{"id":17292,"date":"2016-02-05T11:14:45","date_gmt":"2016-02-05T16:14:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tolerancia-y-pluralismo\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:45","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:45","slug":"tolerancia-y-pluralismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tolerancia-y-pluralismo\/","title":{"rendered":"TOLERANCIA Y PLURALISMO"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. La experiencia del pluralismo en el mundo actual.<br \/>\nII. Elementos y etapas del problema de la tolerancia y del pluralismo en el curso de los siglos.<br \/>\nIII. El pensamiento de la Iglesia en el siglo XIX yen la primera mitad del XX IV. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral:<br \/>\n1. Persona, verdad y tolerancia:<br \/>\n    a) La conciencia, dinamismo de la persona hacia la verdad y el bien,<br \/>\n    b) Verdad y bien, nunca agotables en su totalidad,<br \/>\n    c) Persona, misterio que no es posible juzgar nunca exhaustiva y definitivamente,<br \/>\n    d) Tolerancia y pluralismo exigidos por la verdad, no por el escepticismo;<br \/>\n2. Persona, comunidad y tolerancia:<br \/>\n    a) Cometido de la sociedad civil y del Estado,<br \/>\n    b) Cometido de la Iglesia y del magisterio,<br \/>\n    c) Relaci\u00f3n Iglesia-mundo en \u00abGaudium et spes`: modelo de la tolerancia y del pluralismo.<\/p>\n<p>I. La experiencia del pluralismo en el mundo actual<br \/>\nUna de las caracter\u00ed\u00adsticas del mundo actual es la vertiginosa aceleraci\u00f3n del proceso de acercamiento planetario de los hombres. Ello da origen a un dinamismo parad\u00f3jico. Por un lado, las personas tienen la experiencia de la cercan\u00ed\u00ada de otras personas que tienen un estilo de vida, una religi\u00f3n, un sistema social y pol\u00ed\u00adtico, un sistema moral, una visi\u00f3n del mundo sumamente diversos, a veces contradictorios, respecto a los propios o entre ellos. Por otro lado, tienen la experiencia del fraccionamiento de la homogeneidad cultural de las propias comunidades de vida y del alejamiento y diversificaci\u00f3n de los vecinos. El creyente cristiano encuentra a su lado al hermano o al hijo ateo o de religi\u00f3n oriental; el que es fiel a la l indisolubilidad del matrimonio convive con el hermano o compa\u00f1ero divorciado [l Divorcio civil]; la parturienta encuentra en la misma sala a la amiga que l aborta voluntariamente; el joven puede escuchar en el mismo d\u00ed\u00ada tres posiciones diversas sobre los mismos problemas vitales a tres profesores o en una mesa redonda de la televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Otra caracter\u00ed\u00adstica del mundo actual es el crecimiento en proporci\u00f3n geom\u00e9trica del saber cient\u00ed\u00adfico global de la humanidad y al mismo tiempo su fraccionamiento en sectores sumamente especializados y restringidos, de modo que el individuo particular es cada vez m\u00e1s consciente de su ignorancia y est\u00e1 cada vez m\u00e1s inseguro al pronunciarse sobre la realidad en su totalidad y en su sentido \u00faltimo.<\/p>\n<p>Otra caracter\u00ed\u00adstica decisiva del mundo actual es el venirse abajo, ante los avances de la tecnolog\u00ed\u00ada, confines considerados siempre irrebasables. Pi\u00e9nsese en la l ingenier\u00ed\u00ada gen\u00e9tica y en la inteligencia artificial o en los nuevos problemas \u00e9ticos que ocultan. Esto hace cuestionables posiciones antropol\u00f3gicas y \u00e9ticas dadas por resueltas por el sentir com\u00fan.<\/p>\n<p>En este contexto el problema de la tolerancia y del pluralismo se convierte en parte de la experiencia no s\u00f3lo de las elites, sino tambi\u00e9n de las masas. El problema se ha planteado mucho antes de hoy; pero hoy acucia con una urgencia particular y en t\u00e9rminos en cierto modo nuevos.<\/p>\n<p>II. Elementos y etapas del problema de la tolerancia y del pluralismo en el curso de los siglos<br \/>\nEn la historia, la cuesti\u00f3n del pluralismo y de la tolerancia ha coincidido generalmente con la cuesti\u00f3n de la libertad religiosa, es decir, de la relaci\u00f3n entre poder pol\u00ed\u00adtico y fe religiosa. Se plante\u00f3 ya en el siglo v a. C. a prop\u00f3sito de la filosof\u00ed\u00ada de los sofistas. En el 399 S\u00f3crates fue condenado a muerte bajo la acusaci\u00f3n de corromper con sus ense\u00f1anzas a la juventud y de introducir nuevos dioses, extra\u00f1os al culto tradicional. Plat\u00f3n (t 347) en Nomoi (X) exige la pena de muerte para los que niegan a Dios y no quieren corregirse, lo mismo que para los seguidores de cultos extra\u00f1os. Detr\u00e1s de estas posturas est\u00e1 la convicci\u00f3n -que ejercer\u00e1 un papel determinante en la historia- de que poner en peligro la unidad religiosa y cultural es poner en peligro la unidad que est\u00e1 en la base de la convivencia socio-pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Si el imperio romano toler\u00f3 un pluralismo religioso, lo hizo principalmente para que no se. fraccionara la unidad religiosa de los pueblos sometidos, de modo que se garantizara su tranquilidad y se los pudiera dominar pol\u00ed\u00adticamente con m\u00e1s facilidad, aunque esto se basaba tambi\u00e9n en una visi\u00f3n sincretista de la realidad. Sin embargo, el mismo imperio perseguir\u00e1 a los cristianos, porque, al no reconocer ellos al emperador como jefe de la religi\u00f3n y mucho menos como dios, introduc\u00ed\u00adan un dinamismo cultural que amenazaba la legitimaci\u00f3n del poder imperial y todo el sistema de referencia pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Son precisamente los cristianos perseguidos de los tres primeros siglos los que plantean de modo expl\u00ed\u00adcito la cuesti\u00f3n de la tolerancia y del pluralismo, sobre todo Justino (t165), Tertuliano (j&#8217; ca. 220) y Lactancio (j&#8217; ca. 320); tolerancia entendida como.respeto y libertad debidos por derecho a personas que no cometen delitos, que aceptan el Estado y le obedecen, que buscan el bien com\u00fan de la sociedad, pero que por convicci\u00f3n de conciencia se adhieren a una fe que no les permite identificar el poder pol\u00ed\u00adtico con el poder religioso. El edicto de Mil\u00e1n, promulgado por Constantino (313), ser\u00e1 la primera gran declaraci\u00f3n de tolerancia religiosa, que concede a los cristianos y a todos los dem\u00e1s la libertad de seguir su religi\u00f3n. El tono del documento es todav\u00ed\u00ada de concesi\u00f3n y est\u00e1 lejos del reconocimiento de un derecho debido y que la autoridad est\u00e1 obligada a respetar; pero el paso es grande.