{"id":18822,"date":"2016-02-05T12:05:23","date_gmt":"2016-02-05T17:05:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/desmitizacion\/"},"modified":"2016-02-05T12:05:23","modified_gmt":"2016-02-05T17:05:23","slug":"desmitizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/desmitizacion\/","title":{"rendered":"DESMITIZACION"},"content":{"rendered":"<p>\/Dios \/Hermen\u00e9utica IX \/Mito II, 2c<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. El problema<br \/>\nBultmann no es el primero que ha afirmado la existencia de mitos en el NT. Sin embargo, es \u00e9l quien ha centrado el problema teol\u00f3gico y exeg\u00e9tico sobre la idea de una necesaria d. Y precisamente en funci\u00f3n de su propio proyecto, el problema de la d. preocupa a numerosos te\u00f3logos y exegetas contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>La idea de la necesidad de cierta d. hab\u00ed\u00ada aparecido en diversas ocasiones dentro de las primeras obras de Bultmann. Sin embargo, el a\u00f1o 1941 \u00e9l volvi\u00f3 sobre la misma idea ofreciendo una exposici\u00f3n de conjunto bajo el t\u00ed\u00adtulo de Nuevo Testamento y Mitolog\u00ed\u00ada. Esta conferencia program\u00e1tica estaba llamada a tener considerable resonancia. Las discusiones que suscit\u00f3 no han terminado todav\u00ed\u00ada. El problema de la d. sigue siendo un problema de la mayor actualidad.<\/p>\n<p>La idea fundamental de Bultmann es la del abismo que separa a nuestro mundo del mundo en que se concibi\u00f3 y expres\u00f3 el NT. La \u00abimagen del mundo\u00bb a que se refiere el NT es una imagen m\u00ed\u00adtica, mientras que aquella a que nos referimos nosotros, expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente, es una imagen cient\u00ed\u00adfica. Seg\u00fan \u00e9l, \u00bb es m\u00ed\u00adtico el modo de representaci\u00f3n en que lo que no es de este mundo, lo divino, aparece como si fuera del mundo, como humano, en que el m\u00e1s all\u00e1 aparece como algo de aqu\u00ed\u00ad abajo, y la trascendencia de Dios se concibe en forma de alejamiento espacial; es mito todo modo de representaci\u00f3n seg\u00fan el cual el culto se concibe como una acci\u00f3n que con medios materiales comunica fuerzas inmateriales\u00bb. El pensamiento moderno, en cambio, marcado irreversiblemente por la ciencia, se caracteriza por el principio de inmanencia, seg\u00fan el cual la raz\u00f3n de los fen\u00f3menos no se debe buscar sino en los fen\u00f3menos mismos, sin que pueda haber la menor fisura en su desarrollo.<\/p>\n<p>A Bultmann le parece evidente que la imagen del mundo en el NT es m\u00ed\u00adtica. Ella evoca un universo estructurado en tres planos (cielo, tierra, infierno), que por otra parte est\u00e1n en comunicaci\u00f3n entre s\u00ed\u00ad, siendo la tierra de los hombres el teatro de influencias supra o infraterrestres, mucho m\u00e1s que una tierra elaborada por la decisi\u00f3n y el trabajo de sus habitantes. Es tambi\u00e9n m\u00ed\u00adtica la historia del mundo que presenta a \u00e9ste bajo el poder de Sat\u00e1n, del pecado, de la muerte, y como si anduviera hacia su fin pr\u00f3ximo en una cat\u00e1strofe universal, a trav\u00e9s de \u00absufrimientos\u00bb extraordinarios, a los que finalmente pondr\u00e1 t\u00e9rmino la venida del juez celestial, trayendo la salvaci\u00f3n o la condenaci\u00f3n. A la imagen m\u00ed\u00adtica del mundo corresponde seg\u00fan Bultmann una representaci\u00f3n m\u00ed\u00adtica del evento salvador, \u00abque constituye el contenido propio del mensaje neotestamentario\u00bb, es decir, la venida a la tierra del Hijo preexistente de Dios, que con su muerte opera la expiaci\u00f3n de los pecados, resucita, es elevado al cielo a la diestra de Dios&#8230;; y esta obra salv\u00ed\u00adfica es hecha presente para los hombres en forma igualmente m\u00ed\u00adtica a trav\u00e9s de los sacramentos.