{"id":18899,"date":"2016-02-05T12:08:02","date_gmt":"2016-02-05T17:08:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escritura-y-tradicion\/"},"modified":"2016-02-05T12:08:02","modified_gmt":"2016-02-05T17:08:02","slug":"escritura-y-tradicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escritura-y-tradicion\/","title":{"rendered":"ESCRITURA Y TRADICION"},"content":{"rendered":"<p>I. Introducci\u00f3n al problema<br \/>\n1. Parec\u00ed\u00ada que la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la E. y la t. hab\u00ed\u00ada quedado aclarada para la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica por la decisi\u00f3n del concilio de Trento (Dz 783s), seg\u00fan la cual el evangelio puro est\u00e1 contenido y se transmite in libris scriptis et sine scripto traditionibus, y las dos v\u00ed\u00adas por las que nos llega la revelaci\u00f3n deben aceptarse par\u00c2\u00a1 pietatis af fectu ac reverentia (palabras que repite el Vaticano II, en Dei Verbum n .o 9, aunque aqu\u00ed\u00ad las traditiones se convierten en Sacra Traditio).<\/p>\n<p>En la \u00e9poca postridentina estas palabras del concilio de Trento generalmente fueron entendidas (aunque tal interpretaci\u00f3n no ha de tenerse por obligatoria) en el sentido de que el contenido de la revelaci\u00f3n se divide materialmente entre ese doble cauce de transmisi\u00f3n, de modo que algunas verdades reveladas se hallan \u00absolamente en la tradici\u00f3n oral\u00bb y, por tanto, debe afirmarse la existencia de \u00abdos fuentes de revelaci\u00f3n\u00bb, cuyos contenidos materiales en parte son distintos. Se cre\u00ed\u00ada que era posible legitimar esta opini\u00f3n por el hecho de que al menos la extensi\u00f3n del &#8211;> canon s\u00f3lo puede conocerse mediante la tradici\u00f3n oral, y por el de que muchos dogmas posteriores de la Iglesia no pueden deducirse solamente de la E. (ni siquiera por el procedimiento de la explicaci\u00f3n, en virtud del cual se desorrolla lo contenido \u00abimpl\u00ed\u00adcitamente\u00bb en la E.; ese procedimiento ha sido considerado con toda naturalidad como una operaci\u00f3n meramente l\u00f3gica y conceptual). Esta interpretaci\u00f3n era valorada como una de las m\u00e1s importantes doctrinas de controversia frente a la teolog\u00ed\u00ada protestante y su principio de sola Scriptura.<\/p>\n<p>2. Pero en los \u00faltimos decenios J.R. Geiselmann y otros han criticado decididamente esta interpretaci\u00f3n que en gran parte se hab\u00ed\u00ada hecho tradicional. Han sido resaltados los siguientes hechos: la tradici\u00f3n doctrinal desde los padres hasta el tiempo de la reforma acerca de la relaci\u00f3n entre E. y t. en manera alguna es unitaria, de modo que incluso lleg\u00f3 a concederse una clara primac\u00ed\u00ada a la E.; en la redacci\u00f3n del texto del Tridentino se suprimi\u00f3 un partim-partim, substituy\u00e9ndolo por un cauto et; las traditiones de Dz 783s (el Tridentino usa siempre el plural) no coinciden sin m\u00e1s con la -> tradici\u00f3n en el sentido actual y en el sentido de nuestro problema; el conocimiento de la extensi\u00f3n del canon no puede considerarse simplemente como un caso particular de una relaci\u00f3n general entre E. y t., ni como una cuesti\u00f3n ya aclarada; la evoluci\u00f3n de los -> dogmas requiere en todo caso una explicaci\u00f3n (bien a partir de la E., o bien a partir de una t. primitiva), la cual no es m\u00e1s f\u00e1cil tomando como base una primitiva tradici\u00f3n expl\u00ed\u00adcita, afirmada pero no demostrada, que tomando la E. como punto de origen. Pues con relaci\u00f3n a los dogmas que, por no estar contenidos ni siquiera impl\u00ed\u00adcitamente en la E., se pretende deducir de una mera t., de hecho no hay otra prueba suficientemente antigua e hist\u00f3ricamente accesible que pudiera demostrar su procedencia apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>3. Toda esta