{"id":17298,"date":"2016-02-05T11:15:03","date_gmt":"2016-02-05T16:15:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtudes-teologales\/"},"modified":"2016-02-05T11:15:03","modified_gmt":"2016-02-05T16:15:03","slug":"virtudes-teologales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtudes-teologales\/","title":{"rendered":"VIRTUDES TEOLOGALES"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. En el origen de la doctrina sobre la \u00absanta tr\u00ed\u00adada\u00bb:<br \/>\n1. La revelaci\u00f3n:<br \/>\n    a) Premisa,<br \/>\n    b) La vida teologal seg\u00fan los evangelios,<br \/>\n    c) Los tres en el \u00abcorpus\u00bb paulino y petrino;<br \/>\n2. La tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstico-teol\u00f3gica;<br \/>\n3. La conciencia eclesial contempor\u00e1nea.<br \/>\nII. La teolog\u00ed\u00ada de las virtudes teologales:<br \/>\n1. \u00ab&#8230; y as\u00ed\u00ad vuestra fe y vuestra esperanza est\u00e1n fijas en Dios\u00bb:<br \/>\n    a) La vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu,<br \/>\n    b) La participaci\u00f3n del padecer de Dios: \u00abTendr\u00e9is tribulaciones en el mundo\u00bb;<br \/>\n2. Las virtudes teologales en particular:<br \/>\n    a) \u00abFija la mirada en Jes\u00fas, autor y perfeccionador de la fe\u00bb,<br \/>\n    b) Dar raz\u00f3n de la esperanza que hay en nosotros y que no decepciona,<br \/>\n    c) \u00abArraigados y fundados en la caridad\u00bb:<br \/>\n3. La teologalidad: en el coraz\u00f3n de la propuesta moral cristiana:<br \/>\n    a) El bien de toda la persona y de todos los pueblos en el nosotros de la comuni\u00f3n trinitaria,<br \/>\n    b) En uni\u00f3n con Dios en las fronteras de la historia.<br \/>\nIII. La antiteologalidad: la enfermedad mortal.<\/p>\n<p>I. En el origen de la doctrina sobre la \u00absanta tr\u00ed\u00adada\u00bb<br \/>\n1. LA REVELACI\u00ed\u201cN. a) Premisa. La teolog\u00ed\u00ada, que a comienzos del segundo milenio de historia cristiana aclar\u00f3 y precis\u00f3 las categor\u00ed\u00adas de las virtudes teologales, llev\u00f3 a cabo una operaci\u00f3n compleja. Estableci\u00f3 la conciencia que la comunidad cristiana hab\u00ed\u00ada madurado de su condici\u00f3n de \u00abcreaci\u00f3n nueva en Cristo\u00bb (2Co 5:17). Indic\u00f3 en la relaci\u00f3n con Dios Trinidad, iniciada para todos en Jesucristo encarnado, muerto y resucitado, la fuente de la cual brota y la meta hacia la que converge el camino moral. Ilustr\u00f3 los dinamismos a trav\u00e9s de los cuales crece y se hace concreta la comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Evidenciar la conexi\u00f3n estrech\u00ed\u00adsima entre la vida en gracia y la lea-, la econom\u00ed\u00ada del NT, significaba hacerla propuesta universal. Los \u00abregenerados mediante la resurrecci\u00f3n de Jesucristo de los muertos\u00bb (1Pe 1:3) est\u00e1n todos llamados a hacer que la amistad con Dios se convierta en experiencia cotidiana y estilo de vida.<\/p>\n<p>La conciencia de los reflejos antropol\u00f3gicos de esta nueva condici\u00f3n, de las posibilidades que ha iniciado, de la luz que proyecta en todo el camino humano, ha incidido de modo determinante en cualificar la propuesta de vida que la comunidad cristiana celebra, experimenta y anuncia a todos.<\/p>\n<p>Colocar la uni\u00f3n con Dios, y por tanto las virtudes teologales, en el centro de la vida del pueblo de Dios es ilustrar la vocaci\u00f3n divina de la humanidad, evidenciar la justa perspectiva de la presencia en la historia, ayudar a ver a Dios, a s\u00ed\u00ad mismos y la realidad en una \u00f3ptica convergente, a estimular a hombres y mujeres para que orienten y cualifiquen sus dinamismos.<\/p>\n<p>Como quiera que se la cualifique, el hecho es que no es posible vivir y educar la existencia cristiana prescindiendo de la vida teologal, de la luz que proyecta sobre el misterio de la humanidad en Dios. Una teolog\u00ed\u00ada moral que no quiera traicionarse a s\u00ed\u00ad misma no puede prescindir impunemente de este dato y descuidar sus provocaciones y est\u00ed\u00admulos.<\/p>\n<p>Reflexionar teol\u00f3gicamente hoy sobre esta realidad es reinterpretarla y penetrarla a la luz en que la ve la comunidad que vive el misterio de su condici\u00f3n divina. No se trata de legitimar categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas, sino de ilustrar la vocaci\u00f3n a creaci\u00f3n nueva, de penetrar el sentido y el alcance de lo que el Esp\u00ed\u00adritu dice hoy a la Iglesia y de explicitar los caminos y las condiciones de la comuni\u00f3n que es posible vivir en la era que precede a la parus\u00ed\u00ada. La lectura teol\u00f3gica es verdadera si explicita y transmite la inteligencia que la comunidad posee de la palabra de Dios y se deja cuestionar e interrogar por ella.<\/p>\n<p>La verdad teol\u00f3gica crece en la experiencia del pueblo de Dios, que escucha, celebra y vive con inteligencia unificada y convergente .la Palabra y cotidianamente se deja conducir por ella a cooperar a la reconciliaci\u00f3n del mundo con Dios (cf P.C. BORI, Linterpretazione infinita).<\/p>\n<p>El mensaje b\u00ed\u00adblico ilustra el camino que recorren en el Esp\u00ed\u00adritu los que asienten a la iniciaci\u00f3n en la comuni\u00f3n trinitaria. La humanidad es de Dios, y es plenamente ella misma en el que se da, se deja acoger y acoge. La Iglesia, reunida por la Palabra, anuncia y experimenta la fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu, que la introduce en la inteligencia creciente del misterio y la sintoniza con la misi\u00f3n de salvaci\u00f3n en la cual la creaci\u00f3n se convierte ella misma en Dios (cf Rom 8:21ss).<\/p>\n<p>La Escritura espera al pueblo que la lea y la viva; se ha dicho para \u00e9l y es toda ella relativa a las personas que en ella hablan y a las personas que, mediante la escucha, viven proyectadas al todav\u00ed\u00ada .no de la plena comunicaci\u00f3n con el que habla.<\/p>\n<p>Esta experiencia, cuando es viva y aut\u00e9ntica, lleva a Dios, es contexto de teologalidad. Leer la Escritura en esta perspectiva no es falsear su contenido; es vivir su dinamismo, es acogerla en su verdad de semilla, de germen de vida nueva (1Pe 1:23).<\/p>\n<p>b) La vida teologal seg\u00fan los evangelios. La Escritura es el relato de la relaci\u00f3n de fidelidad, de confianza entre Dios y su pueblo. El pueblo, consciente de ser \u00e9l mismo en y por esta relaci\u00f3n (1Pe 2:9s), la piensa, se la representa, vive y habla de ella. Se trata de un pueblo de personas llamadas por su nombre (cf G\u00e9n 12:1ss; Ex 31ss; 1Sa 3:4ss), regenerada por una \u00abvocaci\u00f3n santa\u00bb, elegida seg\u00fan la \u00abpresciencia de Dios\u00bb (1Pe 1:2). La Palabra que lo re\u00fane pide al que la escruta que la penetre con el coraz\u00f3n y la mente, que se abra.a ella con docilidad, no para captar o aprender algo, sino para crecer en la pertenencia. La Palabra desvela al Dios invisible, que en la historia disipa la enemistad e invita a todo y a todos para que. entren en el misterio de comuni\u00f3n manifestado y dado en el Enmanuel, el Dios con nosotros (Mat 1:23). Lo que se da en esta uni\u00f3n se manifiesta y no se esconde: \u00abLo que hemos o\u00ed\u00addo y aprendido, lo que nuestros padres nos contaron no se lo ocultaremos a nuestros hijos\u00bb (Sal 78:3).<\/p>\n<p>En el NT esta revelaci\u00f3n se hace plena. Revelado y revelador es Jesucristo, que dice y da la vida en DiosTrinidad. Aunque se siente. la tentaci\u00f3n de leer en \u00e9l directrices sobre el hacer, en realidad descubre la v\u00ed\u00adtalidad de haberse convertido en Cristo hijos de Dios (1Jn 1:11), y por lo mismo en conciudadanos de los santos (Efe 2:19s). Las actitudes son frutos del vivir arraigados y fundados en este amor, de la solicitud encaminada a impedir que los acontecimientos pongan en crisis la fidelidad al fiel (1Co 1:9.10.13; 2Ti 2:13), que aparten de aquel que ha reconciliado consigo el Inundo (2Co 5:17ss), La manifestaci\u00f3n m\u00e1s alta de esta donaci\u00f3n es aqu\u00e9l viendo al cual se ve al Padre (cf Jua 14:9), aqu\u00e9l en el cual Dios se complace en la humanidad y \u00e9sta puede creer, esperar y amar a Dios y en Dios (cf IPe 1,11). El es la buena nueva, \u00e9l es la posibilidad de vivir y de caminar con Dios; y esto es alegr\u00ed\u00ada para el pueblo (Lev 2:11).<\/p>\n<p>Los evangelios sin\u00f3pticos hablan de \u00e9l: lo describen mientras ilumina vidas escondidas, cura historias de sufrimiento, transfigura a los que encuentra, sana la incredulidad, perdona a los pecadores, invita y admite a su seguimiento a los afligidos y oprimidos (Mat 11:28ss). Y todo esto es revelaci\u00f3n del camino de la Iglesia, es ejemplo para quienes caminan tras sus huellas. Todo el mensaje del NT es el desvelamiento de Jes\u00fas, manifestaci\u00f3n de Dios, presencia que suscita conciencia, amor, esperanza y abandono confiado. La revelaci\u00f3n m\u00e1s grande de Cristo est\u00e1 impl\u00ed\u00adcita en la demanda de que todos los seres se descubran como .capaces de amar en su amor, para amar como \u00e9l ha amado en y con el Esp\u00ed\u00adritu. El amor es \u00abmandamiento\u00bb porque brota de Dios, que asume y transfigura la historia y capacita para la relaci\u00f3n con \u00e9l y con todos los que est\u00e1n en \u00e9l.._El hape \u00abpr\u00f3jimo\u00bb de todo ser humano, que no cesa de ser invitado y llamado (Lev 10:29-37), aunque adopte la actitud de enemigo (Mat 5:14). Es el amor, que hace semejantes a Dios (cf Mat 5:45ss), que es amor; une la. vida del otro a la suya, y en esta uni\u00f3n hace convertirse en sacramento y&#8217; templo. El disc\u00ed\u00adpulo es invitado por el maestro a creer y a confesar a Dios, a amarlo (cf Mat 22:37) en s\u00ed\u00ad mismo y en el peque\u00f1o templo que es el pr\u00f3jimo. \u00abEl que acoge a este ni\u00f1o en mi nombre me acoge a m\u00ed\u00ad, y el que me acoge a m\u00ed\u00ad acoge al que me ha enviado\u00bb (Lev 9:48).<\/p>\n<p>En el evangelio de Juan el Verbo, que se hace carne y da el poder de llegar a ser hijos de Dios, es la luz que ilumina el camino hacia Dios. En la hora decisiva de su historia habla sin velos del misterio trinitario: promete y da. el Esp\u00ed\u00adritu para que est\u00e9 presente en la humanidad y la gu\u00ed\u00ade a Dios (Jn 13-17) y para que sea memoria permanente y viv\u00ed\u00adfica de toda su obra (Jua 14:26); se da a la Iglesia en presencia sacramental salv\u00ed\u00adfica (Mat 26:26ss); concede a los ap\u00f3stoles poder hacerlo presente y hablar y obrar en su nombre. En su resurrecci\u00f3n la creaci\u00f3n se hace nueva y la humanidad es regenerada por el Padre a la vida definitiva en Dios. Toda la existencia creyente es contemplada en esta \u00f3ptica como conocimiento y amor (Jua 17:3): Conocer y creer son los verbos que coloran toda la din\u00e1mica de la relaci\u00f3n amorosa que en Cristo subsiste entre Dios y su pueblo (cf Jua 17:6.8b; 1Jn 2:13; 1Jn 5:20; 1Jn 4:2). El verbo conocer (gr., guin\u00f3sko), \u00ed\u00adntimamente ligado a la fe, entre el evangelio y las cartas aparece 82 veces. El conocimiento es inherente a la revelaci\u00f3n del amor aparecido y dado en el Hijo de Dios; es la inteligencia del amor, igual que el amor es la luz en la cual el disc\u00ed\u00adpulo es invitado a morar, a permanecer (cf Jn 15;9). Este mensaje funda el consentimiento a las operaciones que los tres realizan en la historia. La salvaci\u00f3n es creer en el Hijo, que es el revelador del Padre (Jua 14:6b-7), que promete y env\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu (Jua 14:16s; Jua 15:26; Jua 16:7-15), que ense\u00f1a, recuerda y da lo que concierne a la vida en Cristo en el Padre (Jua 14:23). El Padre cultiva y suscita el injerto en el Hijo, igual que el vi\u00f1ador cultiva&#8217; su vid (cf Jua 15:1ss). Dios es amor (cf IJn 4;8b), y el amor es el Padre que, en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, suscita la fe amorosa de los disc\u00ed\u00adpulos. El \u00abconsagra\u00bb a los disc\u00ed\u00adpulos en creyentes, hace tales a quienes acogen y reciben el don del Esp\u00ed\u00adritu (Jua 20:22), el consolador (Jua 14:16), que abre al todav\u00ed\u00ada no (cf 1Jn 3:2), cultiva en la fidelidad a lo que Dios ama en su pueblo. La criatura \u00abespera\u00bb por la obra del Esp\u00ed\u00adritu, que confirma el plan del Padre, que obra y manifiesta lo nuevo, el todav\u00ed\u00ada no (Apo 21:5). Lo nuevo es Dios con nosotros; es el amor: \u00abUn mandamiento nuevo os doy: que os am\u00e9is los unos a los otros como yo os he amado\u00bb (Jua 13:34; Jua 15:12). La s\u00ed\u00adntesis y la fuente de la uni\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo con Dios y con la historia es la uni\u00f3n en Cristo, el testimonio (Jua 15:26s), la confesi\u00f3n de la pertenencia al maestro: \u00abPor esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (Jua 13:35). La nueva comunidad, el nuevo pueblo, brota de esta iniciativa (1Jn 4;7): \u00abno somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino&#8230; \u00ab(1Jn 4:10); el que ama \u00abes regenerado de lo alto\u00bb (Jua 3:3). Este don de salvaci\u00f3n tiene como signo el costado abierto del Hijo crucificado, del cual brota sangre y agua ( Jua 19:34b; IJn 5;6).