{"id":17251,"date":"2016-02-05T11:13:21","date_gmt":"2016-02-05T16:13:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/droga\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:21","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:21","slug":"droga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/droga\/","title":{"rendered":"DROGA"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. El fen\u00f3meno y las causas.<br \/>\n1. El fen\u00f3meno;<br \/>\n2. Las causas.<br \/>\nII. \u00bfLiberalizaci\u00f3n o represi\u00f3n?:<br \/>\n1. La tesis liberalizadora;<br \/>\n2. La tesis represiva;<br \/>\n3. La v\u00ed\u00ada responsabilizadora.<br \/>\nIII. Los aut\u00e9nticos problemas:<br \/>\n1. El problema m\u00e9dico;<br \/>\n2. El problema jur\u00ed\u00addico;<br \/>\n3. El problema pedag\u00f3gico.<br \/>\nIV. Uso terap\u00e9utico y uso superfluo de la droga:<br \/>\n1. El uso terap\u00e9utico;<br \/>\n2. El uso superfluo.<br \/>\nV. El sida y la moral:<br \/>\n1. El problema religioso;<br \/>\n2. Los problemas \u00e9ticos.<br \/>\nVI. Las terapias de rehabilitaci\u00f3n:<br \/>\n1. Las actitudes que se han de cultivar;<br \/>\n2. Las comunidades alternativas.<\/p>\n<p>La palabra \u00abdroga\u00bb, utilizada en un contexto \u00e9tico, evocaba antes el problema de los anest\u00e9sicos y analg\u00e9sicos; quiz\u00e1 en el futuro evocar\u00e1 otra cosa, por ejemplo las drogas del esp\u00ed\u00adritu: nos podemos drogar tambi\u00e9n con el \u00e9xito, con la man\u00ed\u00ada de posesi\u00f3n o de sobresalir; y las drogas del esp\u00ed\u00adritu no son menos peligrosas ni menos capaces de provocar dependencias y h\u00e1bitos que las del cuerpo.<br \/>\nPero la palabra \u00abdroga\u00bb, sin adjetivos, evoca hoy un determinado y grave problema juvenil, que desemboca en la cultura de la dependencia. En su origen hay una evasi\u00f3n, alimentada de rencor, a veces de odio, de una sociedad convulsionada e hip\u00f3crita, a la que los j\u00f3venes atribuyen la falta de soluci\u00f3n de sus problemas y de la que pretenden los beneficios que recibieron sus padres sin asumir los mismos sacrificios. En muchos hay deseo de conseguir \u00abtodo pronto y gratis\u00bb; en otros, en cambio, se da el rechazo de todos y de todo, por no querer integrarse en un sistema que les priva de libertad, de autonom\u00ed\u00ada, de individualidad; en otros es el deseo de romper con una realidad que sienten vac\u00ed\u00ada de ideales; en todos el desacuerdo, la protesta, la contestaci\u00f3n e incluso la violencia. La droga se ha convertido en la soluci\u00f3n m\u00e1gica en la f\u00f3rmula de evasi\u00f3n que les impide cualquier elaboraci\u00f3n adecuada y serena de las propias ansias y objeciones.<\/p>\n<p>En este art\u00ed\u00adculo la cuesti\u00f3n se abordar\u00e1 en varios puntos. Despu\u00e9s de haber descrito el fen\u00f3meno y sus causas (I), se tratar\u00e1 el dilema: liberalizaci\u00f3n o represi\u00f3n, rechazando tanto la tesis liberalizadora como la represiva, para insistir en la responsabilizaci\u00f3n (II). Luego se pasa a plantear los verdaderos problemas: el m\u00e9dico, el jur\u00ed\u00addico y el pedag\u00f3gico (III), pero sobre todo el moral (IV). Hoy la droga va unida a la \u00abpeste del siglo\u00bb por lo tanto, es justo ver c\u00f3mo afronta la \u00e9tica el tema del sida (V). Terminaremos hablando de las terapias rehabilitadoras (VI).<\/p>\n<p>I. El fen\u00f3meno y las causas<br \/>\n1. EL FEN\u00ed\u201cMENO. \u00abNada hay nuevo bajo el sol\u00bb: hay quien dice que tampoco el fen\u00f3meno de la droga es nuevo, porque era conocido desde la noche de los tiempos, cuando se masticaban las hojas de coca; era entonces algo an\u00e1logo a nuestro alcoholismo y tabaquismo. En cambio, para otros es t\u00ed\u00adpico de nuestra \u00e9poca, con sus posibilidades tecnol\u00f3gicas y con sus degeneraciones morales. Lo que hay de hecho es que se trata de un fen\u00f3meno impresionante y creciente. Afecta a j\u00f3venes cada vez en mayor n\u00famero y en edades m\u00e1s j\u00f3venes; se extiende por los ambientes m\u00e1s dispares: en los de la opulencia como en los de la miseria y en los de la m\u00e1s absoluta (aparentemente) normalidad; se da en todos los Estados de todos los continentes, incluyendo a los pa\u00ed\u00adses m\u00e1s peque\u00f1os; ha pasado de las ciudades a los pueblos y se ha difundido por todas partes, hasta llegar a formar una aut\u00e9ntica cultura de la droga, con la cual nos tememos que habr\u00e1 que convivir todav\u00ed\u00ada por mucho tiempo.