{"id":17296,"date":"2016-02-05T11:14:59","date_gmt":"2016-02-05T16:14:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/verdad-y-veracidad\/"},"modified":"2016-02-05T11:14:59","modified_gmt":"2016-02-05T16:14:59","slug":"verdad-y-veracidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/verdad-y-veracidad\/","title":{"rendered":"VERDAD Y VERACIDAD"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. El hombre y la verdad:<br \/>\n1. Ser para la verdad y en la verdad:<br \/>\n    a) La din\u00e1mica de la verdad,<br \/>\n    b) La verdad como historia;<br \/>\n2. La verdad hoy:<br \/>\n    a) La situaci\u00f3n contempor\u00e1nea,<br \/>\n    b) \u00bf\u00bbKrisis\u00bb o \u00abkair\u00f3s&#8217;?<br \/>\nII. Fenomenolog\u00ed\u00ada de la verdad:<br \/>\n1. Aproximaci\u00f3n te\u00f3rica:<br \/>\n    a) La verdad como \u00abadaequatio\u00bb,<br \/>\n    b) Significados emergentes e integrantes;<br \/>\n2. Aproximaci\u00f3n sem\u00e1ntica:<br \/>\n    a) La verdad del tener,<br \/>\n    b) La verdad del sentido;<br \/>\n    c) La verdad del obrar;<br \/>\n3. Aproximaci\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica:<br \/>\n    a) Concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica,<br \/>\n    b) Mediaci\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nIII. \u00abEthos\u00bb de la verdad: la veracidad:<br \/>\n1. Escucha;<br \/>\n2. Sinceridad;<br \/>\n    a) Consigo mismo,<br \/>\n    b) Con los otros;<br \/>\n3. Veracidad:<br \/>\n    a) Fidelidad a la verdad<br \/>\n    b) Fidelidad al destinatario;<br \/>\n4. Testimonio;<br \/>\n5. Di\u00e1logo y tolerancia.<\/p>\n<p>I. El hombre y la verdad<br \/>\nEl hombre se mide por la verdad y es medido por ella. Este ser, que es centro y se\u00f1or del universo, no est\u00e1 por encima de todo, no es due\u00f1o y \u00e1rbitro de una existencia carente de significado. El est\u00e1 por debajo de la verdad, de la cual todo el ser y el existir recibe sentido y valor. La verdad hace la vida: la funda, la dirige, la finaliza. El hombre la busca y la acoge como promesa de libertad y creatividad.<\/p>\n<p>I. SER PARA LA VERDAD Y EN LA VERDAD. La verdad es un bien-valor constitutivo y decisivo del ser humano. Este, a diferencia de lo infrahumano, es un ser consciente y conocedor, y por lo mismo proyectado hacia la luz de lo real. No experimenta la realidad como predeterminado e inconsciente existir y fluir de datos y acontecimientos. Su existir no es un estar ah\u00ed\u00ad o en otra parte, sino un ser consciente y libre que se asoma con su esp\u00ed\u00adritu al mundo de las cosas.<\/p>\n<p>a) La din\u00e1mica de la verdad. Este asomarse del sujeto al mundo de los objetos es fundamento y fuente de la din\u00e1mica de la verdad, que contradistingue al ser humano. 0 Es una din\u00e1mica que abarca al hombre en todas sus dimensiones y perspectivas: \u00e9l es conciencia de s\u00ed\u00ad, y toda la realidad est\u00e1 relacionada o es solidaria de \u00e9l; \u00e9l es conciencia del mundo. D Es una din\u00e1mica irreductible, como expresi\u00f3n no del deseo voluble, sino de la libertad constitutiva de la persona humana. La persona es la libertad: el esp\u00ed\u00adritu es libertad. Y \u00e9sta es ante todo inteligencia; por eso mismo, invenciblemente proyectada al conocimiento de lo real. La verdad es su posibilidad, y en ella la libertad encuentra la paz. Ser para la verdad y en la verdad: tal es el hombre. Por eso el escepticismo es una contradicci\u00f3n que el esp\u00ed\u00adritu rechaza. Y cuando aflora en la historia del pensamiento, va acompa\u00f1ado siempre de pesimismo y derrotismo. El hombre por s\u00ed\u00ad mismo sufre la ausencia de verdad, pero ni desconf\u00ed\u00ada de su posibilidad ni se resigna a la insignificancia.<\/p>\n<p>En realidad, puede toma\u00c2\u00a1 por error la verdad, preferir a ella utilitaristamente la mentira, tener de la verdad una concepci\u00f3n reductiva o unilateral, bloquearse en verdades parciales, pero no puede desconfiar, de la inteligencia y renunciar a la verdad; ser\u00ed\u00ada desconfiar de s\u00ed\u00ad _y renunciar a la vida. La verdad solicita al hombre y le inquieta; es el polo de atracci\u00f3n y de significado de toda la existencia. El es lo que la verdad le hace ser. 0 Es una din\u00e1mica permanente, como expresi\u00f3n y solicitaci\u00f3n del camino. de la vida. Y por ello, de una verdad ulterior que debe siempre encontrar; la verdad que profundizar, armonizar y unificar; de la verdad fontal y \u00faltima, que hace de fermento estimulante y atrayente de todo el camino. El-hombre es cotidianamente llamado e instado, por decirlo en t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos, a \u00abhacer la verdad\u00bb, a \u00abcaminar en la verdad\u00bb, a \u00abpermanecer en la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>b) La verdad como historia. El camino de la verdad jalona el existir de todo hombre en su singularidad y la existencia humana a lo largo de los siglos. La historia del hombre es de manera eminente y ejemplar la historia del pensamiento, proyectado sin soluci\u00f3n de continuidad a establecer el primado del esp\u00ed\u00adritu sobre las cosas y sobre los acontecimientos mediante la acci\u00f3n inteligente e iluminadora del pensamiento. De esta manera la humanidad progresa en el conocimiento de la verdad, lo cual significa una intensificaci\u00f3n de la verdad: la humanidad crece en la verdad, es una extensi\u00f3n de la verdad; la humanidad camina en la verdad. As\u00ed\u00ad pues, la verdad es el factor primero y m\u00e1s alto de humanizaci\u00f3n; el hombre cumple el cometido de dominar el mundo a trav\u00e9s de la acci\u00f3n ver\u00ed\u00addica de su esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Es una acci\u00f3n simult\u00e1neamente polarizada en el extra se y en el in se del hombre: no s\u00f3lo en el mundo que tiene delante, sino tambi\u00e9n en su propio mundo interior. Pues \u00e9l no puede eludir la verdad de s\u00ed\u00ad: la verdad no s\u00f3lo de colocarse junto a otros objetos, sino ante todo de su emerger como sujeto inteligente, y por tanto como ser libre, relacionado y trascendente.<\/p>\n<p>Por eso la verdad como historia es un camino integral y que involucra toda la realidad, en su estructuralidad f\u00ed\u00adsica y en su naturaleza metaf\u00ed\u00adsica. Sin fugas reductivistas, en uno u otro sentido, a las que el pensamiento humano ha repetidamente cedido, deriv\u00e1ndose hacia metodolog\u00ed\u00adas y concepciones de la verdad unilaterales y adulteradas.<\/p>\n<p>i. LA VERDAD HOY. No pudiendo desarrollar aqu\u00ed\u00ad un an\u00e1lisis hist\u00f3rico del camino de la verdad, nos limitaremos al modo de referirse el hombre hoy a la verdad.<\/p>\n<p>a) La situaci\u00f3n contempor\u00e1nea. Nuestra \u00e9poca se caracteriza, por una parte, por la masiva explosi\u00f3n de la ciencia en funci\u00f3n de la t\u00e9cnica, que ha generado una concepci\u00f3n eficientista de la verdad; por otra, por la proliferaci\u00f3n de las ideolog\u00ed\u00adas, que, absolutizando verdades parciales o aspectos de la verdad, exasperan la cuesti\u00f3n de la verdad.<\/p>\n<p>Todo esto es expresi\u00f3n y fruto de la cultura de la crisis: de la escisi\u00f3n de la verdad de su reducci\u00f3n positivista y de su unidimensionalismo ideologizante. El hombre pierde la integralidad y la unidad de la verdad. Y, a pesar de la multiplicaci\u00f3n de las verdades, pierde la verdad. Por eso \u00e9sta no es la totalidad de un &#8216;complejo, sino la unidad y la.pcofundidad del ser. Por eso mismo las verdades de las que el hombre dispone no le revelan a s\u00ed\u00ad mismo, ni le revela al mundo, sino que lo extrav\u00ed\u00adan y atomizan en una pluralidad de conocimientos fragmentarios y parciales, que, totalizados o absolutizados, le esclavizan en vez de liberarlo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el hombre hoy parece moverse entre delirio, angustia e indiferencia. Delirio por la exaltaci\u00f3n hasta el fanatismo, provocado por la monoideizaci\u00f3n eficientista o ideologista de la verdad, a la cual se atribuye un significado in\u00fatilmente revelador y salv\u00ed\u00adfico, de modo que el hombre se aliena en la pseudo-verdad. Angustia por el envilecimiento paralizador, debido a una confianza traicionada; es la confianza colocada en una verdad que no da sentido ni redime, por lo cual el hombre desespera de la verdad: Indiferencia por el reflujo del hombre desilusionado.