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, seg\u00fan Bultmann, la d. debe ser radical. No puede consistir \u00fanicamente en una operaci\u00f3n de cribado, en la que se desechen unos elementos y se conserven otros. Debe extenderse hasta el centro mismo del mensaje neotestamentario. M\u00e1s a\u00fan, en \u00e9ste se impone con mayor urgencia, puesto que precisamente al centro y coraz\u00f3n del NT es adonde nos importa llegar para apropiarnos su fuerza.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, para Bultmann la exigencia de d. no surge solamente de la necesidad de adaptarse a las exigencias del esp\u00ed\u00adritu moderno. \u00abM\u00e1s bien, dice, hay que preguntar sencillamente si el mensaje neotestamentario en verdad no es otra cosa que mitolog\u00ed\u00ada o, por el contrario, precisamente el intento de comprenderlo en su aut\u00e9ntica intenci\u00f3n que conduce a la eliminaci\u00f3n del mito.\u00bb En efecto, concluye Bultmann, el NT se propone algo muy distinto de la transmisi\u00f3n de aquella imagen m\u00ed\u00adtica del mundo, que \u00e9l tiene en com\u00fan con los otros documentos de la \u00e9poca. Trata de comunicarnos, no una imagen del mundo, sino una palabra viva de salvaci\u00f3n; una palabra, por tanto, que primero debe o\u00ed\u00adrse realmente, para que luego pueda transformar efectivamente nuestra existencia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, el pensamiento de la d. en Bultmann no constituye sino el aspecto negativo de una empresa que quiere ser esencialmente positiva y que est\u00e1 presidida por la preocupaci\u00f3n de la mayor fidelidad posible al NT mismo. Este aspecto positivo queda expresado sobre el intento de la interpretaci\u00f3n existencial. \u00bfPero c\u00f3mo hemos de injuiciar el problema de la d. en general?<br \/>\nII. Aspectos inaceptables de la desmitizaci\u00f3n en Bultmann<br \/>\nPor diferentes razones no nos es posible aceptar el programa de la d., tal como lo formula Bultmann.<\/p>\n<p>Ante todo, parte de simplificaciones abusivas. Est\u00e1n en primer lugar las del recuento de datos que se suponen m\u00ed\u00adticos en el NT.<\/p>\n<p>K. Barth, en el op\u00fasculo que ha consagrado a Bultmann (Bultmann, ein Versuch, ihn xu verstehen, p. 27), pregunta qu\u00e9 sentido pueda tener el medir, como lo hace Bultmann en forma \u00abcaricaturesca\u00bb, elementos tan diversos con una misma vara, embuti\u00e9ndolos todos en la categor\u00ed\u00ada del \u00abmito\u00bb. P. ej., la doctrina neotestamentaria de los sacramentos \u00bfderiva del mismo estilo de pensar, plantea los mismos problemas que la representaci\u00f3n del mundo en tres planos? \u00bfY es acaso tan desconcertante ver expresada la trascendencia en forma espacial? Nosotros, que no podemos ya entrar en el universo m\u00ed\u00adtico, \u00bflogramos eliminar todo vestigio espacial en nuestro pensamiento? Y nuestra imagen del mundo \u00bfvuelve a hacerse m\u00ed\u00adtica cuando hablamos de la \u00abelevaci\u00f3n\u00bb de un pensamiento, de una vida, de un testimonio&#8230;?<br \/>\nAsimismo la oposici\u00f3n radical que Bultmann establece, o pretende descubrir, entre la imagen del mundo de las primeras generaciones cristianas y la nuestra, se debe con toda evidencia a una simplificaci\u00f3n pre\u00f1ada de consecuencias. L\u00e9vy-Br\u00fchl y su escuela hab\u00ed\u00adan cre\u00ed\u00addo poder establecer una diferencia fundamental entre la mentalidad \u00abprel\u00f3gica\u00bb de los pueblos primitivos y la mentalidad l\u00f3gica de las sociedades civilizadas. Pero el mismo L\u00e9vy-Br\u00fchl hubo de reconocer al fin de su vida que aquella oposici\u00f3n era una falacia. En todo caso parece dif\u00ed\u00adcil admitir