{"id":18847,"date":"2016-02-05T12:06:18","date_gmt":"2016-02-05T17:06:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-moral\/"},"modified":"2016-02-05T12:06:18","modified_gmt":"2016-02-05T17:06:18","slug":"acto-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-moral\/","title":{"rendered":"ACTO MORAL"},"content":{"rendered":"<p>I. Enfoque psicol\u00f3gico y filos\u00f3fico<br \/>\n1. Visto psicol\u00f3gicamente, el punto de partida del obrar moral es la toma de posici\u00f3n personal, es decir, consciente y libre, en el conflicto entre las necesidades impuestas por la realizaci\u00f3n de las tendencias del yo y las exigencias de la sociedad; seg\u00fan esto, el obrar moral presupone el desarrollo de la conciencia del yo, la cual se produce, por la victoria sobre el ambiente en medio de un di\u00e1logo con \u00e9l. La condici\u00f3n es la vivencia de la situaci\u00f3n de conflicto entre la necesidad de satisfacer las tendencias inmanentes y las exigencias del ambiente que se opone a esa necesidad. Esta situaci\u00f3n surge en el ni\u00f1o cuando experimenta el beneficio de ser amado, cuando \u00e9l es aceptado y promovido por el contorno ambiental. As\u00ed\u00ad el ni\u00f1o renunciar\u00e1 a satisfacer sus impulsos cuando \u00e9stos sean perjudiciales a la simbiosis afectiva con la madre. Pero si no se presenta la situaci\u00f3n de conflicto, la preparaci\u00f3n y el desarrollo del obrar moral quedan impedidos.<\/p>\n<p>En un estadio ulterior de la formaci\u00f3n de la conciencia, para que se realice la acci\u00f3n moral se requiere que la necesidad de autodesarrollo conduzca, por anexi\u00f3n al contorno que promueve este autodesarrollo, a una recepci\u00f3n, primeramente desprovista de cr\u00ed\u00adtica, de los puntos de vista del entorno concreto; se produce, pues, una intosuscepci\u00f3n de los comportamientos ajenos, normalmente, primero del padre, de la madre y de los hermanos, de manera que la conducta de estos modelos directivos se puede convertir en norma del propio obrar por medio de la identificaci\u00f3n. Con la ampliaci\u00f3n del entorno y el desarrollo de la conciencia cr\u00ed\u00adtica el ni\u00f1o se ve colocado ante nuevos conflictos, puesto que ahora le salen al encuentro en medida cada vez mayor maneras de comportarse de los modelos directivos que se contradicen mutuamente, y \u00e9l debe ahora decidir qu\u00e9 modelo directivo quiere seguir. En la decisi\u00f3n juegan su papel, no s\u00f3lo las necesidades propias, sino tambi\u00e9n, y en una medida que aumenta cada vez, la inteligencia de la oportunidad de una conducta practicada y exigida y, evidentemente, tambi\u00e9n la fuerza de la vinculaci\u00f3n afectiva a determinados modelos.<\/p>\n<p>Tan pronto como el ni\u00f1o est\u00e1 en situaci\u00f3n de conocer que determinadas acciones tienen sentido por s\u00ed\u00ad mismas, p. ej., el decir la verdad, y es al mismo tiempo consciente de que estas acciones son exigidas, a causa de su valor, por las personas normativas, se llega simplemente a las acciones morales, en tanto el ni\u00f1o est\u00e1 en situaci\u00f3n de distanciarse interiormente de sus inmanentes est\u00ed\u00admulos espont\u00e1neos en tal medida que pueda comparar las exigencias de lo debido con sus necesidades subjetivas y tomar libremente posici\u00f3n frente a ello a base de su inteligencia. Si reinan buenas relaciones familiares, esto sucede normalmente hacia los 6 \u00f3 7 a\u00f1os, cuando el ni\u00f1o llega al as\u00ed\u00ad llamado uso de raz\u00f3n o a la edad de la discreci\u00f3n; sin embargo, esta madurez tambi\u00e9n puede producitse mucho m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Esta conciencia cr\u00ed\u00adtica frente a las normas del ambiente, aceptadas en forma no cr\u00ed\u00adtica, y frente a las exigencias de las tendencias del yo, naturalmente, existe primero en medida muy limitada y, en principio, se alcanza siempre con lentitud, con una lentitud gradualmente distinta en cada caso, puesto que la actitud y el clima reflexivos dependen siempre de los conocimientos directos y de las deciciones, que se transforman con el desarrollo progresivo de la personalidad y nunca pueden quedar sometidos a una reflexi\u00f3n plena. Debido a ello, una cr\u00ed\u00adtica actuaci\u00f3n \u00e9tica que se distancie de una moral falta de cr\u00ed\u00adtica, en todos los casos s\u00f3lo es posible en una medida limitada y depende de la acu\u00f1aci\u00f3n del desarrollo de la personalidad.<\/p>\n<p>Por lo menos hasta cierto grado, la \u00e9tica implicada en el \u00absuper-yo\u00bb se\u00f1ala a dicho desarrollo un cauce que dificulta las tomas de posici\u00f3n genuinamente \u00e9ticas, pues, sin fundamento, s\u00f3lo a causa de la educaci\u00f3n, se atribuye un valor absoluto a determinadas concepciones tradicionales (&#8211;> \u00e9tica).<\/p>\n<p>Este proceso moral de desarrollo comenzado por el ni\u00f1o alcanza un grado de madutez esencialmente superior cuando el joven llega a una situaci\u00f3n en que es capaz, no s\u00f3lo de tomar decisiones responsables y libres con relaci\u00f3n a acciones particulares, sino tambi\u00e9n de decidir sobre s\u00ed\u00ad mismo y, concretamente, en lo referente a una postura personal y definitiva en sus aspectos esenciales para con su ambiente. Es condici\u00f3n para ello el que, aparte de una conciencia suficiente sobre la importancia de la acci\u00f3n, la autoconciencia haya progresado tanto que sea posible una disposici\u00f3n subjetivamente definitiva acerca de s\u00ed\u00ad mismo. Simult\u00e1neamente la vinculaci\u00f3n afectiva a personas ha de alcanzar un determinado grado de intensidad, pues el car\u00e1cter absoluto de la obligaci\u00f3n moral debe ser comprendido en tal medida que el comportamiento contrario a ella se presente a su autor como algo que, no s\u00f3lo hace mala la acci\u00f3n particular, sino que hace malo al hombre.<\/p>\n<p>\u00danicamente cuando la maduraci\u00f3n de la personalidad haya alcanzado ese punto, se podr\u00e1 hablar de una actuaci\u00f3n moral cualificada. La presuposici\u00f3n para ello es:<br \/>\na) la experiencia subjetiva de la propia singularidad, la cual se inicia generalmente por el confrontamiento con el despertar de la -> sexualidad y con todos los fen\u00f3menos que lo acompa\u00f1an;<br \/>\nb) el desarrollo de la capacidad cr\u00ed\u00adtica de distinci\u00f3n, basado en la experiencia y en la ense\u00f1anza, en tal medida que se pueda comprender la transcendencia de la acci\u00f3n para la propia vida y se tenga capacidad de ponderar suficientemente, es decir, esencialmente, la importancia definitiva para el futuro de las relaciones con el mundo circundante.<\/p>\n<p>c) una vinculaci\u00f3n tan amplia a la dignidad de la persona, que \u00e9sta sea reconocida como algo que debe ser respetado y amado por s\u00ed\u00ad mismo; pues ahora el joven, debido a una capacidad de amor que le libera de la prisi\u00f3n en el yo, est\u00e1 en situaci\u00f3n de comprender suficientemente al otro en su subjetividad y en las exigencias que ella comporta. Precisamente esta capacidad de distinci\u00f3n y sobre todo esta capacidad de amor, por lo com\u00fan, no se dan ya con el final de la pubertad f\u00ed\u00adsica, y no deber\u00ed\u00adan ser precipitadamente supuestas en los a\u00f1os j\u00f3venes.