{"id":17278,"date":"2016-02-05T11:14:16","date_gmt":"2016-02-05T16:14:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/politico\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:16","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:16","slug":"politico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/politico\/","title":{"rendered":"POLITICO"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Pol\u00ed\u00adtica y compromiso \u00e9tico:<br \/>\n1. La crisis \u00e9tica de la pol\u00ed\u00adtica;<br \/>\n2. El cambio del cuadro social;<br \/>\n3. Los l\u00ed\u00admites del actual debate \u00e9tica\/ pol\u00ed\u00adtica;<br \/>\n4. Hacia una nueva fundamentaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica.<br \/>\nII. Hacia una \u00e9tica del hombre pol\u00ed\u00adtico:<br \/>\n1. El profesional pol\u00ed\u00adtico;<br \/>\n2. Necesidad del profesionalismo pol\u00ed\u00adtico;<br \/>\n3. Profesionalismo pol\u00ed\u00adtico y principios \u00e9ticos.<\/p>\n<p>I. Pol\u00ed\u00adtica y compromiso \u00e9tico<br \/>\n1. LA CRISIS ETICA DE LA POLITICA. La reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre la \u00e9tica del hombre pol\u00ed\u00adtico exige, para afrontarla correctamente, un riguroso an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n actual y a la vez la elaboraci\u00f3n de un cuadro te\u00f3rico preciso, capaz de interpretar din\u00e1micamente la relaci\u00f3n entre moral y pol\u00ed\u00adtica en el contexto de la actual complejidad social.<\/p>\n<p>La crisis que atraviesa hoy la pol\u00ed\u00adtica es esencialmente una crisis \u00e9tica. El puesto central ocupado por la \u00abcuesti\u00f3n moral\u00bb en el \u00e1mbito de la opini\u00f3n p\u00fablica denuncia, en efecto, la persistencia de un estado de malestar generalizado respecto a una gesti\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica que parece guiada por criterios de clientela y de mero reparto del poder, al paso que por otro lado van en aumento las dificultades, de car\u00e1cter m\u00e1s estrictamente estructural, en conexi\u00f3n con los procesos de definici\u00f3n de la representaci\u00f3n y de obtenci\u00f3n de consenso.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida de credibilidad de los partidos y de las instituciones p\u00fablicas en general y la afirmaci\u00f3n de nuevas formas de \/ participaci\u00f3n social que nacen de modo informal con objetivos no limitados a la mera suplencia, sino encaminados a dar vida a una verdadera y aut\u00e9ntica alternativa al sistema dominante -pi\u00e9nsese en los movimientos, en los grupos de 1 voluntariado y en las asociaciones para la tutela de los derechos del ciudadano- evidencian, por una parte, la negativa a servirse de los canales tradicionales y, por otra, la voluntad de presencia y de compromiso activo (en t\u00e9rminos tambi\u00e9n de gesti\u00f3n del poder) en la realidad social por parte de nuevos sujetos hist\u00f3ricos, animados de un serio inter\u00e9s por la pol\u00ed\u00adtica. Este dato, que representa sin duda un factor positivo de novedad, puede sin embargo concurrir, en ausencia de una m\u00e1s amplia reestructuraci\u00f3n de la vida pol\u00ed\u00adtica, a acentuar la ruptura entre pa\u00ed\u00ads legal y pa\u00ed\u00ads real, entre Estado y sociedad.<\/p>\n<p>Resulta, pues, urgente poner en marcha esa reestructuraci\u00f3n, que por lo dem\u00e1s no puede limitarse a la simple redefinici\u00f3n de las reglas del juego, sino que ha de mirar de un modo m\u00e1s radical a una verdadera fundamentaci\u00f3n \u00e9tica de la pol\u00ed\u00adtica, es decir, a la adquisici\u00f3n de un conjunto de valores compartidos, sobre los cuales reconstruir la convivencia civil.<\/p>\n<p>2. EL CAMBIO DEL CUADRO SOCIAL. As\u00ed\u00ad pues, la cuesti\u00f3n \u00e9tica adquiere una importancia decisiva en el actual contexto social. Pero la complejidad de la situaci\u00f3n suscita tambi\u00e9n graves dificultades para fijar en el terreno de la praxis hist\u00f3rica contornos precisos y contenidos espec\u00ed\u00adficos en la llamada \u00ab\u00e9tica p\u00fablica\u00bb.