{"id":18907,"date":"2016-02-05T12:08:18","date_gmt":"2016-02-05T17:08:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/estados-pontificios\/"},"modified":"2016-02-05T12:08:18","modified_gmt":"2016-02-05T17:08:18","slug":"estados-pontificios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/estados-pontificios\/","title":{"rendered":"ESTADOS PONTIFICIOS"},"content":{"rendered":"<p>I. Origen e historia<br \/>\nEl origen y la historia de los E.p. corren paralelos en parte con el origen e historia de la idea del primado. Desde el punto de vista del derecho estatal los E.p. aparecen por vez primera en el siglo viii. Pero sus ra\u00ed\u00adces llegan hasta tiempos m\u00e1s antiguos, aun cuando no se remontan hasta el tiempo de Constantino. El culto a Pedro, que desde el&#8217; siglo v se desarroll\u00f3 con m\u00e1s fuerza dentro y fuera de Roma, condujo a ricas donaciones de los emperadores y de la nobleza. Esta extensa posesi\u00f3n territorial de la Iglesia romana, que desde el siglo vi se llam\u00f3 Patrimonium Petri, ten\u00ed\u00ada su centro de gravedad en el sur de Italia y en Sicilia, pero llegaba bastante m\u00e1s all\u00e1 de Italia. Gregorio Magno supo aumentar poderosamente sus beneficios gracias a su administraci\u00f3n centralista y, ante las necesidades que surgieron en el tiempo de las invasiones de los pueblos, los us\u00f3 como base para una amplia actividad de asistencia social. Al desaparecer la autoridad bizantina, Italia qued\u00f3 sin guarnici\u00f3n militar. Por esta raz\u00f3n y por el creciente alejamiento espiritual entre la Roma occidental y la oriental a causa de la lucha contra las im\u00e1genes en Bizancio, en la Italia central se produjo un vac\u00ed\u00ado pol\u00ed\u00adtico, y all\u00ed\u00ad la administraci\u00f3n y las tareas estatales pasaron paulatinamente a manos de la autoridad espiritual. Primeramente el papa asumi\u00f3 el cuidado de la alimentaci\u00f3n y del orden interior de Roma y de las regiones pr\u00f3ximas. Con ocasi\u00f3n de los prolongados ataques de los longobardos, le correspondi\u00f3 asimismo la protecci\u00f3n de Roma con medios militares y diplom\u00e1ticos. El prestigio de los soberanos apost\u00f3licos ofreci\u00f3 una seguridad m\u00e1s eficaz que la restauraci\u00f3n de los muros de la ciudad llevada a cabo bajo Gregorio iii y la coalici\u00f3n con ciudades igualmente aisladas como Ravena, Espoleto y Benevento. En los tratados de paz con los longobardos el papa aparece como el aut\u00e9ntico se\u00f1or del ducado romano.<\/p>\n<p>Bajo el gobierno de Esteban ii tuvo lugar la separaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de Bizancio. Como con motivo de un ultim\u00e1tum longobardo el emperador no envi\u00f3 auxilio alguno, el papa sigui\u00f3 primeramente en 753 al enviado imperial a Pav\u00ed\u00ada para las negociaciones. Despu\u00e9s del fracaso de \u00e9stas el papa continu\u00f3 solo su viaje al reino de los francos para encontrarse con el rey Pipino. Durante el encuentro que tuvo lugar en Ponthion se prometi\u00f3 ayuda bajo juramento al papa que ped\u00ed\u00ada protecci\u00f3n y en el tratado, sin duda aut\u00e9ntico, de Quiercy (754) se le garantizaba la posesi\u00f3n de Roma y Ravena junto con Venecia e Istria, Espoleto y Benevento, supuesta la destrucci\u00f3n del reino de los longobardos. Por ello Pipino fue distinguido con el t\u00ed\u00adtulo de patricio, expresi\u00f3n de su protectorado sobre Roma. Pipino no llev\u00f3 este t\u00ed\u00adtulo. Tras la victoria de Pipino en 756 fueron restituidas a san Pedro la ciudad de Ravena y la pent\u00e1polis (en el Adri\u00e1tico