<\/p>\n<p>2. Bajo la perspectiva filos\u00f3fica, podemos hablar de un a.m. cuando el hombre se realiza en su condici\u00f3n de -> persona consciente por &#8211;>decisi\u00f3n libre y sintiendo la responsabilidad ante \u00e9l mismo y ante los otros (&#8211;> libertad). Seg\u00fan esto, para que un a.m. tenga efecto debe haber conciencia y voluntad libre, y \u00e9stas han de ser actualizadas en vistas al desarrollo de las personas implicadas, entre las cuales se halla siempre la propia persona. Lo cual debe hacerse sintiendo responsabilidad ante las personas, ya que ellas pueden exigir respuesta y cuentas. Esto significa que el a.m. es siempre: una toma de posici\u00f3n frente a la norma transcendental de conducta; un perfeccionamiento y una perfecci\u00f3n; y, en armon\u00ed\u00ada con eso, una incitaci\u00f3n a la fe, la esperanza y la caridad \u00abmetaf\u00ed\u00adsicas\u00bb. Expresado de otra forma: el a.m. seg\u00fan su estructura formal es bueno en la medida en que, reconoce a Dios como sumo bien y por ello cree, conf\u00ed\u00ada en la salvaci\u00f3n de Dios y as\u00ed\u00ad espera, lo afirme como el sumo bien y as\u00ed\u00ad lo ama.<\/p>\n<p>Pues, en efecto, una acci\u00f3n s\u00f3lo puede ser enjuiciada como buena o como mala en la medida en que es conocida su conformidad con el ser o su oposici\u00f3n a \u00e9l. Este conocimiento, a su vez, s\u00f3lo es posible en la medida de la evidencia del ser en s\u00ed\u00ad, la cual por su parte incita a la afirmaci\u00f3n creyente del mismo, ya que el ser en s\u00ed\u00ad, por un lado, es el presupuesto intelectualmente necesario de lo que conocemos y, por otra parte, como algo que hemos de presuponer sin conocerlo exhaustivamente en s\u00ed\u00ad mismo, puede ser rehusado por la voluntad, aun cuando simult\u00e1neamente sea entendido por la raz\u00f3n como algo que debe afirmarse. Esto significa que cualquier acto moralmente bueno es un acto de -> fe.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s es siempre un acto de -> esperanza. Y lo es porque un acto consciente s\u00f3lo puede hacer m\u00e1s perfecto o imperfecto a un hombre en la medida en que se le presente como dotado o desprovisto de sentido y, con ello, arbitrario. Esto, a su vez, solamente es posible en la medida en que un comportamiento conforme con el ser es reconocido como absolutamente obligatorio. Ahora bien, por un lado, la conciencia del sentido del obrar es una presuposici\u00f3n transcendental y necesaria para la operaci\u00f3n consciente, pues la acci\u00f3n consciente est\u00e1 necesariamente dirigida a un fin; y, por otro lado, el reconocimiento del principio de que la actuaci\u00f3n dotada de sentido es la conforme con el ser constituye un acto libre de esperanza, pues la prueba de la exactitud del reconocimiento de ese principio s\u00f3lo cabe esperarla del futuro, de modo que es posible afirmarlo o negarlo libremente.<\/p>\n<p>En cuanto el hombre toma posici\u00f3n frente a una cosa conocida como obligatoria, se decide en \u00faltimo t\u00e9rmino a seguir o no seguir la llamada moral y, en consonancia con ello, al &#8211;> amor de lo que es bueno en s\u00ed\u00ad o a su repulsa arbitraria y despojada de amor. Pues el hombre, en su obrar consciente, por una parte aspira necesariamente a lo perfecto y, con ello, al bien en s\u00ed\u00ad, pero, por otra parte, \u00e9l tiene que decidirse por el amor de lo bueno en s\u00ed\u00ad, ya que nosotros solamente en medida limitada podemos conocer eso que es bueno en s\u00ed\u00ad y, por tanto, nos es posible rechazarlo desamoradamente en pro de un bien elegido a nuestro antojo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, el punto de partida para la determinaci\u00f3n del a.m. debe ser la relaci\u00f3n transcendental a Dios. Y \u00e9sta s\u00f3lo se halla tan desarrollada que podamos hablar de un a.m. en sentido pleno, cuando el hombre est\u00e1 referido a Dios en tal grado que, o bien \u00e9l afirma a Dios con fe, esperanza y amor en la concreta decisi\u00f3n moral, o bien lo rechaza incr\u00e9dulamente, arbitrariamente, en el fondo, desesperadamente y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, ego\u00ed\u00adstamente. Con todo, no es necesario que la relaci\u00f3n a Dios se actualice in actu reflexo, es suficiente que se realice in actu exercito. Esta relaci\u00f3n a la fe, la esperanza y la caridad va inherente al a.m. con necesidad transcendental; y, en nuestro orden de salvaci\u00f3n, ella experimenta una ampliaci\u00f3n f\u00e1ctica por la que se extiende al campo sobrenatural. Esta triple relaci\u00f3n transcendental y sobrenatural del a.m. a Dios debe ser desarrollada en lo que sigue.<\/p>\n<p>II. Toma de posici\u00f3n frente a la norma transcendental de la moral: toma de posici\u00f3n frente a la fe<br \/>\n1. Para la realizaci\u00f3n de un a.m. se requiere en primer lugar que una acci\u00f3n sea conocida como buena o como mala. Esta conciencia presupone, por un lado, el conocimiento de la norma moral y, por otro lado, el conocimiento de la relaci\u00f3n del acto a la norma moral. Es digno de ser afirmado inmediatamente y, con ello, moralmente bueno en el plano objetivo, todo aquello que tiene su sentido en s\u00ed\u00ad mismo y, en consecuencia, es absolutamente obligatorio. As\u00ed\u00ad el criterio supremo de moral es la ordenaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n de Dios, \u00fanico ser en el que podemos hallar la suprema consumaci\u00f3n. De donde se deduce que somos objetivamente perfectos tan s\u00f3lo por el perfecto amor a Dios y subjetivamente perfectos por acomodarnos totalmente a su voluntad.<\/p>\n<p>Todo lo dem\u00e1s es bueno en la medida en que se ordena a un fin transcendental, el cual, por su parte, tiene un sentido inmanente en s\u00ed\u00ad mismo. De ese modo todo es afirmado en la medida en que participa de la perfecci\u00f3n de Dios y desarrolla sus tendencias en armon\u00ed\u00ada con el ser. La criatura dotada, de esp\u00ed\u00adritu (-> \u00e1ngel, -> hombre) tiene parte en la perfecci\u00f3n de Dios en tal modo que ella, por un lado goza de sentido en s\u00ed\u00ad misma, de manera que su autorrealizaci\u00f3n est\u00e1 llena de sentido; y, por otro lado, s\u00f3lo puede autorrealizarse por la subordinaci\u00f3n al fin transcendente, a saber, a todo lo que tiene un sentido en s\u00ed\u00ad mismo y, por tanto, reviste un car\u00e1cter absoluto (notemos que el grado de subordinaci\u00f3n depende del grado de absolutez). Esto significa exactamente: es moralmente bueno todo lo que promueve al hombre en su condici\u00f3n humana, realizada en conformidad con los dem\u00e1s hombres, y promueve a todos los hombres en conformidad con Dios. En consecuencia, son moralmente buenos aquellos actos que perfeccionan al sujeto que obra en su relaci\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo, o sea, en \u00faltimo t\u00e9rmino es bueno todo lo que fomenta la intersubjetividad, la relaci\u00f3n entre las personas bajo todos los aspectos.