{"id":17253,"date":"2016-02-05T11:13:26","date_gmt":"2016-02-05T16:13:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escrupulo\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:26","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:26","slug":"escrupulo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escrupulo\/","title":{"rendered":"ESCRUPULO"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Las indicaciones de los manuales preconciliares:<br \/>\n1. Distinciones fundamentales;<br \/>\n2. Las \u00abreglas para los escrupulosos\u00bb;<br \/>\n3. Problemas abiertos.<br \/>\nII. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea:<br \/>\n1. G\u00e9nesis psicol\u00f3gica del sentido moral;<br \/>\n2. Manifestaciones de la psicopatolog\u00ed\u00ada del sentido moral.<br \/>\nIII. L\u00ed\u00adneas de intervenci\u00f3n:<br \/>\n1. \u00bfUna educaci\u00f3n no represiva?;<br \/>\n2. Tratamiento psicol\u00f3gico y confrontaci\u00f3n con lo real;<br \/>\n3. Confesi\u00f3n de los pecados y esperanza en el don de Dios:<br \/>\n    a) Escr\u00fapulo y responsabilidad moral,<br \/>\n    b) El encuentro liberador con el Padre,<br \/>\n    c) Conclusiones en el campo pastoral.<\/p>\n<p>La l conciencia es en \u00faltima instancia el criterio decisivo de la moralidad y hay que seguirla tambi\u00e9n cuando se equivoca sin culpa; de ah\u00ed\u00ad se deriva la importancia del problema de los escr\u00fapulos y de otros fen\u00f3menos que pueden calificarse como enfermedades de la conciencia. Nos ocuparemos de los criterios que la tradici\u00f3n nos presenta a este prop\u00f3sito (I) e intentaremos profundizarlos a la luz de los conocimientos que la psicolog\u00ed\u00ada pone a nuestra disposici\u00f3n con vistas a una terapia (II-III).<\/p>\n<p>I. Las indicaciones de los manuales preconciliares<br \/>\n1. DISTINCIONES FUNDAMENTALES. La conciencia escrupulosa se define, siguiendo a san Alfonso, como aquella \u00abque por motivos leves, sin causa o fundamento razonable, a menudo teme el pecado donde de hecho no existe\u00bb (E. GENICOT, I, 46); esto se manifiesta tanto en el discernimiento que precede a la acci\u00f3n como luego, en el miedo de haber cometido pecado mortal. Se hab\u00ed\u00ada advertido que el escr\u00fapulo se refiere siempre a las faltas \u00abmortales\u00bb y que no se manifiesta necesariamente en todos los campos de la moral, ya que habitualmente afecta a sectores particulares (ib, 47). Es siempre muy importante la distinci\u00f3n entre la escrupulosidad verdadera y la transitoria (que no es m\u00e1s que un momento del crecimiento) y, sobre todo, de la conciencia timorata, que intenta evitar el mal incluso en sus formas menos graves. Lo que caracteriza a la conciencia timorata es la ausencia de aquella angustia e incapacidad de conseguir la paz interior, que distingue, en cambio, a la conciencia escrupulosa.<\/p>\n<p>2. LAS \u00abREGLAS PARA LOS ESCRUPULOSOS\u00bb. Aunque nadie puede sustituir a la conciencia de otro, hay que ayudar al escrupuloso; pero la dificultad est\u00e1 justamente en el hecho de que el interesado pide ayuda s\u00f3lo de palabra y no se atiene a lo que se le sugiere. Por eso los tratados tradicionales intentaban resolver las dificultades de los confesores con las \u00abreglas para los escrupulosos\u00bb: que el escrupuloso obre a pesar de cualquier duda, que emplee un esfuerzo mediano en el examen de conciencia y no repita por ning\u00fan motivo las confesiones ya hechas; el confesor o director espiritual, una vez que se ha cerciorado de que tiene que hab\u00e9rselas con un escrupuloso, no le permita exponer muy por extenso sus tormentos interiores, sino que m\u00e1s bien inv\u00ed\u00adtele a acercarse a la comuni\u00f3n euc\u00e1r\u00ed\u00adstica; d\u00e9 respuestas claras sin vacilar, y generalmente no aduzca las razones de las directrices se\u00f1aladas (E. GENICOT, I, 48s).