{"id":17274,"date":"2016-02-05T11:14:07","date_gmt":"2016-02-05T16:14:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/paz-y-pacifismo\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:07","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:07","slug":"paz-y-pacifismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/paz-y-pacifismo\/","title":{"rendered":"PAZ Y PACIFISMO"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Las diversas concepciones de la paz y del pacifismo.<br \/>\nII. La paz en la visi\u00f3n vetero y neotestamentaria:<br \/>\n1. Desarrollos de la idea de paz en el AT;<br \/>\n2. La paz en el mensaje y en la vida de Jes\u00fas.<br \/>\nIII. Paz y pacifismo en el pensamiento y en la praxis eclesial.<br \/>\nIV. Paz y pacifismo en la Iglesia hoy:<br \/>\n1. El giro conciliar;<br \/>\n2. La ense\u00f1anza magisterial:<br \/>\n    a) Convergencias y puntos de \u00abno retorno\u00bb,<br \/>\n    b) Divergencias;<br \/>\n3. Los movimientos pacifistas de inspiraci\u00f3n cristiana.<br \/>\nV. Hacia una nueva \u00e9tica cristiana de la paz.<\/p>\n<p>I. Las diversas concepciones de la paz y del pacifismo<br \/>\nUna pregunta que abre muchos tratados actuales sobre la paz es: \u00bfQu\u00e9 paz? Y no en vano; pues as\u00ed\u00ad como son muchas, y de etimolog\u00ed\u00ada muy diversa, las palabras que en las lenguas antiguas y modernas la significan, as\u00ed\u00ad desde siempre son m\u00faltiples y divergentes las concepciones de la paz, los caminos y los instrumentos indicados para conseguirla; defenderla y promoverla.<\/p>\n<p>Est\u00e1 bastante difundida la concepci\u00f3n negativa de la paz, entendida como ausencia de guerra, pero ausencia temporal, y nunca definitiva; por tanto, tregua entre las guerras, que constituir\u00ed\u00adan la condici\u00f3n habitual de las relaciones interestatales y, seg\u00fan la conocida concepci\u00f3n de Clausewitz (j&#8217; 1831), s\u00f3lo \u00abun modo diverso de hacer pol\u00ed\u00adtica\u00bb. Son diversas las tipolog\u00ed\u00adas de esta concepci\u00f3n negativa.<br \/>\n-Existe un modo de concebir la paz que nace del miedo de los conflictos vistos como un atentado contra los propios privilegios y el propio bienestar: el pacifismo inspirado en esta visi\u00f3n receptiva de la paz, identificada con el bienestar de un grupo o de un pueblo, es una especie de irenismo que, a la vez que rechaza a priori todo conflicto en cuanto amenaza del bienestar, rechaza igualmente denunciar injusticias y mentiras porque no quiere chocar con intereses y poderes pol\u00ed\u00adticos, econ\u00f3micos, ideol\u00f3gicos y religiosos.<br \/>\n-Actualmente est\u00e1 difundida la concepci\u00f3n de la paz como paz del norte del mundo: paz, por tanto, separada de las exigencias de una justicia planetaria que postula un nuevo orden econ\u00f3mico internacional. El pacifismo inspirado en tal concepci\u00f3n construye la paz sobre la explotaci\u00f3n de los recursos del sur y, para mantener su propio bienestar adquirido, no reh\u00fasa acudir al comercio de las armas y a fomentar guerras en los pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo.<br \/>\n-Desde siempre ha existido tambi\u00e9n una concepci\u00f3n de paz que supone el aniquilamiento del enemigo (aniquilamiento f\u00ed\u00adsico o moral) y se funda en las armas: paz armada de armas convencionales, cada vez m\u00e1s refinadas, y hoy de sistemas indiscriminadamente destructivos y con posibilidad real de aniquilar la vida en el mundo.<\/p>\n<p>-Finalmente, existe una paz diplom\u00e1tica y pol\u00ed\u00adtica, que idealiza el compromiso, el entendimiento y el di\u00e1logo de la cumbre, y poco o nada toma a pecho la participaci\u00f3n de la base y la exigencia de construir tambi\u00e9n a nivel popular una cultura de paz.<\/p>\n<p>En cambio, bas\u00e1ndose en diversas inspiraciones ideol\u00f3gicas, es posible encontrar otras ideas de paz: paz positiva, caracterizada por \u00ed\u00adndices crecientes de justicia, es decir, de respeto de los derechos de las personas y de los pueblos, fundada no en las armas, sino en la fuerza de la verdad y de la no violencia activa, apoyada no s\u00f3lo en instrumentos diplom\u00e1ticos e institucionales de la cumbre, sino, sobre todo, en el consenso y la intervenci\u00f3n activa de las minor\u00ed\u00adas prof\u00e9ticas y de los pueblos. Dentro de esta concepci\u00f3n, hoy bastante difundida entre los cristianos, los estudiosos de la paz perfilan dos formas de pacifismo:<br \/>\n-un pacifismo radical e integral, que estima inmoral (y antievang\u00e9lica) cualquier forma de muerte del hombre, tanto en la autodefensa personal como en la