{"id":18919,"date":"2016-02-05T12:08:42","date_gmt":"2016-02-05T17:08:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/genesis-interpretacion-del\/"},"modified":"2016-02-05T12:08:42","modified_gmt":"2016-02-05T17:08:42","slug":"genesis-interpretacion-del","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/genesis-interpretacion-del\/","title":{"rendered":"GENESIS, INTERPRETACION DEL"},"content":{"rendered":"<p>I. Nombre<br \/>\nCon el nombre de G\u00e9nesis, tomado de los LXX, se designa el libro primero de la t\u00f6r\u00e4, dividida en cinco partes (-> Pentateuco, en Antiguo Testamento, B. i). Por su contenido se lo puede rotular \u00abLibro de los or\u00ed\u00adgenes\u00bb. Desde el punto de vista teol\u00f3gico, el libro de Josu\u00e9 puede unirse al Pentateuco y, en contraste con la concepci\u00f3n tradicional, cabe hablar de un Hexateuco, pues en Jos se narra el cumplimiento de fundamentales promesas contenidas en G\u00e9n y Ex.<\/p>\n<p>II. M\u00e9todos de interpretaci\u00f3n<br \/>\nEl esfuerzo iniciado hace m\u00e1s de 200 a\u00f1os por B. WITTER y J. ASTRUC para lograr claridad en el proceso de formaci\u00f3n del Pentateuco, que hasta entonces, con pocas excepciones, hab\u00ed\u00ada sido atribuido a Mois\u00e9s, ha quedado concluido en cierto modo con la reciente hip\u00f3tesis de los documentos, vinculada al nombre de J. Wellhausen. Seg\u00fan esa hip\u00f3tesis, el Pentateuco se compone de cuatro fuentes: J = yahvista: (siglo x). E = eloh\u00ed\u00adsta (siglo viii); D = Deuteronomio (siglo vii) y P = escrito sacerdotal (siglo vi). El m\u00e9todo hist\u00f3rico de las formas desarrollado sobre todo por H. Gunkel y H. Gressmann, dando un nuevo paso quiso rastrear la g\u00e9nesis preliteraria de los documentos, llegando a la conclusi\u00f3n de que \u00e9stos no son obra de autores particulares importantes, sino el legado de una tradici\u00f3n antigua, que luego reunieron ciertas escuelas. Este m\u00e9todo queda completado con el de la historia de la tradici\u00f3n, que estudia el crecimiento de las tradiciones en diversos c\u00ed\u00adrculos transmisores durante su larga historia hasta llegar a la forma actual.<\/p>\n<p>Se aplica finalmente el m\u00e9todo hist\u00f3rico-redaccional, que averigua los motivos que guiaron a los colectores y redactores en las fases particulares de composici\u00f3n y en la redacci\u00f3n final, motivos que quedaron inyectados como fermento configurador en las capas crecientes de la tradici\u00f3n. Esta combinaci\u00f3n de m\u00e9todos refinados se emplea hoy d\u00ed\u00ada para esclarecer sistem\u00e1ticamente el proceso, sumamente complicado, de la formaci\u00f3n del Pentateuco (cf. el esquema en: SELLIN-FOHRER, Einleitung, 30).<\/p>\n<p>III. Estructura y temas del G\u00e9nesis<br \/>\nSeg\u00fan la concepci\u00f3n corriente, los 50 cap\u00ed\u00adtulos del libro se dividen en dos secciones: 1\u00c2\u00aa, La historia primitiva (1-11), 2\u00c2\u00aa, la historia de los patriarcas (12-50). Aunque las diferencias entre las dos partes son mucho mayores que en cualquier otro libro b\u00ed\u00adblico, sin embargo, ambas quedan conectadas por la figura de Abraham.<\/p>\n<p>1. La historia primitiva<br \/>\nTras m\u00faltiples ensayos anteriores de deslindar en la historia primitiva un antiqu\u00ed\u00adsimo material tradicional de la humanidad, o de mirarla como un intento, comparable a otros de la literatura del antiguo oriente, de interpretar por mitos los or\u00ed\u00adgenes del mundo y del hombre, hoy se impone cada vez m\u00e1s la opini\u00f3n de que G\u00e9n 1-11 y, sobre todo, 1-3 son desde su origen profec\u00ed\u00ada etiol\u00f3gica retrospectiva. Los redactores de las capas casi exclusivamente afectadas J y P, emprendieron la tarea de seguir hacia atr\u00e1s la actividad de Dios hasta los comienzos, de informar teol\u00f3gicamente