{"id":17266,"date":"2016-02-05T11:13:51","date_gmt":"2016-02-05T16:13:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libertad-y-responsabilidad\/"},"modified":"2016-02-05T11:13:51","modified_gmt":"2016-02-05T16:13:51","slug":"libertad-y-responsabilidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libertad-y-responsabilidad\/","title":{"rendered":"LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Libertad y experiencia moral:<br \/>\nI. De la negaci\u00f3n a la mitificaci\u00f3n de la libertad;<br \/>\n2. Libertad de elecci\u00f3n o de autodeterminaci\u00f3n;<br \/>\n3. Libertad y persona.<br \/>\nII. Libertad moral y reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica:<br \/>\n1. \u00abLibertad de\u00bb:<br \/>\n    a) El pecado,<br \/>\n    b) La muerte,<br \/>\n    c) La ley<br \/>\n2. \u00abLibertad para\u00bb:<br \/>\n    a) Libertad como \u00abparres\u00ed\u00ada ,<br \/>\n    b) Libertad para el bien<br \/>\n    c) La primac\u00ed\u00ada de la caridad.<br \/>\nIII. La libertad moral como libertad fundamental en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica:<br \/>\n1. Libertad fundamental y libertad de elecci\u00f3n;<br \/>\n2. Libertad fundamental y caridad;<br \/>\n3. Libertad fundamental y gracia.<br \/>\nIV. Libertad-liberaci\u00f3n en la vida moral:<br \/>\n1. Liberaci\u00f3n e historia;<br \/>\n2. Liberaci\u00f3n como desarrollo integral de la persona;<br \/>\n3. Liberaci\u00f3n y compromiso pol\u00ed\u00adtico<br \/>\nV. Libertad y responsabilidad moral concreta:<br \/>\n1. Valoraci\u00f3n de la responsabilidad;<br \/>\n2. Responsabilidad personal y responsabilidad colectiva.<\/p>\n<p>I. Libertad y experiencia moral<br \/>\nEl concepto de libertad, que la teolog\u00ed\u00ada moral ha ido elaborando en el transcurso de los siglos, se presenta como la profundizaci\u00f3n del sentido que de la libertad nos ofrece la revelaci\u00f3n en un di\u00e1logo ininterrumpidocon la tradici\u00f3n del pensamiento occidental. El problema de la libertad,en efecto es uno de los problemas centrales de la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica de Europa. La libertad se considera componente esencial del ser del hombre, ya que da significado a la existencia y especifica y caracteriza el obrar humano; obrar que, por ser libre, se hace moral.<\/p>\n<p>Sin embargo, el t\u00e9rmino \u00ablibertad\u00bb asume matices y significados diversos, con arreglo a las perspectivas dentro de las que se mueve y a las disciplinas a las que hace referencia.<\/p>\n<p>El concepto de libertad que aqu\u00ed\u00ad vamos a precisar es el de la libertad moral, y m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente el de la libertad moral del cristiano. Es evidente que la delimitaci\u00f3n de este concepto presupone haber aclarado previamente el significado \u00abontol\u00f3gico\u00bb de la libertad como capacidad que tienen las personas de disponer de s\u00ed\u00ad mismas, es decir, de autodeterminarse, y exige al mismo tiempo una particular atenci\u00f3n a los condicionamientos biops\u00ed\u00adquicos y socio-culturales, que determinan profundamente el ser y el obrar de las personas. La libertad moral es, en efecto, libertad concreta. En otras palabras, coincide con la capacidad efectiva que tenga la persona para orientar la propia existencia. Esto equivale a decir que la libertad moral se sit\u00faa entre la afirmaci\u00f3n abstracta de la libertad en sentido ontol\u00f3gico y la posibilidad concreta de exteriorizarla en las opciones diarias, vinculadas siempre necesariamente a situaciones particulares y contingentes que delimitan el campo de aqu\u00e9lla. De ah\u00ed\u00ad la necesidad, por una parte, de inscribir y anclar la libertad moral en un horizonte general de sentido, que ilumine globalmente la experiencia humana, y, por otra, de tener en cuenta los significados parciales que asume en contacto con las din\u00e1micas de la existencia hist\u00f3rica de las personas.<\/p>\n<p>Resulta innecesario subrayar la importancia que para la comprensi\u00f3n de la vida moral reviste la reflexi\u00f3n sobre la libertad. Esta, en efecto, nos lleva al n\u00facleo mismo de la experiencia subjetiva, ayud\u00e1ndonos a esclarecer la estructura misma de la conciencia como \u00e1mbito del desarrollo de los procesos de asentimiento a s: los valores por parte del hombre.<\/p>\n<p>1. DE LA NEGACI\u00ed\u201cN A LA MITIFICACI\u00ed\u201cN DE LA LIBERTAD. No es in\u00fatil intentar primero describir a grandes rasgos los diversos niveles de autoconciencia de la libertad que caracterizan al actual momento hist\u00f3rico. Esto presupone una lectura cultural el contexto en el que vivimos que acierte a captar el complejo entrama` do de datos estructurales y de est\u00ed\u00admulos ideol\u00f3gicos que concurren a la vez a determinar la percepci\u00f3n de la libertad humana, de sus posibilidades y de sus l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>&#8211; En el terreno de la vida diaria emerge, incluso desde una simple aproximaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica la existencia de una situaci\u00f3n ambivalente, por no decir contradictoria. Por una parte, est\u00e1n en curso en nuestro tiempo procesos que abren nuevas e in\u00e9ditas posibilidades de expresi\u00f3n de la libertad -pi\u00e9nsese en la extensi\u00f3n de la democracia y de las formas cada vez m\u00e1s amplias de participaci\u00f3n y autogesti\u00f3n de la vida-; por otra, se manifiestan signos inquietantes de limitaci\u00f3n de la libertad, vinculados sobre todo a la extensi\u00f3n del fen\u00f3meno de masificaci\u00f3n social y de homologaci\u00f3n cultural, signos que provocan fuertes tendencias a la heterodirecci\u00f3n y a la inducci\u00f3n de necesidades, haciendo vanas las actitudes cr\u00ed\u00adticas y la tensi\u00f3n creativa del hombre. Sin olvidar que el dominio que el hombre est\u00e1 ejerciendo cada vez m\u00e1s sobre s\u00ed\u00ad mismo y sobre la naturaleza, gracias al desarrollo de la ciencia y al perfeccionamiento de la tecnolog\u00ed\u00ada es simult\u00e1neamente fuente de ampliaci\u00f3n de los espacios de autorrealizaci\u00f3n y de nuevas formas de esclavitud. El mundo hominizado, es decir, manipulado por la intervenci\u00f3n humana, no es necesariamente un mundo m\u00e1s humano, m\u00e1s en consonancia con las verdaderas exigencias del hombre. La afirmaci\u00f3n de una libertad sin l\u00ed\u00admites conduce parad\u00f3jicamente a la negaci\u00f3n de la libertad, a que se abran, en otras palabras, situaciones serias de peligro.<\/p>\n<p>&#8211; Por otra parte, si del plano de la vida diaria se pasa al de la interpretaci\u00f3n 1a ambivalencia antes expuesta se hace todav\u00ed\u00ada m\u00e1s evidente. A la par que en nuestra cultura se abre camino la tendencia a una b\u00fasqueda exasperada de identidad subjetiva, las ciencias humanas evidencian en t\u00e9rminos cada vez m\u00e1s radicales los fuertes condicionamientos del sujeto: desde los relacionados con los mecanismos biol\u00f3gicos del instinto y las din\u00e1micas psicol\u00f3gicas del desarrollo de la personalidad hasta los m\u00e1s externos, pero no menos decisivos, debidos a la presi\u00f3n de las estructuras y de las instituciones sociales y, m\u00e1s en general, al peso de la cultura y de los h\u00e1bitos dominantes. El redescubrimiento del car\u00e1cter central del sujeto y del mundo de las necesidadesdeseos que est\u00e1n en la ra\u00ed\u00adz de su exigencia de autoafirmaci\u00f3n corre parejo con una creciente toma de conciencia del enredo extremadamente articulado de fuerzas que act\u00faan en \u00e9l y sobre \u00e9l y que determinan continuas limitaciones de su libertad y de sus opciones.<\/p>\n<p>&#8211; Hay que a\u00f1adir que el concepto mismo de libertad adquiere significados diversos, y a veces contrapuestos, seg\u00fan la \u00f3ptica ideol\u00f3gica desde la que se lo interprete. Junto a una concepci\u00f3n iluminista de la libertad, que hace coincidir \u00e9sta con la proclamaci\u00f3n abstracta y formal de los derechos individuales -concepci\u00f3n exacerbada hoy por la cultura radical-, existe otra m\u00e1s atenta a las posibilidades reales de su ejercicio mediante la creaci\u00f3n de condiciones sociales que garanticen a todos y de manera sustancial el poder de autodeterminaci\u00f3n. Junto a una concepci\u00f3n de la libertad de matriz liberal-burguesa, que tiende a identificarla con la libre iniciativa del individuo, existe otra que presta m\u00e1s atenci\u00f3n a las exigencias objetivas de \u00c2\u00a1ajusticia, que deben ser absolutamente tuteladas y promovidas. La dial\u00e9ctica entre bien personal y bien colectivo es hoy m\u00e1s que nunca de actualidad. La tentaci\u00f3n est\u00e1 en oscilar entre los polos opuestos del individualismo y del colectivismo totalitario. Se hace, pues, patente la necesidad de una redefinici\u00f3n de la libertad que sepa estar correcta y din\u00e1micamente entre libertad de derecho y libertad de hecho, a fin de construir un modelo de convivencia en el que encuentren su justo equilibrio las din\u00e1micas de lo privado y lo p\u00fablico, de lo personal y lo pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>&#8211; Pero donde, en definitiva, se presenta m\u00e1s aguda la apor\u00ed\u00ada y, consiguientemente, el conflicto entre afirmaci\u00f3n y negaci\u00f3n de la libertad, es en el campo de la antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica. Por influjo decisivo de las ciencias humanas se han ido afianzando en estos \u00faltimos decenios algunas teor\u00ed\u00adas interpretativas que tienden a cuestionar radicalmente la libertad, neg\u00e1ndole consistencia objetiva y la posibilidad misma de fundamento, reduciendo a la persona de forma positivista a un haz de fen\u00f3menos caracterizados por l\u00f3gicas mecanicistas y deterministas. El estructuralismo, por una parte, para el que la conciencia no es otra cosa que una especie de reflejo condicionado de los hechos sociales y culturales, y el neoempirismo l\u00f3gico, por otra, que niega validez a toda proposici\u00f3n que contenga un juicio de valor, reducen a nada el espacio de la libertad y de la vida moral misma.