{"id":18892,"date":"2016-02-05T12:07:48","date_gmt":"2016-02-05T17:07:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discrecion-de-espfritus\/"},"modified":"2016-02-05T12:07:48","modified_gmt":"2016-02-05T17:07:48","slug":"discrecion-de-espfritus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discrecion-de-espfritus\/","title":{"rendered":"DISCRECION DE ESPFRITUS"},"content":{"rendered":"<p>1. La teor\u00ed\u00ada de la discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus<br \/>\nEn el terreno dogm\u00e1tico, la d. de e. significa aquel don gratuito (-> carismas) que confiere la capacidad de conocer lo que es obra de la gracia en la realizaci\u00f3n del hombre. Por eso, bajo el aspecto cognoscitivo se define como el juicio recto \u00abque nosotros nos formamos sobre el esp\u00ed\u00adritu de otros, seg\u00fan las reglas y prescripciones que nos dan la Iglesia&#8230; y la luz de la propia prudencia\u00bb (SCARAMELLI 33s). Y, desde la perpectiva del sujeto, la d. de e. es aquel sentido de orientaci\u00f3n (en principio te\u00f3rico) que permite al individuo en su concreto momento presente encontrar la forma de existencia (cristiana) que es adecuada para \u00e9l.<\/p>\n<p>En cuanto la praxis de la vida humana produce siempre una teor\u00ed\u00ada correspondiente a sus circunstancias y muestra as\u00ed\u00ad por qu\u00e9 \u00abesp\u00ed\u00adritus\u00bb est\u00e1 impulsada, la doctrina de la d. de e. debe ser tal que, dentro de la vida espec\u00ed\u00adfica (de un hombre o de un grupo), ayude con medios te\u00f3ricos a la irrupci\u00f3n de aquellas fuerzas que aqu\u00ed\u00ad y ahora realizan lo discernido como cristiano. Sin embargo, aqu\u00ed\u00ad el momento critico no puede radicar solamente en el contenido concreto de la tradici\u00f3n -que como tal no garantiza una aplicaci\u00f3n adecuada-, ni en esta aplicaci\u00f3n por s\u00ed\u00ad sola &#8211; pues sin contenido estar\u00ed\u00ada vac\u00ed\u00ada -, ni en el sujeto solamente, ya que precisamente \u00e9l busca un criterio; m\u00e1s bien, la calidad de la discreci\u00f3n depende de la forma expl\u00ed\u00adcita en que la fe deba formularse para una situaci\u00f3n totalmente concreta.<\/p>\n<p>Sin embargo, la pregunta m\u00e1s general (hasta ahora no aclarada teol\u00f3gicamente) ser\u00ed\u00ada a este respecto la de si cabe elaborar una teor\u00ed\u00ada de lo sobrenatural que permita esclarecer la pr\u00e1ctica religiosa y que sirva para hallar la diferencia espec\u00ed\u00adfica de lo cristiano en la vida concreta. La d. de e. exige una teor\u00ed\u00ada de la vida espiritual, la cual, entendida como un \u00e1mbito particular de la teor\u00ed\u00ada general de la gracia, debe estudiar la relaci\u00f3n entre la -> naturaleza y la gracia. Pues, realmente, los distintos sistemas sobre la gracia (&#8211;> gracia y libertad) tambi\u00e9n se distinguen por su concepci\u00f3n de la espiritualidad. All\u00ed\u00ad donde se concibe la s\u00ed\u00adntesis (en cada caso diferente) entre exterior e interior, entre acci\u00f3n y pasi\u00f3n, entre logos y pneuma, est\u00e1 el lugar -metaf\u00ed\u00adsico- donde se distinguen los esp\u00ed\u00adritus.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad amenazan concepciones de un objetivismo especialmente peligroso en esta cuesti\u00f3n (por la raz\u00f3n de que separa). Pero si la &#8211;>gracia precisamente activa la existencia humana y esa activaci\u00f3n est\u00e1 siempre en uni\u00f3n con la concepci\u00f3n (cambiada por la gracia) que el hombre tiene de s\u00ed\u00ad mismo; en consecuencia, el hecho de tomar en consideraci\u00f3n la propia situaci\u00f3n, como momento esencial en el proceso de la autorrealizaci\u00f3n del hombre, debe, a la inversa, afectar nuevavamente a la actualidad de la gracia misma y ampliar la potencia de la capacidad personal. S\u00f3lo la teor\u00ed\u00ada de la propia vida como objetivaci\u00f3n de la situaci\u00f3n espiritual hace posible una realizaci\u00f3n adecuada de la individualidad. Ella crea un nuevo \u00e1mbito existencial mediante la delimitaci\u00f3n de las propias fuerzas frente a la esfera de lo universal. Por esto, a la inversa, cuanto la &#8211;>libertad (dada por la gracia), bien sea a causa de la pr\u00e1ctica (sensus f idedium), o bien por un especial don carism\u00e1tico, se hace m\u00e1s consciente de sus condiciones; tanto mejor puede distinguir entre s\u00ed\u00ad tambi\u00e9n espiritualmente los distintos \u00e1mbitos de la vida. En la diferencia consigo misma es ella su momento cr\u00ed\u00adtico. La d. de e., como expresi\u00f3n objetiva de una fundamental toma de posici\u00f3n humana (mediante el carisma, la actualizaci\u00f3n de la gracia y finalmente la visi\u00f3n), convierte a Dios mismo en criterio \u00abdiferencial\u00bb de toda la realidad.