<\/p>\n<p>2. LAS CAUSAS. Son, evidentemente, muchas. Hay quien pone el acento en la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de las drogas, y piensa que se podr\u00ed\u00ada resolver destruyendo los cultivos y\/ o impidiendo su exportaci\u00f3n. Pero si no existiera demanda, no se dar\u00ed\u00ada oferta; y \u00e9sta, mientras est\u00e9 presente, conseguir\u00e1 suscitar respuestas, si no hubiera otra cosa con el etilismo o con la desesperaci\u00f3n. Hay quien prefiere se\u00f1alar a la mafia y a los ambientes de mala vida, que tienen una gran responsabilidad en el tema y consiguen con el mercado negro alt\u00ed\u00adsimos beneficios; hay quien culpa a la mentalidad individualista y hedonista de nuestros tiempos, que lleva a encerrarse en la intimidad y a pensar en s\u00ed\u00ad mismos, olvidando los problemas sociales, entre otras cosas porque los espacios sociales de participaci\u00f3n son cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s estrechos. El hecho de que no todos los j\u00f3venes lleguen a la droga hay quien lo explica por referencia a la predisposici\u00f3n de algunos, m\u00e1s d\u00e9biles y enfermos. Otros, finalmente, prefieren culpar a la familia, con frecuencia disgregada y de todas formas no siempre a la altura de las tareas educativas modernas, debido tambi\u00e9n a que la madre -ala que tradicionalmente le correspond\u00ed\u00ada la misi\u00f3n educativaahora trabaja fuera de casa y ya no tiene fuerza psico-f\u00ed\u00adsica para educar.<\/p>\n<p>Nos parece que la droga interpela sobre todo a una sociedad enferma y a un mundo que necesita cambios profundos. No se trata de enfermedad normal (ni org\u00e1nica ni ps\u00ed\u00adquica), sino de socio-pat\u00ed\u00ada, porque el joven sufre -quiz\u00e1 inconsciente pero realmente- por la (carente) calidad de vida, que mejora s\u00f3lo en apariencia, pero que en realidad deja cada vez m\u00e1s insatisfacci\u00f3n a quien quiere contribuir a mejorar la sociedad: el recurso a la droga acaba por entenderse como una huida, si no ya como un lento y progresivo suicidio.<\/p>\n<p>Se puede decir, pues, que en la forma de plantearse el problema de las causas del fen\u00f3meno est\u00e1 incluido el modo de comprender la personalidad del toxic\u00f3mano, que, posteriormente, es visto por la mentalidad corriente y por la ley como un criminal al que condenar, un enfermo al que curar o una persona normal que utiliza su propia libertad de un modo adecuado (visi\u00f3n libertaria) o equivocado (visi\u00f3n ideol\u00f3gica antipermisiva). El nudo social que es preciso resolver se plantea o como liberalizaci\u00f3n o como represi\u00f3n.<\/p>\n<p> II. \u00bfLiberalizaci\u00f3n o represi\u00f3n?<br \/>\n1. LA TESIS LIBERALIZADORA. Fue mantenida por la izquierda al principio, pero sus abanderados est\u00e1n en el \u00e1rea de la cultura m\u00e1s radical. Tiene su l\u00f3gica y su encanto, adem\u00e1s de la buena fe de muchos que la apoyan. Si la droga estuviese en venta en las farmacias o droguer\u00ed\u00adas, no existir\u00ed\u00ada el mercado negro, ni tampoco la necesidad de robar para procur\u00e1rsela, ni la c\u00e1rcel para los toxic\u00f3manos, ni las dosis \u00abalteradas\u00bb que matan. Incluso disminuir\u00ed\u00ada el placer de lo prohibido, por lo que los j\u00f3venes dejar\u00ed\u00adan de drogarse. Todo parece simple y consecuente.<\/p>\n<p>A esto se une el coro de los del no; est\u00e1 liderado por los responsables de algunas comunidades de rehabilitaci\u00f3n de los toxicodependientes. La tesis liberalizadora es provocadora, absurda y negativamente ut\u00f3pica. \u00c2\u00a1Ojal\u00e1 bastase s\u00f3lo eso para eliminar el mercado negro y las multinacionales del crimen! \u00c2\u00a1Ojal\u00e1 fuese as\u00ed\u00ad de f\u00e1cil poner la droga en la mesilla del joven y decirle: ah\u00ed\u00ad est\u00e1, pero no la debes tocar! Los pa\u00ed\u00adses que la han liberalizado no han resuelto ning\u00fan problema, Los razonamientos son los mismos que se utilizaron en algunos de ellos para introducir la metadona (que es una droga y no un f\u00e1rmaco), y que, en lugar de disminuir el mercado negro de la hero\u00ed\u00adna, llev\u00f3 a muchos j\u00f3venes a convivir con una droga m\u00e1s, con la ilusi\u00f3n de que era una medicina. La realidad es muy distinta y no hay que mistificarla. El uso de la droga no es bueno por el hecho de que el Estado lo consienta o lo tolere.<\/p>\n<p>2. LA TESIS REPRESIVA. Parece, pues, la vencedora. El mal ser\u00ed\u00ada el permisivismo de la sociedad actual. Un gobierno fuerte conseguir\u00ed\u00ada resolver el problema. En este como en otros temas, desde el divorcio al aborto, desde la homosexualidad a la eutanasia, el p\u00e9ndulo social pasa f\u00e1cilmente e la liberalizaci\u00f3n de la izquierda a la represi\u00f3n de la derecha, invocando adem\u00e1s la pena de muerte (el m\u00e1ximo castigo) contra los traficantes o exaltando a las \u00abmadres valientes\u00bb que denuncian a sus hijos, o a las asociaciones de padres que piden que se interne por la fuerza a los drogadictos en comunidades (que adem\u00e1s ser\u00ed\u00adan c\u00e1rceles de serie B).