<\/p>\n<p>&#8211; De otro lado, la persistencia de corrientes de matriz fenomenol\u00f3gico-existencial y la recuperaci\u00f3n de su vigencia como reacci\u00f3n contra los procesos de disoluci\u00f3n de la identidad humana llevan a una exasperada mitificaci\u00f3n de la libertad y de sus posibilidades de expresi\u00f3n. Se llega incluso a identificar la libertad con el ser total del hombre -pi\u00e9nsese en la postura de J.P. Sartre-, a riesgo de hacer de la libertad un fin en s\u00ed\u00ad misma; de absolutizarla de tal manera que se la disuelva, es decir, que se convierta en pura libertad sin objetivos y sin salida, reduciendo at hombre a \u00abpasi\u00f3n in\u00fatil\u00bb y consagrando su existencia a la nada de la muerte.<\/p>\n<p>La percepci\u00f3n de la libertad y de su desarrollo existencial concreto es, pues, en nuestro tiempo, una percepci\u00f3n precaria. La oscilaci\u00f3n entre los dos polos opuestos de la negaci\u00f3n y la mitificaci\u00f3n -polos que, en \u00faltimo an\u00e1lisis, confluyen en un resultado id\u00e9ntico- pone de manifiesto la necesidad de una reflexi\u00f3n sobre la libertad que afirme, por un lado, el fundamento y la posibilidad de ejercicio de la misma y haga suyo, por otro, el l\u00ed\u00admite vinculado a la precariedad de la condici\u00f3n humana, a su estar situada en el espacio y en el tiempo y, consiguientemente, a la presi\u00f3n inevitable de los condicionamientos que sobre ella se ejercen. Se trata, en definitiva, de hacer sitio a una visi\u00f3n de la libertad que, sin negar su consistencia, no encubra su densidad real y, consiguientemente, los inevitables aspectos de limitaci\u00f3n que la connotan y la circunscriben.<\/p>\n<p>2. LIBERTAD DE ELECCI\u00ed\u201cN O DE AUTODETERMINACI\u00ed\u201cN. En su existencia concreta, el hombre experimenta a un tiempo su doble condici\u00f3n de ser libre y ser condicionado. La filosof\u00ed\u00ada ha reflexionado mucho sobre esta experiencia fundamental, en un intento de ofrecer una interpretaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica, es decir, de demostrar la existencia de la libertad, indicando tambi\u00e9n c\u00f3mo y por qu\u00e9 se desarrolla \u00e9sta.<\/p>\n<p>Punto de partida de esta reflexi\u00f3n ha sido siempre el an\u00e1lisis de la voluntad y de su mecanismo de acci\u00f3n. Ahora bien, la voluntad humana se manifiesta principalmente c\u00f3mo una tendencia, la cual no es otra cosa que la inclinaci\u00f3n del ser hacia su plenitud en la, l\u00ed\u00adnea de su esencia, de sus determinaciones ontol\u00f3gicas, d\u00e9 su \u00abforma\u00bb. En otras, palabras, la voluntad es una potencia, y, como tal, se define por su objeto propio, frente al cual posee una orientaci\u00f3n necesaria.<\/p>\n<p>La libertad como libre arbitrio, es decir, como capacidad del hombre de elegir, es inherente a la voluntad como tendencia natural. El objeto `de esta inclinaci\u00f3n es el bien total, respecto del cual la voluntad no puede, por tanto, dejar de sentir su necesidad. Pero de ese objeto la voluntad no hace, hic et nunc, experiencia inmediata. De aqu\u00ed\u00ad nace la posibilidad de la libertad. Esta, por tanto, estriba en la desproporci\u00f3n que se da entre la amplitud trascendental del objeto de la voluntad y la finitud de los bienes particulares, que constituyen los objetos de la presente experiencia del hombre. El horizonte, en efecto, de las posibilidades primordiales del hombre es infinito; pero las posibilidades concretas que la presente situaci\u00f3n hist\u00f3riga le ofrece son, de hecho, limitadas y parciales.<\/p>\n<p>Por otra parte, colocada ante estos bienes parciales, la voluntad tiene que romper la indeterminaci\u00f3n y determinar&#038;e por s\u00ed\u00ad sola. La libertad es precisamente este poder de autodeterminaci\u00f3n, que se funda en el dinamismo fundamental que la orienta hacia el sumo bien. Es evidente que tal libertad de elecci\u00f3n tiene su ra\u00ed\u00adz \u00faltima en la raz\u00f3n, y m\u00e1s concretamente en la capacidad que \u00e9sta posee para aprehender el bien universal y para medir la distancia existente entre este \u00faltimo y cada uno de los bienes particulares que experimenta existencialmente. En efecto, la voluntad, en cuanto apetito racional, se determina motiv\u00e1ndose, es decir, asumiendo razones para obrar. Determinarse quiere decir decidirse con conocimiento de causa, es a un tiempo saber y querer; dicho con m\u00e1s exactitud, es querer que determinada raz\u00f3n se convierta para uno en la raz\u00f3n de obrar, que determinado juicio pr\u00e1ctico sea el \u00faltimo juicio pr\u00e1ctico. Ahora bien, indudablemente el \u00faltimo juicio pr\u00e1ctico es, como juicio, un acto de la inteligencia; pero \u00faltimo solamente lo es porque as\u00ed\u00ad lo ha querido quien en \u00e9l ha encontrado su raz\u00f3n de obrar. En la unidad viviente del sujeto humano, inteligencia y voluntad se compenetran y condicionan mutuamente. Por ello, el acto libre del hombre es, en feliz formulaci\u00f3n del P. Sertillanges, \u00abun acto de juicio querido\u00bb o \u00abun acto de querer juzgado\u00bb.<\/p>\n<p>3. LIBERTAD Y PERSONA. Partiendo de estas afirmaciones fundamentales y cl\u00e1sicas, la reflexi\u00f3n moderna ha puesto con mayor ah\u00ed\u00adnco su atenci\u00f3n en la relaci\u00f3n libertadpersona. La libertad de elecci\u00f3n s\u00f3lo es efectivamente un comienzo; se le da al hombre para su liberaci\u00f3n. Reduciendo la libertad a una existencia subjetiva del hombre existente, sin contenido objetivo alguno, se acaba inevitablemente haci\u00e9ndola coincidir con la necesidad de la situaci\u00f3n. El intento de establecer una libertad que sea fin para s\u00ed\u00ad misma, es decir, sin relaci\u00f3n con un l valor, se frustra en el preciso instante en que se propone, ya que convierte toda elecci\u00f3n en indiferente y, como consecuencia, borra de la actividad del hombre todo car\u00e1cter de responsabilidad y de riesgo. Por otra parte, la experiencia moral es experiencia de un valor y, sobre todo, lleva como contrase\u00f1a la percepci\u00f3n del valor del hombre concreto como persona, el cual procede en conformidad o no con su dignidad irrepetible, con mayor o menor fidelidad al sentido aut\u00e9ntico de su existencia. La experiencia \u00e9tica, si bien tiene sus ra\u00ed\u00adces en la situaci\u00f3n y se alimenta de ella emerge de ella y aparece cimentada en la profundidad de la persona. Es experiencia del valor, pero no como un dato ya dado de antemano, sino como el objeto de una elecci\u00f3n libre que tiende din\u00e1micamente a hacerlo realidad a trav\u00e9s de un proceso ininterrumpido. Es aqu\u00ed\u00ad donde tiene su ra\u00ed\u00adz la libertad moral como tensi\u00f3n continua entre lo que somos y lo que queremos y debemos ser, entre la situaci\u00f3n presente y la vocaci\u00f3n que tenemos que hacer realidad. Purificada de todo elemento accesorio, la experiencia moral se muestra, por consiguiente, como la correlaci\u00f3n perenne e inagotable entre la identidad\/ ipseidad \u00ed\u00adntima del yo libre y el sentido que \u00e9ste busca y quiere dar a su propia existencia. En la t opci\u00f3n moral libre el yo se construye a s\u00ed\u00ad mismo y se proyecta con arreglo a un ideal axiol\u00f3gico que lo trasciende y al que, m\u00e1s o menos perfectamente, con mayor o menor \u00e9xito, trata de adecuar su propia vida.<\/p>\n<p>La libertad de elecci\u00f3n no lo es, pues, todo. Est\u00e1 en funci\u00f3n de la liberaci\u00f3n moral entendida como la apertura cada vez mayor del esp\u00ed\u00adritu a los valores y a la plenitud del ser. Una liberaci\u00f3n de estas caracter\u00ed\u00adsticas es una conquista fatigosa. Ante todo, implica una serie de rupturas con los condicionamientos y ios est\u00ed\u00admulos tanto internos como externos.<\/p>\n<p>Pero estas rupturas no son fin en s\u00ed\u00ad mismas; son el presupuesto de acceso a la unidad de la persona, que es el centro de la vida moral. Liberarse quiere decir, en efecto, edificar trabajosamente la unidad moral y espiritual de un ser que corre el riesgo de ser arrastrado a la disgregaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad por la dualidad de las tendencias y de los apetitos. Es precisamente tarea de la persona superar esta dualidad y edificar la armon\u00ed\u00ada interior. Encontramos, pues, a la persona al comienzo y al final de la existencia moral. Al comienzo, en el sentido de que ella es la realidad ontol\u00f3gica que fundamenta la posibilidad de una acci\u00f3n aut\u00f3noma; al final, en el sentido de que la persona metaf\u00ed\u00adsica, considerada en relaci\u00f3n con su vocaci\u00f3n, no es m\u00e1s que una promesa todav\u00ed\u00ada cuyo mantenimiento depender\u00e1 de la plenitud de una existencia activa y de las actividades- desarrolladas en l\u00ed\u00adnea con los valores.