{"id":17286,"date":"2016-02-05T11:14:33","date_gmt":"2016-02-05T16:14:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salud-enfermedad-muerte\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:33","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:33","slug":"salud-enfermedad-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salud-enfermedad-muerte\/","title":{"rendered":"SALUD, ENFERMEDAD, MUERTE"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. La pr\u00e1ctica sanitaria como lugar de reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica:<br \/>\n1. Itinerarios antropol\u00f3gicos de la \u00e9tica;<br \/>\n2. La eliminaci\u00f3n del sujeto en medicina;<br \/>\n3. El recurso a las \u00abciencias humanas\u00bb.<br \/>\nII. Enfermedad y significado:<br \/>\n1. \u00abExplicar\u00bb y \u00abcomprender\u00bb la enfermedad;<br \/>\n2. El silencio del cuerpo;<br \/>\n3. La densidad antropol\u00f3gica de la enfermedad;<br \/>\n4. La inteligencia del sentido.<br \/>\nIII. Muerte y autorrealizaci\u00f3n:<br \/>\n1. La enfermedad incurable como desaf\u00ed\u00ado a la medicina<br \/>\n2. El discernimiento de la voluntad de morir;<br \/>\n3. Significado \u00e9tico de la medicina paliativa.<\/p>\n<p>I. La pr\u00e1ctica sanitaria como lugar de reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica<br \/>\n1. ITINERARIOS ANTROPOL\u00f3GICOS DE LA ETICA. Entre las vicisitudes existenciales del cuerpo: nacer, crecer, enfermar, curar, envejecer, morir, y la \u00e9tica se ha creado un fuerte lazo, que va robusteci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s paralelamente a la creciente medicalizaci\u00f3n de la vida humana. Con la denominaci\u00f3n acad\u00e9mica de \u00abbio\u00e9tica\u00bb, la filosof\u00ed\u00ada pr\u00e1ctica ha iniciado en los \u00faltimos a\u00f1os un reconocimiento sistem\u00e1tico del campo, con el objetivo de delimitar un \u00e1mbito de legitimidad dentro del cual han de estar contenidas las diversas modalidades de intervenci\u00f3n en la vida a todo lo largo del espacio que va de la concepci\u00f3n a la muerte. Ese mismo intento normativo es a\u00fan m\u00e1s evidente en la teolog\u00ed\u00ada moral, que tambi\u00e9n ha evolucionado desde la \u00abmoral (o \u00e9tica) m\u00e9dica\u00bb de mediados de nuestro siglo a la m\u00e1s reciente \u00abbio\u00e9tica\u00bb.<\/p>\n<p>Sin impugnar la funci\u00f3n y la utilidad de la bio\u00e9tica as\u00ed\u00ad concebida, surge no obstante de modo creciente la necesidad de otro tipo de intercambio entre la \u00e9tica, tanto racional como teol\u00f3gica, y la pr\u00e1ctica sanitaria. Esta, en efecto, se ha convertido en el lugar en el que se va elaborando una original reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica a partir de categor\u00ed\u00adas existenciales fundamentales. Entre la \u00e9tica y la antropolog\u00ed\u00ada se establece una circularidad en la que el \u00abser\u00bb y el \u00abdeber ser\u00bb se relacionan rec\u00ed\u00adprocamente. Salud, enfermedad y muerte son en esta \u00f3ptica no argumentos de especulaci\u00f3n abstracta, sino los puntos centrales de referencia de un dise\u00f1o antropol\u00f3gico que adquiere forma a partir del debate cultural provocado por la experiencia de la corporeidad en r\u00e9gimen de sanidad moderna.<\/p>\n<p>La reivindicaci\u00f3n de una \u00abmedicina a medida del hombre\u00bb es el contenedor m\u00e1s vasto en el que se colocan estos itinerarios antropol\u00f3gicos. El programa de la humanizaci\u00f3n de la medicina se ha perseguido inicialmente como prescripci\u00f3n de actitudes filantr\u00f3picas a los profesionales -m\u00e9dicos, enfermeros, personal auxiliar-, que prestan servicios terap\u00e9uticos al enfermo. El trato \u00abhumano\u00bb del destinatario de la acci\u00f3n sanitaria, en forma de respeto a la persona que sufre y de participaci\u00f3n emotiva en el dolor ajeno, es uno de los elementos que definen esencialmente la pr\u00e1ctica de la medicina. Mas ni la actitud filantr\u00f3pica del empleado sanitario ni la superior motivaci\u00f3n caritativa del que ejerce la profesi\u00f3n con el esp\u00ed\u00adritu del \u00abbuen samaritano\u00bb son de suyo suficientes para conferir a la pr\u00e1ctica del arte terap\u00e9utico aquella densidad que permite definirla como \u00abhumana\u00bb. El programa de una medicina humana s\u00f3lo se realizar\u00e1 con un tipo de intervenci\u00f3n integrativo que, con la f\u00f3rmula preferida de Viktor von Weizs\u00e1cker, puede llamarse \u00abintroducci\u00f3n del sujeto en la medicina\u00bb.<\/p>\n<p>El modelo operativo que caracteriza a la medicina corriente supone, en efecto, la eliminaci\u00f3n del sujeto que atraviesa las crisis existenciales relacionadas con los acontecimientos patol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>2. LA ELIMINACI\u00f3N DEL SUJETO EN MEDICINA ha tenido lugar contextualmente al asumir la medicina misma el estatuto epistemol\u00f3gico de las ciencias naturales. La ciencia moderna se ha formado gracias a un proceso que transform\u00f3, entre el siglo xvi y el xvin, la mirada dirigida a la naturaleza; el cient\u00ed\u00adfico comenz\u00f3 a no ver en ella ya un \u00aborganismo\u00bb, sino una \u00abm\u00e1quina\u00bb. A la \u00abmuerte de la naturaleza\u00bb (Carolyn Merchant) sigui\u00f3 la ampliaci\u00f3n de esta mirada al cuerpo humano. Este proceso se complet\u00f3 en el siglo xix, al adoptar la medicina a su vez el m\u00e9todo de las ciencias naturales. La medicina se adapt\u00f3 a aquella forma particular de conocimiento que se funda en la racionalidad y se adquiere con la observaci\u00f3n y el experimento seg\u00fan una metodolog\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adtica particular.