{"id":17300,"date":"2016-02-05T11:15:07","date_gmt":"2016-02-05T16:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-sistemas-de\/"},"modified":"2016-02-05T11:15:07","modified_gmt":"2016-02-05T16:15:07","slug":"etica-sistemas-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-sistemas-de\/","title":{"rendered":"ETICA (SISTEMAS DE)"},"content":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Diferentes divisiones:<br \/>\n1. Etica emp\u00ed\u00adrica, \u00e9tica de bienes \u00e9tica formal y \u00e9tica valorativa:<br \/>\n    a) Etica emp\u00ed\u00adrica,<br \/>\n    b) Etica de bienes,<br \/>\n    c) Etica formal,<br \/>\n    d) Etica valorativa;<br \/>\n2. Eticas emp\u00ed\u00adricas y \u00e9ticas racionales:<br \/>\n    a) Morales emp\u00ed\u00adricas,<br \/>\n    b) Morales racionales;<br \/>\n3. Morales del trascendente, morales naturalistas y morales activistas:<br \/>\n    a) Morales del trascendente,<br \/>\n    b) Morales naturalistas,<br \/>\n    c) Morales activistas;<br \/>\n4. Eticas del fin y \u00e9ticas de los movimientos de conducta:<br \/>\n    a) Eticas del fin,<br \/>\n    b) Eticas de los m\u00f3viles de conducta<br \/>\n5. Eticas normativas y \u00e9ticas descriptivas:<br \/>\n    a) Eticas normativas,<br \/>\n    b) Eticas descriptivas.<br \/>\nII. Sentido e interpretaci\u00f3n de la historia de los sistemas \u00e9ticos.<\/p>\n<p>I. Diferentes divisiones<br \/>\nPara ofrecer al lector distintos criterios sobre los que dividir los diferentes sistemas \u00e9ticos, voy a resumir las clasificaciones realizadas por cinco autores: Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez, Leclercq, Gr\u00e9goire, Abbagnano y Ossowska. En un \u00faltimo apartado examinaremos brevemente el sentido y la interpretaci\u00f3n de la historia de la \u00e9tica.<\/p>\n<p>1. ETICA EMP\u00ed\u008dRICA, ETICA DE BIENES,.ETICA FORMAL Y ETICA VALORATIVA. Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez, en su interesante texto de Etica, nos ha ofrecido un esquema hist\u00f3rico de las diferentes corrientes del pensamiento moral tomando como criterio de clasificaci\u00f3n una perspectiva fundamentalmente gnoseol\u00f3gica. Seg\u00fan esta forma de divisi\u00f3n, el pensamiento \u00e9tico se ha manifestado hist\u00f3ricamente en cuatro formas principales: \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica, \u00e9tica de bienes, \u00e9tica formal y \u00e9tica valorativa. En justificaci\u00f3n de esta divisi\u00f3n nos dice: \u00abNo se trata de una clasificaci\u00f3n establecida de manera aprior\u00ed\u00adstica, atendiendo solamente a consideraciones de orden te\u00f3rico, sino de una divisi\u00f3n basada en el desarrollo mismo del pensamiento moral. Partiendo del estudio de las diversas teor\u00ed\u00adas, es posible descubrir, a pesar de la variedad enorme que presentan, ciertos puntos capitales de coincidencia y caracterizar as\u00ed\u00ad las grandes formas que la especulaci\u00f3n \u00e9tica ha asumido en el curso de su historia. Aun cuando estas formas no se han sucedido unas a otras en toda su pureza, no es dif\u00ed\u00adcil se\u00f1alar las \u00e9pocas en que se manifiestan de modo m\u00e1s patente. Puede decirse, por ejemplo, que la moral de los griegos es, casi sin excepciones, \u00e9tica de bienes; que el formalismo aparece en la obra de Kant, y que la filosof\u00ed\u00ada de los valores es el cauce por donde corre el pensamiento \u00e9tico de nuestros d\u00ed\u00adas\u00bb 1.<\/p>\n<p>a) Etica emp\u00ed\u00adrica. La delimitaci\u00f3n de lo que debe entenderse por \u00ab\u00e9tica emp\u00ed\u00adrica\u00bb fue establecida por Kant, al contraponerla a la \u00ab\u00e9tica formal\u00bb. Seg\u00fan Kant, ser\u00ed\u00ada \u00abemp\u00ed\u00adrica\u00bb toda filosof\u00ed\u00ada basada en la experiencia. Por el contrario, el nombre de \u00abfilosof\u00ed\u00ada pura\u00bb corresponder\u00ed\u00ada a aquella que se funda en los principios racionales a priori. Toda teor\u00ed\u00ada \u00e9tica -discurren los empiristas- ha de apoyarse en la observaci\u00f3n de los hechos morales, tal y como se dan en la conducta real de los hombres. Para ello han de utilizarse m\u00e9todos semejantes a los que usan los cient\u00ed\u00adficos en la determinaci\u00f3n de las leyes de la naturaleza. La preocupaci\u00f3n fundamental de la \u00e9tica es de tipo descriptivo y no normativo. No se trata de averiguar c\u00f3mo debieran comportarse los hombres, sino de constatar c\u00f3mo act\u00faan de hecho.<\/p>\n<p>\u00abEsta postura encu\u00e9ntrase condicionada por un prejuicio milenario. Desde el siglo v a.C. sostuvieron varios fil\u00f3sofos que los principios rectores de la actividad humana s\u00f3lo son normas genuinas si tienen su ra\u00ed\u00adz en la naturaleza. Toda regla que no refleja con fidelidad la forma en que el individuo acostumbra a comportarse es vista como una exigencia arbitraria. La idea del deber pierde as\u00ed\u00ad su sentido aut\u00e9ntico. El hombre debe ser como es; a esto se reduce, en \u00faltima instancia, la posici\u00f3n que examinamos\u00bb 2. En esta dimensi\u00f3n, la oposici\u00f3n que establecieron los sofistas entre lo que existe por obra de la naturaleza y lo que es un mero producto de la voluntad humana sent\u00f3 las bases de lo que en la \u00e9poca moderna ser\u00ed\u00ada el anarquismo \u00e9tico. Podemos delimitar la concepci\u00f3n de la \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica si la contraponemos con las otras manifestaciones del pensamiento moral establecidas por Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez.<\/p>\n<p>Frente a la \u00e9tica formalista, que niega a los datos de experiencia todo valor, los empiristas afirman que las normas \u00e9ticas pueden ser descubiertas de un modo inductivo partiendo de la observaci\u00f3n de los hechos. A su vez, la \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica se opone tambi\u00e9n a la filosof\u00ed\u00ada de los valores en cuanto que \u00e9sta rechaza igualmente el empirismo. A un nivel puramente te\u00f3rico, la \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica est\u00e1 abocada a un relativismo m\u00e1s o menos terminante. La apelaci\u00f3n a la gran diversidad de teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas y comportamentales, as\u00ed\u00ad como a la enorme cantidad de normas y c\u00f3digos de moral; constituye siempre un argumento importante en manos del antiobjetivismo. Si las creencias y los comportamientos tenidos \u00e9ticamente como v\u00e1lidos var\u00ed\u00adan de un individuo a otro y de un grupo social a otro, cabe negar la posibilidad de hallar un criterio universal que garantice la objetividad, la intemporalidad de las leyes \u00e9ticas. De este modo, han aparecido hist\u00f3ricamente el subjetivismo \u00e9tico individualista y el subjetivismo \u00e9tico social (antropologismo o subjetivismo \u00e9tico espec\u00ed\u00adfico).<\/p>\n<p>\u00abEste subjetivismo relativista conduce finalmente al escepticismo y al nihilismo. Sostener que lo que para un sujeto es bueno puede ser malo para otro equivale a afirmar que el bien nada es en s\u00ed\u00ad y a reducir los valores morales al rango de simples convencionalismos arbitrariamente establecidos por el hombre. Quien pretenda ser congruente con tales premisas tendr\u00e1 que renunciar a todo juicio estimativo y abstenerse de cualquier afirmaci\u00f3n axiol\u00f3gica con pretensiones de objetividad\u00bb 3. El utilitarismorepresenta, seg\u00fan Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez, un intento de superaci\u00f3n de las consecuencias relativistas y esc\u00e9pticas de la moral emp\u00ed\u00adrica. Ante la falta de criterios objetivos que posibiliten una discriminaci\u00f3n del bien y el mal, habr\u00e1 necesariamente que apelar al resultado de las acciones humanas. Ser\u00e1n \u00e9ticamente buenas las que acarrean un mayor beneficio a la sociedad o al individuo.<\/p>\n<p>b) Etica de bienes. La \u00e9tica de bienes surge del intento de superar el relativismo anteriormente apuntado y el escepticismo en cuanto a la posibilidad de llegar a conocer cient\u00ed\u00adficamente la normativa moral. Su punto clave es, pues, la afirmaci\u00f3n de la existencia real, objetiva del bien supremo, el cual, desde un punto de vista pr\u00e1ctico, constituye el fin \u00faltimo de la existencia humana. El punto de partida es la afirmaci\u00f3n de que \u00abtodo agente obra por un fin\u00bb. El hombre concretamente se propone fines, escoge medios, los pone en pr\u00e1ctica y consigue realizarlos. El bien propio de cada actividad est\u00e1, pues, constituido por la persecuci\u00f3n del fin que se propone alcanzar. El bien supremo humano ser\u00e1, as\u00ed\u00ad, la prosecuci\u00f3n y logro del fin espec\u00ed\u00adfico y caracter\u00ed\u00adstico del hombre.<\/p>\n<p>Definir el bien supremo es delimitar el fin \u00faltimo del obrar humano. Ahora bien, esta posici\u00f3n postula necesariamente la existencia de un orden jer\u00e1rquico, axiol\u00f3gico, que da pie a que podamos ubicar cada fin concreto en el sitio que le corresponde. El criterio para el establecimiento de este orden jer\u00e1rquico ser\u00e1 el examen de los distintos fines que el hombre se propone obtener con su conducta, determinando en cada caso si constituye un fin en s\u00ed\u00ad mismo o solamente un medio en aras de un fin ulterior. Del resultado de esta investigaci\u00f3n anal\u00ed\u00adtica depende la afirmaci\u00f3n y caracterizaci\u00f3n del bien supremo, fin en s\u00ed\u00ad mismo, \u00faltimo, que ya no puede servir de punto de partida o de instrumento hacia otros logros futuros.<\/p>\n<p>La \u00e9tica de bienes, que encontr\u00f3 su expresi\u00f3n m\u00e1s acabada en la Grecia cl\u00e1sica, no formul\u00f3, sin embargo, una teor\u00ed\u00ada unitaria. El contenido de esa aspiraci\u00f3n suprema del hombre fue interpretado de forma diversa: la felicidad, la virtud, el placer. Estas discrepancias, m\u00e1s o menos significativas, originaron distintas versiones de una misma doctrina. Con todo, en la perspectiva general que nos traza Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez, desde S\u00f3crates hasta Kant, \u00abla teor\u00ed\u00ada de la conducta ha sido, casi sin excepciones, \u00e9tica de bienes. Pero es en la filosof\u00ed\u00ada griega donde esta forma alcanz\u00f3 su expresi\u00f3n definitiva\u00bb.