<\/p>\n<p>Por todo ello, la libertad de elecci\u00f3n se convierte en libertad moral, en la medida en que uno la ejercita para liberarse. Y liberarse es, en definitiva, abrir la indigencia de nuestra persona a la actualidad fecundante del ser. La verdadera libertad, lejos de perder al elegir, se enriquece. Es cierto que esto implica renuncias: elegir es siempre renunciar a algo. Pero la renuncia del acto libre es s\u00f3lo el signo negativo de una profundizaci\u00f3n interior y el camino, a veces doloroso, por el que se entra en el mundo de los valores.<\/p>\n<p>La edificaci\u00f3n de la unidad de la persona, que es el fin \u00faltimo de la libertad, s\u00f3lo se lleva a cabo eligiendo. Por eso, la aut\u00e9ntica libertad humana no consiste tanto en la posibilidad de elegir cuanto en elegir lo que corresponde a un crecimiento verdadero de la persona, de acuerdo con sus potencialidades y su irrepetible \/ vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Libertad moral y reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\nLa revelaci\u00f3n judeo-cristiana afirma la existencia en el hombre de una libertad real de elecci\u00f3n como fundamento de toda responsabilidad moral y como presupuesto del premio y del castigo: \u00abMira: hoy te pongo delante el bien y el mal. Elige el bien y vivir\u00e1s\u00bb (Deu 30:15). Desde el relato del primer pecado (Gen 2-3; Deu 4:7) se est\u00e1 requiriendo continuamente la responsabilidad del hombre. Los profetas amonestan una y otra vez al pueblo a no hacer mal uso de la libertad ( Isa 1:19; Jer 11:8). Quien pudiendo hacer el mal no lo hace tiene aseguradas la gloria y la felicidad (Sir 31:10).<\/p>\n<p>Est\u00e1, pues, en manos del hombre elegir entre la bendici\u00f3n y la maldici\u00f3n, entre la vida y la muerte (Deu 11:26ss; Deu 30:15-20), y ello hasta el t\u00e9rmino de su existencia (Eze 18:21-28; Rom 11:22s; 1Co 9:27). Las excusas fatalistas son rechazadas sistem\u00e1ticamente: \u00abNo digas: `Fue Dios quien me empuj\u00f3 al pecado&#8217;, porque el no hace lo que odia&#8230; Si t\u00fa quieres, puedes guardar los mandamientos; est\u00e1 en tu mano permanecer fiel\u00bb (Sir 15:11.15; cf Stg 1:13ss). Pablo, despu\u00e9s de haber descrito con tristeza la impotencia fundamental para escapar por s\u00ed\u00ad solo a la tiran\u00ed\u00ada del pecado (Rom 7:14-23), presenta con claridad el don de la gracia victoriosa (Rom 8). Pues bien, esta gracia se ofrece a todos (Rom 2:12-16); por consiguiente, no se puede acusar a Dios de injusticia (Rom 3:5-8; Rom 9:19s).<\/p>\n<p>Sin embargo, la verdadera \u00abnovedad\u00bb de la revelaci\u00f3n en el tema de la libertad est\u00e1 en el poder de liberaci\u00f3n conferido por Dios al hombre. Se trata de una libertad de, es decir, de una sustracci\u00f3n de hecho a los condicionamentos de la naturaleza pecadora y sobre todo de una libertad para, es decir, de un dinamismo interior nuevo, al que el hombre debe corresponder, y que consiste fundamentalmente en el ejercicio concreto de la caridad como amor indiviso a Dios y a los hermanos.<\/p>\n<p>En el AT esta libertad est\u00e1 prefigurada en algunos acontecimientos decisivos de la historia de la salvaci\u00f3n y, a la vez, es esperada como fruto de los tiempos mesi\u00e1nicos. La historia del AT es historia de liberaci\u00f3n: desde la primera liberaci\u00f3n de la esclav\u00ed\u00adtud de Egipto, que da origen al pueblo elegido (Ex 1-15), hasta la liberaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados deportados a Babilonia (Is 40-55). Yhwh, el santo de Israel, es presentado como el liberador.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos siglos del juda\u00ed\u00adsmo inmediatamente anteriores a la venida de Cristo se caracterizan por la espera de la \u00abliberaci\u00f3n definitiva\u00bb, y las plegarias oficiales piden a Yhwh que adelante el d\u00ed\u00ada. El concepto de liberaci\u00f3n es a\u00fan muy ambiguo; algunos, sin duda, esperan una restauraci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. Pero se va abriendo progresivamente camino una concepci\u00f3n religiosa de la libertad, consistente en la purificaci\u00f3n de las culpas y en el don del Esp\u00ed\u00adritu de Yhwh (Sal 50; 130,8; Eze 36:22-28; Zac 12,l0ss; 13).<\/p>\n<p>1. \u00abLIBERTAD DE\u00bb. La libertad tra\u00ed\u00adda por Cristo es algo absolutamente nuevo y desconcertante. Se ofrece a todos aquellos, jud\u00ed\u00ados y paganos, que se adhieran al Hijo de Dios por la fe y la caridad. Se trata de una libertad interior de dimensiones universalistas.<\/p>\n<p>Pablo proclama en todas sus cartas esta fundamental libertad del cristiano: \u00abPara que seamos libres nos liber\u00f3 el mes\u00ed\u00adas&#8230; A vosotros, hermanos, os han llamado a la libertad\u00bb (G\u00e1l 15:1-13; G\u00e1l 4:26-31; 1Co 7:22; 2Co 3:17). Juan insiste en el principio y en el presupuesto de la verdadera libertad. Quien conoce la verdad, es decir, la revelaci\u00f3n de Cristo; quien la acepta con fe y la reconoce como mensaje de salvaci\u00f3n, \u00e9se ser\u00e1 hecho libre por esa verdad precisamente: \u00abLa verdad os har\u00e1 libres&#8230;; por tanto, si el Hijo os libera, ser\u00e9is de veras libres\u00bb (Jua 8:32.36). La verdadera libertad es, pues, una consecuencia de la filiaci\u00f3n divina, que s\u00f3lo Jes\u00fas, como Hijo, puede comunicar, y que s\u00f3lo puede recibirse si se tiene fe en \u00e9l, el enviado y revelador del Padre.<\/p>\n<p>Por consiguiente, la libertad cristiana es un acontecimiento soteriol\u00f3gico y escatol\u00f3gico. Tiene su origen en un hecho hist\u00f3rico (la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or) y en un contacto personal con ese hecho (la adhesi\u00f3n a Cristo en el bautismo). La eficacia de esta libertad como \u00ablibertad de\u00bb, es decir, entendida como superaci\u00f3n de impedimentos fundamentales que caracterizan la existencia del hombre ca\u00ed\u00addo y, consiguientemente, \u00abvendido\u00bb al pecado (Rom 7:14), se manifiesta en un triple campo: respecto al pecado, a la muerte y a la ley.<\/p>\n<p>a) El pecado, al que estamos sometidos como esclavos por nuestro origen (Rom 5:12ss; 1Co 15:21 ; Efe 2:3) y por nuestras culpas personales (Rom 6:17-20), es el verdadero d\u00e9spota, de cuyo yugo nos arranca Cristo. Al pecado se le suele personificar en el dominio de Satan\u00e1s, quien, aunque derrotado, hace continuos esfuerzos por reconquistar el poder perdido (Efe 6:12; 1Pe 5:8); otra personificaci\u00f3n del pecado es la esclavitud de la carne, que lucha en nosotros en contra del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8:5-9; G\u00e1l 5:17ss).<\/p>\n<p>Pablo acent\u00faa la superabundancia de la ! gracia de Cristo (Rom 5:15.20; Rom 8:2), contraponi\u00e9ndola ala dura tiran\u00ed\u00ada que el pecado ejerc\u00ed\u00ada sobre el mundo. Asoci\u00e1ndonos al misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, el bautismo ha puesto fin a nuestra servidumbre (Rom 6:6). Esta liberaci\u00f3n es para todos; tambi\u00e9n los paganos est\u00e1n llamados a beneficiarse de ella: \u00abDios nos sac\u00f3 del dominio de las tinieblas para trasladarnos al reino de su Hijo querido, por quien obtenemos la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Col 1:13s). Esta posibilidad o capacidad nueva ofrecida al hombre se transforma en compromiso a decidirse en contra del pecado, haciendo constantemente la voluntad del Padre.<\/p>\n<p>b) La muerte es la inevitable consecuencia, el precio del pecado (Rom 6:23; Rom 7:11), su descendencia: \u00ab&#8230; el pecado, cuando madura, engendra la muerte\u00bb (Stg 1:15). En Pablo, el tema del pecado y el de la muerte est\u00e1n estrechamente vinculados entre s\u00ed\u00ad y se muestran como interdependientes. La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or ha significado la victoria definitiva sobre la muerte: \u00e9sta ha perdido su aguij\u00f3n (1Co 15:56; Col 2:12-14). El cristiano est\u00e1 definitivamente liberado de la esclavitud del miedo a la muerte (Heb 2:14). Sin embargo, el peligro de recaer en el estado de muerte sigue siendo una amenaza. La liberaci\u00f3n plena y perfecta s\u00f3lo se obtendr\u00e1 con la resurrecci\u00f3n gloriosa (1Co 15:26.54s), porque a\u00fan nos encontramos \u00aba la espera del rescate de nuestro ser\u00bb (Rom 8:23). Con todo, los \u00faltimos tiempos han sido ya de alg\u00fan modo inaugurados y nosotros \u00abhemos pasado de la muerte a la vida\u00bb (1Jn 3:14; cf Jua 5:24) en la medida en que vivimos en la fe y en el amor.<\/p>\n<p>c) La ley no es ya para el cristiano el camino de la salvaci\u00f3n. \u00abVosotros ya no est\u00e1is en r\u00e9gimen de ley, sino en r\u00e9gimen de gracia\u00bb (Rom 6:14; G\u00e1l 5:18). La proclamaci\u00f3n de que el cristiano ha sido liberado de la ley es expl\u00ed\u00adcita en toda la predicaci\u00f3n paulina. Su concepto y contenido lo deduce Pablo de la discusi\u00f3n con el mundo jud\u00ed\u00ado contempor\u00e1neo y con los judaizantes, para los que la ley mosaica constitu\u00ed\u00ada el camino que lleva a la vida y que cre\u00ed\u00adan alcanzar la salvaci\u00f3n mediante el cumplimiento de las prescripciones de la ley. Pablo anuncia que no hay salvaci\u00f3n para nadie si no es por medio de Jesucristo.