{"id":18914,"date":"2016-02-05T12:08:31","date_gmt":"2016-02-05T17:08:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/filosofia-y-teologia\/"},"modified":"2016-02-05T12:08:31","modified_gmt":"2016-02-05T17:08:31","slug":"filosofia-y-teologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/filosofia-y-teologia\/","title":{"rendered":"FILOSOFIA Y TEOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>I. Introducci\u00f3n al problema<br \/>\nHoy se ha hecho dif\u00ed\u00adcil decir qu\u00e9 es f. Toda respuesta a esta cuesti\u00f3n es ya una de las muchas filosof\u00ed\u00adas que hoy existen. En realidad esto nada tiene de sorprendente. Pues la f. es en todo caso (a diferencia de las ciencias regionales), por una parte, aquel pensamiento que incluso a s\u00ed\u00ad mismo puede convertirse en objeto de su examen cr\u00ed\u00adtico, y (por eso y adem\u00e1s) no quiere ni puede excluir de antemano nada de su campo de investigaci\u00f3n (de suyo, pues, tampoco la autointeligencia del hombre determinada por la revelaci\u00f3n, que la f. encuentra por lo menos como un hecho hist\u00f3rico). Por otro lado, no obstante la pretensi\u00f3n de \u00abuniversalidad\u00bb absoluta por parte de la f. en cuanto a su objeto y su m\u00e9todo, dada la historicidad del hombre y la insuperable pluralidad de sus fuentes de experiencia -dejando enteramente aparte la cuesti\u00f3n de si las filosof\u00ed\u00adas se contradicen-, no es de esperar que haya una sola f., y este pluralismo (precisamente ya antes de la pregunta por la verdad de una f. particular) hoy d\u00ed\u00ada ha entrado de nuevo en la conciencia refleja. La variedad y diferencia de los temas, de los puntos de partida, de la referencia a otras ciencias, de la terminolog\u00ed\u00ada, de la relaci\u00f3n a la tradici\u00f3n filos\u00f3fica, etc., son hoy d\u00ed\u00ada tan grandes, que ni un particular, ni un grupo peque\u00f1o puede dominar con su saber las diversas filosof\u00ed\u00adas. Nadie ignora que junto a la propia f. hay tambi\u00e9n otras filosof\u00ed\u00adas. Con ello se plantea ya la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo la &#8211;>teolog\u00ed\u00ada (t.) podr\u00e1 compon\u00e9rselas con este pluralismo que se da (por lo menos) de hecho. La otra cuesti\u00f3n, que va tambi\u00e9n aneja a lo dicho, es \u00e9sta: \u00bfC\u00f3mo pueden coexistir la f. y la t., si ambas pretenden ser ciencia fundamental, es decir, el esclarecimiento de la existencia en absoluto y en su totalidad, realizada por m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico y reflexivo, y ambas, por tanto, tienen la pretensi\u00f3n de universalidad? \u00bfC\u00f3mo es ello posible si, por una parte, la fe (y, por ende, su t.) lo juzga todo y ella no es juzgada por nadie (cf. 1 Cor 2, 15), y, por otra parte la misma fe en el modo cat\u00f3lico de entenderse a s\u00ed\u00ad misma, al rechazar el fide\u00ed\u00adsmo y el tradicionalismo, reconoce un conocimiento natural de Dios, una t. fundamental en cierto sentido anterior al acto de fe (pre\u00e1mbulos de la -> fe) y, consiguientemente, una f. como realidad aut\u00f3noma del hombre (cf. p. ej. Dz 1799)? Es insuficiente por s\u00ed\u00ad sola la explicaci\u00f3n del concilio Vaticano i, seg\u00fan el cual la verdad de los resultados de ambas formas de saber procede a la postre del Dios \u00fanico y por tanto no puede haber contradicci\u00f3n entre ellos. Porque as\u00ed\u00ad se asienta el postulado de su conciliaci\u00f3n en los resultados, pero no se llega a reconciliarlas como ciencias con su respectiva pretensi\u00f3n de universalidad met\u00f3dica, y queda en pie la cuesti\u00f3n de si se puede ser a la vez fil\u00f3sofo y te\u00f3logo o hay que optar necesariamente por lo uno o lo otro. Ello sigue v\u00e1lido aun en el caso de que se recalque que la fe ejerce una funci\u00f3n \u00absanante\u00bb, no