{"id":17247,"date":"2016-02-05T11:13:13","date_gmt":"2016-02-05T16:13:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autonomia-y-teonomia\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:13","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:13","slug":"autonomia-y-teonomia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autonomia-y-teonomia\/","title":{"rendered":"AUTONOMIA Y TEONOMIA"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO:<br \/>\nI. Novedad de una cuesti\u00f3n antigua:<br \/>\n1. Ra\u00ed\u00adces filos\u00f3ficas y culturales del debate:<br \/>\n    a) Instancia y concepto de autonom\u00ed\u00ada,<br \/>\n    b) Instancia y concepto de teonom\u00ed\u00ada,<br \/>\n    c) Referencias de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n;<br \/>\n2. Tendencias teol\u00f3gicas:<br \/>\n    a) Las razones de la \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb,<br \/>\n    b) Las razones de la \u00ab\u00e9tica de la fe\u00bb,<br \/>\n    c) M\u00e1s all\u00e1 del debate.<br \/>\nII. Reflexiones sistem\u00e1ticas:<br \/>\n1. Moralidad cristiana:<br \/>\n    a) Haber encontrado a Jesucristo,<br \/>\n    b) Vivir el encuentro con Dios en el encuentro con el otro,<br \/>\n    c) La atenci\u00f3n a la relaci\u00f3n con Dios y a la propia moralidad,<br \/>\n    d) Dimensi\u00f3n \u00e9tica de la vida de fe;<br \/>\n2. La moral de los cristianos:<br \/>\n    a) Moralidad cristiana y conocimientos morales,<br \/>\n    b) Dimensi\u00f3n hist\u00f3rica,<br \/>\n    c) Objetividad,<br \/>\n    d) Fe y racionalidad,<br \/>\n    e) Transmisi\u00f3n de valores y normas;<br \/>\n3. La v\u00ed\u00ada del di\u00e1logo \u00e9tico:<br \/>\n    a) En la moral cristiana,<br \/>\n    b) En la moral humana.<\/p>\n<p>I. Novedad de una cuesti\u00f3n antigua<br \/>\nEl cristiano adulto que reflexiona sobre su fe en Jesucristo es consciente de la importancia que tiene su creer para su actuar: la llamada de Dios es llamada a vivir en relaci\u00f3n con \u00e9l; la respuesta toma cuerpo en las decisiones de la vida y en el comportamiento cotidiano. Tambi\u00e9n es consciente -a pesar de las dificultades que puede encontrar- del hecho que la fidelidad al Se\u00f1or en las peque\u00f1as y en las grandes decisiones de la vida conduce a la realizaci\u00f3n de su propia humanidad, de sus expectativas m\u00e1s profundas y aut\u00e9nticas. Sabe que la presencia de Dios en su vida es presencia activa, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de las circunstancias externas, sino tambi\u00e9n y sobre todo a trav\u00e9s de su esperanza espiritual; ah\u00ed\u00ad donde \u00e9l es y se siente m\u00e1s profundamente \u00e9l mismo, con su libertad y su capacidad de comprensi\u00f3n y de decisi\u00f3n. El cristiano sabe que su respuesta debe ser \u00abpersonal\u00bb, es decir, que debe proceder del coraz\u00f3n, de su inteligencia y de su querer (voluntad) para que implique todo lo que es su vida. La gracia no sustituye a su voluntad; m\u00e1s bien la postula y la provoca, la exige. La palabra de Dios no exime a su capacidad humana de comprender lo verdadero y lo bueno; la supone y urge su ejercicio, la anima y la integra. Pero la armon\u00ed\u00ada entre naturaleza y gracia, raz\u00f3n y fe, en la experiencia de los creyentes no es una adquisici\u00f3n tranquila y pac\u00ed\u00adfica. Hay una experiencia de divisi\u00f3n interior, de lucha entre carne y esp\u00ed\u00adritu. Existen unas consecuencias no s\u00f3lo del pecado y de las limitaciones personales, sino tambi\u00e9n de una historia de pecado y de limitaciones que llamamos concupiscencia, ignorancia y error. Y, sin embargo, es este hombre hist\u00f3rico el que es llamado a una vida de creyente, en la b\u00fasqueda y en la realizaci\u00f3n de una vida moral buena y de unos comportamientos correctos.<\/p>\n<p>No es la primera vez en la historia de la Iglesia que aparece la pregunta sobre el \u00abc\u00f3mo\u00bb de esta b\u00fasqueda. Los temas implicados y que hoy aparecen en el debate teol\u00f3gico son antiguos; su contexto problem\u00e1tico es nuevo. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica est\u00e1 empe\u00f1ada en descifrar, dentro de este contexto, los elementos de sentido que piden y hacen posible un intellectusfidei en el hoy de la historia. Continuando y profundizando el tema de la \/especificidad cristiana de la moral de los cristianos, la problem\u00e1tica indicada en los t\u00e9rminos \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abteonom\u00ed\u00ada\u00bb pone sobre la mesa las diversas cuestiones de teolog\u00ed\u00ada moral fundamental, confront\u00e1ndolas con una serie de demandas espec\u00ed\u00adficas de nuestro tiempo unidas a situaciones eclesiales y culturales, pero tambi\u00e9n a determinadas premisas filos\u00f3ficas que han entrado a formar parte de una generalizada concepci\u00f3n del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>1. RA\u00ed\u008dCES FILOS\u00f3FICAS Y CULTURALES DEL DEBATE. La viveza de la discusi\u00f3n, que han mantenido sobre todo los te\u00f3logos moralistas de origen cultural alem\u00e1n, pero que se ha extendido por todos los pa\u00ed\u00adses de Occidente, indica la seriedad del problema y muestra a la vez claramente c\u00f3mo est\u00e1n en juego categor\u00ed\u00adas mentales, conceptos y sensibilidades que tienen ra\u00ed\u00adces muy profundas en la historia del pensamiento, ya antes del contempor\u00e1neo, y que desbordan el espec\u00ed\u00adficamente teol\u00f3gico. Habr\u00e1 que poner atenci\u00f3n a qu\u00e9 instancias y a qu\u00e9 conceptos est\u00e1n unidos los t\u00e9rminos \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abteonom\u00ed\u00ada\u00bb en el contexto actual para poder sacar de este mismo debate indicaciones clarificadoras sobre el problema.<\/p>\n<p>a) Instancia y concepto de autonom\u00ed\u00ada. La afirmaci\u00f3n de la autonom\u00ed\u00ada de la moral encuentra su formulaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y tem\u00e1tica en la filosof\u00ed\u00ada de E. Kant, y por lo tanto en el contexto cultural del iluminismo. Se reivindica para la moral un estatuto epistemol\u00f3gico y una fundamentaci\u00f3n propios: de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica y de sus condiciones de posibilidad, no desde otros \u00e1mbitos de experiencia o de ciencia, provienen los conocimientos y los juicios morales, con sus criterios de evidencia y verificaci\u00f3n. Aun afirmando una relaci\u00f3n entre el \u00e1mbito moral y el teol\u00f3gico (Dios es postulado por la raz\u00f3n pr\u00e1ctica), Kant niega que la relaci\u00f3n sea de fundamentaci\u00f3n (en ese caso se tratar\u00ed\u00ada de \u00abheteronom\u00ed\u00ada&#8217; ). Se sabe que, en el pensamiento kantiano, la afirmaci\u00f3n de la autonom\u00ed\u00ada de la moral responde a la necesidad de explicar y fundamentar el car\u00e1cter vinculante de la \u00e9tica, el \u00abdeber\u00bb; desde esta perspectiva, el hombre, en cuanto ser racional, tiene en s\u00ed\u00ad mismo su propia ley.<\/p>\n<p>Sucesivas posturas m\u00e1s radicales, denominadas con el t\u00e9rmino gen\u00e9rico de \u00abautonomismo\u00bb, han indicado despu\u00e9s que toda afirmaci\u00f3n de Dios y de la relaci\u00f3n con \u00e9l era necesariamente heter\u00f3noma: la exigencia de autonom\u00ed\u00ada se convierte en exigencia de emancipaci\u00f3n de Dios y de su negaci\u00f3n; la religi\u00f3n pasa a ser entendida como un factor de \u00abminoridad\u00bb, estar\u00ed\u00ada contra el hombre, y la teolog\u00ed\u00ada contra la raz\u00f3n. Otras corrientes filos\u00f3ficas (especialmente la \u00abteor\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adtica\u00bb de la escuela de Frankfurt) llegan a cuestionar la confianza iluminista en la raz\u00f3n, recordando sus limitaciones visibles y manifiestas en las consecuencias hist\u00f3ricas de la convivencia social y pol\u00ed\u00adtica (guerras mundiales).