<\/p>\n<p>3. PROBLEMAS ABIERTOS. Estas orientaciones revelan ciertamente una notable experiencia pastoral y buena sensibilidad psicol\u00f3gica, al menos en relaci\u00f3n con los datos cient\u00ed\u00adficos de que se dispon\u00ed\u00ada en el pasado. Las mayores reservas que pueden nacer hoy a la luz del aumento de los conocimientos psicol\u00f3gicos, se refieren a la determinaci\u00f3n de quienes son los destinatarios de las \u00abreglas\u00bb, dado que la distinci\u00f3n entre conciencia escrupulosa y conciencia normal no parece haberse fijado de modo neto y que los casos de patolog\u00ed\u00ada del sentido moral se ha visto que son muy variados. Es cierto que la praxis tradicional dejaba un amplio margen a la sensatez del confesor, pero quiz\u00e1 hubiera sido \u00fatil recordar m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente la exigencia de estudiar los detalles de los casos en particular. El consejo de no explicar las razones de las directrices dadas estaba justificado por la exigencia de poner al confesor en guardia para no entrar en el juego de una imaginaci\u00f3n enferma con da\u00f1o propio y del penitente; pero corr\u00ed\u00ada el riesgo de colocar a este \u00faltimo en situaci\u00f3n de dependencia y de irresponsabilidad, de favorecer la fuga de los problemas reales y de crear un bloqueo del crecimiento moral. Mas en especial era casi inexistente la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el problema de la psicopatolog\u00ed\u00ada del sentido moral y sobre la funci\u00f3n que la fe puede tener en estos casos. A continuaci\u00f3n se expondr\u00e1n algunos elementos que nos ofrece la psicolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, que pueden ser \u00fatiles para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral y para la formaci\u00f3n de la conciencia cristiana.<\/p>\n<p>II. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea<br \/>\n[l Ciencias humanas y \u00e9tica]<br \/>\n1. GENESIS PSICOL\u00ed\u201cGICA DEL SENTIDO MORAL. El desarrollo del sentido moral est\u00e1 ligado al desarrollo ps\u00ed\u00adquico de la persona. A la luz de la pr\u00e1ctica psicoterap\u00e9utica, el hombre se presenta desde su nacimiento como movido por la pulsi\u00f3n, una fuerza que no conoce l\u00ed\u00admites y en la que, por lo menos en los primeros a\u00f1os de vida, no aparecen otras finalidades esenciales que la de buscar una satisfacci\u00f3n material y afectiva. Una fuerza as\u00ed\u00ad caracterizada no puede menos de chocar con las prohibiciones impuestas por la vida en com\u00fan, y sobre todo por los padres, de los cuales depende la vida entera del ni\u00f1o. El miedo imaginario de perder su afecto hace que el hijo no s\u00f3lo bloquee la acci\u00f3n prohibida, sino sobre todo que introyecte y haga suya la instancia prohibitiva, cre\u00e1ndose un supery\u00f3 irreprochable, una pseudoconciencia de naturaleza ps\u00ed\u00adquica, que apela a la sola angustia y remueve del campo de la conciencia cualquier representaci\u00f3n del objeto prohibido. Es importante para el te\u00f3logo moralista recordar que esta angustia es particularmente profunda en cuanto significa sentirse rechazado como persona, y, por otro lado, que la fuerza originaria de la pulsi\u00f3n, una vez reprimida, no se destruye, sino que incluso se vuelve m\u00e1s insistente y obsesiva.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n conflictiva originaria puede tener dos l\u00ed\u00adneas de desarrollo. Cuando el conflicto no es superado (y \u00abse repite\u00bb cuantas veces el sujeto, tambi\u00e9n adulto, se encuentre ante una ley), la valencia agresiva de la pulsi\u00f3n rechazada se revuelve contra el sujeto en forma de sentido de culpa, angustia que no est\u00e1 ligada a una falta particular, sino a la presencia (oscura respecto a su origen y a sus fines) del deseo rechazado en toda su violencia. Estas consecuencias negativas se superan cuando el sujeto comprende que la instancia prohibitiva (el padre y los sucesivos representantes de la autoridad) no quieren bloquear la fuerza del deseo, sino orientarla hacia metas no imaginarias, y se le presenta no como concurrente, sino como modelo y promesa de un futuro mejor. En este caso la pulsi\u00f3n no es negada, sino guiada a fines constructivos en lo real, hacia un equilibrio afectivo y una capacidad de percibir los valores humanos aut\u00e9nticos (la llamada \u00absublimaci\u00f3n&#8217;~.