{"id":18863,"date":"2016-02-05T12:06:51","date_gmt":"2016-02-05T17:06:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bizancio-cultura-cristiana-de\/"},"modified":"2016-02-05T12:06:51","modified_gmt":"2016-02-05T17:06:51","slug":"bizancio-cultura-cristiana-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bizancio-cultura-cristiana-de\/","title":{"rendered":"BIZANCIO, CULTURA CRISTIANA DE"},"content":{"rendered":"<p>I. Peculiaridad del mundo bizantino<br \/>\nLa constituci\u00f3n del mundo bizantino no significa el despertar de un pueblo carente de historia a la conciencia hist\u00f3rica, ni la entrada de una joven naci\u00f3n \u00abb\u00e1rbara\u00bb en la antigua cultura grecorromana del Mediterr\u00e1neo. M\u00e1s bien, B. es precisamente una forma tard\u00ed\u00ada de esta cultura mediterr\u00e1nea con todo lo que eso implica; es una forma tard\u00ed\u00ada del imperio romano, del antiguo mundo espiritual de los griegos y de la cl\u00e1sica actitud vital mediterr\u00e1nea. El mundo bizantino percibe las formas heredadas como cl\u00e1sicas y desde su constituci\u00f3n se siente altamente obligado a lo cl\u00e1sico. Esto explica la postura conservadora, frecuentemente r\u00ed\u00adgida e improductiva, la tendencia a la imitaci\u00f3n mim\u00e9tica, la suplantaci\u00f3n de la fuerza de creaci\u00f3n literaria por un juego de variaciones con los elementos recibidos y con el car\u00e1cter ilusionista de toda consideraci\u00f3n del presente. La continuaci\u00f3n del desarrollo frente a la antig\u00fcedad se realiza latentemente y sin grandes derrumbamientos, y lo nuevo que se va formando no consiste tanto en una transformaci\u00f3n total de los valores heredados, cuanto en un desplazamiento del centro de gravedad y en la colocaci\u00f3n de nuevos acentos, de los cuales el m\u00e1s importante es el cristiano.<\/p>\n<p>En lo geogr\u00e1fico result\u00f3 decisiva la traslaci\u00f3n del centro del imperio desde Roma a Constantinopla. Con ello el oriente, que tanto por motivos religiosos como por su autoestima filos\u00f3fica muy dif\u00ed\u00adcilmente pod\u00ed\u00ada ocultar su desprecio a la Roma pagana, recibi\u00f3 un nuevo y tranquilo centro de gravitaci\u00f3n, el cual pronto hab\u00ed\u00ada de someter a su fuerza de atracci\u00f3n todas las manifestaciones vitales de la parte oriental del imperio, pero tambi\u00e9n hab\u00ed\u00ada de convertirse pronto en terreno f\u00e9rtil para las animosidades contra una Roma transformada, cristianizada. Esta segunda Roma del B\u00f3sforo era nueva y joven ante todo porque ya de antemano fue concebida como ciudad cristiana, y no ten\u00ed\u00ada recuerdos paganos dignos de menci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n era nueva porque el emperador romano, que fij\u00f3 all\u00ed\u00ad su residencia, se atribu\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo una funci\u00f3n manifiestamente cristiana, en virtud de la cual ocupaba en la Iglesia un puesto que antes nadie hab\u00ed\u00ada ocupado. El emperador bizantino conserv\u00f3 esta posici\u00f3n excepcional hasta el derrumbamiento del imperio en el s. xv. Tal posici\u00f3n se explica solamente por la peculiaridad de la \u00abconversi\u00f3n\u00bb de Constantino el Grande, el primer emperador \u00abbizantino\u00bb. Constantino no fue catequizado y convertido via ordinaria por hombres de la Iglesia. A base de una propaganda bien dirigida, este emperador supo hacer agradable al mundo cristiano la concepci\u00f3n que \u00e9l ten\u00ed\u00ada de s\u00ed\u00ad mismo, innegablemente sincera. Seg\u00fan esta autoconcepci\u00f3n, Constantino fue llamado al cristianismo directamente por Dios en virtud de un designio especial de su gracia. La meta de esa vocaci\u00f3n era, no la salvaci\u00f3n personal del emperador, sino dar al cristianismo un protector iluminado, una personalidad rectora inmediatamente inspirada por Dios.