{"id":17248,"date":"2016-02-05T11:13:16","date_gmt":"2016-02-05T16:13:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consejos-evangelicos-del-cristiano\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:16","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:16","slug":"consejos-evangelicos-del-cristiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consejos-evangelicos-del-cristiano\/","title":{"rendered":"CONSEJOS EVANGELICOS (DEL CRISTIANO)"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Visi\u00f3n hist\u00f3rica:<br \/>\n1. La literatura cristiana antigua;<br \/>\n2. La experiencia mon\u00e1stica;<br \/>\n3. La doctrina de santo Tom\u00e1s de Aquino;<br \/>\n4. La distinci\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada moral y teolog\u00ed\u00ada espiritual;<br \/>\n5. La reciente renovaci\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nII. El problema te\u00f3rico fundamental.<br \/>\nIII. Temas esenciales para una correcta doctrina de los consejos evang\u00e9licos:<br \/>\n1. Primac\u00ed\u00ada de la caridad;<br \/>\n2. Insuficiencia de la categor\u00ed\u00ada de ley;<br \/>\n3. Lenguaje pedag\u00f3gico;<br \/>\n4. El estado de vida religiosa.<\/p>\n<p>1. Visi\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\n1. LA LITERATURA CRISTIANA ANTIGUA. La noci\u00f3n de consejo, en contraposici\u00f3n a la de precepto, es utilizada en la predicaci\u00f3n eclesial desde el comienzo como medio conceptual para presentar algunos contenidos caracter\u00ed\u00adsticos de la moral evang\u00e9lica. Sin embargo, a lo largo del tiempo ha asumido diferentes interpretaciones, dependiendo de la precomprensi\u00f3n antropol\u00f3gica y teol\u00f3gica (eclesiol\u00f3gica especialmente) que de cuando en cuando aparec\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El concepto est\u00e1 ya presente en san Pablo (l Moral del NT 11 2, b), que, tratando de la renuncia al matrimonio por parte del creyente., recurre a estos dos t\u00e9rminos \u00aborden\u00bb (o \u00abmandamiento&#8217;~ y \u00abconsejo\u00bb: \u00abRespecto a las v\u00ed\u00adrgenes no tengo ninguna orden (epitagh\u00e9) del Se\u00f1or, pero doy un consejo (gn\u00f3me) como quien por la misericordia del Se\u00f1or merece confianza\u00bb (1Co 7:25). En el vers\u00ed\u00adculo 6 parece que Pablo alude-en referencia a otra cuesti\u00f3n de tipo pr\u00e1cticoa la distinci\u00f3n, secundaria pero complementaria, entre lo \u00abmandado\u00bb y lo \u00abaconsejado\u00bb, es decir, a la que existe entre lo \u00abmandado\u00bb y lo \u00abpermitido\u00bb (o \u00abconcedido&#8217;: \u00abLo que os digo es s\u00f3lo algo permitido (syngn\u00f3me), no es una orden (epitagh\u00e9)\u00bb<br \/>\nEsta diferente terminolog\u00ed\u00ada para presentar la exigencia moral no es \u00fanica y exclusiva de la \u00e9tica paulina. Es com\u00fan a toda expresi\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica que, aun de forma elemental, trate de expresar la experiencia moral, y en particular el distinto grado de intensidad de la obligaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y moral. La filosof\u00ed\u00ada griega, sobretodo la estoica, hab\u00ed\u00ada dedicado una especial atenci\u00f3n al an\u00e1lisis y a la clasificaci\u00f3n de los deberes, ejerciendo una gran influencia en el lenguaje com\u00fan, del que se servir\u00e1 tambi\u00e9n la primitiva predicaci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>De hecho fue en el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico cuando la distinci\u00f3n entre precepto y consejo se utiliz\u00f3 cada vez m\u00e1s ampliamente, indicando con el segundo t\u00e9rmino los deberes particularmente exigentes de la moral evang\u00e9lica que no pueden ser objeto de una prescripci\u00f3n de car\u00e1cter general, aunque conservan un valor normativo t\u00ed\u00adpico. En el Pastor de Hermas ya se sugieren como dos niveles de la moral cristiana: \u00abObserva los mandamientos del Se\u00f1or y agradar\u00e1s a Dios, ser\u00e1s inscrito entre el n\u00famero de aquellos que observan sus preceptos; pero si haces el bien por encima del mandamiento (entol\u00e9) de Dios, tendr\u00e1s una gloria mayor y ser\u00e1s estimado a los ojos de Dios mucho m\u00e1s de lo que podr\u00ed\u00adas pensar\u00bb (Comparaci\u00f3n, 5,3).<\/p>\n<p>Fueron sobre todo Or\u00ed\u00adgenes antes, Ambrosio y Agust\u00ed\u00adn despu\u00e9s (y con ellos todos los representantes m\u00e1s importantes de la literatura patr\u00ed\u00adstica occidental y oriental: Efr\u00e9n Sirio, Juan Cris\u00f3stomo, Juan Casiano, Gregorio Magno) quienes desarrollaron una reflexi\u00f3n en la que a la categor\u00ed\u00ada de consejo se asignan sobre todo la renuncia a los bienes materiales y al matrimonio, interpretando en este sentido los textos b\u00ed\u00adblicos de Mat 19:21 (per\u00ed\u00adcopa del joven rico: \u00abSi quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendr\u00e1s un tesoro en el cielo; despu\u00e9s ven y s\u00ed\u00adgueme&#8217;~, de Mat 19:10-12 (\u00abquienes se hacen eunucos por el reino de los cielos&#8217; y de 1Co 7:25-38 (consejo de no casarse); y tambi\u00e9n el abandono de la familia (Mat 10:37 : \u00abQuien ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed\u00ad no es digno de m\u00ed\u00ad; quien ama a su hijo o a su hija m\u00e1s que a m\u00ed\u00ad no es digno de m\u00ed\u00ad\u00bb); de los propios derechos (Mat 5:38-42 : \u00abHab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se dijo: `Ojo por ojo y diente por diente&#8217;; yo, en cambio, os digo que no os opong\u00e1is al malvado; m\u00e1s a\u00fan: si uno te pega en la mejilla derecha, t\u00fa ponle tambi\u00e9n la otra; y a quien quiera disputar contigo para quitarte la t\u00fanica, t\u00fa d\u00e9jale tambi\u00e9n el manto. Y si uno te pide que le acompa\u00f1es una milla, vete con \u00e9l dos. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien quiera pedirte algo\u00bb); el ayuno (Mat 6:16-18 : \u00abCuando ayun\u00e9is no pong\u00e1is mala cara, como los hip\u00f3critas\u00bb) y el desprecio de la propia vida (Mar 8:3438 : \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perder\u00e1; pero el que pierda su vida por mi causa y la del evangelio, la salvar\u00e1\u00bb).<\/p>\n<p>El problema objetivo planteado -y de hecho expresamente abordado tambi\u00e9n en la predicaci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica- con el uso de la categor\u00ed\u00ada de consejo en el \u00e1mbito de la \u00e9tica evang\u00e9lica es el que se refiere a la relaci\u00f3n entre la pr\u00e1ctica de estos consejos y la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb de la vida cristiana. A\u00fan considerando esta pr\u00e1ctica especialmente homog\u00e9nea y favorable para conseguir la perfecci\u00f3n, no debe identificarse con la perfecci\u00f3n misma. S\u00f3lo la virtud de la caridad -dinamismo interior que admite diferentes grados de intensidad y desarrollo- es la medida y el criterio de la perfecci\u00f3n cristiana. Todo bautizado est\u00e1 llamado a esta perfecci\u00f3n, siendo la caridad un precepto, no un consejo, cuya realizaci\u00f3n es posible en cualquier situaci\u00f3n vital.<\/p>\n<p>\u00abEvitando cuidadosamente todo concordismo y respetando los diversos matices (&#8230;) se puede decir que, para los padres, asumir esta l\u00ed\u00adnea tan elevada, como es la v\u00ed\u00ada de los consejos, representa la cima y el centro de todo e1 hecho cristiano por dos motivos: en primer lugar, por el hecho de que los consejos liberan&#8217; el coraz\u00f3n del hombre de cuanto podr\u00ed\u00ada dividirlo, le marcan un camino directo, libre de obst\u00e1culos importantes en los que el cristiano corre el riesgo de tropezar, tan libre y directo que a pesar de la dureza del camino, el que se empe\u00f1a tiene muchas m\u00e1s probabilidades de llegar ala meta; despu\u00e9s, porque la decisi\u00f3n por los consejos, por depender de una libre elecci\u00f3n que no est\u00e1 motivada por el temor al castigo o por la simple obediencia a un precepto, hace que la gratuidad del amor y el tipo de adhesi\u00f3n a Cristo se abra y se exprese manifestando la fuerza de la atracci\u00f3n de Dios y de su evangelio\u00bb (J.M.R. TILLARD, Consigli evangelic\u00ed\u00ad, 1651).<\/p>\n<p>2. LA EXPERIENCIA MON\u00ed\u0081STICA. El lugar hermen\u00e9utico en el que habr\u00ed\u00ada que colocar la doctrina patr\u00ed\u00adstica sobre los consejos, y sobre todo su posterior desarrollo y su codificaci\u00f3n en la \u00e9poca medieval, es el fen\u00f3meno hist\u00f3rico del monacato, y en general la vida religiosa o consagrada. Sus or\u00ed\u00adgenes se remontan a la \u00e9poca apost\u00f3lica en la forma de ascetismo (celibato o virginidad) dom\u00e9stico. En sus posteriores desarrollos -los eremitas antes y los cenobitas despu\u00e9s, tanto en Oriente como en Occidenteintervienen por distintos motivos: esencialmente su intenci\u00f3n es vivir la sequela Christi deforma rigurosamente coherente, dej\u00e1ndose impregnar en toda su existencia del amor de Dios, luchando contra toda tendencia pecaminosa que divide el coraz\u00f3n del hombre, confesando prof\u00e9ticamente la propia fe con el don mismo de la vida a ejemplo de los m\u00e1rtires, de quienes los monjes pretenden ser continuadores (l Ascesis y disciplina).<\/p>\n<p>Sin embargo, no se puede negar que el ascetismo monacal est\u00e1 influenciado, en distinta medida seg\u00fan lugares y tiempo, tambi\u00e9n por otras razones m\u00e1s contingentes de tipo cultural e hist\u00f3rico. 0 A las primeras pertenece el dualismo antropol\u00f3gico, de origen griego (plat\u00f3nico y estoico), que privilegia la dimensi\u00f3n intelectual y espiritual a costa de la corporal-material. De ah\u00ed\u00ad se deriv\u00f3, por una parte, la devaluaci\u00f3n del matrimonio y de toda actividad relacionada con los bienes materiales y, por otra, un aprecio preponderante de la contemplaci\u00f3n entendida como contenido y medida de la perfecci\u00f3n. O Estos presupuestos de tipo cultural guardan una relaci\u00f3n de influjo rec\u00ed\u00adproco, a nivel hist\u00f3rico, con la constituci\u00f3n del r\u00e9gimen medieval de cristiandad y su correspondiente concepci\u00f3n eclesiol\u00f3gica. La contraposici\u00f3n entre Iglesia y mundo asume en este r\u00e9gimen una configuraci\u00f3n distinta que en el cristianismo primitivo. Mientras en \u00e9sta toda la comunidad cristiana en su conjunto se contrapone al mundo, incluso como realidad sociol\u00f3gicamente distinta, en el r\u00e9gimen de cristiandad esta distinci\u00f3n sociol\u00f3gica desaparece la tensi\u00f3n Iglesia-mundo se traslada m\u00e1s bien al interior de la cristiandad misma y se manifiesta en la distinci\u00f3n entre monjes (posteriormente tambi\u00e9n los sacerdotes) por un lado y laicos por otro lado: \u00abespirituales\u00bb los unos, \u00abcarnales\u00bb los otros.