<\/p>\n<p>c) Etica formal. Una de las formas de acceder eficazmente a la consideraci\u00f3n de la \u00e9tica formal radica en verla como un intento de cr\u00ed\u00adtica y superaci\u00f3n tanto de la \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica como de la \u00e9tica de bienes. Ambas coinciden en determinar el valor de los actos humanos en orden a sus consecuencias y resultados. El valor moral radica o bien en los efectos de la actuaci\u00f3n individual (\u00e9tica emp\u00ed\u00adrica) o bien en la adecuaci\u00f3n que la misma guarde con el fin \u00faltimo del hombre. En uno y otro caso no se tienen en cuenta ni el comportamiento en s\u00ed\u00ad ni la intenci\u00f3n de su agente.<\/p>\n<p>Para la \u00e9tica formal, por el contrario, el criterio para discriminar moralmente un comportamiento no reside en nada exterior al sujeto que lo realiza (el \u00faltimo fin o las consecuencias de las acciones), sino en la pureza de la voluntad y en la rectitud de las intenciones. S\u00f3lo esto puede ser susceptible de aplicaci\u00f3n de la denominaci\u00f3n de \u00abbueno\u00bb. El concepto de \u00abbuena voluntad\u00bb ocupa as\u00ed\u00ad el centro y es criterio definitivo de la especulaci\u00f3n moral. \u00abLa buena voluntad -nos dice Kant en las primeras p\u00e1ginas de la Fundamentaci\u00f3n de la metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres- no es buena por lo que efect\u00fae o realice, no es buena por su adecuaci\u00f3n para alcanzar alg\u00fan fin que nos hayamos propuesto; es buena s\u00f3lo por el querer, es decir, es buena en s\u00ed\u00ad misma. Considerada por s\u00ed\u00ad misma, es, sin comparaci\u00f3n, much\u00ed\u00adsimo m\u00e1s valiosa que todo lo que por medio de ella pudi\u00e9ramos realizar en provecho 0 gracia de alguna inclinaci\u00f3n y, si se quiere, de la suma de todas las inclinaciones\u00bb. \u00bfQu\u00e9 voluntad puede ser designada como \u00abbuena\u00bb? La contestaci\u00f3n de Kant es terminante: \u00fanicamente la que obra no s\u00f3lo de acuerdo con el deber, sino tambi\u00e9n por deber. Si un comportamiento concuerda con una norma, nos encontramos ante la simple legalidad; no cabe, pues, en este caso, ninguna calificaci\u00f3n moral. Nos hallamos aqu\u00ed\u00ad a un nivel extramoral. Para movernos dentro de un nivel moral habremos de examinar los m\u00f3viles de conducta que nos inspiran. Y el criterio de bondad consistir\u00e1, seg\u00fan Kant, en determinar si la motivaci\u00f3n de mi comportamiento es \u00fanica y exclusivamente, sin interferencia de ninguna otra inclinaci\u00f3n, el respeto al deber, la observancia del deber por el deber mismo. Si nuestra acci\u00f3n es movida por alguna de sus m\u00faltiples inclinaciones que asaltan al hombre, estaremos obedeciendo una norma que s\u00f3lo puede presentar la forma de un imperativo hipot\u00e9tico, esto es, condicional.<\/p>\n<p>Para que nos encontremos ante una genuina norma moral, habremos de exigirle que se apoye exclusivamente en principios racionales a priori, ya que en el caso de que se fundamentase en nuestros deseos e inclinaciones, al ser \u00e9stos relativos, no podr\u00ed\u00ada aplicarse a todo ser racional ni podr\u00ed\u00adamos pretender dotarla de validez universal. \u00abPor tanto -sigue diciendo Kant-, no otra cosa, sino s\u00f3lo la representaci\u00f3n de la ley en s\u00ed\u00ad misma -la cual, desde luego, no se encuentra m\u00e1s que en el ser racional en cuanto que ella y no el efecto esperado es el fundamento determinante de la voluntad-; puede constituir ese bien tan excelente que llamamos bien moral, el cual est\u00e1 presente ya en la persona misma que obra seg\u00fan esa ley; y que no es l\u00ed\u00adcito esperar de ning\u00fan efecto de la acci\u00f3n\u00bb. El principio que constituye, en t\u00e9rminos de Husserl, \u00abla norma fundamental del sistema kantiano\u00bb, es el imperativo categ\u00f3rico, criterio \u00faltimo de moralidad: \u00abObra siempre de tal modo que la m\u00e1xima de tu acci\u00f3n pueda ser elevada, por tu voluntad, a la categor\u00ed\u00ada de universal observancia\u00bb. Con este enunciado quedan expresadas las dos exigencias fundamentales a las que se ha de plegar una norma para ser genuinamente moral: la de autonom\u00ed\u00ada y la de universalidad.<\/p>\n<p>Un acto s\u00f3lo es moralmente valioso cuando representa el cumplimiento de una norma que el sujeto se ha dado a s\u00ed\u00ad mismo. Si la conducta no obedece al mandato de la voluntad propia, sino que procede de la ajena, carece de valor desde el punto de vista \u00e9tico. Lo mismo ocurre cuando no se inspira en consideraciones racionales, es decir, cuando deriva de una inclinaci\u00f3n o de un deseo. La m\u00e1xima de la acci\u00f3n no puede en este caso convertirse en un imperativo incondicionado, ya que al abandonar nuestra voluntad la idea de una legislaci\u00f3n universalmente v\u00e1lida, para proponerse la consecuci\u00f3n de un fin emp\u00ed\u00adrico, tiene que sujetarse as\u00ed\u00ad: \u00abSi quiero alcanzar tal o cual finalidad, tendr\u00e9 que valerme de tales o cuales medios\u00bb. La segunda exigencia contenida en la formulaci\u00f3n del imperativo categ\u00f3rico es su posibilidad de aplicaci\u00f3n universal. Todo ser racional ha de estar constre\u00f1ido por \u00e9l. Gracias a esta exigencia las leyes morales adquieren validez. El imperativo categ\u00f3rico no puede en modo alguno asentarse en algo subjetivo contingente, relativo y emp\u00ed\u00adrico. S\u00f3lo un fundamento racional puede otorgarle la base objetiva que requiere. El fundamento objetivo del deber moral \u00fanicamente puede hallarse en el concepto de la dignidad personal.<\/p>\n<p>d) Etica valorativa. La \u00faltima y m\u00e1s moderna de las concepciones \u00e9ticas examinadas en esta divisi\u00f3n cuatripartita implica una inversi\u00f3n radical de las afirmaciones de la \u00e9tica formal: \u00abel valor moral no se funda en la idea del deber, sino a la inversa: todo deber encuentra su fundamento en un valor. S\u00f3lo debe ser aquello que es valioso, y todo lo que es valioso debe ser. La noci\u00f3n de valor es, por ende, el concepto \u00e9tico central\u00bb 4. La \u00e9tica valorativa admite, sin embargo, dos dimensiones radicalmente opuestas. Para una de ellas, el valor tiene una existencia meramente inmanente a los sujetos que los formulan. Para otra, los valores no son sino \u00abmaterias y estructuras que determinan una especial cualidad en las personas, relaciones y objetos en que se hallan\u00bb (Scheler). En este sentido, puede afirmarse que el objetivismo axiol\u00f3gico coincide con el pensamiento kantiano en cuanto al rechazo de las \u00e9ticas fundadas en bases subjetivistas y emp\u00ed\u00adricas.<\/p>\n<p>Los valores constituyen objetos ideales independientes de las estimaciones, apreciaciones y valoraciones de los individuos y de los grupos sociales. Aunque no conoci\u00e9ramos ni estim\u00e1ramos un valor, \u00e9ste ser\u00ed\u00ada igualmente valioso. Por esta causa, la filosof\u00ed\u00ada de los valores objetivista separa cuidadosamente el tema del conocimiento de los valores, que es un problema eminentemente gnoseol\u00f3gico del tema del ser de los valores, en el que necesariamente nos movemos en un nivel ontol\u00f3gico. El hecho de que sepamos que los valores existen en virtud de nuestra conciencia estimativa no implica necesariamente que sean una simple creaci\u00f3n humana. Los valores son susceptibles de ser conocidos, pero su ser no se agota en ser objeto de nuestras valoraciones.<\/p>\n<p>Frente a las afirmaciones de la \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica, la axiolog\u00ed\u00ada afirma el car\u00e1cter aprior\u00ed\u00adstico del conocimiento \u00e9tico. \u00abEl concepto de valor no se adquiere partiendo de la experiencia, sino al rev\u00e9s: \u00e9sta s\u00f3lo puede ser juzgada desde puntos de vista valorativos. Los hechos nos muestran lo que realmente ocurre; nunca lo que debiera suceder\u00bb 5. En contra de la \u00e9tica de bienes, la filosof\u00ed\u00ada de los valores niega que la noci\u00f3n de valor pueda deducirse de la consideraci\u00f3n del bien o de las cosas buenas. Existe en el hombre un criterio estimativo anterior a la discriminaci\u00f3n de acciones buenas y acciones malas. Por otra parte, tampoco puede consistir el deber del hombre en la imitaci\u00f3n de un modelo o la prosecuci\u00f3n de un fin trascendente y \u00faltimo. Los actos s\u00f3lo son susceptibles de calificaci\u00f3n moral a la luz del ideal de perfecci\u00f3n existente en el hombre. Con todo, el conocimiento de los valores reviste unas caracter\u00ed\u00adsticas especiales. En \u00e9l, como subraya Hartmann, m\u00e1s que apoderarnos del objeto, somos \u00abpresa\u00bb de \u00e9l. No estamos ane un proceso discursivo, reflexivo, racional, sino emocional, intuitivo.