guerra; bas\u00e1ndose en la radicalidad del \u00abno matar\u00bb, este pacifismo prohibe la participaci\u00f3n en cualquier forma de defensa o ataque armado en cualquier situaci\u00f3n social;<br \/>\n-un pacifismo relativo, que, en vez de cerrarse en una actitud l \u00abdeontol\u00f3gica\u00bb, toma en consideraci\u00f3n las circunstancias en las que tambi\u00e9n el cristiano podr\u00ed\u00ada verse autorizado a matar (p.ej., para defender a otros en peligro de ser oprimidos por un injusto agresor) o bien para tutelar valores primarios de la convivencia social y nacional, puestos en peligro por una grav\u00ed\u00adsima opresi\u00f3n y que no pueden defenderse de otra manera [\/ Homicidio y leg\u00ed\u00adtima defensa]. Sin embargo, este recurso a la violencia armada es visto como un mal menor y se lo elige con mucha reticencia porque los cristianos lo consideran dif\u00ed\u00adcilmente conciliable con el esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico, que empuja a la no violencia. En consecuencia, el uso de las armas es sometido a m\u00faltiples condiciones y limitaciones.<\/p>\n<p>Los estudiosos de la paz ofrecen ulteribres precisiones en orden a las varias formas de pacifismo existentes y a las diversas concepciones de paz subyacentes a ella:<br \/>\n-pacifismo instrumental, que obra sobre los medios de guerra, es decir, sobre las armas, apuntando al desarme global y al uso de metodolog\u00ed\u00adas no violentas para la defensa;<br \/>\n-pacifismo institucional (o pacifismo jur\u00ed\u00addico), que mira a la creaci\u00f3n de un superestado o estado mundial que supere netamente al Estado soberano y al nacionalismo, siempre confictivos y orientados a hacer justicia por s\u00ed\u00ad mismos;<br \/>\n-pacifismo finalista, que se fija primariamente como meta la conversi\u00f3n de las personas y la construcci\u00f3n, a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n permanente, de la conciencia o cultura de paz difundida y profunda.<\/p>\n<p>Antes de preguntarnos qu\u00e9 valoraci\u00f3n teol\u00f3gico-moral expresan respecto a estas diversas concepciones de la paz y de los pacifismos el magisterio de la Iglesia y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica hoy, es oportuno examinar la idea b\u00ed\u00adblica y cristiana de paz y el trabajo teol\u00f3gico-pr\u00e1ctico que sobre este tema ha marcado la bimilenaria historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>II. La paz en la visi\u00f3n vetero y neotestamentaria<br \/>\n1. DESARROLLOS DE LA IDEA DE PAZ EN EL ANTIGUO TESTAMENTO. Los estudios m\u00e1s recientes sobre el AT evidencian un\u00e1nimemente el car\u00e1cter positivo, global, pleno y relacional evocado por el shalom hebreo, que ni el eirene del griego neotestamentario ni los varios lenguajes modernos consiguen traducir de manera adecuadamente significativa. Mientras, los refinados instrumentos de la ex\u00e9gesis y de la hermen\u00e9utica permiten interpretar los numerosos textos no pac\u00ed\u00adficos, sino belicosos y violentos del AT, ley\u00e9ndolos en el contexto de una evoluci\u00f3n sapiencial y prof\u00e9tica del pueblo de Dios que, de manera imperfecta e inicial, anticipa la paz de Cristo y su novedad (ver amplio repertorio bibliogr\u00e1fico en N. LOHFINK, El Dios de la Biblia y la violencia).<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de los textos prof\u00e9ticos -en los que la palabra shalom verdaderamente triunfa: 29 veces en Isa\u00ed\u00adas, 31 en Jerem\u00ed\u00adas, 27 en los Salmos- evidencia los caracteres distintivos del shalom, que como don de Dios no puede confundirse con las paces mundanas fr\u00e1giles e ilusorias (cf Eze 13:10). Por eso se repiten con frecuencia las contestaciones prof\u00e9ticas de las paces buscadas fuera del contexto de la alianza -de la cual la paz es consecuencia y retribuci\u00f3n (cf Lev 26:3-7)- y el rechazo de una paz cerrada en la red de actos y compromisos con los pueblos vecinos (egipcios o asirios) estimados m\u00e1s fuertes (cf Isa 30:3; Isa 31:1) o bien separada del compromiso de la conversi\u00f3n personal y, sobre todo, de la pr\u00e1ctica de la justicia con los pobres y los oprimidos.<\/p>\n<p>La conexi\u00f3n entre paz y justicia se subraya en\u00e9rgicamente en muchos textos (ver por todos los Sal 72:1517; Sal 85:11), y en particular por Isa\u00ed\u00adas, el cual define la paz como \u00abobra de la justicia\u00bb (ls 32,17) y ve en esta relaci\u00f3n una situaci\u00f3n mesi\u00e1nica y escatol\u00f3gica (cf Isa 2:2-5; Isa 11:1-9;  Isa 32:16-18&#8230;). La interdependencia entre paz y justicia domina tambi\u00e9n en muchos textos de Jerem\u00ed\u00adas (Isa 6:10-14;  Isa 8:11) y Miqueas (Isa 3:5ss).