<\/p>\n<p>Y, adem\u00e1s, como la naturaleza infrahumana (-> creaci\u00f3n) s\u00f3lo tiene sentido en cuanto sirve a la autorrealizaci\u00f3n del hombre, la ordenaci\u00f3n a ella es moralmente buena en el plano objetivo en tanto se la puede poner a servicio del desarrollo del hombre. Esto significa que el mundo de las \u00abcosas\u00bb, o sea, La realidad infrasubjetiva u objetiva, o puramente categorial, s\u00f3lo puede tener un car\u00e1cter mediata o materialmente moral.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, un acto es moralmente bueno .n el plano subjetivo cuando por \u00e9l se proiuce una ordenaci\u00f3n consciente a la autorrea.izaci\u00f3n en armon\u00ed\u00ada con el pr\u00f3jimo y con dios, y cuando por \u00e9l la realidad material es puesta a servicio de la subjetividad personal.<\/p>\n<p>En consonancia con lo dicho, el primer presupuesto para la actuaci\u00f3n moral es que se conozca suficientemente c\u00f3mo la persona no puede compararse con lo infrahumano, o sea, que se conozca el abismo existente entre las personas y las cosas. Un hombre que no sepa distinguir conscientemente entre personas y objetos carece, pues, de capacidad moral.<\/p>\n<p>Este conocimiento de lo bueno en s\u00ed\u00ad puede darse bajo diversos grados de claridad, no se requiere incondicionalmente que se produzca en forma consciente y tem\u00e1tica. Pero \u00e9l ya est\u00e1 sin duda iniciado siempre que se percibe por lo menos en manera directa e indistinta c\u00f3mo determinados valores, p. ej., la -> verdad, la perfecci\u00f3n, la -> libertad, la -> justicia, en resumen, las virtudes, deben ser apetecidos por s\u00ed\u00ad mismos. Pues en las virtudes siempre se trata necesariamente de valores que est\u00e1n al servicio del desarrollo de la intersubjetividad, siempre se trata, consecuentemente, de valores transcendentales, en el sentido de que la ordenaci\u00f3n a ellos siempre realiza necesariamente la perfecci\u00f3n del que obra y, por cierto, en conformidad con su condicionamiento intersubjetivo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, el hombre en tanto no puede equivocarse al enjuiciar las virtudes y los vicios, al adoptar una postura inmediatamente moral, en cuanto ellos lo abren siempre para el ->bien en s\u00ed\u00ad, pues, por definici\u00f3n, es decir, necesariamente, lo orientan hacia una ordenada o desordenada relaci\u00f3n intersubjetiva.<\/p>\n<p>Esto significa: cuando el hombre juzga que una acci\u00f3n est\u00e1 permitida, prohibida o mandada, \u00e9l no puede equivocarse al formular la permisi\u00f3n, la prohibici\u00f3n o el mandato en la medida en que, necesariamente por la raz\u00f3n y tendencial o voluntariamente por la disposici\u00f3n subjetiva, se halla dirigido a lo verdadero en s\u00ed\u00ad y, a pesar de la mediaci\u00f3n de la subjetividad, por la transparencia de lo objetivo goza de una evidencia que ilumina el campo de la subjetividad y de la intersubjetividad. Y en la misma medida la permisi\u00f3n, etc., se refiere inmediatamente a la afirmaci\u00f3n o negaci\u00f3n personal de sujetos, a una toma de posici\u00f3n buena o mala en s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Esto significa que el a.m. inmanente, en su toma de posici\u00f3n frente a la norma moral, frente a lo bueno en s\u00ed\u00ad, tiene una estructura formal lo mismo que el acto de fe en su asentimiento creyente, de modo que lleva en s\u00ed\u00ad mismo su propia seguridad. O sea, lleva su evidencia en s\u00ed\u00ad mismo, pues el hombre realiza en \u00e9l una inmediata comunicaci\u00f3n intersubjetiva, teniendo tanta conciencia directa -aunque no refleja- de la estructura de dicha comunicaci\u00f3n como de la comunicaci\u00f3n misma.<\/p>\n<p>En efecto, incluso bajo el aspecto de la ordenaci\u00f3n a lo verdadero y bueno en s\u00ed\u00ad, a lo absoluto en general, el a.m. se refiere directamente a Dios, aun cuando esto no siempre sucede en forma expl\u00ed\u00adcita, ya que la relaci\u00f3n transcendental a lo absoluto no es otra cosa que la ordenaci\u00f3n a Dios, por m\u00e1s que la elaboraci\u00f3n tem\u00e1tica de esa ordenaci\u00f3n est\u00e9 expuesta a falsificaciones.<\/p>\n<p>Ahora bien, el hombre debe llevar a la pr\u00e1ctica estas tomas de posici\u00f3n intersubjetiva a trav\u00e9s de acciones externas, objetivas y, en este sentido, transcendentales. Lo cual ocurre cuando \u00e9l usa su corporalidad y los bienes de esta tierra como medios de expresi\u00f3n y de autorrealizaci\u00f3n, y los pone para este fin en relaci\u00f3n con la subjetividad y la intersubjetividad. A este respecto, ciertamente el hombre est\u00e1 vinculado a la ley propia de la realidad infrapersonal o categorial, pero, en virtud de su personalidad la usa de tal manera que ella, en su ser as\u00ed\u00ad y no de otro modo, se halla determinada, ya no por interrelaciones causales independientes del hombre, sino por \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>En el enjuiciamento de esta ley propia el hombre puede equivocarse. Dicho de otro modo: el hombre puede equivocarse en lo que ella permite, manda o proh\u00ed\u00adbe, o sea, en sus tomas de posici\u00f3n objetiva. El fundamento para la posibilidad del error en la interpretaci\u00f3n objetiva de sus tomas de posici\u00f3n subjetiva se basa:<br \/>\na) En nuestra necesidad de abstracci\u00f3n. Con lo cual, por definici\u00f3n, se realiza un conocimiento incompleto de la esencia, por la raz\u00f3n de que lo esencial se nos desarrolla hist\u00f3ricamente y, en consecuencia, no se nos revela definitivamente, e igualmente por la raz\u00f3n de que nosotros comprendemos selectivamente, es decir, prescindiendo de ciertas notas.<\/p>\n<p>b) En nuestra necesidad de juzgar. En el .juicio se toma una posici\u00f3n transcendental frente a algo categorial y, por cierto, vinculando a trav\u00e9s de la c\u00f3pula el concepto transcendental con su realizaci\u00f3n categorial. Aqu\u00ed\u00ad pueden introducirse errores, pues nosotros s\u00f3lo conocemos la identidad entre lo subjetivo y lo objetivo en medio de las diferencias.<\/p>\n<p>c) Hemos de pensar que nosotros &#8211; aun cuando nuestra raz\u00f3n est\u00e9 necesariamente ordenada a la verdad en s\u00ed\u00ad-, puesto que el conocimiento depende de la disposici\u00f3n del sujeto y dicha verdad siempre es aprehendida en forma limitada y objetivada, tenemos la posibilidad de adoptar una postura libre frente a esa verdad concretamente captada, en cuanto ella es interpretable para nosotros. Por eso, nuestra aprehensi\u00f3n f\u00e1ctica de la verdad depende tambi\u00e9n de las tendencias del sujeto y del libre amor a ella. En consecuencia, el hecho de que la verdad no sea captada est\u00e1 condicionado, no s\u00f3lo por los l\u00ed\u00admites de la raz\u00f3n, sino tambi\u00e9n por la disposici\u00f3n de la voluntad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad se deduce lo siguiente: los juicios morales pueden reflejar lo moralmente permitido, etc. -m\u00e1s exactamente, la voluntad de Dios- en manera conforme a la verdad. Pero, a causa de su car\u00e1cter abstractivo y de la limitada ordenaci\u00f3n tendencial a la verdad, lo hacen siempre de una manera imperfecta, e incluso pueden caer en el error. Sin embargo, al formular la permisi\u00f3n, etc., nosotros conocemos infaliblemente la voluntad de Dios en cuanto estamos ordenados a la verdad en s\u00ed\u00ad. Mas esta ordenaci\u00f3n a la voluntad de Dios, en tanto es libre, implica siempre un cacto metaf\u00ed\u00adsico de fe\u00bb, pues, aun cuando la afirmaci\u00f3n libre de lo verdadero y de lo bueno en s\u00ed\u00ad descanse en las condiciones transcendentales de nuestro conocer y querer, sin embargo, \u00e9stas s\u00f3lo pueden ser afirmadas como tales mediante un acto transcendental no necesario, es decir, libre.