<\/p>\n<p>La mentalidad de la tolerancia y del pluralismo est\u00e1 lejos de adquirirse en la cultura de la \u00e9poca. Los cristianos, convertidos en responsables directos de la administraci\u00f3n del .Estado, aun reconociendo con san Agust\u00ed\u00adn que \u00abcredere non potest homo nisi volens\u00bb (In Joan., 26: PL 35, 1607), ante el surgir de las herej\u00ed\u00adas, ligadas por lo dem\u00e1s no rara vez a des\u00f3rdenes y violencias, y ante la presi\u00f3n todav\u00ed\u00ada del paganismo y de los jud\u00ed\u00ados, se convierten a su vez en intolerantes y en perseguidores. Se justifican remiti\u00e9ndose a las palabras del evangelio a prop\u00f3sito de los invitados reacios de la palabra del gran banquete: \u00abCompelle intrare\u00bb (Luc 14:23), y teorizan con el mismo Agust\u00ed\u00adn que hay una persecuci\u00f3n injusta y otra justa (Ep., 185: PL 33,797), dictada por el amor, pues ya se ha formulado el axioma: \u00abExtra ecclesiam nulla salus\u00bb. Se trata de una inversi\u00f3n de la situaci\u00f3n, en la que la tolerancia, reivindicada y obtenida para s\u00ed\u00ad, se convierte a su vez en intolerancia para con los dem\u00e1s; inversi\u00f3n que se realizar\u00e1 tr\u00e1gicamente con much\u00ed\u00adsima frecuencia a lo largo de la historia (cf J.-P. FAYE, Tolleranza\/Intolleranza, 292ss).<\/p>\n<p>Pero en el seno del cristianismo se alzar\u00e1n muchas voces contrarias a esta intolerancia llevada hasta la persecuci\u00f3n. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el desacuerdo de Mart\u00ed\u00adn de Tours, de Ambrosio y del papa Siricio a prop\u00f3sito de la muerte de Prisciliano (j&#8217; 385), acusado de herej\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En el medievo, simplificando una realidad muy compleja, el estrech\u00ed\u00adsimo lazo entre Iglesia e imperio har\u00e1 de hecho imposible la libertad religiosa del que no se adhiere al catolicismo. Frecuentemente los reyes paganos y sus pueblos se convierten al cristianismo bajo la amenaza de las armas. No obstante, incluso en este tiempo se alzar\u00e1n voces de primer\u00ed\u00adsimo plano entre la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica en defensa de la libertad de adhesi\u00f3n a la fe; por ejemplo, el IV concilio de Toledo, en el 633, contra la imposici\u00f3n forzada de la conversi\u00f3n a los jud\u00ed\u00ados (c. 57, MANSI 10,633); Alcuino (j&#8217; 804) contra los m\u00e9todos coactivos de Carlomagno (Ep., 113, MGH; Ep. Kar. Aevi 11, 164); el papa Nicol\u00e1s I (j&#8217; 867) contra las coacciones impuestas a los paganos por el rey de los b\u00falgaros Boris (DS 647).<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica se va teorizando una diversidad de actitud respectivamente hacia los paganos y los jud\u00ed\u00ados, por un lado, y los herejes, por otro, basada en el principio formulado luego por santo Tom\u00e1s en los t\u00e9rminos siguientes: \u00abAccipere fidem est voluntatis, sed tenere iam acceptam est necessitatis\u00bb (Aceptar la fe es un acto de libre elecci\u00f3n, pero mantener la fe aceptada es una necesidad: S. Th., II-II, q. 10, a. 8, ad 3). Por eso se acepta el principio de tolerancia con los paganos y los jud\u00ed\u00ados, contradicho en realidad por persecuciones y violencias en virtud de la restricci\u00f3n del principio enunciado, seg\u00fan el cual se puede usar la fuerza en contra de ellos para impedir que obstaculicen la fe, blasfemen, induzcan a otros a aceptar su doctrina o persigan a los cristianos (a. 8 en c.): pi\u00e9nsese en las cruzadas; no se admite, en cambio, frente a los herejes, que son juzgados dignos de muerte -pena que ha de ejecutar el brazo secular- porque la herej\u00ed\u00ada es culpa grave, que viola la verdad, la caridad y la patria alterando el orden social (cf SANTo TOM\u00ed\u0081S, IV Sent. 13, q. 2, a. 3; S.Th., II-1I, q. 11, a. 3). En realidad hay que recordar que algunos movimientos her\u00e9ticos y reformistas del medievo eran altamente subversivos y a menudo con instancias an\u00e1rquicas. En este contexto hist\u00f3rico-cultural nac\u00ed\u00ada la instituci\u00f3n de la inquisici\u00f3n, que, sin embargo, ten\u00ed\u00ada la intenci\u00f3n de regular jur\u00ed\u00addicamente el proceso, sustray\u00e9ndolo al arbitrio del linchamiento popular.<\/p>\n<p>Esta actitud absolutamente intolerante con el hereje durar\u00e1 mucho m\u00e1s all\u00e1 del medievo e incluso despu\u00e9s de la reforma protestante, y ser\u00e1 aceptada por los luteranos, por los calvinistas y por los anglicanos. Lutero, que inicialmente proclam\u00f3 que \u00abes contra la voluntad del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se queme a los herejes\u00bb -es una de sus 95 tesis de 1517-,terminar\u00e1 exigiendo castigos grav\u00ed\u00adsimos contra los jud\u00ed\u00ados y las brujas, y pedir\u00e1 sin piedad a los pr\u00ed\u00adncipes que exterminen a los campesinos que se rebelaron siguiendo a Th. M\u00fcnzer.<\/p>\n<p>No obstante, desde el siglo xii al xvii se alzaron muchas voces, por motivos y desde posiciones muy diversos, pidiendo tolerancia religiosa. Ya Abelardo (j&#8217; 1142) hab\u00ed\u00ada examinado uno de los puntos b\u00e1sicos de la cuesti\u00f3n: la no culpabilidad de la persona que sigue con rectitud su conciencia, aunque err\u00f3nea. Habr\u00e1 que recordar entre otros, los nombres siguientes: Marsilio de Padua (j&#8217; 1343), G. Ockham (j&#8217; 1349?), L. Valla (j&#8217; 1457), Nicol\u00e1s Cusano (t 1464), Marsilio de Ficino (j&#8217; 1499), Pico Bella Mirandola (j&#8217; 1494), Tom\u00e1s Moro (f 1535), Erasmo de Rotterdam (fi 1536), J. Bodin (fi 1529), Sebasti\u00e1n Franck (j&#8217; 1543?), Martin Butzer (j&#8217; 1551), Melancton (j&#8217; 1560), Giacomo Aconcio (j&#8217; 1567), Michel de Montaigne (j&#8217; 1592), Giordano Bruno (j&#8217; 1600), F. Bacon (j&#8217; 1626), H. Grocio (fi 1645), B. Spinoza (j&#8217; 1677), el poeta J. Milton (t 1674), Roger Williams (j&#8217; 1683), J. Toland (j&#8217; 1722). Habr\u00ed\u00ada que recordar como pasos importantes en el camino hacia la tolerancia y el pluralismo, pero con r\u00e9moras muy grandes y hasta con indicaciones precisas contrarias, el edicto de Nantes (1598) y la paz de Westfalia (1648).