<\/p>\n<p>Ni la formulaci\u00f3n kantiana ni su contexto iluminista son algo totalmente nuevo si se mira lo que subyace en el fondo del concepto de autonom\u00ed\u00ada. Las \u00e9pocas de \u00abhumanismo\u00bb, en sus distintas expresiones, hab\u00ed\u00adan sido ya antes momentos de afirmaci\u00f3n del valor originario de lo humano. Baste pensar, dentro de la filosof\u00ed\u00ada y la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica, en el tema de la \/ ley natural, en el papel atribuido a la \/conciencia en la experiencia \u00e9tica, a la dignidad y la funci\u00f3n de la raz\u00f3n en teolog\u00ed\u00ada. Por otra parte, la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre el iluminismo en la cultura posterior no ha hecho tabula rasa de sus logros y planteamientos en t\u00e9rminos de autonom\u00ed\u00ada de lo humano. Lo que distingue al humanismo actual del de los siglos XII y xln, por ejemplo, es sobre todo el acento antropoc\u00e9ntrico que nuestra cultura .-tambi\u00e9n la teol\u00f3gica- ha asumido tan profundamente. El papel y el peso de la secularizaci\u00f3n, tambi\u00e9n en torno a la problem\u00e1tica de la autonom\u00ed\u00ada moral, est\u00e1 en l\u00ed\u00adnea de continuidad con los mismos planteamientos subyacentes. En nombre de la dignidad del hombre y de la autonom\u00ed\u00ada de la raz\u00f3n se toman posturas claramente en contra de la religi\u00f3n o se afirma su irrelevancia; desde los mismos planteamientos se afirma, a su vez, la importancia de la fe cristiana e incluso su necesidad como fundamento y garant\u00ed\u00ada de lo aut\u00e9nticamente humano.<\/p>\n<p>b) Instancia y concepto de teonom\u00ed\u00ada. En el campo teol\u00f3gico parece obvio afirmar la fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma de la \u00e9tica. Y, sin embargo, ni siquiera el concepto de teonom\u00ed\u00ada es tan un\u00ed\u00advoco que pueda pasar indemne a trav\u00e9s de contextos culturales, filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos diversos. En la antigua escol\u00e1stica, tambi\u00e9n para la \u00e9tica Dios era el legislador \u00aben cuanto\u00bb creador (ley moral natural) y redentor (ley evang\u00e9lica o del esp\u00ed\u00adritu [\/ Ley nueva]). Pero cuando el jusnaturalismo interpret\u00f3 de forma m\u00e1s bien positivista la ley natural, la imagen de Dios legislador apareci\u00f3 \u00abjunto\u00bb a la de creador y redentor. En el primer contexto, autonom\u00ed\u00ada y teonom\u00ed\u00ada no se encontraban en clara contradicci\u00f3n. En el segundo, en cambio, la teonom\u00ed\u00ada asumi\u00f3 una manifiesta connotaci\u00f3n heter\u00f3noma. Frente a \u00e9sta reaccion\u00f3 de hecho el iluminismo, pero no s\u00f3lo \u00e9l. Una fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma\/ heter\u00f3noma resultar\u00ed\u00ada inaceptable hasta para la teolog\u00ed\u00ada cristiana, que, sin embargo, no puede renunciar a una fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma. El planteamiento de fondo subyacente en el concepto de teonom\u00ed\u00ada, en cuanto exigencia de la fe, y por lo tanto presente de diversas maneras en toda la tradici\u00f3n teol\u00f3gica, es suficiente y satisfactorio cuando Dios es entendido como fundamento real de la moral humana, en cuanto fundamento y fin del hombre.<\/p>\n<p>c) Referencias de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n. Al te\u00f3logo que quiera encontrar motivaciones para su posici\u00f3n en torno al problema de la relaci\u00f3n entre teonom\u00ed\u00ada y autonom\u00ed\u00ada le es pr\u00e1cticamente inevitable contrastar los textos de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica. En cualquier caso suele hacerse, al menos impl\u00ed\u00adcitamente, a trav\u00e9s de un conocimiento asimilado de las fuentes, tal como de hecho est\u00e1 presente en el modo de comprender la propia fe y la moral dentro de ella. De forma m\u00e1s o menos amplia, este contraste existe, incluso de forma expl\u00ed\u00adcita, en el debate actual en cuesti\u00f3n. Hay que se\u00f1alar de todas formas que la referencia a las fuentes sigue siendo una operaci\u00f3n de gran complejidad. Con ingenuidad o con astucia, siempre es posible forzar el sentido de las fuentes recurriendo a ellas para justificar posiciones ya tomadas m\u00e1s que para buscar luz sobre las posturas a adoptar: En cualquier caso, nunca debe hacerse una simple trasposici\u00f3n de argumentos o de textos. Siempre que se lee un texto revelado &#8216;o un p\u00e1rrafo de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica, al preguntarse desde un problema actual ya se le est\u00e1 interpretando. No es el \u00abtexto mismo\u00bb el que responde al interrogante. Es quien hace la pregunta el que puede situarse como interlocutor del texto y encontrar as\u00ed\u00ad una respuesta con la ayuda del mismo. A tal fin convendr\u00e1 ser conscientes de los dos contextos diversos y de la inevitable tarea interpretativa para una operaci\u00f3n hermen\u00e9utica lo m\u00e1s correcta y transparente posible en sus diversos momentos.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos y los conceptos \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abteonom\u00ed\u00ada\u00bb est\u00e1n marcados los dos por la cultura contempor\u00e1nea cuando son usados para expresar la pregunta sobre la relaci\u00f3n que existe entre moral y fe cristiana: su significado est\u00e1 determinado por la red de relaciones que une entre ellos los significados de muchos t\u00e9rminos a ellos referidos en el vocabulario contempor\u00e1neo. Ambos conceptos no son independientes entre s\u00ed\u00ad. Ni la Sagrada Escritura ni santo Tom\u00e1s tienen estos t\u00e9rminos en su vocabulario, y ni siquiera los conceptos correspondientes. Tienen, eso s\u00ed\u00ad, cuestiones y t\u00e9rminos an\u00e1logos si se les entiende correctamente en los presupuestos de sus respectivos contextos. Esta analog\u00ed\u00ada permite su actual comprensi\u00f3n siempre que, a la vez, se sepa reconocer igualmente los puntos de partida o presupuestos de la propia problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>2. TENDENCIAS TEOL\u00ed\u201cGICAS. En los actuales t\u00e9rminos del debate, las l\u00ed\u00adneas o tendencias que aparecen en los distintos autores vuelven a plantear sustancialmente una doble orientaci\u00f3n, en continuidad con las posturas existentes en el tema de lo espec\u00ed\u00adfico cristiano de la moral cristiana (i Especificidad). Para designar estas dos posturas se han hecho habituales las f\u00f3rmulas \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb y \u00ab\u00e9tica de la fe\u00bb. Respecto a los t\u00e9rminos \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abteonom\u00ed\u00ada\u00bb, que son el elemento unificador de ambas, cada una de ellas acent\u00faa respectivamente el primero o el segundo de ellos. La diferencia de acento conduce a una diversa organizaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n moral, lo cual afecta a todos los niveles del planteamiento general y concreto de la moral \u00abfundamental\u00bb, que a su vez deber\u00ed\u00ada tener consecuencias para cada uno de los temas particulares de la moral \u00abespecial\u00bb, cosa que no siempre es del todo evidente.