<\/p>\n<p>2. MANIFESTACIONES DE LA PSICOPATOLOG\u00ed\u008dA DEL SENTIDO MORAL. Las consecuencias de no superar el conflicto entre pulsi\u00f3n y ley son muy varias. En el caso cl\u00e1sico del escrupuloso encontramos una incapacidad para distinguir entre faltas importantes y secundarias; tormentos por saber si una acci\u00f3n o un pensamiento han sido libremente queridos; b\u00fasqueda ansiosa de seguridades con repetici\u00f3n obsesiva consiguiente de ex\u00e1menes de conciencia y de confesiones; retorno compulsivo del deseo del \u00abfruto prohibido\u00bb, particularmente violento justamente por haber sido rechazado. Es importante notar la escasa preocupaci\u00f3n del escrupuloso por los da\u00f1os eventualmente ocasionados a los dem\u00e1s; se pregunta s\u00f3lo si \u00e9l, personalmente, es responsable de un pecado \u00abmortal\u00bb. Todo esto es signo del car\u00e1cter egoc\u00e9ntrico del sentido psicol\u00f3gico de culpa, de su dependencia de las fuerzas instintivas ciegas, incapaces de aceptar los l\u00ed\u00admites de lo real, y sobre todo la posibilidad de ser perdonados.<\/p>\n<p>Sin embargo, es importante notar que las manifestaciones de este conflicto no s\u00e9 reducen al caso del escr\u00fapulo, sino que asumen formas diversas, que pueden tener consecuencias no menos graves para el individuo y para la sociedad. En efecto, contra el sentido de culpa la psique se defiende sobre todo con el \u00abdesplazamiento\u00bb de las fuerzas pulsionales reprimidas hacia objetos que no despiertan las sospechas del supery\u00f3. En el caso m\u00e1s cl\u00e1sico, se pasa de la \u00ablibido normal\u00bb a la \u00ablibido dominandi\u00bb (A. HESNARD, 94), dando lugar a una castidad \u00e1cida y agresiva, a una desculpabilizaci\u00f3n indebida de sectores de la moral no afectados por la prohibici\u00f3n infantil&#8230; De ah\u00ed\u00ad nacen, en las relaciones humanas, situaciones falsas, dif\u00ed\u00adciles de afrontar, porque los verdaderos m\u00f3viles de la acci\u00f3n se ocultan detr\u00e1s de racionalizaciones y compensaciones, y porque no se reconoce el car\u00e1cter ambiguo de ciertas formas de perfeccionismo que tienen su origen en un profundo rechazo de la realidad y de los l\u00ed\u00admites que ella impone.<\/p>\n<p>Tampoco el fen\u00f3meno de la conciencia lapsa hay que verlo siempre como b\u00fasqueda voluntaria de soluciones f\u00e1ciles. Con frecuencia, bajo actitudes de aireada insensibilidad a algunos valores morales se oculta la misma angustia inaut\u00e9ntica de culpa infantil, que es rechazada y se transforma en su contrario, en una reacci\u00f3n de rechazo radical respecto a cualquier ley y autoridad. Es \u00e9ste un fen\u00f3meno normal en la adolescencia, pero en alg\u00fan caso se presenta como una actitud estable. $n diversos casos el sentido de culpa es superado justamente mediante la realizaci\u00f3n del acto prohibido; ello se explica por el hecho de que la angustia ligada al sentido de culpa no nace de actos culpables, sino del conflicto \u00abinconsciente\u00bb entre deseo y ley. Es posible, pues, defenderse contra semejante angustia ateni\u00e9ndose escrupulosamente a las leyes, pero tambi\u00e9n rechaz\u00e1ndolas o realizando de hecho el deseo prohibido. Esto puede verificarse en el caso de delincuentes que se presentan como enteramente amorales; pero es m\u00e1s f\u00e1cil encontrarlo en fen\u00f3menos masturbatorios, con los cuales se descarga la angustia nacida de la pulsi\u00f3n reprimida, con el resultado pr\u00e1ctico de agudizar el sentido mismo de culpa y de establecer una \u00abcoacci\u00f3n a repetir\u00bb que implica una dependencia an\u00e1loga a la causada por las drogas. Algo an\u00e1logo puede ocurrir en ciertas manifestaciones agresivas, en la b\u00fasqueda de experiencias extramatrimoniales o con otros medios con los que se intenta resolver problemas ps\u00ed\u00adquicos m\u00e1s profundos.