{"id":17275,"date":"2016-02-05T11:14:09","date_gmt":"2016-02-05T16:14:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-estructural\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:09","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:09","slug":"pecado-estructural","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-estructural\/","title":{"rendered":"PECADO ESTRUCTURAL"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nIntroducci\u00f3n.<br \/>\nI. El \u00ablugar social\u00bb:<br \/>\n1. Contexto socio-econ\u00f3mico;<br \/>\n2. El caminar de una Iglesia;<br \/>\n3. V\u00ed\u00adnculos con la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n;<br \/>\n4. El subsidio de las ciencias de lo social.<br \/>\nII. Pecado estructural y otras concepciones vigentes:<br \/>\n1. Superaci\u00f3n de la concepci\u00f3n casu\u00ed\u00adstica;<br \/>\n2. Profundizaci\u00f3n de la concepci\u00f3n de la moral renovada;<br \/>\n3. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos;<br \/>\n4. En consonancia con la gran tradici\u00f3n.<br \/>\nIII. Dificultades y esclarecimiento:<br \/>\n1. Muchas terminolog\u00ed\u00adas;<br \/>\n2. \u00bfPecado estructural, colectivo o dimensi\u00f3n social del pecado?<br \/>\n3. \u00bfEn qu\u00e9 consiste el pecado estructural?<br \/>\n4. Repercusiones pastorales.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nLa teolog\u00ed\u00ada se ha ocupado siempre del pecado, pues siempre se ha preocupado de la salvaci\u00f3n. A la luz de la fe no s\u00f3lo detesta y denuncia el pecado en la historia, sino que adem\u00e1s proclama la posibilidad de su remisi\u00f3n. La ya larga historia de la teolog\u00ed\u00ada del pecado no siempre fue ciertamente rectil\u00ed\u00adnea; junto a los meros desdoblamientos se perciben tambi\u00e9n t\u00f3nicas muy diferentes. Sin embargo, pocas veces una concepci\u00f3n ha producido los sobresaltos que ha suscitado la del pecado estructural. Y es que, efectivamente, al menos en un primer momento, se presenta corno diametralmente opuesta a las concepciones anteriores. Mientras que en un pasado no muy lejano se colocaba el acento, ora en la acci\u00f3n, ora en la persona, ahora se desplaza decisivamente hacia el pla= no social. Esta comprobaci\u00f3n nos obliga a proceder con una cierta cautela, en el sentido de situar bien el enfoque.<\/p>\n<p>Antes de nada, es preciso se\u00f1alar el \u00ablugar social\u00bb del que emerge esta concepci\u00f3n del pecado. Implica una referencia a las coordenadas socioecon\u00f3micas, eclesiales, teol\u00f3gicas y cient\u00ed\u00adficas. Con todo, la novedad, al menos aparente, nos obliga a confrontar ese enfoque con otras concepciones anteriores o tambi\u00e9n presentes: la casu\u00ed\u00adstica, la moral renovada y, naturalmente, la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la gran tradici\u00f3n. A pesar de todo, la confrontaci\u00f3n no ser\u00e1 suficiente, sin embargo, para aclarar ciertas dudas fundamentales ni para explicitar de modo adecuado lo que se entiende por pecado estructural. Conviene abordar directamente algunas objeciones frecuentemente suscitadas en relaci\u00f3n con la terminolog\u00ed\u00ada, con la aparente identificaci\u00f3n con el llamado pecado colectivo y con la dimensi\u00f3n social del pecado. Adem\u00e1s de esto est\u00e1n las cuestiones referentes a la responsabilidad personal y a las implicaciones pastorales.<\/p>\n<p>I. El \u00ablugar social\u00bb<br \/>\nLa revelaci\u00f3n no se da en abstracto. Se encarna siempre; es decir, se da siempre en determinadas coordenadas hist\u00f3ricas. Con mayor\u00ed\u00ada de raz\u00f3n, lo mismo ocurre con la teolog\u00ed\u00ada. Esta remite siempre a un determinado contexto. As\u00ed\u00ad como ser\u00ed\u00ada impensable que la teolog\u00ed\u00ada de la muerte de Dios hubiese surgido en el continente latinoamericano a\u00fan hoy profundamente religioso, tambi\u00e9n resulta dif\u00ed\u00adcil imaginar que el enfoque estructural del pecado hubiese visto la luz en el contexto del primer mundo. El enfoque estructural del pecado hace referencia directamente al contexto socioecon\u00f3mico, eclesial y teol\u00f3gico latinoamericano, donde tambi\u00e9n se evidencia un mayor impacto de las ciencias sociales de cu\u00f1o cr\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>1. CONTEXTO SOCIO-ECON\u00ed\u201cMIC0. El cuadro socio-econ\u00f3mico del tercer mundo, de una manera general, y latinoamericano, de modo particular, es bastante conocido. No vale la pena detenerse mucho en la descripci\u00f3n del fen\u00f3meno. Basta recordar estos rasgos: deuda externa impagable; miseria; hambre; condiciones de higiene, de vivienda y de salud miserables para m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n; analfabetismo, desempleo, subempleo&#8230; Todo esto, como muy bien lo destac\u00f3 el Documento de Puebla (nn. 29s), reviste mayor gravedad a\u00fan cuando nos percatamos de que no nos encontramos ante una etapa provisional ni ante un fen\u00f3meno casual. Es, por el contrario, una situaci\u00f3n resultante de estructuras econ\u00f3micas, sociales y pol\u00ed\u00adticas permanentes y articuladas. En este contexto de evidentes desigualdades es donde la palabra opresi\u00f3n deja de ser una palabra, para traducir s\u00f3lo p\u00e1lidamente una realidad mucho peor. En este contexto es donde emerge un tipo de actuaci\u00f3n singular por parte de la Iglesia y de la misma teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2. EL CAMINAR DE UNA IGLESIA. Las tres \u00faltimas d\u00e9cadas marcan un giro notable en el modo de ser y de actuar de la Iglesia latinoamericana. Apremiada por la urgencia de anunciar la buena nueva ante una realidad tan brutal, va cambiando su lugar social y generando nuevas pr\u00e1cticas. La c\u00e9lebre opci\u00f3n por los empobrecidos no es en primer t\u00e9rmino una expresi\u00f3n verbal. Traduce la comprensi\u00f3n de un nuevo \u00absujeto social\u00bb, los empobrecidos, as\u00ed\u00ad como la necesidad de un desplazamiento por parte de la Iglesia desde el centro a la periferia. Implica una renovaci\u00f3n profunda de s\u00ed\u00ad misma y de sus pr\u00e1cticas. Una Iglesia que se abre a los empobrecidos ya no piensa en primer lugar en s\u00ed\u00ad misma y en sus problemas internos. Comienza a darse cuenta de que preocuparse por problemas que aparentemente nada tienen que ver con ella, en realidad forma parte integrante de su misi\u00f3n evang\u00e9lica. En consecuencia, se ve obligada a cambiar sus pr\u00e1cticas internas y sociales. No le es posible colocarse al lado de los poderosos en los ineludibles conflictos. sociales; ha de defender los derechos de quienes no cuentan con una fuerza organizada para hacerlo; tiene que revisar pactos; revisas fuentes de renta e inversi\u00f3n de patrimonio; revisar sus amistades; revisar las relaciones entre jerarqu\u00ed\u00ada, cl\u00e9rigos y laicos. Implica incluso enfrentarse con todo tipo de presi\u00f3n para volver atr\u00e1s.