-desencantado por el delirio y sustra\u00ed\u00addo al v\u00e9rtigo desesperante- que vuelve sobre s\u00ed\u00ad mismo; pero no a la interioridad trascendente de su esp\u00ed\u00adritu, sino al peque\u00f1o mundo de vulgaridad y mezquindad de sus hobbies e intereses, sin grandes ideales ni proyectos, en una zona de apat\u00ed\u00ada a la verdad y a la falsedad, por lo cual el hombre se protege de la verdad.<\/p>\n<p>b) \u00bf\u00bbKrisis\u00bb o \u00abkair\u00f3s\u00bb? La cultura de la crisis multiplica, alterna y complica estas actitudes, diluy\u00e9ndolas o exasper\u00e1ndolas parox\u00ed\u00adsticamente. Mas por eso mismo agudizando el problema de la verdad como anhelo profundo e insuprimible del hombre.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, \u00bfkrisis irreversible y fatal o kair\u00f3s in\u00e9dito y provocador de nuevas posibilidades? Para un an\u00e1lisis que no consigue comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo, por estar ligado a una lectura cuantista. y marginal de la conciencia actual de la verdad, la situaci\u00f3n aparece irremediablemente cr\u00ed\u00adtica. En cambio, para una mirada que busca captar la profundidad humana del dato cultural, esto se revela como precursor de nuevas posib\u00ed\u00adlidades.<\/p>\n<p>Por m\u00e1s que el hombre hoy se aliene, desespere y se proteja de la verdad; es m\u00e1s, justamente por esto, pone al desnudo \u00abuna inquietud por la verdad\u00bb que lo provoca profundamente. A diferencia de \u00e9pocas en las cuales el hombre ten\u00ed\u00ada un sentido \u00abobvio\u00bb (por as\u00ed\u00ad decir) de la verdad, hoy tiene un sentido agudo, penoso y problem\u00e1tico de ella. Percibe que no es cuesti\u00f3n de tener, sino de ser. A pesar de todo, no est\u00e1 saciado por verdades-posesi\u00f3n, sino que se ve interiormente solicitado y atra\u00ed\u00addo por un sentido menos cuantitativo y m\u00e1s cualitativo, menos c\u00f3sico y m\u00e1s, personal de la verdad y de su valor irreductible e imprescindible. Todo esto es revelador, aunque entre contradicciones y paradojas, de una nueva sensibilidad del hombre a la verdad. Una sensibilidad que a menudo no aflora a la conciencia humana de modo reflejo y expl\u00ed\u00adcito, pero que la provoca secreta e invenciblemente a la verdad de la vida.<\/p>\n<p>II. Fenomenolog\u00ed\u00ada de la verdad<br \/>\nLa verdad es un concepto denso y poli\u00e9drico, que hay que considerar en la unidad de su valor y en la pluralidad de las dimensiones y comprensiones. Hasta aqu\u00ed\u00ad se ha hablado de verdad simplemente, tom\u00e1ndola en su acepci\u00f3n unitaria. Para una reflexi\u00f3n anal\u00ed\u00adtica hay que proceder a una distinci\u00f3n de los diversos aspectos o dimensiones y de las posibles significaciones. Evidentemente, no es posible aqu\u00ed\u00ad adentrarse en el problema filos\u00f3fico, hermen\u00e9utico, ling\u00fc\u00ed\u00adstico y psicol\u00f3gico de la verdad. Ser\u00e1 necesario limitarse a las evidencias m\u00e1s significativas y relevantes de una fenomenolog\u00ed\u00ada de la verdad de acuerdo con tres aproximaciones diversas.<\/p>\n<p>1. APROXIMACI\u00ed\u201cN TE\u00ed\u201cRICA. Es la \u00f3ptica de reflexi\u00f3n que mira a captar el proprium de la verdad, a definirla sint\u00e9ticamente y a comprenderla anal\u00ed\u00adticamente, evidenciando sus momentos y significados.<\/p>\n<p>a) La verdad como \u00abadaequatio\u00bb : La definici\u00f3n de verdad a la que pueden reducirse todas las dem\u00e1s o de la que las dem\u00e1s acent\u00faan un aspecto o con la que todas las dem\u00e1s se miden, es la cl\u00e1sica e irrenunciable de \u00abadaequatio rei et intellectus\u00bb: la verdad es la conformidad de la inteligencia con el ser de la cosa. Esta definici\u00f3n pone en relaci\u00f3n los dos polos del proceso de la verdad: el ser objetivo de una cosa con la acci\u00f3n de la inteligencia humana. La verdad es la resultante de un encuentro entre ser y pensamiento, entre la realidad tal como es y la mente humana que la comprende. Por tanto, se distingue una verdad ontol\u00f3gica, originaria y objetiva, y una verdad l\u00f3gica, formal y derivada.<\/p>\n<p>&#8211; La verdad ontol\u00f3gica es la verdad del ser en cuanto es. Por el hecho de ser y existir, un ente tiene, o mejor es, su verdad: \u00abser y verdad son convertibles\u00bb (\u00abens et verum convertuntur\u00bb). Por eso la primera verdad es la verdad de lo que es: \u00abverdad es lo que es\u00bb (\u00abverum est id quod est\u00bb: san Agust\u00ed\u00adn, cit. por santo Tom\u00e1s en De veril. I, 1). Es la verdad originaria y fundamental: verdad trascendental. Es la determinaci\u00f3n de todo ente simplemente en cuanto es y existe.<\/p>\n<p>Lo que es y existe se manifiesta y es perceptible. La percepci\u00f3n es la inteligencia inmediata del ser manifiesto de una realidad, de su esencia. Como tal, es siempre verdadera.<\/p>\n<p>La verdad del ser no es una verdad fragmentaria o mon\u00e1dica, expuesta a una indeterminaci\u00f3n mutable y enga\u00f1osa. Es tal en relaci\u00f3n a un pensamiento que la ha concebido y del cual refleja su idea, su proyecto creador, de la manera como toda cosa refleja la idea originante de su art\u00ed\u00adfice. Este pensamiento \u00faltimo y absoluto es Dios, pensamiento subsistente y verdad perfecta, fundamento y fuente de toda verdad particular, de la cual por eso mismo toda verdad es revelaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, todo ser es verdadero en s\u00ed\u00ad porque en su esencia o forma \u00ed\u00adntima coincide con la idea que Dios tiene de \u00e9l. Ignorar esta relaci\u00f3n inmanente y constitutiva de la verdad ontol\u00f3gica con la verdad perfecta significa abrir las puertas al relativismo: la verdad no es ya funci\u00f3n del ser, sino de la subjetividad; pierde valor objetivo, reduci\u00e9ndose a opini\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La verdad l\u00f3gica. La verdad ontol\u00f3gica, irradiaci\u00f3n de la verdad creadora divina, es todav\u00ed\u00ada independiente de la acci\u00f3n humana de la verdad. Ella simplemente nos dice la intr\u00ed\u00adnseca luminosidad e inteligibilidad del ser, por la que algo simplemente es lo que es y la inteligencia la aprende como tal. Se requiere una apertura cr\u00ed\u00adtica de la inteligencia humana al ser, un juicio suyo, para que algo pueda llamarse verdadero o falso: \u00abLo verdadero y lo falso no est\u00e1n en las cosas, sino en la raz\u00f3n\u00bb (ARIST\u00ed\u201cTELES, Metaf\u00ed\u00adsica VI, 4).<\/p>\n<p>De la relaci\u00f3n de la mente humana al ser procede \u00abla noci\u00f3n formal de la verdad\u00bb (SANTO TOMAS, De veril. I, 1): su relevancia categorial, personal y existencial. La mente humana est\u00e1 en la verdad en la relaci\u00f3n de adecuaci\u00f3n al ser objetivo; est\u00e1 en la falsedad en la relaci\u00f3n inadecuada. Esta verdad, enunciada por la raz\u00f3n en el concepto interior y expresada en la comunicaci\u00f3n exterior, es la \u00abverdad l\u00f3gica\u00bb. Sin adentrarnos en una teor\u00ed\u00ada del conocimiento, limit\u00e9monos a observar que la verdad l\u00f3gica es la verdad del juicio, con el que afirmamos o negamos -mediante una s\u00ed\u00adntesis l\u00f3gica de sujeto y predicadoun estado de cosas, estructurando y haciendo as\u00ed\u00ad consciente y significativo el ser percibido de modo simple y primitivo, o sea la verdad ontol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El juicio es as\u00ed\u00ad el lugar de la verdad: \u00abUna cosa se dice verdadera por adecuaci\u00f3n al entendimiento\u00bb (SANTO TOM\u00ed\u0081S, De veril. I, 2). En cambio, el ser es su fundamento: \u00abEl ser de la cosa causa la verdad del entendimiento\u00bb (S.Th., I, q. 16, a. 1). En el juicio nuestra mente es, por tanto, medida de la verdad; pero medida por la verdad ontol\u00f3gica de las cosas conocidas; medida a su vez por la verdad perfecta de Dios, que las ha pensado y querido en el ser (cf SANTO TOM\u00ed\u0081S, be veritate 1, 2; S. Th., I, q: 16, a._ 1).