<\/p>\n<p>El shalom revela, pues, varios aspectos: un aspecto teologal, en cuanto que la paz es don de Dios (Sal 85:9) y \u00abnombre de Dios\u00bb (cf  Jue 6:24); un aspecto mesi\u00e1nico, porque viene con el rey-mes\u00ed\u00adas, pr\u00ed\u00adncipe de la paz (cf Isa 11:1-9; Jer 23:5-6); un aspecto \u00e9tico-social, porque la paz est\u00e1 ligada al compromiso del hombre y a la lucha incesante, necesaria para realizarla en el \u00e1mbito de la sociedad (cf Isa 2:2-5); un aspecto escatol\u00f3gico, porque Dios, amante y fiel a pesar de las infidelidades humanas, realizar\u00e1 la paz total en un futuro del cual s\u00f3lo se dan peque\u00f1as. anticipaciones; un aspecto c\u00f3smico, que se abre a un mundo totalmente pac\u00ed\u00adfico y arm\u00f3nico (cf Isa 11:6-8).<\/p>\n<p>2. LA PAZ EN EL MENSAJE Y EN LA VIDA DE JES\u00daS. A fin de entender mejor el mensaje de Cristo sobre la paz, la actual hermen\u00e9utica neotestamentaria se preocupa de colocarlo en su contexto hist\u00f3rico, y por tanto- en la situaci\u00f3n del Israel del tiempo dominado por los romanos y recorrido por fuertes movimientos rebeldes, representados en particular por los celotes. Estos esperaban que se realizara el dominio de Dios a trav\u00e9s de la acci\u00f3n revolucionaria y conceb\u00ed\u00adan el celo por la ley de forma integrista. Frente a las varias posibilidades que se abr\u00ed\u00adan de hacer frente a la ocupaci\u00f3n romana -la resistencia armada, la adaptaci\u00f3n oportunista y la resignaci\u00f3n pasiva-, Jes\u00fas se sit\u00faa en una ant\u00ed\u00adtesis radical: reh\u00fasa decididamente la revoluci\u00f3n armada, predica el advenimiento del reino de Dios y la necesidad de preparar su venida con el cambio del coraz\u00f3n y, finalmente, en vez de exaltar integristamente la ley literalmente interpretada, exalta el primado del hombre sobre las normas radicalizando el mandamiento del amor en una doble direcci\u00f3n, particularmente dif\u00ed\u00adcil y comprometida, considerada la situaci\u00f3n hist\u00f3rica de Israel: el perd\u00f3n sin l\u00ed\u00admites (Mat 18:21-22) y el amor de los enemigos (Mat 5:43-48), que comprende tambi\u00e9n a los \u00ab\u00faltimos\u00bb m\u00e1s aborrecidos entonces (samaritanos y publicanos).<\/p>\n<p>El hecho de Cristo lleva a su cumplimiento el mensaje veterotestamentario del shalom, y permite leer mejor su sentido y aspectos. La paz neotestamentaria, significada por el t\u00e9rmino eirene, que aparece en estos textos hasta 96 veces (26 en los evangelios), es la paz de Cristo, proclamada por los \u00e1ngeles para todos los hombres amados de Dios (cf Luc 2:14) distinta en sus contenidos y modalidades de entrega de la paz mundana (cf Jua 14:27), que participa del ministerio salv\u00ed\u00adfico de gracia, y por tanto supera toda inteligencia humana (cf Flp 4:7) y, en definitiva, se identifica con Jesucristo mismo que es nuestra paz (cf Efe 2:14-15).<\/p>\n<p>En el Se\u00f1or Jes\u00fas encuentra cumplida realizaci\u00f3n la misteriosa y fascinante figura isaiana del EbedYhwh, del siervo de Dios justo, pac\u00ed\u00adfico y pacificador, que no grita en las plazas ni apaga la mecha de llama vacilante, sino que cumple su cometido con firmeza inquebrantable, guiado solamente por la l\u00f3gica de idelidad a su Dios y a su misi\u00f3n universal de servicio, recibiendo a cambio violencia y muerte, a las que se entrega, mudo y silencioso, como cordero conducido al matadero (cf Isa 42:1-4; Isa 49:1-6; Isa 53:1-12).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter pac\u00ed\u00adfico y no violento de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas encuentra expresi\u00f3n en el famoso discurso de la ant\u00ed\u00adtesis de Mt 5, que al comienzo de los \u00abmacarismos\u00bb proclama dichosos a los agentes de la paz (Mat 5:9); pero se concreta sobre toda su vida, y en particular en el hecho de la pasi\u00f3n, donde aparece como v\u00ed\u00adctima de una violencia injusta y atroz, de la cual, sin embargo, se alza victorioso en virtud de su muerte, llena de amor desbordante al Padre, que ama a los hombres.