{"id":18887,"date":"2016-02-05T12:07:39","date_gmt":"2016-02-05T17:07:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cuerpo-y-alma\/"},"modified":"2016-02-05T12:07:39","modified_gmt":"2016-02-05T17:07:39","slug":"cuerpo-y-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cuerpo-y-alma\/","title":{"rendered":"CUERPO Y ALMA"},"content":{"rendered":"<p>I. El problema<br \/>\nEl c. es el objeto m\u00e1s inmediato, m\u00e1s pr\u00f3ximo de nuestra experiencia, aquello que tenemos siempre e ineludiblemente con nosotros, y aquello por cuya mediaci\u00f3n &#8211; a trav\u00e9s de los sentidos- alcanzamos el mundo en sus m\u00faltiples aspectos y dimensiones. Pero c. es a la vez y antes, no s\u00f3lo aquello que el hombre tiene frente a s\u00ed\u00ad mismo, sino tambi\u00e9n aquello en que es \u00e9l mismo: el placer y el dolor del c. son su placer y su dolor. Y el mundo mismo no est\u00e1 frente al cuerpo meramente como espacio exterior, sino que es su \u00abprolongaci\u00f3n\u00bb y, por tanto, nuestra prolongaci\u00f3n, y s\u00f3lo existe en cuanto nosotros lo percibimos y \u00abhabitamos\u00bb, desde la piedra hasta el cuerpo del otro (MerleauPonty). As\u00ed\u00ad, pues, por muy cierta que sea de una parte la diferencia entre el yo y el c., (lo mismo que entre el c. y el mundo), pues el hombre no es simplemente mero cuerpo, reina por otra parte tal unidad entre ambos aspectos, que puede decirse que el hombre es plenamente corp\u00f3reo.<\/p>\n<p>En esta corporeidad, en la acci\u00f3n y la obra (y no en la mera posibilidad del pensar y del querer) es donde lo an\u00ed\u00admico y espiritual (-> alma, &#8211;>esp\u00ed\u00adritu) se hace por primera vez real, donde adquiere forma y poder operante, o sea, facticidad. Pero es a la vez esta corporeidad la que pone l\u00ed\u00admites a la propia realizaci\u00f3n del hombre, la que lo limita externamente en el ->espacio y &#8211;> tiempo, y le impide interiormente expresarse plena y enteramente a s\u00ed\u00ad mismo (como lo experimentan pensadores, artistas y amantes); pues opone en s\u00ed\u00ad misma resistencia al querer y absorbe fuerzas en la expresi\u00f3n que propiamente se dirigen a lo expresado, y as\u00ed\u00ad enturbia la pureza de lo manifestado.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n dial\u00e9ctica es v\u00e1lida para todo el acontecer de la vida diaria, pero se hace particularmente clara en las formas superiores del eros (-> amor) y de la -> muerte. En estos momentos se\u00f1alados de la existencia aparece tambi\u00e9n con m\u00e1xima evidencia la tentaci\u00f3n que esta tensi\u00f3n significa para el hombre. Es la tentaci\u00f3n primeramente de renunciar a todo esfuerzo por la uni\u00f3n y de llevar una vida en dos \u00f3rdenes separados entre s\u00ed\u00ad, en que, sin embargo, ambos pierden su car\u00e1cter humano y, por ende, se pierden a s\u00ed\u00ad mismos. Y es la tentaci\u00f3n, en segundo lugar, de limitarse a uno solo de los dos \u00f3rdenes: a una corporalidad hostil al esp\u00ed\u00adritu o a una espiritualidad hostil al cuerpo (-> espiritualismo). Pero ese intento, en cada caso, destruye lo escogido mismo y lleva pronto al extremo opuesto (-> dualismo, -> manique\u00ed\u00adsmo). Y es finalmente la tentaci\u00f3n de establecer una unidad exenta de toda dial\u00e9ctica, ora como corporeidad simplemente afirmada por el esp\u00ed\u00adritu (\u00abel a. es s\u00f3lo un algo en el cuerpo\u00bb), ora como espiritualidad que afirma desmesuradamente el c. (mens sana in corpore sano); lo que luego conduce de hecho a las falsas formas indicadas en primer y segundo lugar. En realidad, no es posible suprimir ni disolver la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica que oscila entre unidad y oposici\u00f3n de c. y a. De hecho la historia del pensamiento no ha hallado una soluci\u00f3n satisfactoria en todos los aspectos.