<\/p>\n<p>Un mecanismo de defensa particularmente peligroso es la proyecci\u00f3n de la culpa en \u00abchivos expiatorios\u00bb (jud\u00ed\u00ados o \u00e1rabes conservadores o progresistas, etc.) designados por alg\u00fan-l\u00ed\u00adder carism\u00e1tico que asume el papel de padre juez investido del poder de indicar a los culpables de los males sociales; contra ellos es l\u00ed\u00adcito y obligado orientar el desahogo de las tendencias agresivas rechazadas (cf F. FORNARI, bibl.). Por desgracia, asistimos hoy al renacer de este fen\u00f3meno tambi\u00e9n en clave de fanatismo religioso. El actual permisivismo de diversas formas de \/erotismo barato puede leerse de modo muy similar. H. Marcuse habla (bibl.) a este prop\u00f3sito de desublimaci\u00f3n represiva, o sea de la oferta de un desahogo inadecuado para compensar las renuncias impuestas por las exigencias de la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. L\u00ed\u00adneas de intervenci\u00f3n<br \/>\nAhora se ver\u00e1 c\u00f3mo pueden articularse las aportaciones centrales de la psicolog\u00ed\u00ada con el discurso \u00e9tico y de fe.<\/p>\n<p>1. \u00bfUNA EDUCACI\u00ed\u201cN NO REPRESIVA? Bas\u00e1ndose en cuanto se ha observado sobre las consecuencias del conflicto de la pulsi\u00f3n con la ley, se han desarrollado, sobre todo en los a\u00f1os sesenta, teor\u00ed\u00adas seg\u00fan las cuales el sentido de culpa es necesariamente patol\u00f3gico y causa de violenta agre= sividad; por eso hay que eliminarlo con una educaci\u00f3n que no frustre las exigencias pulsionales. En general, estas concepciones han sido rechazadas por las grandes escuelas psicol\u00f3gicas, que contemplan tanto la excesiva severidad como la demasiada indulgencia como hechos negativos que; diversamente, llegan a id\u00e9nticas consecuencias. M\u00e1s a\u00fan: ante la pulsi\u00f3n dejada a s\u00ed\u00ad misma, el sujeto cae habitualmente en una forma de angustia todav\u00ed\u00ada peor, pues, no habiendo aprendido a enfrentarse con la realidad afrontando los riesgos que la vida exige al que desea realizar algo, permanece bloqueado por la angustia frente a su mismo deseo, v\u00ed\u00adctima de cualquier \u00abdroga\u00bb que le permita la huida de los conflictos existenciales. Para favorecer la superaci\u00f3n positiva del conflicto infantil, la educaci\u00f3n ha de expresar tanto el afecto como la decisi\u00f3n de un gu\u00ed\u00ada seguro. Las reprensiones no pueden menos de existir: conducen el deseo imaginario a la medida de lo real; pero es fundamental que no se destruya el ambiente de aceptaci\u00f3n y de amor que, incluso cuando se equivoca, necesita el ni\u00f1o y del que no debe poder dudar jam\u00e1s. Es importante el modo de hacer la reprensi\u00f3n; por ejemplo, una expresi\u00f3n de c\u00f3lera, igual que un permisivo dejar correr, puede entenderlos el ni\u00f1o, incapaz de relativizar sus sentimientos, como odio o abandono, representando as\u00ed\u00ad una frustraci\u00f3n efectivamente pat\u00f3gena. Lo que mejor que todo guiar\u00e1 a los padres en la b\u00fasqueda del justo equilibrio en sus intervenciones educativas ser\u00e1 un amor que no sea posesi\u00f3n, la cual se muestra, por ejemplo, intentando que los hijos den satisfacciones y realicen cuanto los padres no han conseguido realizar ellos mismos; sobre todo se manifiesta en la incapacidad para favorecer en ellos el desarrollo de una personalidad aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>2. TRATAMIENTO-PSICOL\u00f3GICO