<\/p>\n<p>El no a la liberalizaci\u00f3n que sostenemos no significa un s\u00ed\u00ad a la represi\u00f3n. Son f\u00e1ciles estos automatismos simplistas (si no eres capitalista, tienes que ser comunista por fuerza; si rechazas la anarqu\u00ed\u00ada es que eres fascista; si no te gusta el fascismo es que eres anarquista; si est\u00e1s a favor de un divorcio tolerado por el Estado como mal menor, tienes que estar necesariamente contra la indisolubilidad cristiana del matrimonio), pero son d\u00e9biles e il\u00f3gicos.<\/p>\n<p>3. LA V\u00ed\u008dA RESPONSABILIZADORA. Toda persona humana -y el joven sobre todo- necesita motivos para vivir; no le basta con el miedo a morir. Los cristianos blasfeman cuando conf\u00ed\u00adan en el c\u00f3digo penal y en la represi\u00f3n, en lugar de confiar en el evangelio y de dar testimonio y vivir su alegr\u00ed\u00ada. No represi\u00f3n, pues, sino responsabilizaci\u00f3n, educaci\u00f3n, confianza, prevenci\u00f3n. Nuestra educaci\u00f3n es a menudo s\u00f3lo formalista y no ofrece verdaderas motivaciones: nos preocupamos del orden exterior de la persona, de la expresi\u00f3n correcta, de la llamada \u00abbuena educaci\u00f3n\u00bb en sentido burgu\u00e9s. No se buscan los valores esenciales, como la paciencia, la confianza, el perd\u00f3n, la reflexi\u00f3n, la tolerancia, el esfuerzo, la participaci\u00f3n, etc. El problema de la droga hay que resolverlo en positivo: \u00bfPara qu\u00e9 debo vivir? \u00bfC\u00f3mo puedo contribuir a hacer este mundo m\u00e1s humano? El de la droga es un problema de prevenci\u00f3n. Y la prevenci\u00f3n implica a toda la sociedad, personas e instituciones (escuela, familia, Iglesia, asociaciones, partidos, a todas las fuerzas sociales). No vale delegar en otros.<\/p>\n<p>III. Los aut\u00e9nticos problemas<br \/>\ni. EL PROBLEMA MEDICO. Sin embargo, se ha comenzado deleg\u00e1ndolo todo a la medicina. La droga es una intoxicaci\u00f3n, se ha dicho; por lo tanto, se trata de un problema sanitario. Pero el m\u00e9dico, que en pocos d\u00ed\u00adas consigue desintoxicar, enseguida se encuentra impotente ante las reca\u00ed\u00addas de los j\u00f3venes. Tambi\u00e9n la informaci\u00f3n m\u00e9dico-social es necesaria, pero totalmente insuficiente. Es necesaria para que el joven sepa distinguir los alucin\u00f3genos de los estupefacientes, la dependencia del h\u00e1bito, los da\u00f1os f\u00ed\u00adsicos de los ps\u00ed\u00adquicos, etc. Pero la informaci\u00f3n no resuelve por s\u00ed\u00ad sola los problemas; como mucho podr\u00ed\u00ada ayudar al joven a drogarse con el m\u00ed\u00adnimo da\u00f1o; igual que, por el contrario, podr\u00ed\u00ada empujar a quien tiene tendencias masoquistas a destruirse m\u00e1s r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>La psiquiatr\u00ed\u00ada y la psicolog\u00ed\u00ada pueden ayudar al j oven m\u00e1s que la simple informaci\u00f3n m\u00e9dica. Pero ninguna ciencia m\u00e9dica ni ning\u00fan saber cient\u00ed\u00adfico pueden volver a dar la alegr\u00ed\u00ada de vivir ti despertar un ideal en el coraz\u00f3n humano. Tampoco, pues, debe mitificarse la ciencia. Un amplio espacio se abre al \u00e1mbito educativo.<\/p>\n<p>L. Rossi<br \/>\n2. EL PROBLEMA JURIDICO. Las leyes en relaci\u00f3n con la producci\u00f3n, venta y consumici\u00f3n de la droga est\u00e1n llenas&#8217; de notables imprecisiones ante la ausencia de un consenso general en el mundo sobre cada uno de los aspectos capitales del problema.<\/p>\n<p>a) La situaci\u00f3n legal y real de la droga en Espa\u00f1a. Desde que el Congreso de los Diputados, con mayor\u00ed\u00ada socialista, aprobara en abril de 1983 el proyecto de Ley Org\u00e1nica de reforma urgente y parcial del C\u00f3digo penal, cuyo art\u00ed\u00adculo 344 sufr\u00ed\u00ada una modificaci\u00f3n mediante la cual no se penalizaba el consumo de drogas, comenz\u00f3 una ascendente carrera de tr\u00e1fico y consumo. Se estima que hoy en Espa\u00f1a consumen coca\u00ed\u00adna de 60.000 a 80.000 personas; hero\u00ed\u00adna, de 80.000 a 125.000; anfetaminas, de 350.000 a 500.000; inhalantes, de 18.000 a 21.000, y cannabis, de 1.200.000 a 1.800.000 personas.<\/p>\n<p>Las ra\u00ed\u00adces de esta situaci\u00f3n hay que buscarlas: a) en que Espa\u00f1a se ha constituido en un centro clave de distribuci\u00f3n en el gran negocio del narcotr\u00e1fico; b) en el sistema econ\u00f3mico de dura competencia, que ha generado altos \u00ed\u00adndices de paro juvenil y barrios marginales; c) en el tr\u00e1nsito de una econom\u00ed\u00ada de supervivencia a otra de consumismo de todo lo bueno y de lo menos bueno o in\u00fatil; en una degradaci\u00f3n del influjo de la escuela y la familia como cauces cl\u00e1sicos de socializaci\u00f3n y orientaci\u00f3n; en la falta, en fin, de valores e ideales nuevos, de utop\u00ed\u00adas atractivas en los j\u00f3venes sobre las que pudieran construir su propio autocrecimiento.