sobre el origen del universo y de anteponer al inicio de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica en Abraham las decisiones de la humanidad primigenia v\u00e1lidas para todos los hombres. As\u00ed\u00ad hicieron inteligibles las experiencias hist\u00f3ricas de su pueblo con Dios y la interpretaci\u00f3n que Dios mismo les daba. En esa visi\u00f3n la historia primitiva no implica ninguna afirmaci\u00f3n sobre los or\u00ed\u00adgenes y la naturaleza de las cosas; m\u00e1s bien reviste un car\u00e1cter funcional para la revelaci\u00f3n que se produce en un tiempo hist\u00f3rico. Destaquemos por su importancia los siguientes temas:<br \/>\na) La acci\u00f3n creadora de Dios pertenece a los enunciados kerigm\u00e1ticos esenciales del AT y est\u00e1 expuesta en los dos estratos: P: 1, 1- 2, 4a; J: 2, 4b &#8211; 25. Y es de notar que G\u00e9n 3 queda unido literalmente con G\u00e9n 2. El hecho del doble relato, en que J es completado y ampliado por P, tiene la finalidad de resaltar la significaci\u00f3n fundamental de la acci\u00f3n creadora de Dios, hecho teol\u00f3gico de suma importancia para la imagen moderna del mundo y del hombre (-> creaci\u00f3n). Ah\u00ed\u00ad se pone igualmente de manifiesto c\u00f3mo es imposible aprehender la actividad de Dios bajo una sola perspectiva. Para esclarecerla de alg\u00fan modo por todos sus lados se requieren m\u00faltiples enfoques.<\/p>\n<p>El primer relato desarrolla con sublime monoton\u00ed\u00ada el teolog\u00fameno: \u00abDios ha creado el universo\u00bb y, en la obra de separaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n, hace que las criaturas particulares, a modo de pir\u00e1mides, vayan surgiendo a la existencia desde el caos hasta el hombre. Para expresar la acci\u00f3n creadora se sirve del verbo b\u00e1ra&#8217;, aplicado solamente a Dios, que expresa una producci\u00f3n sin analog\u00ed\u00ada en virtud de la ->palabra divina, que as\u00ed\u00ad se convierte en arco de puente entre el pilar Dios y la criatura que deviene. En el esclarecimiento m\u00e1s profundo de esta palabra de Dios se mueve la evoluci\u00f3n de la idea de creaci\u00f3n hasta el NT (Jn 1; Col 1, 14-17; Heb 1, 2). El triple uso de b\u00e1ra&#8217; en la creaci\u00f3n del hombre (v. 27) da a entender que la energ\u00ed\u00ada creadora de Dios llega aqu\u00ed\u00ad a su despliegue m\u00e1s pleno. El haber sido creado a imagen de Dios lo distingue de todas las otras criaturas, que entran en la existencia \u00abseg\u00fan su especie\u00bb (v. lls 24s). Ah\u00ed\u00ad se expresa su participaci\u00f3n en el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Dios (cf. Sal 8, 5ss; 145, 12), que lo capacita para llevar a cabo el mandato de dominar la tierra (v. 28).<\/p>\n<p>En estilo m\u00e1s c\u00e1lido y figurado, el segundo relato, m\u00e1s antiguo, pone al hombre como primera criatura en el centro de un c\u00ed\u00adrculo, en torno al cual Dios organiza el mundo referido a \u00e9l. En la formaci\u00f3n del hombre entran como elementos constitutivos la tierra y la potencia vital divina, y ambas quedan vinculadas en una unidad esencial. Esta unidad ha de considerarse como base de la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica en un estadio prefilos\u00f3fico. La disposici\u00f3n del relato subraya, junto al surgir de las criaturas, la constante solicitud de Dios para con el hombre: la preparaci\u00f3n de su espacio vital con plantas y animales, el remedio de su soledad por la creaci\u00f3n de la mujer. Esta es, seg\u00fan la exposici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, parigual al var\u00f3n, y, por ser de su misma especie, tiene tambi\u00e9n el mismo valor. Partiendo de la experiencia actual de la mutua atracci\u00f3n entre los sexos, el escritor proyecta la estrecha ordenaci\u00f3n de hombre y mujer al matrimonio m\u00e1s all\u00e1 del pecado, al comienzo de la creaci\u00f3n, cuando todo era bueno.