{"id":17299,"date":"2016-02-05T11:15:04","date_gmt":"2016-02-05T16:15:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vocacion-y-vocaciones\/"},"modified":"2016-02-05T11:15:04","modified_gmt":"2016-02-05T16:15:04","slug":"vocacion-y-vocaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vocacion-y-vocaciones\/","title":{"rendered":"VOCACION Y VOCACIONES"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA ESPIRITUAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. El problema vocacional hoy:<br \/>\n1. Proyecto hombre y vocaci\u00f3n cristiana;<br \/>\n2. La nueva autoconciencia de Iglesia;<br \/>\n3. El discernimiento vocacional.<br \/>\nII. Vocaci\u00f3n cristiana y vocaciones espec\u00ed\u00adficas:<br \/>\n1. Elementos constitutivos de la vocaci\u00f3n en la Biblia.<br \/>\n    a) La llamada a una misi\u00f3n,<br \/>\n    b) La vida nueva en el seguimiento,<br \/>\n    c) Dones diversos fiara una comunidad en misi\u00f3n;<br \/>\n2. La vocaci\u00f3n en el magisterio conciliar y posconciliar;<br \/>\n    a) La vida en Cristo es vocaci\u00f3n,<br \/>\n    b) En Cristo toda vocaci\u00f3n es particular,<br \/>\n    c) La pastoral de las vocaciones en la Iglesia;<br \/>\n3. De la vocaci\u00f3n a las vocaciones.<br \/>\nIII. La pastoral vocacional:<br \/>\n1. El discernimiento vocacional<br \/>\n    a) La naturaleza del discernimiento,<br \/>\n    b) El objeto del discernimiento vocacional,<br \/>\n    c) Los elementos del discernimiento vocacional<br \/>\n2. Para una pedagog\u00ed\u00ada de los valores vocacionales.<br \/>\nIV. Problemas y perspectivas: vocaciones, espiritualidad y dimensi\u00f3n \u00e9tica.<\/p>\n<p>La yuxtaposici\u00f3n de los t\u00e9rminos vocaci\u00f3n y vocaciones permite captar inmediatamente la originalidad de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana. Vocaci\u00f3n en singular pone el acento en la llamada de todos a la configuraci\u00f3n con Cristo \u00e1 trav\u00e9s del bautismo; vocaciones en plural precisa la diversidad de los dones que componen el rostro de la comunidad eclesial unificada por el Esp\u00ed\u00adritu. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre ese tema se ha profundizado mucho en este per\u00ed\u00adodo posconciliar, estimulada por el Vat. II, por la creciente autoconciencia vocacional de la Iglesia y, no menos, por las amplias problem\u00e1ticas surgidas de la crisis de las vocaciones especificas. La profundizaci\u00f3n ha crecido tanto en el plano teol\u00f3gico como en el de las ciencias humanas. La perspectiva unificadora es pedag\u00f3gico-espiritual y pastoral, y se orienta hacia una doble preocupaci\u00f3n: por una parte, recualificar la identidad de las vocaciones por dentro, y, por otra, renovar radicalmente el m\u00e9todo de la pastoral vocacional. El hilo conductor para este fin lo da la dimensi\u00f3n \u00e9tica y pastoral, sobre todo a partir de la renovaci\u00f3n de la conciencia vocacional solicitada por el Vat. II.<\/p>\n<p>I. El problema vocacional hoy<br \/>\nLa problem\u00e1tica vocacional puede resumirse en torno a tres cap\u00ed\u00adtulos: la centralidad antropol\u00f3gica, la nueva autoconciencia de la Iglesia y la instancia personalista.<\/p>\n<p>1. PROYECTO HOMBRE Y VOCACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. Con el giro antropol\u00f3gico, que coloca en el centro del debate cultural al hombre, resulta evidente el conflicto entre la vida como proyecto y la vida como vocaci\u00f3n. Cuando se habla de proyecto, el acento recae en la libertad de la persona, en su iniciativa; en cambio, la vocaci\u00f3n remite al misterio de una llamada y hace del hombre un interlocutor de Dios. El conflicto tiene diversas soluciones: fuera de la comunidad cristiana, la palabra vocaci\u00f3n es sustancialmente extra\u00f1a. Es m\u00e1s, el que hace una elecci\u00f3n particular, por ejemplo la elecci\u00f3n de una consagraci\u00f3n especial, figura generalmente como una persona extra\u00f1a, no realizada. Dentro de la comunidad eclesial se plantea el problema espiritual y moral de c\u00f3mo poner en relaci\u00f3n el proyecto del hombre con el misterio de una llamada que viene de Dios, problema que se compendia en la pregunta: \u00ab\u00bfC\u00f3mo la libertad del hombre no se anula, sino que se valoriza, con la llamada de Dios?\u00bb De ah\u00ed\u00ad el empe\u00f1o en unir la libertad con la llamada, los valores humanos con los valores de fe, la realizaci\u00f3n humana con la autotrascendencia evang\u00e9lica. \u00ab\u00bfC\u00f3mo es Cristo proyecto del hombre?\u00bb (instancia cristol\u00f3gica).<\/p>\n<p>2. LA NUEVA AUTOCONCIENCIA DE IGLESIA. Toda vocaci\u00f3n implica dos dimensiones: la comunitaria y la personal. La Iglesia posconciliar se orienta hacia una conciencia nueva de su ser en la historia. Se presenta como un \u00absigno\u00bb configurado por los diversos dones del Esp\u00ed\u00adritu. Por lo tanto, la dimensi\u00f3n comunitaria se convierte en contenido esencial de la persona en situaci\u00f3n vocacional. La comunidad es el lugar hist\u00f3rico en el que se realiza la vocaci\u00f3n; es el sujeto que propone y ayuda el crecimiento de todas las vocaciones. Pero hist\u00f3ricamente se impone la ardua tarea de hacer significativa la experiencia comunional de la vocaci\u00f3n cristiana dentro de una cultura que acepta la hegemon\u00ed\u00ada del modelo individualista del hombre, convertida en costumbre sobre todo a nivel de generaciones j\u00f3venes. En consecuencia, surge el deber pedag\u00f3gico de la comunidad al servicio de las vocaciones espec\u00ed\u00adficas, especialmente las de particular consagraci\u00f3n (instancia eclesiol\u00f3gica).<\/p>\n<p>3. EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL. El ocaso del \u00e9thos cristiano plantea la urgencia de personalizar los caminos educativos, centrando, por tanto, la atenci\u00f3n en el discernimiento como mirada permanente de la fe dentro del proceso de maduraci\u00f3n de una vida seg\u00fan el evangelio. La vocaci\u00f3n es un acontecimiento de gracia para la persona particular, llariiada a responder responsablemente ante Dios. Crece hacia la madurez mediante la interiorizaci\u00f3n de valores y el discernimiento de los signos con los que habla Dios. De ah\u00ed\u00ad la urgencia de suscitar una conciencia aut\u00e9nticamente evang\u00e9lica de la libertad y del descubrimiento de la vida como don, servicio y misi\u00f3n (instancia personalista).<\/p>\n<p>II. Vocaci\u00f3n cristiana y vocaciones espec\u00ed\u00adficas<br \/>\n1. ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA VOCACI\u00f3N EN LA BIBLIA. La categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de vocaci\u00f3n es la m\u00e1s comprensiva y pertinente para indicar la identidad del creyente. La experiencia vocacional crece a lo largo de toda la par\u00e1bola hist\u00f3rica de Israel, alcanzando su plenitud con Jes\u00fas y con el nacimiento, a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu, de la comunidad cristiana. Pero, siempre, la vocaci\u00f3n se inscribe en la existencia de una persona como acontecimiento de novedad; es como tomar conciencia de una misi\u00f3n confiada por Dios, pero capaz de exigir una respuesta responsable del hombre. No obstante, es posible, dentro de las vocaciones de la historia b\u00ed\u00adblica, advertir un progresivo surgir de aspectos caracter\u00ed\u00adsticos, que pueden reducirse a tres: la llamada a una misi\u00f3n, la vida nueva en el seguimiento, los dones diversos para la comunidad. Cada uno de estos componentes suscita en las opciones conscientes del hombre instancias morales precisas, que connotan la actitud obediente frente a Dios.<\/p>\n<p>a) La llamada a una misi\u00f3n es la g\u00e9nesis de toda vocaci\u00f3n, como intervenci\u00f3n misteriosa de Dios, cuya naturaleza se nos escapa; es siempre capaz de interesar al hombre hasta cambiar redicalmente su historia en orden al cumplimiento de una obra. La llamada asume el significado de un acontecimiento creativo. La historia de Israel est\u00e1 diversamente marcada por esta acci\u00f3n de Dios que llama a construir su pueblo-(Abrah\u00e1n: G\u00e9n 12:1; G\u00e9n 17:5; Mois\u00e9s: Exo 3:10) o bien elige para un ministerio de profec\u00ed\u00ada al servicio de la fidelidad a la alianza.