s\u00f3lo en el terreno del obrar moral, sino tambi\u00e9n en el del -> conocimiento natural contra las depravaciones f\u00e1cticas de \u00e9ste, y que la Iglesia, en su magisterio, tiene derecho a ser por lo menos \u00abnorma negativa\u00bb para el fil\u00f3sofo cristiano y su filosof\u00ed\u00ada (Dz 1619 1642-1645 1674 1710-1714 1786 1798s 1815 2085 2146 2305 2325), con lo que no se suprime tampoco una estimaci\u00f3n positiva de la f. (Vaticano ii, Gaudium et spes, n .o 44, 57, 62; Optatam totius, n\u00c2\u00b0 14s). Al contestar a esta cuesti\u00f3n no hay que caer en la tentaci\u00f3n de revalorizar la independencia de la t. subrayando el descr\u00e9dito que pesa hoy d\u00ed\u00ada sobre la f. (\u00abel final de la metaf\u00ed\u00adsica\u00bb), porque no se har\u00ed\u00ada sino desplazar el problema a las ciencias que asumieran la herencia de la f. cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>II. La relaci\u00f3n te\u00f3rica entre filosof\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nAqu\u00ed\u00ad prescindimos por de pronto del actual pluralismo (por lo menos de hecho) de filosof\u00ed\u00adas, entre las cuales hoy d\u00ed\u00ada la Iglesia no puede escoger una exclusivamente (a pesar de lo que se dir\u00e1 en iv sobre la \u00abfilosof\u00ed\u00ada cristiana\u00bb); tambi\u00e9n prescindimos por ahora del hecho de que la f. no puede ser actualmente la \u00fanica mediaci\u00f3n del \u00abmundo\u00bb para la t. La cuesti\u00f3n fundamental es ante todo la de la posibilidad de que coexistan en el cristiano dos ciencias fundamentales.<\/p>\n<p>1. Para esclarecer la cuesti\u00f3n hay que notar primeramente que la t. cat\u00f3lica establece una distinci\u00f3n esencial entre ->naturaleza y gracia, y, consiguientemente, entre conocimiento natural de Dios (cf. posibilidad de conocer a -> Dios) y -> revelaci\u00f3n, y por tanto, de suyo no s\u00f3lo tolera, sino que postula una filosof\u00ed\u00ada; no erige, pues, la revelaci\u00f3n y la fe sobre el absoluto fracaso del hombre pensante (como pecador). La historia muestra adem\u00e1s que la teolog\u00ed\u00ada siempre ha pensado tambi\u00e9n con medios filos\u00f3ficos; y contra el -> modernismo y toda religi\u00f3n del sentimiento, la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica sostiene que ese hecho hist\u00f3rico (el uso de medios filos\u00f3ficos) est\u00e1 justificado. En efecto, la revelaci\u00f3n y la gracia tienen de antemano como destinatario al hombre entero y, consiguientemente, tambi\u00e9n al hombre pensador; y esta pretensi\u00f3n no es secundaria en la esencia de la religi\u00f3n. El creyente como tal est\u00e1 de antemano persuadido de que el esp\u00ed\u00adritu, la naturaleza y la historia son creaci\u00f3n, revelaci\u00f3n y propiedad del Dios que, como la verdad \u00fanica, es fuente de toda realidad y verdad, del Dios que, consumando y elevando su creaci\u00f3n, oper\u00f3 tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de la palabra. S\u00ed\u00adguese que lo que se da \u00abfuera\u00bb de un determinado recinto limitado de la realidad mundana (esto es, aqu\u00ed\u00ad, fuera de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, de la Iglesia y de la teolog\u00ed\u00ada), no est\u00e1 por ello, ni mucho menos, situado para el cristiano fuera del \u00e1mbito de su Dios. El cristiano no puede, pues, ni tiene por qu\u00e9 conceder un valor absoluto a su t. en perjuicio de la f.; y si lo hiciera, confundir\u00ed\u00ada su t. con el Dios de la misma. Precisamente el cristiano sabe que hay en el mundo un pluralismo, cuya unidad (fuera de Dios) nadie administra positiva y adecuadamente, ni siquiera la Iglesia y su teolog\u00ed\u00ada; aunque, por otro lado, tampoco puede darse una \u00abdoble verdad\u00bb, en el sentido de proposiciones que se contradijeran y fueran simult\u00e1neamente verdaderas. A la