<\/p>\n<p>II. Historia del problema<br \/>\nUn dualismo de c. y a. domina la filosof\u00ed\u00ada griega desde el orfismo y los pitag\u00f3ricos (en contraste con el optimismo corp\u00f3reo de Homero, que s\u00f3lo emplea rswt,a para referirse al cad\u00e1ver y para quien la \u00abpervivencia\u00bb es una existencia sombr\u00ed\u00ada que Aquiles cambiar\u00ed\u00ada por la miseria de un jornalero). El c. es vestido, barca, c\u00e1rcel y sepulcro del a. (rsWi,ac-al~toc), que se halla en \u00e9l por haber sido desterrada \u00abde arriba\u00bb. El a. est\u00e1 impedida y oprimida por el c.; se libera de \u00e9l por el desprendimiento (-> asc\u00e9tica) y el trabajo filos\u00f3fico, y finalmente por la muerte (a trav\u00e9s de sucesivos nacimientos). As\u00ed\u00ad piensa sobre todo Plat\u00f3n, a semejanza de las doctrinas de la India. A esta relaci\u00f3n meramente accidental de c. y a. Arist\u00f3teles contrapone la concepci\u00f3n del &#8211;> hilemorfismo, seg\u00fan la cual el a. es la forma substancial del c. y constituye con \u00e9l el \u00fanico ente concreto y subsistente. Sin embargo, queda sin aclarar la relaci\u00f3n entre el a. espiritual (inmortal) y el a. corporal (mortal) y sigue, por tanto, oscura la unidad originaria del hombre.<\/p>\n<p>El pensamiento sem\u00ed\u00adtico b\u00ed\u00adblico a\u00f1ade otra visi\u00f3n completamente distinta a esta tradici\u00f3n. El Antiguo Testamento no tiene una palabra peculiar para designar el c., el hombre entero es \u00abcarne\u00bb (bas\u00e1r), pero tambi\u00e9n alma (nefef), propiamente: vida. Por la muerte el hombre en su totalidad pierde su vida (en el seol nadie piensa en Dios, ni Dios se acuerda de los muertos [Sal 88 ] ). S\u00f3lo en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado &#8211; por influencia helen\u00ed\u00adstica &#8211; se distingue m\u00e1s fuertemente entre c. y a., se ense\u00f1a una pervivencia propiamente dicha de \u00e9sta y se desarrolla la doctrina de la resurrecci\u00f3n de la carne, partiendo de indicios tard\u00ed\u00ados del AT. La doctrina sobre el c. y el a. en el Nuevo Testamento hay que buscarla sobre todo en &#8211;>Pablo (teolog\u00ed\u00ada). No cabe interpretarla en forma dualista (en sentido helen\u00ed\u00adstico y gn\u00f3stico), si bien sus tesis no est\u00e1n completamente aclaradas ni es f\u00e1cil armonizarlas completamente entre s\u00ed\u00ad. La a&#038;pl (carne), la constituci\u00f3n pecadora y mortal del hombre postadam\u00ed\u00adtico (p. ej., R\u00f3m 8, 12s), no se identifica simplemente con el aC\u00f3i\u00bb, si bien el estado carnal donde m\u00e1s abiertamente se manifiesta es en el c., como esfera visible del hombre mismo (1 Cor 5, 3; 7, 15s; Rom 6, 6; 7, 23; Col 3, 5). Por eso, la -> redenci\u00f3n predicada y esperada no consiste en la liberaci\u00f3n del a&#038;[.\u00bb, sino en su transformaci\u00f3n en un c. \u00abpneum\u00e1tico\u00bb (1 Cor 15, 36ss), en la configuraci\u00f3n conforme al c. glorioso de Cristo (Flp 3, 21).