syn\u00e9idesis (Rom 1:21-28; Rom 2:5; Rom 12:5Efe 4:17-24; Tit 1:15-16), siempre tendr\u00e1 que admitir, sin embargo, que tal ejercicio no es una pr\u00e1ctica supuesta y vac\u00ed\u00ada, un aprendizaje desnudo o un puro entretenimiento, sino una dura prueba y una batalla real, una lucha y milicia penosa.<\/p>\n<p>El espec\u00ed\u00adfico \u00abejercitarse\u00bb de la fe no es una especie de previa e inocua reconstrucci\u00f3n experimental, a modo de training, de las situaciones peligrosas, en que \u00e9sta pueda encontrarse. No responde principalmente al papel de \u00abficci\u00f3n preparatoria\u00bb de la fe, ocupando un espacio previo o puramente introductorio, como si se tratase de una especie de aprendizaje inicial que, fortaleciendo hoy, diplomase y preparara para las batallas del ma\u00f1ana. El ejercitarse \u00ed\u00adntimamente unido a la fe es algo por entero extensivo a \u00e9sta, a todas sus fases iniciales o finales, no a uno solo de sus estadios o de sus etapas; adem\u00e1s, es algo cuya dificultad y seriedad no se reduce a la mitigada de la palestra, sino a la verdadera y cruenta del combate.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad fue para Ad\u00e1n, para quien el ejercicio de la obediencia a la palabra de Dios comportaba renuncias y abdicaciones necesarias (G\u00e9n 2:17). As\u00ed\u00ad fue para los grandes prototipos de la fe de quienes habla la carta a los Hebreos: ellos, incansablemente, debieron poner a prueba y conservar, a menudo al precio de enormes renuncias y privaciones, su actitud de creyentes (Heb 11).<\/p>\n<p>De esta dimensi\u00f3n agon\u00ed\u00adstica y laboriosa de la fe y praxis cristiana, Pablo hace una continua experiencia y profesi\u00f3n. Las figuras tan empleadas del luchador (ITes 2,2), del atleta en el estadio, del gladiador en la arena (lCor 9,24-27), del buen combatiente en la batalla, del corredor en competici\u00f3n (2Ti 2:4; 2Ti 2:7), del vencedor coronado, del cristiano \u00abmovilizado\u00bb y \u00abarmado\u00bb (Efe 6:10-18; 1Ts 5:8) constituyen elementos de un simbolismo insistente sobre el combate espiritual (2Co 10:3-5), a trav\u00e9s del cual Pablo lee y propone la propia experiencia de la fe y de su ejercicio.<\/p>\n<p>Tal sentido general de la lucha, fisiol\u00f3gicamente unida a la pr\u00e1ctica de la vida nueva en el esp\u00ed\u00adritu, asume, adem\u00e1s, determinaci\u00f3n y fisionom\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitas y concretas en la revelaci\u00f3n de una serie de contrastes y de oposiciones que calificar\u00ed\u00adan el hecho de la experiencia cristiana. Pablo, al esbozarlas, confiere profundidad real al penoso y dram\u00e1tico \u00abejercitarse\u00bb propio de la fe cristiana. Desenmascara entonces la contradicci\u00f3n inevitable entre la carne y el esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5:13; R\u00f3m 8,1-12), entre el hombre viejo y el hombre nuevo (Col 3:10; Efe 3:15), entre el primero y el nuevo Ad\u00e1n (lCor 15,45-49; Rom 5:12-20), entre la sabidur\u00ed\u00ada de la carne y del esp\u00ed\u00adritu (lCor 1-2), entre la esclavitud y la libertad (Roo 6,15-23), entre el jud\u00ed\u00ado y el gentil (Roo 1-2; Efe 2:11-21).<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n entre los dos polos no es puramente \u00abgimn\u00e1stica\u00bb o \u00abl\u00fadica\u00bb y, como tal, moment\u00e1nea y pac\u00ed\u00adfica, sino insuprimible y sin componendas. No se resuelve o se supera con la conversi\u00f3n, sino que es compa\u00f1era inseparable siempre de la fe. Las dos referencias contrapuestas permanecen para siempre presentes y operantes en el tiempo de la Iglesia que precede a la parus\u00ed\u00ada. Hasta el punto que el cristiano puede definirse fenomenol\u00f3gicamente como aquel que se caracteriza por su cotidiano convivir y crecer dentro de estas tensiones espec\u00ed\u00adficas, movi\u00e9ndose continuamente de un polo a otro, sin anular, huir o superar nunca del todo la fuerza de resistencia del primero hacia el segundo. \u00abDe hecho, bien sabemos que toda la creaci\u00f3n sufre y gime hasta hoy con dolores de parto; no es ella sola, pues nosotros, que poseemos las primicias del esp\u00ed\u00adritu, gemimos internamente esperando la adopci\u00f3n de hijos, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo. Ya que en la esperanza hemos sido salvados&#8230; si esperamos lo que no vemos y le aguardamos con perseverancia (Roo 8,22-25).<br \/>\n2. PROCESO Y CRECIMIENTO DE LA FE. Por esto la conversi\u00f3n, el abrazar la fe, no es algo \u00abya realizado\u00bb definitivamente, sino tambi\u00e9n \u00abpor realizar\u00bb. Es un itinerario y camino inagotable; no tanto un acto concluido cuanto un proceso o un crecimiento continuo. Las reiteradas invitaciones a crecer en el conocimientopraxis de la fe cristiana (2Co 10:15; Efe 4:15; Col 1:10; 1Pe 2:2; 2Pe 3:18) no conocen para este crecimiento t\u00e9rmino o l\u00ed\u00admite alguno que no sea el de la \u00abmedida\u00bb de Cristo hacia el que se ha de tender ininterrumpidamente: \u00abhasta que lleguemos todos&#8230; al hombre perfecto en la medida que conviene a la plena madurez de Cristo\u00bb (Efe 4:13).<\/p>\n<p>Dentro de esta imparable progresi\u00f3n cristiana, Pablo se\u00f1ala la posibilidad de llegar a identificar una variedad de edades o de estadios y la obligatoriedad de proporcionar pedag\u00f3gicamente a \u00e9stos las modalidades y las formas de la asimilaci\u00f3n de la fe; a los reci\u00e9n nacidos no un alimento s\u00f3lido, m\u00e1s adaptado a cuantos ya se han convertido en hombres \u00abespirituales\u00bb, sino simplemente leche (lCor 3,2-4; Efe 4:14; cf tambi\u00e9n 1Pe 2:2). An\u00e1loga posici\u00f3n sugiere la carta a los Hebreos, que esboza la distinci\u00f3n entre unos que han llegado a ser ya maestros y otros todav\u00ed\u00ada ignorantes de la doctrina de justicia: \u00ablos hombres hechos\u00bb y \u00ablos ni\u00f1os\u00bb, \u00abvosotros que deber\u00ed\u00adais ser ya maestros, por razones de tiempo, ten\u00e9is de nuevo necesidad de que alguien, os ense\u00f1e los primeros elementos de los or\u00e1culos de Dios y hab\u00e9is llegado a tener necesidad de leche y no de alimento s\u00f3lido. Ahora bien, quien se nutre todav\u00ed\u00ada de leche es desconocedor de la doctrina de la justicia, porque sigue siendo un ni\u00f1o. El alimento s\u00f3lido, empero, es para los hombres hechos, para los que tienen las facultades adiestradas para distinguir el bien del mal (Heb 5:11-14).<\/p>\n<p>Se\u00f1alada esa elemental distinci\u00f3n entre el estadio infantil y adulto (o perfecto y espiritual) en el proceso de asimilaci\u00f3n de la fe, Pablo reiteradamente solicitar\u00e1 que se desista de la praxis y de las actitudes que ser\u00ed\u00adan t\u00ed\u00adpicas de la primera edad para revestirse de las propias de la segunda: \u00abCuando era ni\u00f1o hablaba como ni\u00f1o, pensaba como ni\u00f1o, razonaba como ni\u00f1o. Convertido en hombre, he abandonado lo que era de ni\u00f1o&#8230; Hermanos, no os comport\u00e9is como ni\u00f1os en los juicios&#8230;, sed&#8230; hombres maduros en los juicios\u00bb (1Co 13:11; 1Co 14:20).<\/p>\n<p>Incluso cuando la dial\u00e9ctica entre infantil y adulto sea reafirmada con la de imperfecto y perfecto (1Co 2:6; 1Co 14:20; Col 4:12), Pablo siempre estar\u00e1 atento a subrayar que el logro de la perfecci\u00f3n debe entenderse como logro no de un estado o de un punto final de llegada y de parada, donde el ejercicio de la fe se concluye, sino de una nueva fase, de un reiterado proceso o dinamismo: \u00abCuantos somos perfectos, debemos tener estos sentimientos&#8230;; mientras tanto, desde el punto al que hayamos llegado, sigamos avanzando en la misma l\u00ed\u00adnea\u00bb (Flp 3:15).<\/p>\n<p>3. ASCESIS CRISTIANA COMO PROCESO Y EJERCICIO DE LA FE. Ser\u00ed\u00ada vano pretender del NT una mayor determinaci\u00f3n de la praxis o de los ejercicios espec\u00ed\u00adficamente correspondientes a estas intuidas diversificaciones de las etapas espirituales. Atento a determinar la imagen y la figura del cristiano aut\u00e9ntico o del \u00abdisc\u00ed\u00adpulo\u00bb; expl\u00ed\u00adcito al indicar los puntos b\u00e1sicos y caracter\u00ed\u00adsticos del creyente cristiano; dispuesto a recoger la exigencia y a convalidar el principio general de una paidefa, de una adaptaci\u00f3n del sujeto al objeto de la fe, el texto b\u00ed\u00adblico se muestra m\u00e1s refractario frente al problema de la identificaci\u00f3n de una espec\u00ed\u00adfica disciplina o de un preciso \u00c2\u00a1ter disciplinar a la madurez de la fe; al menos si se entiende tal \u00c2\u00a1ter disciplinar como proyecto concreto de distribuci\u00f3n de la asimilaci\u00f3n de la fe seg\u00fan contenidos, modos de ense\u00f1anza y de ejercicio que ser\u00ed\u00adan propios de las distintas fases del crecimiento de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Taxativa en la presentaci\u00f3n de la vida del cristiano como acogida-ejecuci\u00f3n de un preciso dise\u00f1o de hombre espiritual, como respuesta a una articulada fenomenolog\u00ed\u00ada del creyente cristiano, de los rasgos del reconocimiento normativamente previstos y prescritos, la experiencia de la Iglesia neotestamentana renuncia a trazar y proponer una m\u00e1s org\u00e1nica articulaci\u00f3n-tipo de los ejercicios unidos a las distintas fases del proceso y de la progresi\u00f3n en la madurez cristiana.<\/p>\n<p>A pesar de la manifiesta sensibilidad por la idea de un camino de la fe gradual y progresivo, de la temporalidad y progresi\u00f3n de la vida cristiana, el NT no se compromete, trazado el cuadro del disc\u00ed\u00adpulo, a proyectarlo en el de una correspondiente disciplina que marque el itinerario hacia la meta. De un cuadro no se deduce el otro, aunque, se legitima y prev\u00e9 la existencia ded segundo.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de la reserva a pasar de una definici\u00f3n de la praxis de la fe a la de una serie de pr\u00e1cticas y ejercicios unidos a ella y evolutivamente programados para sus edades sucesivas, probablemente haya que buscarla en el plano hist\u00f3rico. Para la Iglesia del NT, el problema de la asimilaci\u00f3n de la fe se configura hist\u00f3ricamente sobre todo como el problema de su progresiva asimilaci\u00f3n por parte de y dentro de un mundo y una cultura paganos. No faltan quienes se preocupan de atender y vigilar para que las nuevas comunidades nacidas del anuncio del evangelio contin\u00faen en una asimilaci\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda y adecuada del mensaje recibido; de manera que la Iglesia de los bautizados equivalga o se convierta verdaderamente en la Iglesia de los cristianos aut\u00e9nticos. Pero el objetivo se centra en el paso de la nofe a la fe m\u00e1s que en los caminos internos y subsiguientes a la recepci\u00f3n de esta \u00faltima.