{"id":18826,"date":"2016-02-05T12:05:31","date_gmt":"2016-02-05T17:05:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/exodo-libro-del\/"},"modified":"2016-02-05T12:05:31","modified_gmt":"2016-02-05T17:05:31","slug":"exodo-libro-del","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/exodo-libro-del\/","title":{"rendered":"EXODO (LIBRO DEL)"},"content":{"rendered":"<p>Ex 1-40<br \/>\nSumario: 1. Exodo y fe. II. Exodo e historia: 1. Cuatro escenas; 2. \u00bfHistoria o mito? III. Exodo y literatura:<br \/>\n1. El lamento nacional de Israel (cc. 1-4); 2. La epopeya de la liberaci\u00f3n (cc. 5-15); 3. La crisis del desierto<br \/>\n(cc. 16-18); 4. La primera alianza en el Sina\u00ed\u00ad (cc. 19-24); 5. La segunda alianza en el Sina\u00ed\u00ad (cc. 32-34); 6.<br \/>\nLas dos leyes lit\u00fargicas (cc. 25-31; 35-40). IV. Exodo y teolog\u00ed\u00ada: 1. Mois\u00e9s: la teolog\u00ed\u00ada del nombre divino;<br \/>\n2. Pascua y libertad; 3. El desierto y la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d; 4. El hilo conductor del \u00e9xodo. V. Exodo y Biblia: 1. La<br \/>\nrelectura veterotesta-mentaria; 2. La relectura neotestamentaria.<br \/>\n106.1<br \/>\n1. EXODO Y FE.<br \/>\nM. Noth, aislando en la Biblia el estribillo teol\u00f3gico constante Yhwh nos sac\u00f3 de Egipto, lo ha definido como \u2020\u0153la confesi\u00f3n de fe original de Israel\u2020\u009d. El mismo \u2020\u0153credo\u2020\u009d hist\u00f3rico que encontramos registrado en Dt 26,5-9 en el marco de la fiesta de las primicias, en Jos 24,1-13 en el marco de la renovaci\u00f3n de la alianza en Siqu\u00e9n, en Ps 136 en el marco lit\u00fargico del Gran Hallel, no hace m\u00e1s que remachar esta primac\u00ed\u00ada del \u00e9xodo en la estructura de la Hellsgeschich\u00ed\u00ade -his-t\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica- de la fe b\u00ed\u00adblica. \u2020\u0153Cada una de las generaciones tiene que considerarse a s\u00ed\u00ad misma como salida del \u00e9xodo\u2020\u009d: esta afirmaci\u00f3n del tratado talm\u00fadico sobre la pascua (Pesahim 10,5) es la perspectiva m\u00e1s correcta que hay que adoptar en la lectura de Sem\u00f3\u00ed\u00ad (= los \u2020\u0153Nombres\u2020\u009d), que es como titulan los hebreos -seg\u00fan la primera palabra- el volumen que tiene como contenido central el \u00e9xodo, y que la versi\u00f3n griega de los LXX y la tradici\u00f3n cristiana han titulado precisamente de este modo: libro del Exodo (= Ex). El acontecimiento decisivo de la liberaci\u00f3n de la esclavitud fara\u00f3nica es como la ra\u00ed\u00adz siempre viva de donde nace el \u00e1rbol ramificado de la historia de la salvaci\u00f3n. No es solamente la memoria de un hecho generador en la historia socio-pol\u00ed\u00adtica de Israel; es sobre todo un acontecimiento que puede renovarse siempre que Israel es esclavo, n\u00f3mada, peregrino desterrado, mientras que Dios hace brillar de nuevo en su horizonte el don de la libertad.<br \/>\nLa historia del \u00e9xodo que se narra en este libro no es, por consiguiente, ni una cr\u00f3nica apoyada en unos documentos ni una investigaci\u00f3n as\u00e9ptica de archivo de glorias nacionales. La determinaci\u00f3n de la naturaleza exacta de los acontecimientos, la extensi\u00f3n cronol\u00f3gica, la secuencia de los hechos, aunque necesarias, son siempre secundarias respecto a la profunda densidad \u2020\u0153prof\u00e9tica\u2020\u009d que el libro intenta identificar y manifestar bajo la superficie fenom\u00e9nica del dato hist\u00f3rico. Por esto Ex es una obra hist\u00f3rica y teol\u00f3gica; es una llamada a la memoria, pero tambi\u00e9n y sobre todo a la fe; es un texto del pasado, pero tambi\u00e9n un mensaje siempre vivo de la acci\u00f3n de Dios en la trama de la historia.<br \/>\n1062.<br \/>\nII. EXODO ? HISTORIA.<br \/>\nLa cualidad teol\u00f3gica y permanente de Ex va ligada, por consiguiente, a una referencia hist\u00f3rica concreta. La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica no es nunca una colecci\u00f3n de teoremas teol\u00f3gicos abstractos, sino una palabra hecha historia. La historia es \u2020\u0153apocalipsis\u2020\u009d, es decir, revelaci\u00f3n, de Dios y de su salvaci\u00f3n. La historia del \u00e9xodo llega hasta nosotros a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n narrativa de las tradiciones J, E, ? y de otras menores que est\u00e1n presentes aqu\u00ed\u00ad, fundidas redaccionalmen-te en un relato unitario [1 Pentateuco II-y], que revela todav\u00ed\u00ada sus diferencias y sus fatigosas suturas. Para ordenar los datos hist\u00f3ricos fundamentales que constituyen la trama del acontecimiento y de su narraci\u00f3n podemos recurrir a una simplificaci\u00f3n en cuatro escenas.<br \/>\n1. Cuatro escenas.<br \/>\nLa primera escena sirve de pr\u00f3logo general; debe buscarse en la historia de Jos\u00e9 (Gn 37-50). En Ex 1,8 se lee: \u2020\u0153Surgi\u00f3 en Egipto un nuevo rey que no hab\u00ed\u00ada conocido a Jos\u00e9\u2020\u009d. Desgraciadamente, como se dijo en \/ G\u00e9nesis III, el texto sobre Jos\u00e9 se muestra menos atento a la historia y m\u00e1s interesado en el valor \u2020\u0153sapiencial\u2020\u009d del protagonista y de sus peripecias. Por esta cualidad y libertad del escrito resulta dif\u00ed\u00adcil definir exactamente el acontecimiento que est\u00e1 en la base de la emigraci\u00f3n hebrea a Egipto. Muchos; como A. Alt (1939, pero luego cambi\u00f3 de opini\u00f3n), pensaron en la oleada de los hicsos (siglo xvin a.C), un conglomerado \u00e9tnico con base sem\u00ed\u00adtica, pero con fuertes contingentes indoeuropeos, que desde Mesopotamia septentrional se traslad\u00f3 a Egipto minando el poder fara\u00f3nico hasta lograr sustituirlo. J. Vergote (Jopseh en Egypte, Lovaina 1959) vislumbr\u00f3 en el trasfondo de la historia de Jos\u00e9 el eco de la XIX dinast\u00ed\u00ada egipcia (siglos xiv-xm), es decir, en los umbrales del mismo \u00e9xodo. Otros proponen soluciones m\u00e1s complejas. Nosotros nos contentamos con asumir como punto de partida este dato: en una \u00e9poca que va desde el siglo XIV en adelante se hab\u00ed\u00ada establecido en la \u2020\u0153tierra de Gosen\u2020\u009d un n\u00facleo tribal hebreo; era una zona territorial situada a lo largo de la frontera oriental del imperio egipcio, una zona apropiada para el pastoreo.<br \/>\nLa segunda escena nos presenta a un pueblo en esclavitud: \u2020\u0153Pusieron al frente de ellos capataces que los oprimiesen con trabajos forzados en la edificaci\u00f3n de Pit\u00f3n y Rameses, ciudades almacenes del fara\u00f3n\u2020\u009d Ex 1,11). Por eso, seg\u00fan la Biblia, tras una gesti\u00f3n m\u00e1s bien tolerante del poder lleg\u00f3, con un cambio din\u00e1stico, un gobierno m\u00e1s riguroso y nacionalista, deseoso de normalizar la situaci\u00f3n en los l\u00ed\u00admites del imperio. En la historia de Egipto sabemos que esto se llev\u00f3 a cabo con la XIX dinast\u00ed\u00ada, que se abre con Sethi 1 en el 1306. La misma narraci\u00f3n del \u00e9xodo que hemos citado nos ofrece en este sentido un dato significativo. Las ciudades almac\u00e9n en cuya construcci\u00f3n tienen que colaborar los hebreos son Pit\u00f3n (casa del dios At\u00f3n\u2020\u2122) y Ram-ses (,Avaris?). Es bien sabida el ansia de \u2020\u0153grandeur\u2020\u009d del fara\u00f3n Ram-s\u00e9s II, cuyo largo reinado se extendi\u00f3 durante todo el siglo xin (1290-1 224); tambi\u00e9n es sabido que reconstruy\u00f3 la ciudad de Avaris, antigua capital de los hicsos, como centro estrat\u00e9gico para el control de la frontera oriental.