desde R\u00ed\u00admini hasta m\u00e1s all\u00e1 de Ancona). Juntamente con el ducado de Roma estas regiones formaban ahora los E.p., en los que se cre\u00f3 una administraci\u00f3n papal y juraron fidelidad al papa funcionarios y pueblo. De todos modos la extensi\u00f3n de las reclamaciones papales en virtud de la \u00abdonaci\u00f3n constantiniana\u00bb, que apareci\u00f3 entonces, y de las promesas de Pipino y m\u00e1s tarde de Carlomagno, nunca coincidi\u00f3 con las restituciones realizadas por los soberanos, aun cuando Carlomagno renov\u00f3 la promesa de Quiercy y en los a\u00f1os 781 y 786 ampli\u00f3 los E.p. mediante la Toscana meridional, la Campagna y la ciudad de Capua. M\u00e1s abajo, en el sur s\u00f3lo se restituyeron los patrimonios. As\u00ed\u00ad los E.p., separados ahora del imperio, adquirieron con el papa soberano su forma definitiva. El emperador oriental respondi\u00f3 a esta \u00abapostas\u00ed\u00ada\u00bb del papa con la total exclusi\u00f3n de \u00e9ste en el territorio de soberan\u00ed\u00ada bizantina, sobre todo con la subordinaci\u00f3n eclesi\u00e1stica a Bizancio de la Italia meridional, Sicilia y el vicariato de Tesal\u00f3nica.<\/p>\n<p>La peculiaridad de la nueva estructura estatal, que significaba m\u00e1s la exposici\u00f3n visible de una idea que un poder real, se manifest\u00f3 en la relaci\u00f3n cambiante con el imperio occidental. Para proteger la soberan\u00ed\u00ada papal el patricio Carlomagno se traslad\u00f3 a Roma hacia el a\u00f1o 800; mediante la consagraci\u00f3n imperial se convirti\u00f3 en el supremo se\u00f1or de Roma y de los E.p., e intervino sin dificultades en su administraci\u00f3n y en el mantenimiento del derecho. Mientras que en el pacto de Ludovico P\u00ed\u00ado (817) fue garantizada la autonom\u00ed\u00ada de los E.p., la Constitutio Romana de 824 cre\u00f3 una comisi\u00f3n mixta, responsable ante el emperador del control de la administraci\u00f3n, exigi\u00f3 del reci\u00e9n elegido papa la vinculaci\u00f3n mediante juramento a esta regulaci\u00f3n e integr\u00f3 as\u00ed\u00ad los E.p. en el imperio carolingio. Su decadencia puso de manifiesto la debilidad org\u00e1nica de un Estado electoral, la contraposici\u00f3n entre la nobleza ciudadana y la familia de san Pedro, el peligro de las rivalidades entre Roma y Ravena, y la vulnerabilidad y el desamparo ante los ataques de los sarracenos. Impulsado por la necesidad, Juan viii cre\u00f3 una peque\u00f1a flota papal. La ampliaci\u00f3n y mayor autonom\u00ed\u00ada de los E.p. alcanzada de Carlos el Calvo qued\u00f3 naturalmente sin ninguna importancia pr\u00e1ctica. La irrupci\u00f3n del sistema feudal condujo a una casi total autonom\u00ed\u00ada de grandes sectores de los E.p. bajo sus antiguos administradores. El t\u00ed\u00adtulo de patricio lo arrebataron para s\u00ed\u00ad ciertos usurpadores con una nueva conciencia de libertad romana. Los E.p. dominados por sus familias s\u00f3lo se extendieron en el siglo x hasta Roma, la Campagna y la Toscana meridional.<\/p>\n<p>Contra Berengario i, que mantuvo ocupado el exarcado y la pent\u00e1polis, Juan xii llam\u00f3 en ayuda a Ot\u00f3n el Grande, que en 962 restaur\u00f3 mediante un pacto la soberan\u00ed\u00ada papal dentro de los l\u00ed\u00admites primitivos, la cual de hecho s\u00f3lo fue efectiva en el exarcado de Ravena. Pero a la Iglesia romana le faltaban los medios para administrar un territorio mayor con sus propias fuerzas, y s\u00f3lo la repetida intervenci\u00f3n de los soberanos alemanes desde Ot\u00f3n i hasta Enrique iii preserv\u00f3 los E.p. de que \u00e9stos se convirtieran en un principado hereditario de las familias de la nobleza romana; pero aun as\u00ed\u00ad, al sublevarse los romanos bajo el gobierno de Ot\u00f3n iii, el papa no logr\u00f3 imponerse en la ciudad.