una real discontinuidad entre la forma de pensar y de ver el mundo que ten\u00ed\u00adan las generaciones apost\u00f3licas y la que nosotros tenemos en la actualidad. La t\u00e9cnica de hace dos mil a\u00f1os estaba ciertamente muy lejos de la que informa nuestras vidas de hombres del siglo xx. Sin embargo, nuestro mundo t\u00e9cnico se hallaba ya prefigurado en los primeros utensilios. Los pescadores de Tiber\u00ed\u00adades y los mercaderes del templo no ten\u00ed\u00adan una relaci\u00f3n meramente m\u00ed\u00adtica con el mundo. E inversamente, las relaciones que el hombre moderno mantiene con el mismo mundo, no son \u00fanicamente de orden cient\u00ed\u00adfico y t\u00e9cnico. No hay m\u00e1s que evocar el universo del arte o de la poes\u00ed\u00ada. La -> psicolog\u00ed\u00ada profunda manifiesta tambi\u00e9n la funci\u00f3n permanente de los mitos, cuyo hondo sentido exploran por otra parte cada vez m\u00e1s los etn\u00f3logos. Desde este punto de vista en Bultmann habla un racionalismo estrecho, ampliamente superado ya en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Bultmann subraya el poder significativo de los mitos. Su sentido, puntualiza, no consiste tanto en dar una \u00abimagen del mundo\u00bb, cuanto en expresar \u00abla manera c\u00f3mo el hombre se comprende en su mundo\u00bb. Sin embargo, a las representaciones m\u00ed\u00adticas s\u00f3lo les reconoce un significado universal. Y as\u00ed\u00ad los datos del NT, que \u00e9l considera como \u00abm\u00ed\u00adticos\u00bb, no le revelar\u00e1n otra cosa que la \u00abimportancia\u00bb de aquello de que nos habla el texto: el hecho de Cristo. Al abismo, que \u00e9l establece entre el mundo del NT y el nuestro, responde otro abismo no menos profundo entre el significado (no m\u00ed\u00adtico) de los datos b\u00ed\u00adblicos y el modo (m\u00ed\u00adtico) de expresi\u00f3n bajo el cual se nos presentan estos datos.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 prudente preguntar si el principio de estos abismos no se da en la situaci\u00f3n confesional de quien formula el proyecto de d.? Ese abismo que Bultmann cree poder constatar entre el mundo del NT y el nuestro \u00bfno fue abierto originariamente por un movimiento que consisti\u00f3 tambi\u00e9n en romper con la realidad hist\u00f3rica de la Iglesia y con la continuidad de su tradici\u00f3n? \u00bfY no es esta \u00ababstracci\u00f3n\u00bb del mundo y de la historia lo que se halla en la ruptura establecida entre las representaciones concretas y su significado, entre los pretendidos mitos y un &#8211;> kerygma que acaba por perder su contenido?<br \/>\nLa debilidad de Bultmann en su planteamiento del problema de la d. viene en definitiva de que \u00e9l no extiende la cr\u00ed\u00adtica hasta la situaci\u00f3n a partir de la cual emprende su investigaci\u00f3n y saca sus conclusiones. Sin duda rechaza la idea de hacer del hombre moderno la medida de todas las cosas. Sin embargo, a partir de \u00e9l o, m\u00e1s exactamente, de sus ilusiones racionalistas, define y critica el mundo de pensamiento llamado m\u00ed\u00adtico, en el que se mueven los hombres del NT. Bultmann no ha sabido sacar partido de aquella cr\u00ed\u00adtica de lo \u00abmoderno\u00bb que inici\u00f3 concretamente Nietzsche y que sigue desarroll\u00e1ndose en una rama de la filosof\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea. Desde este punto de vista, \u00e9l no ha hecho fruct\u00ed\u00adfera la ense\u00f1anza de M. Heidegger, al que, por lo dem\u00e1s, invoca tan resueltamente. Para Heidegger, la era moderna se caracteriza precisamente por el hecho de que ella ve el mundo condicionado siempre a la \u00e9poca. As\u00ed\u00ad, pues, hablar de \u00abimagen m\u00ed\u00adtica\u00bb del mundo ser\u00ed\u00ada partir de una inteligencia radicalmente falsa del mito. Ser\u00ed\u00ada, por lo menos, considerarlo desde el exterior y convertir la perspectiva muy estrecha del hombre moderno en punto de vista absoluto.