cuesti\u00f3n fue uno de los temas m\u00e1s discutidos en el concilio Vaticano II, especialmente en la redacci\u00f3n de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum sobre la revelaci\u00f3n y la E. Aqu\u00ed\u00ad el concilio acent\u00faa (n .o 7) que la formaci\u00f3n de la E. misma es un acto de t.; que la t. sigue actuando en la -> sucesi\u00f3n apost\u00f3lica bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo (n .o 8); que la t. da a conocer el canon de la E. y la actualiza (n\u00c2\u00b0 8). Dice adem\u00e1s que la E. y la t. forman una unidad (n\u00c2\u00b0 9 y 10), pues tienen un \u00fanico origen -la revelaci\u00f3n divina, la cual es una sola- y se condicionan mutuamente. Prescindiendo de la transmisi\u00f3n de la E. (canon), la funci\u00f3n actualizante de la t. es referida por completo a la E. (en la medida en que se dice algo a este respecto). Como vemos, el concilio se abstiene intencionadamente (frente al esquema preconciliar) de ense\u00f1ar la insuficiencia material de la E., lo cual, objetivamente (ya que se hab\u00ed\u00ada exigido lo contrario), implica que para el concilio la doctrina de la suficiencia material de la Escritura es leg\u00ed\u00adtima. Y en consecuencia se puede ense\u00f1ar que la tradici\u00f3n posterior a la Biblia no tiene m\u00e1s misi\u00f3n que la de transmitir la Escritura en cuanto tal, la de interpretarla, actualizarla y desarrollar sus implicaciones; o bien, expres\u00e1ndonos con mayor precauci\u00f3n, que la tradici\u00f3n se produce siempre y en todos sus aspectos por la audici\u00f3n de la E., bajo la E. como norma cr\u00ed\u00adtica que es necesaria siempre y en todo para distinguir la tradici\u00f3n \u00abdivina\u00bb, como par\u00e1dosis de la revelaci\u00f3n en Cristo, de las tradiciones humanas.<\/p>\n<p>Cuando el concilio dice que por la t. es conocido el canon entero de la E., ante todo hemos de tener en cuenta que la formulaci\u00f3n de la frase es positiva y no exclusiva. En el sentido positivo la frase es evidente (lo cual, sin embargo, es importante para evitar una falsa inteligencia del sola Scriptura, como si el libro de la E. fuera de la Iglesia y de su predicaci\u00f3n pudiera ser E. en sentido teol\u00f3gico), pero no decide todav\u00ed\u00ada la cuesti\u00f3n de si en el saber acerca del canon y de su extensi\u00f3n hay una sola verdad de fe formulada en alg\u00fan enunciado que, como tal, no est\u00e9 ni impl\u00ed\u00adcita ni expl\u00ed\u00adcitamente en la E. (y en caso afirmativo se tratar\u00ed\u00ada de un hecho que no puede generalizarse). La cuesti\u00f3n de si la frase del concilio puede leerse en el sentido exclusivo de \u00absolamente\u00bb, depende de la soluci\u00f3n que se d\u00e9 al problema dif\u00ed\u00adcil y abierto de c\u00f3mo deba concebirse m\u00e1s exactamente el conocimiento del canon por parte de la Iglesia misma. No cabe pensar que este conocimiento procede de una declaraci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del \u00ab\u00faltimo ap\u00f3stol\u00bb, pues hay escritos can\u00f3nicos que surgieron muerto ya el \u00faltimo de los ap\u00f3stoles, aun cuando hayan de incluirse entre los libros del per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico. Y si hemos de pensar que ese conocimiento de la Iglesia (no del individuo en cuanto tal) no se produce solamente por una v\u00ed\u00ada ajena al canon, sino, de alg\u00fan modo, a trav\u00e9s de \u00e9l, a trav\u00e9s de los escritos can\u00f3nicos, entonces el conocimiento del canon ni siquiera deber\u00ed\u00ada considerarse como un caso \u00abespecial\u00bb en la relaci\u00f3n entre Escritura y tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Algo parecido habr\u00ed\u00ada que decir sobre la afirmaci\u00f3n del concilio (n\u00c2\u00ba 9): \u00abLa Iglesia no deriva solamente de la sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas.\u00bb Con ello no se ense\u00f1a todav\u00ed\u00ada una insuficiencia material de la E., pues se trata de la certeza en el conocimiento de todas las verdades de fe y no, inmediatamente, de la fuente material de determinados contenidos. Tal como suena, la frase se refiere a todas las verdades de fe y no solamente a algunas que ex supposito no est\u00e9n contenidas en la E. A\u00f1\u00e1dese a esto el hecho evidente de que la \u00fanica fe total de cada uno en la Iglesia est\u00e1 soportada por el acto de la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, el cual es par\u00e1dosis y, como tal, precisamente en el tiempo postapost\u00f3lico tiene una relaci\u00f3n esencial a la E., es par\u00e1dosis a trav\u00e9s de la E.<\/p>\n<p>II. Visi\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\n1. Aunque hemos de remitirnos al art\u00ed\u00adculo -> tradici\u00f3n, sin embargo tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad debemos hablar de la t., ante todo en cuanto ella es aquello que como acto y contenido constituye la E. La proclamaci\u00f3n \u00aboral\u00bb de Jesucristo, el crucificado y resucitado, que se hace por misi\u00f3n suya, bajo el aliento del Esp\u00ed\u00adritu y en la fe, de antemano es esencialmente par\u00e1dosis, pues, por un lado, mantiene actual un suceso hist\u00f3rico, singular y decisivo para todo tiempo, y, por otro lado, se dirige a hombres que no han experimentado ese suceso inmediatamente en el espacio y el tiempo, (\u00abseg\u00fan la carne\u00bb), sino que solamente pueden encontrarse con \u00e9l en la palabra de la predicaci\u00f3n. La par\u00e1dosis no es algo a\u00f1adido a la predicaci\u00f3n sobre Jes\u00fas como el Cristo, sino esta predicaci\u00f3n misma, es la testificaci\u00f3n de la singular acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en Cristo mediante la misi\u00f3n, el esp\u00ed\u00adritu y la fe del predicador, que oye lo que \u00e9l dice y dice lo que \u00e9l oye recibiendo, o sea en ambas direcciones se halla dentro de una par\u00e1dosis o tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>En la situaci\u00f3n hist\u00f3rica en que de hecho se realiz\u00f3 siempre esa par\u00e1dosis, a la larga ella no pod\u00ed\u00ada existir sin una sedimentaci\u00f3n escrita, cada vez m\u00e1s necesaria con el correr del tiempo. Y as\u00ed\u00ad la par\u00e1dosis se convirti\u00f3 en E. Esta es la forma concreta de la par\u00e1dosis apost\u00f3lica y no algo a\u00f1adido a ella. Mientras no se ha hecho necesaria la consignaci\u00f3n de la t., estamos todav\u00ed\u00ada en el per\u00ed\u00adodo \u00abapost\u00f3lico\u00bb, en el tiempo de la \u00abIglesia primitiva\u00bb. Y, viceversa, esta \u00e9poca ha terminado desde el momento en que la par\u00e1dosis s\u00f3lo vive por su referencia a la E. (dicho momento tiene cierta duraci\u00f3n: entre la aparici\u00f3n del primer escrito can\u00f3nico y la del \u00faltimo).<\/p>\n<p>2. Mas con ello la par\u00e1dosis no queda suplantada por un libro, como si \u00e9ste por s\u00ed\u00ad solo, como dimensi\u00f3n aut\u00f3noma, fuera el heraldo y la norma para la fe de las generaciones posteriores. A pesar de todo prosigue la tradici\u00f3n autoritativa, que exige fe en ella. En cuanto la par\u00e1dosis se conserva a trav\u00e9s de la E. y gracias a \u00e9sta se mantiene segura de s\u00ed\u00ad misma y de su procedencia leg\u00ed\u00adtima de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, por otro lado, en su plenitud de Esp\u00ed\u00adritu lleva tambi\u00e9n el libro en que ella permanece concreta.