<\/p>\n<p>b) Situaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica en el resto del mundo. Los medios de comunicaci\u00f3n dedicaron importantes espacios al seguimiento de la I Conferencia mundial sobre el uso indebido y tr\u00e1fico de drogas, celebrada en Viena, en 1987, bajo el patrocinio de la ONU. Los 138 pa\u00ed\u00adses asistentes a la Conferencia de Naciones Unidas declararon la guerra mundial contra la droga y expresaron su voluntad de combatir conjuntamente el problema de los estupefacientes tanto en los aspectos econ\u00f3micos como en los policiales y sanitarios. Se trataron temas sobre la muerte, como castigo, para los narcotraficantes, o el uso de la fuerza policial y de herbicidas como medio para erradicar los cultivos de la droga. Se trat\u00f3 de poner de acuerdo las pol\u00ed\u00adticas de compensaciones y ayudas entre los pa\u00ed\u00adses consumidores y productores.<\/p>\n<p>c) Teor\u00ed\u00ada y praxis penal sobre la droga. El C\u00f3digo Penal espa\u00f1ol regula el delito de tr\u00e1fico legal de drogas t\u00f3xicas, estupefacientes y sustancias psicotr\u00f3picas entre los delitos contra la salud p\u00fablica. Con la reforma introducida por la ley de marzo de 1988 de reforma del C\u00f3digo Penal se establece un endurecimiento de las penas previstas en los supuestos de tr\u00e1fico ilegal. Asimismo aparece un sistema sancionador para aquellos que se aprovechen de las ganancias del mismo. Si el hecho del consumo o tenencia de cantidades m\u00ed\u00adnimas no es un factor delictivo, s\u00ed\u00ad se sanciona a aquellos que ejecutan actos de cultivo, elaboraci\u00f3n y tr\u00e1fico o que de alg\u00fan modo promuevan o favorezcan el consumo ilegal de drogas t\u00f3xicas. Tambi\u00e9n distingue el legislador entre las penas sobre drogas duras y blandas en raz\u00f3n del da\u00f1o posible contra la salud. Todo ello con agravantes si se facilitan las drogas a menores de dieciocho a\u00f1os, si se difunden en centros de menores, si la cantidad es grande y adulterada y si se facilita a personas en v\u00ed\u00adas de rehabilitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el campo de los tratamientos terap\u00e9uticos conviene se\u00f1alar la normativa establecida en el real decreto de 19 de enero de 1990, por la que regulan los tratamientos con opi\u00e1ceos de personas dependientes de los mismos.<\/p>\n<p>Para Jos\u00e9 Jim\u00e9nez Villarejo, presidente de la sala Quinta del Tribunal Supremo (Jornadas sobre Toxicoman\u00ed\u00adas de Castilla-Le\u00f3n, \u00ed\u0081vila, febrero de 1991), considerando que la drogadicci\u00f3n es uno de los temas que m\u00e1s atenci\u00f3n han despertado en los observadores de la realidad social, se\u00f1ala que en la pr\u00e1ctica el tratamiento penal de este fen\u00f3meno se funda en una vaga jurisprudencia, de modo que la delincuencia funcional pone diariamente ante jueces y tribunales sujetos cuya capacidad de autodeterminaci\u00f3n ha de ser medida en funci\u00f3n de su dependencia para valorar su responsabilidad y dosificar la pena que pueda ser impuesta.<\/p>\n<p>B.B. Mart\u00ed\u00adnez<br \/>\n3. EL PROBLEMA PEDAG\u00ed\u201cGICO. El educador debe dirigirse sobre todo a los j\u00f3venes sanos, con tal que no tenga miedo -como persona pagada por el sistema precisamente para hacer el lavado de cerebro- de tocar los temas candentes de nuestra sociedad. Quien no quiera ser sincero o no quiera pagar con su persona, que deje de ser educador.<\/p>\n<p>El educador debe denunciar sobre todo la l\u00f3gica del beneficio. Un mundo que grita \u00abbravo\u00bb a quien gana incluso \u00abrobando\u00bb puede decir lo mismo a quien gana mucho robando la salud de los dem\u00e1s. Si lo que cuenta es la ley de la oferta y la demanda, el traficante de droga es el mejor operador econ\u00f3mico, porque \u00e9l mismo crea una demanda que se har\u00e1 mucho mayor gracias a la espiral de la costumbre. Para poder condenar el f\u00e1cil y deshonesto beneficio del traficante hay que condenar la l\u00f3gica capitalista y consumista.<\/p>\n<p>El educador debe hacerle entender al joven que recurrir a la droga no es signo de madurez, sino evasi\u00f3n de adolescentes. Y esta evasi\u00f3n juvenil, incluso realizada con \u00e1nimo de protesta, en realidad hace el juego al sistema opresor y deshumanizador. El joven de car\u00e1cter no es el que se rinde cuando sus ofrecimientos sinceros de participaci\u00f3n de todos los niveles (familiar, escolar, pol\u00ed\u00adtico y eclesial) no son aceptados; al contrario, es el que no renuncia y no cesa de hacer propuestas. Despu\u00e9s de todo, la renuncia servir\u00ed\u00ada a quien est\u00e1 interesado en mantener el \u00abdesorden establecido\u00bb para marginar a los que renuncian. Quien sue\u00f1a con un ideal y lo quiere realizar, debe saber luchar con fuerza, lealtad y constancia. La liberaci\u00f3n que abortan los alucin\u00f3genos es en realidad una pavorosa alienaci\u00f3n. El drogado es un cobarde que huye de los propios deberes de ser persona. La cr\u00ed\u00adtica del joven debe hacerse cada vez m\u00e1s l\u00facida y traducirse en actividad creativa para beneficio de todos.