<\/p>\n<p>2. Puesto que., en consecuencia, nosotros podemos expresar afirmativamente, pero no exclusiva ni definitivamente, la esencia de hechos objetivos y la finalidad de ciertas maneras categoriales de comportamiento, podemos decir algo en general y objetivamente acerca de la bondad o maldad de tales acciones, s\u00f3lo en forma afirmativa, pero no en forma exclusiva ni definitiva; es decir, cabe decirlo materialmente, pero no formalmente. Expresado de otro modo: es posible que la esencia de una acci\u00f3n categorial, de una acci\u00f3n realizada, incluso en el caso de que la hayamos comprendido correctamente, revista un aspecto que nos ha pasado desapercibido, y que el acto tenga una finalidad que nosotros no hemos captado. La cual significa que, en principio, acerca de determinados actos externos no se puede decir que ellos son moralmente buenos o malos siempre y bajo todas las circunstancias. Eso s\u00f3lo puede decirse en sentido material, es decir, el acto, cuando se realiza, tiene siempre un aspecto materialmente bueno o malo, aspecto que no se pierde cuando ese acto, a causa de otras posibles finalidades, haya de ser considerado como moralmente ambivalente en el plano objetivo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la intenci\u00f3n subjetiva que el hombre tenga al realizar el acto, \u00e9ste puede llamarse formalmente bueno o malo tambi\u00e9n en el plano objetivo y no s\u00f3lo en el subjetivo, aunque con ello no se excluye una finalidad material de signo contrario en ese mismo acto. As\u00ed\u00ad, p. ej., el dar muerte injustamente a un hombre es siempre objetiva y formalmente un asesinato, pero el dar muerte en leg\u00ed\u00adtima defensa tiene una finalidad moral ambivalente, una finalidad que justifica moralmente el acto y otra finalidad materialmente mala, la cual no es pretendida formalmente, pero s\u00ed\u00ad lo es objetivamente. Por consiguiente, el que el asesinato siempre sea formalmente malo se debe, no al acto objetivo y externo de la occisi\u00f3n, sino a la actitud interna, la cual siempre es necesariamente mala, por ser injusta en el caso presupuesto.<\/p>\n<p>De estos actos hay que distinguir los materialmente indiferentes, los cuales son concretamente buenos o malos en el terreno objetivo (y no s\u00f3lo en el subjetivo) seg\u00fan el fin a que sirven en virtud de la intenci\u00f3n f\u00e1ctica del que obra.<\/p>\n<p>III. Toma de posici\u00f3n frente a la perfecci\u00f3n transcendental: una toma de posici\u00f3n frente a la esperanza<br \/>\n1. Para que un acto sea moral debe ser comprendido como bueno o malo para m\u00ed\u00ad. La aprehensi\u00f3n de la congruencia o incongruencia de un acto, de lo recto y verdadero en s\u00ed\u00ad, no implica todav\u00ed\u00ada el conocimiento del sentido correspondiente, as\u00ed\u00ad como del valor y del car\u00e1cter obligatorio que de ah\u00ed\u00ad se desprenden. Para que este conocimiento tenga efecto hay que a\u00f1adirle la visi\u00f3n de que el acto considerado como bueno o malo redunda en salvaci\u00f3n o p\u00e9rdida de quien obra o de otros, y la de que, en consecuencia, quien act\u00faa debe rendir cuentas ante s\u00ed\u00ad mismo o ante otros, o sea, es necesario comprender el concreto car\u00e1cter obligatorio del acto y la consecuente responsabilidad del que obra. En efecto, una actuaci\u00f3n responsable no significa otra cosa que una acci\u00f3n conscientemente dotada de sentido. Pero el hombre s\u00f3lo puede obrar conscientemente con sentido cuando se pone a s\u00ed\u00ad mismo en relaci\u00f3n con un fin reconocido, el cual tenga su sentido en s\u00ed\u00ad mismo y con ello constituya su propia meta. Pero el referirse conscientemente a un fin todav\u00ed\u00ada no es sin m\u00e1s una actuaci\u00f3n responsable, pues cabe la posibilidad de que el hombre se refiera a una meta establecida arbitrariamente. Ahora bien, el ordenarse conscientemente a un fin arbitrariamente escogido no s\u00f3lo carece de sentido, sino que, adem\u00e1s, a causa de la elecci\u00f3n conscientemente arbitraria, constituye un aut\u00e9ntico sinsentido y contrasentido, ya que la conciencia siempre est\u00e1 intencionalmente orientada hacia el ser en s\u00ed\u00ad. Por tanto, para que la ordenaci\u00f3n consciente a un fin tenga sentido, ese fin ha de presentarse al que act\u00faa como digno de ser apetecido en s\u00ed\u00ad mismo, o sea, la meta debe tener su sentido en s\u00ed\u00ad misma y la ordenaci\u00f3n a ella debe ser conveniente para el que act\u00faa, pues la subjetividad busca siempre con necesidad transcendental la autorrealizaci\u00f3n y, s\u00f3lo realiz\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad misma, puede ella seguir siendo subjetividad.<\/p>\n<p>Si el hombre s\u00f3lo puede contraer v\u00ed\u00adnculos absolutos con relaci\u00f3n a las personas, se deduce como consecuencia que \u00e9l \u00fanicamente puede tener responsabilidad con relaci\u00f3n al orden categorial de las cosas en la medida en que \u00e9stas, salvada su propia ley f\u00ed\u00adsica que el hombre es incapaz de suprimir, por una acci\u00f3n personal son puestas a servicio de la subjetividad y de la intersubjetividad. Efectivamente, en s\u00ed\u00ad misma, la realidad categorial no tiene m\u00e1s sentido que el de servir de medio para la autorrealizaci\u00f3n del hombre, puesto que ella no puede ordenarse a s\u00ed\u00ad misma a una finalidad, sino que debe ser ordenada por el hombre a su autorrealizaci\u00f3n, pues de lo contrario carecer\u00ed\u00ada de sentido (&#8211;> creaci\u00f3n). Si el hombre, a causa de la capacidad de pecar, nacida de su limitaci\u00f3n, la ordena a finalidades arbitrarias, dicha realidad carece de sentido en cuanto no es orientada hacia una meta conveniente, mas no por eso es absurda, ya que ella conserva su propio sentido, a saber, el de servir de medio para la autorrealizaci\u00f3n del hombre. El hombre tiene una responsabilidad inmediata con relaci\u00f3n a la subjetividad percibida conscientemente, pues \u00e9sta lleva su sentido en si misma. Para ello el hombre debe haber comprendido concretamente el sentido o el contrasentido del acto en s\u00ed\u00ad, o sea, se debe haber dado cuenta de las personas implicadas, y, entonces, seg\u00fan la medida de esa comprensi\u00f3n tendr\u00e1 conciencia del car\u00e1cter obligatorio del acto.