<br \/>\nLa tercera escena hist\u00f3rica est\u00e1 l\u00f3gicamente ocupada por el \u00e9xodo propiamente dicho. La valoraci\u00f3n de los datos b\u00ed\u00adblicos ha convencido ya hace tiempo a los exegetas de que en la documentaci\u00f3n literaria del Ex tenemos el testimonio de dos \u00e9xodos distintos y uniformados. El \u00e9xodo \u2020\u0153cl\u00e1sico tuvo lugar quiz\u00e1 en el siglo xm, y fue una huida. Rams\u00e9s II fue el fara\u00f3n de la opresi\u00f3n, y su hijo Mer-nephtah el fara\u00f3n de la huida. En la estela de este \u00faltimo, encontrada en el 1895 en Tebas, se cita por primera vez en la historia el nombre de Israel: \u2020\u0153Devastado qued\u00f3 Israel, sin descendencia alguna. En el elogioso estilo cortesano, el fara\u00f3n se atribuye en esta estela incluso otras victorias anteriores a su reinado y reduce el \u00e9xodo-huida a un triunfo suyo. Pero algunos datos de la narraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica hacen sospechar otro \u00e9xodo m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de fechar, quiz\u00e1 anterior; en este caso fue una expulsi\u00f3n de Israel del territorio egipcio. Este \u00e9xodo, en vez de seguir la desviaci\u00f3n por la pen\u00ed\u00adnsula del Sina\u00ed\u00ad -l\u00f3gica para el \u00e9xodo-huida-, debi\u00f3 seguir el camino normal y m\u00e1s breve de la costa mediterr\u00e1nea (la \u2020\u0153via maris\u2020\u009d), que resultaba imposible para el grupo del \u00e9xodo- huida, ya que estaba vigilada por numerosos fortines militares egipcios.<br \/>\n1063<br \/>\nLa cuarta escena se refiere al Sina\u00ed\u00ad y a los sucesos relacionados con \u00e9l. Es curioso observar c\u00f3mo el Sina\u00ed\u00ad est\u00e1 ausente del \u2020\u0153credo\u2020\u009d oficial de Israel ya citado (Dt 26,5-9; Jos 24,1-13) (\/supra, 1]. Como ha propuesto G. Fohrer, estamos en presencia de una tradici\u00f3n antigua totalmente aut\u00f3noma, que s\u00f3lo m\u00e1s tarde entr\u00f3 en la estructura narrativa y teol\u00f3gica del Pentateuco. Lo cierto es que el paso por el Sina\u00ed\u00ad, como se ha dicho, fue una opci\u00f3n obligada para los miembros del \u00e9xodo-huida, quiz\u00e1 a trav\u00e9s de los senderos trazados por los mineros egipcios que se dirig\u00ed\u00adan a la pen\u00ed\u00adnsula en busca de \u00f3nice, turquesas y otras piedras nobles usadas en la construcci\u00f3n y en la escultura fara\u00f3nicas.<br \/>\n1064<br \/>\n2. \u00bfHistoria o mito?<br \/>\nA pesar de la evidente hermen\u00e9utica teol\u00f3gica a que est\u00e1n sometidos los acontecimientos, a pesar de la compleja operaci\u00f3n de combinaci\u00f3n de las diversas tradiciones y a pesar del aire \u00e9pico que respira todo el relato, la mayor\u00ed\u00ada absoluta de las modernas escuelas his-toriogr\u00e1f\u00ed\u00adcas sostienen la historicidad sustancial del n\u00facleo de los sucesos referidos en el Ex. En efecto, el \u00e9xodo es tambi\u00e9n y sobre todo el reconocimiento de un estado de vergonzosa esclavitud por parte de un pueblo siempre orgulloso y nacionalista. J. Bright comenta: \u2020\u0153No se trata ciertamente del g\u00e9nero de tradiciones que se inventar\u00ed\u00ada f\u00e1cilmente cualquier pueblo. No se trata de la epopeya heroica de las emigraciones, sino del recuerdo de una vergonzosa esclavitud de la que solamente la mano de Dios concedi\u00f3 la liberaci\u00f3n\u2020\u2122. Tampoco debe impresionarnos el silencio de las fuentes documentales egipcias, si se tiene en cuenta el car\u00e1cter limitado del suceso y el nacionalismo fara\u00f3nico, sobre todo en el siglo XIH a.C. Por otra parte, en confirmaci\u00f3n de esta experiencia hist\u00f3rica quedan algunos nombres egipcios, incluso en el \u00e1mbito del sacerdocio israelita, como Jofn\u00ed\u00ad y Fine\u00e9s (Pm-has), hijos de Eh (IS 2,34), y como sugiere el nombre mismo del gran gu\u00ed\u00ada del \u00e9xodo, \/ Mois\u00e9s: explicado popularmente en Ex 2,10 como \u2020\u0153yo lo salv\u00e9 de las aguas\u2020\u2122, es realmente el sufijo mose que se a\u00f1ad\u00ed\u00ada a los nombres teof\u00f3ricos (Ah-mose, Tut-mose, Ra-mese) y significaba \u2020\u0153hijo\u2020\u009d.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, hay un dato seguro: este episodio de contornos oscuros, que quiz\u00e1 tan s\u00f3lo vivieron algunas tribus de Israel y que luego se aplic\u00f3 idealmente a todo el pueblo, fue el comienzo de una p\u00e1gina fundamental de la historia del mismo. El \u00e9xodo es como una l\u00ed\u00adnea divisoria: desde este momento Israel pasa de ser una estructura confusa, constituida por un conglomerado heterog\u00e9neo de clanes, a una forma m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita de pueblo unido y libre. c::<br \/>\n1065.<br \/>\nIII. EXODO Y LITERATURA.<br \/>\nEl rollo del Ex est\u00e1 repleto de una pluralidad de colores y registros literarios: las p\u00e1ginas hist\u00f3ricas alternan con narraciones \u00e9picas, la himnogra-f\u00ed\u00ada va acompa\u00f1ada de materiales legislativos casu\u00ed\u00adsticos o apod\u00ed\u00adcticos, la prosa art\u00ed\u00adstica revela sus finalidades-\u00e9ticas y \u00e9picas, mientras que las normativas lit\u00fargicas anticipan el esplendor del culto en el templo. Los protagonistas son siete: Dios, Israel, Mois\u00e9s, el cosmos, las fuerzas antisalvaci\u00f3n humanas y naturales, el arca, la ley. Y son tambi\u00e9n siete los cuadros en los que se distribuye la estructura de esta obra monumental en su nivel final: el lamento nacional de Israel (cc. 1- 4), la epopeya de la liberaci\u00f3n (cc. 5-15), la crisis del desierto (cc. 16-18), la primera alianza en el Sina\u00ed\u00ad (cc. 19-24) y la segunda (cc. 32-34), la primera legislaci\u00f3n c\u00fal-tica (cc. 25-31) y la segunda (cc. 35-40). Recorramos tambi\u00e9n nosotros brevemente este itinerario narrativo y teol\u00f3gico, simplific\u00e1ndolo en seis cuadros, dada la evidente uniformidad-de las dos escenas c\u00falticas.<br \/>\n1066<br \/>\n1. El lamento nacional de Israel (Ex 1-4).<br \/>\nLa primera secci\u00f3n del libro est\u00e1 dominada por el cuadro de la opresi\u00f3n y se articula en dos fases.