<\/p>\n<p>3. En consecuencia el problema de E. y t. queda ya planteado falsamente en el primer punto de partida cuando se presenta bajo la pregunta alternativa de si las frases de la E. contienen \u00abmaterialmente\u00bb en forma completa la revelaci\u00f3n cristiana (sola Scriptura en el sentido de la \u00abcantidad\u00bb de sus enunciados), o, adem\u00e1s, hay ciertas verdades que \u00absolamente\u00bb, se han transmitido por la t. (\u00aboral\u00bb), de modo que as\u00ed\u00ad habr\u00ed\u00ada dos fuentes \u00abmaterialmente\u00bb distintas (o formas de transmisi\u00f3n) de la revelaci\u00f3n cristiana. Ese planteamiento es falso porque, en primer lugar, la t., que en el tiempo postapost\u00f3lico se presenta a s\u00ed\u00ad misma encarnada en la E., en su esencia originaria no es una suma fijada de enunciados (de los cuales luego, a lo sumo, pueden derivarse otras frases mediante un m\u00e9todo de deducci\u00f3n puramente racional); la t. es m\u00e1s bien la permanencia de la revelaci\u00f3n divina, la cual, vista desde Dios y desde el hombre (o de cara a \u00e9l), no se reduce a frases fijas. La revelaci\u00f3n es: la experiencia de Jesucristo, la cual no puede agotarse con la reflexi\u00f3n; el misterio de Dios, que no podemos abarcar y en el que desembocan todos los enunciados; la comunicaci\u00f3n real de lo expresado en frases, la comunicaci\u00f3n de ->Dios mismo en el Esp\u00ed\u00adritu, en la gracia y en la luz de la fe. Esta tradici\u00f3n (transmisi\u00f3n de la realidad, la cual sin duda se expresa necesariamente en frases, pero no se identifica sin m\u00e1s con ellas) prosigue en cuanto ella, as\u00ed\u00ad entendida, lleva tambi\u00e9n la E. en su movimiento. Y, en segundo lugar, la E., a la luz de una teolog\u00ed\u00ada adecuada, no es un mero libro con muchas frases doctrinales (que expresan un contenido te\u00f3rico e hist\u00f3rico), sino el evento en que la Iglesia concreta y vuelve a reconocer su kerygma y su fe, el acto por el que ella se somete a s\u00ed\u00ad misma a la objetivaci\u00f3n as\u00ed\u00ad lograda, para criticar el resto de opiniones, tendencias, etc., que ha ido acumulando a trav\u00e9s de la historia y, de esa manera, conservar pura su fe, fe que la Iglesia tiene en cuanto ella la expresa en la E. De ah\u00ed\u00ad se desprende que, por una parte, los \u00abdogmas\u00bb posteriores (como articulaciones de la fe \u00fanica y permanente) pueden no estar en la E. expl\u00ed\u00adcitamente (o con palabras equivalentes) y ni siquiera de tal modo que se deduzcan de ella con necesidad l\u00f3gica, y, por otra parte, ning\u00fan -+ dogma posterior es una dimensi\u00f3n independiente de la E. y no sometida a ella. La fe que crea la E. no se agota en el acto de crearla (non sola scriptura) y, sin embargo, todos los enunciados posteriores de la fe deben medirse en la E. (sola scriptura), pues en ella toda la \u00fanica fe apost\u00f3lica ha recibido una objetivaci\u00f3n pura y se ha dado a s\u00ed\u00ad misma una norma non normata v\u00e1lida para todos los tiempos venideros.<\/p>\n<p>4. Lo dicho quedar\u00e1 m\u00e1s claro al abordar la pregunta especial de si por lo menos la existencia concreta de la E. en cuanto E., del canon, es una verdad que est\u00e1 \u00absolamente\u00bb en la t. y no en la E. Ya hemos dicho anteriormente (i, 1) que, aun cuando esta cuesti\u00f3n debiera recibir una respuesta afirmativa, en el sentido de la teolog\u00ed\u00ada corrientemente ense\u00f1ada en las escuelas, sin embargo esa tesis no podr\u00ed\u00ada ampliarse para pasar a ser una doctrina general sobre la insuficiencia material de la E. No s\u00f3lo la tesis as\u00ed\u00ad generalizada no aportar\u00ed\u00ada nada en orden a una verdadera explicaci\u00f3n de la evoluci\u00f3n de los dogmas (cf. t, 2), sino que la generalizaci\u00f3n misma no ser\u00ed\u00ada leg\u00ed\u00adtima, pues la existencia teol\u00f3gica de la E. (que de antemano no puede fundarse solamente en el libro en cuanto tal) constituye en s\u00ed\u00ad un caso distinto del contenido de todos los dem\u00e1s enunciados teol\u00f3gicos (que en principio pueden estar todos en un libro). Mas para responder rectamente a esta pregunta abord\u00e1ndola en su ra\u00ed\u00adz, hemos de comprender c\u00f3mo el acto del conocimiento del canon para la Iglesia (a