{"id":17287,"date":"2016-02-05T11:14:34","date_gmt":"2016-02-05T16:14:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santificacion-y-perfeccion\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:34","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:34","slug":"santificacion-y-perfeccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santificacion-y-perfeccion\/","title":{"rendered":"SANTIFICACION Y PERFECCION"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Un discurso dif\u00ed\u00adcil.<br \/>\nII. Alabanza de la iniciativa divina:<br \/>\n1. El \u00abethos sacro\u00bb;<br \/>\n2. El que santifica y los santificados por \u00e9l;<br \/>\n3. Para alabanza de Dios;<br \/>\n4. \u00abEthos\u00bb sagrado y \u00abethos\u00bb sancionado.<br \/>\nIII. Ser santificados y llamados:<br \/>\n1. La obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo;<br \/>\n2. El fruto del Esp\u00ed\u00adritu;<br \/>\n3. Adoraci\u00f3n en esp\u00ed\u00adritu y verdad.<br \/>\nIV. Relaci\u00f3n entre santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n:<br \/>\n1. Perfecci\u00f3n: tensi\u00f3n entre el ya y el todav\u00ed\u00ada no;<br \/>\n2. Madurez cristiana;<br \/>\n3. Una \u00fanica vocaci\u00f3n y diversidad de dones.<br \/>\nV. Ser\u00e9is, pues, perfectos como vuestro Padre:<br \/>\n1. Texto y contexto;<br \/>\n2. El amor redentivo a los enemigos: criterio decisivo;<br \/>\n3. La no violencia terap\u00e9utica.<br \/>\nVI. Conceptos peligrosos de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Un discurso dif\u00ed\u00adcil<br \/>\nEl t\u00e9rmino santificaci\u00f3n, como el de perfecci\u00f3n, ocupa un puesto central en el mensaje b\u00ed\u00adblico, y generalmente tambi\u00e9n en la teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tico-m\u00ed\u00adstica y sacramental. En cambio, por lo que se refiere a la teolog\u00ed\u00ada moral sistem\u00e1tica, la ausencia -cosa no rara- o el uso del todo secundario de los dos t\u00e9rminos y de las perspectivas por ellos se\u00f1aladas constituyen un criterio perentorio. Sin embargo, en una moral que desee ser fiel al pensamiento b\u00ed\u00adblico y netamente cristiana indican una visi\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica y fecunda.<\/p>\n<p>En una cultura en la que todo el sistema educativo est\u00e1 estructurado y saturado por el \u00e9xito socioecon\u00f3mico, por el bienestar y por el progreso t\u00e9cnico-cient\u00ed\u00adfico, resulta muy dif\u00ed\u00adcil un discurso al\u00ed\u00admentado por la perspectiva de la santificaci\u00f3n. Esto es igualmente cierto para un sistema \u00e9tico reducible preferentemente, si no exclusivamente, a un orden establecido autoritariamente por un conjunto de normas puestas al servicio de una autoridad que quiere controlarlo todo.<\/p>\n<p>Mas a quien posee una experiencia del amor oblativo y gratuito y la capacidad de la gratitud, le resulta concretamente posible sintonizar con nuestro tema. El discurso relativo a la santificaci\u00f3n y la perfecci\u00f3n est\u00e1 en la longitud de onda de la reciprocidad de las conciencias y de las relaciones interpersonales fieles y felices. Aqu\u00ed\u00ad se intentar\u00e1 seguir la l\u00ed\u00adnea trazada por la constituci\u00f3n Lumen gentium, que habla con tanta insistencia de la llamada de todos los fieles a la santidad, encuadr\u00e1ndola en el giro deseado para la teolog\u00ed\u00ada moral por el concilio Vat. II. Para hacerse una idea de este giro, bastar\u00e1 comparar el cap\u00ed\u00adtulo V de LG y el n\u00famero 16 de OT con el esquema \u00abDe ordine moral\u00c2\u00a1\u00bb de la comisi\u00f3n preparatoria (cf Ph. DELHAYE, Les points forts&#8230;, en bibl.).<\/p>\n<p>II. Alabanza de la iniciativa divina<br \/>\nPara el estudio tanto de la religi\u00f3n como de la \u00e9tica, y particularmente de la moral cristiana, la cuesti\u00f3n m\u00e1s importante es la relaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca entre lo sagrado y el bien, entre la religi\u00f3n y el ethos, entre la fe y las obras. La profundizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n en la revelaci\u00f3n y en la historia de la moral cat\u00f3lica ofrece una clave indispensable para el conjunto de la problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>1. EL \u00abETHOS SACRO\u00bb. A la luz de la revelaci\u00f3n y de la aut\u00e9ntica experiencia religiosa, s\u00f3lo es posible hablar de la santificaci\u00f3n y de la perfecci\u00f3n cristiana y humana en el contexto del Dios santo. En todas las grandes religiones, pero particularmente en la revelaci\u00f3n vetero y neotestamentaria, el ethos sacro aparece como absolutamente b\u00e1sico para la moral viva de los creyentes. El ethos sagrado est\u00e1 sostenido por la experiencia religiosa ante el misterio de Dios. Seg\u00fan Rudolf Otto, en el ethos sagrado el hombre experimenta una \u00abKontrastharmonie\u00bb: una tensi\u00f3n fecunda entre los polos, que en un primer momento podr\u00ed\u00ada parecer que est\u00e1n en contraste, pero que en realidad se comunican en una armon\u00ed\u00ada profunda, en un equilibrio de orden superior. Los dos polos son el mysterium tremendum (el misterio en cuanto inspira un santo temor) y mysterium fascinosum (la proximidad beat\u00ed\u00adfica de lo sagrado). Cuanto m\u00e1s sana es la experiencia religiosa, tanto m\u00e1s se interpenetran los dos polos. El padrenuestro es su expresi\u00f3n m\u00e1s cl\u00e1sica: divinamente instruidos, nos atrevemos a llamar al que est\u00e1 en los cielos Abba -expresi\u00f3n de m\u00e1xima confianza, pero que no permite superficialidades-, mientras nos recordamos a nosotros mismos: \u00abDios est\u00e1 en el cielo y t\u00fa en la tierra\u00bb (Qo 5,1). A1 profeta, conmovido por el sentido de su propia impureza, el Dios santo le ofrece la experiencia de su cercan\u00ed\u00ada purificadora y curadora (Is 6). Cuando el hombre acepta y vive esa experiencia, Dios santifica su nombre en el verdadero adorador. Del mismo modo son santificados los que, atra\u00ed\u00addos por la fascinaci\u00f3n del Dios que es amor, buscan su reino y aman su santa voluntad.