<br \/>\nEn la primera (cc. 1-2) aparecen dos protagonistas: Israel y Mois\u00e9s. El espectro siniestro de la opresi\u00f3n, descrito por J en 1,8-12 y por? en 1,13-14 (donde el verbo de la esclavitud \u2020\u02dcbd va poniendo por cinco veces ritmo a la narraci\u00f3n), comprende la acumulaci\u00f3n de los trabajos forzados, mientras que la tradici\u00f3n ? introduce el drama del genocidio (1,15-21). La aventura humana de Mois\u00e9s se presenta en un relato en que se funden J-E (2,1-4): su salvaci\u00f3n milagrosa, que evoca paralelos legendarios del antiguo Oriente (la leyenda de Sarg\u00f3n 1 de Acad), traza ya el retrato de aquel hombre \u2020\u0153impregnado de Dios y destinado a la misi\u00f3n gloriosa de la salvaci\u00f3n\u2020\u009d (M. Buber). Sobre este fondo de opresi\u00f3n, en donde surge, sin embargo, el primer signo de esperanza, se eleva el lamento de Israel: \u2020\u0153Los israelitas, que segu\u00ed\u00adan gimiendo bajo la dura esclavitud, clamaron, y su clamor, provocado por la esclavitud, subi\u00f3 hasta Dios. Dios oy\u00f3 su gemido y se acord\u00f3 de su pacto con Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob. Dios mir\u00f3 a los israelitas y los atendi\u00f3\u2020\u009d (2,23-25 P). En el centro de esta per\u00ed\u00adcopa resuena el t\u00e9rmino legal (za\u2020\u2122aq): la queja oficial que se presenta ante un juez. Y para ese Israel esclavo y oprimido Dios mismo se constituye en g\u00f3 \u2020\u02dcel, esto es, defensor y vengador, en virtud del v\u00ed\u00adnculo de paternidad que lo liga a Israel (4,22). Ex constituye la primera etapa de un inter\u00e9s apasionado de Yhwh por su criatura predilecta, para que ya no se sienta nunca m\u00e1s alienada por la esclavitud y la muerte.<br \/>\nLa segunda fase (cc. 3-4) est\u00e1 ocupada por el nacimiento espiritual de Mois\u00e9s, es decir, por su vocaci\u00f3n dentro del marco del Sina\u00ed\u00ad-Horeb. Los protagonistas ahora son Yhwh, que -como veremos a continuaci\u00f3n [1 \u00c2\u00a1nfra, IV, 1]- revela y oculta al mismo tiempo su nombre, esto es, su misterio, y el llamado Mois\u00e9s. El esquema de la narraci\u00f3n de la\/vocaci\u00f3n es para todas las tradiciones (E: 3,4ss; J: 4,1-17; P: 6,10-13) el de la \u2020\u0153objeci\u00f3n: se supone \u2020\u0153una discusi\u00f3n articulada por parte del elegido sobre su misi\u00f3n. El elegido (Jr 1 presenta con vacilaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n con insistencia, una objeci\u00f3n sobre su capacidad para el desempe\u00f1o de la tarea que Dios le quiere confiar. Pero Dios acaba con todas las incertidum-bres confiando al elegido un signo y ofreci\u00e9ndole su protecci\u00f3n. Para el relato J las objeciones son dos (4,1.10) y los signos tres: el cayado de pastor con poderes m\u00e1gicos, la mano leprosa curada, el hermano Aar\u00f3n como voz \u2020\u0153prof\u00e9tica\u2020\u009d de Mois\u00e9s. La vocaci\u00f3n de este gran gu\u00ed\u00ada es, por tanto, una confirmaci\u00f3n de la praxis de Dios, que escoge en el mundo lo que es d\u00e9bil para confundir a los fuertes (1Co 1,27-28).<br \/>\n1067<br \/>\n2. La epopeya de la liberaci\u00f3n (Ex 5-15).<br \/>\nEste bloque tan variado de cap\u00ed\u00adtulos se desarrolla en torno a tres unidades literarias fundamentales: las c\u00e9lebres plagas de Egipto, la pascua-\u00e1cimos, el verdadero y propio \u00e9xodo.<br \/>\nDesde 7,14 hasta 11,10 se despliega la grandiosa epopeya c\u00f3smico-teol\u00f3-gica de las diez plagas. La estructura decal\u00f3gica es fruto de la redacci\u00f3n final: la tradici\u00f3n J, m\u00e1s o menos como el Ps 78 (vv. 43-51), s\u00f3lo conoc\u00ed\u00ada siete castigos. M\u00e1s all\u00e1 de las referencias al horizonte geo-clim\u00e1ti-co egipcio, el elemento teol\u00f3gico resulta siempre primario en la narraci\u00f3n, como atestigua el mismo estilo \u00e9pico, ret\u00f3rico e hiperb\u00f3lico y la terminolog\u00ed\u00ada \u2020\u0153milagrosa\u2020\u009d que se aplica a las plagas. Adem\u00e1s de \u2020\u0153azotes\u2020\u2122, se las llama tambi\u00e9n \u2020\u0153prodigios\u2020\u009d, \u2020\u0153signos\u2020\u009d, \u2020\u0153milagros\u2020\u009d, casi como en el l\u00e9xico utilizado para definir los \/ milagros evang\u00e9licos. Se describen seg\u00fan un modelo narrativo que comprende algunas constantes, mientras que toda la serie est\u00e1 encerrada entre dos polos teol\u00f3gicos: el mandato inicial del Se\u00f1or y la obstinaci\u00f3n progresiva del fara\u00f3n. Esta fuerte relectura teol\u00f3gica, aunque adornada de datos geogr\u00e1ficos e hist\u00f3ricos relacionados con la situaci\u00f3n nil\u00f3tica de Egipto, alcanza su cima en la \u00faltima plaga, la de los primog\u00e9nitos, anticipaci\u00f3n del rito hebreo de la consagraci\u00f3n de los primog\u00e9nitos de Israel (13,11-16). En esta p\u00e1gina no se trata ya simplemente de la naturaleza que sigue un plan establecido por Dios; seg\u00fan un m\u00f3dulo predilecto de la antigua poes\u00ed\u00ada de Israel (cf el c. 15 del Ex, as\u00ed\u00ad como Jc 5 o Ha 3), el mismo Yhwhj revestido de su armadura c\u00f3smica, combate al lado de Israel y llega hasta el juicio m\u00e1s inexorable, el que golpea en la ra\u00ed\u00adz misma de sus adversarios. Al crescendo de la negativa del pecador corresponde el crescendo del juicio de Dios.<br \/>\nLa segunda unidad es la de lapas-cua (cc. 12-13), sobre la que volveremos m\u00e1s adelante en un terreno estrictamente teol\u00f3gico [1 \u00c2\u00a1nfra, IV, 2], yaque esta celebraci\u00f3n es la verdadera memoria hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de la liberaci\u00f3n.<br \/>\nLa liberaci\u00f3n se describe de forma narrativa, de forma po\u00e9tica y de forma teol\u00f3gica en los cap\u00ed\u00adtulos 14-15. Podemos imaginarnos el texto de esta tercera unidad como estructurado en un d\u00ed\u00adptico. En un panel tenemos la narraci\u00f3n J (13,20-22; 14,5-7.10-14.21.24.27-31) y la? (casi todo lo que queda del c. 14, exceptuando el fragmento de ? en 14,24-25). En el otro panel se despliega el himno del \u00e9xodo del cap\u00ed\u00adtulo<br \/>\n15.<br \/>\nEl mar Rojo que se cita en estas p\u00e1ginas es en hebreo \u2020\u0153el mar de las Ca\u00f1as\u2020\u009d, es decir, la laguna al nordeste del delta. Es la \u00faltima frontera de la esclavitud, m\u00e1s all\u00e1 de la cual se extiende el territorio espacioso de la libertad. En este sepulcro de agua queda enterrado el cuerpo del viejo Israel y resurge el Israel nuevo y liberado; sobre esta base teol\u00f3gica se desarroll\u00f3 luego la hermen\u00e9utica bautismal cristiana del \u00e9xodo. J describe el paso como una posibilidad ofrecida a Israel por un fuerte viento que, habiendo soplado durante toda la noche, sec\u00f3 el mar (14,21). Este viento seco provoca espejismos de agua. Israel pasa, los egipcios son devueltos ex\u00e1nimes sobre la playa cuando vuelven de nuevo las aguas de la laguna. Los intentos de calibrar topogr\u00e1ficamente la fiabilidad hist\u00f3rica de esta versi\u00f3n son ahora imposibles debido \u00e1 la radical deformaci\u00f3n ambiental del \u00e1rea producida por el corte del canal de Suez. P, por su parte, abandona todo inter\u00e9s hist\u00f3rico y se entrega a una escenograf\u00ed\u00ada espectacular y \u2020\u0153milagrosa\u2020\u009d. Mois\u00e9s extiende la ense\u00f1a de su poder taumat\u00fargico, y los hebreos pasan procesional y triunfal-mente entre las dos murallas de agua que parecen asistir asombradas al prodigio, pero que est\u00e1n dispuestas a desencadenarse con su furia devastadora apenas entran por ellas las tropas del fara\u00f3n. Dios combate al lado de su pueblo, venciendo todas las fuerzas del mal.