<\/p>\n<p>Como la Iglesia no rechaz\u00f3 esta propaganda del emperador &#8211; la teolog\u00ed\u00ada oriental concede gustosamente a los caminos extraordinarios de la gracia la primac\u00ed\u00ada sobre la fijaci\u00f3n sacramental de la administraci\u00f3n de la gracia divina &#8211; y como pronto se dej\u00f3 de hacer ninguna distinci\u00f3n entre Constantino y sus sucesores, la posici\u00f3n del emperador en la Iglesia qued\u00f3 en principio substra\u00ed\u00adda a todo an\u00e1lisis canon\u00ed\u00adstico. Ella es y permanece carism\u00e1tica y, con ello, est\u00e1 exenta de todo ataque. S\u00f3lo se niega al emperador lo que en la Iglesia misma se ha hecho can\u00f3nicamente definible, la potestad sacramental de las \u00f3rdenes superiores. Contin\u00faa igualmente el respeto de los emperadores a las \u00abautoridades\u00bb, a las decisiones dogm\u00e1ticas no roboradas por ning\u00fan decreto sinodal; las excepciones de la regla son m\u00e1s raras de lo que generalmente se supone. Sin embargo esto no excluye al emperador de los debates teol\u00f3gicos. Ese concepto de Iglesia, en el fondo constantiniano, se mantiene a trav\u00e9s de toda la \u00e9poca bizantina. S\u00f3lo en situaciones especialmente cr\u00ed\u00adticas se producen intentos de modificarlo, pero \u00e9stos no son frecuentes y no tienen consecuencias transcendentales. As\u00ed\u00ad la Iglesia bizantina no llega nunca a comprenderse a s\u00ed\u00ad misma como sociedad perfecta, a levantar un edificio intelectual con la idea de la jerarqu\u00ed\u00ada en su cima, a distanciarse eficazmente del estado. Donde mejor se hace visible la vida propia de la Iglesia bizantina es en su contraste con los que creen distintamente o con otras instituciones eclesi\u00e1sticas al margen o fuera del imperio. En su dimensi\u00f3n interna esta Iglesia se manifiesta preferentemente en la liturgia, en la vida espiritual y en el arte, en la literatura y en la poes\u00ed\u00ada espirituales. Es aqu\u00ed\u00ad donde hay que buscar lo positivo, pero no en el campo de la \u00abpol\u00ed\u00adtica eclesi\u00e1stica\u00bb, y ni siquiera en el de la teolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica, pues \u00e9sta es patrimonio com\u00fan de todos los bizantinos formados y en realidad constituye un corolario de la formaci\u00f3n general de tipo humanista que es propia de una clase o de una profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>En su esfuerzo en torno a la propia comprensi\u00f3n dogm\u00e1tica la Iglesia bizantina echa mano con toda naturalidad de la sincretista cultura filos\u00f3fica de la antig\u00fcedad posterior, asume sus formas de pensamiento y su postura con relaci\u00f3n al problema de la penetraci\u00f3n intelectual de las experiencias y afirmaciones religiosas, as\u00ed\u00ad como al de la posibilidad de definirlas (-> helenismo y cristianismo). De este encuentro surge el concepto de \u00abortodoxia\u00bb, como expresi\u00f3n preferentemente intelectual de la recta fe y esperanza, e incluso del recto amor. En esta sociedad indiferenciada la exclusividad del concepto y su uso formalista, condicionado por el tiempo, lo convierten en un rasgo t\u00ed\u00adpico de lo bizantino en cuanto tal y, con ello, tambi\u00e9n en nota distintiva de la pertenencia al imperio, por lo menos en el \u00e1mbito ideol\u00f3gico. La angustiadora consecuencia de esto es una creciente aproximaci\u00f3n, incluso una equiparaci\u00f3n, entre pol\u00ed\u00adtica y religi\u00f3n, entre expansi\u00f3n y misi\u00f3n, entre instinto de conservaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y canonizaci\u00f3n dogm\u00e1tica de substratos religiosos condicionados por la cultura.