{"id":18848,"date":"2016-02-05T12:06:20","date_gmt":"2016-02-05T17:06:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-religioso\/"},"modified":"2016-02-05T12:06:20","modified_gmt":"2016-02-05T17:06:20","slug":"acto-religioso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-religioso\/","title":{"rendered":"ACTO RELIGIOSO"},"content":{"rendered":"<p>El a.r. es un concepto central de la filosof\u00ed\u00ada de la -> religi\u00f3n y de la -> antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica. C\u00f3mo ha de delimitarse m\u00e1s concretamente e] contenido de] concepto est\u00e1 condicionado por la autointeligencia del hombre en un determinado momento hist\u00f3rico y por la antropolog\u00ed\u00ada que (expresa o impl\u00ed\u00adcitamente) corresponde a esa inteligencia. En lo que sigue se aclaran las notas esenciales y estructurales de] a.r. a la luz de la m\u00e1s reciente filosof\u00ed\u00ada cat\u00f3lica de la religi\u00f3n (I, II).<\/p>\n<p>A ello se une una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica cr\u00ed\u00adtica y complementaria (III).<\/p>\n<p>I. Naturaleza del a.r.<\/p>\n<p>Si se toma en serio el axioma general: actus specificatur ab obiecto, el a.r. mismo adquiere una peculiar\u00ed\u00adsima y singular estructura por su objeto, que es la realidad misteriosa de Dios, en conformidad con la singular relaci\u00f3n que reina entre Dios y el hombre: Dios no est\u00e1 frente al hombre como un objeto cualquiera de su conducta intencional, de suerte que el hombre, saliendo de una subjetividad que subsiste y se sacia completamente en s\u00ed\u00ad misma, pudiera tambi\u00e9n, posteriormente, referirse a \u00e9l o ser afectado por \u00e9l en su acto. La afecci\u00f3n subjetiva de parte de Dios (cf. ii 3) pertenece m\u00e1s bien al fundamento primigenio del mismo ser humano. Pues el hombre implica la referencia al misterio de Dios en el n\u00facleo mismo de su esencia espiritual (es decir, autotransparente) y finita, y no s\u00f3lo en virtud de algo a\u00f1adido a una &#8211;> \u00abnaturaleza\u00bb ya redondeada y con perspectiva en s\u00ed\u00ad misma. Y, en la medida de esa referencia, \u00e9l se halla sustra\u00ed\u00addo y oculto a s\u00ed\u00ad mismo, de suerte que posee en Dios y no por s\u00ed\u00ad mismo toda su subsistencia y la inc\u00f3lume totalidad y claridad de su esencia. El a.r. es as\u00ed\u00ad la entrada del hombre en esta transcendencia de su propia esencia y, con ello, una humilde, receptiva y perceptiva apertura, as\u00ed\u00ad como una reactiva afirmaci\u00f3n tributada como respuesta y entrega a la llamada y al dominio totales por parte del misterio de Dios. Es una afirmaci\u00f3n de la afecci\u00f3n de la existencia humana por dicho misterio, afecci\u00f3n que es ineludible incluso en el plano de la subjetividad. As\u00ed\u00ad el a.r. sit\u00faa al hombre ante Dios en cuanto hace presente ante sus propios ojos en la forma m\u00e1s profunda y amplia el mismo ser humano. Pues el hombre, en medio de su finitud espiritual, es la referencia presente en s\u00ed\u00ad misma al misterio infinito.<\/p>\n<p>II. Las estructuras<br \/>\nDe este esquema general de la esencia puede desprenderse una serie de estructuras, las cuales no se hallan soldadas como piezas sueltas en el a.r., sino que cada una de ellas abarca el todo de su realidad y esclarece su contenido.