<br \/>\n1068<br \/>\nEl segundo panel del d\u00ed\u00adptico consiste en una celebraci\u00f3n h\u00ed\u00admnica del acontecimiento: Yhwh es descrito como un general que combate al lado de Israel con todas las fuerzas que encierra la creaci\u00f3n. El poema \u00e9pico se abre con una gran exaltaci\u00f3n pict\u00f3rica de la liberaci\u00f3n (Vv. 1-12), que fechan los historiadores de forma distinta (siglos xil-vi a.C). En el centro de este cuadro b\u00e9lico domina la figura omnipotente del Se\u00f1or, guerrero, liberador y supremo se\u00f1or del universo. La segunda parte del himno (vv. 13-18) es una actualizaci\u00f3n que abarca todo el episodio del \u00e9xodo hasta la entrada en la tierra prometida. M\u00e1s a\u00fan, el movimiento del pueblo liberado llega hasta Si\u00f3n, la colina del templo de Jerusal\u00e9n, mientras que una ant\u00ed\u00adfona s\u00e1lmica (y. 18; Sal 10,16; Sal 29,10; Sal 93,1; Sal 96,10; Sal 146,10) sirve de aclamaci\u00f3n lit\u00fargica final.<br \/>\n1069<br \/>\n3. La crisis del desierto (Ex 16-18).<br \/>\nEl itinerario del \/ desierto est\u00e1 marcado por una serie de episodios que tienen la finalidad de subrayar, dentro de unos sucesos ligados de suyo al ambiente, la doble dimensi\u00f3n de este gran s\u00ed\u00admbolo de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Por un lado, el desierto es el lugar de la tentaci\u00f3n, de la \u2020\u0153murmuraci\u00f3n\u2020\u009d, para usar el verbo t\u00ed\u00adpico de la incredulidad del \u00e9xodo; es el lugar de las fuerzas antisalvaci\u00f3n que aten\u00ed\u00adan contra la liberaci\u00f3n (la sed, el hambre, los enemigos, la rebeli\u00f3n de Israel). Pero por otra parte, como subrayar\u00e1 tambi\u00e9n \/ Oseas, el desierto es el lugar de la intimidad y-del amor de Dios, que se preocupa de su pueblo haciendo brotar el agua de la roca, brind\u00e1ndole una mesa entre los pedregales con el man\u00e1 y las codornices, salv\u00e1ndole de los asaltos de los amalecitas.<br \/>\nPor este significado subyacente, todos los episodios del desierto fueron recogidos por la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica posterior en clave tipol\u00f3gica o aleg\u00f3rica. Basta que pensemos en el man\u00e1, que, de suceso en definitiva justificable incluso hist\u00f3ricamente por la resma de la tamerix mannifera, se convierte en Sg 16,20 en \u2020\u0153comida de los \u00e1ngeles\u2020\u009d, y en Jn 6 en emblema de la \/ eucarist\u00ed\u00ada.<br \/>\n1070<br \/>\n4. La primera alianza en el Sina\u00ed\u00ad (Ex 19-24).<br \/>\nEs \u00e9sta una de las cimas (no s\u00f3lo espaciales) del libro del Ex. Mois\u00e9s vuelve al monte de su primera vocaci\u00f3n no ya solitario, sino con el n\u00facleo del futuro Israel nacido del crisol de hierro de la esclavitud egipcia. Como es sabido, el acontecimiento-Sina\u00ed\u00ad (cuya localiza-ci\u00f3n se fija tradicionalmente en el macizo monta\u00f1oso a cuyos pies se levanta el monasterio bizantino de Santa Catalina, al sur de la pen\u00ed\u00adnsula del Sina\u00ed\u00ad) se presenta en la Biblia seg\u00fan una categor\u00ed\u00ada interpretativa, la de la \u00bfer\u00ed\u00ad\u00ed\u00ad-alianza, vocablo que se encuentra hasta 287 veces en el AT.<br \/>\nQuiz\u00e1 la filigrana para construir este esquema es una copia de los tratados de vasallaje orientales que serv\u00ed\u00adan para codificar las relaciones existentes entre un soberano y sus pr\u00ed\u00adncipes vasallos. Pero existe una primac\u00ed\u00ada: la del Gran Rey, Yhwh, que ofrece a su pueblo un don comprometi\u00e9ndole en una respuesta. El esqueleto de este esquema puede reconocerse tambi\u00e9n probablemente en este bloque narrativo. El pr\u00f3logo debe buscarse en la gran premisa teof\u00e1nica del cap\u00ed\u00adtulo 19, donde se evoca el don de la elecci\u00f3n y de la liberaci\u00f3n: \u2020\u0153Vosotros ser\u00e9is un reino de sacerdotes, un pueblo santo\u2020\u009d (y. 6). El corpus de los derechos-deberes estar\u00ed\u00ada situado en los cap\u00ed\u00adtulos 20-23, que recogen la \u2020\u0153carta magna\u2020\u009d del \u00c2\u00a1dec\u00e1logo, sobre el que luego volveremos (c. 20), y el llamado \u2020\u0153c\u00f3digo de la alianza\u2020\u009d (20,22-23,33), una arquitectura legislativa monumental que canoniza a la sombra del Sina\u00ed\u00ad una serie de normas c\u00falticas, sociales y penales de Israel asentado ya en Palestina. El cap\u00ed\u00adtulo 24 describe el rito de la firma de la \u00c2\u00a1 alianza (II, 2).<br \/>\nSi la palabra de Dios es el coraz\u00f3n de todo este bloque narrativo, si en el Sina\u00ed\u00ad nace Israel oficialmente como pueblo y como naci\u00f3n consagrada a Dios, nos gustar\u00ed\u00ada hacer una alusi\u00f3n al rito del cap\u00ed\u00adtulo 24: el \u2020\u0153sacramento\u2020\u009d de la alianza. El primer relato, quiz\u00e1 J, se contiene en los vers\u00ed\u00adculos 1-2 y 9-11, y supone un rito de \u2020\u0153comuni\u00f3n\u2020\u009d: \u2020\u0153comieron y bebieron\u2020\u009d, es decir, celebraron un sacrificio que comprend\u00ed\u00ada un banquete sagrado con las carnes de las v\u00ed\u00adctimas. De esta manera se exaltaba el tema de la intimidad con el misterio de Dios. La tradici\u00f3n E, por el contrario, conserva en los vers\u00ed\u00adculos 3-8 un rito de sangre, probablemente unido con el sacrificio del holocausto, en donde la v\u00ed\u00adctima era consumida totalmente por el fuego y ofrecida a Dios. La mitad de la sangre se derrama sobre el altar, s\u00ed\u00admbolo de Dios, y la otra mitad sobre el pueblo; la sangre es el signo de la vida; por consiguiente, entre Dios e Israel hay ahora una alianza de sangre.<br \/>\nComo se ve, la alianza es la exaltaci\u00f3n de la comuni\u00f3n con Dios, una comuni\u00f3n total, que Oseas har\u00e1 m\u00e1s intensa con su simbolog\u00ed\u00ada nupcial (Os 2; Ez 16; Is 54; Is 62; Jr2,3 etc. ) y que Jerem\u00ed\u00adas har\u00e1 m\u00e1s \u2020\u0153gratuita\u2020\u009d con su tesis de la \u2020\u0153nueva alianza\u2020\u009d, recogida tambi\u00e9n por Jes\u00fas en la \u00faltima cena (Jr 31,31-34; Lc22,20; ico 11,25; Hb9,18-22).<br \/>\n1071<br \/>\n5. La secunda alianza en el Sina\u00ed\u00ad (Ex 32-34).<br \/>\nEn este c\u00e9lebre relato del \u2020\u0153becerro de oro\u2020\u009d, donde se funden todas las tradiciones J-E-P, nos encontramos con una renovaci\u00f3n de la alianza, pero tambi\u00e9n con una dura acusaci\u00f3n contra el pecado capital de la idolatr\u00ed\u00ada, ra\u00ed\u00adz de todo fracaso de la alianza y de la libertad de Israel. Al violar el primer mandamiento (20,3- 6), Israel se deja llevar por la fascinaci\u00f3n de los cultos circundantes de la fertilidad; el Dios de la historia se ve sustituido por un toro de oro, fuerte y fecundo como Baal, el dios de los cananeos. La narraci\u00f3n es entonces una severa requisitoria contra el pecado de apoetas\u00ed\u00ada. En el trasfondo se atisba una pol\u00e9mica disimulada contra Aar\u00f3n y la clase sacerdotal, incapaz de tutelar la pureza de la fe. El gesto de Israel no es de suyo un acto antiyahvista, sino una materializaci\u00f3n de Yhwh, reducido a \u00ed\u00addolo de la fertilidad y de la vida.