{"id":18908,"date":"2016-02-05T12:08:20","date_gmt":"2016-02-05T17:08:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelios-critica-de-los\/"},"modified":"2016-02-05T12:08:20","modified_gmt":"2016-02-05T17:08:20","slug":"evangelios-critica-de-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelios-critica-de-los\/","title":{"rendered":"EVANGELIOS, CRITICA DE LOS"},"content":{"rendered":"<p>Todo estudio cient\u00ed\u00adfico de la -> Escritura (del contenido, de la forma, de las fuentes) se ve confrontado con el hecho de que la Biblia ante todo quiere ser un testimonio de fe para creyentes, o sea, la funci\u00f3n kerygm\u00e1tica de sus enunciados tiene la primac\u00ed\u00ada sobre el af\u00e1n de objetividad \u00abhist\u00f3rica\u00bb. Como en los siglos xviii y xix el horizonte de la probl\u00e9m\u00e1tica era distinto de \u00e9ste, en ese tiempo se hicieron una y otra vez intentos de escribir biograf\u00ed\u00adas del Jes\u00fas hist\u00f3rico, que generalmente fue visto a la luz de la filosof\u00ed\u00ada coet\u00e1nea (ilustraci\u00f3n, idealismo, romanticismo, optimismo cultural y cr\u00ed\u00adtica de la cultura, etc\u00e9tera); en consecuencia, los testimonios de las fuentes que no coincid\u00ed\u00adan con la tendencia fundamental de la concepci\u00f3n respectiva, fueron interpretados con cierta arbitrariedad o explicados como un complemento m\u00ed\u00adtico (Reimarus, Lessing, Reinhard, Herder, Paulus, Schleiermacher, Strauss, Renan, etc.). El balance de estos esfuerzos lo hizo A. Schweitzer, con su Geschichte der Leben-Jesu-Forschung, T 1906 (Historia de la investigaci\u00f3n de la vida de Jes\u00fas). La ocupaci\u00f3n con las fuentes de los -\u00bb sin\u00f3pticos y el Evangelio de -> Juan, con la historia de la redacci\u00f3n y de las -> formas, con el problema de la -> desmitizaci\u00f3n (-> interpretaci\u00f3n existencial) y la -> hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, tuvo como consecuencia que disminuyeran los escritos relativos a la investigaci\u00f3n de la vida de -> Jes\u00fas. Pues, en efecto, la -> ex\u00e9gesis hist\u00f3rica y cr\u00ed\u00adtica condujo al conocimiento de que los Evangelios no son fuentes hist\u00f3ricas, en el sentido de que ellos no se preocupan primordialmente por la fidelidad hist\u00f3rica o por componer una biograf\u00ed\u00ada a la manera moderna, sino que primariamente son signos de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, que resalta lo esencial de la profesi\u00f3n de fe en Jesucristo y en la significaci\u00f3n de su obra, sobre todo de su cruz y resurrecci\u00f3n, para la respectiva situaci\u00f3n de la comunidad, en la que el Cristo glorificado est\u00e1 presente \u00abcon su voluntad, su fuerza y su palabra\u00bb (G. BoRNKAMM, Jesus von Nazaret [T 1956] p. 14). Esta \u00abtendencia a actualizar\u00bb la persona y el mensaje de Jes\u00fas en la fe y teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia primitiva y sus testimonios, dificulta el acceso al Jes\u00fas hist\u00f3rico, aunque no lo hace imposible y, sobre todo, no cierra el camino hacia su mensaje, que est\u00e1 presente en el ->kerygma de los Evangelios.<\/p>\n<p>La c. de los E. comenz\u00f3 su trabajo con los sin\u00f3pticos, pues \u00e9stos, a causa de su dependencia literaria entre s\u00ed\u00ad, plantean aproximadamente los mismos problemas (historia de las formas y de la redacci\u00f3n, etc., y sobre todo el problema del Jes\u00fas hist\u00f3rico), mientras que el Evangelio de &#8211;> Juan es con toda evidencia testimonio de una posterior reflexi\u00f3n teol\u00f3gica aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>I. Cr\u00ed\u00adtica textual<br \/>\nLos Evangelios han llegado a nosotros en m\u00e1s de 12 000 copias manuscritas &#8211; anteriores a la invenci\u00f3n de la imprenta &#8211; totales o parciales, en lengua original o en versiones antiguas (cf. versiones de la -> Biblia, G). El cotejo de estos c\u00f3dices entre s\u00ed\u00ad y con las innumerables citas contenidas en las obras de los antiguos escritores cristianos, ha descubierto un texto fielmente transmitido, que es sometido a una constante comprobaci\u00f3n nueva en las actuales ediciones cr\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>II. Cr\u00ed\u00adtica literaria<br \/>\nLa cr\u00ed\u00adtica literaria investiga el autor, el lenguaje, el estilo, la redacci\u00f3n, la tendencia teol\u00f3gica y los destinatarios de los Evangelios, as\u00ed\u00ad como la \u00abfunci\u00f3n en la vida\u00bb de la comunidad de determinadas unidades literarias, entre otros puntos. Estudia adem\u00e1s la dependencia mutua y los influjos literarios provenientes de fuera (->g\u00e9neros literarios). Se ha puesto de manifiesto que los modelos para la manera de exposici\u00f3n de los Evangelios han de buscarse preferentemente en los libros sagrados del AT, en los escritos rab\u00ed\u00adnicos y en la anterior literatura hebrea extrab\u00ed\u00adblica. Estos contactos literarios se descubren sobre todo en la formulaci\u00f3n de la catequesis oral, previa a la consignaci\u00f3n por escrito; sin duda alguna los sin\u00f3pticos dependen en gran parte de ella (cf. historia de las ->formas).<\/p>\n<p>III. Cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica<br \/>\nPero el problema fundamental de los Evangelios es el que aborda la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica. \u00bfEn qu\u00e9 medida los Evangelios, en los que est\u00e1 reflejada la fe de la comunidad cristiana del primer siglo, nos dan la imagen exacta del Cristo hist\u00f3rico? \u00bfQu\u00e9 papel pudo desempe\u00f1ar la fe de los evangelistas o de los autores de la catequesis primitiva en una posible idealizaci\u00f3n del Cristo hist\u00f3rico (kerygma)? En orden a la soluci\u00f3n de esta pregunta hemos de anteponer la siguiente reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para el creyente es incuestionable la inerrancia de los libros inspirados por Dios y, por tanto, de los Evangelios. Pero la inerrancia b\u00ed\u00adblica consiste, no en la conformidad exacta de las palabras textuales con la realidad objetiva, sino en la perfecta adecuaci\u00f3n entre lo que el autor intenta decir y esa misma realidad. La intenci\u00f3n subjetiva del autor inspirado es la que en virtud de la inerrancia debe estar de acuerdo con la realidad. Por ello no se pueden confundir la inerrancia y la historicidad. Si el autor no pretendi\u00f3 escribir historia o s\u00f3lo pretendi\u00f3 escribirla en medida muy limitada, en virtud de la inerrancia no se le puede exigir historicidad, y menos todav\u00ed\u00ada una historicidad total. Toda la Biblia est\u00e1 exenta de error, pero no toda ella es hist\u00f3rica. No caben grados en la inerrancia, que se mide por la intenci\u00f3n y exige que \u00e9sta responda a la realidad; pero s\u00ed\u00ad en la historicidad, que puede ser &#8211; sin mengua de la inerrancia &#8211; mayor, menor o nula, seg\u00fan la intenci\u00f3n del hagi\u00f3grafo. Los Evangelios, como libros inspirados, son en todo verdad y no pueden contener error. Pero el \u00e1mbito y el grado de su historicidad objetiva dependen de la intenci\u00f3n de sus autores, y \u00e9sta se descubre a trav\u00e9s y en funci\u00f3n del g\u00e9nero literario que emplearon. El cometido, pues, de la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica, aplicada a los Evangelios, consiste en averiguar el grado de esa intenci\u00f3n de historicidad objetiva en sus autores.