<\/p>\n<p>En cuanto ciencia natural, la medicina procede, pues, emp\u00ed\u00adricamente. Su base la constituye la fisiolog\u00ed\u00ada y la patolog\u00ed\u00ada. Disfunciones y enfermedades son consideradas consecuencias de perturbaciones de procesos materiales y org\u00e1nicos. La enfermedad no se comprende como algo que le ocurre al hombre en su conjunto, sino como algo que sucede a sus \u00f3rganos. El estudio de las causas de la enfermedad se restringe a buscar cambios locales en los tejidos. El pensamiento cient\u00ed\u00adfico considera \u00abexplicada\u00bb la enfermedad cuando, adoptando la relaci\u00f3n causa-efecto, puede reconducir la disfunci\u00f3n a sus causas: una agresi\u00f3n viral o una ruptura del equilibrio homeost\u00e1tico, un desorden a nivel de las reacciones bioqu\u00ed\u00admicas o de la estructura gen\u00e9tica. Adoptada la racionalizaci\u00f3n de tipo naturalista, la enfermedad es despojada de todo car\u00e1cter hist\u00f3rico y personal. Para la medicina s\u00f3lo es significativa en cuanto es un caso \u00abt\u00ed\u00adpico\u00bb.<\/p>\n<p>A la adopci\u00f3n del m\u00e9todo ya empleado en las ciencias naturales debe la medicina los \u00e9xitos asombrosos que ha obtenido en siglo y medio de desarrollo. No es posible dejar de reconocer que esta medicina nacida del tronco de las ciencias naturales constituye una de las fases m\u00e1s brillantes de la historia del arte terap\u00e9utico. Los progresos de la cirug\u00ed\u00ada, de la bacteriolog\u00ed\u00ada, de la farmacolog\u00ed\u00ada no se hubieran logrado de no haberse alineado la medicina entre las ciencias de la naturaleza. La reducci\u00f3n en el plano de la antropolog\u00ed\u00ada parece esencial para el \u00e9xito de la medicina cient\u00ed\u00adfica. El hombre -su cuerpo, su enfermedad- ha sido anclado en la \u00abnaturaleza\/ mecanismo\u00bb, y es tratado como un elemento cualquiera de naturaleza, como un objeto entre los objetos. Buena parte de la medicina moderna se mueve dentro de este paradigma; est\u00e1 satisfecha de sus \u00e9xitos, sin inquietudes epistemol\u00f3gicas m nostalgias filos\u00f3ficas o religiosas.<\/p>\n<p>Sin ignorar los aspectos positivos del conocimiento cient\u00ed\u00adfico-natural (en particular, el principio de la investigaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica exacta y el significado fundamental del trabajo de indagaci\u00f3n de tipo fisiol\u00f3gico y bioqu\u00ed\u00admico), hoy se comienza tambi\u00e9n a tomar conciencia de que la mutilaci\u00f3n antropol\u00f3gica en que descansa la medicina cient\u00ed\u00adfico-natural est\u00e1 gr\u00e1vida de consecuencias negativas. En resumen, esta medicina, a pesar de todos sus brillantes resultados, no es humana.<\/p>\n<p>3. EL RECURSO A LAS \u00abCIENCIAS HUMANAS\u00bb. La marcha que siguen hoy los programas m\u00e1s prometedores de humanizaci\u00f3n de la medicina es la que se propone trasladar a la pr\u00e1ctica sanitaria aquel saber representado por las ciencias humanas (Humanwissenschaften, en la terminolog\u00ed\u00ada alemana, que se usa ya desde el fin del siglo pasado), en cuanto espec\u00ed\u00adficamente diversas, por m\u00e9todo y por contenidos, de las ciencias de la naturaleza (Naturwissenschaften). Las ciencias del hombre a que nos referimos son en concreto la historia, la ling\u00fc\u00ed\u00adstica, la sociolog\u00ed\u00ada, la psicolog\u00ed\u00ada, el psicoan\u00e1lisis y la antropolog\u00ed\u00ada cultural. Para estas ciencias, el objeto de estudio es el ser biol\u00f3gico viviente, considerado en su inalienable cualidad humana.<\/p>\n<p>Lo que es espec\u00ed\u00adfico del hombre -en cuanto ser hist\u00f3rico, o inserto en una red de relaciones sociales, o dotado de facultades ps\u00ed\u00adquicas, de emociones, de dinamismos conscientes e inconscientes, o en cuanto producto de cultura y productor de ella- no lo ponen las ciencias humanas metodol\u00f3gicamente entre par\u00e9ntesis, como hacen las ciencias de la naturaleza, sino que se estudia en cuanto expresi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del \u00abfen\u00f3meno humano\u00bb. Es la integraci\u00f3n org\u00e1nica de estas ciencias en el saber sobre el hombre enfermo, convaleciente o moribundo, lo que \u00abhumaniza\u00bb la medicina, m\u00e1s que la simple demanda de sentimientos humanitarios por parte de los empleados sanitarios.<\/p>\n<p>La s\u00ed\u00adntesis del saber naturalista y del humanista es un proceso operativo que se realiza concretamente en la cabecera del enfermo. Sin embargo tambi\u00e9n ella tiene un aspecto de reflexi\u00f3n te\u00f3rica, realizada bajo el nombre de antropolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica (Pedro La\u00ed\u00adn Entralgo). Esta reflexi\u00f3n filos\u00f3fico-deductiva desciende de la antropolog\u00ed\u00ada posidealista, en particular de la atenci\u00f3n que al problema del hombre como viviente han dirigido sobre todo los fil\u00f3sofos de orientaci\u00f3n fenomenol\u00f3gico-existencial (F.J.J. Buytendijlc, L. Binswanger, M. Boss, H. Plessner, A. Gehlen, M. Merleau-Ponty, J.-P. Sartre). Su antropolog\u00ed\u00ada se propone comprender al hombre como el ser que, en la unidad de su corporeidad animada, existe en el mundo hist\u00f3ricamente.<\/p>\n<p>A la antropolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica, entendida en esta acepci\u00f3n, le interesa la cuesti\u00f3n del hombre en su condici\u00f3n de ser marcado por la experiencia del cuerpo sometido a las vicisitudes de la salud, ya positivas (curaci\u00f3n), ya negativas (p\u00e9rdida temporal o definitiva). Se distancia as\u00ed\u00ad de la medicina cient\u00ed\u00adfica, que conoce la estructura y las funciones del cuerpo, su modificaci\u00f3n por las enfermedades, la cadena de causas y e\u00e2\u201a\u00acex<tos, la acci\u00f3n de los f\u00e1rmacos, pero no conoce propiamente al hombre enfermo . En este tipo de antropolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica se encuentran y fecundan rec\u00ed\u00adprocamente dos g\u00e9neros de experiencia cient\u00ed\u00adfica: por una parte, la experiencia discursiva e inductiva, en el sentido de subdividir, describir, explicar y dominar, t\u00ed\u00adpica e las ciencias naturales; por otra, la experiencia fenomenol\u00f3gica, en el sentido del vivir, experimentar y obrar juntos, propio de los actos humanos. Esta es la comprensi\u00f3n del hombrea que hace referencia la \u00e9tica en su proyecto de introducir los valores en la pr\u00e1ctica de la acci\u00f3n terap\u00e9utica.