<\/p>\n<p>S\u00f3lo la designaci\u00f3n de los papas por Enrique iii cre\u00f3 las bases para que los papas de la reforma desde Le\u00f3n ix pudieran ejercer nuevamente su soberan\u00ed\u00ada en los E.p. Se lleg\u00f3 a aut\u00e9nticas ampliaciones de los mismos. Benevento se someti\u00f3 a la soberan\u00ed\u00ada del papa; Espoleto y Fermo se a\u00f1adieron a Benevento bajo el pontificado de V\u00ed\u00adctor ir. La base para la -> reforma gregoriana era naturalmente mayor que los E.p. Como un anillo con derechos de soberan\u00ed\u00ada reducida se cerraba fuertemente en torno a ellos una serie de territorios con derechos feudales, algunos de ellos fuera de las fronteras del imperio, empezando por el reino de los normandos bajo el pontificado de Le\u00f3n ix y Nicol\u00e1s ii. Bajo Gregorio vii se vincularon a ellos feudalmente Dalmacia, Rusia y Arag\u00f3n; Inglaterra, Polonia, Dinamarca y los condes espa\u00f1oles pagaban el \u00f3bolo de Pedro. El papa, que cre\u00f3 para s\u00ed\u00ad su propia tropa, la militia s. Petri, trat\u00f3 de aumentar el n\u00famero de vasallos que se comprometieran a favor de las necesidades religiosas y eclesi\u00e1sticas, y se vali\u00f3 para ello de esas formas feudales. Estos fideles s. Petri, que en parte fueron ganados apelando a la donaci\u00f3n constantiniana, y la donaci\u00f3n de Matilde de Toscana, que tuvo lugar despu\u00e9s de 1076, hicieron posible la lucha del papa contra Enrique iv y proporcionaron la protecci\u00f3n armada para llevar a cabo la reforma gregoriana.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n la pol\u00ed\u00adtica estatal aut\u00f3noma de los papas se dirigi\u00f3 con m\u00e1s fuerza hacia objetivos meramente territoriales y pol\u00ed\u00adticos en Italia, y por ello tuvieron dificultades no s\u00f3lo con los normandos, sino tambi\u00e9n en el norte, hasta llegar a la guerra. La masa de bienes alodiales otorgados por Matilde se encontraba en el territorio de Siena hasta Mantua. Primeramente se apoder\u00f3 de ellos el emperador, hasta que en 1136 Lotario iii hizo que el papa se los diera en feudo, mientras que los feudos de Matilde, sobre todo Ferrara, inmediatamente despu\u00e9s de la muerte de la condesa (1115) quedaron anexionados a los E.p.<\/p>\n<p>El concordato de Worms de 1122 no s\u00f3lo asegur\u00f3 la devoluci\u00f3n de todas las posesiones y regal\u00ed\u00adas de san Pedro, sino que significaba tambi\u00e9n el reconocimiento de la autonom\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica de la Iglesia romana. Eso qued\u00f3 expresado por los honores imperiales atribuidos al papa, reconocidos ya en la constituci\u00f3n de Constantino, por el manto de p\u00farpura en la investidura del papa reci\u00e9n elegido y por la tiara rodeada de una corona dorada que se lleva en determinadas procesiones. Sin embargo la plena soberan\u00ed\u00ada estatal se enfrent\u00f3 con cierta oposici\u00f3n, tanto por parte del movimiento democr\u00e1tico de la ciudad de Roma como por el esfuerzo de los emperadores Hohenstaufen por restaurar el honor del imperio. Mientras que contra aqu\u00e9l se emple\u00f3 precisamente la ayuda del emperador, los papas de siglo xii se enfrentaron con la voluntad de los emperadores mediante pactos con las ciudades lombardas, y as\u00ed\u00ad lograron conservar la soberan\u00ed\u00ada de los E.p. Las circunstancias favorables (lucha por el trono