<\/p>\n<p>Todo esto contribuy\u00f3 a identificar el ideal o la perfecci\u00f3n cristiana con el modelo de vida mon\u00e1stico (aunque nunca falt\u00f3 una parte de la comunidad que afirmara la posibilidad de santificarse en cualquier estado de vida). Como este modelo estaba marcado por la observancia de unas reglas que ten\u00ed\u00adan car\u00e1cter de consejos (y que en el s. xilt fueron codificadas y reducidas a los tres votos, de castidad perfecta, pobreza y obediencia), se comprende que la perfecci\u00f3n cristiana fuera presentada y adquiriera la forma de consejo. Se fue as\u00ed\u00ad extendiendo la idea de la existencia de un doble nivel en la moralidad cristiana: uno, m\u00ed\u00adnimo y obligatorio para todos, que consistir\u00ed\u00ada en la observancia de los mandamientos y preceptos, suficiente para conseguir la salvaci\u00f3n, pero no a la altura de la perfecci\u00f3n cristiana; el otro, precisamente el nivel de la perfecci\u00f3n, requiere la observancia -facultativa y supererogatoria- de formas de vida m\u00e1s rigurosas, que exigen el abandono del \u00abmundo\u00bb para retirarse al monasterio.<\/p>\n<p>3. LA DOCTRINA DE SANTO TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO. Esta opini\u00f3n difundida y vivida en la pr\u00e1ctica sobre la relaci\u00f3n entre preceptos y consejos, o tambi\u00e9n sobre la perfecci\u00f3n cristiana y el estado de vida religiosa en el conjunto de la vida eclesial, fue corregida o rechazada por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s seria. Vale la pena recordar la posici\u00f3n de santo Tom\u00e1s de Aquino, tambi\u00e9n por la influencia que ejerci\u00f3 en la teolog\u00ed\u00ada posterior (textos principales en S. Th., I-II, q. 108; iI-Il, qq. 184-189).<\/p>\n<p>El punto de partida para santo Tom\u00e1s es que la perfecci\u00f3n per se et essentialiter consiste en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo (l Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n). Este amor tiene naturaleza de precepto y a su observancia estamos obligados todos. Naturaleza de precepto tienen tambi\u00e9n todas las prescripciones que pretenden alejar de nosotros todo lo que sea contrario e incompatible con la caridad. A la categor\u00ed\u00ada de consejos, en cambio, corresponde todo lo que est\u00e1 ordenado \u00aba alejar lo que sea un impedimento para el acto de caridad, pero que no es contrario a ella, como el matrimonio, el ocuparse de los asuntos seculares y cosas semejantes\u00bb (1111, q. 184, a. 3). En este sentido, es decir, secundario et accidentaliter, la perfecci\u00f3n est\u00e1 en los consejos, que tienen car\u00e1cter vinculante, &#8216;pero de distinto modo que los preceptos. En efecto, mientras \u00e9stos \u00abse refieren a lo que es necesario para conseguir la bienaventuranza eterna, en donde nos introduce de inmediato la nueva ley, los consejos se refieren a aquello mediante lo cual melius et expeditius el hombre puede conseguir tal fin\u00bb (I-Il, q. 108, a. 4).<\/p>\n<p>En II-II, q. 186, a. 2, santo Tom\u00e1s distingue todav\u00ed\u00ada, junto a los consejos que tienen naturaleza \u00abinstrumental y de disposici\u00f3n\u00bb respecto a la perfecci\u00f3n de la caridad (y as\u00ed\u00ad es, especialmente, la tr\u00ed\u00adada que constituye el estado religioso), aquellos otros cuya pr\u00e1ctica, en cambio, es posterior (consequenter) a la perfecci\u00f3n ya alcanzada y de la que son como una emanaci\u00f3n. Estos son comportamientos que espont\u00e1neamente van m\u00e1s all\u00e1 de lo necesario que exige el precepto, y derivan de la sobreabundancia de la caridad.<\/p>\n<p>A pesar del m\u00e9rito de la reflexi\u00f3n de santo Tom\u00e1s, especialmente porque recupera la caridad como medida de la perfecci\u00f3n cristiana que, por lo tanto, le corresponde como posibilidad y deber de todo bautizado hay que reconocer con J.-M.R. Tillard, que no resuelve satisfactoriamente el problema de la relaci\u00f3n entre precepto (de la caridad) y consejo, y tiende todav\u00ed\u00ada a proponer la vida mon\u00e1stica o religiosa como modelo un\u00ed\u00advoco de vida cristiana. \u00ab\u00bfSon los consejos medios m\u00e1s id\u00f3neos, o su mera elecci\u00f3n implica ya un mayor atractivo por la perfecci\u00f3n, y por eso un amor m\u00e1s decidido por Dios y por los hombres que empuja hacia ellos? Mas entonces, \u00bfno se llega a reconocer impl\u00ed\u00adcitamente que, para quien ha comprendido verdaderamente el significado aut\u00e9ntico de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica (lo que constituye idealmente el caso de todo cristiano), el \u00abconsejo\u00bb se impone, y por lo tanto desaparece pr\u00e1cticamente su diferencia con el precepto?