<\/p>\n<p>Es cierto que, considerada en s\u00ed\u00ad misma, la ley es santa, justa y buena (Rom 7:12; 1Ti 1:8); pero, con el tiempo y las cada vez m\u00e1s r\u00ed\u00adgidas tradiciones de los antiguos (Mar 7:3), se ha convertido en un yugo insoportable (Heb 15:10; G\u00e1l 2:4), en una c\u00e1rcel en la que el jud\u00ed\u00ado est\u00e1 encerrado (G\u00e1l 3:23), en una cadena de la que Cristo nos ha liberado (Rom 7:6). En vez de preservar al hombre del pecado y de la muerte, lo que la ley ha hecho ha sido acrecentar su perdici\u00f3n. La situaci\u00f3n del hombre bajo la ley es una situaci\u00f3n de esclavitud (G\u00e1l 2:4; Rom 7:6); el estado, en cambio, del hombre redimido por Cristo es el de la filiaci\u00f3n y la libertad (G\u00e1l 4:7; Rom 8:14ss; Rom 5:13; 2Co 3:17; Rom 6:14; Rom 7:6; Rom 8:15).<\/p>\n<p>En este mismo sentido, Cristo es el \u00abfin de la ley\u00bb (Rom 10:14), y la libertad-frente-a la ley que tiene el creyente es un efecto de la muerte salvadora de Cristo (G\u00e1l 4:6). Puesto que hemos muerto m\u00ed\u00adsticamente con Cristo, hemos sido ya sustra\u00ed\u00addos a la ley (Rom 7:1-6) y no podemos buscar en la observancia de una ley externa el principio de nuestra salvaci\u00f3n (G\u00e1l 3:2.13; G\u00e1l 4:3ss). Cristo nos ha puesto definitivamente bajo un nuevo r\u00e9gimen, al que si a veces Pablo lo llama tambi\u00e9n \u00abley\u00bb es por tratarse de la \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu que da la vida (Rom 8:2, una ley que el propio Esp\u00ed\u00adritu Santo cumple en nosotros. Ahora bien, \u00abdonde est\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, all\u00ed\u00ad est\u00e1 la libertad\u00bb (2Co 3:17; cf G\u00e1l 5:16.22s) [! Ley nueva].<\/p>\n<p>2. ,\u00bbLIBERTAD PARA\u00bb. La libertad que tiene el fiel respecto a la ley, el pecado y la muerte es un don de la gracia de Dios que Cristo nos ha merecido. Nunca hubiera podido el hombre liberarse con sus solas fuerzas de la esclavitud de las potencias del mal. La llamada a la libertad es, antes que nada, el fruto de la obra redentora de Cristo.<\/p>\n<p>Sin embargo, este don no ha de entenderse pasivamente, y mucho menos como posibilidad de desenfreno absoluto. Algunas de las primeras comunidades cristianas cedieron a la tentaci\u00f3n de este error, lo que suscit\u00f3 con toda justicia la reacci\u00f3n indignada de Pablo. El bautizado es libre en el Se\u00f1or\u00bb, pero queda esclavo de Cristo (1Co 7:22), que lo ha comprado con su sangre (1Co 9:21) La ley de Cristo ha pasado a ser la \u00abley de la libertad perfecta\u00bb (Stg 1:25) y debe entenderse como libertad que cumple un servicio. Al cristiano le obligan unos v\u00ed\u00adnculos nuevos (Rom 16:12-23). La libertad cristiana es una libertad que compromete en la justicia (Rom 6:16; Rom 18:19), en el servicio de Dios (Rom 6:22), en la ley del Esp\u00ed\u00adritu de vida (Rom 8:2), en la uni\u00f3n con el Se\u00f1or crucificado, resucitado y glorificado.<\/p>\n<p>En este contexto cobra sentido la reflexi\u00f3n sobre el ejercicio de la libertad cristiana, tal como esa reflexi\u00f3n nos viene propuesta por la literatura neotestamentana.<\/p>\n<p>a) Libertad como `parresia&#8217;: La libertad del cristiano se manifiesta, ante todo, como atrevimiento, como capacidad de osad\u00ed\u00ada, como confianza audaz. Este es el significado del t\u00e9rmino \u00abparres\u00ed\u00ada\u00bb, que Pablo utiliza con frecuencia para definir la actitud del cristiano. Se trata de la libertad de decirlo todo, que durante su ministerio ejercitaron los ap\u00f3stoles ante las autoridades y que les llev\u00f3 a afrontar con serenidad el martirio mismo.<\/p>\n<p>El cristiano adopta para con Dios un comportamiento de hijo (Efe 3:12; Heb 3:6; Heb 4:16; Un 2,28; 3,21). En el bautismo, en efecto, el cristiano ha recibido un \u00abesp\u00ed\u00adritu de hijo adoptivo\u00bb y no un \u00abesp\u00ed\u00adritu de esclavo\u00bb (Rom 8:14-17). Ante los hombres no puede menos de manifestar una gran osad\u00ed\u00ada a la hora de proclamar el mensaje, gracias a la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu del que est\u00e1 definitivamente revestido (Heb 2:29; Heb 4:13).<\/p>\n<p>b) Libertad para el bien. \u00abA vosotros, hermanos, os han llamado a la libertad; solamente que esa libertad no d\u00e9 pie a los bajos instintos\u00bb (G\u00e1l 5:13). Desde los comienzos, los ap\u00f3stoles tuvieron que denunciar adulteraciones de la libertad cristiana (cf 1Pe 2:16; 2Pe 2:19), y parece que el peligro fue particularmente grave en la comunidad de Corinto. Los gn\u00f3sticos de la ciudad quiz\u00e1 hab\u00ed\u00adan adoptado como programa la f\u00f3rmula paulina \u00abtodo me est\u00e1 permitido\u00bb, pero falseando su sentido; y Pablo se vio obligado a rectificar: el cristiano no puede olvidar que pertenece al Se\u00f1or y que est\u00e1 destinado a la resurrecci\u00f3n (lCor 6,12ss). La libertad del cristiano es, por consiguiente, una libertad orientada al bien.<\/p>\n<p>c) La primac\u00ed\u00ada de la caridad. \u00abTodo est\u00e1 permitido, pero no todo es constructivo\u00bb, precisa todav\u00ed\u00ada el ap\u00f3stol de los gentiles (ICor 10,23). Es necesario renunciar incluso al propio derecho, si el bien de un hermano lo exige (1 Cor 8-10; Rom 14). A decir verdad, no se trata de un l\u00ed\u00admite impuesto a la libertad, sino de un modo m\u00e1s sublime y perfecto de ejercerla. Los cristianos, libres de la antigua esclavitud y convertidos en siervos de Dios (Rom 6), se pondr\u00e1n \u00ablos unos al servicio de los otros por medio del amor\u00bb (G\u00e1l 5:13) como el Esp\u00ed\u00adritu les ense\u00f1a (G\u00e1l 5:16-26). Haci\u00e9ndose siervo y casi esclavo de sus hermanos (ICor 9,19), Pablo no cesaba de ser libre, y al mismo tiempo era imitador de Cristo, el Hijo que se hizo siervo (1Cor l l,l). El secreto de la libertad de los hijos est\u00e1, pues, en vivir la caridad, es decir, en la donaci\u00f3n constante de s\u00ed\u00ad mismos a Dios y a los hermanos.<\/p>\n<p>III. La libertad moral como libertad fundamental en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nLa antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica somete a reflexi\u00f3n el concepto de libertad no por caminos de abstracci\u00f3n, sino a la luz de la relaci\u00f3n concreta existente entre Dios y el hombre. La libertad de elecci\u00f3n se presupone como caracter\u00ed\u00adstica fundamental e inalienable; sin embargo, lo verdaderamente importante es su desarrollo en la relaci\u00f3n del hombre con Dios y con los hermanos.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n del hombre con Dios es constitutiva de su ser: ata\u00f1e al centro de la persona humana. El hombre existe s\u00f3lo como un ser que es interpelado por el misterio de Dios, es decir, como permanente apertura de la criatura al Creador. En la medida en que el hombre se abre a esta toma de posesi\u00f3n por parte de Dios, en esa misma medida alcanza su autonom\u00ed\u00ada y libertad fundamental. \u00abDios mismo, en su libertad soberana, es el lugar de la posibilidad concreta de la libertad del hombre\u00bb (J.B. Metz).<\/p>\n<p>Dios se ha acercado al hombre como libertad liberadora en Jesucristo, el cual se convierte en el lugar en el que la libertad humana es liberada, siendo \u00e9l el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb de Dios en la historia, el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb en el que todas las promesas de Dios se han confirmado y cumplido \u00abde una-vez-para-siempre\u00bb. El misterio de su encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n es el misterio de nuestra definitiva liberaci\u00f3n. La libertad cristiana tiene, pues, una dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica esencial: su verdad nos har\u00e1 libres (cf Jua 8:32). Por eso la teolog\u00ed\u00ada ha de tomar como punto de referencia y de orientaci\u00f3n concreta el destino del hombre en la historia de la salvaci\u00f3n, es decir, la liberaci\u00f3n obrada por Dios en Jesucristo. Pero el acontecimiento-Cristo no debe entenderse s\u00f3lo como un hecho pasado. La encarnaci\u00f3n, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo son una realidad viva y presente hoy para el hombre, y al mismo tiempo una se\u00f1al anticipadora y una promesa para el futuro.<\/p>\n<p>La libertad que el hombre ha conquistado en Cristo se nos da en la Iglesia, que es el lugar en que el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo se hace presente. La Iglesia es el \u00abmemorial de Cristo. Con el anuncio de la palabra de Dios y con los sacramentos nos liberamos cada d\u00ed\u00ada de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos hacemos disponibles para la plenitud de la libertad de Dios, que ser\u00e1 a la vez fruto del don gratuito del Padre y de nuestra participaci\u00f3n activa. El cristiano liberado por Cristo tiene, pues, en la Iglesia la tarea de liberarse y de liberar, es decir, de llevar a su consumaci\u00f3n el proceso inaugurado por Cristo y que el don del esp\u00ed\u00adritu hace eficaz. Por eso, la libertad es para el cristiano una misi\u00f3n y una responsabilidad o, con m\u00e1s hondura a\u00fan, es el sentido mismo de su vocaci\u00f3n en Cristo, la cual debe realizarse en la cotidianidad. En consecuencia, la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica de la libertad desemboca en la eclesiol\u00f3gica y mundana. La libertad, que es fundamentalmente \u00abvida nueva en Cristo\u00bb y \u00abvida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, debe tener un desarrollo concreto en la Iglesia y en el mundo, que son el lugar concreto de la historia de la salvaci\u00f3n, dentro del cual el cristiano est\u00e1 llamado a vivir su relaci\u00f3n con el Dios de la creaci\u00f3n y de la alianza.