<\/p>\n<p>Esto se desprende de que la subjetividad tiende siempre con necesidad transcendental a su propia realizaci\u00f3n. Por definici\u00f3n, la realizaci\u00f3n subjetiva es siempre autorrealizaci\u00f3n. Y, en consonancia con eso, 1a propia realizaci\u00f3n consciente se lleva a cabo con responsabilidad ante s\u00ed\u00ad mismo. De ah\u00ed\u00ad que incluso el amor desinteresado del hombre s\u00f3lo sea posible bajo el presupuesto de que ese amor tenga sentido para \u00e9l y le lleve a su propio perfeccionamiento. O, por aducir otro ejemplo, el hombre s\u00f3lo puede suicidarse guiado por la intenci\u00f3n de alcanzar una plenitud de s\u00ed\u00ad mismo adecuada a las circunstancias.<\/p>\n<p>Esto se desprende tambi\u00e9n de que la subjetividad, la cual est\u00e1 en relaci\u00f3n con otras subjetividades, s\u00f3lo puede realizarse a s\u00ed\u00ad misma respetando la subjetividad de los otros. Pues Dios ser\u00ed\u00ada infiel a s\u00ed\u00ad mismo si aniquilase la criatura espiritual una vez que la ha creado. Pero aquella subjetividad que s\u00f3lo puede realizarse en dependencia de otro har\u00ed\u00ada imposible su autorrealizaci\u00f3n en la medida en que no se realizara en conformidad con su dependencia. La subjetividad obra irresponsablemente en la medida en que niega su dependencia. Dicho de otro modo: la responsabilidad humana s\u00f3lo es posible en cuanto el hombre comprende conscientemente su subjetividad en su dependencia objetiva e intersubjetiva. En efecto, el hombre depende tanto de la realidad categorial como de las personas. 0.1 necesita la realidad categorial, o sea, su corporalidad y el mundo de las cosas, como un medio para la propia realizaci\u00f3n. Y de las personas, en cambio, tiene necesidad como compa\u00f1eras en el camino de la propia realizaci\u00f3n, hasta tal punto que \u00e9l s\u00f3lo puede actualizarse como persona en cuanto adopta una postura para con la personalidad ya actualizada, es decir, el hombre s\u00f3lo puede amar, afirmarse personalmente a s\u00ed\u00ad mismo y afirmar a otros en cuanto \u00e9l ha sido amado. Seg\u00fan esto, la posibilidad de la afirmaci\u00f3n moral de otros presupone un conocimiento suficiente de que la ordenaci\u00f3n a los dem\u00e1s, de que la aceptaci\u00f3n de la dependencia con relaci\u00f3n a ellos contribuye, no a la destrucci\u00f3n, sino a la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. As\u00ed\u00ad, hombres que -por no haber experimentado suficientemente el amor personal- no han podido desarrollar lazos personales, tampoco son responsables de cr\u00ed\u00admenes contra otros, incluso en el caso de que en forma puramente racional comprenden con claridad que obrar as\u00ed\u00ad est\u00e1 prohibdo; y no lo son porque desconocen el valor negado en su acci\u00f3n. Una parte del fen\u00f3meno de la criminalidad en el mundo del confort, la cual muchas veces resulta tan incomprensible, sin duda debe explicarse por la falta de lazos personales y por la consecuente irresponsabilidad.<\/p>\n<p>El hecho de que nosotros s\u00f3lo podemos comprender el valor del amor por la experiencia del mismo amor se funda a la postre en que toda nuestra potencialidad debe ser actualizada siempre en virtud de una actualidad &#8211; por lo menos del mismo orden &#8211; y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, en virtud del acto divino, primera ra\u00ed\u00adz donde se basa la posibilidad de nuestra propia realizaci\u00f3n. Por eso, nuestra actividad productiva consiste en una toma de posici\u00f3n frente a las posibilidades que se nos ofrecen y no en un comportamiento aut\u00e9nticamente creador. En \u00faltimo t\u00e9rmino, lo \u00fanico que nosotros podemos hacer es adoptar una postura personal con relaci\u00f3n a las posibilidades que nos vienen de fuera y, as\u00ed\u00ad, actualizar nuestra personalidad mediante una singular toma de posici\u00f3n ante las posibilidades incesantemente renovadas. Por esto el hombre desde su ra\u00ed\u00adz es un ser individual y social y, de esa manera, una criatura. P-1 s\u00f3lo puede decir \u00abyo\u00bb en la medida en que puede decir \u00abt\u00fa\u00bb y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, \u00abmi Dios\u00bb. \u00fanicamente as\u00ed\u00ad est\u00e1 en condiciones de realizar su originalidad en forma singular dentro de la historia (-> sociedad; -> historia e historicidad).<\/p>\n<p>Por consiguiente, seg\u00fan lo dicho, autorrealizaci6n es siempre un dar sentido a la acci\u00f3n propia y a la vida propia en dependencia de otras cosas y de otros. Pero esa dependencia solamente adquiere rango moral cuando y en la medida en que una determinada forma de comportamiento es adecuadamente conocida como el sentido de una acci\u00f3n actual o de la vida en general y, en consecuencia, es reconocida como obligatoria. Este es el caso cuando tanto las personas y sus tomas de posici\u00f3n frente a otras como la realidad categorial son referidas a personas.<\/p>\n<p>Puesto que nosotros s\u00f3lo aprehendemos nuestra subjetividad por mediaci\u00f3n del campo objetivo de la intersubjetividad y lo objetivo \u00fanicamente llega al sujeto bajo los l\u00ed\u00admites del espacio y del tiempo, solamente captamos nuestra propia subjetividad y nuestra dependencia intersubjetiva en cuanto nos desprendemos del pasado, del presente y del futuro objetivos, y al mismo tiempo referimos la subjetividad a la objetividad sometida a mutaci\u00f3n. Ahora bien, puesto que todo obrar moral es una actuaci\u00f3n subjetiva, la acci\u00f3n \u00e9tica s\u00f3lo se realiza en la medida en que el sujeto operante, a base de su operaci\u00f3n objetiva, adopta una postura frente a la subjetividad; frente a una subjetividad que, por una parte, en virtud de su misma naturaleza &#8211; precisamente por ser subjetividad &#8211; est\u00e1 substra\u00ed\u00adda al manejo del hombre y, por otra parte, maneja la realidad objetiva. De ah\u00ed\u00ad se deduce que todo a.m. reviste un aspecto singular, pues cada situaci\u00f3n objetiva frente a la cual el hombre debe tomar una posici\u00f3n moral, dada su dependencia de las personas que act\u00faan en ella, tiene un car\u00e1cter irrepetible, y, adem\u00e1s, todo sujeto operante ha de actuar en armon\u00ed\u00ada con su singularidad subjetiva.<\/p>\n<p>Esto significa simplemente que el hombre s\u00f3lo puede rendir cuentas de su actuaci\u00f3n en cuanto su toma de posici\u00f3n subjetiva, mediada por la realidad objetiva, est\u00e1 referida a la subjetividad. De donde se deduce que el hombre s\u00f3lo puede tener responsabilidad en el grado en que ha comprendido la finalidad de la subjetividad propia y de la ajena y al mismo tiempo la relaci\u00f3n del obrar propio con esta finalidad.