\u00bb (Consigli evangelici, 1659).<\/p>\n<p>4. LA DISTINCI\u00ed\u201cN ENTRE TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL Y TEOLOG\u00ed\u008dA ESPIRITUAL. La opini\u00f3n extendida, en el \u00e1mbito cat\u00f3lico, sobre una doble moralidad, la de los preceptos com\u00fan para todos y la de los consejos reservada a una aristocracia espiritual que quiere ser perfecta, ha encontrado una confirmaci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita en tiempos no lejanos al constituirse, dentro del marco de las materias teol\u00f3gicas, junto a la teolog\u00ed\u00ada moral la teolog\u00ed\u00ada espiritual. De hecho, la finalidad pr\u00e1ctica que hab\u00ed\u00ada llevado a instituir, despu\u00e9s del concilio de Trento, la c\u00e1tedra de teolog\u00ed\u00ada moral en los seminarios y en las facultades de teolog\u00ed\u00ada para la preparaci\u00f3n de los futuros sacerdotes al ministerio de la confesi\u00f3n influy\u00f3 mucho en la orientaci\u00f3n legalista y negativa de esta disciplina como ciencia de los preceptos y, consiguientemente, de los pecados (l Historia de la teolog\u00ed\u00ada moral III, 4).<\/p>\n<p>El nacimiento de la teolog\u00ed\u00ada espiritual expresa ciertamente la necesidad de poner remedio a este defecto. Pero esto se realiza con la yuxtaposici\u00f3n, junto a la ciencia de los preceptos, de otra ciencia de la perfecci\u00f3n, que fatalmente se configura como ciencia de los consejos. La constituci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, adem\u00e1s, va hist\u00f3ricamente unida con la aparici\u00f3n y desarrollo, en las primeras d\u00e9cadas de este siglo, del \u00abmovimiento m\u00ed\u00adstico\u00bb (\u00abteolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica\u00bb ser\u00e1 llamada inicialmente esta nueva materia instituida en los seminarios por P\u00ed\u00ado XI en 193 l), que, en continuidad con la experiencia mon\u00e1stica, tiende a poner la contemplaci\u00f3n como la cima de la vida cristiana y, por lo tanto, a proponerla como criterio de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. LA RECIENTE RENOVACI\u00f3N TEOL\u00ed\u201cGICA. Los m\u00faltiples intentos que, especialmente en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os, determinan la renovaci\u00f3n teol\u00f3gica cat\u00f3lica (l Historia de la teolog\u00ed\u00ada moral IV, 4) llevar\u00e1n a replantear tambi\u00e9n la doctrina tradicional sobre los consejos. Baste citar aqu\u00ed\u00ad el movimiento ecum\u00e9nico, con una consideraci\u00f3n menos pol\u00e9mica de la cr\u00ed\u00adtica luterana de la vida religiosa como atenuaci\u00f3n -seg\u00fan el sentido de los consejos- de las exigencias originarias que el evangelio dirige a todo disc\u00ed\u00adpulo de Cristo; el movimiento b\u00ed\u00adblico, que lleva a una ex\u00e9gesis m\u00e1s correcta y m\u00e1s cr\u00ed\u00adtica de la que hab\u00ed\u00ada ido unida siempre a la doctrina sobre los consejos; los esfuerzos por una presentaci\u00f3n m\u00e1s positiva de la moral cristiana, especialmente del matrimonio y de la sexualidad; la renovaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica y su consiguiente reconsideraci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el mundo y sobre la condici\u00f3n de los laicos, etc.<\/p>\n<p>Todo esto cristaliza en los documentos del Vat. II, que se ocupa expresamente de la cuesti\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos y de su relaci\u00f3n con la perfecci\u00f3n cristiana (textos principales: LG, cc. V-VI; PC). Por una parte, el concilio abandona de hecho la secular oposici\u00f3n-distinci\u00f3n entre preceptos y consejos, en el sentido de que, al afirmar la vocaci\u00f3n universal o la santidad fundada en el bautismo, rechaza todo criterio de santidad (o perfecci\u00f3n: pero este t\u00e9rmino es muy poco usado) que no sea el de la caridad (LG 39; 40; 42). Pero, por otra parte, conserva la noci\u00f3n de \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb no s\u00f3lo como elemento que caracteriza a la vida religiosa, cuya legitimidad y necesidad se reitera, sino tambi\u00e9n como referencia normativa para todos los bautizados. La santidad de la Iglesia \u00abse expresa de m\u00faltiples modos en todos aquellos que, con edificaci\u00f3n de los dem\u00e1s, se acercan en su propia vida a la cumbre de la caridad; pero aparece de modo particular en la pr\u00e1ctica de los que com\u00fanmente se llaman consejos evang\u00e9licos. Esta pr\u00e1ctica de los consejos, que por impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo algunos cristianos abrazan, tanto en forma privada como en una condici\u00f3n o estado admitido por la Iglesia, da en el mundo, y conviene que lo d\u00e9, un espl\u00e9ndido testimonio y ejemplo de esa santidad\u00bb (LG 39).