<\/p>\n<p>En la ra\u00ed\u00adz de las intervenciones de Dios est\u00e1 siempre el misterio de un amor gratuito. La misi\u00f3n nueva a la que es llamado el profeta es un servicio a veces dif\u00ed\u00adcil, que le hace ser un hombre separado, un testigo contracorriente de una relaci\u00f3n singular entre Dios y su pueblo. Por eso la vocaci\u00f3n del hombre b\u00ed\u00adblico se enfrenta con la de Israel, comunidad de la alianza. La reacci\u00f3n ante la llamada de Dios es diversa: a veces es la fe obediente y pronta (G\u00e9n 12:4; Isa 6:8), otras veces es el temor (Exo 4:10; Isa 6:5; Jer 1:6; Eze 1:28). Cuando Dios entra en la vida de una persona hace nacer la conciencia viva de una condici\u00f3n radical de pecado del hombre ante la santidad de Dios mismo; de ah\u00ed\u00ad la turbaci\u00f3n por la desproporci\u00f3n entre los cometidos que exige el nuevo destino y la limitaci\u00f3n de la capacidad humana.<\/p>\n<p>En el evangelio Jes\u00fas dirige la llamada a sus disc\u00ed\u00adpulos; \u00e9sta resuena como llamada exigente de la \u00abpalabra\u00bb. La multitud an\u00f3nima es el campo en el que Jes\u00fas arroja la semilla del reino, que genera la conciencia de una pertenencia. Dentro de esta propuesta abierta a todos llama a algunos a compartir m\u00e1s de cerca su misi\u00f3n a fin de convertirlos en testigos de la resurrecci\u00f3n. Tambi\u00e9n la llamada de Jes\u00fas suscita las reacciones m\u00e1s dispares: desde el temor de Pedro, que se siente pecador (Lev 5:8), a la prontitud de Mateo (Mat 9:9) y al deseo profundo de Andr\u00e9s y de Juan de conocer a Jes\u00fas (Jua 1:38-39). As\u00ed\u00ad pues, la llamada en el AT y NT es una propuesta personal; el cambio de nombre connota la novedad del destino que envuelve a la persona (G\u00e9n 17:5; Isa 62:2; Jua 1:42), la profunda relaci\u00f3n entre el que llama y el que es llamado, la docilidad obediente del que recibe el nombre al que lo da (Lev 6:12-16; Me 3,13-19; Mat 10:1-5), la participaci\u00f3n de la misma misi\u00f3n (Mat 10:16; Mat 28:19-20; Jua 20:21).<\/p>\n<p>b) La vida nueva en el seguimiento. Toda llamada determina una condici\u00f3n nueva en la existencia de la persona, que la hace ser distinta de los dem\u00e1s. En el AT, con esta pertenencia se subraya la separaci\u00f3n, la lejan\u00ed\u00ada espiritual, incluso respecto a los familiares (G\u00e9n 12:1; Isa 8:11; Jer 12:6; Jer 16:1-9; 1Re 19:4). En el evangelio Jes\u00fas compromete al disc\u00ed\u00adpulo en \u00abcompartir\u00bb y en la l\u00f3gica del \u00abperder la vida\u00bb. La llamada se convierte en l seguimiento, el cual supone la obediencia como don total de s\u00ed\u00ad, con el peso espec\u00ed\u00adfico de la cruz propia (Lev 9:23-24). Estar con Jes\u00fas significa crecer en la escuela de su palabra, en la adhesi\u00f3n madura de la fe en \u00e9l, el \u00abSe\u00f1or\u00bb. Por tanto, la vocaci\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo se expresa en una pluralidad de actitudes concretas: seguir a Jes\u00fas adondequiera que vaya (Mat 8:19; Mat 8:22; Mat 9:9; Mat 10:38; Mat 16:24), estar con \u00e9l (Me 3,14), ir en su nombre (Mat 10:1; Mat 10:16; Me 3,15; 6,7; Lev 9:2; Lev 10:1), finalmente ser testigos de \u00e9l resucitado (Lev 24:48; Heb 1:8). Por otra parte, el testimonio de la resurrecci\u00f3n requiere una libre adhesi\u00f3n de fe en la l\u00f3gica de su s\u00ed\u00ad al Padre.<\/p>\n<p>El seguimiento provoca la opci\u00f3n precisa del perder la vida en el don de s\u00ed\u00ad. El discipulado cristiano se realiza en la paradoja de negarse a s\u00ed\u00ad mismo y morir, como la semilla en el surco, para crecer y dar fruto (Lev 9:23-24; Jua 12:24). El ejemplo por el que se mide el disc\u00ed\u00adpulo es el misterio mismo de Jes\u00fas muerto y resucitado, como acontecimiento que marca la fecha de la nueva g\u00e9nesis de la humanidad redimida y como signo radical de la vocaci\u00f3n cristiana. \u00abConfesar que Jes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb (Rom 10:9) confirma la identificaci\u00f3n definitiva del llamado con el maestro, en la misma condici\u00f3n de ofrecimiento por la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>c) Dones diversos para una comunidad en misi\u00f3n. En la conciencia de la comunidad cristiana de los or\u00ed\u00adgenes la vocaci\u00f3n se enriquece con nuevos elementos. Con la venida del Esp\u00ed\u00adritu se inicia para la Iglesia su misi\u00f3n definitiva en la historia. El disc\u00ed\u00adpulo es el que, escuchando la voz del Esp\u00ed\u00adritu, se une a la comunidad acogiendo un don original y diverso, ordenado a su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La llamada es, pues, obra del Esp\u00ed\u00adritu creador, fuente de toda vocaci\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad brota otro rasgo en la historia de la comunidad creyente: la conciencia de una pluralidad de dones y de ministerios. No existen vocaciones gen\u00e9ricas. El Esp\u00ed\u00adritu genera dones \u00abespec\u00ed\u00adficos\u00bb y diversos. Toda vocaci\u00f3n es un carisma que hay que vivir en el servicio: \u00abQue cada uno ponga al servicio de los dem\u00e1s los dones que haya recibido como corresponde a buenos administradores de los distintos carismas de Dios\u00bb (1Pe 4:10).<\/p>\n<p>El estatuto ontol\u00f3gico de una comunidad vocacional nos lo ofrecen las cartas de san Pablo a las Iglesias de Corinto y de Efeso ( 1Co 12:1-11; Efe 4:11-16): la comunidad eclesial no es una organizaci\u00f3n eficiente desde abajo a trav\u00e9s de la iniciativa o la creatividad de los hombres, sino el lugar en el que cada uno vive la conciencia de un don singular al servicio de la com\u00fan utilidad: \u00abEl, a unos constituy\u00f3 ap\u00f3stoles; a otros, profetas; a unos evangelistas, y a otros, pastores y maestros&#8230; en la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo\u00bb ( Efe 4:11-12).<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol Pablo fija algunos aspectos irrenunciables de toda vocaci\u00f3n cristiana. Ante todo la fuente de los dones, que es el Esp\u00ed\u00adritu; la diversidad, en efecto, proviene de \u00e9l: \u00abHay diversidad de carismas, pero uno solo es el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. En segundo lugar, el modelo: es el Se\u00f1or, Cristo resucitado, el nuevo Ad\u00e1n con el que se confronta todo disc\u00ed\u00adpulo: \u00abHay diversidad de ministerios, pero uno solo es el Se\u00f1or\u00bb (ICor 12,5). Por eso la vocaci\u00f3n del creyente es un esfuerzo por conformarse con la imagen de Cristo (1Co 15:49). Por tanto, la capacidad de reconocer los dones y de crecer arm\u00f3nicamente es tambi\u00e9n signo de una madurez de la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu. La divisi\u00f3n es herej\u00ed\u00ada, es laceraci\u00f3n del cuerpo de Cristo; y el agitarse a merced de \u00abcualquier viento de doctrina\u00bb recuerda la imagen de los ni\u00f1os llevados de ac\u00e1 para all\u00e1 con cualquier \u00abenga\u00f1o de los hombres que con su astucia tiende a arrastrar al error\u00bb (Efe 4:14). El paso de una edad infantil de la fe a una madurez espiritual se manifiesta en el discernimiento del don de s\u00ed\u00ad como valor \u00fatil para construir, en comuni\u00f3n con el don de los otros, la misma Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>La respuesta a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la historia de la comunidad cristiana y en la vida de cada uno es, pues, este discernimiento como esfuerzo en percibir las inspiraciones coherentes con la existencia nueva y los signos que permiten la plena realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad seg\u00fan el don de cada uno.<\/p>\n<p>2. LA VOCACI\u00ed\u201cN EN EL MAGISTERIO CONCILIAR Y POSCONCILIAR. El magisterio conciliar y el posconciliar son decididamente innovadores en lo que concierne a la vocaci\u00f3n desde el punto de vista teol\u00f3gico y pastoral. El Vat. II nos ha familiarizado con dos conceptos fundamentales: la vida vocaci\u00f3n y las vocaciones en plural dentro de la llamada com\u00fan en Cristo y en la Iglesia.