diferencia del individuo) no se distingue del nacimiento mismo de la E. (y as\u00ed\u00ad de la formaci\u00f3n del canon), o dicho de otro modo, c\u00f3mo la Iglesia conoce la E. en cuanto E. junto con el hecho mismo de que la t. forma la E. y, en la t. consignada y por ella, se conoce a s\u00ed\u00ad misma como pura y permanentemente normativa (una vez y siempre de nuevo) y se somete a la norma as\u00ed\u00ad creada. El acto de formaci\u00f3n de la E., que es tambi\u00e9n conocimiento del canon, en una s\u00ed\u00adntesis indisoluble entre \u00e9l y su objeto se conoce a s\u00ed\u00ad mismo como leg\u00ed\u00adtimo, en cuanto experimenta su obra como lograda, es decir, como acci\u00f3n de engendrar con pureza la fe en Cristo. Partiendo de ah\u00ed\u00ad se puede decir con igual derecho que la tradici\u00f3n conoce el canon, y que la E. se atestigua a s\u00ed\u00ad misma como can\u00f3nica para la Iglesia (ser\u00ed\u00ada muy distinto que el individuo quisiera conocer por s\u00ed\u00ad mismo la condici\u00f3n can\u00f3nica de la E., siendo as\u00ed\u00ad que \u00e9l no la ha formado). No es aqu\u00ed\u00ad posible situar toda esta relaci\u00f3n entre E. y t. en la relaci\u00f3n m\u00e1s amplia entre la autoridad del Se\u00f1or y la de la Iglesia creyente en general. En esta relaci\u00f3n creyente de la Iglesia desde el Se\u00f1or y hacia el Se\u00f1or, todo lo distinto de Cristo (la palabra por la que Jes\u00fas da testimonio de s\u00ed\u00ad mismo, los milagros, el testimonio verbal de los testigos originarios, etc. ), es en una unidad indisoluble, tanto aquello que por la sola autoridad de Cristo en cuanto tal conserva en su Esp\u00ed\u00adritu la fuerza que despierta la fe, como tambi\u00e9n aquello a trav\u00e9s de lo cual esta autoridad se transmite a los creyentes. Viendo la E. y la t. en cuanto unidad y en su distinci\u00f3n de Cristo mismo como tal, y entendiendo esta unidad distinta de Cristo mismo a partir de ese axioma fundamental del analysis f idei, se logra el punto de partida originario desde el cual debe comprenderse la relaci\u00f3n entre E. y t. Esta unidad, junto con su virtud de despertar la fe, en \u00faltimo t\u00e9rmino est\u00e1 constituida solamente por el poder del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, y ello mismo es la transmisi\u00f3n de esa autoridad de Cristo en su Esp\u00ed\u00adritu a la Iglesia. Si se entiende todo esto, hay que ver y admitir llanamente el simple hecho (el cual no requiere una nueva mediaci\u00f3n) de que la t. de la Iglesia primitiva (en las circunstancias concretas) no puede mantenerse y permanecer normativa sino a trav\u00e9s de la E., acerca de la cual la t. sabe que se ha encarnado en ella y s\u00f3lo en ella se posee a s\u00ed\u00ad misma y as\u00ed\u00ad se conserva. Cuando el Vaticano II hace objeto de un par\u00c2\u00a1 pietatis af f ectu ac reverentia a la E. y a la t., \u00e9l puede y debe hacer eso porque ambas magnitudes son de antemano una unidad, y no son puestas accesoriamente en relaci\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: H. J. Holtzmann, Kanon und T. (Ludwigsburg 1859); M. Winkler, Der T.begriff des Urchristentums bis Tertullian (Mn 1897) ; E. Ortigues, Ecriture et Tradition apostolique au Concile de Trente: RSR 36 (1949) 271-299; N. Monzel, Die \u00dcberlieferung. Ph\u00fcnomenologische und religionsgeschichtliche Untersuchung \u00fcber den Traditionalismus der christlichen Lehre (Bo 1950); P. Brunner, Schrift und T. (B 1951); G. S\u00e1hngen, \u00dcberlieferung und apostolische Verk\u00fcndigung: Die Einheit in der Theologie (Mn 1952) 305-323, tr. cast.: La unidad en teolog\u00ed\u00ada (Guad Ma); O. M\u00fcller, Zum Begriff der T. in der Theologie der letzten hundert Jahre: MThZ 4 (1953) 164-186; G. de Broglie, Note sur la primaut\u00e9 de l&#8217;argument d&#8217;Ecriture en th\u00e9ologie: Du Protestantisme \u00e1 l&#8217;Eglise, bajo la dir. de