<\/p>\n<p>Para que esa comprensi\u00f3n y ese enfoque de la finalidad sean posibles, el futuro que viene hacia el hombre ha de presentarse lleno de sentido bajo una determinada forma y bajo una determinada respuesta. Mas este futuro que viene hacia el hombre \u00fanicamente puede present\u00e1rsele lleno de sentido si alguien que tenga su sentido en s\u00ed\u00ad mismo, en \u00faltimo t\u00e9rmino Dios, ha dotado tambi\u00e9n de sentido al futuro. Y esa mirada luminosa a un futuro lleno de sentido y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, al mismo Dios, no es otra cosa que la virtud teologal de la -> esperanza. Ella constituye el presupuesto para un amor libre, abnegado, y, por esto, virtuoso, ya que el hombre solamente puede entregarse en la medida en que ha tomado posesi\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y se ha afirmado a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Si el hombre niega el futuro tal como \u00e9ste llega hacia \u00e9l y pretende darle un sentido arbitrario, obra irresponsablemente, es decir, obra, no en conformidad con el sentido de la subjetividad y de la intersubjetividad, el cual se revela en el conocimiento y exige reconocimiento, sino a tenor del propio arbitrio y, por tanto, absurdamente.<\/p>\n<p>2. En cuanto aqu\u00ed\u00ad se trata de responsabilidad ante uno mismo, hablamos de autonom\u00ed\u00ada y, en cuanto se trata de responsabilidad ante otros, hablamos de heteronom\u00ed\u00ada. Puesto que el hombre es al mismo tiempo responsable ante s\u00ed\u00ad mismo y responsable ante otros, \u00e9l es a la vez aut\u00f3nomo y heter\u00f3nomo, si bien desde diversos puntos de vista.<\/p>\n<p>El hombre es aut\u00f3nomo en cuanto debe rendirse cuentas a s\u00ed\u00ad mismo, en cuanto su acci\u00f3n subjetiva est\u00e1 en consonancia con el fin conocido de su subjetividad. El fundamento de esta conciencia de responsabilidad ante s\u00ed\u00ad mismo est\u00e1, por un lado, en que el hombre, mediante su toma de posici\u00f3n personal, de tal modo configura consciente y libremente las tendencias que laten en \u00e9l y buscan su satisfacci\u00f3n, que \u00e9stas, aun conservando necesariamente su constituci\u00f3n, ya no se hallan determinadas por una red de causas independientes del sujeto humano, sino que se convierten en expresi\u00f3n y realizaci\u00f3n de su autointeligencia y autonom\u00ed\u00ada. Y, por otro lado, la conciencia de responsabilidad ante s\u00ed\u00ad mismo se funda en que el hombre siempre decide en su acci\u00f3n moral apoy\u00e1ndose en un pasado previamente existente, as\u00ed\u00ad como en sus propios lazos con el presente, y proyect\u00e1ndose desde all\u00ed\u00ad hacia el propio futuro que le viene de fuera, hacia un futuro lleno de importancia para su salvaci\u00f3n. Puesto que de esa manera el hombre es la causa y el fin de su propio obrar, \u00e9l es responsable frente a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>El hombre es heter\u00f3nomo en cuanto debe rendir cuentas ante el pr\u00f3jimo y ante Dios, en cuanto su acci\u00f3n subjetiva est\u00e1 conforme con la subjetividad de \u00e9stos. En tanto el hombre refiere a otros el fruto de su acci\u00f3n, orienta -dentro del margen de sus responsabilidades morales- lo entra\u00f1ado en sus actos al bienestar y al desarrollo personal de las personas implicadas y, con ello, a la propia salvaci\u00f3n, que \u00e9l s\u00f3lo puede esperar en armoniosa conformidad con los dem\u00e1s. El hombre es, pues, heter\u00f3nomo por su dependencia de otras personas y cosas, dependencia que, en inter\u00e9s de la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, exige que se tenga en cuenta la ley propia de aquellas personas y cosas de las cuales \u00e9l depende.<\/p>\n<p>El hecho de que el obrar moral tiene que realizarse siempre bajo condiciones hist\u00f3ricamente irrepetibles implica la necesidad de capacitar para las decisiones morales por el dictamen de la &#8211;> conciencia, el cual queda legitimado por el amor del sujeto a la verdad en s\u00ed\u00ad y por la consecuente ordenaci\u00f3n de su juicio a lo verdadero en s\u00ed\u00ad, pues en el juicio de la conciencia el acto es juzgado subjetivamente seg\u00fan el conocimiento de lo verdadero en s\u00ed\u00ad, o sea, es enjuiciado para uno mismo y en forma singular o irrepetible. As\u00ed\u00ad, en la misma medida del amor a la verdad, se da una ordenaci\u00f3n del conocimiento a lo verdadero en s\u00ed\u00ad y, con ello, una necesaria ordenaci\u00f3n a una autorrealizaci\u00f3n llena de sentido. Ciertamente, esto no excluye el error objetivo ni lo exime de sus efectos objetivamente malos, pero as\u00ed\u00ad se convierte en expresi\u00f3n &#8211; aunque inadecuada &#8211; de una postura personalmente buena, de una actitud amorosa, de una autorrealizaci\u00f3n verdadera y dotada de sentido. La posibilidad de error es ineludible. Mas no por eso se pierde la dignidad de la conciencia (Vaticano zi, Constituci\u00f3n pastoral, n. 16), ya que permanece su ordenaci\u00f3n a lo verdadero, a lo bueno en s\u00ed\u00ad, a lo que tiene sentido en s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Pero si el error de conciencia tiene su ra\u00ed\u00adz en una ordenaci\u00f3n culpablemente deficiente a la verdad y, con ello, en un amor culpablemente deficiente del sujeto a la verdad, se da tambi\u00e9n una ordenaci\u00f3n irresponsable a una autorrealizaci\u00f3n inadecuada, pues el hombre, a causa de un amor desordenado, no actualiza aquel amor a la verdad que \u00e9l conoce como obligatorio. El error es querido en su causa.<\/p>\n<p>En cuanto el hombre, en virtud de su ordenaci\u00f3n necesaria a la verdad, se inclina conscientemente hacia ella, queda ordenado a lo verdadero en s\u00ed\u00ad y, en consecuencia, \u00e9l concibe como sentido de su existencia la tarea de adecuar sus propias acciones y toda su vida a las exigencias del futuro, y concretamente, por una toma responsable de posici\u00f3n frente a lo que conoce como obligatorio para la autorrealizaci\u00f3n en dependencia de otras personas y cosas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, en el plano objetivo hay una acci\u00f3n calificadamente moral y responsable cuando por la acci\u00f3n propia se toma posici\u00f3n de una manera subjetivamente definitiva, y se di una acci\u00f3n simplemente moral y responsable cuando se toma posici\u00f3n de una manera subjetivamente transitoria. En el primer caso, objetivamente se trata de una acci\u00f3n justificante, o de un pecado grave, o de una acci\u00f3n que modifica esencialmente la propia constituci\u00f3n subjetiva o la relaci\u00f3n intersubjetiva (-> justificaci\u00f3n, -> pecado, -> conversi\u00f3n). En el segundo caso se trata de una acci\u00f3n que s\u00f3lo modifica parcialmente las relaciones subjetivas o intersubjetivas, es decir, no las modifica en su n\u00facleo decisivo, sino solamente bajo un determinado aspecto.