<\/p>\n<p>a) Las razones de la \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb : Las posturas de esta tendencia han tenido sus antecedentes en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica y protestante. Hay que recordar en este sentido a los te\u00f3logos S. Mutschelle, Th. Steinb\u00fcchel, P. Tillich. Tambi\u00e9n habr\u00ed\u00ada que recordar a muchos que han contribuido al actual debate con aportaciones concretas pero importantes: argumentaci\u00f3n \u00e9tica y par\u00e9nesis (B. Sch\u00fcller, W. Wolbert), normas y modelos \u00e9ticos (D. Mieth), moral revelada (J. Blank, W. Kerber, R. Hasenstab). Con planteamientos y matices diferentes son muchos los autores que se identifican con esta tendencia, cuyos exponentes m\u00e1s conocidos y reconocidos son A. Auer, F. B\u00f3ckle y J. Fuchs.<\/p>\n<p>A. Auer es el autor que de forma m\u00e1s n\u00ed\u00adtida (y repetidamente en muchos escritos desde 1971) propone el modelo de la \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb para la interpretaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre \u00ablo humano\u00bb y \u00ablo cristiano\u00bb en la experiencia \u00e9tica de los creyentes y en la estructuraci\u00f3n de la \u00e9tica teol\u00f3gica. En su pensamiento es central la referencia a la tesis de la capacidad humana para conocer la verdad, para alcanzar la objetividad de lo real. De esta manera \u00e9l subraya la racionalidad de la realidad y la racionalidad del conocimiento. El \u00e1mbito de la moral es presentado como el \u00e1mbito de la racionalidad para asumir responsablemente la tarea que se deriva de las objetivas posibilidades del bien o de la aut\u00e9ntica humanidad, que nos presenta el mundo real. Un modo de pensar hist\u00f3rico sobre lo real\/ posible y sobre su verificabilidad en t\u00e9rminos de \u00abbien humano\u00bb le permite formular la funci\u00f3n de la \u00e9tica como racional, din\u00e1mica y siempre abierta cr\u00ed\u00adticamente a una posible comprensi\u00f3n y realizaci\u00f3n ulterior. El planteamiento teol\u00f3gico que subyace es el de la creaci\u00f3n, que permite interpretar la realidad como predispuesta e internamente ordenada a una vida aut\u00e9nticamente humana en el mundo: la raz\u00f3n del hombre es capaz de leer e interpretar las posibilidades de lo real para ordenarlo hist\u00f3ricamente hacia esa existencia y convivencia humana. La revelaci\u00f3n es una ayuda para descifrar correctamente la realidad: una aportaci\u00f3n a la objetividad del conocimiento, tanto sobre el contenido de la moral como sobre sus objetivos. La adhesi\u00f3n de fe ser\u00e1, a la vez, responsabilizaci\u00f3n de cara a las posibilidades objetivas de realizar el bien. La fe tiene una funci\u00f3n de cr\u00ed\u00adtica, de est\u00ed\u00admulo y de integraci\u00f3n respeco a cualquier logro alcanzado, quedando tambi\u00e9n la moral de los cristianos estructurada aut\u00f3nomamente. En la \u00e9tica teol\u00f3gica tambi\u00e9n se llega al nivel normativo pasando a trav\u00e9s del conocimiento objetivo de los datos y de los fen\u00f3menos (aportaci\u00f3n que deben hacer necesariamente las \/ ciencias humanas) y a trav\u00e9s de una integraci\u00f3n antropol\u00f3gica de tales conocimientos, que de este modo pueden ofrecer criterios de valoraci\u00f3n para realizar juicios morales y elaborar normas objetivas.<\/p>\n<p>Aunque expresada con metodolog\u00ed\u00ada y lenguaje distintos, sustancialmente convergente es la posici\u00f3n~de J. Fuchs. A1 considerar la moral cristiana en su proceso de formaci\u00f3n y de desarrollo, reconoce como necesariamente humano-aut\u00f3nomo (ejercicio de la recta ratio) el proceso de experiencia, comprensi\u00f3n y formulaci\u00f3n de los juicios morales. Sobre la base de la referencia teol\u00f3gica a Dios creador y a la redenci\u00f3n en Cristo, la moral cristiana puede ser considerada en s\u00ed\u00ad misma como la moral del ser humano, pero en cuanto tal no es posesi\u00f3n exclusiva ni de-finida de nadie. La referencia a la creaci\u00f3n y a la redenci\u00f3n es tambi\u00e9n una cuesti\u00f3n cognoscitiva, pero en primer lugar es una realidad de gracia, y de gracia acogida en la adhesi\u00f3n de fe; es vida \u00aben Cristo\u00bb de persona consciente. En el proceso de b\u00fasqueda de valores, juicios y normas morales, esto aporta una novedad de horizonte de comprensi\u00f3n y de motivaci\u00f3n completamente nuevos. En la unidad personal (comprensi\u00f3n y decisi\u00f3n) del vivir en Cristo, la \u00abmotivaci\u00f3n\u00bb espec\u00ed\u00adfica est\u00e1 al servicio de una intencionalidad que reafirma la comprensi\u00f3n y la vivencia \u00e9tica como seguimiento de Cristo. Como consecuencia de esta intencionalidad, coeteris paribus, el dinamismo moral (humanoaut\u00f3nomo) de la persona queda en condiciones hist\u00f3ricamente \u00f3ptimas.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de que Dios es el fundamento \u00faltimo de toda normatividad \u00e9tica y el fundamento tambi\u00e9n de su misma \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb se hace presente de distinta manera en todos los autores. F. Bdckle le dedica m\u00e1s atenci\u00f3n y espacio de modo consciente. El habla de una \u00abautonom\u00ed\u00ada te\u00f3noma\u00bb y de una \u00abteonom\u00ed\u00ada racional\u00bb. La fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma de la moral cristiana exige el car\u00e1cter razonable y comprensible del acto moral y de las normas del comportamiento humano. La referencia espec\u00ed\u00adfica a Jesucristo, a su vida y ense\u00f1anzas, al misterio del amor salvador del, Padre que en \u00e9l se revela y se realiza, comporta ciertamente elementos antropol\u00f3gicos e indicaciones de valor que forman parte de la constituci\u00f3n de la moral cristiana. Pero lo que se propone a la responsabilidad de la conciencia no puede ser \u00abmisterioso\u00bb, sino constitutiva y necesariamente inteligible. La vida nueva en Cristo se expresa en comportamientos morales concretos y tiende a crear un ethos comunitario cristiano espec\u00ed\u00adfico, hist\u00f3ricamente reconocible incluso a nivel de contenidos concretos, como se puede ver en el NT. Pero la originalidad de significado antropol\u00f3gico que hay presente y viva en \u00e9l es profundamente humana y comunicable. El modo en que se llega a determinar las exigencias \u00e9ticas concretas, en la moral cristiana tambi\u00e9n, es siempre el de su inteligibilidad racional. Ni siquiera los resultados hist\u00f3ricos caracter\u00ed\u00adsti~ cos de la moral de una comunidad creyente quedan fuera de la comprensibilidad humana.<\/p>\n<p>b) Las razones de la \u00ab\u00e9tica de la fe-\u00ab. En contraposici\u00f3n a la tendencia anterior, algunos autores han intervenido en el debate teol\u00f3gico, acus\u00e1ndola de err\u00f3nea, o por lo menos insuficiente, y queriendo poner en claro la necesidad de la fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma de la \u00e9tica. Tambi\u00e9n los autores de esta tendencia teol\u00f3gica plantean la cuesti\u00f3n en estrecha relaci\u00f3n con el problema de la especificidad de la moral cristiana. Se cuestiona la recepci\u00f3n del concepto de \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada, porque, seg\u00fan ellos, estar\u00ed\u00ada en contradicci\u00f3n con la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica que ha tenido en el pensamiento filos\u00f3fico de nuestra cultura (K. Hilpert); se afirma que en tal planteamiento no se respetan las indicaciones del Vat. 11 (Ph. Delhaye); el planteamiento de una fundamentaci\u00f3n \u00abaut\u00f3noma\u00bb de la moral tiende a reducir y minusvalorar el papel del magisterio, la estrecha conexi\u00f3n entre fe y moral, la dimensi\u00f3n eclesial de la \u00e9tica cristiana (J. Ratzinger); la moral no puede encontrar su propio sentido sin la fe en Cristo (B. St\u00f3ckle, H.U. von Balthasar). Con frecuencia la contraposici\u00f3n pol\u00e9mica es m\u00e1s clara que la diferencia objetiva de las afirmaciones teol\u00f3gicas propuestas. Por lo dem\u00e1s, se trata frecuentemente de intervenciones m\u00e1s bien breves y no muy elaboradas