<\/p>\n<p>2. EL QUE SANTIFICA Y LOS SANTIFICADOS POR EL. Conscientes de que Cristo es el cumplimiento de las profec\u00ed\u00adas sobre el siervo de Dios (Is 42; 49; 50; 52), los primeros creyentes lo llaman el \u00absanto siervo\u00bb (Heb 4:27.30) y \u00abel santo y el justo\u00bb (Heb 3:14). En el mismo sentido profundo la carta a los Hebreos presenta a Cristo como \u00abel que santifica\u00bb y llama hermanos a los que son \u00absantificados por \u00e9l\u00bb (Heb 2:10-11). El Hijo, siervo y cordero no violento que el Padre quiso \u00abperfeccionar por medio de la pasi\u00f3n\u00bb (Heb 2:10), se convierte en \u00abcabeza de la salvaci\u00f3n\u00bb, en fuente de santificaci\u00f3n, justificaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n, en revelador de la justicia salvadora de Dios. Siendo el santo de Dios en persona, el Hijo se santifica (se consagra) a s\u00ed\u00ad mismo, para que sean santificados en la verdad sus disc\u00ed\u00adpulos (Jua 17:19) y, como signos y testimonios de unidad, den gloria a Dios Padre dedicados a la solidaridad de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad el concepto de santidad-santificaci\u00f3n es un eco de modo nuevo del de sacrificio: don de s\u00ed\u00ad por los hermanos, por los pecadores, Jes\u00fas es el adorador perfecto \u00aben Esp\u00ed\u00adritu y verdad\u00bb. La santificaci\u00f3n y consagraci\u00f3n que viene del que ungido por el Esp\u00ed\u00adritu se constituye en sacrificio y don del amor no violento no significa primero de todo un nuevo modo de obrar, sino un nuevo modo de ser part\u00ed\u00adcipes del amor y don del Padre y del Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la misma misi\u00f3n del Hijo (cf LG 28; 31; 39). De ah\u00ed\u00ad se deriva tambi\u00e9n un nuevo modo de obrar: as\u00ed\u00ad como \u00abal que el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo\u00bb se revela como Hijo-siervo y siervo-Hijo haciendo las obras del Padre (Jua 5:36; Jua 10:25), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n sus disc\u00ed\u00adpulos fieles manifestar\u00e1n el Hijo al mundo haciendo sus mismas obras en el mismo Esp\u00ed\u00adritu. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad, en Cristo y santificados por Cristo, ser\u00e1n part\u00ed\u00adcipes de su misi\u00f3n santificadora, liberadora y sanante.<\/p>\n<p>3. PARA ALABANZA DE DIOS. El concilio Vat. II, hablando de la santificaci\u00f3n que hace a lbs fieles, tambi\u00e9n laicos, part\u00ed\u00adcipes \u00abdel oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo\u00bb, indica expl\u00ed\u00adcitamente su din\u00e1mica m\u00e1s \u00ed\u00adntima: \u00abSean para la gloria del Creador y redentor\u00bb (LG 31). Santificados, y por tanto hechos part\u00ed\u00adcipes del amor y de la misi\u00f3n de Cristo, \u00abconstituidos en la libertad real\u00bb, los disc\u00ed\u00adpulos lo har\u00e1n todo para alabanza de Dios, \u00aba fin de que Dios sea todo en todos\u00bb (LG 36).<\/p>\n<p>Por eso no se trata de una mera imitaci\u00f3n de Cristo, como aqu\u00e9lla en virtud de la cual un artista intenta reproducir las l\u00ed\u00adneas del modelo. Aferrados por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo y part\u00ed\u00adcipes de su misma vida y misi\u00f3n, los disc\u00ed\u00adpulos pueden decir con el ap\u00f3stol: \u00abYa no vivo yo, pues es Cristo el que vive en m\u00ed\u00ad&#8230; No rechazo la gracia de Dios\u00bb (G\u00e1l 2:20-21).<\/p>\n<p>Los santificados, viviendo aut\u00e9nticamente su vocaci\u00f3n, con una memoria agradecida, reconocer\u00e1n siempre y en todas partes los dones de Dios como tales. As\u00ed\u00ad, alabando a Dios en toda su vida; por medio de la pureza con que sirven a Dios en sus hermanos invitar\u00e1n a los otros a glorificar al Padre que est\u00e1 en los cielos (Mat 5:16).