{"id":18856,"date":"2016-02-05T12:06:35","date_gmt":"2016-02-05T17:06:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/antropocentrismo\/"},"modified":"2016-02-05T12:06:35","modified_gmt":"2016-02-05T17:06:35","slug":"antropocentrismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/antropocentrismo\/","title":{"rendered":"ANTROPOCENTRISMO"},"content":{"rendered":"<p>Dios como creador es a la vez el fin de todo lo que \u00e9l ha llamado a la existencia. Dentro del mundo visible, este teocentrismo de la creaci\u00f3n llega a su culminaci\u00f3n y a su forma m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita en el hombre, el cual est\u00e1 llamado a consumar la -> gloria objetiva o material de Dios, realiz\u00e1ndola de manera consciente, subjetiva y formal. Pero esta entrega radical s\u00f3lo le es posible a un ser que pueda tomar plenamente sus propias riendas, que pueda disponer de s\u00ed\u00ad mismo, que est\u00e9 en s\u00ed\u00ad y consigo. Por tanto, la &#8211;> transcendencia hacia Dios llega a su consumaci\u00f3n en cuanto el transcender objetivo vuelve sobre s\u00ed\u00ad mismo por la reflexi\u00f3n consciente. No cabe aqu\u00ed\u00ad una separaci\u00f3n neta entre el punto de partida, la realizaci\u00f3n y la meta de este movimiento esencial. El hombre s\u00f3lo puede interesarse por Dios interes\u00e1ndose por s\u00ed\u00ad mismo (en cuanto ordenado a Dios), y, cuando \u00e9l se busca a s\u00ed\u00ad mismo, tiene que preguntar por el sentido y el fin de su ser y existir, o sea, por Dios. El teocentrismo y el a., bien entendidos, son dos caras de un \u00fanico acto fundamental, del mismo modo que forman una unidad los dos mandamientos principales, el de amar a Dios con todas las fuerzas y el de amar al hombre seg\u00fan la medida del amor a s\u00ed\u00ad mismo (Mt 28, 38s).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como, en el conocer, el conocimiento trascendental est\u00e1 ligado a lo categorial, y el conceptual lo est\u00e1 a la sensibilidad, de igual manera la realizaci\u00f3n de la libertad humana se halla caracterizada por esta insuperable duplicidad, cuya aceptaci\u00f3n pertenece a la humildad de la criatura: Dios s\u00f3lo es para m\u00ed\u00ad Dios \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb como Dios \u00abpara m\u00ed\u00ad\u00bb. De Dios s\u00f3lo se habla en im\u00e1genes y conceptos antropom\u00f3rficos; recordemos, p. ej., la b\u00fasqueda de su gloria como solicitud por la salud propia y la del pr\u00f3jimo (la caridad que se olvida de s\u00ed\u00ad como temor y temblor, Flp 2, 12), el servicio al Se\u00f1or como desarrollo de las propias posibilidades y de los propios \u00abtalentos\u00bb (Mt 25, 14-29). El intento de saltarse ese orden en pro de un amor \u00abpuro\u00bb tiene que salir fallido y disminuye adem\u00e1s la grandeza del creador, que no gana por la disminuci\u00f3n de la criatura, sino que se pone tanto m\u00e1s incomparablemente de manifiesto cuanto m\u00e1s se engrandece \u00e9sta.<\/p>\n<p>Dicho orden recibe una sublimaci\u00f3n insuperable en Cristo, Dios-hombre, en quien, a trav\u00e9s de la obediencia y la muerte, la faz del hombre vino a ser la faz eterna de Dios, de suerte que en \u00e9l se ve ineludiblemente el Padre (Jn 14, 9).<\/p>\n<p>Sin embargo, como el hombre en este mundo va a\u00fan a la b\u00fasqueda de su ser perfecto (y s\u00f3lo lo puede realizar por la entrega de s\u00ed\u00ad mismo), corre peligro de atenuar y hasta negar la tensi\u00f3n de este doble centrismo; corre peligro de situarse en un falso a. contra Dios, y esto te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente. Lo cual sucede por principio en una posici\u00f3n que hace al hombre \u00abmedida de todas las cosas\u00bb (al individuo, al pueblo, a la clase, a la raza o al hombre en general), y en cada caso concreto en que se comete un pecado (grave), pues entonces el hombre quiere ser su propia ley. El peligro de \u00abun humanismo ateo\u00bb va de la expresa negaci\u00f3n de Dios y la repulsa a sus derechos hasta las m\u00e1s sublimes formas de un ascetismo religioso y de una m\u00ed\u00adstica que se busca a s\u00ed\u00ad misma. Y en el ejercicio del amor mismo ha de guardarse la preferencia del primer mandamiento respecto del segundo, \u00abque es semejante al primero\u00bb, o sea, ha de quedar a salvo la entra\u00f1able funci\u00f3n de servicio de todo a. respecto a la gloria del amor divino. As\u00ed\u00ad, pues, si en una reducci\u00f3n radical del cristianismo cabe dar a \u00e9ste una formulaci\u00f3n plenamente antropoc\u00e9ntrica (Mt 25, 31-45), en esa reducci\u00f3n (d\u00e9se o no de ello cuenta el individuo) resplandece el cristocentrismo de Dios y resplandece all\u00ed\u00ad justamente \u00abpara gloria de Dios Padre\u00bb (Flp 2, 11).<\/p>\n<p>J\u00f6rg Splett<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dios como creador es a la vez el fin de todo lo que \u00e9l ha llamado a la existencia. 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