sistem\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>B. Sttickle es, quiz\u00e1, el representante m\u00e1s n\u00ed\u00adtido de la corriente conocida como \u00ab\u00e9tica de la fe\u00bb a causa de sus puntuales y repetidas intervenciones. La posibilidad de precisar y formular contenidos \u00e9ticos vinculantes es, tambi\u00e9n para \u00e9l, una realidad hist\u00f3rica unida a la experiencia, en primer lugar a la experiencia de contraste que, dentro de un ethos vivo, hace surgir la negatividad de lo que amenaza al ser humano del hombre y permite de esta manera se\u00f1alar lo positivo que la reflexi\u00f3n puede captar e indicar. La reflexi\u00f3n \u00e9tica es necesaria para confirmar, verificar y purificar el ethos que ya se vive, incluso respecto a los valores que hab\u00ed\u00adan sido reconocidos y asumidos. En torno a esta tarea de la reflexi\u00f3n hay que reconocer que la raz\u00f3n humana es capaz de conocer y de formular normas morales v\u00e1lidas. Sin embargo, la raz\u00f3n humana es fr\u00e1gil y limitada; no es capaz de desvelar y descubrir su origen y su destino; est\u00e1 hist\u00f3ricamente condicionada. Es, adem\u00e1s, la raz\u00f3n del hombre pecador; el pecado constituye una situaci\u00f3n hist\u00f3rica existencial que condiciona desde dentro las posibilidades humanas. Por esto, cuanto la raz\u00f3n humana es capaz de reconocer y de proponer a nivel \u00e9tico, aunque sea v\u00e1lido, tendr\u00e1 siempre el sello de la discontinuidad, de la fragmentariedad y de la imperfecci\u00f3n. Especialmente dif\u00ed\u00adcil para la raz\u00f3n del hombre es fundamentar con certeza sus propias conclusiones, ya que no es capaz de lograr su total evidencia. Es necesaria la fe para dar fundamento evidente al sentido y al fin de la vida humana. Por esto s\u00f3lo en la fe se hace evidente el car\u00e1cter propiamente vinculante de la exigencia \u00e9tica; s\u00f3lo en la fe es evidente con plenitud el n\u00facleo fundamental de los contenidos morales (el mandamiento de la caridad) en su instancia absoluta e incondicionada. Adem\u00e1s, por la base espec\u00ed\u00adfica de la fe y de la vida de gracia, la comunidad creyente tendr\u00e1 contenidos morales propios, de ning\u00fan otro modo accesibles a la sola raz\u00f3n humana.<\/p>\n<p>En sus lineas fundamentales, el pensamiento del autor es n\u00ed\u00adtido: una fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma es necesaria para la moral, incluso a nivel cognoscitivo, para el conocimiento cierto y evidente del car\u00e1cter vinculante de la instancia \u00e9tica misma y del reconocimiento de sus contenidos. El debate en cuesti\u00f3n ha conocido otras muchas posiciones que no se pueden desarrollar con exactitud en una de las dos tendencias esquem\u00e1ticamente recordadas aqu\u00ed\u00ad y que de distinto modo tratan de unir las dos instancias de la autonom\u00ed\u00ada y de la teonom\u00ed\u00ada. El modo fuertemente pol\u00e9mico con que se rechazan en bloque los intentos de la \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb, y que a veces acent\u00faa m\u00e1s lo negativo que lo positivo, hace muy dif\u00ed\u00adcil precisar con exactitud la aportaci\u00f3n de los diversos autores. La negaci\u00f3n de la autonom\u00ed\u00ada se mezcla, alguna vez, con afirmaciones que dif\u00ed\u00adcilmente se distinguen de lo que dir\u00ed\u00ada uno de la \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb. Por eso vamos a tratar de precisar al menos lo que sin ser afirmado por todos tampoco nadie lo niega ni parece que pueda negarse dentro de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>c) M\u00e1s all\u00e1 del debate. Para todos estos autores el hombre es criatura, capaz de reconocer lo verdadero y lo bueno, por lo tanto libre y responsable, por su constituci\u00f3n capaz de relaci\u00f3n con Dios. Adem\u00e1s de las limitaciones propias de su condici\u00f3n de ser creado, est\u00e1 marcado por el pecado, que implica una serie de consecuencias para toda su persona, conocimiento y libertad, interioridad y visibilidad de las relaciones, individualidad y solidaridad hist\u00f3rico-social. Pero de la misma manera, la redenci\u00f3n de Cristo es eficaz y extiende su eficacia sobre toda la persona: redenci\u00f3n que le es dada al hombre, que por \u00e9l necesita ser acogida y por la cual incluso la capacidad de acogerla es don de Dios en Cristo. Habr\u00e1 que recordar que la unidad de gracia y revelaci\u00f3n en Jesucristo hace brotar un ethos cristiano en la historia humana: en \u00e9l no es posible separar \u00ablo humano\u00bb de \u00ablo cristiano\u00bb (pero tampoco ser\u00e1 indiferente distinguirlos); \u00ablo cristiano\u00bb puede y debe ser \u00abhumanamente\u00bb vivido y testimoniado.<\/p>\n<p>El debate nos recuerda que teol\u00f3gicamente no tiene sentido hacer concesiones a una autonom\u00ed\u00ada entendida como independencia de Dios o como arbitrariedad; la \u00e9tica no puede ser reducida a los resultados cognoscitivos de las ciencias humanas; la salvaci\u00f3n tampoco puede ser reducida a la raz\u00f3n humana y a sus resultados hist\u00f3ricos. Por otro lado, la teonom\u00ed\u00ada no puede ser interpretada de manera heter\u00f3noma; en nombre de la teonom\u00ed\u00ada no se puede hacer una devaluaci\u00f3n \u00e9tica del conocer humano o de la responsabilidad (humana, racional) de la aceptaci\u00f3n moral de la salvaci\u00f3n; de ning\u00fan modo puede legitimarse una interpretaci\u00f3n ahist\u00f3rica de la revelaci\u00f3n. La referencia a la creaci\u00f3n no legitima el olvido de la historia de pecado con su eficacia negativa. Pero la comprensi\u00f3n del pecado del hombre no es todav\u00ed\u00ada \u00abcristiana\u00bb si olvida la encarnaci\u00f3n y la pascua como obra de Dios en Cristo, yapresente y operante con su eficacia hist\u00f3rica sobre lo humano.<\/p>\n<p>El uso teol\u00f3gico del concepto de \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb comporta necesariamente una variaci\u00f3n en su significado, por influencia del contexto de significados -los de vocabulario teol\u00f3gico precisamente- en que es asumido: como siempre sucede en la historia de la teolog\u00ed\u00ada (tambi\u00e9n en la que nos testimonian las tradiciones b\u00ed\u00adblicas) cuando un concepto viene asumido desde un \u00e1mbito extra-teol\u00f3gico. En cualquier caso, el uso del t\u00e9rmino y la oportunidad de hacerlo es opinable: depende fundamentalmente de la valoraci\u00f3n que se haga del peso de los equ\u00ed\u00advocos a que puede dar lugar. No tan opinable parece ser, en cambio, la necesidad de aceptar la provocaci\u00f3n que la instancia de la autonom\u00ed\u00ada propone a la teolog\u00ed\u00ada moral: en el modo de entender 1a fundamentaci\u00f3n de la experiencia y de los conocimientos \u00e9ticos se cuestiona el modo de entender al hombre y su relaci\u00f3n con Dios, el modo de hablar del hombre y de Dios, el modo de estar presentes en nuestro mundo como personas creyentes.<\/p>\n<p>II. Reflexiones sistem\u00e1ticas<br \/>\nLos temas y problemas que hemos visto antes sugieren la consideraci\u00f3n de las instancias de autonom\u00ed\u00ada y teonom\u00ed\u00ada, distinguiendo los varios niveles en que se sit\u00faan: respecto a la moralidad personal, como experiencia consciente de la libre responsabilidad propia; respecto a la reflexi\u00f3n \u00e9tica, que tiende a formular un conjunto org\u00e1nico de principios y normas en funci\u00f3n de la vida moral; respecto a los contenidos individuales de valores y de normas en el proceso de su comprensi\u00f3n y transmisi\u00f3n.