<\/p>\n<p>&#8211; La no verdad. Se sigue entonces que la no verdad en el plano ontol\u00f3gico es el esconderse o cerrarse en el ser del existente; su no dejarse aprehender. Se determina para el sujeto como no saber. En el plano l\u00f3gico, en cambio, la no verdad asume la forma del error y de la mentira. Hay error por insuficiente adecuaci\u00f3n a la verdad. Aqu\u00ed\u00ad la realidad se manifiesta y la verdad es sinceramente buscada, pero el juicio no la alcanza. En el que yerra no falta el sentido de la verdad, que \u00e9l se esfuerza en buscar, pero que alcanza s\u00f3lo parcialmente. Se da mentira por desconocimiento de adecuaci\u00f3n a la verdad: pues el que miente reniega de la verdad reconocida, la rechaza destruy\u00e9ndola [! Mentira I].<\/p>\n<p>b) Significados emergentes e integrantes. La teor\u00ed\u00ada de la adaequatio, aunque se afirma como la m\u00e1s apta para traducir la din\u00e1mica de la verdad, permanece siempre sujeta a los l\u00ed\u00admites de toda teorizaci\u00f3n. Por ello no ha estado exenta de observaciones cr\u00ed\u00adticas e integradoras. Sobre todo en relaci\u00f3n con las diversas sensibilidades de momentos y corrientes culturales que privilegian y acent\u00faan aspectos o dimensiones particulares, en primer lugar uno de los dos polos de la relaci\u00f3n de la verdad: la inteligibilidad del ser y la intencionalidad de la raz\u00f3n. Depurada de los f\u00e1ciles y err\u00f3neos unilateralismos, estas aportaciones, con sus denuncias y las perspectivas que abren, concurren a preservar la integridad de la verdad, respondiendo adem\u00e1s a las emergencias de los tiempos.<\/p>\n<p>Se prescinde aqu\u00ed\u00ad de un an\u00e1lisis hist\u00f3rico de estas diversas acentuaciones y comprensiones de la verdad; tampoco se toman en consideraci\u00f3n los dos extremos opuestos del pensamiento moderno: el idealismo, que ha suprimido el ser, resolviendo toda la verdad en la subjetividad del yo pensante: el ser (esse) est\u00e1 todo \u00e9l en ser percibido (percipi) y la verdad est\u00e1 en las cosas pensadas (cogitata) del que piensa (cogitans); y el materialismo, que con el ser ha suprimido tambi\u00e9n la raz\u00f3n, en una espiral de nihilismo y de escepticismo, pero en la cual el hombre de la praxis, de la t\u00e9cnica y de los asuntos no sucumbe a\u00fan, sino que se exalta, como disfrutador de una multiplicidad de verdades factuales y emp\u00ed\u00adricas, que acumula, emplea, negocia y consume. Nos detenemos m\u00e1s bien en algunas aportaciones parciales pero significativas del pensamiento contempor\u00e1neo exentas de los radicalismos a que han podido dar lugar.<\/p>\n<p>&#8211; El significado subjetivo de la verdad: sacado a la luz por el pensamiento existencialista en la perspectiva abierta por S. Kierkegaard. Aqu\u00ed\u00ad subjetividad no quiere decir subjetivismo, sino interioridad existencial, de la que toda concepci\u00f3n racionalista, objetivista y totalitaria ha despojado a la verdad. Es la recuperaci\u00f3n del valor y de la profundidad personal de, la verdad.<\/p>\n<p>&#8211; El significado apof\u00e1ntico de la verdad: reivindicado por M. Heidegger, en oposici\u00f3n pol\u00e9mica con el subjetivismo idealista. La verdad encuentra el sentido etimol\u00f3gico de la al\u00e9theia griega. Esta es el no estar oculto; y por lo mismo el desvelamiento, la apertura del ser, que se automanifiesta en las estructuras existenciales de la existencia (Dasein) a la libertad, que ah\u00ed\u00ad en ella se expone y la acoge. Es la recuperaci\u00f3n del realismo ontol\u00f3gico de la verdad, expropiado por el poder hegem\u00f3nico y m\u00e1s a\u00fan nihilista de una raz\u00f3n elevada, desde Descartes en adelante, a principio absoluto de verdad.<\/p>\n<p>&#8211; El significado pragm\u00e1tico de la verdad: evidenciado con fuertes tintas por el amplio abanico de las filosof\u00ed\u00adas de la acci\u00f3n y de la experiencia. Es verdad lo que vale, lo que triunfa, lo que tiene un aspecto operativo humano. Al margen de todo utilitarismo de la verdad. Verdad es liberaci\u00f3n -y promoci\u00f3n. Es la recuperaci\u00f3n de la ortopraxis como criterio, tambi\u00e9n el decisivo, de verdad, y que una ortodoxia intelectualista ha dejado caer en el olvido. Es la atenci\u00f3n a las implicaciones operativas de la verdad como elementos suyos de credibilidad.<\/p>\n<p>&#8211; El significado emp\u00ed\u00adrico de la verdad: puesto de manifiesto por el amplio y r\u00e1pido desarrollo de las cienci\u00e1s positivas. Aqu\u00ed\u00ad la verdad coincide con la verificabilidad; es verdad lo que es comprobable y cuantificable, pero en la superaci\u00f3n de todo monismo positivista. Es la atenci\u00f3n a las verdades cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnicas, a su leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada y a su contribuci\u00f3n decisiva, si bien relativa, al progreso de la verdad y de su funci\u00f3n humanizante.<\/p>\n<p>&#8211; El significado hist\u00f3rico de la verdad: puesto de manifiesto preferentemente por la sensibilidad hermen\u00e9utica de la investigaci\u00f3n actual de la verdad. Por una parte, la verdad no se dice nunca en estado puro, sino mediatizada por estructuras simb\u00f3licas y por precomprensiones culturales en devenir hist\u00f3rico. Por otra parte, la verdad nos supera con su inagotabilidad, por lo cual s\u00f3lo podemos alcanzarla hist\u00f3ricamente, o sea en una aproximaci\u00f3n gradual y progresiva, en el devenir revelador de las experiencias y de los acontecimientos, en el. intercambio humano de las certezas conseguidas, en una conquista que se autorrenueva y que caracteriza el camino mismo de la humanidad. En uno y otro sentido la verdad tiene forma hist\u00f3rica: la verdad se hace hist\u00f3ricamente, la verdad hace la historia. No es reducci\u00f3n historicista, sino atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n evenencial de la verdad, que una concepci\u00f3n esencialistay quiditativa ha desatendido.<\/p>\n<p>Se trata de aspectos destacados de la sensibilidad actual, que contribuye a darnos una visi\u00f3n integral y profundamente significativa de la verdad. Para, ella la adaequatio de la verdad no es ni una abstracci\u00f3n ni una incrustaci\u00f3n de la verdad, sino un encuentro concreto, viviente, din\u00e1mico, intensivo, creativo y reconciliador del pensamiento con la realidad.<\/p>\n<p>2. APROXIMACI\u00ed\u201cN SEM\u00ed\u0081NTICA. La verdad es especificada por una pluralidad de contenidos, seg\u00fan los diversos \u00e1mbitos de iluminaci\u00f3n de lo real y los diversos niveles de inteligibilidad humana. Se los puede reducir sustancialmente a tres: el \u00e1mbito de las cosas, de los significados y de los valores. Les corresponden los niveles cognoscitivos de la ciencia, de la metaf\u00ed\u00adsica y de la \u00e9tica, expresiones respectivamente de la verdad del tener, del sentido y del obrar. No es posible aqu\u00ed\u00ad adentrarse en una epistemolog\u00ed\u00ada de la din\u00e1mica de la verdad. Nos limitaremos a lo espec\u00ed\u00adfico de cada uno de los \u00e1mbitos y niveles y a su interacci\u00f3n integradora.<\/p>\n<p>a) La verdad del tener. Es la verdad-objeto, la verdad de lo que tengo delante (ob jectum), y por lo mismo objeto de observaci\u00f3n y de comprobaci\u00f3n mediante una l\u00f3gica de la evidencia, seg\u00fan la cual es verdad lo que es v\u00e1lido para todos, para no importa qui\u00e9n. Es una verdad totalmente independiente del sujeto, de su libertad; verdad general, impersonal, abstracta. Es la verdad de las cosas: verdad cuantitativa. Concierne tambi\u00e9n al ser humano en lo que hay en \u00e9l reducible a objeto de observaci\u00f3n y cuantificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad verdad es todo y s\u00f3lo lo que puede verificarse y describirse de un ser. Es la verdad propia de las ciencias experimentales, que legitima su m\u00e9todo y circunscribe su radio. Es verdad-saber, por la cual la inteligencia explora y descubre los secretos del universo, estableciendo su dominio sobre ellos. Es verdad-tener, que el sujeto y la humanidad se apropian, adquiriendo un patrimonio de conocimientos. &#8211;<br \/>\nb) La verdad del sentido. El hombre que indaga y descubre la verdad de lo que es y acaece ante \u00e9l est\u00e1 \u00e9l mismo en juego. No como objeto, sino como sujeto de verdad. Como tal, es irreducible a la verdad-resultado de las ciencias, incluso de las propiamente humanas; como objeto de la biolog\u00ed\u00ada, de la psicolog\u00ed\u00ada y de la sociolog\u00ed\u00ada, el hombre no tiene ning\u00fan privilegio respecto a las cosas. Tiene una dignidad de sujeto autoconsciente y trascendente, adaptado por lo mismo a un orden de verdad metaf\u00ed\u00adsica. Es la verdad del ser, del ser propiamente humano, y por tanto del sentido: del significado profundo y \u00faltimo del existir humano, que el hombre busca como la verdad decisiva (cf GS 14-15).