\n\nII. Enfermedad y significado\n1. \"EXPLICAR\" Y \"COMPRENDER\" LA ENFERMEDAD. La fecundidad del recurso a la antropolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica, en cuanto aspecto reflexivo que conecta las exigencias \u00e9ticas de la acci\u00f3n sanitaria con el sujeto adecuado de ese obrar -o sea, el hombre en su cualidad de persona viviente- se demuestra en particular en el concepto de enfermedad, fil\u00f3n central de toda la antropolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica.\n\nLos estudios de antropolog\u00ed\u00ada aplicados al \u00e1mbito sanitario han hecho m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito el nexo existente entre enfermedad, medicina y cultura. En el repertorio cultural de todo grupo humano existen teor\u00ed\u00adas de la enfermedad, cient\u00ed\u00adficas o religiosas, que incluyen la etiolog\u00ed\u00ada, el diagn\u00f3stico, la prognosis y la terapia. Var\u00ed\u00adan cuando var\u00ed\u00adan las culturas, y ninguna puede comprenderse plenamente fuera del contexto cultural al que pertenece y de la estructura social de los grupos que comparten determinadas opiniones y estrategias de adaptaci\u00f3n o de supervivencia.\n\nEsta perspectiva pluralista nos hace desconfiados respecto a los discursos sobre el significado de la enfermedad obtenidos con procedimiento filos\u00f3fico-deductivo de la naturaleza humana en general. Deber\u00ed\u00ada tambi\u00e9n despertar nuestro esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico respecto al sistema m\u00e9dico -que comprende praxis y concepciones antropol\u00f3gicas subyacentes- propio de nuestra civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica. El ha realizado respecto a la enfermedad una operaci\u00f3n de reduccionismo, que ha privado a la enfermedad del hombre de algunas caracter\u00ed\u00adsticas peculiares.\n\nUn rasgo mayor de la fisonom\u00ed\u00ada adquirida de ese modo por la enfermedad es la p\u00e9rdida de toda ambig\u00fcedad. La ciencia m\u00e9dica, en cuanto crea conceptualmente las enfermedades -dando a un determinado grupo de s\u00ed\u00adntomas el estatuto de enfermedad dentro de un r\u00ed\u00adgido cuadro taxon\u00f3mico- se convierte socialmente en una gran f\u00e1brica de certezas, ordenadas a \"explicar\" cient\u00ed\u00adficamente la enfermedad. El aparato diagn\u00f3stico es encargado de decodificar los s\u00ed\u00adntomas, reduci\u00e9ndolos a una nosolog\u00ed\u00ada precisa.\n\nEste saber cierto es m\u00e1s evidente a\u00fan en el caso de no existir el esp\u00ed\u00ada constituido por el s\u00ed\u00adntoma del malestar: el sujeto puede que no sepa que es portador de enfermedad; pero el m\u00e9dico, utilizando los medios de diagn\u00f3stico apropiados, es capaz de descubrir una enfermedad que no se ha manifestado a\u00fan. Sobre esta base funciona la medicina preventiva, que permite descubrir la presencia de un c\u00e1ncer de mama o la condici\u00f3n positiva del virus del SIDA. Siguiendo adelante en esta misma direcci\u00f3n, encontramos el diagn\u00f3stico gen\u00e9tico, que incluso puede indicar la presencia de una enfermedad s\u00f3lo en potencia, que se desarrollar\u00e1 cuanto el \"programa\" entre en acci\u00f3n, quiz\u00e1 muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde (como la enfermedad de Hungtinton, que a menudo se manifiesta s\u00f3lo despu\u00e9s de los cuarenta a\u00f1os).\n\nPor m\u00e1s diversas que sean entre s\u00ed\u00ad, estas experiencias de relaci\u00f3n terap\u00e9utica tienden a reforzar la convicci\u00f3n b\u00e1sica: el m\u00e9dico, gracias a su ciencia, sabe qu\u00e9 es la enfermedad; la explica, sustray\u00e9ndola a la subjetividad del enfermo y refiri\u00e9ndola a la factividad de los acontecimientos naturales. Este saber, propio del m\u00e9dico, no lo puede compartir con el enfermo m\u00e1s que en una m\u00ed\u00adnima parte. Y ello es a\u00fan m\u00e1s cierto en la medicina cient\u00ed\u00adfica contempor\u00e1nea. El abismo entre los conocimientos especializados del sanitario y lo que es accesible al hombre corriente, aunque est\u00e9 dotado de buena cultura, no se puede colmar pr\u00e1cticamente. Por lo dem\u00e1s, con esta argumentaci\u00f3n tienden muchos m\u00e9dicos a considerar irreal la pretensi\u00f3n, formulada en nombre de la \u00e9tica, de poner al paciente en condiciones de emitir un \"consenso informado\" a las intervenciones diagn\u00f3sticas, terap\u00e9uticas o de investigaci\u00f3n a las que es sometido.\n\nA la certeza del m\u00e9dico responde la seguridad del enfermo. Se ve as\u00ed\u00ad movido a confiar en el m\u00e9dico, que conoce su enfermedad. La medicina, al crear la impresi\u00f3n de que lo que ella conoce de la enfermedad es la enfermedad, y que por lo mismo no hay nada m\u00e1s que buscar, refuerza el sentido de seguridad del enfermo, que se apoya en las certezas del saber m\u00e9dico.\n\n2. EL SILENCIO DEL CUERPO. Sin embargo, justamente esa certeza suscita perplejidades. La \"cultura de la sospecha\", crecida con la conciencia de Occidente, ha ense\u00f1ado a desconfiar sobre todo de las certezas que se presentan con el car\u00e1cter de lo obvio. Y es que crecen de modo particular a la sombra de ese saber tendencioso que es la l ideolog\u00ed\u00ada. Es propio del conocimiento ideol\u00f3gico, adem\u00e1s de su car\u00e1cter apriorista y del encubrimiento de las relaciones de poder que favorece, tambi\u00e9n comunicar una falsa seguridad. La reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica contempor\u00e1nea avanza la sospecha de que el saber cierto sobre la enfermedad desarrollado por la medicina cient\u00ed\u00adfica ejerce una funci\u00f3n ideol\u00f3gica. En otras palabras, sirve para mantener la realidad inalterada, en lugar de cambiarla; enmascara las relaciones de poder (en este caso, la impotencia que el enfermo induce en s\u00ed\u00ad mismo entreg\u00e1ndose pasivamente al aparato sanitario, al que atribuye todo el saber y el poder); confiere una seguridad falaz, basada en la eliminaci\u00f3n del concepto de enfermedad de todo lo que constituye el mundo de la persona.