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n no se identifica, por tanto, con algunas elecciones, sino que constituye la dimensi\u00f3n fundamental de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana y comprende la multiplicidad de los dones que compaginan en unidad el sacramento de la Iglesia como \u00abcomunidad de los rostros\u00bb. A nivel pastoral, el Vat. II asume a la comunidad misma como sujeto en estado de vocaci\u00f3n, responsable de la promoci\u00f3n, del discernimiento y del cuidado de toda vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La vida en Cristo es vocaci\u00f3n. La existencia personal de cada uno tiene una dignidad singular, con fundamento y caracteres inalienables. Gaudium el spes sobre todo sugiere la categor\u00ed\u00ada de vocaci\u00f3n como estructura de la existencia humana. El Vat. 11 proclama \u00abla alt\u00ed\u00adsima vocaci\u00f3n del hombre y la divina semilla que en \u00e9ste se oculta\u00bb (GS 3). Precisamente porque \u00abla vida es vocaci\u00f3n\u00bb (PABLO VI, Populorum progressio), cada hombre est\u00e1 llamado a desarrollar todos los dones de que Dios le ha dotado. La dignidad humana consiste en la llamada a la comuni\u00f3n con Dios. Ese destino confiere a la persona una estructura dial\u00f3gica, pues \u00abdesde su nacimiento el hombre es invitado al di\u00e1logo con Dios\u00bb (GS 19) a trav\u00e9s de \u00abuna relaci\u00f3n personal con \u00e9l\u00bb (JUAN PABLO 11, Patres Ecclesiae, 7). Todos los hombres poseen id\u00e9ntica dignidad porque tienen el mismo origen, son creados a imagen de Dios y redimidos por el mismo Cristo (GS 22,10). De estas ra\u00ed\u00adces se deriva la \u00ed\u00adndole comunitaria e integral de la vocaci\u00f3n; todos los hombres, y todo el hombre, son llamados al mismo fin (GS 24).<\/p>\n<p>En la perspectiva de esta experiencia integral encuentra su puesto privilegiado la cultura (GS 57), y su significado m\u00e1s cierto, la dimensi\u00f3n econ\u00f3mico-social (GS 63). La misma comunidad pol\u00ed\u00adtica y la Iglesia, \u00abaunque por diverso t\u00ed\u00adtulo, est\u00e1n al servicio de la vocaci\u00f3n personal y social del hombre\u00bb (GS 76).<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de la vida como vocaci\u00f3n la presenta Pablo VI en la Populorum progressio. A trav\u00e9s de Cristo vivificador, el hombre accede a un \u00abhumanismo trascendente (n. 2), realiza un \u00abhumanismo pleno\u00bb, \u00abel desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres\u00bb, lo que es posible a trav\u00e9s del crecimiento solidario de la humanidad.<\/p>\n<p>b) En Cristo toda vocaci\u00f3n es particular. El misterio de la vocaci\u00f3n se indica con muchas expresiones que ponen de manifiesto aspectos diversos, como los carismas, la eclesialidad, el aspecto de signo y la dimensi\u00f3n personalista en la din\u00e1mica de la llamada-respuesta. De ah\u00ed\u00ad se sigue que toda vocaci\u00f3n es siempre particular y encuentra su contexto vital en el misterio de Cristo que vive en la Iglesia.<\/p>\n<p>Cuando se habla de dones m\u00faltiples, se hace referencia al Esp\u00ed\u00adritu que act\u00faa en la Iglesia para unificar la diversidad de los carismas y de los ministerios (LG 4), o a Cristo, que, por medio del Esp\u00ed\u00adritu, dispensa los ministerios para un servicio rec\u00ed\u00adproco en la comunidad (LG 7; JUAN PABLO 11, Redemptor hominis, 6).<\/p>\n<p>El elemento carism\u00e1tico se subraya particularmente para las vocaciones de especial consagraci\u00f3n o para el ministerio ordenado (LG 42; 43; PC 1).<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n es, adem\u00e1s, un acontecimiento de comuni\u00f3n en Cristo y en la Iglesia. \u00abTodos los hombres est\u00e1n llamados a la uni\u00f3n con Cristo, que es la luz del mundo\u00bb (LG 3), y por eso \u00abest\u00e1n llamados a formar el nuevo pueblo de Dios\u00bb (LG 13). M\u00e1s a\u00fan, \u00abla com\u00fan vocaci\u00f3n de los cristianos a la uni\u00f3n con Dios y entre los hombres para la salvaci\u00f3n del mundo se ha de considerar primero incluso que la diversidad. de los dones y los ministerios\u00bb (CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LOS RELIGIOSOS, Religiosos y promoci\u00f3n humana, 7).<\/p>\n<p>La dignidad de toda vocaci\u00f3n, su realeza, se ejerce en el servicio y en la \u00abresponsabilidad solidaria para con la Iglesia\u00bb (JUAN PABLO II, Redemptor hominis, 6), la cual se cualifica, pues, como comunidad de los llamados (CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA EDUCACI\u00ed\u201cN CAT\u00ed\u201cLICA, 2. \u00c2\u00b0 Congreso internacional para las vocaciones, Roma 1981: Documentofinal, 13;15).<\/p>\n<p>Hay luego un doble fin, que une los dones y constituye el compromiso de cada uno: la misi\u00f3n y la llamada a la santidad. La vocaci\u00f3n cristiana es \u00abpor su naturaleza llamada al apostolado\u00bb y \u00aben la Iglesia hay diversidad de ministerios, pero unidad de misi\u00f3n\u00bb (AA 2). La fidelidad a esa identidad realiza la santidad \u00abcomo vocaci\u00f3n universal\u00bb (LG 5) y pone en cada miembro de la Iglesia la urgencia de un \u00fanico criterio operativo: \u00abel primado de la vida del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (CONGREGACI\u00f3N PARA LOS RELIGIOSOS, Mutuae relationes, 6). Todas las vocaciones son as\u00ed\u00ad manifestaciones del misterio de Cristo (CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA EDUCACI\u00ed\u201cN CAT\u00ed\u201cLICA, Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, 3), testimonio de su amor (LG 31; 41; 45), y participan de la naturaleza sacramental de la Iglesia como signo de la uni\u00f3n con Dios y de la salvaci\u00f3n del mundo (Mutuae relationes, 6).<\/p>\n<p>Finalmente hay que considerar el aspecto m\u00e1s personal de toda vocaci\u00f3n: la llamada interpela la conciencia de cada uno, provoc\u00e1ndolo a una respuesta inalienable. Por una parte, la experiencia vocacional es una llamada al amor. \u00abLa revelaci\u00f3n cristiana conoce dos modos espec\u00ed\u00adficos de realizar la vocaci\u00f3n de la persona humana en su integridad al amor: el matrimonio y la virginidad\u00bb (JUAN PABLO 11, Familiaris consortio, 7). Por otra, la respuesta es expresi\u00f3n de amor (LG 41; 42). El magisterio de la Iglesia lo evidencia sobre todo para la vocaci\u00f3n al ministerio ordenado y para la elecci\u00f3n de vida a la luz de los consejos evang\u00e9licos (PO 11; PABLO VI, Sacerdotalis caelibatus, 2). El amor involucra profundamente a la persona a un alto precio, porque la hace part\u00ed\u00adcipe del misterio de la redenci\u00f3n (JUAN PABLO II, Redemptionis donum).<\/p>\n<p>c) La pastoral de las vocaciones en la Iglesia. La perspectiva pastoral en el magisterio eclesial a\u00f1ade a la claridad teol\u00f3gica una preocupaci\u00f3n hist\u00f3rica por la crisis de las vocaciones de especial consagraci\u00f3n. La comunidad cristiana, si por una parte es solicitada a hacerse cargo del crecimiento de la conciencia vocacional de todos, por otra es requerida con justificada preocupaci\u00f3n para un compromiso particular y convergente respecto a las vocaciones al ministerio ordenado y de especial consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>0 La comunidad, sujeto y lugar del crecimiento vocacional. La pastoral vocacional compromete a toda la comunidad cristiana. Por tanto, ella es el lugar y el sujeto de toda llamada (OT 2; Ratio fundamentalis, 3). El compromiso por las vocaciones se califica de deber o cometido, que brota de la identidad misma de la comunidad eclesial. Si \u00abla Iglesia particular est\u00e1 en estado de vocaci\u00f3n porque se identifica con todas las vocaciones de que est\u00e1 constituida\u00bb, es para ella \u00abesencial acoger, discernir y valorizar todas las vocaciones\u00bb (CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA EDUCACI\u00ed\u201cN CAT\u00ed\u201cLICA, 2. \u00c2\u00b0 Congreso internacional&#8230; Doc. final, 15).