<br \/>\nEn el interior del relato hay dos estupendos di\u00e1logos entre Dios y Mois\u00e9s (33,12-1 3), que presentan la figura del gran gu\u00ed\u00ada de Israel como intercesor y mediador. Gracias a \u00e9l el Se\u00f1or renueva la alianza mediante las tablas del perd\u00f3n. En este sentido es excepcional la profesi\u00f3n de fe que hay en Ex 34,6-7:<br \/>\n\u2020\u0153El Se\u00f1or, Dios clemente y misericordioso, tardo para la ira y lleno de lealtad y fidelidad, que conserva su fidelidad a mil generaciones y perdona la iniquidad, la infidelidad y el pecado&#8230;, castigando la maldad de los padres en los hijos y en los nietos hasta la tercera y cuarta generaci\u00f3n\u2020\u009d. El dec\u00e1logo de la nueva alianza, citado en 34,10-28 (J), es, sin embargo, muy distinto del dec\u00e1logo \u00e9tico del cap\u00ed\u00adtulo 20: se basa en las fiestas hebreas y es, por tanto, m\u00e1s c\u00faltico; pero en su cima (vv. 12-17) figura siempre el mandamiento principal de la pureza de la fe.<br \/>\nAl final del relato permanece en la escena la figura de Mois\u00e9s, cuyo rostro est\u00e1 ba\u00f1ado de luz por haber participado de alg\u00fan modo en la gloria luminosa de Dios. Es el ejemplo de la fidelidad y de la comuni\u00f3n con Dios (2Co 3,7-18).<br \/>\n1072<br \/>\n6. Las dos leyes lit\u00fargicas (Ex 25-31; Ex 35-40).<br \/>\nEl Sina\u00ed\u00ad est\u00e1 en el centro de la religi\u00f3n del \u00e9xodo y, en general, de la hebrea; por eso espont\u00e1neamente se traslad\u00f3 aqu\u00ed\u00ad todo el aparato cultual de Israel, especialmente el del templo de Jerusal\u00e9n. El Sina\u00ed\u00ad envuelve en su aureola de santidad y de revelaci\u00f3n todas estas prescripciones, redactadas con la finura de un bordado. Formuladas por primera vez en los cap\u00ed\u00adtulos 25-31, se recogen y se ponen en acci\u00f3n en los cap\u00ed\u00adtulos 35-40. Las dos tablas se deben a la obra apasionada de la tradici\u00f3n sacerdotal y deber\u00ed\u00adan confrontarse tambi\u00e9n con la t\u00f3rah final de Ezequiel 40-48.<br \/>\nEn el centro de esta gran ley ritual est\u00e1 el arca, el santuario m\u00f3vil del desierto, anticipaci\u00f3n del templo de Si\u00f3n. Era una caja rectangular cubierta por el kapporeto \u2020\u0153propiciatorio\u2020\u009d (literalmente, \u2020\u0153tapadera\u2020\u009d), una l\u00e1mina de oro puro que se consideraba el trono de Dios. El sacerdote rociaba con la sangre de los sacrificios esta cubierta, s\u00ed\u00admbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Pablo llamar\u00e1 a Cristo crucificado el verdadero y definitivo \u2020\u0153propiciatorio\u2020\u009d por medio de la fe en su sangre (Rm 3,25; Hb 9,5). El arca estaba coronada por los querubines, la \u00fanica representaci\u00f3n pl\u00e1stica admitida en el judaismo (las otras excepciones eran menores y secundarias o posteriores). Se trataba de seres antropo-zoom\u00f3r-ficos, conocidos ya en la cultura oriental, en donde representaban a los genios tutelares del espacio sagrado y real. El arca es, por consiguiente, el lugar del encuentro entre Dios y el hombre; por eso mismo se la llama muchas veces la \u2020\u0153tienda de la reuni\u00f3n\u2020\u009d (39,32), o tambi\u00e9n simplemente \u2020\u0153la morada\u2020\u2122 (25,9) de un Dios que es ahora n\u00f3mada con su pueblo n\u00f3mada y que se asentar\u00e1 en Si\u00f3n cuando se asiente su pueblo, a pesar de seguir siendo el trascendente (IR 8).<br \/>\nEsta selva de prescripciones, que se refieren tambi\u00e9n a todo o que guarda relaci\u00f3n con el arca -desde los sacerdotes hasta los utensilios m\u00e1s humildes-, atestigua el amor visceral del hebreo por la liturgia, en la que conflu\u00ed\u00ada toda la historia humana de Israel y todo el contenido de su fe. En la base de este gran texto lit\u00fargico est\u00e1 el concepto de lo sagrado (en hebreo qad\u00f3s). Supone una esfera separada, para llegar a la cual el hombre tiene que someterse a reglas y a cautelas preventivas. Esta visi\u00f3n espacial de la sacralidad salvaguarda la trascendencia divina y exalta la actitud interior de la adoraci\u00f3n. Pero si llega a exasperarse, corre el gran riesgo de ser religi\u00f3n desencarnada, privada de enganche con la realidad de la existencia cotidiana y \u2020\u0153profana\u2020\u2122. Los profetas luchar\u00e1n con energ\u00ed\u00ada y aspereza para establecer este equilibrio entre el culto y la vida, entre la fe y la existencia (Is 1; Am 5; Os 6,6; Jr 7).<br \/>\n1073.<br \/>\nIV. EXODO Y TEOLOGIA.<br \/>\nComo lo hemos subrayado (1 supra 1), el \u00e9xodo no es \u00fanicamente un suceso ya pasado; para la Biblia es una realidad que cada uno de los creyentes, reactualizando la palabra antigua, puede recrear en su \u2020\u0153hoy\u2020\u2122; es una presencia que hace renacer el compromiso y la esperanza. Para comprender este valor permanente de la experiencia del \u00e9xodo, m\u00e1s all\u00e1 de la estructura hist\u00f3rico-escatol\u00f3gi-ca de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, podemos referirnos tambi\u00e9n a un dato caracter\u00ed\u00adstico de las lenguas sem\u00ed\u00adticas: la polaridad, esto es, el uso de parejas verbales que contienen los extremos, y por tanto la totalidad de una realidad determinada. Entre estas polaridades, una de las m\u00e1s conocidas es sa-lir-entrar, utilizada precisamente para designar el \u00e9xodo. Pues bien, dentro de estos dos verbos se puede colocar toda la existencia humana, que es un \u2020\u0153salir\u2020\u009d del seno materno para \u2020\u0153entrar\u2020\u009d en el mundo, as\u00ed\u00ad como un salir\u2020\u009d del horizonte de este mundo para \u2020\u0153entrar\u2020\u009d en el seno de la madre tierra (el sepulcro), y, en la fe posterior de Israel, para \u2020\u0153salir\u2020\u009d en la resurrecci\u00f3n. El elemento \u2020\u0153salir\u2020\u009d se convierte entonces en un s\u00ed\u00admbolo de muchas experiencias distintas. Desde la experiencia social de las emigraciones con sus relativos cambios de mentalidad y de cultura hasta la experiencia personal de una vocaci\u00f3n que obliga al hombre a \u2020\u0153salir de su tierra, de su patria y de la casa de su padre\u2020\u2122(Gn 12,1); o tambi\u00e9n hasta la experiencia existencia] de la conversi\u00f3n, por la que uno sale de la esclavitud del pecado. Pero dentro de esta estructura general, el libro del Ex contiene otros muchos datos teol\u00f3gicos que se exponen de forma aut\u00f3noma en este Diccionario. Aqu\u00ed\u00ad nos limitaremos a aludir solamente a algunos de ellos.<br \/>\n1074<br \/>\n1. MOISES: LA TEOLOGIA DEL nombre DIVINO.<br \/>\nMientras que para la tradici\u00f3n J el nombre espec\u00ed\u00adfico de Dios, Yhwh, es conocido de la humanidad entera Gn 4,26), las narraciones? y? relacionan la revelaci\u00f3n del nombre divino, que era impronunciable para los hebreos, s\u00f3lo con la persona de Mois\u00e9s y con el nacimiento de Israel como pueblo. En todo el mundo semita el nombre es la realidad misma de la cosa; el conocimiento del nombre supone, por tanto, una especie de poder sobre el ser cuya esencia y energ\u00ed\u00ada se ha llegado a conocer. En la magia, poseer el nombre de Dios significa dominar a Dios mismo y manipularlo en propio provecho. En el cap\u00ed\u00adtulo 3 (Vv. 13s), dentro del marco del Sina\u00ed\u00ad y de la vocaci\u00f3n de Mois\u00e9s, la tradici\u00f3n ? presenta a primera vista una propia y verdadera revelaci\u00f3n del nombre divino. Sin embargo, hay que observar ante todo que \/ Dios no se revela aqu\u00ed\u00ad con un sustantivo, sino con un verbo (hyh, \u2020\u0153ser, hacerse, seguir siendo\u2020\u2122). Se configura de este modo el tetragrama sagrado e impronunciable para los hebreos: Yhwh, hipot\u00e9ticamente vocalizado como Yahweh, y err\u00f3neamente como Jehov\u00e1. En realidad, nuestro texto m\u00e1s que una verdadera definici\u00f3n y revelaci\u00f3n del nombre divino contiene Una negaci\u00f3n de revelaci\u00f3n. \u2020\u0153Yo soy el que soy\u2020\u2122 es quiz\u00e1 la afirmaci\u00f3n de la esencia incognoscible de Dios m\u00e1s que la definici\u00f3n de la eternidad de Dios (\u2020\u02dcYo soy el que es siempre\u2020\u2122) o de su fidelidad (\u2020\u02dcYo soy el que es siempre fiel\u2020\u009d), o incluso de su aseitas, como pretend\u00ed\u00ada la filosof\u00ed\u00ada cristiana cl\u00e1sica.