<\/p>\n<p>Tampoco hay que olvidar una raz\u00f3n de orden m\u00e1s teol\u00f3gico: la noci\u00f3n de tiempo subyacente en la espiritualidad del NT. Esta noci\u00f3n no se corresponde con la habitual en la cultura occidental de duraci\u00f3n cuantitativa y linealmente progresiva, sino con la de un tiempo discontinuo, fragmentado en un n\u00famero indefinido e imprevisible de kair\u00f3i: de \u00abhoras\u00bb y de momentos fuertes, providencialmente dispuestos por la llamada de Dios para que nuestra fe sea expresi\u00f3n puntual de la voluntad del Padre. La perspectiva, m\u00e1s que la ejecuci\u00f3n de un supuesto proyecto de evoluci\u00f3n lineal y sin fracturas de la vida cristiana, ser\u00e1 entonces la de una respuesta pronta a la voluntad del Padre. Por esto el \u00fanico, radical y reconocido \u00abhacer\u00bb o \u00abejercitarse\u00bb ser\u00e1 exponerse a las sorpresas del \u00abobedecer\u00bb.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: si el NT legitima un discurso de \u00abproceso\u00bb y \u00abprogreso\u00bb en la vida cristiana, relativiza el de la preventiva reglamentaci\u00f3n de su curva evolutiva y de los correspondientes ejercicios.<\/p>\n<p>En todo caso, algunos de estos ejercicios de crecimiento en la fe son bien conocidos y se proponen a la observancia de los cristianos. El ayuno, de modo especial. De hecho, el NT recoge una larga tradici\u00f3n veterotestamentaria de conocimiento y pr\u00e1ctica del ayuno, no explicable por la pura motivaci\u00f3n ritual solamente. La privaci\u00f3n del alimento asume con frecuencia una gran significaci\u00f3n asc\u00e9tico-religiosa. Busca implorar el perd\u00f3n de una culpa (1Re 21:27), obtener el fin de una calamidad (JI 2,1217; Jdt 4:9-13), prepararse para una tarea dif\u00ed\u00adcil (Jue 20:26; Est 4:6), conseguir la apertura y la disponibilidad a la luz divina para quien lo practica (Dan 10:12), expresar el propio luto y pesar por una desventura dom\u00e9stica (2Sa 12:16.22) o nacional (I Sam 7,6; 2Sa 1:12; Bar 1:5; Zac 8:19). En el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, la mayor conciencia de las propias culpas y las de los padres desarroll\u00f3 una particular sensibilidad hacia la penitencia y el ayuno, entendidos como buenas obras, como voluntaria expiaci\u00f3n por los pecados de la comunidad (Sal 3:9), como pr\u00e1cticas piadosas de fe y devoci\u00f3n (Tob 12:8).<\/p>\n<p>En este sentido ayunan los disc\u00ed\u00adpulos del Bautista y los fariseos (Mar 2:18; Luc 18:12). El mismo Cristo inaugura su misi\u00f3n mesi\u00e1nica con un ayuno, que expresa su abandono confiado a la voluntad del Padre (Mat 4:14), e invita a mantener tal ejercicio piadoso dentro del \u00e1mbito del puro amor de Dios, recubri\u00e9ndolo por esto de secreto y discreci\u00f3n (Mat 6:17ss).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Pablo, que debe, a causa de su apostolado, sufrir el hambre y la sed en muchas circunstancias, se somete a repetidos ayunos (2Co 6:15; 2Co 11:27) y \u00abcastiga\u00bb su cuerpo hasta reducirlo a esclavitud (1Co 9:27).<\/p>\n<p>La Escritura atribuye an\u00e1loga consideraci\u00f3n a la !limosna: transmite formas taxativas y codificadas (Lev 19:9; Lev 23:22; Deu 24:20; Deu 14:28; Tob 1:8); pero llama tambi\u00e9n a una generosidad personal (Pro 3:27; Pro 14:21) y delicadeza (Sir 18:15ss). La recomienda Cristo como ejercicio que no debe hacerse con ostentaci\u00f3n (Mat 6:14) ni con medida (Luc 6:30): el disc\u00ed\u00adpulo debe darlo .todo en limosna (Luc 11:41) para seguir a Jes\u00fas sin a\u00f1oranza. La colecta que Pablo hace en favor de la Iglesia de Jerusal\u00e9n expresa y traduce el sentido colectivo del ejercicio de la limosna dentro de las comunidades cristianas y significa la comuni\u00f3n entre ellas (G\u00e1l 2:10; Rom 15:26ss).<\/p>\n<p>III. La tradici\u00f3n de la Iglesia: figura y tipolog\u00ed\u00ada de la ascesis cristiana<\/p>\n<p>En la Iglesia de los primeros siglos, la instancia neotestamentaria que concibe la configuraci\u00f3n con Cristo como carrera y proceso continuo se abre paso claramente. Est\u00e1 bien expresada en los padres apost\u00f3licos y en los apologistas del siglo ii, que justamente presentan con frecuencia la fe cristiana recurriendo a la figura del atleta (CLEMENTE ROMANO, Ad Cor., 5,1; IGNACIO DE ANTIOQUIA, Ad PoL, 1,3; 2,3; 3,1). De este \u00abatletismo\u00bb no se desprende todav\u00ed\u00ada una precisa \u00abdisciplina\u00bb o un preciso cursus asc\u00e9tico. Van, sin embargo, prepar\u00e1ndose y dibuj\u00e1ndose de manera cada vez m\u00e1s completa algunas figuras catalizadoras de la exigencia y del ejercicio asc\u00e9tico dentro del cristianismo. La vida y la praxis cristiana, en el esfuerzo de explicitar en sus consecuencias operativas el principio general de la participaci\u00f3n en la vida de Cristo, han buscado por instinto precisar las maneras en las que puede expresarse y realizarse tal participaci\u00f3n, logrando proponer tres c\u00e1nones en torno a los cuales se organiza y discierne la futura ascesis cristiana: el martirio, la virginidad y el monacato.<\/p>\n<p>1. MARTIRIO, VIRGINIDAD, MONACATO: \u00abTIPOS\u00bb DE LA ASCESIS CRISTIANA. Precisamente porque es uni\u00f3n a la pasi\u00f3n de Cristo, el aspecto doloroso de su vida y, a la vez, prueba suprema del amor por \u00e9l, el martirio se convierte en el paradigma esencial de la vida cristiana y de su asc\u00e9tica. La pr\u00e1ctica m\u00e1s o menos sistem\u00e1tica de \u00e9sta constituir\u00e1 s\u00f3lo una introducci\u00f3n o preparaci\u00f3n para aqu\u00e9l. Esta dictar\u00e1 los ejercicios, las renuncias, los controles de s\u00ed\u00ad y de las cosas capaces de hacer del cristiano en caso necesario un m\u00e1rtir intr\u00e9pido, o al menos de construirlo como hombre \u00absobrio\u00bb y en\u00e9rgico, \u00abfirme como el yunque\u00bb (IGNACIO, Ad Pol., 2,3; 3,1), presto a despegarse de este mundo (OR\u00ed\u008dGENES, Exhortaci\u00f3n al martirio, 37,39, 41-44).<\/p>\n<p>Volver\u00e1n a entrar en esta perspectiva mil advertencias tendentes a disponer de un modo desinteresado de los propios bienes, atento a las exigencias de los pobres y capaz de hacer limosnas; a favorecer, adem\u00e1s de la oraci\u00f3n lit\u00fargica y comunitaria, tambi\u00e9n la privada, practic\u00e1ndola varias veces al d\u00ed\u00ada; a guardar el ayuno de alimento y de bebida dos veces por semana (mi\u00e9rcoles y viernes); a promover la abstenci\u00f3n de espect\u00e1culos basados en el culto a la violencia (combates de gladiadores y con fieras) y de diversiones imp\u00fadicas.<\/p>\n<p>Sin embargo, con el cambio -sobre todo inmediatamente despu\u00e9s de la paz constantiniana- de las condiciones socio-religiosas del imperio, emerge de manera m\u00e1s aguda un problema que ya se hab\u00ed\u00ada perfilado antes: la b\u00fasqueda de un equivalente del martirio para quien, habi\u00e9ndose formado y preparado para esta forma radical de testimonio, ve que no la va a realizar. La \/virginidad, arraigada ya en la Iglesia desde sus or\u00ed\u00adgenes, es asumida progresivamente como sustituci\u00f3n y suplencia del martirio no alcanzado; y esto, precisamente, por tratarse en esencia de una oferta voluntaria y total como la del martirio. En torno a este eje central se actualizar\u00e1 y adquirir\u00e1 forma una respectiva gama de gestos, comportamientos, ejercicios o renuncias espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>Si la virginidad llega a vivirse en el interior del propio ambiente, exigir\u00e1 determinadas actitudes de car\u00e1cter prudencial y determinadas tutelas que ofrezcan protecci\u00f3n contra riesgos y peligros. Cipriano recomienda la modestia en el vestido, el desprecio de los placeres pasajeros, el desapego del coraz\u00f3n, la huida de las reuniones mundanas (De habitu virginum). Adem\u00e1s, la experiencia indicar\u00e1 como muy id\u00f3neo el ejercicio de algunos ritmos de silencio, de algunas vigilias, de algunas disciplinas y mortificaciones cautelares de los propios sentidos. Metodio de Olimpia, sobre todo en la primera de sus Epistolae ad virgines, insiste en la dedicaci\u00f3n positiva del tiempo propio a reuniones de oraci\u00f3n, visitas a los hu\u00e9rfanos, a las viudas, a los pobres, a los enfermos.<\/p>\n<p>Si la virginidad se realiza de forma cenob\u00ed\u00adtica, \u00e9sta, a su vez, termina por asumir y modelar, seg\u00fan una imagen y dise\u00f1o propios, elementos que surgen en la pr\u00e1ctica de la virginidad vivida bien en forma erem\u00ed\u00adtica y anacor\u00e9tica, bien en el ambiente mundano de los primeros siglos. El examen de conciencia, como testimonia san Antonio (PG 26,922), siempre ha gozado de gran importancia en la vida erem\u00ed\u00adtica y anacor\u00e9tica, contando, adem\u00e1s, con la situaci\u00f3n de escaso control en que viv\u00ed\u00ada el eremita o el anacoreta como persona dejada a su propia iniciativa.<\/p>\n<p>En la vida cenob\u00ed\u00adtica se asume la pr\u00e1ctica del examen de conciencia, aunque equilibrada e integrada dentro de la habitual sumisi\u00f3n a la direcci\u00f3n espiritual de otro miembro de la comunidad. Adem\u00e1s, las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas menos abandonadas ala inventiva de cada uno se piensan y valoran en funci\u00f3n y seg\u00fan la medida y discreci\u00f3n previsibles para la vida de todo un grupo. Se insiste m\u00e1s en el m\u00e9todo y en el ritmo que en los \u00e9xitos (exploits) moment\u00e1neos; m\u00e1s en las virtudes \u00absociales\u00bb (obediencia sobre todo; adem\u00e1s: humildad, trabajo, caridad&#8230;) que en la austeridad de las privaciones personales; m\u00e1s en la renuncia interior que en el rigor de la mortificaci\u00f3n corporal. Pero sobre todo, al basarse la constituci\u00f3n de una comunidad en una regla, tambi\u00e9n la ascesis se convierte en c\u00f3digo, en norma: deja de ser casi el elenco o casillero de todos los actos y ejercicios posibles que parecen conformes a la fe cristiana, convirti\u00e9ndose en un proyecto preciso y admirado. La experiencia, que siempre ha tenido una parte considerable en la g\u00e9nesis de toda expresi\u00f3n asc\u00e9tica, supera ahora los riesgos de empir\u00ed\u00ada unidos a la identificaci\u00f3n del aprovechamiento de este o de aquel ejercicio y resulta una doctrina razonada, una propuesta articulada.<\/p>\n<p>2. DE LA ASCESIS A LA ASCETICA: DE LA PRAXIS A SU TEORIA. El paso de una instancia gen\u00e9rica doctrinal a una formulaci\u00f3n te\u00f3rica mucho m\u00e1s precisa de la ascesis parece relacionarse con el problema del choque cada vez m\u00e1s sistem\u00e1tico entre \u00abfe\u00bb cristiana y gnosis. De hecho, en Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, por primera vez, aparece un esbozo de teor\u00ed\u00ada o doctrina asc\u00e9tica.