<\/p>\n<p>IV. Uso terap\u00e9utico y uso superfluo de la droga<br \/>\nAhora queda por plantear el problema m\u00e1s propiamente \u00e9tico. En t\u00e9rminos tradicionales se podr\u00ed\u00ada decir: el uso de la droga no es intr\u00ed\u00adnsecamente il\u00ed\u00adcito, y de tal manera es as\u00ed\u00ad que a veces se permite el uso de la morfina para los enfermos graves y moribundos. Sin embargo, es muy peligroso y no se puede recurrir a ella si no es por motivos muy graves, y nunca por simple placer o por deseo de evadirse de la realidad, escapando de las responsabilidades propias. Hay que distinguir, pues, claramente el uso terap\u00e9utico de la droga del uso llamado superfluo.<\/p>\n<p>1. EL USO TERAPEUTICO. ES l\u00ed\u00adcito suministrar dosis de narc\u00f3ticos o de estupefacientes a un enfermo grave o a un moribundo para aliviar sus dolores f\u00ed\u00adsicos y para animarlo moralmente, a condici\u00f3n de que haya dado su consentimiento y haya previsto sus propias obligaciones religiosas y sociales. La raz\u00f3n es el alivio del sufrimiento y la posibilidad de obtener una mayor serenidad, o tambi\u00e9n para excluir su rebeli\u00f3n contra la providencia de Dios (cf P\u00ed\u00ado XII, alocuci\u00f3n del 24 de febrero de 1957 a los estudiosos de anestesiolog\u00ed\u00ada). No es l\u00ed\u00adcito nunca suministrar narc\u00f3ticos con el \u00fanico fin de adelantar la muerte del paciente; ello constituir\u00ed\u00ada una aut\u00e9ntica y propia t eutanasia, ileg\u00ed\u00adtima siempre, aunque se hiciera con el consentimiento del paciente.<\/p>\n<p>Es \u00c2\u00a1licito que el m\u00e9dico, por propia iniciativa, prive totalmente de las facultades mentales hasta el final de su vida a un enfermo que no haya provisto todav\u00ed\u00ada a sus propias obligaciones espirituales (sacramentos) o temporales (testamento). Pero si el enfermo insiste en pedir los narc\u00f3ticos, sin querer cumplir sus propios deberes, el m\u00e9dico se los puede suministrar l\u00ed\u00adcitamente. Una vez que se ha condenado la eutanasia, conviene reconocer al moribundo su derecho a morir en paz, bien evitando el prolongarle in\u00fatilmente la agon\u00ed\u00ada, bien ofreci\u00e9ndole todas las ayudas de narc\u00f3ticos que sirvan a ese fin. Pero si el enfermo, por una elecci\u00f3n de ascesis, rechaza los estupefacientes porque \u00abdesea aceptar el sufrimiento como medio de expiaci\u00f3n y fuente de m\u00e9ritos\u00bb, merece respeto tambi\u00e9n en este deseo suyo cuando la terapia no requiera necesariamente la ausencia de dolor.<\/p>\n<p>2. EL USO SUPERFLUO. Pero el problema de la droga, tal como se plantea hoy, no es el del uso terap\u00e9utico, sino su uso superfluo -aunque de voluntario tiene bien poco, puesto que la droga causa una dependencia y un h\u00e1bito que la hace sentir bien pronto como indispensable.<\/p>\n<p>Queremos protestar contra el \u00abuso superfluo\u00bb de la droga. Y lo hacemos con los argumentos a los que se recurre habitualmente: \u00bfPor qu\u00e9 destruir la propia vida de esta manera? \u00bfPor qu\u00e9 condenar a un infierno ya ahora la propia vida y la de los familiares? \u00bfPara qu\u00e9 sirve aliviar los propios sufrimientos y preocupaciones durante unas horas, si luego volver\u00e1n a aparecer agravados? Pero queremos a\u00f1adir algo que nadie dice: no existe placer&#8217; alguno, al menos absolutamente, en el uso de la droga m\u00e1s extendida y letal: la hero\u00ed\u00adna. La gente piensa que el muchacho se droga porque es hedonista. En realidad lo hace porque sufre profundamente y ha encontrado en la hero\u00ed\u00adna el medio de eliminar estos sufrimientos (socio-pat\u00ed\u00ada). A veces se drogan no los j\u00f3venes peores, sino precisamente los m\u00e1s sensibles, que no soportan lo absurdo de la vida. Este juicio es profundamente aut\u00e9ntico (salvo, quiz\u00e1, para el uso de la coca\u00ed\u00adna y de los otros euforizantes). Los antidepresivos no producen bienestar: se limitan a quitar un mal. Cierto que muchas veces son el conformismo y el deseo de imitar a los otros los que conducen al uso de las drogas. Pero cuando no hay un malestar profundo, el joven deja muy pronto de drogarse. Si uno contin\u00faa drog\u00e1ndose es porque ve que el antidepresivo act\u00faa de esponja de todo el malestar propio.<\/p>\n<p>La cura de la toxicoman\u00ed\u00ada no tiene necesidad del f\u00e1cil e in\u00fatil moralismo. Es una de las tareas m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles. Pero es necesario desmentir a los \u00abprofetas de desventuras\u00bb, que afirman que de la droga no se sale. Eso va en contra de la experiencia que muchos j\u00f3venes han hecho personalmente, y por lo tanto es falso. Pero va adem\u00e1s en contra de la actitud que debe alimentar al creyente, una actitud de continua apertura a la esperanza y a la fe: Dios quiere a todos y no abandona a ninguno.