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, frente a la \u00e9tica formal, la \u00e9tica valorativa niega el formalismo rigorista del pensamiento kantiano, aunque admite el car\u00e1cter aprior\u00ed\u00adstico del conocimiento de los valores. M. Scheler dedic\u00f3 a esta cuesti\u00f3n un puesto preferente en su obra Etica formal y \u00e9tica material de los valores. En ella critica la equiparaci\u00f3n que Kant establece entre los conceptos de formal y de a priori. El objetivo fundamental de Scheler y Hartmann es que existe la posibilidad de un conocimiento axiol\u00f3gico que sea, simult\u00e1neamente, material y aprior\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>2. ETICAS EMP\u00ed\u00adRICAS Y ETICAS RACIONALES. Tras considerar aquellas doctrinas que, desde distintas perspectivas, niegan o relativizan la normativa moral, Jacques Leclercq nos presenta, en una visi\u00f3n amplia de la historia de la \u00e9tica, dos dimensiones fundamentales en las posturas adoptadas en torno a estas cuestiones: \u00e9ticas emp\u00ed\u00adricas y \u00e9ticas racionales. Lo interesante del planteamiento de Leclercq radica, a mi juicio, en su actitud de no rechazar de plano las diferentes teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas y de no presentar la historia de la filosof\u00ed\u00ada moral como un continuo tejer y destejer ideas y sistemas, excluyendo los \u00aberr\u00f3neos\u00bb y defendiendo el que, seg\u00fan el historiador, contiene la \u00fanica y definitiva verdad. En este sentido, escribe: \u00abEl inter\u00e9s de las diferentes posturas morales radica en lo que cada una de ellas contiene de verdad. En efecto, cada una, o lo que se puede llamar cada uno de estos sistemas, corresponde a un punto de vista real sobre el que los autores han llamado particularmente la atenci\u00f3n; y el error de los sistemas est\u00e1 generalmente menos en lo que afirman que en lo que descuidan. El error se reduce casi siempre a no afirmar sino un aspecto de lo real sin ver que hay adem\u00e1s otros, o a dar al aspecto sobre el que se concentra la atenci\u00f3n del autor un relieve excesivo. A veces, cuando el fil\u00f3sofo est\u00e1 dotado de esp\u00ed\u00adritu pol\u00e9mico, a\u00f1ade demas\u00ed\u00adas contra los que no comparten sus puntos de vista o se complace en excesos de lenguaje por gusto de bravata o de provocaci\u00f3n&#8230; Lo que nos interesa es espumar de cada una de las grandes posturas hist\u00f3ricas la verdad que encierran y reunir as\u00ed\u00ad los elementos que nos permitan construir un sistema perfectamente coordinado. Esto indica en qu\u00e9 medida se puede hablar de un progreso de filosof\u00ed\u00ada moral. Cada vez que aparece una nueva postura, \u00e9sta subraya el valor de ciertos elementos de las aspiraciones humanas, de las condiciones de existencia del hombre y de la regla de acci\u00f3n, desatendidas hasta entonces, o al menos destaca ciertos elementos que no hab\u00ed\u00adan recibido en los sistemas anteriores el lugar que les correspond\u00ed\u00ada, y hace posibles as\u00ed\u00ad sistemas nuevos mejor articulados y mejor proporcionados\u00bb6<br \/>\nEl criterio fundamental en que se basa Leclercq para distinguir los dos grandes sistemas que se han dado a lo largo de la historia de la filosof\u00ed\u00ada moral es el car\u00e1cter inmanente o trascendente que otorgan unos y otros a las normas \u00e9ticas. El primer sistema general est\u00e1 constituido por las morales emp\u00ed\u00adricas, esto es, por aquellas filosof\u00ed\u00adas que se fundan exclusivamente en un hecho de experiencia, en un principio que el hombre encuentra en su interior a lo largo de su experiencia vital. El segundo sistema es el de las posturas que admiten la existencia de una realidad que trasciende al hombre, dedic\u00e1ndose a estudiar as\u00ed\u00ad las relaciones existentes entre \u00e9l hombre y dicho ser trascendente. Tenemos, en este segundo caso, las morales racionales.<\/p>\n<p>a) Morales emp\u00ed\u00adricas. Este grupo es subdividido por Leclercq en tres series: morales utilitaristas, morales altruistas y morales de la espontaneidad. \u00abLa moral utilitarista es la moral m\u00e1s elemental, la que se ofrece en primer t\u00e9rmino al esp\u00ed\u00adritu de las gentes sencillas. Se basa en la idea de que el hombre trata de ser feliz y que \u00e9ste es el fin de la vida. En segundo lugar, esta moral estima que la felicidad reside en el placer; y se necesita, efectivamente, un pensamiento refinado para distinguir entre uno y otra. El hombre busca espont\u00e1neamente la satisfacci\u00f3n, y la felicidad se le presenta como el estado en que poseer\u00e1 todo lo que puede satisfacerle\u00bb 7. En la Grecia cl\u00e1sica esta postura est\u00e1 representada por el ideal \u00e9tico de Epicuro. Posteriormente, la influencia del cristianismo impidi\u00f3 la reaparici\u00f3n del utilitarismo, hasta que lleg\u00f3 a dominar gran parte de la filosof\u00ed\u00ada de los siglos xvi al xix. Dentro de esta l\u00ed\u00adnea, ocupa un lugar preferente J. Bentham, de quien es el siguiente y significativo texto: \u00abLa naturaleza ha colocado al hombre bajo el imperio del placer y del dolor; a \u00e9stos debemos todas nuestras ideas; a \u00e9stos referimos todos nuestros juicios, todas las determinaciones de nuestras vidas. El que pretende sustraerse a esta sujeci\u00f3n no sabe lo que dice: tiene por \u00fanico objeto buscar el placer, evitar el dolor, en el momento mismo en que se niega a los grandes placeres y en que abraza los m\u00e1s vivos dolores. Estos sentimientos eternos e irresistibles deben constituir el gran estudio del moralista y del legislador. El principio de la utilidad lo subordina todo a estos dos m\u00f3viles\u00bb 8.<\/p>\n<p>Dentro de las morales altruistas puede ser encuadrado, ante todo, el pensamiento de Shaftesbury, Hutcheson y Hume. Su denominador com\u00fan es la determinaci\u00f3n del desinter\u00e9s, la benevolencia o la simpat\u00ed\u00ada como criterio \u00faltimo o definitivo de moralidad. Para Adam Smith, \u00abel bien es lo que despierta la simpat\u00ed\u00ada; el mal lo que suscita la antipat\u00ed\u00ada. Se puede formular la regla moral: obra de manera tal que provoque la mayor simpat\u00ed\u00ada en el mayor n\u00famero\u00bb. Esta orientaci\u00f3n predominantemente social de la \u00e9tica se prolonga hasta el comienzo del siglo xx en la moral de la solidaridad de L. Bourgeois.<\/p>\n<p>Las morales de la espontaneidad representan una reacci\u00f3n contra el convencionalismo, aparente o real, y el abstraccionismo de las filosof\u00ed\u00adas morales tradicionales. La \u00e9tica intelectualista aparece en la Grecia cl\u00e1sica representada por la escuela c\u00ed\u00adnica. La actitud de Ant\u00ed\u00adstenes, impregnada de naturalismo, de abstencionismo pol\u00ed\u00adtico, de ascetismo y desprendimiento, no llega siquiera a constituir un sistema moral. Salvando las distancias, la postura de Guyau coincide con la escuela c\u00ed\u00adnica, aunque a\u00f1ade a ella una valoraci\u00f3n in\u00e9dita en el pensamiento griego: la tendencia m\u00e1s profunda del ser humano y, a la vez, el criterio definitivo de moralidad es \u00abla vida lo m\u00e1s intensa y lo m\u00e1s extensa posible\u00bb. La vida constituye un valor en s\u00ed\u00ad misma. La exaltaci\u00f3n de los valores que afirman la vida y la profunda inversi\u00f3n de los criterios morales tradicionales es una de las caracter\u00ed\u00adsticas m\u00e1s claras de la postura de Nietzsche. El \u00absuperhombre\u00bb, ideal al que tiende la raza superior y se\u00f1orial, se sit\u00faa en una dimensi\u00f3n que se encuentra \u00abm\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal\u00bb.<\/p>\n<p>b) Morales racionales. Este grupo de teor\u00ed\u00adas morales est\u00e1 subdividido, \u00e1 su vez, en cinco posiciones, la primera de las cuales es la moral del deber de Kant. \u00abLa moral plantea dos problemas esenciales: 1) \u00bfQu\u00e9 es la moral? 2) \u00bfQu\u00e9 manda la moral? Hasta Kant, el primer problema no hab\u00ed\u00ada preocupado mucho a los esp\u00ed\u00adritus y no constitu\u00ed\u00ada el objeto de investigaci\u00f3n sistem\u00e1tica. Se hac\u00ed\u00ada moral sin definirla o content\u00e1ndose con una definici\u00f3n r\u00e1pidamente establecida. Los an\u00e1lisis de Kant y el puesto central que ocupan en su filosof\u00ed\u00ada llamaron la atenci\u00f3n, y hoy d\u00ed\u00ada buen n\u00famero de moralistas consideran que la tarea esencial de la filosof\u00ed\u00ada moral es definir la moral, determinar exactamente su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico y precisar en qu\u00e9 se distingue de toda otra cosa&#8230; Pero la influencia m\u00e1s inmediata y m\u00e1s claramente perceptible de Kant sobre la moral se deja ver en \u00e9l lugar que el deber ha ocupado dentro de la moral contempor\u00e1nea. Kant vincula la moral al deber hasta el punto de que no hay moralidad, seg\u00fan \u00e9l, sino cuando se obra por deber. En este punto ha sido casi universalmente seguido, al menos por los pensadores que aceptan la noci\u00f3n de una moral normativa&#8230; Para darse cuenta de la revoluci\u00f3n que esta postura representa, basta recordar que los moralistas de la antig\u00fcedad no hablan casi del deber; que los autores de la Edad Media tampoco hablan mucho m\u00e1s, y que en la Etica de Arist\u00f3teles, por ejemplo, o en la Suma de santo Tom\u00e1s, para citar dos nombres entre los m\u00e1s grandes, no se trata del deber m\u00e1s que de manera casi epis\u00f3dica, y de ning\u00fan modo en el punto de partida de la moral, sino muy avanzada ya la exposici\u00f3n\u00bb 9.<\/p>\n<p>El segundo grupo de las morales racionales -el que aut\u00e9nticamente puede opon\u00e9rsele a las morales emp\u00ed\u00adncas- est\u00e1 constituido por las morales monistas. Lalande define el \u00abmonismo\u00bb como la doctrina que considera el conjunto de las cosas como reductible a la unidad. El monismo reviste tres modalidades fundamentales: 1) El pante\u00ed\u00adsmo naturalista o materialista, que sigue una larga trayectoria que ir\u00ed\u00ada de Her\u00e1clito, los epic\u00fareos y los estoicos hasta los tiempos modernos con un Diderot o un D&#8217;Holbach. En \u00faltimo caso, las morales que se inspiran en esta actitud no rebasan el nivel exclusivamente emp\u00ed\u00adrico. 2) El pante\u00ed\u00adsmo espiritualista, que tiende a identificar a Dios con el todo. Suele citarse como principal representante de esta postura a B. Spinoza. Spinoza parte del concepto de sustancia \u00fanica, \u00abel ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia rodeada de una infinidad de atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita\u00bb. La moral no consiste sino en tomar conciencia de esta realidad y en conformar a ella nuestra vida. \u00abLa moral de Spinoza es, ante todo, una moral contemplativa: es por el esp\u00ed\u00adritu como el hombre llega al conocimiento de Dios y de la identidad profunda de las cosas con Dios. Debemos, pues, vivir por el esp\u00ed\u00adritu y, para ello, desligarnos de las pasiones, de todo lo carnal, lo sensible y lo imaginativo, para llegar a cobrar conciencia de que nosotros somos Dios o Dios es nosotros, que nuestras acciones son acciones de Dios; y llegamos as\u00ed\u00ad a un amor de Dios que es participaci\u00f3n del amor que Dios se tiene a s\u00ed\u00ad. Darnos cuenta de que Dios se ama en nosotros es la cumbre de la contemplaci\u00f3n spinozista, que produce tambi\u00e9n una perfecta sumisi\u00f3n al orden natural, puesto que el orden natural es tambi\u00e9n Dios\u00bb 10. Seg\u00fan Leclercq, este monismo espiritualista admite, a su vez, dos versiones: una optimista y otrapesimista. El monismo, bajo la influencia kantiana, reaparece en los grandes sistemas rom\u00e1nticos alemanes, principalmente en la obra de Hegel. La base del sistema hegeliano es la identificaci\u00f3n de la realidad con el pensamiento: \u00abLo que es pensado, es; y lo que es, es en cuanto pensado. En el pensamiento es donde \u00fanicamente hay que buscar lo absoluto: todo es inmanente al pensamiento, es decir, todo es solamente en cuanto pensado\u00bb. \u00abLas manifestaciones m\u00e1s altas del pensamiento se encuentran en la actividad especulativa, en la filosof\u00ed\u00ada y en la religi\u00f3n. En cuanto el hombre sirve de soporte a la vida interior, es, pues, la primera entre las realizaciones del pensamiento. Por el contrario, el individuo, cada hombre en particular, no es, como toda realidad exterior, m\u00e1s que un momento en el devenir del pensamiento. La moralidad es la esfera de la determinaci\u00f3n aut\u00f3noma del sujeto; y es la intenci\u00f3n la que le confiere todo su valor -esto es kantismo-. Pero (seg\u00fan Kant) el individuo no llega a realizar la pureza del bien universal, criterio del bien; no llega a concordar sus acciones, en sus condiciones particulares, con el bien universal. Y as\u00ed\u00ad, debe buscar su perfecci\u00f3n y acabamiento en algo superior a \u00e9l, realizaci\u00f3n de lo universal. Lo encontramos en los grupos de los que forma parte, en la familia, la sociedad y, sobre todo, el Estado\u00bb 11.