<\/p>\n<p>II. Diversas \u00e9pocas<br \/>\n1. La primera \u00e9poca bizantina (desde el 330 al 650 aproximadamente) muestra ya las primeras consecuencias que para todo el imperio hab\u00ed\u00adan de derivarse de la estructura inicial de este mundo bizantino. El concepto cada vez m\u00e1s radical de ortodoxia, que todav\u00ed\u00ada era extra\u00f1o a Constantino el Grande cuando \u00e9l apareci\u00f3 en el mundo oriental, oblig\u00f3 a pasar en el terreno pol\u00ed\u00adtico-religioso de un principio de paridad y tolerancia, al cual Constantino mismo permaneci\u00f3 inquebrantablemente fiel, a una pol\u00ed\u00adtica de unidad religiosa estatalmente dirigida. El resultado ciertamente no fue la conversi\u00f3n de las grandes unidades her\u00e9ticas, por ejemplo, de los nestorianos y de los monofisitas, sino un alejamiento frente al r\u00e9gim=n imperial, alejamiento que iba mano a mano con la aversi\u00f3n contra la ortodoxia fomentada desde Constantinopla. Consecuentemente, el resultado fue la formaci\u00f3n de un confesionalismo con cariz \u00abnacional\u00bb, el cual estaba dispuesto a sacrificar la fidelidad al emperador y al imperio en aras del propio inter\u00e9s confesional, por la raz\u00f3n de que este imperio se hab\u00ed\u00ada atado confesionalmente.<\/p>\n<p>El progresivo matiz estatal de la teolog\u00ed\u00ada ortodoxa hizo tambi\u00e9n que, desde mediados del s. v aproximadamente, se atrofiara el \u00ed\u00admpetu de la libre especulaci\u00f3n teol\u00f3gica en favor de demostraciones \u00abencadenadas\u00bb a base de lugares patr\u00ed\u00adsticos, as\u00ed\u00ad como en favor de una variaci\u00f3n cada vez m\u00e1s est\u00e9ril de determinadas f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas, que como meras f\u00f3rmulas comenzaron a desprenderse del suelo patrio de su origen religioso. Se cae de su peso el hecho de que, con la evoluci\u00f3n de la vida cristiana en el \u00e1mbito p\u00fablico y privado de una sociedad que no conoc\u00ed\u00ada ning\u00fan cristianismo distanciado del mundo, la \u00e9tica cristiana no pudiera mantenerse en pie. Esto condujo a que los restos de paganismo, los cuales antes s\u00f3lo subsist\u00ed\u00adan fundidos con lo cristiano, superaran su complejo de inferioridad y, sobre todo en la literatura, intentaran nuevamente presentar sus ideales en forma aceptable. Sin embargo, una reacci\u00f3n radical del paganismo, como la intentada por el emperador Juliano (361363), tuvo que fracasar; no s\u00f3lo porque su entusiasta &#8211;>neoplatonismo abundaba demasiado en ideas esot\u00e9ricas, sino tambi\u00e9n porque el cristianismo cotidiano ya hab\u00ed\u00ada asimilado ampliamente el sustrato cultual de los tiempos antiguos, y, para una literatura misional pagana de altos vuelos, el c\u00ed\u00adrculo de los entendidos era ya demasiado peque\u00f1o en el decadente mundo cultural de la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Pero la reacci\u00f3n religiosa contra la desviaci\u00f3n de la sociedad bizantina de la primera \u00e9poca fue el monacato. Es significativo que \u00e9ste surgiera all\u00ed\u00ad donde la teolog\u00ed\u00ada imperial de la alta sociedad quedaba muy lejos, en el desierto de Egipto, de Siria y de Palestina, mientras, en forma igualmente significativa, s\u00f3lo m\u00e1s tarde pudo arraigar en la capital. El monacato se form\u00f3, no como perfecci\u00f3n de aquello por lo que se interesaba la sociedad cristiana de la \u00e9poca, sino en oposici\u00f3n a ello. Por eso no se conceb\u00ed\u00ada