Y CONFRONTACI\u00ed\u201cN CON LO REAL. La terapia anal\u00ed\u00adtica-no mira a la eliminaci\u00f3n de las prohibiciones, sino a que se d\u00e9 expresi\u00f3n simb\u00f3lica a los conflictos reprimidos. Se trata de una t\u00e9cnica que, an\u00e1logamente a la del arque\u00f3logo, tiende en el curso de la relaci\u00f3n de transfert que se establece entre paciente y terapeuta a identificar las huellas de las experiencias pasadas e interpretarlas. En esa relaci\u00f3n \u00abse repite\u00bb el pasado, en el sentido de que el paciente revive sus emociones antiguas orient\u00e1ndolas hacia el terapeuta, es decir, a una persona que no entra en el juego de sus conflictos y compensaciones afectivas, no proyecta sobre \u00e9l sus problemas personales, no pronuncia juicios ni de condena ni de aprobaci\u00f3n, por lo cual representa para \u00e9l la realidad con sus exigencias y sus l\u00ed\u00admites. En este contexto las expresiones de los afectos, arrancadas al influjo de los conflictos infantiles, pueden interpretarse y verse en su verdad, convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad en una palabra capaz de integrarse en el discurso consciente y libre del sujeto: la demas\u00ed\u00ada que caracterizaba las manifestaciones originarias de la b\u00fasqueda del placer y de la aprobaci\u00f3n por parte del supery\u00f3 se confronta expl\u00ed\u00adcitamente con las exigencias de lo real, en particular con las exigencias de las otras personas.<\/p>\n<p>-La terapia anal\u00ed\u00adtica conduce al sujeto a reconocer los l\u00ed\u00admites de diverso tipo que le impone lo real (cf A. VERGOTE, L \u00e9tica&#8230;), pero esto no significa que se realice autom\u00e1ticamente un equilibrio humano pleno. En efecto, siendo la pulsi\u00f3n una fuerza vital del hombre, no se la puede destruir o regular de modo puramente voluntario; hay que descubrir nuevas metas y valores existenciales hacia los cuales orientar aquellas energ\u00ed\u00adas, metas que sean social y humanamente aceptables. Es el proceso que Freud (cf Psicoan\u00e1lisis, 1562-1563) llama sublimaci\u00f3n, pero que quiz\u00e1 sea mejor denominar canalizaci\u00f3n, como se expresan algunos psic\u00f3logos personalistas. En todo caso, la obra de purificaci\u00f3n de la psicoterapia ha de integrarse en el nivel de los valores conscientemente aceptados, En este punto le compete un papel espec\u00ed\u00adfico al consejero espiritual.<\/p>\n<p>3. CONFESI\u00ed\u201cN DE LOS PECADOS Y ESPERANZA EN EL DON DE DIOS.<\/p>\n<p>a) Escr\u00fapulo y responsabilidad moral. Si el escrupuloso descubre culpas y responsabilidades incluso donde manifiestamente no existen, no hay que concluir por eso que deba ser \u00abdesculpabilizado\u00bb en forma global. Una interpretaci\u00f3n \u00e9tica de los datos psicol\u00f3gicos nos permite ver que, para realizarse como hombre, el escrupuloso debe ante todo \u00abhacerse libre\u00bb (cf Jua 8:36) utilizando todas las posibilidades que se le ofrecen de superar sus bloqueos interiores. No se puede excluir a priori alguna responsabilidad moral del sujeto por no haber desarrollado un esfuerzo suficiente para intentar salir del c\u00ed\u00adrculo vicioso que hace est\u00e9ril su existencia. \u00abEl que desobedece a su conciencia en el campo de las relaciones omnicomprensivas de la ley del amor, tiende a refugiarse en el esfuerzo asfixiante y restringido de cumplir los m\u00e1s m\u00ed\u00adnimos detalles de algunas leyes, para esconderse a s\u00ed\u00ad mismo y a los otros su apat\u00ed\u00ada y su laxismo en las \u00e1reas realmente importantes de la moral\u00bb (B. Haring). Semejante actitud, prosigue el autor, citando a san Alfonso, nace de una falsa imagen de Dios, visto como un tirano siempre pronto a castigar.