<\/p>\n<p>En el encuentro de las dos corrientes tradicionales dentro de la patr\u00ed\u00adstica y la ffilosof\u00ed\u00ada cristiana, predomina por de pronto (incluso y precisamente en la pol\u00e9mica con la -> gnosis) el mejor desarrollado pensamiento griego, en su visi\u00f3n plat\u00f3nica. S\u00f3lo lentamente, a trav\u00e9s de la tradici\u00f3n ar\u00e1biga aristotelismo ii), la concepci\u00f3n aristot\u00e9lica penetra en la discusi\u00f3n escol\u00e1stica y, finalmente, en Tom\u00e1s de Aquino recibe su modalidad cristiana. Tom\u00e1s ense\u00f1a que el a. es la unica forma corporis y que, consiguientemente, no se contrapone a un c. ya existente (\u00abinformado\u00bb), como elemento parcial junto al mismo, sino que aparece y opera en el medio puramente potencial de la materia prima. La dualidad (permanente) de c. y a. no ha de entenderse como \u00f3ntica y objetiva, sino como actual y ontol\u00f3gica; el c. es de todo punto c. del a. y \u00e9sta, por esencia, es corporal (y, sin embargo, dentro de la permanente referencia al c. y a la materia goza de inmortalidad; -> tomismo). En lo sucesivo, esta teor\u00ed\u00ada ontol\u00f3gica sobre el c. y el a. como \u00abpartes\u00bb fue cediendo a favor de una visi\u00f3n cada vez m\u00e1s \u00f3ntica. En consecuencia, la relaci\u00f3n entre c. y a. es concebida en forma monista o dualista. El dualismo moderno es obra de Descartes (-> cartesianismo; no obstante algunos pasajes de obras y cartas en que, apelando a nuestra experiencia diaria, defiende la verdadera unidad de c. y a.), con su separaci\u00f3n entre c. y a. como res extensa y res cog\u00ed\u00adtans, que, a trav\u00e9s del \u00f3rgano central, la gl\u00e1ndula pineal, est\u00e1n en cierta acci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. Pero ya en \u00e9l y de manera completa en el ocasionalismo (N. Malebranche) y en Leibniz, propiamente es Dios quien tiene que zanjar el abismo infranqueable entre ambos \u00f3rdenes, ora por una intervenci\u00f3n constante, ora por la instituci\u00f3n inmanente de la armon\u00ed\u00ada preestablecida. Posteriormente (as\u00ed\u00ad en el moderno vitalismo), la doctrina de la acci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca ha hallado nuevamente seguidores (H. Lotze, E. Becher), sin que hayan podido esclarecerse las dificultades de esta teor\u00ed\u00ada. Espinoza defiende el monismo; para \u00e9l c. y a. son s\u00f3lo dos modos de la misma cosa. Semejantemente piensa el paralelismo psicof\u00ed\u00adsico (G. Th. Fechner), que entiende el fen\u00f3meno del c. y el del a. como el lado convexo y el c\u00f3ncavo de una sola y misma concha. Y mientras que el espiritualismo concibe el c. s\u00f3lo como manifestaci\u00f3n del alma, la \u00fanica verdaderamente real (G. Berkeley, W. Wundt); el materialismo monista, en cambio, explica todo lo an\u00ed\u00admico y espiritual por funciones corp\u00f3reas y glandulares (C. Vogt, J. Moleschott, L. B\u00fcchner).<\/p>\n<p>En la actualidad, partiendo de la psicolog\u00ed\u00ada (&#8211;> psicolog\u00ed\u00ada profunda) y de la biolog\u00ed\u00ada, el hombre es visto de nuevo m\u00e1s conscientemente en su unidad de c. y a., unidad que, aun reconociendo ambos componentes, no admite una clara separaci\u00f3n entre ellos; sobre todo la psicoterapia y la medicina psicosom\u00e1t\u00ed\u00adca (culpa, -> enfermedad) tratan de atenerse a esta visi\u00f3n originaria.