como cumplimiento de un consejo evang\u00e9lico <supererogatorio\", sino, simplemente, como la forma leg\u00ed\u00adtima del cristianismo. Esto llev\u00f3 consigo que el cristianismo bizantino de la primera \u00e9poca adoptara con relaci\u00f3n al mundo una postura que no ten\u00ed\u00ada el car\u00e1cter de un complemento o de una sublimaci\u00f3n, sino que viv\u00ed\u00ada m\u00e1s bien de una negaci\u00f3n, aun cuando ac\u00e1 y all\u00e1 los extremos opuestos empezaron a nivelarse. Ya por principio s\u00f3lo pudo decidirse a una acci\u00f3n espiritual introvertida dentro del mundo. \u00c2\u00a1Es el estilita que ya no abandona su columna, sino que, en su retiro, recomienda a sus veneradores a la gracia del final de los tiempos! En estos c\u00ed\u00adrculos monacales surge una literatura que, libre de los formalismos de los escritos dogm\u00e1ticos, en parte por iniciativa propia y en parte conectando con el espiritualismo de un Or\u00ed\u00adgenes, destaca el car\u00e1cter carism\u00e1tico del estado monacal, resiste no sin \u00e9xito a los intentos de la jerarqu\u00ed\u00ada de apoderarse de ella, aunque a precio de caer a veces en el lazo de los jueces de herejes, pero, en conjunto, representa la espiritualidad de la teolog\u00ed\u00ada bizantina durante siglos. En las biograf\u00ed\u00adas de monjes hallamos tambi\u00e9n el modelo que ser\u00e1 t\u00ed\u00adpico de todas las vidas de santos. Y esas biograf\u00ed\u00adas eran igualmente las inasequibles im\u00e1genes directivas para el cristiano bizantino en el mundo.\n\n2. La edad media bizantina (desde el 650 aproximadamente al 1204) empieza con la p\u00e9rdida de amplias regiones del imperio (Siria, Palestina, Egipto y \u00ed\u0081frica), que pasan al Islam. Por eso el resto del imperio queda castigado en la administraci\u00f3n, la econom\u00ed\u00ada y las formas de expresi\u00f3n cultural. Las p\u00e9rdidas en pol\u00ed\u00adtica exterior libran al imperio de la carga de los grupos heterodoxos de los monofisitas; y ahora \u00e9ste, m\u00e1s peque\u00f1o, pero m\u00e1s unitario que nunca, consolida su vida propia en todos los campos y tambi\u00e9n en el eclesi\u00e1stico, encerr\u00e1ndose cada vez m\u00e1s en su caparaz\u00f3n dogm\u00e1tico y ritual. En la gran lucha iconoclasta (726-787 y 815-842) la ortodoxia, abandonando todos los restos puritanos de la Iglesia antigua, encuentra una forma adecuada de culto, sin tener que lamentar la separaci\u00f3n de ning\u00fan grupo de herejes como consecuencia de las violentas discusiones. Ya antes, en el s\u00ed\u00adnodo de Trullo (691), la Iglesia bizantina hab\u00ed\u00ada conquistado una posici\u00f3n ritual y jur\u00ed\u00addicamente privilegiada, poniendo as\u00ed\u00ad el fundamento para un alejamiento lit\u00fargico y dogm\u00e1tico de la Iglesia romana. El conflicto con \u00e9sta era inevitable porque, aparte los problemas relativos al culto y a la fe, el pensamiento romano del primado, acentuado cada vez m\u00e1s fuertemente, ten\u00ed\u00ada que rebotar contra la coraza de la compleja pero indisoluble unidad entre imperio mundial, Estado, Iglesia y vida ritual y cultural. Los per\u00ed\u00adodos tranquilos en la relaci\u00f3n entre Roma y B. fueron siempre aquellos en que ambas partes no ten\u00ed\u00adan nada que decirse. La lucha bajo el patriarca Focio interrumpi\u00f3 la peligrosa tranquilidad y lo mismo hizo el as\u00ed\u00ad llamado cisma de Cerulario (1054), sin trazar, con todo, una definitiva l\u00ed\u00adnea de separaci\u00f3n, pues se tem\u00ed\u00ada \"definir\" el estado de cisma. El -+ cisma oriental ha de entenderse m\u00e1s como un estado permanente de animosidad que como consecuencia de una decisi\u00f3n solemne y definitiva, por lo menos en la \u00e9poca a la que nos referimos.