<\/p>\n<p>b) Para\u00ed\u00adso y pecado original. Hoy se admite generalmente que el para\u00ed\u00adso no debe entenderse como una magnitud hist\u00f3rica o geogr\u00e1fica. A fin de quitar su base a las dificultades que se presentan para una concordancia con los resultados de las ciencias naturales, parece lo m\u00e1s adecuado considerar el para\u00ed\u00adso sobre todo como una profunda armon\u00ed\u00ada de la existencia humana, en el estado de una integridad plenamente equilibrada del primer hombre. Se puede discutir con raz\u00f3n sobre la duraci\u00f3n de ese estado especial; posiblemente habr\u00e1 que entenderlo como situaci\u00f3n moment\u00e1nea de la existencia. La cima de esta situaci\u00f3n especial era la amistad del hombre con Dios (3, 8), que constitu\u00ed\u00ada a la vez una gran promesa y un h\u00e1lito de aquella consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica hacia la que, seg\u00fan Is 25, 6-8, camina la historia universal.<\/p>\n<p>El m\u00e1s alto don al hombre consiste en la libertad, fundada en su propia personalidad, y, por ende, en la posibilidad de decidirse por Dios o contra \u00e9l sobre la base de su mandamiento (2, 17). A la libertad va aneja la posibilidad de la tentaci\u00f3n y de una falsa decisi\u00f3n. La serpiente, encarnaci\u00f3n del principio del mal, atribuye a Dios intenciones poco ben\u00e9volas y promete a la mujer un lugar neutral para juzgar de Dios y de su mandato. As\u00ed\u00ad se despierta en el hombre el impulso hacia lo incomprensible y el fascinante anhelo de disponer de misterios m\u00e1s all\u00e1 del horizonte humano, a fin de llegar as\u00ed\u00ad a un lugar libre de Dios. La esencia del pecado original consiste, pues, en que el hombre, con osada audacia, quiere hacerse independiente de Dios y contentarse con la criatura. Pero la total conversi\u00f3n al mundo no conduce a la gloria, sino al deshonor. G\u00e9n 3, 14-19 caracteriza el estado actual de la vida humana sobre la tierra: est\u00e1 turbado el orden del hombre en su relaci\u00f3n con Dios, con sus semejantes con las criaturas inferiores. El hombre acepta esta nueva situaci\u00f3n vital, lejos de la inmediata proximidad divina; pero Dios intenta ayudarle de otro modo. Esta nueva situaci\u00f3n de la existencia est\u00e1 iluminada por la promesa de la victoria definitiva sobre Satan\u00e1s (3, 15). Cf. tambi\u00e9n -> pecado original.<\/p>\n<p>c) A pesar del estilo apretado y oscuro de G\u00e9n 4, en el crimen de Ca\u00ed\u00adn puede verse c\u00f3mo el pecado original (originante) no se reduce a un hecho \u00fanico en un remoto pasado; ya en la generaci\u00f3n inmediata, por la culpa personal del fratricidio, se toma por segunda vez la decisi\u00f3n contra Dios. Con ello se dibuja el camino del hombre sobre la tierra como un camino de ->pecado y culpa; pero as\u00ed\u00ad se le quita tambi\u00e9n la posibilidad de dirigir un reproche a los primeros padres. El camino de pecado que el hombre ha emprendido lo lleva cada vez m\u00e1s profundamente a la lejan\u00ed\u00ada de Dios (4, 11). G\u00e9n 4 cumple todav\u00ed\u00ada otra funci\u00f3n en la estructura de la historia primitiva, a saber, el cap\u00ed\u00adtulo es un anillo necesario para pasar a 6, 5ss, donde se describe c\u00f3mo la maldad del hombre ha superado toda medida admisible, de suerte que Dios decreta su aniquilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) Concedida la posibilidad de que en G\u00e9n 6s se hayan conservado tradiciones populares de tiempos primitivos (cf. las leyendas extrab\u00ed\u00adblicas del diluvio, p. ej., en la epopeya de Gilgames), sin embargo, para la moderna ex\u00e9gesis es cosa averiguada que el juicio de Dios en el diluvio no ha de entenderse como exposici\u00f3n