<\/p>\n<p>Desde la cruz del resucitado, como se expresan los te\u00f3logos de la cruz, se difunde un nuevo e\u00f3n, un camino hist\u00f3rico in\u00e9dito, hecho ahora posible para los seguidores del Se\u00f1or crucificado y resucitado, caracterizado por el perd\u00f3n a los enemigos y por una l\u00f3gica que descoloca al enemigo (hoy solemos denominarla no violencia activa) e inicia procesos incesantes de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Paz y pacifismo en el pensamiento y en la praxis eclesial<br \/>\nLos cristianos han sido siempre protagonistas conscientes, como se ve por su larga existencia hist\u00f3rica, de las dificultades que se experimentan al poner en pr\u00e1ctica, en un mundo marcado todav\u00ed\u00ada por el pecado, las indicaciones de paz y no violencia t\u00ed\u00adpicas del mensaje y de la praxis de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Mientras que en los tres primeros siglos el acento te\u00f3rico y pr\u00e1ctico recae en el predominio de la paz y la praxis no violenta [l Guerra III], sucesivamente, debido a los grandes cambios pol\u00ed\u00adtico-religiosos, las preocupaciones de los creyentes parecen dirigirse gradualmente m\u00e1s a la exigencia de legitimar y limitar la guerra que a reflexionar sobre el evangelio de la paz y sus caracter\u00ed\u00adsticas. Esta gran paz mesi\u00e1nica, en el momento hist\u00f3rico de un tiempo f\u00e9rreo y belicoso tiende a diluirse en la utop\u00ed\u00ada, mientras que progresivamente la conciencia de los cristianos termina d\u00e1ndose por satisfecha en el per\u00ed\u00admetro de la \u00fanica paz que parece posible: la paz negativa, concebida como tregua y respiro entre los conflictos, la paz sangrientamente conquistada a trav\u00e9s de guerras contra los enemigos de la cristiandad (musulmanes y herejes) y otros enemigos.<\/p>\n<p>En consecuencia, en el aspecto teol\u00f3gico el \u00e9nfasis se pone m\u00e1s que en la paz en su fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y acepci\u00f3n teol\u00f3gica y cr\u00ed\u00adstica, en la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa, en los casos cada vez m\u00e1s numerosos en los que se puede combatir y matar sin culpa, en los l\u00ed\u00admites que hay que observar en la autodefensa cruenta y en la guerra para no caer en la violencia despiadada e inhumana.<\/p>\n<p>Los historiadores, sin embargo, observan que, a pesar de la dureza de los tiempos y de los m\u00faltiples condicionamientos experimentados por los cristianos, no se puede decir que la Iglesia, en las indicaciones del magisterio y pastorales, haya olvidado del todo el mensaje evang\u00e9lico de la paz, como lo prueban algunas instituciones significativas: la tregua y la paz de Dios. La paz de Dios, a partir del 989 (s\u00ed\u00adnodo de Charroux), prohibe en los conflictos armados la muerte de las personas inermes: pobres, mujeres, ni\u00f1os, clero y mercaderes. Tenemos as\u00ed\u00ad un intento de delimitar las operaciones b\u00e9licas, restringi\u00e9ndolas a los que el ius belli definir\u00e1 como los beligerantes y excluyendo a los no beligerantes. La tregua de Dios desde el 1027 prohibe las hostilidades desde el s\u00e1bado por la tarde y durante todo el domingo; luego, la prohibici\u00f3n se extendi\u00f3 desde el mi\u00e9rcoles al domingo y a los tiempos lit\u00fargicos \u00abfuertes\u00bb: adviento y cuaresma. Aunque no siempre se observaron, estas instituciones y otras intervenciones pastorales (como la prohibici\u00f3n a los eclesi\u00e1sticos de participar en acciones cruentas), indican que el fermento evang\u00e9lico de la paz sigue desarrollando su provocaci\u00f3n en la cristiandad, a pesar de las concesiones al esp\u00ed\u00adritu de la \u00e9poca, de los compromisos, tambi\u00e9n discutibles, y de las verdaderas y aut\u00e9nticas \u00abtraiciones\u00bb de la paz. Esta \u00abutop\u00ed\u00ada\u00bb la practic\u00f3 san Francisco de As\u00ed\u00ads, y no se mantuvo viva solamente en el \u00e1mbito de los movimientos her\u00e9ticos, que tienden a radicalizarla.<\/p>\n<p>Sin embargo, los estudiosos no dejan de indicar como elemento negativo el hecho de que, para encontrar un tratado teol\u00f3gico completo sobre la paz y sobre los movimientos organizados para promoverla, sea necesario llegar hasta nuestros d\u00ed\u00adas. Las anticipaciones pacifistas, prescindiendo de pocos nombres -significativos entre ellos el del padre Taparelli d&#8217;Azeglio (1793-1862)-, parecen estar reservadas a los pensadores iluministas, que, aunque sea en formas ut\u00f3picas, elaboran proyectos de paz definitiva y perpetua.