<\/p>\n<p>1. La estructura aprior\u00ed\u00adstica<br \/>\nEl a.r. as\u00ed\u00ad caracterizado, como aceptaci\u00f3n y ratificaci\u00f3n de la naturaleza espiritual del hombre, es \u00abdote necesario del&#8230; alma espiritual\u00bb (Scheler), es (subjetivamente) ineludible y no se puede saltar por encima de \u00e9l. El hombre, en la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, no puede siquiera emanciparse de dicho acto y, por tanto, no tiene siquiera opci\u00f3n entre ser religioso o simplemente \u00abno religioso\u00bb. S\u00f3lo puede optar entre aceptar en forma aut\u00e9ntica, adecuada a su esencia y libre el a.r. fundamental o \u00abreprimir\u00bb (Rom 1, 18) culpablemente este permanente acto fundamental (cuando trata de escapar a la necesidad de la ineludible llamada a su libertad por parte del misterio infinito). Realiz\u00e1ndose ineludiblemente y, sin embargo, pasando necesariamente a trav\u00e9s de la libertad del hombre, el a.r. lleva dentro de s\u00ed\u00ad mismo la posibilidad de la irreligiosidad como la deformaci\u00f3n de su esencia.<\/p>\n<p>2. Acto de todo el hombre<br \/>\nDe acuerdo con la relaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsicamente se\u00f1era entre Dios y el hombre, la referencia del hombre a Dios en el a.r. significa tambi\u00e9n una m\u00e1s alta y plena referencia a s\u00ed\u00ad mismo y realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo; la direcci\u00f3n hacia el objeto no impide, sino que hace posible a la vez la participaci\u00f3n del sujeto. Por eso el a.r. es un acto radical y total (usando la terminolog\u00ed\u00ada de la psicolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n) una \u00abyo-funci\u00f3n\u00bb: una realizaci\u00f3n total de la existencia humana; realizaci\u00f3n que se inicia en aquel centro no exteriorizado del sujeto (\u00abcoraz\u00f3n\u00bb) que todav\u00ed\u00ada tiene en s\u00ed\u00ad concentradas originariamente todas las facultades y dimensiones (espirituales y sensibles) del hombre (-> cuerpo, -> mundo, -> historia e historicidad, &#8211;> comunidad), de suerte que \u00e9l puede y debe integrarlas todas dentro del compromiso religioso. Por eso, el a.r. no tiene su propia sede en una determinada facultad o disposici\u00f3n aislada, no en el puro entendimiento (como p.ej., opina Espinosa), ni en la voluntad puramente tal (como, p.ej., cree Kant), ni en un \u00absentimiento\u00bb adecuadamente distinto de estas facultades (el cual se distinguiera de otros estados sentimentales o por su cualidad &#8211; as\u00ed\u00ad recientemente, p.ej., en F.K. Feigel, W. Baetke &#8211; o por cu intensidad -as\u00ed\u00ad, p.ej., en G. Simmel, W. Natorp -; v\u00e9ase sobre este punto en general la filosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n influida por el neokantismo y por la teor\u00ed\u00ada de los valores), ni siquiera en un determinado complejo de tendencias (en la aspiraci\u00f3n a la felicidad y en el miedo a la muerte: Feuerbach; en la sexualidad reprimida: el joven Freud).<\/p>\n<p>3. La estructura racional<br \/>\nComo acto anclado en la misma ra\u00ed\u00adz del ser humano, el a.r. actualiza las dos potencias espirituales (entendimiento y voluntad) desde aquel centro del sujeto donde ambas est\u00e1n a\u00fan originariamente entrelazadas y donde han vuelto a recogerse en una unidad conscientemente indisoluble. Por eso, en este \u00e1mbito, al entendimiento no se le a\u00f1ade desde fuera la referencia religiosa; m\u00e1s bien, el pensar es en s\u00ed\u00ad mismo devoto, su comprender es originariamente emoci\u00f3n; su objetividad es reverencia; su juicio es convicci\u00f3n. Y esto es as\u00ed\u00ad porque el pensamiento, en cuanto autopresencia original (la cual se realiza en forma no objetiva ni refleja y nunca admite una certeza plenamente sometida a la reflexi\u00f3n), en cuanto presencia del esp\u00ed\u00adritu humano bajo su dimensi\u00f3n transcendente ante s\u00ed\u00ad mismo, est\u00e1 siempre situado ante Dios y, por tanto, el infinito