\n\nLa pr\u00e1ctica de la medicina corriente se apoya en una expropiaci\u00f3n de la enfermedad. El enfermo no tiene una relaci\u00f3n personal ni con la enfermedad ni con la recuperaci\u00f3n de la salud. Enfermar se equipara a ser v\u00ed\u00adctima de un capricho de la naturaleza, de un germen pat\u00f3geno o de un virus o bien de un programa gen\u00e9tico equivocado. Tambi\u00e9n la curaci\u00f3n, en esta perspectiva, es algo que ocurre fuera de la persona del enfermo. Se atribuye al m\u00e9dico, que ha hecho el diagn\u00f3stico correcto o ha prescrito el antibi\u00f3tico eficaz, o al cirujano que ha llevado a cabo la intervenci\u00f3n apropiada. La \u00fanica contribuci\u00f3n del enfermo es atenerse a las prescripciones del m\u00e9dico y no entorpecer su obra.\n\nTambi\u00e9n el lenguaje que usa el enfermo para designar la enfermedad ilustra este proceso de alejamiento del hecho morboso de la esfera personal. En las lenguas que tienen tambi\u00e9n el neutro, el pronombre de este g\u00e9nero se usa para distanciarse del fen\u00f3meno. Pero tambi\u00e9n las dem\u00e1s lenguas poseen modos con los que el hablante subraya la condici\u00f3n de extra\u00f1a de la enfermedad respecto a \u00e9l. El lenguaje impersonal refiere la enfermedad a un agente que se introduce en el cuerpo humano, entendido como un lugar de \u00fan proceso que reduce al hombre al rol de patiens. En resumen, el hombre y su enfermedad son dos realidades radicalmente separadas, unidas s\u00f3lo per accidens.\n\nEn virtud de esta representaci\u00f3n subyacente al uso ling\u00fc\u00ed\u00adstico cotidiano de la enfermedad, la relaci\u00f3n entre el paciente y el m\u00e9dico se estructura como una delegaci\u00f3n de responsabilidad en el m\u00e9dico. El que descubre una molestia que obstaculiza su bienestar espera del m\u00e9dico que, despu\u00e9s de discernir su enfermedad, le d\u00e9 el nombre justo y la elimine; y el m\u00e9dico reivindica para s\u00ed\u00ad la capacidad y la voluntad de eliminarla.\n\nSeg\u00fan la expresi\u00f3n acu\u00f1ada por el m\u00e9dico-fil\u00f3sofo Viktor von Weizs\u00e1cker, esta actitud frente a la enfermedad se puede designar como EsStellung, o sea, \"posici\u00f3n del ello\": la enfermedad es un no-yo, extra\u00f1a a \u00e9l como el pronombre neutro; es algo que ocurre, que ataca al organismo desde el exterior; est\u00e1 desprovista de un sentido personal y s\u00f3lo es comprensible en t\u00e9rminos \"cient\u00ed\u00adficos\".\n\nEl empobrecimiento de la densidad antropol\u00f3gica de la enfermedad se traduce en su mutismo: no tiene ya el car\u00e1cter de un lenguaje articulado detr\u00e1s del cual podemos adivinar a un hablante. Esta reducci\u00f3n no se ha de considerar como una consecuencia inevitable de la \u00ed\u00adndole cient\u00ed\u00adfica del saber m\u00e9dico. En la tradici\u00f3n cultural de Occidente han existido, en efecto, realizaciones de una medicina al mismo tiempo cient\u00ed\u00adfica y antropol\u00f3gica. Tal fue, por ejemplo, la medicina griega.\n\n3. LA DENSIDAD ANTROPOL\u00f3GICA DE LA ENFERMEDAD. La medicina de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica no acanton\u00f3 como sin sentido la pregunta sobre el porqu\u00e9 de la enfermedad. Se distanci\u00f3 de los intentos de naturaleza teol\u00f3gica de explicar el sentido de la enfermedad por referencia a una voluntad divina, en particular recurriendo al arquetipo de la enfermedad como castigo de una culpa. La medicina cient\u00ed\u00adfica de Occidente se inici\u00f3 precisamente con una decidida toma de posici\u00f3n respecto al horizonte en el que hay que inscribir la enfermedad: el mal no hay que referirlo a Dios, sino a la naturaleza.\n\nBuscar las causas de la enfermedad en el horizonte de la naturaleza no equival\u00ed\u00ada, sin embargo, para los griegos a una elecci\u00f3n de positivismo materialista. A la naturaleza del hombre, precisamente por ser humana, se le atribu\u00ed\u00adan otras dimensiones adem\u00e1s de la org\u00e1nica: es ps\u00ed\u00adquica, social, espiritual, as\u00ed\u00ad como \u00e9tica (por tanto, con referencia a una cierta medida de responsabilidad en la estructuraci\u00f3n de su propio destino). En el \u00e1mbito de la medicina fisiol\u00f3gica griega la enfermedad no se considera s\u00f3lo con el registro de la pasividad -lo que el hombre soporta de la naturaleza-, sino tambi\u00e9n con el de la actividad: el hombre es art\u00ed\u00adfice de su propia enfermedad.\n\nLa misma medicina \"laica\", que hacia que Hip\u00f3crates rehusara atribuir una enfermedad a la acci\u00f3n de los dioses, reivindicaba para el sujeto la responsabilidad de su mal. Pit\u00e1goras, cinco siglos antes de Cristo, seg\u00fan la opini\u00f3n de J\u00e1mblico, afirmaba: \"Los dioses no son culpables de nuestros sufrimientos; todas las enfermedades y los dolores del cuerpo son producto de los desarreglos\".\n\nLos \"desarreglos\" incriminados no han de entenderse restrictivamente como transgresiones de reglas morales. Para la medicina griega se incurre en el desorden que est\u00e1 en el origen de las enfermedades cuando no se vive seg\u00fan las exigencias de la naturaleza. Adem\u00e1s de los comportamientos sexuales, hay que tomaren consideraci\u00f3n los h\u00e1bitos alimenticios, el respeto del h\u00e1bitat, el ritmo justo del trabajo y el descanso, la fuga de los excesos y de las pasiones que turban el equilibrio emotivo.\n\nA la pregunta primordial: \"\u00bfPor qu\u00e9 enfermamos?' , la medicina antropol\u00f3gica griega respond\u00ed\u00ada recurriendo no a la divinidad, sino al hombre. La medicina cient\u00ed\u00adfica moderna vac\u00ed\u00ada de significado la pregunta al hacer responsable de la enfermedad a una naturaleza deshumanizada (y por tanto des-moralizada). Con ello se priva a la \u00e9tica del fundamento vital, encontr\u00e1ndose continuamente expuesta al riesgo de caer en moralismo.\n\nEl procedimiento metodol\u00f3gico y pr\u00e1ctico que consiste en buscar la causa de la enfermedad en los des\u00f3rdenes funcionales y estructurales del organismo no carece de importancia. Sin embargo, es s\u00f3lo una parte de la aproximaci\u00f3n total e integrada que permite captar al \"sujeto enfermo\".