<\/p>\n<p>V. El sida y la moral<br \/>\nEl descubrimiento de la inmunodeficiencia adquirida (sida), llamada ya \u00abla peste del 2000&#8242; ha alarmado a muchas personas. Es importante hacer una reflexi\u00f3n equilibrada que, de un lado, no agrande in\u00fatilmente el miedo hasta conducir al portador al suicidio y, del otro, no minimice en el la conciencia de poder ser su transmisor. La marginaci\u00f3n de los drogadictos crece desde que se sabe que en su mayor\u00ed\u00ada son seropositivos y algunos afectados ya por la terrible enfermedad, hasta ahora incurable. A veces, en lugar de estimular la solidaridad se desencadena una marginaci\u00f3n dura y angustiosa (en la escuela en el trabajo, en la sociedad). Un cristiano que tiene vivo el sentido de la justicia no puede callar frente a esta marginaci\u00f3n. Habr\u00e1 que tratar de ver tanto el problema religioso como el \u00e9tico.<\/p>\n<p>1. EL PROBLEMA RELIGIOSO. El sida obliga a repensar muchas cosas, la primera de todas el significado de la vida, del tiempo y de la muerte. El joven enfermo pregunta: \u00bfPor qu\u00e9 debo vivir? \u00bfPor qu\u00e9 debo morir? Las respuestas estereotipadas no sirven. S\u00f3lo sirve el testimonio de quien, condenado a muerte (antes o despu\u00e9s morimos todos), siente lo bonito que es en la vida gastar el tiempo propio y las propias fuerzas en favor de los dem\u00e1s hermanos. \u00abNo s\u00e9 cu\u00e1nto vas a vivir ni s\u00e9 por qu\u00e9 debes morir; pero se esto: Dios es padre de todos nosotros y es bonito pasar la propia existencia en la alegr\u00ed\u00ada de compartirla con el pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>Si lo primero que se ha de testimoniar es la alegr\u00ed\u00ada de vivir, lo primero que hay que evitar es el moralismo y la culpabilizaci\u00f3n. No se puede decir a los afectados por el sida: Dios os ha castigado por ser pecadores, homosexuales o drogadictos. No se puede decir, porque es falso; la enfermedad puede afectar tambi\u00e9n a un heterosexual, al que ha recibido una transfusi\u00f3n y a un ni\u00f1o inocente; pero es m\u00e1s falso teol\u00f3gicamente: \u00ab\u00bfQui\u00e9n ha pecado: \u00e9l o sus padres para que naciera ciego? Os digo: ni \u00e9l ni sus padres, sino para que se viera la gloria de Dios\u00bb (Jua 9:2). A la profunda desilusi\u00f3n por el contagio contra\u00ed\u00addo debe seguir y sustituir un sentido providencial sano, que no evita tener que emplear todas las medidas que la prudencia considere necesarias, pero que libera al creyente de la angustia.<\/p>\n<p>El toxic\u00f3mano (y en especial el enfermo de sida) tiene necesidad de ideales; y el ideal cristiano es realmente sublime. Pero no se puede aprovechar una situaci\u00f3n de angustia para presionar a alguien a que acepte la fe. No puede haber fe sin libertad; y la fe es demasiado grande para que necesite de nuestras mezquinas maniobras. Dios salva al hombre cuando y como quiere. Y para cada ser humano hay un camino de Damasco. Hay que respetar igualmente tanto las comunidades terap\u00e9uticas confesionales (que transmiten el mensaje cristiano) como las pluralistas (que van a la b\u00fasqueda de los valores \u00e9ticos).<\/p>\n<p>2. LOS PROBLEMAS ETICOS. Son muchos los problemas morales y pastorales que hay que volver a plantear a partir del fen\u00f3meno del sida. He aqu\u00ed\u00ad algunos.<\/p>\n<p>Ante todo, el gran problema de la homosexualidad. La insatisfacci\u00f3n por algunas de las soluciones morales tradicionales se convierte aqu\u00ed\u00ad abiertamente en repulsa y rebeli\u00f3n. Es absurdo culpar de criminal al homosexual por lo que \u00abes\u00bb, es decir, por su \u00abactitud\u00bb que precede a su \u00abcomportamiento\u00bb, o dejarlo en la soledad, sin ninguna amistad humana sincera. Hay que recordar que no se ha elaborado ninguna pastoral seria de la homosexualidad (con ayuda de, quiz\u00e1, la gran sensibilidad de los interesados).<\/p>\n<p>El problema del sida ha mostrado el verdadero rostro de cierto liberalismo de ayer sobre el aborto [\/ Interrupci\u00f3n del embarazo], que hoy no teme obligar a abortar cuando en el seno materno hay un ni\u00f1o afectado de sida. Partiendo del aborto por amor a la libertad, se ha llegado a suprimir la libertad por amor del aborto. Nunca se puede conceder a los hombres el derecho de la vida o de la muerte. S\u00f3lo Dios es el se\u00f1or de la vida.<\/p>\n<p>Pero conviene repensar tambi\u00e9n y adaptar a la nueva situaci\u00f3n el tema de la \/educaci\u00f3n sexual y el de la anticoncepci\u00f3n [\/Procreaci\u00f3n responsable]. No se puede prolongar por m\u00e1s tiempo un debate para llegar a ofrecer instrucci\u00f3n y educaci\u00f3n sexual sobre bases no integristas. Ciertamente que dos integrismos no se encontrar\u00e1n nunca, pero la convivencia pac\u00ed\u00adfca y pluralista es necesaria. Del mismo modo, no se trata de santificar la anticoncepci\u00f3n, sino de tomar nota, frente a las parejas que no practican la continencia, de que \u00abla anticoncepci\u00f3n es un desorden, pero que este desorden no siempre es culpable\u00bb. No quiera Dios que el rigorismo absoluto en cuestiones de anticoncepci\u00f3n hoy tenga que reconocerse responsable de muchos abortos que puedan realizarse en el futuro.