<\/p>\n<p>La vida pol\u00ed\u00adtica, marcada en la posguerra por una fuerte conflictividad ideol\u00f3gica entre las \u00e1reas culturales encabezadas por los diversos partidos (cat\u00f3lica, marxista y laica), se caracteriza, por otra parte, en aquellos mismos a\u00f1os por una profunda convergencia de esas \u00e1reas en el terreno m\u00e1s estrictamente \u00e9tico. Los ideales comunes adquiridos en la lucha contra los extremismos y la homogeneidad sustancial de los valores presentes en la sociedad -incluso dentro de la diversidad de las respectivas fundamentaciones e interpretaciones- permit\u00ed\u00adan coincidir en torno a objetivos de inter\u00e9s general asumidos como indiscutibles. Es sintom\u00e1tico al respecto el esfuerzo que desemboc\u00f3 en la promulgaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n, en la que est\u00e1n condensados los principios y valores reconocidos un\u00e1nimemente como los fundamentos irrenunciables de la vida social.<\/p>\n<p>Est\u00e1 fuera de duda que esta perspectiva, que favoreci\u00f3 el proceso de reconstrucci\u00f3n posb\u00e9lica, se ha ido modificando profundamente, sobre todo en el \u00faltimo veintenio, hasta el punto de presentarse radicalmente invertida. Pues mientras que la crisis de las ideolog\u00ed\u00adas han diluido progresivamente la contraposici\u00f3n entre las \u00e1reas descritas en el terreno de los proyectos pol\u00ed\u00adticos, creando condiciones apropiadas para una confrontaci\u00f3n m\u00e1s serena -y un di\u00e1logo m\u00e1s constructivo, paralelamente se ha profundizado el surco de separaci\u00f3n entre ellas a nivel \u00e9tico. Dicho de otra manera, lo que destaca con una claridad cada vez mayor es el aumento de la distancia, y por tanto de la imposibilidad de comunicaci\u00f3n, entre diversos sistemas de valor, a veces del todo incompatibles -sistemas que, por lo dem\u00e1s, atraviesan a menudo cada una de las \u00e1reas culturales mencionadas-, con la consiguiente dificultad de establecer un terreno de encuentro com\u00fan. La explosi\u00f3n de la tem\u00e1tica de los derechos subjetivos, as\u00ed\u00ad como las instancias avanzadas por el \/feminismo, por los grupos afines entre s\u00ed\u00ad y por los marginados, han creado, como no pod\u00ed\u00ada ser menos, situaciones de desorientaci\u00f3n, cuestionando certezas que parec\u00ed\u00adan absolutamente consolidadas y forzando a una reconsideraci\u00f3n global del orden \u00e9tico-social.<\/p>\n<p>Pero el malestar de la \u00ab\u00e9tica p\u00fablica\u00bb no obedece s\u00f3lo a motivaciones contingentes, ligadas a la aparici\u00f3n de nuevos sujetos sociales o a cuestiones de orden institucional. Tiene ra\u00ed\u00adces m\u00e1s profundas, de car\u00e1cter a la vez cultural y estructural. En efecto, los cambios de mentalidad y de costumbres ocurridos en la sociedad pueden reducirse en primer lugar al fen\u00f3meno de la secularizaci\u00f3n, que ha adquirido connotaciones cada vez m\u00e1s marcadas. A la originaria identificaci\u00f3n de ese fen\u00f3meno con la \u00abcrisis de lo sagrado\u00bb ha sucedido muy pronto la tendencia a hacerlo evolucionar en la direcci\u00f3n de un cuestionamiento del sentido y del fundamento, con la consecuencia de erosionar las bases mismas de los valores sobre los que en el pasado se constru\u00ed\u00ada la vida de los individuos y de la colectividad humana. Significa esto que la secularizaci\u00f3n ha ido acentuando progresivamente su valencia \u00e9tica hasta coincidir con la negaci\u00f3n de aquel humus cultural que constituye el soporte esencial para el desarrollo de modelos de comportamiento capaces de dar expresi\u00f3n a instancias universalmente reconocidas, y por ello mediadoras de una aut\u00e9ntica socialidad.<\/p>\n<p>Por otra parte, ha concurrido a incrementar ese proceso en una medida decisiva la transformaci\u00f3n cultural de la sociedad, o sea, el paso de una socIdad dicot\u00f3mica, centrada en la dial\u00e9ctica de las clases, a una sociedad compleja, caracterizada por la multiplicaci\u00f3n de las pertenencias y por la aparici\u00f3n de impulsos corporativos. El estado de acentuada fragmentaci\u00f3n de la vida, con la p\u00e9rdida de marcadas identidades colectivas por un lado y la crisis de las ideolog\u00ed\u00adas por otro, han dado lugar a que aflorara la \u00abcultura de la subjetividad\u00bb, caracterizada por el repliegue del hombre sobre s\u00ed\u00ad mismo y por la ausencia del proyecto pol\u00ed\u00adtico. La expansi\u00f3n de las necesidades individuales y su inducci\u00f3n a trav\u00e9s de los mecanismos de la sociedad de consumo, no menos que la tendencia a los comportamientos subjetivos, son otros tantos factores que est\u00e1n en la ra\u00ed\u00adz de la p\u00e9rdida de \u00abevidencias \u00e9ticas\u00bb que caracteriza a la sociedad entera.