<\/p>\n<p>Identificando, por la suma de condicionamientos antropol\u00f3gicos e intenciones apolog\u00e9ticas, la \u00abfigura\u00bb del cristiano aut\u00e9ntico con la del gn\u00f3stico perfecto, Clemente presenta una ascesis que ser\u00e1 en realidad s\u00f3lo un instrumento y un grado de ascenso: una ascesis que ser\u00e1 presupuesto real y necesario -pero, en el fondo, puramente pedag\u00f3gico e introductorio- del estadio o nivel gn\u00f3stico del hombre. Indicar\u00e1 la v\u00ed\u00ada de las obras como funcional y subalterna a la v\u00ed\u00ada de la gnosis. Por tanto, la \u00e1skesis correr\u00e1 el riesgo de parecer m\u00e1s una tarea provisional de la fe que una dimensi\u00f3n permanente. La ecuaci\u00f3n creer=practicar tiende a transformarse en la secuencia ejercitarse para saber (o conocer o creer) en la forma m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>Este esquema te\u00f3rico fundamental pasa de Clemente a Or\u00ed\u00adgenes y a Evagrio, que en el contexto de un cuadro general neoplat\u00f3nico lo desarrolla en sus formas m\u00e1s r\u00ed\u00adgidas y precisas. Identificados en el per\u00ed\u00adodo gn\u00f3stico la fase acabada del itinerario espiritual y el nivel m\u00e1s aut\u00e9ntico de la personalidad cristiana, Evagrio asigna al momento pr\u00e1ctico o asc\u00e9tico el papel de proped\u00e9utica a la gnosis. Esta praxis o ascesis (bios praktik\u00f3s) inicial tiene por fin suscitar una ap\u00e1the\u00ed\u008da, que \u00abtiene como hija a la caridad\u00bb, que a su vez introduce y es \u00abpuerta para la gnosis\u00bb (A. Guillaumont, p. 493).<\/p>\n<p>Al introducir la fase asc\u00e9tica como subordinada y preparatoria a la \u00abcontemplativa\u00bb, de modo inevitable se favorecer\u00e1n, como contenido espec\u00ed\u00adfico de esta ascesis, aquellos ejercicios y gestos que tienden m\u00e1s directamente a controlar la parte \u00abirascible\u00bb y \u00abconcupiscible\u00bb del alma y a promover su parte \u00abracional\u00bb, hecha espec\u00ed\u00adficamente para la pura contemplaci\u00f3n. Volver\u00e1n a entrar en este orden aquellas invitaciones y sugerencias pr\u00e1cticas tendentes a alcanzar un estadio angelical (is\u00e1ngelos) mediante la trascendencia de la propia corporeidad, en la l\u00ed\u00adnea de una equ\u00ed\u00advoca b\u00fasqueda de inmaterialidad.<\/p>\n<p>Es tendencia a hacer de la ascesis uno de . .s grados (el inicial) de la vida espiritual aparece en san Gregorio de Nisa. Su doctrina de los grados de la vida espiritual es en realidad s\u00f3lo una teor\u00ed\u00ada de los grados de la ascensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Tambi\u00e9n en el Pseudo-Dionisio -si bien su esquema de las tres v\u00ed\u00adas (purgativa, iluminativa, unitiva) parece competir con el de Evagrio- permanece la perspectiva que tiende a orientar y a absorber la asc\u00e9tica dentro de la gnosis m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>En la Edad Media la distinci\u00f3n entre incipientes, proficientes, perfecti (SANTO TOM\u00ed\u0081S, S. Th., II-II, q. 24, a. 9; q. 183, a. 4), heredada de Agust\u00ed\u00adn y de Gregorio Magno, no tiene ya esta orientaci\u00f3n netamente m\u00ed\u00adstica y se vuelve m\u00e1s atenta a admitir la ascesis como una dimensi\u00f3n perenne de la vida cristiana, y no simplemente etapa, momento o per\u00ed\u00adodo suyo. Pero esta distinci\u00f3n medieval a menudo no va m\u00e1s all\u00e1 de una divisi\u00f3n puramente formal: \u00bfCu\u00e1les son los contenidos, cu\u00e1les las caracter\u00ed\u00adsticas propias de la fase incipiente de la vida cristiana, cu\u00e1les los de su fase avanzada o de su forma perfecta?<br \/>\nLa incertidumbre a la hora de dar una respuesta precisa y plausible a tal pregunta ha favorecido la tendencia a acercar y sobreponer este esquema medieval al del areopagita de las tres v\u00ed\u00adas y asimilarlos el uno al otro, con el equ\u00ed\u00advoco de deber transformar a todos los perfectos en m\u00ed\u00adsticos; o la obligaci\u00f3n de hacer de la experiencia m\u00ed\u00adstica el test de la perfecci\u00f3n que juzga de la santidad de cuantos no son m\u00ed\u00adsticos. En cualquier caso el discurso corre el riesgo de ser formulado movi\u00e9ndose m\u00e1s en una perspectiva m\u00ed\u00adstico-contemplativa que a partir de una perspectiva m\u00e1s global de vida cristiana. De hecho, tambi\u00e9n en la m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola de los siglos xvi y xvii, incluidos santa Teresa de Jes\u00fas y san Juan de la Cruz, las distinciones de contenido de las distintas etapas del camino espiritual mirar\u00e1n esencialmente a las etapas internas de la vida m\u00ed\u00adstica. Esta ascensi\u00f3n contemplativa, m\u00e1s que la totalidad y globalidad de la ascesis cristiana, es lo que constituye el objeto m\u00e1s inmediato del discurso.<\/p>\n<p>Todo esto por un prejuicio o equ\u00ed\u00advoco inicial: la previa -.y a veces inconsciente- identificaci\u00f3n o superposici\u00f3n de la figura del cristiano sin m\u00e1s con una determinada imagen de cristiano: en este caso, la absoluta fusi\u00f3n del cristiano aut\u00e9ntico con el m\u00ed\u00adstico o contemplativo. La prueba m\u00e1s evidente de esta absorci\u00f3n de la ascesis en la contemplaci\u00f3n ser\u00e1 que hasta el siglo xvi la expresi\u00f3n \u00abteolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica\u00bb resulta totalmente desconocida, y que los problemas de la ascesis encontrar\u00e1n espacio, hasta ese tiempo, s\u00f3lo en las p\u00e1ginas de los tratados de \u00abteolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica\u00bb. De otro lado, tampoco la sucesiva y moderna contraposici\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica y teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica contribuir\u00e1 mucho a la causa de un correcto planteamiento y comprensi\u00f3n de la vivencia, asc\u00e9tica o m\u00ed\u00adstica. Tanto en un caso como en otro se comete el mismo error de comenzar por la absolutizaci\u00f3n de sus dimensiones y expresiones: asc\u00e9tica o m\u00ed\u00adstica, y no por la figura revelada del cristiano.<\/p>\n<p>3. L\u00ed\u008dMITES DE UNA TEORIZACI\u00ed\u201cN \u00abM\u00ed\u008dSTICA\u00bb DE LA ASCESIS. El primer establecimiento de una doctrina de los grados de la vida espiritual, capaz de identificar etapas precisas de la vida cristiana y de caracterizarlas con \u00abejercicios\u00bb particulares propios de esa fase, muestra, pues, la evidente conexi\u00f3n de la ascesis con la concreta interpretaci\u00f3n que se hace de la imagen del cristiano, al menos en cuanto a los contenidos se refiere.<\/p>\n<p>Cuando la imagen del cristiano se identifica con un canon preciso, el del m\u00e1rtir, la ascesis cristiana asumir\u00e1, inevitablemente, las caracter\u00ed\u00adsticas de este modelo.<\/p>\n<p>Cuando, pasada la \u00e9poca del ideal del martirio, se siga cometiendo el error de la identificaci\u00f3n entre la imagen del creyente aut\u00e9ntico y un tipo preciso y leg\u00ed\u00adtimo suyo (en este caso el de virgen, monje o m\u00ed\u00adstico), la ascesis cristiana se seguir\u00e1 entendiendo preconcebidamente s\u00f3lo a partir de este modelo.<\/p>\n<p>Se creer\u00e1 presentar as\u00ed\u00ad una ascesis v\u00e1lida para todos los cristianos, cuando, en realidad, se generaliza una imagen de la ascesis tomada de un modelo cristiano concreto. Es lo que ocurri\u00f3 con la imagen mon\u00e1stica de la ascesis. Habi\u00e9ndose entendido previamente al monje como la imagen m\u00e1s aut\u00e9ntica y radical del cristiano y estando las reglas mon\u00e1sticas entre los primeros y m\u00e1s logrados estudios y proyectos de ascesis, \u00e9stas \u00faltimas acabaron por constituir para la ascesis el paradigma de cualquier otra figura dentro de la Iglesia (la laica, p.ej.), da\u00f1ando durante muchos siglos la valoraci\u00f3n de su espec\u00ed\u00adfica experiencia y corriendo el riesgo de estancar la reflexi\u00f3n asc\u00e9tica general al confrontarse con una sola expresi\u00f3n e imagen suya.<\/p>\n<p>Algo parecido se puede decir de la imagen m\u00ed\u00adstico-contemplativa de la asc\u00e9tica, que ha acabado por imponerse. A la larga, no pod\u00ed\u00ada dejar de aparecer distorsionada a quienes no sent\u00ed\u00adan una especial vocaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n. Con el paso del tiempo, la imagen mon\u00e1stica y contemplativa de la ascesis ha terminado por generar en el creyente la opini\u00f3n de que la ascesis no es una realidad y una tarea de todos los cristianos, sino algo exclusivo de algunas categor\u00ed\u00adas precisas de personas dentro de la Iglesia, las dedicadas a la vida religiosa y contemplativa.<\/p>\n<p>IV. Identidad cristiana de la \u00abascesis\u00bb: teolog\u00ed\u00ada y magisterio<br \/>\nA aumentar el malestar de la mayor\u00ed\u00ada de los creyentes en relaci\u00f3n con la ascesis ha contribuido tambi\u00e9n la sospecha de que esta ascesis no representa algo original del cristianismo, sino s\u00f3lo recuerdo y herencia del encuentro con algunas culturas, formas de pensamiento y de religiosidad que se han sucedido a lo largo de la historia.<\/p>\n<p>Desde luego, es obvio que la ascesis en cuanto tal no constituye un producto exclusivo del cristianismo, sino un fen\u00f3meno general que va unido a una visi\u00f3n determinada sobre el hombre que emana de su lectura filos\u00f3fica o religiosa. Con las m\u00faltiples expresiones de este fen\u00f3meno y con sus fundamentaciones te\u00f3ricas, la ascesis cristiana no puede eludir el di\u00e1logo si se produce el contacto. Y en este intercambio la necesidad de ofrecer garant\u00ed\u00adas ha podido ser un riesgo algo m\u00e1s que te\u00f3rico para la historia de la ascesis cristiana. Quiz\u00e1 ha podido alimentar la idea de una cierta connivencia con alguna ascesis de tipo cultural que, basada en la contraposici\u00f3n entre sagrado y profano, insiste en la voluntaria privaci\u00f3n de alg\u00fan bien y alg\u00fan valor para sacrificarlo, sustray\u00e9ndose as\u00ed\u00ad al \u00e1mbito de lo profano y poni\u00e9ndose en relaci\u00f3n con la divinidad y el absoluto.<\/p>\n<p>En realidad, las privaciones que la ascesis cristiana autoriza no significan un desprecio a la supuesta profanidad de lo creado, sino una participaci\u00f3n en la muerte de Cristo, gesto supremo de amor hacia toda criatura,<br \/>\nLa mencionada tendencia, de corte neoplat\u00f3nico, a integrar la ascesis cristiana dentro de una teor\u00ed\u00ada de la contemplaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica puede parecer incluso una peligrosa concesi\u00f3n a un tipo de ascesis m\u00ed\u00adstica f\u00e1cil de encontrar en la historia de las religiones. Seg\u00fan la perspectiva de este tipo de ascesis, hay todo un conjunto de ejercicios y de t\u00e9cnicas (ayunos, reg\u00ed\u00admenes vegetarianos, abstenci\u00f3n sexual, mortificaci\u00f3n corporal, t\u00e9cnicas y ritmos de respiraci\u00f3n y de oraci\u00f3n&#8230;) que se prestan para preparar e inducir el entusiasmo religioso, la concentraci\u00f3n contemplativa y la experiencia m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Pero la aceptaci\u00f3n de la primac\u00ed\u00ada de la contemplaci\u00f3n o m\u00ed\u00adstica, que la ascesis cristiana ha se\u00f1alado objetivamente durante \u00e9pocas enteras, no significa que \u00e9sta haya concebido tambi\u00e9n la ascesis como esfuerzo e intento de acceder por s\u00ed\u00ad misma a Dios,.como voluntad de autodivinizaci\u00f3n. En efecto, la ascesis cristiana, incluso cuando sugiere c\u00f3mo practicar y ejercitar la acogida de 1a vida divina, siempre es consciente de que esa vida nos la confiere s\u00f3lo el amor soberanamente libre y gratuito. de Dios.