<\/p>\n<p>Puesto que no se trata de verdad\u00f3bjeto, la raz\u00f3n no la indaga, la sabe y la posee como un tener, sino que la busca, la percibe y la acoge como una luz. Es una verdad racionalmente fundada y motivada, pero que trasciende siempre el \u00e1mbito de la observaci\u00f3n y de la descripci\u00f3n. Es del orden de lo inverificable y de lo inefable: all\u00ed\u00ad donde los senderos de la raz\u00f3n se abren y se adentran en los de la fe, y el pensamiento se encuentra y se reconcilia con la verdad, a cuya luz alcanza la verdad del ser y del existir humano.<\/p>\n<p>c) La verdad del obrar. El ser humano es un ser proyectivo, din\u00e1mico; no coincide con el mero \u00abestar ah\u00ed\u00ad\u00bb, a la manera del existir infrahumano, sino que vive como deber-ser la propia existencia. Es una libertad llamada a decidir de s\u00ed\u00ad mediante el obrar. Por ello est\u00e1 bajo la instancia de la responsabilidad: responde de s\u00ed\u00ad y de la realidad solidaria de \u00e9l. Como tal, busca la verdad del deber-ser, la verdad que dirige su propio obrar.<\/p>\n<p>Esta verdad es a la vez valor y cometido. E] Es verdad-valor, que da la conciencia de los bienes fundamentales y decisivos de la persona. Irradia del ser de persona humana en s\u00ed\u00ad misma, de su co-existir social y trascendente, de su ser en el mundo y en la historia. La conciencia del ser es una conciencia de la verdad de valores, que da forma a la libertad moral de la persona. 0 Es verdad-cometido, porque el valor es una verdad exigente que induce a la acci\u00f3n. Por lo cual, por una parte, el obrar humano no est\u00e1 dominado por la indiferencia, sino profundamente significado y motivado; por otra, est\u00e1 solicitado y llamado a la elecci\u00f3n y a la realizaci\u00f3n humana y humanizadora de s\u00ed\u00ad, de la sociedad y del mundo.<\/p>\n<p>La verdad del obrar por s\u00ed\u00ad misma subordina la verdad del tener: no en el \u00e1mbito de los medios y de los m\u00e9todos, donde toda ciencia goza de leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada, sino en el de los valores y de los fines, que anteponen las exigencias del ser a las del tener: Y es sincr\u00f3nica con la verdad del sentido, porque ambas son expresi\u00f3n del ser; de la verdad trascendente del ser, la metaf\u00ed\u00adsica; de la verdad axiol\u00f3gica del ser, la \u00e9tica. La primera como revelaci\u00f3n de sentido; la segunda como camino de su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. APROXIMACI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLIC0-TEOL\u00ed\u201cGICA. Con la raz\u00f3n el hombre procede dial\u00e9cticamente, de verdad en verdad, hasta llegar a la verdad fontal y \u00faltima, poniendo por lo mismo las condiciones de posibilidad de una iniciativa, de una intervenci\u00f3n de la verdad en la historia de los hombres. Por ello la verdad se da al hombre revel\u00e1ndose; y el hombre se abre a ella acogi\u00e9ndola; es el encuentro de la fe, el \u00ablumen fidei\u00bb.<\/p>\n<p>En la econom\u00ed\u00ada de la raz\u00f3n, el hombre busca la verdad y la revela: verdad de desvelamiento y de adecuaci\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad la verdad es palabra del hombre. En la econom\u00ed\u00ada de la fe, la verdad busca al hombre y se revela: verdad de encuentro y de fidelidad. Aqu\u00ed\u00ad la verdad es palabra de Dios. Por eso la fe es gracia y es virtud teologal. Es la posibilidad dada al hombre de participar de la verdad indeducible e indisponible de Dios.<\/p>\n<p>En la fe el hombre se encuentra con la revelaci\u00f3n, con el evangelio: la verdad de Dios, el \u00abmisterio escondido desde los siglos\u00bb (Col 1:26), que en la Palabra se ha hecho \u00abpro nobis\u00bb e \u00abin nobis\u00bb, haci\u00e9ndose sabidur\u00ed\u00ada y salvaci\u00f3n del hombre. El evangelio es la revelaci\u00f3n de este misterio \u00abmantenido en secreto desde tiempo eterno, pero manifestado ahora por los escritos prof\u00e9ticos, dado a conocer a todas las naciones por orden del Dios eterno para que abracen la fe\u00bb (Rom 16:26).<\/p>\n<p>a) Concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. &#8211; El AT nos da una concepci\u00f3n din\u00e1mica de la verdad, fundada en la confianza. El t\u00e9rmino emeth tiene su ra\u00ed\u00adz en el verbo aman: ser consistente, estable, fundado. Por ello emeth es la cualidad de lo que es s\u00f3lido, constante y cierto; aquello en lo que podemos apoyarnos, de lo que podemos fiarnos. Verdad es confianza y fidelidad. Al contrario de mentira, s\u00e9ger, que es inconsistencia y nulidad.<\/p>\n<p>M\u00e1s que un concepto ontol\u00f3gico, emeth es un concepto de relaci\u00f3n: es la confianza que alguien o algo suscita y funda: \u00abla confianza, la seguridad absoluta que una cosa o una palabra garantizan, y por tanto tambi\u00e9n la fidelidad que las personas demuestran\u00bb (W. PANNENBERG_Che cos \u00e9 la veritb?, 230).<\/p>\n<p>En este sentido Yhwh es la emeth definitiva primera y fundamental: Dios -su palabra, su ley- es la verdad. De la confianza que suscita la verdad-fidelidad de Dios procede la alianza: la relaci\u00f3n de verdad que revela a Dios -la estabilidad inquebrantable y eterna de Dios- al hombre, y en la cual el hombre, al confiarse, est\u00e1 cierto, seguro y firme de la verdad creadora y salv\u00ed\u00adfica divina.<\/p>\n<p>Este car\u00e1cter relacional-evenencial de la verdad, este su acaecer en la contingencia de los, acontecimientos humanos, le da una connotaci\u00f3n hist\u00f3rica que, a .la vez que la sustrae a toda preconfecci\u00f3n atemporal e impersonal, la articula en la responsabilidad del hombre: en su libertad de acogida o de rechazo. Una verdad que est\u00e1 bajo la instancia de la historia est\u00e1 al mismo tiempo bajo la instancia del futuro que ella abre como horizonte y meta: una verdad que adviene abre el futuro de su cumplimiento; una verdad que es fidelidad y confianza es una verdad-promesa (pro-missio) que remite al futuro de su cumplimiento. A diferencia de la concepci\u00f3n griega, para la hebrea \u00abla verdad no es algo que estar\u00ed\u00ada en cierto modo bajo o detr\u00e1s de las cosas y que se descubrir\u00ed\u00ada cuando se penetra en su profundidad, en su intimidad; la verdad es lo que se pondr\u00e1 de manifiesto en el futuro\u00bb (H. vON SODEN, Was ist Wahrheit?, 16, cit. de W. PANNENBERG, 230).<\/p>\n<p>El NT est\u00e1 en l\u00ed\u00adnea de continuidad con la emeth veterotestamentaria dentro de la novedad del acontecimiento-Cristo. La al\u00e9theia neotestamentaria, en su significado b\u00e1sico y nuevo, es la verdad y fidelidad de Dios, que se ha hecho m\u00e1xima y definitivamente presente en Jes\u00fas, \u00ablleno de gracia y de verdad\u00bb (Jua 1:14): el testigo de la verdad (Jua 18:37; Apo 3:14), en el cual est\u00e1 la verdad (Efe 4:21) por ser \u00e9l mismo la verdad (Jua 14:6).<\/p>\n<p>En Jes\u00fas est\u00e1 la posibilidad nueva, suprema y \u00faltima, dada por Dios a1 hombre, de hacer verdad, es decir, de dar sentido (estabilidad y consistencia) a su vida. Cristo es la verdad que se autoda en el don del Esp\u00ed\u00adritu que obra la verdad: no verdad-idea o verdad-objeto, sino verdad-acontecimiento salv\u00ed\u00adfico: verdad que libera (Jua 8:32) y santifica (Jua 17:17). El hombre se abre en ella a la escucha (2Ts 2:12-13) obediente (G\u00e1l 5:7; 1Pe 1:22) a la fe. -En la escucha: mediante la cual el cristiano acoge \u00abla palabra de la verdad\u00bb (Efe 1:13; Col 1:15; 2Co 6:7) para \u00abllegar al conocimiento de la verdad\u00bb (2Ti 3:8). Esta escucha est\u00e1 bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de verdad, que lo \u00abgu\u00ed\u00ada a la verdad entera\u00bb (Jua 16:13); verdad que ilumina y santifica, porque en ella palabra y acto se identifican. As\u00ed\u00ad el cristiano es de la verdad (Jua 18:37; 1Jn 3:19) y \u00e9sta mora en \u00e9l (2Jn 1:3-4. -En la obediencia: mediante la cual el cristiano \u00abse hace\u00bb de la verdad. La verdad constitutiva de la vida nueva en Cristo dinamiza todo el obrar del cristiano; es principio interior de vida moral. Por eso, coherentemente, el cristiano debe \u00abcaminar en la verdad\u00bb (2Jn 1:4; 3Jn 1:3s), \u00abhacer la verdad\u00bb (Jua 3:21; 1Jn 1:6; Efe 4:15), \u00abamar en la verdad\u00bb (2Jn 1:1; 3Jn 1:1); expresiones todas ellas de la actividad de la verdad, de su exigencia e incidencia \u00e9tica. Es la vida moral cristiana como fidelidad a la verdad.