<\/p>\n<p>LOS L\u00ed\u008dMITES DEL ACTUAL DEBATE ETICA\/POL\u00ed\u008dTICA. Si del aspecto del an\u00e1lisis pol\u00ed\u00adtico se pasa al de la investigaci\u00f3n te\u00f3rica, la situaci\u00f3n no resulta m\u00e1s reconfortante. La tradici\u00f3n cultural de Occidente est\u00e1 decididamente caracterizada, al menos a partir de la \u00e9poca moderna, por la ausencia de una \u00e9tica p\u00fablica en la que encuentren feliz mediaci\u00f3n las exigencias de la persona y de la sociedad.<\/p>\n<p>A la r\u00ed\u00adgida contraposici\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00ed\u00adtica introducida por Maquiavelo, si bien recogida, aunque en una versi\u00f3n m\u00e1s actualizada y menos dr\u00e1stica, por Max Weber con la bien conocida distinci\u00f3n entre \u00e9tica de la convicci\u00f3n y \u00e9tica de la responsabilidad, le han intentado sucesivamente poner reparos tentativas unilaterales y no menos arriesgadas, que acabaron reduciendo la pol\u00ed\u00adtica a la \u00e9tica o, inversamente, la \u00e9tica a la pol\u00ed\u00adtica. El mismo pensamiento cristiano, al poner el \u00e9nfasis dentro del discurso moral en los deberes inherentes a la vida privada, no ha ofrecido una verdadera contribuci\u00f3n a la soluci\u00f3n del problema.<\/p>\n<p>Una respuesta positiva se ha ido abriendo camino en \u00e9poca m\u00e1s reciente gracias al puesto central adquirido por la tem\u00e1tica de los l derechos humanos como consecuencia de la revoluci\u00f3n burguesa y del desarrollo de la ideolog\u00ed\u00ada iluminista. Pero lo abstracto de los supuestos de partida, fundados en la presunci\u00f3n de una raz\u00f3n universal de contenidos claramente determinables, y la falta de atenci\u00f3n a las conflictividades sociales concretas provocadas por la expansi\u00f3n de la revoluci\u00f3n industrial terminaron anulando en buena medida su verdadero alcance hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>La complejidad de la actual situaci\u00f3n y el sentido profundo de malestar ante el deterioro de la vida pol\u00ed\u00adtica han llamado en estos \u00faltimos a\u00f1os la atenci\u00f3n de la investigaci\u00f3n sobre la cuesti\u00f3n de las relaciones entre \u00e9tica y pol\u00ed\u00adtica. Es significativo desde este punto de vista el inter\u00e9s suscitado por el desarrollo de las teor\u00ed\u00adas neocontractualistas y neoutilitaristas, cuyo objetivo es ofrecer un cuadro de reglas formales dentro del cual articular la actividad pol\u00ed\u00adtica. Sin ignorar la gran importancia que tales teor\u00ed\u00adas revisten en el establecimiento de los mecanismos necesarios para afrontarlos complejos procesos actualmente en curso, es obligado admitir que, sin embargo, reflejan el estado de crisis en que se encuentra la \u00e9tica pol\u00ed\u00adtica, a saber: la ausencia de una adecuada antropolog\u00ed\u00ada social que d\u00e9 un fundamento absoluto a los valores sobre los cuales se ha de construir la vida colectiva.<\/p>\n<p>En realidad, la llamada abstracta al formalismo kantiano (ver la teor\u00ed\u00ada de la justicia de J. Rawls) o el intento pragm\u00e1tico de resolver los conflictos sociales mediante la simple producci\u00f3n de reglas de juego (\u00e9sta es la \u00f3ptica propia del neoutilitarismo) esconden como supuesto una visi\u00f3n individualista del hombre. En otros t\u00e9rminos, lo que se toma como referencia \u00faltima es el individuo sustra\u00ed\u00addo preconcebidamente a cualquier red de relaciones y guiado por la l\u00f3gica del inter\u00e9s propio, en virtud de lo cual tiende a concebir y realizar la agregaci\u00f3n social en sentido r\u00ed\u00adgidamente corporativo.