<\/p>\n<p>Es claro que la medida de esta eventual responsabilidad del escrupuloso es muy. dif\u00ed\u00adcil de determinar. Lo que importa aclarar es la negatividad objetiva de la actitud como tal. Desde un punto de vista m\u00e1s psicol\u00f3gico, A. Vergote (La peine&#8230;) observa que la pretensi\u00f3n de ser justo con las propias fuerzas, igual que el rechazo de la ley misma para justificar las propias transgresiones,. representan dos modos diversos pero igualmente inaut\u00e9nticos de afirmar la propia inocencia, entendida como b\u00fasqueda narcisista de no tener. necesidad del perd\u00f3n de nadie, de no depender ni de Dios ni de los hombres; en ambos casos se trata de una actitud inaut\u00e9ntica de autosuficiencia.<\/p>\n<p>b) El encuentro liberador con el Padre. La psicolog\u00ed\u00ada estudia la g\u00e9nesis del sentido moral m\u00e1s o menos inaut\u00e9ntico, descubriendo, por consiguiente, los l\u00ed\u00admites de la responsabilidad humana. La revelaci\u00f3n tiende no tanto a medir el grado de la responsabilidad cuanto a liberar al hombre orient\u00e1ndolo hacia el futuro, haci\u00e9ndole superar el peso de su pasado en la experiencia del encuentro con el Padre, que pronuncia sobre el pecador una palabra de reconciliaci\u00f3n y le reconoce de pleno derecho como hijo (cf Lc 15). Estamos, pues, fuera de la l\u00f3gica psicol\u00f3gicamente ambigua del juicio moral sobre la persona; tal juicio si se lo pronuncia antes de la vuelta definitiva de Cristo, es condenado en\u00e9rgicamente (cf 1Co 4:3s; Mt 7,Is). La Biblia no se hace ilusiones sobre el hombre y subraya fuertemente los l\u00ed\u00admites humanos, lo tr\u00e1gico de la vida, el pecado; el hombre est\u00e1 llamado a tomar conciencia de todo esto, a expresar y confesar su propia culpa, a abandonar sus propias m\u00e1scaras; pero la salvaci\u00f3n y la paz no son vistas en la Escritura como fundadas en la profundidad de esta concienciaci\u00f3n, sino s\u00f3lo en la fe en el amor de Dios, que en Cristo nos reconoce como hijos.<\/p>\n<p>El verdadero impedimento para recibir el don de la liberaci\u00f3n no son las transgresiones m\u00e1s o menos graves y voluntarias, sino la pretensi\u00f3n humana de la autosuficiencia, de la autonom\u00ed\u00ada total, que esconde la propia desnudez radical (cf G\u00e9n 3). De esta pretensi\u00f3n nace tanto la b\u00fasqueda ansiosa, t\u00ed\u00adpica del escrupuloso, de una seguridad basada en la propia justicia, como el endurecimiento del coraz\u00f3n y la autojustificaci\u00f3n del que reh\u00fasa reconocerse pecador. Esta negativa a reconocer la propia ceguera (cf Jua 9:40) impide la acci\u00f3n de Dios; por el contrario, el pecado reconocido y perdonado es fuente de una confianza muy fuerte -por estar basada no en s\u00ed\u00ad mismo, sino en Dios-, que permite concentrar las fuerzas propias en el esfuerzo por seguir a Cristo para la realizaci\u00f3n de su reino en la historia. De esto no se sigue siempre que el escrupuloso no sufra ya por sus dudas; en la medida en que no consiga superarlas con los medios normales y con la ayuda del psic\u00f3logo, este malestar podr\u00e1 aceptarlo con la fe como un modo de participar en los sufrimientos redentores de Cristo.<\/p>\n<p>c) Conclusiones en el campo pastoral. Las palabras tranquilizadoras de quien, siguiendo las \u00abreglas\u00bb tradicionales, quiere convencer al escrupuloso de lo infundado de su ansiedad se rechazan a menudo como inconvenientes. De hecho la ansiedad del escrupuloso no es un problema moral; fundamentalmente es un problema psicol\u00f3gico que, como tal, cae fuera de la competencia del sacerdote. El pastor deber\u00e1 ser consciente de la delicadeza de los equilibrios ps\u00ed\u00adquicos subyacentes al sentido moral y de la diversidad que estos fen\u00f3menos asumen en las diferentes personas. Del psic\u00f3logo deber\u00e1 aprender actitudes de fondo y t\u00e9cnicas para mantener v\u00e1lidamente un di\u00e1logo sin entrar en el campo de la psique profunda, en el que carece de competencia, y si lo hiciera, correr\u00ed\u00ada