<\/p>\n<p>4. \u00abETHOS\u00bb SAGRADO Y \u00abETHOS\u00bb SANCIONADO. Para poder interpretar la relaci\u00f3n entre lo sagrado y el bien, entre la experiencia espec\u00ed\u00adficamente religiosa, tenida en el encuentro con el misterio tremendo y fascinante, y la opci\u00f3n \u00e9tica, Rudolf Otto nos propone la distinci\u00f3n entre ethos sagrado y ethos sancionado: el primero es la actitud respecto a la esfera de lo sagrado; el segundo es el resultado de la confrontaci\u00f3n entre la experiencia religiosa y el ethos, los tab\u00faes y las normas morales que existen en una determinada cultura o en un determinado ambiente y reciben de \u00e9l aprobaci\u00f3n, diferenciaci\u00f3n, sanci\u00f3n o rechazo parcial. Se trata de ua,paradigma \u00fatil para comprender las discusiones de los \u00faltimos sobre una moral constituida y determinada por la fe (Glaubensethik), por una parte, y una moral aut\u00f3noma en el contexto de la comunidad de fe, por otra. El ethos sacro netamente cristiano es m\u00e1s profundo, m\u00e1s rico y m\u00e1s claramente definido que cualquier otra forma. El es la respuesta directa a la revelaci\u00f3n de la gloria y del amor de nuestro Dios en Jesucristo. El centro de esa respuesta, concebible s\u00f3lo en el contexto de la iniciativa divina, es la fe adoradora, confiada, fecunda en el amor a Dios y en todas las formas de culto aut\u00e9ntico ofrecido a Dios como respuesta a su revelaci\u00f3n y a su invitaci\u00f3n. Dado luego que Dios se revela a s\u00ed\u00ad mismo en su amor al hombre -a todo hombre- y al mundo creado y redimido en su Hijo, y dado que la santificaci\u00f3n que nos viene de Dios es inserci\u00f3n en el amor redentor de Cristo y en la historia de la salvaci\u00f3n de la que Cristo es el centro, el ethos sagrado netamente cristiano incluye el amor del pr\u00f3jimo: amar al pr\u00f3jimo, amar a los hijos de Dios con el mismo amor del que somos part\u00ed\u00adcipes. Por eso el ethos sagrado no puede de ning\u00fan modo ser indiferente frente al amor redentor, a la justicia sanante, tambi\u00e9n hacia los adversarios, de la misi\u00f3n de paz. Todo esto entra en la esfera de lo sagrado, de la fe, de la esperanza, del amor de Dios, de la verdadera adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La \u00e9tica cristiana en la tradici\u00f3n de las Iglesias reformadas expresa la riqueza de ese ethos sagrado netamente cristiano con el paradigma \u00abdel indicativo al imperativo\u00bb. Lo que en la obra de la redenci\u00f3n, de la reconciliaci\u00f3n, de la justificaci\u00f3n y de la santificaci\u00f3n, Dios hace y nos comunica, lleva en s\u00ed\u00ad la llamada, la exigencia, la invitaci\u00f3n, o sea, el imperativo: el indicativo de la obra de Dios indica el camino de la aut\u00e9ntica respuesta.<\/p>\n<p>Todo lo que la santificaci\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n y la justificaci\u00f3n indican respecto a la llamada a vivir santamente forma parte del ethos sagrado, de la Glaubensethik. No se pueden tratar aut\u00e9nticamente la revelaci\u00f3n y la fe cristiana si se separan las verdades que hay que creer-de la espiritualidad y de la llamada plena a la santidad. Toda forma de divorcio entre teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad hace est\u00e9riles a ambas. Esto vale de modo particular para la moral; \u00e9sta s\u00f3lo se convierte en teolog\u00ed\u00ada cristiana enlazando \u00ed\u00adntimamente con la santificaci\u00f3n y la llamada a la santidad, con el ethos sagrado en virtud de la inserci\u00f3n del cristiano en la historia de la salvaci\u00f3n y de la paz. La vocaci\u00f3n de todos a la santidad, contenida en la obra de la redenci\u00f3n, de la justificaci\u00f3n y de la santificaci\u00f3n, es una caracter\u00ed\u00adstica fundamental de la moral cristiana.<\/p>\n<p>Esa llamada no puede menos de encontrarse con toda la experiencia \u00e9tica de ambientes, culturas y \u00e9pocas hist\u00f3ricas diversas. La Iglesia y todos los cristianos no pueden vivir la santificaci\u00f3n, la llamada a la santidad y la participaci\u00f3n en el amor y en la misi\u00f3n de Cristo sin gran vigilancia de los signos de los tiempos y sin la rica experiencia y reflexi\u00f3n de todos los hombres. Los cristianos saben bien que Dios obra en todos, por medio de todos y para todos. El Esp\u00ed\u00adritu de Dios sopla donde quiere. La unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, recibida con fe reconocida, dar\u00e1 un sentido profundo de discernimiento, para que los fieles dediquen plena atenci\u00f3n a \u00ablo que hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de buena fama, de virtuoso, de laudable\u00bb (Flp 4:8). El rico ethos sagrado resplandece en la revelaci\u00f3n y en la vida de los santos, mientras que el ethos sancionado m\u00e1s concreto requiere una continua atenci\u00f3n a las necesidades y a las oportunidades presentes, a la experiencia y a la reflexi\u00f3n solidara de toda la familia humana, y por eso una cierta autonom\u00ed\u00ada en el di\u00e1logo.<\/p>\n<p>III. Ser santificados y llamados<br \/>\nLa importancia que se da ala iniciativa santificadora de Dios y a su llamada por gracia determina todo un tipo o modelo de moral; en ese modelo resulta impensable una vuelta a una moral separada de la espiritualidad y caracterizada por las normas prohibitivas; adem\u00e1s ser\u00e1 tambi\u00e9n mucho m\u00e1s que una moral de la mera imitaci\u00f3n de Cristo; podr\u00e1 ser s\u00f3lo una moral de la vida en Cristo, y al mismo tiempo una moral pneum\u00e1tica.<\/p>\n<p>I . LA OBRA DEL ESPfRITU SANTO. Fiel a la Escritura y a la antigua tradici\u00f3n, santo Tom\u00e1s ense\u00f1a: \u00abLa caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s esencial de la nueva alianza y toda su fuerza es la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, dada con la fe en Cristo. Por eso la ley nueva es principalmente la gracia del mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (S. Th., I-II, q. 106, a. I). Alabando a Dios, Pablo anuncia: \u00abLa ley del Esp\u00ed\u00adritu de vida en Cristo Jes\u00fas te libr\u00f3 de la ley del pecado y de la muerte\u00bb (Rom 8:2). La gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo es liberadora, santificadora y sanante, porque nos inserta en la vida de Cristo, ungido por el mismo Esp\u00ed\u00adritu, que es consagrado y se consagra para que tambi\u00e9n sus disc\u00ed\u00adpulos sean consagrados en la verdad (Jua 17:17-19).