<\/p>\n<p>Para ello conviene tener en cuenta el doble estadio o estrato redaccional de los Evangelios, seg\u00fan la instrucci\u00f3n de la p.c. b\u00ed\u00adblica de 21 de abril de 1964 (AAS 56 [1964] 712-718): el de la composici\u00f3n escrita a cargo de los evangelistas, y el de la previa catequesis oral apost\u00f3lica que \u00e9stos recogen.<\/p>\n<p>1. En la actividad de los evangelistas hay que distinguir un doble aspecto: el empleo respetuoso de la catequesis anterior; y la ordenaci\u00f3n y explicaci\u00f3n de los hechos conforme a la finalidad especial que cada uno se propone, teniendo en cuenta las circunstancias del momento al que va destinada su predicaci\u00f3n escrita. La mayor\u00ed\u00ada de los materiales que los evangelistas sin\u00f3pticos emplean hab\u00ed\u00adan adquirido ya una forma redaccional estereotipada por obra de la catequesis oral. Ellos la respetan. Recu\u00e9rdese el testimonio de Pap\u00ed\u00adas a prop\u00f3sito de Marcos: \u00abMarcos, int\u00e9rprete de Pedro, escribi\u00f3 con diligencia las cosas que recordaba. Pero no por el orden con que fueron dichas y hechas por el Se\u00f1or. El no hab\u00ed\u00ada o\u00ed\u00addo al Se\u00f1or ni le hab\u00ed\u00ada seguido, sino que, m\u00e1s tarde &#8211; como dije &#8211; estuvo con Pedro, quien predicaba el Evangelio seg\u00fan las exigencias de sus oyentes, sin prop\u00f3sito de referir con orden los dichos y hechos del Se\u00f1or. Marcos no err\u00f3 al reproducir algunas cosas como las recordaba. Su plan fue no omitir nada de lo que hab\u00ed\u00ada o\u00ed\u00addo, ni, menos todav\u00ed\u00ada, falsearlo\u00bb (citado por Eusebio, Hist. Eccl., 3, 39; MG 20, 300). La preocupaci\u00f3n hist\u00f3rica de los sin\u00f3pticos fue la de reproducir exactamente la catequesis o, en todo caso, los testimonios \u00abde los que, desde el principio, fueron testigos oculares y ministros de la palabra\u00bb (Lc 1, 2). Y as\u00ed\u00ad sus relatos descubren filol\u00f3gicamente un fuerte sustrato sem\u00ed\u00adtico, anterior a la difusi\u00f3n del cristianismo por el mundo hel\u00e9nico. La vida social, las costumbres religiosas y las corrientes del pensamiento all\u00ed\u00ad subyacentes, pertenecen a un per\u00ed\u00adodo anterior a los profundos cambios introducidos en Palestina por el desastre del a\u00f1o 70. La comparaci\u00f3n con los escritos paulinos (&#8211;>Pablo, cartas de) pone de manifiesto el car\u00e1cter arcaico de la catequesis recogida en los Evangelios, que presenta a Jes\u00fas en un ambiente todav\u00ed\u00ada lejano de las instituciones eclesi\u00e1sticas y de la sistem\u00e1tica preocupaci\u00f3n doctrinal, las cuales aparecen ya desarrolladas en las cartas del ap\u00f3stol. Todo esto garantiza la fidelidad hist\u00f3rica de los evangelistas a la anterior catequesis oral, y refuta la hip\u00f3tesis de una idealizaci\u00f3n llevada a cabo por los mismos evangelistas, o en el estadio inmediatamente anterior a la fijaci\u00f3n escrita.<\/p>\n<p>2. \u00bfY qu\u00e9 decir de la anterior catequesis oral, en la que ya se percibe una clara labor redaccional? Ante todo no tenemos ning\u00fan motivo para negar que los configuradores de esta tradici\u00f3n estuvieran bien informados. Sin embargo, la finalidad paren\u00e9tica de la predicaci\u00f3n oral, que evidentemente parti\u00f3 de hechos hist\u00f3ricos, nos proh\u00ed\u00adbe atribuir sin m\u00e1s a esta catequesis la intenci\u00f3n de una estricta objetividad hist\u00f3rica. La catequesis se preocupaba m\u00e1s por la verdad contenida en los hechos fundamentales de la fe cristiana, particularmente en la cruz y la resurrecci\u00f3n, bajo cuya luz se vieron y ordenaron en forma nueva las palabras y acciones de Jes\u00fas, que por una exacta reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de