misterio divino es para \u00e9l no algo extra\u00f1o a su esencia, algo todav\u00ed\u00ada no dominado intelectualmente, sino una realidad que le pertenece \u00ed\u00adntimamente, pues custodia y configura su propia naturaleza transcendente. Con esto queda hecha la delimitaci\u00f3n de los fen\u00f3menos originales de lo religioso dentro del pensamiento, exigida por la teor\u00ed\u00ada fenomenol\u00f3gica de la ciencia (Husser1) y por la filosof\u00ed\u00ada fenomenol\u00f3gica de la religi\u00f3n que sigue esa teor\u00ed\u00ada (Scheler y su direcci\u00f3n, R. Otto, G. van der Leeuw). Pero el a.r. directamente ejecutado es s\u00f3lo la realizaci\u00f3n expresa, libremente aceptada y afirmada, de esta religiosidad inmanente al pensar mismo y de la abertura hacia el \u00e1mbito de lo santo. Es, por tanto, racionalmente inteligible en sentido aut\u00e9ntico; no existe contraste originario entre metaf\u00ed\u00adsica y religi\u00f3n (como p.ej. en Scheler); el a.r. es m\u00e1s bien la suprema representaci\u00f3n de la esencia metaf\u00ed\u00adsica del hombre, y su reducci\u00f3n a un estado de sentimiento irracional (Schleiermacher, R. Otto), o a una \u00abdisposici\u00f3n\u00bb religiosa espec\u00ed\u00adfica, distinta de la fundamental condici\u00f3n espiritual de la criatura, supone una concepci\u00f3n del entendimiento humano racionalistamente restringida y orientada \u00fanicamente a un saber objetivo. Por esta estructura racional se ve tambi\u00e9n claro que el a.r. no es indiferente a la cuesti\u00f3n de la verdad (como en el pragmatismo religioso, por ejemplo, en W. James), sino que la contiene en s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>4. La estructura personal<br \/>\nEl a.r. positivamente ejecutado con libertad equivale a la aceptaci\u00f3n de aquella dimensi\u00f3n del ser del hombre en virtud de la cual el Dios misterioso dispone de \u00e9l, le habla y lo llama. Es, pues, un ponerse a disposici\u00f3n, una aceptaci\u00f3n de la existencia como acatamiento al misterio infinito, la total representaci\u00f3n del hombre en un acto de entrega; es un acto de -> amor y, con ello, la expresi\u00f3n del m\u00e1s amplio compromiso personal, de la condici\u00f3n social m\u00e1s hondamente radicada que cabe en el hombre. El a.r. tiene car\u00e1cter de respuesta. El se articula en la oraci\u00f3n, como libre respuesta a las exigencias de Dios al hombre. La libre aceptaci\u00f3n de la esencia fundamentalmente religiosa (aceptaci\u00f3n que pertenece tambi\u00e9n a la realidad del a.r. positivo) puede tener en el hombre, como ente hist\u00f3rico y pluridimensional, una gradaci\u00f3n esencial; por eso no todo a.r. es ya necesariamente en su ejecuci\u00f3n el total compromiso religioso del hombre, que desencadena o despliega \u00abtodas las fuerzas\u00bb (Mt 22, 37); no toda la fe es, p. ej., aquella caridad que justifica (cf. p.ej., Dz 1302, 1791, 797).<\/p>\n<p>5. El a.r. como tema expl\u00ed\u00adcito<br \/>\nPuesto que Dios reclama al hombre en todas sus dimensiones, y puesto que en un hombre la plena actualizaci\u00f3n de cada dimensi\u00f3n depende de la adecuada realizaci\u00f3n de cada una de las otras, podemos tambi\u00e9n concluir que, en el a.r., el misterio infinito de Dios no s\u00f3lo aparece en forma no objetiva, a manera de un fen\u00f3meno meramente an\u00f3nimo, el cual permanece siempre en segundo plano y se presenta solamente como un hecho fundamental custodiado con un \u00abpathos\u00bb silencioso, como algo que acompa\u00f1a nuestra inteligencia del mundo y de nosotros mismos. Indudablemente, el misterio de Dios est\u00e1 siempre presente en esa forma no objetiva y transcendental, de modo que, en