<\/p>\n<p>Est\u00e1 el problema de guardar el secreto y\/o de manifestarlo tanto a quien est\u00e1 enfermo de sida como a su compa\u00f1ero sano (el problema cl\u00e1sico de decir o no la verdad a los enfermos y el de comunicarlo tambi\u00e9n a su compa\u00f1ero sexual tiene aqu\u00ed\u00ad una urgencia especial, dado lo ineludible de la enfermedad). Est\u00e1 el problema de la experimentaci\u00f3n [\/ Investigaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n biol\u00f3gica]: a veces parece que se prohibe hacerla con animales y cad\u00e1veres y, en cambio, se autoriza demasiado f\u00e1cilmente con personas vivas, incluso sin su consentimiento; otras veces se realiza sin permiso alguno la autopsia normal de cad\u00e1veres, mientras se exigen autorizaciones imposibles para practicarla en un enfermo de sida cuando podr\u00ed\u00ada servir para la investigaci\u00f3n. Est\u00e1 tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre enfermo terminal, asistencia p\u00fablica y voluntariado e Iglesia: el Estado tiende con frecuencia a descargar las propias obligaciones en las espaldas de los privados. Los cat\u00f3licos hacen bien en comprometerse en el l voluntariado, mas eso no debe significar abstenerse de la lucha pol\u00ed\u00adtica por conseguir del Estado un mayor compromiso en favor de los necesitados. Pero hay algo peor: la hipocres\u00ed\u00ada laica que tilda de asistencialismo indebido al deber de socorrer a quien est\u00e1 en dificultad (y sobre todo al enfermo terminal); etc.<\/p>\n<p>Frente a una enfermedad incurable [1 Salud, enfermedad y muerte] se le plantea a la moral de forma dram\u00e1tica la reflexi\u00f3n sobre la esperanza. La esperanza de la curaci\u00f3n deber\u00e1 darla el m\u00e9dico cuando efectivamente exista. Pero la esperanza existencial o escatol\u00f3gica puede suscitarla solamente el educador o el creyente, incluso cuando no hay esperanza de curaci\u00f3n humana. Nunca se es tan pobre que no se pueda dar nada. Se puede dar siempre la propia sonrisa y la propia voluntad de intentarlo de nueva. La vida tiene sentido no s\u00f3lo porque hay salud, sino porque hay apertura oblativa a los dem\u00e1s. En algunas situaciones, cada uno debe experimentar lo importante que es convertirse en mensajero de alegr\u00ed\u00ada y profeta de esperanza.<\/p>\n<p>VI. Las terapias de rehabilitaci\u00f3n<br \/>\nLa reflexi\u00f3n podr\u00ed\u00ada terminar aqu\u00ed\u00ad, entre otras cosas porque no se ven, humanamente, soluciones a corto pla-<br \/>\nzo al problema de la droga. Todav\u00ed\u00ada muchos j\u00f3venes, contagiados de nuestra falsa cultura seguir\u00e1n ilusion\u00e1ndose con el uso de la \u00absustancia\u00bb. Pero hay que reaccionar frente a la tentaci\u00f3n de la impotencia y decir algo, como conclusi\u00f3n, sobre las actitudes que se deben cultivar y sobre las comunidades terap\u00e9uticas.<\/p>\n<p>1. LAS ACTITUDES QUE SE HAN DE CULTIVAR. La moral cristiana es la moral del \u00abcomportamiento\u00bb, pero es sobre todo la moral de las \u00abactitudes\u00bb (\u00abYa ha fornicado en su coraz\u00f3n&#8217;~. Han de evitarse las actitudes moralizantes y de censura. Es necesario escuchar al otro, comprenderlo, no juzgarlo o condenarlo: tambi\u00e9n cuando se trata de inculcar lo absurdo que es el uso de la droga, que parece liberar cuando en realidad esclaviza, somete a una actitud infantil e irresponsable, relega al mundo de la magia y de la subcultura, amarra con fuerza a la sociedad capitalista y consumista, hace part\u00ed\u00adcipe a peque\u00f1a escala de las grandes actividades mafiosas de los traficantes deshonestos -y, actualmente, de las multinacionales del crimen y del terrorismo, que dan drogas a cambio de armas- y convierte en personas no libres, sino \u00abdependientes\u00bb, cada vez m\u00e1s heterodependientes (de personas y sustancias).<\/p>\n<p>En segundo lugar hay que cultivar la actitud de la responsabilidad personal y colectiva. \u00bfSe debe reforzar el sentido de v\u00ed\u00adctima del joven que se limita a acusar a la sociedad? \u00bfO se debe, en cambio, empujarle a reconocer que es culpa suya si se droga cuando hay tantos j\u00f3venes que no lo hacen? No caer en el moralismo no significa renunciar a insistir en la responsabilidad personal. El joven debe ser consciente de que siempre puede reaccionar, de que puede hacer algo. M\u00e1s a\u00fan: en definitiva, la salvaci\u00f3n est\u00e1 s\u00f3lo en sus manos. No debe en absoluto delegarla en otros. Pero esta responsabilidad personal del joven no debe hacer olvidar la dimensi\u00f3n social del problema. La mejor y m\u00e1s eficaz prevenci\u00f3n pasa por la transformaci\u00f3n de la sociedad, o por lo menos por un intento serio de crear un mundo mejor. La responsabilidad personal y la social (incluida la familiar) no se excluyen, sino que se integran mutuamente.