<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n objetiva entre las dos afirmaciones, o bien el problema de una determinaci\u00f3n m\u00e1s precisa de la relaci\u00f3n entre caridad y pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos, no aparece resuelta adecuadamente en las afirmaciones conciliares. A esta dificultad cree poner remedio la propuesta hecha recientemente de que se abandone completamente el enfoque del problema desde la idea de \u00abconsejo\u00bb y se sustituya con uno nuevo: el del radicalismo evang\u00e9lico: \u00abEl dinamismo de la perfecci\u00f3n cristiana no se da ya en los consejos, que ser\u00ed\u00adan como una especie de a\u00f1adidura a los preceptos: est\u00e1 inscrito en todas las exigencias evang\u00e9licas y se expresa mejor en las que son las m\u00e1s absolutas, las m\u00e1s apremiantes; en una palabra, las m\u00e1s radicales. Entrar en este dinamismo, abandonarse al empuje hacia adelante, estar siempre en camino, no estar nunca satisfecho, continuamente en tensi\u00f3n hacia lo que todav\u00ed\u00ada no es, \u00e9ste es el camino del radicalismo en el que juega la perfecci\u00f3n cristiana a la que todos son llamados\u00bb (Th. MATURA, Da\u00c2\u00a1 consigli di perfezione&#8230;, 312).<\/p>\n<p>II. El problema te\u00f3rico fundamental<br \/>\nEl acontecer hist\u00f3rico muestra que la noci\u00f3n de consejos evang\u00e9licos est\u00e1 expuesta al riesgo de los equ\u00ed\u00advocos. Depende mucho de la posibilidad de asumir presupuestos no bien fundados de todo tipo antropol\u00f3gico y teol\u00f3gico, en concreto la identificaci\u00f3n de la perfecci\u00f3n cristiana con el estado de vida mon\u00e1stico, lo que lleva a entender no s\u00f3lo el segundo, sino tambi\u00e9n la primera como un consejo. Pero m\u00e1s profundamente es el mismo t\u00e9rmino de consejo, en cuanto contrapuesto al de precepto, el que posee una ambig\u00fcedad que objetivamente lo predispone a asumir los planteamientos indicados. Para evitar esta consecuencia es necesaria una clarificaci\u00f3n te\u00f3rica-fundamental sobre el concepto de ! norma moral en su conjunto. Tal clarificaci\u00f3n no la ha desarrollado suficientemente la moral cat\u00f3lica de los manuales.<\/p>\n<p>Esta laguna ha tratado de llenarla -desde diversos puntos de vista y con \u00e9xito diferente- la teolog\u00ed\u00ada moral reciente con las discusiones m\u00e1s significativas que le han acompa\u00f1ado en su renovaci\u00f3n (superaci\u00f3n de la orientaci\u00f3n legalista, recuperaci\u00f3n del sentido de la l virtud y de la l opci\u00f3n fundamental, la cuesti\u00f3n sobre lo \/espec\u00ed\u00adfico de la moral cristiana, de la l autonom\u00ed\u00ada de la moral, de la fundamentaci\u00f3n de los juicios morales etc.).<\/p>\n<p>Es sabido, en efecto, que los manuales postridentinos de teolog\u00ed\u00ada moral daban especial importancia a la noci\u00f3n de ley o precepto como criterio interpretativo de la experiencia moral. Tal opci\u00f3n estuvo influida no s\u00f3lo por determinadas cuestiones hist\u00f3ricas, que ya (l antes, 4) hemos indicado, y que significaron el nacimiento de esta materia teol\u00f3gica (la preparaci\u00f3n a la praxis penitencial); tambi\u00e9n estuvo marcada por la caracter\u00ed\u00adstica de inmovilidad sustancial que ten\u00ed\u00adan las estructuras sociales en todas las civilizaciones preindustriales. La inmovilidad oculta el car\u00e1cter hist\u00f3rico de estas estructuras e induce a su \u00abnaturalizaci\u00f3n\u00bb, como corrobora el recurso a la ley natural que tan masivamente hace la teolog\u00ed\u00ada moral de este tiempo.<\/p>\n<p>El conjunto de reglas socialmente codificadas, y cuya forma paradigm\u00e1tica es precisamente la norma jur\u00ed\u00addica o ley, es decir, una prescripci\u00f3n de car\u00e1cter general pero determinada materialmente, el cristiano lo asume como algo obviamente vinculante, ya que le aporta las indicaciones necesarias y suficientes para la mayor parte de los problemas pr\u00e1cticos moralmente importantes. Los contenidos de la moral evang\u00e9lica, que no pueden ser expresados en forma de ley -y que son precisamente los espec\u00ed\u00adficos de esta moral, t\u00ed\u00adpicamente las ense\u00f1anzas contenidas en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a (Mt 5-7)-,son entendidos en t\u00e9rminos o de actitudes espirituales que implican s\u00f3lo la intenci\u00f3n o la interioridad del agente, o tambi\u00e9n de consejos que, como tales, se dejan a su discreci\u00f3n, como algo mejor pero no obligatorio.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de si la elecci\u00f3n mejor es o no obligatoria, ha dado peri\u00f3dicamente origen en los manuales de moral a vivos e interesantes debates, que no han tenido, sin embargo, consecuencias importantes en el planteamiento global de la teor\u00ed\u00ada normativa subyacente, como lo demuestra el que se constituyera la extra\u00f1a (y controvertida) doctrina de la \u00abimperfecci\u00f3n positiva\u00bb (omisi\u00f3n de lo mejor posible, que es moralmente defectuoso, pero que no es tampoco pecado venial. Cf J. TONNEAU, L \u00e1ction humaine, e Imperfection).