<\/p>\n<p>A la luz de todo este cuadro de revisiones y nuevos compromisos en nombre del evangelio es como se pueden comprender las comunidades eclesiales de base (CEl3s). Estas no se constituyen aqu\u00ed\u00ad en una especie de grupos de elite de contestaci\u00f3n, como sucede en otras partes. Sus miembros m\u00e1s activos son personas sencillas, humanamente sin preparaci\u00f3n, pero que, revestidas de la fuerza de la palabra de Dios, se sienten investidas en una misi\u00f3n prof\u00e9tica. Tampoco son las CEBs el ap\u00e9ndice de una estructura multisecular, establecida primordialmente sobre el modelo parroquial. Como repetidas veces lo ha asumido la jerarqu\u00ed\u00ada local, se trata de un nuevo modo de vivir en Iglesia. Efectivamente, las CEBs no destruyen una concepci\u00f3n de Iglesia, sino que fermentan por dentro, revitalizando todos sus sectores. El resultado es una Iglesia m\u00e1s presente en todo, m\u00e1s \u00e1gil, m\u00e1s prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>3. V\u00ed\u008dNCULOS CON LA TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA LIBERACI\u00ed\u201cN. Contexto de opresi\u00f3n, nuevo modo de entenderse y vivir en Iglesia y otro modo de hacer teolog\u00ed\u00ada constituyen referencias indispensables para la comprensi\u00f3n del pecado estructural. No es \u00e9ste el momento apropiado para abordar las pol\u00e9micas suscitadas por la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n. Damos aqu\u00ed\u00ad por supuesto el respaldo otorgado por el papa Juan Pablo II en carta a los obispos del Brasil (9 de abril de 1986): puesto que mantiene los v\u00ed\u00adnculos con la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y con el magisterio, no s\u00f3lo es oportuna, sino adem\u00e1s \u00fatil y necesaria. Lo cierto es que la comuni\u00f3n con las luchas del pueblo empobrecido y marginalizado de todo y de todos no pod\u00ed\u00ada menos de revolucionar tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada. Propiamente, la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n se entiende como un momento segundo, resultante de la conjugaci\u00f3n de una pr\u00e1ctica y de una reflexi\u00f3n evang\u00e9licas. Y esa conjugaci\u00f3n hace surgir una comprensi\u00f3n diferente del pecado. La concepci\u00f3n intimista, atomizada, individualista o incluso meramente personalista del pecado no responde ya satisfactoriamente a la brutalidad de los mecanismos deshumanizantes que penetran los engranajes de la econom\u00ed\u00ada y de la sociedad. El proceso de deshumanizaci\u00f3n es de tal calibre que lo que normalmente se reconoce como pecado ser\u00ed\u00ada incapaz de explicarlo satisfactoriamente. A pesar de reconocer y confesar estos pecados, aposentados en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n humano, crecen las injusticias, la opresi\u00f3n, las discriminaciones, la marginalizaci\u00f3n, la violaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los derechos humanos&#8230; Ello sugiere que acaso los mayores pecados sean justamente los no confesados o no confesables.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s es preciso descubrir la coincidencia entre mecanismos institucionalizados de opresi\u00f3n deshumanizadora y religi\u00f3n. Todav\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada concebible si esto ocurriese en naciones que adoptan el ate\u00ed\u00adsmo como par\u00e1metro de vida; incluso ser\u00ed\u00ada comprensible en pa\u00ed\u00adses que profesan \u00abotras religiones\u00bb. Lo que resulta doloroso es aceptar que expresiones pre\u00f1adas de desigualdades y opresi\u00f3n se den en pa\u00ed\u00adses profundamente cristianos, y algunos incluso predominantemente cat\u00f3licos. Todo esto es lo que lleva a sospechar que es preciso comprender y afrontar el pecado con categor\u00ed\u00adas distintas, que sean al mismo tiempo m\u00e1s profundas y englobantes. Se trata incluso de salvar del rid\u00ed\u00adculo una realidad tan central para&#8217;el cristianismo como la del pecado, puesto que est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente vinculado a la salvaci\u00f3n. El que vino a quitar el pecado del mundo no vino a enfrentarse con \u00e9l solamente en aquello que presenta el pecado de \u00ed\u00adntimo y ,personal, sino tambi\u00e9n en lo que presenta como manifestaci\u00f3n m\u00e1s clara del antirreino. As\u00ed\u00ad como el reino que Jes\u00fas vino a implantar no se localiza s\u00f3lo en los corazones, del mismo modo las fuerzas del antirreipo adoptan una fisonom\u00ed\u00ada global penetrando todas las esferas de lo humano.<\/p>\n<p>4. EL SUBSIDIO DE LAS CIENCIAS DE LO SOCIAL. Las ciencias de lo social son un cuarto elemento sin el cual resulta dif\u00ed\u00adcil entender el pecado estructural. No es que la teolog\u00ed\u00ada dependa de las ciencias, ya sean humanas o de lo social. Es sabido que la teolog\u00ed\u00ada tiene sus fuentes ubicadas en una perspectiva de fe, y por tanto en la revelaci\u00f3n. No obstante, a la teolog\u00ed\u00ada le incumbe articular los datos de la revelaci\u00f3n y los desaf\u00ed\u00ados de una realidad concreta, a fin de hacer viable un cambio de esta realidad en la direcci\u00f3n de los proyectos divinos. Se trata, por tanto, de un subsidio; pero de un subsidio tanto m\u00e1s indispensable cuanto m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil es el acceso a la realidad determinada.<\/p>\n<p>En un primer tiempo, tambi\u00e9n las ciencias humanas, entre ellas la psicolog\u00ed\u00ada, tuvieron dificultad para ver reconocido su estatuto por la teolog\u00ed\u00ada. Hoy es inconcebible un tratado teol\u00f3gico que sencillamente prescinda de los datos cient\u00ed\u00adficos. Trat\u00e1ndose de las ciencias de lo social, particularmente de las que se presentan con un car\u00e1cter m\u00e1s cr\u00ed\u00adtico, persisten las dificultades. Justamente del uso de las ciencias de lo social de cu\u00f1o cr\u00ed\u00adtico provienen muchas resistencias a la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n. Con todo, puesto que esas ciencias son utilizadas como mediaci\u00f3n en el conocimiento de la-realidad, y solamente eso, ser\u00ed\u00ada un riesgo enorme prescindir de su contribuci\u00f3n. Es verdad que no ofrecen m\u00e1s que una materia primera, que es preciso elaborar con los procedimientos propios de la actividad teol\u00f3gica. Pero esa materia primera es lo que traduce las interpelaciones concretas de Dios en la historia presente. Son interpelaciones que rebasan los l\u00ed\u00admites de las personas, asumiendo dimensiones sociales. Lo propio de las ciencias de lo social, de cu\u00f1o cr\u00ed\u00adtico, es hacer posible una lectura m\u00e1s profunda de los problemas sociales, superando tanto una lectura ingenua como funcional de la realidad. La lectura ingenua es la realizada a simple vista, que no va m\u00e1s all\u00e1 de los hechos aislados; la funcional es la que percibe la conexi\u00f3n de los hechos, pero dentro de una conjetura casual y provisional; la cr\u00ed\u00adtica es la que descubre la ra\u00ed\u00adz profunda de los diversos hechos y de sus conjeturas. En este \u00faltimo supuesto es como las ciencias de lo social ayudan a desvelar un mal que no s\u00f3lo se oculta en el fondo del coraz\u00f3n humano, sino que se introduce en las estructuras sociales. Y ese mal, en el que se mezclan elementos personales, interpersonales, comunitarios, sociales y hasta c\u00f3smicos, es el que se denomina teol\u00f3gicamente pecado estructural.