<\/p>\n<p>III. Interpretaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica<br \/>\nEl magisterio eclesi\u00e1stico (por de pronto partiendo de controversias cristol\u00f3gicas) ha definido la unidad del hombre, echando mano de la terminolog\u00ed\u00ada del hilemorfismo, sin decidir sobre el hilemorfismo mismo ni sobre su configuraci\u00f3n m\u00e1s precisa (Dz 481, 1914). Como muestra la consideraci\u00f3n fenomenol\u00f3gica, el hombre es corp\u00f3reo en su totalidad y por esencia. El tiene su cuerpo y a la vez es este cuerpo en un sentido real. \u00bfO deber\u00ed\u00adamos recurrir a una formulaci\u00f3n negativa, para rechazar claramente tanto un falso dualismo en el sentido del \u00abtener\u00bb (que parte del puro cogito: Descartes), como un monismo del ser (que se apoya puramente en la percepci\u00f3n: Merleau-Ponty)? Ni tengo (solamente) mi cuerpo, ni soy (completamente) mi cuerpo. La unidad y diferencia indicadas en esta doble negaci\u00f3n se ponen de manifiesto en el lenguaje como \u00bb coincidencia\u00bb el pensar con los actos corp\u00f3reos. En la palabra pronunciada se unifican y hacen evento lo pensado (universal) y la individualidad personal, corporal y sensible del que habla.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como el hombre no puede contraponerse adecuadamente a su c., sino que s\u00f3lo \u00aben\u00bb este c. (\u00aben \u00e9l, con \u00e9l y por \u00e9l\u00bb) es cabalmente este hombre determinado; tampoco la exaltaci\u00f3n del entusiasmo en el obrar y amar es una salida del c. y una elevaci\u00f3n sobre \u00e9l, ni la muerte constituye simplemente una separaci\u00f3n entre el a. y el c. M\u00e1s bien, en uno y otro caso es afectado y llamado el hombre entero, y se le llama precisamente a aceptar y asumir su estructura corp\u00f3reo-espiritual, la cual, de acuerdo con lo dicho, exige un s\u00ed\u00ad tolerante y activo y a la vez un no tolerante y activo al c. (-> cultura, -> formaci\u00f3n, -> asc\u00e9tica, -> deporte). En el c. se abre el hombre a su medio y al mundo exterior, se hace accesible, atacable (Sartre: la mirada) y tentable. Pero tambi\u00e9n en el c. y en su acci\u00f3n aparece a los dem\u00e1s y a s\u00ed\u00ad mismo, su \u00abalma invisible\u00bb se hace visible (estudio de la expresi\u00f3n). Por el c. \u00abconoce\u00bb el hombre al otro sexo (G\u00e9n 4, 1; &#8211;>sexualidad), y de este acto plenamente humano sale el hombre (generaci\u00f3n). Por el c. el hombre est\u00e1 ligado a lo infrahumano y se halla aprisionado en ello, es \u00abpolvo\u00bb (necesidad, tendencias); pero por su cuerpo tambi\u00e9n (como espiritual, no meramente por su esp\u00ed\u00adritu en s\u00ed\u00ad), se levanta visiblemente sobre el \u00abpolvo\u00bb (\u00abrostro\u00bb, \u00abmirada\u00bb, \u00abpostura\u00bb, lenguaje; cf. -> antropolog\u00ed\u00ada, -> hominizaci\u00f3n, -> evoluci\u00f3n). El c. es la \u00abacci\u00f3n primigenia\u00bb (G. Siewerth), el s\u00ed\u00admbolo real del hombre (K. Rahner); es el \u00abmedio de la esencia\u00bb (B. Welte) en que \u00e9l hace presente su vida y existencia.<\/p>\n<p>En esa concepci\u00f3n, el esquema tradicional de diversos estratos queda suplantado por la idea de distintas dimensiones en las que la persona se desarrolla exterioriz\u00e1ndose. A la vez, as\u00ed\u00ad la consideraci\u00f3n individual y aislada del c. queda elevada a la dimensi\u00f3n m\u00e1s amplia de la -> comunidad, de la -> historia e historicidad, que pertenecen esencialmente a la estructura conjunta del c. y, en medio de la tensi\u00f3n permanente entre apertura y ocultaci\u00f3n, crean la faz completa, la realidad de la persona.