<\/p>\n<p>1. LIBERTAD FUNDAMENTAL Y LIBERTAD DE ELECCI\u00f3N. La libertad moral del cristiano es, pues, esencialmente libertad fundamental. El cristiano es libre como persona en la totalidad de cuerpo y esp\u00ed\u00adritu y en su constitutiva relaci\u00f3n con los dem\u00e1s y con el mundo. La reflexi\u00f3n moral se centra preferentemente en la actuaci\u00f3n de la libertad a trav\u00e9s del comportamiento; es decir, fija su atenci\u00f3n en la libertad realizada. Pero no se puede olvidar que la actuaci\u00f3n concreta de la libertad no es otra cosa que explicitaci\u00f3n de la libertad fundamental.<\/p>\n<p>El problema de la ciencia moral consiste, entonces, en establecer si y en qu\u00e9 grado, en las buenas y malas tendencias y acciones realizadas con libertad de elecci\u00f3n, la persona dispone de s\u00ed\u00ad misma como de un todo, es decir, en libertad fundamental, y se determina de este modo a s\u00ed\u00ad misma como buena o mala. En resumidas cuentas, la cuesti\u00f3n de la libertad fundamental es la cuesti\u00f3n de la verdadera bondad o maldad moral del hombre.<\/p>\n<p>Es \u00fatil recordar aqu\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n esencial de la libertad con la persona. La persona humana como sujeto es conocimiento y libertad y se realiza en la apertura a los dem\u00e1s y al mundo. Se caracteriza, en efecto, por un car\u00e1cter existencial que le es constitutivo. El yo es inseparable de la afirmaci\u00f3n de su existencia en el mundo y con los dem\u00e1s. Para el hombre estar en el mundo es la forma inmediata de estar en el ser. Ahora bien, es evidente que el mundo en el que el hombre est\u00e1 inserto pesa sobre \u00e9l, lo condiciona, sit\u00faa su quehacer y su destino. El acto libre, que es revelaci\u00f3n especial del ser del hombre, es, por lo mismo, un acto necesariamente \u00absituado\u00bb. Es el signo manifestativo del desarrollo din\u00e1mico de la persona en referencia a su corporeidad, a su ser en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s y con el mundo. No se da libertad absoluta, sin limitaci\u00f3n, en la existencia humana concreta.<\/p>\n<p>Sin embargo, el hombre se realiza en la libertad y como libertad en la medida en que viva su vocaci\u00f3n hasta el fondo, en autenticidad. Esta es la libertad fundamental, que es esencialmente disposici\u00f3n total de la persona, en su existencia concreta, respecto a aquel al que toda persona creada debe estar radicalmente abierta, es decir, respecto a Dios, que le pide entrega completa. Por ello, la libre autorrealizaci\u00f3n de la persona en libertad fundamental o trascendental es mucho m\u00e1s profunda que las acciones morales categoriales.<\/p>\n<p>Por otra parte, esta disposici\u00f3n fundamental no debe considerarse en abstracto como un acto que se realiza una vez por todas. Como corporeidad, el hombre es, en efecto, espaciotemporalidad, un ser hist\u00f3rico que se realiza progresivamente. La libertad fundamental no pasar\u00ed\u00ada de ser una abstracci\u00f3n si no se realizase concretamente en las opciones particulares. Existe, pues, una relaci\u00f3n esencial de reciprocidad entre la actuaci\u00f3n de la persona como tal en libertad funda-mental y las acciones y tendencias particulares de la vida moral. Por un lado, la libertad fundamental, para expresarse y desarrollarse, tiene necesidad de opciones particulares concretas; por otro, estas opciones concretas s\u00f3lo tienen valor en la medida en que son signo de la autodeterminaci\u00f3n de la persona en libertad fundamental. Por eso el juicio moral del comportamiento humano ha de darse a partir de la autorrealizaci\u00f3n de la persona en libertad fundamental, pero sin olvidar que dicha autorrealizaci\u00f3n se tiene que concretar en las opciones particulares que el hombre va haciendo.<\/p>\n<p>Merece la pena una \u00faltima observaci\u00f3n en este an\u00e1lisis. La ejecuci\u00f3n de un acto particular en libertad de elecci\u00f3n nos permite un conocimiento categorial-objetivo, que no es posible tener en la realizaci\u00f3n de la persona como tal en libertad fundamental. La reflexi\u00f3n objetiva del yo nunca podr\u00e1, en efecto, alcanzar la totalidad del yo como sujeto reflexionante y operante. Por esto han afirmado algunos que dicha autorrealizaci\u00f3n es inconsciente. Ahora bien, no cabe duda de que la actuaci\u00f3n de la persona en su profundidad \u00faltima no puede darse de manera inconsciente, porque el ejercicio de la libertad no puede darse de espaldas a la conciencia. Nos referimos a una conciencia trascendental, no refleja, por medio de la cual la persona est\u00e1 toda ella presente a s\u00ed\u00ad misma, no como objeto, sino como sujeto, y no como sujeto conocido, sino autoconsciente; no visto como desde fuera, sino percibido en s\u00ed\u00ad mismo. Es \u00e9sta la forma m\u00e1s profunda de conciencia que la persona humana posee y vive.<\/p>\n<p>2. LIBERTAD FUNDAMENTAL Y CARIDAD. La persona humana no es una m\u00f3nada cerrada en s\u00ed\u00ad misma, sino que, por su naturaleza, est\u00e1 orientada hacia otras personas para abrirse a ellas. La autorrealizaci\u00f3n en el abrirse -el amor- es actuaci\u00f3n de la libertad fundamental de la persona. Pero, en \u00faltima instancia, esta apertura no puede menos de tener como objeto a Dios. La libertad fundamental, pues, se expresa o como amor total a Dios o como rechazo radical de este amor. Evidentemente, una libertad as\u00ed\u00ad s\u00f3lo existe en el estado de actuaci\u00f3n. El hombre maduro y adulto, en su libertad de criatura, se determina siempre a s\u00ed\u00ad mismo abri\u00e9ndose o cerr\u00e1ndose al sentido de su vida, es decir, al Dios que le requiere de forma absoluta.<\/p>\n<p>Esta disposici\u00f3n de la persona ante el absoluto debe realizarse y manifestarse en los actos virtuosos de la libertad de elecci\u00f3n, los cuales especifican categorialmente el acto trascendental de la autorrealizaci\u00f3n. Estos actos, sin embargo, carecer\u00ed\u00adan de sentido si no fueran la concreci\u00f3n y la exteriorizaci\u00f3n de la libertad fundamental.<\/p>\n<p>Se comprende en este contexto el significado que adquiere la primac\u00ed\u00ada de la caridad en la vida moral. La caridad es, en efecto, la autorrealizaci\u00f3n de uno mismo en relaci\u00f3n con el absoluto, es decir, la entrega total del hombre a Dios, que se expresa en libertad fundamental. Los actos morales particulares de la justicia, la verdad, la fidelidad, etc., tienen valor en la medida en que est\u00e1n penetrados \u00ed\u00adntimamente por la caridad, es decir, en tanto que son manifestaciones de la donaci\u00f3n de la persona al absoluto. Por eso, la relaci\u00f3n de las diversas virtudes con la virtud del amor equivale a la relaci\u00f3n de la libertad de elecci\u00f3n categorial con la libertad fundamental trascendental. El amor, que dispone de la persona como tal persona, no es un acto categorial distinto de los dem\u00e1s actos morales categoriales; es, en cambio, autoactuaci\u00f3n trascendental de la persona en la libertad trascendental, expresada en cada uno de los actos categoriales de la libertad de elecci\u00f3n. Por esto la revelaci\u00f3n cristiana nos ense\u00f1a que, en la tarde de la vida, nos juzgar\u00e1n sobre el amor y que los actos virtuosos que hacemos no tienen sentido si no van animados por la caridad (1Cor 13).<\/p>\n<p>Es cierto que la aceptaci\u00f3n o el rechazo de Dios en libertad fundamental no se conoce categorialmente; pero esto no quita para que sea consciente y libre con una percepci\u00f3n trascendental m\u00e1s rica, original y profunda que la categorial-inmediata. En el amor y en el pecado, como realizaciones profundas de la persona en libertad fundamental, se encuentra, pues, una verdadera toma de postura del hoihbre como tal ante Dios. El pensamiento de Dios, en efecto, aunque no se advierte categorialmente, est\u00e1 presente en la conciencia trascendental como horizonte de la realidad humana y, en consecuencia, determina de un modo decisivo el sentido y la profundidad moral del comportamiento del hombre, que, en su realidad m\u00e1s profunda, es amor total o rechazo incondicionado del absoluto revelado corno Padre.<\/p>\n<p>3. LIBERTAD FUNDAMENTAL Y GRACIA. La historia de la salvaci\u00f3n nos recuerda que esta autodonaci\u00f3n de uno mismo a Dios s\u00f3lo es posible superando el ego\u00ed\u00adsmo del hombre concupiscible y don\u00e1ndose a Dios como Padre, a ejemplo del amor del Hijo hecho hombre; en otras palabras, s\u00f3lo en la \/gracia. La participaci\u00f3n en la vida de Dios justifica al hombre operando una transformaci\u00f3n gratuita de la persona. La gracia, si es aceptada libremente, hace que el hombre sea due\u00f1o y disponga de s\u00ed\u00ad mismo en lo profundo de su persona, superando, las tendencias ego\u00ed\u00adstas y respondiendo con amor al Dios del amor. Ella,se ofrece al hombre en esa parte \u00ed\u00adntima de su persona en la que \u00e9l es inseparablemente autonom\u00ed\u00ada y libertad. Ah\u00ed\u00ad precisamente se da la aceptaci\u00f3n o el rechazo de la gracia, aceptaci\u00f3n o rechazo que son disposiciones de uno mismo corno persona. Cada uno de los actos morales, buenos y malos, es entonces expresi\u00f3n y manifestaci\u00f3n de la libre aceptaci\u00f3n o del libre rechazo de la gracia en libertad fundamental y, consecuentemente, efecto de la gracia o consecuencia de la falta de ella. La autorrealizaci\u00f3n del hombre en libertad fundamental, en la cual \u00e9l se abre al absoluto, no es, pues, otra cosa que aceptaci\u00f3n a participar en la vida de Dios, la cual se nos da en Cristo y es, por ello, caridad; por otra parte, el encerramiento pecaminoso del hombre en s\u00ed\u00ad mismo es rechazo del amor del Padre, que se nos ha revelado definitivamente en Cristo.