<\/p>\n<p>Una aportaci\u00f3n decisiva para la concepci\u00f3n moderna de la tolerancia vino de J. Locke (Carta sobre la tolerancia, 1689), que la funda en la separaci\u00f3n de los cometidos del Estado y los de la Iglesia. El Estado debe conservar y promover \u00fanicamente los bienes civiles, a saber: la vida la libertad, el bienestar corporal, los bienes externos; no debe entrar en la cuesti\u00f3n de la salvaci\u00f3n eterna y en el cuidado de las almas. Por su parte, la Iglesia debe ocuparse del servicio de Dios y del bien de las almas y, a su vez, no debe forzarla conciencia de las personas con un poder coercitivo. Lo \u00fanico que no se puede tolerar es poner en peligro al Estado mismo que garantiza la tolerancia. Sin embargo, el mismo Locke -y ello indica la dificultad existencial y te\u00f3rica de toda la cuesti\u00f3n, tal como se plante\u00f3 y se plantea trabajosamente en la historia- excluye la tolerancia con los cat\u00f3licos, ya que dependen del papa, que es soberano extranjero, y con los ateos, porque carecen de la base moral para la fidelidad al Estado.<\/p>\n<p>Con Locke nos encontramos ya en v\u00ed\u00adsperas de los siglos xviil y xix. Ser\u00e1 en estos dos siglos cuando se difunda en la cultura occidental la idea de la tolerancia. Asistimos a la proclamaci\u00f3n de la libertad de conciencia como uno de los derechos fundamentales del hombre en Am\u00e9rica del Norte, primero en las constituciones de los varios Estados y luego definitivamente en la constituci\u00f3n de la federaci\u00f3n de USA en 1781. En Europa la idea de la tolerancia se difundir\u00e1 gracias al iluminismo y al liberalismo. Hay que recordar por su gran influjo hist\u00f3rico a los franceses de 1700, inspiradores y autores de la Enciclopedia, en particular Condillac, Lamettrie, Cabanis, Bayle y, de modo particular\u00ed\u00adsimo, Voltaire, con su Tratado sobre la tolerancia (1763). Durante todo el siglo xvm se va difundiendo un movimiento de sensibilidad y de ideas que llevar\u00e1 a la asamblea constituyente francesa, durante la revoluci\u00f3n, en 1789, a proclamar la libertad de conciencia como uno de los derechos del hombre. Por desgracia, una vez m\u00e1s, en la misma revoluci\u00f3n francesa se verificar\u00e1 la tr\u00e1gica inversi\u00f3n con la que la anhelada y conquistada tolerancia se transformar\u00e1 en despiadada intolerancia con los dem\u00e1s, hasta el terror.<\/p>\n<p>Mas con estos acontecimientos puede decirse que la idea -lamentablemente, no la pr\u00e1ctica relativade la tolerancia, en el sentido de aceptaci\u00f3n del pluralismo religioso y de opini\u00f3n y de la democracia, dio al fin su paso decisivo.<\/p>\n<p>III. El pensamiento de la Iglesia en el siglo XIX y en la primera mitad del XX<br \/>\n\u00bfCu\u00e1les son las motivaciones de la tolerancia y del pluralismo aducidas en el curso de los siglos por los autores indicados? Podr\u00ed\u00adamos decir que hasta el siglo XVIII son preferentemente motivaciones nacidas de dentro mismo de la religi\u00f3n cristiana y en su mismo nombre: la exigencia esencial de la fe de ser adhesi\u00f3n libre de la voluntad; la caridad y la mansedumbre predicadas por el evangelio; la no culpabilidad de la persona coherente con su conciencia, aunque \u00e9sta sea err\u00f3nea; el hecho de que el pluralismo y la tolerancia son un mal menor respecto al de la represi\u00f3n; la exigencia de concordia dentro de la naci\u00f3n y entre las naciones.<\/p>\n<p>Pero ya con el humanismo, y luego de modo sistem\u00e1tico con el iluminismo, se introducen motivaciones diversas. Nacen \u00e9stas de un proceso de relativizaci\u00f3n de la fe y de muchos de sus dogmas, acentuando, en cambio, la funci\u00f3n de la raz\u00f3n: se mira a que cesen las oposiciones basadas justamente en los dogmas y se busca reducirlos a un peque\u00f1o n\u00famero de verdades comunes perceptibles racionalmente. Esta tendencia se va acentuando cada vez m\u00e1s, desembocando en los siglos xvili y xix, por parte de la mayor\u00ed\u00ada de los defensores de la libertad de pensamiento, en el naturalismo, en el racionalismo, en el indiferentismo religioso y en un anticlericalismo radical.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica en el siglo xix y en la primera mitad del xx s\u00f3lo puede comprenderse a la luz de este contexto. Gregorio XVI ve en la libertad de conciencia y de opini\u00f3n un \u00abdelirio\u00bb nacido de la \u00abfuente envenenada del indiferentismo\u00bb (Mirar\u00c2\u00a1 vos, 1832: ASS 4,341). P\u00ed\u00ado IX la proclama \u00ablibertad de perdici\u00f3n\u00bb (Quanta cura, 1864: ASS 3,162), expresi\u00f3n usada por san Agust\u00ed\u00adn respecto a los herejes donatistas; y en el Sfllabus anexo, el papa condena el reconocimiento por parte del Estado de la libertad de culto y de opini\u00f3n, porque la ve indisolublemente ligada a la propagaci\u00f3n de la \u00abpeste del indiferentismo\u00bb (ASS 3,176). Le\u00f3n XIII, en la Inmortale Dei (1885), expone de modo claro el punto central de la preocupaci\u00f3n de la Iglesia, punto delicado y dif\u00ed\u00adcil de toda cuesti\u00f3n de la tolerancia y del pluralismo, punto debatido durante siglos: la relaci\u00f3n entre verdad y libertad. Dice el papa: \u00abLa libertad&#8230; debe tener por sujeto el bien y la verdad; y la naturaleza de la verdad y del bien no var\u00ed\u00ada al capricho del hombre, sino que permanece siempre la misma y no es menos inmutable que la esencia de las cosas. La inteligencia cuando se acoge al error, la voluntad cuando se pliega y adhiere al mal no tienden a su perfeccionamiento, sino que pierden su valor y se corrompen ambas. El mal, pues, y el error no pueden tener derecho a ser aireados y propagados, y mucho menos a ser favorecidos y protegidos por las leyes\u00bb (ASS 18,17).