<\/p>\n<p>En la comunidad asumen particular valor la familia y la parroquia; a la primera se la reconoce como \u00abprimer seminario\u00bb (OT 2), \u00abescuela de humanidad m\u00e1s rica\u00bb (GS 52), \u00ablugar normal del crecimiento humano, cristiano y vocacional de los hijos\u00bb (Doc. final, 39); la segunda, cuando es adulta en la fe, es escuela de apostolado (AA 10) y el lugar natural, dada la variada presencia de grupos, personas y comunidades, para el crecimiento vocacional de cada uno (OT 2).<\/p>\n<p>En la Iglesia tienen una funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica los educadores, y en particular el obispo, los sacerdotes (OT 2; PO 11; CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LOS OBISPOS, directorio Ecclesiae imago, 4) y todos los que viven ya una vocaci\u00f3n precisa al servicio de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>&#8211; Pastoral ferial, de comuni\u00f3n y personal. La afirmaci\u00f3n de la comunidad como sujeto y lugar del crecimiento vocacional destaca tres caracteres importantes: la pastoral de las vocaciones es ferial, de comuni\u00f3n y personal.<\/p>\n<p>La tarea formativa seg\u00fan el designio de Dios incumbe a la pastoral ordinaria, y or tanto se funda en las estructuras fundamentales de la comunidad cristiana. Mejor, es \u00abla misma vida la que genera la vida\u00bb (Doc. final, 18). Se ayuda a las personas a responder al proyecto de Dios a trav\u00e9s de una vida alegre y activa en la caridad\u00bb (OT 2; PO 11; PC 24). El est\u00ed\u00admulo al discernimiento y a la maduraci\u00f3n de toda vocaci\u00f3n viene de una pastoral atenta a la palabra (PO 11; JUAN PABLO 11, Catechesi tradendae, 6; PC 12; LG 42), a .la caridad, a la oraci\u00f3n (OT 2), que constituyen el clima de una comunidad profundamente animada de esp\u00ed\u00adritu de la fe (OT 2; Doc. final, 6; 19-24).<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n de comuni\u00f3n de la pastoral de las vocaciones se refiere, adem\u00e1s de a la correlaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca entre los ministerios y los dones diversos, a los varios niveles de la acci\u00f3n pastoral; por ello la animaci\u00f3n vocacional se incluye en el camino de conjunto de la comunidad cristiana (AG 9; Ratio fundamentales, 3), y de modo particular encuentra su contexto m\u00e1s id\u00f3neo en la pastoral juvenil (directorio Ecclesiae imago, 4).<\/p>\n<p>El tercer aspecto que se repite en el magisterio est\u00e1 ligado m\u00e1s propiamente a las personas en camino hacia la plena madurez. La voz de Dios ha de \u00abreconocerse y examinarse a trav\u00e9s de los signos de los que se sirve cada d\u00ed\u00ada el Se\u00f1or para hacer comprender su voluntad\u00bb (PO 11). De ah\u00ed\u00ad la sabidur\u00ed\u00ada pastoral del discernimiento, sobre todo en el sacerdote como principal animador de la comunidad, para \u00abreconocer, examinar y estudiar el plan misterioso de Dios sobre cada persona y el ministerio de una atenta y prudente direcci\u00f3n espiritual (PO 11)\u00bb (Doc. final, 49).<\/p>\n<p>3. DE LA VOCACI\u00ed\u201cN A LAS VOCACIONES. La relaci\u00f3n vocaci\u00f3n y vocaciones configura el paso de la condici\u00f3n nueva en que se encuentra el creyente por la inserci\u00f3n en Cristo a trav\u00e9s del bautismo a su vocaci\u00f3n particular como respuesta adulta al don del Esp\u00ed\u00adritu. Esto comprende la toma de conciencia del primado de Dios en la propia historia, la acogida del seguimiento de Cristo como significativo para la propia experiencia humana, la capacidad de relaci\u00f3n dentro de una comunidad concreta reconociendo y estimando el don de los dem\u00e1s, la voluntad de hacer don de \u00e9l en las m\u00faltiples direcciones del servicio, del apostolado y del testimonio del reino y, finalmente, la elecci\u00f3n de un estado de vida que expresa un aspecto del misterio de Cristo de modo estable y definitivo. Todo esto es posible a trav\u00e9s del discernimiento espiritual del proyecto de Dios y la obediencia responsable a los deberes que se siguen.<\/p>\n<p>Toda vocaci\u00f3n, como elecci\u00f3n definitiva y estable, se abre a una triple dimensi\u00f3n: en relaci\u00f3n a Cristo toda llamada es signo; en relaci\u00f3n a la Iglesia es carisma y ministerio; en relaci\u00f3n al mundo es misi\u00f3n y testimonio del reino.<\/p>\n<p>El reino constituye la condici\u00f3n nueva en que viene a encontrarse el creyente insertado en Cristo. As\u00ed\u00ad como toda la comunidad eclesial es un sacramento, signo e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano (LG 1), del mismo modo toda vocaci\u00f3n revela la din\u00e1mica profunda que la comuni\u00f3n trinitaria obra en la vida nueva del salvado: la acci\u00f3n misteriosa del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu como acontecimiento que hace ser en Cristo criaturas nuevas, modeladas seg\u00fan \u00e9l. Toda llamada es un modo particular de revelar el misterio de Cristo (LG 46; Mutuae relationes, 6). La vocaci\u00f3n cristiana como signo revela la grandeza de toda llamada como relaci\u00f3n con Dios. No es iniciativa del hombre, sino respuesta al amor de Dios en Cristo por medio del Esp\u00ed\u00adritu. Ser signos remite al valor constitutivo del amor de Cristo que se expresa en el lenguaje de gestos concretos y formas de vida significativas. La fidelidad vocacional radica en el misterio de Cristo para hacerse testimonio visible en medio de los hombres.<\/p>\n<p>El En relaci\u00f3n con la Iglesia la vocaci\u00f3n es carisma y ministerio. Si el signo precisa el misterio de una relaci\u00f3n singular con Cristo y el car\u00e1cter de respuesta frente al amor de Dios, los carismas connotan la absoluta gratuidad del hecho vocacional. La llamada de Dios es un don para la comunidad; es un don que tiene su ra\u00ed\u00adz en aquel que obra la presencia de la Iglesia en la historia, reconstruyendo la humanidad a imagen de la comuni\u00f3n trinitaria; \u00abNadie puede decir: `Jes\u00fas es el Se\u00f1or&#8217;, si no es movido por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Co 12:3). Y a\u00f1ade Pablo: \u00abHay diversidad de dones espirituales, pero el Esp\u00ed\u00adritu es el mismo; diversidad de funciones, pero el mismo Se\u00f1or; diversidad de actividades, pero el mismo Dios que lo hace todo en todos\u00bb (vv. 4-6). La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu constituye a la Iglesia como \u00abcomunidad de rostros\u00bb (II ep\u00ed\u00adclesis) y suscita en la conciencia del bautizado una intuici\u00f3n y una voluntad capaz de hacerse proyecto de vida de modo original seg\u00fan el gran modelo de Cristo, el \u00abam\u00e9n\u00bb del Padre. El Esp\u00ed\u00adritu engendra en el coraz\u00f3n del cristiano la agape no s\u00f3lo como \u00e9tica nueva del amor, sino como estructura profunda de la persona, llamada a vivir en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. Cada uno es plasmado por el Esp\u00ed\u00adritu, que es la fuente de la comuni\u00f3n. El amor-agape ser\u00e1 entonces el rostro manifiesto de una elecci\u00f3n vocacional precisa, que se expresa fundamentalmente en la direcci\u00f3n de la conyugalidad o de la virginidad consagrada. El modelo supremo de todo proyecto de existencia es Cristo, revelaci\u00f3n plena del amor, en el testimonio de la oferta en la cruz y en el signo de hacerse otro en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El carisma que est\u00e1 en la ra\u00ed\u00adz de toda vocaci\u00f3n hace crecer a cada uno seg\u00fan la plena estatura de Cristo (Efe 4:13), totalmente modelado seg\u00fan su ejemplo de siervo obediente. Por eso, la vocaci\u00f3n cristiana es tambi\u00e9n ministerio. Hay que redescubrir la vida como servicio a los hermanos en la comunidad eclesial. El ministerio se expresa en funciones y servicios precisos, como en el caso del orden, de los ministerios instituidos o de hecho, y se revela en el testimonio significativo del valor, del que la vocaci\u00f3n es signo, como en las diversas formas de la vida consagrada o de la elecci\u00f3n matrimonial.