<\/p>\n<p>II. Pecado estructural y otras concepciones vigentes<br \/>\nComparar las varias concepciones de pecado entre s\u00ed\u00ad no significa forzosamente dar la exclusiva a una y descartar por completo las dem\u00e1s. Se las puede considerar como dial\u00e9cticamente complementarias. Es lo que nos parece que ocurre con la concepci\u00f3n estructural del pecado. Esta supone evidentemente una selecci\u00f3n: supera a unas, profundiza, ampl\u00ed\u00ada, completa y redescubre a otras. Supera la concepci\u00f3n casu\u00ed\u00adstica; ampl\u00ed\u00ada, profundiza y complementa la renovada; saca a la luz elementos b\u00ed\u00adblicos y de la gran tradici\u00f3n que han permanecido en la sombra. Pero, de cualquier forma, la comparaci\u00f3n ser\u00e1 un buen camino para poner mejor de manifiesto de qu\u00e9 se trata cuando se habla de pecado estructural.<\/p>\n<p>1. SUPERACI\u00ed\u201cN DE LA CONCEPCI\u00ed\u201cN CASU\u00ed\u008dSTICA. Son innegables los valores, transmitidos por la moral de los manuales neoescol\u00e1sticos, llamados tambi\u00e9n casu\u00ed\u00adsticos. La mejor prueba consiste en el hecho de que han formado s\u00f3lidamente a muchas generaciones de sacerdotes y laicos. La preocupaci\u00f3n por lo que es perenne (esse), por lo que es universal, por la ley, por los actos humanos, por la particularizaci\u00f3n de cada caso, no dejan de tener sentido. El problema consiste exactamente en la exacerbaci\u00f3n de lo que los caracteriza. Al final, cuando hoy se hace una lectura cr\u00ed\u00adtica de la evoluci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada moral, se advierte f\u00e1cilmente que los manuales neoescol\u00e1sticos privilegian exagerada, y hasta casi exclusivamente, el aspecto del objeto; dejan poco espacio para el aspecto del sujeto, y menos a\u00fan para el aspecto de lo social dial\u00e9ctico. En su favor es preciso decir que no ten\u00ed\u00adan acceso a las ciencias humanas, y mucho menos a las ciencias sociales. Adem\u00e1s, esos manuales hay que comprenderlos en su lugar social; nacieron en un tipo de sociedad de una \u00e9poca y para una sociedad de una \u00e9poca, con todo lo que eso significa. Intentaron responder a los problemas de su \u00e9poca con categor\u00ed\u00adas de su tiempo. Con todo, a pesar de ello resulta evidente que, al rechazar el esbozo De ordine morali, los padres conciliares estaban diciendo que era preciso buscar otros caminos para una sociedad marcada por transformaciones r\u00e1pidas y profundas, con exigencias pastorales y teol\u00f3gicas muy diferentes.<\/p>\n<p>En lo que se refiere espec\u00ed\u00adficamente a su concepci\u00f3n de pecado es donde se hacen m\u00e1s patentes los fallos de los manuales neoescol\u00e1sticos. En primer t\u00e9rmino, est\u00e1n excesivamente vueltos hacia el pecado, y en consecuencia a la confesi\u00f3n. Pero, adem\u00e1s de eso, la exacerbaci\u00f3n jur\u00ed\u00addico-casu\u00ed\u00adstica los va envolviendo cada vez m\u00e1s en una especulaci\u00f3n minuciosa, intimista, atomizada, voluntarista y formalista del pecado. Es verdad que, al menos impl\u00ed\u00adcitamente, est\u00e1n en el presupuesto de intuiciones profundas que los precedieron. Es el caso de la comprensi\u00f3n agustiniana del pecado como transgresi\u00f3n de la ley, como alejamiento de Dios y orientaci\u00f3n a las criaturas. Lo es tambi\u00e9n el de la comprensi\u00f3n escol\u00e1stico-tamista del pecado como acci\u00f3n desordenada. S\u00f3lo que las exacerbaciones indicadas llevaron a que los manuales neoescol\u00e1sticos asumiesen lo que hab\u00ed\u00ada de m\u00e1s fr\u00e1gil y descuidasen lo que aquellas intuiciones pose\u00ed\u00adan de m\u00e1s v\u00e1lido. Siendo as\u00ed\u00ad, no hay duda de que la comprensi\u00f3n estructural del pecado presenta supuestos y claves de lectura muy diferentes de las de la concepci\u00f3n casu\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>2. PROFUNDIZACI\u00ed\u201cN DE LA CONCEPCI\u00ed\u201cN DE LA MORAL RENOVADA. La moral renovada se constituy\u00f3 por un empe\u00f1o notable, y en gran parte bien logrado, de responder a las grandes preocupaciones que alimentaron al concilio Vat. II. Aprovechando lo que hab\u00ed\u00ada de mejor en el campo b\u00ed\u00adblico y en la gran tradici\u00f3n, propicia una comprensi\u00f3n mucho m\u00e1s evang\u00e9lica de la moral. Aprovechando lo que hay de mejor en el plano de las ciencias humanas, particularmente de la psicolog\u00ed\u00ada, va a transformarse en el aspecto del sujeto. El horizonte primero no son ya los actos humanos in abstracto, sino la persona humana, \u00abimagen de Dios\u00bb, zambullida en un contexto hist\u00f3rico-cultural. A1 hacerse sensible a los signos de los tiempos y a la necesidad de \u00abproducir frutos para la vida del mundo\u00bb, rebasa los estrechos limites de la moral casu\u00ed\u00adstica e intenta iluminar teol\u00f3gicamente los grandes problemas humanos.<\/p>\n<p>En este nuevo horizonte resulta f\u00e1cil comprender que tambi\u00e9n se haya ensanchado la comprensi\u00f3n del pecado, y mucho. Adem\u00e1s de depurado de ciertos complejos de culpabilidad, el pecado pasa a ser interpretado m\u00e1s bien en la linea de actitudes globales de la vida. M\u00e1s que un simple acto malo pero aislado, el pecado ser\u00ed\u00ada una opci\u00f3n fundamental de la vida, que ocasionalmente puede traducirse en actos m\u00e1s significativos. Con ello no se reajusta s\u00f3lo la valoraci\u00f3n de los pecados (veniales, graves y mortales), sino que tambi\u00e9n se reestructura la conversi\u00f3n, considerada como algo mucho m\u00e1s exigente. Concepciones de base b\u00ed\u00adblica, en especial vistas a la luz de la categor\u00ed\u00ada fundamental de la alianza, van a hacer posible la aparici\u00f3n de t\u00e9rminos mucho m\u00e1s significativos que el de \u00abofensa a Dios\u00bbt \u00abviolaci\u00f3n de la alianza\u00bb, \u00abruptura\u00bb, \u00abrechazo\u00bb, \u00abresistencia\u00bb, \u00abdureza de coraz\u00f3n\u00bb, \u00abinfidelidad\u00bb, \u00aboposici\u00f3n sistem\u00e1tica a los planes divinos\u00bb, \u00abpretensi\u00f3n de construir una historia propia y no la del pueblo de Dios\u00bb, \u00abfalta de amor a Dios y al pr\u00f3jimo\u00bb, etc. A todo esto se junta una doble polaridad: la propiamente religiosa y la \u00e9tica, pues el pecado no se restringe al \u00e1mbito de los que tienen fe; pecado es todo lo que \u00abdeshumaniza\u00bb, en el sentido fuerte del t\u00e9rmino; todo lo que \u00abenajena\u00bb, en el sentido de una carencia de sinton\u00ed\u00ada profunda con el propio ethos. El ser humano se aliena en la medida en que se cierra a las aspiraciones m\u00e1s profundas de su ser, en la medida en que se cierra a la comuni\u00f3n con el pr\u00f3jimo,: en la medida en que pierde el sentido profundo de la creaci\u00f3n. Y todos esos cierres se traducen en otro m\u00e1s decisivo para el propio creador y sus proyectos.