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la idea de la separaci\u00f3n entre Iglesia y Estado es mirada con recelo, justamente porque, como indica tambi\u00e9n Le\u00f3n XIII, cuando se fomenta por aquel tiempo tal idea, \u00abordinariamente se quiere o desentenderse del todo de la Iglesia o tenerla absolutamente sujeta al Estado\u00bb (ib, ASS 18,171). Estas ideas las sostiene tambi\u00e9n Le\u00f3n XIII en la enc\u00ed\u00adclica Libertas (1888). Sin embargo, aqu\u00ed\u00ad admite, \u00abpara evitar un mal mayor y conseguir y conservar un mayor bien\u00bb y \u00aben orden al bien com\u00fan\u00bb, una forma de tolerancia restringida a cosas \u00abno conformes a la verdad y la justicia\u00bb (ASS 20,609). Niega que la libertad ilimitada de pensamiento, de prensa, de ense\u00f1anza y de culto sea un derecho natural del hombre, y admite, en cambio, que \u00abestas libertades se pueden tolerar, es cierto, cuando lo exigen causas justas, pero dentro de ciertos l\u00ed\u00admites, a fin de que no degeneren en excesos\u00bb (ib, ASS 20,612). La posici\u00f3n de Le\u00f3n XIII tiene como fondo la teor\u00ed\u00ada de la tesis y de la hip\u00f3tesis, ampliamente difundid&#8217; en los ambientes cat\u00f3licos. Seg\u00fan ella, el ideal es una sociedad no pluralista, sino uniformemente cat\u00f3lica, que por lo tanto tenga como religi\u00f3n de Estado la religi\u00f3n cat\u00f3lica, con la exclusi\u00f3n de las otras (tesis). Mas por realismo, a fin de evitar un mal mayor, se pueden tolerar, en una situaci\u00f3n hist\u00f3rica de hecho pluralista, otras creencias religiosas y otras opiniones (hip\u00f3tesis).<\/p>\n<p>El razonamiento as\u00ed\u00ad enfocado es muy serio; pero no avanzar\u00e1 hacia una soluci\u00f3n mientras no comience a madurar una visi\u00f3n de la relaci\u00f3n verdad-libertad centrada en la atenci\u00f3n a la persona, que hist\u00f3ricamente busca la verdad, m\u00e1s que exclusivamente en la verdad objetiva. Con P\u00ed\u00ado XI y P\u00ed\u00ado XII, aunque todav\u00ed\u00ada entre r\u00e9moras e indicaciones contrarias, comenzar\u00e1 a darse alg\u00fan paso en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 Juan XXIII, en la Pacem in terris (1963), el que proclame claramente la libertad religiosa y de opini\u00f3n como uno de los derechos fundamentales del hombre: \u00abCada uno tiene derecho a honrar a Dios seg\u00fan el dictamen de la recta raz\u00f3n, y por tanto el derecho al culto de Dios privado y p\u00fablico\u00bb (n. 14). Proclamar\u00e1 que toda \u00abacci\u00f3n dirigida a reprimir y a sofocar el flujo vital de las minor\u00ed\u00adas es grave violaci\u00f3n de la justicia; y lo es tanto m\u00e1s cuando se ejerce para hacerlas desaparecer\u00bb. Proclamar\u00e1 que \u00abno se deber\u00e1 confundir jam\u00e1s el error con el que yerra, aunque se trate de error o de conocimiento inadecuado de la verdad, en el campo moral y religioso\u00bb; y ello no simplemente por tolerancia negativa de un mal menor, sino por motivos antropol\u00f3gicos y cristianos precisos, porque \u00abel que yerra es siempre y ante todo un ser humano y conserva en cualquier caso su dignidad de persona, y ha.de ser considerado y tratado siempre como conviene a tan alta dignidad. Adem\u00e1s en ning\u00fan ser humano se extingue jam\u00e1s la exigencia, cong\u00e9nita a su naturaleza, de romper los esquemas del error para abrirse al conocimiento de la verdad. Y la acci\u00f3n de Dios en \u00e9l no falta nunca (\u00abAAS\u00bb [1963] 299).<\/p>\n<p>Con esta posici\u00f3n se ha dado ya un salto decisivo en la posici\u00f3n de la Iglesia en la cuesti\u00f3n de la tolerancia y del pluralismo. Est\u00e1n los elementos de la exposici\u00f3n que har\u00e1 el concilio Vat. II. Ahora podemos presentar los t\u00e9rminos de la reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica, teol\u00f3gico-moral, refiri\u00e9ndonos justamente en particular al Vat. II.<\/p>\n<p>IV. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral<br \/>\nYa s\u00f3lo por las referencias hist\u00f3ricas dadas aqu\u00ed\u00ad, es evidente que la cuesti\u00f3n de la tolerancia y del pluralismo est\u00e1 inseparablemente ligada a la doble relaci\u00f3n de la persona con la verdad y con la comunidad. Afrontarla desde el punto de vista teol\u00f3gico-moral significa preguntar si la tolerancia y el pluralismo son compatibles con las obligaciones fundamentales del hombre hacia la verdad, en particular hacia la fe religiosa, y con las obligaciones fundamentales para con la comunidad civil y pol\u00ed\u00adtica y con la Iglesia.<\/p>\n<p>1. PERSONA, VERDAD Y TOLERANCIA. \u00bfC\u00f3mo son posibles la tolerancia y el pluralismo si se admite que hay una verdad objetiva? La \u00fanica posibilidad parece ofrecerla el escepticismo. Por las referencias hist\u00f3ricas hemos visto las dificultades que ha encontrado a lo largo de los siglos una respuesta satisfactoria. Hoy, sin embargo, mediante la aportaci\u00f3n del largo camino hist\u00f3rico, parece que existen los elementos para comprender que la respuesta hay que buscarla centrando la atenci\u00f3n en el dinamismo concreto con que la persona camina hacia la verdad en el contexto hist\u00f3rico de&#8217;Ja comunidad de los dem\u00e1s hombres. Y si la Iglesia ha cambiado profundamente su posici\u00f3n sobre este tema en los \u00faltimos decenios, es porque lentamente ha tomado conciencia con claridad de esto.<\/p>\n<p>a) La conciencia, dinamismo de la persona hacia la verdad y el bien. La persona no puede captar la realidad, es decir, alcanzar la verdad, m\u00e1s que con un juicio personal que brota de una intuici\u00f3n y de un asentimiento interiores de la propia inteligencia, juicio que ninguna coacci\u00f3n exterior puede nunca producir. Del mismo modo la persona no puede decidirse por una acci\u00f3n como bien si no es con una decisi\u00f3n personal que brota exclusiva e insustituiblemente del \u00e1mbito insondable de la propia libertad. La fuente de este doble dinamismo intelectivo y volitivo es la conciencia de la persona, es decir, la ra\u00ed\u00adz misma de su subjetividad, all\u00ed\u00ad donde la totalidad de su personalidad irrepetible es fontalmente n\u00facleo \u00fanico, indivisible, din\u00e1mico y espont\u00e1neo de todas sus potencialidades y dimensiones, estructuralmente vuelto hacia la totalidad del ser y del bien. Toda afirmaci\u00f3n verbal de verdad o acci\u00f3n exterior de la persona que no nazca de este dinamismo, en realidad no es de la persona. Si se le impusiera, ser\u00ed\u00ada una violencia que ataca al n\u00facleo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de la misma, y por tanto a la intimidad de su dignidad, aunque se tratase de verdad y de bien objetivos.