<\/p>\n<p>c) Los tres (1Co 13:13) en el \u00abcorpus \u00abpaulino y petrino. La referencia m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita a los tres que fundan el nuevo status de la criatura nueva se encuentra en el corpus paulino, si bien la tendencia a considerar a estos tres, contexto y fruto de la condici\u00f3n de nueva criatura en Jesucristo (cf 2Co 5:16), se remonta a una tradici\u00f3n anterior (C. SricQ, L \u00f3rigine de la triade: foi, esp\u00e9rance, charit\u00e9, en Agap\u00e9 dans le NT, 3, 365378), y tuvo origen en la descripci\u00f3n que la Iglesia apost\u00f3lica hace de los rasgos del seguimiento de Cristo. Fe, esperanza y caridad son el ethos de la criatura renacida en Jesucristo (ICor 13,13; Col 1:4-5; 1Ts 1:3; 1Ts 5:8), la prerrogativa de los \u00abciudadanos de los consagrados y miembros de la familia de Dios\u00bb (Efe 2:19). Ellos, por el conocimiento del designio revelado en Jesucristo (Efe 1:10), maduran la solicitud por apresurar su vuelta (1Co 16:22; Apo 22:26) y su consentimiento a vivir en agape.<\/p>\n<p>Los tres se fundan en Pablo, no en la capacidad del que ha o\u00ed\u00addo y acogido el anuncio, sino en el don del Hijo de Dios muerto y resucitado. Toda su teolog\u00ed\u00ada gira en torno a este punto cardinal: nadie participa de la econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n si no es a trav\u00e9s de la muerte y la resurrecci\u00f3n del Hijo de Dios. Si no tiene lugar esta participaci\u00f3n, es \u00abvana la fe\u00bb (cf 2Co 15:4), as\u00ed\u00ad como la esperanza: Cristo en nosotros es \u00abla esperanza de la gloria\u00bb (Col 1:27). La comparaci\u00f3n que Pablo establece entre la ley antigua y la nueva, que es Cristo (cf Rom 6:14; Rom 7:4; G\u00e1l 2:19; G\u00e1l 3:13; Efe 2:15), que otorga liberaci\u00f3n y salvaci\u00f3n, pone de manifiesto la nueva relaci\u00f3n que Dios en \u00e9l ha establecido con su pueblo. La vida nueva, profundamente marcada por actitudes de fe, de esperanza y de amor, brota no de la abolici\u00f3n y del desprecio de la ley antigua, sino del hecho de que Cristo, nacido \u00abbajo la ley\u00bb (G\u00e1l 4:4), es su plenitud, su cumplimiento. Entre Dios y la criatura no est\u00e1 ya la ley escrita, hecha de prescripciones y decretos, sino la humanidad del Se\u00f1or crucificado y resucitado, aqu\u00e9l en quien Dios reconcilia el mundo consigo (cf 2Co 5:16ss). Fe, esperanza y caridad se convierten en el camino que la comunidad creyente (1Co 12:3lb) recorre cuando sigue a Cristo (Flp 2:5),-cuando cultiva en s\u00ed\u00ad \u00absus sentimientos\u00bb (cf Rom 15:5; Col 3:12). Ni a la fe ni a la esperanza le es desconocido el amor, y \u00e9ste cree y lo espera todo (cf ICor 13,7).<\/p>\n<p>Estas tres son prerrogativa de pueblo;-de comunidad, de cuerpo. Las referencias frecuentes a los Padres (Abrah\u00e1n, Sara, Mois\u00e9s), a los profetas, a todos los que esperan, no son un simple recuerdo; expresan conciencia de un lazo que brota de una pertenencia com\u00fan. Se forma parte del pueblo no por descendencia de carne, sino por la fe que de padre en hijo es proclamada; por la esperanza que une en la misma certeza, por el amor que re\u00fane el cuerpo fraccionado, el cuerpo disperso (cf Rom 1:1, Rom 1:1-29; Rom 4:1-25; IPe 2,9). Esta esperanza no es para la sola criatura humana; el mundo es reconciliado en Cristo (2Co 5:17ss), y por eso todo el universo, toda la creaci\u00f3n, est\u00e1 en espera (Ron 8,19-20). La humanidad vive y crece en este contexto c\u00f3smico de pasi\u00f3n, participacon conocimiento consciente de su gozo y gemido. El universo mira a la fe del creyente y, en esperanza, espera los gestos del amor, los que manifiestan que la uni\u00f3n, la koinonia ha ocurrido, es posible y va creciendo.<\/p>\n<p>Las cartas de Pedro ilustran con perspectiva unitaria y articulada este dinamismo de los tres y los presentan como estructurador de la vida de los regenerados en la resurrecci\u00f3n (1Pe 1:3), custodiados por el poder de Dios mediante la fe (ib, 5), en una esperanza viva (ib, 3), que es contexto de amor (ib, 8) y de fidelidad en todas las condiciones de la vida (,11).<\/p>\n<p>Por eso se puede sostener que la \u00absanta tr\u00ed\u00adada\u00bb (CLEM. DE ALEJANDRfA, Strom., IV, 7: PG 8,1265) hace todo uno con la revelaci\u00f3n por la que Dios se ha revelado a s\u00ed\u00ad mismo y \u00e9l designio de su misericordia en Jes\u00fas y en el Esp\u00ed\u00adritu. Recorrer la revelaci\u00f3n de estos tres es de alg\u00fan modo seguir el camino a trav\u00e9s del cual Dios educa para caminar por sus caminos y connaturaliza con el misterio trinitario de su misericordia (Jua 6:29).<\/p>\n<p>2. LA. TRADICI\u00ed\u201cN PATRISTICO-TEOL\u00f3GICA. a) El camino a trav\u00e9s del cual la tr\u00ed\u00adada ha terminado afirm\u00e1ndose en la tradici\u00f3n de la Iglesia como una realidad unitaria ha sido largo. San Agust\u00ed\u00adn (354-430) en el Enchiridion de fide, spe el charitate (420-421) y Gregorio Magno (ca. 540-604) en los Moralia in Job son testigos elocuentes de este proceso fecundo y controvertido, a trav\u00e9s del cual el cristianismo primitivo, por la confrontaci\u00f3n constante y atenta con los m\u00faltiples movimientos espirituales y culturales que caracterizaron aquellos siglos, explicit\u00f3 la conciencia de la novedad de vida otorgada en Cristo, de la transformaci\u00f3n que el Esp\u00ed\u00adritu obra en las personas y de las actitudes que connotan la relaci\u00f3n que Dios funda en quienes asienten a su gracia.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n trinitaria y cristol\u00f3gica, las pol\u00e9micas pelagianas y semipelagianas, el vasto y complejo movimiento de \u00f3smosis que caracteriz\u00f3 la evangelizaci\u00f3n en el norte de Europa contribuyeron a precisar aquella visi\u00f3n de la vida en la cual se-encuadra la propuesta sobre las virtudes teologales. La convicci\u00f3n fundamental que la caracteriza puede resumirse as\u00ed\u00ad: la vida redimida no es fruto de la iniciativa humana; brota de la iniciativa misericordiosa y salv\u00ed\u00adfica de Dios. Como los seres humanos, en cuanto creados por Dios, est\u00e1n dotados de energ\u00ed\u00adas, que hacen humano su dinamismo, si la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios no dotase a las personas de las indicaciones y de las energ\u00ed\u00adas adecuadas para vivir connaturalmente seg\u00fan su nueva condici\u00f3n, el orden de la gracia ser\u00ed\u00ada menos perfecto que el de la creaci\u00f3n. Si la uni\u00f3n con Dios no brotase de los dinamismos ps\u00ed\u00adquicos vivificados por la gracia, no ser\u00ed\u00adan las personas las que la vivir\u00ed\u00adan;.se actualizar\u00ed\u00ada en ellas, pero no las implicar\u00ed\u00ada; las personas no ser\u00ed\u00adan responsables y part\u00ed\u00adcipes de su crecimiento en Dios (cf G. COLZANI, Dalla grazia creata alla libert\u00f3 dona\u00bb ta, 401ss; 404).<\/p>\n<p>b) Este proceso se hace expl\u00ed\u00adcito entre los siglos xII y xIII, cuando se aclar\u00f3 la concepci\u00f3n de la obra de Dios en los seres humanos. Entonces se habl\u00f3 de virtud, no ya en la acepci\u00f3n gen\u00e9rica de fuerza y habilidad, sino en sentido m\u00e1s riguroso y formal (cf O. LOTTIN, Les premi\u00e9res d\u00e9finitions el elassifications des vertus au Moyen-Age, en Psych, el Morale aux XII el XIII s., 459-635), y la fe, la esperanza y la caridad comenzaron a considerarse virtudes teologales. Importante, aunque no decisiva, fue la aportaci\u00f3n de Pedro Lombardo (1095-1160) en 111 Sent., d. 23.<\/p>\n<p>M\u00e1s decisiva fue la valorizaci\u00f3n de la doctrina aristot\u00e9lica sobre la virtud y, sobre todo, en el contexto de la reflexi\u00f3n sobre la gracia, la introducci\u00f3n del concepto de virtud infusa. La teolog\u00ed\u00ada, no por exigencia de clasificaci\u00f3n sistem\u00e1tica, sino por fidelidad a la conciencia de la estructura compleja de la relaci\u00f3n con Dios, comenz\u00f3 a considerar las tres virtudes teologales como espec\u00ed\u00adficamente distintas las unas de las otras. Este modo de ver no se adecua a la expresi\u00f3n literaria de los textos neotestamentarios, los cuales hablan de la uni\u00f3n con. Dios de modo m\u00e1s bien global y no siempre revelan la distinci\u00f3n de los momentos a trav\u00e9s de los cuales se verifica.<\/p>\n<p>Esta globalidad de comuni\u00f3n, no de fusi\u00f3n, es compleja, no monol\u00ed\u00adtica; no descuida el -dinamismo especifico que asume la relaci\u00f3n con Dios en la fe y en la caridad. La fe es ra\u00ed\u00adz y-fundamento de la uni\u00f3n con Dios, hasta el punto de vista de que sin ella es imposible agradarle (cf Heb 11:6); pero ella sola no realiza aquella uni\u00f3n \u00ed\u00adntima que sigue a la plenitud del estado de gracia. Este dato teol\u00f3gico tiene importantes reflejos doctrinales y pastorales. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el an\u00e1lisis del proceso de la justificaci\u00f3n; en la doctrina seg\u00fan la cual las personas que viven en pecado y no reniegan de la fe la conservan con la esperanza, pero no viven en caridad (cf VAT. I, De fide cath., c. 3: DS 3010; cf tambi\u00e9n DS 1544 y 1578).<\/p>\n<p>En su s\u00ed\u00adntesis, Tom\u00e1s de Aquino (S. Th., I-II, q. 62, y IZ-II, qq. I-46) articula la reflexi\u00f3n sobre las tres virtudes teologales en el contexto de la econom\u00ed\u00ada de la ley nueva y de la vida de gracia (I-II, q. 106-I 14) y explicita los motivos por los cuales se las denomina as\u00ed\u00ad: \u00abTienen a Dios por objeto, en cuanto que a trav\u00e9s de ellas las personas se ordenan rectamente a Dios; son infundidas por Dios solo; son conocidas s\u00f3lo a trav\u00e9s de. la revelaci\u00f3n de Dios en la Escritura\u00bb (I-II, q. 62, a. lc). Calificar de virtudes infusas a la fe, la esperanza y la caridad es considerarlas de modo unitario teologales, es ligarlas \u00ed\u00adntimamente al dinamismo de la econom\u00ed\u00ada de la gracia haciendo de la uni\u00f3n con Dios la meta y el contexto de todo el proceso virtuoso (I-II, q. 110, a. 3c).<\/p>\n<p>Las virtudes teologales no fundan la uni\u00f3n con Dios, son su fruto. Porque Dios ha unido a la humanidad consigo en Jesucristo, podemos nosotros vivir unidos a \u00e9l, en relaci\u00f3n con \u00e9l. Los \u00abagraciados\u00bb, con sus actos y actitudes, se reconocen nacidos de Dios y consienten en referirse a \u00e9l. Colocar la gracia en el v\u00e9rtice de la vida moral es obedecer a la concepci\u00f3n que se tiene del vivir humano. Este es recto cuando. est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con Dios, cuando est\u00e1 orientado por la aspiraci\u00f3n de hacer siempre lo que le agrada a \u00e9l (cf Jua 8:29).<\/p>\n<p>Se trata de un dato de gran importancia, y ponerlo de relieve es concurrir a explicitar la conciencia del unum necesario (cf Luc 10:42) sobre el cual hay que fundar el vivir cristiano. Esto se demuestra cuando las personas y las comunidades viven en estado de conversi\u00f3n, en busca de la perla preciosa (Mat 13:46) oculta en el campo de la historia de ellos y de todos, y negocian con los talentos. Vivir y contemplar la realidad que la tradici\u00f3n ha denominado gracia es crecer en la urgencia de decirse a s\u00ed\u00ad mismos que Dios nos .llama y nos capacita para ser, es aclarar nuestra situaci\u00f3n en la linea de su luz.<\/p>\n<p>La vida teologal brota del estado de gracia, sigue a la misericordia (1Pe 1:3) por la que Dios nos une consigo en Jesucristo y en su Esp\u00ed\u00adritu, obra en nosotros para hacernos crecer en el Hijo como hijos de adopci\u00f3n. El dinamismo teologal se articula con el de la oposici\u00f3n al pecado, de la penitencia entendida como conversi\u00f3n permanente. Se nutre de la vida sacramental en la cual Cristo une y transforma en su vida a la comunidad creyente. La realidad teologal en los justificados, por el hecho mismo de ser adhesi\u00f3n a Dios, es desprendimiento, lucha contra el pecado; y esta simultaneidad: cualifica toda expresi\u00f3n suya (cf S. Th., IIl, q. 85, aa. 5 y 6).<\/p>\n<p>La actividad de las virtudes teologales, potenciada por los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo (I-II, q. 68), desemboca en las bienaventuranzas (ib, 69), en los frutos (ib, 70); tiende a irradiar a trav\u00e9s de las virtudes morales y hace su movimiento convergente y orientado. La uni\u00f3n con Dios se convierte as\u00ed\u00ad en el contexto, la fuente y el v\u00e9rtice de la perfecci\u00f3n humana. Aunque este dato ha sido descuidado, a \u00e9l es preciso referirse si se quiere replantear el problema en sus verdaderas perspectivas. Una moralidad no teologal priva a la condici\u00f3n humana de su perspectiva m\u00e1s profunda y no asume en realidad la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Proponer a todos la uni\u00f3n filial con Dios como fin supremo de la vida es cualificar de modo decisivo el hecho \u00e9tico; es concurrir a conectar su estructura y dinamismos con la revelaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n y con la misi\u00f3n humana, reinterpretar a su luz todo el bien humano.<\/p>\n<p>Denominar virtudes infusas estos dinamismos es indicar que acompa\u00f1an en todas las personas al estado de gracia; que con ellos el ser humano se capacita para liberar y potenciar sus propias energ\u00ed\u00adas cognoscitivas, afectivas y operativas, y cualifica el esfuerzo directo por converger hacia Dios con una orientaci\u00f3n perseverante, un consenso consciente, confiado, purificado en el perd\u00f3n implorado y acogido.