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu Santo es don en persona; es el acontecimiento eterno del darse rec\u00ed\u00adproco entre Padre e Hijo. Por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, Cristo es bautizado para que se haga, tambi\u00e9n en su naturaleza humana y en toda su misi\u00f3n, don total de s\u00ed\u00ad mismo en la manifestaci\u00f3n suprema de la fuerza salvadora de la no violencia. Cristo se reconoce como don del Padre hecho a nosotros, hombres pecadores, a fin de que gracias a su solidaridad redentora fu\u00e9semos liberados de la solidaridad de perdici\u00f3n y pudi\u00e9semos comunicar con su solidaridad liberadora y santificadora. En el mismo Esp\u00ed\u00adritu-don, Cristo nos reconoce como dados a \u00e9l por el Padre y como confiados a su amor y a su misi\u00f3n. Aceptando esta misi\u00f3n suya de hacerse hasta el fondo don por nosotros y de acogernos a nosotros, pobres pecadores, pero creyentes en \u00e9l, como don del Padre, Cristo glorifica al Padre participando de la misma gloria y es glorificado en los mismos redimidos por los cuales se hace don y que acepta como don: \u00abTe ruego por los que t\u00fa me has confiado, pues son tuyos; todo lo m\u00ed\u00ado es tuyo, y lo tuyo m\u00ed\u00ado; y yo he sido glorificado en ellos\u00bb (Jua 17:9-10). Viendo a sus disc\u00ed\u00adpulos introducidos a su misi\u00f3n y sus nombres escritos en los cielos, Jes\u00fas, \u00ablleno de gozo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, dijo: Yo te alabo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los entendidos y se las has manifestado a los sencillos&#8230; Mi Padre me ha confiado todas las cosas\u00bb (Luc 10:20-22). Al bautizarnos en el fuego de su amor y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Cristo nos introduce en su misterio pascual y nos santifica, para que tambi\u00e9n nosotros participemos con \u00e9l en el acontecimiento espiritual como don capaz de darnos con \u00e9l a la gloria del Padre y al servicio de los hermanos.<\/p>\n<p>2. EL FRUTO DEL ESP\u00ed\u008dRITU. El hecho de ser santificados por el Esp\u00ed\u00adritu, que nos hace part\u00ed\u00adcipes de la vida y de la misi\u00f3n de Cristo, se convierte para los justificados en la ley de la gracia: \u00abNo est\u00e1is ya bajo el influjo de la ley, sino de la gracia\u00bb (Rom 6:14). Ni siquiera el ego\u00ed\u00adsmo m\u00e1s inveterado, individual y colectivo, puede seguir imponi\u00e9ndose o sirvi\u00e9ndose de la ley para hacerlos esclavos. Por medio del Esp\u00ed\u00adritu, estamos prontos a confiarnos a \u00e9l y a seguir su atracci\u00f3n, somos rescatados de la esclavitud del pecado (hamart\u00ed\u00ada=solidaridad de perdici\u00f3n) y de la sarx (el ego\u00ed\u00adsmo inveterado, que se hace carne y se encarna por medio del ego\u00ed\u00adsmo y del orgullo individual y colectivo). En cuanto redimidos y santificados, podemos decidir no seguir ya las coacciones de la carne (sarx) y no reproducir sus obras, que son \u00ablujuria, impureza, desenfreno, idolatr\u00ed\u00adas, supersticiones, enemistades, disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, envidias, homicidios, borracheras, comilonas y cosas semejantes a \u00e9stas\u00bb (G\u00e1l 15:19-21). Respecto al producto de la sarx, que se sirve tambi\u00e9n de la ley, Pablo usa la palabra obras; al contrario, respecto al producto del Esp\u00ed\u00adritu habla de fruto: \u00abamor, alegr\u00ed\u00ada, paz, generosidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia\u00bb (G\u00e1l 5:22-23). Los santos, que viven seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, no se vanaglorian, sino que dan siempre gracias, viviendo seg\u00fan la gracia de la santificaci\u00f3n, y atribuyen todo el bien a su verdadera fuente. Pablo tiene su modo preciso de hablar de la nueva ley: \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu que nos da la vida en Jes\u00fas\u00bb (Rom 8:2). \u00abSi vivimos con el Esp\u00ed\u00adritu, dej\u00e9monos conducir por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (G\u00e1l 5:25); en efecto \u00abtodos los que se dejan guiar por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios son hijos de Dios\u00bb (Rom 8:14). En el hombre espiritual reina el amor con el que Dios nos ama, aquel amor santo que \u00abha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu que se nos ha dado\u00bb (Rom 5:5). S\u00f3lo en uni\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu, toda nuestra vida puede gritar: \u00abAbba, Padre\u00bb (Rom 8:15).<\/p>\n<p>En las cartas de san Pablo \u00abel fruto del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb va m\u00e1s all\u00e1 del ethos sacro y conduce a establecer relaciones redentoras con los otros y consigo mismo. Dejarse guiar por el Esp\u00ed\u00adritu es la opci\u00f3n fundamental, que luego produce todas las virtudes que caracterizan una vida en Cristo y seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu tambi\u00e9n en medio del mundo.