<\/p>\n<p>Pero el juicio de verdad y la decisi\u00f3n de bien brotados insustituiblemente de la conciencia de la persona no nacen del vac\u00ed\u00ado. Nacen del proceso hist\u00f3rico de experiencia que la persona hace de las cosas del mundo y del continuo proceso de confrontaci\u00f3n con las afirmaciones intelectuales y con los comportamientos morales de los dem\u00e1s hombres de la comunidad. Solamente este proceso experiencial y dialogal puede poner en acci\u00f3n e1 dinamismo aut\u00f3nomo de la conciencia.<\/p>\n<p>b) Verdad y bien, nunca agotables en su totalidad. A trav\u00e9s del dinamismo que se acaba de ilustrar, el hombre es capaz de captar, y capta de hecho, la realidad en sus m\u00faltiples elementos de modo objetivo y definitivo, o sea sustancialmente inalterable. Sin embargo, en el proceso de conocimiento la conciencia est\u00e1 expuesta a la falibilidad. Ante la complejidad, la profundidad y la totalidad de la realidad, el hombre est\u00e1 siempre colocado en el l\u00ed\u00admite existencial, espacial y temporal de la historicidad. Incluso est\u00e1 expuesto al rechazo culpable de la verdad y del bien a causa de su condici\u00f3n pecaminosa. No obstante, su dinamismo, hecho constitutivamente para la verdad y para el bien objetivos, permanece indestructible; por eso inevitablemente alcanza elementos de verdad y de bien objetivos, m\u00e1s o menos numerosos e intensos, y conserva la capacidad de ir m\u00e1s all\u00e1, de corregirse a trav\u00e9s del camino hist\u00f3rico personal, dentro del camino de la comunidad y de su cultura. As\u00ed\u00ad la verdad y el bien son captados por el hombre, pero ni \u00e9l ni su lenguaje pueden agotarlos totalmente. Por eso est\u00e1 incesantemente en camino hacia la perfecci\u00f3n de la verdad y del bien.<\/p>\n<p>Esto vale tambi\u00e9n para la verdad religiosa, y en particular para la comprensi\u00f3n conceptual de la fe cristiana. Con la fe en Jesucristo el hombre en el acto de creer se adhiere intencionalmente a Dios mismo y a cuanto le ha revelado, y por tanto a la totalidad de la verdad. Pero la comprensi\u00f3n y la expresi\u00f3n conceptual de tal objeto es siempre limitada y \u00abcomo en un espejo, en imagen\u00bb (1Co 13:12). Pues el t\u00e9rmino de la fe, por serlo Dios mismo, es trascendente al mundo y a la historia, por lo que el intelecto y el lenguaje humanos, ligados al mundo y a la historia, no pueden nunca comprenderlos exhaustivamente. Si bien los conceptos humanos con que la Iglesia expresa a trav\u00e9s de los dogmas la fe en Dios son \u00abadecuadamente verdaderos\u00bb (P\u00ed\u00ado XII, Humani generis) -es decir, tienen un valor cognoscit\u00ed\u00advo objetivo y definitivo, en el sentido de que expresan realmente la verdad, que no cambiar\u00e1-, sin embargo no son exhaustivos de la verdad, ni son necesariamente el \u00fanico modo de expresarla (cf E. SCHILLEBEECKX, Conoscenza della verith&#8230;, 109ss; Y. CONGAR, Diversit\u00e1 e comuniohe, 62ss). Dice la Comisi\u00f3n teol\u00f3gica internacional: \u00abLa unidad y la pluralidad en la expresi\u00f3n de la fe tienen su fundamento \u00faltimo en el misterio mismo de Cristo, que, aun siendo misterio de recapitulaci\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n universal (cf Efe 2:11-12), sobrepasa las posibilidades de expresi\u00f3n de cualquier \u00e9poca de la historia, sustray\u00e9ndose as\u00ed\u00ad a cualquier sistematizaci\u00f3n exhaustiva (cf Efe 3:8-10)\u00bb(L \u00fanit\u00e1 della fede e il pluralismo teologico, 15).<\/p>\n<p>Que la verdad en su totalidad va siempre por delante respecto a la comprensi\u00f3n del hombre, se subraya particularmente en el cristianismo con la afirmaci\u00f3n de que la total revelaci\u00f3n de Cristo Se\u00f1or tendr\u00e1 lugar al fin del mundo, por lo que la Iglesia es siempre pueblo que peregrina hacia aquella plenitud.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, adherirse a la verdad de Dios, revelada en Cristo, es siempre don gratuito suyo, si bien exige la activa obra de la inteligencia y de la libertad de la persona. As\u00ed\u00ad pues, en el proceso cognoscitivo hacia Dios por parte de la persona hay siempre una dimensi\u00f3n que no puede reducirse totalmente a las simples categor\u00ed\u00adas humanas.<\/p>\n<p>c) Persona, misterio que no es posible juzgar nunca exhaustiva y definitivamente. Por lo que hemos dicho en los p\u00e1rrafos precedentes, se ve que la persona es sujeto que trasciende los objetos del mundo y que est\u00e1 puesta en misteriosa relaci\u00f3n con Dios mismo, y por tanto involucrada en su misterio, hecha realmente a imagen y semejanza suya (G\u00e9n 1:26); por eso no es nunca objetivable con conocimiento cient\u00ed\u00adfico. Por eso tambi\u00e9n, en lo que respecta a su relaci\u00f3n con la verdad y el bien, existe siempre una dimensi\u00f3n de impenetrabilidad desde fuera, y en ciertos aspectos por parte de la persona misma: un espacio reservado \u00fanicamente a Dios. Aqu\u00ed\u00ad se aplican el \u00abno juzgu\u00e9is\u00bb (Mat 7:1) y la par\u00e1bola evang\u00e9lica de la ciza\u00f1a (Mat 13:24ss), igual que la afirmaci\u00f3n de san Pablo: \u00abAs\u00ed\u00ad pues, no juzgu\u00e9is antes de tiempo, hasta que venga el Se\u00f1or\u00bb (1Co 4:5). Ser imagen de Dios es indeleble en la persona. Esta es siempre positivamente portadora de signos de la verdad de Dios y es amada por \u00e9l m\u00e1s all\u00e1 de sus errores y de sus pecados. Por eso en la teolog\u00ed\u00ada juanista en particular el conocimiento de la verdad de Dios pasa inseparablemente a trav\u00e9s del amor al hombre; Juan afirma: \u00abEl que afirma que est\u00e1 en la luz y odia a su hermano est\u00e1 a\u00fan en las tinieblas\u00bb (Un 2,9). Por eso el que acoge a la persona en su pobreza encuentra a Dios misteriosamente (Mat 25:31ss). La b\u00fasqueda de la totalidad de la verdad y del bien no se puede realizar hasta el fondo m\u00e1s a trav\u00e9s de un proceso conceptual y cient\u00ed\u00adfico; debe pasar necesariamente tambi\u00e9n a trav\u00e9s del amor de las personas, porque en definitiva acoger la verdad es acoger a Dios mismo, ser personal.