<\/p>\n<p>En su versi\u00f3n pesimista, Leclercq ejemplifica el monismo con el budismo y con esa curiosa adaptaci\u00f3n del budismo al neokantismo rom\u00e1ntico que es la filosof\u00ed\u00ada de Schopenhauer. Tal vez una de las formas m\u00e1s representativas del racionalismo en \u00e9tica es la actitud de los estoicos. Seg\u00fan el estoicismo, el ideal moral \u00c2\u00a7e identifica con el ideal de una vida acorde con la raz\u00f3n, esto es, con el orden racional, \u00abl\u00f3gico\u00bb, que rige el cosmos. Practicar la virtud es razonar bien. Las pasiones nos inducen a creer que nuestro bien no concuerda con el orden universal. Por ello, la perfecci\u00f3n moral no puede consistir en otra cosa que en desprendernos de la fuente de error y de mal moral que constituyen las pasiones. El ideal de apatheia se perfila as\u00ed\u00ad como el fin al que ha de encaminarse la asc\u00e9tica del sabio. La tendencia a considerar como criterio moral la concordancia de nuestras acciones con la armon\u00ed\u00ada que reina en el cosmos culmina, a finales de la antig\u00fcedad, con la corriente neoplat\u00f3nica, seg\u00fan la cual la.concordancia estoica se convierte en absorci\u00f3n. El Uno, realidad que trasciende al mundo, pero que le mantiene por el hecho de que constituye su derivaci\u00f3n, representa la idea b\u00e1sica sobre la que se estructura la interpretaci\u00f3n neoplat\u00f3nica del mundo y del hombre. \u00abTodo el problema moral consiste en desasirse del cuerpo y de lo sensible para fijar el esp\u00ed\u00adritu en lo inteligible y remontar la escala de las hip\u00f3tesis para llegar a alcanzar el Uno. Y otra vez, en buena l\u00f3gica, parece que el alma no deber\u00ed\u00ada poder sobrepasarlo inteligible. Plotino admite, sin embargo, que el alma puede lograrlo a veces en un breve \u00e9xtasis, en el que llega a un estado por encima del conocimiento y por encima de todo estado expresable; un contacto con lo inefable, contacto que es unidad, unificaci\u00f3n completa con el Uno primero. Y esto se parece tambi\u00e9n, como todo lo que se refiere al Uno, al lenguaje de, la sabidur\u00ed\u00ada hind\u00fa\u00bb 12<br \/>\nEl panorama de las teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas que nos presenta Leclercq culmina con la moral cristiana, la cual descansa o es la prolongaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de un conjunto de presupuestos que pueden ser considerados \u00abnaturales\u00bb. Son \u00e9stos: 1) la noci\u00f3n de Dios coma ser creador, trascendente y providente; 2) la creencia en un alma espiritual, inmortal y libre. En este sentido, la moral cristiana est\u00e1 centrada en la idea de Dios, por lo que se expresa en dos actitudes fundamentales determinadas por la situaci\u00f3n ontol\u00f3gica de la criatura: adoraci\u00f3n y servicio. Junto a ello, impregnando y caracterizando el cristianismo, su moral de amor: amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>3. MORALES DEL TRASCENDENTE, MORALES NATURALISTAS Y MORALES ACTIVISTAS. Esta clasificaci\u00f3n tripartita ha sido establecida por F. Gr\u00e9goire y se inspira en la clasificaci\u00f3n que hizo Dilthey de los tres grandes tipos de visiones del mundo: 1)los idealismos objetivos, para que los que la realidad suprema es de naturaleza espiritual; 2) los naturalismos, seg\u00fan los cuales no existen m\u00e1s que fen\u00f3menos \u00abnaturales\u00bb pura y exclusivamente materiales; 3) los idealismos subjetivos, que destacan el aspecto espec\u00ed\u00adfico de la actividad humana, a saber: su car\u00e1cter innovador. Estas concepciones del mundo se traducen en tres visiones de la moral: 1.a Puede considerarse que el universo est\u00e1 dirigido por un orden superior a las apariencias sensibles, que las domina y les comunica un sentido y una orientaci\u00f3n. A esta concepci\u00f3n del mundo pertenecen las \u00e9ticas del trascendente. Gr\u00e9goire prefiere emplear este t\u00e9rmino en lugar del de \u00aborden\u00bb porque las morales naturalistas tambi\u00e9n admiten la existencia de un orden en la naturaleza, si bien dicho orden se reduce al que establecen las leyes inmanentes a las cosas. Por el contrario, la palabra \u00abtrascendente\u00bb se refiere con claridad y sin ambig\u00fcedades a lo que no resulta del juego natural de cierta clase de acciones o de seres, sino que supone la intervenci\u00f3n de un principio exterior y superior a aqu\u00e9l. 2.a Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, el universo carece de orden y est\u00e1 desprovisto de sentido, aunque se halla sometido a leyes. En el mundo rige un determinismo natural y \u00abciego\u00bb, cuyas innumerables combinaciones llegaron por azar a esta superficial estabilidad que da a las cosas la apariencia de un sistema organizado. En el plano \u00e9tico, esta visi\u00f3n del mundo se traduce en las morales naturalistas o \u00abcient\u00ed\u00adficas\u00bb. 3.a Por \u00faltimo, se puede sustentar la tesis de que en el universo se va elaborando lentamente un orden. La causa de ello puede atribu\u00ed\u00adrselo al efecto de una confusa \u00abtendencia a la coherencia\u00bb inmanente a la propia naturaleza, o bien a la acci\u00f3n humana, en su intento de dominar el medio terrestre. El reflejo de esta concepci\u00f3n en el plano \u00e9tico lo representan las morales activistas. Esta clasificaci\u00f3n respeta adem\u00e1s un orden cronol\u00f3gico. Aunque podemos encontrar f\u00e1cilmente atisbos de las tres concepciones en todas las \u00e9pocas hist\u00f3ricas, las morales del trascendente gozaron de un auge especial en la antig\u00fcedad y en la recuperaci\u00f3n medieval del pensamiento cl\u00e1sico; las morales naturalistas se vulgarizaron a partir del siglo xvlli; por \u00faltimo, las activistas parten del pensamiento \u00e9tico de Kant.<\/p>\n<p>a) Morales del trascendente. Esta actitud moral puede recibir tambi\u00e9n el nombre de realismo (los valores morales constituyen una \u00abrealidad\u00bb superior a la sensible) o de idealismo (por referencia a la teor\u00ed\u00ada de las ideas de Plat\u00f3n, exponente claro de esta orientaci\u00f3n). Desde una visi\u00f3n amplia, sin embargo, la tendencia a esta concepci\u00f3n del mundo se encuentra a la base de las grandes doctrinas metaf\u00ed\u00adsicas de Arist\u00f3teles, san Agust\u00ed\u00adn, Malebranche o Leibniz. El punto clave que establece un denominador com\u00fan entre este grupo de teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas reside en la consideraci\u00f3n realista de la moral: el valor y la ley moral no se inventan: \u00abexiste previa a la reflexi\u00f3n del pensador que no hace sino descubrirla; es el conjunto de reglas desprendidas l\u00f3gicamente de las caracter\u00ed\u00adsticas del universo y del lugar que en \u00e9l ocupa el hombre. La elaboraci\u00f3n de una \u00e9tica es un trabajo comparable al del ge\u00f3metra (en la cl\u00e1sica perspectiva euclidiana), que deduce las consecuencias racionales y necesarias (teoremas) de algunos `principios&#8217; universales, inmutables, independientes de su esp\u00ed\u00adritu individual (postulados). Principios que, en geometr\u00ed\u00ada como en moral, pueden ser encarados (los pensadores difieren sobre este punto) como creaci\u00f3n de una voluntad divina o simplemente como reflejo de una raz\u00f3n impersonal\u00bb 13. Lo que unifica, por encima de las m\u00faltiples variaciones existentes, esta actitud es principalmente su m\u00e9todo, \u00absu ambici\u00f3n de deducir imperativamente una conducta, la forma en que se extraen las conclusiones necesarias de un postulado geom\u00e9trico\u00bb 14.<\/p>\n<p>Con todo, en este grupo establece Gr\u00e9goire una subdivisi\u00f3n: 1.a Las morales laicas del trascendente (Plat\u00f3n, Arist\u00f3teles, los estoicos y los neoplat\u00f3nicos, en la antig\u00fcedad; Montaigne, Pascal, Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz, las grandes \u00e9ticas laicas del siglo xix -Fichte, Schelling, Hegel, Schopenhauer-, y el racionalismo moderno, en nuestra \u00e9poca). 2.a Las morales religiosas de Egipto, Ir\u00e1n, India, China, islam, en Oriente; y el juda\u00ed\u00adsmo, el cristianismo (primitivo y moderno), el protestantismo y las religiones laicas modernas (Saint-Simon, Comte, Fourier, Proudhon) en Occidente.