<\/p>\n<p>III. Desmitizaci\u00f3n y teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica<br \/>\nEl problema de la d., si bien est\u00e1 ligado en parte con la situaci\u00f3n confesional de quien lo estudi\u00f3 tan a fondo, no puede menos de interesar tambi\u00e9n en ciertos aspectos a la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica. i;sta puede hacer suya la preocupaci\u00f3n de Bultmann s\u00f3lo en la medida en que se orienta a expresar lo m\u00e1s adecuadamente posible y de la manera m\u00e1s perfecta los datos de la fe contenidos en la Escritura. Desde este punto de vista se puede decir que toda teolog\u00ed\u00ada realiza lo que hay de aut\u00e9ntico en el proyecto de Bultmann.<\/p>\n<p>Sin embargo, el t\u00e9rmino d, no es apropiado para designar este quehacer. Podr\u00ed\u00ada en efecto hacer pensar que el NT nos pone en presencia de mitos propiamente tales, siendo as\u00ed\u00ad que los rechaza formalmente (cf. 1 Tim 1, 4; 4, 7; 2 Tim 4, 4&#8230; ) y da testimonio de una historia real. En virtud de esta vinculaci\u00f3n esencial a la historia, que es propio no s\u00f3lo del NT sino tambi\u00e9n del AT, se debe caracterizar la revelaci\u00f3n como proceso de d. (como lo hace G. VON RAD, Theologie des A.T., 2 tomos, Mn 21962-1965). Lo que a lo sumo se puede hallar en los escritos b\u00ed\u00adblicos son elementos representativos procedentes de mitos, los cuales, sin embargo, est\u00e1n asumidos en un nuevo contexto y en una nueva significaci\u00f3n. El intento de reducir el problema hermen\u00e9utico (&#8211;> hermen\u00e9utica, -> hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica), a la cuesti\u00f3n de la d., ser\u00ed\u00ada rebajarlo a un quehacer relativamente superficial. La b\u00fasqueda y la determinaci\u00f3n del sentido de la Escritura, que han atra\u00ed\u00addo el trabajo de generaciones y generaciones, constituyen un programa mucho m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>\u00bfQuiere esto decir que el problema suscitado por Bultmann no se relaciona con ninguna dificultad particular y que los tiempos modernos, de los que \u00e9l se hace eco, no han planteado ninguna dificultad nueva a nuestra inteligencia creyente del AT y del NT? Ser\u00ed\u00ada absurdo querer sostener que el sentido cr\u00ed\u00adtico no se haya desarrollado considerablemente desde hace 2000 a\u00f1os, y que la relaci\u00f3n de los hombres del siglo xx con la Biblia siga siendo espont\u00e1neamente la misma que la de los padres de la Iglesia o de los te\u00f3logos medievales. Que puede producirse cierta tensi\u00f3n entre las afirmaciones tradicionales de la fe y el trabajo propio de la cr\u00ed\u00adtica, lo muestra p. ej. la crisis modernista a comienzos de nuestro siglo. Todav\u00ed\u00ada en nuestros d\u00ed\u00adas se han subrayado m\u00e1s de una vez las dificultades con que se tropieza para armonizar perfectamente la evoluci\u00f3n de la dogm\u00e1tica con los descubrimientos de la ex\u00e9gesis. Esto quiere decir que se nos impone un esfuerzo, con frecuencia dif\u00ed\u00adcil, para poner en consonancia nuestras exigencias cr\u00ed\u00adticas de hombres modernos y nuestra inteligencia de la fe, que, sin embargo, hemos de conservar en su continuidad con la generaci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Ren\u00e9 Marl\u00e9<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\/Dios \/Hermen\u00e9utica IX \/Mito II, 2c Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica I. El problema Bultmann no es el primero que ha afirmado la existencia de mitos en el NT. 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