inversa, si la f. ha de ser una penetraci\u00f3n de la existencia humana por el pensamiento, tal como \u00e9sta es efectivamente en toda su extensi\u00f3n y profundidad (tambi\u00e9n la f. que parte de lo puramente transcendental tiene todav\u00ed\u00ada que mirar a la historia del esp\u00ed\u00adritu), s\u00ed\u00adguese que la t. no puede pasar de largo ante el fen\u00f3meno de la religi\u00f3n, porque \u00e9sta (aun en el caso en que el -> ate\u00ed\u00adsmo se predique como la verdadera interpretaci\u00f3n de la existencia y, por ende, como \u00abreligi\u00f3n\u00bb) pertenece siempre, en todos los tiempos y lugares, a las estructuras fundamentales de la existencia humana. Una f. que no fuera tambi\u00e9n \u00abfilosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n\u00bb y \u00abteolog\u00ed\u00ada natural\u00bb (prescindiendo de la forma como esto se realice) tendr\u00ed\u00ada que ser una mala f., porque no ver\u00ed\u00ada su objeto.<\/p>\n<p>2. Si la filosof\u00ed\u00ada quiere ser y en cuanto quiere ser reflexi\u00f3n transcendental sistem\u00e1tica (y de lo contrario se disgregar\u00ed\u00ada hoy en las ciencias particulares no filos\u00f3ficas), de suyo no quiere ni puede presentarse como la interpretaci\u00f3n adecuada concreta y salv\u00ed\u00adfica de la existencia, y sustituir as\u00ed\u00ad la religi\u00f3n en su dimensi\u00f3n concreta e hist\u00f3rica (y con la religi\u00f3n tambi\u00e9n su t.). Si la f. quisiera ser m\u00e1s que esa reflexi\u00f3n transcendental (\u00abmediaci\u00f3n\u00bb); si, dicho de otro modo, quisiera ser la may\u00e9utica sobre la existencia concreta, que no puede alcanzarse adecuadamente por reflexi\u00f3n y es, sin embargo, como tal ineludible y obligatoria (y con ello sobre la religi\u00f3n concreta), en tal caso con el nombre de f. ser\u00ed\u00ada cabalmente la unidad bipolar de t. y f., de la inteligencia a priori de s\u00ed\u00ad mismo y la revelaci\u00f3n (o ser\u00ed\u00ada falsa t., es decir, por lo general t. secularizada). Ello ser\u00ed\u00ada entonces cuesti\u00f3n de terminolog\u00ed\u00ada y de recto an\u00e1lisis de este dominio \u00fanico y total de la existencia, en que \u00e9sta se presentar\u00ed\u00ada una vez m\u00e1s como la unidad, no dominable adecuadamente en su materia por la reflexi\u00f3n, de aprioridad del esp\u00ed\u00adritu y de la historia, de la raz\u00f3n y de la revelaci\u00f3n, como t, y f. en una pieza. Pero si, de acuerdo con toda su tradici\u00f3n, la f. se entiende como reflexi\u00f3n transcendental, en tal caso hay que decir que esa reflexi\u00f3n nunca alcanza adecuadamente en su materia lo concreto de la existencia, aunque esto mismo concreto sea experimentado como fundamento de la existencia y no como residuo indiferente: historicidad es menos que historia real, amor concreto es m\u00e1s (no menos) que subjetividad formal analizada (poder y deber amar), angustia experimentada es m\u00e1s (no menos) que la noci\u00f3n de este estado fundamental del hombre. Pero si esta afirmaci\u00f3n, como propia limitaci\u00f3n de la f., pertenece a sus tesis fundamentales, precisamente en cuanto ella es la ciencia fundamental \u00abprimera\u00bb, que no tiene ya sobre s\u00ed\u00ad como raz\u00f3n suya ninguna ciencia anterior (aunque s\u00ed\u00ad tiene sobre ella la realidad mayor en acto), en tal caso, la f. como doctrina de la transcendencia del esp\u00ed\u00adritu, remite a Dios como el &#8211;>misterio absoluto \u00aben persona\u00bb, constituye en su ->antropolog\u00ed\u00ada y f. de la religi\u00f3n al hombre como posible \u00aboyente de la palabra\u00bb de este Dios vivo (acaso ya bajo el influjo del -> existencial sobrenatural) y, como mera reflexividad y mediaci\u00f3n inconsumable, remite al hombre a la historia misma para la realizaci\u00f3n de su existencia, al hombre que lleva a cabo hist\u00f3rica y no s\u00f3lo reflejamente