el riesgo de exponer a falsificaciones su propia acci\u00f3n espiritual m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Puesto que las diversas formas de psicopatolog\u00ed\u00ada del sentido moral dependen todas del conflicto infantil, com\u00fan a todos los hombres, entre pulsi\u00f3n y ley, el discurso sobre el escr\u00fapulo hay que introducirlo en el discurso de conjunto sobre la formaci\u00f3n de la conciencia moral. En efecto, si el anuncio moral habitual se hace de un modo legalista y usa un lenguaje af\u00ed\u00adn al del supery\u00f3 infantil, el escrupuloso, a pesar de cuanto se le diga en contra, se ver\u00e1 siempre empujado hacia sus angustias imaginarias y no se percatar\u00e1 nunca de que en su caso se debe hacer una excepci\u00f3n al rigor de la ley interpretada con la m\u00e1xima minuciosidad. Esta presentaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la moral favorecer\u00e1 igualmente a las otras formas de defensa del sentido de culpa que en varios modos permiten enmascarar el ego\u00ed\u00adsmo humano. Para ayudar a las personas a superar estas diversas formas de inautenticidad, el gu\u00ed\u00ada espiritual deber\u00ed\u00ada seguir sustancialmente el camino indicado por la Escritura. En efecto, en el encuentro con el Padre el hombre se percibe a s\u00ed\u00ad mismo en la verdad; las m\u00e1scaras y las seguridades ilusorias tras las cuales se ocultaba su ego\u00ed\u00adsmo son denunciadas con lucidez total y sin excusas, pero a la vez son vistas en su total inutilidad, ya que la salvaci\u00f3n es ofrecida en todo caso como don del Padre, que nos llama a no remover o excusar nuestro pasado, sino a abrirnos a la confianza en su perd\u00f3n y a proseguir esta historia de la misericordia aceptando y perdonando a nuestros hermanos. De este amor deber\u00ed\u00adan ser siempre vivo testimonio el di\u00e1logo penitencial, la predicaci\u00f3n y la actitud del creyente.<\/p>\n<p>[l Acto humano; l Conciencia; l Pecado].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Senso di colea e coscienza del peccato, Piemme, Casale Monf. 1985; Betanne fT L., La sanctification d\u00e9pend-elle du psychisme7, en \u00abEtudes\u00bb 83 (1950) II, 58-65; FORNAei F., Desmitizaci\u00f3n de la paz y de la guerra, Dopesa,Barcelona 1971; Fesun S., Psicoan\u00e1lisis (Cinco conferencias sobre el psicoan\u00e1lisis), en Obras completas V, Biblioteca Nueva, Madrid 1972, 1533-1570; In, El malestar en la cultura, en Obras completas VIII, Biblioteca Nueva, Madrid 1983, 3017-3967; GARCIA-VICENTE J., Fenomenolog\u00ed\u00ada del escr\u00fapulo religioso, PS, Madrid 1963 (con pr\u00f3logo de J. Rof Carballo); GEn1C0T E., Institutiones theologiae moralis, 3 vals., Lovaina 1931; GOFFI T., Alma escrupulosa. 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Rossi<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL SUMARIO I. Las indicaciones de los manuales preconciliares: 1. Distinciones fundamentales; 2. Las \u00abreglas para los escrupulosos\u00bb; 3. Problemas abiertos. II. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea: 1. G\u00e9nesis psicol\u00f3gica del sentido moral; 2. Manifestaciones de la psicopatolog\u00ed\u00ada del sentido moral. III. L\u00ed\u00adneas de intervenci\u00f3n: 1. \u00bfUna educaci\u00f3n no represiva?; 2. Tratamiento psicol\u00f3gico y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escrupulo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESCRUPULO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17253","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17253","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17253"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17253\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17253"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17253"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17253"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}