<br \/>\nSin embargo, esta reticencia, justificable tambi\u00e9n sobre la base de todo lo que hemos dicho a prop\u00f3sito del concepto semita de \u2020\u02dcnombre\u2020\u2122, no hace de Yhwh-\u2020\u009dyo soy\u2020\u009d un vac\u00ed\u00ado apelativo, ya que evoca el punto exacto en que Dios se revela: la historia del \u00e9xodo, en la que \u00e9l, el trascendente y el innominable, se presenta como liberador y salvador.<br \/>\nRecordemos que, por su parte, ? presenta la revelaci\u00f3n del nombre divino en un refinado p\u00e1rrafo de Ex 6,2-8, pasaje marcado por una inclusi\u00f3n (comienzo del y. 2, final del y. 8) y en el centro (y. 6) por la autopro-clamaci\u00f3n \u2020\u0153Yo soy Yhwh\u2020\u009d, que tiene casi el valor de un juramento solemne. El Se\u00f1or se compromete con su nombre, es decir, con su personalidad misteriosa y omnipotente, a trav\u00e9s de una respuesta de salvaci\u00f3n destinada a Israel esclavo (2,23-25).<br \/>\n1075<br \/>\n2. Pascua y libertad.<br \/>\nEl texto base es el cap\u00ed\u00adtulo 12, bien construido literariamente a pesar de la variedad de tonos diferentes adoptados y a pesar del a\u00f1adido, en el cap\u00ed\u00adtulo 13, de la fiesta de los \u00e1cimos, de origen y de cualidad distinta. Se pasa de la narraci\u00f3n hist\u00f3rica al texto lit\u00fargico, de la catequesis a la exhortaci\u00f3n; la liturgia tiene la finalidad de actualizar en el presente el don pasado de la libertad. En este sentido la pascua es llamada \u2020\u0153memorial\u2020\u009d (y. 14). Hab\u00ed\u00ada nacido como rito naturalista de las estaciones; el Ex, sin embargo, la inserta en una nueva hermen\u00e9utica: la de la historia y la existencia. La estructura original, claramente pastoril, se conserva todav\u00ed\u00ada en el texto del \u00e9xodo y refleja una praxis del antiguo Oriente: la trashumancia hacia nuevos pastos en el plenilunio de primavera, la preparaci\u00f3n para el viaje (vestidos ce\u00f1idos y cayado), alimentos casuales (hierbas amargas y panes cocidos sobre losas de piedra), sacrificio para suplicar la fecundidad del reba\u00f1o (un cordero sin despedazar, para que igualmente volviera en los partos futuros del reba\u00f1o), sangre propiciatoria contra las asechanzas del viaje. Con la actual inserci\u00f3n de la pascua en el contexto del \u00e9xodo asistimos a una transformaci\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos que evocan las amarguras de la esclavitud y el itinerario hacia el nuevo horizonte de la libertad. No se trata ya del movimiento mec\u00e1nico de la naturaleza y de las estaciones, sino del movimiento de unas personas libres bajo el gu\u00ed\u00ada por excelencia, que es Dios. Y s\u00f3lo cuando el hombre es realmente libre puede elevar a Dios su verdadero culto; a esta luz se comprende el kerygma prof\u00e9tico sobre los v\u00ed\u00adnculos entre la liturgia y la vida, entre la fe y la justicia.<br \/>\nEl pasado hist\u00f3rico de la liberaci\u00f3n del \u00e9xodo no se evoca, sin embargo, como si se tratase de una conmemoraci\u00f3n patri\u00f3tica, ya que es tambi\u00e9n un acontecimiento escatol\u00f3gico e implica una plenitud divina que se act\u00faa tambi\u00e9n en el presente; es una especie de signo sacramental que reproduce en el \u2020\u0153hoy\u2020\u009d de la nueva generaci\u00f3n el gesto inicial de un Dios fiel. Pero la mirada se proyecta adem\u00e1s hacia el futuro, en la esperanza de la nueva y definitiva \u00c2\u00a1liberaci\u00f3n que ofrecer\u00e1 el Se\u00f1or. Por eso la pascua vivida por el Jes\u00fas jud\u00ed\u00ado y por el cristianismo primitivo recibe un alma nueva: la de la \u00c2\u00a1 resurrecci\u00f3n de Cristo, \u00e9xodo definitivo hacia la libertad plena y perfecta (Jn 19,31-37). Esta misma aplicaci\u00f3n reinterpretativa de la fiesta agr\u00ed\u00adcola de los \u00e1cimos la efectuar\u00e1 tambi\u00e9n Pablo en el fragmento de homil\u00ed\u00ada pascual de ico 5,7-8.<br \/>\n1076<br \/>\n3. El desierto y la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d.<br \/>\nEl Ex es tambi\u00e9n el libro de la ley. Dentro del marco del desierto y del Sina\u00ed\u00ad, es decir, de la reducci\u00f3n del hombre a su esencialidad, Dios se revela. La terrible teofan\u00ed\u00ada de Ex 19,16-25 y la verticalidad del monte celebran la superioridad y la trascendencia de Dios, pero su palabra exalta la comuni\u00f3n y la cercan\u00ed\u00ada. Al don de la liberaci\u00f3n ofrecida por Dios tiene que responder el compromiso de Israel, concretado en el \u2020\u0153c\u00f3digo de la alianza\u2020\u009d y sobre todo en el dec\u00e1logo, que es una especie de catecismo teol\u00f3gico y moral esencial que ata\u00f1e a las dos relaciones fundamentales del ser humano: la vertical (los tres primeros mandamientos: la relaci\u00f3n con Dios) y la horizontal (los otros mandamientos: la relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo). El sost\u00e9n y la base de toda la palabra revelada es, de todas formas, la primera palabra del dec\u00e1logo, que est\u00e1 en el centro de toda la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, en particular de la del deuteronomista. Como es sabido [1 Dec\u00e1logo II, 6-7), el precepto principal se expresa en tres formulaciones complementarias, que justifican toda la revelaci\u00f3n de la voluntad de Dios en Ex.<br \/>\nLa primera formulaci\u00f3n es estrictamente teol\u00f3gica: \u2020\u0153No tendr\u00e1s otro Dios fuera de m\u00ed\u00ad\u2020\u2122. Es la negaci\u00f3n de toda idolatr\u00ed\u00ada y la celebraci\u00f3n de un monote\u00ed\u00adsmo no metaf\u00ed\u00adsico, sino \u2020\u0153afectivo\u2020\u009d y existencial. Sobre esta base se desarrolla la teolog\u00ed\u00ada de la alianza; sobre este presupuesto adquieren una nueva dimensi\u00f3n las normativas jur\u00ed\u00addicas que se distribuyen dentro del libro. La segunda formulaci\u00f3n es \u2020\u0153pastoral\u2020\u2122 y prohibe las representaciones pl\u00e1sticas o pict\u00f3ricas de Dios, peligrosas en una cultura de matriz simb\u00f3lica como es la oriental: el s\u00ed\u00admbolo es la realidad misma en su eficacia y en su comunicaci\u00f3n, y por consiguiente Dios pod\u00ed\u00ada ser manipulado m\u00e1gicamente a trav\u00e9s de su estatua. Es \u00e9sta la tentaci\u00f3n m\u00e1s constante de Israel Ex 32-34) y \u00e9sta es la advertencia continua del mensaje b\u00ed\u00adblico: el creyente tiene que tener como punto de referencia solamente la palabra de Dios y el pr\u00f3jimo, la imagen viva m\u00e1s semejante a Dios, puesto que el hombre ha sido creado \u2020\u0153a imagen y semejanza de Dios\u2020\u009d (Gn 1,27). La tercera formulaci\u00f3n, finalmente, es m\u00e1s bien lit\u00fargica, y quiere que se destine \u00fanicamente para Dios el acto de la postraci\u00f3n en la adoraci\u00f3n del culto. En este precepto se anticipa y se sintetiza todo el sistema cultual que se desarrollar\u00e1 m\u00e1s ampliamente en los cap\u00ed\u00adtulos 25-31 y 35-40.