<\/p>\n<p>1. MORALIDAD CRISTIANA. La experiencia moral, incluso en la parcialidad de sus distintos momentos y en la determinaci\u00f3n concreta de decisiones individuales y comportamientos particulares, se propone siempre con la pretensi\u00f3n de cualificar a toda la persona, reclamando su libre responsabilidad como lazo unificador de toda la existencia del sujeto moral consciente de s\u00ed\u00ad. En este sentido, la moralidad no es una experiencia \u00absectorial\u00bb en la vida de una persona. Ella asume m\u00e1s bien toda la experiencia personal y la califica en cuanto expresi\u00f3n de libertad y de responsabilidad. Tambi\u00e9n la adhesi\u00f3n de fe se propone como unificadora de toda la experiencia personal: la relaci\u00f3n con Dios no es una relaci\u00f3n entre otras muchas, no se sit\u00faa como una experiencia de conciencia y tampoco como uno m\u00e1s entre los muchos \u00e1mbitos en que la experiencia de conciencia se expresa. La fe asume la experiencia moral y la califica en base a la relaci\u00f3n con Dios. La reflexi\u00f3n sobre la moralidad cristiana afecta, pues, al modo en que la vida moral es asumida conscientemente dentro de la relaci\u00f3n con Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>a) Haber encontrado a Jesucristo. El NT presenta en t\u00e9rminos de \/conversi\u00f3n y \/seguimiento el resultado positivo del encuentro con Jes\u00fas reconocido como Se\u00f1or. En Jes\u00fas de Nazaret, Dios sale al encuentro del hombre en su propia experiencia humana. La novedad de la fe dada y acogida es novedad de vida que pone en situaci\u00f3n de comuni\u00f3n con Dios a todo el comprender y actuar de la persona. El comienzo se realiza con la cercan\u00ed\u00ada a Dios; su cumplimiento es la comuni\u00f3n con \u00e9l, realidad que se da gratuitamente, experiencia de l gracia, de amor perdonador y salvador. En el encuentro con Jes\u00fas, en la experiencia consciente y viva de la relaci\u00f3n con \u00e9l, la propia libertad se sit\u00faa en el horizonte de liberaci\u00f3n del l pecado, la propia responsabilidad se sit\u00faa en el horizonte de posibilidades que da la fuerza de la comuni\u00f3n. Por ella se califica la \/conciencia moral misma en su momento cognoscitivo y en el de las decisiones. La nueva comprensi\u00f3n de s\u00ed\u00ad y de la propia moralidad no es fruto de una nueva \u00abidea\u00bb de Dios o de un nuevo \u00abconocimiento\u00bb de algo que tiene que ver con la acci\u00f3n de Dios o de su voluntad. Lo decisivo, por ejemplo, para Zaqueo (Luc 19:1-10) no es el saber que Dios quiere la observancia del mandamiento (\u00abno robar\u00bb); lo decisivo es el haber encontrado a Dios en Jesucristo. Lo mismo, para Pedro y los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos, lo decisivo no es el haber aprendido nuevos contenidos de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, sino el haberle encontrado a \u00e9l. Resultado del encuentro en la liberaci\u00f3n interior, que surge de la comuni\u00f3n, del estar con \u00e9l y de ponerse en movimiento \u00abcomo\u00bb \u00e9l: la gratuidad (m\u00e1s all\u00e1 del precepto) sella la respuesta de Zaqueo; y la radicalidad (primero la adhesi\u00f3n al Se\u00f1or y, a partir de ella, la definici\u00f3n de cualquier otra relaci\u00f3n y de cualquier otro valor) ser\u00e1 el distintivo del progresivo madurar de los disc\u00ed\u00adpulos. En este sentido la experiencia asumida de la cercan\u00ed\u00ada de Dios, que en Cristo ama y salva, determina el nuevo horizonte de comprensi\u00f3n y de decisi\u00f3n en el que la conciencia moral del cristiano queda constituida.<\/p>\n<p>b) Vivir el encuentro con Dios en el encuentro con el otro. Ya que la experiencia de fe cualifica a la persona en su dimensi\u00f3n de conciencia moral, precisamente lo que compromete su libre responsabilidad ser\u00e1 el lugar m\u00e1s se\u00f1alado de encarnaci\u00f3n de la fe. La relaci\u00f3n con Dios se hace int\u00e9rprete de las relaciones interhumanas. El encuentro con el otro se vive como recuerdo del Se\u00f1or encontrado: \u00abcomo yo os he amado\u00bb (Jua 15:12). De esta manera el \u00abmandamiento\u00bb del amor fraterno es interpretado sobre el modelo de su gratuito hacerse pr\u00f3jimo (cf la par\u00e1bola del buen samaritano, Luc 10:25-37). El encuentro personal con Dios en Jesucristo es, pues, constitutivo de la intencionalidad espec\u00ed\u00adfica que apoya y dirige la moralidad del creyente a hacer propia la misma intencionalidad de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de \u00e9l, con la mirada siempre atenta al hermano.<\/p>\n<p>Precisamente para que esto sea verdad, el cristiano tendr\u00e1 que poner al servicio de la fe-comuni\u00f3n todas sus capacidades humanas de comprensi\u00f3n y decisi\u00f3n: es necesario ver y entender qui\u00e9n es la persona con la que se encuentra, cu\u00e1les son sus condiciones objetivas, cu\u00e1les las posibilidades de hacer bien; a partir de esto ser\u00e1 posible hacerse pr\u00f3jimo. La intencionalidad cristiana tiene necesidad de la recta ratio para existir y hacerse historia. La relaci\u00f3n con Dios no vive en la moralidad personal, sino en la consciente autenticidad de un comportamiento de acuerdo con la raz\u00f3n,<br \/>\nc) La atenci\u00f3n a la relaci\u00f3n con Dios y a la propia moralidad. El encuentro fundante con Dios debe ser algo presente. La conciencia cristiana del creyente es la que hace realidad vital en sus decisiones el sentido y los criterios que han animado el hacerse pr\u00f3jimo de Jes\u00fas. La estrecha relaci\u00f3n con \u00e9l y con su palabra, que el Esp\u00ed\u00adritu que nos ha sido dado hace posible, no puede sustituirse con otras argucias: se trata de una relaci\u00f3n personal que como todas debe alimentarse para mantenerla viva y hacerla progresar. Desde una relaci\u00f3n con Dios vivida con vivacidad, desde la atenci\u00f3n constante a su palabra, desde la \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n con \u00e9l vivida y comprendida, el creyente va adquiriendo una visi\u00f3n interpretativa \u00aben la fe\u00bb sobre la vida y el mundo que le capacita para orientar su comportamiento como cristiano, es decir, \u00abpara caminar como \u00e9l camin\u00f3\u00bb (Un 2,6). A partir de esto, la exigencia \u00e9tica que las realidades concretas de la vida nos presentan pueden ser entendidas como voluntad de Dios, como posibilidad interior de vivir en comuni\u00f3n con \u00e9l, como posibilidad real que se nos ofrece de \u00abrealizar\u00bb el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico de la propia existencia.<\/p>\n<p>A esto hay que a\u00f1adir la necesaria atenci\u00f3n a la sinceridad de cada una de las decisiones para que sean expresi\u00f3n y encarnen realmente la propia opci\u00f3n fundamental por una moralidad positiva \u00aben el Se\u00f1or\u00bb. La bondad moral de una persona se expresa, efectivamente, en la b\u00fasqueda sincera y en su correspondiente actuaci\u00f3n de un comportamiento objetivamente justo. Pertenece a la responsabilidad de formaci\u00f3n de la propia conciencia la atenci\u00f3n b\u00e1sica a informarse correctamente y a conocer con exactitud, en la medida de lo posible. Tener un cuidado constante de nuestro propio mundo interior, como cuidado de la propia capacidad moral, es b\u00e1sico para el reconocimiento y la elecci\u00f3n del bien. Para el creyente, esto va unido con los cuidados que pone en mantener viva la relaci\u00f3n con Dios: est\u00e1 en juego su responsabilidad de conciencia.<\/p>\n<p>d) Dimensi\u00f3n \u00e9tica de la vida de fe. La fe es un don, la comuni\u00f3n con Dios en Cristo es gracia. Pero Dios se revela y se comunica al hombre en la forma de un encuentro personal y reclama una correspondencia. Desde el primer momento, pues, la adhesi\u00f3n de fe se presenta como un hecho de conciencia que implica conocimiento y libre decisi\u00f3n. Esto significa responsabilidad moral de la respuesta de fe, que precisamente para ser adhesi\u00f3n responsable necesita ser \u00abrazonable\u00bb, o sea, consciente y libre responsabilidad. Es Dios quien sale al encuentro del hombre; es \u00abhumano\u00bb el modo de vivir ese encontrarse en \u00e9l. Toda la moralidad cristiana est\u00e1 basada en la relaci\u00f3n Dios; la posibilidad personal de vivir esta relaci\u00f3n que se nos ofrece es toda ella interna a la estructura de libre responsabilidad.