alem\u00e1n) y la personalidad dominadora de Inocencio iii crearon una transformaci\u00f3n radical, que naturalmente s\u00f3lo dur\u00f3 unos pocos decenios. Apelando a antiguas promesas de donaci\u00f3n registradas en los archivos de posesiones de la Iglesia romana, el papa defendi\u00f3 la recuperaci\u00f3n de los territorios perdidos. Consigui\u00f3 obtener Espoleto, la Marca de Ancona y una franja de la Toscana meridional. Pareci\u00f3 que gracias a las promesas de Ot\u00f3n iv (1201) y a la bula de oro de Egerio (1213) se aseguraban por el derecho imperial y se aproximaban a su realizaci\u00f3n algunos planes ulteriores. Pero con la uni\u00f3n de Sicilia con el imperio surgi\u00f3 el peligro de que los E.p. se vieran atenazados y sometidos a los amplios planes de dominio de los Hohenstaufen posteriores. Como las propias tropas (\u00absoldados pontificios\u00bb) no pudieron impedir la conquista de los E.p. por Federico ii, los papas llamaron finalmente a Carlos de Anjou. Pontificados que cambiaron r\u00e1pidamente y la conciencia de poder del nuevo representante feudatario de Sicilia, que fue elegido como senador de Roma y nombrado vicario papal de Toscana, dificultaron considerablemente la restauraci\u00f3n de la autoridad papal en los E.p., aun cuando, gracias a la deferencia de Rodolfo de Augsburgo con relaci\u00f3n a la Romagna (el primitivo exarcado), \u00e9stos pudieron ampliarse.<\/p>\n<p>Si los papas del s. xiii no pudieron alcanzar consolidaci\u00f3n alguna de su soberan\u00ed\u00ada en los E.p., en el siglo siguiente y especialmente durante el destierro de Avi\u00f1\u00f3n se hicieron generales el desorden y la anarqu\u00ed\u00ada en las ciudades de los E.p., en los cuales los gibelinos y los g\u00fcelfos luchaban por el poder. En Roma misma se lleg\u00f3 a la proclamaci\u00f3n de la rep\u00fablica bajo Cola di Rienzi. S\u00f3lo con grandes dificultades pudieron los papas administrar los E.p. por medio de sus legados. Les pareci\u00f3 que era m\u00e1s importante la creaci\u00f3n de unos E.p. nuevos junto al R\u00f3dano. All\u00ed\u00ad el condado Venesino estaba en manos de la santa sede desde 1274. Clemente vi (1348) compr\u00f3 en 1348 la ciudad de Avi\u00f1\u00f3n incluida en aquel condado; \u00e9ste y la ciudad siguieron siendo posesi\u00f3n de la Iglesia hasta la revoluci\u00f3n francesa. Desde que los papas se establecieron en Avi\u00f1\u00f3n en 1309, apenas pensaron ya en un retorno a Roma, pero trataron de restaurar su soberan\u00ed\u00ada en los E.p. Para lograr esto, se esforz\u00f3 con \u00e9xito el cardenal Gil de Albornoz en dos legaciones (1353-67). Las constituciones egidianas dadas por \u00e9l conced\u00ed\u00adan cierta autonom\u00ed\u00ada a las ciudades, y hasta 1816 permanecieron como el c\u00f3digo de derecho civil del Estado pontificio. Despu\u00e9s de la muerte del legado brotaron nuevas revueltas, que no pudieron concluirse ni con el retorno del papa a Roma. Por vez primera fue Mart\u00ed\u00adn v quien con gran habilidad restaur\u00f3 los E.p. e hizo que la siempre inquieta Bolonia reconociera en 1429 la soberan\u00ed\u00ada papal. Para la reforma de la Iglesia le pareci\u00f3 condici\u00f3n previamente necesaria la reestructuraci\u00f3n del poder temporal, para lo cual busc\u00f3 auxiliares de confianza. Crey\u00f3 encontrarlos en su familia, a la que por eso concedi\u00f3 numerosos feudos. Su obra fue continuada por Nicol\u00e1s v.