hist\u00f3rica detallada. M\u00e1s bien, en la leyenda del diluvio difundida en su ambiente, a los autores de G\u00e9n 6s se les ofreci\u00f3 el adecuado material ilustrativo para exponer en todo su alcance el fatal destino de la humanidad primitiva, y para reconocer en el diluvio el juicio de Dios provocado por el hombre. El \u00abpesar\u00bb o arrepentimiento de Dios (6, 6) da a entender que el pecado mina en lo m\u00e1s hondo el sentido de la criatura, y que por \u00e9l pierde el hombre la justificaci\u00f3n de su existencia ante Dios. Desde entonces se cierne ejemplarmente sobre la culpa humana el juicio aniquilador de Dios. Sin embargo, lo que seg\u00fan G\u00e9n 6, 5ss es motivo de merecido castigo, seg\u00fan 8, 21 es raz\u00f3n de misericordia. Pr\u00f3logo y ep\u00ed\u00adlogo del relato ponen de manifiesto la lucha que se inicia en torno al hombre entre la justicia y la misericordia, en la cual vence el amor de Dios, comprometido de tantas formas con el hombre. Despu\u00e9s del diluvio comienza la \u00e9poca de la paciencia divina (Rom 3, 25), que tiene su fundamento hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico en el pacto con No\u00e9.<\/p>\n<p>e) La alianza con No\u00e9 (9, 8-17), como relaci\u00f3n firme de Dios, pone a la humanidad posdiluviana en un nuevo estado de paz y se hace visible en el signo del arco iris. Como alianza del orden creado, robora el acto de la &#8211;creaci\u00f3n, que queda garantizada por Dios, y quita a toda criatura a la elemental preocupaci\u00f3n por su existencia. De ah\u00ed\u00ad que en 9, 1 se reitere la bendici\u00f3n inicial de 1, 28. La alianza se convierte a la vez en base y punto de partida para la nueva salvaci\u00f3n que se halla en perspectiva, y est\u00e1 abierta a todos los hombres dispuestos a guardar la ley \u00e9tica impresa en la misma naturaleza y que se esfuerzan por mantener una relaci\u00f3n personal con Dios.<\/p>\n<p>f) De la multitud de pueblos a la elecci\u00f3n de uno solo (10s). En G\u00e9n 10, P considera la multitud de los pueblos, que sin duda se toman de un antiguo mapa etnogr\u00e1fico, como querida por Dios, pues los hace derivar a todos de un antepasado primero, que es No\u00e9. Por eso siguen constituyendo una gran unidad, que est\u00e1 en alianza con Dios. En cambio, a los ojos de J (torre de Babel) esa unidad se vuelve problem\u00e1tica. Aqu\u00ed\u00ad se insin\u00faa el peligro que entra\u00f1a una unidad de los hombres procurada por desmesurada soberbia, ya que ella puede convertirse en una concentraci\u00f3n de poder contraria a Dios. Propiamente, Dios quiere la independencia de los pueblos unidos por \u00e9l en una familia a trav\u00e9s de la alianza con No\u00e9. Esta reiterada ca\u00ed\u00adda en el pecado pasa a ser luego el punto de partida para el nuevo camino de salvaci\u00f3n, pues, contra el plan hostil a Dios de lograr a la fuerza, mediante el soberbio poder\u00ed\u00ado del hombre, la unidad de los pueblos, Dios mismo har\u00e1 nacer la recta comuni\u00f3n de todos los pueblos en Abraham, especialmente escogido para ello (11, 16-32). La historia primitiva desemboca en el relato de la victoriosa voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios, que se muestra en Abraham como bendici\u00f3n inmensamente rica para todos los hombres de todos los tiempos.