L. Bouyer (P 1954) 247-250; G. Gloege, Offenbarung und \u00dcberlieferung (H 1954); H. Grass, Die katholische Lehre von der Heiligen Schrift und von der T. (L\u00fcneburg 1954); K. E. Skydsgaard, Schrift und Tradition. Bemerkungen zum T.problem in der neueren Theologie: KuD 1 (1955) 161-179; J. R. Geiselmann, Die T.: FThH 69-108; M. Schmaus (dir.), Die m\u00fcndliche \u00dcberlieferung (Beitr\u00fcge zum Begriff der T. von H. Bacht, H. Fries, J. R. Geiselmann) (Mn 1957); J. Pieper, \u00dcber den Begriff der T. (KS 1958); K. H. Schelkle, Heilige Schrift und Wort Gottes: ThQ 138 (1958) 257-274; J. R. Geiselmann, Die lebendige \u00dcberlieferung als Norm des christlichen Glaubens (Fr 1959); idem, S: T: Kirche, ein Skumenisches Problem: Begegnung der Christen (Festschrift O. Karrer), bajo la dir. M. Roesle-O. Cullmann (F-St 1959); G. H. Tavard, Holy Writ or Holy Church (Lo 1959); J. Betz-H, Fries (dir.), Kirche und \u00dcberlieferung (Festschrift J. R. Geiselmann) (Fr 1960); Y. Congar, La Tradici\u00f3n y las tradiciones (Dinor S Seb 1964); H. Holstein, La tradition dans l&#8217;Eglise (P 1960); U. Horst, Das Verh\u00e1ltnis von Schrift und T. nach Melchior Cano: TThZ 69 (1960) 207-223; P. Lengsfeld, Tradici\u00f3n, Escritura e iglesia en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico (Fax Ma 1967); H. Beintker, Die evangelische Lehre von der Heiligen Schrift und von der T. (L\u00fcneburg 1961); G. Biemer, \u00dcberlieferung und Offenbarung. Die Lehre von der T. nach J. H. Newman (Fr 1961); J. Beumer, Die m\u00fcndliche \u00dcberlieferung als Glaubensquelle: HDG 114 (1962) (bibl.); J. R. Geiselmann, Sagrada Escritura y Tradici\u00f3n (Herder Ba 1968), cf. tambi\u00e9n la recensi\u00f3n de J. Ratzinger: ThPQ 111 (1963) 224-227; J. Bachus, T. und Schrift als Quellen der Offenbarung: TThZ 72 (1963) 321-333; W. Kasper, Die Lehre von der T. in der R\u00fcmischen Schule (Fr 1962) (bibl.); Schrift und T., bajo la dir. de la Deutschen Arbeitsgemeinschaft f\u00fcr Mariologie: Mariologische Studien I (Essen 1962); N. Appel, Kanon und Kirche. Die Kanonkrise im heutigen Protestantismus als kontroverstheologisches Problem (Pa 1963); P. Rusch, De non definienda illimitata insufficientia materiali scripturae: ZKTh 85 (1963) 1-15 (bibl.); K. E. Skydsgaard-L. Vischer (dir.), Schrift und Tradition. Untersuchung einer theologischen Kommission (Z 1963) (bibl.); J. R. Geiselmann, Zur neuesten Kontroverse \u00fcber die Hl. Schrift und die T.: ThQ 144 (1964) 31-68; Rahner VI 118-134 (Sagrada Escritura y Tradici\u00f3n); K. Rahner, Inspiraci\u00f3n de la Sagrada Escritura (Herder Ba 1970); P. Lengsfeld, T. und Heilige Schrift &#8211; ihr Verhaltnis: MySal I 463-494; K. Rahner -J. Ratzinger, Revelaci\u00f3n y Tradici\u00f3n (Herder Ba 1971); K. H. Ohlig, Zur theologischen Begr\u00fcndung des ntl. Kanons (Dis. Mr 1969).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Introducci\u00f3n al problema 1. Parec\u00ed\u00ada que la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la E. y la t. hab\u00ed\u00ada quedado aclarada para la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica por la decisi\u00f3n del concilio de Trento (Dz 783s), seg\u00fan la cual el evangelio puro est\u00e1 contenido y se transmite in libris scriptis et sine scripto traditionibus, y las dos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escritura-y-tradicion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESCRITURA Y TRADICION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18899","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18899","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18899"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18899\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18899"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18899"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18899"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}