la mediaci\u00f3n consigo mismo. S\u00ed\u00adguese que la f. no es de por s\u00ed\u00ad ciencia fundamental, de manera que pretenda esclarecer y dominar por s\u00ed\u00ad sola la existencia concreta del hombre. Si se entiende rectamente a s\u00ed\u00ad misma y entiende adecuadamente su libertad (liberada por la gracia oculta de Dios), la f. es el primer esclarecimiento reflexivo de la existencia, el cual da al hombre \u00e1nimo para tomar en serio lo concreto y la historia. Pero en tal caso lo libera para la posibilidad de encontrar en la historia concreta al Dios que se ha comunicado con el hombre.<\/p>\n<p>3. La revelaci\u00f3n concreta y en este sentido la Iglesia y su magisterio pretenden (necesariamente partiendo de su esencia) representar de alg\u00fan modo la totalidad de la realidad (como principio supremo y salvaci\u00f3n del todo). Desde el punto de vista de la unidad de su existencia, en cuanto es ya un creyente y ha realizado ya esta unidad y jerarqu\u00ed\u00ada de la fe y de su existencia, el cristiano no puede, por ello, considerar como absolutamente indiferente e incompetente para s\u00ed\u00ad como filos\u00f3fico y para su f. la doctrina de la Iglesia. Por eso, aunque \u00e9sta no sea para su f. como tal una fuente material objetiva, sin embargo, por lo menos es \u00abnorma negativa\u00bb (cf., p. ej., D 1675 1703s 1711 1714 1810). Ahora bien, dada la pluralidad permanente de f. y t., requerida por la t. misma, esto no significa en absoluto que quien filosofa y cultiva la teolog\u00ed\u00ada haya de llegar siempre a una clara s\u00ed\u00adntesis positiva, experimentable para el hombre hist\u00f3rico. La \u00faltima unidad de su destino filos\u00f3fico y teol\u00f3gico puede y debe confiarlo al Dios \u00fanico de la f. y la t., al Dios que es siempre mayor que la filosof\u00ed\u00ada y la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>III. Filosof\u00ed\u00ada dentro de la teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nAqu\u00ed\u00ad prescindimos (aun cuando ser\u00ed\u00ada el problema m\u00e1s importante) de que ya el primigenio enunciado de la revelaci\u00f3n y la transmisi\u00f3n de \u00e9sta por la predicaci\u00f3n, se hacen en conceptos y proposiciones humanos dentro del horizonte de intelecci\u00f3n del hombre, los cuales est\u00e1n ya previamente dados y son independientes de la revelaci\u00f3n de la palabra (aun cuando pueden tambi\u00e9n ser modificadas por \u00e9sta), e implican, por tanto, una manera determinada, condicionada hist\u00f3ricamente, de entenderse el hombre a s\u00ed\u00ad mismo; inteligencia que est\u00e1 ya condicionada por la f. o constituye el material de la f, en un estado todav\u00ed\u00ada no reflexivo y precient\u00ed\u00adfico, y que as\u00ed\u00ad podr\u00ed\u00ada llamarse con raz\u00f3n f. precient\u00ed\u00adfica. Pero, en todo caso, la t. (en su diferencia de la revelaci\u00f3n y predicaci\u00f3n) es la reflexi\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n y la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica en que el hombre (preguntando cr\u00ed\u00adticamente por ambos lados) confronta la revelaci\u00f3n con la totalidad de su inteligencia de la existencia (tambi\u00e9n parcialmente objeto de reflexi\u00f3n filos\u00f3fica), tal como se presenta en su situaci\u00f3n concreta, para asimilarse realmente la revelaci\u00f3n, interpretarla de cara a \u00e9l mismo, purificarla cr\u00ed\u00adticamente de tergiversaciones y, a la inversa, dejar que sean puestos en tela de juicio por la revelaci\u00f3n misma los propios horizontes de intelecci\u00f3n que el hombre lleva consigo. Ahora bien, con ello el hombre \u00abfilosofa\u00bb necesariamente en la t. La inteligencia \u00abfilos\u00f3fica\u00bb (objeto o no de reflexi\u00f3n) que tiene de s\u00ed\u00ad mismo, es por lo menos una de las fuerzas que distinguen a la t. de