<\/p>\n<p>IV. Paz y pacifismo en la Iglesia hoy<br \/>\nAutores atentos al desarrollo del pensamiento y la praxis eclesial indican que, al presente, la situaci\u00f3n est\u00e1 cambiando. La multiplicaci\u00f3n de las publicaciones de buen nivel teol\u00f3gico y el espacio reservado en los cursos teol\u00f3gicos a la teolog\u00ed\u00ada de la paz demuestran un cambio de ruta. Mientras que hasta el Vat. II los manuales de teolog\u00ed\u00ada dejaban cuestiones \u00e9ticosociales de primera importancia, comprendidas las relativas a la paz, a los cultivadores de filosof\u00ed\u00ada y de \u00e9tica social, limit\u00e1ndose a avalar perspectivas de paz adaptadas al ethos corriente en vez de moverse en la l\u00ed\u00adnea prof\u00e9tica, en este \u00faltimo per\u00ed\u00adodo la teolog\u00ed\u00ada se ha reapropiado, como suele decirse, la reflexi\u00f3n sobre la paz y est\u00e1 intentando, en los varios sectores en los que la teolog\u00ed\u00ada misma se articula, ofrecer perspectivas que respondan a las situaciones in\u00e9ditas abiertas por el giro nuclear. A provocar este despertar han concurrido los siguientes factores: las numerosas y, teol\u00f3gicamente cada vez m\u00e1s s\u00f3lidas, intervenciones del magisterio en cuestiones de paz; una lectura m\u00e1s atenta de las situaciones; los est\u00ed\u00admulos provenientes de los movimientos pacifistas y no violentos de inspiraci\u00f3n cristiana o laica.<\/p>\n<p>1. EL GIRO CONCILIAR. A juicio de no pocos autores, es posible descubrir una verdadera y aut\u00e9ntica teolog\u00ed\u00ada de la paz en el n\u00famero 78 de la GS, que introduce las dos secciones sucesivas, relativas a la necesidad de evitar la guerra y a la construcci\u00f3n de la comunidad internacional. Los padres conciliares llegaron a la ilustraci\u00f3n de la vera et nobilissima pacis ratio, del alt\u00ed\u00adsimo concepto de paz aut\u00e9ntica, siguiendo una ense\u00f1anza pontificia que, a partir de la Pacem Dei munus, de Benedicto XV (1914), hasta P\u00ed\u00ado XII, no descuid\u00f3 el tema de la paz, si bien en este \u00faltimo papa estaba ligada a la doctrina del derecho natural y al prop\u00f3sito de una reedici\u00f3n de la societas christiana. Sin embargo, la influencia determinante parece que hay que atribu\u00ed\u00adrsela a la Pacem in terris, de Juan XXIII (1963), contemplada universalmente en su valor prof\u00e9tico y en su adhesi\u00f3n a la aspiraci\u00f3n de paz com\u00fan a todos los hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p>La GS (n. 78) propone el tema de la paz en forma positiva y b\u00ed\u00adblica al afrmar que \u00abla paz no es la simple ausencia de la guerra, ni puede reducirse \u00fanicamente a hacer estable el equilibrio de las fuerzas en contraste, ni es efecto de una desp\u00f3tica dominaci\u00f3n, sino que se define con toda exactitud `obra de la justicia&#8217; (Isa 32:7)\u00bb. Ante todo es el fruto perfecto de la justicia de Dios, que los hombres deben llevar a la pr\u00e1ctica sin descanso en la paz terrena; es el don espec\u00ed\u00adfico de Cristo resucitado, y por lo tanto la verdadera paz representa siempre la imagen y la consecuencia de la paz de Cristo: \u00abpax autem terrena,&#8217;quae ex dilectione proximi oritur, figura et effectus est pacis Christi, a Deo Patre promanantis\u00bb (ib). El texto relaciona estrechamente paz y justicia, paz y agape cristiana, paz y fraternidad universal. La tarea dif\u00ed\u00adcil y gozosa de actualizar la paz de Cristo en la paz terrena no puede considerarse nunca completa, porque la paz no se alcanza nunca establemente, sino que hay que construirla constantemente en este mundo herido por el pecado y amenazado siempre por la guerra (ib, hacia el final).<\/p>\n<p>Remitiendo a cuanto se ha dicho en la voz I Guerra IV sobre el cambio doctrinal relativo a la doctrina de la guerra justa, es necesario observar que la GS coloca justicia y amor en un horizonte planetario. La l\u00f3gica miope y anacr\u00f3nica del inter\u00e9s nacional debe sustituirse por el principio de la fraternidad universal (cf n. 92) y del \u00abbien com\u00fan universal\u00bb (n. 84), que estimula de modo particular a los creyentes a apoyar las instituciones internacionales y a cooperar en el plano econ\u00f3mico para superar el peligroso y pecaminoso desequilibrio norte-sur (cf nn. 85-86)<br \/>\nDespu\u00e9s del prof\u00e9tico est\u00ed\u00admulo de la Pacem in terris y de las sugerencias teol\u00f3gicas de la GS, la paz, tanto en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica como en la sucesiva ense\u00f1anza magisterial, no se entiende ya como un cap\u00ed\u00adtulo o ap\u00e9ndice paren\u00e9tico de tal ense\u00f1anza, sino como la sustancia misma del mensaje evang\u00e9lico, correctamente definido por san Pablo como \u00abevangelio de la paz\u00bb (Efe 6:15). Poco a poco nos hemos ido persuadiendo, entre otras cosas por la inminente amenaza del genocidio nuclear, de lo necesario y urgente que es dar cuerpo doctrinal y pastoral a la exhortaci\u00f3n de Juan XIII, aceptada en el Vat. II (cf GS 80), que impone afrontar la cuesti\u00f3n de la paz y de la guerra con una mentalidad absolutamente nueva y postula un salto cualitativo en la existencia y en la cultura humana y cristiana. La paz universal comienza a aparecer como un desaf\u00ed\u00ado que la historia lanza a nuestra generaci\u00f3n con caracteres de urgencia (porque, como ya notaba la GS, la hora actual lo es de un grave y hasta sumo peligro: cf n.77) y con posibilidades que jam\u00e1s han existido en el pasado. A estas novedades, que comprenden problem\u00e1ticas \u00e9ticas serias e in\u00e9ditas lo mismo que compromisos pedag\u00f3gicos y pastorales de gran importancia, han dado expresi\u00f3n y resonancia los m\u00faltiples documentos del magisterio, pontificio y episcopal, de este \u00faltimo decenio.