<\/p>\n<p>La pol\u00ed\u00adtica corre as\u00ed\u00ad el riesgo de reducirse a puro arte de la mediaci\u00f3n entre las corporaciones, con el peligro de privilegiar a las m\u00e1s fuertes y penalizar a las m\u00e1s d\u00e9biles, pero m\u00e1s a\u00fan con la tentaci\u00f3n de soluciones neoautoritarias marcadas por el decisionismo. All\u00ed\u00ad donde no es posible fundar la pol\u00ed\u00adtica en instancias objetivas, o sea, en valores irrenunciables y en derechos irrebatibles, tiende a afirmarse el criterio voluntarista, basado en el principio de autoridad y en el carisma personal.<\/p>\n<p>4. HACIA UNA NUEVA FUNDAMENTACI\u00ed\u201cN DE LA POL\u00ed\u008dTICA. Ante esta grave escisi\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00ed\u00adtica, tanto a nivel de praxis como de teor\u00ed\u00ada, es esencial replantear con energ\u00ed\u00ada el car\u00e1cter incondicional del imperativo moral. En otras palabras, se trata de postular la necesidad de una nueva fundamentaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica a partir de una instancia emancipadora que la sustraiga al riesgo de convertirse en pura t\u00e9cnica de gesti\u00f3n del poder siguiendo l\u00f3gicas regresivas y deshumanizadoras. Esto implica el \u00abrecurso a un principio de redenci\u00f3n del mundo\u00bb (T.W. Adorno) o a una instancia liberadora superior, como aqu\u00e9lla de la que arrancan las teolog\u00ed\u00adas pol\u00ed\u00adticas y las teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n, para las cuales la memoria Christi empuja a un compromiso hist\u00f3rico guiado por la tendencia a la solidaridad universal y por la opci\u00f3n preferencial por los \u00faltimos.<\/p>\n<p>Pero no basta apelar a esta instancia. La pol\u00ed\u00adtica, por su naturaleza, implica la referencia a una concepci\u00f3n del hombre en la cual se considere la socialidad no s\u00f3lo como un dato accesorio, sino como una realidad constitutiva de su ser y de su existir. La misma definici\u00f3n de los derechos del hombre ha de salir de la perspectiva individualista para tomar el camino de la apertura a un reconocimiento expl\u00ed\u00adcito de la dimensi\u00f3n social c\u00f3mo dimensi\u00f3n que funda la autoconciencia humana; o sea, debe tender arm\u00f3nicamente a fundir los derechos de libertad con los derechos d\u00e9 justicia dentro de un horizonte universalista capaz de integrar las leg\u00ed\u00adtimas exigencias de los individuos y de las naciones.<\/p>\n<p>Las intuiciones del personalismo social (E. Mounier), si bien revisadas en el contexto de las actuales transformaciones, adquieren gran actualidad. La creciente interdependencia entre los hombres y el intenso intercambio entre los pueblos no han de ser un dato meramente sociol\u00f3gico; instan, m\u00e1s profundamente, a una reinterpretaci\u00f3n de la realidad de acuerdo con categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas centradas en una renovada conciencia de la responsabilidad social con particular consideraci\u00f3n de las condiciones ambientales y de las posibilidades de desarrollo de las futuras generaciones.<\/p>\n<p>Los contenidos de tal proyecto \u00e9tico, que debe informar la pol\u00ed\u00adtica, han de elaborarse mediante una amplia confrontaci\u00f3n entre los diversos sistemas de valores presentes en las diversas \u00e1reas culturales e ideol\u00f3gicas que definen el mosaico de la sociedad actual. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de activar un proceso comunicativo que permita no s\u00f3lo llegar a un m\u00ed\u00adnimo \u00e9tico, sino que favorezca la interacci\u00f3n creadora de secciones diversas de lectura y de interpretaci\u00f3n de la realidad, con el fin de definir en el marco de un complejo equilibrio sist\u00e9mico las posibilidades efectivas de cambio. Desde este punto de vista asumen gran importancia las demandas \u00e9ticas prov\u00e9nientes, a veces de modo contradictorio, de la sociedad, y en particular los est\u00ed\u00admulos y las provocaciones d\u00e9 los nuevos movimieni\u00f3s (feminismo, ecolog\u00ed\u00ada, paz, derechos del hombre, etc.), que llaman la atenci\u00f3n acerca de valores olvidados o abiertamente conculcados. No est\u00e1 fuera de lugar recordar que, m\u00e1s all\u00e1 de las aportaciones espec\u00ed\u00adficas de cada uno de estos movimientos, el impulso com\u00fan del que parten es la tendencia a la b\u00fasqueda de una nueva calidad de vida, es