<\/p>\n<p>b) Morales naturalistas. Este grupo surge del intento de aprovechar, desde el punto de vista de una teor\u00ed\u00ada moral, el conocimiento progresivo de la naturaleza que nos aporta la ciencia, principalmente la que estudia las tendencias, las posibilidades y las condiciones materiales de la actividad del hombre. A pesar de su aparente car\u00e1cter objetivo y as\u00e9ptico, \u00abse descubre en las \u00e9ticas naturalistas una primera opci\u00f3n moral previa, nada cient\u00ed\u00adfica, la creencia de que existe en el hombre una `esencia&#8217;, creencia que se agrega, por otra parte, a la convicci\u00f3n previa y sentimental de que la raz\u00f3n (descubriendo las leyes de la naturaleza) representa el valor supremo que se debe respetar. Doble parcialidad que muestra que una reflexi\u00f3n sincera no puede aceptar ciegamente la actitud naturalista por m\u00e1s fascinante que sea la palabra `ciencia&#8217;. Se hubiera podido dudarlo a priori observando que en las \u00e9pocas de ignorancia cient\u00ed\u00adfica total se vieron nacer \u00e9ticas que en nada se someten a las de los siglos m\u00e1s `ilustrados&#8217; y que propagaron inspiradores morales de ning\u00fan modo `sabios\u00bb&#8216; 15. En este grupo incluye Gr\u00e9goire: 1) los naturalismos (epicure\u00ed\u00adsmo, utilitarismo, \u00abnaturalismos\u00bb contempor\u00e1neos -\u00e9tica norteamericana y \u00e9tica sovi\u00e9tica-); 2) las morales \u00abcient\u00ed\u00adficas\u00bb fundadas en las matem\u00e1ticas (Moro, Campanella), en la mec\u00e1nica o la f\u00ed\u00adsica (Hobbes, De Maistre, Ostwald), en la biolog\u00ed\u00ada (Metchnikov, Freud -en cierto modo, Guyau y Nietzsch\u00e9-), en la psicolog\u00ed\u00ada (Rabelais, Bayle, Diderot, D&#8217;Holbach, Helv\u00e9tius, Hume, Shaftesbury, A. Smith, Rousseau) y en la sociolog\u00ed\u00ada (Durkheim, L\u00e9vy-Bruhl).<\/p>\n<p>c) Morales activistas. Las morales activistas, que inspiran en gran manera el pensamiento moral contempor\u00e1neo -principalmente en Francia-,parten de la primac\u00ed\u00ada que Kant otorg\u00f3 a, la raz\u00f3n pr\u00e1ctica sobre fa raz\u00f3n espculativa y de la caracterizaci\u00f3n que hizo del esp\u00ed\u00adritu humano como pura actividad. \u00abLa reflexi\u00f3n moral contempor\u00e1nea, m\u00e1s a\u00fan que la del siglo pasado, se caracteriza por un `estallido&#8217; de los diversos temas sintetizados en la construcci\u00f3n kantiana, que caus\u00f3 interferencias junto con otras corrientes del pensamiento, en particular el evolucionismo, hacia 1880, y, cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, la filosof\u00ed\u00ada de los valores. El primer encuentro tuvo como consecuencia `extraer&#8217; del kantismo, ya su tonalidad `racionalista&#8217;, ya el aspecto `impulso-creaci\u00f3n&#8217;, ya la idea de `primado de la acci\u00f3n&#8217;; el segundo -kantismo en `segundo grado&#8217;, porque la filosof\u00ed\u00ada de los valores emana lejanamente de Kant- otorg\u00f3 privilegios tanto a la inspiraci\u00f3n `formalista&#8217; como a la noci\u00f3n de `persona activa\u00bb&#8216; 16. Cabe, pues, seg\u00fan Gr\u00e9goire, establecer una subdivisi\u00f3n en este grupo de \u00e9ticas activistas que explotan diversos aspectos de la teor\u00ed\u00ada \u00e9tica de Kant.<\/p>\n<p>En este sentido, puede hablarse: 1) de unas teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas basadas en la idea del \u00abimpulso creador\u00bb. Pertenecer\u00ed\u00adan a este grupo el pensamiento \u00e9tico de Rauh y el de Bergson; 2) de unas \u00e9ticas inspiradas en el concepto de \u00abprimado de la acci\u00f3n\u00bb, entre las que habr\u00ed\u00ada que encuadrar la actitud de William James, de Blondel&#8230;; 3) de unas \u00e9ticas de inspiraci\u00f3n \u00abracionalista\u00bb, como la de Parodi; 4) de unas \u00e9ticas de inspiraci\u00f3n \u00abformalista\u00bb, como las que parten de Kierkegaard y que pueden ser encuadradas en la denominaci\u00f3n gen\u00e9rica de \u00abexistencialismo\u00bb: Marcel, Heidegger, Sartre, S. de Beauvoir; 5) por \u00faltimo, de unas \u00e9ticas que extraen las posibilidades contenidas en el concepto de \u00abpersona activa\u00bb, entre las que se cuentan la de Lavelle y la de Le Senne.<\/p>\n<p>4. ETICAS DEL FIN Y ETICAS DE LOS MOVIMIENTOS DE CONDUCTA. Esta sencilla, aunque muy interesante y sugestiva, divisi\u00f3n ha sido propuesta por Abbagnano 17. Estas dos corrientes nos son descritas del siguiente modo: \u00abExisten dos concepciones fundamentales [de \u00e9tica], a saber: 1) la que la considera como ciencia del fin al que debe dirigirse la conducta de los hombres y de los medios para lograr tal fin y derivar, tanto el fin como los medios, de la naturaleza del hombre, y 2) la que la considera como la ciencia del impulso de la conducta humana e intenta determinarlo con vistas a dirigir o disciplinar la conducta misma. Estas dos concepciones, que se han entrelazado en forma diferente tanto en la antig\u00fcedad como en el mundo moderno, son fundamentalmente distintas y ablan lenguajes diferentes. La primera, en efecto, habla el lenguaje del ideal al que el hombre se dirige por su naturaleza y, en consecuencia, de la `naturaleza&#8217;, `esencia&#8217; o `sustancia&#8217; del hombre. La segunda, en cambio, habla de los `motivos&#8217; o de las `causas&#8217; de la conducta humana, o tambi\u00e9n de las `fuerzas&#8217; que la determinan y pretende atenerse al reconocimiento de los hechos\u00bb.<\/p>\n<p>El criterio que adopta Abbagnano para establecer esta clasificaci\u00f3n dualista viene determinado por el resultado que nos proporciona el an\u00e1lisis del concepto de bien. Esta noci\u00f3n tiene dentro de s\u00ed\u00ad una cierta ambig\u00fcedad, ya que puede significar \u00ablo que es\u00bb (por el hecho de ser) o \u00ablo que es objeto de deseo\u00bb, de aspiraci\u00f3n, etc\u00e9tera. Esta doble interpretaci\u00f3n del bien es lo que escinde las dos direcciones apuntadas anteriormente. \u00abEs propio de la primera concepci\u00f3n -apunta Abbagnano- la noci\u00f3n del bien como realidad perfecta o perfecci\u00f3n real, en tanto que es propio de la segunda la noci\u00f3n de bien como objeto de apetencia\u00bb. Estas dos posiciones pueden ser ejemplificadas por dos definiciones: \u00abel bien es la felicidad\u00bb y \u00abel bien es el placer\u00bb. La primera afirmaci\u00f3n (caracter\u00ed\u00adsticamente aristot\u00e9lico-tomista) significa que \u00abla felicidad es el fin de la conducta humana, deducible de la naturaleza racional del hombre\u00bb. La segunda, por el contrario, es caracter\u00ed\u00adstica del epicure\u00ed\u00adsmo y del utilitarismo, y significa que \u00abel placer es el m\u00f3vil habitual y constante de la conducta humana\u00bb. Esta diferenciaci\u00f3n es, seg\u00fan Abbagnano, tan importante que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, resta importancia al resto de los problemas \u00e9ticos, que no tienen como base m\u00e1s que la confusi\u00f3n entre los dos significados de bien anteriormente propuestos.<\/p>\n<p>a) Eticas del fin. Encontramos, ante todo, en este grupo la postura de Plat\u00f3n, quien nos ofrece en la Rep\u00fablica una \u00e9tica de las virtudes como funciones del alma, determinadas por la naturaleza de \u00e9sta y por la divisi\u00f3n de sus partes. A su vez, en el Filebo define el bien como forma de vida mixta de inteligencia y de placer, como la medida de esta mezcla. El prototipo de esta l\u00ed\u00adnea es, sin embargo, Arist\u00f3teles. Este fil\u00f3sofo determina el fin de nuestra conducta deduci\u00e9ndolo de la naturaleza racional del hombre, pasando a continuaci\u00f3n a establecer los medios para alcanzar este fin, esto es, a presentar el cuadro de las virtudes. Los estoicos deducen tambi\u00e9n las reglas morales de la naturaleza, que en este caso no es ya la naturaleza humana universal, sino el orden c\u00f3smico racional. Por \u00faltimo, el neoplatonismo deduce el sentido del comportamiento \u00e9tico humano del fin al que aspira todo ser como vuelta y reabsorci\u00f3n al principio del que eman\u00f3. El intelectualisnio y voluntarismo medievales, a pesar de sus radicales diferencias, se mantienen fieles a esta interpretaci\u00f3n del bien. Toda la \u00e9tica tomista se deduce del principio de que \u00abDios es el \u00faltimo fin del hombre\u00bb. Hacia el siglo xiv, el contingentismo moral funda las normas \u00e9ticas en la voluntad divina, salvo la ley que obliga obedecer a Dios, que ser\u00ed\u00ada la \u00fanica \u00abnatural\u00bb. \u00abEsta apelaci\u00f3n al arbitrio divino es el resultado de la reconocida imposibilidad de deducir de la naturaleza del hombre el fin \u00faltimo de su conducta. Pero con ello no se abri\u00f3 todav\u00ed\u00ada una alternativa diferente a la investigaci\u00f3n \u00e9tica\u00bb 18. Volvemos a encontrar esta concepci\u00f3n de la \u00e9tica, ya en la \u00e9poca moderna, en el estoicismo presente en los neoplat\u00f3nicos de Cambridge y, sobre todo, en la filosof\u00ed\u00ada rom\u00e1ntica. En esta l\u00ed\u00adnea, Fichte pretender\u00e1 deducir toda la doctrina moral de \u00abla determinaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo del yo\u00bb, y Hegel afirmar\u00e1 que el fin de la conducta humana, que es a la vez la realidad en la cual tal conducta se integra y perfecciona, es el Estado.<\/p>\n<p>Bergson, al deducir del ideal de renovaci\u00f3n moral la existencia de una fuerza destinada a promover tal renovaci\u00f3n y del concepto de \u00absociedad cerrada\u00bb su noci\u00f3n de moral corriente, est\u00e1 obedeciendo al planteamiento cl\u00e1sico de las \u00e9ticas del fin.<\/p>\n<p>\u00abCuando en la filosof\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea la noci\u00f3n de valor comenz\u00f3 a sustituir a la de bien, la vieja alternativa entre la \u00e9tica del fin y la \u00e9tica de la motivaci\u00f3n adquiri\u00f3 una nueva forma. El valor, en efecto, se sustrae a la alternativa propia de la noci\u00f3n de bien que puede ser interpretada en sentido objetivo (como realidad) o en el sentido subjetivo (como t\u00e9rmino de apetencia). El valor posee un modo de ser objetivo, en el sentido de poder ser entendido o aprehendido independientemente de la apetencia; pero al mismo tiempo es dado en una forma cualquiera de experiencia espec\u00ed\u00adfica&#8230; Ahora bien, las doctrinas que reconocen la necesidad del valor, o sea, su absolutismo, eternidad, etc., tienen estrecho parentesco con las doctrinas \u00e9ticas tradicionales del fin, en tanto que las doctrinas que reconocen la problematicidad del valor est\u00e1n estrechamente emparentadas con las doctrinas \u00e9ticas de la motivaci\u00f3n\u00bb 19. Las doctrinas de Scheler y de Hartmann se integran en el primer grupo, y, en el sentido de que Nietzsche funda su teor\u00ed\u00ada en una jerarqu\u00ed\u00ada absoluta de valores, tambi\u00e9n podemos encuadrarle en esta l\u00ed\u00adnea general de \u00e9tica del fin.