<\/p>\n<p>&#8211; Finalmente, toda vocaci\u00f3n es, en relaci\u00f3n con el mundo, misi\u00f3n. La misi\u00f3n remite al car\u00e1cter de la madurez de la fe: la utilidad com\u00fan, la plena realizaci\u00f3n del reino de Dios. Los caminos de la misi\u00f3n son coherentes con los dones del Esp\u00ed\u00adritu. Una es la misi\u00f3n del ministerio ordenado y otra es la misi\u00f3n de la vida religiosa o laical. Pero la perspectiva \u00faltima es id\u00e9ntica: revelar al mundo el designio de Dios, instaurar su realeza, participar en los dolores de parto de la nueva creaci\u00f3n (Rom 8:22), hasta que se consume plenamente la salvaci\u00f3n. Por eso todo don en la Iglesia est\u00e1 destinado a su vitalidad supranatural y generativa. Es un ser \u00abpara\u00bb el reino. \u00abLa vida genera la vida\u00bb (Doc. final, 18). El Esp\u00ed\u00adritu no s\u00f3lo suscita todo carisma y ministerio en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s para constituir el sacramento de la Iglesia, sino que los hace crecer a todos en la misi\u00f3n hacia el hombre para verificar la unidad de todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad la intr\u00ed\u00adnseca participaci\u00f3n de toda vocaci\u00f3n en el apostolado y en la misi\u00f3n de la Iglesia como germen del reino. Vocaci\u00f3n y misi\u00f3n constituyen dos caras del mismo prisma. Definen la vida a la luz de la palabra de Dios, a la luz del misterio de Cristo, modelo invisible de todo hombre llamado a la salvaci\u00f3n. El es, en realidad, el gran misionero del Padre. No se puede afirmar propiamente que Jes\u00fas tenga una vocaci\u00f3n, pero es cierto que tiene una misi\u00f3n. El es el enviado para la liberaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n de todos. En cambio, el disc\u00ed\u00adpulo es llamado en Jes\u00fas para compartir su misi\u00f3n. Por tanto, esta dimensi\u00f3n de la fe -la misi\u00f3n- define el sentido pleno de la vida: como respuesta, don, compromiso de anuncio y de testimonio, signo de Cristo muerto y resucitado. La vida se realiza en plenitud d\u00e1ndola para el servicio en la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Luego, el aspecto de vocaci\u00f3n precisa la llamada que el Esp\u00ed\u00adritu hace o\u00ed\u00adr como intuici\u00f3n, simpat\u00ed\u00ada y propensi\u00f3n en el coraz\u00f3n del creyente, y la respuesta personal a trav\u00e9s de la escucha, la oraci\u00f3n y la formaci\u00f3n de una mentalidad evang\u00e9lica. Sobre todo, la palabra vocaci\u00f3n hay que decirla m\u00e1s propiamente en plural. Si es \u00fanica la misi\u00f3n de la Iglesia, son muchos los modos de realizarla en las diversas vocaciones: tenemos la presencia del sacerdote, de los c\u00f3nyuges en la familia cristiana, de las personas consagradas, del laico dedicado a los diversos servicios. El objetivo \u00faltimo es la transformaci\u00f3n de la humanidad en comunidad, signo de la comuni\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>III. La pastoral vocacional<br \/>\nEl crecimiento de la conciencia vocacional pedido por el magisterio y por la praxis eclesial ha pretendido favorecer la superaci\u00f3n de una cierta separaci\u00f3n entre pastoral de las vocaciones y pastoral de la comunidad cristiana. La pastoral vocacional no es un \u00e1mbito colateral, sino el alma y la finalidad misma de toda la pastoral. De ah\u00ed\u00ad el esfuerzo de una propuesta no fragmentaria ni epis\u00f3dica, sino que estructure todo camino de formaci\u00f3n en la fe. Por eso caracterizan algunas constantes la pastoral vocacional de este per\u00ed\u00adodo posconciliar, como, por ejemplo, la atribuci\u00f3n a toda la comunidad de una funci\u00f3n activa y corresponsable en la promoci\u00f3n de las vocaciones, la atenci\u00f3n de los educadores, el significado proyectivo y formativo de todo camino de fe, que gira en torno a la palabra, a la liturgia y a la caridad.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad destacan dos temas, recortados entre otros tambi\u00e9n importantes, que tocan a la conciencia de la persona frente al misterio de la vida: el discernimiento y la pedagog\u00ed\u00ada de los valores vocacionales, que hay que contextualizar dentro de una pastoral que deje espacio a la direcci\u00f3n espiritual y a los caminos de la fe.<\/p>\n<p>1. EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL. a) La naturaleza del discernimiento. El discernimiento, relegado en el pasado a un \u00e1mbito estrictamente personal, como atenci\u00f3n a las decisiones importantes de la vida espiritual, como frente a una elecci\u00f3n vocacional, recupera su pregnancia b\u00ed\u00adblica. Es compromiso permanente, no ocasional; revela una nueva conciencia de la Iglesia itinerante en la historia, no es prerrogativa de ninguna persona.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n b\u00ed\u00adblica que permite la transcripci\u00f3n conceptual de discernir es el verbo dokimazein, que quiere decir probar, reconocer. El creyente, a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu, es habilitado para reconocer la voluntad de Dios (Rom 12:2), verificando lo que a \u00e9l le agrada (Flp 1:10) y qu\u00e9 es lo mejor (1Ts 5:21). La referencia m\u00e1s inmediata de discernir es la palabra diakrisis, usada dos veces en el NT con el significado de \u00abdistinguir rectamente\u00bb (1Co 12:10; Heb 5:14).<\/p>\n<p>Pero el discernir de la experiencia b\u00ed\u00adblica desarrolla una rica fenomenolog\u00ed\u00ada de actitudes, como recordar los gestos de Dios en los momentos dif\u00ed\u00adciles, reconocer la persona y el misterio de Jes\u00fas, escuchar (Luc 8:21), la interiorizaci\u00f3n de la palabra (Luc 8:15), creer (Jua 3:16-18), la lectura de los signos de los tiempos (Mat 16:13). O bien, en san Pablo, el discernimiento radica en el don del Esp\u00ed\u00adritu para desarrollarse en la din\u00e1mica de una inteligencia espiritual nueva (Col 1:9), para orientarse hacia Jes\u00fas (1Co 12:3), para obrar de manera digna del Se\u00f1or (Col 1:10), para distinguir a los espirituales (lCor 12,10) y para construir la unidad de la Iglesia (Efe 4:13).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el discernimiento tiene -una fuente: el don del Esp\u00ed\u00adritu, presente de modo extraordinario en algunos, hombres espirituales o, de modo com\u00fan, en todas aquellas personas que tienen un ministerio de gu\u00ed\u00ada hacia la plena realizaci\u00f3n de la vida de fe; -una din\u00e1mica: es una sabidur\u00ed\u00ada, teologal y es un juicio que se desarrollan en lo profundo de la visi\u00f3n de fe, en la perspectiva de la esperanza y en la proximidad del amor. El discernimiento mira dentro, mira el futuro y es participaci\u00f3n emp\u00e1tica con los signos de un designio misterioso presente en la persona; esto es posible por la delicada cercan\u00ed\u00ada del amor; -un fin: la voluntad de Dios inscrita en la historia de una comunidad y en la vida de cada persona particular.<\/p>\n<p>Por todo esto el discernimiento vocacional asume inmediatamente el significado de s\u00ed\u00adntesis y profec\u00ed\u00ada. Es concentraci\u00f3n en un momento de la vida y es mirada comprensiva y prof\u00e9tica de toda la vida. En el giro de una elecci\u00f3n vocacional, la sabidur\u00ed\u00ada del discernir es particularmente necesaria. El car\u00e1cter definitivo de una vocaci\u00f3n depende de la prudente valoraci\u00f3n de los signos mediante los cuales obra Dios. No se trata de una r\u00e1pida consideraci\u00f3n de experiencias de suyo reversibles y muchas veces corregibles. Para reunir en s\u00ed\u00adntesis los fragmentos de un designio que Dios ha revelado gradualmente en la historia vivida de una persona se requiere aquella inteligencia espiritual atenta a la multitud de signos que globalmente configuran el futuro. Son signos que se sit\u00faan a nivel de sensibilidad subjetiva, de intuiciones espirituales, de respuestas concretas a las preguntas provenientes del horizonte de la peque\u00f1a y gran historia cotidiana, de experiencias y de encuentros vividos en sentido positivo y negativo. Sin embargo, la s\u00ed\u00adntesis no la realiza s\u00f3lo el que hace de gu\u00ed\u00ada, sino la persona que busca; entonces se convierte en proceso interiorizador de los valores, y no s\u00f3lo en intuici\u00f3n; en experiencia vivida, y no s\u00f3lo en simpat\u00ed\u00ada (pi\u00e9nsese en los valores de la oraci\u00f3n, del servicio, de la armon\u00ed\u00ada afectiva, etc.); en paz consigo mismo como expresi\u00f3n de las elecciones realizadas; en autodiscernimiento realista como fundamento del riesgo prudente y animoso de las opciones evang\u00e9licas. La profec\u00ed\u00ada es disponibilidad a lo nuevo, confiando simplemente en la fidelidad de Dios como ra\u00ed\u00adz de nuestra fidelidad; es certeza de arregl\u00e1rselas tambi\u00e9n en la crisis como comprobaci\u00f3n necesaria. La dimensi\u00f3n prof\u00e9tica del discernimiento es el arte de educar en el riesgo de la fe, de abrir la vida al futuro, de entusiasmarse por los valores que fundan la esperanza como la casa en la roca.