<\/p>\n<p>En el plano subjetivo se da una acci\u00f3n moral calificada o una acci\u00f3n simplemente moral seg\u00fan que el operante realice o modifique, o bien un esbozo fundamental, o bien un esbozo particular de su propia subjetividad y, en consecuencia, de la misma intersubjetividad. Estamos ante el caso de un esbozo fundamental cuando el hombre decide sobre su \u00faltimo fin subjetivo y sobre sus implicaciones en el \u00e1mbito de la dependencia intersubjetiva. Consecuentemente, una acci\u00f3n moral calificada s\u00f3lo es posible para quien ha comprendido tan ampliamente la subjetividad o la intersubjetividad y sus fines, que se halla en condiciones de tomar una posici\u00f3n definitiva en ese campo. Lo cual, naturalmente, no excluye que desde el punto de vista objetivo sean posibles futuras conversiones en sentido positivo o negativo. Estamos ante un esbozo particular cuando el operante decide sobre un acto particular en relaci\u00f3n con un esbozo fundamental previamente dado, o bien cuando, hall\u00e1ndose la relaci\u00f3n decisiva a la propia subjetividad o a la intersubjetividad bajo el dominio de las tendencias, en tal medida se ha llegado a aprehender algunos aspectos de la subjetividad y de la intersubjetividad, que es posible una postura responsable para con \u00e9stas.<\/p>\n<p>IV. Toma de posici\u00f3n frente a la perfecci\u00f3n transcendental: toma de posici\u00f3n frente al amor<br \/>\n1. El a.m., por el cual el hombre se oriente de cara a la salvaci\u00f3n, tambi\u00e9n pone a \u00e9ste en relaci\u00f3n con la perfecci\u00f3n o plenitud de la realidad. Para que el hombre pueda realizarse en armon\u00ed\u00ada con dicha perfecci\u00f3n, el a.m. debe ser libre. Pues s\u00f3lo por una libre toma de posici\u00f3n es posible romper las redes de las diversas tendencias, las cuales existen en nosotros desde el principio y buscan su satisfacci\u00f3n inmediata sin tener en cuenta el perfeccionamiento de la persona. En virtud de nuestra raz\u00f3n podemos liberarnos de la fascinaci\u00f3n ejercida por estas tendencias particulares y, en consecuencia, de su impulso hacia una satisfacci\u00f3n inmediata. Y logramos eso impidiendo primero la acci\u00f3n de dichas tendencias y decidiendo luego por motivos conscientes. La ra\u00ed\u00adz de esta -> libertad nuestra est\u00e1, pues, en la raz\u00f3n. A trav\u00e9s de ella tenemos la posibilidad de ordenar las tendencias particulares a las necesidades de la subjetividad y de la intersubjetividad, en la medida en que \u00e9stas nos son conocidas, y la de ponerlas as\u00ed\u00ad a servicio del amor o del pecado.<\/p>\n<p>Como facultad puesta a servicio del amor y, con ello, de la perfecci\u00f3n, la libertad moral es una magnitud totalmente din\u00e1mica y jam\u00e1s es un estado alcanzado. En cuanto, de esa manera, la libertad ordena la autonom\u00ed\u00ada a la heteronomia, ella no conoce l\u00ed\u00admites, sino que, m\u00e1s bien, rompe los muros limitativos de nuestra dependencia de la necesidad interna y de la coacci\u00f3n externa, para dar acceso a una existencia cada vez m\u00e1s humana, seg\u00fan la medida de la realizaci\u00f3n de la libertad. Pues en este caso el hombre busca una autorrealizaci6n cada vez m\u00e1s intensa, no a base de la mera identidad consigo mismo, sino a trav\u00e9s de la conformidad con la dependencia intersubjetiva y objetiva, y, por tanto, a trav\u00e9s de la conformidad con la plenitud de la realidad.<\/p>\n<p>En cambio, en el caso del -> pecado el hombre no se acepta como aquel que verdaderamente es y, en consecuencia, da un \u00abno\u00bb a su realidad plena, ya que \u00e9l busca su perfecci\u00f3n solamente en la identidad consigo mismo y de esa manera no puede encontrarla, de modo que as\u00ed\u00ad emprende el intento, necesariamente condenado al fracaso, de transformar su contingencia en algo absoluto. La posibilidad de un pecado que arrogantemente se atribuye a s\u00ed\u00ad mismo un car\u00e1cter absoluto presupone un conocimiento suficiente de que el hombre merece afirmarse por s\u00ed\u00ad mismo, de que la dignidad de la persona es inviolable, de que \u00e9sta tiene derecho al respeto y a una promoci\u00f3n amorosa, y de que, consecuentemente, no podemos decidir arbitrariamente sobre su destino. Seg\u00fan esto, en el plano moral somos plenamente responsables en la medida en que conocemos formalmente los inalienables derechos del -> hombre.<\/p>\n<p>Con ello la libertad moral no pone ning\u00fan l\u00ed\u00admite externo a la libertad psicol\u00f3gica, sino que excluye solamente el abuso de \u00e9sta, en cuanto hace valer las estructuras de la libertad transcendental y posibilita as\u00ed\u00ad su desarrollo din\u00e1mico. Esa libertad transcendental tiene su finalidad en s\u00ed\u00ad misma, pues constituye el presupuesto transcendental para la consumaci\u00f3n del amor.<\/p>\n<p>2. El hombre pone sus tendencias particulares a servicio del amor en cuanto, seg\u00fan la medida de su conocimiento, las ordena al perfeccionamiento de la propia subjetividad mediante una ordenaci\u00f3n simult\u00e1nea de esta subjetividad a la afirmaci\u00f3n y promoci\u00f3n de las relaciones intersubjetivas previamente encontradas; pero eso dentro del marco de los justos intereses subjetivos, es decir, en la medida en que el fomento de los intereses subjetivos es conciliable con las exigencias intersubjetivas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto las virtudes particulares son virtuosas en el grado en que ordenan a la caridad determinados modos de comportamiento personal. As\u00ed\u00ad la obediencia es virtuosa en cuanto, en armon\u00ed\u00ada con el amor, subordina la voluntad propia a otro que tiene autoridad sobre el que obedece. En este sentido, la caridad puede ser llamada forma de todas las virtudes. Los pecados, por el contrario, son pecaminosos siempre en la medida en que van contra la caridad (distinci\u00f3n entre virtudes teologales, virtudes cardinales y otras virtudes: -> virtud; G. GILLEMAN, Le Primat de la Charit\u00e9 en Th\u00e9ologie Morale, Bru, 21954).<\/p>\n<p>El &#8211;> bien en s\u00ed\u00ad, al cual el hombre est\u00e1 ordenado por el amor a la verdad, es inagotable, ya que las posibilidades objetivas de perfeccionamiento del hombre son ilimitadas, a causa de su ordenaci\u00f3n al -> ser en s\u00ed\u00ad. Pero las posibilidades concretas de perfeccionamiento y, con ello, de decisi\u00f3n \u00e9tica son limitadas debido a la finitud del hombre. Por eso, una actuaci\u00f3n responsable ha de atenerse siempre a estas posibilidades concretas, si bien conservando a la vez la aspiraci\u00f3n a las posibilidades absolutas por el amor \u00e1 lo verdadero, a lo bueno y a lo valioso en s\u00ed\u00ad. De esa manera, por la acci\u00f3n moral el hombre alcanza posibilidades siempre nuevas e insospechadas de perfecci\u00f3n, la cual, en \u00faltimo t\u00e9rmino, viene hacia e&#8217;1 como don de Dios.<\/p>\n<p>V. Resumen<br \/>\nPor el a.m. se abre para el hombre la posibilidad de la propia perfecci\u00f3n personal mediante una orientaci\u00f3n de cara al pr\u00f3jimo y de cara a Dios, conseguida en cuanto \u00e9l pone sus obras externas en una relaci\u00f3n objetiva y consciente, positiva o negativa, con el perfeccionamiento subjetivo e intersubjetivo de las personas implicadas en dicho acto (y hemos de notar a este respecto que el hombre, por su conversi\u00f3n amorosa a Dios, s\u00f3lo extr\u00ed\u00adnsecamente es capaz de aumentar la perfecci\u00f3n divina, mientras que \u00e9l logra precisamente as\u00ed\u00ad su m\u00e1xima plenitud: &#8211;> gloria de Dios).