<\/p>\n<p>b) Eticas de los m\u00f3viles de conducta. Podemos encontrar los primeros atisbos de esta l\u00ed\u00adnea cuyos fundamentos hemos explicitado antes, en Pr\u00f3dico de Queos, que formula su moral en forma de proposiciones condicionales; en Prot\u00e1goras, cuando reconoce que el respeto rec\u00ed\u00adproco y la justicia son las condiciones para la supervivencia del hombre; y, sobre todo, en Aristipo y Epicuro quienes apelaban al placer y al dolor para explicar los m\u00f3viles fundamentales del comportamiento humano. Ausente esta doctrina durante toda la Edad Media, reaparece a partir del Renacimiento, por ejemplo, en las posiciones de Valla y de Telesio. Este \u00faltimo deduce las normas \u00e9ticas del deseo de la propia conservaci\u00f3n, principio que sirve de fundamento a la moral y al derecho, seg\u00fan Hobbes. Spinoza, a su vez, ve en esta tendencia a la propia conservaci\u00f3n y, en general, a la obtenci\u00f3n de todo lo que beneficia, la acci\u00f3n necesaria misma de la sustancia divina. Locke y Leibniz se adhirieron al mismo fundamento de la \u00e9tica. \u00abSeg\u00fan se ve, la \u00e9tica de los siglos xvii y XVIII manifiesta un alto grado de uniformidad: no s\u00f3lo es una doctrina de m\u00f3vil sino que tampoco su oscilaci\u00f3n entre la `tendencia a la conservaci\u00f3n&#8217; y la `tendencia al placer&#8217; como base de la moral implica una diferencia radical, ya que el placer mismo no es m\u00e1s que el \u00ed\u00adndice emotivo de una situaci\u00f3n favorable a la conservaci\u00f3n&#8230; La caracter\u00ed\u00adstica fundamental de la filosof\u00ed\u00ada moral inglesa del siglo xviii, que tiene particular importancia en la historia de la \u00e9tica, consiste en haber iluminado y haber tomado como tema principal de discusi\u00f3n precisamente el contraste entre la \u00e9tica del m\u00f3vil y la \u00e9tica del fin, un contraste semejante al que existe entre raz\u00f3n y sentimiento\u00bb 20. As\u00ed\u00ad, Shaftesbury y Hutcheson hablar\u00e1n de la existencia de un \u00absentido moral\u00bb, y Beccaria y Bentham interpretar\u00e1n dicho \u00absentido\u00bb como la tendencia dirigida a realizar la \u00abm\u00e1xima felicidad del mayor n\u00famero posible de hombres\u00bb. Para Hume, el fundamento de la moral es la utilidad: la acci\u00f3n buena es la que produce \u00abfelicidad y satisfacci\u00f3n a la sociedad\u00bby atrae la utilidad \u00abporque responde a una necesidad o tendencia natural, esa tendencia que inclina al hombre a promover la felicidad de sus semejantes\u00bb. A1 considerar Kant la necesidad de apelar a la raz\u00f3n, en orden a establecer la exigencia de obrar seg\u00fan una m\u00e1xima que los dem\u00e1s puedan hacer propia, y al examinar la intenci\u00f3n del agente para determinar si nos encontramos ante un aut\u00e9ntico acto moral realizado \u00fanica y exclusivamente por respeto al deber, su posici\u00f3n puede tambi\u00e9n ser encuadrada dentro de esta l\u00ed\u00adnea.<\/p>\n<p>Los intentos por establecer una \u00e9tica \u00abcient\u00ed\u00adfica\u00bb, esto es, una \u00e9tica que d\u00e9 razones para justificar su car\u00e1cter \u00abobligatorio \u00ab, pertenecen igualmente a las \u00e9ticas de los m\u00f3viles. El altruismo propuesto por Comte, la adaptaci\u00f3n progresiva del hombre a sus condiciones de vida se\u00f1alada por Spencer, etc., constituyen ejemplos de esta orientaci\u00f3n. La filosof\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea no ha establecido grandes cambios en esta interpretaci\u00f3n, como puede comprobarse si tenemos en cuenta las conclusiones a las que ha llegado el neopositivismo al someter a examen l\u00f3gico el lenguaje moral. Russell afirmar\u00e1 que \u00abla \u00e9tica no contiene afirmaciones ya sean verdaderas o falsas, sino que consiste en deseos de cierta clase general\u00bb. Ayer denunciar\u00e1 los sentimientos que se esconden tras el lenguaje moral, mientras Stevenson apelar\u00e1 al car\u00e1cter persuasivo de los juicios morales.<\/p>\n<p>5. ETICAS NORMATIVAS Y ETICAS DESCRIPTIVAS. Si tenemos en cuenta los dos principales grupos de problemas que se plantean en \u00e9tica y examinamos los objetivos que persiguen las distintas investigaciones llevadas a cabo en el campo de la moral, podremos establecer un criterio de distinci\u00f3n muy tajante: 1) Teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas que se proponen formular juicios de valor y determinar las reglas morales \u00e1 las que debe acomodarse el comportamiento humano. Estos intentos son eminentemente filos\u00f3ficos. 2) Estudio de los problemas \u00e9ticos tal y como se dan en la realidad psicol\u00f3gica y social, limit\u00e1ndose a describir y a explicar los fen\u00f3menos morales. En este segundo caso estaremos ante investigaciones puramente cient\u00ed\u00adficas y experimentales, que procurar\u00e1n abstenerse de formular juicios de valor y de extraer normas y modelos \u00e9ticos universalmente v\u00e1lidos. Ossowska ha propuesto esta delimitaci\u00f3n en el primer cap\u00ed\u00adtulo de su libro Para una sociolog\u00ed\u00ada de la moral2l.<\/p>\n<p>a) Eticas normativas. 1) El intento de dirigir la conducta humana en orden a conseguir una mayor eficacia de las acciones individuales constituye una labor prefilos\u00f3fica que encontramos cristalizada en el conjunto de f\u00e1bulas y colecciones de m\u00e1ximas pertenecientes al acervo cultural de la mayor parte de las culturas conocidas: Este saber pr\u00e1ctico, sintetizado en f\u00f3rmulas y m\u00e1ximas, contradictorias a veces entre s\u00ed\u00ad y ajenas otras o incluso contrarias a la moral, ha sido designado por algunos autores con el nombre de praxiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2) La axiolog\u00ed\u00ada, partiendo del reconocimiento de la existencia y de la posibilidad de conocer los valores, pretende clasificarlos y jerarquizarlos. En este caso, los valores morales constituyen s\u00f3lo un tipo de valores que han de ser especificados frente a otros. Tradicionalmente, los valores hab\u00ed\u00adan sido divididos en buenos, bellos y verdaderos. Modernamente, se han adoptado otros criterios de divisi\u00f3n. As\u00ed\u00ad. R.B. Perry ha tenido en cuenta los intereses a los que responden; S. Carter Dodd ha recurrido a considerar las instituciones que los realizan y protegen, y B. Malinowski ha apelado a las necesidades que expresan. Desde el punto de vista de la filosof\u00ed\u00ada, el tema de los valores ha absorbido la obra de Hartmann y Scheler, si bien tambi\u00e9n ha sido abordada esta tem\u00e1tica desde la psicolog\u00ed\u00ada y la sociolog\u00ed\u00ada. Uno de los principales problemas planteados es el del objetivismo o subjetivismo de los valores en general.<\/p>\n<p>3) Una de las l\u00ed\u00adneas m\u00e1s permanentes a lo largo de la historia ha sido la que ha considerado, fundamentalmente, la \u00e9tica como una teor\u00ed\u00ada de la felicidad. El objetivo primordial de esta disciplina ser\u00ed\u00ada, pues, eminentemente pr\u00e1ctico y consistir\u00ed\u00ada en se\u00f1alar d\u00f3nde se encuentra la aut\u00e9ntica felicidad humana, cu\u00e1les son los medios para alcanzarla y c\u00f3mo podemos evitar el dolor o superarlo cuando no es posible escapar de \u00e9l. Esta orientaci\u00f3n recorrer\u00ed\u00ada una larga trayectoria que ir\u00ed\u00ada de los epic\u00fareos, los estoicos y Arist\u00f3teles hasta O. Neurath, perteneciente al llamado C\u00ed\u00adrculo de Viena.<\/p>\n<p>4) Los autores que nos indican c\u00f3mo evitar el sufrimiento se\u00f1alan tambi\u00e9n la forma de soportar el dolor con valent\u00ed\u00ada y morir con dignidad. La.orientaci\u00f3n anterior se abre as\u00ed\u00ad a lo que podr\u00ed\u00adamos llamar teor\u00ed\u00ada de la perfecci\u00f3n. Arist\u00f3teles, por ejemplo, cuyo pensamiento \u00e9tico es una teor\u00ed\u00ada de la felicidad, se\u00f1ala tambi\u00e9n un ideal espec\u00ed\u00adficamente humano: la vida seg\u00fan la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>5) La \u00e9tica moderna, sin descuidar las cuestiones apuntadas en las anteriores teor\u00ed\u00adas, ha centrado su atenci\u00f3n en la forma de organizar la sociedad humana para evitar los conflictos y asegurar la paz y la convivencia. La moral ha de contribuir al buen funcionamiento de la sociedad, esa realidad din\u00e1mica que ha ido ganando complejidad a tenor del proceso de industrializaci\u00f3n. La \u00e9tica moderna adquiere, pues, un matiz marcadamente social. No hay moral sin sociedad. Para M. Schlick, por ejemplo, la moral nace cuando los hombres se dan cuenta de que han de someterge a limitaciones para no da\u00f1ar la vida de los dem\u00e1s. Las \u00e9ticas altruistas, con toda su multiplicidad de variantes, han florecido en este ambiente. Con todo, Ossowska reconoce que estas posturas est\u00e1n relacionadas entre s\u00ed\u00ad. La mentira, por ejemplo, es condenada desde todas ellas, aunque para ello se recurra a criterios distintos.<\/p>\n<p>b) Eticas descriptivas. La elaboraci\u00f3n de reglas y la constataci\u00f3n de hechos no se contradicen entre s\u00ed\u00ad: se trata de tareas separadas. El intento de explicar cient\u00ed\u00adficamente las cuestiones morales tiene una larga tradici\u00f3n hist\u00f3rica, pero puede decirse que, en concreto, arranca de Durkheim, quien en La divisi\u00f3n del trabajo social sent\u00f3 la siguiente afirmaci\u00f3n: \u00abLos hechos morales son hechos como cualesquiera otros; consisten en reglas de acci\u00f3n que pueden ser reconocidas por algunos caracteres distintivos; de este modo pueden ser observados, descritos y clasificados, extray\u00e9ndose de ellos las leyes que los explican\u00bb. En estas \u00e9ticas descriptivas distingue Ossowska tres campos de investigaci\u00f3n:<br \/>\n1) Meta\u00e9tica, que tiene por objeto analizar la estructura de los sistemas \u00e9ticos, determinar en qu\u00e9 sentido pueden considerarse \u00absistemas\u00bb los sistemas \u00e9ticos, estudiar el car\u00e1cter l\u00f3gico de los juicios y reglas de valor para ver si se les pueden aplicar las categor\u00ed\u00adas de verdad y falsedad, examinar el tipo de argumentos que pueden ser aducidos a su favor y el tipo de persuasi\u00f3n que utilizamos en nuestro lenguaje moral para convencer a nuestros contrarios cuando nos faltan argumentos, etc. Moore, Ayer, Stevenson, Toulmin, Nowell-Smith, Hare y muchos otros se han ocupado de problemas de este tipo.