<\/p>\n<p>d) Tolerancia y pluralismo exigidos par la verdad, no por el escepticismo. De cuanto hemos dicho se desprende que tolerancia y pluralismo no se fundan en el escepticismo o en el relativismo universales. Es m\u00e1s, en esta hip\u00f3tesis no habr\u00ed\u00ada fundamento para la tolerancia y no quedar\u00ed\u00ada en la comunidad humana ning\u00fan punto de referencia \u00faltimo fuera de la imposici\u00f3n de la voluntad del m\u00e1s fuerte. Precisamente la tolerancia se resolver\u00ed\u00ada en el absolutismo de la violencia. En cambio, la tolerancia y el pluralismo se fundan en el dinamismo de la conciencia en cuanto vuelto insuprimiblemente a la totalidad de la verdad y del bien. De esto le viene al hombre el conocimiento del deber, por fidelidad a la verdad ya alcanzada, de ir siempre m\u00e1s all\u00e1, para conseguir un mayor conocimiento suyo, que jam\u00e1s puede agotarse; el conocimiento de que la relaci\u00f3n entre la verdad y cada hombre particular presenta aspectos que no pueden ser jam\u00e1s del todo objetivables desde fuera, porque es tambi\u00e9n campo de los caminos misteriosos de Dios; el conocimiento de la inviolable dignidad de la persona m\u00e1s all\u00e1 de sus errores y de sus pecados; el conocimiento de que la totalidad de la verdad no se puede alcanzar con la sola ciencia raciocinante y objetivadora, sino que exige tambi\u00e9n la actitud de acogida de las personas, porque al final la verdad es persona, Dios.<\/p>\n<p>Todo esto funda una tolerancia que no es simplemente soportar negativamente, resignaci\u00f3n al pluralismo como a un mal menor, sino una tolerancia como respeto y estima positiva y cordial del otro; como aceptaci\u00f3n amorosa de su persona, como atenci\u00f3n real a sus posiciones en cuanto posibles portadoras de instancias que pueden hacer avanzar a los dos hacia la totalidad de la verdad; como di\u00e1logo realmente paritario, aunque sin f\u00e1ciles irenismos, con absoluta fidelidad a lo que cada uno entiende realmente como verdad en su conciencia, con el valor de manifestar la propia disconformidad con el otro.<\/p>\n<p>2. PERSONA, COMUNIDAD Y TOLERANCIA. Es hora de afrontar el segundo aspecto de la cuesti\u00f3n: la relaci\u00f3n entre la persona y la comunidad.<\/p>\n<p>a) Cometido de la sociedad civil y del Estado. Aclarado el derecho de la persona a la libertad interior de pensamiento, queda la pregunta: \u00bfTiene derecho la conciencia objetivamente err\u00f3nea, o incluso \u00e9ticamente culpable, a expresarse y a obrar exteriormente en la comunidad? Por las referencias hist\u00f3ricas expuestas l arriba, I-III, sabemos los laboriosos que han sido los intentos de dar respuesta, y que una de las posiciones fundamentales ha sido \u00e9sta: s\u00f3lo la verdad y el bien objetivos tienen derechos, el error y el pecado no; a lo sumo, se los puede tolerar negativamente por la comunidad para evitar un mal mayor.<\/p>\n<p>Como se ha indicado [l supra, III], hoy en el pensamiento de la Iglesia la cuesti\u00f3n se plantea diversamente. El Vat. II hace esta afirmaci\u00f3n: \u00abPor consiguiente, el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposici\u00f3n subjetiva de la persona, interpretamos: en el hecho de que obre con rectitud moral o no, sino en su misma naturaleza. Por lo cual el derecho a esta inmunidad de coacci\u00f3n externa permanece tambi\u00e9n en aquellos que no cumplen la obligaci\u00f3n de buscar la verdad y de adherirse a ella; y su ejercicio no puede ser impedido con tal de que se guarde el justo orden p\u00fablico\u00bb (1311 2). Aqu\u00ed\u00ad el concilio habla de la libertad religiosa, pero creemos que hay en su discurso un planteamiento que vale para la cuesti\u00f3n de la tolerancia y del pluralismo en general.<\/p>\n<p>Se distingue la obligaci\u00f3n moral de adherirse a la verdad -sobre esto no se discute-, del derecho a no ser coaccionados por las autoridades de la comunidad civil a cumplir tal obligaci\u00f3n. Adem\u00e1s, el problema no se plantea en t\u00e9rminos de derecho o no del error y de la culpa moral a ser expresados exteriormente, sino en t\u00e9rminos de derecho o no de la persona en cuanto tal a expresarse exteriormente incluso cuando yerra. Se responde que el \u00fanico criterio y motivo por el que la autoridad de la comunidad civil puede limitarla expresi\u00f3n exterior, prescindiendo de un juicio sobre la rectitud moral interior y de la cuesti\u00f3n de la verdad objetiva o no es \u00abel justo orden p\u00fablico\u00bb.<\/p>\n<p>En este planteamiento la cuesti\u00f3n de la tolerancia por parte de la comunidad civil y del Estado ante el obrar de la persona ha de centrarse en las preguntas siguientes: \u00bfTienen la sociedad civil y el Estado competencia para juzgar si la conciencia de la persona es err\u00f3nea o no? \u00bfQu\u00e9 criterios y normas deber\u00ed\u00adan guiar a la autoridad civil en la limitaci\u00f3n de la expresi\u00f3n y de la acci\u00f3n? El p\u00e1rrafo citado aduce como criterio \u00abel justo orden p\u00fablico\u00bb. Para comprender mejor, debemos distinguir cuatro realidades que est\u00e1n en juego: sociedad civil, Estado, bien com\u00fan, orden p\u00fablico. El bien com\u00fan se define en el mismo documento del Vat. II sobre la libertad religiosa como \u00abla suma de aquellas condiciones de la vida social mediante las cuales los hombres pueden conseguir con mayor plenitud y facilidad su propia perfecci\u00f3n, (y) consiste primordialmente en el respeto de los derechos y deberes de la persona humana\u00bb (DH 6). As\u00ed\u00ad concebido, el bien com\u00fan es esencialmente una realidad \u00e9tica, que obliga interiormente a todos a realizarla exteriormente. Es cometido \u00e9tico de la sociedad civil entera en conjunto, de todos sus miembros y de todas sus instituciones, seg\u00fan los principios de subsidiariedad y justicia (J. COURTNEY MURRAY, La libert\u00f3 religiosa&#8230;, 183). Todos han de mirar a la verdad y al bien objetivos de. la comunidad. La represi\u00f3n de las opiniones y acciones consideradas err\u00f3neas no puede realizarse m\u00e1s que con la confrontaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de los varios elementos de la sociedad; confrontaci\u00f3n a veces conflictiva, pero s\u00f3lo y siempre en el \u00e1mbito del juego cultural, democr\u00e1tico, sin coacci\u00f3n exterior por parte de cualquier grupo.