<br \/>\n1077<br \/>\n4. EL HILO CONDUCTOR DEL EXODO.<br \/>\nEl \u00e9xodo es tambi\u00e9n un canto coral de libertad y de justicia contra todas las formas de opresi\u00f3n. Por eso mismo, empleando una famosa imagen de E. Bloch (1885-1 977), presente en su obra Ate\u00ed\u00adsmo nel Cristianesimo. Per una religione deII\u2020\u2122esodo e deiregno (Feltrinelli, Mil\u00e1n 1970), podemos hablar de un \u2020\u0153hilo conductor\u2020\u2122 que parte del \u00e9xodo y que se va extendiendo a lo largo de todo el mensaje b\u00ed\u00adblico. En efecto, Bloch est\u00e1 convencido de que Ex y toda la Biblia esconden una enorme fuerza ut\u00f3pico-revolucionaria que tiene que liberarse a trav\u00e9s de un proceso de \u2020\u0153desteocratizaci\u00f3n. M\u00e1s all\u00e1 de los m\u00e9todos de lectura adoptados por el fil\u00f3sofo marxista heterodoxo y de su simplificaci\u00f3n de los datos b\u00ed\u00adblicos, es verdad que el Dios del Ex es tambi\u00e9n un Dios del futuro, un Dios de los pobres y de los oprimidos, profundamente solidario con los hombres y con todos los anhelos del hombre por su liberaci\u00f3n.<br \/>\nEn esta l\u00ed\u00adnea es como el Ex se ha convertido tambi\u00e9n en uno de los textos predilectos de la \u2020\u0153teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u2020\u2122, de la \u2020\u0153teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, de la \u2020\u0153teolog\u00ed\u00ada de la revoluci\u00f3n\u2020\u2122 y de la \u2020\u0153teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica\u2020\u2122. J. Moltmann ha hecho popular la definici\u00f3n de la Iglesia como \u2020\u0153comunidad en \u00e9xodo en su Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza (Sig\u00faeme, Salamanca 19818):. \u2020\u0153La cristiandad debe osar el \u00e9xodo y considerar sus papeles sociales como una nueva cautividad babil\u00f3nica\u2020\u2122 (p. 418). Para H. Cox el \u00e9xodo es el punto focal de la teolog\u00ed\u00ada de la desacralizaci\u00f3n: realiza y al mismo tiempo simboliza la liberaci\u00f3n del hombre de un orden sacral-pol\u00ed\u00adtico a trav\u00e9s de un \u2020\u0153acto de insurrecci\u00f3n\u2020\u2122 por una \u2020\u0153transformaci\u00f3n humana y social en donde sea m\u00e1s aut\u00e9ntica la humanidad y, por tanto, la religiosidad. Pero es en J. Cardonnel donde la teolog\u00ed\u00ada del \u00e9xodo ha alcanzado su nivel m\u00e1s alto de elaboraci\u00f3n y los acentos m\u00e1s apasionados. Ser creados por Dios equivale a ser libres, y por tanto el \u00e9xodo es la expresi\u00f3n de la creaci\u00f3n (Dio \u00e9 moflo in Cristo Ges\u00fa, Gribaudi, Tur\u00ed\u00adn 1970). El Dios b\u00ed\u00adblico es distinto de los dioses y del dios de la metaf\u00ed\u00adsica precisamente por su opci\u00f3n por los pobres y los oprimidos.<br \/>\nNaturalmente, el hilo conductor del \u00e9xodo ha sido recogido por la canci\u00f3n \u2020\u0153espiritual\u2020\u009d negro-americana, en ciertas formas de sionismo, en el \u2020\u0153Black Moses\u2020\u2122 -el Mois\u00e9s negro de los Estados Unidos durante el esclavismo-, en el mismo Mois\u00e9s yAar\u00f3n musical deA. Sch\u00f3nberg (1930-1932)yen el Mois\u00e9s cinematogr\u00e1fico de J.-M. Straub, en la larga tradici\u00f3n art\u00ed\u00adstica cristiana del \u00e9xodo. No se puede ignorar, aun cuando la direcci\u00f3n ideol\u00f3gica es muy distinta, el Mois\u00e9s de 5. Freud, reelabora-do en los tres ensayos que componen Mois\u00e9s y la religi\u00f3n monote\u00ed\u00adsta\u2020\u2122(en Obras completas IX, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1975). As\u00ed\u00ad pues, el \u00e9xodo es un patrimonio de la historia de la humanidad, de sus anhelos y de sus esperanzas.<br \/>\n1078<br \/>\nV. EXODO Y BIBLIA.<br \/>\nPero la presencia del acontecimiento \u2020\u0153\u00e9xodo\u2020\u009d y de su tipolog\u00ed\u00ada comienza con la misma Biblia. Cuando el oficiante jud\u00ed\u00ado abre la t\u00f3rah ,para la lectura semanal, exclama: \u2020\u0153Esta es la ley que Mois\u00e9s present\u00f3 a los hijos de Israel. La ley que nos impuso Mois\u00e9s es la herencia en la asamblea de Jacob. Vosotros, los que os mostr\u00e1is ahora unidos a vuestro Dios, todav\u00ed\u00ada est\u00e1is con vida. Estas palabras valen no s\u00f3lo para el judaismo, sino tambi\u00e9n para la misma Biblia, que se vuelve hacia el \u00e9xodo y hacia el Sina\u00ed\u00ad como a una fuente.<br \/>\n1079<br \/>\n1. La RELECTURA VETEROTESTAMENTARIA.<br \/>\nLa colecci\u00f3n de datos b\u00ed\u00adblicos que tienen como punto de referencia acontecimientos o datos del \u00e9xodo es muy amplia y compleja. Por hacer solamente una alusi\u00f3n, pensemos en la relectura de Oseas, que se refiere al desierto ya la alianza dentro de la nueva perspectiva nupcial (Os 2,16-17); pensemos en Jerem\u00ed\u00adas yen sus propuestas reinterpretativas (Jr2,2; Jr2,6; Jr 7,22; Jr 7,25; Jr 11,4; Jr23,7-8), que abarcan todas las categor\u00ed\u00adas fundamentales del \u00e9xodo, especialmente la de la \u2020\u0153nueva alianza\u2020\u009d (31,7.31 &#8211; 34); pensemos en Ezequiel y en sus alegor\u00ed\u00adas-de los cap\u00ed\u00adtulos 16, 20 y 23, que son aut\u00e9nticas meditaciones sobre la historia de Israel a la luz del \u00e9xodo; pensemos en los salmos hist\u00f3ricos, que giran en torno al \u00e9xodo o se refieren a \u00e9l (Sal 78,12-54; Sal 95, 7-11; Sal 105,22-45; Sal 106; Sal 135,8-12; Sal 136,10-21 cf Sal 68,8; Sal 77,21; Sal 81,11; Sal 81,17; Sal 114); pensemos en Judit y en Ester, que aplican libremente a su narraci\u00f3n el m\u00f3dulo del \u00e9xodo; pensemos en el espl\u00e9ndido midras sobre el \u00e9xodo, que ocupa la \u00faltima parte (cc. 10-19) del libro de la Sabidur\u00ed\u00ada, en donde el \u00e9xodo es le\u00ed\u00addo ahora en clave \u2020\u0153espiritual\u2020\u009d y escatol\u00f3gica. Menci\u00f3n aparte merece el Segundo Isa\u00ed\u00adas, que a la luz del \u00e9xodo \u2020\u0153de Egipto\u2020\u009d lee el \u2020\u0153segundo \u00e9xodo\u2020\u009d de la esclavitud de Babilonia. Tambi\u00e9n resulta ejemplar la per\u00ed\u00adcopa de Is 43,14-2 1 (cf tambi\u00e9n Is 40,lss; 51,lOyelc. 35, que es igualmente del D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas), El chirrido de los cerrojos que se abren para permitir la salida de los que estaban presos en los calabozos se mezcla con los gritos de j\u00fabilo de los redimidos y con los lamentos de los verdugos asustados, esclavizados a su vez por Persia. En el fondo se percibe el cuadro de la pasada liberaci\u00f3n de Egipto, evocada en la carrera a trav\u00e9s de las aguas del mar Rojo y por medio del mont\u00f3n de cad\u00e1veres de los egipcios. Pero a partir de la presente liberaci\u00f3n del destierro de Babilonia, Israel emprende una nueva marcha hacia el futuro, hacia una Jerusal\u00e9n perfecta. El pueblo se pone en camino, \u2020\u0153celebrando la gloria del Se\u00f1or\u2020\u009d (y. 21), a trav\u00e9s de aquel desierto que una vez m\u00e1s el Se\u00f1or transforma en lugar de intimidad y de amor (vv. 19-20; cf 41, 18-<br \/>\n19).