<\/p>\n<p>2. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA MAGISTERIAL. Para captar el desarrollo que la doctrina conciliar sobre la paz recibi\u00f3 en la ense\u00f1anza del papa Pablo VI, es necesario referirse de forma particular al discurso pronunciado en la Asamblea de la ONU (4 de octubre de 1965); a los once mensajes para la jornada mundial de la paz (19681978); a la enc\u00ed\u00adclica Populorum progressio (1967), texto muy relevante, en el cual se proclama que el nuevo nombre de la paz es el desarrollo; al documento La Santa Sede y el desarme, presentado a la ONU en 1976, y al hom\u00f3nimo de 1978. Mientras a algunos les parece que el magisterio de Pablo VI sobre la paz realiza un maridaje arm\u00f3nico, aunque dif\u00ed\u00adcil, entre realismo y profec\u00ed\u00ada, otros estiman que, en la dif\u00ed\u00adcil elecci\u00f3n entre profec\u00ed\u00ada y diplomacia, permaneci\u00f3 demasiado vinculado a consideraciones que saben a compromiso con la historia, de donde se derivar\u00ed\u00adan sus desconfianzas respecto a los pacifismos a ultranza y radicales, a los desarmes unilaterales y no rec\u00ed\u00adprocamente controlados y a toda ilusi\u00f3n ut\u00f3pica.<\/p>\n<p>Para la densa ense\u00f1anza magisterial de Juan Pablo II (todav\u00ed\u00ada en pleno desarrollo) sobre la guerra, sobre la violencia y sobre la paz, se remite a la s\u00ed\u00adntesis citada en ! Guerra IV; aqu\u00ed\u00ad se destacan \u00fanicamente ciertas dimensiones y aspectos de la paz: dimensi\u00f3n personalista y antropol\u00f3gica (\u00abla paz comienza por el coraz\u00f3n del hombre&#8217;; dimensi\u00f3n universalista, que exige atenci\u00f3n al di\u00e1logo entre los poderosos de la tierra, la pr\u00e1ctica de la justicia planetaria y de la solidaridad (de modo peculiar con los hombres del trabajo y del \u00abno trabajo&#8217; y la proyecci\u00f3n de \u00abnuevos modelos de sociedad y relaciones internacionales que aseguren la justicia y la paz sobre fundamentos estables y universales. En efecto, un sano realismo indica que semejantes modelos no pueden ser simplemente impuestos de lo alto o desde fuera, o puestos en pr\u00e1ctica solamente con m\u00e9todos y t\u00e9cnicas. Y ello porque las ra\u00ed\u00adces m\u00e1s profundas del contraste y de las tensiones que mutilan la paz o el desarrollo hay que encontrarlas en el coraz\u00f3n del hombre. Lo que sobre todo hay que cambiar es el coraz\u00f3n y las actitudes de la persona; y esto exige una renovaci\u00f3n, una conversi\u00f3n de los individuos\u00bb (La paz, valor sin frontera, mensaje de Juan Pablo II para la 19 Jornada mundial de la paz 1986, en II Regno Doc. 1986 J 1,4).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esta rica ense\u00f1anza, no hay que olvidar la acci\u00f3n que Juan Pablo II ejerce directamente en sentido pac\u00ed\u00adfico en sus m\u00faltiples viajes, y en particular el car\u00e1cter ampliamente ecum\u00e9nico de su praxis de paz. Gran resonancia y particular significado tuvo el encuentro de As\u00ed\u00ads (27 de octubre de 1986), en el cual, por primera vez en la larga historia de la Iglesia, representantes de las mayores religiones mundiales fueron invitados por el papa a reunirse a fin de \u00aborar por la paz\u00bb: por una paz grande y estable que, si bien exige el esfuerzo humano, no puede ser m\u00e1s que un don de Dios. La prensa mundial se\u00f1al\u00f3 la novedad del acontecimiento y los est\u00ed\u00admulos que de \u00e9l podr\u00e1n derivarse para una conexi\u00f3n m\u00e1s intensa y vital entre religi\u00f3n y paz, mientras que en el pasado no infrecuentemente lo sagrado fue matriz de violencia y de guerra.