<\/p>\n<p>b) Mediaci\u00f3n teol\u00f3gica. La concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, y por eso espec\u00ed\u00adficamente cristiana, de la verdad no es alternativa y contrapuesta a la griega y propiamente racional. Ante todo, \u00e9sta no es extra\u00f1a a la Biblia, que no la ignora y la comprende en su visi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. En segundo lugar, la concepci\u00f3n griega ha sido recogida por la tradici\u00f3n agustiniano-tomista, aunque no arm\u00f3nicamente integrada en la b\u00ed\u00adblica, e incluso terminando poco a poco con superarla y relegarla en cierto modo al olvido. De ah\u00ed\u00ad la necesidad. de una recuperaci\u00f3n de lo espec\u00ed\u00adfico cristiano para una integraci\u00f3n y unidad de la verdad, en la cual el hombre pueda reconocerse y comprenderse.<\/p>\n<p>No se intenta aqu\u00ed\u00ad establecer una confrontaci\u00f3n diferencial y critica entre concepci\u00f3n propiamente humana y espec\u00ed\u00adficamente cristiana de la verdad procediendo a una integraci\u00f3n sistem\u00e1tica. Nos limitaremos a una correlaci\u00f3n mediadora e integradora de lo espec\u00ed\u00adfico cristiano con la cultura actual de la verdad, evidenciando algunos rasgos de la verdad cristiana que responden a tendencias e instancias hoy emergentes.<\/p>\n<p>&#8211; La tendencia a la verdad del sentido y a la unidad de la verdad. A la tendencia humana a la verdad del sentido responde el car\u00e1cter axiol\u00f3gico-redentivo de la verdad cristiana. Esta no es la idea que est\u00e1 detr\u00e1s de la realidad o en el pensamiento del hombre. La verdad cristiana \u00abes la realidad de Dios y del hombre celebradas en el encuentro, a partir de Dios y sobre el fundamento de su gracia libre, con la criatura de su inter\u00e9s\u00bb (G. PATTARO, Verit\u00e1, dogma e teologia, en Verit\u00e1 di Cristo&#8230;, 177).<\/p>\n<p>Es revelaci\u00f3n iluminadora para la libertad, que se nos abre en el. encuentro. Es verdad-gracia que se da a una fidelidad de acogida. Frente a ella el hombre es libre, y en la respuesta acogedora es liberado. Por eso mismo es verdad que involucra y dinamita a todo el hombre, al margen de toda intelectualizaci\u00f3n: es verdad-sentido, verdad-salvaci\u00f3n. Por ello el hombre no es informado e instruido por la verdad, sino valorado y redimido. Esta verdad ha venido con Jes\u00fas: en \u00e9l se ha hecho historia, ha tomado las formas de la comunicaci\u00f3n humana, haci\u00e9ndose luminosa para los hombres. A cuantos la han acogido con libertad y fidelidad \u00ables ha dado el poder de ser hijos de Dios\u00bb (Jua 1:12).<\/p>\n<p>A la tendencia humana a la unidad de la verdad responde el car\u00e1cter hist\u00f3rico-escatol\u00f3gico de la verdad cristiana. A la problematizaci\u00f3n de la verdad, por la cual \u00e9sta se atomiza en las innumerables verdades de lo cognoscible humano, le sirve de contrapartida la tendencia del hombre a la unidad de la verdad. P. Ricoeur ha hecho ver que en esta profunda aspiraci\u00f3n humana se apoyan todas las pseudounificaciones de la verdad, impuestas a trav\u00e9s de la acci\u00f3n totalizante del poder, a la sombra de la ideolog\u00ed\u00ada imperante. En esta perspectiva la concepci\u00f3n cristiana de la verdad desempe\u00f1a un papel profundamente liberador. La inflexi\u00f3n hist\u00f3rica de la verdad cristiana -por la cual ya ha venido, es conocida, es iluminadora, pero prol\u00e9cticamente, en tensi\u00f3n hacia el todav\u00ed\u00ada no escatol\u00f3gico- coloca a la unidad absoluta y \u00faltima de la verdad en el futuro de la recapitulaci\u00f3n final en Cristo (Efe 1:10). \u00abAs\u00ed\u00ad pues, todas las verdades est\u00e1n en esperanza en la \u00fanica verdad\u00bb (P. RiCOEUR, Histoire et verit\u00e9, 177). La unidad de la verdad queda as\u00ed\u00ad sustra\u00ed\u00adda a toda f\u00e1cil y deformante totalizaci\u00f3n y confiada al ad-venir escatol\u00f3gico de la verdad, a lo largo del camino de la historia. Es la \u00abplenitud de la verdad\u00bb, que lleva al Esp\u00ed\u00adritu (Jua 16:13), y a la cual \u00abla Iglesia en el curso de&#8217;los siglos tiende incesantemente\u00bb (DV. 8).<\/p>\n<p>&#8211; Las instancias de la verdad. Lo espec\u00ed\u00adfico cristiano, alcanzado b\u00ed\u00adblicamente, choca con algunas instancias de verdad .hoy surgidas. Esto ocurre en una \u00f3smosis de escucha acogedora y estimulante y de respuesta valorativa y sublimadora seg\u00fan una dial\u00e9ctica de liberaci\u00f3n de toda exasperaci\u00f3n .unilateral y de promoci\u00f3n de la .plenitud, de la verdad.<\/p>\n<p>Exponemos sint\u00e9ticamente tres de estas instancias.. La instancia hist\u00f3rica afluye de todo el contexto hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de inherencia de la verdad cristiana; tiene su centro fontal en el acontecimiento-Cristo. El es la verdad, que se ha hecho historia y que gu\u00ed\u00ada a la historia a su verificaci\u00f3n meta-hist\u00f3rica. La verdad del cristiano es reconocida, acogida y correspondida en el hoy y en el progresar de la historia, a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica desempe\u00f1ada por la Iglesia. La historia, a su vez, no es otra cosa que este hacerse de la verdad en el hombre. La instancia existencial, ligada a la sensibilidad pragm\u00e1tico-positiva actual, la pone de manifiesto el valor salv\u00ed\u00adfico de la verdad cristiana. Jes\u00fas es revelador no de las deidades de Dios, sino del Dios para nosotros; de la Verdad que libera y. da la vida. Es la verdad-vida, que llama a la fidelidad y al testimonio. La instancia personal es particularmente sensible a la interioridad de la verdad, al primado de la verdad-sujeto sobre la verdad-objeto, porque \u00abin interiore homine habitat veritas\u00bb (SAN AGUST\u00ed\u008dN, De vera religione, 39,72: PL 34,154). Esta instancia es asumida y desarrollada por la acci\u00f3n interiorizadora del Esp\u00ed\u00adritu. El es el pedagogo de la verdad (Jua 16:13), que la suscita en el hombre como fruto suyo (Efe 5:9). M\u00e1s ac\u00e1 del Esp\u00ed\u00adritu, la verdad es letra, palabra exterior. Por la acci\u00f3n creadora y re-creadora del Esp\u00ed\u00adritu, la verdad penetra en el coraz\u00f3n del hombre haci\u00e9ndolo verdadero en su ser\/deberser de persona nueva en Cristo. Por ello el cristiano no conoce simplemente la verdad; est\u00e1 en la verdad. Y su anuncio es m\u00e1s que una ense\u00f1anza; es un testimonio.<\/p>\n<p>III. \u00abEthos\u00bb de la verdad: la veracidad<br \/>\nLa libertad asume como tarea lo que la conciencia reconoce como valor. A la autbc\u00f3nciencia del valor= verdad le sigue el cumplimiento \u00e9tico de la veracidad en la pl\u00fcridiinensiopalidad de las exigencias .y r\u00e9spons,a bilidades que la verdad, comporta y suscita. Son exigencias de escucha, de sinceridad, de veracidad, de testimoni\u00f3, de, di\u00e1logo y tolerancia.<\/p>\n<p>La veracidad es \/virtud moral. Como tal es actitud de toda la persona: disposici\u00f3n de la libertad, que yo soy, a la verdad. Y es virtud social, que abre a los dem\u00e1s, cualificando y promoviendo las relaciones. La veracidad es virtud de fidelidad: fidelidad a la verdad y en la verdad. Es respeto y amor de la verdad, atenci\u00f3n y b\u00fasqueda, comunicaci\u00f3n y atestaci\u00f3n, docilidad y servicio de la verdad. La veracidad hace verdadera a la persona de la verdad que profesa eficazmente en su vida. Y la hace ministro de la verdad, o sea de Dios, del que toda verdad es refracci\u00f3n reveladora. Dios es el veraz, la verdad que se autocomunica en Cristo por medio del Esp\u00ed\u00adritu y que hace veraz al hombre. La veracidad es por s\u00ed\u00ad misma fidelidad a la verdad creadora y liberadora de Dios igual que Cristo es logos veraz de Dios y en comuni\u00f3n con Cristo; de cuyo logos el cristiano es constituido signo y testimonio.