<\/p>\n<p>La historia evidencia tambi\u00e9n, sobre todo durante e inmediatamente despu\u00e9s del iluminismo, el tributo que la ascesis cristiana ha pagado a este tipo de ascesis moral, de origen m\u00e1s filos\u00f3fico que religioso. Seg\u00fan esta orientaci\u00f3n, cualquier ejercicio asc\u00e9tico est\u00e1 precisamente en funci\u00f3n del dominio de s\u00ed\u00ad, consiste en la pr\u00e1ctica del autocontrol y de la autodisciplina con vistas a la realizaci\u00f3n y al desarrollo de las capacidades naturales del hombre. Para este fin se exige normalmente s\u00f3lo la renuncia a lo que es il\u00ed\u00adcito o no provechoso para el desarrollo arm\u00f3nico del hombre. Si, incidentalmente, requiere la privaci\u00f3n de algo l\u00ed\u00adcito, esto sucede a t\u00ed\u00adtulo puramente pedag\u00f3gico: para verificar el tono del propio equilibrio, la consistencia del propio autodominio.<\/p>\n<p>Si no hay duda de que tambi\u00e9n esta ascesis de car\u00e1cter human\u00ed\u00adstico y moral tiene una gran importancia para el logro de la salvaci\u00f3n por parte del cristiano, que debe de todos modos practicar la abstenci\u00f3n de cualquier cosa \u00c2\u00a1licita, igualmente es cierto que \u00e9sta no representa la imagen m\u00e1s adecuada y exacta de la ascesis cristiana. De hecho, \u00e9sta consigue toda su identidad por la participaci\u00f3n en el misterio de la cruz y de la muerte de Cristo. Realizada sacramentalmente en el bautismo, tambi\u00e9n debe realizarse existencialmente en la vida del cristiano. Esta realizaci\u00f3n, que es progresiva e inagotable, prev\u00e9 una orquestaci\u00f3n de ejercicios y de pr\u00e1cticas, en parte sugeridos directamente por la Sagrada Escritura, en parte sugeridos por la experiencia cristiana dentro de la Iglesia y precisados a la luz del criterio normativo aportado por la palabra de Dios. Estas complejas praxis asc\u00e9ticas, que tambi\u00e9n refuerzan las capacidades morales y las posibilidades de autodominio humano, no buscan anticipar o captar aut\u00f3nomamente la salvaci\u00f3n, sino tan s\u00f3lo acogerla en t\u00e9rminos verdaderos, es decir, en t\u00e9rminos de \u00abvivencia\u00bb, no s\u00f3lo de \u00abpensamiento\u00bb.<\/p>\n<p>Precisamente por esto la ascesis cristiana prev\u00e9 ejercicios que impliquen al hombre en su esp\u00ed\u00adritu y en su cuerpo, en sus sentidos internos y externos. Y lo implica siempre de manera \u00ablaboriosa&#8217; y \u00abpenosa\u00bb, ya que la ascesis quiere ser libre adhesi\u00f3n al misterio de la pasi\u00f3n y muerte de Cristo; y que la condici\u00f3n de pecado y de fragilidad en la que se halla hist\u00f3ricamente el hombre hace de por s\u00ed\u00ad dif\u00ed\u00adcil el ejercicio de cualquier otra aut\u00e9ntica pero menos comprometida libertad.<\/p>\n<p>\u00ed\u008dntimamente unida a la fe en Cristo, la ascesis cristiana constituye una tarea de la que ning\u00fan creyente cristiano puede eximirse. Esta no constituye una funci\u00f3n o misi\u00f3n s\u00f3lo para categor\u00ed\u00adas especializadas dentro de la Iglesia, sino una vocaci\u00f3n para toda la Iglesia. Lo cual no excluye que la ascesis cristiana pueda asumir tipificaciones y configuraciones diferentes -pero siempre hom\u00f3logasen correspondencia con la pluralidad de tipolog\u00ed\u00adas cristianas a las que concretamente se dirige y que realmente debe interpretar.<\/p>\n<p>Fiel a esta perspectiva, el sensus fidelium, a menudo recibido autorizadamente por el magisterio de la Iglesia, no ha dejado de dar indicaciones a este respecto: peregrinajes, adquisici\u00f3n de indulgencias, obras de misericordia espirituales y corporales, mandamientos de la Iglesia&#8230;<\/p>\n<p>Nacido en otros tiempos, este conjunto asc\u00e9tico corre el riesgo de ver desaparecer el enorme patrimonio espiritual en \u00e9l contenido, a causa de la distancia cultural que lo separa de nosotros. En tal caso, hasta la actual disciplina del ayuno cuaresmal resulta poco comprensible, porque es algo completamente aislado de un proyecto m\u00e1s amplio que est\u00e1 disolvi\u00e9ndose y que el magisterio no deja de reclamar. De hecho, la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Paenitemini, de Pablo VI, confirma que la \u00abIglesia invita a todos a acompa\u00f1ar la conversi\u00f3n interna del esp\u00ed\u00adritu con el ejercicio voluntario de actos de penitencia externa. En primer lugar insiste en que se ejercite la virtud de la penitencia en la fidelidad perseverante a los deberes del propio estado, en la aceptaci\u00f3n de las dificultades provenientes del propio trabajo y de la convivencia humana, soportando con paciencia las pruebas de la vida terrena y de la profunda inseguridad que la invade\u00bb.<\/p>\n<p>[\/Consejos evang\u00e9licos (del cristiano); \/Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n; \/Seguimiento-imitaci\u00f3n].<\/p>\n<p>BIBL.: AA. V V., L \u00e1sc\u00e9se chr\u00e9tienne et l homme contemporain, Par\u00ed\u00ads 1961; AA.VV., Ascesi cristiana, Roma 1977 BOUYER L. y DATrRINo L., La spiritualit\u00e1 dei Padri, Dehoniane, Bolonia 1983; CANALS S., Asc\u00e9tica meditada, Rialp 1972; CRIPPA M., La perferione cristiana oggi, Padua 1977; GUILLAUMONT A. (editado por), Trait\u00e9 pratique ou le Moine I, Cerf Par\u00ed\u00ads 1971; LELOIR L., Deserto e comunione, Tur\u00ed\u00adn 1982; ORIGENES, Exhortaci\u00f3n al martirio, BAC, Madrid; RANNER K., Ensayos de espiritualidad, Herder, Barcelona 1968; STOLz A., L \u00e1scesi cristiana, Brescia 1944.<\/p>\n<p>P. Boracco<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO:<br \/>\nI. Estatuto te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de la fe:<br \/>\n1. Escucha-cumplimiento de la palabra;<br \/>\n2. Ejercicio-participaci\u00f3n de la vida de Cristo;<br \/>\n3. Gratuidad del creer-practicar a Cristo.<br \/>\nII. Proceso y laboriosidad de la aceptaci\u00f3n de la fe:<br \/>\n1. Car\u00e1cter cruento y \u00abagon\u00ed\u00adstlco\u00bb de la praxis de la fe;<br \/>\n2. Proceso y crecimiento de la fe;<br \/>\n3. Ascesis cristiana como proceso y ejercicio de la fe.<br \/>\nIII. La tradici\u00f3n de la Iglesia: figura y tipolog\u00ed\u00ada de la ascesis cristiana:<br \/>\n1. Martirio, virginidad, monacato: \u00abtipos\u00bb de la ascesis cristiana;<br \/>\n2. De la ascesis a la asc\u00e9tica: de la praxis a su teor\u00ed\u00ada;<br \/>\n3. L\u00ed\u00admites de una teorizaci\u00f3n \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb de la ascesis.<br \/>\nIV. Identidad cristiana de la \u00abascesis\u00bb teolog\u00ed\u00ada y magisterio.<\/p>\n<p>I. Estatuto te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de la fe<br \/>\n1. ESCUCHA-CUMPLIMIENTO DE LA PALABRA. \u00abNo todo el que dice: Se\u00f1or, Se\u00f1or, entrar\u00e1 en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos&#8230; Por esto, cualquiera que acoja mis palabras y las ponga en pr\u00e1ctica se parece aun hombre sabio que construye su casa sobre roca\u00bb (Mat 7:21.24). La afirmaci\u00f3n evang\u00e9lica propone de nuevo la necesaria homogeneidad que una escucha, para ser verdadera, debe mantener en relaci\u00f3n con el modelo de palabra de la que quiere hacerse propiamente \u00abo\u00ed\u00addo\u00bb: en este caso en relaci\u00f3n con ese hablar caracter\u00ed\u00adstico que es el hablar propio de Dios, que se distingue, especialmente, en su estatuto, por su poder din\u00e1mico-creativo, que lo hace infaliblemente eficaz en los efectos que pretende. La palabra de Dios se autopronuncia realizando cuanto dice, cumpliendo cuanto promete: \u00abDijo y se hizo\u00bb (Sal 33:6-9; G\u00e9n 1; Sab 9:1).<\/p>\n<p>La palabra de Dios es, pues, gesto creador, acontecimiento e historia, ante la que no es posible permanecer pasivo. Al oyente se le impone tomar posici\u00f3n: cumpli\u00e9ndola, obedeciendo, realiz\u00e1ndola o realiz\u00e1ndose conforme a ella, En efecto, tal modelo de palabra determina no s\u00f3lo los contenidos, sino la fisonom\u00ed\u00ada, la forma misma de la escucha. Entre muchas formas posibles de \u00abprestar o\u00ed\u00addo\u00bb selecciona y elabora una \u00fanicamente adecuada y proporcionada a la naturaleza de esa palabra. Se trata de ese g\u00e9nero de escucha que, cumplidamente, se opera en realidad s\u00f3lo en una ejecuci\u00f3n, en un gesto o, mejor a\u00fan, en un sistema de gestos, en una praxis org\u00e1nica, en una consumada escuela de acci\u00f3n, que nos permite vivir -no s\u00f3lo en t\u00e9rminos de pensamiento y comprensi\u00f3n- la palabra.<\/p>\n<p>\u00abLa fe sin obras est\u00e1 muerta en s\u00ed\u00ad misma\u00bb (Stg 2:17). Pero \u00bfcu\u00e1les son las obras, los ejercicios, la praxis propia de la fe? Si el obrar no es una variable opcional del creer, sino lugar de expresi\u00f3n de su misma vitalidad y autenticidad, un gen\u00e9rico incremento del nivel-cantidad de la acci\u00f3n y operaci\u00f3n no garantiza por s\u00ed\u00ad mismo que sea verdadera actuaci\u00f3n de esa palabra. La fe cristiana no se cualifica y especifica por una mayor exigencia de obras, sino de sus obras.<\/p>\n<p>2. EJERCICIO-PARTICIPACI\u00ed\u201cN DE LA VIDA DE CRISTO. Efectivamente, se trata de practicar; pero de practicar una persona, de practicar un hombre, Jesucristo, que es acontecimiento escatol\u00f3gico de salvaci\u00f3n. Un practicar que es asumir una forma de existencia, asimilar un estilo de vida: ciertamente explicitado y transmitido en los verba, las ense\u00f1anzas y las normas que nos encontramos en la Escritura, pero manifestado y sintetizado sobre todo en los hechos salv\u00ed\u00adficos de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jesucristo, en quien debemos inspirarnos y asemejarnos.<\/p>\n<p>Si el \u00abobjeto\u00bb de la \u00abpr\u00e1ctica\u00bb del creyente es Cristo mismo, \u00e9sta equivaldr\u00e1 entonces a frecuentarlo, \u00abconocerlo\u00bb (Jua 17:3), \u00abseguirlo\u00bb (Me 1,17), \u00abimitarlo\u00bb (1Co 11:1), dej\u00e1ndose \u00abmodelar\u00bb por \u00e9l (Rom 8:29), hasta compartir totalmente su destino: llevar su cruz (Me 8,34), beber su c\u00e1liz (Me 10,38), morir su muerte y resucitar su resurrecci\u00f3n en el bautismo (Col 2:12; Rom 6:3), participar la vida nueva y definitiva (Jua 14:19), recibir de \u00e9l su reino (Mat 19:28). Estos son los aut\u00e9nticos, irrenunciables e indeclinables ejercicios; \u00e9sta la praxis de todo creyente cristiano.