<\/p>\n<p>2) Psicolog\u00ed\u00ada de la moral. La psicolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica ha aplicado sus m\u00e9todos de investigaci\u00f3n a la consideraci\u00f3n de los hechos morales. En este sentido se han estudiado, por ejemplo, los procesos de evaluaci\u00f3n, las motivaciones e intenciones que presiden los actos morales, los sentimientos espec\u00ed\u00adficamente \u00e9ticos -deber, culpabilidad, arrepentimiento, escr\u00fapulos, remordimiento, etc- o las formas psicopatol\u00f3gicas de \u00e9stos, la g\u00e9nesis y evoluci\u00f3n de los juicios y actitudes morales. Muchas de las investigaciones de Freud, Piaget, Bandura y otros han abordado desde escuelas y con m\u00e9todos diferentes cuestiones espec\u00ed\u00adficamente morales.<\/p>\n<p>3) Sociolog\u00ed\u00ada de la moral. Constituye la parte m\u00e1s amplia de la \u00e9tica descriptiva. A este nivel se estudian, por ejemplo, los factores que determinan la vida moral de los grupos, el proceso que han seguido las normas y valores de una colectividad, las sanciones que se aplican a los miembros desviantes, etc. Desde el siglo xvtn han aumentado los estudios descriptivos. Con todo, la idea de crear una rama separada del saber que examine cient\u00ed\u00adficamente las creencias y comportamientos \u00e9ticos no cristaliza hasta la segunda mitad del siglo xix. Podemos se\u00f1alar tres corrientes: 1. La que deriva de Darwin y centra su atenci\u00f3n en la evoluci\u00f3n de las ideas morales. Letourneau, Sutherland, Westermark, etc., orientaron sus estudios en esta direcci\u00f3n. 2. Los estudios humanistas comparados que se desarrollaron en Alemania y que se reflejaron en las obras de Wundt, Simmel y Max Weber. 3. Durkheim y la escuela sociol\u00f3gica francesa, en la que sobresale L\u00e9vy-Bruhl, para quien la moral constituye una \u00abciencia de las costumbres\u00bb.<\/p>\n<p>11. Sentido e interpretaci\u00f3n de la historia de los sistemas \u00e9ticos<br \/>\nSi examinamos las divisiones de las teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas que hemos ido esbozando en los puntos anteriores, descubriremos que han sido establecidas en funci\u00f3n de diferentes criterios. As\u00ed\u00ad, Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez considera la soluci\u00f3n al problema gnoseol\u00f3gico que sirve de base a cada uno de los cuatro tipos de \u00e9tica que describe. Leclercq sigue un criterio valorativo que le permite establecer una l\u00ed\u00adnea ascendente desde las doctrinas que niegan la validez y objetividad de la moral hasta la culminaci\u00f3n de la \u00e9tica cristiana. Gr\u00e9goire se apoya en las tres concepciones del mundo que han inspirado las tres formas de teor\u00ed\u00ada \u00e9tica. Abbagnano analiza las dos interpretaciones posibles del ambiguo concepto del bien, y Ossowska tiene a la vista los m\u00e9todos que utilizan y los objetivos que persiguen las dos l\u00ed\u00adneas de investigaci\u00f3n \u00e9tica. Como sucede en toda visi\u00f3n excesivamente panor\u00e1mica, cada una de estas clasificaciones ofrece ventajas e inconvenientes. Con excepci\u00f3n de la \u00faltima, las otras dos se ci\u00f1en a los sistemas \u00e9ticos exclusivamente filos\u00f3ficos, no teniendo en cuenta los estudios experimentales. Leclercq utiliza el adjetivo \u00abemp\u00ed\u00adrico\u00bb como opuesto a \u00abracional\u00bb, lo cual no deja de plantear serios inconvenientes por muchas aclaraciones que se hagan. A su vez, Garc\u00ed\u00ada M\u00e1ynez usa el t\u00e9rmino \u00abemp\u00ed\u00adrico\u00bb en el mismo sentido que Kant. Su interpretaci\u00f3n de la historia de los sistemas \u00e9ticos toma al fil\u00f3sofo de Kdnisberg como eje y conductor. La clasificaci\u00f3n de Abbagnano es, a mi juicio, la m\u00e1s interesante, aunque, en ocasiones -como en el caso de Nietzsche, p.ej- se presentan ciertas dificultades al tener que ubicar a algunos autores en un extremo o en otro de una divisi\u00f3n tan tajante. La divisi\u00f3n de Ossowska se funda en la separaci\u00f3n de tareas, sin ninguna coordinaci\u00f3n entre las ciencias normativo-valorativas y las ciencias f\u00e1cticas, lo cual, hoy en d\u00ed\u00ada, est\u00e1 en entredicho. Por otra parte, dif\u00ed\u00adcilmente se puede encuadrar -por su car\u00e1cter anal\u00ed\u00adtico- a la meta\u00e9tica dentro de las \u00e9ticas \u00abdescriptivas\u00bb. En la clasificaci\u00f3n de Gr\u00e9goire se hallan presentes algunas inexactitudes. Por ejemplo, la \u00e9tica aristot\u00e9lica dif\u00ed\u00adcilmente puede ser considerada trascendente, dado que el hombre no trasciende su esencia al alcanzar el fin que le es propio como ser racional.<\/p>\n<p>En suma, situar bajo una misma categor\u00ed\u00ada sistemas de moral elaborados en distintas circunstancias hist\u00f3ricas, supone desechar las condiciones en que se gestaron y que, en cierto modo, las explican. Por poner un ejemplo, entre Arist\u00f3teles y santo Tom\u00e1s no s\u00f3lo media el hecho de la fe cristiana, sino tambi\u00e9n un considerable n\u00famero de cambios socioecon\u00f3micos. La sociedad esclavista apenas guarda puntos de contacto con la feudal. Cabe, as\u00ed\u00ad, afirmar que \u00abla moral es hist\u00f3rica justamente porque es un modo de comportarse de un ser -el hombre- que es por naturaleza hist\u00f3rico, es decir, un ser que se caracteriza precisamente por estar haci\u00e9ndose o autoproduci\u00e9ndose constantemente tanto en el plano de su existencia material, pr\u00e1ctica, como en el de su vida espiritual, incluida dentro de \u00e9sta la moral\u00bbzz. Esto no ha de conducirnos, sin embargo, a la adopci\u00f3n de una actitud esc\u00e9ptica y desenga\u00f1ada como fruto de una consideraci\u00f3n de las doctrinas y sistemas de moral que se han sucedido a lo largo de la cultura occidental. De hecho, la grandeza de una doctrina moral puede medirse por los vestigios hist\u00f3ricos que deja. La resignaci\u00f3n del estoico, el intelectualismo aristot\u00e9lico, la afirmaci\u00f3n de Dios como fin del hombre de la moral tomista, la obligatoriedad categ\u00f3rica del deber kantiano, la actitud del hombre ante los valores especificada por los axi\u00f3logos, etc., son estimaciones-que han trascendido las circunstancias hist\u00f3ricas en las que se hicieron y elaboraron. Por otra parte, no puede decirse que exista una teor\u00ed\u00ada \u00e9tica totalmente \u00abfalsa\u00bb. Todas ellas, como afirma Leibniz de la filosof\u00ed\u00ada, constituyen una perspectiva particular, limitada pero leg\u00ed\u00adtima. Podr\u00ed\u00ada incluso admitirse -con Hegel o con Wundt- que toda construcci\u00f3n \u00e9tica constituye o ha constituido una etapa necesaria en la evoluci\u00f3n del pensamiento humano. \u00abM\u00e1s modestamente puede decirse que, as\u00ed\u00ad como la metodolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica se aplica a determinar los principios fundamentales de las ciencias por el estudio hist\u00f3rico de las teor\u00ed\u00adas, antiguas y recientes, las que fracasaron y las que probaron su valor, la reflexi\u00f3n moral debe propender a precisar las tendencias generales del esfuerzo moral humano a trav\u00e9s de los tanteos de los sistemas, sus fracasos y sus \u00e9xitos, su nacimiento y su muerte\u00bb 23<br \/>\nHay, pues, una relaci\u00f3n estrecha entre la \u00e9tica y la realidad humana espacio-temporal. \u00abEsto no significa que la \u00e9tica sea completamente relativista. Lo \u00fanico que significa, porque tal es la realidad, es que la \u00e9tica es relativa. El valor moral es absoluto, pero no est\u00e1tico; es, al contrario, un dinamismo. Por ello, una norma no pierde su valor al cambiar los tiempos; se trasciende, se integra en otro valor, se depura, se enriquece y se transforma en una \u00e9tica m\u00e1s universal y m\u00e1s humana\u00bb 24. En orden a elucidar el sentido de la historia de los sistemas \u00e9ticos, he aludido hasta aqu\u00ed\u00ad a las circunstancias hist\u00f3ricas concretas que influyen en la elaboraci\u00f3n de los sistemas de moral.<\/p>\n<p>Invirtamos ahora los t\u00e9rminos: \u00bfHasta qu\u00e9 punto las doctrinas \u00e9ticas elaboradas por la filosof\u00ed\u00ada a lo largo de la historia han influido en las creencias y los comportamientos \u00e9ticos del hombre medio? \u00bfHan producido aut\u00e9nticos cambios en la moral real, pr\u00e1ctica, o, por el contrario, han quedado siempre encerradas en el abstraccionismo o el formalismo de la torre de marfil de la filosof\u00ed\u00ada? A.J. Ayer en su An\u00e1lisis de los juicios morales parece contestar afirmativamente a esta \u00faltima alternativa de la cuesti\u00f3n: \u00abTodas las teor\u00ed\u00adas morales, en la medida en que son teor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas, \u00bfson neutrales respecto a la conducta efectiva? El problema que se plantea hace referencia a la \u00abfuncionalidad\u00bb pr\u00e1ctica de la filosof\u00ed\u00ada moral. Es evidente que, en los or\u00ed\u00adgenes del pensamiento filos\u00f3fico, encontramos, ante todo, una preocupaci\u00f3n y un sentido eminentemente pr\u00e1ctico: se trata de conocer mejor el mundo en orden a conseguir un mayor dominio sobre el mismo. La influencia de ciertas corrientes \u00abextrafilos\u00f3ficas\u00bb desvirtu\u00f3, incluso en Plat\u00f3n y en gran parte en Arist\u00f3teles, este objetivo de la filosof\u00ed\u00ada, volvi\u00e9ndola hacia la contemplaci\u00f3n y hacia la teor\u00ed\u00ada pura. Con todo, incluso en el caso extremo de Plat\u00f3n, el fil\u00f3sofo pretendi\u00f3 llevar a la realidad el resultado de sus investigaciones contenidas en la Rep\u00fablica. Por otra parte, se ha dicho repetidas veces que un sistema filos\u00f3fico no logra su madurez hasta que no es capaz de formular su teor\u00ed\u00ada \u00e9tica, esto es, su dimensi\u00f3n eminentemente pr\u00e1ctica y encaminada a la acci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Mac Intyre ha visto este problema con singular claridad. De este modo, afirma: \u00abNo es cierto que tengamos primeramente una simple historia de los conceptos morales y despu\u00e9s una historia separada y secundaria de comentarios filos\u00f3ficos, pues el an\u00e1lisis filos\u00f3fico de un concepto, al sugerir que necesita una revisi\u00f3n, o que est\u00e1 desacreditado de alguna manera, o que posee un cierto tipo de prestigio, puede contribuir a menudo a su transformaci\u00f3n. La filosof\u00ed\u00ada deja todo como est\u00e1, a excepci\u00f3n de los conceptos. Y como poseer un concepto implica comportarse o ser capaz de comportarse de determinadas maneras en determinadas circunstancias, alterar conceptos, sea modificando los existentes, creando nuevos o destruyendo los viejos, es alterar la conducta. Por consiguiente, los atenienses que condenaron a muerte a S\u00f3crates, el Parlamento ingl\u00e9s que conden\u00f3 el Leviat\u00e1n de Hobbes en 1666 y los nazis que quemaron libros de filosof\u00ed\u00ada ten\u00ed\u00adan raz\u00f3n al menos en su estimaci\u00f3n de que la filosof\u00ed\u00ada puede ser subversiva para los modos establecidos de conducta. La comprensi\u00f3n del mundo moral y su transformaci\u00f3n est\u00e1n lejos de ser tareas incompatibles\u00bb 25.