decir, a la creaci\u00f3n de condiciones, tambi\u00e9n estructurales, para establecer una relaci\u00f3n diversa del hombre consigo mismo, con los dem\u00e1s y con el ambiente. Se insta as\u00ed\u00ad a la pol\u00ed\u00adtica a salir de una \u00f3ptica r\u00ed\u00adgidamente institucional para hacerse cargo de una mediaci\u00f3n m\u00e1s eficaz entre lo privado y lo p\u00fablico, redefiniendo su propio espacio de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>La instancia \u00e9tica se traduce, pues, en la exigencia de una nueva proyectizaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, caracterizada por una sensibilidad m\u00e1s viva a la globalidad de las necesidades humanas y a su coherente armonizaci\u00f3n. Pero esta proyectizaci\u00f3n, que requiere ante todo un esfuerzo de refundamentaci\u00f3n cultural, resultar\u00ed\u00ada improductiva si no se tradujese operativamente en la b\u00fasqueda de nuevos \u00f3rdenes institucionales y de nuevas reglas de conducci\u00f3n de la vida asociada. El estado de complejidad social y de fragmentaci\u00f3n del tejido civil ha determinado, en efecto (y el fen\u00f3meno est\u00e1 destinado a dilatarse ulteriormente), una articulaci\u00f3n de la actividad pol\u00ed\u00adtica a trav\u00e9s de modalidades y canales in\u00e9ditos que tienen su manifestaci\u00f3n en forma de agregaci\u00f3n espont\u00e1nea y que tienden en t\u00e9rminos cada vez m\u00e1s insistentes a convertirse en instrumentos de verdadera y aut\u00e9ntica gesti\u00f3n del poder. Junto a las \u00e1reas tradicionales (partidos, sindicatos, etc.) y a las nuevas zonas institucionalizadas a trav\u00e9s de la descentralizaci\u00f3n administrativa (barrios, escuelas, etc.), se van desarrollando de modo cada vez m\u00e1s amplio \u00e1reas de intervenci\u00f3n informales -desde los movimientos a los grupos de voluntariado-, en las que crece la adquisici\u00f3n de una aut\u00e9ntica conciencia pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Esta masiva presencia de formas organizadas de acci\u00f3n social, empe\u00f1adas en defender los derechos de los ciudadanos y en ofrecer soluciones a los problemas de las zonas marginales de la sociedad, fuerza a la pol\u00ed\u00adtica a definir los contornos de un modelo participativo que involucre a todas las energ\u00ed\u00adas presentes en el territorio, poniendo en pr\u00e1ctica una dial\u00e9ctica positiva entre instituciones tradicionales, estructuras de descentralizaci\u00f3n y \u00e1rea privado-social. Es obvio que ese modelo supone, por un lado, el reconocimiento de la relatora autonom\u00ed\u00ada de los diversos \u00e1mbitos y, por otro, el reconocimiento paralelo de la funci\u00f3n esencial que cada \u00e1mbito reviste para la construcci\u00f3n de la convivencia civil. Por tanto, si no se quiere incurrir en el peligro -por lo dem\u00e1s, ya presente- de reciprocas exclusiones o de est\u00e9riles contraposiciones, es necesario reconsiderar la cuesti\u00f3n de la representaci\u00f3n a partir de la comprobaci\u00f3n de la necesidad de una convergencia pluralista de sujetos hist\u00f3ricos diversos, mediante la activaci\u00f3n de nuevos canales comunicativos y de nuevas ocasiones de confrontaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La moral del hombre pol\u00ed\u00adtico no puede, en definitiva, prescindir de la b\u00fasqueda de valores comunes en torno a los cuales converger y de acuerdo con los cuales orientar las opciones, y de la atenci\u00f3n a redefinir su presencia en el cuadro de una convergencia ampliada de fuerzas que concurren juntas a la promoci\u00f3n de la calidad de la vida.<\/p>\n<p>G. Piana<br \/>\nII. Hacia una \u00e9tica del hombre pol\u00ed\u00adtico<br \/>\n1. EL PROFESIONAL POL\u00ed\u008dTICO. Se podr\u00ed\u00ada definir al hombre pol\u00ed\u00adtico, parafraseando el t\u00ed\u00adtulo de un interesante ensayo de Max Weber (La pol\u00ed\u00adtica como profesi\u00f3n), como un \u00abprofesional pol\u00ed\u00adtico\u00bb, es decir, alguien que se dedica ex professo a construir aquella compleja trama que liga al ciudadano a las instituciones; trama que, deseando ofrecer un esquema inmediato general, es la urdimbre de la relaci\u00f3n entre consenso y representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En otras palabras, el profesional pol\u00ed\u00adtico es el que, en los varios y articulados niveles a trav\u00e9s de los cuales se expresa la organizaci\u00f3n del aparato pol\u00ed\u00adtico, construye el consenso y lo canaliza dirigi\u00e9ndolo hacia estructuras o instrumentos organizados (asociaciones, coordinaciones, movimientos, y as\u00ed\u00ad sucesivamente hasta el partido entendido en el sentido tradicional del t\u00e9rmino), y espec\u00ed\u00adficamente hacia hombres que, a su vez, encarnan el aspecto representativo del mismo consenso.