\n\nCuanto B. se distanciaba m\u00e1s de Roma, con tanta mayor intensidad procuraba ganarse los pueblos eslavos de los Balcanes y de Rusia. Con ello se cre\u00f3 un bloque ortodoxo de gran duraci\u00f3n, cuyo sustrato ideol\u00f3gico todav\u00ed\u00ada en la actualidad es muy semejante al que estaba en vigor en el imperio bizantino. B. pudo contar casi siempre con la fidelidad de este bloque de cara al exterior, a pesar de todas las fricciones internas.\n\nCon su err\u00f3nea pol\u00ed\u00adtica frente a la sede romana, B. hab\u00ed\u00ada expulsado al papado de la antigua unidad mediterr\u00e1nea y lo hab\u00ed\u00ada echado en brazos de los germanos. Este nuevo lazo se solidifica, y paso a paso todo occidente se ve mezclado en el conflicto eclesi\u00e1stico entre Roma y Constantinopla, tomando, naturalmente, el partido de Roma. El occidente, tan poco pluralista como B., extiende el conflicto hasta el campo de la contienda pol\u00ed\u00adtica. El despertar econ\u00f3mico y espiritual de occidente en la alta edad media le hace ganar adem\u00e1s una conciencia de s\u00ed\u00ad mismo por la que ya no est\u00e1 dispuesto a reconocer las pretensiones de monopolio por parte del oriente. Pero B., ante las nuevas invasiones de pueblos, precisamente en los s. xi y xII se ve necesitado de la ayuda de este occidente, y la compra con la renuncia a su autarqu\u00ed\u00ada econ\u00f3mica y a su cerrado sistema pol\u00ed\u00adtico. Frente a esta renuncia pol\u00ed\u00adtica, la jerarqu\u00ed\u00ada bizantina se une m\u00e1s estrechamente y por primera vez se manifiesta como estamento, distanci\u00e1ndose del emperador. La consecuencia es el derrumbamiento de la pol\u00ed\u00adtica imperial unitaria, ante todo en relaci\u00f3n con occidente. Cuando los emperadores, por motivos pol\u00ed\u00adticos, buscan la uni\u00f3n, la Iglesia bizantina se opone. El imperio medio de B. se hab\u00ed\u00ada disuelto antes de que en el a\u00f1o 1204 Constantinopla fuera f\u00e1cil presa de los cruzados.\n\n3. La \u00e9poca posterior de B. (1204-1453) intent\u00f3 in\u00fatilmente resolver los problemas que el s. xii le hab\u00ed\u00ada dejado en herencia. Ciertamente, debido a la insanable escisi\u00f3n entre las ciudades de los cruzados en el antiguo suelo bizantino, ya en 1261 fue posible reconquistar Constantinopla, la capital, pero con ello ni los problemas econ\u00f3micos ni los eclesi\u00e1sticos se acercaron a una soluci\u00f3n. El potencial del nuevo imperio no bastaba para hacer frente a las exigencias que la posesi\u00f3n de Constantinopla implicaba.\n\nEn esa situaci\u00f3n, la uni\u00f3n se convierte en una arma pol\u00ed\u00adtica, que, sin embargo, nadie piensa tomar en serio en un profundo sentido religioso. Ly\u00f3n (1274) es un mero episodio. Cuanto el emperador necesita m\u00e1s urgentemente el apoyo del papado, tanto m\u00e1s rudamente se opone el clero, ahora fortalecido especialmente por un monacato militante. Con todo, la evoluci\u00f3n no sigue una sola v\u00ed\u00ada. La crema espiritual de la sociedad se distancia poco a poco de la controversia dogm\u00e1tica; la ortodoxia en sentido espec\u00ed\u00adfico pasa a ser fachada externa. El inter\u00e9s de los cultos se centra en el caudal esot\u00e9rico de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica, preparando as\u00ed\u00ad el terreno para un prometedor renacimiento, que, evidentemente, en el suelo griego ya no tiene ning\u00fan futuro. algunos, como Georgios Gemistos (Plethon) van tan lejos que no s\u00f3lo dan nueva vida a los estudios cl\u00e1sicos, sino, que incluso alaban el esp\u00ed\u00adritu del paganismo cl\u00e1sico como medio para una regeneraci\u00f3n del imperio, en oposici\u00f3n al cristianismo eclesi\u00e1stico. Otros toman en serio la discusi\u00f3n con occidente, aprenden lat\u00ed\u00adn y leen los escritos de un Agust\u00ed\u00adn, de un Tom\u00e1s y de un Anselmo, que llegan incluso a traducir al griego. Pero ninguno de estos grupos es capaz de alcanzar una mayor\u00ed\u00ada.