<\/p>\n<p>La persona virtuosa no act\u00faa al azar; quiere ser fiel a su camino; lo cultiva por amor, no por temor o por conformismo; persevera en darse las condiciones para contrastar el arbitrio y compartir con espontaneidad (Cf ARIST\u00ed\u201cTELES, 2 Eth., 1105 a 2530; SANTO Toivl\u00ed\u0081s, Expos. in 2 Eth., 1. 4, n. 283) las iniciativas del pueblo de Dios, que es cuerpo del Se\u00f1or, templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (LG 19), morada viva de Dios (Efe 2:22).<\/p>\n<p>c) La doctrina de la tr\u00ed\u00adada teologal a trav\u00e9s de la predicaci\u00f3n de las \u00f3rdenes mendicantes arraiga en la conciencia del pueblo de Dios; en el simbol\u00ed\u00adsmo lit\u00fargico, en el arte cristiano, en la catequesis, y es propuesta tambi\u00e9n en algunos documentos, del magisterio As\u00ed\u00ad, por ejemplo, es impl\u00ed\u00adcitariiente afirmada en la constituci\u00f3n De Sunzma Trinitate \u00e9t fide calholica, del concilio de Viena (13111312) (ef DS 903); y es expl\u00ed\u00adcitamente propuesta por Benedicto XII (13341342), .que en la constituci\u00f3n Benediclus Deus, del 29 de enero de 1336, habla de la fe y de la esperaza en la formalidad espec\u00ed\u00adfica de virtudes reol\u00f3gicas (DS 1001).<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n directa y profunda ,a esta visi\u00f3n de la realidad y al contenido cultural que inspira en el plano doctrinal se vio con Guillermo de Ockham (ca. 1280-ca. 1349) y se concretiz\u00f3 en su doctrina sobre la obligaci\u00f3n moral y sobre el car\u00e1cter de espontaneidad y libertad de los actos morales. \u00abEl limite m\u00e1s grave del sistema de Ockham est\u00e1 en no haber visto que la moral cristiana, adem\u00e1s de una moral de la obediencia a Dios, es una moral de la caridad\u00bb (L. VEREECKE, Da Guglielmo d&#8217;Ockham a s. Alyonso de Liguori, c. 7, 188). Los reflejos de esta diversa concepci\u00f3n de la vida moral se aprecian en la propuesta teol\u00f3gica, que, focalizando la atenci\u00f3n en su contenido y en la norma, hace pasar coherentemente a segundo plano la fe, la esperanza y la caridad entendidas como virtudes, como perfecciones de la persona que vive y obra en gracia.<\/p>\n<p>d) Con la reforma protestante la teolog\u00ed\u00ada de las virtudes, en particular las teologales, se vio sometida a una cr\u00ed\u00adtica m\u00e1s radical a\u00fan. Su fuerza no brota tanto de los argumentos en que se concretiza -a menudo fundados en equ\u00ed\u00advocos hist\u00f3ricos y materiales- cuanto en la mentalidad de que son -catalizadores. Ello hace que la situaci\u00f3n no se aclare con la misma facilidad con que se resuelven las afirmaciones a trav\u00e9s de las cuales se expresa. Se trata sustancialmente de un modo diverso de representarse la relaci\u00f3n con Dios, resultando difcil penetrar en sus val\u00e9ncias cuando se prescinde del horizonte existencial que lo contextualiza.<\/p>\n<p>Leyendo a los te\u00f3logos de la reforma se tiene la impresi\u00f3n de que ellos pensaban que el sistema de las virtudes en la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica alcanzaba el punto \u00faltimo de una evoluci\u00f3n en la cual, a pesar de ciertas tentativas de oposici\u00f3n, las actitudes fundamentales del comportamiento cristiano fueron sometidas -a una \u00e9tica filos\u00f3fica extra\u00f1a a ellas, a una \u00e9tica pagana que las contradice.<\/p>\n<p>Las principales objeciones suscitadas en este contexto sobre la doctrina de las virtudes aplicada a la vida teologal, seg\u00fan O.H. Pesch, pueden resumirse as\u00ed\u00ad: \u00aba) La virtud entendida como h\u00e1bito convierte la vida de fe en una cuesti\u00f3n de ejercitaci\u00f3n. b) En consecuencia, el hombre no necesita absolutamente la gracia de Dios; tan s\u00f3lo como apoyo a sus fuerzas naturales. c) A causa de una coerci\u00f3n conceptual, la doctrina de los h\u00e1bitos y de las virtudes concibe la gracia de Dios como una propiedad (regalada), como algo que se `tiene&#8217;. d) Por eso, la doctrina de las virtudes y de los h\u00e1bitos no comprende el car\u00e1cter personal de la salvaci\u00f3n. e) La doctrina de las virtudes y de los h\u00e1bitos desconoce la permanente realidad del pecado porque tiene como presupuesto la afirmaci\u00f3n de que el pecado se elimina\u00bb (Teolog\u00ed\u00ada de las virtudes y virtudes teol\u00f3gicas, 473).<\/p>\n<p>Estas cr\u00ed\u00adticas, v\u00e1lidas respecto a la posici\u00f3n nominalista, no tocan a la sustancia y a la importancia teol\u00f3gica de la doctrina sobre las virtudes madurada en el siglo xlli. A pesar de ello, el influjo que la instancia reformada ejerci\u00f3 directa o indirectamente en la orientaci\u00f3n de la \u00e9tica teol\u00f3gica se sinti\u00f3 sobre todo cuando, desvinculada de la dogm\u00e1tica, se desarroll\u00f3 como disciplina aut\u00f3noma y orient\u00f3 la atenci\u00f3n, m\u00e1s que hacia la construcci\u00f3n de la persona en y por Dios, a los contenidos normativos de la propuesta \u00e9tica y, fiel a su valencia de doctrina ordenada a la praxis de la confesi\u00f3n, desarroll\u00f3 m\u00e1s la tem\u00e1tica sobre los pecados que la relativa a las virtudes. La situaci\u00f3n se vuelve a\u00fan m\u00e1s grave con Kant y desde Kant en adelante. La virtud se convierte en una cuesti\u00f3n meta\u00e9tica y es considerada como \u00abla coincidencia de la voluntad con la obligaci\u00f3n reconocida\u00bb, y no ya como la voluntad coincidente con el deber conocido (cf O.H. PESCH, a.c., 474).<\/p>\n<p>En esta \u00f3ptica se aclaran tambi\u00e9n algunos aspectos de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral contempor\u00e1nea. Esta ha desarrollado a veces de modo muy profuso la tem\u00e1tica relativa a la fe, esperanza y caridad, pero no las considera de modo unitario como dimensi\u00f3n de lo teol\u00f3gico, ni las presenta en la \u00f3ptica de las virtudes, es decir, de la transformaci\u00f3n que las cualidades infundidas por Dios realizan en los dinamismos humanos. De los dos elementos que estructuran la persona virtuosa -el don que viene de Dios y lleva a Dios y los dinamismos y aspiraciones que acompa\u00f1an a la vida desde el nacimiento a la muerte y que el don pide aceptar, cualificar y hacer convergente- se subraya el primero y se descuida normalmente el segundo. El car\u00e1cter teol\u00f3gico requiere su uni\u00f3n arm\u00f3nica. Es sintom\u00e1tico el hecho de que el lema \u00abvirtudes teologales\u00bb no figure en diversos diccionarios teol\u00f3gicos publicados en los \u00faltimos a\u00f1os. No se puede pasar por alto este dato y dejar de considerar las repercusiones que tiene sobre el car\u00e1cter de la propuesta moral cristiana.<\/p>\n<p>3. LA CONCIENCIA ECLESIAL CONTEMPOR\u00ed\u0081NEA. La relaci\u00f3n con Dios es el reflejo de lo que Dios establece con su pueblo en la econom\u00ed\u00ada neotestamentaria (G\u00e1l 4:4), vista a la luz de la conciencia en la que hoy el pueblo de Dios la explicita y vive (cf Redemptor hominis, n. 3). Ilustrar en este contexto esa conciencia es una exigencia obvia. Sin embargo resulta dif\u00ed\u00adcil sintonizar con los caminos de Dios (Rom 11:33), inspirarse en lo que Jes\u00fas ha hecho (Jua 13:12) para hacer como \u00e9l (Jua 13:15), para caminar por el camino que es \u00e9l, el \u00fanico que conduce al Padre (Jua 14:16). Explicitar esta inteligencia es penetrar en la conciencia en la cual la comunidad creyente se considera a s\u00ed\u00ad misma como misterio, comuni\u00f3n y misi\u00f3n, y secundar su modo de relacionarse con el mundo, la humanidad y las religiones. Cuanto m\u00e1s la Iglesia es consciente de s\u00ed\u00ad, m\u00e1s asiente al misterio trinitario, m\u00e1s sigue su identidad, m\u00e1s se ve movida a fijar la mirada y el coraz\u00f3n en el reino y a orientarse en la perspectiva de la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la creaci\u00f3n. Programar un estilo de vida teologal para el hoy del pueblo de Dios es interpretar y hacer concretas las exigencias de la dimensi\u00f3n c\u00f3smica de la recapitulaci\u00f3n de toda la realidad en Dios y valorizar las valencias contemplativas y celebrativas de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Jesucristo resucitado inici\u00f3 la creaci\u00f3n y a la humanidad en la vida en Dios-Trinidad. Esta condici\u00f3n hay que vivirla en la historia, dentro de las ciudades, en la creaci\u00f3n; orienta la transformaci\u00f3n de la realidad para que permanezca al servicio de la humanidad; madura en la cooperaci\u00f3n a que \u00e9sta viva en la justicia y en la paz, libere las prerrogativas y las potencialidades .que anticipan la comuni\u00f3n definitiva en Dios. Desde el Vat. II en adelante esta vocaci\u00f3n vista en su universalidad, de modo cada vez m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito y frecuente, es calificada como llamada a la santidad (LG 40). Se la secunda viviendo en los senderos de la historia sin trampear ni con la uni\u00f3n con Dios ni con las responsabilidades personales, familiares, c\u00ed\u00advicas y eclesiales. Es vocaci\u00f3n-misi\u00f3n que desaf\u00ed\u00ada la creatividad y compromete a la inventiva y a la programaci\u00f3n, a la realizaci\u00f3n, a compartir el perd\u00f3n, a reanudar de continuo el camino. Asentir de verdad a esta condici\u00f3n significa conocer, discernir, valorar los vastos y profundos procesos que inquietan al mundo contempor\u00e1neo. La realidad es cada vez m\u00e1s compleja, pluridimensional y diferenciada. Los problemas humanos -los del ambiente, de la subjetividad, de los derechos humanos, de las relaciones interhumanas, del orden pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico, de la relaci\u00f3n entre las religiones, etc\u00e9tera- asumen dimensiones cada vez m\u00e1s planetarias. Afrontarlos realmente significa proveer las estructuras que ayudan a resolverlos. Los procesos laboriosos y penosos a trav\u00e9s de los cuales se intenta decidirlas y realizarlas evidencian de modo indiscutible el temple de que deben estar dotadas las personas que perseveran en las iniciativas encaminadas a colaborar al bien humano en la fidelidad a su vocaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>En este contexto se esclarece no s\u00f3lo el dato seg\u00fan el cual la vida teologal es la m\u00e1s alta expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n con Dios en su pueblo, sino tambi\u00e9n el relativo al car\u00e1cter de la misma. Sus actos son eminentemente implicativos, comunionales, eplicl\u00e9ticos, implorativos. Creer, esperar y amar son verbos de confianza y consenso. Expresan pertenencia, adhesi\u00f3n, participaci\u00f3n. La exigencia de capacitarse para vivirlos estimula a potenciar la dimensi\u00f3n m\u00e1s radical del ser humano, aqu\u00e9lla en la cual se estructura para reconocerse derivado de, viviendo en, tendiendo a, inmerso en el misterio que lo acoge y en el cual se hace \u00e9l mismo. La persona puede decidir y obrar porque es acogida en el ser y est\u00e1 estructurada por la acogida. Decidir en este contexto es crecer en la verdad, convertirse al origen del que se deriva, en el que se vive y al que se tiende. Para educar al pueblo de Dios a comunicar en este camino es precisa una pedagog\u00ed\u00ada que se desarrolle en la l\u00ed\u00adnea de la seguida por los Padres y que tenga en cuenta las condiciones en las cuales se desarrolla la vida contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Secundar al Esp\u00ed\u00adritu en cultivar la santidad en el pueblo de Dios y en hacerle testigo de vida humana y recta es la tarea m\u00e1s importante de la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea. Desenmascarar los errores hoy significa proponer estilos de vida que asumen todo lo que de positivo hay en las realizaciones actuales y prescindir de lo que hace inhumana la existencia, El anuncio va acompa\u00f1ado de las propuestas operativas, de los estilos de vida convincentes por su ejemplaridad, de la perseverante disponibilidad a estar presentes en la historia con una actitud reconciliadora. Amar al Esp\u00ed\u00adritu que hace nueva la historia es vivir la pasi\u00f3n de capacitarse para ser cooperadores de novedad: reconocer los g\u00e9rmenes de la vida nueva, cultivarlos, promoverlos; creer en el Padre, que obra siempre, y en Jes\u00fas, que obra tambi\u00e9n (Jua 5:17) con el Esp\u00ed\u00adritu; es dejarse transformar en testigos de verdad y en sacramento de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El verdadero problema actual de la vida teologal est\u00e1 en mostrar existencialmente que es posible vivirla y en probarlo con actitudes vividas por personas que comparten la vida de todos, que se diferencian por la actitud con la que permanecen encarnados en la historia, m\u00e1s que por condiciones singulares de existencia. Los que perseveran en la uni\u00f3n con Dios viviendo la vida de todos proclaman que la vida teologal es para todos. No es aut\u00e9ntica una vida teologal que s\u00f3lo pueda ser vivida lejos del mundo; lo es la que aleja del pecado que aleja de Dios.