<\/p>\n<p>El amor, que, seg\u00fan afirma la Sagrada Escritura, nos hace observar las palabras del Se\u00f1or, es gracia que Cristo ofrece en libertad fundamental, y es al mismo tiempo la obra de esta gracia. El pecado, verificable en todos los pecados y que constituye la naturaleza m\u00e1s profunda de los mismos, es el rechazo aut\u00f3nomo y ego\u00ed\u00adsta de la gracia ofrecida por el Dios de nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por supuesto, la gracia de Cristo no elimina los condicionamientos humanos, sean \u00e9stos de naturaleza psicol\u00f3gica o sociol\u00f3gica. La libertad fundamental que se realiza bajo el signo de la gracia en las opciones particulares es libertad del hombre y, por lo mismo, libertad situada. No sorprende, por eso, la constante tensi\u00f3n dial\u00e9ctica existente entre opci\u00f3n fundamental y opciones particulares y la incapacidad del hombre para vivir hasta las \u00faltimas consecuencias y siempre la libertad fundamental en las opciones concretas de cada d\u00ed\u00ada. Por otra parte, no se puede dejar de reconocer que la gracia, en cuanto aceptada en el centro de la persona, puede, debido a su fuerza transformadora, tener un influjo en todos los estratos del hombre, ya que \u00e9ste, puesto en acci\u00f3n en su libertad fundamental, trata de integrar en su intenci\u00f3n fundamental todos los estratos de su realidad personal. As\u00ed\u00ad, la gracia procede del centro del hombre y penetra en todos los campos de su vida por medio de los m\u00faltiples actos de la libertad de elecci\u00f3n y, a trav\u00e9s de \u00e9stos, en la obra misma en que se estructura el mundo.<\/p>\n<p>La libertad moral, como libertad fundamental, es, por consiguiente, la autorrealizaci\u00f3n de la persona en la donaci\u00f3n total de s\u00ed\u00ad misma al absoluto, es decir, en la caridad; autorrealizaci\u00f3n que es respuesta positiva y activa a la gracia de Cristo y que se expresa a trav\u00e9s de las opciones particulares por los valores morales.<\/p>\n<p>IV. Libertad-liberaci\u00f3n en la vida moral<br \/>\nLa libertad del cristiano es una libertad que hay que liberar. El cristiano es fundamentalmente libre en Cristo; pero debe desarrollar el -don de Dios a trav\u00e9s de un esfuerzo constante de liberaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y de los dem\u00e1s. La vida moral es, pues, compromiso de liberaci\u00f3n, laborioso y constante.<\/p>\n<p>El fundamento de la liberaci\u00f3n cristiana es Jesucristo, pues en \u00e9l Dios se ha dado a conocer en la historia. Su existencia hist\u00f3rica significa el s\u00ed\u00ad extraordinario de Dios a la humanidad, lo cual hace posible para el hombre un futuro de liberaci\u00f3n. En el misterio de Cristo Dios-hombre est\u00e1 garantizada no s\u00f3lo la salvaci\u00f3n del hombre, sino tambi\u00e9n la del mundo y de la historia, llamados a participar en su glorificaci\u00f3n. La muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo es cumplirnlento y promesa; acontecimiento definitivo de la reconciliaci\u00f3n de la humanidad pecadora con Dios y garant\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n futura. La pascua de Cristo nos abre el futuro, entendido como momento en el que tendr\u00e1 cumplimiento cuanto de manera germinal se nos ha anticipado ya en la persona del salvador.<\/p>\n<p>1. LIBERACI\u00ed\u201cN E HISTORIA. La historia es el lugar en el que estamos llamados a llevar a cabo la liberaci\u00f3n. En ella se manifiesta y realiza la presencia de Dios. Dios ha tomado en serio la historia humana hasta el punto de hacerse \u00e9l mismo historia en Jesucristo. La ley de la encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n, estructura fundamental de la existencia cristiana, implica el s\u00ed\u00ad de Dios a la historia como historia. Consiguientemente, la liberaci\u00f3n cristiana tendr\u00e1 que realizarse en \u00ed\u00adntima y constitutiva relaci\u00f3n con la actividad hist\u00f3rica del hombre. Por otra parte, el cristiano no puede concebir la historia seg\u00fan los esquemas circulares del eterno retorno o del perpetuo cambio -como quieren las concepciones relativista e historicista-,sino seg\u00fan un desarrollo homog\u00e9neo y lineal, que tiene su punto de referencia definitivo en la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo. En efecto, Dios se ha expresado hist\u00f3ricamente y de modo definitivo en Cristo; en \u00e9l ha quedado concluida la revelaci\u00f3n de Dios. Esto significa que lo definitivo existe ya en la historia, aun cuando esta definitividad no sea tal que excluya el futuro, entendido como realizaci\u00f3n plena de la salvaci\u00f3n del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>Entre el \u00abya\u00bb del cumplimiento en Cristo de las promesas veterotestamentarias y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb de la promesa contenida en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo est\u00e1 la acci\u00f3n responsable del hombre, llamado a transformar el mundo y la historia. Por eso, el acontecimiento Cristo implica la responsabilidad total del hombre frente a la historia, en la cual va obr\u00e1ndose el misterio de la salvaci\u00f3n de Dios. La liberaci\u00f3n cristiana es, pues, una liberaci\u00f3n realizada en la historia.<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de algunos, el car\u00e1cter definitivo de la venida de Cristo est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la apertura al futuro que siempre ha reivindicado para s\u00ed\u00ad el cristianismo como uno de sus rasgos caracter\u00ed\u00adsticos. En realidad, esta definitividad ha de entenderse en el sentido de que, en Cristo, Dios ofrece de manera irrevocable a la humanidad una promesa de futuro. El car\u00e1cter definitivo de Cristo no clausura la historia, sino que la abre. La venida de Cristo debe, en efecto, alcanzar a toda la humanidad y al mundo. Cristo sit\u00faa a los hombres en una nueva y extraordinaria condici\u00f3n: les confiere la vocaci\u00f3n de realzarse cor\u00fco \u00abcuerpo\u00bb suyo. De este modo da a la historia un significado y una meta: la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica en \u00e9l.<\/p>\n<p>La esperanza humana, hist\u00f3rica, que puede resumirse en las dos grandes aspiraciones del hombre a la integridad de su ser y a la comuni\u00f3n con todos los hombres y con el mundo, encuentra, pues, en el mensaje cristiano su plena legitimaci\u00f3n. Pero, al mismo tiempo, el mensaje cristiano denuncia los l\u00ed\u00admites y la ambig\u00fcedad de una espera del futuro puramente hist\u00f3rica. La orientaci\u00f3n \u00faltima y definitiva de la historia la dan, en efecto, las que J. Moltmann denomina \u00abreservas escatol\u00f3gicas\u00bb, es decir, el m\u00e1s all\u00e1 de la historia. Son precisamente estas reservas las que le permiten al cristiano abrirse a un horizonte metahist\u00f3rico y transmundano y, al mismo tiempo, juzgar la historia y las parciales realizaciones de las aspiraciones humanas con sentido cr\u00ed\u00adtico con discernimiento, en otras palabras, con conciencia de su relatividad.<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n cristiana es, pues, en \u00faltima instancia, espera de los \u00abcielos nuevos\u00bb y de las \u00abtierras nuevas\u00bb que Dios preparar\u00e1 al final de los tiempos para la humanidad, y simult\u00e1neamente compromiso responsable para realizar aqu\u00ed\u00ad y ahora, es decir, en la historia, el proyecto de Dios. El cristiano sabe que, en definitiva, la base d\u00e9 su esperanza descansa en Jesucristo, es decir, que la humanidad es el camino que conduce a la divinidad, porque Dios mismo se ha humanizado, se ha transfigurado y ha asumido en s\u00ed\u00ad mismo todas las cosas del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>2. LIBERACI\u00ed\u201cN COMO DESARROLLO INTEGRAL DE LA PERSONA. La antropolog\u00ed\u00ada moderna est\u00e1 toda ella orientada a considerar al hombre y al mundo en su esencial relaci\u00f3n con el hombre, no tanto por 1o que ellos han sido y son cuanto principalmente por lo que est\u00e1n llamados a ser; en otras palabras, en relaci\u00f3n con su futuro.