su persona y obra. Pap\u00ed\u00adas, en el texto antes citado, advierte que \u00abPedro predicaba el Evangelio seg\u00fan las exigencias de sus oyentes, sin prop\u00f3sito de referir con orden los dichos y hechos del Se\u00f1or\u00bb. Y estos oyentes se interesaban sobre todo por el hecho de la &#8211;> resurrecci\u00f3n, que significaba para ellos la \u00fanica salvaci\u00f3n. Tambi\u00e9n la dependencia de modelos literarios sem\u00ed\u00adticos, sobre todo del AT, muestra cu\u00e1n dudoso resulta que los Evangelios sean \u00abhistoria objetiva\u00bb en el sentido actual.<\/p>\n<p>Recu\u00e9rdese, p. ej., la tendencia del AT a \u00abescenificar\u00bb pruebas internas o revelaciones divinas, haci\u00e9ndolas as\u00ed\u00ad \u00abespaciales\u00bb y \u00abpalpables\u00bb. As\u00ed\u00ad, ciertas narraciones de los Evangelios &#8211; como, p. ej., las tentaciones de Cristo o el anuncio de los \u00e1ngeles en la historia de Lucas sobre la infancia- aparecen bajo una nueva luz. Sin embargo, la negaci\u00f3n de la historicidad substancial de estos hechos equivaldr\u00ed\u00ada a llevar las conclusiones m\u00e1s all\u00e1 del alcance de las premisas. Pero quien tomara al pie de la letra estos relatos, sin tener en cuenta el g\u00e9nero literario en que fueron redactados &#8211; con evidente influencia midr\u00e1sica -, como dec\u00ed\u00ada la pontificia comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica a prop\u00f3sito de los 11 primeros cap\u00ed\u00adtulos del G\u00e9nesis, aplicar\u00ed\u00ada indebidamente las normas de un g\u00e9nero literario bajo el cual no pueden ser clasificados\u00bb (carta al cardenal Suhard de 16 de enero de 1948: AAS 40 [19481 47). En consecuencia, la aplicaci\u00f3n de la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica a los Evangelios no s\u00f3lo es leg\u00ed\u00adtima, sino tambi\u00e9n necesaria. Pero \u00fanicamente tiene sentido si no pone a priori en tela de juicio la fe en que se fundamentan los escritos del NT, ni pretende demostrar a la fuerza una estricta historicidad objetiva en todos los casos; pues los Evangelios son un relato creyente y un kerygma actualizado, en el que ya la primitiva Iglesia se entiende como int\u00e9rprete de la salvaci\u00f3n. La tarea de la cr\u00ed\u00adtica consiste m\u00e1s bien en buscar la \u00abhistoria de Jes\u00fas\u00bb como fundamento de la verdad en medio del esfuerzo kerygm\u00e1tico de los evangelistas; pues esa verdad es lo que ellos quisieron proclamar realmente. Y consiste adem\u00e1s en traducir a nuestra moderna visi\u00f3n de la historia la imagen del Jes\u00fas hist\u00f3rico que los Evangelios presentaron seg\u00fan los c\u00e1nones literarios de su tiempo. Para esta tarea la ex\u00e9gesis tiene necesidad de libertad en la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica (cf. Divino afflante Spiritu: AAS 35 [19431 321), aun cuando sus tesis a veces acarreen dificultades para el dogma y la fe (las cuales, sin embargo, con frecuencia se resuelven r\u00e1pidamente si se tiene en cuenta el fin hipot\u00e9tico y heur\u00ed\u00adstico de muchas de esas tesis). En \u00faltimo t\u00e9rmino, tales dificultades exigen simplemente que se aborde de nuevo el problema de la relaci\u00f3n entre ex\u00e9gesis y dogm\u00e1tica, que hasta ahora no ha sido resuelto definitivamente (->Escritura 111). V\u00e9ase tambi\u00e9n &#8211;>hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, ->desmitizaci\u00f3n, -> teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: A. Schweitzer, Geschichte der Leben-Jesu-Forschung (1906, T 61951); K. L. Schmidt, Der Rahmen der Geschichte Jesu (B 1919); M. Dibelius, Die Formgeschichte des Evangeliums (1919, T 41961); R. 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