<\/p>\n<p>No obstante, en este contexto se sit\u00faa el cometido particular del Estado, entendido como la autoridad civil y los organismos jur\u00ed\u00addicos y pol\u00ed\u00adticos de la comunidad con poder coercitivo. El tiene la funci\u00f3n de tutelar los derechos y de hacer cumplir los deberes que est\u00e1n expresados fundamentalmente en la constituci\u00f3n, la cual condensa el patrimonio \u00e9ticojur\u00ed\u00addico com\u00fanmente estimado como propio de la comunidad. En particular, debe garantizar el orden p\u00fablico, que tiene un \u00e1mbito m\u00e1s restringido que el bien com\u00fan, pero que constituye su condici\u00f3n sine qua non de posibilidad. El orden p\u00fablico puede reducirse a tres elementos: la paz p\u00fablica; la p\u00fablica moralidad, tal como es determinada por las normas com\u00fanmente admitidas por el pueblo; la justicia, que asegura a los ciudadanos lo que les es debido (J. CouRTNEY MURRAY, 183). El p\u00e1rrafo del Vat. II antes citado habla de orden p\u00fablico \u00abjusto\u00bb. Este, pues, ha de reflejar lo m\u00e1s posible en sus formulaciones jur\u00ed\u00addicas la verdad y el bien objetivos; pero esto se verificar\u00e1 en la medida en que la comunidad entera en su camino cultural de confrontaci\u00f3n pluralista consiga expresar en el derecho los valores morales verdaderos. As\u00ed\u00ad pues, el Estado deber\u00e1 impedir y castigar, sin transigir, todas aquellas expresiones exteriores que vayan contra el orden p\u00fablico, sin juzgar la conciencia y las ideas de las personas. No le ser\u00e1 siempre muy f\u00e1cil al legislador y a las autoridades establecer los confines precisos del orden p\u00fablico y si ciertas expresiones de los ciudadanos o de grupos lo lesionan. Ciertamente una tolerancia indiscriminada por parte del Estado har\u00ed\u00ada en realidad el juego a los grupos m\u00e1s poderosos y conservadores, que en la dial\u00e9ctica de la vida social tienen medios para imponerse (cf R.P. WOLFF, etc., Critica della tolleranza). En cambio, tiene mucha importancia que.el Estado garantice la expresi\u00f3n a las minor\u00ed\u00adas prof\u00e9ticas (cf J. MARITAIN, L \u00faomo e lo stato), aunque planteen muchos problemas no f\u00e1ciles de resolver. Ellas impugnan el sistema socio-pol\u00ed\u00adtico existente, pero al mismo tiempo pueden ser portadoras, precisamente con ello, de nuevas instancias hacia una verdad y un bien com\u00fan plenos.<\/p>\n<p>b) Cometido de la Iglesia y del magisterio. El discurso de la tolerancia y del pluralismo referido a la Iglesia y al magisterio es muy distinto del discurso referido a la sociedad civil y al Estado. En efecto, la Iglesia es una comunidad de pensamiento y de convicciones (cf K. RAHNER, Para la tolerancia en la Iglesia, 9ss) que generalmente tiene una visi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la realidad y una propuesta espec\u00ed\u00adfica de vida basadas en la fe y que obligan en conciencia. Por eso la adhesi\u00f3n a ella es mediante un acto libre precisamente y en cuanto se comparten sus convicciones. As\u00ed\u00ad pues, en ella la tolerancia y el pluralismo de las opiniones y de los comportamientos no podr\u00e1n nunca llegar hasta atacar la sustancia de la visi\u00f3n del mundo y de la propuesta de vida propias de la fe. Hay en la naturaleza de la Iglesia un elemento trascendente, divino, que la diferencia cualitativamente de las simples comunidades civiles. Ella tiene constitucionalmente la misi\u00f3n de conducir al hombre a la verdad y el bien absolutos, que es Jesucristo, Dios; a \u00e9l est\u00e1 ya indisolublemente unida, pero a\u00fan no cabalmente. Su misi\u00f3n se realiza a trav\u00e9s del espacio y del tiempo de la historia, cuya realidad provisional y limitada asume totalmente; pero a la vez se realiza por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que trasciende las categor\u00ed\u00adas de la historia. La Iglesia lleva, pues, en s\u00ed\u00ad la unidad parad\u00f3jica de historicidad y de absoluto. Todo esto tiene importancia decisiva para el discurso sobre la tolerancia y el pluralismo en la Iglesia.<\/p>\n<p>En otros tiempos prevaleci\u00f3 en la Iglesia subrayar la dimensi\u00f3n de lo absoluto, dejando en la sombra la dimensi\u00f3n de la historicidad. En el Vat. II la conciencia de esta segunda dimensi\u00f3n, en perenne tensi\u00f3n din\u00e1mica con la primera, es subrayada fuertemente.<\/p>\n<p>Una de las causas del redescubrimiento de esta dimensi\u00f3n fue la profundizaci\u00f3n en los decenios precedentes del estudio de la Biblia, con la consiguiente comprobaci\u00f3n de la funci\u00f3n de la historicidad en la revelaci\u00f3n de Dios a los hombres. La revelaci\u00f3n \u00fanica del Dios \u00fanico se ha hecho a trav\u00e9s de lenguajes y modos diversos, seg\u00fan las culturas y las \u00e9pocas.<\/p>\n<p>La Iglesia del Vat. II, mirando su propia historia, reconoce que \u00abse ha servido de las diferentes culturas\u00bb para difundir el mismo mensaje (GS 58). Reconoce que \u00abuna cosa es el dep\u00f3sito mismo de la fe, o sea, sus verdades, y otra cosa es el modo de formularlas, conservando el mismo contenido\u00bb (GS 62); reconoce la legitimidad de los diversos caminos por los que la Iglesia de Oriente se ha adherido a la misma fe de la Iglesia de Occidente, no s\u00f3lo con una liturgia, espiritualidad y disciplina diversas, sino tambi\u00e9n con \u00abdiversas f\u00f3rmulas teol\u00f3gicas\u00bb (UR 17).<\/p>\n<p>Hoy el pluralismo teol\u00f3gico en la Iglesia parece ser un problema mucho m\u00e1s complejo que en el pasado, porque la Iglesia debe pensar y presentar la fe en lenguajes, filosof\u00ed\u00adas y visiones del mundo radicalmente diversos y lejanos entre s\u00ed\u00ad. No obstante ese pluralismo es insuprimible y obligado en la Iglesia, ya que forma parte de la dimensi\u00f3n de su historicidad. Pero \u00bfcu\u00e1l ha de ser su l\u00ed\u00admite y su caracter\u00ed\u00adstica? Tiene sentido en la medida en que realmente expresa la \u00fanica fe y edifica el \u00fanico cuerpo de Cristo, la Iglesia, que el Esp\u00ed\u00adritu anima con m\u00faltiples carismas (ICor 12-14). La oraci\u00f3n de Jes\u00fas por la unidad es un deber ineludible (Jua 17:15ss), y comprende la b\u00fasqueda de la \u00abarmon\u00ed\u00ada en el pensar y en el sentir\u00bb (1Co 1:10).