<\/p>\n<p>2. Historia de los patriarcas<br \/>\nCon G\u00e9n 12 entramos ya en un per\u00ed\u00adodo documentado con abundantes fuentes hist\u00f3ricas del oriente, las cuales pueden captarse en la Biblia misma. Sobre la historiograf\u00ed\u00ada hay que decir en general que es \u00abpragm\u00e1tica y tendenciosa\u00bb; su objeto, por ende, no es describir detalladamente los acontecimientos en su proceso de formaci\u00f3n mediante un estudio cr\u00ed\u00adtico de las fuentes. A la historia b\u00ed\u00adblica le interesa, m\u00e1s bien, poner de relieve a base de un sustrato hist\u00f3rico m\u00e1s o menos extenso la particular acci\u00f3n de Dios sobre determinados hombres y la interpretaci\u00f3n que de ella da Dios mismo; es decir, ofrecemos una historia de la salvaci\u00f3n. Podr\u00ed\u00adamos decir que el principal tema teol\u00f3gico de este primer per\u00ed\u00adodo y el anillo que enlaza las figuras part\u00ed\u00adculares es la gran bendici\u00f3n de Dios. Por ella, seg\u00fan J, Dios escoge a Abraham, y con \u00e9ste abre el nuevo camino de salvaci\u00f3n que conduce a Cristo (12, 1-3; 18, 18s; 22, 18; 26, 4; 28, 14).<\/p>\n<p>Frente a una visi\u00f3n esc\u00e9ptica del pasado, seg\u00fan la cual en G\u00e9n 12-50 se tratar\u00ed\u00ada de colecciones de leyendas o los patriarcas ser\u00ed\u00adan un s\u00ed\u00admbolo de divinidades humanizadas, se va imponiendo la concepci\u00f3n de que ellos fueron verdaderas figuras hist\u00f3ricas, aunque la Biblia s\u00f3lo ofrece escasos datos sobre su vida (cf. W.F. Albright, J. Bright, R. de Vaux). A base de los abundantes descubrimientos actuales, acerca de aquella \u00e9poca, podemos situarlos entre los siglos xx-xvr a.C.<\/p>\n<p>a) Sin duda alguna la figura m\u00e1s importante es Abraham. En muchos aspectos puede ser considerado como modelo de la posici\u00f3n del hombre en la obra divina de la salvaci\u00f3n. Dios invita al semin\u00f3mada elegido a que deje a su espalda patria y pasado y marche camino de Palestina. Con ello la peregrinaci\u00f3n en la presencia de Dios viene a ser un factor existencial del hombre religioso, que en adelante est\u00e1 bajo la particular promesa divina. Promesa y cumplimiento, no como categor\u00ed\u00adas religiosas humanamente calculables y representables de antemano, sino como estructuras fundamentales del obrar divino, definen desde ahora el camino de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan se pone de manifiesto por la reiterada promesa de la tierra y de la descendencia, y finalmente por el nacimiento de Isaac. Abraham responde a la intervenci\u00f3n de Dios con la le, cuyo contenido es el abandono de todas las seguridades terrenas y una entrega constantemente renovada del patriarca a Dios (15, 6). La fe as\u00ed\u00ad entendida constituye la base para la justificaci\u00f3n del creyente, es decir, para que su vida est\u00e9 en orden ante Dios y sea recta. El esp\u00ed\u00adritu de fe de Abraham es tan ejemplar que en Rom 4, 16 \u00e9l recibe el t\u00ed\u00adtulo honor\u00ed\u00adfico de \u00abpadre de todos nosotros en la fe\u00bb. Como en diversas etapas de la actividad divina, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad esta nueva relaci\u00f3n es elevada al estado de una alianza. En toda la historia de la revelaci\u00f3n la alianza es la forma como Dios realiza su designio salv\u00ed\u00adfico. En una doble tradici\u00f3n: G\u00e9n 15 (J) y 17, 1-14 (P), esta alianza es interpretada teol\u00f3gicamente bajo sus aspectos m\u00e1s importantes. Ella capacita al elegido para la teofan\u00ed\u00ada (18), lo hace confidente y amigo de Dios (18, 17ss). Dios, por su parte, plantea altas exigencias al as\u00ed\u00ad unido con \u00e9l por la fe. As\u00ed\u00ad, al que ya es anciano, le pide que espere pacientemente cuando la posibilidad humana de un hijo parece nula; y al padre finalmente feliz le da el mandado inaudito de que sacrifique al hijo querido y, con \u00e9l, al sujeto \u00fanico de la promesa y el porvenir entero (22). En realidad, se trata de someter a prueba la fe que nada deniega a Dios, y tambi\u00e9n de la repulsa divina a los sacrificios humanos.