<\/p>\n<p>En algunas eras de la historia fue necesario probar que el mensaje cristiano se centra en la vida de uni\u00f3n con Dios; en otras, que estar en Dios es creer, esperar y amar; en otras se especificaron las orientaciones que estos actos implican; hoy es preciso evidenciar c\u00f3mo se configura la uni\u00f3n con Dios en las personas que, sin sustraerse a las responsabilidades mundanas, conviven con modos de pensar y estilos de existencia que, en la apariencia o en la realidad, no contradicen sus condiciones y expresiones: Se trata tambi\u00e9n de cantar los cantos de Si\u00f3n en tierra extranjera (Sal 136:3). Esta nueva exigencia es vocaci\u00f3n para todas las expresiones de la propuesta cristiana -el anuncio, la celebraci\u00f3n, la vivencia- e impone vivirlas con fidelidad creativa, con el esp\u00ed\u00adritu abierto al todav\u00ed\u00ada no, d\u00f3cil a la llamada del reino.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n, la liturgia, la escucha de la palabra de Dios, la vida justa, etc\u00e9tera, estructuran la uni\u00f3n con el \u00abDios con nosotros\u00bb (Mat 1:23; 2Co 13:11). Los amigos de Dios responden con dos pulmones: el de la uni\u00f3n con \u00e9l y el de las responsabilidades hist\u00f3ricas, y los dos est\u00e1n vivificados por la misma misericordia, dada, amada y compartida.<\/p>\n<p>La dificultad de realizar esta meta en las condiciones cotidianas induce a algunos a estimarla prerrogativa de algunos privilegiados, los cuales, m\u00e1s que ser libres en las condiciones que contrastan la caridad, tienden a liberarse de ellas. Sin embargo, la Iglesia insiste de modo inequ\u00ed\u00advoco en la vocaci\u00f3n universal a la santidad, y por este hecho muestra que la soluci\u00f3n hay que buscarla en la vida de todos, pero por otro camino. La comuni\u00f3n con Dios exige la liberaci\u00f3n del pecado, no la fuga de la realidad. Cuanto m\u00e1s la presencia en la historia se vuelve exigente e imperativa, m\u00e1s ser\u00e1 necesario liberar la pluridimensionalidad de las posibilidades humanas. No se puede presumir que se satisfacen las expectativas de las personas si se descuida la comuni\u00f3n con Dios, y viceversa.<\/p>\n<p>La fidelidad a la vocaci\u00f3n humana no se puede vivir si se vive en una sola dimensi\u00f3n. Si hay que amar a Dios con toda la mente, el coraz\u00f3n y las obras (cf Mat 22:37), esto significa que la relaci\u00f3n con \u00e9l no es conflictiva con las gravitaciones interhumanas, creaturales e hist\u00f3ricas. La relaci\u00f3n con Dios Trinidad engloba y vivifica todas las otras s\u00f3lo si y cuando es vivida en su din\u00e1mica espec\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>La teologalidad, en perspectiva hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, es consenso a las personas trinitarias. Su dinamismo principal encarna el s\u00ed\u00ad al s\u00ed\u00ad de Dios (2Co 1:20), el consenso a dejarse orientar y educar por el Esp\u00ed\u00adritu. El Esp\u00ed\u00adritu hace obedientes a Cristo, que en su vida revel\u00f3 para todos y para todos los tiempos el camino de la fidelidad al Padre, que reconcilia el mundo consigo. Esto significa que la uni\u00f3n con Dios puede vivirse, pero hay que experimentarla en el contexto de la humanidad que vive las experiencias que la califican y la perfeccionan. En nuestra humanidad \u00abla unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4) est\u00e1 congregando al pueblo de la parus\u00ed\u00ada; a esta humanidad hay que llevarle el anuncio de la teologalidad; esta humanidad ha de ser educada para vivirlo; en ella se es misionero de aquel estilo de vida descrito por las cuatro constituciones del Vat. II. Ellas, en su conjunto, constituyen el indicativo del Esp\u00ed\u00adritu para nuestro tiempo y sit\u00faan los rasgos fundamentales de los miembros del pueblo de Dios, que est\u00e1 puesto para ser luz de las gentes y sacramento de salvaci\u00f3n en el mundo; que est\u00e1 encaminado a la santidad en la variedad de sus componentes y en la singularidad de sus miembros (LG). A este pueblo se le dirige la Palabra destinada a vivificar y orientar sus dinamismo (DV). Ese pueblo, en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, crece en la experiencia del misterio (SC), que testimonia e irradia en la misi\u00f3n vivida en el mundo encaminado hacia la parus\u00ed\u00ada (GS). Estos rasgos cualifican la uni\u00f3n con Dios, la nutren y constituyen la verificaci\u00f3n de la verdad y de la cualidad de la misma. La teologalidad est\u00e1 en el origen del dinamismo humano; constituye su fruto, que madura en la historia cuando se la vive en actitud de compartir y en perspectiva de liberaci\u00f3n. Es un camino arduo, recorrido por quienes se conducen como personas libres y se sirven de la libertad no como un velo para encubrir la malicia, sino como servidores de Dios (IPe 2,16).<\/p>\n<p>II. La teolog\u00ed\u00ada de las virtudes teologales<br \/>\n1. \u00ab&#8230; Y AS\u00ed\u008d VUESTRA FE Y VUESTRA ESPERANZA EST\u00ed\u0081N FIJAS EN DIOS\u00bb(IPE 1,21). a) La vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu. La participaci\u00f3n de la naturaleza divina (2Pe 1:4) en Cristo es obra del Esp\u00ed\u00adritu. La fidelidad a \u00e9l, el consenso a su acci\u00f3n, es el principio y la coronaci\u00f3n de la condici\u00f3n del creyente en el tiempo (I. DE LA POTTERIE y S. LYONET, La vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu). Juan Pablo II en la enc\u00ed\u00adclica Dominum et vivificantem ha invitado vigorosamente a la comunidad cristiana a vivir y a contemplar este misterio que cualifica su dinamismo profundo.<\/p>\n<p>Por gracia Dios reconcilia al mundo consigo; congrega y forma a su pueblo; lo vivifica en la uni\u00f3n fecunda y din\u00e1mica en que lo inicia en la perfecci\u00f3n de la gloria (SANTO TOM\u00ed\u0081S, S. Th., 1, q. 24, a.2, ad 3) y lo hace misionero en el mundo. La relaci\u00f3n gracia-virtud es an\u00e1loga a la que existe entre la conversi\u00f3n (la opci\u00f3n) y las actitudes que encarnan y confirman sus exigencias. Toda la vida virtuosa cristiana brota de la gracia, crece en ella, culmina en la uni\u00f3n m\u00e1s profunda de gracia con Dios-Trinidad (S.Th., 1-II, q. 112, a. 4e y ad 1). En la conversi\u00f3n a Dios las personas acogen y experimentan nuevas posibilidades de comuni\u00f3n y disciernen las situaciones que la contrastan. Cuanto m\u00e1s asienten a Dios que se revela, m\u00e1s viva se hace la experiencia de la misericordia y de la compasi\u00f3n, expl\u00ed\u00adcita y constante la imploraci\u00f3n, coherente y continua la praxis.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n ha descrito el camino que, bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu (cf DV 5), lleva a la comuni\u00f3n de amor (Cf CONC. ARAUSICANUM II, C. 5, 6: DS 375-376; Cf CONC. TRID., sesi\u00f3n VI, La justificaci\u00f3n, can. 5 y 6: DS 1525-1526; 1553-1559; cf tambi\u00e9n Rito de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos: Catecumenado) e irradia sus exigencias. El itinerario a trav\u00e9s del cual las personas interiorizan la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y se conforman a las exigencias de la vida en comuni\u00f3n es largo, tiende a involucrarlas en la totalidad de sus dinamismos y de su historia. La tradici\u00f3n descubre, a menudo con inmediatez dolorosa, las profundas resistencias que hay que vencer para llegar a la rectificaci\u00f3n de los sentimientos, de las valoraciones, de las acciones; a la superaci\u00f3n de los miedos, de las defensas y de los chantajes que impiden seguir la propia vocaci\u00f3n (cf Rom 7:14ss), rendirse sinceramente a Dios, vivir en verdad la pasi\u00f3n por el reino (cf Rom 9,lss).<\/p>\n<p>La sistem\u00e1tica teol\u00f3gica ha indicado en la gracia la fuente y el v\u00e9rtice de la vida teologal y moral subrayando la estrecha articulaci\u00f3n entre virtudes y dones. Ha destacado tambi\u00e9n la aportaci\u00f3n que hacen a la vida en gracia los carismas, los ministerios y las operaciones, las ayudas con que el Esp\u00ed\u00adritu Santo educa a la Iglesia y a los fieles para cooperar en Cristo a la preparaci\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada. Entre los dones con que el Esp\u00ed\u00adritu acompa\u00f1a todo el dinamismo de la vida teologal y moral est\u00e1n los denominados dones del Esp\u00ed\u00adritu por antonomasia. El entendimiento y la ciencia cualifican la actividad de la fe; el temor, el dinamismo de la esperanza; la sabidur\u00ed\u00ada hace sabroso e intenso el ejercicio de la caridad. Las obras de la persona movida por el Esp\u00ed\u00adritu son m\u00e1s del Esp\u00ed\u00adritu que de la persona misma (S.Th., I-II, q. 93, a. 6, ad 1). Esta convicci\u00f3n sostiene para caminar con esperanza por la v\u00ed\u00ada de la connaturalidad con la vida en Dios-Trinidad. La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu se desarrolla con eficacia espec\u00ed\u00adfica en la vida lit\u00fargica. En ella vivifica y hace vivificante la comunidad que se deja transformar en Cristo en el consenso y en la alabanza al Padre. La Iglesia se construye a trav\u00e9s de los sacramentos y de la fe (S. Th., III, q. 64, a. 2, ad 3; Suppl., q. 6, a. 6c).<\/p>\n<p>En la contemplaci\u00f3n de esta providencia admirable que orienta la historia, madura el \u00abgracias\u00bb y el consenso que estimulan, potencian y hacen convergente el dinamismo humano, en particular el que en la justicia concurre a compartir pac\u00ed\u00adfica y amistosamente responsabilidades hist\u00f3ricas, vividas como premisa y contexto de la rectificaci\u00f3n de las costumbres y de la oferta religiosa de la creaci\u00f3n a Dios. Es la vida de la y en la creaci\u00f3n nueva. No se trata de discutir el hecho de que la fe, incluso sin la caridad, es y constituye un gran don de Dios (cf CONC. TRID., sesi\u00f3n VI, Lajustificaci\u00f3n, can. 28: DS 1578; VAT. I, const. Dei Filius, c. 3: DS 3010), sino de estimular a todos a tender a aquella plenitud de uni\u00f3n con Dios que lleva a compartir la ciudadan\u00ed\u00ada de los santos en el nosotros de la comuni\u00f3n de la familia de Dios (cf Efe 2:19ss).<\/p>\n<p>En el tiempo la teologalidad es actitud eminentemente misericordiosa y suplicante; se nutre de la compasi\u00f3n por el crecimiento del pueblo de Dios y de la solicitud por quienes todav\u00ed\u00ada no se han abierto a la conciencia viva de su dignidad.<\/p>\n<p>La misericordia es el principal componente del estar y avanzar juntos, en compa\u00f1\u00ed\u00ada; en compartir cotidianamente la pasi\u00f3n por la parus\u00ed\u00ada, en hacer realidad las iniciativas que irradian y potencian la liberaci\u00f3n humana. Los miembros del pueblo de Dios aceptan la misma profesi\u00f3n de fe, se sostienen en la confianza y en el amor que jalonan la existencia personal y comunitaria, afrontan y toleran los mismos sufrimientos (1Pe 5:9). La misericordia es actitud fuerte y vigorosa, alimentada por la contemplaci\u00f3n del misterio, por la participaci\u00f3n de las condiciones en que vive el pueblo de Dios, por la confianza en la victoria conseguida por Cristo sobre las fuerzas del mal. Es fruto de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que transforma el sufrimiento en amor y que provoca la liberaci\u00f3n de la inventiva que secunda el proceso de cooperaci\u00f3n a la reconciliaci\u00f3n del mundo con Dios (cf 2Co 5:17ss). Cuanto m\u00e1s crece la uni\u00f3n con Dios, m\u00e1s la persona es introducida en el secreto del amor y de la pasi\u00f3n trinitaria. Cuanto m\u00e1s es consolada, m\u00e1s se libera la disponibilidad a consolar a quienes se encuentran en cualquier g\u00e9nero de aflicci\u00f3n con el consuelo con el que somos consolados nosotros mismos por Dios (2Co 1:3-5). Esta actitud, cuando es secundada, se convierte como en la atm\u00f3sfera en la cual se connaturalizan los diversos dinamismos humanos que cualifican la mentalidad y los comportamientos de la persona, la cual experimenta que no vive ya sola, sino que es Cristo quien vive en ella (G\u00e1l 2:20). En este contexto es donde obran los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, sobre todo los intelectuales, que agudizan el conocimiento y el gusto de los caminos de Dios, permiten penetrarlos con inteligencia de amor, nutren la confianza que lleva a valorar el tiempo con el metro de Dios m\u00e1s que con el de la sucesi\u00f3n o la duraci\u00f3n, y a decidir serenamente las elecciones concretas.<\/p>\n<p>b) La participaci\u00f3n del padecer de Dios: \u00abTendr\u00e9is tribulaciones en el mundo \u00ab(Jua 16:32). La vida teologal es actitud ferial, no extraordinaria. Lo cotidiano es el contexto en el cual el pueblo celebra el misterio que lo vivifica y experimenta la fidelidad y la misericordia que hace nueva y reconciliada la historia. En este lazo con el tiempo y con las condiciones de su desplegarse se purifica el aspecto m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de la teologalidad.