<\/p>\n<p>El mismo modelo de moral y espiritualidad cristiana lo encontramos tambi\u00e9n en los escritos de san Juan. La expresi\u00f3n m\u00e1s rica de ellos es el capitulo 15 de su evangelio: \u00abYo soy la vida y vosotros los sarmientos. El que permanece en m\u00ed\u00ad y yo en \u00e9l tendr\u00e1 mucho fruto, porque sin m\u00ed\u00ad no pod\u00e9is hacer nada\u00bb (15,5). Este permanecer en Cristo y este dar fruto mediante una fe viva y un amor activo son el verdadero culto: \u00abMi Padre es glorificado si dais mucho fruto y sois mis disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (Jua 15:8). Tambi\u00e9n en este contexto hay que subrayar la iniciativa divina: \u00abNo me elegisteis vosotros a m\u00ed\u00ad, sino yo a vosotros; y os design\u00e9 para que vay\u00e1is y d\u00e9is fruto y vuestro fruto permanezca\u00bb (Jua 15:16).<\/p>\n<p>3. ADORACI\u00ed\u201cN EN ESP\u00ed\u008dRITU Y VERDAD. La santificaci\u00f3n que nos viene por medio del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que se consagra por nosotros a fin de que tambi\u00e9n nosotros seamos consagrados en la verdad, nos une con la vida y con la misi\u00f3n de Cristo, adorador perfecto del Padre, sacrificio grato y sumo sacerdote. De este misterio se derivan los criterios del verdadero culto y de la verdadera adoraci\u00f3n de Dios. En el centro no est\u00e1n ya los ritos y los lugares sagrados, sino el santo amor de Cristo. El ritualismo superficial ha sido muchas veces causa y signo de divisiones y de antagonismos. La samaritana le dice a Jes\u00fas: \u00abNuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros dec\u00ed\u00ads que el sitio donde se ha de adorar es Jerusal\u00e9n\u00bb. La respuesta de Cristo es: \u00abCr\u00e9eme, mujer; se acerca la hora&#8230; y en ella estamos, en que los verdaderos adoradores adorar\u00e1n al Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad; porque as\u00ed\u00ad son los adoradores que el Padre quiere. Dios es Esp\u00ed\u00adritu, y sus adoradores han de adorarlo en esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u00bb (Jua 4:20-24). Las celebraciones lit\u00fargicas y todos los actos del culto expl\u00ed\u00adcito profundizan en los fieles la conciencia de la santificaci\u00f3n que nos viene de Dios y el sentido de gratitud, de confianza y amor; el fruto ser\u00e1 la transformaci\u00f3n de toda la vida interior y exterior en adoraci\u00f3n de Dios en el esp\u00ed\u00adritu y en la plena verdad de una vida de santificados y de santos.<\/p>\n<p>Esta verdad se expresa con gran belleza en LG 34, que trata de la inserci\u00f3n de los fieles, tambi\u00e9n laicos, en el sacerdocio de Cristo: \u00abLos vivifica con su Esp\u00ed\u00adritu e ininterrumpidamente los impulsa a toda obra buena y perfecta&#8230; en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, tienen una vocaci\u00f3n admirable y son instruidos para que en ellos se produzcan siempre los m\u00e1s abundantes frutos del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>IV. Relaci\u00f3n entre santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n<br \/>\nMientras que para el concepto de santificaci\u00f3n es central el aspecto del culto, la vocaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n que de ah\u00ed\u00ad se deriva subraya la conducta moral que lleva a cabo la din\u00e1mica de la santificaci\u00f3n y de la justificaci\u00f3n. La dimensi\u00f3n \u00e9tica es m\u00e1s evidente en el concepto de justificaci\u00f3n que en los de santificaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. Pero todas estas categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas son inseparables entre s\u00ed\u00ad (cf O. PROCKSCH, en GLNT I, 240, 288, 291, 305). La santificaci\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n y la justificaci\u00f3n son en la Biblia el principio y motivo supremo del obrar moral y forman el car\u00e1cter del hombre santificado, reconciliado y justificado.<\/p>\n<p>I. PERFECCI\u00ed\u201cN: TENSI\u00ed\u201cN ENTRE EL YA Y EL TODAV\u00ed\u008dA NO. La santidad de la vida, que hace posible y es exigida por el don de la santificaci\u00f3n, debe ser llevada a t\u00e9rmino en la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica entre el ya y el todav\u00ed\u00ada no y en el proceso continuo de conversi\u00f3n profunda, de purificaci\u00f3n y de maduraci\u00f3n humana y cristiana. La conversi\u00f3n fundamental, o sea la primera conversi\u00f3n (incluyendo tambi\u00e9n la que se llama primera conversi\u00f3n reiterada), es inseparable del don de la reconciliaci\u00f3n y de la justificaci\u00f3n, y constituye su aceptaci\u00f3n reconocida por parte del justificado. La misma din\u00e1mica de la santificaci\u00f3n y de la justificaci\u00f3n implica y hace posible en el homo viator ponerse siempre de nuevo en camino con energ\u00ed\u00adas siempre nuevas. Y cuanto m\u00e1s progresa el santificado en ese camino, tanto m\u00e1s advierte su impulso. El Esp\u00ed\u00adritu, que infunde en nuestros corazones el amor de Dios, nos empuja (cf Rom 5:5; 2Co 5:14) a llevar adelante la lucha contra los deseos de la sarx, del hombre viejo esclavo del pecado (hamart\u00ed\u00ada), \u00abpensando que si uno muri\u00f3 por todos, todos murieron con \u00e9l; y muri\u00f3 por todos para que los que viven no vivan ya para s\u00ed\u00ad, sino para quien muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u00bb (2Co 5:15).