<\/p>\n<p>Aunque profundizada y ensanchada, con todo la concepci\u00f3n \u00abrenovada\u00bb del pecado presenta tambi\u00e9n sus limitaciones. Se las podr\u00e1 ver claramente en los casos siguientes. Sin embargo, se las puede enunciar ya b\u00e1sicamente como las que se deducen del hecho de que la moral renovada y su concepci\u00f3n de pecado fueron pensadas desde el punto de vista del primer mundo. Consecuentemente, no interpretan debidamente la dram\u00e1tica situaci\u00f3n de dos tercios de la humanidad, ni el pecado que la provoca.<\/p>\n<p>3. FUNDAMENTOS B\u00ed\u008dBLICOS. Las diversas concepciones de pecado responden siempre en el fondo a una pregunta que manifiesta su perspectiva b\u00e1sica. La moral casu\u00ed\u00adstica pregunta \u00abqui\u00e9n hace algo\u00bb; la moral renovada, \u00abqui\u00e9n es usted\u00bb, en el sentido profundo del verbo ser; la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n pregunta \u00abde qu\u00e9 lado se encuentra usted\u00bb. Las diversas respuestas a estas preguntas no dejan de ofrecer alg\u00fan fundamento b\u00ed\u00adblico. La teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n encontrar\u00e1 el fundamento b\u00ed\u00adblico de su pregunta y la consiguiente respuesta en tres direcciones nada originales: en la direcci\u00f3n de la alianza, de las actitudes de Jes\u00fas y del reino. Lo original es la lectura b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>La alianza es el n\u00facleo central de la teolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria, tambi\u00e9n desde el punto de vista de la comprensi\u00f3n del pecado. Pero resulta que, ignorada pr\u00e1cticamente por la casu\u00ed\u00adstica, le\u00ed\u00adda en clave personalista por la moral renovada, esconde todav\u00ed\u00ada un fil\u00f3n precioso en la perspectiva del pecado: exactamente el social.<\/p>\n<p>Se puede afirmar que la primera alianza se encuentra ya impl\u00ed\u00adcita en la propia creaci\u00f3n. A trav\u00e9s de sus proyectos, el creador se vincula profundamente con su obra, de tal modo que cualquier ruptura de la obra se constituye tambi\u00e9n&#8217;en ruptura con el creador. La primera ruptura se encuentra ya en la ra\u00ed\u00adz de la propia humanidad: es el pecado de origen. Dentro de este supuesto, el G\u00e9nesis presenta el pecado como algo que nace en el coraz\u00f3n humano, pero inmediatamente se extravasa a la humanidad entera, e incluso a toda la creaci\u00f3n. Dentro de ese mismo supuesto, san Pablo, al afirmar que todos pecaron en Ad\u00e1n, afirma al mismo tiempo que \u00abtoda la creaci\u00f3n gime y est\u00e1 en dolores de parto esperando la liberaci\u00f3n\u00bb (Rom 8:22). En otras palabras, desde el libro del G\u00e9nesis, todo pecado asume al mismo tiempo una configuraci\u00f3n personal, interpersonal, comunitaria, social e incluso c\u00f3smica. El pecado del mundo se constituye en aquel clima en el que todos nacen y al que todos colaboran con sus pecados personales y con sus actitudes sociales.<\/p>\n<p>Indudablemente la alianza es una categor\u00ed\u00ada profundamente religiosa. No obstante, tampoco hay duda de que no es estrictamente religiosa. Entra\u00f1a una tarea hist\u00f3rica, que ha de llevar a cabo el pueblo de Dios: manifestar un Dios diferente de los otros dioses exactamente a trav\u00e9s de la construcci\u00f3n de una historia tambi\u00e9n diferente de las dem\u00e1s historias. Esa historia deber\u00ed\u00ada propiciar la aparici\u00f3n de mecanismos solidarios que hiciesen posible la participaci\u00f3n de todos sus miembros en todos los sentidos: religioso, socio-pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico. La tarea no es primordialmente individual; le incumbe al pueblo de Dios en cuanto pueblo. Por eso las bendiciones y las maldiciones est\u00e1n condicionadas a un modo de vivir de todo el pueblo. Fidelidad o infidelidad se traducen en la construcci\u00f3n o no de estos proyectos hist\u00f3ricos de Dios. Por eso mismo, la ruptura con la alianza no se da primordialmente ni en el nivel de las personas ni en el nivel de las relaciones directas con Dios. Se da, y de manera expl\u00ed\u00adcita, en las relaciones con los seres humanos entre s\u00ed\u00ad. El pueblo de Dios rompe con la alianza cuando no respeta el derecho, no protege al oprimido, no hace justicia al hu\u00e9rfano y no defiende a las viudas (Isa 1:16-17); la rompe cuando es opresor y violador de los derechos de los pobres (Ose 5:11-15). Todas esas afirmaciones no niegan el fundamento de la comprensi\u00f3n manual\u00ed\u00adstica del acto malo (hatta), ni de la actitud personal perversa tematizada por la moral renovada (awon),~ pero ciertamente sacan de la sombra el pesha, que contiene la idea m\u00e1s amplia de \u00abrebeli\u00f3n\u00bb, de \u00abrevuelta\u00bb del pueblo o de parte del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las actitudes de Jes\u00fas permiten diversas lecturas, en particular una de vertiente personal y otra de vertiente m\u00e1s social. El hecho es que la actitud de Jes\u00fas respecto al pecado est\u00e1 henchida de sorpresas. Conviene destacar tres. La primera consiste en el hecho de que \u00e9l ni habl\u00f3 mucho ni muy directamente del pecado. Habl\u00f3 mucho m\u00e1s de salvaci\u00f3n. En general, al anunciar la salvaci\u00f3n denuncia con mayor claridad el pecado. Habla ciertamente de pecado, pero lo hace sobre todo a trav\u00e9s de las par\u00e1bolas del reino. Puede verse la de los convidados al banquete de bodas (Luc 14:18-20), la de las muchachas que se durmieron (Mat 25:1 ss), la de la irrupci\u00f3n inesperada de Dios en la historia (Mt 24 37-39), la del verdadero pecador: el hermano mayor (Luc 15:1 I-32) y la del juicio final (Mat 25:31ss). La segunda sorpresa estriba en el modo de tratar Jes\u00fas a los que oficialmente son considerados pecadores o justos: se muestra acogedor con los primeros e inflexible con los, segundos. Jes\u00fas no s\u00f3lo supera la concepci\u00f3n de pecado transmitida por los l\u00ed\u00adderes religiosos, sino que la rechaza. Para Jes\u00fas el.pecado no tiene nada que ver con la impureza legal o con otras concepciones de \u00ed\u00adndole extr\u00ed\u00adnseca: del fondo del ser humano es de donde nace el pecado (Mar 7:2-12). La tercera sorpresa es consecuencia de las dos primeras. Los personajes aleg\u00f3ricos de las par\u00e1bolas antes mencionadas, de suyo no hicieron nada especial. La maldad -proviene simplemente del hecho de no estar ligados al reino y a su justicia.