\n\n4. LA INTELIGENCIA DEL SENTIDO. Hoy la consideraci\u00f3n del sujeto en cuanto art\u00ed\u00adfice estructurador de la enfermedad es mucho m\u00e1s compleja que en tiempo de Pit\u00e1goras. Zonas cada vez m\u00e1s vastas han sido adquiridas para el conocimiento antropol\u00f3gico. La clave para penetrar en la comprensi\u00f3n del hombre enfermo ha pasado del mito a las ciencias humanas. A t\u00ed\u00adtulo de ejemplo, no podemos prescindir del descubrimiento de la motivaci\u00f3n inconsciente realizada por el psicoan\u00e1lisis; el inconsciente es un continente sumergido, enormemente m\u00e1s amplio, complejo e influyente en el comportamiento que la exigua raz\u00f3n que emerge a la conciencia y que podemos abarcar en el estrecho abrazo del \"yo\". Tambi\u00e9n esa zona vast\u00ed\u00adsima del no-yo, que Freud llama \"es\", en el que sin embargo la persona hunde sus ra\u00ed\u00adces, influye en la salud y en la enfermedad, en la curaci\u00f3n y probablemente en la muerte. Y los \"desarreglos\" del inconsciente son mucho m\u00e1s temibles que los de la psique consciente. El psicoan\u00e1lisis lo ha demostrado para el sector muy restringido de enfermedades que llamamos m\u00e1s o menos apropiadamente ps\u00ed\u00adquicas (neurosis y psicosis). Pero hay motivos para creer que todas las enfermedades, incluso las etiquetadas como org\u00e1nicas, est\u00e1n sujetas a la misma influencia de nuestra psique, consciente o inconsciente.\n\nLos \"desarreglos\" que nos hacen enfermar, si se los analiza con las categor\u00ed\u00adas de las ciencias del hombre, pierden toda connotaci\u00f3n moralista para convertirse a nuestros ojos en lo que son: una articulaci\u00f3n de lo humano. La sociolog\u00ed\u00ada, por ejemplo, nos ayuda a comprender todo lo que el ser enfermo depende de una organizaci\u00f3n de la vida social que es de suyo pat\u00f3gena. La antropolog\u00ed\u00ada cultural, a su vez, puede instruirnos sobre la incidencia que tienen en la aparici\u00f3n de determinadas patolog\u00ed\u00adas los comportamientos compartidos en el \u00e1mbito de una cultura dada. Pensemos -por poner un ejemplo- en lo que incide en las depresiones la supresi\u00f3n del luto en nuestra sociedad, qu\u00e9 ha eliminado las respuestas socialmente organizadas a la muerte por el universo simb\u00f3lico y por la pr\u00e1ctica social.\n\nLa misma \u00e9tica puede cambiar nuestra relaci\u00f3n con la enfermedad, siempre que se fije como tarea no incrementar los oscuros sentidos de culpa, relacionados siempre con los acontecimientos morbosos, sino hacer crecer la libertad esencial del hombre, que asume dial\u00e9cticamente tambi\u00e9n las necesidades de la naturaleza en la estructuraci\u00f3n del propio destino. Quiere esto decir que podemos hacer algo mejor con nuestra enfermedad que eliminarla como un s\u00ed\u00adntoma insensato, ca\u00ed\u00addo como un meteorito en nuestro mundo personal, pero fundamentalmente extra\u00f1o a \u00e9l.\n\nLa acci\u00f3n eficaz para combatir el s\u00ed\u00adntoma est\u00e1 fuera de discusi\u00f3n: ninguna colusi\u00f3n con un dolorismo de naturaleza psicopatol\u00f3gica se puede introducir en nombre de un amor cristiano al sufrimiento. Pero s\u00f3lo la acci\u00f3n que sepa combinar el comprender con el eliminar responde a las exigencias antropol\u00f3gicas y \u00e9ticas de una actitud humana respecto a la enfermedad. Asumiendo plenamente el estatuto de un mensaje que descifrar, \u00e9sta se convierte entonces para el enfermo en punto de partida de un cambio.\n\nUna medicina humanizada s\u00f3lo se construye sobre el supuesto b\u00e1sico contrario al corriente, que impl\u00ed\u00adcitamente da por sentado que la enfermedad tiene un car\u00e1cter de \"insensatez\". Las expectativas institucionalizadas -o sea, lo que la sociedad actualmente espera del enfermo y a lo que \u00e9ste debe atenerse si no quiere que su comportamiento sea etiquetado como an\u00f3malo- miran exclusivamente a la abolici\u00f3n del s\u00ed\u00adntoma, no a la pregunta apasionada sobre \u00e9l, a fin de que deje en las manos del enfermo alg\u00fan rastro del mensaje existencial que tiene para \u00e9l.\n\nLa conquista del sentido de la enfermedad participa del car\u00e1cter nocturno y misterioso de la lucha de Jacob con el \u00e1ngel (cf G\u00e9n 32:23-33). La bendici\u00f3n que est\u00e1 en manos del luchador puede tener un car\u00e1cter doloroso, que le fuerce a cojear toda la vida; pero s\u00f3lo a trav\u00e9s de una confrontaci\u00f3n de esta clase puede la enfermedad revelar su rostro ben\u00e9fico oculto.\n\nEn el cuadro de la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gico-b\u00ed\u00adblica, donde la curaci\u00f3n se inscribe dentro de la obra divina de la salvaci\u00f3n, la aparici\u00f3n del sentido de la enfermedad se nos presenta como un momento constitutivo del proceso de la \"soteria\" (una realidad m\u00e1s vasta que la curaci\u00f3n en sentido cl\u00ed\u00adnico, ya que participa del car\u00e1cter trascendente de la salvaci\u00f3n). La adquisici\u00f3n de sentido hace que de la pasividad destructiva de la enfermedad y de la muerte brote una posibilidad de crecimiento espiritual.\n\nEl sentido no se puede dar a nadie; hay que encontrarlo dentro de la experiencia vivida, gracias a un verdadero y aut\u00e9ntico \"trabajo sem\u00e1ntico\".\n\nLa creaci\u00f3n del sentido de la propia enfermedad es como una puerta que s\u00f3lo se abre desde dentro; de nada vale forzarla. Pero su b\u00fasqueda puede facilitarse o impedirse. El sentido \u00faltimo de la terapia -realizada por el m\u00e9dico junto con otros numerosos operadores de la salud: psic\u00f3logos, asistentes sociales, pastores, miembros de asociaciones de voluntariado- consiste en hacer posible la \"curaci\u00f3n\" en este sentido antropol\u00f3gico denso.