<\/p>\n<p>2. LAS COMUNIDADES ALTERNATIVAS. Para muchos j\u00f3venes la salvaci\u00f3n hoy se llama comunidad, la que, a veces, para padres y adultos es s\u00f3lo un medio de liberarse de la convivencia con el toxic\u00f3mano. Es-.injusto delegar todo en las comunidades; es excesiva la carga de esperanza que se pone en ellas. La comunidad es un instrument\u00f3 \u00fatil, nada m\u00e1s. Uno puede salvarse sin comunidad o puede seguir unido a la droga (afectivamente y, quiz\u00e1 bien pronto, tambi\u00e9n efectivamente) aun contando con una comunidad. La comunidad puede s\u00f3lo apoyar, pero no puede sustituir la voluntad del sujeto.<\/p>\n<p>Las comunidades terap\u00e9uticas deber\u00ed\u00adan ser todas alternativas: alternativas a la soluci\u00f3n m\u00e9dica y farmacol\u00f3gica (que consiste en ingerir -in\u00fatilmente- otras drogas, como metadona y psicof\u00e1rmacos); a la soluci\u00f3n carcelaria o de internamiento, porque la persona est\u00e1 hecha para vivir en sociedad y no aislada; a la vida \u00abde fuera\u00bb, donde s\u00f3lo existe el do ut des, porque ofrece la posibilidad de experimentar la belleza del compromiso voluntarista y del don gratuito (son, pues, una contradicci\u00f3n en s\u00ed\u00ad mismas las comunidades con \u00e1nimo de lucro); a la ilusi\u00f3n tecnol\u00f3gica, que pretende ofrecer todos los bienes sin ning\u00fan mal y que corre el riesgo de ofrecer muchos males sin ning\u00fan bien (como no existe la \u00abmagia\u00bb de la droga, tampoco existe la \u00abmagia\u00bb de la sauna o de cualquier otra cosa: es la misma subcultura, pero con presentaciones de apariencias cient\u00ed\u00adficas y suntuosas). La vida en comunidad deber\u00ed\u00ada ser como la de los primeros cristianos, que pon\u00ed\u00adan todo en com\u00fan, viv\u00ed\u00adan juntos y s\u00e9 llevaban bien. Por lo menos es necesario \u00abtratar\u00bb de hacerlo. De esta manera se reacciona contra la cultura contempor\u00e1nea, para la que parece que poseer y consumir cuente m\u00e1s que ser y amar.<\/p>\n<p>Existen varios tipos de comunidades terap\u00e9uticas, pero un denominador com\u00fan une idealmente a las que pretenden trabajar en serio para ayudar a los j\u00f3venes a resolver sus problemas existenciales. Desilusiona que algunas comunidades se parezcan m\u00e1s a los antiguos colegios represivos, e incluso a las c\u00e1rceles de tipo B, que a las libres asociaciones de personas que se quieren y ponen todo en com\u00fan. En ellas precisamente los j\u00f3venes que se han equivocado pueden ayudar a otros a salir del t\u00fanel de la droga.<\/p>\n<p>[\/Corporeidad IV, 4; \/Salud, enfermedad, muerte; \/Suicidio].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Drogayfamilia, PS, Madrid 1987 CERVERA S., Un signo de nuestro tiempo: las drogas, Magisterio Espa\u00f1ol, Madrid 1975; CUADERNOS INAS, Asistencia a toxic\u00f3manos, n. 7, Madrid 1982; ENGELMAIER L.J., El Patriarca. Drogas, Asoc. Le Patriarche International, 1986; ESPINAZO GARC\u00ed\u008dA J., La droga (Aspectos criminol\u00f3gicos), Inst. de Criminolog\u00ed\u00ada Madrid 1980; FREILE S., Drogodependencias, INSS, Madrid 1980; GONZ\u00ed\u0081LEZ Duxo E., Consumo de drogas en Espa\u00f1a, Villalar, Madrid 1978; HXRINO B., La terapia de la drogadicci\u00f3n, en Moral y medicina, PS, Madrid 1972, 191ss; Juventud (Revista de Estudios de) 17 (1985), n. monogr\u00e1Fico sobre Droga, Min. de Cultura, Madrid ; Lucwxrnl S., Informe sobre la droga, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976; MAR\u00ed\u008dAS J. y otros, La droga en la juventud, Madrid 1980; OBISPOS DE PAMPLONA, BILBAO, SAN SEBASTI\u00ed\u0081N y VITORIA, El oscuro mundo de la droga, 1984; VARIOS, Drogadicci\u00f3n en el medio escolar I Congreso sobre Drogoprevenci\u00f3n en la Escuela, Tenerife 1987.<\/p>\n<p>L. Rossi<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL SUMARIO I. El fen\u00f3meno y las causas. 1. El fen\u00f3meno; 2. Las causas. II. \u00bfLiberalizaci\u00f3n o represi\u00f3n?: 1. La tesis liberalizadora; 2. La tesis represiva; 3. La v\u00ed\u00ada responsabilizadora. III. Los aut\u00e9nticos problemas: 1. El problema m\u00e9dico; 2. El problema jur\u00ed\u00addico; 3. El problema pedag\u00f3gico. IV. Uso terap\u00e9utico y uso superfluo de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/droga\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDROGA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17251","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17251","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17251"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17251\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17251"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17251"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17251"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}