<\/p>\n<p>Obrar-practicar, si se refiere a \u00abcreer en Cristo\u00bb, significa, pues, dar vida a una compleja actitud de reconocimiento-acogida-consentimiento, suscitada por la llamada y el encuentro con Cristo, primera y \u00faltima Palabra del Padre. Esta pr\u00e1ctica, este hacer la verdad (Jua 3:21; 1Jn 1:6), se remonta teol\u00f3gicamente a la obediencia de la fe como a su \u00fanico y radical ejercicio. Que no se trata entonces de \u00abpr\u00e1ctica\u00bb o \u00abejercicio\u00bb dependiente de la pura voluntad del hombre; es una denuncia constante de la Escritura, especialmente repetida en Pablo.<\/p>\n<p>3. GRATUIDAD DEL CREER-PRACTICAR A CRISTO. La exigencia de actuar y practicar se basa en la promesa y en la certeza de la acaecida y gratuita participaci\u00f3n en la nueva creaci\u00f3n dirigida por Cristo: \u00abYa que sois \u00e1cimos, desechad la vieja levadura\u00bb (1Co 5:7-8; cf Rom 6). Tal ejercicio, t\u00ed\u00adpico de la fe, no significa, pues, fundamentalmente, acci\u00f3n, compromiso o esfuerzo aut\u00f3nomo del hombre; no es la celebraci\u00f3n, sino m\u00e1s bien la cr\u00ed\u00adtica de sus propias iniciativas religiosas. No responde, desde luego, a la necesidad, antropol\u00f3gicamente comprensible, de mantenerse \u00abocupado\u00bb y \u00abentretenido\u00bb en el esp\u00ed\u00adritu; de perfeccionarse \u00e9ticamente, estableciendo poco a poco nuevos r\u00e9cords y buscando nuevos logros religioso-morales; responde, m\u00e1s bien, a la urgencia de operar una renovaci\u00f3n que se adecue radicalmente a la acogida-obediencia de la fe. No pretende una afirmaci\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la promoci\u00f3n del dominio de s\u00ed\u00ad, obtenido mediante el ejercicio gradual y el control progresivo de las facultades propias, internas y externas; pretende, m\u00e1s bien, la renuncia total de s\u00ed\u00ad y de las propias metas preestablecidas por parte del hombre-creyente, para que s\u00f3lo Cristo disponga de \u00e9l: \u00abSi alguien quiere venir detr\u00e1s de m\u00ed\u00ad, reniegue de s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz (cada d\u00ed\u00ada: Lev 9:23) y me siga. Porque quien quiere salvar su vida la perder\u00e1, pero quien pierda su vida por mi causa la encontrar\u00e1\u00bb (Mat 16:26-28; Me 8,34-36).<\/p>\n<p>Practicar es, pues, fundamentalmente, \u00abpracticar la propia muerte\u00bb o la \u00abpropia p\u00e9rdida\u00bb, \u00abllevando siempre y por doquier en nuestro cuerpo la muerte de Jes\u00fas, para que tambi\u00e9n la vida de Jes\u00fas se manifieste en nuestro cuerpo\u00bb (2Co 4:10). No se trata, esencialmente, de ejercitarse y entrenarse para \u00abestar en forma\u00bb, en nuestra forma; m\u00e1s bien, justamente, para no estarlo, para renunciar a estarlo; para despojarse de ella y asumir \u00fanicamente la \u00abforma\u00bb de Cristo. No es el ejercicio de s\u00ed\u00ad para ser due\u00f1o de s\u00ed\u00ad, sino el ejercicio de Otro para dejarse identificar y conducir exclusivamente por El.<\/p>\n<p>En cuanto unida a una acogida de vida \u00faltima y definitiva, como sucede en Cristo, tal mortificatio y n\u00e9krosis (2Co 4:10; Col 3:3-5), tal \u00abdirigirse al suplicio de la cruz\u00bb (Lev 9:23; Lev 14:27) no se reduce a la simple eliminaci\u00f3n -aunque sea fatigosa y penosa- de aspectos fr\u00e1giles, m\u00ed\u00adseros y mezquinos de nosotros mismos. Es un verdadero y propio desentendimiento y sacrificio de s\u00ed\u00ad mismo por un amor m\u00e1s grande y fuerte: el de Cristo. Sacrificio que prev\u00e9 y engloba incluso una renuncia a los bienes y a la riqueza (Lev 14:33), un \u00abno buscar lo que es nuestro\u00bb (1Co 13:5), un desapego de los familiares (Lev 14:27-33) , un desagrado de s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Rom 15:1-3).<\/p>\n<p>II. Proceso y laboriosidad de la aceptaci\u00f3n de la fe<br \/>\n1. CAR\u00ed\u0081CTER CRUENTO Y \u00abAGON\u00ed\u008dSTICO\u00bb DE LA PRAXIS DE LA FE.<\/p>\n<p>Semejante ejercicio, semejante praxis, que tan s\u00f3lo es obediencia a su forma revelada, no est\u00e1, precisamente por eso, disponible o accesible al no creyente. \u00c2\u00a1Incluso constituye un obst\u00e1culo para el convertido! Renacido como sujeto agente y pensante, recreado en su nous o en su kard\u00ed\u00ada o en su syn\u00e9idesis (Rom 1:21-28; Rom 2:5; Rom 12:5Efe 4:17-24; Tit 1:15-16), siempre tendr\u00e1 que admitir, sin embargo, que tal ejercicio no es una pr\u00e1ctica supuesta y vac\u00ed\u00ada, un aprendizaje desnudo o un puro entretenimiento, sino una dura prueba y una batalla real, una lucha y milicia penosa.<\/p>\n<p>El espec\u00ed\u00adfico \u00abejercitarse\u00bb de la fe no es una especie de previa e inocua reconstrucci\u00f3n experimental, a modo de training, de las situaciones peligrosas, en que \u00e9sta pueda encontrarse. No responde principalmente al papel de \u00abficci\u00f3n preparatoria\u00bb de la fe, ocupando un espacio previo o puramente introductorio, como si se tratase de una especie de aprendizaje inicial que, fortaleciendo hoy, diplomase y preparara para las batallas del ma\u00f1ana. El ejercitarse \u00ed\u00adntimamente unido a la fe es algo por entero extensivo a \u00e9sta, a todas sus fases iniciales o finales, no a uno solo de sus estadios o de sus etapas; adem\u00e1s, es algo cuya dificultad y seriedad no se reduce a la mitigada de la palestra, sino a la verdadera y cruenta del combate.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad fue para Ad\u00e1n, para quien el ejercicio de la obediencia a la palabra de Dios comportaba renuncias y abdicaciones necesarias (G\u00e9n 2:17). As\u00ed\u00ad fue para los grandes prototipos de la fe de quienes habla la carta a los Hebreos: ellos, incansablemente, debieron poner a prueba y conservar, a menudo al precio de enormes renuncias y privaciones, su actitud de creyentes (Heb 11).<\/p>\n<p>De esta dimensi\u00f3n agon\u00ed\u00adstica y laboriosa de la fe y praxis cristiana, Pablo hace una continua experiencia y profesi\u00f3n. Las figuras tan empleadas del luchador (ITes 2,2), del atleta en el estadio, del gladiador en la arena (lCor 9,24-27), del buen combatiente en la batalla, del corredor en competici\u00f3n (2Ti 2:4; 2Ti 2:7), del vencedor coronado, del cristiano \u00abmovilizado\u00bb y \u00abarmado\u00bb (Efe 6:10-18; 1Ts 5:8) constituyen elementos de un simbolismo insistente sobre el combate espiritual (2Co 10:3-5), a trav\u00e9s del cual Pablo lee y propone la propia experiencia de la fe y de su ejercicio.<\/p>\n<p>Tal sentido general de la lucha, fisiol\u00f3gicamente unida a la pr\u00e1ctica de la vida nueva en el esp\u00ed\u00adritu, asume, adem\u00e1s, determinaci\u00f3n y fisionom\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitas y concretas en la revelaci\u00f3n de una serie de contrastes y de oposiciones que calificar\u00ed\u00adan el hecho de la experiencia cristiana. Pablo, al esbozarlas, confiere profundidad real al penoso y dram\u00e1tico \u00abejercitarse\u00bb propio de la fe cristiana. Desenmascara entonces la contradicci\u00f3n inevitable entre la carne y el esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5:13; R\u00f3m 8,1-12), entre el hombre viejo y el hombre nuevo (Col 3:10; Efe 3:15), entre el primero y el nuevo Ad\u00e1n (lCor 15,45-49; Rom 5:12-20), entre la sabidur\u00ed\u00ada de la carne y del esp\u00ed\u00adritu (lCor 1-2), entre la esclavitud y la libertad (Roo 6,15-23), entre el jud\u00ed\u00ado y el gentil (Roo 1-2; Efe 2:11-21).<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n entre los dos polos no es puramente \u00abgimn\u00e1stica\u00bb o \u00abl\u00fadica\u00bb y, como tal, moment\u00e1nea y pac\u00ed\u00adfica, sino insuprimible y sin componendas. No se resuelve o se supera con la conversi\u00f3n, sino que es compa\u00f1era inseparable siempre de la fe. Las dos referencias contrapuestas permanecen para siempre presentes y operantes en el tiempo de la Iglesia que precede a la parus\u00ed\u00ada. Hasta el punto que el cristiano puede definirse fenomenol\u00f3gicamente como aquel que se caracteriza por su cotidiano convivir y crecer dentro de estas tensiones espec\u00ed\u00adficas, movi\u00e9ndose continuamente de un polo a otro, sin anular, huir o superar nunca del todo la fuerza de resistencia del primero hacia el segundo. \u00abDe hecho, bien sabemos que toda la creaci\u00f3n sufre y gime hasta hoy con dolores de parto; no es ella sola, pues nosotros, que poseemos las primicias del esp\u00ed\u00adritu, gemimos internamente esperando la adopci\u00f3n de hijos, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo. Ya que en la esperanza hemos sido salvados&#8230; si esperamos lo que no vemos y le aguardamos con perseverancia (Roo 8,22-25).<br \/>\n2. PROCESO Y CRECIMIENTO DE LA FE. Por esto la conversi\u00f3n, el abrazar la fe, no es algo \u00abya realizado\u00bb definitivamente, sino tambi\u00e9n \u00abpor realizar\u00bb. Es un itinerario y camino inagotable; no tanto un acto concluido cuanto un proceso o un crecimiento continuo. Las reiteradas invitaciones a crecer en el conocimientopraxis de la fe cristiana (2Co 10:15; Efe 4:15; Col 1:10; 1Pe 2:2; 2Pe 3:18) no conocen para este crecimiento t\u00e9rmino o l\u00ed\u00admite alguno que no sea el de la \u00abmedida\u00bb de Cristo hacia el que se ha de tender ininterrumpidamente: \u00abhasta que lleguemos todos&#8230; al hombre perfecto en la medida que conviene a la plena madurez de Cristo\u00bb (Efe 4:13).<\/p>\n<p>Dentro de esta imparable progresi\u00f3n cristiana, Pablo se\u00f1ala la posibilidad de llegar a identificar una variedad de edades o de estadios y la obligatoriedad de proporcionar pedag\u00f3gicamente a \u00e9stos las modalidades y las formas de la asimilaci\u00f3n de la fe; a los reci\u00e9n nacidos no un alimento s\u00f3lido, m\u00e1s adaptado a cuantos ya se han convertido en hombres \u00abespirituales\u00bb, sino simplemente leche (lCor 3,2-4; Efe 4:14; cf tambi\u00e9n 1Pe 2:2). An\u00e1loga posici\u00f3n sugiere la carta a los Hebreos, que esboza la distinci\u00f3n entre unos que han llegado a ser ya maestros y otros todav\u00ed\u00ada ignorantes de la doctrina de justicia: \u00ablos hombres hechos\u00bb y \u00ablos ni\u00f1os\u00bb, \u00abvosotros que deber\u00ed\u00adais ser ya maestros, por razones de tiempo, ten\u00e9is de nuevo necesidad de que alguien, os ense\u00f1e los primeros elementos de los or\u00e1culos de Dios y hab\u00e9is llegado a tener necesidad de leche y no de alimento s\u00f3lido. Ahora bien, quien se nutre todav\u00ed\u00ada de leche es desconocedor de la doctrina de la justicia, porque sigue siendo un ni\u00f1o. El alimento s\u00f3lido, empero, es para los hombres hechos, para los que tienen las facultades adiestradas para distinguir el bien del mal (Heb 5:11-14).