<\/p>\n<p>S\u00f3lo \u00faltimamente los r\u00e1pidos cambios introducidos especialmente por el progreso econ\u00f3mico, t\u00e9cnico y cient\u00ed\u00adfico han llamado la atenci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada moral sobre la cuesti\u00f3n de los criterios metodol\u00f3gicos para la formulaci\u00f3n de los juicios morales. Aunque no se ha producido un consenso un\u00e1nime sobre el tema, se ha dado una consideraci\u00f3n mayor a las referencias normativas, lo que ha tra\u00ed\u00addo como consecuencia una relativizaci\u00f3n del sentido de ley: desde luego, no en el sentido de ceder a la arbitrariedad individual o colectiva, sino en el de una ordenaci\u00f3n o subordinaci\u00f3n a otras dos formas distintas de norma. La ley, entendida como prescripci\u00f3n general que tiene como contenido un determinado tipo de acciones, aparece haciendo las funciones de mediaci\u00f3n entre los valores, por una parte (tanto el valor moral propiamente dicho y en ese sentido absoluto de la caridad, como los valores relativos o bienes que aparecen como merecedores de ser conseguidos por la voluntad dirigida por la caridad), y el juicio de conciencia categ\u00f3ricamente imperativo en cuanto adecuado a la situaci\u00f3n concreta, por otra.<\/p>\n<p>En una articulaci\u00f3n as\u00ed\u00ad la tradicional distinci\u00f3n entre ley (o precepto) y consejo deja de ser una diferencia cualitativa, asumiendo, en cambio, los rasgos de una diferencia simplemente cuantitativa. La ley, a semejanza del consejo, es un imperativo condicionado, que ante determinadas condiciones permite realizar de la mejor manera posible el conjunto de los valores. En el caso de la ley, la conexi\u00f3n entre tales condiciones y la realizaci\u00f3n del valor se puede presumir por anticipado; en el caso del consejo, sin embargo, su posibilidad es m\u00e1s remota. En otras palabras la ley o precepto es un consejo dotado de un elevado grado de certeza, y por esta raz\u00f3n de mayor fuerza vinculante; en cambio, el consejo es una ley cuyas condiciones de validez son m\u00e1s dif\u00ed\u00adcilmente realizables y menos f\u00e1ciles de verificar, por lo cual posee una fuerza imperativa menor.<\/p>\n<p>Tanto la ley como el consejo son instrumentos para el insustituible discernimiento moral, que concluye en el juicio individualizado de conciencia que analiza qu\u00e9 es en concreto lo mejor y a qui\u00e9n corresponde una fuerza vinculante absoluta.<\/p>\n<p>Esta fenomenolog\u00ed\u00ada m\u00e1s articulada de la norma moral aporta el esquema conceptual necesario para una correcta hermen\u00e9utica de los textos evang\u00e9licos tradicionalmente entendidos como formulaci\u00f3n de consejos. La adhesi\u00f3n al reino de Dios o la fe en Jesucristo y el consiguiente mandamiento de la caridad pueden conducir tambi\u00e9n -en ciertas condiciones que no se precisan porque es dif\u00ed\u00adcil adelantarlas- a decisiones de extraordinaria importancia y radicalismo (renuncia a los bienes, a la familia, a los propios derechos y a la vida). Respecto al valor supremo -el reino de Dios-,todos los dem\u00e1s bienes, desde el matrimonio a las riquezas y la vida misma, aparecen como relativos y subordinados. En caso de conflicto, el disc\u00ed\u00adpulo de Cristo no duda en elegir el primero y renunciar a los segundos. Esta decisi\u00f3n no se configura, por lo tanto, como algo facultativo, sino como incondicionalmente obligatoria. En este sentido hay que entender las exigencias \u00abradicales\u00bb de la predicaci\u00f3n moral de Jes\u00fas (\u00abserm\u00f3n de la monta\u00f1a\u00bb, Mt 5-7). Tales exigencias pueden considerarse como consejos s\u00f3lo si con este t\u00e9rmino se pretende excluir el que sean considerados como normas de conducta inmediata y universalmente aplicables. En cambio, proponen -por lo general con un lenguaje dram\u00e1tico y pr\u00f3ximo a la paradojacasos concretos pero paradigm\u00e1ticos en los que la conversi\u00f3n o la fidelidad al reino exige renunciar a los \u00abbienes del mundo\u00bb de forma comprometida. S\u00f3lo la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica se encargar\u00e1 de ense\u00f1ar de forma m\u00e1s anal\u00ed\u00adtica el discernimiento pr\u00e1ctico del creyente en relaci\u00f3n con las situaciones m\u00e1s normales de la vida cotidiana, elaborando para ello algunas reglas de conducta de aplicaci\u00f3n general (\u00ableyes&#8217;.<\/p>\n<p>III. Temas esenciales para una correcta doctrina de los consejos evang\u00e9licos<br \/>\nEl tema de los consejos evang\u00e9licos constituye un nudo bastante complicado en el que se entrecruzan otras muchas cuestiones de notable importancia teol\u00f3gica pr\u00e1ctica. La soluci\u00f3n a estas cuestiones est\u00e1 influida por la otra, consiguiente y m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica, de la correcta comprensi\u00f3n de tal doctrina. En s\u00ed\u00adntesis, los temas esenciales en relaci\u00f3n con los cuales el empleo de la noci\u00f3n de consejos evang\u00e9licos aparece no s\u00f3lo leg\u00ed\u00adtimo, sino en ciertos aspectos necesario, son los siguientes.