<\/p>\n<p>La vida oculta con Cristo en Dios (Col 3:3) es por eso mismo participaci\u00f3n de la pasi\u00f3n de Cristo, en la lucha con la cual contrasta el mal, en la resistencia que opone a Dios (cf G. M. SALVATI, Teologia trinitaria della croce). En su cuerpo m\u00ed\u00adstico, Cristo est\u00e1 en agon\u00ed\u00ada hasta el fin del mundo (PASCAL, Pens\u00e9es, 553, ed. Brunschvigc). La dignidad mayor de los fieles consiste en compartir la misma suerte con su Pastor: la piedra viva rechazada por los seres humanos, pero elegida y preciosa ante Dios (1Pe 2:4). La uni\u00f3n con el Dios trinitario de la cruz es participaci\u00f3n en el sufrimiento que Cristo padece para entrar en la gloria (cf Luc 24:26). Jes\u00fas mismo anuncia a los fieles esta condici\u00f3n -si me han perseguido a m\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n os perseguir\u00e1n a vosotros (Jua 15:20)- en el contexto mismo en el que revela su presencia ininterrumpida en y con quienes hayan de creer en su nombre. La revelaci\u00f3n neotestamentaria, desde los sin\u00f3pticos (cf Mat 5:11) a la primera carta de Pedro, hace de esta condici\u00f3n una bienaventuranza: \u00abBienaventurados los que son insultados por el nombre de Cristo\u00bb, y especifica que sobre ellos reposa el Esp\u00ed\u00adritu de la gloria y el Esp\u00ed\u00adritu de Dios (1Pe 4:14). La persecuci\u00f3n y la lucha est\u00e1n en la purificaci\u00f3n de la fe y del amor como el fuego en el oro, que se hace puro en contacto con aqu\u00e9l (1Pe 1:7). Es superfluo enumerar las contrariedades que ponen a prueba a la comunidad creyente en el tiempo de su peregrinaci\u00f3n. En su variedad evidencian la oposici\u00f3n con la que el mal contrasta la acci\u00f3n de Dios y la fidelidad del Dios con nosotros, el fiel (1Co 1:9; 1Co 10:13; 2Co 1:18; 2Ts 3:3; 2Ti 2:13).<\/p>\n<p>La sorpresa m\u00e1s grande que se experimenta en el dolor que todo esto provoca viene de la experiencia del gozo, de la fuerza y de la perseverancia que caracterizan el camino de quienes responden con fidelidad a la vocaci\u00f3n al amor.<\/p>\n<p>2. LAS VIRTUDES TEOLOGALES EN PARTICULAR. a) \u00abFija la mirada en Jes\u00fas, autor y perfeccionador de la fe\u00bb (Heb 12:3). &#8211; En la tradici\u00f3n el t\u00e9rmino fe es empleado para significar ya sea el misterio de Dios que se revela en Jesucristo, ya la actitud de quienes asienten a \u00e9l. La teolog\u00ed\u00ada ha hablado de fides quae y de fides qua, de la fe cre\u00ed\u00adda y del acto de creer. Se trata de aspectos distintos, pero no separables ni confundibles de la vida de fe. Al creer, la persona vive la relaci\u00f3n que la une a Dios, conoce en el conocimiento y en el amor en los cuales \u00e9l se revela.<\/p>\n<p>En un texto muy vigoroso el Vat. II (DV 5) ha sintetizado la ense\u00f1anza tradicional sobre esta realidad, ha descrito su dinamismo, su origen y desarrollo, situando todo ello en el contexto de la iniciativa de Dios revelante, que lo funda y lo estructura. De acuerdo con la ense\u00f1anza de Pablo, habla de ello como de obediencia (Rom 16:26; Rom 1:5; 2Co 10:5-6). Es la actitud libre, d\u00f3cil e inteligente de quien se abandona enteramente a s\u00ed\u00ad mismo, su propio yo humano, con confianza, en Dios; le ofrece en homenaje la inteligencia y la afectividad disponibles a la escucha de quien se le revela; asiente libremente a lo que de hecho le revela. Confianza en Dios, docilidad a \u00e9l, asentimiento expl\u00ed\u00adcito a cuanto dice estructuran en nexo articulado la actitud que califica el camino, el itinerario del creyente hacia Dios. \u00abCreer quiere decir abandonarse a la verdad misma de la palabra d\u00e9 Dios vivo, sabiendo y reconociendo humildemente cu\u00e1n inescrutables son sus juicios e inaccesibles sus caminos (Rom 11:33)\u00bb (JUAN PABLO II, enc. Redemptoris Mater 16); es asentir a la Palabra en el significado que le da aqu\u00e9l de quien proviene y que surge en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica concreta en el camino de la comunidad que en la \u00abperegrinaci\u00f3n de la fe\u00bb vive \u00aben contacto con el misterio de Dios\u00bb (JUAN PABLO Il, enc. cit. 17) y lo hace presente a la humanidad.<\/p>\n<p>Esta descripci\u00f3n es un eco de la sentencia del cap\u00ed\u00adtulo 3 de la constituci\u00f3n Dei Filius, del Vat. 1 (1870), lo ampl\u00ed\u00ada y repropone en la l\u00ed\u00adnea de la famosa f\u00f3rmula del credere Deum, credere Deo, credere in Deum, atribuida a san Agust\u00ed\u00adn, pero que en realidad viene del compilador del Sermo 1 de Symbo1o (PL 40, 1190-91). Este maravilloso proceso se desarrolla dentro de la vida de gracia, es su primer fruto y tiende a ella en la circularidad permanente entre conocimiento, amor y fidelidad. Cuanto m\u00e1s la inteligencia de quien vive en gracia se deja convencer por la Palabra que radica en la verdad y libera de la falsa representaci\u00f3n a Dios y los caminos de su providencia, con mayor fidelidad se da el amor, m\u00e1s la persona se siente movida a hacerse cargo de las situaciones cotidianas y a transformarlas para que se conviertan en epifan\u00ed\u00ada del misterio. En la fe Dios consagra en la verdad a los creyentes, los une consigo, los hace convertirse en luz que, en y a trav\u00e9s de la comunidad creyente-, ilumina el camino que lleva a los elegidos de Dios a vivir confiados en Dios Trinidad y a escuchar su palabra. Todos los aspectos de la vida del creyente tienen estructura din\u00e1mica propia, que hay que educar y cultivar con aportaci\u00f3n especifica: es la obra de la misi\u00f3n de la comunidad cristiana en su camino hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>En la fe, sobre todo en la informada por la caridad y potenciada por los dones del Esp\u00ed\u00adritu, el aspecto cognoscitivo y de confianza est\u00e1n unidos en un solo dinamismo que abraza a toda la persona, la hace crecer connaturalizada con la verdad de Dios y lleva a contemplarla no como extra\u00f1os. El fiel consiente en que Dios sea Dios en su vida; lo reconoce a trav\u00e9s de las mediaciones hist\u00f3ricas en las cuales se manifiesta a s\u00ed\u00ad mismo y el designio de su providencia; se cultiva en conversi\u00f3n permanente, en la disponibilidad a obedecerle; se alimenta de la palabra acogida, interiorizada, anunciada y celebrada; se deja introducir en el reino de aquellos peque\u00f1os a los cuales el Padre revela lo que oculta a los sabios y a los inteligentes (Mat 11:25) y a los cuales participa el conocimiento que tiene del Hijo y en el cual \u00e9ste se complace en admitir a quienes ama (cf Mat 11:26-27; 1Co 2:11).<\/p>\n<p>Dios mismo con su gracia previene y sostiene a la comunidad y a cada uno de los creyentes en el camino de la fe. El Esp\u00ed\u00adritu Santo lo dirige con sus ayudas. Influye en lo \u00ed\u00adntimo de las personas, mueve los corazones y sacude su dureza (la esclerocardia: Me 16,14), los convierte a Dios, abre los ojos de la mente (Lev 24:32), \u00abhace suave el consentir y creer en la verdad\u00bb (II CONO. DE ORANGE, can. 7: DS 377) y, por medio de sus dones, potencia continuamente la inteligencia penetrante de la revelaci\u00f3n (DV 5).<\/p>\n<p>&#8211; La fe est\u00e1 estructuralmente ligada a la palabra de la revelaci\u00f3n, al testimonio que la transmite; depende de la predicaci\u00f3n que se act\u00faa por la palabra de Cristo (Rom 10:17). La Palabra tiene estructura sacramental; obra en el consentimiento inteligente y amoroso que funda (cf 1Pe 1:23) y que hace ser \u00abconciudadanos de los consagrados y miembros de la familia de Dios\u00bb (Efe 2:19).<\/p>\n<p>El consentimiento sucede a la escucha y lo exige; \u00e9l cualifica al creyente en su prerrogativa de ser racional, inteligente y libre; es adhesi\u00f3n a Dios, que, al revelarse, admite a compartir su plan de salvaci\u00f3n y funda la nueva capacidad de conocimiento que estructura la \u00abreorganizaci\u00f3n de la conciencia de lo real\u00bb (R. Guardini), llevando a valorar los acontecimientos y la historia humana a la luz de su realizaci\u00f3n suprema. En virtud de este poder nuevo, las personas se abren a Dios, que en su revelaci\u00f3n se entrega a ellas; dan su consentimiento a aquel que en Cristo acoge la humanidad en la participaci\u00f3n de su naturaleza (2Pe 1:4); entran en aquel itinerario misterioso que cualifica el camino del pueblo de Dios en la historia. El creyente no se aparta nunca de la Palabra y no se detiene en ella; no se bloquea en el enunciado, sino que se deja conducir a aquel que se revela y que reconcilia consigo. Todo creyente se adhiere a la palabra de alguien. Por eso lo que en todo acto de fe aparece como principal y est\u00e1 dotado en cierto modo del valor de fin es la persona a cuya palabra el creyente presta su adhesi\u00f3n. \u00abLos detalles de las verdades afirmadas en esta voluntad de adherirse a alguien se presentan entonces como secundarios\u00bb (SANTO TOMAS, S. Th., Il-lI, q. 11, a. 1). El que cree acoge y tiene en el coraz\u00f3n (es una de las etimolog\u00ed\u00adas de creer) a Dios y lo que escucha sobre \u00e9l y de \u00e9l; vive la relaci\u00f3n que \u00e9l funda con la humanidad; asiente a su estilo de reconciliaci\u00f3n de la historia, a la paideia con que la orienta.<\/p>\n<p>Cuando se rompe el lazo entre consentimiento y palabra y se subestima uno u otro de estos dos elementos, se termina consider\u00e1ndolos en contraste. Una especie de brazo de hierro opone a aquellos que en la educaci\u00f3n de la fe insisten en la necesidad del anuncio autorizado, claro, preciso, y a los que reiteran la importancia de sostener las personas y las comunidades para que sean espont\u00e1neas y libres en creer. En lo que concierne a la comunicaci\u00f3n de la fe, algunos la quieren como participaci\u00f3n de experiencia y relaci\u00f3n interpersonal, otros insisten en la aportaci\u00f3n imprescindible de una pedagog\u00ed\u00ada religiosa normativa, sol\u00ed\u00adcita en transmitir enteramente el mensaje autenticado por el magisterio de la Iglesia. Distinguir y separar la fides quae y la fides qua significa meterse en un callej\u00f3n sin salida, que falsea la verdad y perjudica al pueblo de Dios. La verdad de fe espira y alimenta el amor. Cuando el amor cesa de ser consentimiento a Dios, que en Jesucristo reconcilia al mundo, se convierte en vago sentimiento separado de la intervenci\u00f3n de Dios que lo funda. No se puede \u00abcredere in Deum\u00bb si no se cree a Dios que habla para admitir a la comuni\u00f3n consigo. La comunicaci\u00f3n de la fe es juntamente comunicaci\u00f3n entre personas que tienden al consentimiento de Dios, fundado en la escucha del mensaje aceptado de \u00e9l. Este encuentro tiene lugar en la historia. La fe es un camino hacia la plena liberaci\u00f3n, hacia la libertad de la gloria de los hijos de Dios (Rom 8:21); mientras contin\u00fae no habr\u00e1 personas verdaderas fuera del Dios verdadero, ni la palabra del Se\u00f1or fructificar\u00e1 fuera de las personas en que est\u00e1 sembrada (Luc 8:16). La responsabilidad del anuncio de la palabra no es aut\u00e9ntica si prescinde de la solicitud de las personas que en ella son regeneradas (cf IPe 1,33); su crecimiento no es secundado bien fuera de la verdad en que es aut\u00e9ntico. Lo precario y dif\u00ed\u00adcil de este equilibrio no dispensa de buscarlo.<\/p>\n<p>&#8211; M\u00e1s que describir la fe importa describir la transformaci\u00f3n en virtud de la cual una persona se hace creyente, los rasgos de la radicaci\u00f3n de la fe en la experiencia concreta de la persona que escucha, piensa, ama y asiente al Dios que habla del misterio de su providencia para iniciar en la visi\u00f3n de s\u00ed\u00ad, para atraer y unir a s\u00ed\u00ad al ser humano.<\/p>\n<p>Intentar evidenciar c\u00f3mo es pensado el creer y por qu\u00e9 se cree en la comunidad creyente es tarea importante para secundar el camino hacia la interiorizaci\u00f3n y la personalizaci\u00f3n de la fe, el paso del asentimiento nocional al real. Los que no creen, frecuentemente estiman que creer es una actitud incomprensible, alienante e irracional. Exponer el creer y justificar la fe son aspectos importantes de la confesi\u00f3n de fe y del testimonio que respecto a ella se hace dentro de la comunidad creyente y en la familia humana. La fe sigue una din\u00e1mica y una l\u00f3gica propias: diversas y distintas, pero no en contraste con la racional.<\/p>\n<p>En la fe el creyente se abre a Dios; por el cual se deja encontrar y acoger en la gracia que obra en lo profundo del coraz\u00f3n humano, obra en la historia y vela sobre todo. por la transmisi\u00f3n hist\u00f3rico-eclesial de la revelaci\u00f3n. La actitud del creyente respecto a Dios se descubre s\u00f3lo progresivamente a los mismos que la viven. Presenta algunas analog\u00ed\u00adas con la experiencia com\u00fan de confianza, pero se distingue de ella en lo que tiene de m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico: la explicitaci\u00f3n del consenso consciente a Dios, impl\u00ed\u00adcito de ra\u00ed\u00adz en el s\u00ed\u00ad a la gracia. Creer es dar a Dios el homenaje sincero y agradable de s\u00ed\u00ad en el acto inteligente y amoroso del deseo de estar con \u00e9l, de asumirlo como fuente de la verdad por la cual dejarse orientar, de penetrar y secundar su mensaje. Todo estriba en vivir esta confianza; nada la determina. Ella es fruto exclusivo de la libre y espont\u00e1nea decisi\u00f3n de vivir a la escucha de Dios. En cierto sentido, en la fe cada uno revive a su modo la experiencia de \u00ed\u0081brah\u00e1n, a quien Dios le pide el hijo de la promesa y se lo devuelve en una alianza nueva (Jn 22).