<\/p>\n<p>Se\u00f1alada esa elemental distinci\u00f3n entre el estadio infantil y adulto (o perfecto y espiritual) en el proceso de asimilaci\u00f3n de la fe, Pablo reiteradamente solicitar\u00e1 que se desista de la praxis y de las actitudes que ser\u00ed\u00adan t\u00ed\u00adpicas de la primera edad para revestirse de las propias de la segunda: \u00abCuando era ni\u00f1o hablaba como ni\u00f1o, pensaba como ni\u00f1o, razonaba como ni\u00f1o. Convertido en hombre, he abandonado lo que era de ni\u00f1o&#8230; Hermanos, no os comport\u00e9is como ni\u00f1os en los juicios&#8230;, sed&#8230; hombres maduros en los juicios\u00bb (1Co 13:11; 1Co 14:20).<\/p>\n<p>Incluso cuando la dial\u00e9ctica entre infantil y adulto sea reafirmada con la de imperfecto y perfecto (1Co 2:6; 1Co 14:20; Col 4:12), Pablo siempre estar\u00e1 atento a subrayar que el logro de la perfecci\u00f3n debe entenderse como logro no de un estado o de un punto final de llegada y de parada, donde el ejercicio de la fe se concluye, sino de una nueva fase, de un reiterado proceso o dinamismo: \u00abCuantos somos perfectos, debemos tener estos sentimientos&#8230;; mientras tanto, desde el punto al que hayamos llegado, sigamos avanzando en la misma l\u00ed\u00adnea\u00bb (Flp 3:15).<\/p>\n<p>3. ASCESIS CRISTIANA COMO PROCESO Y EJERCICIO DE LA FE. Ser\u00ed\u00ada vano pretender del NT una mayor determinaci\u00f3n de la praxis o de los ejercicios espec\u00ed\u00adficamente correspondientes a estas intuidas diversificaciones de las etapas espirituales. Atento a determinar la imagen y la figura del cristiano aut\u00e9ntico o del \u00abdisc\u00ed\u00adpulo\u00bb; expl\u00ed\u00adcito al indicar los puntos b\u00e1sicos y caracter\u00ed\u00adsticos del creyente cristiano; dispuesto a recoger la exigencia y a convalidar el principio general de una paidefa, de una adaptaci\u00f3n del sujeto al objeto de la fe, el texto b\u00ed\u00adblico se muestra m\u00e1s refractario frente al problema de la identificaci\u00f3n de una espec\u00ed\u00adfica disciplina o de un preciso \u00c2\u00a1ter disciplinar a la madurez de la fe; al menos si se entiende tal \u00c2\u00a1ter disciplinar como proyecto concreto de distribuci\u00f3n de la asimilaci\u00f3n de la fe seg\u00fan contenidos, modos de ense\u00f1anza y de ejercicio que ser\u00ed\u00adan propios de las distintas fases del crecimiento de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Taxativa en la presentaci\u00f3n de la vida del cristiano como acogida-ejecuci\u00f3n de un preciso dise\u00f1o de hombre espiritual, como respuesta a una articulada fenomenolog\u00ed\u00ada del creyente cristiano, de los rasgos del reconocimiento normativamente previstos y prescritos, la experiencia de la Iglesia neotestamentana renuncia a trazar y proponer una m\u00e1s org\u00e1nica articulaci\u00f3n-tipo de los ejercicios unidos a las distintas fases del proceso y de la progresi\u00f3n en la madurez cristiana.<\/p>\n<p>A pesar de la manifiesta sensibilidad por la idea de un camino de la fe gradual y progresivo, de la temporalidad y progresi\u00f3n de la vida cristiana, el NT no se compromete, trazado el cuadro del disc\u00ed\u00adpulo, a proyectarlo en el de una correspondiente disciplina que marque el itinerario hacia la meta. De un cuadro no se deduce el otro, aunque, se legitima y prev\u00e9 la existencia ded segundo.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de la reserva a pasar de una definici\u00f3n de la praxis de la fe a la de una serie de pr\u00e1cticas y ejercicios unidos a ella y evolutivamente programados para sus edades sucesivas, probablemente haya que buscarla en el plano hist\u00f3rico. Para la Iglesia del NT, el problema de la asimilaci\u00f3n de la fe se configura hist\u00f3ricamente sobre todo como el problema de su progresiva asimilaci\u00f3n por parte de y dentro de un mundo y una cultura paganos. No faltan quienes se preocupan de atender y vigilar para que las nuevas comunidades nacidas del anuncio del evangelio contin\u00faen en una asimilaci\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda y adecuada del mensaje recibido; de manera que la Iglesia de los bautizados equivalga o se convierta verdaderamente en la Iglesia de los cristianos aut\u00e9nticos. Pero el objetivo se centra en el paso de la nofe a la fe m\u00e1s que en los caminos internos y subsiguientes a la recepci\u00f3n de esta \u00faltima.<\/p>\n<p>Tampoco hay que olvidar una raz\u00f3n de orden m\u00e1s teol\u00f3gico: la noci\u00f3n de tiempo subyacente en la espiritualidad del NT. Esta noci\u00f3n no se corresponde con la habitual en la cultura occidental de duraci\u00f3n cuantitativa y linealmente progresiva, sino con la de un tiempo discontinuo, fragmentado en un n\u00famero indefinido e imprevisible de kair\u00f3i: de \u00abhoras\u00bb y de momentos fuertes, providencialmente dispuestos por la llamada de Dios para que nuestra fe sea expresi\u00f3n puntual de la voluntad del Padre. La perspectiva, m\u00e1s que la ejecuci\u00f3n de un supuesto proyecto de evoluci\u00f3n lineal y sin fracturas de la vida cristiana, ser\u00e1 entonces la de una respuesta pronta a la voluntad del Padre. Por esto el \u00fanico, radical y reconocido \u00abhacer\u00bb o \u00abejercitarse\u00bb ser\u00e1 exponerse a las sorpresas del \u00abobedecer\u00bb.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: si el NT legitima un discurso de \u00abproceso\u00bb y \u00abprogreso\u00bb en la vida cristiana, relativiza el de la preventiva reglamentaci\u00f3n de su curva evolutiva y de los correspondientes ejercicios.<\/p>\n<p>En todo caso, algunos de estos ejercicios de crecimiento en la fe son bien conocidos y se proponen a la observancia de los cristianos. El ayuno, de modo especial. De hecho, el NT recoge una larga tradici\u00f3n veterotestamentaria de conocimiento y pr\u00e1ctica del ayuno, no explicable por la pura motivaci\u00f3n ritual solamente. La privaci\u00f3n del alimento asume con frecuencia una gran significaci\u00f3n asc\u00e9tico-religiosa. Busca implorar el perd\u00f3n de una culpa (1Re 21:27), obtener el fin de una calamidad (JI 2,1217; Jdt 4:9-13), prepararse para una tarea dif\u00ed\u00adcil (Jue 20:26; Est 4:6), conseguir la apertura y la disponibilidad a la luz divina para quien lo practica (Dan 10:12), expresar el propio luto y pesar por una desventura dom\u00e9stica (2Sa 12:16.22) o nacional (I Sam 7,6; 2Sa 1:12; Bar 1:5; Zac 8:19). En el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, la mayor conciencia de las propias culpas y las de los padres desarroll\u00f3 una particular sensibilidad hacia la penitencia y el ayuno, entendidos como buenas obras, como voluntaria expiaci\u00f3n por los pecados de la comunidad (Sal 3:9), como pr\u00e1cticas piadosas de fe y devoci\u00f3n (Tob 12:8).<\/p>\n<p>En este sentido ayunan los disc\u00ed\u00adpulos del Bautista y los fariseos (Mar 2:18; Luc 18:12). El mismo Cristo inaugura su misi\u00f3n mesi\u00e1nica con un ayuno, que expresa su abandono confiado a la voluntad del Padre (Mat 4:14), e invita a mantener tal ejercicio piadoso dentro del \u00e1mbito del puro amor de Dios, recubri\u00e9ndolo por esto de secreto y discreci\u00f3n (Mat 6:17ss).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Pablo, que debe, a causa de su apostolado, sufrir el hambre y la sed en muchas circunstancias, se somete a repetidos ayunos (2Co 6:15; 2Co 11:27) y \u00abcastiga\u00bb su cuerpo hasta reducirlo a esclavitud (1Co 9:27).<\/p>\n<p>La Escritura atribuye an\u00e1loga consideraci\u00f3n a la !limosna: transmite formas taxativas y codificadas (Lev 19:9; Lev 23:22; Deu 24:20; Deu 14:28; Tob 1:8); pero llama tambi\u00e9n a una generosidad personal (Pro 3:27; Pro 14:21) y delicadeza (Sir 18:15ss). La recomienda Cristo como ejercicio que no debe hacerse con ostentaci\u00f3n (Mat 6:14) ni con medida (Luc 6:30): el disc\u00ed\u00adpulo debe darlo .todo en limosna (Luc 11:41) para seguir a Jes\u00fas sin a\u00f1oranza. La colecta que Pablo hace en favor de la Iglesia de Jerusal\u00e9n expresa y traduce el sentido colectivo del ejercicio de la limosna dentro de las comunidades cristianas y significa la comuni\u00f3n entre ellas (G\u00e1l 2:10; Rom 15:26ss).<\/p>\n<p>III. La tradici\u00f3n de la Iglesia:<br \/>\n      figura y tipolog\u00ed\u00ada de la ascesis cristiana<br \/>\nEn la Iglesia de los primeros siglos, la instancia neotestamentaria que concibe la configuraci\u00f3n con Cristo como carrera y proceso continuo se abre paso claramente. Est\u00e1 bien expresada en los padres apost\u00f3licos y en los apologistas del siglo ii, que justamente presentan con frecuencia la fe cristiana recurriendo a la figura del atleta (CLEMENTE ROMANO, Ad Cor., 5,1; IGNACIO DE ANTIOQUIA, Ad PoL, 1,3; 2,3; 3,1). De este \u00abatletismo\u00bb no se desprende todav\u00ed\u00ada una precisa \u00abdisciplina\u00bb o un preciso cursus asc\u00e9tico. Van, sin embargo, prepar\u00e1ndose y dibuj\u00e1ndose de manera cada vez m\u00e1s completa algunas figuras catalizadoras de la exigencia y del ejercicio asc\u00e9tico dentro del cristianismo. La vida y la praxis cristiana, en el esfuerzo de explicitar en sus consecuencias operativas el principio general de la participaci\u00f3n en la vida de Cristo, han buscado por instinto precisar las maneras en las que puede expresarse y realizarse tal participaci\u00f3n, logrando proponer tres c\u00e1nones en torno a los cuales se organiza y discierne la futura ascesis cristiana: el martirio, la virginidad y el monacato.<\/p>\n<p>1. MARTIRIO, VIRGINIDAD, MONACATO: \u00abTIPOS\u00bb DE LA ASCESIS CRISTIANA. Precisamente porque es uni\u00f3n a la pasi\u00f3n de Cristo, el aspecto doloroso de su vida y, a la vez, prueba suprema del amor por \u00e9l, el martirio se convierte en el paradigma esencial de la vida cristiana y de su asc\u00e9tica. La pr\u00e1ctica m\u00e1s o menos sistem\u00e1tica de \u00e9sta constituir\u00e1 s\u00f3lo una introducci\u00f3n o preparaci\u00f3n para aqu\u00e9l. Esta dictar\u00e1 los ejercicios, las renuncias, los controles de s\u00ed\u00ad y de las cosas capaces de hacer del cristiano en caso necesario un m\u00e1rtir intr\u00e9pido, o al menos de construirlo como hombre \u00absobrio\u00bb y en\u00e9rgico, \u00abfirme como el yunque\u00bb (IGNACIO, Ad Pol., 2,3; 3,1), presto a despegarse de este mundo (OR\u00ed\u008dGENES, Exhortaci\u00f3n al martirio, 37,39, 41-44).<\/p>\n<p>Volver\u00e1n a entrar en esta perspectiva mil advertencias tendentes a disponer de un modo desinteresado de los propios bienes, atento a las exigencias de los pobres y capaz de hacer limosnas; a favorecer, adem\u00e1s de la oraci\u00f3n lit\u00fargica y comunitaria, tambi\u00e9n la privada, practic\u00e1ndola varias veces al d\u00ed\u00ada; a guardar el ayuno de alimento y de bebida dos veces por semana (mi\u00e9rcoles y viernes); a promover la abstenci\u00f3n de espect\u00e1culos basados en el culto a la violencia (combates de gladiadores y con fieras) y de diversiones imp\u00fadicas.