la revelaci\u00f3n como tal y la ponen en marcha. Esta puesta en marcha filos\u00f3fica de la t. es posible porque la revelaci\u00f3n, como llamada y exigencia a la existencia entera del hombre, se halla siempre abierta para este modo de entenderse el hombre y en ella misma est\u00e1 ya dada esa inteligencia filos\u00f3fica o prefilos\u00f3fica, o una inteligencia originariamente filos\u00f3fica, pero degradada de nuevo en la aparente evidencia de lo diario y del \u00absentido com\u00fan\u00bb. Dondequiera se opina que no debe \u00abfilosofarse\u00bb en el campo de la t., se cae forzosamente en una f. dominante, que no es objeto de reflexi\u00f3n, o en una palabrer\u00ed\u00ada puramente edificante que no llena la tarea de la t. Pero el uso de la f. en la t. no implica que en la t. se presuponga un sistema filos\u00f3fico cerrado como invariablemente v\u00e1lido, el cual deba \u00fanicamente \u00abaplicarse\u00bb. En la f. puede reflejarse \u00abecl\u00e9cticamente\u00bb el pluralismo no sistematizado de la experiencia humana y de la historia del esp\u00ed\u00adritu, y ella debe estar dispuesta a dejarse transformar y ahondar en su uso teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>IV. El problema de la \u00abfilosof\u00ed\u00ada cristiana\u00bb<br \/>\nSupuesto que sea posible, la f. cristiana s\u00f3lo puede darse si en principio y en su m\u00e9todo se propone ser f. y nada m\u00e1s, pues de lo contrario dejar\u00ed\u00ada de ser f. como ciencia fundamental. La f. \u00fanicamente puede ser ancilla de la t. (es decir, mero momento en un todo superior al que se abre por s\u00ed\u00ad misma), si es libre. Tambi\u00e9n la t. debe tener la audacia de entablar un di\u00e1logo abierto con la t., no manipulado ya a priori por el hombre mismo y por la Iglesia, y aceptar que le digan algo que ella no sabe ya de antemano.<\/p>\n<p>Un fil\u00f3sofo puede en principio ser \u00abcristiano\u00bb, en cuanto acepta su fe cristiana como \u00abnorma negativa\u00bb. Esto no es \u00abantifilos\u00f3fico\u00bb.<\/p>\n<p>Una f. puede llamarse \u00abcristiana\u00bb, en cuanto hist\u00f3ricamente ha recibido en su propio campo impulsos del cristianismo, sin los cuales de hecho no ser\u00ed\u00ada lo que es.<\/p>\n<p>Una f. es adem\u00e1s \u00abcristiana\u00bb cuando un fil\u00f3sofo cristiano aspira a lograr en lo posible una convergencia entre su f. y su fe (o su t.), sin ignorar en esta aspiraci\u00f3n la diferencia esencial y la inconmensurabilidad de ambos campos y, por ende, lo asint\u00f3tico de este esfuerzo. Ese intento no significa una unidad dada de antemano, sin amenazas ni tensiones, entre f. y fe, ni permite la huida hacia una \u00abdoble verdad\u00bb.<\/p>\n<p>Una f. puede tambi\u00e9n ser \u00abcristiana\u00bb en cuanto considera con m\u00e9todo filos\u00f3fico (cosa leg\u00ed\u00adtima en virtud de su esencia como ciencia fundamental) el cristianismo como un hecho de la f. y fenomenolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n (con ayuda de la historia de la religi\u00f3n), aun cuando para un fil\u00f3sofo cristiano permanezcan pr\u00e1cticamente fluidos los l\u00ed\u00admites con la t. que trabaja filos\u00f3ficamente.<\/p>\n<p>V. Filosof\u00ed\u00ada, teolog\u00ed\u00ada y ciencias modernas<br \/>\nLa relaci\u00f3n f\u00e1ctica entre f. y t. se ha modificado no s\u00f3lo por el mayor pluralismo de las filosof\u00ed\u00adas de hoy, que (en la era del &#8211; historicismo, del -> mundo uno, de las mayores posibilidades de comunicaci\u00f3n) se ha hecho consciente como existente e irremediable a la vez. Esta relaci\u00f3n ha cambiado tambi\u00e9n por el hecho de que la f. no es ya la \u00fanica, y ni siquiera la primaria, mediaci\u00f3n del \u00abmundo\u00bb para la t., que ha de realizar su cometido en el encuentro con este mundo. Anta\u00f1o, la f. era la \u00fanica mediaci\u00f3n del conocimiento