<\/p>\n<p>Todas estas sorpresas se pueden leer en clave personalista. Sin embargo, Jes\u00fas no se detiene ah\u00ed\u00ad; detecta a los enemigos del reino. Y aqu\u00ed\u00ad va a surgir una segunda vertiente: :la socio-estructural. Bas\u00e1ndose en su afirmaci\u00f3n personal, grupos organizados, sirvi\u00e9ndose incluso de la religi\u00f3n y del nombre- de Dios, se oponen frontalmente a la buena.nueva del reino. Y esto lo hacen al servirse de su poder para impedir la concretizaci\u00f3n hist\u00f3rica del reino. Curiosamente, con la excepci\u00f3n del caso de Herodes, Jes\u00fas no arremete contra individuos, sino contra grupos organizados: fariseos, escribas, ricos, sacerdotes y gobernantes. Es forzoso reconocer que los anatemas de Jes\u00fas son colectivos. Adem\u00e1s deja bien claro que existe opresi\u00f3n religiosa porque los fariseos colocan en los hombros de los dem\u00e1s cargas intolerables; existe ignorancia porque los levitas guardan para s\u00ed\u00ad las llaves de la ciencia; existe pobreza porque los ricos no comparten su riqueza; existen oprimidos porque los que gobiernan hacen un uso desp\u00f3tico de su poder en vez de ponerlo al servicio de los dem\u00e1s (Mt 23).<\/p>\n<p>Ante todo esto resulta dif\u00ed\u00adcil negar que Jes\u00fas denuncia formas de convivencia y estructuras sociales en cuanto formas constitutivas del antirreino. Pues para \u00e9l el reino es ciertamente espiritual, pero no s\u00f3lo eso; es trascendente, pero tambi\u00e9n ha de concretizarse en la historia de la humanidad. La lucha que se entabla es exactamente entre el reino de este mundo (de los hombres) y el reino de Dios. Cuando reinan los hombres, reinan la injusticia, la opresi\u00f3n, la violencia, la discriminaci\u00f3n. Cuando reina Dios a trav\u00e9s de la concretizaci\u00f3n de, sus proyectos, reinan la justicia, el servicio, la paz y el amor fraterno. Decididamente, la concepci\u00f3n de Jes\u00fas recuerda el libro del G\u00e9nesis. Todo el mal empieza cuando los hombres intentan implantar sus proyectos y consienten en dar o\u00ed\u00addos a la serpiente: \u00abSer\u00e9is como dioses\u00bb. El resultado ser\u00e1 la torre de Babel.<\/p>\n<p>4. EN CONSONANCIA CON LA GRAN TRADICI\u00ed\u201cN. Sin lugar a dudas, s\u00f3lo lee bien un texto el que consigue situarlo en su contexto y lo interpreta a la luz de un todo m\u00e1s amplio. La lectura de los santos padres y de otros personajes que caracterizan a la gran tradici\u00f3n no es f\u00e1cil, pues tropezamos con cientos de autores diferentes, diseminados en per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos diferentes y que emplean g\u00e9neros literarios diferentes. Adem\u00e1s, la lectura se hace normalmente en clave casu\u00ed\u00adstica o personalista; no en clave social. De quererlo, ciertamente encontraremos en los santos padres listas de pecados, como las encontramos en san Pablo y en otros pasajes b\u00ed\u00adblicos. Adem\u00e1s, por lo que hemos visto anteriormente, no existen razones para descartar esos tipos de lecturas. Lo que hemos de preguntarnos es si es \u00e9se el mejor modo de captar su sentido profundo, puesto que las listas de pecados tienen una funci\u00f3n netamente pedag\u00f3gica: Aparte de eso, en presencia de las coordenadas de la alianza, del reino y de la propia concepci\u00f3n de Jes\u00fas, deber\u00ed\u00adamos al menos suponer que no queda descartada una lectura en clave social. Conviene recordar que incluso la c\u00e9lebre distinci\u00f3n entre pecado mortal y pecado venial, que ha prevalecido durante siglos, no se encuentra verbalmente en la Sagrada Escritura; es una creaci\u00f3n teol\u00f3gica con fundamento en la Escritura.<\/p>\n<p>La consonancia o no de la comprensi\u00f3n estructural del pecado con los santos padres deber\u00e1 atestiguarse naturalmente .en sus ense\u00f1anzas sociales, una de las fuentes primordiales d\u00e9 la doctrina social de la Iglesia. Los textos son innumerables; se los encuentra en abundancia sobre todo en san Ambrosio, san Basilio, san Juan Cris\u00f3stomo, los cuales se enfrentaron m\u00e1s directamente con la situaci\u00f3n de injusticias sociales que clamaba al cielo. Para todos ellos, la ra\u00ed\u00adz de la pobreza y de las desigualdades sociales no se encuentra en los planes del creador, sino que, por el contrario, apunta directamente a la usurpaci\u00f3n por parte de las personas y los grupos de lo que ha sido destinado para todos. Es la falta de conciencia de la condici\u00f3n de criaturas, en virtud de la cual los seres humanos deber\u00ed\u00adan ce\u00f1irse a ser meros administradores de los bienes terrenos, lo que provoca el af\u00e1n de lucro y de codicia. La vinculaci\u00f3n entre la miseria de algunos y la riqueza de otros es tal que ya el Pastor de Hermas (a mediados del s. n) sostiene que es un homicidio no ayudar a los necesitados. San Ambrosio, en su comentario al libro de Tob\u00ed\u00adas (MPL, t. XIV, col. 800), afirma de modo tajante que los ricos despojan incluso cuando proclaman que est\u00e1n ayudando, pues someten al pobre a la usura. De la misma forma, san Basilio Magno, en la homil\u00ed\u00ada sobre el salmo XIV (MPG, t. XIV, col. 707), interpreta la fortuna dedos ricos como resultado de las l\u00e1grimas de los pobres. Esta misma t\u00f3nica vemos en san Jer\u00f3nimo, para el cual los ricos son ricos o por su propia injusticia o bien por herencia injustamente recibida (MPL, t. XXII, col. 984). Tampoco es distinta la t\u00f3nica de san Juan Cris\u00f3stomo al comentar el salmo XVIII (MPG, t. LV, col. 517). Imagina \u00e9l los comentarios de quienes pasan ante la mansi\u00f3n de un rico avariento fallecido: \u00c2\u00a1Con cu\u00e1ntas l\u00e1grimas no se habr\u00e1 edificado esta casa! \u00c2\u00a1Cu\u00e1ntos no habr\u00e1n quedado desnudos (por la explotaci\u00f3n)! \u00c2\u00a1Cu\u00e1ntas viudas no habr\u00e1n padecido injusticias y cu\u00e1ntos obreros no habr\u00e1n sido lesionados en sus salarios!