este sentido, es familiar en cierto modo a todo hombre, incluso al incr\u00e9dulo; pero, adem\u00e1s, en la ejecuci\u00f3n del a.r. Dios se convierte en tema directo para el hombre (aunque en medida diversa), \u00e9l se hace objetivo y c\u00f3smico, visible y accesible mediante la palabra, pues de lo contrario no podr\u00ed\u00ada ser comprendido y afirmado personalmente en su verdadera infinitud y en la universal exigencia que en ella est\u00e1 impl\u00ed\u00adcita. De esta necesaria objetividad \u00abmundana\u00bb de la actividad religiosa se desprende tambi\u00e9n la peculiar \u00abnecesidad de percepci\u00f3n\u00bb (Scheler) en el a.r. Por su movimiento, el cual va dirigido hacia el Dios revestido de una libertad y de un se\u00f1or\u00ed\u00ado soberanos y, para hacerse real, se produce en virtud de su esencia dentro de un punto concreto de la historia y del mundo, el a.r. hace al hombre \u00aboyente de la palabra\u00bb, despliega su esencial receptividad con relaci\u00f3n a la revelaci\u00f3n y su apertura a la libre comunicaci\u00f3n de Dios que le sale al encuentro por la v\u00ed\u00ada de la historia.<\/p>\n<p>III. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\n1. La inteligencia del acto de la fe cristiana, estando marcada por el car\u00e1cter de promesa del contenido de la misma, no permite definirlo exclusiva o primariamente como la acepci\u00f3n libre (aunque se trate de una libertad acompa\u00f1ada por la gracia) de la aprior\u00ed\u00adstica constituci\u00f3n fundamentalmente religiosa de la existencia humana (cf. i, ii), de modo que el problema de la salvaci\u00f3n se centrara en si el individuo se acepta o no se acepta a s\u00ed\u00ad mismo bajo el aspecto de esta transcendencia hacia Dios que determina su esencia. Pues as\u00ed\u00ad surgir\u00ed\u00ada el peligro de que el problema de la salvaci\u00f3n quedara reducido al \u00e1mbito privado y de que la historia salv\u00ed\u00adfica fuera concebida en forma amundana y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, totalmente ahist\u00f3rica. En este sentido, la inteligencia cristiana de la fe ha de ejercer siempre una funci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica frente al intento de concebir el acto de fe partiendo de una religiosidad general, expresable mediante una filosof\u00ed\u00ada metaf\u00ed\u00adsica de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>2. A la luz de la idea cristiana de la fe, la relaci\u00f3n religiosa del hombre con Dios adquiere un rasgo que los elementos estructurales explicados en it no descubren, a saber: la esencial y permanente intersubjetividad del sujeto religioso, y la interpersonalidad de la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Este car\u00e1cter interpersonal se desprende del mensaje sobre la originaria y constante unidad total entre el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo, de la consiguiente mediaci\u00f3n necesaria y permanente \u00abdel hermano\u00bb en la relaci\u00f3n con Dios, es decir, de la mediaci\u00f3n fraternal para alcanzar el contacto inmediato con Dios. Esa visi\u00f3n ha sido desarrollada sobre todo por el reciente ->personalismo teol\u00f3gico; pero \u00e9ste tambi\u00e9n la ha desfigurado a menudo por entender no pocas veces la intersubjetividad humana como un mero modelo, que luego tambi\u00e9n puede aplicarse a Dios. Con lo cual no se ha hecho justicia ni al car\u00e1cter inalienable de la interpersonalidad humana ni a la \u00ed\u00adndole incomparable del T\u00fa divino. Lo decisivo es, en primer lugar, que la intersubjetividad humana puede estar abierta en s\u00ed\u00ad misma al misterio de Dios (dicho b\u00ed\u00adblicamente: que en el mismo amor al pr\u00f3jimo se hace evento el amor salv\u00ed\u00adfico de Dios, \u00abtr\u00e1nsito de la muerte a la vida\u00bb: cf. 1 Jn 3,14; dicho dogm\u00e1ticamente: que el mismo amor al pr\u00f3jimo es una virtud teologal), y, en segundo lugar, que el sujeto espec\u00ed\u00adficamente cristiano de la relaci\u00f3n humana con Dios es, no el hombre particular en su aislamiento (\u00abalma-Dios\u00bb), sino el hombre en su condici\u00f3n de cohombre, en su \u00abfraternidad\u00bb. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad alcanza el hombre su propio yo, es \u00e9l mismo en la profundidad de su personalidad y de su existencia. Pues lo \u00abpersonal\u00ed\u00adsimo\u00bb -tan tra\u00ed\u00addo y llevado &#8211; del hombre consiste, no en la privatissimum de una subjetividad e intimidad mon\u00e1dica, sino, dicho y entendido b\u00ed\u00adblicamente, en el amor. Y este amor no tiene el car\u00e1cter de un interhumanismo meramente privado, de una relaci\u00f3n puramente existencial del yo al t\u00fa, sino que implica adem\u00e1s el momento de la responsabilidad p\u00fablica y social por el otro, por el \u00abm\u00e1s peque\u00f1o\u00bb: cf. p.ej., la tendencia a eliminar la concepci\u00f3n privada en la definici\u00f3n del \u00abpr\u00f3jimo\u00bb y del \u00abamor al pr\u00f3jimo\u00bb en la par\u00e1bola del buen samaritano. Lo que caracteriza primariamente el rasgo fundamental antropol\u00f3gico del a.r. cristianamente entendido es, no un rom\u00e1ntico autoencuentro o un autoperfeccionamiento del individuo, sino la enajenaci\u00f3n, la expropiaci\u00f3n a servicio de una promesa hecha para la \u00absalvaci\u00f3n de toda carne\u00bb.<\/p>\n<p>3. Finalmente, esta constituci\u00f3n fundamental del a.r. cristianamente entendido tiene tambi\u00e9n un efecto decisivo para su definici\u00f3n en su m\u00e1s alta manifestaci\u00f3n religiosa, a saber, en la -> m\u00ed\u00adstica o experiencia m\u00ed\u00adstica. Esta despierta corrientemente la impresi\u00f3n de alejamiento del mundo y de los hombres, y toma as\u00ed\u00ad frecuentemente visos de subjetivamente arbitraria y puramente privada. Pero una m\u00ed\u00adstica religiosa cristianamente entendida no es, ni una especie de vivencia pante\u00ed\u00adsta de lo infinito, ni, propiamente, una ansia esot\u00e9rica de ascensi\u00f3n que insista sobre todo en la autorredenci\u00f3n del alma individual. M\u00e1s bien, en cierto modo, es una \u00abm\u00ed\u00adstica fraternal\u00bb. En efecto, tampoco ella parte de una arbitraria negaci\u00f3n de los hombres y del mundo, con el fin de llevar a la fuerza hacia la inmediatez con Dios. Pues el Dios buscado en la fe cristiana s\u00f3lo se entrega a s\u00ed\u00ad mismo en el movimiento de su amor a los hombres, \u00aba los m\u00e1s peque\u00f1os\u00bb, tal como se nos ha revelado en jesucristo. Por eso la m\u00ed\u00adstica cristianamente entendida halla la experiencia inmediata de Dios precisamente en que ella se atreve a reproducir la entrega incondicional del amor de Dios, en que se deja envolver en el descensus de Dios, en la kenosis de su amor a los m\u00e1s peque\u00f1os de los hermanos. S\u00f3lo en este movimiento est\u00e1 la suprema cercan\u00ed\u00ada, la suprema inmediatez de Dios. Y, por eso precisamente, tambi\u00e9n la forma m\u00ed\u00adstica del a.r. se realiza, no fuera del, o junto al, o por encima del mundo, sino en medio de \u00e9l.<\/p>\n<p>Johannes Baptist Metz<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El a.r. es un concepto central de la filosof\u00ed\u00ada de la -> religi\u00f3n y de la -> antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica. 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