<\/p>\n<p>Con los papas del renacimiento los E.p. vivieron el momento culminante de su secularizaci\u00f3n ideal. Como poder temporal se incorporaron al juego de los peque\u00f1os estados italianos. Todos los esfuerzos por conservar la paz para los E.p. en medio de las luchas con sus alianzas tan r\u00e1pidamente cambiantes, se vieron impedidos por las intrigas y conjuras de los sobrinos, que envolvieron al papa en disputas b\u00e9licas con Francia y Venecia. Finalmente el nepotismo sin l\u00ed\u00admites de Alejandro vi lleg\u00f3 a desbancar a los se\u00f1ores que reinaban de hecho en Romagna, en las Marcas y en la Campagna. A \u00e9stos iba a sustituir la amplia soberan\u00ed\u00ada de Cesar Borgia. Tras la muerte del papa sus conquistas cayeron nuevamente en manos de la Iglesia. Julio II logr\u00f3 someter a los poderosos pr\u00ed\u00adncipes locales, recuper\u00f3 en la guerra contra Venecia y Francia los territorios perdidos, ampli\u00f3 los E.p. con M\u00f3dena, Parma y Piacenza, y trat\u00f3 de reunir en un todo gobernado uniformemente el caos anterior de se\u00f1or\u00ed\u00ados, feudos y ciudades aut\u00f3nomas. Es cierto que Pablo III, por la concesi\u00f3n de Parma y Piacenza, cre\u00f3 una vez m\u00e1s un poder familiar de los Farnesios, pero despu\u00e9s de la muerte de los pr\u00ed\u00adncipes feudales ya no se concedieron grandes feudos en los siglos xvi y xvii (Ferrara 1588, Urbino 1630), una vez que P\u00ed\u00ado v hubo prohibido ulteriores concesiones.<\/p>\n<p>La &#8211;>reforma cat\u00f3lica y contrarreforma, as\u00ed\u00ad como el -> absolutismo, dieron a los E.p. de los siglos siguientes su sello caracter\u00ed\u00adstico, siendo gobernados sin dificultades aparentes por el secretario de estado y el camarlengo, apoyados por una congregaci\u00f3n especial. La administraci\u00f3n, que estaba por completo en manos clericales, present\u00f3 ciertos inconvenientes, sobre todo por el hecho de que casi todas las fuentes econ\u00f3micas se utilizaron exclusivamente en beneficio de la ciudad de Roma, de la curia y del nepotismo ocasional (Urbano viii). Todo ello redund\u00f3 en perjuicio de las provincias, gobernadas por legados, las cuales no dispon\u00ed\u00adan ni de una administraci\u00f3n uniforme ni de, procedimientos judiciales uniformes. Los ingresos (impuestos indirectos, aduanas, desde Clemente vii tambi\u00e9n empr\u00e9stitos, monti) de los E.p. disminuyeron sensiblemente en el siglo xvii. En el siglo xviii el territorio pontificio estaba anticuado en estructura y administraci\u00f3n a pesar de todas las tentativas de reforma, carec\u00ed\u00ada de \u00abconciencia estatal\u00bb en sus s\u00fabditos y del soporte de una clase media.<\/p>\n<p>Con la -> revoluci\u00f3n francesa empez\u00f3 el fin de los E. p. Desde mucho tiempo antes \u00e9stos hab\u00ed\u00adan perdido ya su car\u00e1cter religioso a los ojos del mundo circundante. Y la revoluci\u00f3n se neg\u00f3 por principio a reconocer una autoridad espiritual, y en los E.p. vio tan s\u00f3lo el mayor Estado de Italia, con el que la rep\u00fablica francesa entr\u00f3 pronto en guerra. Tras la paz de Tolentino (1797), las legaciones de Bolonia, Ferrara y Romagna fueron cedidas a la rep\u00fablica Cisalpina; en 1798 fue ocupado el resto de los E.p., se proclam\u00f3 la rep\u00fablica romana y el papa fue expulsado. Napole\u00f3n declar\u00f3 a Roma ciudad libre, es decir, imperial, e integr\u00f3 los E.p. en el reino de Italia. Pocas semanas m\u00e1s tarde P\u00ed\u00ado vii rechaz\u00f3 expresamente una renuncia indirecta a los E.p. contenida en el concordato de Fontainebleau. Tras la ca\u00ed\u00adda del corso, Consalvi logr\u00f3 la casi total restauraci\u00f3n de los E.p. (1815). A las limitadas reformas administrativas sigui\u00f3 un per\u00ed\u00adodo de