<\/p>\n<p>El creyente, como todo ser humano, no puede abdicar de la racionalidad; se siente movido a asentir s\u00f3lo a lo que comprende, ve y de lo que est\u00e1 cierto. En el caso de la fe se le pide no que renuncie a todo eso, sino que lo viva en una dimensi\u00f3n de radicalidad; que conf\u00ed\u00ade no en un ser supremo cualquiera, sino en el Dios que salva en Jesucristo y gu\u00ed\u00ada en el Esp\u00ed\u00adritu; que se deje amaestrar y orientar por \u00e9l. El que cree no se limita a registrar un mensaje; lo considera verdadero, se deja guiar por \u00e9l al plasmar la confianza radical del vivir. Y ello porque Dios lo dice y porque las personas asienten a \u00e9l. El s\u00ed\u00ad del creyente es uno y complejo; la estructura de la confianza en Dios, que se revela es diversa de la que tiende a la uni\u00f3n conformante con \u00e9l. Antes de asentir a lo dicho, es preciso asentir al que revela, permanecer a la escucha de \u00e9l, mantenerse y conservarse en actitud de docilidad, aprendizaje y deseo de comuni\u00f3n. Este modo de ser no germina de manera espont\u00e1nea; es fruto de proyectar la vida, de dominio de s\u00ed\u00ad, de purificaci\u00f3n de la inteligencia, de la memoria y de la fantas\u00ed\u00ada, de liberaci\u00f3n de la afectividad, de capacidad de fijar las prioridades de los propios compromisos en el empleo de las propias energ\u00ed\u00adas, de vigilancia.<\/p>\n<p>Creer es caminar en y con el pueblo de Dios; compartir sus caminos, sus expectativas y sus metas; es dejarse orientar por el magisterio, que autentica el camino; es apresurar la preparaci\u00f3n del reino. La conciencia del abismo que existe entre el camino de Jesucristo y las orientaciones personales y comunitarias agudiza en la comunidad creyente la solicitud a crecer en la dimensi\u00f3n misionera que la lleva a trabajar para que las situaciones no est\u00e9n en contraste con la vocaci\u00f3n hist\u00f3rica y final de la humanidad y para que la familia de Dios crezca unida en la fidelidad al misterio.<\/p>\n<p>La palabra de Dios re\u00fane y hace misionera a la Iglesia, la convierte en madre. Pues ella es llamada madre y virgen, y estos nombres tienen una profunda significaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica (LG 64). La Iglesia es madre cuando, acogiendo con fidelidad la palabra de Dios, \u00abpor la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y nacidos de Dios\u00bb (LG 64). Esta conciencia permite ver el misterio de la vida y de la misi\u00f3n de la Iglesia a la luz del de Mar\u00ed\u00ada la madre de Jes\u00fas, el \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8:29). \u00abPuede decirse que la Iglesia aprende de Mar\u00ed\u00ada tambi\u00e9n su propia maternidad&#8230; ligada esencialmente a su naturaleza sacramental\u00bb (JUAN PABLO II, enc. Redemptoris Mater, 43).<\/p>\n<p>b) Dar raz\u00f3n de la esperanza que hay en nosotros (1Pe 3:15) y que no decepciona (Rom 5:5). &#8211; La revelaci\u00f3n ilumina y potencia cada uno de los aspectos de la experiencia humana y aclara sobre todo el dinamismo de la esperanza. La esperanza es una actitud humana t\u00ed\u00adpica fundada por el bien, por la realidad una y compleja por la que la persona se siente atra\u00ed\u00adda y en la cual busca su plenitud. El bien esperado consta de algunas caracter\u00ed\u00adsticas imprescindibles: es importante en orden al crecimiento y a la perfecci\u00f3n de la persona; no se ha alcanzado a\u00fan, pero puede conseguirse; es posible: es arduo, futuro y posible. Nadie espera una realidad no buena; y, por otra parte, un bien puede ser amado deseado, pero no esperado si faltan las otras prerrogativas. Se desea, no se espera un bien ordinario. El bien arduo ya conseguido no es ya futuro, y por eso se disfruta y goza de \u00e9l, no se lo espera. Una realidad sublime y futura, pero no valorada como posible, funda tristeza, desilusi\u00f3n, rabia, rencor y desesperaci\u00f3n, pero ciertamente no esperanza. El dinamismo de la esperanza se paraliza si estas condiciones no subsisten. La persona, por ejemplo, puede valorar como no importante el bien que efectivamente lo es, o atribuir importancia a una realidad que carece de \u00e9l; puede presumir y hacerse la ilusi\u00f3n de haberlo conseguido; puede valorar como no posible una meta que todav\u00ed\u00ada lo es o, viceversa, como Posible la que ya no lo es. La esperanza aut\u00e9ntica est\u00e1 estructuralmente ligada a la verdad: recta valoraci\u00f3n de la realidad; a la disponibilidad de tender al bien, aunque sea grande: discernimiento de las posibilidades efectivas de que la persona dispone y que funda en ella la realidad a la que asiente y a la que se adhiere.<\/p>\n<p>Espera el enamorado que tiende al nosotros del amor, libre de la amenaza de la precariedad, de las defensas, de los miedos y de las contradicciones. Espera el que cree en la posibilidad del entendimiento entre los seres humanos y persevera en realizar sus condiciones.<\/p>\n<p>El que espera lucha para vivir en el bien amado y para contrastar los obst\u00e1culos que retrasan la tendencia hacia \u00e9l e impiden sus anticipaciones. En su expresi\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica, la esperanza es relaci\u00f3n entre personas; es est\u00ed\u00admulo a la liberaci\u00f3n y a la expansi\u00f3n de la amistad y de la solidaridad; es esfuerzo magn\u00e1nimo que tiende a la realizaci\u00f3n de lo que facilita y permite la paz interhumana en el disfrute de la creaci\u00f3n y en la aspiraci\u00f3n a la vida con Dios.<\/p>\n<p>&#8211; La esperanza teologal est\u00e1 estrechamente ligada al estado de camino, es la prerrogativa de los que caminan; se funda en la vida en gracia, en la incorporaci\u00f3n a Jesucristo resucitado; cualifica todas las fases de la existencia y hace que converja hacia la salvaci\u00f3n personal, la vida en Dios en la gloria y la plena manifestaci\u00f3n de Dios Trinidad en la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Todo este dinamismo es vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 5:5) y se desarrolla en la obediencia a Jesucristo (lPe 1,2). En \u00e9l personas y comunidades son iniciadas en el pueblo (1Pe 2:10) que- Dios asocia a s\u00ed\u00ad, en la victoria sobre el poder del mal (cf Rom 6:6-11) y en la vida en caridad. Jesucristo no es modelo externo de esperanza; es aqu\u00e9l en quien Dios regenera (1Pe 1:3) al pueblo de la nueva alianza; el que, a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu, capacita para pensar, obrar, comportarse como \u00e9l se comport\u00f3 (Jua 3:6).<\/p>\n<p>La uni\u00f3n con Cristo descubre posibilidades extraordinarias de bien que comprometen en la lucha contra todas las formas de fatalismo desresponsabilizador y de presunci\u00f3n an\u00e1rquica; diversas en la forma y convergentes en los resultados, paralizan las iniciativas, desaconsejan la fidelidad y desaniman la solicitud.<\/p>\n<p>La esperanza cristiana no brota de una confianza gen\u00e9rica o de un vago fiarse y abandonarse a Dios; est\u00e1 arraigada en la fe en Dios Trinidad y en la promesa del redentor. Tiene por objeto no una felicidad cualquiera, sino la vida eterna ahora oculta en Jesucristo y que se dar\u00e1 totalmente en la resurrecci\u00f3n final. La roca firme en que se apoya es la fidelidad de Dios a s\u00ed\u00ad mismo, el s\u00ed\u00ad de Dios a la humanidad en Jesucristo (cf 2Co 1:20), en virtud del cual \u00e9sta puede ser realizadora de comuni\u00f3n en un tiempo en el cual todav\u00ed\u00ada se ensa\u00f1an enemistades y muerte. El que espera sufre la soledad, pero sabe que no est\u00e1 solo; avanza por caminos aislados, pero sabe que camina en el pueblo guiado por la iniciativa de Dios (1Jn 4:10; Rom 3:21 ss); tiene la experiencia del l\u00ed\u00admite, de lo precario, y sigue actuando para que los g\u00e9rmenes de vida nueva, que el Esp\u00ed\u00adritu vivifica no queden sofocados por las vanas solicitudes; padece la desuni\u00f3n y trabaja para que la comuni\u00f3n no se vea comprometida por el predominio de intereses idol\u00e1tricos, por miras desp\u00f3ticas o por valoraciones cobardes y desconfiadas. La humanidad en Jesucristo est\u00e1 irreversiblemente viva en Dios y en ella son vivificados los que por medio del Esp\u00ed\u00adritu y de los sacramentos son injertados en \u00e9l.<\/p>\n<p>Esperar, en el contexto de la revelaci\u00f3n neotestamentaria, significa creer que pascua y pentecost\u00e9s fundan para todos una nueva posibilidad de vivir en y con Dios, y por eso crecer en la humildad, en la magnanimidad, en la magnificencia, o sea en las prerrogativas que encarnan la certeza de que Cristo nos tiene consigo y nos hace crecer en \u00e9l como signo sensible de la novedad de la creaci\u00f3n (cf 2Co 5:16) tendiendo a la comuni\u00f3n de Dios todo en todos (1Co 15:28).<\/p>\n<p>&#8211; Aunque \u00ablo que seremos no se ha revelado a\u00fan\u00bb (Jua 3:2), sabemos que tiene lugar en la l\u00ed\u00adnea de la \u00absemejanza\u00bb con Dios (ib) y que es posible en Cristo resucitado. La esperanza est\u00e1 ligada al camino recorrido por Jes\u00fas camino, al camino que se caracteriza por la transformaci\u00f3n del sufrimiento en amor, por la misericordia que lleva a hacerse cargo del mal humano para impedir que obstaculice la uni\u00f3n con Dios. La situaci\u00f3n sociol\u00f3gica en que vive el que espera contextualiza las manifestaciones de la esperanza, pero no las determina. La esperanza se funda en el Esp\u00ed\u00adritu derramado en los corazones y se alimenta a trav\u00e9s de las dificultades que la persona no experimenta ni descuida.<\/p>\n<p>Sin duda, la experiencia de la impotencia humana, de la dureza de los corazones, de la resistencia a la justicia y a la amistad, de los obst\u00e1culos de todo g\u00e9nero que se oponen a la fidelidad a Dios y a la perseverancia en sus caminos hacen que quien espera deba continuamente practicar la vigilancia, la oraci\u00f3n y el abandono. No menor confianza se requiere para hacer que la confianza en las realizaciones humanas, en el poder y en la eficacia de la empresa hist\u00f3rica, no disuada de confiar y cooperar con Dios. La prueba m\u00e1s grande de la esperanza la constituye el cansancio, el retraso de la manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or y a la vez la recrudescencia del poder del mal.<\/p>\n<p>Esperar es realizar las actitudes que acrecientan y manifiestan confianza; es obrar para que las relaciones sean liberadas de las falsas representaciones y se desarrollen dentro de la fidelidad y la confianza. Cultiva la esperanza el que vive de misericordia, se inclina sobre el ser humano y lo sostiene en el caminar por la senda a trav\u00e9s de la cual la historia y la realidad se convierten en epifan\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n. En la esperanza \u00e9l se libera, con la fuerza del amor, en la lucha contra el poder de la muerte y sus manifestaciones (1Co 15:26), en la resistencia a los \u00ed\u00addolos, en la decisi\u00f3n de contrastar el faalismo desresponsabilizador, las pretensiones autosuficientes y todas las actitudes que paralizan el camino hacia el bien humano.<\/p>\n<p>Vivir en la esperanza significa ser personas de comuni\u00f3n en el pueblo de Dios; testimoniar en verdad y fidelidad, con signos efectivos y elocuentes, el amor que Dios tiene a todos; concurrir a la plena liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n (cf Rom 8:20).<\/p>\n<p>c) \u00abArraigados y fundados en la caridad\u00bb (Efe 3:18). &#8211; El centro y el v\u00e9rtice de toda la vida teologal se expresa con el t\u00e9rmino agape. En sus diversas formas: verbal, nominal, adjetiva, la palabra aparece m\u00e1s de trescientas veces en el NT. En \u00e9l designa el v\u00ed\u00adnculo entre el Padre y Jesucristo; a Jesucristo y al Esp\u00ed\u00adritu; la uni\u00f3n de hombres y mujeres entre s\u00ed\u00ad en el pueblo de Dios; el lazo entre la humanidad y el mundo (cf J. D&#8217;ARc, Le concordanze del NT, voz Amare).<\/p>\n<p>No se trata de un elemento aislado o aislable del mensaje cristiano. Dimensiona y cualifica el centro mismo de la fe: \u00ab&#8230; hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos cre\u00ed\u00addo; Dios es amor\u00bb (Jua 4:16). Antes y m\u00e1s que exigencia de comportamiento es revelaci\u00f3n de la adopci\u00f3n a la vida trinitaria. Dejarse conformar en la verdad de esta condici\u00f3n es consentir en vivir como hijos de Dios (1Jn 3, ls). Para captar la belleza y la riqueza de este don hay que colocarse en la perspectiva justa; no basta explicitar el sentido de los textos y de los vocablos, hay que profundizar y secundar la memoria del designio (Rom 3:25; Rom 8:28; Rom 9:11; Efe 1:9.11; Efe 3:11; 2Ti 1:3) misericordioso, gratuito, ben\u00e9volo, en el cual Dios reconcilia en Jesucristo (2Co 5:18) al mundo consigo, introduce en su agape de modo que con un solo y mismo amor se pueda amar a Dios, a s\u00ed\u00ad mismo, a los otros en, con y por Dios. La caridad es vida, es actitud, es mentalidad. Brota de la gracia, de la uni\u00f3n con Dios, de la participaci\u00f3n de su vida y tiende a ella. Su dinamismo, potenciado por el don de la sabidur\u00ed\u00ada (SANTO TOM\u00ed\u0081S, S.Th., II-II, q. 45), conduce a la contemplaci\u00f3n amorosa, a la experiencia de la paz de Dios en nosotros (ib, a. 6) y tiende a la comuni\u00f3n conformante en la vida trinitaria. La incidencia hist\u00f3rica de la caridad no se desarrolla en perjuicio de su radicaci\u00f3n divina, y \u00e9sta no crece si se descuida la primera. No es posible amar al Dios que reconcilia consigo la historia si no se ama la historia iniciada en la reconciliaci\u00f3n con Dios. Se puede amar a Dios s\u00f3lo dentro de la historia participando de sus esperanzas y dolores, luchando por la liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n del mal. La verdadera cuesti\u00f3n no estriba en la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la caridad, sino en convencerse de que s\u00f3lo en el amor de Dios se ama de verdad la historia y s\u00f3lo el amor samaritano es el verdadero reflejo del amor de Dios. Ama a Dios quien se compromete, seg\u00fan el carisma de su propia vocaci\u00f3n, en la reconciliaci\u00f3n del mundo con Dios.