<\/p>\n<p>Por eso la veracidad no es tanto la ley que prohibe la mentira como la autoconciencia cargada de exigencia de una fidelidad. Es fidelidad a la verdad, y por tanto a Dios, fundamento, fuente y plenitud de la verdad. Y, as\u00ed\u00ad mismo, a la verdad que me hace verdadero; y a los otros, encontrados en la verdad que une y hace la comunidad. Por eso la infidelidad a la verdad es decreadora, y la Escritura la identifica con el maligno y su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. ESCUCHA. La primera veracidad se da frente a la verdad misma. K. Rahner la ha llamado \u00bb el sentido de la verdad\u00bb (La veracit\u00e1, 289), como sensibilidad vigilante y constante del hombre a la verdad. No puede haber comunicaci\u00f3n de verdad sin comunicarse con la verdad. De ah\u00ed\u00ad el cometido primario de la apertura y de la permeabilidad a la verdad, de su b\u00fasqueda, de su intensificaci\u00f3n: \u00abTodos los hombres&#8230; son impulsados por su propia naturaleza a buscar la verdad, y adem\u00e1s tienen la obligaci\u00f3n moral de buscarla&#8230; Y est\u00e1n obligados as\u00ed\u00ad mismo a adherirse a la verdad conocida y a ordenar toda su vida seg\u00fan las exigencias de la verdad\u00bb (DH 2).<\/p>\n<p>Esta forma originaria de la veracidad se basa en la confianza. No solamente en las posibilidades del hombre de encontrarse y reconciliarse con la verdad, sino ante todo en la realidad de la verdad y en sus posibilidades reveladoras de valor y de sentido. A esta confianza se le entrega la verdad, sobre todo en la medida en que no se trata de verificarla y de tomarla, sino de reconocerla y dejarse tomar. Sin embargo; el hombre atraviesa hoy una crisis de desconfianza en la verdad, aunque no sea sino porque ha perdido su sentido y valor, desvi\u00e1ndolo y reduci\u00e9ndolo a verdades perif\u00e9ricas y emp\u00ed\u00adricas, por lo cual se mide s\u00f3lo con \u00e9stas, cayendo en el monismo de la verdad, de modo que cuanto rebasa este nivel goza no del beneficio de lo verdadero, sino de lo opinable.<\/p>\n<p>Pero la veracidad no est\u00e1 constituida por la opini\u00f3n, ni siquiera por la dominante o estad\u00ed\u00adsticamente m\u00e1s sostenida. La veracidad se consigue a s\u00ed\u00ad misma a la luz reveladora del ser y de la realidad. En este significado originario la veracidad es \u00abla apertura [&#8230;] del hombre como esp\u00ed\u00adritu hacia el ser simplemente tal -en el que se fundamenta todo el ser de los seres-, como la aceptaci\u00f3n del misterio, que es el fundamento en que se basa toda realidad, y al que llamamos Dios, como la verdad primaria que tiene en s\u00ed\u00ad misma su pleno sentido, aunque no sea \u00fatil para nada, aunque no pueda ser t\u00e9cnicamente utilizada y puesta al servicio del progreso biol\u00f3gico, del avance en el nivel de vida, de las distracciones y de las diversiones; el sentido de la verdad que es severa, exigente y se da a s\u00ed\u00ad misma con esos caracteres, que no s\u00f3lo se dirige y llama a la racionalidad del hombre t\u00e9cnicamente refinado, sino que posibilita y exige su esp\u00ed\u00adritu, la decisi\u00f3n \u00faltima de la libertad y al hombre todo\u00bb (K. RAHNER, La veracidad, 249).<\/p>\n<p>Para realizar esta primera y decisiva veracidad se necesita una disponibilidad de escucha acogedora, lograda mediante el recogimiento con el que la libertad se sustrae a la dispersi\u00f3n y se asume a s\u00ed\u00ad misma; de silencio, por el que, obligando a callar todas las distracciones, abre el esp\u00ed\u00adritu a las profundidades trascendentes de la verdad; de contemplaci\u00f3n, con la cual relativiza y trasciende la actitud del espectador, elev\u00e1ndose a la l\u00f3gica de la participaci\u00f3n, o sea del conocimiento m\u00e1s comprometido y adherente, la \u00fanica que es capaz de alcanzar la profundidad y la plenitud de la verdad.<\/p>\n<p>2. SINCERIDAD. La fidelidad a la verdad que hace verdadera la vida propia se proyecta como fidelidad en la verdad a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s; es la manifestaci\u00f3n del propio ser verdadero, por el cual la persona se ofrece en la verdad. Es la veracidad como sinceridad: ser verdaderos.<\/p>\n<p>Es el emerger que se automanifiesta del propio ser personal, la continuaci\u00f3n de la propia realidad como presencia de s\u00ed\u00ad a s\u00ed\u00ad y a los otros; el darse puro, simple, sincero de la verdad. Por eso veracidad y verdad, como en la emeth b\u00ed\u00adblica, son la misma cosa: la verdad del propio ser que se auto-revela, \u00abla veracidad de la propia verdad para los otros\u00bb (K. RAHNER, La veracidad, 273) en la libertad y en el amor. -En la libertad, porque esta autoapertura no procede necesariamente, sino como acto d\u00e9 fidelidad a la verdad del propio ser y a los dem\u00e1s, a los cuales se abre la verdad. Ello comporta el riesgo \u00e9tico y la posibilidad inversa de la infidelidad como interaceptaci\u00f3n manipuladora y desviada de la propia verdad a los otros. En el amor, porque aqu\u00ed\u00ad veracidad es autodonaci\u00f3n de la verdad que yo soy, y por tanto de mi ser verdadero al otro. Es gracia: reflejo de la verdad d\u00e9 Dios, que se automanifiesta y da a nosotros. Por eso la insinceridad es siempre un acto de rechazo ego\u00ed\u00adsta de darse en la verdad.<\/p>\n<p>a) Consigo mismo. El primer alter, el primer t\u00fa al que me abro y ofrezco en la verdad soy yo mismo para m\u00ed\u00ad. Por eso la primera sinceridad es consigo mismo; es la imagen que se da de s\u00ed\u00ad. Cada uno secunda los fen\u00f3menos de la represi\u00f3n, de la racionalizaci\u00f3n, de la autojustificaci\u00f3n, de la pseudoconciencia, de la \u00ed\u00adntima ficci\u00f3n, con los que de manera m\u00e1s o menos refleja procede a la adaptaci\u00f3n utilitaria y gratificante de la verdad de s\u00ed\u00ad a s\u00ed\u00ad mismo. Por eso nos concedemos una imagen ficticia, fuente de complacencia satisfactoria.<\/p>\n<p>En cuanto la libertad experimenta este condicionamiento de la verdad, est\u00e1 llamada, por una parte, a una conversi\u00f3n radical de toda certificaci\u00f3n instintiva y emocional de s\u00ed\u00ad; por otra, a una liberaci\u00f3n autocr\u00ed\u00adtica de toda imagen torcida e inaut\u00e9ntica: por la confrontaci\u00f3n abierta con la realidad \u00ed\u00adntima y genuina, con la experiencia, con los otros, con la autoridad, con la comunidad, con la palabra de Dios; en vigilante y confiada docilidad a la acci\u00f3n liberadora y sinceradora del Esp\u00ed\u00adritu, del que es don y fruto la verdad de nuestro ser.<\/p>\n<p>En la autoconciencia seg\u00fan la verdad, el hombre es verdaderamente libre porque se autoposee en el ser y en el deber ser. En el ser, por el que simplemente es, sin el af\u00e1n de la apariencia ni la angustia del l\u00ed\u00admite. En el deber ser, porque tiene la serena conciencia de sus posibilidades y de sus obligaciones y se abre a la conversi\u00f3n, a la fidelidad y a la esperanza.<\/p>\n<p>b) Con los otros. Todo hombre es \u00e9l mismo delante de los otros: se muestra. Mostrarse es ofrecerse a la mirada; revelar el propio rostro, comunicar en la verdad del rostro. De esta reciprocidad de rostro y mirada procede la din\u00e1mica social de comuni\u00f3n y comunidad; es la propia sinceridad ofrecida a los otros en una fidelidad simult\u00e1nea e indivisible a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero el hombre no se ofrece a la mirada a la manera de una cosa o de un animal. En el animal hay autoidentidad, porque es naturaleza. En el hombre hay auto-esp\u00ed\u00adritu, porque es persona: sujeto consciente y libre. Falt\u00e1ndole la natural auto-identidad del animal, el hombre se ofrece a la mirada seg\u00fan la imagen que ofrece \u00e9l de s\u00ed\u00ad. El animal est\u00e1 todo \u00e9l en su exterioridad; es lo que aparece de s\u00ed\u00ad. A diferencia de la persona que es una interioridad, no transparente por s\u00ed\u00ad misma, sino por la mediaci\u00f3n reveladora de la exterioridad. De ah\u00ed\u00ad el papel decisivo de la libertad en esta mediaci\u00f3n de la verdad: el hombre puede ofrecerse en la transparencia del rostro o en su enmascaramiento, en la unidad de la sinceridad o en la doblez de la hipocres\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En una libertad de lealtad el hombre es \u00e9l mismo y fuente de confianza y de fiabilidad. Se mide con la verdad, no con la ventaja, la bonita figura o la buena opini\u00f3n que necesitan garantizarse mediante el consenso humano. No se sobrevalora ni se ufana, no simula ni disimula; est\u00e1 en paz consigo y con los dem\u00e1s; se siente serenamente seguro, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie. Y se ofrece en la verdad. De \u00e9l podemos fiarnos, de \u00e9l no nos defendemos. Su sinceridad conquista y desarma, porque conquista para la verdad y la lealtad, anulando y rompiendo la espiral perversa de ficci\u00f3n y contraficci\u00f3n. De la confianza que la sinceridad funda y derrama procede la comuni\u00f3n y vive la comunidad humana. Por ella nos encontramos de persona a persona, en la reciprocidad donante y acogedora del amor.