<\/p>\n<p>Como la moralidad personal del creyente est\u00e1 toda ella asumida en la fe, tambi\u00e9n su vida de fe es toda ella expresi\u00f3n de moralidad. Est\u00e1 en juego la conciencia moral del hombre al decidirse a acoger o no la palabra de Dios cuando \u00e9l se revela. El car\u00e1cter de respuesta que tiene la fe indica precisamente su dimensi\u00f3n moral, poniendo en el primer plano la conciencia \u00e9tica, que precisamente en cuanto tal recibe la capacidad de vivir la relaci\u00f3n personal con Dios. A nivel de la moralidad personal cristiana, teonom\u00ed\u00ada significa vivencia consciente de la relaci\u00f3n fundamental con Dios en Cristo; autonom\u00ed\u00ada significa libre y consciente responsabilidad de la respuesta y de las formas en que la respuesta se da.<\/p>\n<p>2. LA MORAL DE LOS CRISTIANOS. La moralidad personal se expresa en las peque\u00f1as y en las grandes decisiones de la vida, en ellas se encarna la verdad de la persona; para el creyente, tanto la verdad de su adhesi\u00f3n al bien moral como la verdad de su adhesi\u00f3n a Dios. Ordenar y seleccionar los conocimientos morales es tarea de la \u00e9tica, que para los creyentes ser\u00e1 teol\u00f3gica, es decir, ejercicio de la inteligencia humana iluminada por la fe.<\/p>\n<p>a) Moralidad cristiana y conocimientos morales. En cuanto la conciencia creyente es \u00abcristiana\u00bb, la forma concreta de actuar expresa la sinceridad de su respuesta de fe, encarna su vida teologal. Esto supone ser consciente del don recibido y transparencia de la relaci\u00f3n personal con Dios, libertad interior y docilidad al Esp\u00ed\u00adritu al valorar y decidir qu\u00e9 voy a ser, una intencionalidad real cristiana para buscar el fin \u00faltimo a trav\u00e9s de la b\u00fasqueda de los fines intermedios. Entender y decidir la propia vida moral como seguimiento de Cristo significa actuar tal seguimiento en la continuidad de las decisiones particulares. La sinceridad de esta realizaci\u00f3n es ciertamente una realidad interior que afecta \u00abal coraz\u00f3n\u00bb del creyente. Pero no vive si no es en la concreci\u00f3n real del gesto, por lo tanto en la decisi\u00f3n por la realizaci\u00f3n de valores concretos. Ahora bien, ni de la revelaci\u00f3n ni de ning\u00fan principio de fe se puede obtener directamente el juicio moral concreto para actuar. La moralidad cristiana sincera necesita la mediaci\u00f3n de la comprensi\u00f3n humana de los valores que va a activar.<\/p>\n<p>En cuanto la conciencia cristiana es \u00abmoral\u00bb, su sinceridad se expresa en la b\u00fasqueda de lo que objetivamente es bueno. Esto exige la correcta apreciaci\u00f3n de los valores a cuya realizaci\u00f3n se nos invita y su correcta valoraci\u00f3n comparativa para poder reconocer en ellos su jerarqu\u00ed\u00ada y su urgencia de cara a un juicio correcto. A este juicio es al que se vincula despu\u00e9s la elecci\u00f3n en conciencia, que es a su vez expresi\u00f3n de la libre responsabilidad personal. En este proceso de decisiones siempre est\u00e1 actuando un conjunto de conocimientos morales que el individuo recibe de otros, que le es hecho llegar a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del ethos y de la \u00e9tica de su ambiente. Pero la conciencia moral \u00abpropia\u00bb hace su elecci\u00f3n de conocimientos, que aunque le vienen efectivamente a trav\u00e9s del ambiente, ella los interioriza a trav\u00e9s de su personal percepci\u00f3n y forma de asumir los valores, de manera que nunca puede verse reducida a una mera receptora de los conocimientos de los otros. El \u00e1mbito de la libre responsabilidad, generador de experiencia \u00e9tica consciente, es tambi\u00e9n lugar de conocimiento espec\u00ed\u00adfico moral.<\/p>\n<p>b) Dimensi\u00f3n hist\u00f3rica. En el modo relacional del vivir humano, la moralidad personal es constitutivamente interpersonal: la moralidad de cada individuo se hace posible, se favorece y se condiciona con la moralidad de los dem\u00e1s; cada uno entra activamente en esta red de relaciones que hacen posible, favorecen y condicionan la moralidad personal de los individuos. Esto afecta tanto a la bondad (honestidad) de las personas como a su correcto conocer lo que es objetivamente bueno. Tambi\u00e9n para los cristianos la formaci\u00f3n de un ethos compartido es una realidad hist\u00f3rica. Tambi\u00e9n para los cristianos los conocimientos morales son accesibles dependiendo del momento y la realidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La evidencia del fundamento y la evidencia del fin \u00faltimo no dan por s\u00ed\u00ad solos la evidencia de un contenido de valor determinado. El hecho de hablar de \u00abevidencia\u00bb es afirmar un estatuto humano racional de los conocimientos morales, es afirmar que ser\u00e1 siempre a trav\u00e9s de la capacidad humana de comprensi\u00f3n como se har\u00e1n accesibles al hombre las verdades que tienen que ver con su vivir. Por esto deber\u00e1 ser siempre humana y racional la reflexi\u00f3n \u00e9tica y la formulaci\u00f3n en principios y normas de lo que se entienda como \u00e9ticamente importante.<\/p>\n<p>c) Objetividad. Una correcta afirmaci\u00f3n del car\u00e1cter hist\u00f3rico de los conocimientos morales no tiene por qu\u00e9 significar naturalmente ! relativismo o subjetivismo; de lo contrario se vaciar\u00ed\u00ada de sentido cualquier reflexi\u00f3n \u00e9tica. La exigencia moral no ha sido confiada a la arbitrariedad del individuo ni a la de un grupo social. Porque es fundamental para la vida, el v\u00ed\u00adnculo \u00e9tico no es una decisi\u00f3n que dependa de la mayor\u00ed\u00ada ni de la unanimidad, sino de la objetividad del valor propuesto. Pero hay que precisar: objetividad \u00abconocida\u00bb.<\/p>\n<p>A nivel de las decisiones morales actuales de la persona individual poseemos una afirmaci\u00f3n tradicionalmente aceptada: el \u00faltimo juicio pr\u00e1ctico de la conciencia es vinculante para ella incluso en el caso de que taljuicio fuera declarado err\u00f3neo por los dem\u00e1s (o por la misma persona en un tiempo posterior). El juicio personal no es fundamento de la verdad y de la objetividad de los t\u00e9rminos de valor en cuesti\u00f3n; pero es el \u00fanico modo como la persona puede alcanzarlos. Por esto el comportamiento es bueno (es expresi\u00f3n positiva de la libre responsabilidad personal), aunque se base en un juicio err\u00f3neo, cuando la persona no es culpable en conciencia de dicho error.<\/p>\n<p>A nivel de las normas morales, la reflexi\u00f3n es m\u00e1s compleja, aunque an\u00e1loga: la verdad moral conocida es vinculante. Esto significa quedonde surjan motivos objetivos de duda sobre la idoneidad de una formulaci\u00f3n normativa, la conciencia no tiene excusa por el simple hecho de que exista esa determinada norma. La objetividad se entiende como tarea vinculante moralmente, incluso por encima de la norma formulada (y hasta contra ella, si realmente se da el caso de no ser correcta). El consenso de los conocimientos morales que se crea en la formaci\u00f3n y en la transmisi\u00f3n de un ethos no es por s\u00ed\u00ad mismo fundamento de la verdad ni de la idoneidad de una norma. Pero el consenso es la v\u00ed\u00ada humanamente deseable para llegar a la verdad y a la norma moral justa. En cuanto es as\u00ed\u00ad, es vinculante de la misma forma que lo es v\u00ed\u00adnculo del juicio de conciencia para la decisi\u00f3n moral del individuo.