\n\nIII. Muerte y autorrealizaci\u00f3n\nI. LA ENFERMEDAD INCURABLE COMO DESAF\u00ed\u008dO A LA MEDICINA. La pr\u00e1ctica de la medicina moderna ha provocado modificaciones estructurales en el proceso de morir y en la concepci\u00f3n antropol\u00f3gica de la muerte, obligando a la \u00e9tica a redefinir las fronteras de lo humano en la fase terminal de la vida. Decisivo para la transformaci\u00f3n del morir ha sido la extensi\u00f3n de la intervenci\u00f3n m\u00e9dica tambi\u00e9n a aquel aspecto de la enfermedad que desemboca no en la curaci\u00f3n, sino en la muerte. Ya en la antig\u00fcedad se hab\u00ed\u00ada registrado un alejamiento de la concepci\u00f3n de la medicina cl\u00e1sica, que reservaba la obra del m\u00e9dico s\u00f3lo al enfermo que pod\u00ed\u00ada curar. En la \u00e9tica plat\u00f3nica, en efecto, la medicina estaba subordinada al bien de la polis; por consiguiente, si el m\u00e9dico hubiera sustra\u00ed\u00addo a la comunidad recursos para canalizarlos hacia la curaci\u00f3n de quien, como destinado a una cierta muerte, no hubiera podido nunca restituir beneficios a la comunidad, habr\u00ed\u00ada quebrantado un deber profesional estricto (cf Convite, 186b-c). Tambi\u00e9n Arist\u00f3teles da al m\u00e9dico el consejo de abandonar al enfermo afectado por una enfermedad incurable (cf Etica a Nic\u00f3maco, 1165b, 23-25).\n\nPara el m\u00e9dico hipocr\u00e1tico -pero podemos decir que esto vale para el m\u00e9dico de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica sin m\u00e1s-, el principio soberano en que deb\u00ed\u00ada inspirarse su acci\u00f3n era el de la \"necesidad de la naturaleza\" (anank\u00e9 physeos), con la obligaci\u00f3n de abstenerse en casos de enfermedades estimadas incurables \"por necesidad\". La abstenci\u00f3n terap\u00e9utica en tales enfermedades no ten\u00ed\u00ada s\u00f3lo un car\u00e1cter \u00e9tico, sino incluso religioso; al proceder de este modo, el m\u00e9dico respetaba con reverencia un decreto inapelable de la physis, a la cual se atribu\u00ed\u00ada un car\u00e1cter divino; al aceptar poner l\u00ed\u00admites a su arte, evitaba cometer la transgresi\u00f3n t\u00ed\u00adpica del pecado de la hybris. Esta orientaci\u00f3n confiere una connotaci\u00f3n particular a la philanthrop\u00ed\u00ada, que, sin embargo, constitu\u00ed\u00ada un ideal \u00e9tico del m\u00e9dico griego. El amor al hombre se subordinaba al amor de la \"naturaleza\" (physiophilia); el m\u00e9dico era \"amigo del hombre\" porque reverenciaba la physis.\n\nEl cristianismo en particular ha contribuido a derruir esta construcci\u00f3n. El universalismo de la salvaci\u00f3n -que propiamente es un asunto teol\u00f3gico- ha transformado tambi\u00e9n la praxis sanitaria. Los Padres se complacen en subrayar que los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo no s\u00f3lo reh\u00fasan hacer discriminaciones, sino que ofrecen preferentemente sus cuidados precisamente a los que son abandonados por la medicina oficial. El cuidado de los incurables y la atenci\u00f3n a los marginados se convirti\u00f3 muy pronto en signo caracter\u00ed\u00adstico de la medicina mesi\u00e1nica y de la caridad cristiana [l Medicina].\n\nLa misma tradici\u00f3n judeocristiana ha transformado tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con la naturaleza. A1 cristianismo se le ha atribuido una acci\u00f3n de desmitizaci\u00f3n y desacralizaci\u00f3n de la naturaleza. Max Weber fue el primero en hablar de la liberaci\u00f3n de la naturaleza de sus acentos sagrados gracias a la religi\u00f3n b\u00ed\u00adblica como de un \"desencantamiento\". Ese desencantamiento, entendido no como desilusi\u00f3n, sino como aproximaci\u00f3n a la naturaleza con intenci\u00f3n operativa, habr\u00ed\u00ada proporcionado la condici\u00f3n preliminar absoluta para el desarrollo de la mentalidad cient\u00ed\u00adfica y t\u00e9cnica. En la \u00e9poca moderna los hombres, plenamente desvinculados del mysterium fascinosum el tremendum que a\u00fan emanaba de la physis de la medicina hipocr\u00e1tica, se sentir\u00e1n, seg\u00fan la f\u00f3rmula de Descartes, maitres et possesseurs de la nature .\n\nLas consecuencias en el \u00e1mbito sanitario de esta actitud se han manifestado con el tiempo. La medicina ha ido configur\u00e1ndose cada vez m\u00e1s como una empresa profesional destinada a derrotar a la naturaleza en su fluir hacia la muerte. Dar jaque mate a la muerte, conquistando sin cesar nuevos \u00e1mbitos de intervenci\u00f3n, no es visto como un pecado de hybris, sino como el orgullo supremo de la medicina, grandeza que es al mismo tiempo eficiente y del orden de los valores, y en consecuencia \u00e9tica. Ocuparse del enfermo que la \"naturaleza\" destina a la muerte no es ya funci\u00f3n de la caridad cristiana, sino cometido institucional de la medicina. Esta se al\u00ed\u00ada gustosa con el deseo subjetivo de inmortalidad, present\u00e1ndose como el instrumento destinado a hacer retroceder la amenaza de la muerte.\n\nSin embargo, esta evoluci\u00f3n de la pr\u00e1ctica terap\u00e9utica presenta tambi\u00e9n un lado oscuro y desemboca en problemas de dif\u00ed\u00adcil soluci\u00f3n. La prolongaci\u00f3n de la vida ha creado los problemas conexos del envejecimiento de la poblaci\u00f3n, con los costos crecientes del cuidado de los enfermos cr\u00f3nicos y ancianos y con la imposibilidad de cuidar de todos en la medida del deseo subjetivo. En particular, la gesti\u00f3n m\u00e9dica del morir conduce al extremo la distorsi\u00f3n antropol\u00f3gica que hemos visto ya presente en las otras formas cotidianas de la pr\u00e1ctica terap\u00e9utica: la eliminaci\u00f3n del sujeto. La instituci\u00f3n m\u00e9dica se interpone entre el enfermo y su muerte, suponiendo una delegaci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita para una gesti\u00f3n del proceso de la fase final de la vida que tienda a la prolongaci\u00f3n de \u00e9sta a toda costa y le ahorre al enferma enfrentarse conscientemente con su fin.\n\nEl supuesto t\u00e1cito en la pr\u00e1ctica corriente de la sanidad es que el enfermo le pida a la medicina que emplee todos los recursos terap\u00e9uticos capaces de conjurar la muerte. En otros t\u00e9rminos, se atribuye al enfermo que no cura la voluntad absoluta de luchar por la vida; y esta voluntad instintiva de supervivencia recibe una connotaci\u00f3n positiva tambi\u00e9n desde el punto de vista \u00e9tico. Si, por el contrario, se manifestase una voluntad deliberada de morir -como se expresa del modo m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito en la demanda de la eutanasia-, el deseo del sujeto recibe o una calificaci\u00f3n moral (pecado de desesperaci\u00f3n) o una etiqueta psiqui\u00e1trica (depresi\u00f3n).