<\/p>\n<p>Dimensi\u00f3n trinitaria y dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de la caridad subsisten, crecen y se irradian juntas; son expresi\u00f3n de la vida en la cual la humanidad y la creaci\u00f3n son nuevas en Jesucristo resucitado (2Co 5:17), que da el Esp\u00ed\u00adritu y da al Esp\u00ed\u00adritu. Todo ello queda falseado y reducido si no se capta su unidad y su centro y si se lo concibe en la perspectiva de la persona desarticulada del pueblo de Dios, de la humanidad disociada, de la creaci\u00f3n proyectada hacia la plena liberaci\u00f3n (cf Rom 8:16ss), de la humanidad y de la creaci\u00f3n separadas de la uni\u00f3n con Dios Trinidad. Estas gravitaciones subsisten juntas, aunque se articulan de modo diverso. Cuando crecen, caen las resistencias, avanza la liberaci\u00f3n de las veleidades idol\u00e1tricas y pecaminosas que, cualesquiera que sean las formas que adoptan, son siempre expresi\u00f3n de incapacidad de amar, de resistencia a la acci\u00f3n de Dios, de pretensi\u00f3n de sustraerse a la gracia.<\/p>\n<p>&#8211; La eucarist\u00ed\u00ada, el sacramento de la pasi\u00f3n y de la cruz, es la revelaci\u00f3n suprema del amor trinitario a la humanidad, y a la vez el contexto y el v\u00e9rtice de la caridad de la Iglesia a Dios-Trinidad y de la comuni\u00f3n misionera de que ella vive. La caridad cristiana es eminentemente eucar\u00ed\u00adstica. En la celebraci\u00f3n, personas y comunidad incorporadas a Cristo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu participan del amor en el cual las personas de la Trinidad se aman y aman a la humanidad, son amadas en el amor con que Cristo es amado y con el que ama, secundando su estilo de liberaci\u00f3n del pecado. Por esta estrech\u00ed\u00adsima articulaci\u00f3n suya con la eucarist\u00ed\u00ada, la Iglesia es el sacramento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Cristo en Dios y tambi\u00e9n de la unidad salv\u00ed\u00adfica que todo el g\u00e9nero humano tiene de Dios y en Dios. \u00abLa Iglesia, radicada, mediante su propio misterio, en la econom\u00ed\u00ada trinitaria de la salvaci\u00f3n, con todo derecho se entiende a s\u00ed\u00ad misma como sacramento de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). Ella sabe que lo que es por el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo, del cual es signo e instrumento en la realizaci\u00f3n del plan salv\u00ed\u00adfico (JUAN PABLO II, enc. Dominum et vivificantem, 64).<\/p>\n<p>En una p\u00e1gina muy rica de esta misma enc\u00ed\u00adclica se describe el proceso misterioso del cual trae origen y en el cual vive la acci\u00f3n de la Iglesia, que en el Esp\u00ed\u00adritu entra en el sufrimiento humano y c\u00f3smico con nuevas donaciones de amor redentor. De este modo el misterio de la iniquidad humana es reconciliado por medio del de la piedad, y el amor se manifiesta m\u00e1s fuerte que el pecado en la dimensi\u00f3n temporal e hist\u00f3rica que asume, pero sobre todo y m\u00e1s radicalmente frente a su valor definitivo en orden a la uni\u00f3n plena con Dios (cf Dominum el vivificantem, 39, y Salvifici doloris, 14ss). El rostro m\u00e1s profundo del misterio de la caridad aparece cuando se penetra su car\u00e1cter misericordioso. \u00abEn el cumplimiento escatol\u00f3gico la misericordia se revelar\u00e1 como amor, mientras que en el tiempo, en la historia humana, que es a la vez historia de pecado y de muerte, el amor debe revelarse sobre todo como misericordia y tambi\u00e9n realizarse como tal. El programa mesi\u00e1nico de Cristo, programa de misericordia, se convierte en el programa de la Iglesia. En el centro de \u00e9sta se alza siempre la cruz, puesto que en ella la revelaci\u00f3n del amor misericordioso alcanza su v\u00e9rtice\u00bb. Dios revela su misericordia cuando insta a los seres humanos a la misericordia para con su propio Hijo, hacia el crucificado (JUAN PABLO II, enc. Dives in misericordia, 8). Amar a Dios es amar con el amor con que \u00e9l ama, participar en la humanidad de Cristo el sufrimiento de Dios (Dominum el vivificantem, 39), ser en el Esp\u00ed\u00adritu y entrar en, con y por \u00e9l en el sufrimiento humano y c\u00f3smico, en el mundo del pecado, para que en todo prevalezca el don, el ser humano se encuentre a trav\u00e9s de un don sincero de s\u00ed\u00ad y viva de aquella \u00absemejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad\u00bb (cf GS 24.25, y Dominum el vivificantem, 58 y 59).<\/p>\n<p>Compartir en la comunidad creyente y en la humanidad la esperanza de vivir en la \u00abprofundidad del amor de Cristo\u00bb (Efe 3:18), ilustrar los caminos para acrecentar en la creaci\u00f3n la impaciencia de la liberaci\u00f3n de la esclavitud, de la corrupci\u00f3n y de la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf Rom 8:19ss), es vocaci\u00f3n y misi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La tradici\u00f3n teol\u00f3gica ha ilustrado el dinamismo de la caridad con la analog\u00ed\u00ada de la amistad, que es amor de reciprocidad fundado en la participaci\u00f3n de la misma vida y que se realiza en la comuni\u00f3n de amor, que es participaci\u00f3n de aqu\u00e9l en el cual Dios ama a la creaci\u00f3n en Cristo y la funda en la capacidad de amar. El origen de este proceso es la iniciativa de Dios, que potencia las aspiraciones m\u00e1s profundas de la persona, la connaturaliza consigo, de modo que conocimiento, confianza y amor sean operaciones de la persona, vitales y espont\u00e1neas, que en Dios consiente a Dios. \u00abAmamos porque \u00e9l nos ha amado primero\u00bb (1Jn 4:19).<\/p>\n<p>La misma teolog\u00ed\u00ada ilustra el proceso en virtud del cual la vida de quienes consienten en este don de reciprocidad tiende a desarrollarse seg\u00fan un dinamismo \u00fanico, complejo y circular, que nace en el consenso a la gracia y culmina en el contacto experiencia) con Dios Trinidad. Los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo potencian esta experiencia que se irradia en las relaciones de justicia, cualifica y potencia todos los dinamismos de la vida moral y los hace crecer como expresi\u00f3n de la connaturalizaci\u00f3n con la vida en Dios. Todo brota de la uni\u00f3n con Dios en la gracia y todo tiende a acrecentarla, a potenciarla en sus valores \u00ed\u00adntimos y en sus dinamismos operativos; es el misterio de la iniciaci\u00f3n en el Dios todo en todos (cf 1Co 15:28).<\/p>\n<p>3. LA TEOLOGALIDAD: EN EL CORAZ\u00ed\u201cN DE LA PROPUESTA MORAL CRISTIANA. a) El bien de toda la persona y de todos los pueblos en el nosotros de la comuni\u00f3n trinitaria. Orientar teologalmente la existencia significa sintonizar con el indicativo seg\u00fan el cual la humanidad creada por Dios ha sido elevada en Jesucristo a la dignidad de hija de adopci\u00f3n y a asumirlo como fundamento y comprobaci\u00f3n de estilo de vida. Es la perspectiva adoptada por el Vat. II. El la propone como tarea de la teolog\u00ed\u00ada moral. Le pide que ilustre la sublime vocaci\u00f3n de los fieles en Cristo para mostrar c\u00f3mo en ella se funda la exigencia de dar en caridad frutos de vida por la salvaci\u00f3n del mundo (OT 16).<\/p>\n<p>En Jesucristo conocemos con plena revelaci\u00f3n el misterio trinitario y somos iniciados en el disfrute del mismo. Los tres son origen, contexto y v\u00e9rtice de la vocaci\u00f3n y de la perfecci\u00f3n humana. La humanidad y la creaci\u00f3n existen por la iniciativa de Dios Trinidad, son guiadas por Dios Trinidad y tienden a la plenitud de vida en Dios Trinidad. El camino de la historia se origina, se desarrolla y tiene su plenitud en Dios Trinidad: de la Trinidad de origen a la de gloria en y con la de misi\u00f3n. En el Esp\u00ed\u00adritu de Jesucristo encarnado y resucitado, la humanidad es atra\u00ed\u00adda y acogida en el nosotros de la vida trinitaria. Camina a la luz (Jua 1:7) cuando toma conciencia de esta condici\u00f3n suya; se deja reconciliar (2Co 5:20) en el nosotros de comuni\u00f3n en el que es ella misma; se capacita para convertirse en sujeto y t\u00e9rmino de relaciones personales en y con Jesucristo y el Esp\u00ed\u00adritu en la vida del Padre. -Esta meta es vocaci\u00f3n siempre y para siempre. En el tiempo no se la consigue nunca de modo definitivo, pleno e irreversible. Es siempre contrastada, frecuentemente desatendida, a veces traicionada. Tender a ella es creer en aquel que la hace posible; esperar conseguirla, amarla, contemplarla, propon\u00e9rsela siempre de nuevo, arrepentirse de no estar cercanos al Se\u00f1or que no abandona ni siquiera cuando es abandonado (cf, lCor 1,4ss).<\/p>\n<p>El deseo y la esperanza de perseverar en este camino alimenta y vigoriza la decisi\u00f3n de convertir a ella las situaciones personales y estructurales que se le resisten y sostiene para discernir c\u00f3mo hacerla concreta cotidianamente. El consentimiento a Dios tiende a implicar a la persona en la totalidad de su ser en un dinamismo que va del fin amado al fin conseguido y gozado, a trav\u00e9s de la conversi\u00f3n de las diversas expresiones del vivir personal y comunitario. La luz y la fuerza que la teologalidad irradia sobre la existencia es proporcional a la fidelidad y coherencia con que se la vive. En ella se libera la oraci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n, la persona se abre a los horizontes en los cuales se sit\u00faan los microproyectos y de los cuales saca fuerza e inspiraci\u00f3n la lucha contra la monoton\u00ed\u00ada de lo cotidiano y contra las melancol\u00ed\u00adas dispersivas. A la luz de Dios la mirada se vuelve aguda y penetrante; la persona comienza a vislumbrar y percibir dimensiones de realidad y posibilidades de futuro que orientan en la novedad el camino personal y comunitario.<\/p>\n<p>El que est\u00e1 en Dios no descuida las responsabilidades hist\u00f3ricas y las exigencias del crecimiento humano; programa su desarrollo con la memoria inmersa en la esperanza amorosa de la creaci\u00f3n nueva en Dios Trinidad (1Pe 1:4). Esta es vocaci\u00f3n y meta que el Esp\u00ed\u00adritu realiza en nosotros y con nosotros. El se une a nuestro esp\u00ed\u00adritu dentro del pueblo de Dios para atestiguar que somos hijos del Padre (Rom 8:16). Puesto que la comunidad cristiana es misionera de salvaci\u00f3n en la historia, debe vivir en la disponibilidad permanente a responder a quien pide raz\u00f3n de la esperanza que tiene en s\u00ed\u00ad y de la cual es depositaria (1Pe 3:15). Los amigos de Dios no abandonan la historia a s\u00ed\u00ad misma ni omiten anunciar en ella el evangelio del gozo, los caminos de la paz. Contemplar en el centro de la historia es estilo de fidelidad, no un lujo. Llevar en la contemplaci\u00f3n y en la alabanza la miseria del mundo es asentir al amor de misericordia que redime a lo humano. El referente de la persona moral no es ni una autonom\u00ed\u00ada an\u00e1rquica abstracta ni un complejo de leyes; es el pueblo en el cual viven las leyes y para cuyo bien se dictan y observan; son los santos en comuni\u00f3n; es el Padre, el Verbo y el Esp\u00ed\u00adritu. Todas las relaciones que las personas fieles establecen se regulan por prescripciones, se esclarecen mediante conceptos y principios; pero lo que funda la verdad de unas y de otros son las personas vivas que se aceptan, piensan, aman y obran en contexto de justicia amistosa, en la paz.<\/p>\n<p>Esta fidelidad proyecta una luz nueva sobre todas las dimensiones de la vida moral: la personal, la social y la ambiental; la sit\u00faa en la perspectiva de la comuni\u00f3n, de la pertenencia, de la participaci\u00f3n, de la convergencia. El acto bueno \u00e9tico es creativo de comuni\u00f3n; la persona que lo. emite de modo consciente y responsable crece en el mundo de personas y de realidades en que est\u00e1 inserta. Es moralmente verdadera cuando en la comuni\u00f3n en que obra mantiene las relaciones personalizantes a trav\u00e9s de las cuales crece y se libera la nueva creaci\u00f3n en Cristo (2Co 5:17). Esta revelaci\u00f3n no restringe la propuesta moral, sino que la hace anuncio de gozo grande para todo el pueblo (Lev 2:11); proyecta sobre toda la historia la luz que permite captarla en su dimensi\u00f3n de verdad. En este contexto la vida moral est\u00e1 siempre naciendo; crece en la realidad en que nace, es decir, en la y por la palabra de Dios, viva y eterna: la palabra del evangelio (1Pe 1:23ss), y fructifica en las personas en las que se siembra llegando a su madurez.<\/p>\n<p>Puesto que es la palabra la que engendra a la vida y mantiene en la vida, escucharla significa dejarse fecundar por ella en las mediaciones en las que se comunica; conservarla y meditarla en el coraz\u00f3n (Lev 2:19-51); acoger a la persona que la dice; dejarse acoger, vivir y obrar juntos; impedir que los acontecimientos distraigan y ralenticen la tensi\u00f3n hacia la liberaci\u00f3n plena (Rom 8:19ss).