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad se desprenden los siguientes principios para una criteriolog\u00ed\u00ada general:<br \/>\na) La d. de e. nunca se realiza como un mero estado. Ella se produce siempre en el espacio intermedio entre el querer (moral) y la visi\u00f3n (religiosa). Queda concluida cuando el hombre ha encontrado la identidad consigo mismo y se entrega libremente a los otros.<\/p>\n<p>b) Nunca se desarrolla como mera teor\u00ed\u00ada. El conocimiento por la gracia de lo individual no tiene otro sentido que el de encontrar los contornos de la propia existencia, para que, ante la oferta de muchas posibilidades, lo universal pueda verse individualmente.<\/p>\n<p>c) La d. de e. va estrechamente unida a la -> decisi\u00f3n por Dios, la cual, a su vez, se hace posible por la gracia. Se produce como imitaci\u00f3n de la trascendencia divina en la propia vida, de cara a su positiva y negativa \u00ed\u00adndole moral.<\/p>\n<p>d) Objetivamente, con relaci\u00f3n a los otros, es la capacidad (carism\u00e1tica) de ver los movimientos de sus almas de tal modo que ellos, gracias a un consejo, puedan encontrar su libertad. Como objetivaci\u00f3n de estados en cuanto tales, la d. de e. va m\u00e1s all\u00e1 de la relaci\u00f3\u00f1 mutua en la esfera privada y afecta a la dimensi\u00f3n social.<\/p>\n<p>2. Escritura y tradici\u00f3n<br \/>\nLo carism\u00e1tico tiene en la sagrada Escritura un car\u00e1cter absolutamente ambivalente, y no es por s\u00ed\u00ad solo una garant\u00ed\u00ada de la gracia. Pues, por un lado, Dios \u00abenv\u00ed\u00ada\u00bb tambi\u00e9n el esp\u00ed\u00adritu malo (1 Sam 16, 14) y, por otro, el hombre puede perder su carisma (Jue 13ss) o invertirlo precisamente en lo contrario (Jer 28).<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que para el NT &#8211; y tambi\u00e9n para el AT (predicaci\u00f3n del juicio como criterio en Jer, o el acto de la revelaci\u00f3n en las historias de las vocaciones prof\u00e9ticas)- el criterio est\u00e1 en la acci\u00f3n pr\u00e1ctica. As\u00ed\u00ad el reino de Dios se hace actual en el mensaje de Jes\u00fas como destronamiento de los &#8211;> demonios (Mc 3, 20ss par); y para la comun\u00ed\u00addad la aut\u00e9ntica discreci\u00f3n se produce all\u00ed\u00ad donde, en uni\u00f3n con Jes\u00fas (Mt 11, 32ss), se cumple la voluntad de Dios (Mt 7, 15-23). E1 hecho de que se pertenezca a Dios (Jn 6, 44) o al mundo (Jn 8, 41), sucede en la fe misma (1 Jn 4, 2ss) y se demuestra por el amor y la justicia (1 Jn 3, 10).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu posee en el NT un car\u00e1cter estructurante. Estando esencialmente ligado al amor (1 Cor 13) y a las profesi\u00f3n de fe (1 Cor 12, 3 ), \u00e9l se convierte en una funci\u00f3n para la edificaci\u00f3n de la comunidad (1 Cor 14, 12) y garantiza su unidad Rom 12; 1 Cor 12 ). A pesar de su actividad propia (1 Tes 1, 4s), ha de atenerse al mandato del Se\u00f1or (1 Cor 14, 37). El trae luz (Ef 5, 8) y paz (G\u00e1l 5, 22); y sin embargo pertenece a su esencia la d. de e. como acci\u00f3n carism\u00e1tica (1 Cor 12, 10).<\/p>\n<p>Bajo la influencia de la apocal\u00ed\u00adptica la d. de e. pas\u00f3 tambi\u00e9n a ser un tema importante de la antig\u00fcedad cristiana.<\/p>\n<p>Primero se distinguen los profetas seg\u00fan diversos criterios: \u00abY ning\u00fan profeta que hace preparar la mesa en el Esp\u00ed\u00adritu come de ella, de lo contrario es un falso profeta&#8230; Todo profeta que ense\u00f1a lo verdadero, pero no realiza lo que dice, es un falso profeta\u00bb (Did 11, 9s).