<\/p>\n<p>Esta din\u00e1mica hacia un grado m\u00e1s alto de perfecci\u00f3n contiene y expresa siempre la de la santificaci\u00f3n: \u00abQue el justo contin\u00fae practicando la justicia y el santo siga santific\u00e1ndose\u00bb (Apo 22:11). Es un camino siempre abierto; por eso la moral cristiana es abierta, din\u00e1mica, magn\u00e1nima y al mismo tiempo humilde. Mientras el elitismo estoico reivindica el monopolio de la perfecci\u00f3n, los cristianos aut\u00e9nticos sienten cada vez m\u00e1s la distancia entre \u00abla alt\u00ed\u00adsima vocaci\u00f3n en Cristo\u00bb (OT 16) y la necesidad de proyectarse hacia adelante, hacia la meta. El ap\u00f3stol lo expresa cl\u00e1sicamente: \u00abNo quiero decir con esto que haya alcanzado ya la perfecci\u00f3n, sino que corro tras ella con la pretensi\u00f3n de darle alcance, por cuanto yo mismo fui alcanzado por Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 3:12). As\u00ed\u00ad los cristianos \u00abse muestran hijos de la promesa si fuertes en la fe y en la esperanza aprovechan el tiempo presente (cf Efe 5:16; Col 4:5) y con paciencia esperan la gloria futura (cf Rom 8:25). Y esta esperanza no la esconden dentro de su \u00e1nimo, sino con&#8212;una continua conversi\u00f3n y lucha&#8230; la expresan tambi\u00e9n a trav\u00e9s de las estructuras de la vida secular\u00bb (LG 35).<\/p>\n<p>2. MADUREZ CRISTIANA. Uno de los m\u00e9ritos de la psicolog\u00ed\u00ada del desarrollo de Eric Erikson consiste en que consigue evidenciar una din\u00e1mica de la maduraci\u00f3n hacia un dar fruto que, en quienes est\u00e1n verdaderamente en camino, perdura tambi\u00e9n en la ancianidad. Todo esto deber\u00ed\u00ada ser particularmente visible en la vida de quienes creen en la vocaci\u00f3n universal de los fieles a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dios, que nos hace renacer en su Hijo unig\u00e9nito por medio de su Esp\u00ed\u00adritu, nos quiere adultos. Si por una parte nos invita a hacernos sencillos y a confiarnos a \u00e9l como ni\u00f1os, por otra desea que seamos fieles maduros y fidedignos. Todos los dones y los carismas concebidos en orden al crecimiento del cuerpo de Cristo est\u00e1n destinados a una fe madura por parte de todos: \u00abAl conocimiento completo del Hijo de Dios, y a constituir el estado del hombre perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos ni\u00f1os vacilantes y no nos dejemos arrastrar por ning\u00fan viento de doctrina\u00bb (Efe 4:12-14). \u00abTal es la idea que san Pablo se ha formado del cristiano perfecto; del que, llegado a la edad adulta, ha dejado de ser ni\u00f1o. Es claro que tal perfecci\u00f3n conviene a todos sin excepci\u00f3n. Por elevado que sea el ideal, todos est\u00e1n llamados a realizarlo\u00bb (S. LYONNET, La vocazione cristiana alla perfezione secondo s. Paolo, en AA.VV., Laici e vita cristiana perfetta, 36). Esa vocaci\u00f3n implica un s\u00ed\u00ad fuerte al seguimiento de Cristo crucificado, al cual conven\u00ed\u00ada ser perfeccionado \u00abpor medio de la pasi\u00f3n\u00bb (Heb 2:10). El Se\u00f1or Jes\u00fas,\u00bbdivino maestro y modelo de toda perfecci\u00f3n, predic\u00f3 la santidad de vida, de la que \u00e9l es autor y consumador\u00bb (LG 40). Es \u00e9sta una regla vinculante y liberadora para toda pedagog\u00ed\u00ada, para toda pastoral y para el uso mismo de la autoridad. El que s\u00f3lo mira a la sumisi\u00f3n y al uniformismo seg\u00fan la ley, en vez de preocuparse preferentemente de educarse a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s en el discernimiento, se rebela contra el designio divino y contra la vocaci\u00f3n, suya y de los otros, a la perfecci\u00f3n y obra irresponsablemente.<\/p>\n<p>3. UNA \u00daNICA VOCACI\u00ed\u201cN Y DIVERSIDAD DE DONES. El concilio Vaticano II insiste mucho en la dignidad igual de los cristianos en lo que es del todo fundamental y decisivo: la vocaci\u00f3n a la santidad y a la perfecci\u00f3n: \u00abCom\u00fan dignidad de los miembros por su regeneraci\u00f3n en Cristo, gracia com\u00fan de hijos, com\u00fan vocaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n, una salvaci\u00f3n, una esperanza y una indivisa caridad&#8230; `Todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas&#8217; (G\u00e1l 3:28; cf Col 3:11)\u00bb (LG 32). Sigue luego un texto bell\u00ed\u00adsimo sobre el significado de la diversidad de los dones, de los carismas y de las funciones, texto propuesto por algunos obispos orientales: \u00abLa misma diversidad de gracias, de servicios y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque todas estas cosas son obra del \u00fanico e id\u00e9ntico Esp\u00ed\u00adritu (1Co 12:11)\u00bb (ib). Las consecuencias de esta visi\u00f3n para la eclesiolog\u00ed\u00ada, para la moral y para el uso maduro de la autoridad son enormes; se trata de un desaf\u00ed\u00ado que nadie puede descuidar si quiere ser fiel a la ley del Esp\u00ed\u00adritu que nos libera. Siendo la caridad \u00abel v\u00ed\u00adnculo de la perfecci\u00f3n\u00bb (Col 3:14), se ordena a todos amar a Dios de acuerdo con su capacidad, y amar en Cristo y con Cristo en la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo a los otros como Cristo nos ha amado, sin dejar nunca de orar al Padre para que aumente en nosotros la fe, la esperanza y la caridad.