del mundo (la \u00fanica de importancia para la visi\u00f3n del mundo). En este aspecto, hoy d\u00ed\u00ada se han a\u00f1adido tambi\u00e9n a la f. las ciencias modernas (de la historia, de la naturaleza, de la sociedad), que ya no se entienden como ramificaciones de la \u00fanica f. Estas ciencias conocen sin g\u00e9nero de dudas su procedencia hist\u00f3rica de la f., pero no consienten que ella les dicte la manera de entenderse, su m\u00e9todo y su saber. M\u00e1s bien, la consideran superflua como mediaci\u00f3n de la existencia o en orden a una posterior formalizaci\u00f3n de los m\u00e9todos de las muchas ciencias aut\u00f3nomas. Si esta manera de entenderse las modernas ciencias no filos\u00f3ficas est\u00e1 enteramente justificada, o no, es ya otra cuesti\u00f3n. Pero es un hecho, y la t. tiene que contar con \u00e9l, que las ciencias son igualmente su interlocutor en un di\u00e1logo que tiene efectos para ambas partes. En este sentido, la t. tiene que considerar la mentalidad fundamental del moderno cultivo de la ciencia y la precaria situaci\u00f3n gnoseol\u00f3gica (o sea, el pluralismo de las ciencias, que no pueden reducirse a una s\u00ed\u00adntesis satisfactoria), no menos que los m\u00e9todos y resultados particulares de estas ciencias. A la inversa, la t. deber\u00ed\u00ada ayudar al cient\u00ed\u00adfico a soportar humanamente esta precaria situaci\u00f3n gnoseol\u00f3gica (que lo es hasta la esquizofrenia espiritual).<\/p>\n<p>VI . La filosof\u00ed\u00ada escol\u00e1stica de la Iglesia<br \/>\nA pesar del actual pluralismo de filosof\u00ed\u00adas que no puede ser superado adecuadamente y que condiciona tambi\u00e9n un pluralismo an\u00e1logo de teolog\u00ed\u00adas, debe, sin embargo, tenerse en cuenta el punto siguiente. La Iglesia una, con igual profesi\u00f3n de fe y un magisterio para todos sus miembros, no puede renunciar a una t. en cierto modo unitaria, que ella necesita para exponer y custodiar la confesi\u00f3n una, e incluso a una cierta regulaci\u00f3n del lenguaje m\u00e1s all\u00e1 de lo que pide ya la cosa misma. Pero esa t. escol\u00e1stica en cierto modo uniforme (en terminolog\u00ed\u00ada, etc.) para el magisterio de la Iglesia (dentro de la permanencia en el fluir de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica) implica en lo relativo a los m\u00e9todos, a los conceptos que se suponen inteligibles y corrientes, etc., una cierta f. escol\u00e1stica de la Iglesia. Puede naturalmente preguntarse si esta \u00abfilosof\u00ed\u00ada\u00bb es a\u00fan f. en sentido estricto o s\u00f3lo significa en el fondo aquella lengua y aquellos horizontes de intelecci\u00f3n que, procediendo desde luego de las filosof\u00ed\u00adas, forman la conciencia general de una \u00e9poca en su contenido no elaborado sistem\u00e1ticamente. De hecho ese contenido se da en la usual f. escol\u00e1stica, y es necesario en aquella t. que se requiere para la unidad confesional, y tambi\u00e9n hoy d\u00ed\u00ada debe tenerse en cuenta y cultivarse, si bien esta f. escol\u00e1stica de la Iglesia nunca puede cerrarse o entenderse simplemente como la philosophia perennis al estilo de la \u00abneoscol\u00e1stica\u00bb (cf. concilio Vaticano ii, Optatam totius, n.\u00c2\u00b0 15).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. E. v. Kuhn, Philosophic and Theologie (T 1860); idem, Das Verhaltnis von Philosophie and Theologie nach modernscholastischer Lehre: ThQ (1862) 541-602, (1863) 3-81; L. Laberthonniere, Essais de philosophic religieuse (P 1903); M. Grabmann, Der g\u00f3ttliche Grund menschlicher Wahrheitserkenntnis nach Augustinus and Thomas von Aquin (Mr 1924); H. Knittermeyer, Die Philosophie and das Christentum (Je 1927); E. Przywara: Ringen der Gegenwart I (Au 1929) 389-418; A.-D. Sertillanges: Philosophia perennis I (homenaje a J. 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