<\/p>\n<p>Consecuentemente, el a.m. siempre es egoc\u00e9ntrico y heteroc\u00e9ntrico a la vez. Es formalmente bueno en la medida en que, a base de un libre amor extrovertido a las personas con las que \u00e9l se relaciona, va m\u00e1s all\u00e1 de la transcendentalmente necesaria autoafirmaci6n. Y es formalmente malo siempre que la necesaria autoafirmaci\u00f3n, vinculada por esencia a un transcenderse libremente, recibe un valor absoluto, de modo que el hombre mismo, el pr\u00f3jimo y Dios s\u00f3lo son afirmados en tanto se hallan a servicio de la propia perfecci\u00f3n arbitraria (arbitraria por contradecir a la realidad).<\/p>\n<p>Bajo el aspecto de esta estructura formal el a.m. es inmanentemente infalible cuando \u00e9l manda, permite y proh\u00ed\u00adbe, pues a causa de dicha estructura toma posici\u00f3n en forma necesaria, consciente, responsable y libre frente al mundo de la conciencia, de las exigencias personales y de la perfecci\u00f3n. El acto transcendente causado por esta toma de posici\u00f3n moral recibe su cualidad formalmente moral de la intenci\u00f3n del agente. Esta intenci\u00f3n puede contradecir a la cualidad objetiva y material del acto; lo cual se debe a la posibilidad que el hombre tiene de equivocarse en el enjuiciamiento de la ley propia de la realidad categorial y de servirse libremente de ella en forma absurda, posibilidad radicada en que \u00e9l es finito y contingente. El a.m. por su relaci\u00f3n transcendental est\u00e1 abierto a la informaci\u00f3n por la -> gracia.<\/p>\n<p>VI. La teolog\u00ed\u00ada del acto moral<br \/>\nDesde un punto de vista teol\u00f3gico, para determinar la moralidad de un acto hay que partir de si, y en qu\u00e9 manera, \u00e9l dice relaci\u00f3n a la uni\u00f3n con Dios por la gracia, a la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica, a la que todos los hombres est\u00e1n llamados en virtud de la universal voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios. Esto significa que los actos deben llamarse morales en cuanto tienen importancia salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>De acuerdo con esto, los actos conscientes, responsables y libres que no est\u00e1n informados por la gracia, teol\u00f3gicamente hablando, s\u00f3lo en un sentido indirecto merecen llamarse morales, a saber, en el sentido de que constituyen una disposici\u00f3n indirecta o negativa a la gracia y, consecuentemente, a la &#8211;> salvaci\u00f3n. Ciertamente, a la cuesti\u00f3n de si existen esos actos morales meramente naturales, la mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos le dan una respuesta afirmativa, por creer que as\u00ed\u00ad lo exige la recta elaboraci\u00f3n de la distinci\u00f3n entre el orden natural y el sobrenatural y, especialmente, entre la fe en sentido amplio (fides late dicta) y el inicio de la fe (initium fidei); pero, no obstante, la pregunta no est\u00e1 definitivamente resuelta, pues la tesis seg\u00fan la cual hay actos morales que carecen de importancia para la salvaci\u00f3n resulta problem\u00e1tica desde el punto de vista de una &#8211;> antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Para la delimitaci\u00f3n teol\u00f3gica del a.m. partimos aqu\u00ed\u00ad de que el grado de informaci\u00f3n de un acto por la gracia suficiente determina el grado de su moralidad positiva, y de que su relaci\u00f3n a las virtudes sobrenaturales de la fe, la esperanza y la caridad determina su estructura interna. Seg\u00fan esto, es un acto simplemente moral aquel que posibilita bajo aspectos particulares, o bien la disposici\u00f3n positiva a la justificaci\u00f3n, o bien la modificaci\u00f3n del estado salv\u00ed\u00adfico del justificado. Y se da un a.m. calificado cuando \u00e9l posibilita la justificaci\u00f3n o tiene la capacidad de modificar esencialmente la situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del justificado.<\/p>\n<p>La conciencia necesaria para el a.m. empieza con la posibilidad del inicio de la fe y llega a la madurez necesaria para un a.m. calificado cuando es posible la f e requerida para la justificaci\u00f3n. La necesaria conciencia de responsabilidad moral existe en la medida en que la salvaci\u00f3n es esperada como don gratuito de Dios y la aceptaci\u00f3n de su voluntad salv\u00ed\u00adfica es reconocida como absolutamente obligatoria, y, consecuentemente, en la medida en que el hombre es capaz de esperanza. Finalmente, la libertad moral necesaria existe en el grado en que el hombre es capaz de amor sobrenatural.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad hay que tener en cuenta, naturalmente, c\u00f3mo no es incondicionalmente necesario que esta ordenaci\u00f3n al fin sobrenatural se haya hecho consciente, pues puede darse en forma meramente impl\u00ed\u00adcita e irreflexiva y, sin embargo, real (&#8211;> ate\u00ed\u00adsmo).<\/p>\n<p>El a.m. se realiza por una toma de posici\u00f3n frente al orden de la creaci\u00f3n en su acu\u00f1aci\u00f3n cristol\u00f3gica o historicosalv\u00ed\u00adfica y, por tanto, est\u00e1 estructurado eclesiol\u00f3gicamente (autoridad de la &#8211;> Iglesia: E. MERSCH, Morale et Corps Mystique, Bru 41955. Consecuentemente, la capacidad natural de acci\u00f3n \u00e9tica que el hombre tiene es conducida por el a.m. a su consumaci\u00f3n en un orden sobrenatural y cristol\u00f3gico. Y, a la vez, \u00e9l presupone e implica dicha capacidad natural.<\/p>\n<p>En el acto moralmente bueno, proseguimos en el plano teol\u00f3gico, siempre se trata, por tanto, de una racional obediencia creyente, la cual tiene conciencia de la obligaci\u00f3n radical frente al Dios que se nos comunica por la gracia y se nos acerca por la encarnaci\u00f3n. Esa obediencia en y a trav\u00e9s de la respuesta amorosa a Dios, dada en un clima de fraternidad con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s hombres, puede esperar la salvaci\u00f3n. En el acto moralmente malo, por el contrario, siempre se trata de tina forma de incredulidad, la cual se rebela arbitraria y soberbiamente contra la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios y, con ello, por apartarse de los otros y, a trav\u00e9s de este alejamiento, cae en una situaci\u00f3n de perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Waldemar Molinski<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Enfoque psicol\u00f3gico y filos\u00f3fico 1. Visto psicol\u00f3gicamente, el punto de partida del obrar moral es la toma de posici\u00f3n personal, es decir, consciente y libre, en el conflicto entre las necesidades impuestas por la realizaci\u00f3n de las tendencias del yo y las exigencias de la sociedad; seg\u00fan esto, el obrar moral presupone el desarrollo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-moral\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abACTO MORAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18847","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18847","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18847"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18847\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18847"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18847"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18847"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}