<br \/>\nEstos pocos ejemplos, que podr\u00ed\u00adan multiplicarse a centenares, nos revelan claramente el tenor de la teolog\u00ed\u00ada de los santos padres. Ante ello resulta muy dif\u00ed\u00adcil poder concluir que su postura no tiene nada que ver con el pecado o que para ellos el pecado se reduce a faltas, grandes o peque\u00f1as, pero de car\u00e1cter estrictamente personal. Como tambi\u00e9n ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil sostener que los grandes genios de la escol\u00e1stica, principalmente santo Tom\u00e1s, con su concepci\u00f3n articulada de la moral dentro de la totalidad de su teolog\u00ed\u00ada, presentan una concepci\u00f3n del pecado de \u00ed\u00adndole casu\u00ed\u00adstica. Su horizonte no es ciertamente el de las listas de los pecados. El horizonte de los grandes te\u00f3logos, tanto del pasado como del presente, s\u00f3lo puede ser el que rebasa las dimensiones personales e intimistas. Los pecados personales no encuentran explicaci\u00f3n satisfactoria en s\u00ed\u00ad mismos ni en las personas que pecan. Esos pecados no son sino la punta de un iceberg muy profundo, hundido en el misterio del mal, y en su manifestaci\u00f3n primera, que es la ra\u00ed\u00adz del pecado, que abarca a todos los seres humanos.<\/p>\n<p>III. Dificultades y esclarecimiento<br \/>\nLo que queda expuesto permite ya entrever en qu\u00e9 se distingue la concepci\u00f3n estructural del pecado de otras concepciones, y hacia d\u00f3nde apunta. Sin embargo, las resistencias aconsejan explicitar mejor lo que se entiende por pecado estructural. Un buen recurso quiz\u00e1 sea abordar directamente las objeciones m\u00e1s corrientes. La primera se relaciona con el lenguaje. Muchas terminolog\u00ed\u00adas sugieren falta de claridad conceptual. La segunda apunta a concepciones aparentemente id\u00e9nticas. Pensamos en el pecado colectivo y en la dimensi\u00f3n social del pecado. Una tercera objeci\u00f3n, m\u00e1s seria, se\u00f1ala que las estructuras no pecan; por tanto, que no se puede hablar con propiedad de pecado estructural. Finalmente, no podemos olvidar las resistencias que provienen de las implicaciones pastorales que acarrea semejante concepci\u00f3n del pecado. En realidad, son profundas y obligan a reconsiderar tanto el sentido de la conversi\u00f3n como el del sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>1. MUCHAS TERMINOLOGIAS.<\/p>\n<p>Ciertas expresiones teol\u00f3gicas, que luego resultan ser muy profundas, a veces surgen fortuitamente. Tal es el caso de los \u00absignos de los tiempos\u00bb. Utilizada ocasionalmente por los papas P\u00ed\u00ado XII y Juan XXIII, con el concilio Vat. II pas\u00f3 a ser una de las l\u00ed\u00adneas maestras de una nueva comprensi\u00f3n teol\u00f3gica. Algo parecido ocurre con el pecado estructural. Inicialmente, la idea surge en el Documento de Medell\u00ed\u00adn (1968). Habla \u00e9l de \u00absituaci\u00f3n de injusticia\u00bb y de \u00absituaci\u00f3n de pecado\u00bb (n. 1), de \u00abestructuras opresoras\u00bb y \u00abestructuras injustas\u00bb (nn. 2; 6 y 19). Ya el Documento de Puebla (1979) recoge algunas de esas expresiones y a\u00f1ade otras. Habla tanto de \u00abestructuras injustas\u00bb (nn. 16; 43; 573; 1155; 1257) como de \u00abestructuras de pecado\u00bb (nn. 281; 452), que nacen del coraz\u00f3n del hombre (n. 438), pero que est\u00e1n inspiradas tambi\u00e9n por el capitalismo liberal y por el colectivismo marxista (n. 437); como causas de miseria, es preciso modificarlas (n. 30). En otras partes, el mismo Documento, se\u00f1alando el pecado como ra\u00ed\u00adz y fuente de toda opresi\u00f3n, injusticia y discriminaci\u00f3n (n. 517) prefiere hablar directamente de \u00abpecado social\u00bb (nn. 28, 487). Tenemos, pues, que en textos teol\u00f3gicos se multiplican las expresiones para hablar de una misma realidad: \u00absituaci\u00f3n de pecado\u00bb, \u00abestructura de pecado\u00bb, \u00abestructuras pecaminosas\u00bb, \u00abpecado social\u00bb, \u00abpecado socio-estructural\u00bb.<\/p>\n<p>Un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado descubrir\u00ed\u00ada, sin lugar a dudas, matices teol\u00f3gicos resultantes de acentos diversos, que se colocan bien en el campo econ\u00f3mico, bien en el campo pol\u00ed\u00adtico, bien en el campo social, bien teniendo presentes todas las estructuras humanas juntas. Lo cierto es que la variedad terminol\u00f3gica, m\u00e1s que imprecisi\u00f3n teol\u00f3gica, traduce la complejidad del pecado as\u00ed\u00ad entendido. Una cosa es segura: todas esas expresiones apuntan a una id\u00e9ntica direcci\u00f3n: las m\u00ed\u00adseras condiciones en que millones de seres humanos est\u00e1n condenados a vivir no por culpa u opci\u00f3n suya, sino como resultado de mecanismos estructurales. Todas esas expresiones terminol\u00f3gicas ponen de relieve que esto es contrario a los proyectos de Dios, por lo que, a la luz de la fe, se constituye en un verdadero pecado. Ese pecado queda m\u00e1s de manifiesto cuando se descubre la mala voluntad de enfrentarse con esa situaci\u00f3n. En efecto, a lo largo de la historia han existido siempre desigualdades sociales intolerables y multitudes viviendo en condiciones infrahumanas. Sin embargo, en el pasado resultaba mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil el acceso al conocimiento de esta realidad brutal; y, sobre todo, era mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la b\u00fasqueda de una soluci\u00f3n. Hoy, en cambio, bastar\u00ed\u00ada el empleo adecuado de los recursos disponibles para poder atender a las necesidades b\u00e1sicas de toda la humanidad. Y si no se hace as\u00ed\u00ad, es porque existen fuerzas interesadas en mantener la actual situaci\u00f3n de enfrentamiento con los planes divinos.<\/p>\n<p>2. \u00bfPECADO ESTRUCTURAL, COLECTIVO O DIMENSI\u00ed\u201cN SOCIAL DEL PECADO? Durante alg\u00fan tiempo, sobre todo en los a\u00f1os inmediatamente posteriores a la segunda guerra mundial, se habl\u00f3 mucho de pecado colectivo. Incluso hoy hay quien ve en esta expresi\u00f3n un sin\u00f3nimo de pecado estructural o bien una especie de primera aproximaci\u00f3n a este \u00faltimo. Es verdad que, a primera vista, parece que se trata en el fondo de una misma concepci\u00f3n. En ambos casos se piensa en una responsabilidad moral que rebasa el plano de las personas y se hunde en la historia. A pesar de ello, es preciso tener bien claro que el pecado colectivo se refiere m\u00e1s a un pueblo y a una situaci\u00f3n epis\u00f3dica de inconsciencia o de colaboraci\u00f3n culpable. El \u00e1ngulo contemplado es el pol\u00ed\u00adtico-ideol\u00f3gico, y el acento recae solamente en las personas, si bien colectivamente consideradas. En cambio, en el caso del pecado estructural se piensa en un complejo de mecanismos al mismo tiempo sociales, pol\u00ed\u00adticos, econ\u00f3micos, ideogicos y hasta religiosos, que, si bien suponen el elemento human\u00f3 como responsable \u00faltimo, una vez establecidos funcionan con cierta a\u00fctonom\u00ed\u00ada. El acento no recae en las personas o en los grupos, aunque no se los excluye. El acento est\u00e1 en los mecanismos. La concepci\u00f3n apunta a algo m\u00e1s profundo, global y permanente.