<\/p>\n<p>b) El objeto del discernimiento vocacional. Un problema vuelve en forma de interrogaci\u00f3n en la b\u00fasqueda vocacional: \u00bfc\u00f3mo discernir la voluntad de Dios y su designio dentro de la vida? Se impone antes de nada la atenci\u00f3n a los signos que hay que decodificar para orientar la existencia del creyente seg\u00fan el plan de Dios. \u00abLa voz del Se\u00f1or que llama no ha de aguardarse en modo alguno que llegue de modo extraordinario a los o\u00ed\u00addos del futuro presb\u00ed\u00adtero. M\u00e1s bien ha de ser entendida y distinguida por los signos que cotidianamente dan a conocer a los cristianos prudentes\u00bb (Poli).<\/p>\n<p>A nivel existencial la vocaci\u00f3n cristiana espec\u00ed\u00adfica alcanza su madurez como opci\u00f3n estable cuando se ha conseguido el discernimiento de los signos objetivos prudentemente requeridos para una fidelidad definitiva. El autodiscernimiento es la conciencia madura de un complejo de valores que apoyan la elecci\u00f3n libre y para siempre, ya sea en la direcci\u00f3n del amor conyugal, ya en la del amor virginal.<\/p>\n<p>Con todo hay que evitar dos prejuicios respecto a los signos que hay que discernir: el primero concierne a los elementos objetivos de un proyecto vocacional; el segundo, a la conciencia subjetiva y a su relaci\u00f3n con los componentes de los valores objetivos.<\/p>\n<p>Por el lado de los signos objetivos, para captar un designio preciso de Dios no existe distinci\u00f3n \u00abde campo\u00bb, como si algunos elementos fuesen necesariamente orientadores de una elecci\u00f3n de vida y otros de otra. Existe, en cambio, una diversidad de cuadro global de los valores interiorizados y vividos en comportamientos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la autoconciencia requerida en la perspectiva de una vocaci\u00f3n precisa se expresa a su vez en la fe prudentemente verificada bas\u00e1ndose en valores objetivos, aun conservando todos aquellos aspectos de riesgo que se verifican en las personas llamadas, nunca garantizadas y siempre solicitadas a renovar su adhesi\u00f3n al amor en la llamada.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la sincron\u00ed\u00ada entre valores objetivos y conciencia subjetiva genera una paz de fondo, no sin retorno de conflictos o de dudas; hay que madurarla a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de la comunidad y de aquellas personas a las que compete de modo particular el discernimiento vocacional.<\/p>\n<p>El cuadro de los elementos objetivos lo constituyen los valores humanos y de fe necesarios para toda elecci\u00f3n vocacional, como respuesta responsable a Dios que llama por el nombre. La interacci\u00f3n entre elementos humanos y sobrenaturales toma cuerpo en actitudes, comportamientos y experiencias de vida.<\/p>\n<p>Por tanto, son signos objetivos que permiten la realizaci\u00f3n de una elecci\u00f3n vocacional madura: la capacidad de asumir la palabra de Dios, la fe como criterio de juicio de la vida e historia propias; la experiencia seria de Dios probada a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n como tal y la experiencia de la oraci\u00f3n viva; la serena capacidad de relaci\u00f3n afectiva, respetuosa y fecunda en el di\u00e1logo; la capacidad de colaboraci\u00f3n en una comunidad (o grupo); el valor del sacrificio en la paciencia y en la entrega; el servicio convertido en h\u00e1bito, la disponibilidad a lo nuevo, a lo que insta continuamente la vida y la palabra misma de Dios.<\/p>\n<p>Pero hay tambi\u00e9n un elemento subjetivo, que pertenece al misterio de la persona y a la pedagog\u00ed\u00ada de Dios, no objetivable ni racionafzable; es la intuici\u00f3n profunda de un valor particular de la experiencia cristiana; es una simpat\u00ed\u00ada hacia una vocaci\u00f3n precisa. Es la intuici\u00f3n de la bondad del servicio a tiempo pleno para el Se\u00f1or, de la virginidad consagrada por el reino; es una fascinaci\u00f3n misteriosa por la vida contemplativa, el deseo de una relaci\u00f3n afectiva particular o la voluntad de trabajar a trav\u00e9s de la vida entre dos por los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La intuici\u00f3n de un valor o de un modo particular de realizar el seguimiento es simpat\u00ed\u00ada por una elecci\u00f3n; es deseo que convive con la certeza o la confianza de realizarse en plenitud; es una atracci\u00f3n que se hace precisa tanto a nivel racional cuanto a nivel existencial; es, finalmente, conciencia vocacional que se vuelve cada vez m\u00e1s clara a trav\u00e9s del correspondiente crecimiento de los elementos objetivos y de algunos de ellos en particular.<\/p>\n<p>El discernimiento de los signos no es, sin embargo, s\u00f3lo verificaci\u00f3n de su presencia en la vida concreta de un joven; es sobre todo un camino que estimula el crecimiento de aquellos valores que dan consistencia al cuadro global y hacen nacer la conciencia de una respuesta personal a una tarea que el Se\u00f1or intenta confiar. La intuici\u00f3n o la simpat\u00ed\u00ada del primer momento se convierte luego en conocimiento maduro de las implicaciones espirituales y morales que lleva el seguimiento. Si la persona no se plantea en t\u00e9rminos precisos el problema de la elecci\u00f3n, resulta dif\u00ed\u00adcil una verdadera libertad como condici\u00f3n de madurez vocacional.<\/p>\n<p>c) Los elementos del discernimiento vocacional. &#8211; La consistencia de la libertad entre subjetividad y valores. Dios habla a la conciencia de la persona, interpela a la libertad de cada uno en la construcci\u00f3n de un proyecto; es la coordenada antropol\u00f3gica del discernimiento. Es la vertiente en la que se colocan las motivaciones, las intuiciones, lo mismo que las sinton\u00ed\u00adas puramente emotivas e instintivas. Toda vocaci\u00f3n es una llamada que compromete totalmente la libertad con toda la densidad de los valores que la conciencia descubre y acoge, y que la voluntad realiza.<\/p>\n<p>El discernimiento es solicitaci\u00f3n permanente en el camino educativo de la libertad con propuestas y comprobaciones de los grandes valores humanos y de fe que la sostiene, de los condicionamientos que la pueden destruir, de las presiones desviantes, de las pobrezas que reducen su espacio, de los falsos espejismos que la enga\u00f1an.<\/p>\n<p>&#8211; La concentraci\u00f3n teologal. El discernimiento, sobre todo en la tipolog\u00ed\u00ada neotestamentaria, orienta hacia Jesucristo, el revelador del Padre, el precursor del Esp\u00ed\u00adritu, para escucharle, reconocerlo, seguirle, imitarlo. Favorece la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que lleva al conocimiento experiencial de Dios. La fe para el creyente es reconocimiento de Cristo y autorreconocimiento en Cristo. Todo esto cambia los criterios de valoraci\u00f3n de todo lo realizado, que no puede ser juzgado bas\u00e1ndose en la parcialidad de una simple sensatez humana. La experiencia de Cristo no es tampoco una simpat\u00ed\u00ada hacia alg\u00fan aspecto de su misterio; si acaso, esto puede convertirse en un elemento para una orientaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica; m\u00e1s bien es aceptaci\u00f3n del seguimiento en sus exigencias radicales.