<br \/>\n1080<br \/>\n2. La relectura neotesta-mentaria.<br \/>\nSeg\u00fan Lucas (9,31), Jes\u00fas, Mois\u00e9s y Elias, en la transfiguraci\u00f3n, estuvieron hablando del \u2020\u0153\u00e9xodo que \u00e9l habr\u00ed\u00ada de llevar a cabo en Jerusal\u00e9n\u2020\u009d. En la perspectiva neotesta-mentaria Cristo cumplir\u00ed\u00ada el tercero y definitivo \u00e9xodo, despu\u00e9s del de Egipto y el de Babilonia, hacia la libertad plena del \u2020\u0153reino\u2020\u009d; \u00e9l, como gu\u00ed\u00ada y pastor (Hch 5,31), conduce al nuevo pueblo hacia la Jerusal\u00e9n celestial. El libro del Apocalipsis, que es el canto de la esperanza cristiana, se convierte as\u00ed\u00ad en la cr\u00f3nica teol\u00f3gica del itinerario que va recorriendo este \u00e9xodo perfecto y c\u00f3smico (Ap 3,12; Ap 14,8; Ap 15,3-4; Ap 16,19; Ap 17,5 18,2ss; 21,2ss) a trav\u00e9s del desierto de las crisis internas de las Iglesias, de las persecuciones externas y de las opresiones de los nuevos faraones (la bestia y la prostituta). El \u00e9xodo est\u00e1 alusivamente presente en casi toda la literatura neotestamentaria y su sim-bolog\u00ed\u00ada ilumina la experiencia de Cristo y de la comunidad cristiana. Las citas directas e indirectas del libro est\u00e1n diseminadas por todas partes con las t\u00e9cnicas del enlace \u2020\u0153t\u00ed\u00adpico\u2020\u009d entre la antigua y la nueva alianza. Como ha demostrado en varias ocasiones 5. Lyonnet, la teolog\u00ed\u00ada neo- testamentaria de la redenci\u00f3n utiliza las categor\u00ed\u00adas y el l\u00e9xico del \u00e9xodo. En su discurso hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico, Esteban considera el \u00e9xodo como un elemento fundamental de la historia de la salvaci\u00f3n (Ac 7,9ss), mientras que Pablo en Antioqu\u00ed\u00ada de Pisidia lo presenta como prefiguraci\u00f3n de la redenci\u00f3n realizada por Cristo (Hch 13,16-41). El mismo Pablo, adem\u00e1s de la homil\u00ed\u00ada sobre los \u00e1cimos de ico 5, que ya hemos citado, (1 su-pra, IV, 2), nos ofrece un delicioso midras cristiano sobre la roca del desierto (1Co 10,1-5), con una conexi\u00f3n entre fe-desierto-eucarist\u00ed\u00ada-bautismo.<br \/>\nEn Jes\u00fas ni\u00f1o ve Mateo repetirse el episodio del \u00e9xodo (Mt 2,15 y Os 11,1), y la construcci\u00f3n de su evangelio como \u2020\u0153pentateuco\u2020\u009d de discursos [1 Mateo 11-111] es inaugurada por Cristo, que, como un nuevo Mois\u00e9s, en el \u2020\u0153monte\u2020\u009d (5,1) lanza, a la humanidad su nueva t\u00f3rah, plenitud de la mosaica (las \u2020\u0153ant\u00ed\u00adtesis\u2020\u009d del serm\u00f3n de la monta\u00f1a). El mismo evangelista, al trazar el cuadro de las tentaciones de Jes\u00fas, se dej\u00f3 guiar por el tema del \u00e9xodo relativo a la tentaci\u00f3n de Israel en el desierto: \u2020\u0153Las tentaciones frente a las cuales resulta Jes\u00fas victorioso renuevan las que hab\u00ed\u00adan visto la ca\u00ed\u00adda de Israel en tiempos del viaje por el desierto y de la entrada en la tierra prometida\u2020\u009d (J. Dupont). La estructura de la \u00faltima cena est\u00e1 profundamente anclada en las p\u00e1ginas pascuales del Ex. La grandiosa homil\u00ed\u00ada contenida en la carta a los Hebreos se levanta sobre una continua y sofisticada meditaci\u00f3n ex\u00f3dica: a los paralelismos Mois\u00e9s-Jes\u00fas e Israel-Iglesia (Heb 3,1-4,13) se suman otras dos confrontaciones fundamentales para la teolog\u00ed\u00ada de este<br \/>\nescrito: una entre el sacerdocio mosaico y el sacerdocio cr\u00ed\u00adstico (c. 7), y otra entre la sangre de la antigua alianza y la sangre de la nueva alianza (cc. 9-10). La catequesis bautismal de J Pe interpreta la existencia cristiana a la luz del rito pascual, identificando en la asamblea de los bautizados a la aut\u00e9ntica comunidad nacida en el Si-na\u00ed\u00ad: \u2020\u0153Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n consagrada, pueblo de su propiedad, para anunciar Jas grandezas del que os ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa\u2020\u2122 (1 P<br \/>\nIP 2,9; Ex 19,6).<br \/>\nPero es sobre todo con Juan, seg\u00fan lo han demostrado todos los exegetas contempor\u00e1neos y lo hab\u00ed\u00ada intuido ya la ex\u00e9gesis patr\u00ed\u00adstica, como el Ex se convierte en entramado simb\u00f3li-co-teol\u00f3gico de muchas partes del evangelio y de la figura de Jes\u00fas. Este paralelo aparece ya en el pr\u00f3logo: \u2020\u0153La ley fue dada por Mois\u00e9s, pero la gracia y la fidelidad vinieron por Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d (Jn 1,17). Pensemos luego en la aplicaci\u00f3n del \u2020\u0153Yo soy de Ex 3 a la persona de Jes\u00fas (4,26; 6,20; 8,24.28.58; 18,5): \u2020\u0153La cristolog\u00ed\u00ada o la fe en Jes\u00fas deviene una ex\u00e9gesis del nombre de Dios y de su significado\u2020\u2122 (J. Ratzinger). Pensemos tambi\u00e9n en la interpretaci\u00f3n que hace Juan de los milagros de Jes\u00fas llam\u00e1ndolos -como las plagas de Egipto- \u2020\u0153signos; pensemos en la simbolog\u00ed\u00ada del cordero, a la que se alude en Jn 1,29, y con toda claridad en la crucifixi\u00f3n de Cristo (19,36); en la simbolog\u00ed\u00ada del man\u00e1 en 6,22-59; en la del agua del \u00e9xodo en 3,5; 4,14; 7,37; en la de la serpiente de bronce (Nm 2 1,4-9; Jn 3,14-15), que pertenece a la tipolog\u00ed\u00ada del \u00e9xodo. Pensemos en la conexi\u00f3n simb\u00f3lica arca-templo-pascua en Jn 2,1 9-22 y en las tres pascuas joaneas (pascua del nuevo templo en el c. 2, pascua del plan de vida en el c. 6, pascua de la hora en los ce. 13-20). El libro del Exodo es realmente, como ha escrito Grelot, la gran estructura teol\u00f3gica, simb\u00f3lica, literaria, sobre la que el cristianismo ha confrontado y comprendido su experiencia.<br \/>\n1081<br \/>\nBIBL.: AA.W., 1 dieci comandamenl Cittadella, As\u00ed\u00ads 1978; Auzou G., De la servidumbre al servicio, Madrid 19723; Beer G., Exodus, Tu-binga 1939; Beyerlin W., Herkunfiund Ge-schichle deralteslen Sinaitraditionen, Mohr, Tu-binga 1961; Boschi B.G., Esodo, Ed. 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La crisis del desierto (cc. 16-18); 4. La primera alianza en el Sina\u00ed\u00ad (cc. 19-24); 5. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/exodo-libro-del\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEXODO (LIBRO DEL)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18826","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18826","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18826"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18826\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18826"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18826"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18826"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}