<\/p>\n<p>Este es en el fondo el mecanismo que regula -a partir del nacimiento del Estado burgu\u00e9s y de su organizaci\u00f3n interna en sus varios aspectos m\u00e1s o menos flexibles, m\u00e1s o menos r\u00ed\u00adgidos, m\u00e1s o menos permeables a los est\u00ed\u00admulos o a las presiones que llegan de la misma acumulaci\u00f3n del consenso- toda estructura estatal representativa.<\/p>\n<p>2. NECESIDAD DEL PROFESIONALISMO POLITICO. En el ensayo mencionado al principio, -Max Weber, m\u00e1s que ofrecernos las posibles tipolog\u00ed\u00adas del pol\u00ed\u00adtico o de los pol\u00ed\u00adticos, consigue l\u00facidamente reconstruir mediante un an\u00e1lisis conciso, podr\u00ed\u00adamos decir despiadado, c\u00f3mo se ha ido desarrollando la necesidad, exactamente desde el momento del nacimiento del Estado moderno; de un profesionalismo oficial de la pol\u00ed\u00adtica, y por tanto del hombre pol\u00ed\u00adtico en el sentido profesional del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>En efecto, seg\u00fan el esquema de Weber, la pol\u00ed\u00adtica, entendida como actividad humana dirigida a construir ya sea la conquista de la direcci\u00f3n, ya lo que de ella se sigue a saber: la administraci\u00f3n (hoy se difunde cada vez m\u00e1s el uso sumamente censurable -y no s\u00f3lo en t\u00e9rminos meramente ling\u00fc\u00ed\u00adsticos- de hablar de gesti\u00f3n), tiene progresivamente necesidad de construirse canales m\u00e1s o menos privilegiados de referencia, estructuras y momentos organizativos m\u00e1s o menos eficaces, lugares o alianzas m\u00e1s o menos transparentes a las que confiar cometidos de \u00ed\u00adndole varia; tiene progresivamente necesidad de darse reglas profesionales que valgan justamente como garant\u00ed\u00ada de comportamientos y de actos. Y todo ello, naturalmente, a partir -y terminando, deber\u00ed\u00adamos decir con toda claridad- del hombre pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>La pol\u00ed\u00adtica, en efecto, seg\u00fan la profunda lectura griega, plat\u00f3nica y aristot\u00e9lica (salvadas las debidas diferencias, en las cuales no es \u00e9ste el lugar de detenerse de modo espec\u00ed\u00adfico y detallado), es \u00abarte\u00bb humano, actividad que desciende de la profunda e irrepetible capacidad (en el mundo de la \u00abnaturaleza&#8217; del hombre de darse reglas seg\u00fan las cuales organizar y expresar su existencia respecto al contexto m\u00e1s amplio en el que todo individuo se encuentra&#8211;situado seg\u00fan una dimensi\u00f3n temporal precisa y de acuerdo con condiciones espec\u00ed\u00adficas hist\u00f3ricas, sociales y culturales.<\/p>\n<p>3. PROFESIONALISMO POL\u00ed\u008dTICO Y PRINCIPIOS ETICOS. Por otra parte es evidente que,el profesionalismo de la pol\u00ed\u00adtica y del pol\u00ed\u00adtico no se puede entender de ning\u00fan modo como una actividad humana \u00abvac\u00ed\u00ada\u00bb, como algo que est\u00e1 para significar una especie de oficio relegado al c\u00ed\u00adrculo de mecanismos de muy dif\u00ed\u00adcil penetraci\u00f3n, que por lo dem\u00e1s tienden a perpetuarse de acuerdo con reglas frecuentementemoescritas ni accesibles.<\/p>\n<p>El hombre pol\u00ed\u00adtico y el ejercicio humano de la pol\u00ed\u00adtica tienen sentido, motivaci\u00f3n y funci\u00f3n respecto a s\u00ed\u00ad mismo y al exterior, tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s cuentan con el apoyo de la adhesi\u00f3n y de la referencia constantes a principios \u00e9ticos y culturales profundos, a valores ideales, o sea, a reglas cerradas que respeten al hombre y toda su plena y correcta capacidad de expresi\u00f3n personal e interpersonal.