<\/p>\n<p>El hombre experimenta en la conciencia misma de su ser la antinomia de su apertura al infinito y de sus l\u00ed\u00admites como criatura. Esta experiencia es la fuente de su radical inquietud, que es tensi\u00f3n hacia la creciente realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad. Es \u00e9ste el dinamismo, la fuerza vital que le empuja hacia el futuro: todo hombre vive porque tiene aspiraciones y hace proyectos. Ser y hacerse constituyen los dos polos de la dial\u00e9ctica de la existencia humana. Ahora bien el hombre advierte que no puede hacerse, que no puede llegar a ser \u00e9l mismo en los actos de su libertad si no es en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s y con. el mundo. El est\u00e1 llamado a realizar su vocaci\u00f3n fundamental de ser cada vez m\u00e1s \u00e9l mismo a trav\u00e9s de la realizaci\u00f3n de una comuni\u00f3n interpersonal cada vez m\u00e1s plena y de un empe\u00f1o ilimitado de transformaci\u00f3n del mundo. Y todo esto a pesar de ser consciente de que ninguna conquista de su acci\u00f3n transformadora del mundo, ning\u00fan encuentro interpersonal pueden representar para \u00e9l la \u00faltima etapa; en otras palabras, a pesar de darse cuenta de que existe un nivel insalvable entre la profunda tensi\u00f3n de su esp\u00ed\u00adritu y los resultados concretos de su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso la liberaci\u00f3n cristiana es desarrollo integral de toda la persona y de todas las personas. La acci\u00f3n liberadora de Cristo -hecho hombre en esta historia y no en una historia marginal a la vida de los hombres ocupa el centro del fluir hist\u00f3rico de la humanidad. Esto significa que la lucha por una sociedad m\u00e1s justa se inscribe, con pleno derecho, en el coraz\u00f3n mismo de la historia de la salvaci\u00f3n. Es cierto que la liberaci\u00f3n radical del hombre que Cristo nos da con su muerte y su resurrecci\u00f3n es esencialmente redenci\u00f3n del hombre del pecado y sus consecuencias. Pero este pecado, que es ruptura de la relaci\u00f3n personal de comuni\u00f3n del hombre con Dios, no es una realidad individual, privada e intimista; es un hecho social, hist\u00f3rico. Es falta de fraternidad, de amor en las relaciones con el pr\u00f3jimo y, consiguientemente, divisi\u00f3n interior. En efecto, las situaciones de injusticia no son casualidades, no son realidades marcadas por un destino ineluctable; detr\u00e1s de ellas hay siempre una precisa responsabilidad del hombre. Si esto es as\u00ed\u00ad, entonces la liberaci\u00f3n, que Cristo nos ha tra\u00ed\u00addo ri\u00f3 puede dejar de tener una dimensi\u00f3n social y pol\u00ed\u00adtica. Y as\u00ed\u00ad, la obra de Cristo habr\u00e1 de consistir en la liberaci\u00f3n total del hombre. En este sentido, la vida cristiana es una pascua, un paso del pecado a la gracia, de la muerte a la vida, de la injusticia a la justicia, de lo infrahumano a lo humano. Cristo, en efecto, mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu, nos hace entrar en comuni\u00f3n con Dios y con todos los hombres. Y precisamente por hacernos entrar en ella triunfa \u00e9l sobre el pecado, negaci\u00f3n del amor.<\/p>\n<p>Pero este proceso, iniciado por Cristo, ha de ser llevado a cumplimiento por el hombre. Esto se obtendr\u00e1 a trav\u00e9s de toda forma de lucha contra la explotaci\u00f3n y la alienaci\u00f3n, lucha que es ya obra salv\u00ed\u00adfica, es decir, construcci\u00f3n del reino. El crecimiento del reino es, pues, un proceso que se desarrolla hist\u00f3ricamente en la liberaci\u00f3n, ya que \u00e9sta significa una mayor realizaci\u00f3n del hombre, la construcci\u00f3n de una sociedad nueva. Sin acontecimientos hist\u00f3ricos liberadores no se da crecimiento del reino; y, no obstante, el proceso de liberaci\u00f3n no se cumplir\u00e1 de manera definitiva hasta la llegada del reino, que, ante todo, es un don. El hecho hist\u00f3rico liberador no es toda la salvaci\u00f3n; m\u00e1s bien es el anuncio de una plenitud que todav\u00ed\u00ada tiene que realizarse.<\/p>\n<p>Todo esto lo requieren, en definitiva, la radicalidad y la totalidad del proceso salvador de Cristo. Nada escapa a Cristo, nada queda fuera de su acci\u00f3n y del don del Esp\u00ed\u00adritu, que confiere a la historia humana su profunda unidad. Por eso la globalidad del proceso liberador alcanza en Cristo su pleno significado. Su misi\u00f3n salvadora es total, abarca a la persona en todas sus dimensiones -toda la persona y todas las personas-; por ello es tambi\u00e9n salvaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica en el sentido m\u00e1s profundo y aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>3. LIBERACI\u00ed\u201cN Y COMPROMISO POL\u00ed\u008dTICO. La consecuencia necesaria es que la acci\u00f3n del cristiano, liberado por Cristo, deber\u00e1 traducirse en un compromiso pol\u00ed\u00adtico por la liberaci\u00f3n del hombre y la humanizaci\u00f3n del mundo. La apertura del cristiano al futuro no es evasi\u00f3n del presente, sino clara y en\u00e9rgica incidencia en las situaciones en que se encuentra inserto. E1 orden presente y todo lo existente est\u00e1n profundamente cuestionados por la \u00abpromesa\u00bb contenida en el misterio pascual de Cristo. La esperanza cristiana, que vence a la muerte, debe por ello echar ra\u00ed\u00adces en la praxis hist\u00f3rica. Si no tomara cuerpo en el presente para empujarlo m\u00e1s adelante, s\u00f3lo ser\u00ed\u00ada una evasi\u00f3n est\u00e9ril. Ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n A. Camus cuando, en otro contexto, dec\u00ed\u00ada que \u00abla verdadera generosidad para con el futuro consiste en darlo todo en el presente\u00bb. Por esto mismo es necesario redescubrir la relaci\u00f3n entre evangelio y \/pol\u00ed\u00adtica. Las estructuras pol\u00ed\u00adticas en las que vivimos son efectivamente realidades basadas en la libertad, asumidas y modificadas por el hombre, por lo que implican la responsabilidad de \u00e9ste. El cristiano, llamado a la liberaci\u00f3n integral del hombre, no podr\u00e1 prescindir de ellas. La ruptura entre la vida religiosa y la vida social ha provocado, por desgracia, el que la religi\u00f3n se haya convertido en una extra\u00f1a para el mundo. Y as\u00ed\u00ad, el mensaje cristiano se ha convertido en un hecho privado y la vida de la fe se ha reducido a una opci\u00f3n personal. Es necesario, como dice J. B. Metz, \u00abdesprivatizar\u00bb el mensaje. Sin embargo, si se quiere evitar el peligro de mezclar lo pol\u00ed\u00adtico y lo religioso, esa desprivatizaci\u00f3n deber\u00e1 hacerse mediante la determinaci\u00f3n de un nuevo tipo de relaci\u00f3n, basado en la carga \u00abcr\u00ed\u00adtica y liberadora del mundo social\u00bb que el mensaje cristiano posee.<\/p>\n<p>La proclamaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n cristiana contiene, en efecto, las inagotables promesas de libertad, de justicia y de l paz que constituyen las \u00abreservas escatol\u00f3gicas\u00bb y cuyo papel consiste en subrayar el car\u00e1cter provisional de todo estadio hist\u00f3rico alcanzado por la sociedad. Todo esto llevar\u00e1 a hacer de la Iglesia \u00abuna instituci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la sociedad\u00bb al servicio de la liberaci\u00f3n del hombre. Evidentemente la Iglesia no podr\u00e1 desempe\u00f1ar este papel si no se convierte en una comunidad pobre y liberadora, es decir, si no proclama permanentemente su precariedad, anunciando la esperanza en el reino de Dios.<\/p>\n<p>Con todo, la relaci\u00f3n fe-pol\u00ed\u00adtica y, consiguientemente, Iglesia-pol\u00ed\u00adtica ha de evitar en su planteamiento concreto dos posturas opuestas igualmente peligrosas. Ante todo la que afirma una relaci\u00f3n directa entre fe y acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, pretendiendo obtener de la fe criterios inmediatos para opciones particulares y conduciendo, consiguientemente, a un peligroso mesianismo religioso, que no respeta suficientemente la autonom\u00ed\u00ada de lo pol\u00ed\u00adtico. En segundo lugar, la postura que afirma que fe y pol\u00ed\u00adtica se mueven en planos yuxtapuestos, sin relaci\u00f3n entre s\u00ed\u00ad, provocando la falta de compromiso del cristiano en la historia.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 haya que buscar la soluci\u00f3n en la recuperaci\u00f3n de la doctrina de la utop\u00ed\u00ada. El plano, en efecto, en el que es posible una relaci\u00f3n correcta y fecunda entre fe y acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica es el de la creaci\u00f3n de un nuevo tipo de hombre en una sociedad diversa. Se trata del proyecto de liberaci\u00f3n integral, que constituye la base de la utop\u00ed\u00ada, entendida \u00e9sta como denuncia del orden existente y anuncio de un orden nuevo y, al mismo tiempo, como compromiso hist\u00f3rico que debe realizarse en el presente con sentido de creatividad y de imaginaci\u00f3n. Quiere decir, pues, que el compromiso pol\u00ed\u00adtico del cristiano es un caminar hacia la utop\u00ed\u00ada de un hombre m\u00e1s libre, m\u00e1s protagonista de su propia historia. Pero para poder desempe\u00f1ar v\u00e1lidamente este cometido, la utop\u00ed\u00ada deber\u00e1 ser verificada de continuo en la praxis social, a fin de que sea compromiso efectivo, sin purismos intelectuales ni pretensiones ileg\u00ed\u00adtimas. De hecho, la creaci\u00f3n del hombre nuevo que ella propone es el lugar de encuentro entre la liberaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y la comuni\u00f3n de todos los hombres con Dios, que pasa a trav\u00e9s de la liberaci\u00f3n del hombre del pecado, ra\u00ed\u00adz \u00faltima de toda injusticia y de todo contraste entre los hombres. La fe nos garantiza que este proyecto es posible, que los esfuerzos que se hagan por realizarlo no son vanos, que lo definitivo se est\u00e1 construyendo en lo transitorio. Y todo porque Cristo muri\u00f3 y resucit\u00f3 por nosotros.<\/p>\n<p>Abri\u00e9ndose constantemente al futuro, la libertad de Cristo nos hace radicalmente libres para comprometernos en la historia a la liberaci\u00f3n de la humanidad y del mundo. La libertad del cristiano es, en este sentido, libertad-liberaci\u00f3n, cuyo cumplimiento definitivo tendr\u00e1 lugar al final de los tiempos.