<\/p>\n<p>El discernimiento, a la luz de esta segunda coordenada, no insiste s\u00f3lo en los contenidos que hay que descubrir, sino en el valor de la obediencia, de saber perder la vida, del sacrificio, de la humildad, de la cruz jam\u00e1s totalmente comprensible. Es dif\u00ed\u00adcil la experiencia de Cristo si se elude esta encrucijada de la muerte a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>&#8211; La pasi\u00f3n por el reino como medida de madurez espiritual. Es el tercer elemento del discernimiento vocacional. La persona se establece dentro de una comunidad en condici\u00f3n permanente de \u00e9xodo, con una misi\u00f3n que toca a cada persona y le pide un modo preciso de expresarse y de relacionarse. Se trata entonces de verificar \u00abcu\u00e1nto\u00bb de conciencia eclesial y misionera ha crecido dentro de la vivencia experiencial de un camino, \u00abc\u00f3mo\u00bb ha tomado cuerpo esa experiencia y se ha transformado en actitudes vocacionales: c\u00f3mo ha madurado aptitudes de relaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n para construir la comuni\u00f3n, c\u00f3mo ha estimulado un conocimiento sereno y acogedor de los dones ajenos, c\u00f3mo ha desarrollado una actitud oblativa desinteresada y constante, necesaria para asumir la misi\u00f3n como plenitud de s\u00ed\u00ad madurada en Cristo.<\/p>\n<p>Dentro de estas grandes coordenadas es donde se colocan los signos objetivos de un designio que, cuanto m\u00e1s se precisa, tanto m\u00e1s compromete el discernimiento lo mismo en el que gu\u00ed\u00ada que en el que est\u00e1 metido en la aventura del autodiscernimiento dentro del horizonte liberador del amor.<\/p>\n<p>2. PARA UNA PEDAGOG\u00ed\u008dA DE LOS VALORES VOCACIONALES. Los valores diversos inherentes a la vocaci\u00f3n cristiana y a las vocaciones espec\u00ed\u00adficas en la comunidad eclesial est\u00e1n viviendo hoy una contradicci\u00f3n hist\u00f3rico-cultural fundamental, inducida por el contexto secularista. Por una parte, los valores antropol\u00f3gicos gozan de notable inter\u00e9s: as\u00ed\u00ad, la necesidad de una cualidad diversa de la vida, la libertad, la vuelta de una demanda de significado, la paz, la reconciliaci\u00f3n consigo mismo y con los dem\u00e1s, la autorrealizaci\u00f3n, lo mismo que aspectos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos, como los relacionados con la conciencia, la corporeidad, la relaci\u00f3n. Por otra parte, esas sensibilidades que se abren camino encuentran insuficiente resonancia y capacidad interpretativa dentro de la pastoral y de la pedagog\u00ed\u00ada de la fe. De las intervenciones conciliares y posconciliares, y sobre todo de la experiencia de la comunidad eclesial, surgen algunos criterios para una propuesta pedag\u00f3gico-pastoral renovada al servicio de los valores vocacionales.<\/p>\n<p>&#8211; El criterio de la encarnaci\u00f3n. Esto significa valorizar los significados feriales de la experiencia de fe. Existe, en efecto, una dimensi\u00f3n personal y comunitaria de los caminos de crecimiento espiritual. El c\u00f3digo de las vivencias concretas puede variar de acuerdo con los contextos hist\u00f3rico-culturales, pero constituye el punto necesario de enlace para una eficaz pedagog\u00ed\u00ada de los valores vocacionales. Especialmente el mundo juvenil, tan variopinto, hace surgir demandas de significados y actitudes que constituyen las coordenadas de partida de un nuevo proyecto, sobre todo en la edad evolutiva. De ah\u00ed\u00ad la urgencia del discernimiento y del testimonio.<\/p>\n<p>Discernir permite ir m\u00e1s all\u00e1 de los significados parciales, de las im\u00e1genes fragmentarias, a fin de percibir las expectativas m\u00e1s verdaderas y de distinguir entre los verdaderos y los falsos valores, que subsisten hoy en condici\u00f3n de confusi\u00f3n y de dispersi\u00f3n. El testimonio propone los valores en la forma del modelo; en la presencia de los educadores y de comunidades adultas en la fe. Discernimiento y testimonio son las verdaderas alternativas a la desinstitucionalizaci\u00f3n o al riesgo de relegar los valores a posiciones de propuesta abstracta. La comunidad eclesial de los \u00abrostros\u00bb, con el transparente protagonismo de las vocaciones, constituye el nuevo punto de referencia para una propuesta significativa de valores seg\u00fan una visi\u00f3n evang\u00e9lica de la vida.<\/p>\n<p>&#8211; El criterio proyectivo de la fe. Una de las preocupaciones m\u00e1s difundidas en el esfuerzo formativo es la superaci\u00f3n de la fragmentaci\u00f3n en la experiencia de fe para recuperar el dinamismo global del misterio cristiano a trav\u00e9s de un camino progresivo. La ocasionalidad o la marginalidad son los riesgos m\u00e1s corrientes de una pastoral vocacional.<\/p>\n<p>Uno de los ejes sustentadores de una pastoral vocacional es la naturaleza intr\u00ed\u00adnsecamente proyectiva de la fe. Esta no es una propuesta gen\u00e9rica de valores o de una \u00e9tica del amor. La fe, traducida en acci\u00f3n pastoral coherente, es propuesta de un encuentro concreto y decisivo, el encuentro con Cristo. Esta es la peculiaridad del cristiano en relaci\u00f3n con otras realidades religiosas y \u00e9ticas. El encuentro con Jes\u00fas, el Se\u00f1or, cuando es verdadero, comprende dos reacciones dentro de la fe: el reconocimiento y el autorreconocimiento.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter proyectivo de la fe, y por tanto su impulso al definirse el rostro del disc\u00ed\u00adpulo, interroga a los agentes pastorales en dos vertientes. En la vertiente de la pastoral comunitaria, y en particular juvenil, urge ir m\u00e1s all\u00e1 de generalidades o de una propuesta parcial de los caminos de fe. Semejante propuesta encuentra incluso una cierta tolerancia tambi\u00e9n dentro de una cultura pluralista y fragmentada, pero es muy escasamente incisiva, sobre todo en el mundo juvenil, que no se fascina f\u00e1cilmente por los valores, sino por modelos y por rostros que encarnan esos valores.<\/p>\n<p>En la vertiente de la pastoral vocacional el compromiso es a\u00fan m\u00e1s apremiante: la experiencia, la reflexi\u00f3n vocacional es una semilla que no germina ordinariamente fuera de los surcos; por tanto, la pastoral vocacional, liberada de toda forma de delegaci\u00f3n, encuentra su vitalidad y su eficacia en estos \u00e1mbitos en los que los animadores de la comunidad ferial cuidan los caminos de crecimiento de las personas seg\u00fan la ley de la vida: \u00abla pastoral vocacional plantea la urgencia de una pastoral juvenil como camino y como contexto id\u00f3neo\u00bb(CEI, Vocazioni nella chiesa italiana, 23).<\/p>\n<p>&#8211; El criterio de la unificaci\u00f3n motivacional. Toda elecci\u00f3n vocacional se decide en la efectiva interiorizaci\u00f3n de los valores, antes signos objetivos de un discernimiento vocacional. No puede realizarse bas\u00e1ndose en fr\u00e1giles sinton\u00ed\u00adas con modelos o valores, o cuando menos con experiencias, aunque sean las del servicio y el compromiso por algo que vale.<\/p>\n<p>La sinton\u00ed\u00ada o la fascinaci\u00f3n pueden estar al comienzo de un camino o durante \u00e9l, y pueden abrir nuevas posibilidades que explorar. La historia personal de cada uno comprende a veces un entrelazamiento fragmentado de intuiciones y de experiencias; es f\u00e1cil, por ejemplo, sentir entusiasmo por cosas que hay que hacer, por gestos extraordinarios y generosos. Tambi\u00e9n el encuentro con Cristo podr\u00ed\u00ada entrar en esta l\u00f3gica un poco fragmentada. Pero la perspectiva de la unificaci\u00f3n motivacional que orienta una vida comprende el paso de motivaciones perif\u00e9ricas e inesenciales, que pueden haber provocado la toma de un camino, hacia la motivaci\u00f3n hegem\u00f3nica, que no excluye del todo a las otras, sino que las unifica y les da un sentido. El desarrollo de este proceso hacia la unificaci\u00f3n motivacional podr\u00ed\u00ada ser \u00e9ste: desde un cierto gusto por determinados ideales (servicio, compromiso por los dem\u00e1s, compartir con los pobres, gusto por la oraci\u00f3n&#8230;) a la experiencia de Cristo, modelo exigente, a la aceptaci\u00f3n de su presencia en el misterio de la Iglesia y, finalmente, al compromiso en ella y con ella.<\/p>\n<p>Lo esencial, pues, es la experiencia fuerte de Dios, de su voluntad; desde la elecci\u00f3n prioritaria de Dios, todo es posible. Y la experiencia de Dios es seria cuando ha generado una radical libertad y disponibilidad interior, que se convierte en docilidad a lo que \u00e9l quiere.