\n\n2. EL DISCERNIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE MORIR. Dejando para otra `oz\" el tratamiento tem\u00e1tico de la \/eutanasia, subrayamos aqu\u00ed\u00ad la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica del problema conexo con la voluntad de morir. Ante todo consideramos \"m\u00e1s humana\" una medicina que permite que pueda aflorar y expresarse el deseo de muerte que una organizaci\u00f3n sanitaria que elimina de tal modo la dimensi\u00f3n subjetiva del enfermo que su ambivalencia frente a la vida ni siquiera se sospeche.\n\nSi el enfermo es aceptado como persona, habr\u00e1 que enfrentarse con un posible deseo de morir. La confrontaci\u00f3n no significa aceptaci\u00f3n pasiva y ratificaci\u00f3n complaciente. La tarea humanitaria primaria del que asiste a un enfermo incurable que expresa un deseo de muerte es someter ese deseo a una obra de discernimiento, pues no siempre la voluntad quiere verdaderamente lo que las palabras expresan. Pedir la muerte puede significar un reproche dirigido por el enfermo a familiares y sanitarios, por los que se siente abandonado o una llamada desesperada sobre aspectos de la propia situaci\u00f3n -como dolor f\u00ed\u00adsico persistente o sensaci\u00f3n de inutilidad- que son desatendidos. En estos casos, cuando la petici\u00f3n impl\u00ed\u00adcita en la demanda de muerte es satisfecha (p.ej. el enfermo recibe la terapia del dolor adecuada o la atenci\u00f3n que solicita), el moribundo se vuelve atr\u00e1s en su deseo de apresurar la muerte. Por tanto, el deseo de muerte puede encubrir un juicio sobre la propia vida que se estima invivible. Se lo puede entonces traducir plenamente en una llamada a que la existencia propia encuentre la calidad humana.\n\nNo se excluye, sin embargo, que esta obra de discernimiento de la voluntad de morir haga aflorar tambi\u00e9n un deseo de muerte que no es posible reducir a una protesta ni a una llamada enmascarada. En este punto ser\u00e1 necesario un segundo proceso de discernimiento. Se trata de establecer una distinci\u00f3n entre una voluntad sana y otra patol\u00f3gica de la muerte.\n\nNo todos admiten la existencia de una voluntad sana de morir como categor\u00ed\u00ada antropol\u00f3gica. Durante mucho tiempo cualquier proyecto existencial que previese la b\u00fasqueda del fin de la propia vida se ha etiquetado como moralmente perverso. Los comportamientos sociales con los l suicidas, que comprend\u00ed\u00adan incluso la negaci\u00f3n de las exequias religiosas, ten\u00ed\u00adan una funci\u00f3n predominante de disuasi\u00f3n, a fin de que no fomentase el fen\u00f3meno de la imitaci\u00f3n; en todo caso, la valoraci\u00f3n moral era de condena. A esta actitud sigui\u00f3 la \u00e9poca de la indulgencia, pero s\u00f3lo porque al gesto de quien se quita la vida se atribuy\u00f3 un car\u00e1cter patol\u00f3gico. El conocimiento de las ra\u00ed\u00adces socio-psicol\u00f3gicas del comportamiento suicida ha abierto el camino a una actitud de mayor comprensi\u00f3n; sin embargo, la voluntad de morir sigue sin conjugarse nunca con la salud, sea moral o mental.\n\nEl instinto natural de vida y la obligac\u00ed\u00ad\u00f3n moral de preservarla son, indudablemente, el punto de partida de la \u00e9tica de a vida f\u00ed\u00adsica. Pero no se puede excluir la voluntad de morir absolutamente del proyecto de vida humana. Puede expresar la aceptaci\u00f3n positiva de la propia humanidad como esencialmente limitada en el tiempo. Desde el punto de vista teol\u00f3gico podemos recurrir a la categor\u00ed\u00ada de creaturalidad, como horizonte que inscribe la existencia individual dentro de un nacimiento y una muerte. La fantas\u00ed\u00ada de la inmortalidad est\u00e1 ligada al yo; a veces expresa su hipertrofia; entonces es m\u00e1s bien la fantas\u00ed\u00ada de inmortalidad y no la voluntad de morir, lo que tiene car\u00e1cter patol\u00f3gico. Cuando el individuo deja que se desarrolle tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n transpersonal que trasciende el horizonte del yo, el aferramiento exasperado a la vida corp\u00f3rea es superado. En un cierto nivel de autorrealizaci\u00f3n, la persona se abre a una aspiraci\u00f3n m\u00ed\u00adstico-unitiva con el todo, incluso fuera de la experiencia formalmente religiosa.\n\nLa voluntad de morir puede tener tambi\u00e9n un aspecto de rebeli\u00f3n contra la idolatr\u00ed\u00ada de la vida, caracter\u00ed\u00adstica de la cultura inmanentista en que estamos inmersos. Cuando la vida f\u00ed\u00adsica se considera el bien sumo y absoluto, por encima de la libertad y la dignidad, el amor natural a la vida se trueca justamente en idolatr\u00ed\u00ada. La medicina promueve impl\u00ed\u00adcitamente ese culto idol\u00e1trico al organizar la fase terminal de la enfermedad como una lucha desesperada contra la muerte. Rebelarse contra esa organizaci\u00f3n -que las m\u00e1s de las veces expropia al enfermo de toda autonom\u00ed\u00ada, someti\u00e9ndole a los rituales quir\u00fargicos y de reanimaci\u00f3n que se desarrollan bajo la ense\u00f1a de la obstinaci\u00f3n terap\u00e9utica- puede ser tambi\u00e9n un gesto de \"desobediencia\" mental y moralmente sano. Es una actitud que se puede esperar sobre todo del creyente, al que la fe ha liberado de los mitos (la inmortalidad) y de los \u00ed\u00addolos (la vida corporal como valor supremo, al que se ha de sacrificar todas las dem\u00e1s cosas). La esperanza de la vida eterna puede mitigar la angustia natural unida al tr\u00e1nsito, hasta prevalecer completamente sobre ella.\n\n3. SIGNIFICADO ETICO DE LA MEDICINA PALIATIVA. La evoluci\u00f3n de la pr\u00e1ctica sanitaria, al cambiar la vivencia y la imaginaci\u00f3n de la muerte ha abierto nuevos surcos antropol\u00f3gicos a la \u00e9tica y a la espiritualidad. La acci\u00f3n, terap\u00e9utica o humanitaria, que se dirige al que est\u00e1 para morir est\u00e1 obligada a tenerlos en cuenta.