reacci\u00f3n tambi\u00e9n en el terreno econ\u00f3mico y t\u00e9cnico. Los seglares, excluidos de una responsabilidad verdadera, se congregaron en sociedades secretas que procuraban el derrocamiento del r\u00e9gimen, o se entregaron a las tendencias nacionales del romanticismo italiano. Los papas ni conocieron la fuerza natural del risorgimento, ni, tras el desafortunado experimento de P\u00ed\u00ado ix, quisieron ceder un poco de su soberan\u00ed\u00ada o situarse a la cabeza de la guerra contra Austria. De este modo la presencia de tropas extranjeras en Roma pudo detener el movimiento revolucionario en los E.p., pero ya no pudo superarlo. En todo caso era imposible una conciliaci\u00f3n interna. Parec\u00ed\u00ada una contradicci\u00f3n la existencia de una constituci\u00f3n democr\u00e1tica en el Estado de un papa provisto de una jurisdicci\u00f3n universal. En 1860 las Marcas y Umbr\u00ed\u00ada se incorporaron al reino de Cerde\u00f1a. Tras la declaraci\u00f3n de la guerra franco-germana las tropas francesas abandonaron Roma. Despu\u00e9s de una resistencia meramente simb\u00f3lica las tropas del reino de Italia ocuparon la ciudad eterna el 20 de septiembre de 1870. Un refer\u00e9ndum popular declaraba extinguida la soberan\u00ed\u00ada del papa. Los E.p. fueron incorporados al reino de Italia. Como los papas no reconocieron esto y rechazaron la ley de garant\u00ed\u00adas, la \u00abcuesti\u00f3n romana\u00bb sigui\u00f3 siendo un problema pol\u00ed\u00adtico de primer orden para el Estado italiano, una reclamaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica del papa no saldada y un fermento de divisi\u00f3n entre el catolicismo liberal y el conservador. Por fin los pactos de Letr\u00e1n de 1929 trajeron una soluci\u00f3n pac\u00ed\u00adfica con la creaci\u00f3n de un simb\u00f3lico Estado pontificio, la ciudad del Vaticano.<\/p>\n<p>II. Importancia y problem\u00e1tica<br \/>\nRaras veces se ve el valor meramente relativo de las formaciones hist\u00f3ricas tan claramente como en el caso de los E.p. En los primeros siglos los E.p., originariamente inermes, se consideraron precisamente como una necesaria expresi\u00f3n visible de la autoridad espiritual de la sede de Pedro. Como base para la extensi\u00f3n de la Iglesia en occidente condujeron a que se agudizara intensamente la oposici\u00f3n entre Roma y Bizancio. En la alta edad media ofrecieron una cierta seguridad, con frecuencia insuficiente, para la libertad de la Iglesia y para la independencia del poder papal, pero forzaron a sus se\u00f1ores a desarrollar una pol\u00ed\u00adtica basada solamente en la ley de lo pol\u00ed\u00adtico para conservar su territorio. Las luchas, que consum\u00ed\u00adan tambi\u00e9n la substancia religiosa de la Iglesia, aumentaron hasta la aniquilaci\u00f3n de los Hohenstaufen. Cuando con la confusi\u00f3n del siglo xiv los E.p. dejaron de ser la base de las finanzas papales, el papado se vio obligado desde Avi\u00f1\u00f3n a crear un sistema complicado de impuestos. Y luego la recuperaci\u00f3n de los E.p. absorbi\u00f3 una vez m\u00e1s cerca del 40 % de la econom\u00ed\u00ada papal. Fue posible renunciar a una parte de los impuestos cuando los E.p. volvieron a ser la fuente de los dos tercios de los ingresos curiales. En los siglos xv y xvi los E. p. hicieron posible una pol\u00ed\u00adtica espiritual independiente (traslado de los concilios a Ferrara y Bolonia), mientras que la base territorial y financiera era demasiado exigua para acciones de envergadura contra los turcos o en la guerra de los treinta a\u00f1os. Tambi\u00e9n el movimiento que conducir\u00ed\u00ada Italia hacia su unidad se escap\u00f3 de las manos de los sucesores de Julio II.