<\/p>\n<p>En este contexto se ubica el cometido espec\u00ed\u00adfico del magisterio pontificio y episcopal de garantizar la verdad del evangelio. En esto tiene una asistencia particular del Esp\u00ed\u00adritu, con diversos grados de certeza, hasta la infalibilidad, seg\u00fan los modos y niveles de intervenci\u00f3n (LG 24-25). La tolerancia por parte del magisterio en el \u00e1mbito preciso de la afirmaci\u00f3n de la fe y la moral no tiene sentido. Por eso ser\u00e1 obligado por parte del magisterio se\u00f1alar riesgos, avisos, declaraciones y hasta condenas acerca de ciertas doctrinas. Esto tiene fundamentos precisos en el NT, y particularmente en las cartas de san Pablo (cf 1Cor S,lss; 1Tim 1).<\/p>\n<p>Con todo -y es preciso subrayarlo bien-,tambi\u00e9n la b\u00fasqueda y la afirmaci\u00f3n de la verdad del evangelio por parte del magisterio, bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, pasan ineludiblemente a trav\u00e9s de la complejidad y los l\u00ed\u00admites del dinamismo hist\u00f3rico-cultural. Pasan, pues, a trav\u00e9s del di\u00e1logo y la aportaci\u00f3n de los te\u00f3logos, de las filosof\u00ed\u00adas y de los lenguajes m\u00faltiples; pasan a trav\u00e9s de las experiencias vitales del pueblo de Dios. No pueden, pues, saltarse nunca el esfuerzo paciente y tolerante de la confrontaci\u00f3n y de la pluralidad de las aportaciones; la aceptaci\u00f3n de tiempos, a veces largos, de discernimiento y la decantaci\u00f3n de la verdad; el respeto y la implicaci\u00f3n de los diversos carismas dados por el Esp\u00ed\u00adritu a todos los componentes de la Iglesia; la conciencia de los l\u00ed\u00admites de la historicidad.<\/p>\n<p>Inevitablemente esto causar\u00e1 momentos de tensi\u00f3n y de conflictividad entre las diversas partes en litigio y entre las distintas posiciones dentro de la Iglesia, corriendo peligro de ocasionar incluso alg\u00fan esc\u00e1ndalo o duda en las conciencias. Pero ello forma parte de la vida de la Iglesia, y as\u00ed\u00ad fue desde el principio. El acontecimiento del concilio de Jerusal\u00e9n (He 15), con las vicisitudes que le precedieron (cf He 11; G\u00e1l 2), son elocuente testimonio, y nos indican al mismo tiempo la importancia fundamental en la Iglesia de la tolerancia y el pluralismo, as\u00ed\u00ad como su finalidad y sus l\u00ed\u00admites: la comprensi\u00f3n cada vez mayor del \u00fanico mensaje de Jesucristo y la edificaci\u00f3n de la unidad de la Iglesia. Ello exige como condici\u00f3n indispensable que la b\u00fasqueda de la verdad del evangelio en la Iglesia por parte de todos est\u00e9 necesariamente animada siempre por el amor al hermano, a fin de ser capaces de captar las razones existenciales de su posici\u00f3n y de respetar profundamente su conciencia, siendo capaces de renunciar a libertades incluso l\u00ed\u00adcitas y sacrosantas, si se convierten en piedra de esc\u00e1ndalo para el hermano, como hicieron Pablo y la Iglesia apost\u00f3lica con el consumo de carnes sacrificadas (He 15; 1Cor 8).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad habr\u00e1 que suscitar la cuesti\u00f3n de la l objeci\u00f3n de conciencia y la del l ecumenismo.<\/p>\n<p>c) Relaci\u00f3n Iglesia-mundo en \u00abGaudium et spes\u00bb: modelo de la tolerancia y del pluralismo. No le incumbe a esta voz tratar el tema de la relaci\u00f3n Iglesia-mundo. Nos limitamos a observar que las indicaciones de Gaudium et spes y su mismo modo de aproximaci\u00f3n al mundo parecen la realizaci\u00f3n del modelo del pluralismo y de la tolerancia tal como se propone hoy en la Iglesia. Se trata no de ignorar los errores y los pecados, renunciando a denunciarlos y a oponerse a ellos, sino de hacerlo s\u00f3lo y siempre coloc\u00e1ndose como \u00abreal e \u00ed\u00adntimamente solidarios con el g\u00e9nero humano y con su historia\u00bb, compartiendo realmente \u00ablos gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren\u00bb (GS I); y con este esp\u00ed\u00adritu se trata de \u00abentablar un di\u00e1logo\u00bb sobre los temas fundamentales de la existencia, aportando fielmente la propia contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de luz que viene de Jesucristo (GS 4).<\/p>\n<p>Si es justo decir que una de las claves para interpretar todo el Vat. II es la exigencia de la Iglesia de \u00abdiscernir los signos de los tiempos\u00bb, hay que afirmar que \u00e9sta es tambi\u00e9n la clave para comprender de modo exacto los conceptos de tolerancia y de pluralismo que hoy ha hecho suyos la Iglesia. \u00abEs deber permanente de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio, de modo que, de manera adaptada a cada generaci\u00f3n, pueda responder a los perennes interrogantes de los hombres&#8230; Pues es preciso conocer y comprender el mundo en que vivimos, as\u00ed\u00ad como sus expectativas, sus aspiraciones y su \u00ed\u00adndole a menudo dram\u00e1tica\u00bb (GS 4), e intentar \u00abdiscernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales (la Iglesia) participa juntamente con sus contempor\u00e1neos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios\u00bb (GS I1).<\/p>\n<p>Colocarse en una actitud de verdadera solidaridad con la persona y con la historia del otro, escuchar, buscar juntos, dialogando realmente como iguales, por ning\u00fan otro motivo que no sea el de discernir la verdad y el bien, tal es la base del pluralismo y de la tolerancia. En este contexto no se callan las diferencias, porque, a pesar de ellas, hay ya un verdadero caminar juntos hacia la unidad de la verdad, TRABAJO aunque no sin tensiones, en la consciente esperanza de que esta unidad perfecta s\u00f3lo se conseguir\u00e1 con la vuelta del Se\u00f1or al fin de los tiempos.<\/p>\n<p>[I Derechos del hombre; l Ecumenismo; l Libertad y responsabilidad; l Objeci\u00f3n y disenso].<\/p>\n<p>BIBL.: BAINTON R., Verdad, libertad y tolerancia: punto de vista de un protestante, en \u00abCon\u00bb 15 (1966) 20-33; BALTtIASAR H.U. von, La verdades sinf\u00f3nica. 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Persona, verdad y tolerancia: a) &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tolerancia-y-pluralismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTOLERANCIA Y PLURALISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17292","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17292","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17292"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17292\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17292"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17292"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17292"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}