<\/p>\n<p>M\u00e1s pr\u00f3xima todav\u00ed\u00ada de la expresi\u00f3n pecado estructural se encuentra la expresi\u00f3n dimensi\u00f3n social del pecado. Si ambas formas fuesen intercanbiables, estar\u00ed\u00adamos ante una concepci\u00f3n aceptada por casi todos. La misma casu\u00ed\u00adstica hablaba de la repercusi\u00f3n de los pecados personales en los dem\u00e1s, e incluso en la historia humana. Particularmente, la moral renovada es muy sensible a esa dimensi\u00f3n comunitaria y social. Resulta, sin embargo, que el pecado estructural se sit\u00faa en otro nivel. No se trata s\u00f3lo de una dimensi\u00f3n o de una repercusi\u00f3n, sino de algo m\u00e1s profundo. Cuando se habla de dimensi\u00f3n o de repercusi\u00f3n, se parte siempre del c\u00ed\u00adrculo menor hacia el mayor, de lo personal hacia lo interpersonal, comunitario o social. Aqu\u00ed\u00ad el n\u00facleo est\u00e1 en la persona que peca. Cuando, en cambio, se habla de pecado estructural, se parte del c\u00ed\u00adrculo mayor, que no s\u00f3lo repercute en los menores, sino que de alguna forma los determina. Persona y sociedad interact\u00faan dial\u00e9cticamente la una en la otra; son relaciones de \u00ed\u00adndole doble: de las personas a la sociedad y de la sociedad a las personas. Al mismo tiempo que la sociedad es afectada por las personas, las personas lo son por las sociedades. En otros t\u00e9rminos, no se niega nada de lo que siempre se ha dicho; \u00fanicamente se insiste en algo decisivo. Siguen existiendo pecados realmente personales, pero tambi\u00e9n existen pecados estructurales. La cuesti\u00f3n estriba en si en este nivel se puede hablar de pecado propiamente dicho o s\u00f3lo en sentido anal\u00f3gico. Con ello llegamos al meollo de la cuesti\u00f3n: \u00bfEn qu\u00e9 consiste propiamente el pecado estructural?<br \/>\n3. \u00bfEN QUE CONSISTE EL PECADO ESTRUCTURAL? Para una adecuada comprensi\u00f3n del pecado estructural es necesario tener presente la distinci\u00f3n entre el plano meramente comunitario y el social. El plano comunitario es el de las relaciones cortas, familiares y de peque\u00f1os grupos. Aqu\u00ed\u00ad todos tienen nombre y se conocen. Las relaciones son directas, afectivas, primarias. El nivel de lo social se da en las relaciones largas, de los grandes grupos y de las llamadas macroestructuras. En este nivel nadie conoce a nadie. Predominan las relaciones funcionales, an\u00f3nimas, dictadas por los \u00abintereses\u00bb. Puedo hasta ser amigo del gerente de un banco, del director de una multinacional. Ellos, adem\u00e1s de amigos, pueden tener incluso buenos sentimientos, llevar una vida personal \u00ed\u00adntegra. Mas cuando me dirijo a ellos como representantes de las respectivas instituciones, est\u00e1n obligados a obrar de acuerdo con los objetivos de la \u00abempresa\u00bb. Concretamente, dentro del tipo de capitalismo que conocemos, a ellos les incumbe la tarea de buscar los intereses de la empresa, o sea, el m\u00e1ximo lucro. Son parte de un engranaje mayor.<\/p>\n<p>Por lo que se ha dicho, se advierte ya que las estructuras poseen consistencia propia, que van m\u00e1s all\u00e1 de los sentimientos de las personas y los grupos concretos, aunque sin prescindir de ellos. Desde Durkheim est\u00e1 claro que lo social es una \u00abcosa\u00bb hasta cierto punto aut\u00f3noma. Aunque exterior, lo social act\u00faa poderosamente sobre las personas y los grupos. Es incuestionable que las estructuras han sido creadas por personas o grupos y son por ellos alimentadas. No obstante, las estructuras poseen una l\u00f3gica propia. La sociedad est\u00e1 compuesta por agentes sociales, que dependen menos de las personas que de las leyes del mercado o de la legislaci\u00f3n vigente. La legislaci\u00f3n, las propias instituciones educativas, los medios de comunicaci\u00f3n social no son tan neutros como puede parecer. Sobre todo en el contexto del tercer mundo son instrumentos al servicio del stalu quo econ\u00f3mico, social, pol\u00ed\u00adtico e ideol\u00f3gico. Juntamente con los varios tipos de prejuicios, revelan tanto como profundizan los mecanismos discriminatorios que mantienen y alimentan la miseria y la marginaci\u00f3n de las masas empobrecidas. As\u00ed\u00ad pues, al mismo tiempo manifiestan el pecado estructural y lo alimentan. M\u00e1s a\u00fan: se transforman en fuente de nuevos pecados personales y sociales<br \/>\nEn este contexto surge espont\u00e1neamente la cuesti\u00f3n de si se puede o no utilizar con propiedad el t\u00e9rmino \u00abpecado\u00bb. El papa Juan Pablo II aborda expl\u00ed\u00adcitamente, al menos por dos veces, la cuesti\u00f3n que nos ocupa. La primera aparece en la exhortaci\u00f3n Reconciliatio et paenitentia, 16. Al hablar de la cuesti\u00f3n, distingue tres \u00e1ngulos: el primero es el de la repercusi\u00f3n de los pecados personales en los dem\u00e1s; el segundo es el de las agresiones directas contra el pr\u00f3jimo; el tercero es el de la violaci\u00f3n de la justicia, de la libertad y de la paz en el \u00e1mbito mayor de las relaciones internacionales. En la Sollicitudo re\u00ed\u00ad socialis, 36, despu\u00e9s de asegurar que no est\u00e1 fuera de prop\u00f3sito hablar de \u00abestructuras de pecado\u00bb, indica que estas estructuras se refuerzan, se extienden, se convierten en fuentes de otros pecados condicionando el comportamiento humano. Pero en ambos documentos destaca que esas estructuras \u00abradican en el pecado personal, y por consiguiente est\u00e1n siempre ligadas a actos concretos de las personas que las introducen, las consolidan y hacen dif\u00ed\u00adcil eliminarlas\u00bb.<\/p>\n<p>De ser as\u00ed\u00ad, cuando se habla de pecado social se estar\u00ed\u00ada hablando en sentido anal\u00f3gico. Es decir, hay un empe\u00f1o por no vaciar las responsabilidades personales incluso en presencia del pecado estructural. Y no hay por qu\u00e9 vaciar estas responsabilidades. Aunque el pecado estructural no sea una mera suma de pecados individuales, tampoco es un pecado sin pecador. Por el contrario, esa concepci\u00f3n presupone exactamente que nadie puede lavarse las manos y declararse inocente. Las personas y los grupos se hacen corresponsables de varios modos, pero m\u00e1s en particular por la introyecci\u00f3n, por la reproducci\u00f3n y por la omisi\u00f3n. Introyectar significa aceptar acr\u00ed\u00adticamente los \u00abvalores\u00bb dictados por esas estructuras de pecado. La reproducci\u00f3n se concretiza en la medida en que se asumen a escala menor esos valores dictados por las estructuras del pecado. A su vez, la omisi\u00f3n significa cruzarse de brazos ante lo que se tiene delante, bien por comodidad, bien por juzgarse impotente. Est\u00e1 claro que, justamente en la omisi\u00f3n, se pone de manifiesto que la responsabilidad personal es muy diversificada, de acuerdo con la capacidad de cada persona y con las funciones que se ejercen en la sociedad. Asentado esto, es preciso tambi\u00e9n no olvidar que todo lenguaje teol\u00f3gico es siempre anal\u00f3gico; es decir, que jam\u00e1s es capaz de expresar de modo adecuado y definitivo la profundidad de los misterios que intenta traducir. Esa conciencia es justamente una de las grandes conquistas de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica: el te\u00f3logo, por m\u00e1s profundo que sea, no va nunca m\u00e1s all\u00e1 de un balbuceo de unas realidades que rebasan los l\u00ed\u00admites de su inteligencia.