<\/p>\n<p>&#8211; El criterio de la personalizaci\u00f3n de los valores. Este \u00faltimo criterio brota de la naturaleza de la comunidad cristiana como comunidad ministerial y de la naturaleza del discernimiento. La fe, y por tanto la vocaci\u00f3n, no remite a una categor\u00ed\u00ada, sino a la persona. Nada hay tan personal como una elecci\u00f3n vocacional. Toda llamada es un misterio inscrito en un di\u00e1logo personal y personalizador; cada uno es coart\u00ed\u00adfice de un proyecto original e irrepetible. La misma edad evolutiva requiere una atenci\u00f3n pedag\u00f3gica personalizada, apta para estructurar en unidad y armon\u00ed\u00ada un proceso complejo e imprevisible. El itinerario de crecimiento hacia la madurez es un momento singular de configuraci\u00f3n de la identidad.<\/p>\n<p>IV. Problemas y perspectivas: vocaciones, espiritualidad y dimensi\u00f3n \u00e9tica<br \/>\nLa espiritualidad es directamente requerida por el planteamiento vocacional de la vida. Si la espiritualidad cristiana no es otra cosa que vivir la fe y encarnarse en lo cotidiano, necesariamente formula la pregunta acerca del modo, los motivos inspiradores y los medios para realizarse en plenitud. Por tanto, la ecuaci\u00f3n subyacente es \u00e9sta: la vida espiritual del cristiano es el fruto maduro de su fe bautismal, que crece coherentemente con una elecci\u00f3n vocacional espec\u00ed\u00adfica. De ah\u00ed\u00ad la prometedora novedad del Vat. II: dentro de una Iglesia de los dones del Esp\u00ed\u00adritu -las vocaciones en plural-, tenemos las coherentes expresiones maduras de una vida espiritual diversificada en sus modelos. La emancipaci\u00f3n del modelo mon\u00e1stico, considerado como modelo \u00fanico de referencia de la vida espiritual, ha significado una riqueza para la comunidad eclesial. Siempre que la pluriformidad no empa\u00f1e la unidad.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre vocaciones y espiritualidad es fundamental, tanto para la naturaleza de la vida espiritual como para la naturaleza de toda vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. La espiritualidad es vida en el Esp\u00ed\u00adritu. En su identidad profunda, es comuni\u00f3n con Dios. En su dinamismo existencial es experiencia de la fe en la vida y en la historia, integrada por opciones, actitudes, sentimientos y relaciones. La categor\u00ed\u00ada que cualifica a toda aut\u00e9ntica espiritualidad es la experiencia cristiana. Por eso la espiritualidad requiere la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu como fuente de los dones (1Co 12:11) y como plenitud de la verdad (Jua 16:13). De la fuente a su plenitud, la acci\u00f3n es permanente, para que el llamado sepa discernir, crecer y vivir con coherencia la fidelidad a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la relaci\u00f3n es tambi\u00e9n inversa, a saber: entre vocaciones espec\u00ed\u00adficas y espiritualidad. LG 42 es fundamental al respecto. La vocaci\u00f3n universal y unificadora es la santidad, que se ha de perseguir \u00aben los varios g\u00e9neros de vida y en los varios deberes\u00bb, \u00abseg\u00fan los propios dones\u00bb, \u00abla propia vida\u00bb. Todos los fieles \u00aben su condici\u00f3n de vida cooperan con la voluntad de Dios manifestando a todos la caridad con la que Dios ha amado al mundo\u00bb. La vida en el Esp\u00ed\u00adritu no se realiza ordinariamente fuera de la propia vocaci\u00f3n. Esto supone la atenci\u00f3n a medios precisos y la adquisici\u00f3n de precisos contenidos: el descubrimiento de la vocaci\u00f3n a la vida, la configuraci\u00f3n con Cristo, la participaci\u00f3n eclesial, la misi\u00f3n en el mundo, el testimonio espec\u00ed\u00adfico del amor de Cristo.<\/p>\n<p>Es estimulante para la fidelidad a la vocaci\u00f3n la interacci\u00f3n fecunda entre dones y espiritualidades diversas, que configuran el rostro variopinto de la comunidad eclesial. El tema de la fidelidad remite, pues, a la dimensi\u00f3n \u00e9tica de la experiencia vocacional. El fen\u00f3meno del abandono y del cambio de estado de vida, y m\u00e1s a\u00fan hoy el deseo generalizado de una fidelidad nueva, lleva consigo una serie de observaciones \u00e9ticas.<\/p>\n<p>La primera se refiere al malestar cultural y espiritual (sobre todo en el campo juvenil) frente a los valores que califican toda vocaci\u00f3n, como el de lo definitivo, de la fidelidad para siempre. De ah\u00ed\u00ad la urgencia de una seria formaci\u00f3n en el valor de la libertad vista como elecci\u00f3n positiva, en el sentido de responsabilidad ante Dios y ante los hermanos. La fidelidad constituye y revela la madurez humana y espiritual del amor como dimensi\u00f3n oblativa. El problema \u00e9tico se plantea en el momento del discernimiento, en el que la persona busca los signos de un designio misterioso de Dios. Sustraerse al esfuerzo de discernir o un proceso aproximativo de crecimiento no es coherente con el riesgo de orientar la vida para siempre.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la vocaci\u00f3n no es un acontecimiento formal y est\u00e1tico, sino un camino preciso hacia la santidad. El deber de coherencia entre vocaci\u00f3n y perfecci\u00f3n cristiana determina el recurso a todos los medios necesarios, personales y comunitarios, humanos y sobrenaturales, para una fidelidad din\u00e1mica: entre ellos, la oraci\u00f3n, los sacramentos, las mediaciones humanas y espirituales (direcci\u00f3n espiritual, comunidad).<\/p>\n<p>Finalmente, el compromiso moral, ampliamente recordado por los documentos conciliares y posconciliares, es el testimonio personal y comunitario. La fidelidad vocacional no es s\u00f3lo garantizada por la buena voluntad de personas particulares, sino deber de todos en la comunidad para el discernimiento, el cuidado y fidelidad de cada uno al don del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>[\/Consejos evang\u00e9licos (del cristiano); \/Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n; \/Virginidad consagrada; \/Votos].<\/p>\n<p>BIBL.: CORDOBES J.M., Vocaci\u00f3n, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Paulinas 19914; EMONNET G., La vocaci\u00f3n cristiana en la Biblia, Paulinas, Madrid 1980; FAVALE A. (dirigido por), Vocaci\u00f3n com\u00fan y vocaciones espec fcas, 3 vols., Atenas, Madrid 1984; FINEEL E., La vocaci\u00f3n cristiana del seglar, Herder, Barcelona 1979 GIORDANI B. y MERCATALI A. Respuesta del hombre a la llamada de Dios, Atenas, Madrid 1983; MANENTI A., Vocazione psicolog\u00ed\u00ada e gratia, Dehoniane, Bolonia 19813; MARTINEz E., Vocaci\u00f3n, en Diccionario teol\u00f3gico de la vida religiosa, Claretianas, Madrid 1989, 1824-1887; RULLA L.M., Psicolog\u00ed\u00ada profunda y vocaci\u00f3n, Atenas, Madrid 1984; SECONDIN B., Seguimiento y profec\u00ed\u00ada, Paulinas, Madrid 1986; SICARI A., Llamados por su nombre, Paulinas, Madrid 1981; SOVERNIGD G., Ecco manda me, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1985.<br \/>\nE. Masseroni<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA ESPIRITUAL SUMARIO I. El problema vocacional hoy: 1. Proyecto hombre y vocaci\u00f3n cristiana; 2. La nueva autoconciencia de Iglesia; 3. El discernimiento vocacional. II. Vocaci\u00f3n cristiana y vocaciones espec\u00ed\u00adficas: 1. Elementos constitutivos de la vocaci\u00f3n en la Biblia. a) La llamada a una misi\u00f3n, b) La vida nueva en el seguimiento, c) Dones diversos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vocacion-y-vocaciones\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVOCACION Y VOCACIONES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17299","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17299","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17299"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17299\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17299"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17299"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17299"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}