<\/p>\n<p>1. PRIMACIA DE LA CARIDAD. La caridad es la expresi\u00f3n sint\u00e9tica del deber cristiano, es decir, de la situaci\u00f3n de deuda radical en la que se encuentra todo hombre delante de Dios. En la satisfacci\u00f3n de esta deuda consiste la obediencia a la voluntad de Dios y, por lo tanto, la perfecci\u00f3n cristiana. Basada en el amor que Dios nos ha demostrado ya (\u00abEn esto consiste el amor de Dios: no en que le hayamos amado nosotros primero, sino en que \u00e9l nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como expiaci\u00f3n por nuestros pecados\u00bb, 1Jn 4:10), la caridad se entiende a partir del ejemplo y la predicaci\u00f3n moral de Jes\u00fas, y adem\u00e1s se convierte en el criterio indispensable para concretarla de modo adecuado en las m\u00faltiples situaciones existenciales.<\/p>\n<p>2. INSUFICIENCIA DE LA CATEGOR\u00ed\u008dA DE LEY. El recurso al sentido de ley o precepto es insuficiente para expresar las exigencias de la caridad en la vida del creyente. Y lo es en \u00faltimo t\u00e9rmino por el car\u00e1cter necesariamente generalizador de toda formulaci\u00f3n normativa materialmente determinada, que convierte a la situaci\u00f3n concreta en algo que destaca -de manera m\u00e1s o menos importante- sobre lo que ha anticipado la ley en t\u00e9rminos de obligaci\u00f3n presuntiva.<\/p>\n<p>Lo que participa del car\u00e1cter irrepetible de la individualidad no puede, obviamente, ser objeto de una prescripci\u00f3n legal. De ah\u00ed\u00ad que el consejo tenga por delante un horizonte que invita a buscar, no prescindiendo, sino superando las anchas mallas de la red de las prescripciones de car\u00e1cter general, la realizaci\u00f3n concreta de la propia vocaci\u00f3n, la imprevisible e irrepetible llamada del Esp\u00ed\u00adritu, el don o carisma particular que configura de modo personal la voluntad de Dios sobre uno mismo.<\/p>\n<p>Las posibilidades que se abren con esta orientaci\u00f3n pueden ser denominadas consejo, es decir, exigencias no absolutamente vinculantes para quien lo ve s\u00f3lo desde fuera, y que por lo tanto no puede conocer todos los elementos necesarios para hacerse una idea cierta sobre la decisi\u00f3n a tomar, o tambi\u00e9n desde el punto de vista del mismo sujeto cuando se lo plantea sin la implicaci\u00f3n personal que en otro momento puede afectarle y hacerle formularse una decisi\u00f3n. Una vez que esto ocurre, el consejo deja de ser tal y su observancia es la que decide sobre la fidelidad al mandamiento mismo de Dios (cf en este sentido las sugestivas consideraciones de K. Rahner sobre la \u00abdecisi\u00f3n existencial\u00bb en La l\u00f3gica del conocimiento existencial y Experiencia del Esp\u00ed\u00adritu).<\/p>\n<p>3. LENGUAJE PEDAG\u00f3GIC0. La formulaci\u00f3n de indicaciones pr\u00e1cticas en t\u00e9rminos de consejo aparece especialmente apropiada siempre que se considere la caridad no como una actitud que hay que adquirir de modo inmediato, sino como un proceso de integraci\u00f3n del yo que no termina nunca de alcanzarse totalmente. Desde el punto de vista psicol\u00f3gico y moral, efectivamente, el sujeto humano experimenta una profunda divisi\u00f3n (\u00abHay en m\u00ed\u00ad un deseo de bien, pero no la capacidad necesaria para hacerlo; no hago el bien que quiero, sino el mal que no deseo\u00bb: Rom 7:18ss) que la conversi\u00f3n de la fe s\u00f3lo corta en su ra\u00ed\u00adz, pero cuya superaci\u00f3n existencial es una tarea que hay que ir realizando.<\/p>\n<p>La integraci\u00f3n de las diferentes tendencias y tensiones en el conjunto de la caridad es resultado de un esfuerzo progresivo y gradual. Para mantenerlo y estimularlo es m\u00e1s adecuado el lenguaje d\u00factil de la pedagog\u00ed\u00ada que el r\u00ed\u00adgido del derecho; el de una par\u00e9nesis convincente y motivadora que proponga metas adecuadas a las condiciones psicol\u00f3gicas de la persona, de manera que hagan surgir de ella sus capacidades latentes. Un lenguaje que tenga su paradigma en el consejo y no en el precepto.<\/p>\n<p>4. EL ESTADO DE VIDA RELIGIOSA. El t\u00e9rmino de consejos evang\u00e9licos suele usarse para indicar los tres votos de castidad, pobreza y obediencia, que sit\u00faan a quien los pronuncia en una condici\u00f3n de vida-la religiosa o consagrada- que posee un reconocimiento eclesial especial, incluso desde el punto de vista jur\u00ed\u00addico.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n de este estado de vida -abierto a muchas formas concretas de realizaci\u00f3n- es la expresi\u00f3n a nivel eclesial de la tensi\u00f3n o bipolarizaci\u00f3n que caracteriza a la vida cristiana en el tiempo. Esta bipolarizaci\u00f3n podemos indicarla, siguiendo a K. Rahner, con dos palabras: inmanencia y trascendencia.<\/p>\n<p>Por un lado, la obra de Cristo, configur\u00e1ndose como redenci\u00f3n o restauraci\u00f3n del orden original, pone las condiciones para que la realidad creada sea el lugar en el que se realice el proyecto salvador de Dios. Por otro, este proyecto de Dios tiene una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica que le es esencial: su cumplimiento trasciende los l\u00ed\u00admites de la historia, cuyos bienes, consecuentemente, sin dejar de ser tales, se sit\u00faan en el nivel de las realidades pen\u00faltimas.