<\/p>\n<p>4. REPERCUSIONES PASTORALES. Por lo que se ha expuesto hasta aqu\u00ed\u00ad, debe resultar evidente que la concepci\u00f3n de pecado estructural, tal como lo entendemos, no niega nada de lo que se puede sacar de la Sagrada Escritura y de la tradici\u00f3n. A1 contrario, deduce las consecuencias de lo que indebidamente ha quedado en sombra. Tampoco niega lo que sostiene la moral renovada, pero ensancha y profundiza indiscutiblemente sus perspectivas. Y si, incuestionablemente, supera la concepci\u00f3n casu\u00ed\u00adstica, no hace otra cosa que garantizar una mayor credibilidad a uno de los dos grandes ejes del mensaje cristiano, reafirmando y actualizando el binomio pecado-salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, si los supuestos y las conclusiones sobre el pecado estructural son verdaderos, es comprensible que causen ciertas resistencias en un primer momento. En efecto, una vez admitida esta concepci\u00f3n, hay que admitir igualmente ciertas consecuencias pastorales que exigen mucho valor y compromiso. Una primera consecuencia se puede se\u00f1alar en direcci\u00f3n a la conversi\u00f3n. Los cristianos deber\u00e1n seguir hablando del pecado que radica en lo m\u00e1s profundo del ser humano, como deber\u00e1n seguir hablando de conversi\u00f3n del coraz\u00f3n. S\u00f3lo que este lenguaje deber\u00e1 presentar un car\u00e1cter mucho m\u00e1s dial\u00e9ctico, en el que se articulen al mismo tiempo las diversas dimensiones de lo humano. Es cierto que s\u00f3lo el cambio de estructuras no va a salvar la humanidad de sus ego\u00ed\u00adsmos, de su af\u00e1n de lucro, de,su maldad. Sin embargo, la historia concreta de milenios parece garantizar tambi\u00e9n que la conversi\u00f3n, entendida en sentido intimista, tampoco consigue erradicar el mal del mundo ni lo que en \u00e9l se manifiesta de m\u00e1s insultante. Todo ser humano tiene su historia individual; pero esa historia est\u00e1 siempre ligada de modo indisociable a la gran historia de los destinos de la humanidad. Cristo no vino s\u00f3lo a salvar a personas, sino a implantar el reino. Por eso mismo la Iglesia no puede restringir su misi\u00f3n a un trabajo llevado a cabo solamente en lo profundo de los corazones. Su tarea es mucho m\u00e1s exigente. Consiste en luchar en favor dei reino, y consiguientemente contra el antirreino y los que representan sus intereses. Por eso mismo, el peso de siglos en los que fue predominante el prisma individual s\u00f3lo podr\u00e1 ser removido mediante un proceso de concienciaci\u00f3n que d\u00e9 la preferencia a una praxis social, como componente indisociable del proceso evangelizador.<\/p>\n<p>Resituar en otros moldes la conversi\u00f3n significa tambi\u00e9n ubicar en otros moldes el sacramento de la penitencia. Este no puede disociarse del contexto de un mundo profundamente conflictivo en la b\u00fasqueda de una reconciliaci\u00f3n de la humanidad entre s\u00ed\u00ad y con los designios hist\u00f3ricos de su creador. Los m\u00faltiples caminos de reconciliaci\u00f3n no se excluyen, sino que se complementan. Pero todos ellos suponen que las \u00abnuevas criaturas\u00bb se entienden en el sentido de una nueva creaci\u00f3n. Lo que est\u00e1 en juego no es solamente el destino de las personas, sino el destino de la humanidad y de toda la obra creadora de Dios. Al entenderse como participantes de esta epopeya, los cristianos ya no podr\u00e1n preguntarse \u00fanicamente por lo que han hecho o han dejado de hacer. Deber\u00e1n preguntarse tambi\u00e9n por lo que son, y sobre todo de qu\u00e9 lado se colocan efectivamente en esta lucha gigantesca entre luces y tinieblas. Esto significa concretamente que la confesi\u00f3n de los pecados, incluso en su forma individual, deber\u00e1 tener presente el gran horizonte en el que se deciden los destinos de la humanidad entera, e incluso de todo el universo. Esto es lo que sugiere el juicio final en la visi\u00f3n del cap\u00ed\u00adtulo 25 de san Mateo: la sorpresa tanto de los que sean juzgados buenos como de los que sean juzgados malos. En efecto, muchos llegados de Oriente y de Occidente tendr\u00e1n una agradable sorpresa, y otros una sorpresa desagradable, pues aprendieron muchas lecciones, menos la decisiva: la de que la condenaci\u00f3n o salvaci\u00f3n se decidir\u00e1 en la historia, y de un modo muy concreto y cotidiano.<\/p>\n<p>BIBL.: ALCAL\u00ed\u0081 M., Pecado social y pecado estructural, en \u00abRaz\u00f3n y Fe\u00bb 112 (1985) 125143; ALDUNATE J., El pecado social, teor\u00ed\u00ada y alcance, en \u00abTeolog\u00ed\u00ada y Vida\u00bb 24 (1983) 99-110; AZPITARTE E.L., la responsabilidad comunitaria, en Praxis cristiana I, Paulinas, Madrid 19885, 429-448; BASTIANEL S., Strutture di peccato. Riflessione teologico-morale, en \u00abCiv. Cat.\u00bb I (1989), 325-338; BERTEN J., P\u00e9ch\u00e9 du monde el Royaume de Dieu, en Pech\u00e9 collectif et responsabilit\u00e9, Bruselas 1986, 123-161; BOFFCI., O pecado social, en \u00abRev. Ecl. 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El caminar de una Iglesia; 3. V\u00ed\u00adnculos con la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n; 4. El subsidio de las ciencias de lo social. II. Pecado estructural y otras concepciones vigentes: 1. Superaci\u00f3n de la concepci\u00f3n casu\u00ed\u00adstica; 2. Profundizaci\u00f3n de la concepci\u00f3n de la moral &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-estructural\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPECADO ESTRUCTURAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17275","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17275","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17275"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17275\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17275"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17275"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17275"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}