<\/p>\n<p>Sin embargo, con el cambio -sobre todo inmediatamente despu\u00e9s de la paz constantiniana- de las condiciones socio-religiosas del imperio, emerge de manera m\u00e1s aguda un problema que ya se hab\u00ed\u00ada perfilado antes: la b\u00fasqueda de un equivalente del martirio para quien, habi\u00e9ndose formado y preparado para esta forma radical de testimonio, ve que no la va a realizar. La \/virginidad, arraigada ya en la Iglesia desde sus or\u00ed\u00adgenes, es asumida progresivamente como sustituci\u00f3n y suplencia del martirio no alcanzado; y esto, precisamente, por tratarse en esencia de una oferta voluntaria y total como la del martirio. En torno a este eje central se actualizar\u00e1 y adquirir\u00e1 forma una respectiva gama de gestos, comportamientos, ejercicios o renuncias espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>Si la virginidad llega a vivirse en el interior del propio ambiente, exigir\u00e1 determinadas actitudes de car\u00e1cter prudencial y determinadas tutelas que ofrezcan protecci\u00f3n contra riesgos y peligros. Cipriano recomienda la modestia en el vestido, el desprecio de los placeres pasajeros, el desapego del coraz\u00f3n, la huida de las reuniones mundanas (De habitu virginum). Adem\u00e1s, la experiencia indicar\u00e1 como muy id\u00f3neo el ejercicio de algunos ritmos de silencio, de algunas vigilias, de algunas disciplinas y mortificaciones cautelares de los propios sentidos. Metodio de Olimpia, sobre todo en la primera de sus Epistolae ad virgines, insiste en la dedicaci\u00f3n positiva del tiempo propio a reuniones de oraci\u00f3n, visitas a los hu\u00e9rfanos, a las viudas, a los pobres, a los enfermos.<\/p>\n<p>Si la virginidad se realiza de forma cenob\u00ed\u00adtica, \u00e9sta, a su vez, termina por asumir y modelar, seg\u00fan una imagen y dise\u00f1o propios, elementos que surgen en la pr\u00e1ctica de la virginidad vivida bien en forma erem\u00ed\u00adtica y anacor\u00e9tica, bien en el ambiente mundano de los primeros siglos. El examen de conciencia, como testimonia san Antonio (PG 26,922), siempre ha gozado de gran importancia en la vida erem\u00ed\u00adtica y anacor\u00e9tica, contando, adem\u00e1s, con la situaci\u00f3n de escaso control en que viv\u00ed\u00ada el eremita o el anacoreta como persona dejada a su propia iniciativa.<\/p>\n<p>En la vida cenob\u00ed\u00adtica se asume la pr\u00e1ctica del examen de conciencia, aunque equilibrada e integrada dentro de la habitual sumisi\u00f3n a la direcci\u00f3n espiritual de otro miembro de la comunidad. Adem\u00e1s, las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas menos abandonadas ala inventiva de cada uno se piensan y valoran en funci\u00f3n y seg\u00fan la medida y discreci\u00f3n previsibles para la vida de todo un grupo. Se insiste m\u00e1s en el m\u00e9todo y en el ritmo que en los \u00e9xitos (exploits) moment\u00e1neos; m\u00e1s en las virtudes \u00absociales\u00bb (obediencia sobre todo; adem\u00e1s: humildad, trabajo, caridad&#8230;) que en la austeridad de las privaciones personales; m\u00e1s en la renuncia interior que en el rigor de la mortificaci\u00f3n corporal. Pero sobre todo, al basarse la constituci\u00f3n de una comunidad en una regla, tambi\u00e9n la ascesis se convierte en c\u00f3digo, en norma: deja de ser casi el elenco o casillero de todos los actos y ejercicios posibles que parecen conformes a la fe cristiana, convirti\u00e9ndose en un proyecto preciso y admirado. La experiencia, que siempre ha tenido una parte considerable en la g\u00e9nesis de toda expresi\u00f3n asc\u00e9tica, supera ahora los riesgos de empir\u00ed\u00ada unidos a la identificaci\u00f3n del aprovechamiento de este o de aquel ejercicio y resulta una doctrina razonada, una propuesta articulada.<\/p>\n<p>2. DE LA ASCESIS A LA ASCETICA: DE LA PRAXIS A SU TEORIA. El paso de una instancia gen\u00e9rica doctrinal a una formulaci\u00f3n te\u00f3rica mucho m\u00e1s precisa de la ascesis parece relacionarse con el problema del choque cada vez m\u00e1s sistem\u00e1tico entre \u00abfe\u00bb cristiana y gnosis. De hecho, en Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, por primera vez, aparece un esbozo de teor\u00ed\u00ada o doctrina asc\u00e9tica.<\/p>\n<p>Identificando, por la suma de condicionamientos antropol\u00f3gicos e intenciones apolog\u00e9ticas, la \u00abfigura\u00bb del cristiano aut\u00e9ntico con la del gn\u00f3stico perfecto, Clemente presenta una ascesis que ser\u00e1 en realidad s\u00f3lo un instrumento y un grado de ascenso: una ascesis que ser\u00e1 presupuesto real y necesario -pero, en el fondo, puramente pedag\u00f3gico e introductorio- del estadio o nivel gn\u00f3stico del hombre. Indicar\u00e1 la v\u00ed\u00ada de las obras como funcional y subalterna a la v\u00ed\u00ada de la gnosis. Por tanto, la \u00e1skesis correr\u00e1 el riesgo de parecer m\u00e1s una tarea provisional de la fe que una dimensi\u00f3n permanente. La ecuaci\u00f3n creer=practicar tiende a transformarse en la secuencia ejercitarse para saber (o conocer o creer) en la forma m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>Este esquema te\u00f3rico fundamental pasa de Clemente a Or\u00ed\u00adgenes y a Evagrio, que en el contexto de un cuadro general neoplat\u00f3nico lo desarrolla en sus formas m\u00e1s r\u00ed\u00adgidas y precisas. Identificados en el per\u00ed\u00adodo gn\u00f3stico la fase acabada del itinerario espiritual y el nivel m\u00e1s aut\u00e9ntico de la personalidad cristiana, Evagrio asigna al momento pr\u00e1ctico o asc\u00e9tico el papel de proped\u00e9utica a la gnosis. Esta praxis o ascesis (bios praktik\u00f3s) inicial tiene por fin suscitar una ap\u00e1the\u00ed\u008da, que \u00abtiene como hija a la caridad\u00bb, que a su vez introduce y es \u00abpuerta para la gnosis\u00bb (A. Guillaumont, p. 493).<\/p>\n<p>Al introducir la fase asc\u00e9tica como subordinada y preparatoria a la \u00abcontemplativa\u00bb, de modo inevitable se favorecer\u00e1n, como contenido espec\u00ed\u00adfico de esta ascesis, aquellos ejercicios y gestos que tienden m\u00e1s directamente a controlar la parte \u00abirascible\u00bb y \u00abconcupiscible\u00bb del alma y a promover su parte \u00abracional\u00bb, hecha espec\u00ed\u00adficamente para la pura contemplaci\u00f3n. Volver\u00e1n a entrar en este orden aquellas invitaciones y sugerencias pr\u00e1cticas tendentes a alcanzar un estadio angelical (is\u00e1ngelos) mediante la trascendencia de la propia corporeidad, en la l\u00ed\u00adnea de una equ\u00ed\u00advoca b\u00fasqueda de inmaterialidad.<\/p>\n<p>Es tendencia a hacer de la ascesis uno de . .s grados (el inicial) de la vida espiritual aparece en san Gregorio de Nisa. Su doctrina de los grados de la vida espiritual es en realidad s\u00f3lo una teor\u00ed\u00ada de los grados de la ascensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Tambi\u00e9n en el Pseudo-Dionisio -si bien su esquema de las tres v\u00ed\u00adas (purgativa, iluminativa, unitiva) parece competir con el de Evagrio- permanece la perspectiva que tiende a orientar y a absorber la asc\u00e9tica dentro de la gnosis m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>En la Edad Media la distinci\u00f3n entre incipientes, proficientes, perfecti (SANTO TOM\u00ed\u0081S, S. Th., II-II, q. 24, a. 9; q. 183, a. 4), heredada de Agust\u00ed\u00adn y de Gregorio Magno, no tiene ya esta orientaci\u00f3n netamente m\u00ed\u00adstica y se vuelve m\u00e1s atenta a admitir la ascesis como una dimensi\u00f3n perenne de la vida cristiana, y no simplemente etapa, momento o per\u00ed\u00adodo suyo. Pero esta distinci\u00f3n medieval a menudo no va m\u00e1s all\u00e1 de una divisi\u00f3n puramente formal: \u00bfCu\u00e1les son los contenidos, cu\u00e1les las caracter\u00ed\u00adsticas propias de la fase incipiente de la vida cristiana, cu\u00e1les los de su fase avanzada o de su forma perfecta?<br \/>\nLa incertidumbre a la hora de dar una respuesta precisa y plausible a tal pregunta ha favorecido la tendencia a acercar y sobreponer este esquema medieval al del areopagita de las tres v\u00ed\u00adas y asimilarlos el uno al otro, con el equ\u00ed\u00advoco de deber transformar a todos los perfectos en m\u00ed\u00adsticos; o la obligaci\u00f3n de hacer de la experiencia m\u00ed\u00adstica el test de la perfecci\u00f3n que juzga de la santidad de cuantos no son m\u00ed\u00adsticos. En cualquier caso el discurso corre el riesgo de ser formulado movi\u00e9ndose m\u00e1s en una perspectiva m\u00ed\u00adstico-contemplativa que a partir de una perspectiva m\u00e1s global de vida cristiana. De hecho, tambi\u00e9n en la m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola de los siglos xvi y xvii, incluidos santa Teresa de Jes\u00fas y san Juan de la Cruz, las distinciones de contenido de las distintas etapas del camino espiritual mirar\u00e1n esencialmente a las etapas internas de la vida m\u00ed\u00adstica. Esta ascensi\u00f3n contemplativa, m\u00e1s que la totalidad y globalidad de la ascesis cristiana, es lo que constituye el objeto m\u00e1s inmediato del discurso.<\/p>\n<p>Todo esto por un prejuicio o equ\u00ed\u00advoco inicial: la previa -.y a veces inconsciente- identificaci\u00f3n o superposici\u00f3n de la figura del cristiano sin m\u00e1s con una determinada imagen de cristiano: en este caso, la absoluta fusi\u00f3n del cristiano aut\u00e9ntico con el m\u00ed\u00adstico o contemplativo. La prueba m\u00e1s evidente de esta absorci\u00f3n de la ascesis en la contemplaci\u00f3n ser\u00e1 que hasta el siglo xvi la expresi\u00f3n \u00abteolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica\u00bb resulta totalmente desconocida, y que los problemas de la ascesis encontrar\u00e1n espacio, hasta ese tiempo, s\u00f3lo en las p\u00e1ginas de los tratados de \u00abteolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica\u00bb. De otro lado, tampoco la sucesiva y moderna contraposici\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica y teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica contribuir\u00e1 mucho a la causa de un correcto planteamiento y comprensi\u00f3n de la vivencia, asc\u00e9tica o m\u00ed\u00adstica. Tanto en un caso como en otro se comete el mismo error de comenzar por la absolutizaci\u00f3n de sus dimensiones y expresiones: asc\u00e9tica o m\u00ed\u00adstica, y no por la figura revelada del cristiano.<\/p>\n<p>3. L\u00ed\u008dMITES DE UNA TEORIZACI\u00ed\u201cN \u00abM\u00ed\u008dSTICA\u00bb DE LA ASCESIS. El primer establecimiento de una doctrina de los grados de la vida espiritual, capaz de identificar etapas precisas de la vida cristiana y de caracterizarlas con \u00abejercicios\u00bb particulares propios de esa fase, muestra, pues, la evidente conexi\u00f3n de la ascesis con la concreta interpretaci\u00f3n que se hace de la imagen del cristiano, al menos en cuanto a los contenidos se refiere.