<\/p>\n<p>Pero la discreci\u00f3n tiene tambi\u00e9n un sentido general: \u00abDos \u00e1ngeles hay en el hombre, ense\u00f1a Hermas, uno el de la justicia, otro el de la maldad\u00bb (Herm [m] vi 2, 1). Por eso hay tambi\u00e9n dos concupiscencias: \u00abLa concupiscencia mala es un impulso salvaje que dif\u00ed\u00adcilmente se deja domesticar; es espantosa y por su salvajismo destroza mucho al hombre, sobre todo un siervo de Dios que caiga en sus garras y no se ponga prudentemente en acci\u00f3n es terriblemente maltratado por ella\u00bb (Ibid. xii 1, 2). La concupiscencia buena produce justicia, virtud, verdad, temor de Dios, fe, afabilidad (Ibid. 3 ).<\/p>\n<p>A pesar de la marcada demonolog\u00ed\u00ada (p. ej. en la Vita de Antonio), son decisivas la conducta moral y la aspiraci\u00f3n a Dios, enlazada con aqu\u00e9lla: \u00bb El que no hace&#8230; lo que ense\u00f1a se asemeja a un pozo, el cual lava a todos los que llegan a \u00e9l, pero \u00e9l mismo en su fondo est\u00e1 lleno de lodo y porquer\u00ed\u00ada\u00bb (Vitae Patrum v 10,50).<\/p>\n<p>En Or\u00ed\u00adgenes la d. de e. recibe por primera vez una estructura metaf\u00ed\u00adsica; su norma es la realizaci\u00f3n de la libertad del hombre: \u00abUnde ex hac manifesta discretione dignoscitur quomodo anima melioris spiritus praesentia moveatur, id est, si nullam prorsus ex eminenti aspiratione obturbationem vel alienationem mentis incurrat, nec perdat arbitr\u00fc su\u00c2\u00a1 iudicium liberum\u00bb (De princip\u00fcs rrt 3, 4). Absolutamente todo, incluso la posesi\u00f3n diab\u00f3lica, depende de la toma de Posici\u00f3n interna de la voluntad (Ibid 3, 5). En la \u00e9poca siguiente, la espiritualidad monacal de oriente est\u00e1 acu\u00f1ada esencialmente por Or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>En occidente quien predomina en este campo es Juan Casiano. Aludiendo a la imagen seg\u00fan la cual el hombre, igual que un cambista de moneda, en lo espiritual tambi\u00e9n debe distinguir necesariamente las monedas verdaderas de las falsas, \u00e9l acent\u00faa que la capacidad de discreci\u00f3n debe adquirirse, y concretamente por la humildad (ante la tradici\u00f3n) y por la apertura (frente a los de m\u00e1s edad). La d. de e., puesto que ense\u00f1a a conocer la direcci\u00f3n del camino espiritual, es \u00abfuente y ra\u00ed\u00adz de todas las dem\u00e1s virtudes\u00bb (Collationes Patrum, ii, 9).<\/p>\n<p>Aunque a partir de aqu\u00ed\u00ad en la edad media se acent\u00faa mucho la obediencia (Bernardo, los dominicos) y surge el problema de c\u00f3mo los criterios externos (p. ej., la autoridad de la Iglesia) y la experiencia interna pueden coincidir (P\u00ed\u00aderre d&#8217;Aylli), precisamente la gran teolog\u00ed\u00ada (Hugo de San V\u00ed\u00adctor) remite siempre a la inmediatez del hombre con Dios. Lo carism\u00e1tico (gratia gratis data) es en Tom\u00e1s, a diferencia de la gracia misma (gratia gratum faciens, \u00abper quam ipse homo Deo coniungitur\u00bb), aquella gracia por la cual el hombre (desde fuera) es llevado a Dios (ST I-II q. 111 a. 1). La clarividencia dada con ello, como \u00abcapacidad divina\u00bb, afecta precisamente al \u00e1mbito que s\u00f3lo Dios puede ver, a lo \u00aboculto del coraz\u00f3n\u00bb (Ibid. a. 4). As\u00ed\u00ad como nosotros, dice Dionisio el cartujo, podemos distinguir el Esp\u00ed\u00adritu increado de los esp\u00ed\u00adritus creados, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n entre \u00e9stos podemos distinguir a los unos de los otros (Obras 40, 468s). Las cosas que \u00abimmediate, improvise aut subito causantur in apice aut vertice intellectivae potentiae\u00bb (Ibid. 274), ciertamente no proceden del esp\u00ed\u00adritu malo. Hay que atender siempre al de d\u00f3nde (unde), al para qu\u00e9 (cui), al contenido (quid), al sujeto (quis), a la forma de aparici\u00f3n (qualiter) y al motivo (quare) de un movimiento espiritual (Gerson).