<\/p>\n<p>d) Fe y racionalidad. La moral cristiana tiene que ver, tambi\u00e9n para el conocimiento objetivo de los valores y para su formulaci\u00f3n normativa, con los datos de la revelaci\u00f3n. Es necesaria una lectura hermen\u00e9utica. Las indicaciones \u00e9ticas de la tradici\u00f3n (dentro de la Biblia y despu\u00e9s en la Iglesia) no pueden simplemente \u00abrepetirse\u00bb, sino que han de interpretarse a lo largo de una traditio viva. La hermen\u00e9utica hace posible la continuidad de la tradici\u00f3n, permite distinguir lo que es valor permanente y lo que es ropaje con que la contingencia hist\u00f3rica lo ha revestido en su formulaci\u00f3n, permite reconocer los niveles de normatividad presentes en los textos que de otro modo parecer\u00ed\u00adan proponer contenidos totalmente ajenos a las condiciones y exigencias de \u00e9pocas sucesivas.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n \u00e9tica teol\u00f3gica no recurre, pues, a la revelaci\u00f3n y a la tradici\u00f3n de la Iglesia s\u00f3lo para recibir de ellas indicaciones sobre los datos antropol\u00f3gicos que afectan al fundamento y al fin de la existencia humana; recurre tambi\u00e9n a ellas para el conocimiento objetivo de los valores humanos, que por eso mismo son \u00e9ticamente importantes, con los que la existencia cristiana concreta de la persona se encuentra comparada. En este recurso que aporta la fe, la reflexi\u00f3n \u00e9tica de los cristianos es ejercicio de la capacidad humana de comprender. La humana experiencia consciente de los valores es la base de la misma posibilidad de leer en el texto de la Sagrada Escritura (o, an\u00e1logamente, en los textos de la tradici\u00f3n eclesial) una indicaci\u00f3n de valor. Esto vale para los contenidos de \u00e9tica normativa y para los elementos antropol\u00f3gicos de fondo. Se trata de una precomprensi\u00f3n que abre a la vez el acceso al texto y condiciona su lectura. Por otra parte, la capacidad humana de comprender los t\u00e9rminos morales, ejercitada en el recurso creyente a los textos de. la tradici\u00f3n de fe, recibe de \u00e9sta una ayuda en su inteligencia: en el sentido de confirmarlos o como apunte cr\u00ed\u00adtico o como novedad respecto a la comprensi\u00f3n que antes ten\u00ed\u00ada. La comprensi\u00f3n humana del creyente es ayudada as\u00ed\u00ad en su continuo tener que comprender: es ayudada a ser verdaderamente comprensi\u00f3n humana de lo humano, de la verdad y del bien de los hombres.<\/p>\n<p>e) Transmisi\u00f3n de valores y normas. La comunidad cristiana, en cuanto comunidad y en cuanto cristiana, da vida a un ethos cristiano que se desarrolla en la historia. Va acompa\u00f1ado por la reflexi\u00f3n que presenta una \u00e9tica formulada, en el intento de hacer m\u00e1s comprensible y personalmente asumible el patrimonio moral, fruto de la experiencia y del conocimiento que han madurado ya y que van madurando entre los creyentes. Cuesti\u00f3n importante, y quiz\u00e1 cr\u00ed\u00adtica en el dinamismo hist\u00f3rico del ethos, tambi\u00e9n del ethos cristiano, es la transmisi\u00f3n de sus contenidos. Ya que se trata de contenidos \u00e9ticos que necesitan ser asumidos como \u00e9ticos, la comunicaci\u00f3n necesaria implica a las conciencias, afecta al conocimiento y a la libre responsabilidad de las personas. No se trata simplemente de informar de la existencia de determinadas reglas de comportamiento. Una norma moral es efectivamente transmitida cuando obtiene la adhesi\u00f3n interior al valor que en ella se formula. Por eso es conveniente que el valor sea indicado con las razones que le hacen ser algo valioso. Es conveniente que sea afirmado dentro del contexto ordenado que le pone en referencia con los otros valores. Por otra parte, argumentos y testimonio no tienen eficacia si no es a trav\u00e9s de la adhesi\u00f3n libre y responsable. Valores y normas no s\u00f3lo no deben, es que no pueden ser impuestos. Los distintos medios de imposici\u00f3n son interiormente ilusorios, incluso los de la \u00abpersuasi\u00f3n\u00bb, a pesar de su aparente eficacia. Pueden obtener la conformidad de comportamientos, pero no su aceptaci\u00f3n moral; y, por lo tanto, tampoco su aut\u00e9ntica transmisi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LA VIA DEL DI\u00ed\u0081LOGO ETICO. Una real solidaridad, en el bien y en el mal, estructura la formaci\u00f3n y el dinamismo de todo ethos hist\u00f3rico como consecuencia del car\u00e1cter relaciona) de la vida personal humana. Esto no significa que se d\u00e9 necesariamente un desarrollo lineal o un proceso siempre positivo y a salvo de involuciones. Significa que se da necesariamente una reciprocidad de influencias liberadoras y condicionantes, tanto en los momentos en que se comparten sin problemas como en las tensiones y conflictos. El espacio de libre responsabilidad de los individuos, \u00e1mbito de la moralidad personal, est\u00e1 en continua interrelaci\u00f3n con la libre responsabilidad de los dem\u00e1s. En esta relaci\u00f3n de reciprocidad se constituye la costumbre moral compartida, en ella maduran los conocimientos morales en su posible explicitaci\u00f3n, formulaci\u00f3n y transmisi\u00f3n. La atenci\u00f3n para que esta fundamental relaci\u00f3n entre las conciencias sea correcta parece que ha de ser una de las primeras responsabilidades morales. Si a esta relaci\u00f3n la llamamos \u00abdi\u00e1logo\u00bb, \u00e9se es el tema del di\u00e1logo como virtud moral.<\/p>\n<p>a) En la moral cristiana. La comunidad cristiana nace por el mutuo testimonio de los disc\u00ed\u00adpulos, en el compartido \u00abrecuerdo\u00bbdel encuentro con el Se\u00f1or. El ethos cristiano se forma sobre la base de una comprendida y decidida comuni\u00f3n fraterna, que pretende encarnar en la praxis \u00e9tica la comuni\u00f3n con Dios en Cristo. Acoger el evangelio compartiendo la fe en Jes\u00fas Se\u00f1or es acoger su luz que interpreta lo aut\u00e9nticamente humano de los comportamientos y compartir un camino de conversi\u00f3n y de seguimiento de Cristo. Pero \u00bfcu\u00e1l es el camino del compartir a nivel \u00e9tico?<br \/>\nEl creyente es persona que vive moralmente y trata de comprender el propio comportamiento en sus planteamientos b\u00e1sicos y en sus contenidos. Reconoce en el hermano el mismo actuar de Dios y el mism\u00ed\u00adsimo don del Esp\u00ed\u00adritu, que sabe ser fundamento de la propia novedad de vida y de la propia esperanza. Sabe que tiene necesidad de conversi\u00f3n y no se hace juez del coraz\u00f3n de los dem\u00e1s. En la l\u00f3gica del \u00abhacerse pr\u00f3jimo\u00bb trata de buscar el bien del otro. Como consecuencia de la propia experiencia moral comprendida en la fe, el creyente siempre tiene que decir una palabra ante lo que compromete su moralidad y la del hermano. Por estos mismos motivos sabe tambi\u00e9n que hay una palabra del otro que debe escuchar. Desde luego, no puede aceptar sino lo que interiormente puede consentir en consciente y libre responsabilidad. Pero a la vez sabe que el otro no puede aceptar sino lo que su conciencia puede consentir en consciente y libre responsabilidad.<\/p>\n<p>Todo esto es el di\u00e1logo \u00e9tico. Es b\u00fasqueda del bien en la comuni\u00f3n veraz. Es buena conciencia situada junto a la conciencia del otro en la b\u00fasqueda com\u00fan de lo que es moralmente justo. \u00abEn el Se\u00f1or\u00bb significa, desde este punto de vista, en la radical confianza de que \u00e9l es el salvador del hombre y que su salvaci\u00f3n est\u00e1 en acci\u00f3n. Significa tambi\u00e9n que la gratuita entrega del Se\u00f1or se hace interpretaci\u00f3n y fundamento de la propia y gratuita entrega al hermano; lo cual deber\u00ed\u00ada llevar transparencia en la capacidad de escucha y en la capacidad de hablar, expresiones ambas de la caridad. La esperanza, adem\u00e1s, es el alma de una fidelidad paciente y constante, capaz de soportar el peso del tiempo y de descubrir c\u00f3mo el mismo caminar hacia la comuni\u00f3n es ya comuni\u00f3n, la que hoy es posible, de la que somos responsables.