<\/p>\n<p>Esta dualidad en medio de la unidad, que filos\u00f3ficamente es impenetrable y a la vez ineludible, descubre su m\u00e1s aguda tensi\u00f3n a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. El lema de una teolog\u00ed\u00ada del c. es la f\u00f3rmula de Tertuliano: caro salutis est cardo (De carnis resurr. 8). Dios, el Logos, se hace \u00abcarne\u00bb y verdadero hombre y redime al g\u00e9nero humano por su obediencia en el c. hasta la muerte. Por eso, la econom\u00ed\u00ada de su gracia lleva la estructura de la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb. El que de momento s\u00f3lo parezca alcanzar a las almas, es precisamente indicio de un estado que no debiera ser, el cual se debe a la p\u00e9rdida de la integridad de esp\u00ed\u00adritu y c. que implicaba la gracia del estado original. Si as\u00ed\u00ad el pecado aparece precisamente en el c. (cf. antes Pablo), \u00e9ste, por otra parte, est\u00e1 ahora santificado y llamado a la obra de la corredenci\u00f3n y a ser templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1 Cor 6, 15; Col 1, 24; 1 Cor 6, 19 ); est\u00e1 llamado sobre todo a la gloria de la resurrecci\u00f3n, en la cual lo mismo que se ha hecho aqu\u00ed\u00ad temporal y corporalmente (no s\u00f3lo una recompensa por ello) ser\u00e1, bajo una nueva forma, el estado definitivo y la eternidad del hombre. En cuanto esta eternidad est\u00e1 caracterizada como conformaci\u00f3n con el cuerpo de Cristo (1 Cor 15, 49) y como comuni\u00f3n con \u00e9l (2 Cor 5, 8), en eso mismo quedan afirmadas la permanente significaci\u00f3n y el valor insuperable de la humanidad y corporeidad de Cristo y, por ende, del hombre en general (-> visi\u00f3n de Dios, -> antropocentrismo, -> m\u00ed\u00adstica). Y si, finalmente, el c. significa la apertura y presencia del hombre para el t\u00fa, su ordenaci\u00f3n esencial al mundo circundante, esto debe decirse en forma consumada (liberada de todo oscurecimiento y ambig\u00fcedad) acerca del c. celeste. Este tambi\u00e9n incluye esencialmente la comunidad. Por eso la -> ascensi\u00f3n de Cristo, \u00abprim\u00ed\u00adcias de los que se durmieron\u00bb (1 Cor 15, 20), pide tambi\u00e9n la consumaci\u00f3n corporal de sus hermanos; es m\u00e1s, requiere e implica \u00abya ahora\u00bb por lo menos una realizaci\u00f3n parcial, un anticipo en sus hermanos de su estado definitivo, seg\u00fan el orden que a cada uno le corresponde (1 Cor 15, 23; Mt 27, 52s; Ef 4, 8ss; Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada). Dentro de la dimensi\u00f3n visible de lo terreno este final definitivo se anuncia en la forma sacramental y en la actividad cultual (-> culto) de la Iglesia, \u00abcuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo\u00bb (1 Cor 12, 27; Ef 1, 23). Y ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n se hace inicialmente claro que la consumaci\u00f3n del c. no se detiene en el c. Del mismo modo que la glorificaci\u00f3n del c. no se a\u00f1ade solamente como complemento a la salvaci\u00f3n eterna del a., sino que significa cabalmente su consumaci\u00f3n y forma plena, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n ella se extiende al mundo y transforma el cosmos entero (Roin 8, 18-23; Ap 21), para consumar la encarnaci\u00f3n en la unidad pneum\u00e1tica (que conserva todas las diferencias) del \u00abDios que ser\u00e1 todo en todos\u00bb (1 Cor 15, 28 ).<\/p>\n<p>J\u00f6rg Splett<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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