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s faltan esta adhesi\u00f3n y esta referencia, tanto m\u00e1s la acci\u00f3n del hombre pol\u00ed\u00adtico se ve forzada a descender, a perder fuerza \u00ed\u00adntima y, cerr\u00e1ndose en s\u00ed\u00ad misma y en la rigidez autodefensiva de reglas y de filtros, a implicar otra cosa, y en todo caso a algo que es muy diverso del servicio, del testimonio, de la exigencia o de la voluntad de representar los intereses reales de la comunidad.<\/p>\n<p>La actividad pol\u00ed\u00adtica y el hombre pol\u00ed\u00adtico viven a fondo la exigencia de altos signos de referencia que garanticen siempre justamente para afrontar del mejor de los modos casos y situaciones, lo inmediato y las estrategias, lo que est\u00e1 cercano y es palpable y lo que se ve y dise\u00f1a por proyectos- un nivel de acci\u00f3n arraigado en la sustancia de los m\u00e1s amplios intereses comunes y de las exigencias prioritarias m\u00e1s intensas.<\/p>\n<p>Cuando el pol\u00ed\u00adtico pierde o descuida o subordina estas coordenadas, que tienen id\u00e9nticamente significado a nivel personal y a nivel de la propia dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica subjetiva o de grupo, no consigue ya expresar una capacidad directiva, sino mera fuerza de gesti\u00f3n, ejercicio puro del poder mediatizado por un fin y enjaulado en las mallas de sus perversos circuitos.<\/p>\n<p>Se extiende entonces el desprecio de la pol\u00ed\u00adtica y a la vez de su utilizaci\u00f3n y su uso como instrumento de ocupaci\u00f3n del poder (hasta los niveles institucionales m\u00e1s altos), ya sea por parte de quienes viven dentro de los mecanismos de los aparatos pol\u00ed\u00adticos, ya sea por parte de quienes se dirigen a estos aparatos para satisfacer sus necesidades m\u00e1s variadas, desde las absoluta e indiscutiblemente objetivas (especie de \u00abactos de justicia\u00bb solicitados a tantos principados viejos y nuevos ampliamente diseminados por el mundo pol\u00ed\u00adtico) a las m\u00e1s subjetivas e insospechadas.<\/p>\n<p>Escrib\u00ed\u00ada Luigi Sturzo en 1938 en Pol\u00ed\u00adtica e morale \u00ab\u00bfY por qu\u00e9 la pol\u00ed\u00adtica es tan despreciada que a menudo es casi sin\u00f3nimo de fraude? Aqu\u00ed\u00ad damos a la palabra pol\u00ed\u00adtica su significado m\u00e1s alto: la participaci\u00f3n en el gobierno de un pa\u00ed\u00ads para la consecuci\u00f3n del bien com\u00fan. En cuanto tal, el fin de la actividad pol\u00ed\u00adtica es la utilidad del Estado considerado como el bien com\u00fan. En este sentido, la pol\u00ed\u00adtica forma parte del orden moral pues buscar el bien com\u00fan con medios aptos es ciertamente un fin moral\u00bb. Y pocas p\u00e1ginas despu\u00e9s: \u00abAs\u00ed\u00ad introducimos la autoridad de la moral en el sistema de la pol\u00ed\u00adtica, los valores de la conciencia de la vida privada en la vida p\u00fablica y el respeto del pr\u00f3jimo en el dominio de las relaciones pol\u00ed\u00adticas y econ\u00f3micas. Esta es la verdadera democracia\u00bb. Son conceptos claves, sobre los cuales Sturzo volvi\u00f3 reiteradamente en sus escritos y en su acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>El hombre pol\u00ed\u00adtico es ciertamente hombre de poder, en el sentido de que ejerce -dentro de un grupo organizado que se mide con las m\u00e1s amplias agregaciones sociales- el poder de interpretar necesidades y menesteres reales de la comunidad civil hasta representarlos, a trav\u00e9s de la construcci\u00f3n del consenso lo m\u00e1s amplio posible, en los lugares institucionales representativos y habilitados para la decisi\u00f3n, a fin de que encuentren, pero en el \u00e1mbito de los intereses m\u00e1s generales y sin contradecirles, adecuada respuesta y perspectivas concretas de soluci\u00f3n. Pero es harto evidente que el l\u00ed\u00admite entre este plano de referencia y aqu\u00e9l seg\u00fan el cual el ejercicio del poder pol\u00ed\u00adtico consiste en representar y satisfacer intereses de parte, a veces incluso ileg\u00ed\u00adtimos o en todo caso contrarios a los intereses m\u00e1s generales y difundidos en la sociedad civil, es sutil e incluso del todo impalpable. Esto se ve cada vez mejor en una \u00e9poca hist\u00f3rica como la nuestra, donde muchos conceptos tradicionales que durante siglos han dirigido la acci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica est\u00e1n experimentando modificaciones profundas, y a veces lacerantes.