<\/p>\n<p>Cuando la imagen del cristiano se identifica con un canon preciso, el del m\u00e1rtir, la ascesis cristiana asumir\u00e1, inevitablemente, las caracter\u00ed\u00adsticas de este modelo.<\/p>\n<p>Cuando, pasada la \u00e9poca del ideal del martirio, se siga cometiendo el error de la identificaci\u00f3n entre la imagen del creyente aut\u00e9ntico y un tipo preciso y leg\u00ed\u00adtimo suyo (en este caso el de virgen, monje o m\u00ed\u00adstico), la ascesis cristiana se seguir\u00e1 entendiendo preconcebidamente s\u00f3lo a partir de este modelo.<\/p>\n<p>Se creer\u00e1 presentar as\u00ed\u00ad una ascesis v\u00e1lida para todos los cristianos, cuando, en realidad, se generaliza una imagen de la ascesis tomada de un modelo cristiano concreto. Es lo que ocurri\u00f3 con la imagen mon\u00e1stica de la ascesis. Habi\u00e9ndose entendido previamente al monje como la imagen m\u00e1s aut\u00e9ntica y radical del cristiano y estando las reglas mon\u00e1sticas entre los primeros y m\u00e1s logrados estudios y proyectos de ascesis, \u00e9stas \u00faltimas acabaron por constituir para la ascesis el paradigma de cualquier otra figura dentro de la Iglesia (la laica, p.ej.), da\u00f1ando durante muchos siglos la valoraci\u00f3n de su espec\u00ed\u00adfica experiencia y corriendo el riesgo de estancar la reflexi\u00f3n asc\u00e9tica general al confrontarse con una sola expresi\u00f3n e imagen suya.<\/p>\n<p>Algo parecido se puede decir de la imagen m\u00ed\u00adstico-contemplativa de la asc\u00e9tica, que ha acabado por imponerse. A la larga, no pod\u00ed\u00ada dejar de aparecer distorsionada a quienes no sent\u00ed\u00adan una especial vocaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n. Con el paso del tiempo, la imagen mon\u00e1stica y contemplativa de la ascesis ha terminado por generar en el creyente la opini\u00f3n de que la ascesis no es una realidad y una tarea de todos los cristianos, sino algo exclusivo de algunas categor\u00ed\u00adas precisas de personas dentro de la Iglesia, las dedicadas a la vida religiosa y contemplativa.<\/p>\n<p>IV. Identidad cristiana de la \u00abascesis\u00bb: teolog\u00ed\u00ada y magisterio<br \/>\nA aumentar el malestar de la mayor\u00ed\u00ada de los creyentes en relaci\u00f3n con la ascesis ha contribuido tambi\u00e9n la sospecha de que esta ascesis no representa algo original del cristianismo, sino s\u00f3lo recuerdo y herencia del encuentro con algunas culturas, formas de pensamiento y de religiosidad que se han sucedido a lo largo de la historia.<\/p>\n<p>Desde luego, es obvio que la ascesis en cuanto tal no constituye un producto exclusivo del cristianismo, sino un fen\u00f3meno general que va unido a una visi\u00f3n determinada sobre el hombre que emana de su lectura filos\u00f3fica o religiosa. Con las m\u00faltiples expresiones de este fen\u00f3meno y con sus fundamentaciones te\u00f3ricas, la ascesis cristiana no puede eludir el di\u00e1logo si se produce el contacto. Y en este intercambio la necesidad de ofrecer garant\u00ed\u00adas ha podido ser un riesgo algo m\u00e1s que te\u00f3rico para la historia de la ascesis cristiana. Quiz\u00e1 ha podido alimentar la idea de una cierta connivencia con alguna ascesis de tipo cultural que, basada en la contraposici\u00f3n entre sagrado y profano, insiste en la voluntaria privaci\u00f3n de alg\u00fan bien y alg\u00fan valor para sacrificarlo, sustray\u00e9ndose as\u00ed\u00ad al \u00e1mbito de lo profano y poni\u00e9ndose en relaci\u00f3n con la divinidad y el absoluto.<\/p>\n<p>En realidad, las privaciones que la ascesis cristiana autoriza no significan un desprecio a la supuesta profanidad de lo creado, sino una participaci\u00f3n en la muerte de Cristo, gesto supremo de amor hacia toda criatura,<br \/>\nLa mencionada tendencia, de corte neoplat\u00f3nico, a integrar la ascesis cristiana dentro de una teor\u00ed\u00ada de la contemplaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica puede parecer incluso una peligrosa concesi\u00f3n a un tipo de ascesis m\u00ed\u00adstica f\u00e1cil de encontrar en la historia de las religiones. Seg\u00fan la perspectiva de este tipo de ascesis, hay todo un conjunto de ejercicios y de t\u00e9cnicas (ayunos, reg\u00ed\u00admenes vegetarianos, abstenci\u00f3n sexual, mortificaci\u00f3n corporal, t\u00e9cnicas y ritmos de respiraci\u00f3n y de oraci\u00f3n&#8230;) que se prestan para preparar e inducir el entusiasmo religioso, la concentraci\u00f3n contemplativa y la experiencia m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Pero la aceptaci\u00f3n de la primac\u00ed\u00ada de la contemplaci\u00f3n o m\u00ed\u00adstica, que la ascesis cristiana ha se\u00f1alado objetivamente durante \u00e9pocas enteras, no significa que \u00e9sta haya concebido tambi\u00e9n la ascesis como esfuerzo e intento de acceder por s\u00ed\u00ad misma a Dios,.como voluntad de autodivinizaci\u00f3n. En efecto, la ascesis cristiana, incluso cuando sugiere c\u00f3mo practicar y ejercitar la acogida de 1a vida divina, siempre es consciente de que esa vida nos la confiere s\u00f3lo el amor soberanamente libre y gratuito. de Dios.<\/p>\n<p>La historia evidencia tambi\u00e9n, sobre todo durante e inmediatamente despu\u00e9s del iluminismo, el tributo que la ascesis cristiana ha pagado a este tipo de ascesis moral, de origen m\u00e1s filos\u00f3fico que religioso. Seg\u00fan esta orientaci\u00f3n, cualquier ejercicio asc\u00e9tico est\u00e1 precisamente en funci\u00f3n del dominio de s\u00ed\u00ad, consiste en la pr\u00e1ctica del autocontrol y de la autodisciplina con vistas a la realizaci\u00f3n y al desarrollo de las capacidades naturales del hombre. Para este fin se exige normalmente s\u00f3lo la renuncia a lo que es il\u00ed\u00adcito o no provechoso para el desarrollo arm\u00f3nico del hombre. Si, incidentalmente, requiere la privaci\u00f3n de algo l\u00ed\u00adcito, esto sucede a t\u00ed\u00adtulo puramente pedag\u00f3gico: para verificar el tono del propio equilibrio, la consistencia del propio autodominio.<\/p>\n<p>Si no hay duda de que tambi\u00e9n esta ascesis de car\u00e1cter human\u00ed\u00adstico y moral tiene una gran importancia para el logro de la salvaci\u00f3n por parte del cristiano, que debe de todos modos practicar la abstenci\u00f3n de cualquier cosa \u00c2\u00a1licita, igualmente es cierto que \u00e9sta no representa la imagen m\u00e1s adecuada y exacta de la ascesis cristiana. De hecho, \u00e9sta consigue toda su identidad por la participaci\u00f3n en el misterio de la cruz y de la muerte de Cristo. Realizada sacramentalmente en el bautismo, tambi\u00e9n debe realizarse existencialmente en la vida del cristiano. Esta realizaci\u00f3n, que es progresiva e inagotable, prev\u00e9 una orquestaci\u00f3n de ejercicios y de pr\u00e1cticas, en parte sugeridos directamente por la Sagrada Escritura, en parte sugeridos por la experiencia cristiana dentro de la Iglesia y precisados a la luz del criterio normativo aportado por la palabra de Dios. Estas complejas praxis asc\u00e9ticas, que tambi\u00e9n refuerzan las capacidades morales y las posibilidades de autodominio humano, no buscan anticipar o captar aut\u00f3nomamente la salvaci\u00f3n, sino tan s\u00f3lo acogerla en t\u00e9rminos verdaderos, es decir, en t\u00e9rminos de \u00abvivencia\u00bb, no s\u00f3lo de \u00abpensamiento\u00bb.<\/p>\n<p>Precisamente por esto la ascesis cristiana prev\u00e9 ejercicios que impliquen al hombre en su esp\u00ed\u00adritu y en su cuerpo, en sus sentidos internos y externos. Y lo implica siempre de manera \u00ablaboriosa&#8217; y \u00abpenosa\u00bb, ya que la ascesis quiere ser libre adhesi\u00f3n al misterio de la pasi\u00f3n y muerte de Cristo; y que la condici\u00f3n de pecado y de fragilidad en la que se halla hist\u00f3ricamente el hombre hace de por s\u00ed\u00ad dif\u00ed\u00adcil el ejercicio de cualquier otra aut\u00e9ntica pero menos comprometida libertad.<\/p>\n<p>\u00ed\u008dntimamente unida a la fe en Cristo, la ascesis cristiana constituye una tarea de la que ning\u00fan creyente cristiano puede eximirse. Esta no constituye una funci\u00f3n o misi\u00f3n s\u00f3lo para categor\u00ed\u00adas especializadas dentro de la Iglesia, sino una vocaci\u00f3n para toda la Iglesia. Lo cual no excluye que la ascesis cristiana pueda asumir tipificaciones y configuraciones diferentes -pero siempre hom\u00f3logasen correspondencia con la pluralidad de tipolog\u00ed\u00adas cristianas a las que concretamente se dirige y que realmente debe interpretar.<\/p>\n<p>Fiel a esta perspectiva, el sensus fidelium, a menudo recibido autorizadamente por el magisterio de la Iglesia, no ha dejado de dar indicaciones a este respecto: peregrinajes, adquisici\u00f3n de indulgencias, obras de misericordia espirituales y corporales, mandamientos de la Iglesia&#8230;<\/p>\n<p>Nacido en otros tiempos, este conjunto asc\u00e9tico corre el riesgo de ver desaparecer el enorme patrimonio espiritual en \u00e9l contenido, a causa de la distancia cultural que lo separa de nosotros. En tal caso, hasta la actual disciplina del ayuno cuaresmal resulta poco comprensible, porque es algo completamente aislado de un proyecto m\u00e1s amplio que est\u00e1 disolvi\u00e9ndose y que el magisterio no deja de reclamar. De hecho, la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Paenitemini, de Pablo VI, confirma que la \u00abIglesia invita a todos a acompa\u00f1ar la conversi\u00f3n interna del esp\u00ed\u00adritu con el ejercicio voluntario de actos de penitencia externa. En primer lugar insiste en que se ejercite la virtud de la penitencia en la fidelidad perseverante a los deberes del propio estado, en la aceptaci\u00f3n de las dificultades provenientes del propio trabajo y de la convivencia humana, soportando con paciencia las pruebas de la vida terrena y de la profunda inseguridad que la invade\u00bb.<\/p>\n<p>[\/Consejos evang\u00e9licos (del cristiano); \/Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n; \/Seguimiento-imitaci\u00f3n].<\/p>\n<p>BIBL.: AA. V V., L \u00e1sc\u00e9se chr\u00e9tienne et l homme contemporain, Par\u00ed\u00ads 1961; AA.VV., Ascesi cristiana, Roma 1977 BOUYER L. y DATrRINo L., La spiritualit\u00e1 dei Padri, Dehoniane, Bolonia 1983; CANALS S., Asc\u00e9tica meditada, Rialp 1972; CRIPPA M., La perferione cristiana oggi, Padua 1977; GUILLAUMONT A. (editado por), Trait\u00e9 pratique ou le Moine I, Cerf Par\u00ed\u00ads 1971; LELOIR L., Deserto e comunione, Tur\u00ed\u00adn 1982; ORIGENES, Exhortaci\u00f3n al martirio, BAC, Madrid; RANNER K., Ensayos de espiritualidad, Herder, Barcelona 1968; STOLz A., L \u00e1scesi cristiana, Brescia 1944.<\/p>\n<p>P. Boracco<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL SUMARIO: I. Estatuto te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de la fe: 1. 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