<\/p>\n<p>V. Ser\u00e9is, pues, perfectos como vuestro Padre<br \/>\nHablando de la vocaci\u00f3n a la santidad y a la perfecci\u00f3n, no se puede dejar de dedicar particular atenci\u00f3n a unas palabras de Jes\u00fas, que son centrales -casi una clave- en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a: \u00abSer\u00e9is, pues, perfectos, como es perfecto vuestro Padre de los cielos\u00bb (Mat 5:48). Se trata de la justicia de Dios que salva y sana por la providencia y la obra de la redenci\u00f3n: una justicia que supera totalmente la de los escribas (Mat 5:20).<\/p>\n<p>1. TEXTO Y CONTEXTO. Estas palabras clave son la recapitulaci\u00f3n de las bienaventuranzas, de las que Jes\u00fas es el testigo y la realidad completa y el resumen de las solemnes palabras: \u00abYo en cambio os digo\u00bb. Todo lleva al Padre, al que Jes\u00fas hace visible, que \u00abhace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos\u00bb (Mat 5:45), revel\u00e1ndonos justamente en Cristo Jes\u00fas su amor redentor hacia los pecadores, amor que libera a los enemigos de la esclavitud del odio y de la enemistad.<\/p>\n<p>Es exacta la traducci\u00f3n en futuro: \u00abVosotros, pues, ser\u00e9is\u00bb, y no ya en forma imperativa: \u00absed\u00bb. No se trata de algo de poca importancia. El futuro expresa una anticipaci\u00f3n de confianza, una expectativa divina. Despu\u00e9s de todo lo que el amor divino ha dado y revelado, se puede esperar que nosotros nos decidamos por este nuevo camino de bondad, de santidad y de perfecci\u00f3n en la nueva justicia. Me agrada particularmente la versi\u00f3n de un nueva traducci\u00f3n ecum\u00e9nica (New English Bible, Oxford): \u00abVuestra bondad no tendr\u00e1 l\u00ed\u00admites, como la bondad de vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos no conoce confines\u00bb. Se trata del misterio del amor divino, que se ha hecho ley nueva para los elegidos: \u00abPara que, arraigados y fundamentados en el amor, pod\u00e1is comprender con todos los creyentes cu\u00e1l es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento, a fin de que se\u00e1is llenos de toda plenitud de Dios\u00bb (Efe 3:17-19). Es inmensamente m\u00e1s que un conocimiento intelectual; es profunda maravilla, estupor santo, a la vez que una gran alegr\u00ed\u00ada. Estamos ante el misterio de Dios, que en Cristo revela su santidad y su justicia, rescatando al m\u00ed\u00adsero pecador enemigo por medio de su justicia liberadora.<\/p>\n<p>En este gran mandamiento-meta: \u00abser\u00e9is perfectos\u00bb, se encuentran santidad y misericordia: \u00abSu nombre es santo, y su misericordia va de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n para todos sus fieles\u00bb (Lev 1:49-50). Esta imagen de Dios santo y perfecto, y al mismo tiempo cercano y lleno de misericordia y de compasi\u00f3n, est\u00e1 presente ya en los profetas de Israel: \u00abMi coraz\u00f3n se revuelve dentro de m\u00ed\u00ad&#8230; porque yo soy Dios, no un hombre; en medio de ti yo soy el santo, y no me gusta destruir\u00bb (Ose 11:7-9). Para evidenciar esta visi\u00f3n de la santidad y de la perfecci\u00f3n de Dios, Lucas le hace decir a Jes\u00fas: \u00abSed misericordiosos como Dios, como vuestro Padre es misericordioso\u00bb (Ose 6:36). Esto era particularmente necesario en el contexto de la cultura helen\u00ed\u00adstica, en las cual la idea de la perfecci\u00f3n y de la&#8217;trascendencia de Dios exclu\u00ed\u00ada categ\u00f3ricamente toda clase de compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EL AMOR REDENTIVO A LOS ENEMIGOS: CRITERIO DECISIVO. Tanto en el evangelio de Mateo como en el de Lucas, el gran mandamientometa de la perfecci\u00f3n explicita el criterio decisivo del amor querido por Dios: \u00abAmad a vuestros enemigos&#8230; y ser\u00e9is hijos del alt\u00ed\u00adsimo. Pues \u00e9l es bueno tambi\u00e9n con los ingratos y los cautivos\u00bb (Luc 6:35; cf Mat 5:44). Justificados, no a causa de nuestros m\u00e9ritos, sino por medio de la fe y de la gracia, acord\u00e1ndonos de que Cristo ha muerto por nosotros cuando por nuestros pecados \u00e9ramos sus enemigos, deberemos sentirnos presa de una santa y siempre creciente maravilla y de una gratitud profunda: as\u00ed\u00ad nos dejaremos mover por el Esp\u00ed\u00adritu a aceptar plenamente el obrar divino como norma de nuestra conducta.<\/p>\n<p>3. LA NO VIOLENCIA TERAPEUTICA. Todas estas consideraciones b\u00ed\u00adblicas nos conducen al concepto, hoy tan actual, de la no violencia. A la luz de los grandes c\u00e1nticos del D\u00e9uteroIsa\u00ed\u00adas sobre el siervo de Dios que, por medio de su no violencia, en medio de los sufrimientos m\u00e1s atroces, nos cura de nuestra iniquidad, los primeros cristianos llamaron a Cristo \u00abel santo siervo Jes\u00fas\u00bb (ton h\u00e1gion p\u00e1tda) (Heb 4:27). Mientras que en el Proto-Isa\u00ed\u00adas prevalece todav\u00ed\u00ada el concepto del Dios santo como juez justo de un pueblo infiel, el D\u00e9uteroIsa\u00ed\u00adas asocia de manera insuperable la santidad de Dios a su justicia salvadora y sanante, realizada por medio del Siervo paciente: \u00abYo, el Se\u00f1or, te he llamado para \u00c2\u00a1ajusticia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para abrirlos ojos a los ciegos\u00bb (Isa 42:6-7). Y los ciegos, esclavos de la falsedad y de la violencia, ver\u00e1n con ojos nuevos cuando confiesen: \u00abDespreciado, desecho de la humanidad&#8230;, llevaba nuestros dolores los que le pesaban&#8230; Ha sido traspasado por nuestros pecados&#8230;; el castigo, precio de nuestra paz, cae sobre \u00e9l\u00bb (Isa 53:3-5).