\n\nCiertamente, no en oposici\u00f3n a estos < amigos de los latinos\", pero a la larga bajo el aliento de esa oposici\u00f3n, surge en el marco de la ortodoxia estricta una corriente m\u00ed\u00adstico-dogm\u00e1tica, la direcci\u00f3n hesic\u00e1stica de Gregorios Palamas (s. xiv), que libera a priori la ortodoxia de los peligros de la dial\u00e9ctica escol\u00e1stica de occidente, por cuanto niega a la dial\u00e9ctica todo puesto en la teolog\u00ed\u00ada, que \u00e9l deduce de la experiencia religiosa inmediata y de la m\u00ed\u00adstica de la contemplaci\u00f3n divina. Las objeciones l\u00f3gicas contra este sistema, por contundentes que hayan podido ser, no sirvieron de nada, pues detr\u00e1s de \u00e9l se ocultaba incluso en el campo teol\u00f3gico aquel ilusionismo que desde el principio de este apartado hemos resaltado como nota caracter\u00ed\u00adstica de la consideraci\u00f3n bizantina del presente a causa del clasicismo de Bizancio.\n\nEl hecho de que el a\u00f1o 1439 se acordara en Florencia una uni\u00f3n entre Roma y Constantinopla, la cual no se deb\u00ed\u00ada a ninguna medida coactiva del emperador bizantino, sino que se hab\u00ed\u00ada preparado por el camino de la persuasi\u00f3n, permiti\u00f3 confiar hasta el \u00faltimo momento en el encuentro entre el oriente y el occidente por el camino de la raz\u00f3n. Pero la euforia de los padres griegos de aquel Concilio desapareci\u00f3 en el instante en que ellos pisaron el \u00faltimo terru\u00f1o de su patria no ocupado todav\u00ed\u00ada por los turcos, Constantinopla, y fueron recibidos como traidores. La mayor\u00ed\u00ada decisiva opt\u00f3 en esta ocasi\u00f3n por la < tradici\u00f3n de los padres\", tal como la entend\u00ed\u00adan los constantinopolitanos que no hab\u00ed\u00adan asistido al Concilio. Estos sacrificaron su persuasi\u00f3n a una fidelidad desesperada. Y ning\u00fan emperador habr\u00ed\u00ada podido imponer la uni\u00f3n contra la voluntad de la poblaci\u00f3n de Constantinopla, en la cual \u00e9l ten\u00ed\u00ada que confiar pasara lo que pasara si abrigaba alguna esperanza de defender todav\u00ed\u00ada la ciudad contra el \u00faltimo ataque llevado a cabo por los invasores turcos.\n\nHans-Georg Beek\n\n\nK. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Peculiaridad del mundo bizantino La constituci\u00f3n del mundo bizantino no significa el despertar de un pueblo carente de historia a la conciencia hist\u00f3rica, ni la entrada de una joven naci\u00f3n \u00abb\u00e1rbara\u00bb en la antigua cultura grecorromana del Mediterr\u00e1neo. M\u00e1s bien, B. es precisamente una forma tard\u00ed\u00ada de esta cultura mediterr\u00e1nea con todo lo que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bizancio-cultura-cristiana-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abBIZANCIO, CULTURA CRISTIANA DE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18863","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18863","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18863"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18863\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18863"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18863"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18863"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}