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n dentro de la Iglesia, a pesar de la ayuda que significa el reconocimiento com\u00fan en Cristo, el di\u00e1logo \u00e9tico conoce las dificultades debidas a la diversidad cultural, social, de mentalidad y de sensibilidad. Respecto a los problemas nuevos y a los valores que aparecen con m\u00e1s fuerza o en las situaciones de crisis sobre valores y normas de la tradici\u00f3n, los distintos modos de hablar -adem\u00e1s del rec\u00ed\u00adproco respeto vivido con caridad- necesitan basarse en la transparencia de las motivaciones y de los argumentos que se presentan. Est\u00e1 en juego el v\u00ed\u00adnculo con la objetividad. Cuando la comprensi\u00f3n de un valor o de una norma no es compartida todav\u00ed\u00ada o ya no lo es, la discusi\u00f3n no debe centrarse m\u00e1s que en el valor objetivo, a cuyo servicio la escucha y la palabra deben tratar de hacer que broten las razones verdaderas. Tambi\u00e9n sobre estos problemas, naturalmente, el servicio de la autoridad tiene una funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica en la comunidad eclesial, precisamente de-cara ala comuni\u00f3n. Pero el recurso a la autoridad no debe ser \u00absustitutivo\u00bb de los argumentos necesarios para la inteligibilidad de lo que se le propone a la conciencia como quehacer. Una transmisi\u00f3n dialogal es necesaria para la traditio. Es necesaria tambi\u00e9n para posibilitar mejor su comprensi\u00f3n y para formular de manera m\u00e1s adecuada los conocimientos morales.<\/p>\n<p>b) En la moral humana. El ethos cristiano y su reflexi\u00f3n \u00e9tica no son independientes de la historia humana en la que van creciendo. Una solidaridad une la moral de los cristianos a la comprensi\u00f3n moral de los \u00e1mbitos culturales en que viven. La historia ense\u00f1a las influencias que los cristianos han recibido y las que han aportado ellos. La exigencia de conocimientos objetivos sobre el modo correcto de vivir la propia libertad y la propia responsabilidad plantea una tarea com\u00fan a todas las personas que quieren vivir honestamente. La reflexi\u00f3n anterior sobre el di\u00e1logo \u00e9tico dentro de la comunidad creyente hay que ampliarla en una perspectiva que implica a toda la humanidad.<\/p>\n<p>Ciertamente que no es al mismo modo ni al mismo nivel como se puede tratar de compartir la comprensi\u00f3n moral con quienes comparten la misma fe en Jesucristo que con quienes no la comparten. Pero el terreno com\u00fan de lo aut\u00e9nticamente humano que hay que comprender y asumir responsablemente presenta ya una tarea objetiva de comuni\u00f3n con todos: tarea que al cristiano le invita su propia fe con mayor urgencia, ya que \u00e9l conoce su fundamento y su fin. Se podr\u00ed\u00ada hablar de testimonio de los cristianos en el campo de los valores humanos. Pero el concepto de di\u00e1logo puede sugerir una visi\u00f3n m\u00e1s amplia y quiz\u00e1 m\u00e1s correcta. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se trata de escucha y de palabra; pero donde la capacidad de escucha es, de alguna manera, previa a la capacidad de palabra significativa.<\/p>\n<p>Ya en las tradiciones b\u00ed\u00adblicas se ve claramente c\u00f3mo la comprensi\u00f3n moral humana de otros, surgida fuera y antes que en estas tradiciones, provoc\u00f3 e hizo crecer la moral de los creyentes. As\u00ed\u00ad ocurri\u00f3 y sigue&#8217; ocurriendo en la historia de la Iglesia con la moral de los cristianos. Tal capacidad de asumir \u00abdesde el exterior\u00bb los logros de la moral humana supone una capacidad de visi\u00f3n positiva de la historia, con la actitud de reconocer lo que razonablemente es propuesto. La aceptaci\u00f3n humana de un valor \u00e9ticamente importante, si lo es, independientemente de quien lo proponga, es una gran ayuda para vivir la docilidad al Esp\u00ed\u00adritu: en la medida en que se reconoce su verdad, es vinculante para la persona creyente, como persona y como creyente.<\/p>\n<p>La verdad humana, que los creyentes comprenden con la ayuda de la fe, tiene \u00abpalabras humanas- para ser comunicada. En el campo \u00e9tico, el conocimiento de lo que compromete la conciencia de la persona en cuanto tal puede y debe ser propuesto de manera comprensible a la inteligencia de los hombres. Esto no significa que lo acepten todos necesariamente. Significa, en cambio, que se tiene una palabra para pronunciar y para confiar a la comprensi\u00f3n humana de todos. Hasta los valores que son aceptados \u00abdel exterior\u00bb, una vez integrados en el contexto cristiano, pueden recibir una interpretaci\u00f3n purificada y m\u00e1s profunda. En este caso, el di\u00e1logo \u00e9tico hace posible que sean repropuestos con una comprensi\u00f3n m\u00e1s humana: contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de los cristianos a la verdad moral de los hombres; eficacia \u00e9tica del evangelio, que va m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00ed\u00admites de la fe expl\u00ed\u00adcita.<\/p>\n<p>El creyente reconoce la acci\u00f3n de Dios en la honestidad y en la capacidad \u00e9tica de todo hombre. Reconoce tambi\u00e9n como voluntad de Dios la exigencia que implica su libre responsabilidad de compernder, testimoniar y transmitir lo que es moralmente justo. Tambi\u00e9n en este sentido se podr\u00ed\u00adan usar juntos los t\u00e9rminos \u00abautonom\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abteonom\u00ed\u00ada\u00bb. Dentro de una \u00e9tica teol\u00f3gica, expresan siempre dos dimensiones internamente correlativas entre s\u00ed\u00ad. Tanto la moralidad como la moral de los cristianos son realidades \u00abhumanas\u00bb de personas \u00abcreyentes\u00bb. El cristiano no puede afirmar la autonom\u00ed\u00ada de la moral si no es reconociendo en Dios su fundamento. No puede afirmar la fundamentaci\u00f3n te\u00f3noma de la moral si no es a partir de la propia autonom\u00ed\u00ada. La referencia que se fundamenta en Dios y el ejercicio de la \u00abrecta raz\u00f3n\u00bb acompa\u00f1an a todos los niveles de la moralidad personal y de la reflexi\u00f3n \u00e9tica cristiana. Las dos instancias se exigen y se precisan mutuamente en la unidad personal del vivir y del comprender cuando la libre responsabilidad de la conciencia es asumida en la fe cristiana expl\u00ed\u00adcita.<\/p>\n<p>[\/Especificidad (de la moral cristiana); \/Etica filos\u00f3fica y \u00e9tica teol\u00f3gica; \/Etica normativa; \/Gracia; \/Ley natural; \/Ley nueva; \/Par\u00e9nesis].<\/p>\n<p>BIBL.: AUER A., Autonome Moral und Christlicher Glaube, Patmos, D\u00fcsseldorf 1984; ID, L \u00e1utonomia della morale secondo Tonnmaso d Aquino, en K. DEMMER y B. 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Tendencias teol\u00f3gicas: a) Las razones de la \u00abmoral aut\u00f3noma\u00bb, b) Las razones de la \u00ab\u00e9tica de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/autonomia-y-teonomia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAUTONOMIA Y TEONOMIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17247","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17247","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17247"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17247\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17247"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17247"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17247"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}