<\/p>\n<p>Ante los alarmantes signos de los nuevos tiempos y ante la centralidad de la no violencia del santo siervo Jes\u00fas, no veo c\u00f3mo hoy se puede hablar de modo pertinente de santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n en la moral cristiana sin conceder la debida atenci\u00f3n a la fuerza sanante de la no violencia. Se trata de un criterio central para la teolog\u00ed\u00ada moral y espiritual actual.<\/p>\n<p>VI. Conceptos peligrosos de perfecci\u00f3n<br \/>\nLa historia de las culturas y de las religiones nos muestra la explosiva peligrosidad de las falsas ideas sobre la perfecci\u00f3n y sobre la perfectibilidad del hombre. A veces en las clases dominantes aflora una tendencia a considerarse como elegidos, perfectos, despreciando al resto de la humanidad. Tambi\u00e9n ciertas autoridades religiosas justifican su estilo autoritario atribuy\u00e9ndose un alto grado de perfecci\u00f3n, con desprecio del pueblo ignorante e inmaduro: \u00abOdi profanum vulgus et arceo\u00bb. Un cierto tipo de calvinismo exportado a los Estados Unidos de Am\u00e9rica y a \u00ed\u0081frica del Sur, justificaba tantos abusos y opresiones en virtud de su presunta perfecci\u00f3n superior. El \u00abmito del siglo veinte\u00bb de Hitler y Rosenberg propag\u00f3 el delirio de una raza perfecta. Un cierto tipo de marxismo ha esperado una sociedad perfecta, viviendo en una paz eterna, que ha de instaurarse por medio del odio y de la lucha de clases guiada seg\u00fan la dial\u00e9ctica marxista. En una parte de la psicolog\u00ed\u00ada moderna reina la idea de la autorrealizaci\u00f3n, de la autoperfecci\u00f3n (selffulfillment), como idea central de psicoterapia y de pedagog\u00ed\u00ada. No estamos contra la idea de que el hombre realice sus mejores capacidades. Mas en el momento en que la realizaci\u00f3n se convierte en la idea central y en el leit motiv, crece un egocentrismo obsesivo, causa de muchas enfermedades psicosom\u00e1ticas y de tanta miseria espiritual.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un profundo conocimiento de la idea cristiana de santificaci\u00f3n y de perfecci\u00f3n nos permite decir un no coherente a todas estas peligrosas perspectivas. El que ante todo se busca a s\u00ed\u00ad mismo, pierde su verdadera dignidad y su vocaci\u00f3n aut\u00e9ntica. Muriendo al ego\u00ed\u00adsmo y viviendo para el reino del amor, de la justicia y de la paz, encontramos nuestra verdadera identidad y autenticidad de redimidos.<\/p>\n<p>[\/Ascesis y disciplina; \/Consejos evang\u00e9licos (del cristiano); \/Conversi\u00f3n; \/Gracia; \/Ley nueva; \/Sacramentos; \/Seguimiento\/Imitaci\u00f3n; \/Virtudes teologales].<\/p>\n<p>BIBL.: AA. V V., Santidad y vida en el mundo, Herder, Barcelona 1969; CuLLITONJ.T. (a cargo), Nonviolence, CENTRAL TO CHRISTIAN SPIRITUALtTV: Perspective from Scripture to the Present, The Edwin Mellen Press, Nueva York-Toronto 1982; DELHAYE Ph., Les pointsforts de la morale \u00e1 Vatican II, en \u00abStMor\u00bb 24 (1986) 5-39; DE LORENZI L., Vivere vello Spirito di Cristo, Querit\u00fcana, Brescia 1983; DURWELL F.X., El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1986; FAVALE A., Vocaci\u00f3n com\u00fan y vocaci\u00f3n especifica, Atenas, Madrid 1984; GosRY L, Le mod\u00e9le en morale, Puf, Par\u00ed\u00ads 1982 GOEEI T., Carit\u00e1, esperienza de Spirito, Paoline, Roma 1978; HXRING B., ll sacro e il tiene: Rapporto Ira etica e religione, Morcelliana, Brescia 1968; ID, Llamada a la santidad, Herder 1985; In, La noviolencia, Herder, Barcelona 1988; In, La fe, fuente de salud, Paulinas 1986; MOLINARI P. Santo, en Nuevo diccionario de espiritualidad, Paulinas, Madrid 19914, 1700-1716; OTTO R., Lo santo, Alianza, Madrid 1980; PASSMOREJ., Der volkommene Mensch. Eine Idee im Wandel von drei Jahrtausenden, Reclam, Stutgart 1975; PROCICSCH O., hdgios, hagyosyne, en GLNT 1, 234-310; SILANES N., Perfecci\u00f3n, en Diccionario teol\u00f3gico de la vida consagrada, Claretianas, Madrid 1989, 1295-1310; THas G., Santidad cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19685.<\/p>\n<p>B. H\u00e4ring<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL SUMARIO I. Un discurso dif\u00ed\u00adcil. II. Alabanza de la iniciativa divina: 1. El \u00abethos sacro\u00bb; 2. El que santifica y los santificados por \u00e9l; 3. Para alabanza de Dios; 4. \u00abEthos\u00bb sagrado y \u00abethos\u00bb sancionado. III. Ser santificados y llamados: 1. La obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo; 2. El fruto del Esp\u00ed\u00adritu; 3. Adoraci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santificacion-y-perfeccion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSANTIFICACION Y PERFECCION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17287","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17287","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17287"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17287\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17287"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17287"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17287"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}