<\/p>\n<p>3. VERACIDAD. \u00abVerum est diffusivum su\u00c2\u00a1\u00bb, dice la ontolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica. En t\u00e9rminos de filosof\u00ed\u00ada personalista podr\u00ed\u00ada traducirse: \u00abLa verdad est\u00e1 cargada de destino\u00bb. La verdad es verdad para otros. Se afirma para decirse; se acoge para ser comunicada. Como tal, toma cuerpo en la palabra: es llevada por la palabra. Y se hace mensaje.<\/p>\n<p>De esta manera la palabra se convierte en el lugar-vector de la verdad y termina desempe\u00f1ando un papel decisivo. Pues en ella la verdad encuentra su fuerza mediadora: mediante la palabra, la verdad atraviesa el espacio y el tiempo y se hace presente, convincente, operante. Pero encuentra tambi\u00e9n su fragilidad, porque sigue su suerte. No es ya simplemente verdad; es palabra verdad, lo cual significa que puede convertirse en palabra falsa. No por autocontradicci\u00f3n de la verdad, sino por inadecuaci\u00f3n o traici\u00f3n de la palabra; por infidelidad de la palabra a la verdad.<\/p>\n<p>La palabra es siempre dicha por alguien; es palabra de un sujeto humano. La persona es la que se hace palabra, que por eso lleva la responsabilidad de la palabra seg\u00fan verdad. Y \u00e9sta es tal cuando es ver\u00ed\u00addica, o sea por doble y simult\u00e1nea fidelidad a la verdad y a su destinatario.<\/p>\n<p>a) Fidelidad a la verdad. La veracidad es fidelidad a la verdad, por lo cual el hombre cuando habla debe decir la verdad. Puede callarse; incluso muchas veces es prudente y obligado callarse; el silencio es virtud. Exhorta el ap\u00f3stol. \u00abTodo hombre debe ser pronto para escuchar, pero lento para hablar\u00bb (Stg 1:19). Pero cuando habla, debe decir la verdad. La palabra es acto humano; el hombre no la vive como fen\u00f3meno puramente natural, sino como acontecimiento propiamente humano, que compromete su libertad. Esta la asume como obligaci\u00f3n de lealtad, de palabra seg\u00fan verdad. Es un cometido que requiere tambi\u00e9n valor: el valor de decir la verdad.<\/p>\n<p>Descuidar esta obligaci\u00f3n significa mentir: traicionar la verdad con la palabra. Y esto es la l mentira: infidelidad a la verdad. Pero puede ser m\u00e1s que mentira cuando se trata, de la verdad de alguno; su distorsi\u00f3n o falsificaci\u00f3n puede convertirse en maledicencia, denigraci\u00f3n y calumnia. A la traici\u00f3n de la verdad se a\u00f1ade una traici\u00f3n del derecho y del amor.<\/p>\n<p>La veracidad no es nunca manifestaci\u00f3n pura y simple del pensamiento, porque no puede separarse de la prudencia y de la caridad. Una palabra indiscreta que revela un secreto, una palabra imp\u00fadica que pone al desnudo una intimidad, aunque responda a la verdad, no puede responder al amor hacia aqu\u00e9l de quien hablamos.<\/p>\n<p>b) Fidelidad al destinatario. La palabra por s\u00ed\u00ad misma activa una relaci\u00f3n; se hace mensaje de un emisor a un destinatario, que por lo mismo entran en relaci\u00f3n. Para ser una comunicaci\u00f3n humana, o sea creadora de una socialidad humanizante, debe producirse en la verdad, debe ser don e intercambio de verdad. En la verdad los.hombres se hacen cre\u00ed\u00adbles y fiables, y la comunidad progresa en la justicia y en el amor.<\/p>\n<p>En la comunicaci\u00f3n verdadera el destinatario es afirmado y confirmado en, su dignidad de persona: de sujeto con valor de fin, nunca de medio. Hablarle es m\u00e1s que darle verdades-. noticia\u00bb que tratarlo de objeto de informaci\u00f3n. Hablarle es darle la palabra, suscitar en \u00e9l la palabra que lo hace sujeto de verdad en la comunicaci\u00f3n y en la comuni\u00f3n. Al contrario, la comunicaci\u00f3n falsa coloca al destinatario a merced de la voluntad instrumental del emisor; \u00e9ste no le da la palabra de verdad, sino que lo confunde para su propio uso o placer. Esto se verifica no s\u00f3lo en la mentira bonita y buena, sino en todas las formas pilotadas y parciales de comunicaci\u00f3n, en las cuales la verdad no hace verdaderos, sino que ideologiza; no humaniza, sino que funcionaliza.<\/p>\n<p>Hay que concienciarse de estas posibilidades y riesgos en relaci\u00f3n con la extensi\u00f3n masiva y planetaria de las relaciones que la palabra hoy activa y entrelaza. Son posibilidades inesperadas y cargadas de promesa para la afirmaci\u00f3n de la verdad y la promoci\u00f3n social humana, Pero al mismo tiempo comportan un enorme riesgo de monopolizaci\u00f3n y de manipulaci\u00f3n de la verdad y de la comunicaci\u00f3n, que es preciso contrastar y conjurar con valor atento y cr\u00ed\u00adtico: Aqu\u00ed\u00ad el problema \u00e9tico de la veracidad se vuelve al mismo tiempo pol\u00ed\u00adtico, y la responsabilidad moral queda activamente involucrada a nivel de gesti\u00f3n del poder y de control del poder (! Comunicaci\u00f3n social V, 5).<\/p>\n<p>Como la verdad de aqu\u00e9l de quien hablo, tampoco la verdad a aqu\u00e9l a quien hablo est\u00e1 nunca sin el amorcaridad. No se trata de hablar de cualquier manera, sino de hablar en la sinton\u00ed\u00ada de la caridad, en la longitud de onda del amor. Una verdad echada en cara, proferida de malos modos o en-.un momento inoportuno; una verdad que deprime, -ofende, aleja o destruye, es verdad sin amor. Pero una lisonja, una mentira piadosa o ben\u00e9vola, es amor sin verdad. Verdad y amor son inseparables en la palabra; \u00e9sta es dictada por el amor y se mide por la verdad.<\/p>\n<p>4. TESTIMONIO. La consistencia personal de la verdad, por la cual la persona se ofrece en la verdad y se hace palabra de verdad, da a la veracidad un car\u00e1cter atestativo: La veracidad es testimonio, testimonio de la verdad con uno mismo entero, con la propia vida.<\/p>\n<p>Todo testimonio es siempre a partir de una experiencia personal de la verdad, de una escucha fiel y operante de ella. Por eso la verdad me identifica y mi ser se convierte en el rostro revelador.<\/p>\n<p>Por mi testimonio el otro es m\u00e1s que informado o instruido; es implicado y renovado. Porque informaci\u00f3n e instrucci\u00f3n son funciones del tener; entre yo y el otro hay comunicaci\u00f3n de datos. El testimonio, en cambio, es expresi\u00f3n del ser\/ ser-con: yo comunico simplemente algo, pero me comunico; y el otro no adquiere una verdad-objeto, sino que acoge una verdad-persona en una comunicaci\u00f3n que es comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>En el testimonio la vivencia precede a la palabra y la hace verdadera; y el sujeto es veraz no por las pruebas que sabe ofrecer o por el poder con que se impone, sino por la credibilidad que sabe suscitar, por la coherencia atractiva y arrolladora con que vive la verdad que profesa. Su presencia testificadora es la demostraci\u00f3n primera y decisiva de la verdad. El otro, m\u00e1s que convencido o persuadido, es conquistado para la verdad, convirti\u00e9ndose en testimonio suyo a su vez.<\/p>\n<p>El testimonio es a la vez una exigencia \u00e9tica de la verdad-valor-sentido, que llama a la coherencia operativa; y del amor-caridad, que llama al anuncio, a la comunicaci\u00f3n, a la comuni\u00f3n en la verdad. Es una tarea que implica a todos. Cada uno, en efecto, responde del testimonio que est\u00e1 llamado a ofrecer en la condici\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de su situaci\u00f3n y de su-elecci\u00f3n profesional y vocacional. Nadie puede sustraerse, porque la renuncia al testimonio no es la nada de hecho, sino el testimonio de una indiferencia a la verdad, de un gris axiol\u00f3gico; de una insignificancia que son ya un antitestimonio, de cuyos efectos involutivos es responsable el sujeto.