\n\nLa transformaci\u00f3n que ha experimentado la muerte en nuestra cultura proporciona est\u00ed\u00admulos y sugerencias para hacer que emerjan del patrimonio sapiencial cristiano est\u00ed\u00admulos nuevos y creativos con que responder a las necesidades. Este proceso de ampliaci\u00f3n de horizontes corresponde exactamente a los objetivos que el Vat. II atribuye a la teolog\u00ed\u00ada moral en cuanto destinada a \"mostrar la excelencia de la vocaci\u00f3n de los fieles e risto y su obligaci\u00f3n de producir fruto de caridad para la vida del mundo\" (OT 16).\n\nLos problemas \u00e9ticos no se concentran s\u00f3lo en el momento de la muerte, sino en todo el per\u00ed\u00adodo que la precede. Si \u00e9ste no adquiere el sentido de \"vida que hay que vivir\" hasta el \u00faltimo instante, conservando en todas las fases una cualidad humana, la \u00e9tica resulta impotente para frenar el impulso hacia soluciones de tipo eutan\u00e1slco. M\u00e1s a\u00fan: sin un progreso significativo en la gesti\u00f3n de la vida terminal, la eutanasia corre el riesgo de present\u00e1rseles a muchos como la \u00fanica soluci\u00f3n humana a una situaci\u00f3n intolerable.\n\nLa percepci\u00f3n de la nueva fisonom\u00ed\u00ada que tiene la muerte en nuestra cultura induce a la \u00e9tica a servir de orientaci\u00f3n para las transformaciones referentes a la medicina. Esta est\u00e1 llamada a redescubrir una funci\u00f3n que ha ejercido en el pasado, cuando su capacidad terap\u00e9utica era muy reducida: la funci\u00f3n de aliviar los s\u00ed\u00adntomas y de acompa\u00f1ar hacia la muerte al enfermo que no puede curarse. Para designar este aspecto de la acci\u00f3n sanitaria se habla hoy de \"medicina paliativa\". No se trata de una medicina paralela a la curativa; es la \u00fanica y misma medicina en cuanto que distribuye los cuidados que dispensa a la situaci\u00f3n cl\u00ed\u00adnica y humana de un enfermo que camina inevitablemente hacia el final de su vida. La medicina para el que muere desplaza el acento del curar al cuidar, de atacar la enferMedad a hacer humanamente aceptable el\u00faltimo segmento de la vida.\n\nEntre los cometidos espec\u00ed\u00adficos de la \u00e9tica destaca prioritariamente el discernimiento sapiencial de la voluntad de morir. La sabidur\u00ed\u00ada consiste en encontrar el punto justo de flexi\u00f3n que corresponda a la din\u00e1mica intr\u00ed\u00adnseca al flujo mismo de la vida. Esto deber\u00e1 ocurrir ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Cuando la voluntad de vivir se encuentra debilitada por causas contingentes efminables, hay que sostener al hermano en peligro, seg\u00fan se ha dicho. Pero cuando, por el contrario, el movimiento natural hacia la muerte, que puede volverse tambi\u00e9n \"voluntad de morir\" expl\u00ed\u00adcita -al menos en el sentido de aceptar el fin inevitable de la vida-, es obstaculizado artificialmente por el empleo desproporcionado de medios terap\u00e9uticos, hay que ayudar al hermano que se acerca a la muerte a aceptar su destino, hasta ver en \u00e9l una llamada personal por parte del Se\u00f1or de la vida. En este cometido, el que asiste a los moribundos puede correr el riesgo de chocar con la organizaci\u00f3n m\u00e9dico-hospitalaria del morir, centrada en la negaci\u00f3n de la muerte y en la prolongaci\u00f3n forzada de la vida biol\u00f3gica.\n\nEl ethos del hombre contempor\u00e1neo respecto a la muerte est\u00e1 construido en torno a dos puntos: su control y la supresi\u00f3n del dolor, comprendido el dolor moral de darse cuenta de estar muriendo. Esta antropolog\u00ed\u00ada ha eliminado dos dimensiones muy valoradas en el pasado en el \u00e1mbito cristiano: la muerte como pathos (una pasividad de valor positivo, como ocasi\u00f3n del crecimiento humano supremo); el dolor como prueba, que adquiere significado a trav\u00e9s de la simbolizaci\u00f3n (cruz) y la \u00e9tica (aceptaci\u00f3n). Los excesos de estas posiciones, que pueden identificarse en el providencialismo y en el dolorismo, se iban corrigiendo, aunque sin eliminar los valores subyacentes. Proponer de nuevo esos valores se presenta como el cometido prof\u00e9tico de la \u00e9tica cristiana del morir adaptada a nuestro tiempo.\n\n[\/Eutanasia; \/Medicina; \/Suicidio; \/Unci\u00f3n de los enfermos].\n\nBIBL.: AA.VV., La Iglesia y el mundo de la salud, Edice, Madrid 1982; AA.VV., La comunidad cristiana y los enfermos, en \"Labor Hospitalaria\" 22 (1990) n. 215; AA.VV., La malattia, folia e saggezza del corpo, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1988 BARBERO J., Con los enfermos, Paulinas, Madrid 1990; BECK D., La malattia come autoguarigione, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1985; ELIAsN., La solitudine del morente, 11 Mulino, Bolonia 1985; ELIZONDO F., Salud y enfermedad desde las antropolog\u00ed\u00adas actuales, en \"Labor Hospitalaria\" 23 (1991) n. 220, 137-142; FONDEVILLA J.M.a, Antropolog\u00ed\u00ada de la enfermedad, en \"Labor Hospitalaria\" 16 (1984) 99-108; FGSTER G.M. y GALLATIN ANDERSON B., Medical Antropology, Nueva York 1978 GRACIA D., En torno a la historia de la enfermedad, en \"Revista Cat\u00f3lica Internacional\" 5 (1983) 424-434; HARING B., La fe, fuente de salud, Paulinas, Madrid 19862; JOMAIN Ch., Morir en la ternura, Paulinas, Madrid 19892; K\u00dcBLER Ross E., Sobre la muerte y los moribundos, Grijalbo, Barcelona 1989; LAGE F., Jes\u00fas ante la enfermedad, en \"Revista Cat\u00f3lica Internacional\" 5 (1983) 405-416; LA\u00ed\u00adN ENTRALGO P., Antropolog\u00ed\u00ada m\u00e9dica para cl\u00ed\u00adnicos, Salvat, Barcelona 1986; ID, La relaci\u00f3n m\u00e9dico-enfermo, Revista de Occidente, Madrid 1964; LANDY D. 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La eliminaci\u00f3n del sujeto en medicina; 3. El recurso a las \u00abciencias humanas\u00bb. II. Enfermedad y significado: 1. \u00abExplicar\u00bb y \u00abcomprender\u00bb la enfermedad; 2. El silencio del cuerpo; 3. 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