<\/p>\n<p>En cambio los E.p. pudieron evitar la extensi\u00f3n de la -> reforma en la mayor parte de la pen\u00ed\u00adnsula it\u00e1lica. En la \u00e9poca postridentina los E.p. m\u00e1s que sujeto fueron objeto de la pol\u00ed\u00adtica italiana y extraitaliana. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n francesa el territorio papal se present\u00f3 a los ojos de los \u00abilustrados\u00bb como un anacronismo superado; mas para la conciencia de los fieles, ante el moderno Estado arreligioso, aunque no antirreligioso, se present\u00f3 como la ineludible garant\u00ed\u00ada de la autoridad espiritual del papa, y no ya como un mero medio, sino como el \u00faltimo baluarte para el ejercicio eficaz del magisterio de la Iglesia (otro punto de vista fue, p.ej., el de Dollinger). La preocupaci\u00f3n por su conservaci\u00f3n, que para los cat\u00f3licos italianos supuso un grave conflicto de conciencia, hizo que durante largo tiempo se perdiera de vista la cuesti\u00f3n social que se iba intensificando. La p\u00e9rdida de los E.p. consolid\u00f3 la veneraci\u00f3n y la adhesi\u00f3n del mundo cat\u00f3lico al papa, pero a la vez indujo a los pol\u00ed\u00adticos a la tentaci\u00f3n de sacar de ah\u00ed\u00ad un provecho ego\u00ed\u00adsta. La magn\u00e1nima soluci\u00f3n de P\u00ed\u00ado xi elimin\u00f3 la posibilidad de semejante aprovechamiento. Unos E.p. en el sentido medieval ser\u00ed\u00adan una contradicci\u00f3n insoportable con la idea de Iglesia en el concilio Vaticano ii.<\/p>\n<p>FUENTES: A. Theiner, Codex diplomaticus dominii temporalis S. Sedis, 3 vols. (R 1861-62); P. Fabre &#8211; L. Duchesne, Liber censuum, 3 vols. (P 1889-1952); N. Miko, Das Ende des Kirchenstaats, II (W 1962).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Pastor; Schmidlin PG; Caspar; Haller; Seppelt; ECatt XI 1272-1283; Catholicisme IV 541-555; LThK VI 260-265; M. Brosch, Geschichte des Kirchenstaats seit dem 16. Jh., 2 vols. (Gotha 1880-82); G. Schn\u00fcrer, Die Entstehung des Kirchenstaats (Ko 1894); L. Duchesne, Les premiers temps de 1&#8217;Etat Pontifical (P 41912); E. Dupr\u00e9-Theseider, L&#8217;idea imperiale di Roma nella tradizione del medioevo (Mi 1942); A. Ventrone, L&#8217;amministrazione dello Stato Pontificio 1814-1870 (R 1942); O. Bertolini, Restitutio 756-757: Miscellanea P. Paschini I (R 1948) 103-171; E. Griffe, Aux origines de l&#8217;$tat Pontifical: BLE 53 (1952) 216-231, 59 (1958) 193-211; W. Ullmann, The Growth of Papal Government in the Middle Ages (Lo 1955); P. Partner, The Papal State under Martin V (Lo 1958); L. Dal Pane, Lo Stato Pontificio e it movimento riformatore del settecento (Mi 1959); G. Filippone, Le relazioni tra lo Stato Pontificio e la Francia rivoluzionaria I (Mi 1959); E. E. Stengel, Die Entwicklung des Kaiserprivilegs fur die r\u00fcmische Kirche 817-962: Abhandlungen and Untersuchungen zur mittelalterlichen Geschichte (K6 &#8211; Graz 1960) 218-248; D. P. Waley, The Papal State in the 13th Century (Lo 1961); L. P. Raybaud, Papaut\u00e9 et pouvoir temporel 1730-58 (P 1963); R. Mori, La Questione Romana 1861-65 (Fi 1963); N. Miko, Das Ende des Kirchenstaats, I (W 1964).<\/p>\n<p>Hermann T\u00fcchle<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Origen e historia El origen y la historia de los E.p. corren paralelos en parte con el origen e historia de la idea del primado. Desde el punto de vista del derecho estatal los E.p. aparecen por vez primera en el siglo viii. 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