<\/p>\n<p>La caridad cristiana, \u00fanica, vive de esta tensi\u00f3n sugestivamente ex resada como tensi\u00f3n entre el \u00abya\u00bb y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb. Si de una parte se justifica el compromiso en la historia por la promoci\u00f3n de una convivencia m\u00e1s justa y libre de todo lo que la mortifica y oprime, de otra este mismo compromiso queda relativizado, ya que el bien absoluto del hombre -su salvaci\u00f3n- es s\u00f3lo objeto de espera y de esperanza como regalo de Dios. La visi\u00f3n de la \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb que reconoce el valor de las realidades creadas y la palabra de Dios objetivamente inscrita en ellas no sustituye (ni es sustituida) a la visi\u00f3n de la \u00abprofec\u00ed\u00ada\u00bb, que se orienta al acontecimiento singular y escatol\u00f3gico de la pascua de Jes\u00fas como suprema manifestaci\u00f3n de la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n entre inmanencia y trascendencia debe connotar todo proyecto de vida cristiana. Esto no impide que uno de los dos polos sea el eje en torno al que se concreta el proyecto global inspirado en la caridad, que recibe as\u00ed\u00ad una configuraci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. En el horizonte eclesial esta duplicidad de orientaciones seg\u00fan la cual se puede vivir la misma fe-caridad aparece como la articulaci\u00f3n no s\u00f3lo plausible, sino necesaria para que la comunidad cristiana pueda desempe\u00f1ar adecuadamente su misi\u00f3n de ser signo del reino y educadora de la fe de los creyentes.<\/p>\n<p>El carisma del matrimonio, en el que el amor humano es, en sentido propio, sacramento y signo eficaz del amor de Cristo a la Iglesia, no excluye, sino que exige el otro carisma de la renuncia al matrimonio, como estado de vida en el que \u00abel hombre est\u00e1 en espera, incluso corporal, de las bodas escatol\u00f3gicas de Cristo con la Iglesia&#8230; Con la fuerza de este testimonio, la virginidad mantiene viva en la Iglesia la conciencia del misterio del matrimonio y lo defiende de cualquier reducci\u00f3n o empobrecimiento\u00bb (JUAN PABLO II, exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Familiaris consortio, 16).<\/p>\n<p>Consideraciones an\u00e1logas se pueden hacer a prop\u00f3sito de los dem\u00e1s \u00abconsejos\u00bb t\u00ed\u00adpicos de la vida religiosa: \u00abLa res es s\u00f3lo y siempre el amor a Dios y al pr\u00f3jimo en Dios. En la Iglesia el estado de vida de renuncia es el signo casi sacramental -quasi sacramentum- de esta res en cuanto trascendente y escatol\u00f3gica, mientras que la vida de los cristianos en el mundo, inspirada por la caridad, indica su dimensi\u00f3n terrestre.<\/p>\n<p>Los dos tipos de estado tienen su propia funci\u00f3n de signo sacramental s\u00f3lo en la rec\u00ed\u00adproca relaci\u00f3n entre ellos dentro de la unidad de la Iglesia, ya que ambos manifiestan su \u00fanica vida. Esta manifestaci\u00f3n de la vida y del esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia es necesaria porque debe manifestar de forma visible a Cristo y a su Esp\u00ed\u00adritu en el \u00e1mbito del culto en sentido estricto y en el de la vida moral\u00bb (K. RAHNER, Por una teolog\u00ed\u00ada de la renuncia, 94).<\/p>\n<p>[\/Ascesis y disciplina; \/Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n; \/Seguimiento-Imitaci\u00f3n; \/Virtudes teologales; \/Vocaci\u00f3n y vocaciones; \/Votos].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Perfection chr\u00e9tienne, en DSp XII, 1074-11 S6; ANGELINt G., Per un chiarimento dell tdea di vira religiosa, en Religiosi e Chiesa particolare, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1986, 217-239; BALTHASAa H.U, von, Si no os hac\u00e9is como este ni\u00f1o, Herder, Barcelona; BAUERJ.B., Alleorigini dell \u00e1scetismo cristiano, Paideia; Brescia 1983; CONGAR Y. Laico, en Diccionario teol\u00f3gico, Herder, Barcelona 1970; CORTESIS D.L., L\u00f3bligo del meglio non comandato, en \u00abRivista di Ascetica e M\u00ed\u00adstica\u00bb 4 (1959) 369-381; DE FIOaES S., Consejos evang\u00e9licos II, en Nuevo diccionario de espiritualidad, Paulinas, Madrid 199 14GLASEaJ. 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Temas esenciales para una correcta doctrina de los consejos evang\u00e9licos: 1. Primac\u00ed\u00ada &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consejos-evangelicos-del-cristiano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONSEJOS EVANGELICOS (DEL CRISTIANO)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17248","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17248","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17248"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17248\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17248"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17248"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17248"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}