<\/p>\n<p>b) Mucho menos pl\u00e1stica aparece la figura de Isaac (24-27), cuya funci\u00f3n es mantener viva la alianza con Dios y transmitir la bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>c) En Jacob, por lo contrario, aparece con particular claridad lo humano del sujeto de la bendici\u00f3n. La compenetraci\u00f3n entre la elecci\u00f3n divina, la culpa humana (el enga\u00f1o para hacerse con la primogenitura y la bendici\u00f3n: 25, 29-34; 27) y el castigo por ello es buen ejemplo de la cooperaci\u00f3n entre el designio divino y la libertad humana. Mientras Jacob no atente contra el fundamento de la elecci\u00f3n y defienda en la fe &#8211; aunque con medios injustos &#8211; los intereses de Dios, \u00e9ste mantiene su elecci\u00f3n. Sin embargo, en la enemistad de su hermano, en el destierro de su patria, en el enga\u00f1o por parte de su suegro y en el dolor que le deparan los hijos, el patriarca experimenta el castigo por su conducta. Una vez purificado, vuelve con nuevo nombre y nueva bendici\u00f3n a la tierra de sus padres (32, 22-32); pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad le esperan nuevos golpes, hasta que un hambre general le obliga a buscar protecci\u00f3n en Egipto.<\/p>\n<p>d) En el centro de la \u00faltima parte (3750), que en su forma se distingue considerablemente de lo anterior, se destaca la figura de Jos\u00e9, al que estaba destinada una sorprendente carrera pol\u00ed\u00adtica en la corte del fara\u00f3n. Sin embargo, seg\u00fan 49, 8-12, para la ulterior realizaci\u00f3n del designio salv\u00ed\u00adfico no es escogido el hijo predilecto de Jacob, que configura la actualidad, sino Jud\u00e1. Su conducta con Tamar (nada ejemplar) lo hace antepasado de David (Rut) y, consiguientemente, del Mes\u00ed\u00adas (Mt 1). En contraste con la lenta realizaci\u00f3n del designio salv\u00ed\u00adfico, puesta continuamente de relieve en la historia de Jos\u00e9, salta m\u00e1s fuertemente a la vista el elemento sapiencial y did\u00e1ctico. Jos\u00e9 representa la encarnaci\u00f3n del humanismo israel\u00ed\u00adtico; su figura est\u00e1 dise\u00f1ada sobre todo con elementos de la literatura egipcia. E1 muestra las posibilidades que abre ante este mundo la vida con Dios, y es un signo patente de Dios ante los hombres. La actuaci\u00f3n y posici\u00f3n de Jos\u00e9 en Egipto se incorpora a la tem\u00e1tica de la direcci\u00f3n divina del pueblo escogido; y su figura es un anillo necesario para los acontecimientos del \u00e9xodo (cf. Ex).<\/p>\n<p>En resumen podemos decir que, seg\u00fan el G\u00e9nesis, la revelaci\u00f3n de Dios no se produce por la manifestaci\u00f3n de ciencia y misterios, sino que esencialmente se hace visible en la conducci\u00f3n de los elegidos. La respuesta de \u00e9stos consiste en una actitud de estar en camino hacia Dios, en la cual han de ejercitarse durante toda la vida, ora \u00abandando con Dios\u00bb, como Henok (5, 22), ora \u00abandando delante de Dios\u00bb (17, 1), como Abraham y su casa.<\/p>\n<p>Heinrich Groft<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Nombre Con el nombre de G\u00e9nesis, tomado de los LXX, se designa el libro primero de la t\u00f6r\u00e4, dividida en cinco partes (-> Pentateuco, en Antiguo Testamento, B. i). Por su contenido se lo puede rotular \u00abLibro de los or\u00ed\u00adgenes\u00bb. Desde el punto de vista teol\u00f3gico, el libro de Josu\u00e9 puede unirse al Pentateuco &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/genesis-interpretacion-del\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abGENESIS, INTERPRETACION DEL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18919","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18919","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18919"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18919\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18919"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18919"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18919"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}