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los obispos se han hecho eco y han desarrollado este magisterio pontificio de paz. Desde 1983 -a\u00f1o verdaderamente \u00abfat\u00ed\u00addico\u00bb para las conferencias episcopales del mundo- se han publicado muchas intervenciones colectivas de los obispos de las principales naciones cuyo tema ha sido la paz. Por la metodolog\u00ed\u00ada seguida en su elaboraci\u00f3n y por su amplitud destaca entre otros el documento de los obispos estadounidenses: El desaf\u00ed\u00ado de la paz. Es tambi\u00e9n notable, por la riqueza argumentativa y su coherencia, el de los obispos alemanes: Efecto de la justicia ser\u00e1 la paz, y los textos emanados de las conferencias de pa\u00ed\u00adses neutrales (B\u00e9lgica y Holanda) o menos alineados en posiciones comunes (Francia). Estos documentos, ala vez que demuestran el creciente inter\u00e9s de la Iglesia por la paz y la importancia que atribuyen al compromiso por la educaci\u00f3n para la paz y por la promoci\u00f3n de una cultura alternativa a la violencia, revelan igualmente convergencias y divergencias en algunos puntos que merecen precisarse.<\/p>\n<p>a)Convergencias y puntos de \u00abno retorno\u00bb :<br \/>\n-Neta distinci\u00f3n entre la paz positiva, b\u00ed\u00adblica y evang\u00e9lica que el cristiano ha de perseguir, y la paz negativa, insuficiente y mutilada (como la que se funda en el equilibrio nuclear y la disuasi\u00f3n);<br \/>\n-estrecha relaci\u00f3n entre b\u00fasqueda de la paz, acci\u00f3n por la paz y educaci\u00f3n para la paz;<br \/>\n-an\u00e1lisis necesario y previo -de car\u00e1cter estructural- de la violencia y agresividad humana a niveles grandes y peque\u00f1os: carrera de los armamentos, desfase norte-sur, aspectos conflictivos de la vida familiar y social;<br \/>\n-urgente elaboraci\u00f3n de nuevos principios \u00e9ticos y jur\u00ed\u00addicos sobre la \u00ableg\u00ed\u00adtima defensa\u00bb;<br \/>\n-promoci\u00f3n y evangelizaci\u00f3n de los m\u00e9todos de la no violencia y ayuda a los grupos que la propugnan como un nuevo sistema para afrontar los problemas de la defensa y como elemento ineludible de una nueva cultura de paz.<\/p>\n<p>b) Divergencias. Aparecen en el modo de interpretar la disuasi\u00f3n nucl\u00e9ar: mientras que a algunos episcopados no les parece conforme al esp\u00ed\u00adritu del evangelio, otros la consideran un mal menor que hay que tolerar en ciertas condiciones, cuya gravedad hay que valorar de modo m\u00e1s o menos riguroso. Los que estudian estos documentos episcopales observan que a menudo los discursos avanzados en los textos se sit\u00faan en niveles diversos, ora paren\u00e9tico, ora \u00e9tico normativo; por lo cual las divergencias no son nunca realmente verdaderas y aut\u00e9nticas contradicciones. Tampoco la lectura que los documentos hacen de la no violencia y de los movimientos pacifistas inspirados en tal m\u00e9todo es homog\u00e9nea: algunos episcopados ven en ella una teor\u00ed\u00ada y una praxis que est\u00e1 destinada a sustituir a la doctrina tradicional de la defensa armada, y en consecuencia la alientan como una gran esperanza; otros, aunque formulan sobre ella un juicio positivo, reconocen en ella una integraci\u00f3n de la doctrina tradicional y advierten tambi\u00e9n defectos y l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>3. LOS MOVIMIENTOS PACIFISTAS DE INSPIRACI\u00ed\u201cN CRISTIANA con ideog\u00ed\u00adas y estrategias operativas muy diferenciadas se insertan en aquel \u00abplaneta\u00bb que constituye el actual \u00abmovimiento por la paz\u00bb. Mientras que algunos son expresi\u00f3n institucional de la Iglesia, como \u00abJusticia y paz\u00bb, otros, en cambio, aunque tienen una connotaci\u00f3n eclesial, no involucran en sus opciones a la Iglesia; entran en este n\u00famero el movimiento internacional \u00abPax Christi\u00bb, \u00abManos Unidas\u00bb, etc. Adem\u00e1s de ofrecer una contribuci\u00f3n seria y a menudo creativa a la formaci\u00f3n de una nueva conciencia y cultura de paz, estos movimientos (comprendidos los interconfesionales y de origen no cristiano) representan un est\u00ed\u00admulo y una ayuda para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la paz.<\/p>\n<p>V. Hacia una nueva \u00e9tica cristiana de la paz<br \/>\nHoy en el horizonte de la teolog\u00ed\u00ada moral afloran preguntas comprometidas: \u00bfQu\u00e9 paz? \u00bfQu\u00e9 defensa? \u00bfQu\u00e9 resistencia oponer a los varios enemigos de la paz? \u00bfQu\u00e9 educaci\u00f3n para la paz? Interrogantes que no encuentran respuestas un\u00ed\u00advocas en el movimiento por la paz, ora inspirado en la ideolog\u00ed\u00ada radical de la no violencia, ora m\u00e1s conciliador y pronto a los compromisos y tambi\u00e9n a las f\u00e1ciles instrumentaciones.