<\/p>\n<p>Bien es cierto que la investigaci\u00f3n \u00e9tica actual pretende, en gran medida, abstenerse de moralizar. El fen\u00f3meno del \u00abamoralisnio\u00bb, del temor a formular juicios de valor y normas de conducta corre parejo con el fen\u00f3meno que experimenta el hombre de hoy, vac\u00ed\u00ado y necesitado de normas y de valores que sirvan de gu\u00ed\u00ada a su comportamiento. Podr\u00ed\u00adamos aventurar explicaciones de ambos fen\u00f3menos. Apelar\u00ed\u00adamos entonces, en la etiolog\u00ed\u00ada del primero de ellos, a la influencia del positivismo y al descr\u00e9dito justificado de las pr\u00e9dicas morales que se han querido presentar como sustitutos de renovaciones y cambios necesarios a nivel econ\u00f3mico-social. Entre las causas del segundo de los fen\u00f3menos -la poca vigencia pr\u00e1ctica de las teor\u00ed\u00adas \u00e9ticas-, encontrar\u00ed\u00adamos el \u00abasalto a la raz\u00f3n\u00bb -en expresi\u00f3n de Luk\u00e1cs- que se ha operado en los dos \u00faltimos siglos en el campo de la filosof\u00ed\u00ada, y la dispersi\u00f3n y desintegraci\u00f3n de m\u00e9todos y campos de investigaci\u00f3n, sin ninguna conexi\u00f3n entre s\u00ed\u00ad, que han imposibilitado la formulaci\u00f3n de un sistema coherente y ordenado. A ello habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir la influencia de factores de diversos tipos, en cuya descripci\u00f3n no puedo entrar aqu\u00ed\u00ad. No obstante, tras el fen\u00f3meno de la dispersi\u00f3n -necesaria en ciertos momentos para el avance de la ciencia, que exige especializaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n- parece percibirse la aparici\u00f3n de los primeros s\u00ed\u00adntomas de unificaci\u00f3n y sistematizaci\u00f3n. El neopositivismo remite sus conclusiones a la psicolog\u00ed\u00ada y a la sociolog\u00ed\u00ada. La psicolog\u00ed\u00ada necesita cada vez m\u00e1s de los resultados de las investigaciones sociol\u00f3gicas. En suma, los saberes normativos se acercan a los f\u00e1cticos y descriptivos, y \u00e9stos reconocen la imposibilidad de alcanzar una objetividad as\u00e9ptica. El progreso econ\u00f3mico y social se siente estancado mientras los hombres no ajusten sus conductas a normas valoradas y aceptadas por todos. La propia decisi\u00f3n de continuidad de la vida del hombre sobre la tierra, ante los avances en el armamento nuclear, presenta a las grandes potencias de hoy la urgencia de una opci\u00f3n moral. Poco despu\u00e9s del desastre de Hiroshima, E. Mounier dec\u00ed\u00ada que el descubrimiento de la energ\u00ed\u00ada at\u00f3mica y del modo de emplearla para la destrucci\u00f3n acababa de conferir al hombre una grandiosa y terrible libertad, la del suicidio colectivo. En adelante, si la humanidad continuaba viviendo, ya no ser\u00ed\u00ada porque no pod\u00ed\u00ada impedirlo, sino porque lo quer\u00ed\u00ada libremente.<\/p>\n<p>Junto a las aportaciones de la ciencia que sirvan de base a la reflexi\u00f3n filos\u00f3fico-moral, la historia -magistra vitae- tiene a\u00fan mucho que ense\u00f1arnos. En nuestro caso, la historia de la \u00e9tica no es, aunque algunos lo pretendan, una colecci\u00f3n de piezas de museo que los eruditos desempolvan de vez en cuando con un af\u00e1n exclusivamente especulativo. Como se afirmaba en el famoso epigrama de Santayana, \u00abquien no conoce la historia de la filosof\u00ed\u00ada est\u00e1 condenado a repetirla\u00bb. \u00abNo podemos, pues, librarnos por completo de considerar a los moralistas y fil\u00f3sofos del pasado en funci\u00f3n de nuestras actuales distinciones. Dedicarse a escribir la historia de la \u00e9tica obliga a seleccionar del pasado lo que cae bajo la denominaci\u00f3n de \u00e9tica tal como ahora la concebimos. Pero es importante que permitamos, en la medida de lo posible, que la historia de la filosof\u00ed\u00ada derribe nuestros preconceptos actuales con el fin de que nuestros puntos de vista demasiado estrechos acerca de lo que puede y no puede ser pensado, dicho y realizado sean descartados en vista del testimonio de lo que ha sido pensado, dicho y realizado. Tenemos que evitar el peligro de una afici\u00f3n est\u00e9ril a las antig\u00fcedades, que supone la ilusi\u00f3n de poder acercarse al pasado sin preconceptos, y ese otro peligro, tan visible en historiadores fil\u00f3sofos como Arist\u00f3teles y Hegel, de creer que todo el sentido del pasado consiste en que debe culminar con nosotros. La historia no es una prisi\u00f3n ni un museo, ni tampoco un conjunto de materiales para la autocongratulaci\u00f3n\u00bb 26.<\/p>\n<p>Crane Brinton, en las primeras p\u00e1ginas de su Historia de la moral occidental, hace la siguiente afirmaci\u00f3n: \u00abPodemos ponernos al d\u00ed\u00ada corrigiendo el viejo dicho filos\u00f3fico de modo que diga `nada hay en el intelecto que antes no haya estado en las gl\u00e1ndulas endocrinas&#8217;; pero en el intelecto est\u00e1, ello no obstante, la herencia moral de nuestra especie, los desconcertantes, fascinantes e ineludibles actos justos e injustos de nuestro pasado&#8230; y nuestro presente\u00bb 27.<\/p>\n<p>NOTAS: I E. GARCIA MAYNEZ, Etica, Porr\u00faa, M\u00e9xico 1969,31 &#8211; zlb,34-35 &#8211; 3lb,37 &#8211; 4lb, 45 &#8211; 5 lb, 47 &#8211; 6 J. LECLERCQ, Las grandes l\u00ed\u00adneas de la filosof\u00ed\u00ada moral, Gredos, Madrid 1956, 4950 &#8211; 7 lb, 82 &#8211; s Recogido en ib, 92 &#8211; 9 lb, 139 &#8211; I0 lb, 147 &#8211; 11 lb, 149 &#8211; I2 lb, 178-179 &#8211; 13 F. GREGOIRE, Las grandes doctrinas morales, Compa\u00f1\u00ed\u00ada General Fabril Editora, Buenos Aires 1962, 27-28 &#8211; I4lb, 32 &#8211; 15lb, 39 &#8211; I6lb, 141 &#8211; 17 N. ABBAGNANO Diccionario de filosofa (voz Etica), FCE, M\u00e9xico 1963, 466-470 &#8211; 1 s lb, 468 &#8211; 1916, 469 &#8211; 2a lb, 472 &#8211; 21 M? GSSOW SKA, Social Determinants of Moral Ideas, Routledge and Kegan Paul, Londres 1971, 5-26 (trad. cast., Para una sociolog\u00ed\u00ada de la moral, Verbo Divino, Estella 1974) &#8211; u A. S\u00ed\u0081NCHEZ V\u00ed\u0081ZQUEZ, Etica, Grijalbo, M\u00e9xico 1969, 27 &#8211; 2jF. GREGOIRE, o.c., 22-23 &#8211; 2\u00c2\u00b0J.R. SANABRIA, Etica, Porr\u00faa, M\u00e9xico 1971, 121 &#8211; zs A. MACINTYRE, Historia de la \u00e9tica, Paid\u00f3s, Buenos Aires 1970, 12-13 &#8211; 26Ib, 13-14 -21 C. BRINTON, Historia de la moral occidental, Losada, Buenos Aires 1971, 14.<br \/>\nBIBL.: Como textos fundamentales de \u00e9tica, aunque en una selecci\u00f3n necesariamente subjetiva, cabe se\u00f1alar: O 1. Etica antigua: PLAT\u00ed\u201cN, Apolog\u00ed\u00ada de S\u00f3crates, Rep\u00fablica, Leyes, Gorgias, Filebo; ARIST\u00ed\u201cTELES, Etica a Nic\u00f3maco, Pol\u00ed\u00adtica; TITo LuCRECIO CARO, De la naturaleza de las cosas; SENEcA, Di\u00e1logos; EPICURO, Carta a Meneceo; EPICTETO Enquiridion; MARco AuRELIO, Soliloquios. O 2. Etica medieval: SAN AGUSTIN Confesiones, La ciudad de Dios; SANTO Tom\u00ed\u0081s, Suma Teol\u00f3gica. O 3. Etica moderna: MAQUIAVELO, El pr\u00ed\u00adncipe; DESCARTES, Tratado de las pasiones; SPINOZA, Etica; HOBRES, Leviat\u00e1n; HUME, Tratado de la naturaleza humana, Ensayos de moral y pol\u00ed\u00adtica; D&#8217;ALEMBERT, Discurso preliminar de la enciclopedia; HELVECIO, Del hombre; ROUSSEAU, El contrato social, Emilio; KANT, Fundamentaci\u00f3n de la metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres, Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica; BENTHAM, Introducci\u00f3n a los principios de la moral y de la legislaci\u00f3n; HEGEL, Enciclopedia de las ciencias filos\u00f3ficas, Filosofa de la historia, Filosof\u00ed\u00ada del derecho. 17 4. Etica contempor\u00e1nea: KIERXEGAARD Lo uno o lo otro, Estadios en el camino de la vida; STIERNER, El \u00danico y su propiedad; NIETZSCHE, La genealog\u00ed\u00ada de la moral; MARX, Manuscritos econ\u00f3mico-filos\u00f3ficos, El capital; MARX y ENGELS, La Sagrada familia, La ideolog\u00ed\u00ada alemana; ENGELS Anti-D\u00fchring; STUART MILL, El utilitarismo, JAMES, Pragmatismo; BERGSON, Las dos fuentes de la moral y la religi\u00f3n; SCHELER, Etica formal y \u00e9tica material de los valores; HARTMANN, Etica; SARTRE, El ser y la nada; DE BEAUVOIR Para una moral de la ambig\u00fcedad; FROMM, Etica y psicoan\u00e1lisis; AYER, lenguaje, verdad y l\u00f3gica; STEVENSON, Etica y lenguaje; MOORE, Principia ethica; HARE, El lenguaje de la moral; NOWELL-SMITH, Etica. 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L\u00f3pez Castell\u00f3n<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL SUMARIO I. Diferentes divisiones: 1. Etica emp\u00ed\u00adrica, \u00e9tica de bienes \u00e9tica formal y \u00e9tica valorativa: a) Etica emp\u00ed\u00adrica, b) Etica de bienes, c) Etica formal, d) Etica valorativa; 2. Eticas emp\u00ed\u00adricas y \u00e9ticas racionales: a) Morales emp\u00ed\u00adricas, b) Morales racionales; 3. Morales del trascendente, morales naturalistas y morales activistas: a) Morales del trascendente, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-sistemas-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abETICA (SISTEMAS DE)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17300","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17300","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17300"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17300\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17300"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17300"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17300"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}