<\/p>\n<p>Ante una sociedad cada vez m\u00e1s parcelada y segmentada, en la que, consiguientemente, los intereses pueden reducirse cada vez m\u00e1s a la exasperante unidad de medida del individuo, y el criterio general y complexivo de la delegaci\u00f3n y de la representaci\u00f3n encuentra menos acogida en todos los variados niveles del vivir social, el ejercicio de la pol\u00ed\u00adtica est\u00e1 llamado, por un lado, a medirse con nuevas dificultades y, por otro, a ejercer un deber nuevo y m\u00e1s alto de s\u00ed\u00adntesis y de propuesta.<\/p>\n<p>Por eso el hombre pol\u00ed\u00adtico no puede menos de llevar en su acci\u00f3n una carga profunda de humanidad y de valores, ya que no hay otras certezas por las que valga la pena adentrarse en los senderos, a pesar de todo seductores y sugestivos, de la pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>[\/Poder; \/Pol\u00ed\u00adtica; \/Sistemas pol\u00ed\u00adticos].<\/p>\n<p>R. Nicolosi<br \/>\nBIBL. &#8211; Ver bibliografla de Pol\u00ed\u00adtica. 0 Pol\u00ed\u00adtica y compromiso \u00e9tico: AA. V V., Etica e pol\u00ed\u00adtica, Pratiche Editrice, Parma 1984; BOBBIO N. y BOYERO M., Societ\u00e1 e stato pella filosof\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica moderna, II Saggiatore, Mil\u00e1n 1979; BuCHANAN J., I limiti della libert\u00f3, Centro Einaudi, Tur\u00ed\u00adn 1978; COMANDUCCI P., Contrattualismo, Utilitarismo, Garanzia, Giappichelh, Tur\u00ed\u00adn 1984; DWORKIN R., Los derechos en serio, Ariel, Barcelona 1989; FORTE F. y MOSSETTo G. (dirigido por), Econom\u00ed\u00ada del benessere e democrazia, Angel\u00c2\u00a1, Mil\u00e1n 1972; HARSANYIJ.C., LLtilitarismo, 11 Saggiatore Mil\u00e1n 1988 MAFFETTONE S., Valor\u00c2\u00a1 eomuni, II Saggiatore, Mil\u00e1n 1989; MORI M., Utilitarismo, Etica e Diritto, Istituto di Filosof\u00ed\u00ada e Sociolog\u00ed\u00ada del Diritto dell&#8217;Universit\u00e1 di Milano, 1985; MUSACCHto E., Gli indirizzi del\u00c2\u00a1&#8217; utilitarismo contemporaneo, Cappelli, Bolonia 1981; NozICK R., Anarqu\u00ed\u00ada, Estado y utop\u00ed\u00ada, FCE, M\u00e9xico 1988; PONTARA G., Filosof\u00ed\u00ada pratica, Il Saggiatore, Mil\u00e1n 1988 RAWLSJ., Teor\u00ed\u00ada de la justicia, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, Madrid 1979; VECA S., La societ\u00e1 giusta, 11 Saggiatore, Mil\u00e1n 1982. &#8211; El cometido \u00e9tico del hombre pol\u00ed\u00adtico: DANRENDORF R., Pensare efare pol\u00ed\u00adtica Laterza, Bat\u00ed\u00ad 1985; STURzo L., Politica e morale, Zanichelli, Bolonia 1972, 61 y 72. Ver el ensayo entero y, en el mismo volumen, Coscienza e pol\u00ed\u00adtica (de 1953); W EBER M., La pol\u00ed\u00adtica como profesi\u00f3n, en EJ trabajo intelectual como profesi\u00f3n, Bruguera S.A., Barcelona 1983. Se aconseja consultar el Dizionario di pol\u00ed\u00adtica, dirigido por U. BOBBIO, N. MATTEUCCI y G. PASQUINO, Utet, Tur\u00ed\u00adn 1983, sobre todo para las voces relacionadas con el tema.<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL SUMARIO I. Pol\u00ed\u00adtica y compromiso \u00e9tico: 1. La crisis \u00e9tica de la pol\u00ed\u00adtica; 2. El cambio del cuadro social; 3. Los l\u00ed\u00admites del actual debate \u00e9tica\/ pol\u00ed\u00adtica; 4. Hacia una nueva fundamentaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica. II. 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Profesionalismo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/politico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPOLITICO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17278","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17278","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17278"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17278\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17278"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17278"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17278"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}