<\/p>\n<p>En Ignacio de Loyola, el \u00faltimo maestro de la d. de e. y el m\u00e1s decisivo para la \u00e9poca siguiente, la discreci\u00f3n est\u00e1 orientada a la pr\u00e1ctica. La norma distintiva para la discreci\u00f3n radica en la realizaci\u00f3n de la trascendencia: \u00abEn toda buena elecci\u00f3n&#8230; el ojo de nuestra intenci\u00f3n debe ser simple, solamente mirando para lo que soy criado, es a saber, para alabanza de Dios nuestro Se\u00f1or, y salvaci\u00f3n de mi \u00e1nima\u00bb (Ejer. esp. 169). Los \u00e1mbitos particulares de nuestra vida, que han de hacerse \u00abindiferentes\u00bb (\u00c2\u00a1bid. 23; 170), como momentos particulares en la actualizaci\u00f3n de la presencia divina, est\u00e1n sometidos a las reglas de \u00absu\u00bb discreci\u00f3n. La recta elecci\u00f3n brota de la evidencia inmediata (\u00absin dubitar ni poder dubitar\u00bb [primer tiempo de elecci\u00f3n: \u00c2\u00a1bid 175]) o bien de lo que, en interior calma y libertad, hace obvio la reflexi\u00f3n natural (tercer tiempo de elecci\u00f3n: \u00c2\u00a1bid. 177), o bien, finalmente, la recta elecci\u00f3n se produce \u00abcuando se toma asaz claridad y cognoscimiento por experiencia de consolaciones y desolaciones, y por experiencia de discreci\u00f3n de varios esp\u00ed\u00adritus\u00bb (segundo tiempo de elecci\u00f3n: Ibid. 176). La referencia a Dios en la acci\u00f3n concreta est\u00e1 tambi\u00e9n determinada por la constituci\u00f3n individual (Ibid. 316s). El estado del alma en relaci\u00f3n con una elecci\u00f3n concreta es tambi\u00e9n criterio de discreci\u00f3n (Ibid. 330); las reglas ofrecen una ayuda a este respecto.<\/p>\n<p>Estas reglas en la \u00e9poca posterior con frecuencia han sido expuestas sistem\u00e1ticamente, aunque, en general, sin captar lo peculiar de la segunda elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. La discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus en la actualidad<br \/>\nLa d. de e. como problema pr\u00e1ctico equivale a la pregunta por la estructura bajo la cual se realiza la fe. Dentro de los distintos momentos que determinan su constituci\u00f3n concreta, hay que hallar aquellos que ampl\u00ed\u00adan la capacidad de aprehender lo divino y aquellos otros que la bloquean.<\/p>\n<p>Sin embargo, en cuanto la fe tiene que hab\u00e9rselas con los \u00abpoderes y potestades\u00bb de la existencia, la doctrina de la discreci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de la realizaci\u00f3n particular de la fe. En efecto, debe definir en un amplio contexto los factores que contradicen a lo cristiano; ella tiene importancia pol\u00ed\u00adtica, ha de intervenir en el proceso de evoluci\u00f3n del mundo y debe formular objetiva y cr\u00ed\u00adticamente lo espec\u00ed\u00adfico de la fe.<\/p>\n<p>Por tanto, la d. de e., a diferencia de la simple predicaci\u00f3n, que ha de despertar la fe y profundizarla, es aquel saber que en el \u00e1mbito de la cristiandad ya existente, y a partir de ah\u00ed\u00ad, formula la diferencia concreta de las posibilidades individuales de vida. Lo reflexivo del concepto es importante porque la fe misma debe depurarse de cara a su desarrollo futuro. La trascendencia de la propia esencia como elemento constitutivo de la conducta espec\u00ed\u00adfica para con el mundo, es el criterio de la estrategia de la discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus.<\/p>\n<p>Por tanto, la Iglesia (tambi\u00e9n en su totalidad) est\u00e1 obligada a su propia iniciativa espiritual. Ella no puede limitarse a repetir su profesi\u00f3n material de fe. Lo peculiar de su cr\u00ed\u00adtica se manifiesta m\u00e1s bien en la objetividad espec\u00ed\u00adfica de lo cristiano en relaci\u00f3n con la moralidad social y privada del hombre actual. A este respecto, una confrontaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica con los fen\u00f3menos de la -a espiritualidad actual de ning\u00fan modo puede evitarse.<\/p>\n<p>Elmar Klinger<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. La teor\u00ed\u00ada de la discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus En el terreno dogm\u00e1tico, la d. de e. significa aquel don gratuito (-> carismas) que confiere la capacidad de conocer lo que es obra de la gracia en la realizaci\u00f3n del hombre. 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