<\/p>\n<p>V. Libertad y responsabilidad moral concreta<br \/>\nLa atenci\u00f3n al dinamismo concreto de la libertad moral y la recuperaci\u00f3n en perspectiva cristiana de su dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica concurren a enfocar correctamente el alcance y los l\u00ed\u00admites de la responsabilidad moral. Es evidente, al respecto, la necesidad de evitar tanto el riesgo de caer en formas de falta de responsabilidad como su opuesto -pero no menos peligroso- de alimentar una responsabilidad ilimitada, riesgo que recae por completo en el sujeto. En ambos casos, en efecto, el resultado es el predominio de situaciones de impotencia, generadoras de fatalismo y de resignaci\u00f3n. Es como decir que la responsabilidad subjetiva puede estar amenazada por defecto o por exceso, con id\u00e9ntico resultado: la inanici\u00f3n.<\/p>\n<p>1. VALORACI\u00ed\u201cN DE LA RESPONSABILIDAD. La reflexi\u00f3n hecha sobre la libertad nos permite apreciar el desarrollo de la responsabilidad moral en toda su consistencia real. Por una parte, hay que dejar constancia de la exisencia de la libertad como dinamismo fundamental del ser y del obrar del hombre; libertad sustentada no s\u00f3lo en el conocimiento y en la voluntad, sino, m\u00e1s en profundidad, en la gracia como presencia en el hombre de la vida misma de Dios; por otra parte, no deben olvidarse las din\u00e1micas hist\u00f3rico-concretas que caracterizan a la existencia humana como existencia espacio-temporal ni, consiguientemente, el peso decisivo de los condicionamientos biops\u00ed\u00adquicos y socio-culturales, que se encuentran en la ra\u00ed\u00adz de las opciones y comportamientos del hombre [I arriba, 1 al comienzo y 1]. La responsabilidad del hombre es, pues, por definici\u00f3n, una responsabilidad limitada. Es una responsabilidad verdadera, real, ineludible, porque el hombre est\u00e1 en condiciones de madurar en lo hondo de s\u00ed\u00ad mismo decisiones que van a orientar concretamente su existencia y que se van a manifestar en los actos que \u00e9l desarrolle, actos, por lo tanto, caracterizados por la presencia de la libertad. Pero, al mismo tiempo, no es una responsabilidad absoluta, porque tanto las opciones b\u00e1sicas como las particulares estar\u00e1n siempre inscritas en el marco de factores, subjetivos o sociales, que van a delimitar su modo de estar-en-el mundo y, consiguientemente, sus posibilidades de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La valoraci\u00f3n de la responsabilidad moral deber\u00e1 contar siempre con esta situaci\u00f3n, descubriendo en cada ocasi\u00f3n los niveles en los que se ejerce de hecho la libertad, sin recortar su alcance, pero tampoco sin ampliarlo indebidamente. Deber\u00e1, sobre todo, analizar los procesos que conducen a las decisiones b\u00e1sicas, a las opciones en las que se decide el sentido global del obrar humano; opciones en las que est\u00e1 m\u00e1s radicalmente en juego la libertad y la referencia a los valores sobre los que se quiere construir la propia vida. Deber\u00e1, por \u00faltimo, tener en cuenta el desarrollo progresivo de la personalidad, acompa\u00f1ado siempre de la gradual autoposesi\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y, consiguientemente, de la gradual exteriorizaci\u00f3n de la libertad.<\/p>\n<p>La responsabilidad moral deber\u00e1 buscarse, en definitiva, en la relaci\u00f3n que vincula el obrar del hombre con las dimensiones profundas de su ser, con las intencionalidades \u00faltimas que gu\u00ed\u00adan sus opciones y con el constante dinamismo que caracteriza al crecimiento humano en sus diversos estadios de maduraci\u00f3n. Hay que a\u00f1adir que, incluso all\u00ed\u00ad donde el ejercicio de la libertad haya alcanzado niveles \u00f3ptimos, ser\u00e1 necesario contar con los l\u00ed\u00admites, nilnca del todo superables, de la responsabilidad subjetiva. Las acciones humanas -incluidas aquellas de las que el hombre se siente due\u00f1o- producen a menudo efectos no previstos (y no previsibles), que van m\u00e1s all\u00e1 de las intenciones del sujeto y para los que no es posible apelar directamente a la responsabilidad individual. El bien y el mal tienden por naturaleza a hipostasiarse, a adquirir su propia densidad objetiva, parcialmente aut\u00f3noma respecto a la voluntad de los individuos; en otras palabras, a convertirse en entidades que escapan al control pleno de la persona. Con todo, incluso en este caso debe invocarse la responsabilidad moral. Esta, en efecto, no debe ser imaginada exclusivamente en t\u00e9rminos negativos como compromiso de evitar todo lo que pueda ser fuente de alienaci\u00f3n para las personas y la familia humana -pi\u00e9nsese en las estructuras opresoras que inciden negativamente en la vida de las personas-, sino, sobre todo, como compromiso positivo en favor del bien, como lucha continua tendente a derrotar al mal presente en el mundo, a debelar todas las formas de injusticia existentes y que penalizan a los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>RESPONSABILIDAD PERSONAL Y RESPONSABILIDAD COLECTIVA. La definici\u00f3n de la responsabilidad moral se debe buscar cada vez m\u00e1s en la compleja trama entre lo privado y lo p\u00fablico, lo personal y lo pol\u00ed\u00adtico. Es sin duda importante que en estos a\u00f1os se haya puesto el acento en la responsabilidad personal como reacci\u00f3n frente a un proceso de vasto alcance que terminaba destituyendo al sujeto de su autonom\u00ed\u00ada y capacidad de autodeterminaci\u00f3n. La cultura de la \u00abcrisis\u00bb, al restituir su puesto central a la cuesti\u00f3n de la identidad subjetiva y de la autorrealizaci\u00f3n, ha representado la justa rebeli\u00f3n de la subjetividad negada, revalorizando actitudes y comportamientos vinculados m\u00e1s directamente con el \u00e1mbito de influencia de la persona y de su libre expresi\u00f3n. En este giro existe, sin embargo, el peligro de llegar a justificar el repliegue del hombre en s\u00ed\u00ad mismo y las formas de privatizaci\u00f3n de la vida. En una sociedad compleja y con elevados niveles de estructuraci\u00f3n institucional las decisiones humanas no tienen nunca un car\u00e1cter puramente individual; son, m\u00e1s bien y de maner\u00e1 cada vez m\u00e1s fuerte, fruto del peso decisivo de factores sociales y culturales que influyen en el sujeto y que, a su vez, producen resultados que van m\u00e1s all\u00e1 del sujeto y llegan a adquirir categor\u00ed\u00ada de valores sociales y culturales. Responsabilidad personal y responsabilidad colectiva terminan, pues, por entrecruzarse e interactuar de forma cada vez m\u00e1s articulada y compleja.<\/p>\n<p>Resultado de todo es que la responsabilidad moral s\u00f3lo se puede definir y valorar en el marco de relaci\u00f3n entre conciencia y estructura, individuo y sociedad. Ello implica, por un lado, atenci\u00f3n a la reducci\u00f3n de la responsabilidad individual, all\u00ed\u00ad donde est\u00e9n en juego fen\u00f3menos que trasciendan la simple voluntad de los sujetos o limiten y reduzcan el espacio de intervenci\u00f3n; pero implica tambi\u00e9n, por otro, exaltaci\u00f3n y ampliaci\u00f3n de la misma responsabilidad, puesto que \u00e9sta no debe confrontarse \u00fanicamente con los efectos sociales de las propias opciones y los propios comportamientos, sino que debe hacerse tambi\u00e9n cargo en serio del cambio de las estructuras que ejerzan un peso negativo en la historia de las personas. La responsabilidad moral adquiere, pues, cada vez m\u00e1s las connotaciones de una responsabilidad pol\u00ed\u00adtica y est\u00e1 llamada a desarrollarse en la perspectiva de un compromiso dirigido a la liberaci\u00f3n total de lo humano; en otras palabras, a crear las condiciones para un ejercicio efectivo de la libertad de cada persona y de todas las personas.<\/p>\n<p>En la perspectiva cristiana, esto es posible gracias al don del Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, don que libera continuamente a nuestra libertad, y que, al mismo tiempo, alimenta nuestra responsabilidad, a fin de que la acogida de la gracia se traduzca en frutos reales de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>[l Acto humano; l Conciencia; l Especificidad (de la moral cristiana); l Experiencia moral; l Pecado; Valor moral; l Virtud].<\/p>\n<p>BIBL.: ARON R., Ensayo sobre libertades, Alianza, Madrid 1984; BRANDT W., Freiheit im NT Munich 1932; CERRONI U., La libert\u00f3 dei moderni, De Donato, Bar\u00c2\u00a1 1973; COMBLIN J., La libertad cristiana, Sal Terrae, Santander 1978; DE FINANCE J., Existence et libert\u00e9, Vitte, Par\u00ed\u00ads Li\u00f3n 1955; DIANICH S., L \u00f3pzione fondamentale nel pensiero di S. 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Libertad moral y reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica: 1. \u00abLibertad de\u00bb: a) El pecado, b) La muerte, c) La ley 2. \u00abLibertad para\u00bb: a) Libertad como \u00abparres\u00ed\u00ada , &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libertad-y-responsabilidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLIBERTAD Y RESPONSABILIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17266","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17266","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17266"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17266\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17266"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17266"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17266"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}