<\/p>\n<p>La meta a que conduce este camino es la uni\u00f3n efectiva y afectiva con Dios en Jesucristo; es el h\u00e1bito nupcial (cf Mat 22:11) del que est\u00e1n revestidas las personas que en la oraci\u00f3n llaman padre a Dios (1Pe 1:17); es la actitud en la cual se armonizan acogida y decisi\u00f3n, gratuidad e iniciativa, confianza y compromiso. Se trata del arduo e ininterrumpido aprendizaje del modo de amar a Jes\u00fas (Jua 13:15), de la participaci\u00f3n en sus sufrimientos (1Pe 4:13), de la gratuidad, de la fidelidad, del compromiso, es decir, de las prerrogativas en las cuales Dios cultiva al pueblo de las bienaventuranzas (cf Mt 5,lss). El fiel que persevera en este seguimiento (1Pe 2:21) tiene parte con el Se\u00f1or (cf Jua 8:8); \u00abespera contra toda esperanza\u00bb (Rom 4:18); no vacila ni siquiera cuando la promesa tarda en realizarse (ib, 21); sigue realizando iniciativas de comuni\u00f3n, aunque todo induzca a considerarlas in\u00fatiles; no sustrae esperanza a quienes se resisten a acogerla. En la vida teologal vivida radica la vulnerabilidad a la miseria humana y la disponibilidad a hacerse cargo del peso de los otros, a vivir como samaritano (Lev 10:33); y esto hace agudizar la mirada y permite comprender cu\u00e1n profundas son las laceraciones que desangran a la comunidad humana y qu\u00e9 tenaces las resistencias al bien. El mal humano, cuando es acogido y vivido en el contexto de la uni\u00f3n con Dios, se convierte en la lanza que hiere el coraz\u00f3n: libera la iniciativa de reconciliaci\u00f3n (cf Jua 19:34), es asumido en la participaci\u00f3n de la voluntad salv\u00ed\u00adfica del Padre (cf Jua 6:39).<\/p>\n<p>En esta atm\u00f3sfera se califican la contemplaci\u00f3n, la celebraci\u00f3n la alabanza y la oferta; perseveran las \u00c2\u00a1niciativas justas; crecen las actitudes que caracterizan a los liturgos, a los profetas y a las profetisas, a los reyes y a las reinas, es decir, a quienes forman el pueblo que Dios re\u00fane en Jesucristo (1Pe 2:9ss). Esta vocaci\u00f3n es una provocaci\u00f3n ininterrumpida a dejarse educar por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios en la obediencia a Cristo, a secundar las exigencias de la filiaci\u00f3n adoptiva, a vencer las resistencias que se oponen a su irradiaci\u00f3n hist\u00f3rica, a hacer que las iniciativas encarnen la sapientia crucis, el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico en el cual hemos conocido la verdad plena y misteriosa sobre la gratuidad deificante del amor de Dios.<\/p>\n<p>b) En uni\u00f3n con Dios en las fronteras de la historia. Las virtudes teologales no son una teor\u00ed\u00ada teol\u00f3gica; expresan y sintetizan la realidad cotidiana y ferial de las personas, cuya existencia se desarrolla en el contexto de la comuni\u00f3n con Dios, que en Jesucristo ha manifestado el plan seg\u00fan el cual conduce la historia. Los hechos y las actitudes de estas personas son m\u00faltiples y variadas; pero ellas tienden a estar unidas, a vivir en continuidad los momentos religiosos y los profanos, la pertenencia a la comunidad creyente, a la familia humana, al mundo creado; perciben lo que une a estas diversas gravitaciones; no las confunden, pero no las oponen; se comprometen a satisfacer las exigencias de cada una de ellas, conscientes de vivir en uni\u00f3n con el \u00fanico y solo Se\u00f1or, que es el creador de todo y que lo reconcilia todo consigo.<\/p>\n<p>En la vida teologal las personas experimentan existencialmente el \u00abtodo es vuestro, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios\u00bb (1Co 3:23). Viven en relaci\u00f3n con Dios y con todos aquellos a los que \u00e9l vivifica y une consigo; llevan adelante estas relaciones no de modo formal e indiferenciado, sino en uni\u00f3n con Jesucristo en la docilidad al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Todos estos momentos de la vida cristiana, humana y criatural son asumidos por la y en la teologalidad, es decir, en la uni\u00f3n en Jesucristo. En \u00e9l la persona vive la filiaci\u00f3n adoptiva, la solidaridad interhumana, la condici\u00f3n de criatura. Vida sacramental, escucha de la Palabra, realidad cotidiana constituyen el contexto, la fuente y la expresi\u00f3n del asenso fundamental a Dios en el camino a trav\u00e9s del cual nos relaciona con \u00e9l. Creer, esperar, amar, orar y celebrar, escuchar, anunciar la Palabra, transformar la realidad, disfrutar de lo cotidiano, afrontar y resolver los conflictos y las laceraciones que estructuran el vivir, y, viceversa, vivir todo esto es encarnar, inculturar en la historia de todos y cada uno el plan de Dios, hacer la realidad acorde con su llamada.<\/p>\n<p>La fragmentaci\u00f3n de esta continuidad es el pecado, entendido como condici\u00f3n y como acto. Salir de \u00e9l, contrastar su l\u00f3gica, significa iniciarse en el Dios todo en todos, o sea en la vocaci\u00f3n de la historia. La teolog\u00ed\u00ada ha expresado estas verdades diciendo que la caridad es la virtud suprema, es la forma de todas las virtudes. En estas f\u00f3rmulas ha compendiado el sentir de la comunidad creyente, la cual experimenta c\u00f3mo en quienes aceptan vivir en Dios, todas las actividades, aunque presenten una fisonom\u00ed\u00ada y una cualificaci\u00f3n diversas, tienden a ser referidas al amor y a expresar sus exigencias. El amor impregna cada momento de la vida de la persona, crece y se cualifica en y a trav\u00e9s de cada uno de ellos, los estimula y exige a todos. Es como el sol: vivifica e ilumina toda realidad, da esplendor a todo color y se enriquece en la belleza de todas las cosas. Otro aspecto de esta realidad se resume en la doctrina seg\u00fan la cual s\u00f3lo en la caridad las virtudes se hacen plenamente virtuosas y humanas. La existencia de quien est\u00e1 efectivamente unido con Dios es diversa de quienes de hecho, cualquiera que sea el motivo, no est\u00e1n abiertos a la comuni\u00f3n con \u00e9l. Esta relaci\u00f3n no es indiferente para el ser humano; es integrante, constitutiva de su verdad de criatura adoptada para la filiaci\u00f3n divina. El ser humano es creado, es derivado de Dios: su estructura es un dato, no es fruto del consentimiento humano. La persona no pertenece al mundo humano en virtud de su propia decisi\u00f3n; puede consentir en estar en \u00e9l porque lo est\u00e1, no lo est\u00e1 porque lo decide.<\/p>\n<p>La adopci\u00f3n filial es obra de Dios, no humana; la persona puede consentir o rehusarla, no puede anularla; puede no quererla, no impedir que exista. Por eso reconocerla es ser, quererse en la verdad. El no consenso efectivo al plan de Dios en la vida humana descalifica todas las expresiones del vivir y hace que el ser humano no sea de hecho quien est\u00e1 llamado a ser, quien puede y debe ser, anclado de verdad en la fuente y en el contexto del propio bien.<\/p>\n<p>Este dato no est\u00e1 destinado a fundar o legitimar discriminaciones o jerarqu\u00ed\u00adas, sino a reconocerla verdad y a secundar la toma de conciencia de la propia condici\u00f3n, de las aut\u00e9nticas posibilidades humanas; \u00e9l permite valorar y verificar en verdad la propia orientaci\u00f3n de vida, la posici\u00f3n en la realidad y frente a Dios, y por ello favorece la decisi\u00f3n de s\u00ed\u00ad, la construcci\u00f3n de la propia existencia.<\/p>\n<p>El ser humano es conc\u00e9ntrico, no exc\u00e9ntrico; proviene de, vive en, est\u00e1 orientado a Dios: \u00aben \u00e9l vivimos, nos movemos y existimos\u00bb (Heb 17:28). En esta participaci\u00f3n se funda la posibilidad de conocerlo, de consentir en \u00e9l, de vivir en \u00e9l, de amarle, de honrarlo. Cuanto m\u00e1s se vive esta verdad m\u00e1s aparece el l\u00ed\u00admite inherente a la negaci\u00f3n de la cognoscibilidad de Dios, a la falsificaci\u00f3n de la relaci\u00f3n con \u00e9l o, por el lado opuesto, a la afirmaci\u00f3n gn\u00f3stica, irracional y emotiva de la presencia directa e inmediata a \u00e9l.<\/p>\n<p>Calificarse uno mismo con nuevos estilos de relaci\u00f3n, transformar la realidad y los h\u00e1bitos, de modo que no est\u00e9n en contraste con la vocaci\u00f3n humana y cristiana no es un hecho obvio, autom\u00e1tico; para hacerse posibilidad concreta, exige la liberaci\u00f3n de los compromisos con la injusticia y el pecado. En quien la vive todo cambia. Cuando nos dejamos admitir en la comuni\u00f3n de las tres personas, todas las relaciones se cargan de valencias insospechadas. Por desgracia, la experiencia de esta transformaci\u00f3n se experimenta despu\u00e9s de haberla vivido, no antes. Se ve obstaculizada por la atm\u00f3sfera de defensa, de indeterminaci\u00f3n, de perezosa inercia en la cual se vive cuando se aplaza indefinidamente el problema de vivir o se espera que se resuelva por s\u00ed\u00ad solo. Esta tergiversaci\u00f3n potencia la indisponibilidad al consenso y su falta favorece la vida fragmentaria, contradictoria e incoherente. Si no se supera este c\u00ed\u00adrculo vicioso, la existencia se desarrolla en la duda, en la inautenticidad, en la vaguedad de los pretextos que son dif\u00ed\u00adciles de desenredar y aclarar cuanto m\u00e1s inconsistentes son. La luz no es nunca suficiente cuando no nos cultivamos para ella, cuando se trampea con la verdad y con la fidelidad.<\/p>\n<p>III. La antiteologalidad: la enfermedad mortal<br \/>\nTambi\u00e9n en el mundo contempor\u00e1neo una uni\u00f3n con Dios que sea posibilidad concreta, gozo para todo el pueblo es una espera contrastada. La resistencia a vivirla se experimenta no s\u00f3lo en lo que ella propone a nivel de relaciones interhumanas, sino en la l\u00ed\u00adnea de lo que es en ella fundamental. El don m\u00e1s sublime de Dios de hecho es el que encuentra las mayores defensas; el reconocimiento que deber\u00ed\u00ada ser el m\u00e1s obvio es el que menos aflora.<\/p>\n<p>A causa del desorden, extenso y profundo, que vicia la condici\u00f3n humana, incluso cuando no se duda de Dios nos defendemos de \u00e9l; cuesta considerarlo y reconocerlo como padre y amigo; se lo concibe a lo sumo como \u00abobjeto, no como sujeto activo, que obra en el mundo y dialoga con el hombre\u00bb (R. CANTALAMESSA, Evoluci\u00f3n del concepto de Dios personal en la espiritualidad cristiana, 85). Concebimos la realidad, sin excluir la de Dios, con mentalidad de cosa, de separaci\u00f3n, de lejan\u00ed\u00ada, m\u00e1s que con mentalidad personal, de pertenencia, de comuni\u00f3n, de participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las expresiones de esta enfermedad mortal son m\u00faltiples; adoptan configuraciones diversas seg\u00fan las personas, los tiempos y los contextos socio-culturales. La tradici\u00f3n religiosa analiza esta oscura, tormentosa y atormentada fenomenolog\u00ed\u00ada, la somete a diagn\u00f3stico lucha contra ella, sufre por su difusi\u00f3n. Infidelidad, indiferencia, incredulidad, herej\u00ed\u00ada, apostas\u00ed\u00ada, ate\u00ed\u00adsmo, desesperaci\u00f3n, dispersi\u00f3n, desbandada, incapacidad de amar, odio, envidia, discordia, altercados, etc., son otros tantos aspectos de la \u00abvana conducta\u00bb heredada de los padres (1Pe 1:18), que se manifiesta en toda clase de \u00abmalicia, fraude, hipocres\u00ed\u00ada, celos\u00bb (ib, 2, l). Para que esta situaci\u00f3n cambie es necesario que el don sublime de Dios se convierta en el desaf\u00ed\u00ado m\u00e1s radical que la revelaci\u00f3n y la humanidad se hacen rec\u00ed\u00adprocamente. Los creyentes deben sentirse desafiados a legitimar la verdad que anuncian, y la revelaci\u00f3n debe poder interpelar a personas y comunidades, debe convencer de que se verifique y autentique el planteamiento de la vida a la luz de lo que ella dice y acoge en y con la realidad hist\u00f3rica, c\u00f3smica, humana y religiosa.<\/p>\n<p>Si la realidad no est\u00e1 envuelta por la y en la relaci\u00f3n con Dios, el compromiso por ella no podr\u00e1 ir acompa\u00f1ado del dirigido a confirmar la uni\u00f3n con \u00e9l (cf 1Co 13:1 ss; 1Co 15:13ss), y viceversa. Si todo viene de Dios, todo debe llevar a \u00e9l; esta meta desaf\u00ed\u00ada cada d\u00ed\u00ada la inventiva de los creyentes.<\/p>\n<p>[\/Gracia; \/Ley nueva; \/Sacramentos; \/Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n; \/Seguimiento\/Imitaci\u00f3n; \/Virtud].<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., El problema de la trascendencia y de la inmanencia de la gracia, en Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973; ID, Esistenza cristiana, Univ. Gregoriana, Roma 1979; AUBERT R., Leprobl\u00e9me de 1 \u00e1cte de foi. Don\u00e9es traditionnelles el r\u00e9sulrats des controverses r\u00e9centes, Lovaina 19583; BERNARD R., La vertu th\u00e9ologale, en \u00abVS\u00bb 41 (1934) 146-167; BERNARD Ch.A., Th\u00e9olog\u00c2\u00a1e de I&#8217;esp\u00e9rance selon si. Thomas d Aquin (Bibliot. Thom. 34), Par\u00ed\u00ads 1961; BORI P. C., Lfnterpretazione infinita. 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La teolog\u00ed\u00ada de las virtudes teologales: 1. \u00ab&#8230; y as\u00ed\u00ad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/virtudes-teologales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIRTUDES TEOLOGALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17298","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17298","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17298"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17298\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17298"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17298"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17298"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}