<\/p>\n<p>Si nos fijamos en los tratados m\u00e1s recientes de \u00e9tica teol\u00f3gica sobre la paz, encontramos notables convergencias sobre el enfoque b\u00ed\u00adblico y evang\u00e9lico del discurso \u00e9tico. Mas este \u00faltimo no siempre se presenta rigurosamente tal, sino m\u00e1s bien como meta\u00e9tico [! Meta\u00e9tica] o paren\u00e9tico [t Par\u00e9nesis]: pocos te\u00f3logos se esfuerzan en establecer las normas [l Etica normativa] en virtud de las cuales juzgar sobre la correcci\u00f3n moral o la inmoralidad de ciertas acciones definidas como de paz (p.ej., el desarme unilateral y la abolici\u00f3n de toda forma de disuasi\u00f3n nuclear), de ciertas metodolog\u00ed\u00adas para defenderla y promoverla (marchas por la paz, resistencias no violentas y similares). Finalmente, todos los moralistas parecen advertir una gran dificultad en armonizar utop\u00ed\u00ada, profec\u00ed\u00ada y c\u00e1lculo de lo posible en la normativa \u00e9tica relativa a la paz (y a la guerra).<\/p>\n<p>Una nueva \u00e9tica de la paz deber\u00ed\u00ada surgir:<br \/>\n-de la profundizaci\u00f3n del shalom b\u00ed\u00adblico (visto en su evoluci\u00f3n en los libros hist\u00f3ricos, sapientales y prof\u00e9ticos), que culmina en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, en su praxis y, en particular, en su muerte;<br \/>\n-de la revisi\u00f3n de la experiencia cristiana en un amplio arco hist\u00f3rico y en su densidad, constituida por elementos positivos y negativos, por impulsos prof\u00e9ticos y de compromisos, con frecuencia tambi\u00e9n p\u00e9simos por suponer cesiones ante el esp\u00ed\u00adritu moderno, opresivo y violento;<br \/>\n-por el discernimiento cr\u00ed\u00adtico-prof\u00e9tico de los movimientos de paz, de las ! objeciones de conciencia y del l voluntariado, as\u00ed\u00ad como por las valoraciones que los hombres amantes y constructores de la paz dan del actual giro hist\u00f3rico;<br \/>\n-por la profundizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza magisterial, y en particular de las orientaciones morales y pastorales contenidas en los textos m\u00e1s recientes del episcopado.<\/p>\n<p>Este estudio complejo le permitir\u00e1 al te\u00f3logo moralista precisar el alt\u00ed\u00adsimo concepto de paz que, para evitar cualquier equ\u00ed\u00advoco y confusi\u00f3n, debe preceder y fundamentar el juicio \u00e9tico-teol\u00f3gico sobre las paces peque\u00f1as, falsas, equ\u00ed\u00advocas y corporativas, aireadas con frecuencia como verdadera paz. El concepto mismo de paz impulsar\u00e1 a una valoraci\u00f3n cr\u00ed\u00adticoprof\u00e9tica de los mecanismos estructurales injustos que intervienen en el aspecto pol\u00ed\u00adtico, econ\u00f3mico, financiero y de las comunicaciones sociales, y que impiden la realizaci\u00f3n de la paz estable, profunda, universal, estrechamente vinculada al respeto garantizado y efectivo de los derechos de todos los hombres y de todos los pueblos.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad el concepto y la teolog\u00ed\u00ada de la paz adquieren neta relevancia en todo el sector de la \u00e9tica social y, seg\u00fan algunos, exigen que se invierta el procedimiento de la GS, que coloca el tratado de la paz despu\u00e9s del discurso pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico, cuando deber\u00ed\u00ada, en cambio, precederle, porque la vida familiar, social, pol\u00ed\u00adtica y econ\u00f3mica consiguen de la gran visi\u00f3n de la paz paradigmas de comportamiento m\u00e1s verdaderos y adecuados.<\/p>\n<p>Finalmente, una nueva \u00e9tica de la paz habr\u00e1 de enfrentarse mucho m\u00e1s que en el pasado con el sentir de las gentes y de los grupos que trabajan por la paz, y en particular deber\u00e1 cimentarse sobre el problema crucial de la defensa no armada como alternativa que hoy a no pocos se les antoja no ut\u00f3pica, necesaria y practicable, de la defensa militar armada.<\/p>\n<p>[\/Guerra; \/Doctrina social de la Iglesia; \/Objeci\u00f3n y disenso; \/Pena de muerte].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Educar para la paz, educar para el conflicto, Paulinas, Madrid 1988; AA. 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Paz y pacifismo en el pensamiento y en la praxis &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/paz-y-pacifismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPAZ Y PACIFISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17274","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17274","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17274"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17274\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17274"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17274"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17274"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}