<\/p>\n<p>Para el cristiano el testimonio, es m\u00e1s que una exigencia \u00e9tica. Es la vida misma cristiana recibida como gracia y tarea sacramental: ser signo transparente , y atractivo de Cristo-verdad constitutiva y dinamizante de toda nuestra vida. La veracidad cristiana es por s\u00ed\u00ad misma un testimonio (Heb 1:8; Heb 10:39; 2Ts 1:10). Brota de una experiencia personal de la verdad; toma forma en una escucha observante y comprometida (Jua 14:15; Jua 15:10; Luc 11:28; . Stg 1:22); es practicada no con el \u00abprestigio de la palabra\u00bb (1Co 2:1), sino con \u00abel ministerio del testimonio del evangelio\u00bb (Heb 20:24); y supone la parresia, \u00abla franqueza valerosa\u00bb (Heb 4:31) de un testimonio a pesar de todo. El estilo del testimonio impregna toda la vida del cristiano; informa la vivencia de la fe, conformando a la vez toda la vida moral cristiana. Porque el testimonio de la fe es el testimonio de la verdad que la fe saca, anima y finaliza de modo indeduciblemente nuevo.<\/p>\n<p>Como para todo hombre, tambi\u00e9n para el cristiano, en un sentido evang\u00e9licamente m\u00e1s fuerte y grave, sustraerse al testimonio es hacerse culpable de esc\u00e1ndalo: de un testimonio frustrado o de un testimonio de la no-verdad eclesial y socialmente de-creadores. Por eso el evangelio (cf Luc 17:2-3) y el Apocalipsis (cf Apo 3:15) pronuncian una fuerte y severa condena en contra. As\u00ed\u00ad como el testimonio involucra en la verdad, el esc\u00e1ndalo es contagioso en el error y en la falsedad. Ser activamente conscientes de ello es tener conciencia de la responsabilidad social y eclesial de la verdad.<\/p>\n<p>5. DI\u00ed\u0081LOGO Y TOLERANCIA. La tendencia moral a la verdad no tolera la violencia. Busca la verdad y no se satisface m\u00e1s que en ella. Pero en esta b\u00fasqueda tiene la concreta conciencia de encontrarse y confrontarse con mediaciones humanas de la verdad; son mediaciones marcadas por la diversidad de individuos y comunidades, que por lo mismo recorren caminos m\u00faltiples y separados.<\/p>\n<p>Sin embargo, la verdad no se nos ha dado en su forma pura, sino marcada hist\u00f3rica y culturalmente. Por eso es susceptible de determinaciones parciales, esp\u00fareas, unilaterales, desequilibradas; est\u00e1 sujeta a olvidos y descuidos, a tensiones dial\u00e9cticas y reacciones emotivas, a resistencias pol\u00e9micas y a conformaciones ir\u00e9nicas, a fugas hacia adelante y a imprevisibles reflujos. Personas y comunidades, movimientos y corrientes de pensamiento, en la b\u00fasqueda y en la defensa de la verdad padecen el influjo, no reflejo pero determinante, del propio h\u00e1bitat de la verdad: la conciencia de la verdad resulta inevitablemente marcada por ello.<\/p>\n<p>Esta diversificaci\u00f3n de la verdad nos da una concepci\u00f3n sinf\u00f3nica y pluralista de la unidad de la verdad, que orienta \u00e9ticamente la libertad frente al pensamiento y a las convicciones ajenas. Tal orientaci\u00f3n es una forma particular de la veracidad, como fidelidad a la verdad de la que el otro est\u00e1 personalmente persuadido. Por eso no se le refuta en la diversidad de su convencimiento y comportamiento, pero de todos modos se lo encuentra y acepta (cf GS 92).<\/p>\n<p>Esta veracidad es ante todo di\u00e1logo, como confrontaci\u00f3n e intercambio integrador de aspectos, dimensiones, y momentos de la verdad que cada uno (individuo o comunidad) siente y manifiesta de modo propio y particular. Est\u00e1 al servicio de aquella comprensi\u00f3n sinf\u00f3nica de la verdad, a cuya riqueza arm\u00f3nica cada uno concurre con su singularidad, superando todo monolitismo uniformizante y totalitario de la verdad. Veracidad significa aqu\u00ed\u00ad atenci\u00f3n y acogida de las aportaciones de todos a la luminosidad de la verdad en nosotros y alrededor de nosotros. Aqu\u00ed\u00ad no est\u00e1 en juego la verdad; la diversidad no es sentida como no-verdad, sino como acentuaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n particular de la verdad.<\/p>\n<p>En cambio, hay situaciones en las cuales la persuasi\u00f3n del otro, m\u00e1s que como tonalidad particular de la verdad, es sentida como una opini\u00f3n discutible o inaceptable, que no se consigue compartir por respeto a la verdad. Aqu\u00ed\u00ad se verifica una especie de conflicto entre la fidelidad al otro exigida por el amor\/ caridad y la fidelidad a la verdad que no tolera el error. Manifiestamente no se puede en nombre del amor ceder a una visi\u00f3n acr\u00ed\u00adtica o indiferente de la verdad; de ah\u00ed\u00ad se derivar\u00ed\u00ada un sincretismo indiferente a la verdad y a la falsedad. Ni tampoco se puede en nombre de la verdad denunciar al otro, distanciarse de \u00e9l y abandonarlo a su error.<\/p>\n<p>Hay una veracidad que es amor a la verdad y al otro, que le indica a la libertad una soluci\u00f3n din\u00e1mica y dial\u00e9ctica de este conflicto. Es la tolerancia, virtud de respeto de las convicciones personales ajenas. Ella satisface a la vez las exigencias del amor y de la verdad. Y porque amor y verdad se implican indivisiblemente: el amor se complace en la verdad (1Co 13:6) y la verdad se realiza en la caridad (Efe 4:15).<\/p>\n<p>La tolerancia, sin ceder a relativismo alguno, parte del supuesto de la inherencia personal de las opiniones ajenas. Estas son expresi\u00f3n de las convicciones profundas de un sujeto que las ha madurado en su ambiente vital. Por tanto no se las puede tratar de acuerdo con ideas an\u00f3nimas y abstractas, sino persuasiones de una conciencia personal que, en cuanto tal, merece atenci\u00f3n, respeto y cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>Son actitudes que el tolerante vive activamente, porque se siente \u00ed\u00adntimamente impulsado por la veracidad a la confrontaci\u00f3n y al di\u00e1logo cr\u00ed\u00adtico y veraz con el otro. La tolerancia es camino progresivo hacia la verdad que hay que buscar y alcanzar juntos. Parte de una cr\u00ed\u00adtica sincera y vigilante de las propias certezas y los propios criterios de verdad. Libera igualmente de una visi\u00f3n posesiva y preconcebida de la verdad y pone en la libertad de comprender al otro, de valorar sus convicciones y de orientar a la verdad el camino del di\u00e1logo.<\/p>\n<p>La tolerancia tiene por base la humildad, por lo cual no nos sentimos due\u00f1os y \u00e1rbitros de la verdad, sino fieles servidores suyos; y se basa en la confianza, por lo cual no se condena al otro a su error, sino que nos unimos a \u00e9l en el camino hacia la verdad. Ella permite descubrir en \u00e9l elementos y recursos imprevisibles de verdad, que el intolerante no s\u00f3lo no ve, sino que reprime e impide que afloren.<\/p>\n<p>La tolerancia no minimiza ni condesciende nunca con el error; no es nunca un modo de pasar por encima o de convenir como sea, sino que lo afronta y lo vence con voluntad paciente e itinerante de encuentro cr\u00ed\u00adtico y persuasivo.<\/p>\n<p>La tolerancia es virtud ecum\u00e9nica; une en una comuni\u00f3n de tendencia a la verdad que tenemos delante como horizonte de comprensi\u00f3n y luz que orienta y hace de meta de nuestro camino. La Iglesia del Vat. II ha marcado el estilo y el modo de referirse y medirse con todos los dem\u00e1s en la verdad.<\/p>\n<p>La verdad es a la vez y siempre una fuente y una meta. Esta polaridad dial\u00e9ctica dinamiza el ethos de la veracidad como fidelidad prol\u00e9ctica a la verdad. De esta luz fontal y final saca la veracidad no s\u00f3lo conocimiento, sino tambi\u00e9n libertad: libertad de ser y deber-ser, sin ceder a fatalismo alguno de la verdad. Porque la verdad es a la vez y siempre revelaci\u00f3n y liberaci\u00f3n: \u00abconocer\u00e9is la verdad, y la verdad os har\u00e1 libres\u00bb (Jua 8:32).<\/p>\n<p>[\/Acto humano; \/Comunicaci\u00f3n social; \/Informaci\u00f3n; \/Mentira].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., El hombre ante la verdad, en \u00abRevista Cat\u00f3lica Internacional\u00bb 9 (1987) n. 4; AA. V V., La verdad y sus v\u00ed\u00adctimas, en \u00abCon\u00bb 220 (1988) 346-507; AA. VV., Verit\u00e1 di Cristo. 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Aproximaci\u00f3n te\u00f3rica: a) La verdad como \u00abadaequatio\u00bb, b) &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/verdad-y-veracidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVERDAD Y VERACIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17296","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17296","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17296"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17296\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17296"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17296"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17296"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}